Jul 10 – Escuchando a Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 10 – Escuchando a Dios

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Carmen Espaillat: Dios habló directamente a profetas como Habacuc. ¿Hace eso Él hoy? Aquí está Nancy Leigh Demoss.

Nancy Leigh DeMoss: Dios no está revelando nada nuevo hoy. Él ya nos ha dado todo lo que necesitamos saber. Ahora, el Espíritu Santo tomará esta Palabra, la hará viva en nuestros corazones, la aplicará, y nos demostrará cómo se relaciona con nosotras.

En la Biblia probablemente no aparecerá el nombre de tu esposo. La Biblia probablemente no te dice a qué Universidad debes ir o qué trabajo debes tomar, pero el Espíritu Santo, cuando estás en la Palabra de Dios, tomará esa Palabra y la hará viva en tu entendimiento y en tu corazón y te mostrará cómo debe ser aplicada a tus circunstancias y situaciones actuales de vida.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Si te has perdido cualquier programa de esta serie de Nancy titulada » Habacuc: del temor a la fe «, podrás escucharlo visitando AvivaNuestrosCorazones.com. Es una visión muy honesta sobre emociones muy crudas, y hoy llegamos a un punto decisivo en el viaje espiritual de Habacuc. Ahora aquí está Nancy…

Nancy: Si has estado con nosotras a lo largo de esta serie de Habacuc, sabrás que a simple vista la mayor parte del primer capítulo no fue muy esperanzador. Tuvimos mucho pesar, calamidades y los caldeos que llegaron a tomar posesión de la tierra. Hoy llegamos a lo que creo es una de las primeras señales optimistas, de esperanza, ciertamente, en este libro en el capítulo 2 en el versículo 2.

Y voy a retomarlo desde el versículo 1 para tener algo del contexto. Habacuc ahora está listo para escuchar lo que Dios tiene que decirle y cómo Dios responderá a las preguntas y a las inquietudes que están en su corazón, como él mismo lo dice en el versículo 1 y esto lo vimos en la última sesión.

«Tomaré mi posición en mi puesto de guardia y me estacionaré en la torre, y miraré para ver lo que Él {Dios} me dirá, y lo que yo le responderé con relación a mi queja».

Entonces el versículo 2 -y me encantan estas cinco palabras. «Y el SEÑOR me contestó.»- Me quiero estacionar en esas cinco palabras hoy — «Y el SEÑOR me contestó». Ahora, para darnos algo de contexto aquí. Si vas hacia atrás al capítulo 1, al versículo 2, recuerda que Habacuc le dijo a Dios, «¿Hasta cuándo, oh Señor, pediré ayuda, y no escucharás?» Habacuc no pensaba que Dios lo estaba escuchando, y si Dios lo estaba escuchando, entonces parecía como que no estaba haciendo nada al respecto .

Ahora tenemos este recordatorio de que Dios ha estado escuchando todo el tiempo, y me pregunto si solamente Dios estaba esperando que Habacuc llegara a un punto donde pudiera estar lo suficientemente tranquilo, lo suficientemente callado y disponer del tiempo suficiente para escuchar la respuesta de Dios. «Y el SEÑOR me contestó».

Es solamente un recordatorio hermoso de que cuando clamamos al SEÑOR, Él nos escucha, y Él nos responde, no siempre en nuestro tiempo, no siempre a la manera que esperamos, pero Él nos responde. No puedo decirles cuánto me encanta esa frase-«El SEÑOR me contestó».

De hecho, encontrarás a través de todas las Escrituras una especie de hilo conector. Lo encuentras muy a menudo en los Salmos. El Salmo 138 el versículo 3 dice:

El día que invoqué, me respondiste.
Salmo 3, versículo 4,

Con mi voz clamé al Señor, y Él me respondió desde su santo monte.
Salmo 99, versículo 6:

Moisés y Aarón estaban entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; ellos clamaron al SEÑOR, Y Él les respondió.
Salmo 118, versículo 5,

En medio de mi angustia invoqué al SEÑOR; el SEÑOR me respondió y me puso en un lugar espacioso.
¿Y no es eso lo que dice Jeremías 33?

Clama a mí, y yo te responderé y te revelaré cosas grandes e inaccesibles, que tú no conoces.» (Versículo 3, parafraseado)
Ahora, Dios no siempre nos responde exactamente de la manera que nosotras pensamos que lo hará.

Estoy pensando en ese versículo de Job. En realidad, es un versículo que se repite dos veces, en Job capítulo 38 y después, otra vez en Job capítulo 40. Y dice,

Entonces el SEÑOR respondió a Job desde el torbellino (38:1 & 40:6).

Bueno, no quisiéramos que un torbellino llegue a nuestras vidas, pero algunas veces esa es la manera como Dios nos habla, en medio del torbellino.

También en Éxodo capítulo 19 -¿recuerdas que los hijos de Israel acamparon en el Monte Sinaí, donde Dios les entregó la ley? Era un lugar impresionante. Y vamos a leer un poco más sobre ese contexto y cómo Dios les respondió.

«Y aconteció que al tercer día, cuando llegó la mañana, hubo truenos y relámpagos y una densa nube sobre el monte y un fuerte sonido de trompeta; y tembló todo el pueblo que estaba en el campamento.» (Versículo 16)

Yo pienso que si conociéramos cómo es Dios realmente, las trompetas , los relámpagos , los truenos y las densas nubes no nos harían temblar tanto como Su presencia lo haría.

«Entonces Moisés sacó al pueblo del campamento para ir al encuentro de Dios, y ellos se quedaron al pie del monte.

Y todo el Monte Sinaí humeaba porque el SEÑOR había descendido sobre él en fuego. El humo subía como el humo de un horno, y todo el monte se estremecía con violencia. El sonido de la trompeta aumentaba más y más. [¿Captas la escena aquí? Esta es una escena muy ruidosa.] Moisés hablaba, y Dios le respondía con el trueno (versículos 17-19).

¿Cómo habrá sido eso? No me lo puedo imaginar, pero Dios le respondió a Moisés cuando Moisés le habló.

Pero ahora, volvamos a Habacuc. Habacuc ha subido a su puesto de guardia. Él dijo, «Voy a ver que Dios me dirá,» y Dios sabía que su corazón estaba en una posición donde estaba listo para escuchar. Estaba listo para recibir lo que Dios le tenía que decir, y entonces dice, «Entonces el SEÑOR me respondió».

Ahora, eso suscita la siguiente pregunta en mi mente. ¿Por cuánto tiempo habría estado Habacuc en esa torre de vigilia, en ese puesto de guardia? ¿Por cuánto tiempo habría estado esperando? ¿Por cuánto tiempo había estado escuchando? ¿Por cuánto tiempo había estado esperando por una respuesta?

Bueno, la respuesta obvia es que no sabemos porque la Escritura no nos dice, pero te diré algo que sí sabemos. Él esperó el mismo tiempo que le tomó a Dios responder. Nosotros no sabemos qué periodo de tiempo hay entre el versículo uno y el versículo dos.

¿Le respondió Dios en tres minutos? ¿Le respondió Dios en tres horas o en tres días? ¿Qué tiempo estuvo en ese puesto de guardia? Dijimos que no es literalmente un puesto de guardia. Es una actitud de expectación- esperando en Dios, diciendo, «Señor, habla, que Tu siervo está escuchando».

¿Qué tiempo esperó allí? Esperó lo suficiente para obtener una respuesta de Dios, y yo creo que esa es una de las razones por qué tantas de nosotras sentimos que Dios no responde nuestras oraciones es porque no esperamos el tiempo suficiente. Lanzamos nuestra oración, y entonces nos vamos de ahí y seguimos hacia la próxima actividad, la próxima ocupación en nuestras vidas. Y no esperamos que Dios nos responda.

Tú dices, «¿Tú quieres decir que se supone que mi tiempo de quietud dure tres días consecutivos, sin parar? Pero espérate, dime, ¿quién alimentará a mis hijos? ¿Cómo iré al trabajo? ¿No vivo mi vida?» Lo que estoy diciendo es que necesitamos vivir nuestras vidas en una actitud de espera y expectativa en Dios, en anticipación, en estado de alerta hasta que Dios nos de lo que necesitamos, no importa lo mucho que se tarde.

Has orado por tu esposo. Has orado por tu hijo. Has orado por un trabajo. Has orado por una situación con tus suegros o por una situación en tu escuela, y nada cambia. ¿Cuánto debes esperar para que Dios actué? ¿Cuánto debes esperar para obtener la perspectiva de Dios? El tiempo que sea necesario. Esa es la respuesta.

Espera en el Señor, y vamos a ver ese tema a través de todo el libro de Habacuc. No está expresado explícitamente aquí, pero creo que está implícito en este pasaje – él esperó.

De hecho, tenemos otra ilustración de esto en el libro de Jeremías, en el capítulo 42 dice:

Las personas . . . se acercaron, y le dijeron al profeta Jeremías, «Llegue ahora ante ti nuestra súplica, y ruega al SEÑOR tu Dios por nosotros, por todo este remanente – porque quedamos pocos de muchos que éramos, como pueden ver tus ojos – para que el SEÑOR tu Dios. . .»

Esta gente le dijo: El Señor tu Dios. Este era el pueblo de Dios, pero le dijeron a Jeremías,

Ruega que el SEÑOR tu Dios nos indique el camino por donde debemos ir, y lo que debemos hacer (versículo 1-3).

Y Jeremías les dijo, «Os he oído. He aquí, voy a orar al SEÑOR vuestro Dios,» el Señor tu Dios. Él es tu Dios, también. No es solamente mi Dios. Él es tuyo, también, pero,

«Voy a orar al SEÑOR vuestro Dios conforme a vuestras palabras, y todas las palabras que el SEÑOR os responda yo os las declararé. No os ocultaré palabra alguna.

Al final de diez días la palabra del SEÑOR vino a Jeremías.» (versículos 4 & 7). ¿Estás dispuesta a esperar por la Palabra de Dios?

La gente se acercó, y le dijeron, «Ruega por nosotros.» Jeremías les dijo, «Esta bien, Voy a orar por ustedes.» Diez días más tarde, llega palabra de Dios a Jeremías para el pueblo. ¿Estás dispuesta a esperar por la Palabra de Dios?

¿Y si se tarda diez años? En nuestras mentes, si no acontece en diez minutos, ¡nos vamos de allí! Habacuc dijo, «Estaré en mi puesto de guardia. Velaré para ver lo que Él me dice.» Entonces el SEÑOR me respondió..» Espera hasta que llegue la respuesta.

Ahora, quiero irme un poco por la tangente aquí y creo que este pasaje me da una buena oportunidad para decir algo que pienso necesita ser dicho a nuestra generación. Quiero hablar sobre la manera en la que Dios nos habla hoy.

«El SEÑOR me contestó.» ¿Qué significa eso para nosotras? ¿Cómo lo vemos? ¿Qué entendemos por eso? Bueno, hay diversos lugares en las Escrituras que nos pueden ayudar, pero el que encuentro más útil está en… vamos a Hebreos capítulo 1; quiero que vayas allí.

Hebreos capítulo 1, versículo 1 nos dice que,

«Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas…»

De manera que hay una manera que Dios usó para hablar a Su pueblo. Acabamos de leer algunas de esas formas que El uso en los días del Antiguo Testamento. Dios le habló en el torbellino, en el trueno, en voces, a través del profeta Jeremías.

Dios les dió estas voces audibles. Pero en estos últimos días, «{Dios} nos ha hablado» y ha finalizado de hablar «por su Hijo {Cristo}, a quien constituyó heredero de todas las cosas, por medio de quien hizo también el universo» (versículos 1-2).

Dios acostumbraba a hablar de muchas maneras diferentes. Ahora, Dios nos ha dado Su revelación completa, Su Palabra completa, la Palabra viva, Jesucristo. Cuando venimos a Hebreos capítulo 12, el autor dice, «Mirad que no rechacéis al que habla» (versículo 25a).

En el pasado, Dios habló de cierta manera. En estos últimos días, Dios nos ha hablado por medio de Su Hijo, pero entonces Él dice que hay un sentir en el cual Dios todavía está hablándonos.

«Porque si aquellos no escaparon cuando rechazaron al que les amonestó sobre la tierra, mucho menos escaparemos nosotros si nos apartamos de aquel que nos amonesta desde el cielo» (versículo 25: b). Él dice, «Dios está aún hablando, y eso plantea esta pregunta. ¿Cómo Dios nos habla hoy?

Quizás tú dices, «Quiero la respuesta de Dios. Quiero saber lo que Dios piensa. Me he colocado en mi puesto de guardia. Quiero saber como Dios quiere que yo responda sobre este asunto en mi matrimonio, en mi iglesia, en mi lugar de trabajo.

«¿Qué hago? ¿Cómo debo esperar escuchar de Dios? ¿Tendré un sueño? ¿Tendré quizás una visión? ¿Escucharé una voz audible? ¿Cómo sabré que Dios me está hablando a mí?»

Bueno, como acabamos de leer en Hebreos capítulo 1, antes de que se completaran las Escrituras, Dios usaba frecuentemente cosas como visiones y sueños y voces audibles. Eso no era inusual en el Antiguo Testamento el que Dios hablara de esas maneras.

Pero ahora que se han completado las Escrituras -la Palabra escrita de Dios- Dios nos habla a través de Su Palabra. Él nos habla a través de Su Palabra. Su Palabra en las Escrituras está completa, y Dios nos habla por Su Espíritu que mora dentro de nosotras.

¿Qué hace el Espíritu? El Espíritu nos ayuda a entender la Palabra, por lo que el Espíritu dentro de nosotras nos da entendimiento, ilumina esa Palabra. Mientras he estado leyendo el libro de Habacuc en estas últimas semanas, he estado confiando en el Espíritu de Dios para que derrame luz sobre estos pasajes, para ayudarme a entender su interpretación y su aplicación a mi vida.

El Espíritu Santo toma la Palabra que es simplemente tinta sobre papel, el Espíritu Santo la abre ante nuestros ojos, y la hace tomar vida. Él la aplica en nuestros corazones. Mientras leo las Escrituras, me doy cuenta de que es Dios quien me está hablando. Es el Espíritu Santo quien me está dando ese entendimiento. Es el Espíritu Santo quién me da convicción mientras leo las Escrituras, quién me dirige, quién me guía a través de la Palabra de Dios.

Dios habla claramente hoy, más claro que nunca, por Su Espíritu y a través de Su Palabra escrita, la Biblia, así que no esperes que Dios te hable o te responda cuando vayas a tu puesto de guardia, cuando vayas a tu torre y estés buscando respuestas-no esperes que Dios te responda apartada de Su Palabra. Déjame decirlo de esta manera. Dios no está revelando nada nuevo hoy.

Ahora bien, vas a escuchar a personas decir, «Dios me dijo esto. O Dios me dijo aquello». Si lo que ellos están diciendo es, «Dios me dijo esto a través de Su Palabra,» eso hace mucho más sentido, pero si ellos están diciendo, «Dios me dijo algo nuevo o diferente que no está en la Palabra de Dios,» están hablando por Dios de una manera que nosotras sabemos no es bíblica.

Dios no está revelando nada nuevo hoy. Él nos ha dado todo lo que necesitamos saber. Ahora, el Espíritu Santo tomará esa palabra, la avivará en nuestros corazones, la aplicará y nos mostrará cómo se relaciona con nosotras.

Probablemente la Biblia no contiene el nombre de tu esposo. La Biblia, probablemente no te dice a qué universidad debes ir o qué trabajo debes tomar, pero el Espíritu Santo, mientras estás en la Palabra de Dios, tomará esa Palabra y la avivará en tu entendimiento y en tu corazón y te mostrará cómo debe ser aplicada a las circunstancias y a las situaciones de tu vida en ese momento.

No puedes esperar ignorar las Escrituras o dedicarle un tiempo limitado o leerla con mucha rapidez, recibir una dosis mínima de ella en tu corazón y llenar tu mente con otros libros, con programas de televisión y música y esperar que Dios te responda.

Una de las cosas que he notado desde que inició Aviva Nuestros Corazones es que hay un movimiento real en el mundo cristiano evangélico alejado de la enseñanza, de la predicación y de la proclamación de la Palabra de Dios.

¿ Y qué lo ha reemplazado? Bueno, muchas cosas, pero una de las cosas más populares que la ha reemplazado es la música. Estamos viendo esto, por ejemplo, en la radio cristiana de hoy, «Más personas sintonizarán una estación si tiene música que si tiene la Palabra de Dios siendo proclamada,» así que el argumento es, «Bueno llevaremos la Palabra a ellos a través de la música.»

Ahora, ¿la música es bíblica?, si es una música centrada en la Biblia. No hay nada malo con ella, pero Dios nos habla a través de Su Palabra. Aun la música, si realmente va a ser de beneficio para nuestras vidas espirituales, debe estar llevando la Palabra de Dios a nuestras vidas. Pero la sabiduría convencional es: «La gente no quiere escuchar la Palabra de Dios enseñada. Quieren escuchar más música».

Bueno, no dudo que eso sea verdad, pero la pregunta es: ¿Quieren escuchar a Dios? ¿Quieren respuestas, o simplemente quieren estar entretenidos? Si solamente quieres estar entretenida, entonces mantén tu vida llena de música y de otras cosas que te mantienen feliz, pero si quieres obtener respuestas, tienes que ir a la Palabra de Dios.

Tenemos que ser personas de la Palabra de Dios. No puedes ignorar las Escrituras, obtener dosis mínimas de ella en tu vida, llenar tu vida de otras cosas, y entonces esperar obtener respuestas de parte de Dios.

¿Cuáles son entonces algunos puntos importantes que debemos recordar hoy? Número uno: Dios nos escucha y nos responde cuando oramos. Puede que pienses que Él no está escuchando. Puede que no sientas que Él está escuchando. Puede que no veamos Su respuesta. Puede que no comprendamos Su respuesta, pero Dios escucha y responde las oraciones.

Es bueno recordar las cinco palabras, que me encantan, del versículo 2 de Habacuc capítulo 2, «Y el SEÑOR me respondió.» Ahora, ten presente la posición en que estaba Habacuc cuando el Señor le respondió. Él estaba a la expectativa. Estaba esperando. Estaba escuchando. Estaba en su puesto de guardia. Estaba en su torre.

Algunas de nosotras no estamos escuchando a Dios porque no estamos tomando el tiempo para escucharlo; el tiempo de esperar en Él, de permitirle hablarnos. Dios escucha y responde cuando oramos, pero recuerda esto: Dios no siempre responde inmediatamente. ¿Qué está esperando? No sé.

Quizás está esperando que estemos listas para escuchar.

Quizás está esperando que estemos en un lugar donde estemos preparadas para la respuesta.

Quizás está esperando por algo que no tiene nada que ver con nosotras, pero Dios sabe por qué.

Él tiene Sus razones. Podemos confiar en que, aunque Él no siempre responda inmediatamente, aún así está escuchando, y está en el proceso de respondernos. Tenemos que estar dispuestas a salirnos de la multitud, a estar tranquilas, a esperar, a escucharlo hablar, y esto es de lo que se trata la meditación- mientras vamos a la Palabra de Dios- no estar apresuradas o distraídas.

Solamente quiero decirte, que Dios ha estado haciendo algo muy fresco en mi propio corazón durante el último par de meses, en mi tiempo de quietud personal. He sido retada a ir a la Palabra de Dios y poner a un lado todas las distracciones, todas las interrupciones. Estoy encontrando que soy capaz de escuchar mejor cuando no estoy haciendo tantas cosas al mismo tiempo, cuando me detengo para meditar en la Palabra de Dios.

Eso es algo que me ha encantado sobre este estudio de Habacuc, y mientras camino con mi compañera de caminatas, hablamos de Habacuc. Citamos Habacuc. He pensado en Habacuc cuando me voy a dormir y cuando me levanto, versículo por versículo, frase por frase, meditando sobre ello, masticándolo, escuchándolo, diciendo una frase y ponderándola – ¿qué quiere decir Dios con esto?

«Y el SEÑOR me respondió.» ¿Qué significa esto? ¿A qué se parece esto? Como resultado, la Palabra está retornando viva hacia mí de una manera que no siempre pasa si permito interrupciones, distracciones o si tengo prisa o estoy tratando de cubrir cantidades masivas de Escrituras cada día. Ha sido bueno para mí reducir la velocidad, irme a mi puesto de guardia, escuchar lo que el Señor me dirá.

Entonces recuerda que la respuesta de Dios no es siempre lo que hemos esperado o deseado. Cuando vas a escuchar a Dios, no le digas cómo responder, y no lo limites a responder de la forma como tú piensas que Él debe hacerlo, o a la manera que tu esperas que Él lo haga.

A Dios le encanta sorprendernos con Sus respuestas. Puede que pienses que Su respuesta no es la correcta, pero te garantizo que sí lo es. Ahí es que entra la fe, y eso es lo que Habacuc llega a entender.

Déjame preguntarte esto. ¿Estás escuchando de Dios? ¿Te está Dios hablando? ¿Estás recibiendo respuestas de Dios?

«Y el SEÑOR me respondió.» «Clamé, y el SEÑOR me respondió.» «El SEÑOR me respondió.» «El SEÑOR me respondió.» Está en toda la Escritura.

¿Te está Dios respondiendo?

¿Te está Él hablando?

Si no es así , ¿por qué no?

¿Te estás colocando en una posición, en un lugar, donde puedes escucharlo a Él?

¿Estás tú en la Palabra?

¿Estás meditando en ella?

¿Estás reflexionando en ella?

¿Estás tomando tiempo en ella?

Amigas, no me digan cuán ocupadas están porque yo lo sé. Yo también estoy ocupada. Todas lo estamos, y algunas veces simplemente pienso, en toda esta actividad -Dios quisiera tener mucho menos actividad y simplemente más de nosotras.

¿Sabes qué? Encuentro que tengo que ser inflexible con mi agenda y con mi horario. Hay personas con las que no me puedo reunir. Hay personas a quienes no puedo ver. Hay cartas que no puedo escribir. Hay lugares a los que no puedo ir. Hay compromisos de conferencias que no puedo tomar.

Ahora, yo no estoy diciendo que nunca hago ninguna de estas cosas, pero tengo que limitarlas. Algunas veces las personas no entienden por qué no estoy haciendo más cosas, por qué no soy más social.

¿Sabes qué? Es porque he decidido que en esta vida quiero prepararme para estar lista para encontrarme con Dios, y eso significa que quiero estar escuchándolo. Y eso toma tiempo.

Tienes que hacer el tiempo. Eso no va a ocurrir solo en tu agenda. Tienes que apartar es el tiempo. Colocarlo aparte.

Ve a tu puesto de guardia. Ve a tu torre. Mantente alerta para ver lo que Dios te dirá, y a Su manera, y en Su tiempo, Él te responderá.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta muy pronto para orar. Oramos en fe, sabiendo que Dios responderá. El libro de Habacuc nos ha mostrado lo que se siente el pensar que Dios no está escuchando. También explica porqué la respuesta de Dios es diferente de lo que esperamos, y hoy vimos que Dios contesta a aquellos que pacientemente esperan por Él.

¿Porqué no escudriñas el libro de Habacuc más profundamente? Así descubrirías más sobre la oración, sobre esperar, sobre la frustración y sobre el gozo. Durante la serie actual de Nancy titulada » Habacuc: del temor a la fe » yo espero que estés leyendo y releyendo el libro de Habacuc.

Por 2,000 años, los creyentes en Jesús han reclamado que Él viene pronto. Bueno, la mayoría de nosotros no planificamos en segmentos de miles de años ni pensamos en un milenio como algo que viene pronto. Nancy Leigh DeMoss te ayudará a encontrarle sentido a todo cuando ella regrese en el próximo programa. Ahora ella está de vuelta para orar.

Nancy: Señor, danos oídos para escuchar y corazones para recibir lo que Tú nos dirás. Gracias porque Tú eres un Dios que habla, un Dios que se ha revelado a Sí mismo. Gracias porque Tú quieres darnos dirección, sabiduría, comprensión fresca y entendimiento.

Ayúdanos a tener corazones quietos, a estar lo suficientemente quietas para escucharte y recibir lo que Tú nos dirás. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Domingo 18 Octubre

En esto hemos conocido el amor, en que él (Jesús) puso su vida por nosotros.
1 Juan 3:16

Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas.
1 Pedro 2:21

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Me acababan de operar. Era de noche y hacía mucho calor. Estaba acostado boca arriba y tenía varios aparatos conectados a mi cuerpo y a mis brazos. No debía moverme, pues la alarma sonaría y las enfermeras vendrían de prisa a ver qué pasaba. Todo el personal del hospital era amable y atento. Pero durante la noche me había llamado especialmente la atención la paciencia y la dulzura de la enfermera de turno. Hacía todo lo posible para aliviar el dolor de los que habíamos sido operados, pero yo era incapaz de articular la más mínima palabra de agradecimiento

Considerando la amabilidad excepcional de esta persona pensé: «Tiene que ser cristiana», pues se parece al Maestro, al Señor Jesús mismo, que siempre estaba lleno de compasión por los enfermos.

Pasaron tres noches. Al cabo de la tercera, esta enfermera vino a despedirse de mí, pues no volvería hasta la próxima semana. Dudó un instante y luego se acercó a mi cama y me dijo suavemente, al ver mi Biblia encima de mi mesa de noche: «¿Es su tesoro?». «Sí», afirmé. Ella me respondió con una sonrisa: «El mío también», y luego desapareció.

“Hijo mío, si recibieres mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinares tu corazón a la prudencia, si clamares a la inteligencia… si como a la plata la buscares, y la escudriñares como a tesoros, entonces entenderás el temor del Señor, y hallarás el conocimiento de Dios. Porque el Señor da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia” (Proverbios 2:1-6).

Deuteronomio 12 – Juan 7:32-53 – Salmo 118:15-20 – Proverbios 25:18-19
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

AMY CARMICHAEL

BITE

Serie: Biografías

AMY CARMICHAEL

Misionera reformadora SOCIAL en la India

Nacida hace 150 años, esta mujer misionera soltera, a menudo enferma, de Irlanda del Norte, se atrevió a desafiar la trata de personas en la India.

El hinduismo alentaba la esclavitud de los niños en los templos. Allí las niñas se vendían para «casarse» o prostituirse con los sacerdotes del templo Brahmin.

Cuando ésta misionera descubrió lo que estaba sucediendo, la práctica la horrorizó tanto que comenzó a trabajar para rescatar a las niñas de estos templos. Posteriormente, su estación de misión en el sur de la India, creció para acomodar a cientos de niñas y niños.

FUENTES:

The life and legacy of Amy Carmichael: http://bit.ly/2rWhchp
Rearing Children for the World’s End: http://bit.ly/2sJxrPx
Amy Carmichael Helped the Helpless: http://bit.ly/34OeMjB
Amy Carmichael Biography: http://bit.ly/2OM1JK8
Amy Carmichael: http://bit.ly/2LjsL9c
Amy Carmichael, Beauty For Ashes: http://bit.ly/2DKnl2U
Amy Carmichael, preciosa irlandesa de ojos café: http://bit.ly/2LmVkD0

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CRÉDITOS

Conductora: Pilar Prieto.
Guión: Giovanny Gómez Pérez.
Producción: Giovanny Gómez Pérez.
Edición del video: Fernando Ordoñez.
Música: Envato Elements.

Cabeza de Familia – 1

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Familias Conforme a las Escrituras

1 – Cabeza de Familia

Juan Manuel Vaz

¿Qué significa que el hombre es cabeza de familia? ¿Cuáles son sus funciones? ¿Qué características tiene un buen cabeza de familia?

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Jul 9 – La torre de vigilia

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 9 – La torre de vigilia

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-torre-de-vigilia/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que el tiempo que pasas a solas con el Señor no es solo para ti.

Nancy Leigh DeMoss: No trates de enseñarle a tus hijos los caminos de Dios si no has estado escuchando lo que Él te ha estado diciendo a ti. No trates de corregir a tu marido o de arreglar sus cosas si no has subido a la torre de vigilia, te has puesto en guardia y has estado atenta a lo que Dios te va a decir.

Habacuc dice, “ «Voy a mirar y a ver lo que Él me va a decir a mí».”

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Para un profeta del Antiguo Testamento, era crucial escuchar la voz de Dios con toda exactitud. No es menos importante para nosotras en el día de hoy. Nancy nos va a explicar a medida que profundicemos en este estudio titulado “ «Habacuc: del temor a la fe «

Nancy: Finalmente hemos llegado al capítulo 2 de Habacuc. Algunas de ustedes pensaron que nunca íbamos a llegar ahí. El capítulo 2 contiene 3 versículos muy conocidos.

Si tienes tu Biblia, ábrela en Habacuc en el capítulo 2. Mira la segunda parte del versículo 4 “mas el justo por su fe vivirá”. ¿Has escuchado eso antes? “El justo por su fe vivirá.” Es citado tres veces en el Nuevo Testamento.

Ese es uno de los versículos más conocidos y uno de los más importantes en toda la Biblia. Ya llegaremos a esa parte en algunos días.

El versículo 14 es también uno que creo que es muy familiar: “Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del Señor como las aguas cubren el mar.”

Eso nos habla del alcance del plan de Dios. Nos da esperanza. Nos recuerda todo lo que nos espera más adelante mientras sigamos soportando la vida en este planeta caído, lidiando con caldeos y demás.

Luego el versículo 20 que es muy conocido también, leemos: «“Pero el Señor está en Su santo templo: calle delante de Él toda la tierra».” Puede que hayas escuchado ese versículo, o quizás lo hayas visto en relación a asistir a la iglesia.

En realidad esa no es la aplicación de este versículo, cuando lleguemos al final del capítulo 2 veremos lo que es que verdaderamente significa. Pero aquí tenemos tres versículos que son muy familiares. Creo que será muy emocionante el enterarnos del por qué estos versículos están en la Biblia, en qué contexto encajan y qué tienen que ver con todo este grandioso plan de Dios.

Eso es parte de lo que veremos en los próximos días, pero empecemos hoy en el capítulo 2, versículo 1. Para aquellas de ustedes que no han estado con nosotras, recapitulo un poco lo que hemos tratando hasta ahora:

Habacuc está sosteniendo un diálogo serio, intenso y honesto con Dios. Él mira a su alrededor y ve cosas que están sucediendo en el pueblo de Dios, que no debieran estar ocurriendo. Él ve el pecado, la violencia, la injusticia, la gente haciendo alarde de su desobediencia ante la ley de Dios y nadie hace nada al respecto. Los líderes tampoco están tomando las cosas con la seriedad que deberían.

Habacuc está, verdaderamente agobiado no solo por lo que está pasando sino porque Dios no parece estar haciendo nada al respecto. Por lo que él clama a Dios. Él ha estado orando. Él ha estado haciéndole preguntas a Dios.

Dios, finalmente, le dice «“Estoy trabajando en tus días».” “No estoy pasivo. No estoy actuando ociosamente como crees que estoy. Contrario a todas las apariencias, estoy trabajando, pero la manera en la que lo estoy haciendo las cosas no es la que probablemente tú pensarias que haría.”

Dios le dice a Habacuc que El está levantando a los caldeos a los babilonios para que vengan y disciplinen a los judíos.

Habacuc reacciona con un “¿Qué? Eso no era lo que yo tenía en mente. Sé que necesitan disciplina, sé que necesitan castigo, ¿pero los caldeos? Ellos son malos, son muy malos. ¿Cómo puedes usar a gente tan malvada, tan viciosa, tan violenta y sin escrúpulos como los caldeos? ¿Cómo pueden ser ellos el instrumento que utilices para cumplir Tus propósitos? ¿Cómo un Dios santo puede utilizar a gente profana para llevar a cabo Su trabajo?”

Por lo que Habacuc lucha con Dios. Eso es lo que su nombre significa: “uno que lucha”. Él está luchando con estas preguntas tan duras.

Hemos dicho que no está mal el hacer preguntas —acerca del porqué o por cuánto tiempo— mientras no lo hagas con el puño apretado contra Dios sino con un corazón que realmente busca. Yo creo que ese era el corazón de Habacuc.Habacuc está, verdaderamente agobiado no solo por lo que está pasando sino porque Dios no parece estar haciendo nada al respecto. Por lo que él clama a Dios. Yo creo que ese era el corazón de Habacuc.

Pero en el proceso de hacer estas preguntas, él está cayendo en cuenta de que está conociendo algo acerca Dios que es aún más importante que el obtener todas las respuestas. A veces hablamos y decimos «“No puedo esperar a llegar al cielo y saber todas las respuestas a todas las cosas que no tienen sentido aquí en la tierra».”

Y no es que Dios va a sacar su computadora y nos va a poner en pantalla todas las respuestas. Creo que en el cielo no vamos a estar muy interesadas en conocerlas.

Cuando lo veamos como Él es, Él va a ser suficiente respuesta; y eso es lo que Dios está haciendo por Habacuc. Él se le está revelando a Habacuc diciendo “Habacuc, soy la respuesta a tus preguntas, a tus problemas y a tus asuntos. Cuando no puedas comprender Mis caminos o a Mí, lo único que puedes hacer es confiar.”

En eso es en lo que siempre caemos: “El justo por su fe vivirá.” Vas a escuchar eso varias veces antes de que terminemos esta serie.

Ahora, al final del capítulo 1, Habacuc está desconcertado con eso de que Dios haya escogido a los caldeos… e incluso dio una descripción gráfica al respecto. Es como que todos somos peces en el mar y los caldeos lleguen con sus anzuelos y nos saquen del agua. Ellos matan sin piedad. ¿Durará esto toda la eternidad?

Habacuc se ha alborotado al describirle sus preocupaciones a Dios. De hecho, ese es el último versículo del capítulo 1 versículo 17 “¿Vaciará pues su red y seguirá matando sin piedad a las naciones?”

De nuevo, a medida que medito en este pasaje, siento como que hay una gran pausa sin respuesta. Por lo que ¿qué va a hacer Habacuc ahora? ¿Qué hace mientras dura el silencio?

En el capítulo 2 versículo 1, Habacuc dice, “Estaré en mi puesto de guardia, y sobre la fortaleza me pondré; velaré para ver lo que Él me dice, y qué he de responder cuando sea reprendido.”

Ahora bien, creo que este es el momento clave del libro en lo concerniente a la historia de Habacuc. Habacuc va a su torre de vigilia: “estaré en mi puesto de guardia en la torre”.

No creo que ésta sea una torre de vigilia o una fortaleza en sentido literal. La mayoría estaría de acuerdo con eso. Es una imagen de Habacuc diciendo “yo voy a irme a un lugar sólo, apartado y silencioso para tratar de entender lo que está pasando desde la perspectiva de Dios.”

Es imaginarse una actitud de expectación. Habacuc está viéndose a sí mismo como un centinela en una fortaleza. Puedes imaginarte una torre alta y a un centinela haciendo guardia de pie, observándolo todo.

Él quiere verlo desde lo alto. Él no quiere ver lo que está pasando solo desde el suelo. Él quiere mirar el horizonte y ver qué es lo que está pasando, cuál es el panorama.

Por lo que Habacuc está diciendo: “Quiero ver por encima de mis circunstancias. Quiero ver la perspectiva de Dios en todo esto.”

Déjenme decirles, amigas, que es en ese puesto de guardia donde encontramos esperanza. Es donde encontramos perspectiva. Es donde miras hacia el Señor, esperas por Él, oyes lo que Él te dice. Es donde dejamos de hablar y —finalmente— dejamos a Dios hablar.

Y eso lo veremos múltiples veces en las Escrituras. Ya hablaremos —a través de esta serie— sobre algunas mujeres que tenían mucho que decirle a Dios, como Habacuc, y que al final, se quedan sin palabras.

Luego dicen, “ «Ok, ahora estoy lista para escucharte».” Es casi como si Dios dijera “déjame saber cuando acabes de hablar y te voy a decir lo que pienso acerca de esto.”

Pero tienes que llevar tu corazón a un lugar tranquilo y callado. Un lugar donde te dispongas a esperar y a escuchar a Dios hablar. Esa es la actitud que necesitamos tener al abrir la Palabra de Dios. “Voy a ponerme de guardia en mi torre”.

De hecho, he estado usando este versículo recientemente en mi tiempo con Dios. “Voy a subir a la torre, voy a asumir mi puesto y a estar atenta a todo lo que Dios me quiera decir.”

  1. No más darle yo respuestas a Dios.
  2. No más decirle a Dios cómo debe dirigir el universo
  3. No más hacerle a Dios todas mis preguntas.
  4. Solo voy a permanecer tranquila, me voy a callar y a estar atenta. Voy a tratar de ver las cosas desde el punto de vista de Dios, escucharé con atención para ver lo que Él me va a decir.

Matthew Henry dijo que era muy importante que cuando recurriéramos, leyéramos u oyéramos la Palabra de Dios, que observaramos cuidadosamente lo que Dios nos dice a través de ella; palabras que nos lleguen al alma ya sean de convicción, de consuelo o de cautela. Y que podamos recibirlas y someternos a Su poder.

Es la actitud que debemos tener cuando vamos a la iglesia y escuchamos la predicación de la Palabra o cuando abrimos nuestras Biblias en nuestro tiempo con Dios. Es la actitud de un centinela, de un guardián en su puesto diciendo “voy a mirar el panorama y a ver lo que Dios me está diciendo a mí.”

“¿Dios, qué es lo que me quieres decir?” Quiero enfatizar este punto porque creo que en la sociedad de hoy en día, nos movemos muy rápido. Siempre estamos a la carrera y muy ocupadas.

Me he percatado de que, en muchas ocasiones de mi tiempo con Dios, estoy apurada. La forma en la que leo la Palabra de Dios es apresurada. Me tomo mis vitaminas espirituales rápidamente ese día y reviso los devocionales que tengo pendientes, PERO no he encontrado a Dios, no me he encontrado con Dios. No he oído de Dios. No he estado en mi torre de vigilia.

Muchas veces tenemos circunstancias y preguntas en nuestras vidas. Necesito sabiduría en muchas áreas de nuestro ministerio. Necesitamos la dirección del Señor en distintas cosas y ¡tengo tantas preguntas para las que no tengo respuestas!

Tienes asuntos pendientes en tu matrimonio, con tus hijos, en tu trabajo, en tu iglesia. Necesitas respuestas. Necesitas la perspectiva de Dios, pero el problema es que estamos tan ocupadas trabajando, luchando y haciendo no se cuántas cosas —en nuestros estilos de vida— que nunca nos detenemos a escuchar lo que Dios nos tiene que decir.

Luego nos preguntamos por qué no obtenemos respuestas. Algunas de ustedes necesitan apagar el televisor, la computadora o la radio. Algunos amigos me han retado para que no revise mi correo electrónico hasta no haber tenido mi tiempo a solas con el Señor.

Algunas de ustedes quizas estarán pensando “no hubiera asumido que es así como vives”. He caído en la rutina, en el patrón de revisar primero mi correo; luego —cuando estaba en mi tiempo con Dios— mi corazón latía y mi mente volaba y no estaba ocupando mi puesto en la torre y escuchando a Dios.

Tienes que apagar, tienes que parar, tienes que apagarlo todo. Apagar la radio. No puedo creer que como maestra en la radio, les esté diciendo eso, pero necesitan apagarla; deben aquietarse y en silencio escuchar la voz de Dios.

Lo que Habacuc está haciendo es alejándose de todos sus problemas; no escapando, sino poniendo cierta distancia de por medio, quitando los ojos de sus problemas para poder enfocarse en el Señor. Él estaba desahogándose con eso de los caldeos y, al final del capítulo 1, vemos como dice “que se va a un lugar donde pueda ver lo que Dios le va a decir.”

¿Qué tiene que decirte acerca de tu matrimonio, acerca de la situación en tu iglesia, acerca de esta persona en el trabajo, acerca de esta decisión que tienes que tomar? De esta forma él empieza a escuchar, y tiene una actitud sumisa ante lo que Dios le diga acerca de esta situación.

Los profetas de Dios hacían guardia en los muros. Escuchaban las palabras que salían de la boca de Dios y les hacían advertencias al pueblo. Por lo que Habacuc necesitaba hacer esto no solo para sí, sino porque él era el responsable de advertir al pueblo. Él necesitaba saber ¿Qué es lo que está diciendo Dios?

“¿Qué es lo que está pasando allá afuera? Ese es el trabajo de un centinela y es crucial que esté atento en su puesto para que pueda alertar sobre el peligro. Madres, ustedes son las centinelas de sus hijos, tienen que estar en esa torre.

Necesitas ir a tu torre y escuchar lo que Dios tenga que decirte acerca de sus hijos. ¿Estás solamente criando a tus hijos? ¿Los estás solamente vistiendo, alimentando, llevándolos al piano y al ballet a tiempo?

O estás sacando el tiempo para decir:

  1. Dios, ¿qué quieres para este niño?
  2. ¿Qué debo enseñarle?
  3. ¿Qué es lo que tengo que supervisar en sus vidas?
  4. ¿Cómo los necesito entrenar?
  5. Señor, ¿cómo quieres que lidie con esta situación?

Mantente alerta ante la posibilidad de un peligro, buscando el conocimiento de Dios para que les puedas enseñar a otras y para que veas lo que Dios está haciendo y les puedas decir a otros.

El Salmo 85 versículo 8 dice, “ «Yo voy a oír lo que Dios mi Señor me va a decir»” (parafraseado). Esa es la postura. Esa es la actitud. Déjenme recordarles que, como mujeres de Dios, necesitamos oír lo que Dios nos va a decir antes de que seamos Sus voceras.

No trates de enseñarle a tus hijos los caminos de Dios si no has estado escuchando lo que te ha estado diciendo a ti. No trates de corregir a tu marido o de arreglar sus cosas si no has subido a la torre de vigilia, sino te has puesto en guardia y has estado atenta a lo que Dios te va a decir.

Habacuc dijo, “ «Yo voy a mirar para ver qué Él me va a decir a mí».” Es un ajuste que me está ayudando en mi tiempo con Dios porque siempre estoy preparando mensajes para otras personas, PERO tengo que subir a mi torre, ponerme en guardia y ver lo que Dios me va a decir a mí.

Comencé a estudiar el libro de Habacuc hace meses atrás, viviendo en él, meditando en él. Yo sabía que quería hacer una serie, pero primero tenía que esperar a ver lo que Dios me iba a decir a través de este libro.

Dios me ha estado hablando en mi torre, durante mi vigilia y espero que, lo que Dios me esté diciendo, sea de bendición para ustedes. Eso es lo que es el ministerio: es un derramarnos en otros luego de habernos encontrado con Dios primero.

Esa es la actitud que vemos en Proverbios capítulo 8 versículo 34 donde se habla de la sabiduría. “Bienaventurado el hombre que me escucha, velando a mis puertas día a día, aguardando en los postes de mi entrada.”

¿Es esa la actitud que tienes para con Dios cuando te está hablando? “Voy a escucharlo. Voy a velar todos los días. Voy a estar a la expectativa esperando que Dios me hable.”

Habacuc dice, “ «Voy a tomar mi puesto en la torre».” Esa no es la imagen de mi tiempo con Dios últimamente. A veces cometo el error de tratar de tener mi tiempo de silencio, de quietud con Dios en la cama y es ahí verdaderamente cuando mi tiempo con Dios se torna bien callado.

No estoy diciendo que tienes que hacer tu tiempo devocional de pie, lo que digo es que hay una postura espiritual, de estar alerta, de estar presente, de estar despierta, de estar conectada. El Salmista dice, «Despierta mi alma»” .

Es como sacudirte a ti misma y decir “necesito estar alerta y necesito estar conectada.” Imaginate a un centinela dormido en su puesto y, cuando el enemigo se vislumbra en el horizonte, él no lo ve. Hay vidas que podrían ponerse en peligro.

Madres, quiero decirles que hay vidas corriendo peligro espiritualmente hablando. Si no tomas el tiempo, cada día, de mirar y ver lo que Dios te dice sobre tu vida y sobre la de tu familia podrían correr peligro. Necesitas estar alerta ante cualquier peligro espiritual que se presente en tu hogar.

No puedes vivir la vida haciendo cosas y corriendo de aquí para allá y manteniéndote ocupada, corriendo todo el tiempo y esperar tener la sabiduría de Dios para la vida de tus hijos.

Algunos de tus hijos van a terminar en problemas porque no tuvieron una mamá que se mantuvo alerta. Una mamá todo el tiempo en guardia esperando la dirección de Dios. Dios te da advertencias en su Palabra para la vida de tus hijos.

No digo que si mantienes esa actitud ninguno de tus hijos va a meterse en problemas. Lo que digo es que hay cosas que se pueden evitar en tu vida y en las circunstancias de aquellos a quienes amas si tomas el tiempo para estar alerta, despierta y conectada con lo que Dios tiene que decirte.

Lo que Habacuc vio en la torre de vigilia cambió su vida. En los próximos días, veremos que cuando Habacuc bajó de la torre no era el mismo hombre que cuando subió.

Lo que vio transformó su vida y así ha sido con muchos otros a lo largo de las Escrituras. Pienso en el profeta Isaías por ejemplo. En el capítulo 5 vemos al profeta Isaías anunciando aflicciones a la nación y todas estas cosas —con las que los condenaba y los juzgaba— y son cosas que deben tomarse muy en serio.

Pero cuando, en el capítulo 6, Isaías dice “ «Vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y sublime..”.» (ver Isaías 6:1-5). Isaías salió transformado de esa experiencia. Tenía una perspectiva totalmente nueva de Dios y de lo que pasaba en el mundo a su alrededor.

Mira a Job también. Durante los primeros 37 capítulos Job lucha por entender su sufrimiento. Él está luchando con Dios, reclamando su inocencia y llega a un punto donde él dice “¡Yo no merezco esto!”

Visto desde la perspectiva humana, Job no merecía eso. Pero a partir del capítulo 38, Job ve a Dios. Job oye a Dios. Job se queda lo suficientemente callado como para dejar que Dios hable y, en el proceso él obtiene la perspectiva que Dios tiene de su sufrimiento.

Cuando sale de él mismo, él no es el mismo hombre. Todo se ve diferente. Todo es diferente. Él tiene esperanza, tiene fe y tiene gracia. Tiene todo lo que necesita para seguir adelante, no solo como un sobreviviente sino como un triunfador que ha visto a Dios.

Él dice, «“Oh, Señor, antes de estas circunstancias, de oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven”». (Job 42:5) Él tiene una nueva perspectiva, no solo de Dios sino de sí mismo. Él ya no se ve como una víctima inocente.

Él se ve como un pecador que necesita la gracia y la misericordia de Dios. Esto pasó porque fue a su torre de vigilia y tomó el tiempo para escuchar a Dios.

En el capítulo 1, Habacuc está cuestionando; está retando a Dios; está perplejo. En el mejor de los casos, está confundido, quizás hasta desilusionado, incómodo y aún peor. “Señor, ¿por qué no oyes? ¿Por qué clamo y no salvas?”

En el capítulo 2, él oye a Dios. Llega a un punto en el que Dios le puede hablar. Vamos a ver ese mensaje y el resto del capítulo 2 en los próximos días, pero les adelanto que no es un mensaje fácil.

Lo que él ve, lo que él oye cuando sube a la torre no es fácil de escucharlo. No es lo que él estaba esperando, pero esa verdad lo libera. Cuando baja de la torre y llegamos al capítulo 3, su corazón está tranquilo, está quieto y callado. Ya no contiende con Dios.

Él todavía no lo entiende todo. Si así fuera, sería Dios, pero ahora no tiene los puños apretados contra Dios, no tiene furia —solo asombro, temor, humildad, confianza y alabanza. Él puede incluso cantar en medio de las pruebas.

¿Dónde se produce este giro en los eventos? En el capítulo 2 versículo 1, “ «Voy a ir a mi torre. Me voy a poner en guardia. Voy estar pendiente a lo que Dios me va a decir».”

Por lo que, ¿qué es la torre de vigilia? Es un corazón enfocado en Dios, un corazón que se levanta por encima de las voces, de los ruidos y del clamor de este mundo.

Habacuc le dio un discurso a Dios. Eso fue en el capítulo 1. Pero ahora, se calla. Escucha. Espera oír de Dios y eso lo transforma todo. Cuando llegas al punto en el que paras de hablar, escuchas, y esperas, y ves lo que Dios te va a decir — te digo que desde esa postura todo se transforma.

Carmen: ¿Has pasado mucho tiempo en la torre? Nancy Leigh DeMoss ha explicado por qué es tan importante para nosotras conectarnos con Dios todos los días en oración y a través de Su Palabra.

Hoy, Nancy explicó el por qué es tan crucial. Deja que ella ahora te explique cómo pasar más tiempo con el Señor también.

Lee su libro “ «En la quietud de Su presencia»”, Te proveerá estrategias acerca de cómo sacarle provecho a la Biblia. Te enseñará a desarrollar hábitos consistentes y también te ayudará con las distracciones que, usualmente, nos asaltan. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita. Si vives en los EEUU o Canadá puedes ordenarlo a través de la pagina ReviveOurHearts.com, o llamando al 1-800-569-5959.

No sé si ya le habías dedicado tiempo al libro de Habacuc, pero —como hemos visto esta semana— toca muchos tópicos que nos son útiles a las mujeres: abarca desde la duda hasta la vida devocional; dos temas muy importantes.

Mencioné, al principio, cuán crucial era para un profeta el escuchar a Dios. Bueno, es crucial para nosotras también, pero oímos las cosas de Dios de forma distinta a como lo escuchaba un profeta como Habacuc. Escucha más de esto en el próximo programa.

Nancy va a orar para que seamos como Habacuc y estemos atentas ante la acechanza de cualquier peligro tanto para nosotras como para los demás.

Nancy: Señor, nos mostrarías lo que significa para nosotras el estar alerta en nuestras torres, el estacionarnos en una torre y esperar a ver lo que nos vas a decir? Muéstranos cómo hacer eso en medio del clamor, de los ruidos y de las ocupaciones de nuestros días.

Ayúdanos a hacer todo lo que sea necesario para poder encontrarnos contigo, para poder escucharte. Gracias porque desde esa posición Te vas a revelar a Ti mismo y nos vas a revelar Tus caminos. Cámbianos. Cambia nuestra perspectiva. Cambia nuestras vidas mientras te buscamos para ver lo que Tu tienes que decirnos. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

Jul 8 – Amando la disciplina

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 8 – Amando la disciplina

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/amando-la-disciplina/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Si eres hija de Dios, cuando la disciplina de Dios viene a tu vida, no es punitiva. Su intención no es destruirte. Su meta al castigarte es la de restaurarte. Un castigo restaurador para hacernos más santas.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Cuando pasan cosas malas en tu vida, ¿piensas en que Dios está enojado u empecinado contra ti? Hoy vamos a determinar si ese punto de vista es el acertado mientras Nancy continúa el estudio del libro de Habacuc: del temor a la fe.

Nancy: Estamos tratando de entender algunos conceptos un poco fuertes, conjuntamente con Habacuc, el profeta del Antiguo Testamento, que vio a su alrededor y dijo «Dios, hay tantas cosas sucediendo entre tu pueblo que me preocupan. Lo que más me preocupa es «que no pareces estar haciendo nada al respecto». Estoy orando y suplicándote, pero no pareces estar activo. Más bien pareces estar pasivo».

Dios le dice «Espera un minuto, Habacuc. He estado escuchándote. De hecho, estoy trabajando en tus días. Quiero que mires. Quiero que veas. Abre tus ojos y vas a ver lo que estoy trabajando. Pero cuando te diga lo que estoy haciendo, podrías no creerlo».

En la última sesión vimos la descripción dada por Dios de los caldeos (de los babilonios es otro nombre para los caldeos) – un grupo terrorista, fiero, violento, viciado, sin escrúpulos que Dios dijo que iba a levantar como respuesta a las oraciones de Habacuc. Dios dice que estos babilonios, estos caldeos, van a apoderarse del mundo. Van a tomar a Judá. Van a ser Mis instrumentos para santificar a Mi pueblo. Ahora bien, esa no era la respuesta por la que estaba orando Habacuc.

Después de nuestra última sesión, Kendra vino y me recordó que son muchas las personas que temen orar por miedo a como Dios vaya a responder sus oraciones. Kendra, ¿por qué no compartes con todas lo que me dijiste? Creo que es una buena observación.

Kendra: Bueno, es que mucha gente me dice «cuidado con lo que pides». Mi respuesta es que es una mortificación innecesaria porque no tenemos que tener cuidado cuando oramos y pedimos. Dios nos ama con un amor perfecto. El amor perfecto elimina todo temor.

No tenemos que temer lo que Dios vaya a hacer en la vida de las personas a quienes amamos. Somos libres de orarle y pedirle a Dios que haga todo lo que Él necesite hacer. Él puede levantar caldeos en la vida de nuestros seres queridos, pero Él tiene un amor perfecto hacia nosotras. Él es santo. Él no hará cosas equivocadas -o con las motivaciones erradas- como nosotros pudiéramos hacerlo. De modo que si podemos confiar en Dios.

Nancy: Gracias, Kendra. Pienso que Kendra tocó un punto crítico que cada madre ha sentido alguna vez. «Si oro para que Dios haga su voluntad en la vida de mis hijos, si oro para que mis hijos se arrepientan o mi marido o cualquier otra persona a la que amo, ¿qué implicaciones tendría? ¿Qué podría hacer Dios? Algunas veces hay ese miedo que hace que nos contengamos ante Dios.

Vamos a ver en Habacuc que la persona que cree en Dios no tiene por qué tener miedo. No tienes por qué retraerte de miedo si confías en que Dios es bueno, en que Dios es maravilloso, en que Dios es soberano, que Dios es sabio y que Dios ama a tus seres queridos más de lo que podrías amarles tú. Él sabe exactamente lo que se necesita en sus vidas. Por lo que si de hecho levanta a los caldeos en sus vidas para responder tus oraciones, no tienes que asustarte por eso.

Ahora, vamos a ver que Habacuc sí tiembla. Y es que no quiere decir que vaya a ser fácil, pero lo que sí significa es que tus pies van a estar bien plantados. Puedes confiar en el Señor aunque los caldeos sean levantados.

En este punto de nuestro recuento, en Habacuc capítulo 1, Habacuc está profundamente mortificado por la respuesta de Dios. Dios le ha dicho «estoy levantando a los caldeos, pueblo feroz e impetuoso». Esta no era, para nada, la respuesta que él estaba esperando.

Es incomprensible para Habacuc que Dios use gente tan mala como los caldeos para lidiar con el pecado dentro de Su pueblo. Por lo que la respuesta de Dios a las preguntas de Habacuc trae más problemas que soluciones.

Dijimos que Habacuc quiere decir «luchador, uno que lucha». Él está luchando con estas preguntas y está batallando con Dios tratando de entender -dentro de la sabiduría inescrutable de Dios- qué es lo que está pasando y cómo Dios pudo hacer esto.

Por lo que en el versículo 12 de Habacuc, capítulo 1, Habacuc le responde a Dios. Dios acaba de decir «estoy levantando a los caldeos». Habacuc le dice en el versículo 12 «¿No eres tú desde la eternidad?» Imagino que, luego de que Dios terminara con esta larga descripción de cómo eran los caldeos, hubo una pausa prolongada. Fue como que Habacuc se quedó sin aliento. Luego, dijo «¿No eres tú desde la eternidad, oh Señor, Dios mío, Santo mío? No moriremos».

Por lo que, ¿qué hace Habacuc? Él regresa a las cosas que conoce como verdaderas cuando ve su mundo sacudirse y Dios le da una respuesta asombrosa. Dios le dice «Cuando veas esto, cuando oigas de esto que estoy haciendo, no lo vas a creer». Habacuc reacciona con un «Estás en lo cierto. Me has dejado sin aliento». ¿Cómo puede Dios levantar estos terroristas para que se apoderen de nuestra nación?

De repente, no está preocupado por el pecado de su pueblo que originó todo esto. Ahora, lo que le concierne es la devastación a la que van a ser sometidos. Por lo que en este torbellino, en este torbellino de emociones y pensamientos, Habacuc regresa a las cosas que conoce. ¿No eres tú desde la eternidad, oh Señor, mi Dios, Santo mío?» ¿Qué es lo que Habacuc está diciendo? «Dios, te conozco. Tú eres desde el principio. Eso es algo de lo que sí estoy seguro.

  • Tú eres inmutable (es la implicación aquí)
  • Tú no cambias.
  • Tú carácter es siempre el mismo.
  • Tú mantienes Tus promesas.

Y él luego continúa diciendo «Tú eres el Señor. Eso quiere decir el Dios soberano. Tu eres mi Santo. Eres santo en esencia». Es como si lo estuviera repitiendo para sí «Esto es lo que sé que verdadero sobre Dios».

Eso es algo muy bueno cuando tu cabeza te da vueltas y estás confundida con lo que están pasando a tu alrededor. Regresa a lo que sabes que es verdadero. Una cosa es el carácter de Dios. ¿Qué sabes del carácter de Dios? Ensáyalo, repítelo. Dile a Dios lo que sabes.

Luego, el pacto de Dios. Él dice «Tú eres mi Dios». Tenemos una relación de pacto. «Tú mantienes tus pactos. Tú vas a mantener Tu pacto con Tu pueblo». Es por eso que dice «No moriremos».

«Dios, puedes disciplinarnos. Puedes castigarnos, pero Tú no nos vas a destruir. No va a haber un cataclismo, un juicio final contra aquellos que son, verdaderamente, Tu pueblo. No vamos a morir, de eso estoy seguro. Somos hijos del pacto, aquellos que hemos creído en Ti».

Por lo que él revisa de nuevo el carácter de Dios, el pacto de Dios y -luego- las opciones de Dios. En el versículo 12 continúa,

Oh, Señor, para juicio lo has puesto; Tú, oh Roca, lo has establecido para corrección.

La mente de Habacuc está procesando lo que Dios le ha dicho.. Él está reconociendo lo que Dios le acaba de decir.

«Ok está bien, los caldeos son un instrumento en las manos de Dios para castigar, para disciplinar, para redargüir a Su pueblo. Los has destinado para juicio. Los has castigado». Esto es lo que Dios está haciendo. Habacuc está repitiéndole a Dios lo que Dios le acaba de decir.

«Dios déjame ver si entendí. Estoy de acuerdo Contigo. Reconozco que lo que dices es verdad y que Tu mano está en esto. Esto no es un accidente.. No te has quedado dormido. No te has caído de Tu trono. No has abdicado el gobierno de este mundo. Lo has organizado.» Y Habacuc reconoce la soberanía de Dios.

Él reconoce la necesidad de redargüir al pueblo de Dios; de castigarlos y disciplinarlos. Él cae en cuenta de que Dios no va a permitir que Su pueblo siga pecando indefinidamente. ¿No era eso lo que le preocupaba a Habacuc en un principio?

«Dios, cómo puedes mirar todo esto y no hacer nada al respecto?» Dios le contesta «Estoy haciendo algo al respecto». Habacuc continúa «Oh, veo que lo que estás haciendo es que vas a reprobarlos. Los vas a disciplinar. Vas a castigar a Tu propio pueblo». No pases por alto, a medida que lees este pasaje- que Habacuc está en lo correcto; la intención de Dios es únicamente castigar a sus hijos, no demolerlos o destruirlos.

Si eres una hija de Dios, cuando la disciplina de Dios llegue a tu vida, no es punitiva. Su intención no es la de destruirte. Su meta es castigarte para poder restaurarte – el castigo tiene la intención de restaurar para hacernos más santas. Eso es lo que se dice en Hebreos capítulo 12 acerca de la disciplina, el castigo de Dios. Él nos castiga para que seamos copartícipes de Su santidad.

Por lo que Habacuc se identifica con los propósitos de Dios. «Señor, has determinado su juicio. Has decidido reprobarlos y castigarlos. No vamos a morir, pero Tú vas a disciplinarnos».

Pero también ten en cuenta que Dios escoge el medio y el método de disciplina que Él considera el mejor. Tienes que dejarle eso a Dios. Habacuc no hubiera escogido a los caldeos para castigar a los judíos. Quizás para el resto de las naciones paganas sí, pero no para los judíos. «Señor, yo se que necesitamos un castigo, pero hubiera escogido otro instrumento.» Dios le dice «Déjamelo a mí.»

Por lo que Habacuc dice «OK, Dios, ya entendí. Se que eres Dios y se que Tu no cambias. Sé que Tú mantienes tu pacto. se que estás castigando a tu pueblo. Señor, no lo entiendo, pero lo creo. Lo veo. Has hecho todo esto para usar a los caldeos como castigo y los utilizarás como instrumento de castigo. Esto no es un accidente. Esto no está fuera de Tu control».

Pero todavía no lo asimila. No le parece que un Dios recto y santo utilice este medio. Por lo que en el versículo 13 dice: Dios déjame entender esto «Muy limpio son tus ojos para mirar el mal, y no puedes contemplar la opresión». Eso es algo que siempre he sabido de TI. Tú eres Santo». Habacuc tiene un profundo conocimiento de la santidad de Dios.

Por cierto, esta es una de las razones por las que creo que no luchamos más profundamente con las cosas espirituales: porque no entendemos mucho la santidad de Dios. Por eso lo que pasa en este mundo no nos molesta demasiado porque estamos «curadas»; estamos vacunadas. Estamos acostumbradas. Nuestros ojos están acostumbrados a la oscuridad. Habacuc no tenía sus ojos acostumbrados a la oscuridad. Él sabía que la santidad de Dios era pura.

«Dios, Tú no te complaces en la maldad. No puedes mirar lo mal hecho». Leemos esto en Salmos 5 en los versículos 4-5 donde el Salmista dice: » Porque tú no eres Dios que se complace en maldad; el malo no habitará junto a ti. Los insensatos no estarán delante de tus ojos; aborreces a todos los que hacen iniquidad».

Por lo que Habacuc dice «Dios, si eres santo, pero esto me deja perplejo. No tiene ningún sentido». Él está buscando una explicación lógica. y él continúa en el versículo 13 ¿Por qué entonces toleras a los traidores? ¿Por qué guardas silencio mientras los impíos se tragan a los justos

Él empezó diciendo «Señor, sé que mi gente no es correcta. Sé que necesitan cambiar. Sé que necesitan ser disciplinados, pero ahora dices que el instrumento de tu reprimenda van a ser los malvados caldeos. O sea, Dios, somos malos, pero ellos son malvados. ¿Cómo puedes estar ajeno y quedarte callado cuando estos malvados caldeos acaben con otros que son más justos que ellos?

Cuando Habacuc empezó a quejarse, al principio del libro, no estaba llamando «justos» a los judíos, pero ahora cambia la cosa un poco. De buenas a primeras, en comparación con los caldeos, los judíos son bastante buenos aunque hayan estado destruyendo, luchando, discutiendo y todo los peyorativos que usó en el primer párrafo del libro. Pero ahora, se ven de lo más bien en comparación con los caldeos.

Por lo que la conducta de Dios (al usar a los caldeos para disciplinar a los judíos) no parece ser consistente con lo que Habacuc sabe del carácter y de los caminos de Dios. Aquí es donde te preguntas si no está dejando que la auto-justicia lo contamine. Yo sé lo que eso hace en nuestros corazones. El profeta siente que la gente de Judá es más justa que los caldeos. Creo que está demostrando que no se está dando cuenta de que tan seriamente Dios ve el pecado en Su pueblo.

De hecho, el pueblo de Dios es más responsable porque tiene la ley de Dios. Ellos conocen a Dios. Dios se les ha revelado. Dios hasta puede que esté tomando más seriamente el pecado de Su pueblo que la maldad de las naciones paganas.

Dios toma todo pecado seriamente, pero hay algo dentro de nosotras que dice «Dios puede que tengamos algunos asuntos y necesidades, pero no tan malas como el instrumento que estás usando para corregirnos». Por lo que aquí tienes una esposa que tiene necesidades espirituales y quiere que Dios se encargue de ellas, pero se queda pasmada cuando Dios usa a su «no-tan-santo-marido» como instrumento para su santificación. «Dios eso no me parece correcto. Eso no me parece justo».

Pero esta calle tiene dos vías. No hace mucho recibí un correo de un esposo -tenemos algunos hombres que nos escriben a Aviva Nuestros Corazones — y él nos rogaba que oráramos por su matrimonio. Él y su esposa se habían separado, quizás hasta divorciado si no recuerdo mal .

Él estaba rogándole a Dios una reconciliación con su esposa. Quería que supiéramos que iba en serio con todo esto. Por lo que envió una carta de dos páginas en la que hacía listas, y decía «Mis pecados son…» Él fue bastante honesto acerca de sus fracasos y las fallas en su matrimonio. Luego dijo «Los pecados de mi esposa son…»

Bueno, mientras leía la lista -estoy segura de que no fue intencionalmente- pude notar que ella tenía más pecados que él. Los de ella eran tan malos como los de él, pero peor aún y las esposas hacen esto también, ¿no es así ? No estoy señalando a ese esposo. Lo que estoy diciendo es que tenemos la tendencia de decir yo tengo fallas pero mi pareja realmente tiene fallas.

En esa carta nos decía «quería ir a consejería, pero mi mujer no. Estoy dispuesto a lidiar con nuestros problemas, pero mi mujer no. Él estaba haciendo comparaciones y creo, que desde un corazón genuino, pero así es que pensamos. «Señor, tengo fallas, ¿pero cómo puedes usar a alguien peor que yo como instrumento para lidiar con mi vida?»

Pensando en este correo, pienso que Dios ha traído un caldeo a su vida: su esposa. Por supuesto, que si le preguntáramos a ella, quizás ella diría «aquí están mis pecaditos y aquí están todos los de él» por lo que eso depende del ojo con el que se mire.

Aunque estuviera un 100% en lo correcto, Dios quizás esté usando a su «mala mujer» como instrumento para quebrantarlo y llevarlo a la humildad y al arrepentimiento. A veces parece medio enredado que Dios trabaje así, ¿no es cierto?

Por lo que Habacuc le dice a Dios en el versículo 14 me está dando trabajo entender esto. «¿Por qué has hecho a los hombres como peces del mar, como reptiles que no tienen jefe? Ahí tienes una ilustración de qué tan indefensos están los insectos y los peces que nadan en el mar.

Luego, en los versículos 15 y 16 dice. «A todos los saca (aquí habla del imperio Babilónico) con anzuelo el pueblo invasor, los arrastra con su red y los junta en su malla. Por eso se alegra y se regocija, por eso ofrece sacrificio a su red y quema incienso a su malla, pues gracias a ellas su pesca es abundante, y suculenta su comida».

Por lo que aquí tienes a la gente malvada que Dios usa como instrumento para castigar a Su pueblo y la gente malvada se sale con la suya. De hecho, hasta se están enriqueciendo en el proceso.

Somos como esos peces nadando en el océano o como esos insectos indefensos que encontramos por ahí y ahí viene el rey de los babilonios. Lanza su anzuelo y saca uno tras otro. O sea, nos están matando y se están enriqueciendo mientras lo hacen.

Es más, los babilonios están felicitándose por su prosperidad y su capacidad militar. Son auto-suficientes. No piensan en nada ni en nadie. O sea no tienen a un Dios. Y Habacuc está diciendo «Dios, no tiene sentido que uses a gente como esa».

Versículo 17: «¿Vaciará, pues, (Babilonia) su red y seguirá matando sin piedad a las naciones?»

¿Alguna vez te has encontrado llorando en el medio de problemas en tu matrimonio o en asuntos relacionados con tus hijos o en el trabajo y preguntas : «Señor, ¿y es que esto no se va a acabar? Me va mejor si me separo. Les va mejor si lo hago. Vamos en la dirección equivocada. ¿Cuánto más durará esto?»

Al Habacuc protestar por lo que le parecía un injusto e incomprensible acto de parte de Dios, Habacuc corre el riesgo de olvidar qué tan pecaminoso es el pueblo de Dios y qué tan merecedores son de ser disciplinados porque «no son tan malos comparados con los caldeos».

El problema es que Habacuc está viendo las cosas, solamente, desde su perspectiva. Si pudiera verlo desde la perspectiva de Dios, vería lo que dijimos hace unos momentos atrás «que el pueblo de Dios es más responsable. A los ojos de Dios su condición es tan seria como la de los caldeos».

¿Verdad que es fácil para nosotras excusar nuestro propio comportamiento? Podrías decir » Pero Señor, mi marido fue que cometió adulterio. Yo solo soy orgullosa». Las Escrituras dicen que Dios se opone y resiste a los orgullosos. Dios odia el orgullo. Está en la lista como uno de los peores pecados. El adulterio no está en la lista que está en Proverbios capítulo 6, pero el orgullo sí.

Por lo que tenemos la tendencia de compararnos con aquellos que son peores como un escape a nuestra propia responsabilidad y protestamos diciendo «Dios, no me parece bien que uses a esa gente tan malvada cuando yo solo… solo soy orgullosa. Dios quiere que veamos que ese orgullo o el pecado que sea en tu vida hay que enfrentarlo. Dios sabe con cuál instrumento lo va a hacer.

Es en este punto que algunas personas se amargan contra Dios. Lo eliminan de sus vidas y dicen «me harté». Si así es como Dios va a ser conmigo, si así es como va a comportarse, si ese es el instrumento que va a usar, no pienso tratar con Él».

Eso o actúan como que si estuvieran lidiando con Dios, pero mecánicamente. «Sí, voy a seguir yendo a la iglesia. Voy a seguir trabajando duro. Voy a seguir haciendo mis deberes cristianos, pero no voy a comprometerme con un Dios que se comporta de esta manera». Ese es el camino que mucha gente escoge. Se echan para atrás en lugar de insistir y seguir adelante en la fe.

Habacuc se ve en esta encrucijada. Él puede escoger sentir miedo y rabia o puede escoger fe, esperanza y rendición . Habacuc ve que esta situación tan incomprensible es en realidad una oportunidad de llegar a conocer mejor a Dios. Por lo que dice por fe «Voy a seguir adelante. No entiendo nada, pero voy a mantenerme comprometido con Dios».

Y por eso tenemos el capítulo 3 de Habacuc. Siéntete en libertad de leerlo hasta el final para que veas el gozo tan espectacular que sale del corazón de Habacuc. ¿Sabes por qué? Porque estuvo dispuesto a caminar durante el proceso, a quedarse aferrado a Dios, no a amargarse, sino a decir «voy a seguir caminando por fe aunque no pueda ver».

Señor te oro para que nos ayudes a continuar conociéndote, viéndote y explorando Tus caminos, buscando Tu corazón y dejando que hagas lo que consideres necesario en nuestras vidas; en las vidas de aquellos que amamos, lo que sea que eso signifique, parezca y tome. Toma el control y se Tu con nosotros, oh, Dios. Oro en el nombre de Jesús, amén.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a darle sentido a esos pasajes difíciles que encontramos en Habacuc. Tal y como lo acaba de decir, ya veremos el gozo que brota del corazón de Habacuc. Si necesitas esa clase de gozo, quédate con nosotras.

También escudriña Habacuc por tu propia cuenta… De esta forma, puedes profundizar y encontrar lo que dice acerca de tu situación.

Si te has perdido algunos de los programas visita nuestra página AvivaNuestrosCorazones.com.

En los días de Habacuc, los soldados se quedaban de guardia (en las torres de control) con los ojos bien abiertos por si se acercaba el enemigo. Entérate de por qué el profeta subió a una de esas torres y el por qué debes hacerlo tú también. Nancy te lo mostrará en el programa de mañana.

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Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Esperaré, Andy Mercedes, Caminando En Fe ℗ 2012 Andy Mercedes

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¿DIOS nos TIENTA?

Teología Express

¿DIOS nos TIENTA?

Juan Manuel Vaz

🎥 Vídeo: ¿Dios nos tienta?
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¿Dios nos tienta?, Tentación de Dios
Dios les bendiga. Soli Deo Gloria

Jul 7 – Respuestas inesperadas

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Habacuc: del temor a la fe

Jul 7 – Respuestas inesperadas

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/respuestas-inesperadas/

Nancy Leigh DeMoss: Dios no hace las cosas como nosotros las haríamos. Si supiéramos cómo escribir este guion, entonces seríamos Dios, y no necesitaríamos a Dios.

Pero Dios nos dice, «Tú no eres Dios. Yo soy Dios. Yo estoy escribiendo este guion. Yo sé lo que estoy haciendo». Aquí es donde tienes que confiar en que Dios sabe lo que está haciendo y que Él tiene un propósito y su propósito es bueno.

Carmen Espaillat: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy ha estado en una serie llamada Habacuc: del temor a la fe . Ha sido asombroso ver cómo las preocupaciones de un profeta del Antiguo Testamento se parecen mucho a los de nuestros días.

¿Por qué permite Dios que pasen cosas malas? ¿Es Él realmente bueno? ¿Puedo confiar en Él? Nancy continuará explorando las preguntas de Habacuc- y quizás las tuyas también.

Nancy: Espero que ya hayas encontrado en tu Biblia el libro de Habacuc- ese pequeño libroestá hacia el final del Antiguo Testamento, escrito alrededor de 600 años antes de Cristo.

Estamos pasando varias semanas caminando despacio, tomando nuestro tiempo, yendo versículo por versículo, frase por frase a través del libro de Habacuc porque en este pequeño libro, están las semillas de muchos temas bíblicos poderosos y verdades del Nuevo Testamento.

De hecho, vamos a ver las semillas del Evangelio en el libro de Habacuc. Vamos a ver la evidencia de Cristo en el Antiguo Testamento al estudiar el libro de Habacuc, y estamos aprendiendo mucho del corazón y de los caminos de Dios.

Hemos visto que Habacuc era un profeta de Dios. Era un hombre que tenía una carga en su corazón mientras miraba a su alrededor y veía la violencia y la injusticia y la opresión y la lucha que había entre el pueblo de Dios. Él vio al pueblo de Dios hacer alarde de su ley, rompiendo las leyes y nadie haciendo nada al respecto; la gente que se suponía debía estar a cargo no estaba haciendo nada.

Luego Habacuc miró hacia arriba y dijo, «Dios, tampoco parece que Tú estés haciendo algo al respecto». Él le hizo a Dios unas preguntas sinceras y honestas, «Dios, ¿por qué estás permitiendo que estas cosas pasen entre Tu pueblo? ¿Por cuánto tiempo oraré a Ti y no harás nada?

Bueno, después de que Habacuc ha derramado su corazón delante Dios en el primer párrafo del capítulo 1, Dios le responde a Habacuc, y le dice (como vimos en la última sesión) en el versículo 5 de Habacuc capítulo 1 : «Mirad entre las naciones, y observad.» En otras palabras, «abre tus ojos. Ten una perspectiva amplia. Obtén una visión más grande. Has estado muy limitado solo viendo lo que está pasando a tu alrededor. Levanta tus ojos».

«Mira y ve lo que estoy haciendo entre las naciones…porque estoy haciendo una obra en tu día que no lo creerías si te lo dijeran». Lo que Dios le está diciendo a Habacuc es, «Esto es algo que si lo pudieras ver y si lo supieras, te maravillarías. Te asombrarías de ver lo que estoy haciendo».

Dios desafía a Habacuc, «Mira lo que estoy haciendo. Observa que sí estoy obrando en tus días. No estoy dormido. No soy pasivo. No soy indiferente a tu apuro. Si estoy interesado. Y si estoy obrando».

Espero que, al mirar tu propia vida, esto te anime. Pienso en unos correos electrónicos que recibimos aquí en Aviva Nuestros Corazones, y nos encanta recibir esos correos. Tenemos un equipo de personas que ora por esas peticiones.

Pero algunas de ellas parecen no tener esperanza- mujeres que están enterradas en circunstancias de la vida que son realmente muy desesperantes. Nuestro corazón late con ellas, y clamamos y decimos, «¡Oh Señor, ayúdalas! ¿Qué se puede hacer?»

A veces parece que en medio de esas circunstancias estas mujeres sienten que no está pasando nada. Nada está cambiando. Estoy orando, pero Dios no está haciendo nada. Dios nos tranquiliza. Él dice, «Estoy obrando en tus días- en este mundo. Estoy obrando. Confía en mí. Yo sé lo que estoy haciendo, estoy obrando».

Ahora bien, mientras Dios le contesta a Habacuc y le dice, «Estoy escuchando tu oración, y estoy obrando,» Habacuc tenía una noción preconcebida acerca de cómo Dios le contestaría sus peticiones.

No estamos seguras de qué era lo que él esperaba , pero sí sabemos que lo que Dios procede a decirle no es lo que él esperaba. Habacuc pudo haber sido un niño durante los días del rey Josías, quien, si no recuerdo mal, fue el último rey bueno en Judá.

Y un hombre que daba honor a Dios, y bajo el reinado de Josías hubo un avivamiento. Dios trajo al pueblo a un lugar de arrepentimiento- a amar la Ley de Dios. Fue un tiempo de avivamiento espiritual en Judá.

Ahora vemos que Habacuc ya es un hombre adulto, y clama al Señor, y está viendo que el pueblo se está descarriando -otra vez. Me pongo a pensar si quizás él estaba esperando que Dios respondiera su oración mandando otro avivamiento para tratar con la corrupción y la maldad entre el pueblo de Dios.

Lo que fuera que él estaba pensando, lo que fuera que él estaba esperando, Habacuc no estaba preparado para la respuesta cuando Dios finalmente le da la respuesta a su oración. Dios le dice en el versículo 5, «haré una obra en vuestros días que no creeríais si se os contara,» y esa declaración termina siendo una descripción insuficiente de lo que realmente vendría.

Porque después que Dios le dice esto, Habacuc le dice , «Estas en lo cierto, ¡no lo creo!» Mira el versículo 6 del capítulo 1 de Habacuc. «He aquí» Dios le dice, «Yo levanto a los caldeos». Algunas de sus Biblias dicen los babilonios. Es lo mismo -los caldeos son los babilonios.

«Estoy levantando a los caldeos, esa nación feroz e impetuosa, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas».

Ahora, mira el panorama aquí. Habacuc está en Judá derramando su corazón delante de Dios acerca de la condición del pueblo de Dios. Se lamenta por la corrupción de la justicia que está ocurriendo entre el pueblo de Dios.

Al mismo tiempo, a 900 millas en Babilonia, Dios está organizando los eventos para contestar la petición de Habacuc- pero de una manera que Habacuc nunca lo hubiera soñado.

Dios le dice, «Estoy levantando a los caldeos». Ahora, en ese momento, como dijimos antes en la serie, los asirios eran el poder dominante del mundo, pero los babilonios, los caldeos apenas comenzaban a tener poder.

Estaban empezando a conquistar naciones. Unos 15 o 20 años después, tomarían el control sobre Judá. Pero era un pueblo muy poco conocido para Habacuc. Realmente no le era familiar. Es como cuando escuchas de una guerra en algunos países del mundo, y dices, «me parece que escuché de ese lugar cuando estaba en octavo grado en la escuela , pero no sé exactamente dónde está ese país».

Estos caldeos comienzan a hacerse más importantes a hacerse más poderosos, y luego Dios continúa describiendo cómo eran los caldeos (ya que Habacuc realmente no los conoce) .

Quiero leerles del versículo 6 al 11, y mientras lo hago, escuchen las características de los Caldeos. Dios dice que era un:

«Pueblo feroz e impetuoso, que marcha por la anchura de la tierra para apoderarse de moradas ajenas, imponente y temible es; de él mismo proceden su justicia y su grandeza.

Sus caballos son más veloces que los pardos y más astutos que lobos al anochecer. Al galope vienen sus jinetes, sus jinetes vienen lejos, vuelan como águila que se precipita a devorar.

Vienen todos ellos para hacer violencia, su horda de rostros avanza, recoge cautivos como arena. Se mofa de los reyes, y los gobernantes le son motivo de risa; se ríe de toda fortaleza, amontona escombros para tomarla. Entonces pasará como el viento y seguirá, y se le tendrá por culpable, porque hace de su poder su dios.»

Esa es la descripción que Dios hace del pueblo que Él está levantando para contestar la oración de Habacuc. Eran corruptos, agresivos, crueles, maliciosos, fieros, fuertes, y bestiales. Estaban decididos a dominar el mundo. Los puedes ver tomando el control como una tormenta -barriendo con todo y conquistando al mundo conocido.

Invencibles – por lo menos ellos pensaban que lo eran. Irresistibles. Todos caían como pequeñas víctimas bajo su ataque. Inconquistables, indomables, inquebrantables, abrumadores -ese es el sentir que nos da.

Arrogantes, orgullosos. Ellos adoraban su propia fuerza. «su poder es su dios» (versículo 11). Ellos piensan que son Dios. Se trata de un poder mundano, arrogante, despiadado, cruel y estos son los instrumentos que Dios ha escogido y tiene la intención de usar para cumplir Sus propósitos en el mundo.

Dios le dice, «Estoy obrando en tu día, y esto es lo que estoy haciendo. Estoy levantando un grupo de terroristas despiadados, arrogantes para cumplir mis propósitos y para contestar tus oraciones. Por medio de ellos trataré con el pecado y la injusticia de Judá».

Dios está obrando, pero no es lo que nosotros esperábamos. No es la manera que nosotros hubiésemos escrito el guión porque es una obra de juicio. Dios va a traer ira y juicio, y Él va a usar esta nación violenta, perversa, arrogante- a los babilonios – para hacerlo. La gente está anonadada. Por eso Dios dijo, «asombraos y admiraos».

No lo pueden creer. No es lo que ellos hubieran esperado que Dios hiciera. Dios dice, «Voy a tratar con los pecados de mi pueblo por medio de un pueblo que es aun más malo». Dios les dice, «Estoy levantando a una nación malvada, pagana, impía, despiadada, violenta para realizar Mis propósitos con Mi pueblo escogido».

Tienes que ponerte a pensar, así como Habacuc- nos daremos cuenta por qué Dios usó a los caldeos. Me pongo a pensar si quizás fue con la intención de ser la imagen en lo que Judá se convertiría si se dejaba sin corrección; si no era castigada por Dios. Allí es hacia donde te guiará el pecado.

Estaba con unas amistades, con una familia que estaba de vacaciones este verano pasado, y juntos estudiamos el libro de Habacuc, y había algunos jóvenes en aquella familia.

Mientras discutíamos el libro de Habacuc, surgió esta pregunta, «¿Por qué Dios escogería a los caldeos, un pueblo como ese para realizar Sus propósitos?» Uno de esos jóvenes dijo, «Dios ha de haber estado muy molesto con el pecado de Su pueblo para usar a gente como los babilonios para tratar con ellos».

Pensé que este comentario traía una buena perspectiva. Dios dijo, «Esto es lo mucho que me molesta tu pecado. Esto es lo mucho que me importa. Así de afligido estoy por tu pecado. Voy a levantar a un pueblo que es feroz e impetuoso, violento, perverso y despiadado para venir a castigarte».

Si estuviéramos escribiendo esto en estos días modernos, sería como si Dios nos dijera, «Estoy levantando a los de Corea del Norte, o a Al Qaeda, o a los iraquíes para aterrorizar tu nación, para conquistar, para perseguir y encarcelar a todos los creyentes».

«Van a venir. Van a dominar el mundo, y van a dominar tu país, y van a dominar tus familias y tu tierra.» Hemos estado orando por avivamiento, y decimos, «Señor, pero no es así como me imagine que lo harías!»

Bueno, quizás no sería un gran poder mundial como esas naciones que acabamos de nombrar. Quizás Dios diría, «Voy a levantar jueces, oficiales públicos y legisladores corruptos, un cónyuge abusivo, un jefe impío y malvado, un maestro escolar o un entrenador impío en la vida de tu hijo».

Dios en ningún momento está aprobando estas obras malvadas, pero lo que Dios está diciendo es, «Puedo usar cualquier instrumento para cumplir Mi propósito en las vidas de Mis hijos». A veces, Dios escoge y usa los instrumentos más inesperados, y esa es una clave para entender el libro de Habacuc. Dios a menudo obra de maneras inesperadas.

Dios no hace las cosas como nosotras las haríamos. De nuevo, si nosotras supiéramos cómo escribir este guión, entonces seríamos Dios, y no necesitaríamos a Dios.

Pero Dios dice, «Tú no eres Dios. Yo soy Dios. Yo estoy escribiendo este guión. Yo sé lo que estoy haciendo». Aquí es donde tienes que confiar que Dios sabe lo que está haciendo y que Él tiene un propósito y Su propósito es bueno.

Ahora, déjame hacer algunas observaciones y señalar unos puntos importantes que pienso tienen aplicación para nosotras. En primer lugar, es obvio por este pasaje que Dios conoce todo acerca de nuestros opresores.

Las circunstancias y las personas en nuestras vida que nos oprimen no toman a Dios por sorpresa. Dios es el que da la descripción que acabamos de leer en el capítulo 1. Habacuc no es el que da la descripción de los caldeos, la descripción la ofrece Dios.

Realmente al ver esto parecería que si Dios conoce a esta gente muy bien. Dios fue que dijo que eran despiadados; salvajes; aterradores. Dios los describió, y Dios conoce todos los detalles y las características de la gente y de las circunstancias que te están oprimiendo.

A veces nos preguntamos si Dios realmente sabe lo malo que son los malos, o cuánto nos están afectando o el mal tiempo que estamos atravesando, o lo que ellos están planeando. Solo quiero asegurarte por medio de este pasaje que- Dios sí sabe.

No tienes que ponerte a pensar -cuando te sientas ahogada por estas circunstancias terribles, «¿Tendrá Dios alguna idea de lo que está pasando aquí?» Él sabe. Dios fue el que la describió.

Dios sabe. Él ve. A veces él permite que hombres malos lo destrocen todo. ¿Puedo recordarte que aun los malvados son parte del plan de Dios para los justos? Aun los malvados son parte del plan de Dios para manifestar y exhibir Su gloria en el mundo.

Dios es quien dice, «Algún día causare que aun la ira de los hombres me alabe». No es como si Dios tuviera un plan, que esté tratando de realizar Sus propósitos en el mundo, pero que todos estos hombres y naciones y circunstancias malvadas están interrumpiendo ese plan de Dios. ¡No! No lo toman por sorpresa. Dios no tiene que estar a la defensiva.

«Oh, ¿Qué voy a hacer con los caldeos?», o «¿Qué voy a hacer con este jefe malo o este entrenador o esta persona o esta nación?» No. En realidad Dios usa a los malvados como instrumentos y herramientas en Sus manos para realizar Sus propósitos.

Ahora, no me pidas que lo entienda enteramente o que te lo explique. Porque no puedo, y tú tampoco podrás. Pero puedes confiar que es cierto. Dios dice, «estoy levantando a los caldeos». Dios es el que está ordenando y disponiendo y organizando todas las circunstancias aquí para realizar Sus propósitos.

Vemos la soberanía de Dios sobre los asuntos mundiales. Dios es soberano sobre las naciones, sobre los reyes, sobre los eventos, sobre la historia. En última instancia cada nación en este mundo y cada persona en este mundo está bajo la mano y el control de Dios.

Si eres una hija de Dios, no hay persona o circunstancia o nación o terrorista o ladrón o cosa alguna que pueda venir a tu vida, fuera del permiso y del plan de Dios.

Ahora eso plantea algunas cuestiones difíciles. ¿Ordenó Dios que esta cosa mala ocurriera en mi vida? Dios nunca hace que ocurra el pecado, pero este es un mundo caído y un planeta caído. Dios está en el proceso de redimir y de hacer todas las cosas nuevas. Parte del proceso es que Dios obra soberanamente – aun a través de gente mala y de circunstancias y eventos malos.

Leer un versículo que dice «Estoy levantando a los caldeos,» es preocupante para nuestra teología, aflige nuestras mentes débiles. Sería una cosa si Dios dijera, «Los caldeos vienen, y voy a obrar a pesar de ellos,» pero eso no es lo que dice aquí.

Dios dice, «Estoy levantando a los caldeos -esas naciones, esos reyes malos, esos gobernantes malos». Dios los está moviendo como piezas en un tablero de ajedrez y usándolos para realizar Sus propósitos soberanos.

Los caldeos pensaban que ellos eran soberanos, independientes, y poderosos. Y no se daban cuenta que solamente eran instrumentos en las manos de un Dios soberano y que ese Dios los tomaría en Su mano y los levantaría de tal manera que tendrían un impacto significativo sobre Su pueblo y cumplirían Sus propósitos en el mundo.

Dios es soberano. Recuerda que Dios a veces contesta nuestras oraciones dejando que las cosas vayan de mal en peor. A veces, las cosas empeoran antes de mejorar, y gritamos chillamos y arrastramos los pies y decimos, «¡oh Dios, no! ¡Esto no es lo que quería decir! ¡esto no es lo que yo tenía en mente! ¿Cómo puedes hacer esto? No entiendo».

Lloramos, y nos quejamos, y nos preocupamos y nos estresamos, y batallamos, y peleamos con Dios. Pero entiende que a veces Dios contesta nuestras oraciones con aquello mismo que estamos resistiendo.

No le puedes decir a Dios cómo contestar tus oraciones ni cómo manejar tus preocupaciones. Habacuc le dijo a Dios, «¿Por qué no haces algo?» Dios respondió y dijo, «Sí estoy haciendo algo».

Cuando lleguemos a la próxima sesión Habacuc va a decir, «Dios, esto no es exactamente lo que tenía en mente. Esta no es la manera en que yo quería que actuaras». Estamos orando por avivamiento, y Dios dice, «¿Quieres avivamiento? Puedo escoger castigar y purificar Mi pueblo en esta nación con sufrimiento, con aflicción, con desastre financiero, con terrorismo».

Cuando leo esa frase en el versículo 10 acerca de Babilonia, «Se ríe de toda fortaleza, amontona escombros para tomarla… se mofa de los reyes y los gobernantes le son motivo de risa». Recordé el 11 de septiembre y vino a mi mente la idea de los terroristas yendo contra los símbolos de fortaleza más inquebrantables y riéndose mientras los volaban en pedazos.

Gente mala haciendo cosas despiadadas. Y pensábamos que éramos invencibles. Pero Dios dice, «¿Crees que eres invencible? Solo déjame enseñarte que no lo eres». Oramos por avivamiento, y Dios dice, «Voy a derribar las cosas en las que tú confías».

Todavía en mi país confiamos en el dinero. Confiamos en nosotros mismos. En realidad, no somos tan distintos a los caldeos. No somos tan distintos a los babilonios, y Dios dice, «Yo sé cómo tratar contigo. Yo sé cómo castigarte. Yo sé cómo cumplir Mis propósitos en tu vida».

Pides avivamiento, y luego Dios manda hambre o peligro o espada o desastre financiero o plagas o enfermedades. Y decimos, «Señor eso no es lo que tenía en mente. No era como esperábamos que ibas a contestar. No es lo que pensábamos que ibas a hacer».

Pero Dios dice, «Déjame a Mí contestar. Déjame hacerlo a Mi manera. Estoy obrando en tu día. Es Mi obra. Confía en Mí». ¿Quieres que Dios trate con tu esposo inconverso? ¿Quieres que Dios lo cambie? Ora por él.

Y quizás tu oración es «Dios, salva a este hombre,» o, «Dios salva a este hijo,» y luego Dios trae desastre a sus vidas. Quizás empeoran antes de mejorar. Si tu esposo pierde su trabajo por ser falsamente acusado, o tiene un jefe impío y tu esposo se siente miserable, y quizás estás pensando, «Oh Dios, yo no quiero que se sienta miserable. yo sólo quiero que sea salvo».

Dios está diciendo, «Puede que tenga que hacerlo miserable antes que llegue al fin de sí mismo y se salve». Y vemos a nuestros seres queridos y los vemos miserables, y los queremos rescatar de la Cruz. Pero Dios dice, «No, Yo estoy obrando. Yo estoy levantando a este jefe. Yo estoy levantando estas circunstancias. Yo estoy levantado estas situaciones. Déjame ser Dios, y déjame contestar la oración en la manera que yo sé que es mejor».

Sí se puede confiar en Dios. Él sabe lo que está haciendo. Él está obrando en nuestros días. Admiraos y asombraos. Él está haciendo una obra que si la pudiéramos ver ahora, nos asombraríamos. No lo creeríamos.

Cuando Dios nos dice cuál es la obra, Él nos ofrece una perspectiva fresca. «Estoy trayendo estas circunstancias, esta situación, este mal, esta atrocidad horrible, esta cosa en tu vida o en tu mundo o en tu casa o en tu iglesia». Deja que Dios sea Dios. Déjalo que use a los caldeos, si Él quiere, para cumplir Sus propósitos. Ahora bien, ese no es el final de la historia, y por eso espero que no dejes de escuchar esta serie porque no es el final, es solo un capítulo.

Es un capítulo importante. Es un concepto importante. Necesitas saber que más allá de utilizar a los caldeos, Dios tiene planes más grandes y magníficos. Admírate. Asómbrate, y confía.

Carmen: Si le has estado pidiéndole a Dios que conteste tu oración, la enseñanza de hoy de Nancy Leigh DeMoss puede ayudarte y ofrecerte una perspectiva más amplia de cómo Él podría responder. Esta enseñanza es parte de una serie llamada, Habacuc: del temor a la fe. Hemos estado estudiando el temor de Habacuc, pero no hemos llegado a la parte de la fe todavía .

Como Nancy mencionó, estamos viendo algunas de las partes más difíciles del libro, así que no te rindas. Si te has perdido alguno de los programas de esta serie, visita AvivaNuestrosCorazones.com.

Cuando Dios te disciplina, nunca es con un sentido de venganza. Él no te hace pagar antes de que esté dispuesto a perdonarte -entonces ¿por qué nos disciplina? ¿Cuál es su propósito? Exploraremos eso la próxima vez.

Para cerrar el programa de hoy, oremos con Nancy.

Nancy: Señor, estas cosas están más allá de nuestro entendimiento, y solo nos recuerdan que no somos Dios, pero Tú sí lo eres. Confiamos en Ti. Queremos confiar más en Ti. Necesitamos confiar más en Ti.

Quiero pedirte por aquella mujer escuchando hoy que está sintiendo que está siendo derrotada por los caldeos. Ayúdala a ver que Tú has levantado circunstancias en su vida, y que Tú las estás usando para Tus propósitos.

No traerás el castigo por un tiempo más largo o con más dolor que el que absolutamente necesitas para cumplir Tus propósitos. En medio de la dificultad, en medio de los desafíos, te pido que nos ayudes a confiar y a saber que Tú eres Dios, y que Tú estás cumpliendo Tus propósitos. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de Las Américas a menos que se indique lo contrario.

Música: Soberano Salvador, Jonathan & Sarah Jerez, Vivir Es Cristo ℗ 2013 Jonathan & Sarah Jerez

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