Jul 31 – Esperando

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 31 – Esperando

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/esperando/

Annamarie Sauter: Revive 15 | Mujeres enseñando mujeres, Indianápolis Septiembre 25 y 26. ¿Quisieras estudiar la palabra de Dios más profunda y efectivamente para poder enseñarla a otras mujeres? Entonces este evento es para ti, contaremos con la presencia de Nancy Leigh DeMoss, Jen Wilkin y Lauren Chandler, dirigiendo la alabanza, acompáñanos, no te lo pierdas.

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Carmen Espaillat: Kathy Helvey le hizo frente a muchas pruebas durante su vida. Ella supo lo que significaba sufrir y lo que significaba confiar.

Kathy Helvey: Voy a cantarle al Señor porque Él ha sido bueno conmigo. Le voy a cantar «Grande es Tu fidelidad», y le voy a cantar «Todo está bien con mi alma» y -voy a terminar con- «Aquellos que esperan» (como le fue ordenado a Habacuc). Pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas. Se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán (Isaías 40:31). Señor, enséñame a esperar en las buenas y en las malas, cuando te siento y cuando no te siento; enséñame a esperar, a escuchar, a creer y a confiar.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss.

¿Alguna vez has leído el libro de Habacuc? La serie de Habacuc: del temor a la fe significó tanto para muchas oyentes. Eso se debe a que nos enseña cómo debemos abordar a Dios con nuestros miedos y preocupaciones de una forma honesta. Y nos enseña cómo confiar en Dios cuando el mundo a nuestro alrededor es sacudido.

Una de nuestras oyentes -Kathy Helvey- fue movida profundamente con la enseñanza de Nancy sobre Habacuc. Ella (junto a Kim Wagner, Holly Ellif y María Johnson) compartieron su experiencia al concluir la serie. Kathy describirá cómo el libro de Habacuc la fortaleció al tiempo que su familia pasaba por momentos difíciles.

Kathy está con el Señor desde hace algún tiempo. Mientras batallaba con la leucemia, se comportó con la misma paz y confianza en Dios con la que la vamos a escuchar cuando se hizo esta grabación.

Vamos a empezar con Holly Elliff.

Holly: Mientras Nancy nos enseñaba a través de esta serie, yo seguía pensando en Habacuc. Me encantó el hecho de que no todas sus preguntas fueron contestadas…

María Johnson: ¡Exacto!

Holly: En este libro, incluso mientras esperaba y aun cuando se acercó a Dios en medio de su espera… No obtuvo respuestas para todas sus preguntas, pero Él sabía que estaba seguro.

María: Nancy dijo que nada cambió excepto su corazón.

Holly: Así es, ¿no ves lo que pasa cuando se presentan ciertas circunstancias externas? Pienso en Ana. Se fue aquel día después de derramar su corazón ante Dios y, dicen las Escrituras, que tomó su camino. Pudo comer. Su cara no reflejaba tristeza, pero nada había cambiado en su vida excepto el hecho de que -finalmente- se había acercado a Dios con los asuntos que cargaban su corazón.

Muchas veces he visto esto suceder -cuando las circunstancias no cambian- pero sabes que estás a salvo porque has recurrido a Dios. Las conozco lo suficiente como para saber que ustedes han estado en medio de circunstancias difíciles también.

Kim Wagner: Así es la verdad cambia tu perspectiva. Luego de acercarse a Dios, y de pasar un tiempo con Él, su perspectiva cambió.

María: Y tú te das cuenta de que Dios es suficiente. Y ahí fue donde terminó el libro de Habacuc. Él lo alababa. Las circunstancias no habían cambiado, pero él sabía que Dios sería fiel a Su Palabra. El juicio vendría y las cosas iban a empeorar.

Holly: Es un proceso.

María: Sí es un proceso, Holly.

Holly: No pienso que uno empiece así, aunque hayas caminado con el Señor por mucho tiempo. Piensa en la lucha de Jesús en Getsemaní. Quiero decir, Él sabía todo lo que había que saber del corazón de Dios y, aunque sin pecado, tuvo que luchar.

Él pasó por ese proceso y a final de cuentas su actitud fue la de «Tu voluntad sea hecha». Puedes ver esto una y otra vez en las Escrituras. Ese proceso ocurre tanto en los hombres como en las mujeres que conocen la verdad; pasamos por un proceso en el que Dios nos enseña y cambia nuestro corazón.

Kathy: Esto es lo que yo pienso: Dios conoce nuestro corazón. Él conoce cada pensamiento nuestro. No podemos esconder nada cuando recurrimos a Dios -si es que vamos a ser honestas con Él. Aunque no queramos, Él nos revela quienes somos, lo que estamos pensando, lo que hicimos y lo que no, pero cuando buscamos consejo fuera de Dios, esas personas no conocen el interior de nuestro corazón o nuestros motivos. Lo podemos disfrazar…

Holly:Podemos decir todo lo correcto.

Kathy: Venderles una idea. Quiero decir, podemos ser sinceras y decirles lo que nos atormenta, lo que falló y podemos obtener respuestas compasivas. Si es una muy buena amiga, quizás pueda hablar verdad a nuestro corazón, pero en realidad no conocen nuestro verdadero yo.

Pienso que a veces recurrimos a Dios como nuestra última opción, porque lo que queremos es que alguien se compadezca de nosotras. Queremos a alguien que esté de acuerdo con nosotras y que nos diga que «no somos tan malas después de todo». Dios no haría eso. Él nos pondría al descubierto.

Kathy: ¡Y duele!

Kim: Pero debemos acudir a la Palabra para que Él…

Kathy: Absolutamente, absolutamente o -si ya hemos consultado la Palabra- Él nos la hará recordar y nos confrontará.

Nancy: ¿Alguna otra enseñanza del libro de Habacuc? ¿Qué te impactó? ¿Qué fue lo que más te animó, te ayudó o te confrontó?

Kim: Bueno, cuando tú me dijiste Nancy que ibas a enseñar sobre Habacuc, te dije «yo amo a Habacuc, estoy emocionadísima».

Holly: Solamente Kim amaría a Habacuc. (Risas)

María: Pregunté, ¿Qué podría ella decir acerca de Habacuc?

Kathy: De hecho leí el libro y pensé «Hmmm, Ok».

Kim: Bueno me dijiste que habías preguntado, – «¿Cómo va a extraer 20 lecciones basadas en solo tres capítulos?»

Holly: Ella sacó diez de dos versículos.

María: Lo sé. Lo sé.

Kim: Bueno yo creo que solo John MacArthur y Nancy Leigh DeMoss pueden hacer eso. (Risas)

Creo que cuando pensamos en Habacuc, nos centramos en los últimos tres versículos que tratan del regocijo. Nos encanta decir:No importa qué, no importa qué, me regocijaré. En Ti confío. Te alabo, pero yo no creo que podamos llegar a ese punto sin primero ir al versículo 2 del capítulo 3 en donde Habacuc dice: «Oh, Señor, he oído lo que se dice de ti y temí».

Fue enriquecedor para mí cuando señalabas que «no creías que tuviésemos una gran, o mejor dicho, esa gran apreciación del Evangelio hasta que entendiéramos nuestra propia depravación sin Cristo, hasta que no entendemos que la ira de Dios es justificada ante la depravación humana.

Luego de que Habacuc afirma que ha escuchado acerca de Ti, acerca de Dios (luego de tener ese entendimiento), como dijiste anteriormente, no podemos apreciar el evangelio de la gracia en el N.T. sin antes haber entendido la depravación humana y la ira de Dios. Luego de que Habacuc oyó ese reporte – él pudo entender que Dios viene con juicio y con ira – él temió.

Después de haber tenido un mayor entendimiento de la justicia de Dios y de Su ira, fue cuando él pudo alabar a Dios profundamente, con más entendimiento, alabarlo y decir entonces «No importa qué, sí, merezco Su ira. Merezco la condenación. Pero Tú has sido tan misericordioso. Has pagado por mí, Tú sufriste la ira de Dios en mi lugar».

Kathy: Habacuc llegó a ese punto, como dijo Nancy, al punto de orar y adorar sin que sus oraciones fuesen respondidas. A mí personalmente me enloquece no saber lo que va a pasar, lo que va a cambiar, pero entonces pienso en que una aplicación de esta lección y es que no tenemos que saber. Solo tenemos que conocerlo a Él.

Tenemos que conocer al Señor, Su fidelidad, y saber que Él nunca nos dejará y nunca nos abandonará. No tenemos que tener respuestas a nuestras preguntas.

Holly: Estoy tan agradecida de que tengamos la historia completa, por todo el consejo de la Palabra de Dios. Es decir, no solamente tenemos el Antiguo Testamento. Tenemos el balance con el Nuevo Testamento, el cumplimiento del Nuevo Testamento, y la revelación de Cristo. Me siento tan agradecida con Dios por haber completado toda la historia, de que ahora tengamos a nuestra disposición el cuadro completo de quién es Dios.

Nancy: Lo que Habacuc no tuvo.

Holly: ¡Así es! ¡Así es!

Nancy: Él pudo ver solamente un atisbo y, por supuesto, vemos atisbos, pero él estaba a la espera del conocimiento de Dios en el rostro de Jesucristo. Él no sabía nada acerca del Señor Jesús.

Holly: Pero nosotras no tenemos excusa.

Kim: Porque estamos de este lado de Su gracia y misericordia.

María: Sí, porque sabemos.

Holly: Quiero decir, tenemos todo el contenido de la Palabra de Dios. Conocemos todas las facetas de quién es Él… ¡Cuánto más fácil no sería para nosotros confiar en Él, en comparación con Habacuc, quien solamente tuvo una parte del cuadro!

Nancy: Exacto.

Holly: Lo tenemos todo. Sabemos que tenemos el Espíritu Santo y el poder de Cristo viviendo en nosotras y todavía no confiamos en Él cuando la cosa se pone difícil. Pasa hasta en los momentos no tan difíciles en el día a día. Como dijo Nancy, descubrí que era dada a la queja algunas veces.

Tengo un letrero pegado a la nevera de la cocina que dice «Prohibidas las quejas» porque esa es una de las cosas que me exasperan de mis hijos. Han sido tantas las veces en las que me frustro al pensar que debo parecer una niña de tres años ante Dios diciéndole: -Dios, ¿Por qué no haces esto a mi manera? Es increíble para mí que, con todo lo que sabemos, con todo lo que sé, aún no confiemos.

María: «Las circunstancias alimentan nuestras emociones y nuestras emociones dictan nuestras respuestas». No sé si dijiste esto como una pregunta o como una aseveración, pero dijiste: «Vive a la luz de quién es Dios y no a la luz de las circunstancias porque Dios no ha cambiado. No hay lapsos en las bondades de Dios».

Ese es un reto maravilloso y una maravillosa lección de vida. No acostumbro a escribir las Escrituras en tarjetas, pero sí escribo pequeños recordatorios que voy poniendo por toda la casa. Ese probablemente sea uno de ellos, el de que la bondad de Dios no tiene lapsos. Vive en la luz de quién es Él.

Kathy: No a la luz de lo que Él hace, aunque vemos que vive haciendo cosas por nosotras. Esa enseñanza la he aprendido. Hace como seis semanas atrás, nuestra hija adolescente -autista y bipolar- tuvo uno de esos horribles ataques maníaco-depresivos, infernales -podría decir- episodios durante los que casi tenemos que internarla.

Sin entrar en los detalles de lo horrible que fue, este episodio acabó al terminar el verano. Se graduó de la escuela secundaria y yo había estado planeando todas sus actividades para el verano, su nueva vida, sus programas y la gente que la iba a cuidar. Ella acababa de salir de un episodio infernal de seis semanas, y pienso que yo estaba emocional y espiritualmente drenada, pero seguí adelante, confiando en que Dios nos ayudaría a superarlo.

Luego, se plantó ella y dijo: – ¡No voy a hacer nada! ¡No lo voy a hacer!

Yo estaba devastada y pensé, ¡Oh, no! Dios, ¿Por qué proveíste todas estas personas maravillosas, con todos esos programas maravillosos para que, de buenas a primeras, llegáramos al punto en que no la podía forzar a hacerlo?

Me sentí tan vulnerable ese día que empecé a decaer junto con ella. Así como ella caía, yo caía y me dejé caer más y más profundamente junto a ella. Recuerdo cosas que pasaban por mi cabeza esos días, «Ok, estoy cansada de esto, Señor. No quiero cuidar más de ella. ¿Será el tiempo de llevarla a un lugar especializado? Estoy harta.

Mi pregunta para ti sería, ¿Alguna vez has estado donde Habacuc estuvo? -porque nunca había llegado a tocar fondo en mi vida de cristiana. Con lo que sé, nunca me había sentido tan destituida, tan sola, tan abandonada. Recuerdo -cuando la llevaba de regreso a casa después de una clase de natación en la que ella rehusó entrar a la piscina- como sentí que todo se me derrumbó. Esta niña no va a obedecer ni a hacer lo que le diga y nada vale la pena.

Entró a la casa llorando. Fui a la terraza de atrás, me senté en una silla en la esquina y lloré, lloré y lloré peleando con Dios. Recuerdo que a final de cuentas, mi queja era: «Dios Tú, me has abandonado».

Tuve toda clase de pensamientos y me sentí caer al vacío dando vueltas y vueltas. «No estás cambiando esto. ¿Dónde estás? ¿Por qué no me ayudas? Podrías cambiar su parecer. Tú cambiaste el corazón de reyes. ¿Por qué no haces nada con respecto a mi hija?»

Entre las cosas que recuerdo, me acuerdo cómo miraba los árboles y la luz del sol diciendo «Yo sé que Tú estás ahí fuera y sé que estás en mí. No te siento, pero sé que Tu Palabra es verdad. Yo sé que Tu Palabra es verdad».

El verso que reclamé para mi vida -siempre escojo un verso, en mi cumpleaños, para el año siguiente- era Salmos 13 donde dice «Mas yo en tu misericordia he confiado, mi corazón se regocijará en tu salvación. Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes». (Sal. 13: 5-6)

Recuerdo haber pensado, «Oh, Dios, ese es mi verso para este año». Me acuerdo de leerlo y repetírmelo una y otra vez, pero no lo sentía. Era contradictorio con lo que estaba viviendo.

Yo me sentía como anestesiada… sentí miedo. Me daba miedo lo que estaba atravesando, y cuando Nancy empezó a recorrer el libro de Habacuc, pensé «¿Sabes qué? Apuesto a que él estaba aterrorizado de tener estos sentimientos hacia Dios -de dudar del Dios a quien conocía, amaba y en quien confiaba». Cuando tienes eso y crees haberlo perdido -no hablo de perder la fe- te sientes destituida.

Holly: Hay ocasiones en que las circunstancias son tan grandes que nos sobrecogen.

Kathy: A pesar de saber lo que sabes y de haber vivido lo que has vivido, no ves Su mano. Yo no vi Su mano. No sentí Su consuelo y no hizo nada solo porque recité el verso tampoco. Mi tormento duró toda la noche porque yo no podía dormir.

En medio de aquella noche, me levanté y pensé: «Bueno, voy a tener mi tiempo con Dios más temprano hoy». Estaba leyendo los Salmos y llegué al 77. No voy a leerlo todo, pero dice en el verso 10: «Entonces dije: Este es mi dolor que la diestra del Altísimo ha cambiado». Voy a recordar lo que has hecho. Voy a ir hacia atrás y a ver lo que Tú has hecho.

Él habla acerca de los israelitas y de la separación de las aguas y así termina. Dice, en el verso 19, «En el mar estaba tu camino y tus sendas en las aguas inmensas, y no se conocieron tus huellas».

Eso atravesó mi corazón y pensé «Sí, sentí que había pasado por un huracán y me lo recordaste. Tú estabas ahí conmigo. Tú guiabas mi camino aunque yo lo que quería era verte. Quería entenderlo. Quería que me consolaras, pero no lo hiciste. Tus huellas estaban delante de mí aunque no podía verlas».

Luego, termina recordándome que Dios guió a Su pueblo como a un rebaño. Tú eres mi pastor, por lo que voy a tener confianza en tu amor que es perfecto y nunca falla. Mi corazón se regocijará porque me estás librando aunque no lo sepa.

Voy a cantarle al Señor porque Él ha sido bueno conmigo. Le voy a cantar «Grande es Tu fidelidad» y voy a cantar «Todo está bien en mi alma» y -voy a terminar con- «Aquellos que esperan» (como le fue ordenado a Habacuc). Aquellos que esperan en el Señor van a renovar sus fuerzas. Enséñame a esperar en los tiempos buenos y en los malos, cuando te siento y cuando no te siento; enséñame a esperar, a escuchar, a creer y a confiar.

Kim: Kathy saliste de aquella situación sabiendo que -aunque no vieras Su mano y aunque no vieras Sus huellas- podías confiar en Su corazón porque tú lo conoces. Has pasado tanto tiempo en Su Palabra, en los Salmos. El Señor fielmente, fielmente te demostró en los Salmos que puedes confiar en Su corazón aun cuando nada cambia externamente.

Holly: Esa es la esencia de todo el libro. Él tuvo que llegar al punto de tener confianza en Dios sin importar las circunstancias. Mientras meditaba en esto, pensé «qué maravilla pensar que toda esa gente de fe, todos ellos caminaron sin tener todas las respuestas». Eso fue lo que los hizo hombres y mujeres de fe. Fue porque no sabían todas las respuestas.

Nancy: De hecho, lo que me impactó esta mañana, mientras consultaba el libro de Hebreos, fue que todos murieron sin haber recibido las promesas que Dios les había dado.

Kim: Así es.

Nancy: Pero aun así, ellos murieron llenos de fe, sabiendo que Dios iba a cumplir con Sus promesas. Y pensé: «¿Podría vivir mi vida sin ninguna evidencia visible de que Dios está cumpliendo con sus promesas? Todos ellos lo hicieron.

María: Sí y así es como tú cierras esta serie Nancy, cuando dices que nuestra vida tiene que ser un testimonio de la fidelidad de Dios. No es fe en nosotras, o en nuestras iglesias, o en nuestras habilidades o en nuestros conocimientos. Es fe en la fidelidad de Dios y en el hecho de que Él no cambia.

Kathy: Aunque sabemos todo eso…

Holly: . . . siguen habiendo momentos difíciles.

María: Sí y me alegro mucho de tener a Habacuc ahí al alcance; tres capítulos, que resumidos nos dicen que «aún siendo un hombre de Dios y un profeta, él se sintió atormentado».

Nos sentimos así. Aunque tengamos miedo, debemos perseverar como él lo hizo. Nos subimos a nuestras torres de vigilia y esperamos a ver lo que Dios va a hacer. Me siento inspirada con esa palabra de la torre de vigilia.

Kim: Él recurrió al Señor.

Kathy: Bueno, yo lo hice también. Él Señor no estaba allí, pero yo no estaba dispuesta a esperar.

Holly: Me encanta el final del libro, la imagen del ciervo en las alturas. Muchas veces en mi vida he tenido la sensación de que si Dios no me estuviese sosteniendo sobre el precipicio, no podría estar allí; y el tener la seguridad de que Él sabe que estoy allí y que sabe ¡cuán estrecho es el camino!

Estábamos en Colorado, hace unos años atrás, mirando correr venados y cabras por trillos de unos tres o cuatro centímetros de ancho y pensando lo sorprendente que era verlos. Esta imagen hace este texto aún más precioso: El pensar que «No tengo que estar en un gran espacio para que Dios esté ahí. En el momento más angosto de mi fe, Él es suficiente». Y eso es un hermoso pensamiento.

Nancy: Amén así es y algo que me ha animado mucho, en este ministerio, ha sido el pensar en que «si no supiera que Jesús está en este barco con nosotras, en medio de la tormenta, estaría petrificada de miedo». Por supuesto, Él está en el barco. Me ha ayudado a recordar, que al final lo que cuenta no es el hecho de que yo haya sido fiel.

Ha habido ocasiones en las que he estado tan asustada de no ser fiel, de no poder aferrarme a Dios y a Su gracia, pero los justos viven por fe. No vivimos por nuestra habilidad de vivir la vida, como tampoco lo hacemos por nuestra fe y nuestra habilidad de aferrarnos a Dios. Eso no es lo que trae el éxito. Es la fidelidad de Dios y el hecho de que Él nunca nos dejará.

Mientras sea de Él y camine bajo Su autoridad, Él no va a permitir que me descarrile del camino sin importar qué tan estrecho o peligroso parezca. No tengo que entrar en pánico pensando que no soy lo suficientemente fiel para mantenerme aferrada a Él.

Hay veces que me siento que estoy agarrada de un hilo; que no puedo aferrarme al Señor y me asusta la idea de defraudarlo. No voy a lograr aferrarme con éxito bajo esas circunstancias, pero en último caso, no es el hecho de que me pueda aferrar a Él de manera exitosa o de que tenga energía suficiente o la fuerza para aferrarme de Él. Es que Él ha sido fiel. Él es quien me está sosteniendo y no me va a soltar. No es mi fidelidad sino la Suya.

Carmen: Dios te sostiene -una imagen maravillosa y de gran estímulo que nos proporciona Nancy Leigh DeMoss. Ella ha estado hablando con unas amigas acerca de la confianza que debemos poner en Dios y de la paciencia que debemos tener cuando las cosas se ponen difíciles. Escuchamos de María Johnson, Kim Wagner y Holly Ellif. Kathy Helvey compartió con nosotras su lucha con su hija autista.

Muchas de nuestras oyentes quedaron impresionadas con la historia de Kathy cuando esta serie salió al aire. Una mujer escribió:

«Agradezco a Kathy por compartir su experiencia con nosotras. Me llegó al corazón. En estos momentos estoy en un lugar de espera. Dios las ha usado para ayudarme a perseverar. No pude evitar detenerme a escuchar con atención a Kathy cuando compartía la historia de su hija. He estado pasando por algo muy similar con mi hija. ¡Solo tengo que depositar mi confianza en el Señor y esperar a ver lo que Él va a hacer!»

Una tercera, estaba sufriendo por su hija y nos escribió: «Una amiga me dio el enlace de esta serie y ha sido esperanzador para mí ya que estoy viviendo momentos difíciles».

Estamos agradecidas de cómo Dios ha usado este programa y del ejemplo de Kathy. Extrañaremos a Kathy, quien ya está en la presencia del Señor.

Continúa con nosotras en esta serie de Habacuc, mientras reflexionamos en las enseñanzas que hemos aprendido.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es ministerio de alcance de Life Action MInistires.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

71 – «Explicando lo inexplicable»

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

71 – «Explicando lo inexplicable»

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org

Para Entrenar a un Niño

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Once –

Para Entrenar a un Niño

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 30 – Respuestas reales de un Dios real

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

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Jul 30 – Respuestas reales de un Dios real

Annamarie Sauter: Revive 15 | Mujeres enseñando mujeres, Indianápolis Septiembre 25 y 26. ¿Quisieras estudiar la palabra de Dios más profunda y efectivamente para poder enseñarla a otras mujeres? Entonces este evento es para ti, contaremos con la presencia de Nancy Leigh DeMoss, Jen Wilkin y Lauren Chandler, dirigiendo la alabanza, acompáñanos no te lo pierdas.

Si estás interesada en enseñar o hablar a las mujeres uno de tus mayores recursos puede ser aprender de otros que han profundizado en preciosas verdades de la palabra de Dios., únete a Nancy Leigh Demos, Trillia Newbel, Andrea Griffin y Paula Hendricks para obtener sabiduría práctica en cómo comunicar más efectivamente la enseñanza de la palabra de Dios en tu entorno particular. Acompáñanos en Revive 15, mujeres enseñando mujeres, Indianápolis Septiembre 25 y 26 no te lo pierdas.

Carmen Espaillat: Kathy Helvey era una esposa y madre devota, involucrada en el ministerio de las familias. Ella partió con el Señor recientemente. Aquellos que estuvieron con ella en sus últimas semanas recuerdan la paz que controló su vida, aun cuando ella sufría los efectos de la leucemia. Kathy describe la fuente de esa paz.

Kathy Helvey: Hay un versículo en el Salmo 94 que dice, «Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, tus consuelos deleitan mi alma» (versículo 19). Para mí, la consolación es lo que Él dice, lo que Él promete.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demoss en la voz de Patricia de Saladín.

Muchas quizás ya han oído de nuestra amiga Kathy Helvey en múltiples ocasiones. Ella ha ofrecido consejos prácticos de cómo vivir la Palabra de Dios en las temporadas difíciles de la vida.

Ahora vamos a escuchar una grabación que Kathy realizó con un grupo de damas en el año 2007. Justamente, este grupo había escuchado a Nancy enseñar a través del libro de Habacuc. Y como parte de esta serie, escucharemos a Nancy hablar con Kim Wagner, Holly Elliff, María Johnson, y la fallecida Kathy Helvey.

Holly comenzará.

Holly Elliff: Antes que nada quiero decirles, que mientras leía el libro de Habacuc y durante este estudio de hoy, creo que, -comenzando en el capítulo 2 cuando comenzaste a hablar sobre Habacuc subiendo a la torre de vigilia para esperar en Dios- tuve esta visión sobre mí misma tratando de subir a la torre y de todas esas personitas agarrando mis tobillos y diciendo, «Mami, espera, espera, espera.» [Risas]

Tengo un montón de hijos. Literalmente, me senté ahí pensando, ¿Podré ser capaz de subirme a esa torre de vigilancia y decir, «me voy a sentar ahí hasta que Dios hable»? Entonces pensé, bueno, «Podría hacer eso a las 2:00 o a las 3:00 de la mañana. Habrá suficiente silencio». Era casi cómico mientras pensaba en mí misma tratando de ponerme en esa posición.

Nancy: En una posición de escuchar al Señor y de esperar en Él.

Holly: . . . diciendo me voy a sentar ahí hasta que Dios responda. Sé que Dios tiene la forma de hacer que yo haga eso, pero era un cuadro bastante cómico.

Nancy: Sí, como una mamá, ¿cómo encuentras tiempo a solas con el Señor? ¿Cómo logras permanecer en quietud y callada y dejas que Él te hable?

Holly: Para mí, literalmente es, algunas veces a las 2:00 o 3:00 de la mañana cuando finalmente todo está tranquilo y callado y yo sé que es bastante seguro que nadie se despertará por un tiempo. Ahí es cuando yo puedo buscarlo a Él. He encontrado que aun unos pocos minutos en medio de mi día hacen una enorme diferencia.

Nancy: Sé que es así y Kim, tú también tienes días muy ocupados. Justo conversábamos que estás ahora mismo en una etapa de tu vida donde tus días están muy llenos. ¿Cómo encuentras ese tiempo para escuchar al Señor?

Kim Wagner: Si yo tengo que tener ese tiempo con el Señor. El Señor me enseñó hace algunos años, que si yo no me encontraba con Él primero… que El es todo mi sustento. La única manera en que yo puedo funcionar es reuniéndome con Él en primer lugar. Yo sé Holly que para ti es tarde en la noche. Pero en mi caso yo me tengo que reunir con el Señor a primera hora de la mañana.

Holly: En realidad, el mío es más temprano en la mañana que el tuyo.

Kim: ¡Correcto! Pero les he dicho a mis amigas, «ustedes no querrán estar alrededor de mí hasta que yo me haya encontrado con el Señor y es porque yo sé que Él necesita tratar conmigo a primera hora de la mañana».

En realidad, ese es el tiempo más dulce para mi del día; el poder venir a Él, derramar mi corazón y simplemente buscarlo, preguntarle, Señor ¿Con cuáles áreas de mi corazón Tú necesitas tratar? ¿Cómo necesito rendirme a Ti? Entonces intercedo por otras personas que Él trae a mi corazón y a mi mente mientras lo busco a Él, antes de pasar a tener un tiempo en Su Palabra.

Yo soy esposa de pastor, y probablemente durante los primeros diez años como esposa de pastor, mi tiempo de quietud con el Señor era probablemente muy similar al de la mayoría de los cristianos. Yo apartaba ese tiempo un día sí y otro no. Recuerdo haber encontrado un diario mío, durante una de nuestras mudanzas de un pastorado a otro.

Un día revisando las cajas de la mudanza, saqué uno de mis diarios espirituales. Recuerdo haberlo hojeado y haber dicho, «wao, esto es bueno. Mira como el Señor se encontró conmigo aquí el 24 de octubre. Esta es una buena palabra. Esto está interesante». Y me voy al próximo día: 25 de octubre, y luego paso la página y veo que la siguiente es el 24 de noviembre. Pero ¿Qué pasó entre el 25 de octubre y el 24 de noviembre?

El Señor realmente usó eso para redargüirme de que faltaban algunos días. Hojeando el diario pude darme cuenta de que mis tiempos de reunión con el Señor eran muy esporádicos. Entonces comencé a preguntarme, «Padre, ¿qué habrás querido hablar conmigo en aquellos días cuando yo no me detuve a encontrarme contigo? ¿Qué me perdí, que hubieras querido enseñarme Señor?»

Pero eso no fue suficiente para que yo tuviera convicción de pecado, me tomó un año más. Estábamos entonces viviendo en Indiana y yo viajé a Indianápolis para ministrar a alguien en el hospital. Mientras yo manejaba alegremente camino a ministrar en el nombre de Dios, el Espíritu Santo de manera tan fiel me habló y me dijo, «Kim, tú vas a ministrar a alguien, pero no tuviste un tiempo a sola conmigo, no te reuniste conmigo esta mañana. Tú no buscaste Mi rostro primero».

Yo, en mi manera arrogante, orgullosa, frívola dije, «Dios yo me estoy encontrando contigo ahora. Estoy escuchando a Adrian Rogers ahora mismo en el radio». Dios, clara y fielmente me habló y me dijo, «No, tú no buscaste Mi rostro esta mañana. No te encontraste conmigo esta mañana».

Y es que hay tantas cosas en nuestras vidas, que hacen que esta se vuelva tan agitada, con los hijos, con responsabilidades, con personas que necesitan ser ministradas alrededor nuestro, así que podemos dejar que todas esas cosas desplacen las cosas más importantes. Y yo estoy tan agradecida por Lucas 10, por el ejemplo de María, alrededor de ella había muchas actividades ocurriendo.

Marta estaba haciendo muchas cosas buenas, muchas cosas que eran necesarias. Aquellos hombres necesitaban comer, pero María estaba haciendo lo más importante. Para mí -no estoy diciendo que es lo mismo para todo el mundo- pero para mí, Dios me ha mostrado que debo hacer esto a primera hora del día.

María Johnson: Bueno mira para mí es un poco diferente, porque la vida no siempre es tan ordenada cuando estás despierta toda la noche con un niño enfermo y todo lo demás. Yo amo las mañanas. Es mi tiempo favorito, el tiempo antes de la salida del sol. Simplemente salir con una taza de café, hasta envuelta en una frazada. Ahí están las estrellas, y estás tú y está el Señor. Ese es mi momento favorito.

Pero con cuatro hijos y seis nietos y el itinerario de trabajo de mi esposo, no siempre puedo hacer eso -levantarme a las 5 en punto o 4:30 o 6 a.m.- no cuando has estado despierta dos o tres horas con un hijo o un nieto enfermo o algo por el estilo.

Así que lo que el Señor comenzó a enseñarme del versículo 11 del Salmo 16 fue que yo era muy consistente con ese tiempo de quietud en la mañana, y comencé a enorgullecerme de ello. «En Su presencia hay plenitud de gozo». Él comenzó a mostrarme que yo tenía que vivir cada momento en Su presencia. Cada momento.

Así que ya sea con un hijo enfermo o ayudando a mis hijos casados con sus hijos o a un vecino o en la iglesia, cualquier cosa que haga, cualquiera que sea la necesidad, es en ese momento que nos debemos dar cuenta de que Dios está ahí, y que Él ha hecho provisión para Su gloria en cualquiera que sea la circunstancia.

Esto no quiere decir que el tiempo con el Señor en Su Palabra no sea importante, es aún más que eso. ¿A dónde podremos huir de Su presencia? A ningún lugar.

Recuerdo estar transportándome en un subterráneo en Boston y decirle a mi prima, «Mira toda esa gente, de todas esas nacionalidades. No puedo soportar el pensar que van a morir y a quemarse en el infierno». Es simplemente darnos cuenta de que Su presencia está en todos lados y que en Su presencia hay plenitud de gozo.

Mi lugar favorito, por supuesto, es delante de Él en Su Palabra en la quietud de la soledad. Pero Él desea que lo veamos en todo lugar, y en todo lugar que Él ha hecho provisión para Su gloria, ya sea señalando a las personas perdidas o indefensas o ministrando o sencillamente pasando un buen rato, quizás haciendo dibujos con tiza en la acera con los niños. En todo lugar Dios ha hecho provisión para Su gloria. Tenemos que recordar eso y recordar que siempre estamos en Su presencia. Siempre. Siempre.

Muy temprano en la vida a mi me enseñaron sobre ese tiempo de quietud. Vaya que lo hice. Dime que hacer, y seguiré esos tres pasos. Hay cierto orgullo en eso. Entonces Dios dijo, «No, es más que eso. Siempre estoy ahí, y he hecho provisión para Mi gloria dondequiera que te he colocado.»

Haciendo rompecabezas con los niños más pequeños, enseñando a las mujeres. No importa. Dios está ahí. Y nuestro propósito de estar allí…mi propósito es glorificarlo a Él.

Kathy Helvey: Nancy, tú mencionaste algo sobre la Palabra de Dios … estaba revisando mis notas aquí y no puedo encontrarlo. Si fuéramos realmente a creer la palabra y a vivirla, entonces nuestras vidas serían verdaderamente transformadas. Todo sería tan diferente. Pienso en ese pasaje de las Escrituras en Romanos donde dice, «Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» (Romanos 12:2, RV).

Ya que estamos hablando de tiempos de quietud y tiempo con el Señor, he notado que a medida que voy entrando en años, he tenido que caminar para ejercitarme para mantener el peso adecuado. Algo que me motiva a salir cada día a caminar es algo que comencé a hacer unos años atrás y es memorizar los Salmos porque es muy similar a la poesía. Fluye.

Así que comencé memorizando salmos diferentes. Me motivaba a mí misma a caminar llevando conmigo mis pequeñas tarjetas tamaño 3 x 5. Entonces sencillamente yo las citaba y las repetía una y otra vez. Mientras comenzaba a caminar, recordaba ese pequeño corito que dice, «Y Él camina conmigo y Él me habla». Eso fue lo que comenzó a suceder.

Comencé a tener los mejores tiempos de quietud con el Señor, y aún los tengo, cuando estoy caminando sola. Soy muy egoísta con estas caminatas. La gente me ha dicho ‘déjame caminar contigo’. Le he dicho que no. Sencillamente necesito hacerlo sola. No podría encajar este tiempo en otro momento de mi agenda.

Nancy: Diles que ya tienes un compañero de caminata.

María: Eso es correcto, y yo lo amo. Así que mientras caminamos y mientras Él me habla, me lleno de gozo. Yo creo que C.S. Lewis escribió un libro, «Sorprendido por el gozo», y eso fue lo que me pasó un día en nuestras caminatas.

Le estaba hablando a Dios sobre cierta situación y entonces comencé a citar un Salmo en una de esas pequeñas tarjetas. Al final comencé a orar esas mismas palabras a Dios. Antes eran meras memorizaciones, pero se transformaron en una parte de quién yo era, de la situación que atravesaba, de lo que yo quería decirle al Señor, y de lo que Él quería decir a mí.

De manera que muchos de los cambios en la vida han llegado a mí a través de memorizar la Palabra de Dios. Cuando era muy pequeña me dijeron -durante las vacaciones, en la escuela bíblica-cuán importante era memorizar la Palabra de Dios, pero yo no tenía idea. Ahora yo tengo muchas tarjetas pequeñas y simplemente camino y hablo. La Palabra de Dios se convierte en una oración de retorno a Él, y es muy emocionante.

Nancy: He encontrado que eso me ha pasado a mi misma aun en este estudio del libro de Habacuc. Mientras he meditado en el libro y lo he estudiado, he terminado memorizándolo. Ese último versículo, «DIOS, el Señor, es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como de ciervas, y por las alturas me hace caminar» (Habacuc 3:19).

Me encontré a mí misma necesitando tanto la fortaleza del Señor, y he obtenido fortaleza a través de las Escrituras que están ahora en mi corazón y diciendo por fe, «Dios el Señor es mi fortaleza. Señor, Tú eres mi fortaleza. Tú me haces sentir como las ciervas. Me haces caminar por las alturas».

El preparar estas sesiones de grabación – todo esto es un alto llamado para mí; es difícil. Me consume más energía de la que tengo a mi disposición. Requiere más sabiduría de la que poseo. Por eso las Escrituras se vuelven muy personales; de manera que no es solamente Habacuc que dice eso. No es sólo un conocimiento intelectual para mí. Se convierte en parte de mi propio caminar con el Señor.

Kathy: Pregunto a las personas sobre su tiempo de quietud -muchas veces la mayor parte de las mujeres con las que hablo tienen diversos problemas, y les digo: «Y entonces, ¿Cómo es tu tiempo de quietud?» Y ellas me responden, «Bueno, yo oro todo el tiempo». Entonces mi próxima pregunta es, «Bueno, eso es tremendo, pero ¿Cuándo escuchas?»

De eso estás hablando. Con tus pequeñas tarjetas- no solamente estás hablando con el Señor. Estás escuchando porque Él te está hablando a ti a través de Su Palabra. De esa manera es que Él nos habla y nos dirige, nos corrige, a través de Su Palabra, así que esa es una buena manera de hacer las dos cosas a la vez.

Kathy: Hay un versículo en el Salmo 94 y dice, «Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí.» Otra versión dice, «En la multitud de mis pensamientos dentro de mí…» (Salmo 94:19,).

Nancy: ¡Todas conocemos ese versículo!

Kathy: Entonces la segunda parte es, «Tus consuelos deleitan mi alma». Consolación, para mí, es lo que Él dice, lo que Él promete. Si no sé lo que Él me está diciendo, entonces cuando mis pensamientos ansiosos toman control y se multiplican y los miedos y las tensiones de la vida llegan y los demonios de la oscuridad vienen en medio de la noche, despertándome, siento miedo. Si no conozco la Palabra de Dios, si no la he escondido en mi corazón a través de memorizarla, entonces estoy perdida.

Kim: Es porque no hay nada para contrarrestar esas mentiras. No tienes entonces la verdad escondida en tu corazón…

Kathy: Puede tomar control de mi vida… y no podría transformar mi vida.. No podría confiar. No sólo debemos leer la Palabra de Dios, sino memorizarla.

Kim: Meditar en ella.

Kathy: Si la memorizamos, yo pienso que la promesa de Dios es, que retornará a nosotros.

Holly: Yo estoy de acuerdo, Kathy. Muchas de las mujeres con las que hablo ni siquiera han tomado sus Biblias y no entienden por qué no están obteniendo lo que necesitan del Señor. Ellas dicen «Dios no está escuchándome».

Pensé en la determinación de Habacuc. Creo que fue sumamente honesto con Dios. Le dijo cuáles eran sus inquietudes. Pero luego estaba determinado a ponerse en un lugar donde él pudiera escuchar a Dios.

Creo que si no somos cuidadosas, echamos toda la culpa a Dios, sin aceptar la responsabilidad, estando la Palabra de Dios tan disponible.. Perdóname, pero siento que todo el mundo puede encontrar un tiempo en algún lugar para llegar a Dios.

Yo sé que hay momentos de crisis donde es sencillamente increíblemente difícil, pero a menos que estés en el lecho de muerte de un ser querido, o en una estadía en un hospital, o en algún momento de crisis, en la mayoría de nuestras vidas hay tiempo disponible.

Nancy: En realidad, es en esos momentos de crisis que muchas personas sí buscan a Dios.

Holly: Bueno, entonces es que recuerdas que Él está ahí.

Nancy: Es así.

Holly: Pero estamos tan poco preparadas para cuando esas cosas lleguen, porque en medio de nuestras vidas diarias, se nos olvida. No es que nos olvidemos. Sabemos. Nosotras simplemente no estamos lo suficientemente desesperadas para escuchar lo que Dios tiene que decirnos, esto significa, como mencionaba Nancy, que simplemente dependemos de nosotras mismas, y lo que tenemos es lo que tenemos apartadas de Él. Eso es tan aterrador para mí.

Kathy: Somos tan orientadas hacia los sentimientos, especialmente como mujeres. Lo que me llamó la atención durante toda esta sesión fue que Nancy decía una y otra vez que se trataba de una elección. Alguien una vez escribió un libro, «La fe no es un sentimiento». Pensé, muy bien, la fe no es un sentimiento.

Algunas veces estamos tan consumidas con nuestros sentimientos debido al dolor, o con lo que sea, lo que sea que esté ocurriendo en nuestras vidas, que prefiero pensar en ello ahora como una elección contraria. Tengo que elegir contrario a todo lo que soy cuando me encuentro en esa situación. Eso es difícil de hacer a menos que yo haya invertido mientras todo iba bien… Si estoy caminando cerca del Señor.

Querido Habacuc, te amo. [Risa] Porque me senté allí pensando, ese es precisamente el interrogante de Habacuc. Esto es lo que es. Él está desconcertado, está confundido. Está furioso. No entiende nada. Él siente que ha sido abandonado, rechazado. ¿Dónde estás Tú, Dios?

Todos hemos estado ahí. Quiero seguir a ese hombre. Quiero ser un Habacuc y moverme, desde mis interrogantes, hacia donde terminamos en este libro – hacia la fe.

Holly: Yo me pregunto, cuando hablas con otras mujeres, ¿por qué es que no las ves haciendo esto? ¿Por qué no hacen las mujeres esta elección?

Hablé con una joven un par de semanas atrás. En el transcurso de la conversación quizás mencionó unas diez mujeres con las que ella ya había compartido lo que estaba ocurriendo en su vida. Cuando finalmente dije, «¿Has tenido tiempo de ir donde Dios sobre eso?» «No.» Realmente no lo había hecho. Ella era tan rápida para llegar a cualquier otra persona. Yo pienso que es muy peligroso poner tanto bálsamo sobre la herida que no necesitemos ir donde Dios, como lo hizo Habacuc.

María: Sin embargo, sale tan natural el ser independiente. Tú no le enseñas a un niño a decir, «Yo lo puedo hacer por mí mismo». Tú le enseñas a compartir. Pienso que es parte de esto. Es una de las cosas, como Cathy ha dicho, que me gustó sobre este libro -es cuán real es Dios con Su Palabra. Él es tan práctico.

Las emociones son reales, y nosotras como mujeres sabemos eso. ¿Pero qué vamos hacer con esas emociones? Ahora bien, él tenía miedo. Estoy segura de que tenía preguntas. Habacuc tenía dudas. Él se preguntaba ¿cuánto tiempo y por qué? Las emociones son reales, pero no podemos enterrarlas, ni podemos negarlas, ignorarlas o medicarlas. Tenemos que aprender a correr hacia Dios.

Yo he visto esto una y otra vez. Él permite que esa presión nos llegue para recordarnos que lo necesitamos a Él porque tenemos la tendencia a ser tan autosuficientes. Yo puedo hacer esto por mí misma. Realmente pienso que es simplemente una actitud con la que nacemos. Estas cosas empiezan a ocurrir con tanta frecuencia en tu vida que empiezas a darte cuenta de que tú lo necesitas a Él.

Hubo una temporada en nuestra vida donde, por un periodo de ocho años, el mayor tiempo que pasamos sin una crisis importante fue de seis meses. Estoy hablando de muertes, hospitalizaciones, accidentes mayores, un hijo que casi muere, en tres ocasiones en esos seis meses. La temporada tranquila más extensa durante esos 8 años duró tan solo 6 meses.

Y aún así yo no cambiaría esos ocho años por nada en el mundo porque en medio de eso aprendí a correr hacia el Señor. Nuestra familia completa lo hizo. Cuando todo lo demás deja de funcionar, no ayuda, o no te satisface es cuando obtienes un vistazo de Dios. Son tiempos en los que necesitas respuestas reales. Necesitas un Dios real, y Él está ahí.

«JEHOVÁ preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre» (Salmo 29:10, RV). Ese es el versículo que el Señor me dio cuando me encontraba acompañando a mi hijo de 17 años que estaba irreconocible. Nadie sabía que ese era realmente él excepto su papa y yo; estaba tan mal herido. Simplemente me senté allí, y ese fue el versículo que el Señor me dio.

Ese fue el comienzo de ocho años corridos. Con un respiro de seis meses. Cosas grandes. Muchas muertes, cirugías, accidentes, pérdidas financieras. Y yo solo decía, ¿Cuánto tiempo Señor? Y ¿por qué? Él estaba ahí, y Él era suficiente.

Tenemos algunas experiencias como esas en la vida y puedes cantar al final como lo hizo Habacuc. Hay temporadas así. Digo, ese no es el único tiempo. Pero tienes una buena temporada de este tipo de cosas y comienzas a darte cuenta de que Dios es suficiente. A Él no le importa que le hagas esas preguntas honestas.

Antes de esa temporada, estábamos esperando en Dios en un momento que sentimos que Él nos había dirigido a adoptar a pesar de que nuestros primeros dos hijos tenían 13 y 15 años. Todo el mundo pensó que estábamos locos, pero realmente pensamos que Dios había dicho que había hijos específicos. No era que yo quería un bebé o que no teníamos un hijo o una hija, o que queríamos esto o aquello.

Estábamos esperando. Tomó 18 meses, mientras solamente toma 9 meses tener un bebé biológico. Fue una espera demasiado larga. Se mantenían cambiando a las trabajadoras sociales.

Bueno, una amiga mía que era muy valiente me llevó a almorzar un día. Yo me estaba quejando, como tú dijiste, quejas y quejas. Ella se inclinó hacia mí y me dijo, «María, tú no estás esperando por una trabajadora social, tú no estás esperando un hijo, no estás esperando que tu casa se venda, y no estás esperando el poder comprar una casa más grande» (porque vas a tener más niños). Ella dijo, «Estás esperando en el Señor».

Si estamos en un restaurante con un camarero, alguien lo llama. ¿Qué hace este camarero o la camarera? Ellos esperan a que tú les hagas una señal, que hagas un gesto con la cabeza, o los llames, y ellos y vienen hacia ti. Esa fue la ilustración que el Señor me dio en ese segundo, que yo tenía que esperar en el Señor como lo haría un sirviente. Él me haría un gesto con la cabeza, me haría una señal cuando Él quisiera que yo me fuera o que me quedara, o que fuera a la derecha o a la izquierda. Nunca me olvidaré de eso. Estamos esperando en el Señor. Eso fue lo que hizo Habacuc. Él esperó hasta que Dios le respondió.

Carmen: Esa es María Johnson. También escuchamos de Kim Wagner, y Holly Elliff. Y escuchamos de Kathy Helvey, quién partió con el Señor hace unos años.

Estas mujeres escucharon mientras Nancy Leigh DeMoss enseñó esta serie Habacuc: del temor a la feLa conversación de hoy muestra cómo luce esta enseñanza de manera práctica día a día.

Alguien nos escribió:

Siento como si Dios me hubiese hablado a través de cada una de ustedes. He comenzado a levantarme temprano para pasar tiempo con el Señor y he comprobado lo fácil que es comparado a orar a través del día. Cuando voy al Señor primero, las cosas no me molestan tanto. Gracias a todas y gracias por este estudio sobre Habacuc.

En Aviva Nuestros Corazones estamos comprometidos a enseñar la Palabra de Dios de manera precisa y enseñarles cómo vivirla de manera práctica. Si quieres contribuir para que estas enseñanzas continúen siendo posibles, puedes hacer una donación visitando AvivaNuestrosCorazones.com. O puedes llamar al 1-800-569-5959. Si llamas, no dejes de indicar que deseas que tu donación se aplique al ministerio de alcance hispano.

Generalmente esperamos que haya respuesta para todas las preguntas. Pero en ocasiones hay preguntas que no tienen respuesta y eso también puede ser bueno. Aprende por qué en el próximo programa. Una vez más, escucharemos de parte de un grupo de amigas y recordaremos la vida de Kathy Helvey.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se especifique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

El Esposo Amante – 7

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

7 – El Esposo Amante

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Tus palabras, ¿edifican o destruyen? – Parte I

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La lengua

Tus palabras, ¿edifican o destruyen? – Parte I

Jairo Chaur


Jairo Chaur

Jairo nació en Bogotá (Colombia). A finales del año 2000 vino a Barcelona con su esposa Ruth y sus tres hijos Daniel, Juan y Laura, con el propósito de adelantar estudios de doctorado en ingeniería.
Luego de concluir sus estudios, continuó en Barcelona y a finales de 2005 conoció el punto de misión en Sant Andreu, que para entonces comenzaba sus reuniones en la casa de David y Elisabet Barceló.
Convencido que tanto la doctrina como la visión de la IEG son fieles a la Palabra de Dios, Jairo y su familia se unen en diciembre de 2005 al que para entonces era un punto de misión. Fue en febrero de 2010 cuando es ordenado en el ministerio pastoral. Los primeros años combinó su ministerio con su trabajo secular como ingeniero y como profesor, y a partir del 2017 a plena dedicación, como misionero de HeartCry Missionary Society.

Ayuda Idónea – 6

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

6 – Ayuda Idónea

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Entrenamiento en Seguridad

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Diez

Entrenamiento en Seguridad

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 30 – Respuestas reales de un Dios real

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 30 – Respuestas reales de un Dios real

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/respuestas-reales-de-un-dios-real/

Annamarie Sauter: Revive 15 | Mujeres enseñando mujeres, Indianápolis Septiembre 25 y 26. ¿Quisieras estudiar la palabra de Dios más profunda y efectivamente para poder enseñarla a otras mujeres? Entonces este evento es para ti, contaremos con la presencia de Nancy Leigh DeMoss, Jen Wilkin y Lauren Chandler, dirigiendo la alabanza, acompáñanos no te lo pierdas.

Si estás interesada en enseñar o hablar a las mujeres uno de tus mayores recursos puede ser aprender de otros que han profundizado en preciosas verdades de la palabra de Dios., únete a Nancy Leigh Demos, Trillia Newbel, Andrea Griffin y Paula Hendricks para obtener sabiduría práctica en cómo comunicar más efectivamente la enseñanza de la palabra de Dios en tu entorno particular. Acompáñanos en Revive 15, mujeres enseñando mujeres, Indianápolis Septiembre 25 y 26 no te lo pierdas.

Carmen Espaillat: Kathy Helvey era una esposa y madre devota, involucrada en el ministerio de las familias. Ella partió con el Señor recientemente. Aquellos que estuvieron con ella en sus últimas semanas recuerdan la paz que controló su vida, aun cuando ella sufría los efectos de la leucemia. Kathy describe la fuente de esa paz.

Kathy Helvey: Hay un versículo en el Salmo 94 que dice, «Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí, tus consuelos deleitan mi alma» (versículo 19). Para mí, la consolación es lo que Él dice, lo que Él promete.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh Demoss en la voz de Patricia de Saladín.

Muchas quizás ya han oído de nuestra amiga Kathy Helvey en múltiples ocasiones. Ella ha ofrecido consejos prácticos de cómo vivir la Palabra de Dios en las temporadas difíciles de la vida.

Ahora vamos a escuchar una grabación que Kathy realizó con un grupo de damas en el año 2007. Justamente, este grupo había escuchado a Nancy enseñar a través del libro de Habacuc. Y como parte de esta serie, escucharemos a Nancy hablar con Kim Wagner, Holly Elliff, María Johnson, y la fallecida Kathy Helvey.

Holly comenzará.

Holly Elliff: Antes que nada quiero decirles, que mientras leía el libro de Habacuc y durante este estudio de hoy, creo que, -comenzando en el capítulo 2 cuando comenzaste a hablar sobre Habacuc subiendo a la torre de vigilia para esperar en Dios- tuve esta visión sobre mí misma tratando de subir a la torre y de todas esas personitas agarrando mis tobillos y diciendo, «Mami, espera, espera, espera.» [Risas]

Tengo un montón de hijos. Literalmente, me senté ahí pensando, ¿Podré ser capaz de subirme a esa torre de vigilancia y decir, «me voy a sentar ahí hasta que Dios hable»? Entonces pensé, bueno, «Podría hacer eso a las 2:00 o a las 3:00 de la mañana. Habrá suficiente silencio». Era casi cómico mientras pensaba en mí misma tratando de ponerme en esa posición.

Nancy: En una posición de escuchar al Señor y de esperar en Él.

Holly: . . . diciendo me voy a sentar ahí hasta que Dios responda. Sé que Dios tiene la forma de hacer que yo haga eso, pero era un cuadro bastante cómico.

Nancy: Sí, como una mamá, ¿cómo encuentras tiempo a solas con el Señor? ¿Cómo logras permanecer en quietud y callada y dejas que Él te hable?

Holly: Para mí, literalmente es, algunas veces a las 2:00 o 3:00 de la mañana cuando finalmente todo está tranquilo y callado y yo sé que es bastante seguro que nadie se despertará por un tiempo. Ahí es cuando yo puedo buscarlo a Él. He encontrado que aun unos pocos minutos en medio de mi día hacen una enorme diferencia.

Nancy: Sé que es así y Kim, tú también tienes días muy ocupados. Justo conversábamos que estás ahora mismo en una etapa de tu vida donde tus días están muy llenos. ¿Cómo encuentras ese tiempo para escuchar al Señor?

Kim Wagner: Si yo tengo que tener ese tiempo con el Señor. El Señor me enseñó hace algunos años, que si yo no me encontraba con Él primero… que El es todo mi sustento. La única manera en que yo puedo funcionar es reuniéndome con Él en primer lugar. Yo sé Holly que para ti es tarde en la noche. Pero en mi caso yo me tengo que reunir con el Señor a primera hora de la mañana.

Holly: En realidad, el mío es más temprano en la mañana que el tuyo.

Kim: ¡Correcto! Pero les he dicho a mis amigas, «ustedes no querrán estar alrededor de mí hasta que yo me haya encontrado con el Señor y es porque yo sé que Él necesita tratar conmigo a primera hora de la mañana».

En realidad, ese es el tiempo más dulce para mi del día; el poder venir a Él, derramar mi corazón y simplemente buscarlo, preguntarle, Señor ¿Con cuáles áreas de mi corazón Tú necesitas tratar? ¿Cómo necesito rendirme a Ti? Entonces intercedo por otras personas que Él trae a mi corazón y a mi mente mientras lo busco a Él, antes de pasar a tener un tiempo en Su Palabra.

Yo soy esposa de pastor, y probablemente durante los primeros diez años como esposa de pastor, mi tiempo de quietud con el Señor era probablemente muy similar al de la mayoría de los cristianos. Yo apartaba ese tiempo un día sí y otro no. Recuerdo haber encontrado un diario mío, durante una de nuestras mudanzas de un pastorado a otro.

Un día revisando las cajas de la mudanza, saqué uno de mis diarios espirituales. Recuerdo haberlo hojeado y haber dicho, «wao, esto es bueno. Mira como el Señor se encontró conmigo aquí el 24 de octubre. Esta es una buena palabra. Esto está interesante». Y me voy al próximo día: 25 de octubre, y luego paso la página y veo que la siguiente es el 24 de noviembre. Pero ¿Qué pasó entre el 25 de octubre y el 24 de noviembre?

El Señor realmente usó eso para redargüirme de que faltaban algunos días. Hojeando el diario pude darme cuenta de que mis tiempos de reunión con el Señor eran muy esporádicos. Entonces comencé a preguntarme, «Padre, ¿qué habrás querido hablar conmigo en aquellos días cuando yo no me detuve a encontrarme contigo? ¿Qué me perdí, que hubieras querido enseñarme Señor?»

Pero eso no fue suficiente para que yo tuviera convicción de pecado, me tomó un año más. Estábamos entonces viviendo en Indiana y yo viajé a Indianápolis para ministrar a alguien en el hospital. Mientras yo manejaba alegremente camino a ministrar en el nombre de Dios, el Espíritu Santo de manera tan fiel me habló y me dijo, «Kim, tú vas a ministrar a alguien, pero no tuviste un tiempo a sola conmigo, no te reuniste conmigo esta mañana. Tú no buscaste Mi rostro primero».

Yo, en mi manera arrogante, orgullosa, frívola dije, «Dios yo me estoy encontrando contigo ahora. Estoy escuchando a Adrian Rogers ahora mismo en el radio». Dios, clara y fielmente me habló y me dijo, «No, tú no buscaste Mi rostro esta mañana. No te encontraste conmigo esta mañana».

Y es que hay tantas cosas en nuestras vidas, que hacen que esta se vuelva tan agitada, con los hijos, con responsabilidades, con personas que necesitan ser ministradas alrededor nuestro, así que podemos dejar que todas esas cosas desplacen las cosas más importantes. Y yo estoy tan agradecida por Lucas 10, por el ejemplo de María, alrededor de ella había muchas actividades ocurriendo.

Marta estaba haciendo muchas cosas buenas, muchas cosas que eran necesarias. Aquellos hombres necesitaban comer, pero María estaba haciendo lo más importante. Para mí -no estoy diciendo que es lo mismo para todo el mundo- pero para mí, Dios me ha mostrado que debo hacer esto a primera hora del día.

María Johnson: Bueno mira para mí es un poco diferente, porque la vida no siempre es tan ordenada cuando estás despierta toda la noche con un niño enfermo y todo lo demás. Yo amo las mañanas. Es mi tiempo favorito, el tiempo antes de la salida del sol. Simplemente salir con una taza de café, hasta envuelta en una frazada. Ahí están las estrellas, y estás tú y está el Señor. Ese es mi momento favorito.

Pero con cuatro hijos y seis nietos y el itinerario de trabajo de mi esposo, no siempre puedo hacer eso -levantarme a las 5 en punto o 4:30 o 6 a.m.- no cuando has estado despierta dos o tres horas con un hijo o un nieto enfermo o algo por el estilo.

Así que lo que el Señor comenzó a enseñarme del versículo 11 del Salmo 16 fue que yo era muy consistente con ese tiempo de quietud en la mañana, y comencé a enorgullecerme de ello. «En Su presencia hay plenitud de gozo». Él comenzó a mostrarme que yo tenía que vivir cada momento en Su presencia. Cada momento.

Así que ya sea con un hijo enfermo o ayudando a mis hijos casados con sus hijos o a un vecino o en la iglesia, cualquier cosa que haga, cualquiera que sea la necesidad, es en ese momento que nos debemos dar cuenta de que Dios está ahí, y que Él ha hecho provisión para Su gloria en cualquiera que sea la circunstancia.

Esto no quiere decir que el tiempo con el Señor en Su Palabra no sea importante, es aún más que eso. ¿A dónde podremos huir de Su presencia? A ningún lugar.

Recuerdo estar transportándome en un subterráneo en Boston y decirle a mi prima, «Mira toda esa gente, de todas esas nacionalidades. No puedo soportar el pensar que van a morir y a quemarse en el infierno». Es simplemente darnos cuenta de que Su presencia está en todos lados y que en Su presencia hay plenitud de gozo.

Mi lugar favorito, por supuesto, es delante de Él en Su Palabra en la quietud de la soledad. Pero Él desea que lo veamos en todo lugar, y en todo lugar que Él ha hecho provisión para Su gloria, ya sea señalando a las personas perdidas o indefensas o ministrando o sencillamente pasando un buen rato, quizás haciendo dibujos con tiza en la acera con los niños. En todo lugar Dios ha hecho provisión para Su gloria. Tenemos que recordar eso y recordar que siempre estamos en Su presencia. Siempre. Siempre.

Muy temprano en la vida a mi me enseñaron sobre ese tiempo de quietud. Vaya que lo hice. Dime que hacer, y seguiré esos tres pasos. Hay cierto orgullo en eso. Entonces Dios dijo, «No, es más que eso. Siempre estoy ahí, y he hecho provisión para Mi gloria dondequiera que te he colocado.»

Haciendo rompecabezas con los niños más pequeños, enseñando a las mujeres. No importa. Dios está ahí. Y nuestro propósito de estar allí…mi propósito es glorificarlo a Él.

Kathy Helvey: Nancy, tú mencionaste algo sobre la Palabra de Dios … estaba revisando mis notas aquí y no puedo encontrarlo. Si fuéramos realmente a creer la palabra y a vivirla, entonces nuestras vidas serían verdaderamente transformadas. Todo sería tan diferente. Pienso en ese pasaje de las Escrituras en Romanos donde dice, «Transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento» (Romanos 12:2, RV).

Ya que estamos hablando de tiempos de quietud y tiempo con el Señor, he notado que a medida que voy entrando en años, he tenido que caminar para ejercitarme para mantener el peso adecuado. Algo que me motiva a salir cada día a caminar es algo que comencé a hacer unos años atrás y es memorizar los Salmos porque es muy similar a la poesía. Fluye.

Así que comencé memorizando salmos diferentes. Me motivaba a mí misma a caminar llevando conmigo mis pequeñas tarjetas tamaño 3 x 5. Entonces sencillamente yo las citaba y las repetía una y otra vez. Mientras comenzaba a caminar, recordaba ese pequeño corito que dice, «Y Él camina conmigo y Él me habla». Eso fue lo que comenzó a suceder.

Comencé a tener los mejores tiempos de quietud con el Señor, y aún los tengo, cuando estoy caminando sola. Soy muy egoísta con estas caminatas. La gente me ha dicho ‘déjame caminar contigo’. Le he dicho que no. Sencillamente necesito hacerlo sola. No podría encajar este tiempo en otro momento de mi agenda.

Nancy: Diles que ya tienes un compañero de caminata.

María: Eso es correcto, y yo lo amo. Así que mientras caminamos y mientras Él me habla, me lleno de gozo. Yo creo que C.S. Lewis escribió un libro, «Sorprendido por el gozo», y eso fue lo que me pasó un día en nuestras caminatas.

Le estaba hablando a Dios sobre cierta situación y entonces comencé a citar un Salmo en una de esas pequeñas tarjetas. Al final comencé a orar esas mismas palabras a Dios. Antes eran meras memorizaciones, pero se transformaron en una parte de quién yo era, de la situación que atravesaba, de lo que yo quería decirle al Señor, y de lo que Él quería decir a mí.

De manera que muchos de los cambios en la vida han llegado a mí a través de memorizar la Palabra de Dios. Cuando era muy pequeña me dijeron -durante las vacaciones, en la escuela bíblica-cuán importante era memorizar la Palabra de Dios, pero yo no tenía idea. Ahora yo tengo muchas tarjetas pequeñas y simplemente camino y hablo. La Palabra de Dios se convierte en una oración de retorno a Él, y es muy emocionante.

Nancy: He encontrado que eso me ha pasado a mi misma aun en este estudio del libro de Habacuc. Mientras he meditado en el libro y lo he estudiado, he terminado memorizándolo. Ese último versículo, «DIOS, el Señor, es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como de ciervas, y por las alturas me hace caminar» (Habacuc 3:19).

Me encontré a mí misma necesitando tanto la fortaleza del Señor, y he obtenido fortaleza a través de las Escrituras que están ahora en mi corazón y diciendo por fe, «Dios el Señor es mi fortaleza. Señor, Tú eres mi fortaleza. Tú me haces sentir como las ciervas. Me haces caminar por las alturas».

El preparar estas sesiones de grabación – todo esto es un alto llamado para mí; es difícil. Me consume más energía de la que tengo a mi disposición. Requiere más sabiduría de la que poseo. Por eso las Escrituras se vuelven muy personales; de manera que no es solamente Habacuc que dice eso. No es sólo un conocimiento intelectual para mí. Se convierte en parte de mi propio caminar con el Señor.

Kathy: Pregunto a las personas sobre su tiempo de quietud -muchas veces la mayor parte de las mujeres con las que hablo tienen diversos problemas, y les digo: «Y entonces, ¿Cómo es tu tiempo de quietud?» Y ellas me responden, «Bueno, yo oro todo el tiempo». Entonces mi próxima pregunta es, «Bueno, eso es tremendo, pero ¿Cuándo escuchas?»

De eso estás hablando. Con tus pequeñas tarjetas- no solamente estás hablando con el Señor. Estás escuchando porque Él te está hablando a ti a través de Su Palabra. De esa manera es que Él nos habla y nos dirige, nos corrige, a través de Su Palabra, así que esa es una buena manera de hacer las dos cosas a la vez.

Kathy: Hay un versículo en el Salmo 94 y dice, «Cuando mis inquietudes se multiplican dentro de mí.» Otra versión dice, «En la multitud de mis pensamientos dentro de mí…» (Salmo 94:19,).

Nancy: ¡Todas conocemos ese versículo!

Kathy: Entonces la segunda parte es, «Tus consuelos deleitan mi alma». Consolación, para mí, es lo que Él dice, lo que Él promete. Si no sé lo que Él me está diciendo, entonces cuando mis pensamientos ansiosos toman control y se multiplican y los miedos y las tensiones de la vida llegan y los demonios de la oscuridad vienen en medio de la noche, despertándome, siento miedo. Si no conozco la Palabra de Dios, si no la he escondido en mi corazón a través de memorizarla, entonces estoy perdida.

Kim: Es porque no hay nada para contrarrestar esas mentiras. No tienes entonces la verdad escondida en tu corazón…

Kathy: Puede tomar control de mi vida… y no podría transformar mi vida.. No podría confiar. No sólo debemos leer la Palabra de Dios, sino memorizarla.

Kim: Meditar en ella.

Kathy: Si la memorizamos, yo pienso que la promesa de Dios es, que retornará a nosotros.

Holly: Yo estoy de acuerdo, Kathy. Muchas de las mujeres con las que hablo ni siquiera han tomado sus Biblias y no entienden por qué no están obteniendo lo que necesitan del Señor. Ellas dicen «Dios no está escuchándome».

Pensé en la determinación de Habacuc. Creo que fue sumamente honesto con Dios. Le dijo cuáles eran sus inquietudes. Pero luego estaba determinado a ponerse en un lugar donde él pudiera escuchar a Dios.

Creo que si no somos cuidadosas, echamos toda la culpa a Dios, sin aceptar la responsabilidad, estando la Palabra de Dios tan disponible.. Perdóname, pero siento que todo el mundo puede encontrar un tiempo en algún lugar para llegar a Dios.

Yo sé que hay momentos de crisis donde es sencillamente increíblemente difícil, pero a menos que estés en el lecho de muerte de un ser querido, o en una estadía en un hospital, o en algún momento de crisis, en la mayoría de nuestras vidas hay tiempo disponible.

Nancy: En realidad, es en esos momentos de crisis que muchas personas sí buscan a Dios.

Holly: Bueno, entonces es que recuerdas que Él está ahí.

Nancy: Es así.

Holly: Pero estamos tan poco preparadas para cuando esas cosas lleguen, porque en medio de nuestras vidas diarias, se nos olvida. No es que nos olvidemos. Sabemos. Nosotras simplemente no estamos lo suficientemente desesperadas para escuchar lo que Dios tiene que decirnos, esto significa, como mencionaba Nancy, que simplemente dependemos de nosotras mismas, y lo que tenemos es lo que tenemos apartadas de Él. Eso es tan aterrador para mí.

Kathy: Somos tan orientadas hacia los sentimientos, especialmente como mujeres. Lo que me llamó la atención durante toda esta sesión fue que Nancy decía una y otra vez que se trataba de una elección. Alguien una vez escribió un libro, «La fe no es un sentimiento». Pensé, muy bien, la fe no es un sentimiento.

Algunas veces estamos tan consumidas con nuestros sentimientos debido al dolor, o con lo que sea, lo que sea que esté ocurriendo en nuestras vidas, que prefiero pensar en ello ahora como una elección contraria. Tengo que elegir contrario a todo lo que soy cuando me encuentro en esa situación. Eso es difícil de hacer a menos que yo haya invertido mientras todo iba bien… Si estoy caminando cerca del Señor.

Querido Habacuc, te amo. [Risa] Porque me senté allí pensando, ese es precisamente el interrogante de Habacuc. Esto es lo que es. Él está desconcertado, está confundido. Está furioso. No entiende nada. Él siente que ha sido abandonado, rechazado. ¿Dónde estás Tú, Dios?

Todos hemos estado ahí. Quiero seguir a ese hombre. Quiero ser un Habacuc y moverme, desde mis interrogantes, hacia donde terminamos en este libro – hacia la fe.

Holly: Yo me pregunto, cuando hablas con otras mujeres, ¿por qué es que no las ves haciendo esto? ¿Por qué no hacen las mujeres esta elección?

Hablé con una joven un par de semanas atrás. En el transcurso de la conversación quizás mencionó unas diez mujeres con las que ella ya había compartido lo que estaba ocurriendo en su vida. Cuando finalmente dije, «¿Has tenido tiempo de ir donde Dios sobre eso?» «No.» Realmente no lo había hecho. Ella era tan rápida para llegar a cualquier otra persona. Yo pienso que es muy peligroso poner tanto bálsamo sobre la herida que no necesitemos ir donde Dios, como lo hizo Habacuc.

María: Sin embargo, sale tan natural el ser independiente. Tú no le enseñas a un niño a decir, «Yo lo puedo hacer por mí mismo». Tú le enseñas a compartir. Pienso que es parte de esto. Es una de las cosas, como Cathy ha dicho, que me gustó sobre este libro -es cuán real es Dios con Su Palabra. Él es tan práctico.

Las emociones son reales, y nosotras como mujeres sabemos eso. ¿Pero qué vamos hacer con esas emociones? Ahora bien, él tenía miedo. Estoy segura de que tenía preguntas. Habacuc tenía dudas. Él se preguntaba ¿cuánto tiempo y por qué? Las emociones son reales, pero no podemos enterrarlas, ni podemos negarlas, ignorarlas o medicarlas. Tenemos que aprender a correr hacia Dios.

Yo he visto esto una y otra vez. Él permite que esa presión nos llegue para recordarnos que lo necesitamos a Él porque tenemos la tendencia a ser tan autosuficientes. Yo puedo hacer esto por mí misma. Realmente pienso que es simplemente una actitud con la que nacemos. Estas cosas empiezan a ocurrir con tanta frecuencia en tu vida que empiezas a darte cuenta de que tú lo necesitas a Él.

Hubo una temporada en nuestra vida donde, por un periodo de ocho años, el mayor tiempo que pasamos sin una crisis importante fue de seis meses. Estoy hablando de muertes, hospitalizaciones, accidentes mayores, un hijo que casi muere, en tres ocasiones en esos seis meses. La temporada tranquila más extensa durante esos 8 años duró tan solo 6 meses.

Y aún así yo no cambiaría esos ocho años por nada en el mundo porque en medio de eso aprendí a correr hacia el Señor. Nuestra familia completa lo hizo. Cuando todo lo demás deja de funcionar, no ayuda, o no te satisface es cuando obtienes un vistazo de Dios. Son tiempos en los que necesitas respuestas reales. Necesitas un Dios real, y Él está ahí.

«JEHOVÁ preside en el diluvio, y se sienta Jehová como rey para siempre» (Salmo 29:10, RV). Ese es el versículo que el Señor me dio cuando me encontraba acompañando a mi hijo de 17 años que estaba irreconocible. Nadie sabía que ese era realmente él excepto su papa y yo; estaba tan mal herido. Simplemente me senté allí, y ese fue el versículo que el Señor me dio.

Ese fue el comienzo de ocho años corridos. Con un respiro de seis meses. Cosas grandes. Muchas muertes, cirugías, accidentes, pérdidas financieras. Y yo solo decía, ¿Cuánto tiempo Señor? Y ¿por qué? Él estaba ahí, y Él era suficiente.

Tenemos algunas experiencias como esas en la vida y puedes cantar al final como lo hizo Habacuc. Hay temporadas así. Digo, ese no es el único tiempo. Pero tienes una buena temporada de este tipo de cosas y comienzas a darte cuenta de que Dios es suficiente. A Él no le importa que le hagas esas preguntas honestas.

Antes de esa temporada, estábamos esperando en Dios en un momento que sentimos que Él nos había dirigido a adoptar a pesar de que nuestros primeros dos hijos tenían 13 y 15 años. Todo el mundo pensó que estábamos locos, pero realmente pensamos que Dios había dicho que había hijos específicos. No era que yo quería un bebé o que no teníamos un hijo o una hija, o que queríamos esto o aquello.

Estábamos esperando. Tomó 18 meses, mientras solamente toma 9 meses tener un bebé biológico. Fue una espera demasiado larga. Se mantenían cambiando a las trabajadoras sociales.

Bueno, una amiga mía que era muy valiente me llevó a almorzar un día. Yo me estaba quejando, como tú dijiste, quejas y quejas. Ella se inclinó hacia mí y me dijo, «María, tú no estás esperando por una trabajadora social, tú no estás esperando un hijo, no estás esperando que tu casa se venda, y no estás esperando el poder comprar una casa más grande» (porque vas a tener más niños). Ella dijo, «Estás esperando en el Señor».

Si estamos en un restaurante con un camarero, alguien lo llama. ¿Qué hace este camarero o la camarera? Ellos esperan a que tú les hagas una señal, que hagas un gesto con la cabeza, o los llames, y ellos y vienen hacia ti. Esa fue la ilustración que el Señor me dio en ese segundo, que yo tenía que esperar en el Señor como lo haría un sirviente. Él me haría un gesto con la cabeza, me haría una señal cuando Él quisiera que yo me fuera o que me quedara, o que fuera a la derecha o a la izquierda. Nunca me olvidaré de eso. Estamos esperando en el Señor. Eso fue lo que hizo Habacuc. Él esperó hasta que Dios le respondió.

Carmen: Esa es María Johnson. También escuchamos de Kim Wagner, y Holly Elliff. Y escuchamos de Kathy Helvey, quién partió con el Señor hace unos años.

Estas mujeres escucharon mientras Nancy Leigh DeMoss enseñó esta serie Habacuc: del temor a la feLa conversación de hoy muestra cómo luce esta enseñanza de manera práctica día a día.

Alguien nos escribió:

Siento como si Dios me hubiese hablado a través de cada una de ustedes. He comenzado a levantarme temprano para pasar tiempo con el Señor y he comprobado lo fácil que es comparado a orar a través del día. Cuando voy al Señor primero, las cosas no me molestan tanto. Gracias a todas y gracias por este estudio sobre Habacuc.

En Aviva Nuestros Corazones estamos comprometidos a enseñar la Palabra de Dios de manera precisa y enseñarles cómo vivirla de manera práctica. Si quieres contribuir para que estas enseñanzas continúen siendo posibles, puedes hacer una donación visitando AvivaNuestrosCorazones.com. O puedes llamar al 1-800-569-5959. Si llamas, no dejes de indicar que deseas que tu donación se aplique al ministerio de alcance hispano.

Generalmente esperamos que haya respuesta para todas las preguntas. Pero en ocasiones hay preguntas que no tienen respuesta y eso también puede ser bueno. Aprende por qué en el próximo programa. Una vez más, escucharemos de parte de un grupo de amigas y recordaremos la vida de Kathy Helvey.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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