4 – Éfeso, aviva tu primer amor

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Cartas a las 7 Iglesias

4 – Éfeso, aviva tu primer amor

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

La libertad está en Cristo

Domingo 20 Septiembre


Todo aquel que hace pecado, esclavo es del pecado. Así que, si el Hijo (de Dios) os libertare, seréis verdaderamente libres.
Juan 8:34, 36

… A fin de que no sirvamos más al pecado.
Romanos 6:6

La libertad está en Cristo

Los creyentes que han puesto su fe en Jesucristo pueden turbarse al descubrir en ellos una tendencia incorregible al mal. ¿Cómo podemos resistir a esas inclinaciones? Hagamos una comparación.

Imagínese que en el inmueble donde usted vive en arriendo, el propietario no se contenta con recibir el alquiler mensual. Es muy exigente y a menudo aparece cuando menos lo espera.

Un día vende el inmueble; el nuevo propietario es totalmente opuesto al anterior. Se esfuerza para que los inquilinos se sientan bien en su casa. ¡Qué alivio para todos!

Durante cierto tiempo todo va bien, pero un día alguien llama a la puerta: es el antiguo propietario, que sigue viviendo en el edificio. Aunque ya no tenga derecho, vuelve para imponer sus exigencias. Incluso lo amenaza con quejarse ante el nuevo propietario.

¿Qué hacer? Contestarle que usted ya no tiene nada que ver con él, porque su responsabilidad es con el nuevo propietario. Entonces, no le hace caso y le cierra la puerta.

En Cristo, los creyentes encontraron un nuevo Maestro. Pero no deben olvidar que el pecado, esa raíz de donde provienen las malas acciones, siempre está en ellos. Cuando las inclinaciones al pecado se presentan, el cristiano debe rechazar con firmeza la tentación. Tiene que hablar de ello a su nuevo Señor y contar con él para recibir la ayuda y las fuerzas necesarias.

Jeremías 50:21-46 – 2 Corintios 9 – Salmo 106:24-27 – Proverbios 23:23
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Por qué Adán y Eva no sintieron miedo y vergüenza antes de la caída?

No es tan simple como parece

¿Por qué Adán y Eva no sintieron miedo y vergüenza antes de la caída?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

http://www.integridadysabiduria.org

20/42 – Lee la Biblia: Oseas

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

20/42 – Lee la Biblia: Oseas

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Oseas, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. En este libro, Oseas acusa a Israel de romper su pacto con Dios y les advierte de las trágicas consecuencias que ello producirá.

Episodio 46 – ¿Cómo me someto a mi esposo incrédulo?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Episodio 46 – ¿Cómo me someto a mi esposo incrédulo?

 

 

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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J12 – El regalo voluntario de la sumisión

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J12 – El regalo voluntario de la sumisión

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-regalo-voluntario-de-la-sumision/

Carmen Espaillat : Nancy Leigh DeMoss ha estado indagando con sus amistades cómo luce la sumisión en sus matrimonios. Esto es lo que una esposa escribió.

Nancy Leigh DeMoss: “Cuando siento que he sido escuchada, dejo la última decisión a mi esposo. Recae en él como líder y cabeza de nuestro hogar. Entonces lo llevo a oración, saber que Dios ve, que Él conoce todo y que es soberano es muy reconfortante. Algunas veces funciona. Algunas veces mi esposo toma decisiones que yo no hubiera tomado. Algunas veces obtengo lo que estaba deseando. Es dar y recibir y — esto es lo que realmente importa — un amor que cubre una multitud de transgresiones”.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Tu esposo y tú estarán en desacuerdo en algunas decisiones. El camino que tomes para alcanzar un resultado puede beneficiar o perjudicar grandemente tu matrimonio. Aquí está Nancy mostrándonos cómo la Biblia nos instruye sobre la toma de decisiones en el hogar. Es parte de la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Nancy: Bueno, hemos estado hablando el último par de sesiones sobre lo que pienso es uno de los temas más difíciles para discutir con mujeres en nuestra cultura actual y en el clima contemporáneo. Es el asunto de la sumisión. Es tentador retroceder en este tema, o ignorarlo, o sugerirle a alguien más que enseñe sobre esto.

Pero quiero ser fiel para enseñar el consejo de Dios en su totalidad, y he aprendido en mi propia vida, debo decir, lo estoy aprendiendo en mi propia vida, que cuando vivo o practico un principio que es tan difícil como este asunto de la sumisión, es un medio que Dios usa para bendecir mi vida.

Quiero que experimentes la bendición de Dios, y particularmente ustedes que son mujeres casadas. Quiero que experimenten esto en sus matrimonios, y quiero que tus hijos experimenten la bendición de estar viendo una esposa que muestra en su respuesta a su esposo la forma en que la iglesia debería responderle a Cristo, la cual, por cierto, es otra gran razón por la que las esposas deben considerar esto.

Quieres que tus hijos crezcan en obediencia al Señor, ¿correcto? Quieres que sean sensibles al Señor. Quieres que sigan sus instrucciones y sus iniciativas. ¿Dónde van a aprender el modelo? Esto va a suceder cuando vean como su madre responde al liderazgo y a las iniciativas de su padre, tú estás plantando semillas en las vidas de tus hijos.

● Si tus hijos crecen solamente para ser tan responsables con la autoridad como lo eres tú con la autoridad de tu esposo, ¿qué clase de adultos van a ser?

● ¿Qué tan sumisos van a ser?

● ¿Cómo van a responder a la autoridad del gobierno, de la escuela, de su empleo, y tus hijas a la autoridad de sus esposos algún día?

Hemos estado revisando Tito 2, y la última cualidad dentro de los siete cursos del currículo que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes, es que deben sujetarse a sus maridos. Ya les he dicho que estos últimos días les he pedido a algunas amigas que me envíen una nota y me cuenten sobre algunas de sus luchas en el área de la sumisión, algunos ejemplos prácticos donde ellas pueden encontrar dificultad.

Hoy quiero compartir contigo una serie de respuestas que recibí de esas mujeres que considero que te ayudarán a entenderlo mejor, mejor aplicado a la vida diaria, que si yo te lo hubiera explicado.

Es muy interesante que existan tres problemas recurrentes. Estos no son los únicos 3 problemas pero son los más 3 grandes que parecen saltar a la vista y se repiten una y otra vez.

Probablemente puedas adivinarlos, el número 1 tiene que ver con los hijos—decisiones sobre los hijos, la disciplina y cosas relacionadas a ellos. La segunda, que surgió en numerosas respuestas de mis amigas esta semana es sobre cuestiones financieras. Te compartiré algunas de ellas. Y la tercera es sobre asuntos sexuales, creo que esa ya la habrás adivinado también.

Estuve platicando con un amiga la semana pasada y me comentó—en realidad ellos tienen un matrimonio ejemplar, al menos es lo que yo percibo— pero me dijo: “El problema más grande que tuvimos en nuestros primeros tres años de matrimonio fue la cuestión sexual”. Continuó, “Yo no entendía las necesidades de mi esposo en esta área, no parecía tener sentido” “no entendía a los hombres, y no podía comprender por qué el funcionaba de esa manera”. Este tema tiene un gran potencial para problemas.

Así que, los hijos, las finanzas y los asuntos sexuales, aunque existen otras, parecen ser las 3 situaciones más grandes con las cuales las esposas luchan día tras día.

Ahora, ¿qué haces cuando no estás de acuerdo con la dirección que tu esposo está tomando para tu familia, o con una decisión que tomó o que quiere tomar, cuando tú sientes que no estás de acuerdo con la dirección o la decisión? Déjame darte algunas sugerencias, no voy a profundizar mucho en esto, luego quiero ilustrarte con algunos ejemplos de las vidas de mis amigas.

Yo creo que lo primero que hay que hacer es buscar en tu corazón y hacerte esta pregunta: “¿Soy sumisa generalmente?” No solo en este ejemplo, sino en todos los ámbitos, “¿Está generalmente mi corazón inclinado o dispuesto a seguir el liderazgo de mi esposo?

Si no es así, entonces realmente no tienes una base firme para hacerlo y para cuestionar su liderazgo o para hacerle comentarios de forma que sean realmente bien recibidos , cuando tu inclinación general no es la de seguir su liderazgo.

Entonces asegúrate de que realmente deseas cumplir la voluntad y la gloria de Dios más de lo que quieres que se haga tu voluntad. Sé honesta, “¿quiero que se haga a mi manera, o estoy dispuesta a someter mi voluntad a la voluntad de Dios?” Si tu deseo es glorificar a Dios, lo más probable es que se puedan resolver esas diferencias.

Entonces debes compartir tus inquietudes con tu esposo, pero recuerda que la actitud lo es todo . Es muy importante que no actúes acusando o amenazando, o que lo degrades como hombre. Tú siempre… Tú nunca…—esa clase de palabras no son constructivas. Es muy importante que no seas quejosa. A los hombres no les gustan esta clase de mujeres.

De hecho, ¿a quién le gusta este tipo de mujer? A ninguna de nosotras, pero de hecho todas hemos escuchado a alguna o hemos sido así. La actitud es importante—no insistir en que las cosas se hagan a tu manera—no ser demandante, pero mostrar una actitud de humildad y de amor. Humildad y amor.

Entonces, mientras compartes tu preocupación con tu queja, presenta tu apelación. “¿Podrías considerar esto? He orado por esto. Yo sé que tú quieres hacer lo mejor para nuestra familia”. Preséntalo en un lenguaje de humildad, asumiendo lo mejor de él.

Si lo encaras, él hará lo mismo que tú haces cuando tus hijos vienen a ti, pones resistencia. Tú no quieres provocar a tu marido para que ponga resistencia a tu comentario por la forma como lo hiciste, así que asegúrate que tu espíritu sea humilde, respetuoso, no desafiante o que ponga resistencia.

Y a la hora de hacer tu apelación, el momento es muy importante. Asegúrate de que sea en un momento en que no esté estresado por otra cosa y tenga tiempo para sentarse y escucharte. Tú puedes decir: «Sabes, hay algo sobre lo que me gustaría que tuviéramos la oportunidad de hablar. ¿Cuándo sería un buen momento para ti?»

Un esposo me comentó el otro día, «Un marido sabe cuando una mujer dice: ‘Tenemos que hablar,’ él sabe que se avecinan algunos problemas, pero al menos está preparando el camino para hacerme saber que esto es algo importante para lo que tengo que estar preparado».

También es importante la forma como lo abordas. No simplemente le sueltes todo al mismo tiempo. Los hombres pueden sentirse abrumados por nuestras formas verbales. ¿Sabes a qué me refiero? Lo hacemos de forma errónea. Por lo general, somos más verbales, más emocionales—claro, no es igual con todos los matrimonios. Algunos hombres, si te fijas, no tienen la resistencia emocional o los medios para soportar ese ataque verbal.

Entonces, ¿qué hacen? Acaban dando marcha atrás. Se encierran, o se enojan, esa es la forma en que un hombre muestra que está herido. Nosotras mostramos que estamos heridas por medio del llanto. Pero ellos muestran su herida por medio del enojo, en muchos casos. Sé que estoy generalizando.

Cuando pienso en esto, en el momento y en la forma, pienso en la reina Ester y en la importancia del autocontrol. Yo nunca pude superar el hecho de que (esto simplemente me sorprende) cuando Esther llamó al rey y a Amán a venir al banquete en su casa, o en el palacio, no me habría aguantado para decir que estaba molesta, ¡sobre todo cuando se sabe que toda la nación judía está a punto de ser extinguida!

Admiro a esta mujer porque cuando él le dijo: «Te voy a dar la mitad del reino», todo lo que ella dijo fue: «¿Puedes venir a cenar esta noche?» (Esther 5:3-4, parafraseado). Quiero decir, ¿cómo se hace eso? Entonces él viene a cenar, y ahí está Amán, y ahí está el rey ofreciéndole la mitad del reino, y ella dice: «¿Puede venir de nuevo mañana por la noche?», No es otra cosa más que dominio propio (versículo 8, parafraseado). Se trata de una mujer con una mente sana con un sano juicio, que no tiene que decir todo lo que está en su mente sin pensar.

Aguanta la lengua. Esto es cierto en todo tipo de relaciones. Lo encontramos en el lugar de trabajo. Si algo está en mi mente, yo solo tengo que sacarlo. Eso no refleja buen juicio. Sé controlada.

Entonces, después de presentar tu apelación, pídele a Dios que intervenga. De hecho, antes, durante y después de presentar tu apelación, ora. Llévaselo al Señor. Lleva tu caso al Señor. Pídele a Dios que intervenga, y luego dale a Dios el momento para cambiar el corazón de tu marido. No insistas en que tu marido cambie de opinión inmediatamente, o nunca. Confía en el Señor para actuar.

Déjenme leerles algunas de las ilustraciones de algunos de estos principios que mis amigas han compartido conmigo durante los últimos días. Una mujer dijo:

“Mi padre a menudo hizo inversiones financieras que involucraban miles de dólares, pensando que iba a hacer mucho más. Vi a mi madre aconsejarle de corazón, pero aun así lo apoyó en muchas decisiones que fueron un fracaso. Si mi padre hubiera hecho caso de su consejo, probablemente habría ganado en lugar de perder, pero ella nunca le tomó esto en cuenta ni habló con sus hijos sobre sus faltas.”

Eso fue la respuesta a mi pregunta: «¿Quién ha sido un modelo positivo en tu vida en el área de la sumisión?» Esa fue una gran lección de que una mujer que aprendió de su madre.

Otra mujer me escribió, “Hemos estado casados por 17 años…” Ella ha estado luchando con algunos problemas físicos, y a través de una serie de circunstancias, no tiene casa propia por el momento, y ha sido un largo período de recuperación, una situación difícil para ella; y ella dijo:

“En este último año, he querido tener mi propia casa para convalecer en ella. Tenemos la casa identificada y nos encontramos actualmente en el departamento de alguien más, no en el nuestro. Hice saber a mi esposo mi deseo. Él no lo aceptó.”

Su marido es un hombre piadoso. Él ama a su esposa, y ella lo ama, pero esto ha sido una diferencia de opinión entre ellos, por obvias razones. Suena poco bondadoso de su parte decir: «No puedes tener una casa», pero él cree que hay algunas buenas razones para esto, no es el momento adecuado. Ella dijo:

“Yo realmente quería tener mi propio lugar. Sentía que era una necesidad. Todavía no ha sucedido. Estoy en el proceso de sumisión, y orando por una casa. ¿Estoy gritando y pataleando? No. ¿Puedo hacer comentarios de vez en cuando sobre esto? Sí. ¿Lo estoy presionando, demandando? No, quiero la bendición de Dios en Su tiempo y sé esperar en el Señor. Él puede mover a mi marido si Él lo desea.”

Otro comentario. Esta mujer dijo:

“Cuando tenemos diferencias, por lo general discutimos y ponemos ambos argumentos sobre la mesa. Cuando siento que he sido escuchada (mi meta es expresarlo una sola vez y claramente), le dejo la decisión final a mi marido. Le corresponde a él como líder y cabeza de nuestra casa.

Entonces lo llevo en oración, saber que Dios ve, que Él conoce todo y que es soberano es muy reconfortante. Algunas veces funciona. Algunas veces mi esposo toma decisiones que yo no hubiera tomado. Algunas veces obtengo lo que estaba deseando. Es dar y recibir—y esto es lo que realmente importa—amor que cubre una multitud de transgresiones.”

Otra mujer escribió:

“La cuestión más difícil de la sumisión en nuestro matrimonio ha sido la elección de la vocación de mi marido. A lo largo de nuestro matrimonio ha alternado entre el servicio a una iglesia como pastor y emplearse en su vocación secular en la que viaja y pasa gran parte de la semana fuera de la ciudad.

La primera vez que tomó un empleo secular, fue cuando nuestro primer hijo era un bebé. Por todo el año que tuvo ese trabajo, lloré, lo fastidié, me quejé, y traté de manipularlo para que cambiara su vocación.

El Señor me ha enseñado que aunque la ocupación de mi marido no es lo que yo elegiría para él o para nuestra familia, yo debo de honrar a Dios mediante la sumisión a mi marido. Cuando encomiendo esta dificultad en las manos de Dios, estoy demostrando mi confianza en Él.”

Otra mujer que dice:

“La verdadera prueba de la sumisión es como mi corazón responde a la decisión de mi marido cuando, después de dar mi punto de vista, aún decide ir en una dirección que él sabe que no estoy de acuerdo. Esa es la prueba.”

Ahora, yo creo que es importante que nos demos cuenta que la sumisión es muy, muy poderosa. ¡Es muy difícil someterse, en primer lugar a Dios y luego a las autoridades ordenadas por Dios en nuestras vidas, pero es extremadamente poderosa!

En lo que se refiere a esposos y esposas, las esposas estar sujetas a sus maridos, el maravilloso pasaje clásico que se encuentra en 1 Pedro capítulo 3, comenzando en el versículo 1. «Igualmente vosotras, mujeres. . . » Ahora, ¿Qué significa igualmente? Este es el primer versículo del capítulo, así que tienes que volver al capítulo 2 para saber a qué se refiere igualmente.

Igualmente se refiere a toda una disertación sobre Cristo, que sufrió injustamente por nuestros pecados, pero Él no respondía con maldición; Él no se defendió. Él se encomendaba a Dios que juzga con justicia. El Justo sufriendo por los injustos para llevarnos a Dios. «Del mismo modo,» de la misma manera, “mujeres, estad sujetas a vuestros maridos.» Y la realidad es que habrá momentos en los que harán que sus vidas sean miserables—así será—habrá momentos en que la sumisión significa que tendrás que sufrir.

Ahora bien, no estoy diciendo con esto que debes quedarte paralizada mientras tu marido te da una paliza y solole dices, “golpéame de nuevo”. Todo el consejo de Dios deja en claro que si tú o la salud o la vida de tus hijos está siendo amenazada, existe el permiso bíblico para separarte, para librarte de ese peligro inmediato.

No estoy hablando acerca de que tu esposo esté siendo amenazado, como Jesús estuvo, a punto de la muerte. La mayoría de las veces no se trata de la vida y la muerte o una amenaza física real para nosotros, aunque hay algunos casos. La mayoría de las veces se trata de nuestros deseos, nuestros anhelos, nuestra conveniencia, nuestra comodidad, nuestros deseos y placeres personales, y Él dice, incluso si se te hace la vida difícil, «estad sujetas a vuestros maridos. . . incluso si algunos no obedecen la Palabra”.

Ahora bien, en el contexto de 1ra de Pedro, para las personas que no obedecen la palabra, es decir para los no creyentes. Ellos no son cristianos, pero a través de una aplicación más amplia, creo que puede referirse a cualquier marido, que en algún área de su vida no es obediente a la Palabra de Dios, y eso abarca a todo marido. Cada esposo tiene esas áreas, como, por cierto, todas las esposas también las tienen.

Así que en cualquier área en la que él no esté obedeciendo la Palabra de Dios, o que simplemente no sea un creyente, «sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas, cuando ven su conducta casta y respetuosa» (versículos 1-2). ¿Y cuál es su conducta casta y respetuosa? Se trata de ser sumisa a tu propio esposo—hupotasso—de colocarte bajo el liderazgo, la iniciativa y la dirección de tu marido.

John Piper habla a las mujeres en uno de sus sermones acerca de este pasaje sobre el peligro de ser quejona y lo llama «la exhortación excesiva». Pensé que era una buena frase. Es una bonita forma de decir «persistente», pero ten cuidado con acosar, estás muy cerca de la manipulación. Puedes hacerlo de forma tranquila, puedes hacerlo con mal carácter o en formas fuertes . Pero Él dice que sin decir una palabra, por el ejemplo de tu vida y la convicción de tu ejemplo, van a responder.

Luego habla de tener un espíritu suave y apacible. Eso es hermoso para Dios. Es poderoso e impactante para tu marido. Está ilustrado por las santas mujeres en el Antiguo Testamento que esperaban en Dios y se adornaban al someterse a sus maridos. Tu espíritu como esposa puede endurecer o puede ablandar el corazón de tu marido.

Déjenme leerles algunas cosas que mis amigas me escribieron acerca de esto:

Una mujer dijo:

“Un problema en nuestro matrimonio ha sido el dinero. Me gustaría cuestionar a mi marido sobre sus gastos y deseo que justifique el uso del dinero, pero no sentía que yo tuviera que justificarme ante él. Las consecuencias fueron un marido desprovisto de autoridad con frustraciones y molestias en nuestra relación y falta de confianza que nubló la relación.”

Ahora, que Dios le ha demostrado a esta mujer a lo largo de estos años el poder de la sumisión, ella dice,

“Las bendiciones son un marido que está empoderado para el cumplimiento de las responsabilidades y suele ser más solidario, amoroso y respetuoso conmigo.”

Recibí un correo electrónico ayer por la noche de una mujer diciendo: «No hace mucho tiempo mi marido me pidió que me sujetara en un área donde estaba intentando cambiar su forma de pensar». Ella no estaba de acuerdo con él, y ella estaba molestándolo, dándole excesiva exhortación, acosándolo. Ella dijo: «Yo le dije que tenía que orar por eso». Luego, entre paréntesis comentó, «No fue una gran respuesta de mi parte».

Al día siguiente, Dios había hablado a su corazón, lo había ablandado, y ella dijo:

“Le dije que lo sentía por mi actitud, por haberlo deshonrado y ser irrespetuosa en esta área en particular. Le pregunté si me perdonaría. Entonces le dije que iba a someterme a él en el área que me había pedido. Más tarde, mientras compartíamos la historia con otra pareja, un amigo de mi marido me preguntó si había llegado a la conclusión de que mi marido estaba en lo cierto. Le dije: ‘No’. Mi marido, que estaba escuchando en esta conversación, dijo: ‘Eso es lo que lo constituye la sumisión.’”

Ahora, escucha lo que esto hizo en su marido:

“Él ahora quería asegurarse de que era la mejor decisión, porque yo había estado dispuesta a ceder a su petición. Estuvo buscando al Señor aún más, con ganas de hacer lo que era lo mejor. Esto era muy importante para él”.

Ahora esta mujer podría haber dicho: «He perdido la batalla. Me derrotó. Él ganó”. Pero, ¿realmente ella perdió? No, ella ganó porque ahora ella tiene su marido más motivado que nunca para buscar al Señor.

Otro marido en mi pequeña encuesta de los maridos de la semana pasada… dijo porque le pregunté: «¿Qué es lo que sucede con los hombres cuando sus esposas realmente se sujetan con un espíritu sumiso?» Él dijo: «Eso pone mucha presión sobre nosotros. Una gran responsabilidad. Nos damos cuenta que, ahora tengo que asegurarme de que realmente estoy buscando al Señor y que estoy llevando a mi familia de manera apropiada”. Es el poder de la sumisión.

Otra mujer dice:

“Mi esposo nunca ha sido muy abierto a la crítica constructiva o al cambio por lo que he llegado al punto en que yo dejo al Señor trabajar en su corazón y en su vida. Es algo muy liberador no tener la responsabilidad de mi esposo.”

Esta es una situación en la que una esposa tiene que tomar una decisión. ¿Podrá sujetarse? Es decir, ¿podrá ella tener un corazón tierno y sensible? ¿O endurecerá su corazón? «El divorcio», dijo ella, «siempre tiene su origen en el momento en que uno u otro cónyuge endurecen su corazón».

Aquí está una mujer, por cierto, cuyo matrimonio también podría haber terminado con el divorcio porque su marido no tenía un corazón suave y tierno. Así que por años—décadas—han estado casados, y ella tiene que tomar esta decisión de suavizar y sujetarse en lugar de endurecer su corazón. Ella dijo:

“Todavía tengo luchas diarias para perdonar, para decidir cuidar a mi esposo, debido a mi orgullo. Yo hago lo que hago por lo que Jesús ha hecho por mí. Se merece tener mi obediencia y mi marido se merece mi perdón y bondad, porque Jesús nos ama y nos perdona.”

En el maravilloso libro de Susan Hunt, “La mujer verdadera”, ella hace una poderosa declaración acerca de la sumisión, y quiero terminar con eso, en un par de párrafos. Hablando de la sumisión, ella dice:

“Este es el tema decisivo para la mujer verdadera. …Probablemente no hay nada que exponga nuestro corazón con tanta claridad y tan dolorosamente como nuestra actitud acerca de la sumisión. [¿No te parece que ella tiene razón acerca de eso? Eso es realmente lo que expone nuestros corazones.]

Sigue diciendo:

“No puedo dar argumentos lógicos para la sumisión. Es un desafío a la lógica que Jesús dejara todas las glorias del cielo para poder ofrecernos toda la gloria del cielo. La sumisión no es acerca de lógica, sino sobre amor. Jesús nos amó tanto que Él se sometió voluntariamente a una muerte de cruz. Su mandato es que las esposas deben someterse a sus maridos. Es un regalo que voluntariamente damos a los hombres que hemos jurado amar en obediencia al Salvador que amamos.”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta para orar.

Hemos visto detalladamente el pasaje tan rico de Tito 2:1-5.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por Internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com o llamando al 1-800-569-5959. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros.

Pero más que nada necesitamos tus oraciones. ¿Te animarías a orar para que Dios nos provea de los recursos necesarios para continuar esta obra?

Ahora Nancy está de vuelta con nosotras para orar.

Nancy : ¡Oh Padre, nos has llamado a todas nosotros, casados o solteras, hombres o mujeres, a sujetarnos en las diferentes esferas de la vida, y ruego, oh Señor, que te demos ese regalo voluntariamente por amor a Ti.

Te ruego, Señor, por un milagro y por gracia y ayuda en la vida de las mujeres que están luchando con este problema de la sumisión en este mismo momento, y Te pido que no solo les ayudes a sonreír y aguantar o decir: «Bueno, yo voy a hacerlo», sino mirarte a Ti, buscando la gracia y el poder de Tu Espíritu Santo para hacer este trabajo a través de ellos para su bien y para Tu gloria. Yo Te lo ruego en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

J11 – Sometiéndonos a Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J11 – Sometiéndonos a Dios

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/sometiendonos-dios/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss describe la sumisión.

Nancy Leigh DeMoss: No puedes doblar tus rodillas ante tu esposo si no has doblado tus rodillas delante de Dios. Y, si no has doblado tus rodillas ante tu esposo, tus rodillas no han sido dobladas delante de Dios. Una es el reflejo de la otra.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

¿Por qué es tan importante tu relación con tu esposo? Bueno, refleja una relación más profunda entre Dios y Su pueblo. Nancy nos explicará, continuando en la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy: Algunos años atrás estaba hablando en una conferencia de mujeres ofrecida por un seminario. La conferencia era para mujeres que estaban sirviendo en el ministerio de mujeres—líderes de iglesias locales o que dirigían estudios bíblicos. No digo que solo había este tipo de personas en la conferencia, pero fue así que se promovió, lo cual es de importancia cuando te diga esto que sigue.

Al final de mi charla me pidieron que autografiara unos libros y una mujer que estaba en la fila tenía mi libro, “ Mentiras que las mujeres creen y la Verdad que las hace libres ”. Ella me lo entregó y me dijo, “¡Odio este libro!” No estoy segura si ella quería que yo lo firmara o quería tirármelo. Y yo le dije, “Cuéntame de eso”.

Ella me dijo, “Es eso de la sumisión”—y recuerda que esta conferencia era para líderes de ministerios de mujeres y profesoras de estudios bíblicos—dijo que hasta que leyó ese libro ella ni siquiera había escuchado del principio de las esposas sometiéndose a sus esposos.

Yo no sé si ella entró en la calle sin saber. Yo pensé que esto era realmente inusual en un seminario y en este contexto. Pero lo que realmente me desconcertó fue que luego de varias personas más en la fila vino otra mujer diciendo esencialmente lo mismo. Diciendo, “Yo nunca he escuchado este principio”.

Cuando comencé a hablarles a las mujeres yo tenía 20 años. Yo estaba ofreciendo conferencias para mujeres y seminarios. Cuando enseñaba de 1ra de Pedro o de Efesios 5, entre otras cosas, de las esposas sometiéndose a sus esposos, en esos días (y ya hace casi de eso 30 años) las mujeres a las que hablaba estaban familiarizadas con este concepto de la sumisión antes. Que lo estuvieran viviendo o no eso era otra cosa, pero al menos estaban familiarizadas con esto.

Pero me he percatado que en la última generación, durante estos treinta años, este principio no ha sido enseñado. Es algo atemorizante para un hombre de hoy pararse en el púlpito y enseñar estas cosas. No es políticamente correcto. Es un principio que encuentra una resistencia enorme.

De manera que es muy posible que tengamos muchos oyentes—de los que han leído mis libros, o de los que escuchan Aviva Nuestros Corazones—que digan, “Yo nunca he escuchado este principio antes”. Por eso es que queremos tomarnos el tiempo de explicar y dar un entendimiento fundacional de lo que significa esto de la sumisión.

Durante el programa pasado, terminamos diciendo que existe una posición de autoridad. Una mujer debe someterse a su esposo, no porque él sea buen-mozo o amable o cariñoso o talentoso, espiritual o piadoso o ninguna de esas cosas, sino porque Dios ha dicho que él es la cabeza de la esposa como Cristo es la cabeza del hombre y Dios es la cabeza de Cristo. Es su posición que llama a la mujer a colocarse debajo…Hupotasso—esa es la palabra para sumisión en el griego original. Ella debe colocarse a sí misma debajo de su liderazgo.

Así que eso levanta las siguientes preguntas, ¿Qué significa ser autoridad y que significa sumisión? Quiero darte un par de definiciones que he obtenido de John Piper y que creo que son realmente buenas. El doctor Piper dice, “Ser la cabeza es el llamado divino de un esposo de tomar la responsabilidad primaria de un liderazgo de servicio como el de Cristo, de la protección y provisión del hogar”. Esa es la responsabilidad del hombre. Él es el principal responsable en el hogar de liderar, proteger y proveer.

Sumisión es reconocer y responder a la cabeza. Vemos al esposo funcionando como líder, proveyendo liderazgo, protección y provisión. Y es la esposa colocándose debajo de esa autoridad y respondiendo a ella, reconociéndola y recibiéndola.

De manera que esta es la forma en que el Pastor Piper explica la sumisión. He encontrado esto tan útil. “Es la inclinación a ceder a su liderazgo”. Él guía. Ella sigue. Como el baile de salón. He escuchado tantas parejas hablar de eso. Alguien tiene que liderar y alguien tiene que seguir. Es una inclinación a ceder a su liderazgo y a apoyar sus iniciativas. Si él va a tomar una iniciativa, alguien tiene que apoyar eso. Es la disposición de seguir la autoridad del esposo.

Luego el pastor Piper continúa diciendo, “Sumisión es el llamado divino de una esposa de honrar y afirmar el liderazgo de su esposo y ayudarlo a llevarlo a cabo de acuerdo a sus dones”. Es el llamado divino de una esposa de honrar y afirmar el liderazgo de su esposo y ayudarlo a llevarlo a cabo de acuerdo a sus dones. Así que vemos a un esposo y una esposa trabajando juntos, no uno contra otro, sino juntos para alcanzar una meta en común, no compitiendo el uno contra el otro. Ellos están jugando para el mismo equipo.

Ahora hemos estado viendo el capítulo 2 de Tito, y vemos que una de las cosas que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes, es a entrenarlas para que sean sumisas a sus esposos, a responder al liderazgo y a la iniciativa de sus esposos para que la Palabra de Dios no sea blasfemada.

Quiero que hoy veamos lo que la sumisión no significa. Mientras vemos lo que no significa, veremos algunas cosas sobre lo que sí significa. No significa, antes que nada, que tú eres inferior a tu esposo o que vales menos que él. De acuerdo a la Palabra de Dios esposo y esposa son creados ambos a la imagen de Dios y son completamente iguales delante de Dios. Primera de Pedro dice que son coherederos de la gracia de la vida.

El hecho de que ambos son iguales y creados a la imagen de Dios no contradice las diferencias creadas por Dios y que te distinguió en términos de las asignaciones que te dio, en cuanto a tu función. Ahí es que vemos la diferencia.

Ser sumisa no implica una obediencia forzada. A los esposos no se les dice en ningún lugar de las Escrituras que deben someter a sus esposas. La sumisión debe ser la respuesta voluntaria de la esposa como fruto del amor y la obediencia a su Padre celestial. No fruto de la coerción o un cumplimiento forzado.

La sumisión tampoco es una esclavitud o una sumisión servil. No es eso para nada. Son coherederos de la gracia de la vida. Son compañeros de vida. Es una respuesta amorosa, gozosa, hacia su liderazgo.

La sumisión no es ciega. No quiere decir que tú le das a tu esposo una obediencia ciega y sin cuestionamientos. “Sí señor, usted dice ‘salta’ y yo digo, ‘¿cuán alto?’” que no hay criterio, no hay respuesta ni pensamientos. Es solo esta obediencia ciega, sin sentido que no cuestiona nada.

No quiere decir que tú no das tu opinión cuando la tengas y estoy segura que la tienes en muchas ocasiones. Estás hecha para ser ayuda y no lo ayudas al pararte a su lado viendo como se prepara para saltar a un abismo o ves a la familia caminando en una dirección preocupante por lo que sabes de la Palabra de Dios y porque has estado buscando al Señor y tienes preocupaciones en tu corazón. Si eres su ayuda, necesitas dar esas opiniones.

Creo que hay algunas que pensarán, “Bueno, si soy sumisa, no puedo decir nada. Solo me callo y hago lo que él dice.” Eso no es sumisión bíblica. La sumisión bíblica no quiere decir que tu esposo siempre tiene la razón. No quiere decir que su dirección para tu familia siempre es correcta.

De hecho, la sumisión no es realmente probada hasta que llegan a un punto donde tienen un desacuerdo. Si ambos están de acuerdo con algo, realmente no requiere sumisión. Ambos están caminando en la misma dirección y ven la situación de la misma forma y eso está bien. Pero la prueba de la sumisión viene cuando él está en una dirección y tú lo ves de otra manera.

La sumisión no significa que le debes una obediencia absoluta e ilimitada a tu esposo. No quiere decir que debes seguir a tu esposo en el pecado. Si el está dirigiéndote a ti o a tu familia en una dirección contraria a la Palabra de Dios… No estoy diciendo de algo que sea simplemente contrario a tu preferencia, sino que él te esté diciendo que hagas algo que las Escrituras prohíben o te está prohibiendo algo que las Escrituras te mandan a hacer.

Sumisión no quiere decir que corres a tirarte de esa colina y desobedeces a Dios para poder someterte a tu esposo. No debes pecar a fin de someterte. Debes obedecer a la autoridad mayor. Pero cuando obedezcas a la autoridad mayor en esos casos excepcionales donde la dirección de tu esposo sea contraria a la Palabra de Dios, tu respuesta aun en ese momento debe ser con una actitud humilde y respetuosa.

He escuchado a muchas mujeres a lo largo de los años hablar sobre sus problemas con la sumisión. He aconsejado a muchas mujeres; he escuchado muchas historias. Estoy convencida de que es poco usual—de hecho, muy inusual—que el verdadero problema sea que el esposo esté pidiéndole a la esposa que peque.

Claro, eso sucede pero aun en matrimonios muy malos la mayor parte de los asuntos no se deben a que él te esté pidiendo que peques. Más frecuentemente es solo que no están de acuerdo con algo o no crees que es lo mejor. Y puede que tengas razón. Pero no te está pidiendo que peques. Ahora, si te estuviera pidiendo que peques, si esa es la dirección que tú percibes, tu lealtad primera es con Cristo y debes obedecer a la autoridad mayor.

La sumisión tampoco es un sometimiento externo a la dirección de tu esposo. No es un cumplimiento externo únicamente. Como esposa eres llamada a someterte a tu esposo de una forma que se asemeje a Cristo, lo que quiere decir no estar molesta o resentida o no tener una actitud rebelde.

El llamado de Dios en Tito 2 en cuanto a la sumisión de la mujer a su esposo no se limita a ser sumisas en su conducta. Es más bien ser sumisas en su espíritu. ¿Cuántas de ustedes, esposas, saben la diferencia? Quizás sabes lo que es someter tu comportamiento pero no sabes lo que implica el tener un espíritu sumiso. Esa es la prueba.

Déjame darte algunas ilustraciones de algunas de mis amigas que me escribieron sobre esto cuando lo solicité hace algunos días.

Una mujer dijo,

“Años atrás mi esposo y yo fuimos invitados una noche a salir a cenar, y por alguna razón yo me sentí impulsada a preguntarle si debía ponerme un vestido o unos pantalones. [Ella dijo que normalmente no hacía eso pero que ese día en particular lo hizo]. El quería que yo me pusiera un vestido pero ya yo había decidido que quería ponerme pantalones. Yo me “sometí” [Ella puso eso entre comillas] y me puse un vestido, pero por dentro estaba muy de pie con unos pantalones puestos.

A través de este incidente Dios me mostró que la sumisión es mucho más que simplemente hacer lo que se nos pide. Es un asunto del corazón.”

Y aquí una historia similar de otra amiga. Ella dijo,

“Antes entendía la sumisión como no violar de forma directa las instrucciones de mi esposo. Si él definía una línea, yo me sometía. Yo pensaba que eso era sumisión. Mi entendimiento de la sumisión estaba más centrado en las acciones externas que en la humildad interna de un corazón rendido.

El estilo de liderazgo de mi esposo nunca ha sido autoritario. Es un líder muy gentil y amable y raramente es definitivo sobre algún tema. Pero temprano en nuestro matrimonio, si él tomaba una decisión que yo no quería seguir, yo me sometía con resistencia. [Por cierto, puedes hacer sentir a tu esposo miserable con ese tipo de sumisión. Porque él puede percatarse de ello.]

Yo era como un niño en la silla de comer que insistía en pararse en la silla mientras la madre intentaba que se sentara. Cuando finalmente se sentaba, enfáticamente diría, ‘Puede que esté sentado exteriormente pero estoy parado en mi corazón.’ Esa era yo. Puede que me sometiera a las decisiones de mi esposo, pero era con una mala actitud, y si me daba la oportunidad, estaba lista para señalarle por qué esa decisión no funcionaría.”

Y entonces vemos el problema de ese tipo de sumisión no-bíblica, carente de un espíritu sumiso.

“Como resultado de mi personalidad voluntariosa y del temor a la confrontación que temía mi esposo, nuestro matrimonio sufrió mucho bajo esa dinámica invertida: él siguiendo mi liderazgo.

Cuando me percaté de cómo mi dominio lo había afectado, lo había castrado y paralizado con temor, me acerqué a él arrepentida y buscando su perdón. Pero ha sido una ardua tarea la de reconstruir y aplicar serios esfuerzos para desarrollar nuevos patrones de comportamiento y de aprender la actitud humilde que es necesaria para vivir la sumisión bíblica. Para él significa tener el valor de liderar luego de años de seguir mis pautas.”

Así que como ves, con una falta de espíritu sumiso, puedes cavar tu propia tumba y construir patrones en tu matrimonio que serán muy pero muy difíciles de revertir en años posteriores.

De manera que la sumisión implica responder a la iniciativa de tu esposo, a su liderazgo y eso implica la disposición de confiar en Dios y por ende en tu esposo, porque reconoces que Dios es el que está a cargo. Dios es la cabeza. Quiere decir rendir el impulso de estar en control. Quiere decir renunciar a las riendas.

Desde Génesis capítulo 3, eso es muy, muy difícil de hacer para nosotras las mujeres. Existe esta batalla por el control. Me he preguntado, ¿Por qué la sumisión es una lucha tan grande para nosotras en todos los niveles, incluyendo dentro el contexto del matrimonio?

Creo que para muchas es el deseo de control. En Génesis capítulo 3, parte de las consecuencias de la caída en el caso de la mujer fue que Dios le dijo, “Tu deseo, tu inclinación, será para gobernar a tu marido, el tendrá dominio sobre ti” (versículo 16, parafraseado). Estarán desintonizados. No estarán en el orden que fueron creados. Tú no estarás hupotasso—colocada debajo de tu esposo. Tu deseo será dominar su vida. Así que tenemos este deseo de control.

Y creo también que es difícil por causa del miedo. Tenemos el miedo de ¿y qué pasa si él se equivoca? ¿Qué si él dirige nuestra familia a la bancarrota? ¿Y qué si hace que mi vida sea miserable? ¿Y si hace que la vida de mis hijos sea miserable? Eso es temor.

También está el problema del orgullo. “Todo camino del hombre es correcto a sus propios ojos”. Creemos que sabemos más. Es increíble cuando escuchas parejas hablar de conflictos y problemas en su matrimonio. Si oyes a la esposa, piensas, “Oh, ella tiene la razón, él necesita cambiar”. Pero luego cuando escuchas al esposo, piensas, “Oh él tiene la razón, ella necesita cambiar”. Ambos tienen culpa. Cada uno ve las cosas desde su propia perspectiva. Y eso es orgullo.

Luego tenemos este asunto de que somos rebeldes de corazón. ¡Y lo somos! Podemos sentarnos en este salón o en la iglesia o encontrarnos en alguna conferencia y podríamos vernos como muy agradables, bien vestidas y con un espíritu muy dulce, pero de corazón somos rebeldes. Queremos las cosas a nuestra manera. Te digo la verdad. No me importa hacer ninguna de las cosas que debo hacer siempre que no haya otra persona diciéndome lo que debo hacer. ¿Te identificas? Es un asunto de la voluntad. Somos rebeldes. Por eso luchamos.

Ahora para algunas esta lucha es en esta área—y lo he escuchado de muchas mujeres en diferentes maneras—“mi esposo no es un líder”. O, “mi esposo no quiere liderar”. Esta es una gran frustración de muchas, muchas mujeres hoy.

Tengo una amiga que me dijo el otro día, “A mi esposo no le gusta el conflicto ni la confrontación así que él evita dar dirección que piensa que yo no voy a aceptar porque a los hombres no les gusta correr el riesgo de ser derribados o rechazados por hacer lo que ellos creen que es correcto”.

Luego le pregunté al esposo de esta mujer, en presencia de ella, en cuanto a su perspectiva con respecto a esto. Desde la perspectiva del hombre, “Dime ¿porqué es más difícil para algunos hombres liderar a sus esposas?” Y él dijo, “Principalmente, si un esposo siente que su liderazgo va a amenazar su relación, el protegerá la relación y no el liderazgo”. Él se va a retirar porque él no quiere que la relación corra peligro.

Así que puedes obedecer externamente pero tener este espíritu resistente, frío, castigando a tu esposo emocionalmente, siendo manipuladora, controladora, teniéndolo como un rehén. ¿Sabes lo que es posible que pase? Es probable que él se retire. Luego dices, “¿Por qué él no lidera?” Tal vez quieras devolverte y decir, “¿He hecho que el liderar sea algo amenazante para él?”

Como mujeres podemos hacer eso de formas bien silenciosas. Puede que no seas una gritona pero tu esposo sabe cuando él está pagando por haber tomado la iniciativa y haber liderado en algo con lo que no estabas de acuerdo.

Yo he estado haciendo encuestas entre los esposos esta semana pasada, preguntándoles sobre cómo luce la sumisión desde su perspectiva y por qué es difícil para algunos hombres liderar en algunos casos. El esposo de otra amiga me dijo, “Si todo es desafiado y cuestionado, es más difícil liderar que no hacer nada, un esposo pudiera bien decidir no hacer nada en vez de tomar el riesgo al fracaso”.

Una mujer me envió un correo electrónico y decía, “Nuestro matrimonio consiste en un esposo pasivo que no es creyente y una esposa dominante [hablando de ella misma] que como creyente conoce el mandamiento pero está luchando para obedecer y someterse a su esposo. Como resultado, hay muchas ocasiones donde mi esposo simplemente me deja tomar las decisiones para evadir el conflicto. Esto va en constante detrimento de nuestro matrimonio”.

El increíble modelo que tenemos en las Escrituras para la sumisión en acción y en espíritu—el más grande modelo—es el del Señor Jesucristo mismo. El Padre y el Hijo, totalmente iguales, y de todas formas el Hijo le dice al Padre, “He venido a hacer tu voluntad, oh Dios”. En los Salmos, “Me deleito en hacer tu voluntad”. El mandamiento del Padre vino a ser la decisión del Hijo. Sumiso a la voluntad del Padre.

En Juan capítulo 6, versículo 38, Jesús dijo: “Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió”. Hupotasso—colocándose a sí mismo debajo de la autoridad de su Padre Celestial. Y él lo llevó a las últimas consecuencias. Filipenses capítulo 2, versículo 8, “Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz”.

Tú dices, “Que final tan terrible. Mira a donde le lleva la sumisión”, No, debes leer el próximo versículo. “Por lo cual Dios le exaltó hasta lo sumo, y le dio el nombre que es sobre todo nombre” (Filipenses 2:9). Ya ves, la sumisión al final es la forma de ser exaltados por Dios.

El asunto fundamental es nuestra sumisión a Dios. Si estamos rendidas y sometidas a Él, colocarse debajo (hupotasso)—someternos a nosotras mismas bajo autoridades humanas—no será tan amenazante para nosotras.

Una amiga me dijo la semana pasada, “Yo no me sometí, ni confié en mi esposo en los primeros años de nuestro matrimonio porque yo no me sometía ni confiaba en el Señor”. ¿No es ahí donde encontramos el verdadero problema? En nuestra relación con el Señor.

No puedes doblar tus rodillas ante tu esposo si no has doblado tus rodillas delante de Dios. Y si no has doblado tus rodillas ante tu esposo, tus rodillas no están dobladas delante de Dios. Una es el reflejo de la otra. Déjame decirte que ese tipo de sumisión debe estar basada en la confianza. Tú dices, “Pero mi esposo no es…” Yo no dije confianza en tu esposo. ¿Dónde está tu confianza? La confianza debe estar en Dios.

Proverbios 21 dice, “Como canales de agua es el corazón del rey en las manos del Señor; Él lo dirige donde le place” (verso 1). Escuchen, mujeres, nuestra disposición para colocarnos debajo de la autoridad ordenada por Dios es la mayor evidencia de cuán grande creemos que Dios realmente es. ¿Crees que Dios es suficientemente grande para convertir el corazón de tu esposo si eso complace al Señor?

Ahora, puede ser que Dios vuelva tu propio corazón hacia Él. Puede que estés pensando que es el corazón de tu esposo que necesita ser cambiado, pero tal vez es tu propio corazón que necesita ser cambiado. ¿Crees, confías en que Dios es suficientemente grande para convertir su corazón si eso complace al Señor y es lo que se necesita?

Puede que tu esposo se equivoque, y lo hará. Los mejores esposos, aquellos con los que tú piensas que te gustaría estar casada si te tocara hacerlo otra vez, los que tú respetas; los ves en el púlpito. Lo escuchas enseñando la Palabra de Dios y piensas, “Oh, esa esposa es muy afortunada”. Escucha, ella vive con él. Tú no. Ese hombre se equivoca, como tu esposo se equivoca, como todos los hombres se equivocan y como tú misma te equivocas.

Todos somos pecadores. Cuando tu esposo da un paso en falso, ¿Cómo permaneces con un espíritu de sumisión? Confías en que Dios es soberano. Confías en que Dios está en control y que Dios no se ha dormido en su trabajo. No se ha levantado de su trono. Él es suficientemente grande y grandioso para convertir el corazón de un hombre y protegerte en el proceso.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss nos ha estado mostrando una imagen de cómo se ve la sumisión cuando las cosas son difíciles.

Es parte de un estudio profundo de Tito 2 que toda mujer debe oír. Esta serie cubre la relación de una mujer con Dios, la doctrina, el dominio propio, las relaciones con otras mujeres de la iglesia, los hijos y los esposos.

Nuestro ministerio se sostiene con tus ofrendas. Puedes llamar para hacer tu ofrenda marcando el 1-800-569-5959 desde EE.UU. y Canadá. También invitamos a visitar nuestra página web, http://www.AvivaNuestrosCorazones.com. Podrás encontrar artículos y recursos de interés sobre este tema.

En el próximo programa continuaremos viendo la sumisión de una forma práctica. ¿Cómo se ve entre dos personas imperfectas? Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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J10 – ¿Amar, cuidar y obedecer?

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J10 – ¿Amar, cuidar y obedecer?

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/amar-cuidar-y-obedecer/

Carmen Espaillat: ¿Qué viene a tu mente cuando piensas en la palabra sumisión? Nancy Leigh DeMoss lo aborda de esta manera.

Nancy Leigh DeMoss: Creo que debemos partir de la premisa de que la sumisión es algo bueno. Es algo hermoso.

Quizás no sea fácil de entender. Quizás no sea fácil vivirlo o abrazarlo porque somos caídos y por naturaleza no queremos someternos a nada ni nadie más que a nosotros mismos. Entonces como pecadores caídos, es difícil.

Pero si tan solo pudiéramos volvernos atrás y tener la perspectiva de que es hermoso; que es bueno; que es para nuestra bendición; para nuestro beneficio; es para nuestra protección. Y mucho más importante, que es para la gloria de Dios.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Hemos estado en una enriquecedora serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5. Ha sido espiritualmente profunda y muy práctica, cubriendo una variedad de temas que afectan hoy a la mujer. Aquí esta Nancy Leigh DeMoss.

Nancy: Recientemente me topé con una página web de una planificadora de bodas que ayuda a las novias, futuras jóvenes novias, a planificar sus bodas. He aquí un párrafo de esta página web. Dice así:

“Los votos de una boda tradicional incluyen preguntar al novio si él va a amar y a honrar. Pero a la novia se le pregunta en los votos tradicionales si ella va a amar, honrar, y a obedecer a su esposo. La palabra obedecer [según dice esta página web] parece ser problemática para la mayoría de las novias. Hoy en día, las parejas se ven a sí mismas como compañeros iguales cuando se casan, por lo que la palabra obedecer se elimina de los votos”.

Así que lo que ha sido tradicional, hoy no aplica, según dice esta planificadora de bodas.

Me encontré con una página web cristiana donde había una discusión en uno de sus blogs sobre si incluir o no “obedecer” en los votos matrimoniales. Una mujer que se identificó como “Anne” dijo lo siguiente:

“No me he casado, pero espero algún día hacerlo. Pero no quiero incluir la palabra ‘obedecer’ en mis votos. ¿Amar, honrar y respetar? Sí, definitivamente. Pero no voy a decir ‘obedecer’ a ningún hombre. Yo obedezco a Dios y solo a Él serviré. ‘Obedecer’ para mí significa subyugación, servidumbre, pérdida de derechos, falta de habilidad para tomar decisiones. Quizás cambie de parecer, pero por ahora no lo creo.”

Yo creo que Anne representa dónde muchas, muchas, quizás la mayoría de la mujeres se encuentran en su entendimiento y perspectiva sobre la obediencia; sobre esa palabra obedecer o la palabra con “s”; sumisión. Hoy vamos a sumergirnos en eso y trataremos de obtener luz bíblica sobre cómo luce la sumisión, lo que significa y por qué es importante.

Nos encontramos en Tito capítulo 2, y estamos aprendiendo aquellas cosas que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes. Las ancianas deben enseñar lo que es bueno, así como instruir a las jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos. Y ten en cuenta dónde comienza todo este currículo. Comienza con la palabra “amor”… Amar.

Si tienes amor en tu corazón, entonces todo lo demás en esta lista será mucho más fácil de cumplir. “ Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar, amables, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada” (Tito 2:4-5).

Ahora bien, sé de un montón de mujeres que piensan, “Si Dios hubiera podido dejar esa última característica fuera de esta lista, sería mucho más fácil de tragar.” ¿Estoy en lo cierto? Sumisas a sus propios maridos.

¿Qué significa esa palabra? ¿Por qué se encuentra en las Escrituras?

La palabra—y muchas de ustedes han escuchado esto antes—en el lenguaje original sería la palabra hupotasso. Es una composición de dos palabras griegas, hupo que significa “debajo” y tasso que significa “orden”.

Cualquier persona de la época en que esto fue escrito habría sabido que este término es un término militar común en el lenguaje griego. Significaba organizar las tropas al estilo militar bajo el mando de un líder. Así que tienes a un comandante y tienes las tropas que serían dispuestas en orden y de manera organizada bajo el mando de ese líder.

De manera que hoy ya no es solo un término militar. Ha llegado a significar: “colocar de una forma ordenada bajo algo; someterse a otra persona; situarse a uno mismo en sumisión.”

Quiero señalar que esta sumisión, de la forma en que la palabra es usada en el Nuevo Testamento, es un acto voluntario. Es auto someterse. Nadie puede hacer que te sometas a cualquiera ni a nada. Si tienes hijos adolescentes, sabrás cuán cierto es esto.

La sumisión es la aceptación del orden de Dios para nuestras vidas. Y en lo que se refiere al matrimonio, que es sobre lo que estamos hablando aquí—que las esposas se sometan a sus propios maridos—sumisión, para una mujer, significa aceptar el orden Dios para su vida como esposa.

De hecho, para su marido la sumisión significa aceptar el orden de Dios para su vida, y vamos a hablar de eso en un momento. La forma en que la palabra es usada, la forma en que la palabra en el lenguaje original, dice que las mujeres deben estar sometiéndose continuamente a sus maridos.

Esto es un estilo de vida permanente, no es una elección de una sola vez . Tu esposo no toma decisiones con las que no estás de acuerdo solo de vez en cuando. Esto pudiera ser un reto en la sumisión. Pero la sumisión debe ser un estilo de vida, continuamente sometiéndonos a la autoridad ordenada por Dios.

Si tienes el libro de Tito abierto, quiero mostrarte que este concepto de sumisión es un tema que recorre todo el libro, iniciando con el concepto de desobediencia o insubordinación, lo opuesto a la sumisión. Vemos en el capítulo uno que la desobediencia o insubordinación son características de aquellos que no conocen a Cristo. Es una característica de los no creyentes.

Observa en el capítulo 1, en el versículo 6. Aquí se está hablando acerca de los requisitos para los líderes espirituales dentro de la iglesia. “Esto es, si alguno es irreprensible, marido de una sola mujer, que tenga hijos creyentes, no acusados de disolución ni de rebeldía.” Tener un hijo rebelde o insubordinado descalifica a un hombre de ser un líder espiritual en la iglesia.

La palabra insubordinación en el original no es hupotasso esencialmente. Es todo lo opuesto. Es el lado negativo. Es un niño que no está bajo autoridad.

Luego observa en el capítulo 1, versículo 10: “Porque hay muchos rebeldes.” De nuevo una descripción de los no creyentes. Después en el capítulo 1, versículo 16 describiendo a los no creyentes dice—“siendo abominables y desobedientes”. Esa palabra no se diferencia de la palabra insubordinación . Tiene que ver con no dejarse convencer, con no estar dispuesto a escuchar, a estar endurecido, terco y obstinado.

En el capítulo 3, versículo 3, el apóstol Pablo dice: “Porque nosotros también en otro tiempo éramos necios”— ¿y qué más? “Desobedientes”. Éramos así.

No todos lo vivimos. Fui redimida a la edad de 4 años, así que no tuve una gran cantidad de años para mostrar un montón de desobediencia salvaje en términos de un mal comportamiento. Pero mi corazón no estaba bajo autoridad.

Por el contrario, cuando Pablo se dirige a creyentes él hace énfasis en que la sumisión es una característica de aquellos que verdaderamente han nacido de nuevo. Él habla de la sumisión en el contexto de una variedad de relaciones. Acabamos de ver el capítulo 2, versículo 5 donde las jóvenes tienen que ser sumisas, hupotasso, ordenadas bajo sus propios maridos.

Pero no solo es a las mujeres. Observen en el versículo 9 del capítulo 2. “Exhorta a los siervos a que se sujeten”, hupotasso, “a sus amos en todo, que sean complacientes, no contradiciendo.”

Así que de nuevo tenemos esta estructura de autoridad; existe esta disposición. Se puede comparar esto con el mundo del trabajo. Hay jefes y hay subordinados. Aquellos que se encuentran bajo jefes, deben estar bajo los mismos, hupotasso, sumisos, para agradar, sin argumentar.

Ellos no son los que tienen la última palabra. Ellos no están para contender diciendo: “Lo haré a mi manera”. Ellos están ordenadamente dispuestos por debajo de sus jefes. Revisa el capítulo 3, versículo 1, y de nuevo puedes ver este tema recurrente en Tito.

Ahora él está hablando sobre todo el mundo en el cuerpo de Cristo. Él dice: “Recuérdales que estén sujetos,” hupotasso. “sujetos a los gobernantes, a las autoridades; que sean obedientes.”

Dios ha configurado todo el universo con relaciones de autoridad y sumisión. Hay un orden para este universo. Y Dios es el diseñador del universo. Él es quien mejor sabe cómo debe funcionar, porque Él lo hizo. El llamado a los creyentes es a que estén bajo la autoridad ordenada por Dios, disponernos a estar hupotasso, a estar bajo la autoridad ordenada por Dios.

Ahora en lo que se refiere a la sumisión dentro del matrimonio, este es un botón rojo. Es un tema tan controversial que tienes que tener la piel muy gruesa para hablar de esto en público, especialmente si eres hombre, o un pastor. Necesitamos pastores que prediquen la Palabra de Dios respecto a esto.

Pero creo que una de las razones por las que hoy en día es tan difícil hablar de ello es por todo el montón de ideas erróneas acerca de la sumisión. Hay mucha confusión. Todo este concepto es inconcebible para muchas personas hoy en día, incluyendo tristemente a muchos creyentes.

Hay muchas personas que consideran este concepto como culturalmente irrelevante y simplemente descartan la idea. La denominación Bautista del Sur en el año 2000 modificó su documento básico de teología llamado “La confesión de fe bautista”. Entre otros cambios añadieron una declaración sobre vida familiar. Quiero leerles lo que ese párrafo citaba:

“El esposo y la esposa tienen el mismo valor delante de Dios, ya que ambos fueron creados a imagen de Dios. La relación matrimonial modela la forma en que Dios se relaciona con su pueblo. Un esposo debe amar a su esposa como Cristo amó a Su iglesia. Él tiene la responsabilidad dada por Dios de proveer, proteger y guiar a su familia.

Una esposa debe someterse de buena gana al liderazgo de siervo de su esposo, así como la iglesia se sujeta voluntariamente a la autoridad de Cristo. Ella, siendo creada a la imagen de Dios así como lo es su marido y por lo tanto igual a él, tiene la responsabilidad dada por Dios de respetar a su esposo y servirle como su ayuda en la gestión del hogar y en la crianza de la próxima generación.”

Ahora bien, ese párrafo a mí me suena muy parecido a un montón de cosas que he escuchado o leído en las Escrituras, las cosas que hemos estado hablando en esta serie. Pero cuando esa corrección fue aprobada en la Convención Bautista del Sur, estalló una tormenta de fuego. Fue algo muy grande en el mundo secular y tristemente también en el mundo cristiano.

Por supuesto, la frase que desató toda la ira fue la frase: “Una esposa debe someterse de buena gana al liderazgo de siervo de su esposo.” La gente se enfureció con esto—tanto los cristianos como los no-cristianos, los bautistas como los no-bautistas.

Un ex presidente de los Estados Unidos—no diré quién—trasladó su membrecía de por vida de la denominación Bautista del Sur, calificándoles de “rígidos” y diciendo que, “Esta declaración era una distorsión del significado de la Escritura”.

Es un tema muy controversial. Es un tema explosivo. Pero debemos iniciar diciendo que este concepto de que las esposas sean sumisas a sus maridos está claramente, e inequívocamente establecido en las Escrituras, múltiples veces, no solo una vez, sino muchas veces.

Los teólogos del presente, muchos de los cuales se llaman a sí mismos cristianos evangélicos, están haciendo todo tipo de malabares para explicar estos textos, para hacerlos decir algo distinto de su significado literal. Ellos dicen algo como, “Ah, eso fue solo para esa cultura. Eso era solo para ese contexto, pero no se aplica a nuestra cultura.”

Al estudiar las Escrituras, puedes ver que este concepto es consistente con la totalidad de las Escrituras y que es algo transcultural. Trasciende las culturas y las épocas. Yo no voy a entrar en todo el debate técnico ni teológico de todo esto. Hay algunos buenos libros que puedes leer sobre el tema, y en nuestra página web www.AvivaNuestrosCorazones.com tenemos algunos recursos que si quieres estudiar más al respecto están disponibles.

Pero me gustaría decir, como punto de partida para todo este concepto de la sumisión en general, y en particular de la sumisión en el matrimonio, que esta es la idea de Dios. Esto no es algo que Pablo se inventó. No es algo que tu esposo ideó. Esto no es algo que los hombres se reunieron y dijeron, “¿Cómo podemos hacer la vida de la mujer miserable? Ajá, ya sé lo que haremos: ¡Haremos que se sometan a nosotros!”

No fue a un club de hombres a quienes se les ocurrió esta idea. Este es el soberano, Dios creador y Señor del universo, que no solo es soberano, pero que es sabio, bueno y amoroso, y nos hizo y cuida de nosotros como Sus hijos y Sus hijas y quiere lo mejor para nosotros. Él es el diseñador. Él sabe lo que es mejor para nosotros.

Él ha establecido relaciones de autoridad y sumisión en todo el universo. Creo que debemos tener este punto de partida de que la sumisión es algo bueno. Es algo hermoso.

Quizás no sea fácil de entender. Puede que no sea fácil de vivir o abrazarlo porque somos caídos y no queremos naturalmente someternos a nada ni a nadie más que a nosotros mismos. Así que como pecadores caídos, es difícil.

Pero si pudiéramos volver atrás y obtener la perspectiva de que es hermoso; de que es bueno, de que es para nuestra bendición; es para nuestro beneficio; es para nuestra protección. Aún más importante, es para la gloria de Dios.

Esta es la perspectiva con la quiero que iniciemos. Si Dios lo ordena, entonces es bueno, es precioso. Para nosotros abandonarlo o rechazarlo o fallar en abrazarlo es hacernos daño a nosotros mismos y al Evangelio.

Mientras me preparaba para esta serie, estaba luchando un poco porque estaba bajo la suposición de que todas las mujeres cristianas ya entienden este concepto de la sumisión. Les guste o no, lo entienden. Y estoy pensando, “¿Qué podría yo decir que sea nuevo o interesante o que no hayan escuchado antes?” Estaba luchando un poco con eso.

Pero luego tuve una cena hace como una semana aproximadamente con algunas de mis amigas. Estábamos hablando y les pregunté, “Cuando se casaron y cuando eran jóvenes esposas, ¿cuál era su concepto sobre la sumisión? ¿Lo entendían?”

Fue interesante ver, mientras recorríamos alrededor de la mesa, como estas mujeres dijeron, todas de maneras diferentes, “Yo no tenía ni idea sobre la sumisión, sobre lo que realmente es, o tenía conceptos erróneos acerca de lo que realmente es.”

Dijeron cosas que les hubiera gustado entender mejor como jóvenes esposas, y es por eso que tenemos Tito capítulo 2 que habla de que las mujeres mayores deben enseñar a las más jóvenes estos conceptos. Una de las mujeres en la mesa dijo: “Mi idea de la sumisión era hacer lo que mi esposo quería que yo hiciera, solo si estaba de acuerdo con eso y si me gustaba.”

Y yo le dije: «¿En serio?»

Y ella me dijo: “Sí. Realmente ese era mi concepto de sumisión. Si me gustaba o estaba de acuerdo con algo, entonces lo hacía.”

Recibí un correo esta semana de otra mujer. Después de la conversación en esa cena envié correos a varias de mis amigas diciendo, “Me gustaría saber cuál era su concepto de sumisión cuando se casaron, y en qué áreas han luchado con este problema.”

Una mujer dijo,

“No solo no sabía nada sobre la sumisión, sino que mi madre era una mujer alemana obstinada quien muy a menudo pisoteaba a mi papá con sus demandas y sarcasmos. Si yo hubiera entendido la sumisión bíblica al inicio de mi matrimonio, hubiéramos podido evitar muchos argumentos hirientes.”

Quiero decir a las mujeres más jóvenes que nos están escuchando, que si puedes venir al entendimiento del concepto de Dios sobre la sumisión bíblica como la de Cristo, podrás evitar muchos problemas que hacen daño a tu matrimonio.

Eso no quiere decir que no habrá problemas, porque la sumisión y la dificultad usualmente van de la mano. Así que esto no es algo fácil. Pero si lo aprendes a la manera de Dios y lo haces a Su manera, encontrarás una enorme protección y bendición en tu matrimonio.

Durante los próximos días, quiero exponer los “ABC” de la sumisión, los conceptos básicos. Puedes haber escuchado antes muy a menudo estas cosas, pero he descubierto, aún siendo una mujer soltera pensando en estos asuntos, que es bueno para mí revisar y ensayar los conceptos básicos.

No voy a cubrir todo el fundamento sobre este tema, no voy a contestar todas las preguntas que pudieran levantarse sobre este tema— ¿cómo se aplica en esta o en aquella situación?—pero voy a ofrecer un conocimiento fundamental, lo que es y lo que no es la sumisión, y cómo se ve en el matrimonio.

Permítanme comenzar diciendo que la sumisión no se basa en cuán sabio o espiritual o piadoso o capaz sea tu esposo. Tampoco se basa en que si te guste su estilo, sus modales o su personalidad. No quiere decir tampoco que él es más espiritual de lo que tú eres. No quiere decir que él sea más inteligente que tú. No está basado en ninguna de esas cosas.

¿Sabes en lo que se basa? Se basa en la posición que Dios le ha dado a él y a ti colocándote bajo su cargo. ¿Cuál es esa posición?

Primera a los Corintios capítulo 11, versículo 3, lo dice con tanta claridad. “Pero quiero que sepáis que la cabeza de todo hombre es Cristo.” Los hombres tienen que ser sumisos. “La cabeza de la mujer [de la esposa] es el hombre [su esposo] y la cabeza de Cristo es Dios.”

Entonces, ¿puedes ver la jerarquía en esto? Dios es la cabeza de todo. Él es la cabeza de Cristo. Cristo es la cabeza del hombre, y la cabeza de la mujer es su esposo.

Así que toda sumisión es con relación a Dios. El esposo debe estar sometido a Cristo. Esto pone una enorme responsabilidad sobre los hombres, por cierto, esto de estar sometidos a Cristo. Pero la mujer es responsable, en cuanto a la sumisión, de posicionar a su esposo como su cabeza.

Podemos ver ese mismo pensamiento en Efesios capítulo 5, en los versículos 22 y siguientes. “Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos.” Por cierto, tanto Tito como Efesios expresan claramente que tu sumisión no es hacia el esposo de cualquier otra persona, sino al tuyo.

Las mujeres estén sometidas a sus propios maridos como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo Él mismo el Salvador del cuerpo. Pero así como la iglesia está sujeta a Cristo, también las mujeres deben estarlo a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia y se dio a sí mismo por ella (versículos 22-25).

Se puede ver que el contexto para la sumisión es una relación de pacto. Ése es el contexto. Pablo establece la sumisión de la esposa en el contexto del amor sacrificial de su esposo y el amor de la esposa a su marido.

En Tito capítulo 2, versículo 4 dice (NVI), “Amar a sus esposos, y a sus hijos.” En ese contexto, no será tan difícil someterse.

Al mirar ese pasaje en Efesios capítulo 5, nos damos cuenta que hay muchas más cosas en juego en esto que simplemente cómo te sientes al respecto. El cuadro es más grande. Es el plan de redención. El matrimonio cristiano tiene la intención de ser la imagen de la relación entre Cristo y Su iglesia.

Esta es la razón fundamental para someterte a tu esposo—lo que hace que el mundo piense sobre la relación entre Cristo y Su iglesia. El matrimonio es una imagen de Evangelio. Cuando los esposos y las esposas no cumplen con su rol dado por Dios en el matrimonio, ellos empañan la imagen. Traen reproche sobre la Palabra de Dios.

Así que permíteme preguntarte, ¿qué dice tu matrimonio acerca de la relación de Cristo y Su novia? Dios no te hace responsable por cuán bien tu esposo cumple con su parte dentro de la imagen, hay mujeres en esta sala con esposos no creyentes o que no actúan como creyentes. Tú no eres responsable de eso.

Dios lo va a hacer a él responsable sobre qué tan bien cumplió su ejemplo práctico de amar a su esposa como Cristo ama a Su iglesia. Pero te hará responsable a ti también—y sé que algunas de ustedes son mujeres jóvenes que aún no se han casado. Es necesario que entiendas esto antes de casarte, que tu llamado en el cuadro será el de representar la forma en que la iglesia debe responder a Cristo, su esposo.

No queremos estropear esa imagen. Así que no solo se trata de la dinámica, la química y la danza en tu propio matrimonio. Ten en cuenta mientras vives este concepto de amor, reverencia y sumisión en tu matrimonio, que eres parte de una grandiosa, más grande y mayor imagen y plan.

Tu matrimonio afecta toda la imagen. Así que si no es por el bien de tu marido ni el tuyo, o por el bien de tus hijos, entonces por amor a Cristo di: “Sí, Señor, estoy dispuesta a vivir mi parte de esta imagen y a hupotasso, estar debajo, a colocarme bajo el liderazgo, la autoridad de mi esposo.”

Queremos hablar en la próxima sesión acerca de lo que implica esa autoridad y sobre lo que la sumisión significa y no significa. Pero el punto de partida es diciendo, “Sí Señor. Quiero que mi vida, que nuestro matrimonio, sea una imagen de Tu grandioso plan de redención.”

Carmen: Esta es Nancy Leigh DeMoss. Sabes que someterte a tu marido es solo un aspecto de reflejar la belleza de Dios como una mujer de Dios. Hemos estado estudiando el hermoso diseño de Dios para la mujer durante varias semanas. Espero que escuches la serie completa. Puedes escucharla visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com. Obtén todo el trasfondo del tema de la sumisión y aprende también otros distintivos de una mujer de Dios.

Someterte a tu esposo es imposible a menos que primero te sometas a Dios. Descubre por qué, cuando Nancy Leigh DeMoss retome este tema en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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J9 –Entrenándote a ti misma y a tus hijos

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J9 –Entrenándote a ti misma y a tus hijos

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/entrenandote-ti-misma-y-tus-hijos/

Carmen Espaillat: ¿Qué efecto tendría la hipocresía en tus hijos? Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss : Creo que debemos al menos hacernos la pregunta: “¿Vieron nuestros hijos, no solo algunas cosas de manera aislada, pero un patrón de vida o un espíritu en nuestro hogar que no era coherente con lo que decíamos creer?”

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Durante varias semanas, Nancy Leigh DeMoss ha ofrecido enseñanzas prácticas acerca de Tito 2:1-5. Es un pasaje poderoso para las mujeres de hoy. Kim Wagner y Holly Ellif, cuyos esposos son pastores, explican como los principios en estas series transformaron sus decisiones como esposas y madres. Aquí tenemos a Holly.

Holly Elliff: Escuché hablar a Gloria Gaither sobre un momento en su vida donde ella fue ante el Señor, y ella se quejaba ante Dios. Ella quería hacer esto, y quería hacer esto otro, y permanecía siendo interrumpida por todas esas otras cosas que le impedían continuar con este otro ministerio y el libro que quería escribir.

Dios vino a ella y le dijo: “Gloria, todas esas cosas que viste como interrupciones eran elegidas por Mí para este tiempo. No eran interrupciones. Yo estaba dirigiendo hacia tu vida aquellas cosas que Yo deseaba que estuvieran allí.”

Ella dice que esto cambió totalmente su perspectiva mientras examinaba como era su vida de años atrás. Pero también dijo, ya como una mujer mucho mayor: “Me hubiese gustado haber sido capaz de mirar hacia atrás mucho antes, porque he desperdiciado tantos años frustrándome con las interrupciones. Desearía haber reconocido antes que no eran interrupciones sino que Dios las había puesto allí en mi vida.”

Nancy: Ciertamente, creo que esa perspectiva puede guardar a una mujer del resentimiento, de la amargura; evitar que se irriten fácilmente, que manifiesten un espíritu impaciente e irritable, como hemos hablado en programas anteriores.

Kim Wagner: Esto nos lleva a un estado de entrega total, donde realmente vemos las cosas desde la perspectiva de Dios, la perspectiva de la soberanía de Dios, reconociendo que “Dios, Tú eres soberano, Tú tienes el control, y todo lo que permites es bueno porque Tú eres un Dios bueno.”

Holly: Creo que es importante, también, darnos cuenta de que esta no necesariamente será una decisión que tomaremos una sola vez.

Kim: Es cierto. Es algo constante.

Holly: A medida que maduramos en Cristo, comprenderemos mejor la soberanía de Dios. Pero literalmente, en ocasiones, cada momento debe ser uno de rendición ante la voluntad de Dios. Así que puede ser que constantemente tenga que salir de la cocina y decir con el espíritu correcto: “¿Dios, cambiare mi corazón mientras me encuentro haciendo estas cosas mundanas, o estas cosas del mantenimiento, o tratando con esta relación? ¿Me podrías dar un corazón dispuesto en medio de todo esto?”

Nancy: Esto es algo crucial para cada madre. ¿No les parece que el espíritu y el tono de una madre tienen mucho que ver con el clima de un hogar?

Kim: Sí. Por supuesto.

Nancy: Yo solo pienso: “¿Qué está pasando con esos esposos y con esos hijos?” Ahora bien, yo no estoy diciendo que las mujeres son las únicas que están en falta aquí. Pero como veo el nivel de frustración, el nivel de irritabilidad, estoy pensando que hay esposos, hijos, nietos, compañeros de trabajo y miembros de la iglesia, que están siendo afectados por estas actitudes y espíritus nocivos.

Es por esto que pienso que, en medio de este práctico pasaje de Tito capítulo 2, sobre las cosas que hacen las mujeres más jóvenes en relación al hogar, el amor y la bondad son como una especie de fundamento o plataforma desde donde estas tareas deben llevarse a cabo.

Kim: Lo que acabas de mencionar Nancy acerca de todas las mujeres que lo están haciendo frustradas y con hostilidad, sin gozo, ni con un espíritu de humildad y gracia, y sobre cómo afecta a las personas a su alrededor… Creo que es ahí, en realidad cuando, en ocasiones, podemos blasfemar la Palabra de Dios, como podemos ver en 1era de Pedro 3 (ver versículos 1-6).

Nancy: Y justo allí es donde termina Tito 2 también.

Kim: Es cierto. Somos creyentes. Somos cristianas, y debemos reflejar el amor de Cristo. Debemos reflejar Su carácter, Su naturaleza, debemos reflejar lo que Él es. Cuando proclamamos que somos seguidoras de Cristo, con el Espíritu de Dios habitando en nuestro interior, y sin embargo, el fruto que producimos es hostilidad, criar nuestros hijos sin gozo, viviendo…

Nancy: Amargadas.

Kim: Amargadas, molestas, ofendiéndonos con facilidad, airadas. Todo esto trae oprobio a la Palabra de Dios, ya que contradice lo que decimos que la Palabra puede hacer en nosotras. Decimos que la Palabra de Dios puede transformarnos y hacernos semejantes a Cristo, sin embargo, no le reflejamos como debiéramos hacerlo. Las personas a nuestro alrededor tienen un gran conflicto ya que pensarán: “Si este es el cristianismo…” o “Si esto es lo que la Palabra de Dios hace… ”

Holly: “. . . ¿Quién querría eso? ¿Quién querría vivir de esa manera?”

Pienso que, por un lado, esta es la razón por la que todo el proceso de Tito 2 comienza por la sana doctrina, donde el comportamiento debe ser coherente con sus creencias. Si yo afirmo ser cristiana, tengo un cierto conjunto de creencias, y mi comportamiento debe modelar estas creencias, debe ejemplificar estas creencias. Así que si mi comportamiento no es coherente con lo que proclamo creer, hay una distorsión, algo anda mal. Es ahí donde vamos al Señor, y le decimos: “Dios, muéstrame dónde no me parezco a Ti. Estas son las cosas que quiero que Tú cambies.”

Nancy: No es solo el comportamiento, porque conozco a muchas mujeres que están haciendo un montón de cosas que son correctas. Pero muchas veces, donde yace el reto es, en hacer las cosas correctas, con el espíritu correcto: Haciéndolo con gozo, con amabilidad, con amor.

Piensen por ejemplo en 1lira a los Corintios capítulo 13 y aplica eso a la vida de una madre: “Si alimento a todos mis hijos, y les hago fabulosas comidas, y puedo decorar mejor que cualquier diseñador, y puedo confeccionarle ropas, y hacer todas las cosas, y manejar este increíble horario, pero no tengo amor…”

Kim: Es címbalo que retiñe.

Holly: El Salmo 101 habla de andar en nuestra casa “en integridad de corazón” (versículo 2). Se requiere comprender que mi hogar es el campo donde lo que creo es probado. Así que no importa cómo me veo en la iglesia cuando todos mis hijos están bien vestidos, o cuando vamos al centro comercial y nos comportamos correctamente. Si no reflejo a Cristo dentro de las paredes de mi hogar, entonces, de nuevo, hay una gran discrepancia entre lo que proclamo creer y lo que realmente creo.

Nancy: Yo quiero ser muy cautelosa aquí, porque hay un sinnúmero de personas y de historias diferentes, e innumerables situaciones y oyentes diferentes. Pero insisto, y hemos abordado esto con anterioridad en Aviva Nuestros Corazones: Hay una realidad y es el hecho de que un gran número de adolescentes cristianos que recibieron formación en sus hogares, que fueron ampliamente expuestos al Cristianismo, cuando crecen y llega el momento de dejar sus hogares, por una razón u otra, rechazan la fe de sus padres, la fe en la que crecieron.

Estoy segura de que hay muchos factores que contribuyen a esto, pero uno de estos factores debe ser las veces que miran atrás y dicen: “En mi casa, yo no vi ni experimenté la realidad de lo que escuchaba en la iglesia, ni de lo que escuchaba decir a mis padres”.

Una vez más, no pretendo cargar todo esto a los padres, pero creo que debemos al menos hacernos la pregunta: “¿Vieron nuestros hijos, no solo cosas aisladas, pero más bien un patrón de vida, un espíritu en nuestro hogar, que no era consistente con lo que proclamábamos creer?”

Kim: Creo que puede resultar en algo muy dañino para las madres de niños pequeños. Sé que cuando yo era una madre joven, no estaba consciente en lo absoluto de que debía ser intencional y abrazar la maternidad con gozo. Yo disfruté a mis hijos, pero en momentos donde el panorama se tornaba muy agitado y yo me encontraba súper ocupada, cuando debía estudiar desde mi casa y cumplir con todas mis materias, y yo tenía que hacer las comidas, me parecía que pasaba todo el día sin ni siquiera haber sonreído ni haber hecho todas las cosas con gracia.

Nancy: solo tachabas de tu lista las cosas que ya habías hecho.

Kim: Si solo tachaba de mi lista las cosas que yo había hecho. Creo que esto podría resultar en algo muy dañino, y estoy tan agradecida de que Dios abriera mis ojos con respecto a eso. Me gustaría que lo hubiera hecho antes, pero abrí los ojos al hecho de que necesitamos divertirnos con nuestros hijos.

Nancy: Y con tu esposo.

Kim: Si con nuestros esposos.

Holly: Eso no va a pasar en cada momento del día, pero si tienes varios hijos pequeños, hay momentos en que estás tan cansada y agobiada que piensas: “Si alguien más me pide algo hoy, voy a explotar”.

Así que tenemos que reconocer que vivimos en cuerpos humanos, y que todavía estamos en esa realidad terrenal, llenas de pecado y corrupción. Pero cuando llegamos a esos momentos en que se nos hace tan difícil el escoger responder de la manera correcta, si llegamos a fallar, es muy importante el darnos cuenta que solo nos tomaría un instante volvernos al Señor y decirle: “¿Dios, podrías gobernar mi espíritu? ¿Podrías controlar lo que sale de mi boca?”

Debemos escoger esta opción, así que cuando fallo, vuelvo al Señor y recibo su gracia para que opere en mi vida, porque la mayoría de las veces —o mejor dicho, nunca— tenemos en nosotras lo que se necesita para hacerlo. Entonces, si lo he estropeado todo frente a mis hijos, estaré modelando para ellos la relación que ellos deben tener con su Padre Celestial si vuelvo a ellos y les digo: “¿Saben qué? La manera en que acabo de hacer esto fue realmente terrible, y estuvo mal. ¿Me perdonan? Estaba realmente enojada, y di la respuesta incorrecta.”

Nancy: Esto es muy importante.

Holly: No fue mi respuesta; fue mi reacción. Usamos mucho esas dos palabras en nuestra casa, pero sus hijos pueden entenderlo, incluso los más pequeñitos. Ellos pueden entender que lo hice mal, que vas a venir a decirle: “Lo siento, me equivoqué. ¿Me perdonas?” Ellos pueden entenderlo rápidamente la mayoría de las veces, (si no han sido heridos en repetidas ocasiones, por largos períodos de tiempo), y nos extenderán el perdón. Entonces, les acabas de enseñar cómo ellos deben tratar con su pecado ante su Padre Celestial.

Kim: Y ante los demás.

Holly: Por lo tanto, lo estás ejemplificando para ellos.

Kim: Entonces, la verdadera bendición es cuando tu hijo por iniciativa propia viene donde ti diciéndote: “Mami, ¿me perdonas? Te hablé de una manera incorrecta. No debí enojarme. No debí hablarte de esa forma”.

Holly: Eso es parte de establecer el nivel de las relaciones en el hogar, es algo muy crucial, especialmente a medida que sus hijos son mayorcitos. Enséñales a tus hijos cuando todavía son pequeños que la manera de lidiar con el conflicto en casa es comunicándose, no permitiéndoles que se marchen a sus dormitorios y luego tiren la puerta. Si deciden escabullirse en sus dormitorios, alguien irá por ellos. Y esa no es la manera correcta. Debemos hablar sobre los problemas.

Así que enséñales desde pequeñitos que manejamos nuestros conflictos hablando sobre lo que pasó, arreglando las cosas en sus corazones, y unos con otros. Si los entrenas de esa manera a medida que van creciendo, es asombrosa la diferencia entre un adolescente que ha crecido hablando sobre los conflictos, en comparación a un adolescente que se ofendió, se fue a su habitación, tiró la puerta, y desarrolló su propia teoría de cómo lidiar con los conflictos.

Una madre me decía el otro día: “Bueno, mi hija no me habla. Ella tiene 10 años, y simplemente va a su habitación y cierra la puerta, y yo no la molesto. Yo quiero que ella tenga su propio espacio.” Yo le dije: “Ve y sácala de su habitación, porque cuando ella llegue a los 13 o 15 años, te estarás enfrentando con una adolescente.

Kim: Sabes es el mismo proceso con los padres también. Si después de hablar con mi hijo, su corazón todavía está endurecido y no hay arrepentimiento, yo le digo: “Vamos a orar por esto”. Entonces lo tomo de la mano y oro. Oro en voz alta, y oro que el Señor lo llene de su amor. Y esto nunca ha fallado mis hijos se quebrantan y se arrepienten.

Nancy: Lo que ellos ven es que no solo se trata de ti, sino que el Señor forma parte de esto.

Kim: Es cierto.

Holly: En ocasiones no debo esperar más de ellos de lo que espero de mi misma. En otras palabras, hay momentos en los que Dios toca mi vida y me dice: “Holly, esto necesita de tu atención”. Y lucho con el Señor hasta llegar al arrepentimiento. Debo extender esa misma gracia a mis hijos. Así que si ellos todavía están luchando, a veces escribo cuatro o cinco preguntas y le digo: “Está bien, quiero que te sientes aquí, que pienses sobre estas preguntas y escríbeme una respuesta”.

Nancy: ¿Preguntas como. . .?

Holly: Preguntas como:

● ¿Qué fue lo que hice que estaba mal? Llamarlo por su nombre.

● ¿Qué podría haber hecho diferente?

● ¿Respondí o reaccioné?

● ¿Qué piensa el Señor sobre esto?

● ¿Qué hubiese querido Dios que yo hiciera?

Los estamos entrenando en cuanto a la forma de tratar con el pecado, cómo manejarse en momentos difíciles, cómo tomar decisiones cuando se encuentran…quiero decir, ahora yo tengo hijos entre las edades de 30 y 11 años, y otras madres tienen hijos de otras edades entre esas dos. Tengo hijos que están en diferentes etapas de la vida que en este instante están tomando decisiones cruciales en sus vidas sobre lo que dicen creer.

Kim: Tú los estás entrenando en cuanto a cómo procesar. . .

Holly: Es cierto. Ellos necesitan saber cómo tomar decisiones bíblicas.

Kim: Y cómo procesar lo que está pasando.

Holly: Exactamente.

Kim: ¿Cuál fue mi motivación? ¿Por qué lo hice? ¿Qué fue exactamente lo que hice?

Holly: Es cierto. Porque si tomo cada decisión por ellos, a medida que van creciendo… algún día ya no estarán en mi casa, y deberán tomar sus propias decisiones. Más nos vale que los entrenemos para que aprendan a escuchar la voz de Dios, para que cuando ya no vivan en nuestras casas, sus mentes sean gobernadas por Dios y no por ellos mismos.

Kim: Yo hago lo mismo. A veces, si yo sé que hay una porción de las Escrituras que se aplica a alguna situación, le digo: “¿Podrías leer esto en voz alta?”

Un día Caleb me dijo, “¿Mamá, podrías leerlo?”

Y yo le dije: “No, yo quiero que tú lo leas en voz alta; quiero escucharte leyéndolo.”

Y entonces la Palabra, y el poder de la Palabra, y mientras él lo lee y hablamos sobre eso….y yo le digo: “Ahora bien, ¿qué significa esto? ¿Cómo crees que se aplica a lo que ha pasado aquí?”

Holly: No siempre tiene que ser sobre una situación grave o terrible necesariamente. Recuerdo un día que estaba tan agobiada por la manera en que mis hijos hablaban (realmente debo hacerlo de nuevo porque tengo ahora otro grupo de chicos en esta edad), pero tuvimos un día de Efesios 4:29 en nuestra casa. Así que memorizamos Efesios 4:29.

Nancy: ¿Qué dice que. . .?

Holly: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.”

Kim: Mi hijo lo conoce bien también, y mi hija. Todo lo que tengo que decir a veces es: “¿Eso que acabas de decir va acorde con Efesios 4:29?”

Holly: Tuvimos un día de Efesios 4:29, donde decidimos que ese día todo lo que saliera de nuestras bocas debía ajustarse a los parámetros de este versículo. Debía también ser adecuado para la necesidad del momento, y debía ser de gracia para aquellos que escucharan, debía ser de edificación.

Lo sorprendente fue que esto fue más difícil para mí que para mis hijos. Yo no podía decir las cosas como normalmente las decía porque no encajaban en el contexto ni en los parámetros del versículo. Así que puede ser algo divertido, y aun así le estás enseñando la verdad. Hasta el día de hoy, mis hijos mayores se dicen unos a otros: “Efesios 4:29”, si alguno de sus hermanos quiere decir algo indebido.

Nuestros adolescentes han estado haciendo algo llamado “prueba de sonido” los miércoles en la noche en la iglesia, donde han estado hablando sobre lo que sale de sus bocas y el hecho de que más nos vale que estemos “probando” lo que sale de nuestras bocas. Es muy parecido a lo que hicimos en el día de Efesios 4:29. Estamos siempre en un proceso de entrenamiento, entrenándonos a nosotras mismas, y luego pasándolo a nuestros hijos.

Hace muchos años atrás un predicador llamado John Henry Yowe predico un Sermón llamado Remordimientos Innecesarios y dijo, aunque hayas herrado y te hubiese gustado volver atrás y haber tomado otro camino y que, quien es nuestro Dios? ¿Cuál es su nombre y su carácter?

¿No puede El deshacer lo hecho y en su infinita gracia rehacerlo de nuevo? El en su gracia puede reparar todo lo que este dañado y lo mal hecho. El puede restaurar la caña cascada, El puede restaurar un corazón roto, El puede lidiar con la promesa incumplida. ¿Y si puede hacer todo esto no puede en su infinito amor corregir nuestros errores y enderezar lo torcido? Pienso que eso es lo que nos debe esperanzar porque ninguna de nosotras vamos a ser madres perfectas, ninguna de nosotras vamos a amar a nuestros hijos correctamente, ninguna de nosotras va a acudir a Dios con la consistencia y persistencia que deberíamos, pero Dios es un Dios redentor, Él puede destejer y retejer el tejido.

Kim: Wao eso es esperanzador Holly.

Nancy: Quizás solamente necesitas decir Señor hay cosas torcidas en mi vida situaciones en las que he fallado en la medida que Dios te lo va mostrando no está tratando de que vivas en condenación lo que El quiere es liberarte de todo aquello, pero el punto de partida para eso es el ser honesta con Dios y decirle, sabes que mis prioridades estaban equivocadas o cuando mis hijos estaban pequeños no te busque de la forma en la que debía hacerlo, por lo que, que debes hacer, ve a los pies del Señor, se honesta con Él, confiésalo, te arrepientes y le dices, Señor por T u gracia me restaurarías? podrías traer orden y sentido a mi vida en estos momento, te entrego estas piezas este desastre y le dices Señor, solo tú puedes restaurar y renovarlo todo, y luego esperas en El Señor, sabes que Dios lidia con todo esto desde la eternidad la historia no se ha terminado.

Tengo amigas muy queridas lidiando con el reto de criar adolescentes, niños adultos y ellas esperan a que El Señor los ilumine y cambie sus corazones, Dios es capaz. Continúa clamando al Señor, dependiendo de Él, buscándolo llevando a cabo lo que solo un Gran Redentor Dios puede hacer.

Holly: Quiero animar también a aquellas madres que hoy pueden reconocer la mano de Dios en distintas áreas de su corazón al tiempo que Dios se lo señala y dice, mira esto pregúntale estas interrogantes.

¿Qué hice que no te agradara?

¿Qué puede haber hecho distinto?

¿De qué me tengo que arrepentir?

Date cuenta de que Dios no te va a dejar estancada y sin esperanzas, su deseo es cambiarte para que el próximo año no mires hacia atrás con la misma lamentación que has tenido este año, nunca es tarde para apropiarte de la Gracia de Dios por lo que si el año pasado fue horrible y fallaste en hacer lo que Dios te había llamado a hacer y Dios ahora te ha dado la oportunidad de verlo con claridad, Él puede redimirte cuando tomes decisiones el próximo año, por lo que mientras avanzas vas a poder mirar hacia atrás algún día y decir, por la Gracia de Dios esas cosas han cambiado en mi vida y no estoy en el mismo lugar en donde solía estar.

Nancy: Hemos hablado sobre la noble misión de la maternidad y de cómo nuestros corazones son moldeados para la eternidad al tiempo que pasamos el bastón de la verdad de generación en generación. Esta es una visión que estamos tratando de inculcarles a las madres para que sepan que lo que hacen es crucial y que deben buscar a Dios por ellas mismas. Hay aspectos elevados y nobles de la maternidad así como también hay aspectos en las practicas reales y no espirituales del ama de casa y de la vida cotidiana de una mujer de Dios en cualquier etapa en la que se encuentre. El mantener una casa así como tantas otras formas de servir a los demás podrían no parecer tener un grado espiritual significativo y hemos estado hablando de eso y del hecho de que esas cosas si tienen un significado espiritual.

Quiero pedirles que oren, y quiero invitar a nuestras oyentes a que se nos unan en oración. Algunas tienen hijos, y otras no. Pero mientras escuchaba, mi corazón está con las madres, y quiero ser una mujer que ora por los hijos de esas madres. Holly y Kim, tengo una carga especial por sus hijos, y por su caminar espiritual al seguir el legado de sus padres. Pero esto requiere de la gracia de Dios. ¿Así que podrías guiarnos en una oración por estas madres y por los hijos que están criando?

Holly: Padre, venimos ante ti con corazones agradecidos porque no nos has dejado solas en nuestros roles de ser madres. Padre, te agradezco por los hogares que tienen padres piadosos. Te ruego que nos convirtamos en esposas que escuchen a sus esposos, que ellos puedan indicarnos las cosas que necesitan de nuestra atención.

Padre, te pido por las madres que están criando sin un esposo piadoso en sus hogares, te pido Señor que tu traigas a otros a sus vidas para animarlas y ayudarlas. Te ruego Señor, que alientes los corazones de las mujeres solteras que están criando a sus hijos sin un padre, lo cual es un inmenso trabajo.

Padre, te pido por las mujeres que están luchando con la idea de maternidad. La maternidad es difícil, y en algunos días, es un trabajo muy, muy largo. Algunos días estamos tan cansadas, que no creemos que podremos dar el siguiente paso.

Padre, yo te ruego que nos infundas Tu gracia, Tu Fortaleza, y que nos concientices de que no tenemos en nosotras lo que se necesita, solo debemos correr hacia Ti. Tú estás dispuesto y eres capaz de darme la fuerza, la energía, los recursos y la mente para llevar a cabo este rol de una manera que te honre y te agrade.

Padre, yo oro por las solteras, y las más jóvenes. Señor, ¿podrías levantar un ejército poderoso de mujeres que comprendan Tu Palabra, que levanten los brazos de las madres a su alrededor, que oren por ellas, y que alienten a sus hijos, para que Señor, Tus propósitos se cumplan en esta generación? Te lo pedimos en el nombre de Cristo, amén

Carmen: Holly Elliff ha estado orando por las madres. Criar es una gran tarea. Hemos estado escuchando acerca del poder de un Dios amoroso que está dispuesto a ayudar a las madres que claman por su ayuda.

Necesitamos el aliento de parte de otras mujeres como Holly y de nuestra otra invitada, Kim Wagner. Necesitamos también el aliento de los maestros de la Biblia, como nuestra anfitriona, Nancy Leigh DeMoss. Esto es de lo que trata Tito 2, que las mujeres mayores instruyan a las más jóvenes.

Sumisión: ¿será esa una mala o una buena palabra? Lo veremos en el próximo programa de esta serie.

Visita nuestro sitio web, www.AvivaNuestrosCorazones.com para que puedas ser fortalecida con todos los recursos que encontrarás allí y que te servirán para animarte en el camino.

Acompáñanos en la próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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Voces adicionales:

– Holly Elliff, en la voz de Mildred Pérez de Jiménez.

– Kim Wagner, en la voz de Elba Ordéix de Reyes.

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64 – La murmuración y el chisme en la Iglesia

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

64 – La murmuración y el chisme en la Iglesia

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

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