Ejemplos de Entrenamiento

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Nueve –

Ejemplos de Entrenamiento

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 29 – Canta conmigo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 29 – Canta conmigo

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/canta-conmigo/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que tú tienes cosas asombrosas por las cuales cantar.

Nancy Leigh DeMoss: El testimonio de la fidelidad de Dios en tu vida necesita ser compartido con los demás. En ese sentido, le estás poniendo música para que otros puedan escuchar la melodía y cantarla, y puedan ser bendecidos por ella.

«Engrandeced al Señor conmigo,» dijo David, «y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores» (Salmo 34:3-4).

David dijo, «Yo he estado ahí. He estado desesperado. He estado en las profundidades de la desesperación, pero Dios me ha librado. Él me rescató. Él se ha revelado a sí mismo. Me regocijo en el Señor, y ahora quiero que lo exaltes conmigo».

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Durante las últimas semanas, Nancy nos ha llevado a través de un fascinante estudio de Habacuc. Si te has perdido alguno de estos programas, puedes escucharlos visitando AvivaNuestrosCorazones.com.

Mañana escucharemos de algunas de nuestras oyentes sobre formas prácticas de aplicar el mensaje de este libro. Sin embargo, hoy descubriremos por qué este profeta prorrumpió en una canción.

Nancy: Bueno, hemos atravesado un buen trecho con Habacuc.

Recientemente me estaban haciendo una entrevista en la radio. En ese momento estaba estudiando este libro, y me preparaba para enseñarlo. El hombre que me estaba haciendo la entrevista sabía que yo estaba estudiando el libro de Habacuc y que había estado estudiándolo por un largo tiempo. Él me dijo, «Cuando lleguemos al cielo, ¿me podrías presentar a Habacuc? Creo que seguramente lo conocerás en cuanto lo veas».

La Escritura nos dice muy poco acerca de este hombre, de qué tipo de familia venía, donde vivía, o cosas por el estilo. Pero creo que hemos echado un buen vistazo a su corazón al estudiar este libro juntas durante las últimas semanas. Hemos estado en un peregrinaje, en una jornada con Habacuc.

Hemos visto como va de batallar a observar y a adorar. Hemos visto el libro y de un diálogo que tuvo Habacuc con Dios en el capítulo 1 a un canto fúnebre en el capítulo 2, y a él pronunciar ayes y juicio sobre los babilonios.

Sin embargo, el capítulo 3 se ha convertido en una doxología. Él comenzó en los lugares bajos de desaliento en el capítulo 1. En el capítulo 2 se fue a un puesto de guardia, su atalaya, y dijo, «Velaré para ver lo que Él me dice».

En ese lugar Dios lo impulsó hacia arriba, allí fue donde lo vimos en la última sesión. Él dijo, «Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por alturas me hace caminar» (3:19).

Aquí está un hombre que es constante a través de la adversidad, a través de la decepción, a través de tantas preguntas sin respuesta. No es como si todo fuera feliz para siempre -no todavía. Todavía está frente a la inminente invasión de los babilonios.

Los judíos todavía son apóstatas. Ellos todavía necesitan un avivamiento. Nada ha cambiado en sus circunstancias. Pero todo ha cambiado en su perspectiva acerca de su situación porque él ha recibido una nueva visión de quién es Dios. Y eso es lo que tú necesitas en tus circunstancias, en tu dificultad – una nueva visión de Dios.

Aquí está un hombre que ha peleado con Dios. Él ha luchado con Dios. Habacuc significa «uno que lucha».

Pero también significa «el que abraza». Él ha ido de luchar con Dios, cuando no entendía el plan de Dios ni sus propósitos, hasta abrazar a Dios, aferrándose fuertemente a Él, por la fe, a Dios.

¡La fe! Dijimos que esto era el corazón de este libro. «El justo por la fe vivirá» (2:4), la fe en Cristo que te ama y dio Su vida por ti. Así que, hemos sido desafiadas a vivir nuestras vidas por fe.

Ahora, al llegar a la última frase del libro de Habacuc, solo déjame regresar y leer el último párrafo de nuevo para entender el contexto. Habacuc se da cuenta de que viene destrucción y devastación. Él tiembla al pensar cómo va a ser ese día y lo que la gente va a tener que soportar- lo que él va a tener que soportar.

Pero a pesar de esa sensación de estremecimiento, él dice en Habacuc capítulo 3 en los versículos 17-18:

«Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar.»

Aquí vemos lo que un comentarista llamó el «pináculo de alabanza» en este libro. Él dice que «es el destino, en la cima de la montaña, de una jornada que comenzó en el valle de la angustia».1

Quiero recordarte que esta jornada no es solo para Habacuc. Es una jornada que Dios quiere que yo experimente, es una jornada que Dios quiere que tú experimentes. Podemos comenzar en el valle de la angustia, Dios puede llevar nuestros corazones hacia arriba y hacia adelante a una tierra más alta, viviendo por fe en medio de este mundo caído y desesperado.

Luego tenemos una frase al final en el libro, y al leerlo una primera vez uno se pregunta por qué está esto aquí. Asumiendo que Dios lo puso ahí por una buena razón, uno se pregunta, «¿Es realmente importante?»

Pienso que muchas de nosotras seriamos tentadas a obviar esta frase, pero creo que es hermosa y digna de que le dediquemos toda una sesión.

La frase final – después que ha cantado esta canción, después que él ha hecho esta oración; luego que ha leído este Salmo – él dice, «Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda» (3:19). «Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda».

Es como si Habacuc, después de haber pasado esta increíble jornada -yendo de luchar con Dios hasta abrazar a Dios- su desesperación se convirtió en un canto de alabanza, su temor se convirtió en fe, él lo escribe o lo ora, y luego se da vuelta y entrega las letras de esta canción al líder del coro, al líder de alabanza, al líder de adoración, y le dice, «Aquí está Ponle música a esto. Y que sea acompañado, y quiero ser parte del acompañamiento».

«Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda». ¿Te das cuenta? Él comenzó con una queja en Habacuc capítulo 1: «¿Por qué Señor? ¿Hasta cuándo?»

Si estuviste con nosotras en la primera parte de la serie, recordarás que él estaba gimiendo. «No tiene sentido». Él estaba luchando con cosas demasiado grandes para que cualquiera de nosotras las entienda.

Lo que comenzó como una queja terminó como un cántico. Como una canción. Por cierto, no es la única vez que esto sucede en las Escrituras. Hay muchos ejemplos en los Salmos, pero uno que viene a mi mente es el Salmo 13.

Escucha cómo este salmo comienza, y luego escucha cómo termina. Comienza de la misma forma como comenzó el libro de Habacuc.

«¿Hasta cuándo, oh Señor? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás de mí tu rostro?» Luego el Salmista describe las circunstancias que él está confrontando que lo hacen clamar en desesperación. «Señor, ¿hasta cuándo seguirá esto?»

Pero luego llegamos al versículo 5 del Salmo 13: «Mas yo en tu misericordia he confiado.» ¿Cuál es el punto del giro? Es la fe, ¿no es cierto? la que te lleva de la desesperación, la queja, el llanto a un himno de alabanza.

Es la fe. «Mas yo en tu misericordia he confiado». Esto se parece mucho a Habacuc. «Mi corazón se regocija en Tu salvación». El Salmista dice esto antes de ver el resultado, antes de que pudiera ver la salvación del Señor.

«Mi corazón se regocijará en tu salvación,» y luego el versículo 6, «Cantaré al Señor, porque me ha colmado de bienes».

Ahora, seis versículos antes este hombre estaba diciendo, «¿Hasta cuándo oh Señor?» No puedo soportar esto. No puedo seguir adelante. Su auto-compasión, su lloriqueo, sus quejas se convirtieron en un festival de alabanzas.

¿Qué hizo la diferencia? «En tu misericordia he confiado». Una decisión. «Mi corazón se regocijará en Tu salvación,» y por lo tanto «cantaré al Señor».

Así que a Habacuc, después de haber pasado por este proceso…le tomó un poco más de seis versículos, pero ha caminado a través de este peregrinaje. Me alegro de que tengamos a Habacuc en la Biblia ya que da esperanza a las personas como yo, que nos tomamos más de seis versículos para ir de quejarnos a adorar.

Yo miro a Habacuc y digo, «Le tomó tres capítulos enteros, ¡y quien sabe que tan largo fue ese proceso! Sin embargo, llegó hasta allí. Él llegó a la meta».

Así que dice, «pongámosle música a esto». Pienso que hay unas cuantas razones por las cuales él quería ponerle música.

En primer lugar, él quería recordarlo. No te parece que cuando hay una melodía o una rima o algo que tú… Aun los niños pequeños aprendiéndose el abecedario, cuando se lo aprenden con una canción, con música, les ayuda a recordarlo, ¿no es cierto?

Creo que él quería poder recordar siempre lo que había aprendido, lo que había visto, lo que Dios le había mostrado. «Mi fuerza está en el Señor. Calladamente esperaré a que llegue el día del Señor, el día en que Dios cumpla Sus promesas».

Él quería recordar lo que había visto de la majestad, el poder, la gloria, la maravilla, el plan y los propósitos de Dios. Así que él dijo, «si tiene música, podré recordarlo con mayor facilidad».

Pienso que quería recordarlo, pero pienso que también él quería reproducirlo en otros. Él quería que los demás fueran capaces de recordar este mensaje. Él quería que los demás se beneficiaran de este peregrinaje en la cual él había estado. Él quería asegurarse de que no se les olvidara.

Los hijos de Israel estaban en un lugar muy bajo en su historia en este punto, y creo que él quería que se escribiera como un cántico para que ellos lo entonaran. Hoy, unos 2,600 años más tarde, estamos siendo bendecidas, desafiadas y alentadas en nuestra fe, porque Habacuc dijo «Denle esto al director del coro y que lo escriba como un canto».

Hay un poder increíble en el mensaje de una vida, algo con lo que has luchado y has experimentado en tu propio caminar con Dios. Yo creo que es la voluntad Dios que cuando conocemos Sus caminos, cuando aprendemos Su verdad, creo que primero Él quiere que cantemos la canción, que la vivamos nosotras mismas; no solo que se la contemos a otros, sino que la experimentemos nosotras mismas.

Así que primero es una canción que necesitamos cantar. No podemos estar diciéndole a los demás…Yo no puedo estar diciendo en la radio 260 veces al año que confíes en el Señor y que te regocijes en todas tus circunstancias, si yo misma no canto eso en mi vida.

Él quiere que tengamos nuestro propio mensaje de vida, que hagamos nuestro ese cántico. Y luego, cuando Él ya ha puesto un canto en nuestro corazón, que entonces le pongamos música para que otros lo puedan cantar.

No estoy hablando literalmente aquí. Quizás no seas una escritora de himnos o una escritora de canciones. Desde luego que yo no lo soy. Sin embargo, tu propio testimonio de la fidelidad de Dios en tu vida necesita ser compartido con los demás. En ese sentido le estás poniendo música para que otros puedan escuchar la canción y la canten, y puedan ser bendecidos por ella.

«Engrandeced al Señor conmigo, y exaltemos a una su nombre. Busqué al Señor, y Él me respondió, y me libró de todos mis temores». (Salmo 34:3-4)

David dijo, «Yo he estado ahí. He estado desesperado. He estado en las profundidades de la desesperación, pero Dios me ha librado. Me rescató. Él se ha mostrado a mí. Me regocijo en el Señor, y ahora quiero que lo exaltes conmigo».

Le ponemos música a nuestro mensaje de vida, a nuestro testimonio, para que otros lo puedan cantar. Y quiero decirte, que esto no es solo para unos cuantos, aunque tu esfera de influencia sea pequeña. Los que están escuchando y cantando tu cántico puede que estén en las cuatro paredes de tu propia casa o en tu pequeña iglesia o en tu pequeño grupo de estudio Bíblico o en tu pequeño grupo de amigas.

Pero, ¿sabes qué? Mientras tú cantas el canto de la fidelidad de Dios y de Su gracia, y mientras los que están a tu alrededor se aprenden el coro y el estribillo y comienzan a cantar, ¿sabes qué pasa? Se propaga.

Y un día, esta es la meta: un día toda la tierra temerá ante la presencia del Señor y cantarán, «Grande es Tu fidelidad, Oh Señor». Toda la tierra cantará. Toda la tierra.

Tú dirás, «Bueno, yo estoy cantando mi pequeña parte. Pero nadie a mi alrededor está cantando este canto». Tú sigue adelante y de todas formas cántalo. Canta de la fidelidad de Dios. De nuevo, no estoy hablando de forma literal aquí, aunque no es una mala idea tampoco.

Estoy hablando de vivir tu mensaje de vida, tu mensaje de fe en la fidelidad de Dios, para que luego puedas ver como los demás a tu alrededor empiezan a contagiarse. Estoy pensando en una mujer específicamente que yo sé que hace muchos años no tenía un matrimonio que glorificaba a Dios.

Ella no estaba viviendo para la gloria de Dios como mujer. Ella vivía para su propia felicidad. Vivía para su propio placer. Y no estaba siendo el tipo de esposa que su esposo necesitaba, y él no estaba siendo el tipo de esposo que ella necesitaba.

Pero Dios, durante estos últimos años, puso un cántico en el corazón de esta mujer, un canto de fe, de obediencia, de sumisión al Señor y de vivir para Su gloria. ¿Sabes qué? Su esposo ha comenzado a cantar ese canto.

Ahora como pareja y como familia, lo están cantando en Su iglesia, la promesa de que Dios es fiel. Ellos son un testimonio de ello, y Dios está usando esta mujer para tocar, para alcanzar y bendecir las vidas de muchas otras mujeres con su historia de la fidelidad de Dios. Otros se han dando cuenta, y sigue y sigue y sigue hasta el día cuando todo el mundo cante para la gloria de Dios.

Así que cuando estés preocupada, canta. Cuando no sepas que hacer, canta. Yo hago esto, literalmente, gran parte del tiempo. No soy cantante. Si me has escuchado cantar te habrás dado cuenta; pero yo le canto al Señor.

Hay algo poderoso al cantar… literalmente: cantar. ¿Por qué Dios nos dice tantas veces que lo hagamos? Porque expresa fe. Yo comencé mi día esta mañana cantando un cántico al Señor del Salmo 18, con mi pequeño salterio que he estado usando, cantándole al Señor de Su fuerza, de Su grandeza, de Su bondad.

Pero no quiero solo cantar de forma literal. Quiero vivir una vida que sea una canción. «Para el director de coro, con mis instrumentos de cuerda,» dice Habacuc. Ponle música y que sea cantado para que las vidas de los demás puedan ser bendecidas, y para que los demás crean y reflejen la gloria de Dios.

La mayoría de ustedes probablemente ha oído esta historia, pero creo que vale la pena repetirla. Horacio Spafford fue un exitoso abogado y hombre de negocios en la ciudad de Chicago a mediados de los 1800s. Él y su esposa, Anna, eran íntimos amigos y contribuyentes importantes del evangelista D.L. Moody.

En 1870 el único hijo de los Spafford murió de fiebre escarlata a la edad de cuatro años. Un año más tarde, todas las propiedades inmobiliarias de los Spaffords, ubicadas a orillas del lago (si alguna vez has estado allí, sabrás que es una propiedad muy costosa) fueron destruidas por el gran incendio de Chicago.

Sufrieron dos grandes pérdidas; claro, una más grande que la otra, perder un hijo a la edad de cuatro años, y luego perder todos sus inmuebles.

En 1873, después de haber pasado todo esto, Horacio decidió llevar a su familia a Inglaterra para un descanso muy necesario. Estaban agotados por toda la experiencia, y Moody estaba en Gran Bretaña, conduciendo allí reuniones de evangelización en ese tiempo.

La familia planeaba irse a reunir con él allí y ayudar en el ministerio. Los Spaffords viajaron juntos a Nueva York desde Chicago, donde iban a bordo de un barco para cruzar el Atlántico.

Justo antes de zarpar, surgió un problema de negocios de último minuto que Horacio debía atender. En lugar de que toda la familia retrasara su viaje, él decidió enviar a su familia primero, como habían planeado, y él los seguiría después de atender su negocio.

Así que su esposa Anna y sus cuatro hijas se fueron en el barco, mientras que Horacio se fue hacia el Oeste, a Chicago, para resolver el problema. Nueve días después, Spafford recibió un telegrama de su esposa, quien estaba, para ese entonces, ya en Gales.

El telegrama simplemente decía, «Salvada sola». En el camino de Nueva York a Europa, el barco en el que estaba su esposa y sus hijas chocó con otro barco, y en 12 minutos el barco donde estaba su esposa y toda su familia se había hundido, y 226 personas habían perdido sus vidas.

Anna había estado en la cubierta del barco con sus hijas, Anna, Maggie y Bessie, mientras estas se aferraban desesperadamente a ella, y luego ella vio cómo fueron arrastradas hacia el mar.

Su último recuerdo fue de su bebé, una niña llamada Tinetta, de cómo esta era arrancada de sus brazos por las agitadas aguas. Anna, también, fue lanzada al mar y quedó inconsciente, pero se salvó porque una tabla flotaba debajo de su cuerpo y la sostuvo hasta que fue rescatada.

Cuando Horacio se enteró de esta horrible noticia, tomó el próximo barco desde Nueva York para reunirse con su esposa en Europa. En un punto del viaje, mientras estaban todavía en el Atlántico, el capitán llamó a Horacio al puente y le dijo, «Creo que este es el lugar donde se hundió el barco en el que iba tu familia».

Horacio regresó a su cabina en el barco y fue ahí donde escribió los versos de este himno que todas hemos cantado, y que desde entonces ha traído consuelo a tantos millones de creyentes durante muchos años:

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción,

Cualquiera que sea mi suerte, diré:

Estoy bien, tengo paz, gloria a Dios!

Estoy bien (estoy bien) gloria a Dios (gloria a Dios) Tengo paz en mi ser, gloria a Dios

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No amengua mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán

Y Su sangre obrará en mi favor

Oh cuánto me gozo en Su salvación

Fue pleno Su amor y perdón

Clavó mi pecar en la cruz lo olvidó

¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Hijo de Dios!

La fe tornaráse en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios

Ahora recuerda, que el hombre que escribió estas palabras, estaba en ese momento en un barco en el océano, justo en el lugar donde acababa de perder a sus cuatro hijas. ¿Qué estaba él pensando? Él estaba ejercitando su fe.

La fe. «El justo por su fe vivirá» (Habacuc 2:4). Él estaba enfocado en la obra redentora de Dios que hace que cualquier otro sufrimiento en la vida luzca sin importancia en comparación con la pérdida tan grande que Él tuvo.

Y luego, con los ojos de la fe, uniéndose a Habacuc y a Pedro, a Pablo, a Santiago y a Jesús, y a los santos a través de todos los siglos quienes se han unido a esta canción, él escribió al director de coro para que le pusiera música a las palabras de esta última estrofa:

La fe tornaráse en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios

Amigas, vendrá el día en que nuestra fe será vista. Sé que puede parecer un largo camino, pero la realidad es que no lo es. Así que, ¿qué haces hasta entonces? Haz lo que hizo Habacuc. Espera en silencio, e intencionalmente regocíjate.

Vive tu salmo, tu oración, tu cántico. Dáselo al director del coro. Dile «ponle música, para que yo lo pueda cantar, para que mi familia lo pueda cantar, para que otros lo puedan cantar». Y luego únete con las multitudes celestiales cantando, «¡Alabado sea el poder del nombre de Jesús!»

Vivimos para ese día cuando la fe será vista, la oración se convertirá en alabanza, toda lágrima será enjugada, y por siempre cantaremos y cantaremos y cantaremos en la presencia del Señor.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado invitando a cantar, no importa lo tristes que se vean las cosas en el momento. Ella regresa ahora para orar.

Bueno, hemos estado en toda una aventura con el profeta Habacuc, viendo su intenso cuestionamiento, sus dudas, su sorpresa por el plan de Dios, y finalmente, su canto.

En las diferentes etapas de tu vida, te encontrarás en varios puntos de este proceso.

Un grupo de mujeres ha estado escuchando la enseñanza de Nancy acerca de Habacuc. Pueden identificarse con las dudas y preguntas que marcan el comienzo del libro. Mañana escucharemos acerca de sus luchas y como Habacuc las ha moldeado.

Ahora, Nancy está de regreso para orar.

Nancy: Oh Señor, has puesto un nuevo cántico en mi corazón, ofreciendo alabanzas a nuestro Dios. Nosotras creemos que Tú eres nuestra salvación, nuestra fuerza y nuestra canción.

Aun a través de nuestras lágrimas, elegimos este día para cantar y decir, «estoy bien con mi Dios, está bien con mi alma,» porque Tú todavía estás en Tu trono. Tú eres bueno. Estás cumpliendo todos Tus propósitos eternos. Nada ni nadie en este planeta puede frustrar Tu plan, y nos regocijamos por la fe en ese día, cuando la tierra será llena del conocimiento de la gloria del Señor, así como las aguas cubren el mar.

Hasta ese día Señor, ayúdanos a cantar. Te lo pido en el Nombre de Jesús, amen.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se cite otra fuente.

1 Walvoord/Zuck, Biblie Knowledge Commentary, Victor 1985, 1507

2 «It is well with my soul.» Horatio Spafford. «Estoy bien» traducción de Crystal Lewis.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Sujecion Selectiva

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Ocho –

Sujecion Selectiva

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 28 – Saltando sobre lugares altos

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 28 – Saltando sobre lugares altos

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/saltando-sobre-lugares-altos/

Carmen Espaillat: ¿Cuál es esa gran cosa en tu futuro que te intimida? ¿Has pedido la ayuda de Dios? Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Tal vez hay algunos obstáculos en tu vida, muros que necesitas saltar. Tú dices, «yo no puedo hacer esto». Dile eso al Señor. Él sabe que no puedes. Solo Él lo puede hacer. Y por el poder de Su Espíritu en ti, Él te puede dar la fortaleza para hacerlo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Existe alguna cosa que has estado posponiendo? ¿Una llamada que necesitas hacer, una conversación que necesitas tener o un acto de amor que necesitas mostrar?

Lo puedes hacer sin importar lo grande que parezca. Nancy nos explica por qué al continuar con esta serie, Habacuc: del temor a la fe .

Nancy: Jim Law es un amigo de nuestro ministerio que pastorea una iglesia en González, Luisiana, aproximadamente a unas 40 millas de Nueva Orleans. Como se podrán imaginar, esta congregación, junto a muchas otras, experimentó el desastre y la devastación que provocó aquella gran tormenta.

El domingo siguiente al huracán Katrina, un pastor se paró ante su congregación tratando de ayudar a dar alguna perspectiva correcta acerca de todo lo que había sucedido. Y cuando lo hizo, se encontró a sí mismo en el pasaje que hemos estado estudiado en Habacuc.

Escuchemos cómo el pastor Jim Law compartió con su congregación en el domingo siguiente al huracán Katrina.

Jim Law: No necesito decirles que la vida ha cambiado para siempre en el Sur de Luisiana. Esta semana ha sido casi apocalíptica. Al mirar nuestras calles de la ciudad, el tráfico a toda su capacidad, sin gasolina…, y si hay filas, estas son de veinte o treinta carros de largo. El día de ayer fui a Walmart y no lo podía creer. No había verduras, y había que esperar de 30 a 45 minutos en la fila para pagar antes de poder salir de la tienda.

Cuando comenzamos nuestro servicio de adoración esta mañana, el Señor me llevó a esa poderosa bendición que se encuentra en el libro de Habacuc.

El profeta escribió,

» Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el SEÑOR, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor DIOS es mi fortaleza; Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar. Para el director del coro, con mis instrumentos de cuerda.» Habacuc 3:17-19.

¿Saben? Cuando yo leo esta bendición -que surge cuando Habacuc estaba procesando un duro mensaje del Señor acerca de la próxima invasión de los caldeos- pensé que quizás nosotros no sepamos mucho acerca de las higueras o acerca del fruto de la viña o acerca de los olivos o las vacas en los establos. Permítanme presentarles una versión moderna de Habacuc capítulo 3.

Aunque los estantes de Walmart estén vacíos y no haya comida en el mercado, aunque todos los restaurantes permanezcan cerrados y aunque cierre el centro comercial y el mercado de valores se derrumbe y no haya hospitales. Aunque mi esposa se enferme de cáncer y mi hijo pase por enfermedad o sea secuestrado sin rastro alguno. Aunque mi casa sea derrumbada por un acto de Dios, me regocijaré en el Dios de mi salvación.

Nancy: Hemos estado escuchando al pastor Jim Law de González, Luisiana, cuando desafió a su congregación a escoger el gozo en medio de la devastación traída por un huracán.

Y podemos agregar a esta lista: aunque tenga artritis o cáncer. Aunque mi esposo esté en terapia intensiva, como el marido de una buena amiga mía lo ha estado las últimas semanas. Hemos estado hablando por teléfono, ella entre lágrimas sin saber si su esposo llegará al día siguiente. El ingreso al hospital por una cirugía que para los otros era algo rutinario, terminó siendo una puerta hacia la muerte. Y con sus lágrimas ella me decía, «pero Dios es tan bueno. Dios es tan fiel. Hay misericordia,» aún sabiendo que pudiera estar en el proceso de perder a su esposo.

Podemos agregar a la lista de Habacuc: aunque mi esposo no tenga un empleo. Aunque mi hijo se encuentre aún viviendo en un estilo de vida homosexual, o cualquier otra cosa que tengas en tu lista. Ahora, no cuando se resuelva, no más adelante cuando cambien las circunstancias, sino que ahora me regocijaré. Me regocijaré en el Dios de mi salvación.

Estuvimos viendo los versículos 17 y 18 en la última sesión, y hoy queremos ver el último versículo; el versículo 19. Habacuc cierra con una promesa maravillosa. Es parte de esta oración. Es una expresión de fe. ¿Recuerdas cómo vive el justo? El justo vive por la fe.

Como lo indica el versículo 19.

«El Señor Dios es mi fortaleza, el ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar.»

Yo estaba meditando en ese versículo temprano esta mañana, y no podía creer cuántos versículos llegaron a mi mente que hablan de la fortaleza que Dios da a los débiles que necesitan de esa fuerza.

A llegar al final de esta serie, luego de largos días de grabaciones y de varias semanas, estoy tan agradecida de cerrar con este tema acerca de que el Señor es mi fortaleza. Una y otra vez lo vemos en las Escrituras. El Salmo 18 versículo 1 dice «yo te amo, Señor, fortaleza mía». El Salmo 138:3 dice: «en el día que invoqué, me respondiste; me hiciste valiente con fortaleza en mi alma».

Dios da fortaleza. Y luego ese magnífico pasaje en Isaías capítulo 40: «Aun los jóvenes se cansan, se fatigan; y los muchachos tropiezan y caen…» (v 30 NVI). ¿Recuerdan el tema de «esperar» en el libro Habacuc? «Esperaré calladamente. Esperaré» (Habacuc 3:16).

«A los que esperan en el Señor,» ¿qué les sucederá? Ellos «renovarán sus fuerzas; volarán como las águilas; correrán y no se fatigarán; caminarán y no desmayarán» (Isaías 40:30-31 NVI).

¿Puedes ver la conexión aquí? Habacuc ha estado aprendiendo a esperar en el Señor en fe. Y como resultado, Dios lo está llenando con una doble porción de fe. Dios le está proveyendo de Su propia fortaleza, de una fortaleza sobrenatural, para soportar la aflicción, para soportar la persecución, para soportar los días peligrosos que vendrán, para soportar toda la falta de santidad alrededor de él y la gente que no se arrepiente. Y todas las cosas por las cuales Habacuc clamó a Dios en el primer capítulo, Dios le está dando fortaleza para vivir en ese tipo de mundo.

Tú necesitas fortaleza para vivir en ese tipo de mundo. Yo necesito fortaleza para vivir allí también. Necesitas fortaleza para ser esposa, madre, mujer, compañera de trabajo, amiga, para vivir con las personas con las que convivimos, gente que no conoce al Señor o que no camina con Él. Tú necesitas fortaleza.

Necesitas fortaleza como madre para ser el tipo de mamá que deseas ser para tus hijos y que tú sabes que ellos necesitan. Necesitas fortaleza. Pero nuestra fuente de fortaleza es tan limitada. Somos tan débiles. Nuestras fuerzas fallan. Se agotan. Tienen un límite.

Yo he compartido esto antes, pero lo voy a compartir otra vez, que cuando iniciamos Aviva Nuestros Corazones algunos años atrás, por mucho tiempo, esos primeros meses, como por año y medio, yo me sentía siempre como si me fuera a ahogar en los próximos segundos. Era una responsabilidad nueva e inmensa. Y yo recuerdo que en aquellos días tenía esos sentimientos de debilidad, me sentía sin fuerzas, débil; sentía una gran necesidad.

Como ustedes saben, hace algunos años le pedí al Señor que nunca me permitiera estar en un lugar en el ministerio donde yo pudiera servirle o caminar con Él y sentir que no lo necesitaba. Yo siempre quise estar en una posición donde siempre estuviera consciente de mi necesidad de Dios. Y esa es una oración que Dios ha sido fiel en contestarme. Eso te lo puedo asegurar…

Pero en aquellos días yo me sentía muy incómoda y muy débil todo el tiempo. Y en verdad ese fue un buen lugar para estar. Porque Dios derramó Su gracia en mi en ese tiempo, en esos primeros meses.

Me comenzó a despertar a primera hora de la mañana, cada mañana por un año o más. Y casi diariamente hasta hoy el primer pensamiento consciente que pasa por mi mente en la mañana es esa pequeña frase de la canción que dice «Jesús me ama». «Somos débiles, pero Él es fuerte».

La música y las palabras vienen a mi mente al inicio de casi cada día porque es una verdad. Nosotras somos débiles. Yo soy débil, pero Él es fuerte. Él es mi fortaleza. Él Señor es nuestra fortaleza.

El apóstol Pablo aprendió esto y en Filipenses capítulo 4 él dijo, » Sé vivir en pobreza, y sé vivir en prosperidad; en todo y por todo he aprendido el secreto tanto de estar saciado como de tener hambre, de tener abundancia como de sufrir necesidad». ¿Cuál es el secreto? Versículo 13: «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece».

El Señor mi Dios es mi fortaleza. Si me humillo, y reconozco mis debilidades y dejo que Su fortaleza fluya hacia mí y en mí, Él me va a fortalecer para hacer cualquier cosa que me llame a hacer, Él me dará fuerza para tener contentamiento en cada circunstancia, y cada etapa y situación de la vida.

Él es quien nos da la fuerza. Y existe un pasaje increíble en Daniel capítulo 10. Y yo titubeé en traerlo aquí porque se encuentra en un contexto mucho más amplio y complicado. Pero permítanme darles la esencia del texto. En el capítulo 10, se le aparece a Daniel una forma pre-encarnada de Cristo. Él se encuentra teniendo visiones, y ve cosas que van a suceder. Es una escena sobrecogedora y maravillosa que relata un encuentro con Cristo mismo.

Luego en el versículo 16 del capítulo 10 de Daniel, él le dice a Aquel está enfrente de él: «Señor mío, a causa de la visión me ha invadido la angustia y me he quedado sin fuerzas.»

Es como si alguien lo hubiera pateado en el estómago y le hubiera sacado el aire. Él dice que apenas puede respirar por lo que ha visto; no le quedan fuerzas.

Tal vez tú te hayas sentido así cuando se te han presentado los papeles de divorcio; te quedaste como sin aire y sin fuerzas. O quizás te ha llegado el reporte médico que dice que uno de tus hijos tiene una enfermedad terminal, y te sientes como si no hubiera fuerza en ti. Apenas puedes respirar. Es el sentimiento de una debilidad intensa; es de esa fragilidad de la que Daniel hablaba al momento de este encuentro.

Y luego dice, «y aquel que tenía semejanza de hombre me tocó otra vez, y me fortaleció». No era la fuerza de Daniel, sino la fuerza de otro infundida en su cuerpo, alguien más fuerte que él. ¿Quién era ese? Bueno, veamos el versículo 19.

Y este hombre le dijo a Daniel, «muy amado, no temas; la paz sea contigo; esfuérzate y aliéntate. Y mientras él me hablaba, recobré las fuerzas». ¿Cuál es la palabra que nos fortalece? La Palabra de Dios.

Entonces este hombre que lo había tocado, esta persona con la apariencia de hombre que lo había fortalecido dijo: «pues ahora tengo que volver para pelear contra el príncipe de Persia». Sin ver todo el contexto aquí, está claro que la persona que había tocado y había fortalecido a Daniel no era otro sino Cristo quién estaba en las regiones celestiales peleando la batalla contra el príncipe de Persia, una ilustración quizás de Satanás o de las fuerzas satánicas.

Cristo estando en medio de esa batalla celeste, interrumpió la batalla por un momento y vino para ministrar a su siervo débil quien estaba temblando por lo que había visto. Y Daniel continúa diciendo, «no puedo seguir. No me queda aliento. No me queda fuerza». Pero alguien, el mismo Cristo, vino y lo tocó. Y en este punto, dice Daniel: «fui fortalecido».

Amigas, no les puedo decir cuántas veces en los años de servicio al Señor, habiéndome invertido en otros, estando desgastada, habiéndome entregado para ministrar a otros, yo me he sentido tan cansada, tan débil y tan vacía; sin fuerza alguna. Muchas, muchas veces.

Pero tampoco puedo contar todas las veces en que Aquél con apariencia de hombre, Cristo, el Hijo del hombre, el Hijo de Dios, ha venido y de alguna manera, me ha tocado y ha fortalecido a Su sierva. Sus palabras me han fortalecido. Me ha infundido ánimo cuando no podía continuar un día más. Me ha dado fortaleza una y otra vez.

Y sé que muchas de ustedes han tenido la misma experiencia. Ustedes saben lo que se siente el no tener fuerzas en uno mismo y luego fortalecerse en las de Él. Aquel que puede vencer a Satanás, quien pelea la buena batalla en este momento en las regiones celestes, es quien viene a fortalecerte en la batalla.

Es un pensamiento increíble. El Señor mi Dios es mi fortaleza. El hecho de que Dios tenga tiempo o interés en nosotras es sorprendente, pero Él lo tiene.

Así que cuando te sientas sola en la batalla… Tal vez estés sola en la batalla. Recientemente, alguien me dijo -hablando sobre su empleo y la gente que trabaja allí que no honra al Señor- que se siente muy sola. «¿Estoy loca? ¿Como puedo caminar en esta situación y representar a Cristo y tener la fuerza para ser la mujer que Dios quiere que sea?» A veces estas sola en la batalla.

Tal vez es así en tu casa. O en la iglesia. O en tu trabajo. Cuando te sientas sola en la batalla, y cuando estés sola, recuerda esta palabra de segunda a Timoteo capítulo 4.

«En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino que todos me desampararon; pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas para que por mí fuese cumplida la predicación y que todos los gentiles oyesen». (2 Timoteo 4:16-17). El Señor se me apareció y me fortaleció. Y luego Pablo habla a los Efesios, y les dice «cuando estén en la batalla ¡fortalezcánse en el Señor y en el poder de Su fuerza!»

Y a mí me encanta ese versículo en el Salmo 18. Y esta mañana lo necesitaba que dice. «Contigo desbarataré ejércitos y con mi Dios asaltaré muros.» (Salmo 18:29) yo no soy un soldado. Y no soy una guerrera. Y no soy tan fuerte físicamente ni de ninguna otra forma, no soy el tipo de persona que pudiera ir corriendo en contra de las tropas y saltar sobre muros.

Pero este es el tipo de persona a la que Dios fortalece. Es Su fuerza, no la mía. Es Su vida, no la mía. Es Su gozo lo que me llena y me da la fuerza. Porque por TI, yo puedo destruir ejércitos de una manera sobrenatural y por mi Dios puedo saltar muros.

Tal vez pueda haber algunas imposibilidades en tu vida, muros que tengas que saltar. Tú dices, «es que yo no puedo hacer esto». Dile eso al Señor. Él sabe que no puedes, pero Él sí puede. Y por el poder de Su Santo Espíritu en ti, Él te puede dar la fuerza para hacerlo.

Notemos que la fuerza de la que habla Habacuc aquí -el Señor es mi fortaleza- no solo es una fuerza futura. No es que «me dará» la fuerza. No solo es una gracia futura, o un gozo en el futuro. Sino que esto es para el presente. El Señor mi Dios es mi fortaleza hoy.

Así que cuando estés agotada, cuando te sientas débil, cuando sientas que no puedes seguir, cuando pienses que no puedes manejar más problemas, cuando pienses que ya no les puedes enseñar más a los niños, o pienses que ya no puedes amar más a tu marido, o responderle a esa persona en tu empleo una vez más. El Señor Dios es tu fortaleza.

Entonces ¿qué dice Habacuc? «Él ha hecho mis pies como los de las ciervas, y por las alturas me hace caminar». Este versículo se encuentra tres veces en el Antiguo Testamento. Para mí esto ofrece una ilustración de fuerza sobreabundante, no solo un poco de fuerza para apenas lograr hacer algo, sino para verdaderamente y plenamente lograrlo. Él hace mis pies como de ciervas. Él me hace saltar los muros. Él me da pies seguros para esos lugares difíciles.

Al leer este versículo nos aproximamos al final de Habacuc y lo vemos hablar acerca de lugares altos. Ahora bien, no fue ese el lugar donde Habacuc comenzó, ¿recuerdas? Aquí vemos la progresión que hubo en la vida de Habacuc.

En el capítulo 1 él se encontraba en un lugar muy bajo. Estaba abatido. Luego en el capítulo 2 Habacuc es levantado. Él comenzó en ese sitio tan bajo, luego se levanta como un atalaya para obtener la perspectiva de Dios, para elevarse del suelo y subir a un nivel donde verá las cosas desde arriba; desde la perspectiva de Dios. Allí él ora y viene a ver lo que Dios dirá.

Y al final en el capítulo 3 Dios lo toma desde ese lugar hacia Sus lugares altos. ¡No solo para sobrevivir sino para triunfar! Él no es solo un sobreviviente, sino uno que es victorioso.

Esos lugares altos pueden ser lugares difíciles. Pero él dice, «Dios asegurará mis pies como de cierva. Dios me dará gracia. Dios me dará fortaleza. Él es quien me da pies de ciervas y en mis alturas me hace andar». Aquí tenemos a un hombre que dice: «No estoy satisfecho de vivir en el valle de la desesperación. Voy a seguir intercediendo a mi Dios hasta que me lleve a los lugares altos».

Ahora, al hablar de lugares altos no nos estamos refiriendo a lugares donde la vida es fácil o donde no hay problemas. Ese será el último lugar alto. Un día llegaremos allí. Pero aun aquí y ahora Dios puede hacer nuestros pies como de ciervas y hacernos andar en las alturas.

Y justo al hablar acerca de este versículo, estoy pensando en ese himno que puedes recordar, esa antigua canción que dice:

Prosigo hacia arriba. Voy subiendo cada día. Aún orando mientras sigo adelante. Señor, pon mis pies en lugares más altos.

Mi corazón no se quiere quedar donde surgen las dudas y desmayan los temores. Aunque algunos quieran quedarse donde esto abunda, mi oración, mi objetivo es un lugar más alto.

Quiero escalar a lo más alto, y alcanzar un poco de la gloria que brilla. Pero seguiré orando hasta que me encuentre en el cielo, «Señor, pon mis pies en lugares más altos.

Y luego el coro:

Señor, levántame y permíteme estar de pie por fe en la mesa celestial. Un plano más alto del que me encuentro, Señor, pon mis pies en lugares más altos.

¿Cómo puedes llegar a las alturas? El justo por la fe vivirá. Y así con toda sinceridad Habacuc dice: «el Señor mi Dios es mi fortaleza. Él hace mis pies como de ciervas. Y en mis alturas me hace andar».

Carmen: Palabras de esperanza del libro de Habacuc y de Nancy Leigh DeMoss. El temor y la duda te desanimarán, pero la fe te dará el poder para hacer cosas sorprendentes para el Reino de Dios.

Este es un mensaje de una serie clásica de Nancy llamada Habacuc: del temor a la fe.

Cuando se trasmitió esta serie por primera vez, una radioescucha respondió escribiéndonos:

«¡Sorprendente! Todavía estoy en una situación donde mi marido me miente acerca del pago de la hipoteca. Esta es una situación dolorosa que casi nos ha costado la casa en cuatro ocasiones diferentes. Esta última vez estaba exhausta y casi tiro la toalla. La enseñanza de hoy ha traído fuerza y ánimo a mi vida.

Estoy convencida de que Dios quería que yo escuchara esto hoy. Siempre he tratado de mantener el gozo en medio de la batalla. y en este momento, eso está en el pasado. Esta enseñanza ha puesto en claro muchas cosas para mí. Gracias por los sacrificios que haces diariamente para darnos una perspectiva tan poderosa y ungida.»

Cuando Nancy comenzó nuestro estudio de Habacuc, el profeta se quejaba y lamentaba.

Annamarie Sauter: «¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás? ¿Clamaré a ti violencia y no salvarás? ¿ Por qué me haces ver la iniquidad y me haces mirar la opresión? La destrucción y la violencia están delante de mí, hay rencilla y surge discordia, por eso no se cumple la ley y nunca prevalece la justicia. Pues el impío asedia al justo por eso sale pervertida la justicia».

Carmen: En el próximo programa veremos los versículos finales de Habacuc y descubriremos por qué el final es tan diferente del principio.

Annamarie: «Oh Señor he oído lo que se dice de ti, aviva oh Señor Tu obra en medio de los años, en medio de los años dala a conocer, en la ira acuérdate de tener compasión. Se detuvo e hizo temblar la tierra, miró e hizo estremecerse a las naciones. Sí, se desmoronaron los montes perpetuos, se hundieron las colinas antiguas, sus caminos son eternos, traspasaste con sus propios dardos las cabezas de sus guerreros que irrumpieron para dispersarnos, su regocijo fue como el de los que deboran en secreto a los oprimidos, marchaste por el mar con tus caballos en el oleaje de las inmensas aguas, oi y se estremecieron mis entrañas a tu voz temblaron mis labios entra podredumbre en mis huesos y tiemblo donde estoy, tranquilo espero el día de la angustia al pueblo que se levantará para invadirnos. Aunque la higuera no eche brotes ni haya fruto en la viña aunque falte el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos, con todo yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza el ha hecho mis pies como los de las ciervas y por las alturas me hace caminar. Para el director del coro con mis instrumentos de cuerda.

Carmen: Les esperamos en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se especifique lo contrario.

1″Higher Ground.» Johnson Oatman, Jr.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

La Filosofía de la Disciplina

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Siete –

La Filosofía de la Disciplina

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 27 – Bendito sea el nombre del Señor

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 27 – Bendito sea el nombre del Señor

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/bendito-sea-el-nombre-del-senor/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que el sufrimiento nos hace crecer.

Nancy Leigh DeMoss: Eso no significa que clamemos y oremos a Dios diciendo: «Por favor manda sufrimiento a mi vida». No tienes que pedir sufrimiento. Dios lo va a mandar. Él sabe que necesitamos la adversidad. Él sabe que esa es la forma en que todas las cosas crecen. Pero, lo que sí puedes escoger, y por lo que sí puedes orar es por tener regocijo en medio del sufrimiento.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

«Bendito sea el nombre del Señor», no es solo la letra de un canto de alabanza. Es una declaración de fe dicha por un personaje bíblico que pasó por un sufrimiento increíble. Ahora Nancy nos explicará cómo responder a las aflicciones de la vida con la actitud de «Bendito sea el nombre del Señor». Ella continúa con la serie llamada: Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Muchas de ustedes ya han escuchado la historia de John Newton, John Newton vivió en los 1700. Y fue capitán de un barco que traficaba esclavos , se convirtió al Señor a los 23 años y finalmente fue pastor, también fue poeta y escritor de himnos. Es mejor conocido como el autor del himno «Sublime Gracia» que ha traspasado la barrera del tiempo.

John Newton conoció a Mary Catlett cuando ambos eran aún adolescentes y él era inconverso. A sus 23 años él conoció a Cristo y su vida fue transformada; y a los dos años de su conversión, John y Mary, quienes se habían enamorado siendo unos adolescentes, finalmente se casaron.

Mary y John realmente se amaban y tuvieron un matrimonio extraordinario en todos los sentidos. Newton no podía imaginar su vida sin Mary, así que siempre asumió que él moriría primero.

Sin embargo, Mary fue diagnosticada con cáncer. Después de una larga lucha, finalmente murió la noche del miércoles 15 de diciembre de 1790, con su esposo de pie a su lado sosteniendo una vela en su mano. Ellos estuvieron casados por 40 años y tuvieron un matrimonio increíble.

El domingo siguiente, cuatro días después, John Newton subió al púlpito de su iglesia en Londres. Estoy segura, al igual que ustedes, ya lo pueden imaginar, que la congregación debió de haber estado pensando qué predicaría. Su amada esposa Mary acababa de morir. ¿Qué texto escogería? ¿Qué predicaría ahora?

Newton escogió como su pasaje del domingo uno que él había estado reservando a través de su ministerio para usarlo en una ocasión como esta. Está en el libro de Habacuc. Éste era su pasaje:

«Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya frutos, aunque falte el producto del olivo, y los labrados no den mantenimiento, y las ovejas sean quitadas de la majada, y no haya vacas en los corrales; con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación.» Habacuc 3:17 -18

Lo que Newton estaba diciendo es: «Yo elijo el gozo, yo elijo el regocijo, no en mis circunstancias» porque en ese momento sus circunstancias eran horribles, «sino que yo elijo regocijarme en el Dios de mi salvación».

Estamos hablando de este último párrafo al final de Habacuc, que habla acerca del gozo en medio de la adversidad, en medio de la pérdida. Aquí está un hombre, un profeta de Dios, quien había visto la ira y el juicio de Dios. Dios le había dicho que los babilonios vendrían y que ellos iban a castigar al pueblo judío. que serían tomados en cautiverio. La adversidad se aproximaba. Habacuc sabía esto.

No solo sabía que esto se aproximaba, sino que también sabía que en ese momento el pueblo de Dios se encontraba en una condición de apostasía. Las cosas eran negativas, sin esperanza y difíciles alrededor de él. Habiendo aprendido que «el justo por su fe vivirá», Habacuc decidió no dejar que sus emociones o sus circunstancias dirigieran su vida. Él decidió que él elegiría regocijarse en el Señor.

Sabemos que el gozo es fruto del Espíritu y quien es Dios que lo da y mientras caminamos en unión y comunión con el Dios de todo gozo, el Dios de toda paz y el Dios de toda gracia, es Su gozo el que brota dentro de nosotras.

Podemos fabricar felicidad al controlar nuestras circunstancias hasta cierto punto, pero cuando ya no puedes controlar tus circunstancias y tu felicidad se agota ¿puedes aún tener gozo? Lo puedes tener si tu vida está arraigada en Dios.

Aun a pesar del hecho de que el gozo es fruto del Espíritu, algo que no podemos fabricar, en cierto sentido podemos ver en el texto de Habacuc que tener gozo es una elección. Es un acto de nuestra voluntad. «Yo me gozaré» dice Habacuc.

Él no dice, creo que debo gozarme, él está diciendo: «Yo elijo, como un acto de mi voluntad, como una expresión de mi fe basada en lo que yo sé que es una verdad sobre Dios y sobre sus caminos… regocijarme. Estoy eligiendo la senda del regocijo».

El apóstol Pablo entendió ese tipo de gozo. Él entendió lo que es ese tipo de elección. Sabía lo que era hacer ese tipo de elección, la opción de elegir el gozo. Así que él le dijo a los Filipenses: «Elijo regocijarme en el Señor no importa qué tan malas puedan ser mis circunstancias, sí, los romanos me encarcelaron, me tienen encadenado, no tengo lo que el mundo considera como libertad, pero no voy a ser un hombre miserable. Me voy a regocijar en el Señor».

Puedes leer todo esto a través del Libro de Filipenses. «Regocíjense en el Señor». Me voy a regocijar en el Señor cualquiera que sea mi circunstancia. Después le dice a los Filipenses: «Ustedes necesitan regocijarse en el Señor». Tres veces les dice esto, «Regocíjense en el Señor».

Es una orden. No es una opción si eres una hija de Dios. Si tú o yo estamos en circunstancias en donde no nos estamos regocijando, entonces no estamos siendo hijas de Dios obedientes. Digo, ¿acaso no es esto lo que estamos haciendo? Debemos entonces elegir la obediencia, elegir el gozo.

El apóstol Pablo dice en Romanos capítulo 5 versículo 3, «Nos gozamos en las tribulaciones». Eso está como en otro idioma para muchas de nosotras. Nos gozamos en las tribulaciones. ¿Por qué? Porque la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. (Romanos 5:3-5).

¿Dónde empieza toda esta progresión? Empieza eligiendo el gozo. Nos gozamos en nuestras tribulaciones. Hay aspectos del corazón de Dios, de Sus caminos, de Su amor y de Su plenitud que nunca vas a poder experimentar lejos del sufrimiento. No es solo el sufrimiento que hace que esto ocurra… lo que lo produce es regocijarnos en medio de nuestro sufrimiento.

Eso no significa que clamemos y oremos a Dios y le digamos: «Por favor manda sufrimiento a mi vida». Tú no tienes que pedir sufrimiento. Dios lo va a mandar. Él sabe que necesitamos la adversidad. Él sabe que esa es la manera en que todas las cosas crecen. Pero lo que si puedes escoger y por lo que si puedes orar es por tener regocijo en medio del sufrimiento.

El apóstol Pablo dijo a los Corintios: «Sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.» (2 de Corintios 7:4). Piensa en esto. Digo, una cosa es estar aquí sentadas, escuchando y hablando del gozo y tener nuestras Biblias abiertas y estar tomando notas y decir: «Estoy rebosando de gozo en mi sufrimiento».

Pero cuando regresamos a casa o se pincha una llanta en el camino a casa o alguien dice algo que lastima nuestros sentimientos. ¿En dónde está el gozo? Y difícilmente puedes llamar a esas cosas sufrimiento.

Pero el apóstol Pablo dice: «Sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones.» Y quizás tú me digas: «Bueno, es que él es el apóstol Pablo». No, él es un hombre como tú y como yo, de carne y hueso, con debilidades y tan propenso a las tentaciones, tristezas, desaliento, desánimo como nosotras. Pero él es un hombre que escogió que no iba a vivir de acuerdo a sus circunstancias; él iba a elegir el gozo e iba a ser lleno del Espíritu Santo en lugar de ser lleno de su propia carne.

Santiago lo dice de esta manera- y lo vemos a través de todo el Nuevo y del Antiguo Testamento.

Hermanos míos, (Creo que también se refiere a las hermanas) tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna. (Santiago 1:2 – 4)

¿Cómo llegamos a la madurez? ¿Cómo crecemos espiritualmente? ¿Cómo estamos firmes? Tú ves a esas personas y dices: «Ellos son unos gigantes espirituales. ¿Cómo llegaron ahí?» Te voy a decir una manera en la que ellos llegaron ahí -a través de la aflicción. No es solamente por pasar por la aflicción. Todo el mundo pasa por aflicciones. Es la manera como pasas por las aflicciones. ¿Las tienes como sumo gozo?

¿Sabes qué? Los hijos de Dios no deben quejarse. Ahora, yo me quejo y mucho, así que me estoy predicando a mí misma bajo esta convicción. Como hijas de Dios no debemos ser quejumbrosas o murmuradoras o protestar por todo. No debe haber ninguna circunstancia o situación en nuestras vidas en la que no estemos gozosas.

Eso no necesariamente significa que no nos tambaleemos o que estemos saltando de felicidad. Habrá lágrimas. Habrá tristeza. Jesús sabía lo que era sentir una tristeza profunda. Pero en el fondo está ese profundo, fundamental y constante gozo que nadie ni nadie nos puede quitar, a menos que nosotras mismas elijamos no tener gozo.

No son tus circunstancias las que te quitan el gozo, no es el sufrimiento que hace que no tengas gozo. Es una elección de no caminar por fe la que produce en ti falta de gozo. Podemos elegir tener gozo en medio de nuestras aflicciones.

Sé que lo hago sonar muy fácil, pero no lo es. Sé que algunas veces vas a tener que decirle a tu carne, «no me vas a controlar esta vez». Tenemos que decirle a nuestras emociones: «¡Mueran, desaparezcan! ¡No me van a controlar!» Esas emociones pueden ser muy poderosas y lo sabes.

Sé que es muy fácil para mí estar aquí y decir todo esto. Pero te garantizo que dentro de unas pocas horas o días de estar enseñando esto, voy a tener la oportunidad de practicarlo. Pero esa es la manera de Dios. Es un camino de fe. El regocijarnos en todas las cosas.

Me encanta ese coro que algunas veces cantamos en mi iglesia.

Bendito seas Dios, en la tierra de plenitud, donde fluye abundancia yo, te bendeciré.

Bendito seas Tú, aunque esté en medio del dolor, y si en valle de sombra estoy. Te bendeciré.

Bendito seas Tú, cuando el sol brille sobre mí, cuando todo me sale bien, te bendeciré.

Bendito seas Tú, en momentos de tempestad, en momentos de soledad. Te bendeciré.

Por cada bendición que me des, te alabaré… Y en el valle más oscuro… siempre te diré: Bendito sea el Nombre del Señor. Bendito seas Tú.

Bendito sea el nombre del Señor, bendito Tu glorioso Nombre, oh Dios! Tú quitas, y tú das. Tú quitas, y tú das. Mi corazón dirá: Bendito seas Tú.1

Así que es por fe. ¿Cómo viven los justos? Por fe. Por fe Habacuc declara: «Señor, aun y si todo lo que yo considero necesario o significativo me es quitado, aún así elijo tener gozo» (Habacuc 3:17 – 18 parafraseado). Él se da cuenta que el gozo es una elección y que se encuentra en el Señor, aun cuando todas Sus bendiciones sean quitadas.

Y déjame decir que esto es lo que hace que nuestro mensaje como cristianas sea poderoso y creíble. Esto es lo que hace que nuestro mensaje sea irresistible para la gente que nos rodea. Verás, cualquier persona puede ser feliz cuando le aumentan el sueldo. No son solo los cristianos quienes tienen gozo cuando les aumentan el sueldo, los no creyentes también pueden estar felices. Los ateos pueden estar felices cuando les aumentan el sueldo también.

Pero lo que el mundo no puede entender es cuando pierdes tu trabajo, o pierdes un hijo, o tienes una enfermedad o pierdes a tu pareja y aun así en medio de tus lágrimas tienes gozo. Y el mundo se pregunta «¿Qué pasa?» Eso es lo que lleva a las personas que nos rodean hacia Dios. Un comentarista dijo:

El libro de Habacuc comienza con un interrogatorio a Dios pero termina con una intercesión a Dios. La preocupación es transformada en alabanza. El miedo se convierte en fe. El terror llega a ser confianza. El desánimo se resuelve con la esperanza. La angustia pasa a ser adoración. Lo que empieza con un signo de interrogación termina en un signo de exclamación. La respuesta del ¿por qué? de Habacuc en el capítulo 1 se vuelve en ¿Quién? con un signo de exclamación en el capítulo 2. 2

Es Dios, él es el Quien y solo Dios es el Único quien ha resuelto, quien no ha contestado todas las preguntas de Habacuc. Habacuc encontró a Dios como el único que le puede dar gozo en medio de la adversidad.

Entonces nos podemos regocijar hoy y en cualquier circunstancia, en cualquier etapa de la vida y con lo que el futuro nos traiga. Muchas de nosotras perdemos mucho tiempo preocupándonos por el futuro, preocupándonos por cosas que tal vez nunca sucedan. La aflicción vendrá, el sufrimiento vendrá. Si quieres ser como Jesús, puedes saber que vendrá.

En medio de todo lo que acontece ahora y mirando hacia el futuro nos podemos regocijar. ¿Por qué? Porque aun si lo perdemos todo, pero si tenemos a Dios, tenemos todo lo que necesitamos.

Si tú tienes a Dios, estás mejor que nunca y aun si no tienes nada más. Estás mejor que todas las personas que tienen todo lo que este mundo puede ofrecer, porque no tienen a Cristo. Las incomparables riquezas de Cristo.

Escucha, si tuviéramos que sufrir el martirio o un dolor insoportable y ninguna circunstancia feliz, desde ahora hasta que lleguemos al cielo, eso sería algo pequeño en comparación con el gozo eterno y la gloria que nos espera. Es por eso que tenemos que mantener las cosas en perspectiva, y eso es lo que hace la fe.

Así que nos regocijamos ahora, no solo porque Dios es suficiente, sino porque tenemos que mirar hacia adelante – hacia nuestra esperanza futura, hacia ese día que por fe sabemos que no habrá más tristeza, ni más dolor, ni muerte ni pérdida. Nos podemos gozar ahora porque las tristezas de este momento, los problemas o los desafíos no son el final de la historia.

Nosotras anticipamos por fe un gozo eterno, un gozo sin final, paz y felicidad para siempre y todo lo bueno en Su presencia por toda la eternidad. Es por eso que el apóstol Pablo dice en Romanos capítulo 8 versículo 18: «Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente (considerando que lo son) no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse». Mantén esto en perspectiva. Eso es lo que hace la fe.

Por eso, ese pasaje maravilloso en 2da a los Corintios capítulo 4, donde el apóstol Pablo lista toda una serie de aflicciones que él está sobrellevando. Su vida es difícil, sirviendo al Señor y siendo perseguido por eso; pero en 2da a los Corintios capítulo 4 versículo 16 él dice: «por tanto no desmayamos».

Muchas de ustedes han perdido la esperanza, están tentadas a rendirse. Los problemas y la presión lucen tan implacables, lucen interminables. Tal vez han pasado años y tú aun vives en un matrimonio difícil y nada cambia. El apóstol Pablo dice no desmayes.

«Aunque nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior (esa parte que se comunica y que se relaciona con Dios) no obstante se renueva de día en día. Porque esta leve tribulación momentánea…» Pudieras decir, espera un momento: «Mi aflicción no es leve, no es momentánea». Si la pudieras ver como Dios la ve y desde el punto de vista de la eternidad, te darías cuenta de que es leve y momentánea.

Y quizás tú dices: «Duró mucho, duró 20 años, eso no me suena a momentáneo!» Bueno 20 años es mucho tiempo si esta vida es lo único que tenemos. Pero en la eternidad ¿Qué tanto son 20 años? Ahora, no quiero minimizar tu dolor, solo quiero que des un paso atrás y veas los retos de esta vida terrenal.

Pienso en mi amiga Joni Eareckson Tada, quien por décadas ha vivido en un cuerpo que no puede hacer lo que la mayoría de nosotras hacemos. Totalmente dependiente de otras personas para cada función básica de la vida y en mucho dolor y debilidad. Aun así pienso en Joni como una mujer gozosa que en medio de su sufrimiento canta constantemente al Señor.

Ella ha sido muy honesta en cuanto a sus luchas y la tentación del desaliento y del desánimo, pero ella es una mujer que dice «Yo elijo caminar por fe y elijo creer que mi aflicción, así de grande como es, es leve y momentánea».

¿Qué es lo que el apóstol Pablo les dice a los Corintios? «Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros un cada vez más excelente y eterno peso de gloria» (verso 17). Esta aflicción no es solamente algo necesario que tengamos que soportar hasta llegar a algo bueno. Esta aflicción es lo que nos está preparando para algo bueno, nos está preparando para pasar la eternidad en Su presencia.

Luego en el versículo 18 de 2da a los Corintios 4 él dice:

«No mirando nosotros las cosas que se ven (estas son las aflicciones), sino las que no se ven (la fe); pues las cosas que se ven son temporales (se están alejando, son fugaces, se están yendo), pero las que no se ven (la gracia, la misericordia, el amor de Dios y Dios mismo) son eternas.»

El apóstol Pablo dice: «No desmayen». Nosotros no desmayamos. Vamos a la siguiente ciudad donde Dios nos ha dicho que aflicciones y prisiones nos esperan, y luego seguimos a la próxima, y a la próxima después de esa. No como mártires, no simplemente manteniendo la cabeza fuera del agua, no solo sobreviviendo, sino creciendo, prosperando.

¿Eres tú una mujer gozosa? ¿piensan las otras personas lo mismo? ¿Eres una mujer gozosa? No me refiero a una persona despreocupada o de personalidad burbujeante. Puedes ser una persona callada y ser una mujer gozosa. Puedes ser una persona muy sociable y ser el alma de la fiesta pero no ser una persona gozosa. ¿Tienes ese profundo e interno gozo que está arraigado en la fuente que es Dios?

Me di cuenta, mientras Dios escudriñaba mi corazón mientras estudiaba este pasaje, que me quejo mucho más de lo que me gozo, y entonces me pregunto a mí misma lo que te pregunto a ti… si no eres una mujer gozosa ¿por qué no lo eres? ¿Por qué no?

¿Estás caminando por vista y no por fe?

¿Has perdido de vista las promesas de Dios, la presencia de Dios, el futuro que tienes y la esperanza que es nuestra en Cristo?

¿Tienes tu mirada puesta en la meta?

¿Están tus ojos enfocados en las cosas del aquí y ahora para no poder ver lo que Dios está haciendo en tu vida y a través de tu sufrimiento?

Habacuc dice: «Aunque lo pierda todo, con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación» (3:18). esto es realmente un fruto del avivamiento. Es lo que leemos en el Salmo 85 «¿No volverás a darnos vida, para que tu pueblo se regocije en ti?» (verso 6), En Dios, en el Dios de nuestra Salvación.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado hablando del gozo. La enseñanza que acabas de escuchar es una parte de la serie Habacuc: del temor a la fe .

Una de nuestras radioescuchas comentó algo sobre la enseñanza de Nancy sobre Habacuc y publicó este comentario en nuestra página:

Mi esposo y yo hemos pasado por un tiempo de mucha dificultad en estos últimos seis meses – pérdida de trabajo, enfermedad, problemas financieros – todo eso se nos vino encima. Pero aun así en medio de esto, yo puedo tener gozo en mi corazón. Muchas veces me veo prorrumpiendo en alabanzas. Gracias Nancy por enseñar que eso es posible en el Señor.

Estudiar la Biblia es algo práctico. Te motivará a hacer cosas como cantar con gozo en medio de tiempos de dificultad.

Si parece imposible decir «Bendito sea el nombre del Señor» escucha la historia de un pastor que dijo esto a su congregación después del huracán Katrina, esto será en nuestro próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Ahora vamos a orar por la gracia que necesitamos para expresar nuestro gozo hoy. Nancy.

Nancy: La vida es dura. Hay tristezas, hay muertes. Toda la creación gime y sufre dolores esperando la adopción o el rescate de nuestros cuerpos y aun así tenemos esta esperanza que Tú estás haciendo todas las cosas nuevas, que Tú eres el Dios de nuestra salvación.

Tú siempre eres bueno, cumples Tus promesas, y Tus propósitos eternos. Todos estos problemas y dificultades, estas pruebas y aflicciones nos están llevando a ese gran y santo propósito y a ese día cuando la tierra sea llena del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar.

Señor, nos unimos a ti, a tus grandes y eternos propósitos; y decimos que si es la aflicción la que nos ayuda a prepararnos, a nosotras y a nuestro mundo, para esto, entonces la aceptamos con gozo. En el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Utilización de la Vara

Alimentemos El Alma

Serie: Para Entrenar un Niño

La Capacitación Infantil Para El Siglo XXI

Michael y Debi Pearl

– Capitulo Seis –

Utilización de la Vara

Volviendo el corazón de los padres a los hijos

Hace tres mil años, un sabio dijo, “instruye (entrena) al niño en su camino y aun cuando fuere viejo, no se apartará de él.” Un buen entrenamiento o instrucción no es solucionar crisis; por el contrario, es aquel proceso que se debe hacer antes de enfrentarlas o de tener que disciplinar a los hijos.
La mayoría de las personas asumen la paternidad por accidente, no lo hacen de manera deliberada o planeada. ¡Imagínese si se construyera una casa de esa manera!
No tenemos que reinventar la instrucción. Existen principios para instruir a los niños, y métodos que han funcionado desde la antigüedad.
Negarle la formación o entrenamiento a un hijo es abandonarlo deliberadamente y es semejante a empujarlo hacia un mar de opciones y de pasiones, sin un barco apropiado ni una brújula.

Este es un libro escrito por Michael y Debi Pearl enfocado en la crianza de los niños. En este caso nos enseñan técnicas sencillas que al ser aplicadas generan resultados inmediatos y aquellos que requieren mas tiempo los podremos apreciar de forma progresiva si estas técnicas se aplican de forma correcta. A través de todas estas ideas podremos tener niños que en un futuro sean hombres y mujeres temerosos y obedientes ante la voluntad de Dios.

Alimentemos El Alma

Jul 24 – Pruebas que revelan tu corazón

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 24 – Pruebas que revelan tu corazón

Jul 24 – https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/pruebas-que-revelan-tu-corazon/

Carmen Espaillat: Si has estado confundida, desesperada, temerosa hasta que las palabras de otra mujer te han infundido gracia y esperanza renovada ahora es tu oportunidad de ayudar a otras mujeres con tus palabras. «Revive 15», ven a escuchar porque es importante que tú escribas y compartas lo que Dios ha hecho contigo y cómo puedes hacerlo mejor. Inspírate y recibe ayuda de otras mujeres como tú, conoce a Lore Ferguson Erin Davis y Jennifer Lyell ,durante 3 horas de ideas prácticas y mucho más Revive 15 | Mujeres enseñando mujeres. Indianápolis septiembre 25 y 26.

Carmen: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Dios usa el sufrimiento para hacer que nuestros corazones lleguen a separarse de cosas que son menos que Dios- de cosas, de personas, de placeres.. cosas que solo nos satisfacen hasta cierto punto.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy: Todos hemos oído muchas historias de fe y triunfo, de gente que sobrevivió el devastador daño del huracán Katrina. Una de las historias más conmovedora que escuche recientemente fue la de Chuck Kelley, que es el presidente de New Orleans Theological Seminary (Seminario Teológico de Nuevo Orleans). Como resultado del huracán, él se encontró sin hogar y con solamente unas pocas pertenencias personales. Y aun en esa crisis, por la gracia de Dios, su fe permaneció intacta.

Permaneció fuerte, y justamente después de que el huracán impactó leí lo que dijo:

«Cuando lleguemos al fin de la historia, el último párrafo va a ser un testimonio de la grandeza y la gloria de nuestro Dios que puede hacer todas las cosas bien y puede proveer para cada necesidad».

Este es un hombre que acababa de perder, no todo, pero muchas cosas que el mundo valora y aprecia. Habiendo perdido su casa y la mayoría de sus posesiones, estaba diciendo, «en efecto, la fe me dice que este no es el fin de la historia, viene más, y estaba viendo hacia adelante al párrafo final».

Bueno, hoy llegamos al último párrafo del libro de Habacuc. Te estarías preguntando si algún día llegaríamos. Ciertamente. Cuando llegamos al fin de la historia, el último párrafo es un testimonio de la grandeza y de la gloria de nuestro Dios que puede hacer todas las cosas bien y puede proveer para cada necesidad.

Ahora, quiero que vayamos un poco atrás al versículo 16 del capítulo 3 de Habacuc. Habacuc ha estado orando al Señor. Todo este capítulo es una oración de Habacuc, pero la oración contiene intercesión. Tiene petición. Tiene reflexión sobre lo que Dios ha hecho en la historia de Israel y cómo ha salvado a Su pueblo pero también cómo ha juzgado a los impíos.

Habiendo visto todo esto, Habacuc le dice al Señor: «Oí, y se estremecieron mis entrañas; a tu voz temblaron mis labios. Entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy. Tranquilo espero el día de la angustia, al pueblo que se levantará para invadirnos».

Aquí hay seriedad. Digo, este hombre no está bromeando ni tomando su vida a la ligera. Él sabe que estos son tiempos serios, y los está tomando en serio. Él dice: «a tu voz temblaron mis labios. Entra podredumbre en mis huesos, y tiemblo donde estoy», y aun así, habiendo aprendido la clave a esta historia y la clave a nuestra historia -que los justos vivirán ¿cómo? Por fe. Habacuc dice «Voy a escoger caminar por fe».

Él demuestra esa fe de dos maneras. Primero dice: «Tranquilo espero…» Espero pacientemente. «…El día de la angustia, al pueblo que se levantará para invadirnos» (versículo 16). Voy a esperar y no preocuparme y no ponerme tenso hacia Dios y no desesperarme ni tratar de componer todo el universo o por lo menos mi parte del universo. Voy a esperar calladamente a que Dios haga lo que ha prometido hacer. Yo sé que nos va a afectar a todos. Sé que todos vamos a sufrir. Sé que habrán tiempos de sufrimiento.

Escucha: tenemos hermanos y hermanas en iglesias por todo el mundo que han experimentado dolor y sufrimiento intensos, del que no conocemos en nuestros países. Se han dado cuenta de que este es un instrumento purificador y fortalecedor y vivificante en las manos de Dios . Entonces, ¿por qué pensamos que deberíamos llegar al cielo sin un rasguño y que deberíamos de experimentar las bendiciones que Dios tiene para nosotras sin tener que pasar por el mismo camino que transitó nuestro Salvador? Que es el camino del sufrimiento.

Piensas lo que significaría para ti o para tus hijos o para tus nietos, y te hace temblar. Cuanto ejercitas tu fe, dices: «Caminaré calladamente. Sé que Dios va a hacer todas las cosas bien. Sé que él va a hacer justicia. Y va a corregir todos los males. Esperaré en silencio». De manera que Habacuc hace esto como una expresión de fe.

Mientras espera que se cumplan los propósitos y las promesas de Dios, aunque no puede ver todavía el final de la historia, él expresa fe en que Dios va a cumplir Sus promesas. Y como una expresión de esa fe, Habacuc espera. Ahora bien, él hace algo más que esperar que se me hace absolutamente increíble. Es increíble, y es en este último párrafo de Habacuc que queremos explorar lo que él tiene que decir, lo que Habacuc hace como una expresión de fe.

Vamos a tomarnos el tiempo para pasar por estos versículos porque quiero que recibas el peso y el impacto de cómo se expresa la fe de Habacuc. Versículo 17:

«Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas; aunque falte el producto del olivo, y los campos no produzcan alimento; aunque falten las ovejas del aprisco, y no haya vacas en los establos, con todo. . .» (17-18a).

Ahora, en el versículo anterior, él dijo: «Tiemblo, pero esperaré tranquilo». Ahora, aquí él habla acerca de la devastación que está por venir. Él se imagina cómo será; cómo podría ser. En el versículo 18 él dice otra vez:

«Con todo yo me alegraré en el SEÑOR, me regocijaré en el Dios de mi salvación».

Ahora, yo sé que estos versículos son muy familiares. Los ves en las librerías en objetos decorativos que puedes comprar para tu casa. Pero te diré que explorarlos y nada más meditar en estos versículos en los meses recientes ha sido un desafío tan grande para mi propia fe y un gran fortalecimiento y una bendición y un avivamiento para mi propio corazón.

Habacuc describe aquí una situación en el versículo 17. «Aunque la higuera no eche brotes, ni haya fruto en las viñas»; no es nada más una cosa que va mal. Digo, todas hemos pasado por algún tipo de desastre o catástrofe. Podríamos nombrarlos, pero hay una temporada de la vida que Habacuc está anticipando que no solo es una cosa que va mal, sino que todo va mal sino que todo va mal- ¡todo!-.

Él dice: «Aunque la higuera no eche brotes», y esa es una cosa, «ni haya fruto en las viñas; y aunque falte el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, y aunque falten las ovejas del aprisco y no haya vacas en los establos». Digo, esto es una calamidad tras otra. Nos recuerda la historia de Job y cómo escuchó noticia tras noticia. Las cosas van de mal en peor. Digo, a veces eso realmente pasa en las vidas de las personas, y es una calamidad tras otra.

Lo que se le está quitando aquí no son lujos. Son las necesidades básicas en la vida. Las cosas que él menciona aquí, el producto del olivo, por ejemplo, eran para las personas de esa época la fuente de su aceite. Era como la mantequilla hoy en día. El olivo tenía múltiples usos. Es algo con lo que no puedes dejar de vivir mucho tiempo.. Está hablando acerca de cada evidencia visible de sustento y de mantenimiento que está siendo quitada.

«Aun si no me provees las necesidades básicas de la vida»-esa es la situación que Habacuc está anticipando-. Digo, esta no era una amenaza vacía. Él le creía a Dios. Cuando Dios dijo que el juicio vendría, que la reprimenda vendría, Habacuc sabía que era verdad. Entonces empieza a imaginar cómo sería todo cuando le quitaran todas estas cosas.

¿Qué pasa cuando te quitan lo esencial, cosas que consideras básicas para la vida? Pocas de nosotras jamás hemos estado ahí. La mayoría de nosotras no conoce a alguien que ha estado en tanta miseria. Pero hay momentos en que Dios nos permite tener un vistazo de esto.

Hace poco recibí un correo electrónico de un amigo cuya esposa está pasando por un dolor muy difícil en su espalda y algunos asuntos que no se resuelven. El esposo escribió: «Ha sido difícil para mi esposa estar confinada en casa» (con este dolor severo de la espalda y de la cadera). «Pero Dios nos está enseñando mucho por medio de esto». Y luego él dijo esta oración: «A veces Dios te lleva a lo básico, pero entonces es cuando realmente te das cuenta de qué hay realmente en tu corazón».

Cuando dices: «Cristo es todo lo que necesito», o lo cantas y luego estás en el lugar donde Él es todo lo que tienes, te quedas solo con lo más básico. Habacuc dice: «Confiaré». ¿Cómo viven Los justos ? Por la fe. «Confiaré en el Dador aun si no me da nada. Si muero de hambre, me regocijaré en él».

Ahora, tal vez tú no te puedes imaginar una situación- es difícil para la mayoría de nosotras imaginar una situación en la que realmente no tienes las necesidades básicas cubiertas , pero piensa en otras áreas de tu vida -tal vez no el área de la comida porque es difícil imaginarnos no tener por lo menos lo mínimo para comer. Pero piensa en tu matrimonio cuando recibes el mínimo afecto que necesitas.

Piensa en amistades o en el trabajo o en varios otros aspectos de la vida donde emocionalmente te sientes drenada, acabada, sola, vacía, como que no tienes a nadie que le importe. Tal vez te has mudado a un área nueva, y no conoces a nadie. No piensas que a nadie le importe, o no puedes encontrar una iglesia. Te sientes emocional y relacionalmente despojada de las cosas que te importan, cosas que tienen significado-relaciones-. No tienes a nadie con quien hablar.

Estaba hablando el otro día sobre una situación en donde alguien perdió a sus padres y todos sus hermanos, y era el único sobreviviente de la familia. Me estaba diciendo como es posible llegar a ese punto en la vida, donde existe un desafío o una dificultad emocional o un sentimiento de estar muy, muy solo.

Creo que Habacuc está cubriendo todas estas situaciones con este párrafo. Aunque todo lo que importa para mí y significa algo para mí y me da calor y amor y ayuda y cuidado y ánimo-aunque todo esto me sea quitado, sin importar las circunstancias, no voy a cuestionar la bondad de Dios, voy a tener gozo. Voy a escoger el gozo-.

Y al leer este pasaje pienso en algunas de las cosas por las que nos quejamos. Si el aire acondicionado se descompone en mi carro, es un gran problema, sobre todo en un verano caliente; o un dolor de cabeza que me dura todo el día; o cuando no puedo encontrar un buen lugar dónde estacionarme. Creo que toma muy poco para que nosotros empecemos a renegar o protestar o a quejarnos porque somos muy consentidas.

Ahora, no me veas con cara de que no sabes de qué estoy hablando porque tú sabes que sí. Todas lo hacemos. Somos susceptibles a dejar que las circunstancias enciendan nuestras emociones. Luego nuestras emociones dictan nuestras respuestas, entonces llegamos a ser víctimas de nuestras circunstancias y de nuestras emociones en lugar de dejar que el carácter inmutable de Dios dicte nuestras respuestas.

Por eso tenemos que conocer las promesas de Dios -y no nada más conocerlas sino confiar en ellas- saber que lo que Dios dice es verdad- y confiar en Su Palabra. Somos tan buenos en tener conocimiento en nuestras cabezas y tan malas en dejar que ese conocimiento se haga una realidad en nuestras vidas cotidianas.

Realmente, esos tiempos de protestar y de quejarnos son evidencia de no vivir por fe. «Los justos vivirán por fe». El justo, los rectos, viven a la luz de quién es Dios en lugar de a la luz de nuestra perspectiva finita, imperfecta y limitada. Entonces Habacuc dice:

«Aunque me priven de todas estas cosas que importan, todas estas cosas que nosotros creemos que son importantes, estas cosas que pensamos que no podemos vivir sin ellas, con todo, me alegraré en el Señor; me regocijaré en el Dios de mi salvación» (versículo 18).

Él primero, ha dicho: «Esperaré calladamente a que Dios cumpla sus propósitos». Y ahora dice: «Voy a hacer algo más que esperar. No solo voy solo a esperar pasivamente; voy a regocijarme activamente-voy a regocijarme activamente. Mientras espero, me voy a regocijar». Él está diciendo: «No voy nada más a sobrevivir esto. Por fe y por la gracia de Dios, voy a crecer voy a prosperar».

Y ahora, quiero decir algo que me trae mucha convicción, porque confieso que muy a menudo no vivo de esta manera. Es fácil para mí vivir así cuando estoy sentada en mi oficina o cuando me siento a estudiar o cuando estoy enseñando este pasaje. Pero cuando llego a la realidad de la vida y cuando pienso en lo que va a pasar hoy más tarde o mañana o lo que pasó ayer o el día antes, simplemente caigo en esta incredulidad, actuando y respondiendo como si no hubiera un Dios. ¡Pero sí hay un Dios! Y he sido llamada a caminar por fe, y Dios usa las circunstancias para ayudarme a ver cuando no lo estoy haciendo.

Sidlow Baxter ha escrito esta síntesis clásica de la Escritura llamada Explore the Book (Explora el libro). Cuando llega a este pasaje, él dice:

Lo literal aquí «Yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación», y la traducción literal es: «Saltaré por gozo en el Señor; daré vueltas deleitándome en Dios».

Esto es lo gracioso de la fe ¡el mejor gozo en las peores circunstancias!

Ahora ese es un tipo de experiencia que la mayoría de nosotras no conoce.

No es como: «Bueno, me voy a aguantar». Esto es: «Voy a activamente regocijarme en Dios». Entonces Habacuc no está nada más resignado a las cosas sobre las que no tiene control. Él está gozoso en medio de ellas, y es porque su relación con Dios es lo único que él sabe que nunca le será quitado.

Puedes perder la higuera y el fruto y el producto del olivo y el campo no dar alimento y los rebaños faltar en el aprisco y no haber vacas en los establos, ‘pero todavía tengo a Dios, mi relación con Él’. Cuando todo lo demás fracasa, Dios todavía es fiel. De manera que Habacuc habla acerca de gozo en la calamidad, gozo a pesar de las circunstancias, basado en el hecho que Dios no ha cambiado, aunque todo lo demás a mi alrededor ha cambiado y está fracasando.

Escuché la historia, apenas esta semana pasada, de una mujer que su esposo estaba, muriendo en el hospital en esos momentos. Ya él partió para estar con el Señor, pero en parte, sus problemas fueron por un error de un doctor. Esa esposa, parada junto a su esposo en ese hospital, sabiendo que lo estaban perdiendo-se volteó a los que estaban a su alrededor , y dijo: «Esto no es una falla en la bondad de Dios»-.

«Esto no es una falla en la bondad de Dios», y no lo es. Dios todavía es bueno, entonces Habacuc, que empezó este libro cuestionando intensamente, y tal vez aun dudando de Dios-ha batallado profundamente con preguntas duras y difíciles, y en el proceso, se ha encontrado con Dios de una forma completamente nueva.

Ahora, habiendo encontrado a Dios, habiendo visto a Dios por quién Él es, como resultado de batallar con todos estos asuntos, Habacuc el luchador llega a ser Habacuc el adorador-del temor a la fe, de luchar a abrazar a Dios, aferrándose a Él. Ahora todo este terrible proceso de fe da un giro y en su párrafo final se convierte en fuentes de gozo.

El proceso de luchar, el proceso de batallar, el luchar para entender, el tener que dejar sus dudas a un lado y tomar el escudo de la fe, le ha hecho no solo que él sobreviva, sino que es como si existiera una presa subterránea de fuentes de agua viva que ha brotado y ha salido con hilaridad, con gozo, con cosas que el mundo no puede entender-el gozo en el Señor.

¿Alguna vez has marchado determinada a través de tus problemas y tus dudas hasta llegar hasta ese tipo de gozo? Déjame nada más hacer una observación que he visto acerca de la vida aquí. Realmente creo que nuestra capacidad de experimentar gozo está en proporción directa a nuestra disposición de experimentar y abrazar la tristeza y el dolor -el proceso de quebrantamiento, el proceso de pérdida, el proceso de duda. En la medida en que estemos dispuestas a experimentar y abrazar el dolor, en esa medida vamos a tener la capacidad de regocijarnos.

El problema hoy es que no queremos experimentar dolor. Tenemos en nuestra cultura y en nuestra sociedad tantas formas de eliminar el dolor, entonces no hablamos del quebrantamiento. No hablamos del arrepentimiento. No hablamos acerca del juicio de Dios, y luego eliminamos los puntos bajos de la vida huyendo de ellos, medicándolos, escapando de ellos, evitándolos, haciendo lo que tengamos que hacer para no tener que sentir dolor.

Y como resultado, encuentro a muchas mujeres que no experimentan momentos más bajos porque están encontrando formas de escapar de ellos, pero tampoco están experimentando gozo extremo. Están como sin vida. No están experimentando nada. Si tú quieres la capacidad de experimentar este tipo de gozo, tienes que estar dispuesta a entrar y experimentar los tiempos difíciles también. ¿Entonces cómo llega Habacuc a este tipo de gozo?

Bueno, está claro en este pasaje. Es un resultado de que su vida estaba centrada en Dios. En los versículos 18 y 19 ves esta evidencia de la vida centrada en Dios. «Yo me alegraré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor Dios es mi fortaleza». Es una vida centrada en Dios.

Ves que Dios usa el sufrimiento para hacer que nuestros corazones lleguen a separarse de cosas que son menos que Dios, de cosas y de personas, de bienes, de placeres, de cosas que nada más satisfacen hasta un punto. Entonces Dios usa ese sufrimiento al nosotras ser privadas y despojadas de esas cosas terrenales para amarrar nuestros corazones al Único que puede satisfacernos profunda y eternamente, para hacer que nos centremos en Dios.

Al ser despojadas de nuestro trabajo o al perder nuestras posesiones o nuestra salud o nuestra reputación o un familiar, ¿qué pasa cuando no tienes a dónde ir? ¿No es entonces cuando típicamente nos volvemos hacia Dios?

Es triste que tiene que suceder esto a veces para que nos volvamos a Él, pero Dios usa el sufrimiento para ponernos verticales, para quitarnos de una posición horizontal, la de culpar y esforzarnos con nuestras circunstancias, y así Él levanta nuestros ojos, aunque estén llenos de lágrimas, y hace que pongamos nuestra mirada en Él. El gozo se encuentra en una Persona. No en una cosa, y no es una persona con P minúscula; es con una P mayúscula.

Déjame decirte, si no estás encontrando gozo en el Señor ahora, en medio de cualquier circunstancia que estés viviendo; si estás buscando ser feliz por medio de cosas o de personas; si tu gozo no está basado, arraigado, o fluyendo de tu relación con el Señor; si son otras las cosas a las que estás viendo para traerte gozo a tu vida, entonces cuando pierdas esas cosas, vas a batallar para encontrar el gozo verdadero.

No esperes hasta que el árbol de higos deje de florecer y no haya fruto en las viñas y digas: « ¿Dónde está mi gozo?» Si no estás encontrando gozo ahora en el Señor, vas a batallar para encontrarlo entonces.

Matthew Henry dice de este pasaje:

«Aquellos que, cuando estaban llenos, disfrutaban a Dios en todo, cuando se vacíen pueden disfrutar todo en Dios, y pueden sentarse sobre un montón de ruinas melancólicas y aun entonces cantar alabanza y gloria a Dios».

Tú dices: «No estoy viviendo en este lugar de destitución ahora». Está bien. Puede llegar ese día en una manera o de otra, pero encuentra tu gozo en el Señor ahora. Si lo disfrutas hoy y disfrutas por medio de Él y por Él y para Él las cosas buenas que Él trae a tu vida, entonces cuando seas privada de esas cosas, te vas a dar cuenta, como dice Matthew Henry , que te puedes sentar sobre un montón ruinas melancólicas, y aun entonces, puedes cantar a la alabanza y gloria de Dios.

Gracias, Padre, por el ejemplo de este siervo tuyo que sabía lo que era el enfrentar la pérdida, la destitución, la privación y decir: «Sin importar qué, voy a confiar en Ti. Y como una expresión de la confianza, no voy nada mas a sobrevivir, voy a esforzarme por activamente escoger el gozo en el Señor».

Gracias, Señor, que tú das el gozo como El fruto del Espíritu, que Tu Reino es de gozo y paz en el Espíritu Santo, y que hay pozos de gozo, pozos de agua viva que Tú causas , que Tú haces que broten dentro de nosotros aun en un lugar de gran pérdida.

Haz que encontremos nuestro gozo en Ti ahora para que cuando perdamos estas cosas y personas que son preciosas para nosotras, podamos enfrentar esa pérdida y decir: «No importa, voy a tener gozo en el Señor. Me regocijaré en el Dios de mi salvación». Oro en nombre de Jesús, amén.

Carmen: La próxima vez que pases por una temporada de sufrimiento, espero que tomes las palabras de Nancy Leigh DeMoss contigo. Ha ofrecido perspectiva importante sobre el sufrimiento hoy.

Una mujer hizo un comentario en nuestro blog acerca de esta serie, Habacuc: del temor a la fe . Ella escribió:

«Mi esposo y yo hemos estado pasando por un tiempo muy difícil estos últimos seis meses. Pérdida de trabajo, enfermedad, dificultades financieras han venido a nuestro camino. Pero aun en medio de esto, puedo encontrar Su gozo en mi corazón. Seguido yo de repente empiezo cantando alabanzas. Gracias, Nancy, por enseñar que esto es posible en nuestro Señor».

El gozo. Es algo que tú y yo necesitamos sin importar qué nubes estén sobre el día. Encuentra cómo cultivar este tipo de gozo en el próximo programa .

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries

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26/42 – Lee la Biblia: Nahúm

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

26/42 – Lee la Biblia: Nahúm

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Nahúm que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En este libro, Nahúm describe la caída de Nínive y de Asiria presentándonos una imagen de cómo Dios confrontará y derribará a todos los imperios violentos.

#BibleProject#VideosDeLaBiblia#Nahúm

Dios No Rompe Matrimonios – 4

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

4 – Dios No Rompe Matrimonios

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.