J8 – El ministerio que ya tienes 

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J8 – El ministerio que ya tienes

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-ministerio-que-ya-tienes/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Holly Elliff.

Holly Elliff: Tengo que ser una mujer que acude al Señor. Este tiempo con Dios es crítico ya que tengo que sacar el tiempo para encontrarme con Él y decirle, “Dios, muéstrame lo que es importante para el día de hoy”. Muéstrame lo que tiene que pasar para que podamos vivir en paz; dirígeme a lo largo del día”.

Si vas al Nuevo Testamento —y le prestas atención a la vida de Cristo— verás que siempre está ajustando su agenda durante del día. En algunas ocasiones, la agenda de Cristo cambió; Dios puso personas en Su camino o se sintió obligado a dar media vuelta y regresar a la multitud.

Algunas de ustedes, al igual que yo, tienen una multitud en sus casas. Es posible que Dios cambie las cosas y que terminen haciendo lo que no tenían intención de hacer para ese día en particular.

Es crítico para nosotras, las mujeres, ser lo suficientemente flexibles para escuchar al Señor y hacer lo que Él dice, teniendo en cuenta que las personas en nuestras casas son más importantes que las cosas que tenemos en ellas.

Un autor ha dicho, “Criar es como cavar una zanja”. Como madres, no podemos hacer nada para persuadir o convencer a nuestros hijos de que amen a Dios. Podemos cavar las zanjas, pero no llenarlas.

“Podemos enseñarle a nuestros hijos acerca de Dios, orar por ellos, serles de ejemplo con nuestras vidas y exponerlos ante aquellos que aman y sirven a Dios, pero solo Dios puede darles una vida espiritual”.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Desde hace semanas, Nancy nos ha estado ayudando a encontrar tesoros en Tito 2:1-5. Está repleto de consejos sabios y prácticos para las mujeres.

Hoy, estamos repasando algunos puntos y aprendiendo cómo aplicarlos todos los días. Con nosotras, han estado escuchando dos esposas de pastores —Holly Elliff y Kim Wagner— quienes nos van a explicar cómo se ven estos principios en sus vidas. Continuamos ahora con Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: No deja de sorprenderme —y sé que ya lo he mencionado en esta serie— el hecho de que Dios escogiera siete características que se suponen sean parte del curriculum de mujeres jóvenes y que cuatro de ellas se relacionen con la familia. Las otras tres también contribuyen. A esto es a lo que Dios le da prioridad.

¿Y en qué estamos poniendo nuestras prioridades? En muchas otras cosas.

He tenido muchas mujeres que vienen o me escriben —esposas y madres jóvenes— y me dicen: “Dios me ha puesto en el corazón que escriba libros, que enseñe, que tenga un ministerio”. Entonces me quedo pensando y le digo, “¿Te das cuenta de lo que tienes?”

Les digo a las mujeres: “Lo que Dios me ha llamado a hacer palidece—ante lo que haces como esposa y madre—con la excepción de que Dios me ha llamado a hacerlo. Pero en términos de impacto, longevidad y multiplicación de generaciones para el Reino de Dios, al amar a tu esposo, al amar y criar a tus hijos, al entrenar a mujeres más jóvenes, estás contribuyendo al crecimiento y al avance del Reino de Dios”.

Eso es enorme.

Holly: Pienso que en muchas ocasiones queremos “un ministerio”, pero olvidamos que ya lo tenemos. Si Dios nos ha dado hijos, si Dios nos ha dado un esposo, ya tenemos la parte integral de un ministerio.

Ese tiene que ser mi ministerio número uno. Si puedo amar a mi esposo en concordancia con la Palabra de Dios, si puedo amar a mis hijos y hacerles ver al Señor como lo dice la Biblia, entonces creo que Dios convertirá en un ministerio por la diligencia con que he atendido esas áreas tan importantes a las que Dios me ha llamado.

Nancy: Holly, puedo distinguir —claramente— dos caminos en tu vida. Uno es que ahora que tienes más edad, pero todavía con hijos pequeños—mujeres jóvenes acuden a ti queriendo que les enseñes y las entrenes. Ellas han visto en ti un ejemplo a seguir.

Kim, eso pasa con las mujeres de tu iglesia también. Ahora bien, el otro camino es lo que Dios está haciendo a través de tus hijos.

Holly, tuve la oportunidad de conocer a tu familia —creo que tus ocho hijos estuvieron presentes en ese almuerzo— y pude ver cómo la madurez espiritual y el entusiasmo de estos niños están causando impacto y multiplicando tu ministerio y el de Bill.

Y pensar en tu primer nieto de un año y en los otros que han de venir —probablemente muchos— años después, cuando ya no estén en este mundo. Y eso, sabemos, es solamente por la gracia de Dios.

Holly: Exactamente.

Nancy: Y aún no se ha escrito el próximo capítulo de ninguno de ellos.

Holly: Cierto.

Nancy: Pero, por el momento, están caminando en el Señor y sirviéndole de corazón. Eso no fue algo que pasó “de un día para otro”.

Ahora bien, no todo el crédito es tuyo y de Bill.

Holly: Ningún crédito es nuestro.

Nancy: Pero ustedes han sido fieles. Y, cuando los padres han sido fieles, pueden estar seguros de que Dios los va a bendecir, los va a honrar y a multiplicar.

Por lo que no simplemente has estado amando a tus hijos y a tu esposo, sino que les has ministrado, impactado y alcanzado. Y esto es enorme.

Holly: Un autor dijo,

“La maternidad es como cavar una zanja. Como madres, no podemos hacer nada para persuadir o convencer a nuestros hijos de que amen a Dios. Podemos cavar las zanjas, pero no las podemos llenar. Podemos enseñarle a nuestros hijos acerca de Dios, orar por ellos, vivir la vida cristiana ante ellos y exponerlos ante otros que amen y sirvan a Dios, pero sólo Dios puede darles vida espiritual.

Dios no necesita nuestra ayuda, pero —en Su plan soberano— nos invita a que tomemos parte activamente y a que colaboremos con Él al tiempo que Él trabaja en sus vidas.”

Una vez escuché la historia de una niña que se asustaba de noche. La mamá le repetía una y otra vez, “Pero, mi amor, no tienes por qué tener miedo; Dios está aquí, contigo”.

Y ella respondía, “Sí, pero necesito a alguien conmigo que tenga piel”.

Pienso —muchas veces— que tenemos que estar dispuestas a estar llenas de Cristo para que nuestros hijos tengan una imagen “con piel”. Muchas, muchas veces es difícil.

Se necesita sacrificio. Se necesita diligencia. Se necesita el autocontrol del que hemos estado hablando.

No puede venir desde nuestro interior. Tiene que venir de Dios el vivir Su vida dentro y a través nuestro. La herramienta que Él usa, especialmente en mi vida, es la maternidad.

La maternidad se convierte en una de las herramientas que Dios usa para darme forma y moldearme; así como lo dijo un autor, “para que me cincele por la eternidad”. Por lo que si aceptamos que la maternidad es parte del proceso de Dios… entonces no es un obstáculo, sino que ese es el proceso de Dios en mi vida.

Nancy: Es santificarte, moldearte a la imagen de Cristo. De nuevo, eso lo obtenemos cuando abrazamos el rol que Dios ha dispuesto en nuestras vidas; porque hay un propósito en ello y es, a través de esto, que somos santificadas.

Es como cuando cumplo con mi responsabilidad al estudiar, escribir y enseñar; yo “cavo una zanja”—que a veces requiere un trabajo agotador. Es distinto a la maternidad, pero es mi maternidad espiritual hacia las mujeres.

Y si no le soy fiel en eso, entonces pierdo un poco en el grado de santificación que Dios quiere para mi propia vida.

Holly: Exacto. Hay veces que Nancy y yo nos hemos escrito correos electrónicos con tan solo unas horas de por medio. El mío escrito a las 3:30 de la madrugada

Nancy: No te has acostado aún.

Holly: Y el de Nancy escrito a las 5:00 de la madrugada. Al levantarse.

Nancy: No es que acostumbre a levantarme a las 5:00 de la madrugada

Holly: Nos reímos de eso porque, entre las dos, hemos cubierto casi un período de 24 horas. Por lo que nuestras vidas son muy distintas.

Nancy pasa más tiempo a los pies del Señor que yo. Si voy a tener un tiempo con Dios, va a ser en medio de mi vida.

Sé que les estoy hablando a madres que luchan por acordarse dónde pusieron sus Biblias. Seguro porque están debajo de una pila de cosas en sus casas. Tenemos que ser muy, pero muy intencionales para sacar tiempo y escuchar a Dios—aunque sea en medio de todo lo que esté ocurriendo en nuestras vidas.

Muchas veces es difícil. Toma mucho “enfoque intencional” para que eso suceda.

Kim Wagner: Pienso que ese es, probablemente, el aspecto más importante de la maternidad: que nuestros hijos vean y reconozcan lo importante que es la Palabra de Dios para sus madres, que ellas están orando por ellos.

Ellos lo reconocen. Lo ven. Es fundamental. Es esperanzador que sientan el deseo de ponerla como una prioridad en sus vidas.

Holly: Sé que algunas de ustedes puede que estén pensando “Ojalá y hubiese sido fiel en esto o aquello, pero no lo he sido”. Puede que estés lamentando el no haber estado dedicándole tiempo suficiente a tus hijos para que conozcan a Dios.

Hace muchos años atrás, un predicador llamado John Henry Jowett, predicó un sermón llamado “Remordimientos Innecesarios”, y dijo:

“Aunque hayas errado y te hubiese gustado volver atrás y haber tomado otro camino, ¿y qué? ¿Quién es nuestro Dios? ¿Cuál es Su nombre y Su carácter?

¿No puede Él deshacer lo hecho y —en su infinita gracia— rehacerlo de nuevo? Él, en Su gracia, puede reparar todo lo que esté dañado y lo mal hecho. Él puede restaurar la caña cascada. Él puede restaurar un corazón roto. Él puede lidiar con la promesa incumplida.

Y si puede hacer todo esto, ¿no puede, en Su infinito amor, corregir nuestros errores y enderezar lo torcido?”

Pienso que eso es lo que nos debe esperanzar porque ninguna de nosotras vamos a ser madres perfectas. Ninguna de nosotras vamos a amar a nuestros hijos correctamente. Ninguna de nosotras va a acudir a Dios con la consistencia y persistencia que deberíamos.

Pero Dios es un Dios redentor. Él puede “destejer y retejer el tejido”.

Kim: ¡Wao! Eso es esperanzador, Holly.

Nancy: Quizás solamente necesitas decir, “Señor, hay cosas torcidas en mi vida, situaciones en las que he fallado”. En la medida en la que Dios te lo va mostrando, no está tratando de que vivas en condenación; lo que Él quiere es liberarte de todo aquello.

Pero el punto de partida para eso es el ser honesta con Dios y decirle: “Sabes que mis prioridades estaban equivocadas”, o “Cuando mis hijos estaban pequeños no te busqué de la forma en la que debí hacerlo”.

Por lo que, ¿qué debes hacer?

● Ve a los pies del Señor. Sé honesta con Él. Confiésalo.

● Te arrepientes y le dices, “Señor, por Tu gracia, ¿me restaurarías? ¿Podrías traer orden y sentido a mi vida en estos momentos? Te entrego estas piezas, este desastre y le dices, “Señor, solo Tú puedes restaurar y renovarlo todo”.

● Luego, esperas en el Señor. Sabes que Dios lidia con todo esto desde la eternidad. La historia no se ha terminado.

Tengo amigas muy queridas lidiando con el reto de criar adolescentes, niños adultos. Ellas esperan a que el Señor los ilumine y cambie sus corazones.

Dios es capaz. Continúa clamando al Señor; dependiendo de Él; buscándolo para que lleve a cabo lo que solo un gran redentor Dios puede hacer.

Holly: Quiero animar también a aquellas madres que hoy pueden reconocer la mano de Dios en distintas áreas de su corazón. Al tiempo que Dios se lo señala y dice, “Mira esto”, pregúntale estas interrogantes:

• ¿Qué hice que no te agradara?

• ¿Qué pude haber hecho distinto?

• ¿De qué me tengo que arrepentir?

Date cuenta de que Dios no te va a dejar estancada y sin esperanzas. Su deseo es cambiarte para que el próximo año no mires hacia atrás con la misma lamentación que has tenido este año.

Nunca es tarde para apropiarte de la gracia de Dios. Por lo que si el año pasado fue horrible —y fallaste en hacer lo que Dios te había llamado a hacer— y Dios ahora te ha dado la oportunidad de verlo con claridad, Él puede redimirte cuando tomes decisiones el próximo año. Por lo que, mientras avanzas, vas a poder mirar hacia atrás algún día y decir “por la gracia de Dios, esas cosas han cambiado en mi vida y no estoy en el mismo lugar en donde solía estar”.

Nancy: Hemos hablado sobre la noble misión de la maternidad y de cómo nuestros corazones son moldeados para la eternidad al tiempo que pasamos el bastón de la verdad de generación en generación. Esta es una visión que estamos tratando de inculcarles a las madres para que sepan que lo que hacen es crucial y que deben buscar a Dios por ellas mismas.

Hay aspectos elevados y nobles de la maternidad, así como también, hay aspectos prácticos, reales y no espirituales del ama de casa, de la vida cotidiana y de la vida de una mujer de Dios en cualquier etapa en la que se encuentre.

El mantener una casa, así como tantas otras formas de servir a los demás, podrían no parecer tener un grado espiritual significativo. Hemos estado hablando de eso y del hecho de que esas cosas sí tienen un significado espiritual.

Pero me encantaría escucharlo de ustedes. Ustedes tienen casas; tienen hijos que necesitan ropa y maridos e hijos que, ocasionalmente, tienen hambre.

¿Cómo encontrar un propósito en los quehaceres prácticos del hogar? ¿Cómo servir con gozo?

¿Te has preguntado alguna vez si lo que haces es significativo? Esa es una tentación que todas tenemos; es la tendencia básica hacia el descontento y al querer otras cosas que no tengo.

¿Cómo hacer esas cosas y no dejarlas a un lado, y en medio de ello encontrar propósito, significado y gozo?

Kim: Parte de ello va de la mano con el no lamentarse al mirar hacia atrás. Debes ser intencional cuando amas a tu familia y le sirves en cada oportunidad que tengas. Tú no quieres vivir lamentándote por lo que no hiciste.

Tengo una buena amiga a quien he escuchado decir, muy a menudo, que tiene un gran remordimiento. Ella era una madre soltera que no se tomó el tiempo de levantarse en las mañanas para darle el desayuno a su hijo antes de que él se fuera para la escuela.

Ella me dijo, “Él no se iba sin desayunar. Se preparaba su cereal y ambos corríamos hacia la puerta”. Pero nunca le preparó un desayuno y lo acompaño mientras comía.

Me alegra que me lo haya confiado, siendo yo aún una madre joven —bueno, por un poco de tiempo eduqué a mis hijos en casa— pero ahora no lo hago y mi hijo sale para la escuela todas las mañanas.

Bueno, les cuento que esa semana, mi hijo pasó la noche en casa de un amigo. Cuando regresó al otro día me dijo, “Mami, su mamá no nos preparó el desayuno”.

Y no es algo que mi hijo demande o espera. Muchas veces sabe cuando me he acostado tarde y me ha dicho “No tienes que levantarte a prepararme el desayuno”, pero sé que es importante para él el tener ese tiempo juntos en las mañanas.

Te he escuchado decir esto antes, Nancy, y a ti, Holly y he tratado de hacer esto: Sé una estudiante de los miembros de tu familia. Aprende lo que les trae gozo. Aprende lo que les comunica tu amor.

No es solamente el amor que viene de ti. Es el amor de Cristo a través de ti cuando les sirves. Puede que no te guste cocinar. Puede que no te guste lavar la ropa.

Nancy: Bueno, algunas de las cosas que haces —como limpiar la casa— no necesariamente va a hacer apreciadas por tus hijos hasta que tengan su casa propia. Quizás ni cuenta se den que haces esas cosas, pero hay que hacerlas para que todo en la casa funcione como es debido. ¿Cómo hacerlo todo “como para el Señor”?

Holly: ¿Sabes qué? Cuando tenía 20 años, esas cosas no estaban en mi lista. Yo iba a ser una patóloga clínica del habla y a manejar un carro deportivo rojo. Eso estaba en mi lista.

Con el paso de los años, he tenido que luchar para poner cada una de estas cosas en las manos del Señor. Las traía a mi vida, primero fue el área de ser esposa y el llamado que tenía de amar a mi marido.

No eran cosas que estaban en mi naturaleza o que salieron de mí. Y no eran cosas que tenía el deseo de hacer.

Nancy: Tú tenías el deseo de amar a tu marido, pero te refieres a algunas de las cosas prácticas…

Holly: Oh, estaba locamente enamorada de mi esposo, pero cuando tenía que recoger sus medias sucias del suelo…

Kim: O solo el mantener la habitación limpia. Durante mis años de adolescencia, nunca tuve un cuarto ordenado.

Sé que algunas adolescentes nos están escuchando. Espero que todas empiecen ahora, como les ha enseñado Nancy, a organizar sus cuartos como si fueran sus casas del futuro.

No me gustaba limpiar mi cuarto, pero aprendí que la forma de verlo con gozo era tenerlo ordenado y limpio. Al hacerlo, se sentía una atmósfera agradable. Creo que esa debe ser una prioridad de las esposas.

Pienso que sus maridos deben llegar a casa y sentirse a gusto en su habitación. La habitación debe ser un lugar acogedor en el que él se sienta cómodo; que no tenga que sortear las canastas de ropa sucia o las de ropa limpia para llegar a su cama.

Ahora, tampoco estoy diciendo que él nunca debe…

Holly: Tengo que interrumpirte un minuto aquí, porque antes de salir esta mañana, dejé dos canastas de ropa sobre mi cama. Por lo que me estoy riendo que Kim esté usando esa ilustración.

Kim: No estoy diciendo que tengas que hacerlo todo siempre perfecto. No.

Holly: Pienso que en resumidas cuentas, y al tiempo que maduramos en Cristo, como lo hacemos todas, no importa dónde estemos en nuestras vidas—nuestro entendimiento, de lo que nos ha llamado a hacer, irá madurando también.

De manera que en la medida que estas cosas van aconteciendo en tu vida, si esas cosas son prioritarias, entonces Dios me llama a tomar mi cerebro que iba a ser un patólogo clínico del habla y aplicar esas cosas que Dios ha puesto en mi cabeza y convertirme en una estudiante de esto.

¿Cómo puedo hacerlo mejor? ¿Cómo establezco un horario?

Si tienes un montón de niños en tu casa, es muy difícil mantener y vivir en ella sin matar a alguien. Por lo que, algunas veces, significa que debo convertirme en una estudiante de la organización. Tengo que transformarme en una estudiante que sepa limpiar la casa.

Hay muchos recursos en la red hoy en día. Si sabes que no eres buena en eso y se convierte en una fuente continua de estrés, navega en Internet. Visita esas páginas web que te den ideas y trucos de cómo hacerlo.

Nancy: Acude a una mujer mayor que tú.

Kim: Eso mismo iba a decir. Hay una señora en nuestra iglesia, una mujer de Dios —ella fue viuda durante un tiempo y ahora está vuelta a casar— ella toma tu libro, “Una mujer conforme al propósito de Dios”, y lo estudia con muchachas recién casadas teniendo primero en cuenta el aspecto espiritual de todo.

Luego, ella les dice: “Ahora, yo voy a ir a sus casas y les voy a enseñar cómo limpiarlas y cómo preparar algunas comidas”. Y esto ha sido una bella experiencia—ver florecer todas estas muchachas en la práctica y en lo espiritual.

Holly: Es como dice Pablo en el Nuevo Testamento, “Las cosas que veas en mi, practícalas”. Es porque muchas de esas cosas no vienen a nosotras de forma natural. Tenemos que aprenderlas y practicarlas.

Mientras más nos rindamos ante Dios e implementemos esas cosas en nuestras vidas, menos esfuerzo requerirán. Son parte de lo que Dios nos ha llamado a hacer para nuestras familias.

Tenemos un adagio en nuestra casa y es que las personas siempre son más importantes que las cosas. Por lo que si me veo entre sentarme con un niño y escucharlo y lavar la ropa, lo más importante es sentarme con ese niño y escucharlo. Pero eso implica que quizás tengas que lavar la ropa tarde en la noche.

Pienso que debemos dejar que Dios nos proporcione un sentido del orden… Ahora bien, mi casa nunca se va a ver como la de Martha Stewart. Nunca va a estar totalmente ordenada. Y por lo que veo, nunca va a estarlo.

Por lo tanto, tengo que ser una mujer que acuda al Señor. Este tiempo con Dios es crítico, ya que tengo que sacar el tiempo para encontrarme con Él y decirle, “Dios, muéstrame lo que es importante para el día de hoy. Muéstrame lo que tiene que pasar para que podamos vivir en paz; dirígeme a lo largo del día”.

Si vas al Nuevo Testamento y le prestas atención a la vida de Cristo, verás que siempre está ajustando Su agenda durante del día. En algunas ocasiones, la agenda de Cristo cambió; Dios puso personas en Su camino o se sintió obligado a dar media vuelta y regresar a la multitud.

Algunas de ustedes, al igual que yo, tienen una multitud en sus casas. Es posible que Dios cambie las cosas y que terminen haciendo lo que no tenían intención de hacer para ese día en particular.

Es crítico para nosotras, las mujeres, ser lo suficientemente flexibles para escuchar al Señor y hacer lo que Él dice, teniendo en cuenta que las personas en nuestras casas son más importantes que las cosas que tenemos en ellas.

Carmen: Holly Elliff nos ha venido enseñando a establecer prioridades. Cuando alguna urgencia se presente, es reconfortante saber que puedes acudir a la Biblia. Eso te ayudará a priorizar tus responsabilidades.

La conversación de hoy entre Holly Elliff, Kim Wagner y —nuestra anfitriona— Nancy Leigh DeMoss, es parte de una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 .

Te invitamos a visitar nuestra página web www.AvivaNuestrosCorazones.com. Allí podrás escuchar algunos de los programas de esta serie que te hayas perdido. También podrás encontrar algunos interesantes recursos que te ayudarán en este llamado a ser mujer.

¿Qué efecto tendrá la hipocresía en nuestros hijos? Aprende a hablar palabras de vida frente a tus hijos y enséñales cómo hacer lo mismo cuando sintonices el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

A la Más Bella de las Flores , Alex Rodríguez

Voces adicionales:

• Holly Elliff, en la voz de Mildred Pérez de Jiménez.

• Kim Wagner, en la voz de Elba Ordéix de Reyes.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

19/42 – Lee la Biblia: Ezequiel 34-48

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

19/42 – Lee la Biblia: Ezequiel 34-48

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre la segunda parte del libro de Ezequiel, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. Dentrode los exiliados en Babilonia, Ezequiel demuestra que Israel mereció este juicio, y también que la justicia de Dios produceesperanza para el futuro.

https://www.youtube.com/channel/UCsna10x6Sm-f_Yj6SxdALnQ

J5 – Ministrando en el hogar

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J5 – Ministrando en el hogar

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Carmen Espaillat: Kim Wagner tiene algunos huéspedes especiales en su hogar.

Kim Wagner: El ministerio a mis hijos es realmente por un período de tiempo muy corto, entonces durante esos años en que tengo niños en el hogar, mi ministerio primario deben ser mi esposo y luego mis hijos.

Yo estaba limpiando una bolsa de mano vieja hace un par de días, y saqué una nota. Pude ver que era una nota de mi hijo escrita a mano hace varios años.

Nancy: Entonces hace mucho tiempo que no limpias esa bolsa, ¿verdad?

Kim: Sí. Estaba en un clóset que tenía que limpiar. Normalmente sus notas las pongo en un lugar muy especial, entonces pensé: «¿Por qué está todavía esta nota en esta bolsa?» La abrí para ver. Ni siquiera la recordé al principio. Leí esta nota y decía: «Mamá: muchas gracias por pasar el día de San Valentín conmigo. Tú y mi papá vinieron a mi juego». Y sabes, su juego fue durante la noche de San Valentín, y eso era importante para él; tenía valor.

Ahora estoy viendo la recompensa de decisiones como esa que he tomado. Hay otras madres y gente que me comenta acerca de Caleb, o me dice algún comentario que él hizo, tal como: «Me encanta estar con mi mamá. Mi mamá es una de mis personas favoritas con quien disfruto pasar tiempo». También me comentan que Caleb en ocasiones me ha defendido.

Esta es una lealtad que se ha creado a través de los años, de tomar decisiones, en ocasiones de tomar decisiones de no hacer algo que hubiera preferido, quizás de tener una noche para mí sola, o de mi propia elección; y en lugar de ello haber rendido ciertas cosas porque vives con la mentalidad de que el tiempo que tienes a tus hijos en casa es muy, muy corto. Pronto estarán fuera formando sus propias familias y por lo tanto deseas invertir el tiempo que tienes con ellos ahora.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

La última vez, Nancy vio dos principios de Tito capítulo 2: «Las mujeres deben de ser trabajadoras en el hogar y deben ser amables.» Nancy ha hecho un trabajo excelente al describir este balance de la Escritura. Como mujer soltera, ella quiere escuchar de algunas amigas que tienen experiencias diferentes a las de ella, entonces aquí está Nancy con Holly Elliff y Kim Wagner, continuando en la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer.

Nancy Leigh DeMoss: Cuando tocamos algunos de estos temas que estamos cubriendo en Tito capítulo 2, temas que se relacionan muy directa y específicamente con las esposas y las mamás, me siento un poco incómoda. Me doy cuenta de que, como ustedes saben, muchos de los asuntos de la vida y del corazón son los mismos, la diferencia estriba más bien en cómo los aplicas en las diferentes situaciones de la vida. Aun así, cuando estamos hablando, por ejemplo, de amar a tu esposo y a tus hijos, estoy muy contenta de tener a mujeres como ustedes cerca, y otras que vienen a estas grabaciones, quienes están viviendo en el laboratorio de la vida-como por ejemplo en esto de amar al esposo y a los hijos.

Hoy se acercó a mí una esposa. Es una pareja piadosa que no ha estado casada por mucho tiempo, y, con lágrimas en sus ojos ella dijo: «El matrimonio es difícil». No creo que estaba preparada para esto. Ella ama a su esposo y él la ama a ella; y ambos aman al Señor, pero dijo: «Simplemente cuesta trabajo».

Ser padres cuesta trabajo. Es trabajo. Sobre todo cuando no solo lo quieres hacer como una tarea más, sino con la meta de tener un matrimonio que glorifique a Dios e hijos que glorifican a Dios. Esto tiene tantas otras dimensiones. No se trata nada más de cotejar cosas de tu lista; «Lo hiciste bien». Sino que es más bien fallar y confiar y esperar en el Señor y orar y esperar en Su gracia que causa que entiendas tantas cosas.

No tenemos a gente representada en este programa que lo haya «logrado»-en cuanto a tener el matrimonio perfecto o ser los padres perfectos-mucho menos yo. Pero los principios de Dios nos llevan a través de estas situaciones y trabajan dentro de nosotras, ayudándonos a transitar por esas etapas de la vida. Al ver hacia atrás en varios de los temas que hemos comentado en los últimos días, el amar a los hijos-hemos hablado de amar a los esposos, pero el amar a los hijos y cómo luce esto en la práctica-y luego saber cómo luce una mujer como ama de casa, cuidadora del hogar, y cómo eso le afecta a los niños, y hacerlo todo con amabilidad. Quiero que interactuemos un poco, y escucharlas a ustedes-las mamás, las esposas-. Vamos a hablar un poco acerca de cómo Dios les ha dado un corazón para esto; para este llamado a que las mujeres sean madres.

Quisiéramos comenzar por decir que enfrentamos una tentación y una atracción, aun como mujeres cristianas comprometidas, es decir que el ministerio es realmente algo diferente a lo que hacemos en el hogar. Entonces: «Tengo mi familia, pero quiero un ministerio, también». Yo sé que esto es cierto en el caso de las mujeres-tienen un corazón para el ministerio.

¿Jamás se sienten, o jamás han tenido que luchar con hallar el balance en todo esto, y al mismo tiempo tener un corazón para su matrimonio y sus hijos como el principal llamado de Dios y el principal ministerio en sus vidas?

Kim: Recuerdo haber tenido conversaciones con Holly acerca de esto. ¿Cómo balanceas todas esas responsabilidades? Estoy agradecida por mujeres piadosas y amigas como tú y Holly que han llegado a ofrecerme verdad y ánimo, y simplemente a enseñarme a decir «no» y especialmente a darme un buen entendimiento de las diversas etapas de la vida. El ministerio a mis hijos es realmente por un período de tiempo muy corto, entonces durante esos años en que tengo niños en el hogar, mi ministerio primario debe ser mi esposo y luego mis hijos.

Nancy: Y tus hijos son ahora… el último está a punto de salir de casa.

Kim: Correcto.

Nancy: Entonces esa etapa está a punto de cambiar.

Kim: Así es.

Nancy: Pero realmente te has enfocado durante esos años de procrear y criar hijos-no es lo único que has hecho, pero ha sido tu enfoque principal. Yo sé que tu hijo está terminando su último año de la escuela secundaria y has asistido a más juegos de basquetbol y a cosas que no vas ya a tener mucha oportunidad de hacer en el sentido de ser la porrista y animadora en su vida de la misma manera en los días por venir.

Kim: Pero voy a decir-y te doy gracias-que en esos años tempranos no puse (y pensé que sí), pero no puse la prioridad de ministrarles como debí hasta que realmente me vi confrontada con eso en tu conferencia-el evaluar qué prioridad estaba poniendo en mis hijos y mi ministerio hacia ellos, e hizo que hiciera algunos cambios en mi vida.

Holly Elliff: Yo creo, Nancy, que esto es realmente un gran problema para las mamás, el poder balancear esas áreas diferentes de la vida, y es muy difícil. Los hijos de Kim casi son adultos. Van a salir de la casa, entonces su etapa de ser madre, la parte activa, casi se acaba. Yo sé que algunos de ustedes que nos escuchan y que tal vez tienen muchos hijos como yo, no muchos en el sentido de tener ocho a la vez, pero sí tengo ocho hijos, entonces mi etapa de ser madre, de serlo activamente, ha sido muy larga.

Nancy: Y va a continuar así por unos años.

Holly: Sí. Entonces a menudo he tenido que ir al Señor y decirle: «Dios, ¿cómo balanceo el ministerio con las demandas de mi hogar y aun simplemente con las cosas de mantenimiento, las cosas rutinarias que tenemos que hacer cada día, cómo lo balanceo con las necesidades de mis hijos?» Yo creo que hay algunas formas en que tenemos que hacerlo, y una es que tenemos que conocer a nuestros hijos lo suficientemente bien para sentir cuándo nos necesitan más.

Le estaba diciendo a Nancy el otro día que Jessica, mi hija de once años, empezó a venir y subirse a mi pierna cada vez que yo me sentaba en el sillón. Esa era nada más una pequeña señal de que Jessica necesita más tiempo con «mami»; necesitaba algo de tiempo uno-a-uno conmigo. Entonces conocer a tus hijos suficientemente bien para reconocer esos síntomas o esas señales, no estando tan distraídas por otras cosas. Nancy, como más temprano tú estabas compartiendo sobre Marta en la cocina, esa es una lucha constante para mantener ese balance, poder mantener cuentas cortas.

Tengo una afinidad por Marta porque paso tanto tiempo haciendo cosas tipo Marta, que nunca sería mi elección, pero tienen que hacerse. Si tienes una casa llena de gente, tienen que comer, la casa tiene que tener un cierto orden o nadie puede sobrevivir. Entonces lo que he aprendido sobre Marta es, ella tiene que aprender. Si Marta hubiera quizás mantenido cuentas más cortas, quizás no habría explotado ese día y atacado a Cristo en su sala. Podría haber podido tratar con esto más rápidamente. Habría podido hacer planes de antemano para poder tener tiempo a los pies de Cristo. Entonces tengo un poquito de simpatía por Marta. Entiendo lo que significa que te dejen sola en la cocina.

Sí creo que como mujeres tenemos que mantener un corazón muy sensible a las necesidades de los que están a nuestro alrededor, al balance entre los diferentes aspectos de nuestra vida, porque no es nada más una cosa. Es una división constante. La palabra que usaste en un momento para referirte a Marta, que también puede significar fragmentado. Tantas veces te sientes absolutamente fragmentada al tratar de ministrarle a tu esposo y tratar de cumplir con las demandas de tu hogar y cuidar a tus hijos.

Entonces cualquier solidez que poseamos y que nos evite estar fragmentadas y que nos mantenga el juicio debe venir, pienso yo, del entendimiento de cuál es el llamado de Dios para nuestra vida; un entendimiento del panorama general, de por qué hacemos lo que hacemos y de entender que se trata de más que simplemente nosotras mismos.

Me encanta el Salmo 78 y Deuteronomio 6, donde habla acerca del hecho de que lo que estamos haciendo no es nada más para este momento, no es nada más para esta generación. Es para las generaciones venideras.

Me encanta el libro «El corazón de una madre» («A Mother’s Heart») por Jeanne Fleming. Tiene una pequeña sección en este libro sobre el llamado que tienen las madres y lo que eso significa. Dice esto:

«En cada generación, las mamás tienen que responder al llamado a ser lo que nadie más puede ser, de hacer lo que nadie más puede hacer para sus hijos. No es que las mamás no puedan hacer muchas otras cosas, pero si rehúsan aceptar su llamado como madres, algún hijo termina perdiendo, y el espacio vacío que deja esa madre hace eco por generaciones. Las madres no son ni la causa de todos los males de la sociedad, ni las salvadoras de la nación. Pero el futuro de la sociedad sí depende en parte de lo que hacemos con los hijos bajo nuestro cuidado. ¿Qué llamado podría ser más significativo o traerle más gloria a Dios?»

Yo pienso que es un llamado que somos responsables de escoger y aceptar. No es fácil, y a veces dura mucho, mucho tiempo.

Nancy: Claro, al oírte leer esto, Holly, estoy pensando: «¿Sabes? Las mamás aman a sus hijos. Hay un sentir de protección natural como de ‘mamá osa’ y de cuidado y preocupación por sus hijos». Y aun así hay tantas cosas en nuestra cultura, aun dentro del mundo cristiano, de la iglesia, las expectativas, etc. que alejan a las madres de ese llamado.

Ellas tienen un instinto, pero mientras miro a mi alrededor y veo tantas de las mamás que conozco, y están tan ocupadas-no solamente con sus hijos. Casi luce como una especie de conspiración, y quizás lo es en el mundo espiritual y en el poder de las tinieblas. Sabiendo el impacto que tienen las mamás, las tienen tan ocupadas, tan distraídas, tan llenas de cosas en su cabeza y en sus corazones… Veo a muchas de esas mujeres tratando de tener un trabajo de tiempo completo, tratando de cumplir con las necesidades de sus esposos y de sus hijos, de hacer labores en la iglesia, y lo que más hace falta es un buen juicio en medio de todo esto, sin hablar de lo agotadas, exhaustas y fragmentadas que se encuentran. Asumo que están viendo esto al estar ministrando a las mujeres en sus propias iglesias.

Holly: Yo creo que es bastante común ver esto entre las mujeres, especialmente las mujeres más jóvenes que tal vez tienen hijos chicos y están tratando de lograr mucho… deben tener mucha energía para hacer todas esas cosas. Aman el ministerio, aman a las personas, les encanta estar involucradas en muchas cosas. Yo pienso que es parte de por qué tenemos el ejemplo de Marta en Lucas 10:41- 42, porque Cristo le está diciendo a Marta: «Estás distraída por tantas cosas buenas-hay tantas cosas buenas-pero María ha escogido lo que es la cosa principal» (parafraseado).

Creo que hay tantas demandas sobre nuestro tiempo que es muy, muy difícil filtrar esas demandas para poder identificar lo que tendrá valor a largo plazo, qué es lo que va a tener importancia eterna. ¿Qué les va a importar a mis hijos de aquí a cinco años, y qué no será de importancia para ellos? Pienso que se trata de la tiranía de lo urgente-es muy, muy fácil quedar atrapadas en todas estas demandas, y decir «sí» sin pensar.

Nancy: Está también la presión de tener a tus hijos involucrados en muchas cosas que no solamente fragmentan a las mamás pero también están fragmentando a los hijos. «¿No te das cuenta? Si van a entrar a una buena universidad, necesitan tener todas estas actividades extracurriculares y deportes». ¿De dónde viene esa presión?

Holly: Sí, creo que hay mucha presión del mundo que tiene la expectativa de que cada familia entre en un molde en el que tus hijos tienen que tocar piano, y tienen que jugar deportes, y tienen que estar involucrados en todas las actividades de la escuela.

Nancy: Esto puede ser también cierto para las mamás que enseñan en casa.

Kim: Es la motivación de tener éxito, el deseo de tener logros.

Holly: Creo que como madres, si no identificamos esas cosas, si no dejamos que el Señor nos dé una corta lista de lo que realmente importa- ¿qué quiero realmente para mi hijo? ¿Quiero que sea el más exitoso en esta área, quiero que sea un estudiante de calificaciones sobresalientes o quiero que sea un jugador profesional de fútbol algún día? ¿Qué tiene más valor? No es que estas cosas no sean buenas también.

Pero pienso que si no escuchamos del Señor en esos momentos, como María, sentada a sus pies, si no escucho del Señor: «Esto es de valor, esto no», entonces tal vez me distraiga tanto que me veré empujada a hacer muchas cosas que tal vez no sean terriblemente malas, pero quizás estamos perdiendo las pocas cosas que realmente valen la pena.

Me dijo una mamá joven recientemente: «Han pasado cuatro meses desde que cenamos juntos como familia porque mis niños están involucrados en los deportes, entonces nunca estamos en casa al mismo tiempo. Mi esposo tiene a este en un juego, y yo tengo a este otro en este juego, y este está en fútbol, y este está en karate y nunca estamos en casa todos juntos».

Kim: Hice una encuesta-esto fue hace un par de años-en una escuela secundaria cristiana de jóvenes, preguntando varias cosas. Era nada más una encuesta de una hoja para ver dónde andaban, qué estaba pasando en sus vidas. Una de las preguntas que hice fue: «¿Qué tan seguido comes junto con toda tu familia en casa? ¿Ha ocurrido una vez durante la semana pasada?» Yo escribí la pregunta y les di varias opciones. El número promedio de veces era de una noche al mes, entre este grupo tan grande de estudiantes de escuela secundaria.

Nancy: ¿La familia se reunía para comer solo una noche al mes?

Kim: Sí.

Nancy: ¿Qué tanto importa? Yo creo que sí importa, pero, ¿por qué importa? Si las familias están corriendo en todas direcciones y no están comiendo juntos… esto es algo significativo.

Holly: Yo creo que es algo muy significativo. Tenemos que ser muy, muy intencionales.

Nancy: ¿Por qué?

Holly: Porque ese es el momento cuando nos podemos sentar, cuando puedo oír los corazones de mis hijos. Podemos apagar la televisión; nos podemos enfocar en cómo ha sido nuestro día; podemos escuchar el uno del otro. No digo que lo hacemos siete noches a la semana, pero de manera intencional tratamos de hacerlo tan frecuentemente como podamos.

Kim: Es simplemente un ambiente para la comunicación, escuchando el uno del otro, aun ministrando el uno al otro en la comida. Ahora yo solamente tengo a mi esposo y a mi hijo en casa, pero les encanta cuando cocino una buena comida para ellos. Están muy agradecidos por eso. No es simplemente si es solo -como el otro día que era sopa y emparedados de queso, y estaban encantados de comer eso.

Holly: No es que tenga que ser una cena de siete platillos. A veces puede ser un guiso que compré en el supermercado y que ya viene preparado; lo pongo en el horno y es todo lo que hice, pero aun así estamos sentados a la mesa y podemos compartir y hablar. También, yo creo que es muy, muy importante para tus hijos tener un sentido de comunidad en la familia; es importante que no solo disfruten de la comunidad en la escuela o en la iglesia…

Nancy: …o en el grupo de jóvenes…

Holly: …o en el grupo de jóvenes, pero su familia es una comunidad. La familia es un lugar donde ellos son nutridos.

Kim: Tienes entonces la oportunidad de crear lealtad a la familia. Eso es lo que estaba compartiendo con una mujer, una mujer que ni siquiera conozco. Mientras estaba en la tienda de cosméticos el otro día, me dijo: «Mis hijos son tan pequeños ahora, y hay tanto allá afuera en el mundo. Estoy tan preocupada de desviarme y meterme en las drogas, y siempre tengo miedo de ese tipo de cosas». Esta mujer con la que estoy hablando no es creyente. Le he hablado antes de cosas espirituales. De manera que desde un punto de vista práctico, le hablo sobre la necesidad de cultivar la lealtad en sus hijos, la necesidad de que ella se involucre en sus vidas, de que hable con ellos.

Yo pienso que muchas veces nosotras como madres cristianas pensamos: «Bueno, si los tengo leyendo la Palabra, si les estoy enseñando la Palabra, si les estoy haciendo todas estas cosas correctas y estoy haciendo todo lo que debo hacer…» Es fácil llegar a ser tan rápidas y ocupadas que no estés trabajando en construir una relación de lealtad entre tú y ese hijo. Nosotras como mamás cristianas queremos que nuestros hijos le sean leales a Dios primero, pero es importante crear lealtad dentro de la familia. Como tú dijiste, Holly, que la familia debe de ser una comunidad, ¿y cómo pasa eso?

Algo se me acaba de ocurrir. Yo estaba limpiando una bolsa de mano vieja hace un par de días, y saqué una nota. Pude ver que era una nota de mi hijo escrita a mano hace varios años.

Nancy: Entonces hace mucho tiempo que no limpias esa bolsa, ¿verdad?

Kim: Sí. Estaba en un clóset que tenía que limpiar. Normalmente sus notas las pongo en un lugar muy especial, entonces pensé: «¿Por qué está todavía esta nota en esta bolsa?» La abrí para ver. Ni siquiera la recordé al principio. Leí esta nota y decía: «Mamá: muchas gracias por pasar el día de San Valentín conmigo. Tú y mi papá vinieron a mi juego». Y sabes, su juego fue durante la noche de San Valentín, y eso era importante para él; tenía valor.

Ahora estoy viendo la recompensa de decisiones como esa que he tomado. Hay otras madres y gente que me comenta acerca de Caleb, o me dice algún comentario que él hizo, tal como: «Me encanta estar con mi mamá. Mi mamá es una de mis personas favoritas con quien disfruto pasar tiempo». También me comentan que Caleb en ocasiones me ha defendido.

Esta es una lealtad que se ha creado a través de los años, de tomar decisiones, en ocasiones de tomar decisiones de no hacer algo que yo hubiera preferido, quizás de tener una noche para mí sola, o de mi propia elección; y en lugar de ello haber rendido ciertas cosas porque vives con la mentalidad de que el tiempo que tienes a tus hijos en casa es muy, muy corto. Pronto estarán fuera formando sus propias familias y por lo tanto deseas invertir el tiempo que tienes con ellos ahora.

Holly: Aquí es donde entra el aspecto generacional. No se trata nada más de que críe a mis propios hijos, aunque esa es una responsabilidad que tengo delante de Dios. Pero se trata de que debo levantar futuros padres y madres que entiendan cómo Dios quiso que funcionara un hogar, nunca perfectamente, porque el nuestro nunca va a ser perfecto, y frecuentemente es alocado.

Pero Dios sí tiene un propósito más grande, y trasciende a nuestra familia inmediata. Va mucho más allá de mí. Mi responsabilidad es nutrir esas relaciones que tengo ahora con mis hijos, para que cuando salgan de casa, ellos entiendan qué significa eso, qué significa amar a alguien más, sacrificarse por alguien más, hacer lo mejor para alguien más en lugar de para mí mismo. Hay una responsabilidad, si eres parte de una familia, hacia las demás personas de esa familia. También de ir más allá aun de tu propia familia y de ver a los que están afuera y que necesitan conocer a Cristo. De manera que entrenar a tus hijos para que aprendan a reconocer lo que tiene valor eterno es algo grandioso.

Nancy: Claro, mientras conversamos sobre todo esto, no solo estamos tratando de formar buenas familias, pero estamos reflejando a un Dios que es un Dios de la familia, y que tiene, dentro de la Trinidad, relaciones de familia y comunidad y lealtad-las cosas de las que hemos estado hablando-fidelidad de pacto, amor, misericordia, y conexión, relaciones. Él es un Dios relacional, y nos ha llamado a una familia, a la familia de Dios.

Al construir estas relaciones de esposo-esposa, padre-hijo y entre hermanos, ¿no les estamos enseñando realmente a los miembros de nuestra familia sobre cómo tener una relación espiritual eterna entre nosotros? El matrimonio no va a existir en el cielo. Estas relaciones no van a ser iguales en el cielo, pero hay una relación eterna de familia, la novia, los hermanos y hermanas en la familia de Dios, para eso estamos entrenando a estos niños.

Holly: Obviamente, Dios instituyó la estructura para el hogar. Era Su plan. Él lo estableció. Es de valor, y Él lo modela. Por toda la Escritura ves la imagen del Padre y el Hijo. Se modela para nosotros, entonces es importante.

Carmen: Esa es Holly Elliff hablando con Nancy Leigh DeMoss y Kim Wagner acerca del verdadero ministerio que tiene lugar dentro un hogar entre los miembros de la familia. En esta conversación, ellas hicieron referencia a algunas de las enseñanzas que Nancy ha cubierto durante esta serie titulada, El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Ha sido una serie rica en significado y llena de formas prácticas de glorificar a Dios como mujeres. En esta serie hemos visto la importancia que tiene la doctrina, el peligro del alcoholismo, el valor de la crianza de los hijos y muchas cosas más. Nancy ha unido estos temas prácticos de manera excelente. Puedes escucharlos todos al visitar nuestra página www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com, pero más que nada necesitamos tus oraciones. ¿Te animarías a orar para que Dios provea de los recursos necesarios para continuar esta obra?

Tito 2 dispone las prioridades de Dios para las mujeres. Aprende cómo algunas mujeres están aplicando esas prioridades en sus vidas. Esto en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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¿Qué es la inspiración de las Escrituras?

The Master’s Seminary

¿Qué es la inspiración de las Escrituras?

Josías Grauman

La inspiración es la doctrina que enseña que Dios es el autor de la Biblia. En 2 Pedro 1, Pedro explica que la Biblia no es un invento humano. El texto bíblico no se originó en la mente humana, sino que los autores bíblicos literalmente fueron «cargados» por el Espíritu Santo. En otras palabras, aunque cada autor humano escribió desde su propia experiencia y contexto, y con su propio vocabulario y estilo, el Espíritu los llevó a decir exactamente lo que Él quiso. Esto es lo que Pedro enfatiza al afirmar que los autores bíblicos fueron inspirados.

Pero la inspiración no sólo se trata del autor. Algunos liberales dicen que los autores fueron «inspirados» por el Espíritu con ciertas ideas, pero que, a la hora de escribir, ciertos errores humanos entraron en las palabras que escribieron. Pablo brinda una respuesta clara a la afirmación anterior cuando, en 2 Timoteo 3:16, dice que toda la Escritura —es decir, el texto mismo— fue inspirado por Dios. La palabra que Pablo usa en este versículo para comunicar la inspiración de la Escritura es, en el original, θεόπνευστος (teópnuestos), que literalmente significa que toda la Escritura fue exhalada, o soplada por Dios. El producto final, las palabras mismas, son palabras que Dios escribió y, por lo tanto, cada palabra refleja los atributos de su autor.

La Biblia es poderosa porque su autor es poderoso. La Biblia es inerrante porque su autor no puede errar. La Biblia es suficiente porque su autor es omnisapiente y sabe exactamente lo que sus hijos necesitan. Cada palabra es perfecta. Cada palabra es intencional. Por lo tanto, cada palabra debe ser creída, obedecida y predicada por sus hijos.

 

Josías Grauman

Josías es licenciado en idiomas bíblicos por The Master’s University y con Maestría en Divinidad por The Master’s Seminary. Sirvió durante cinco años como capellán del Hospital General de Los Angeles (California), y sirvió como misionero por dos años en la Ciudad de México. En la actualidad , está encomendado como anciano de la iglesia Grace Community Church donde sirviendo en el ministerio hispano. Josías y su esposa Cristal tienen tres hijos.

J4 – Una bondad duradera

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J4 – Una bondad duradera

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/una-bondad-duradera/

Carmen Espaillat: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Si ustedes tienen un huésped en casa lo quieren atender y hacer sentir como rey, ¿verdad?

Pero si tu esposo o tu hijo adolescente te pide algo, ¿eres más propensa a pensar: “Oye amigo, hazlo tú mismo”? “Tienes manos, tienes ojos y sabes dónde está el refrigerador. Estoy cansada.” A veces es con nuestras familias con quienes menos queremos ser bondadosas.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Cuando una amiga de la iglesia está en el hospital o tiene un bebé, ¿qué es lo que haces? Bueno, muchas mujeres se ponen en manos a la obra comprando regalos, haciendo comidas y mostrando una gran amabilidad de maneras prácticas.

Hoy consideremos cómo podemos poner manos a la obra en este tipo de actos hacia los más cercanos. Nancy está impartiendo esta enseñanza de una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Nancy: Un día al final de una conferencia de Aviva Nuestros Corazones una mujer vino a mí y empezó como a derramarse, contando la historia de lo que Dios había hecho en su vida. Le dije: “Espera un minuto. Quiero tener escrita tu historia.” Así que le pedí: “¿Me mandarías un correo electrónico contándome esa historia?” Entonces ella me lo envió, y aquí está lo que dijo:

“Mi amado esposo ama absolutamente la comida mexicana. A mí no me gusta tanto, así que usualmente solo la preparo para él dos veces al año: el día del padre y en el día de su cumpleaños. Pero comencé a resentir su petición de comida mexicana más seguido.

En su conferencia, el Señor me dio convicción de egoísmo y falta de corazón de sierva hacia mi maravilloso esposo. Fui a casa y le dije que le prepararía comida mexicana al menos una vez por semana.”

Aquí esta mujer puso en práctica lo que escuchó en una conferencia de Aviva Nuestros Corazones. Y siguió diciendo,

“Él no supo qué responder más que no tenía por qué hacer eso. Pero ahora realmente quería hacerlo. ¿Y qué cree? Ahora hasta yo la disfruto. Dios es muy fiel y bueno. Cuando le pedimos que nos ayude a convertirnos en siervos, también nos da gozo en el servicio.”

Ahora estamos en una parte de nuestra serie de Tito 2 que habla de la actitud del corazón con la que servimos. Pasamos varios días hablando sobre las mujeres como cuidadoras del hogar, amas de casa; y sencillamente de las necesidades y responsabilidades domésticas que tienen que ser cubiertas. Tu esposo y tus hijos necesitan ser alimentados. Necesitan ser vestidos.

Hay algunos aspectos hogareños que no son tan glamurosos, de hecho muchos de ellos no lo son, y algunos son bastante tediosos. ¿Cuántas comidas has hecho en los años que llevas casada? ¿Y cuántas cargas de ropa has lavado? Podrá ser emocionante durante el primer mes o dos, pero después de miles de estas cosas, puedes perder el hacerlo de corazón.

Pienso que esto es como un currículum para mujeres jóvenes donde las mujeres mayores deben enseñarles que conforme a la actitud del corazón con que realices las cosas en casa, será la calidad de las mismas.

Déjenme regresar y darles el currículum que viene en el capítulo 2 de Tito. Que las ancianas, versículo 4, “enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, versículo 5, a ser prudentes [pensar con un sano juicio], puras a [tener un corazón puro], hacendosas en el hogar, amables”. Algunas de sus traducciones pueden decir, “a ser bondadosas”.

Ahora, si vamos al fruto del espíritu en Gálatas capítulo 5, en el versículo 22—como sabrás está el amor, el gozo, la paz, la paciencia—dos manifestaciones del fruto del Espíritu se relacionan con este concepto. Uno es la benignidad y el otro es la bondad.

Aquí estamos hablando realmente de ambas. Estamos hablando de las cosas que haces en tu casa para tu esposo, tus hijos, tus vecinos, por la gente en la escuela de tus hijos, por los hermanos en la iglesia, las diferentes maneras prácticas en cómo servimos a los demás. Queremos hacer todas estas cosas no solo como un deber, no solo como algo que tenemos que tachar de nuestra lista de cosas por hacer, no solo porque tenemos una obligación, sino porque Dios a través de su Espíritu Santo ha puesto benignidad y bondad en nuestros corazones.

Esta bondad activa fluye de nuestros corazones. Está motivada por nuestra benignidad. Creo que esto es importante, particularmente para aquellos de nosotros que estamos algo comprometidos con el deber. Vamos a hacer el bien mientras exista el aliento en nuestros cuerpos. Pero encuentro muchas mujeres sirviendo al Señor sin corazón, sirviendo a sus familias sin gozo.

Por cierto, esto puede ser una verdad en cualquier tipo de servicio. El Señor me ha estado hablando en lo que he estado estudiando. Muchas de mis actos, y tareas no son de la esfera doméstica, sino que me la paso estudiando, preparándome para enseñar, escribir libros y cosas que algunas personas piensan que amarían hacer. Les digo que si ellos piensan que amarían hacer eso, nunca lo han hecho. Es un trabajo difícil.

Justo como el trabajo en tu casa, Es un trabajo pesado y muchas veces tedioso, muchas veces cuando ya es muy tarde y todos se han ido a sus camas, y tú empiezas a sentir pena por ti misma y a pensar: “¿Qué consigo con esto?, ¿por qué lo estoy haciendo?, ¿por qué no puedo tener una vida normal como la gente que se va a dormir en la noche?”

Y estás cuidando en la noche a un pequeño que está enfermo, como le pasó anoche a mi amiga Mary Anne; o haciendo almuerzos por milésima vez para tus hijos y pensando, “¿Acaso alguien le importa si hago esto?” Ahora, si no lo haces, les importará. Pero, ¿quién lo nota? ¿A quién le importa?

Podemos empezar a sentirnos resentidas. Podemos comenzar a tener lastima, autocompasión. Podemos empezar a compararnos con las vidas de otros o a desear la vida de alguien más, y solo realizar las tareas rápidamente y sin corazón. Pero la Palabra aquí está hablando de una motivación por servir, una motivación por el quehacer doméstico, que es la benignidad y la bondad en acción.

Ahora, pienso que es tan importante porque nos recuerda que esta vida no se trata acerca de nosotros sino acerca de otros. Todo este capítulo en Tito 2—de hecho toda la Palabra—es un llamado a ser mujeres, no egoístas, no egocéntricas, sino Cristo-céntricas y prójimo-céntricas. Esta es una palabra—esta benignidad, esta bondad—que habla de abundancia. Habla del gozo y del corazón con el que llevamos a cabo nuestro llamado como mujeres.

Mientras pensaba sobre esta cualidad de bondad y benignidad y en lo que hemos venido hablando en estas sesiones sobre domesticidad, sobre ser inclinadas hacia el hogar, sirviendo en nuestras casas, hay una mujer en la Palabra que vino a mi mente que ilustra bellamente ambas cualidades; la domesticidad y la benignidad o la bondad. Han leído sobre ella en Hechos capítulo 9.

Déjenme pedirles que abran sus Biblias, si la tienen con ustedes, en el capítulo 9 del libro de los Hechos, y si buscamos la historia de esta mujer, veremos que solo ocupa un párrafo. Eso es todo lo que se escribió de ella en las Escrituras. Pero quiero decirles algo, que al final de mi vida si se escribiera un párrafo así sobre mí, entonces yo diría que he vivido una vida fructífera.

Hechos capítulo 9, comenzando en el versículo 36. Esto es en los días de la iglesia primitiva y recuerden que el imperio romano, la época romana, fue una época muy malvada. La gente era egocéntrica al extremo y dentro de este contexto vino esta recién nacida iglesia, que era muy diferente del mundo que la rodeaba.

Esta mujer, Dorcas, es una imagen del contraste, de la diferencia que la gracia de Dios hace en la vida de las personas. El versículo 36 dice: “Había entonces en Jope una discípula llamada Tabita (que traducido al griego es Dorcas).” Entonces, antes de ser cualquier cosa, o poseer una identidad, en este pasaje ella era una discípula. Era una seguidora de Cristo. Déjenme decirles que este es el lugar para comenzar.

El servicio brota de ser una discípula, una seguidora de Jesucristo. Las mujeres que no conocen a Cristo pueden ser grandes amas de casa. Pueden tener muchos talentos y habilidades. Pueden ser buenas madres. Ellas pueden ser buenas esposas en muchos aspectos. Pero no pueden ser verdaderas mujeres cristianas porque ellas no tienen el poder del Espíritu Santo que mora en nosotros, que nos capacita y nos motiva, que nos dirige.

Entonces, Dorcas fue primero una discípula. Si vas a ser una mujer verdadera, primero tienes que ser una seguidora de Jesucristo, y eso es lo que ella era.

Luego en la siguiente frase la describe, al final del versículo 36—y me encanta esta frase—dice: “Esta mujer era rica en obras buenas y de caridad que hacía continuamente”. ¿No es esa una descripción genial? Ella era rica en buenas obras. “Buenas” viene de la palabra agathos—benéfica, útil, provechosa, beneficiando a otros, bondad en acción. “Esta mujer era rica en buenas obras y de caridad que hacía continuamente”.

Ella no solo tenía benignidad en su corazón. Sino que ésta brotaba en forma de buenas obras, de modo que otros podían ver esas buenas obras y glorificaban a Su Padre celestial. Estas obras no solo eran una ocupación extra para ella, ella era rica en estas obras buenas y en estos actos de caridad.

No sabemos si ella era casada o soltera. No sabemos cuántos años tenía. No sabemos nada más sobre las condiciones o la época de su vida, pero sabemos que la descripción de esta mujer es que era una discípula de Cristo, y que era rica en obras buenas y de caridad.

Ahora, esto significa que ella era una bendición para muchas personas. Ella no tenía una vida egocéntrica. Ella tenía una vida prójimo-céntrica. Primero centrada en Cristo para poder centrarse en los demás. Entonces, en los versículos 37-38 dice:

Y sucedió que en aquellos días se enfermó y murió; y lavado su cuerpo, lo pusieron en un aposento alto. Como Lida estaba cerca de Jope, los discípulos, al oír que Pedro estaba allí [en Lida], le enviaron dos hombres, rogándole: No tardes en venir a nosotros.

Ahora Dorcas estaba muerta. ¿Qué creían que Pedro iba a hacer? Hoy sabemos lo que Pedro hizo porque tenemos la historia y la hemos leído, pero, ¿qué estaban ellos pensando? ¿Por qué llamaron a Pedro? No lo sabemos realmente.

Sabemos que ellos sabían que el poder de Dios era vivo y activo, pero no había habido muchas resurrecciones. Jesús había vuelto a traer a la vida a un par de personas y a sí mismo, pero ¿sería eso lo que ellos estaban esperando? No lo sabemos. Pero sí sabemos que ellos querían que el hombre de Dios fuera allí a lidiar con la situación.

Entonces Pedro se levantó y fue con ellos. Cuando llegó lo llevaron al aposento alto, y todas las viudas lo rodearon llorando, mostrando todas las túnicas y ropas que Dorcas solía hacer cuando estaba con ellas. (Versículo 39).

Entonces aquí hay una mujer que tenía un ministerio especial para con las viudas. Quizás ella también pudo haber sido viuda. No lo sabemos. Pudo haber sido una mujer joven. Pudo haber sido una mujer mayor con el nido vacío. No lo sabemos. Todo lo que sabemos es que su amor por Cristo fluía en ministración hacia otros, particularmente hacia las viudas.

Era un ministerio práctico. Me refiero un ministerio que ponía manos a la obra. Ella hacía túnicas y otras vestiduras. Tenía una habilidad con la costura. Ella era costurera. Ella utilizaba esa habilidad para beneficiar y bendecir al cuerpo de Cristo.

He reflexionado sobre este relato recientemente, y me he encontrado preguntándome, “¿Cómo seré recordada? Cuando mi cuerpo esté inerte y listo para ser enterrado, ¿cuál será el enunciado que describa mi vida?”

“Oh, ella escribió una tonelada de libros”. “Oh, ella estaba en el radio todos los días”. “Oh, ella era una trabajadora esforzada.” Saben, estas no son las cosas que realmente quiero que la gente recuerde. Lo que quiero que recuerden es que ayudaba, que era amable, que amaba, que tocaba sus vidas en maneras prácticas que hacían una diferencia.

¿Cómo serás recordada? Quiero decir, si tu vida pudiera ser resumida en una sola oración o dos como las que tenemos de aquí, ¿cómo serás recordada? “Ella era amable.” “Ella era buena.” “Ella era una sierva.” “Ella era una dadora.”

¿Quién llorará al pie de tu ataúd pensando en todas las maneras en las que serviste y los bendijiste, y como les mostraste la benignidad de Cristo en maneras prácticas?

Ahora, este llamado a ser amables—el de ser una mujer mayor que enseña a las más jóvenes a ser bondadosas, amables en sus acciones—no es solo un llamado a responder amablemente cuando se presente la oportunidad. Muchas de nosotras podemos hacer esto. Si alguien nos pide algo, “¿Podrías servir, o hacer esto o aquello?” Lo hacemos.

Creo que es algo mucho más que esto. Es el llamado a constantemente buscar oportunidades de ser una bendición a otros, de mostrar la benignidad de Dios a otros, de tener iniciativa. Buscando alrededor de tu iglesia.

Vamos a la iglesia y allí hay mucha gente. Nos encontramos en los pasillos y decimos, “Hola, ¿cómo te va?” “Bien.” La mayoría de las personas no están bien. ¿Nos detenemos para averiguar si realmente están bien y conocer sus verdaderas necesidades? Dios ha puesto cosas en nosotros para dar a otros. Entonces esto es un llamado a constantemente tomar la iniciativa para mostrar amabilidad.

Primera a Timoteo capítulo 5 describe a la anciana que cuando enviuda califica para ser cuidada por la iglesia. Alguna vez haremos una serie completa sobre este texto, pero déjenme leerles la descripción de esta mujer en 1era a Timoteo capítulo 5, versículo 10: “Que tenga testimonio de buenas obras; si ha criado hijos, si ha mostrado hospitalidad a extraños, si ha lavado los pies de los santos [un trabajo nada glamoroso], si ha ayudado a los afligidos y si se ha consagrado a toda buena obra.”

Damas, ese es el retrato de una feminidad verdadera. Esas no son cosas glamurosas. Son tareas desinteresadas y de autosacrificio. Pero es a esto que estamos llamadas como mujeres que deben ministrar la bondad de Dios a otros.

Ahora, ¿a quienes estamos llamadas a mostrar esta bondad? ¿Quiénes deberían ser el objeto de nuestra bondad? Déjenme mencionar solo algunas de ellas. Primeramente, nuestras familias. ¿Por qué a veces somos más propensas y rápidas para ofrecer bondad a las personas fuera de nuestros hogares que a nuestras propias familias? ¿Por qué a veces tratamos más amablemente a los huéspedes que a nuestras propias familias? Si ustedes tienen un huésped en casa lo quieren atender y hacer sentir como rey, ¿verdad?

Pero si tu esposo o tu hijo adolescente te pide algo, ¿eres más propensa a pensar: “Oye amigo, hazlo tú mismo”? “Tienes manos, tienes ojos y sabes dónde está el refrigerador. Estoy cansada”. Ahora, puede que no digas eso, pero, ¿alguien alguna vez se sintió de esa manera para con su propia familia? A veces es con nuestras familias con quienes menos queremos ser bondadosas.

A veces es porque nos han herido, pero a veces es solo porque somos flojas. Muchas veces lo damos por hecho, pero no estamos pensando en mostrar bondad en nuestras casas.

En Proverbios capítulo 31 vemos una mujer que muestra bondad primero hacia su propia familia. Ella hará bien a su esposo, y no mal, todos los días de su vida. Esa bondad se extiende de su marido hacia sus hijos, padres y hermanos, cuidando a los de su propia casa.

Luego más allá, hacia la casa de Dios, hacia la familia de Dios. En Gálatas capítulo 6 versículo 10 dice, “Así que entonces, hagamos bien [agathos] a todos según tengamos oportunidad, y especialmente a los de la familia de la fe.”

Luego debemos mostrar bondad con el pobre y el necesitado, quienes no pueden ayudarse a sí mismos. Ahora, no es mi responsabilidad arreglar este problema, resolver el problema del hambre mundial, o de todos los huérfanos del mundo o todas las necesidades del mundo. Dios no me ha llamado a hacer eso pero me ha llamado a ser sensible a las necesidades de aquellos que Él puso dentro de mi esfera de influencia , abrir mis ojos para ver quiénes son y a estar dispuesta a ver de qué manera práctica puedo ministrar sus necesidades.

Eso es lo que dice Proverbios 31, versículo 20: “Extiende su mano al pobre, y alarga sus manos al necesitado”.

Después no solo al pobre y al necesitado sino—y aquí tenemos una bien difícil—debemos mostrar bondad hacia nuestros enemigos. A nuestros enemigos. Verán, la bondad no está basada en cómo los demás nos tratan, o si ellos se la merecen. Es fácil ser amable con las personas que actúan en reciprocidad con nosotros, o con aquellos que han sido amables con nosotros a quienes queremos reciprocar.

Pero debemos ser bondadosas con la gente que absolutamente no lo merece. De hecho en Tito capítulo 3, en el versículo 3, hay una descripción de cómo solíamos ser antes de ser salvos, y una de esas características es el haber sido aborrecibles. Éramos aborrecibles. Odiábamos a Dios. Odiábamos a otros. Éramos necios, desobedientes y aborrecibles.

Pero miremos los versículos 4 y 5 del capítulo 3: “Pero cuando se manifestó la bondad de Dios nuestro Salvador, y su amor hacia la humanidad, Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia”.

¿Cuándo nos salvó? Cuando éramos aborrecibles. Es entonces cuando su benignidad y bondad vino a nuestras vidas. Cuando nosotros como hijos de Dios somos amables para con los que no lo merecen, mostramos a la gente cómo es Dios. Reflejamos el Evangelio. Reflejamos la asombrosa e inmerecida bondad de Jesucristo. Él ha sido bondadoso con nosotros. Nosotros vertemos de esa bondad a otros.

Después, en el pasaje de Lucas capítulo 6 es similar. Jesús dice,

Pero a vosotros los que oís, os digo: amad a vuestros enemigos; haced bien a los que os aborrecen; bendecid a los que os maldicen; orad por los que os vituperan.

Después nos da un montón de maneras prácticas para llevar eso a cabo. Dice que no solo lo hagamos para con aquellos que nos aman. Porque,

Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman. Si hacéis bien a los que os hacen bien, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores hacen lo mismo…. Antes bien, amad a vuestros enemigos, y haced bien, y prestad no esperando nada a cambio, y vuestra recompensa será grande, y seréis hijos del Altísimo; [y escuchen esto] porque Él es bondadoso para con los ingratos y perversos. (Versículos 32-33, 35).

Porque para algunas de ustedes los malagradecidos es gente malvada que habita dentro de las cuatro paredes de tu propia casa. Porque algunas de ustedes los malagradecidos—es gente malvada dentro de las cuatro paredes de tu iglesia. Y ustedes han sido heridas y no desean ser bondadosas. Más bien quieren ser despiadadas. A lo mejor quieren ignorar sus necesidades. Pero Dios es bondadoso aun para con el malagradecido, aun para con aquel que ni siquiera reconoce que Él ha sido amable, aquel que nunca dice gracias. Y para con aquellos que son malvados. Si Él no hubiera sido bondadoso, no nos hubiera salvado. Pero Él fue bondadoso, aun cuando nosotros éramos malagradecidos y malvados.

Luego dice, “Sed misericordiosos, así como vuestro Padre es misericordioso” (versículo 36). Ser de corazón bondadoso y hacer acciones bondadosas es ser como Dios.

Recibí hace más o menos una semana un correo electrónico de una de nuestras compañeras de ministerio. Ella decía:

“El que ha sido mi esposo desde hace 66 años, está en su quinto año de demencia. Él tiene 85 años y ha estado en el ministerio alrededor de unos 60 años. Yo tengo 84 años, y no necesito decir que he estado bajo una gran cantidad de presión cuidando de él. De cualquier manera (le enviamos un libro y ella nos ha escrito agradeciéndonos por ello), a través del libro que me enviaron Dios me dejó ver mis actitudes carnales y como yo no estaba sirviendo a mi esposo y cuidándole de una manera amorosa.”

Ella estaba sirviendo a su esposo pero sin bondad. Ella dijo:

“Me sentí tan avergonzada. Clamé al Señor por su perdón. Al día siguiente estaba asombrada de cuanto más fácil se convertía el hacer las tareas más básicas, y como aún continúan siendo así.”

La bondad del corazón ayuda a levantar la carga. No necesariamente hará que todas esas tareas luzcan glamurosas, pero las convertirá en un acto de adoración, un acto de verdadero amor. Sirviendo con bondad de corazón.

Padre, cuánto oro porque como mujeres seamos amables, de corazón bondadoso, y de acciones bondadosas; que el mundo no deje de observar y mirar que como mujeres cristianas somos amables, atentas, serviciales, dadoras. Señor, uno de estos días cuando nuestro cuerpo se encuentre en un ataúd, oramos porque las personas nos extrañen por cómo les mostramos Tu bondad, así como Tú la mostraste tan grandiosamente para con nosotras. En el nombre de Jesús oro, amén.

Carmen: Qué mensaje tan importante nos acaba de impartir Nancy Leigh DeMoss. ¿Serás algún día recordada por mostrar bondad? ¿Qué puedes hacer hoy para empezar a construir ese legado? El mensaje de hoy es parte de la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Imagina tener un huésped de honor en tu casa por un corto tiempo. Tendría toda tu atención, ¿verdad? Recuerda que brevemente tendrás a tus hijos en casa, aprende cómo tratarlos, como si fueran tus invitados de honor.

Gracias por estar con nosotros. Te esperamos para nuestra próxima entrega de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

El aborto

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

El aborto

Randy Alcorn

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie «Definiendo el ser humano«, publicada por la Tabletalk Magazine.

Algunos defensores del aborto afirman basar sus creencias en la Biblia. Sostienen que las Escrituras no prohíben el aborto. Están equivocados. La Biblia, de hecho, enfáticamente prohíbe el asesinato de personas inocentes (Éx. 20:13) y claramente considera que los bebés que aún no han nacido son seres humanos dignos de protección (21:22-25).

Job describió en detalle la forma en que Dios lo creó antes de que naciera (Jb. 10:8-12). Lo que estaba en el vientre de su madre no era algo que podría convertirse en Job sino alguien que era Job, el mismo hombre, solo que más joven. Dios le dice al profeta Isaías: «Así dice el Señor que te creó, que te formó desde el seno materno, y que te ayudará» (Is. 44:2). Lo que cada persona es, no simplemente lo que podría llegar a ser, estuvo presente en el útero de su madre.

Debemos aprender a ver a todos los niños como Dios los ve, y debemos actuar a favor de ellos como Él nos manda.

El Salmo 139:13-16 pinta una imagen vívida de la relación íntima de Dios con una persona nonata. Dios creó las «entrañas» de David no en el nacimiento, sino antes del nacimiento. David le dice a su Creador: «me hiciste en el seno de mi madre» (v. 13). Cada persona, independientemente de su linaje o discapacidad, no ha sido fabricada en una línea de ensamblaje cósmica, sino que personalmente ha sido formada por Dios. Todos los días de su vida están planeados por Dios aún antes de que exista uno solo de ellos (v. 16).

Meredith Kline observa: «Lo más significativo acerca de la legislación sobre el aborto en la ley bíblica es que no hay ninguna. Era tan impensable que una mujer israelita deseara un aborto que no había necesidad de mencionar esta ofensa en el código penal». Todo lo necesario para prohibir un aborto era la orden: «No matarás» (Ex. 20:13). Todos los israelitas sabían que el niño en el vientre de su madre era un niño. Nosotros también, si somos honestos. Todos sabemos que una mujer embarazada está «cargando un niño».

Cada niño en el útero es obra de Dios y parte del plan de Dios. Cristo ama a ese niño y lo demostró volviéndose en uno: pasando nueve meses en el vientre de Su madre terrenal.

Así como niño pequeño y  adolescente, los términos embrión y feto no se refieren a no humanos, sino a humanos en diversas etapas de desarrollo. Es científicamente inadecuado decir que un embrión humano o un feto no es un ser humano simplemente porque se encuentra en una etapa más temprana que un bebé. Esto es como decir que un niño pequeño no es un ser humano porque aún no es un adolescente. ¿Alguien se vuelve más humano a medida que crece? Si es así, entonces los adultos son más humanos que los niños, y los jugadores de fútbol son más humanos que los jinetes. Algo que no es humano no se vuelve humano o más humano al envejecer o crecer; lo que es humano es humano desde el principio, o nunca puede ser humano en absoluto. El derecho a vivir no aumenta con la edad y el tamaño; de lo contrario, los niños pequeños y los adolescentes tienen menos derecho a la vida que los adultos.

Una vez que reconocemos que los nonatos son seres humanos, el tema sobre su derecho a vivir debería resolverse, independientemente de cómo fueron concebidos. La comparación entre los derechos de los bebés y los de las madres es desigual. Lo que está en juego en la gran mayoría de los abortos es el estilo de vida de la madre, a diferencia de la vida del bebé. En tales casos, es razonable que la sociedad espere que un adulto viva temporalmente con un inconveniente si la única alternativa es matar a un niño.

Los defensores del aborto desvían la atención de la gran mayoría de los abortos (99 por ciento) al concentrarse en la violación y el incesto debido al factor de simpatía. Dan la falsa impresión de que los embarazos son comunes en tales casos. Sin embargo, ningún niño es un despreciable «producto de violación o incesto», sino la única y maravillosa creación portadora de la imagen de Dios. Tener un hijo y abrazarlo  puede hacer mucho más bien por una mujer victimizada que el conocimiento de que un niño murió en un intento por reducir su trauma.

Cuando Alan Keyes se dirigió a estudiantes de secundaria de una escuela en Detroit, una niña de trece años le preguntó si él haría una excepción a su posición pro-vida en casos de violación. Él respondió con esta pregunta: «Si tu padre viola a alguien, y lo condenamos por esa violación, ¿crees que sería correcto que diga: ‘OK, porque tu padre es culpable de esa violación, nosotros te vamos a matar?’» La clase respondió «No». Cuando se le preguntó por qué una niña debería llevar un embarazo luego de sucederle algo tan horrible, él respondió sabiamente con esta analogía:

Digamos que cuando tienes 19 años, Estados Unidos se involucra en una guerra. Y, cuando esto ha sucedido anteriormente, se ha hecho un reclutamiento militar obligatorio y las personas de tu edad serían reclutadas, y serían enviadas a la guerra, ¿no? Tu te tendrías que ir. Tendrías que vivir en el campo de batalla y arriesgar tu vida. Muchas personas de hecho arriesgaron sus vidas, vivieron dificultades cada día y finalmente murieron. ¿Por qué? Porque estaban defendiendo ¿qué cosa? Nuestro país y defendiendo su libertad. Tuvieron que pasar por dificultades, ¿verdad? Tuvieron que luchar para obtener la libertad.

El principio de la libertad es que nuestros derechos provienen de Dios. ¿Crees que está mal pedirle a la gente que haga sacrificios para mantener nuestro respeto por ese principio? …Pero no creo que sea correcto tomar ese dolor y de hecho empeorarlo …¿Sabes lo que añadiría si te permitiera tener un aborto? Añadiría la carga, el peso de ese aborto. Y en algún momento, la verdad de Dios que está escrita en tu corazón regresa a ti. Y eres herida por esa verdad.

Así que no creo que sea justo, ni para el niño ni para la mujer, dejar que esta tragedia arruine  sus vidas; tanto la vida física del niño como la vida moral y espiritual de la madre. Y creo que en esta sociedad hacemos un daño terrible porque no tenemos el coraje de apoyar y defender lo que es verdad. (ProLife Info Digest, 2 de febrero de 2000)

En su libro, Victims and Victors (Víctimas y vencedoras), David Reardon y asociados recurren a los testimonios de 192 mujeres que quedaron embarazadas como resultado de una violación o incesto. Resulta que cuando las víctimas de la violencia hablan por sí mismas, su opinión sobre el aborto es casi unánime y es exactamente lo contrario de lo que la mayoría predeciría: casi todas las mujeres entrevistadas dijeron que lamentaban haber abortado a sus bebés concebidos por violación o incesto. De las que dieron una opinión, más del 90 por ciento dijo que no le aconsejaría a otras víctimas de violación sexual que tuvieran un aborto. Ninguna de las que dio a luz a un niño expresó algún arrepentimiento por haber tenido al bebé.

La imposición de la pena capital al hijo inocente de un delincuente sexual no le hace nada malo violador ni le hace nada bueno a la mujer. Crear una segunda víctima, nunca repara el daño a la primera. El aborto no brinda alivio ni sanidad a una víctima de violación.

Los discípulos de Cristo no entendieron cuán valiosos eran para Él los niños, por lo que reprendieron a los que trataron de acercarlos a Él (Lc. 18:15-17). Pero Jesús dijo: «Dejad que los niños vengan a mí, y no se lo impidáis, porque de los que son como éstos es el reino de Dios».  Jesús consideró la atención a los niños como parte esencial de Su reino, no como una distracción.

La visión bíblica de los niños es que son una bendición y un regalo del Señor (Sal. 127:3-5). Sin embargo, la cultura occidental trata cada vez más a los niños como obstáculos. Debemos aprender a ver a todos los niños como Dios los ve, y debemos actuar a favor de ellos como Él nos manda. Debemos defender la causa de los débiles y huérfanos; mantener los derechos de los pobres y oprimidos; rescatar a los débiles y necesitados; y librarlos de los malvados (Sal. 82:3-4).

Cristo dijo que lo que hagamos o no hagamos por los niños más débiles y vulnerables, lo hacemos o no lo hacemos para con Él. En el día del juicio, «El Rey les dirá: ‘En verdad os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos hermanos míos, aun a los más pequeños, a mí lo hicisteis’” (Mt. 25:40).

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.

Randy Alcorn
Randy Alcorn
Randy Alcorn es fundador y director de Eternal Perspective Ministries. Es un autor muy reconocido y sus libros de los más vendidos de New York Times. Él ha escrito más de cincuenta libros, incluidos “Heaven” y “The Treasure Principle.”

J3 – Llenando tu hogar de bondad

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J3 – Llenando tu hogar de bondad

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/llenando-tu-hogar-de-bondad/

Carmen Espaillat: Con ustedes, Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss : Si tienes una casa nítida y preparas comidas increíbles y eres una mamá merecedora de premios por tener una casa que debería estar en la portada de alguna revista, esto no significa nada si no tienes un corazón conectado al Señor.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Puedes pintar tus paredes, rehacer tus pisos, instalar nuevos accesorios, o actualizar tu apariencia. Ninguna de estas cosas puede verdaderamente crear un hogar cálido.

Pero tu actitud mientras lidias con proyectos como estos tendrá un gran impacto dentro de tus cuatro paredes y más allá. Averigua por qué, mientras Nancy continúa la serie de El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy : Si tienes tu Biblia, ve conmigo al Evangelio de Lucas, al capítulo 10. Quiero que veamos un pasaje familiar —familiar para la mayoría de nosotras— acerca de un ama de casa llamada Marta.

Ese parece ser un nombre popular entre amas de casas. Quiero que veamos algunas cosas en la vida de esta mujer que tienen que ver sobre la cualidad de la cual vamos a hablar hoy en Tito capítulo 2.

En Lucas capítulo 10 versículo 38 dice, “Mientras iban ellos [Jesús y sus discípulos] de camino, Él entró en cierta aldea; y una mujer llamada Marta le recibió en su hogar”.

Así que lo primero que aprendemos acerca de Marta es que ella tenía una casa. Sabemos que su casa estaba en la ciudad de Betania y que tenía una hermana que se llamaba María y un hermano llamado Lázaro.

Hasta donde sabemos, ella no estaba casada, pero realmente no sabemos si lo estaba o no. Pero sí sabemos que ella tenía un hogar y que ella tenía un corazón para su hogar y un corazón para la hospitalidad.

Ella trabajaba en la casa, lo que es algo que deben hacer las mujeres y que es lo que hemos venido estudiando en Tito capítulo 2 en las últimas sesiones. Mientras reflejan el Evangelio deben estar trabajando en la casa. Eso era lo que Marta hacía, y por eso ella pudo darle la bienvenida a Jesús y a los que le acompañaron a su casa.

Este probablemente no era un grupo pequeño. Esto no era simplemente una pequeña cena íntima. Allí habría una, dos o tres docenas de personas. Así que de alguna forma tuvo que haber hecho preparativos para recibir a Jesús en su casa.

No sabemos si fue notificada previamente, pero aquí vemos a una mujer que tenía el corazón de servir a través de su hogar. El versículo 39 dice, “Y ella tenía una hermana que se llamaba María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba Su palabra”.

Así que Jesús les está hablando a aquellos que estaban reunidos alrededor de Él, como hacían los rabinos de ese tiempo. Y María, quien parecía tener un corazón contemplativo (al parecer más que el de su hermana) estaba sentada a los pies de Jesús escuchándole enseñar.

Versículo 40, “Pero Marta se preocupaba con todos los preparativos”. Y estoy leyendo esta vez de la Biblia de Las Américas, y así es como dice allí.

Pero si vas a la Reina Valera dice que ella “se preocupaba con muchos quehaceres”. Ella estaba distraída por todos los preparativos, o distraída por el mucho servicio. La primera palabra de este versículo es la clave de que algo anda mal.

María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchando Su palabra. Versículo 40, “Pero Marta…”; Marta estaba haciendo otra cosa. Algunas cosas que necesitaban ser hechas, pero hay un problema ahí.

Ella estaba distraída preparando todo. Ella estaba distraída con mucho servir. Esa palabra distraída significa estar ocupado, halado o arrastrado hacia todas las direcciones.

Ella estaba siendo empujada en muchas direcciones—muchas demandas, hacía todas las cosas que necesitaban ser hechas. Seguro has estado ahí, has pasado por esto. Sabes exactamente lo que esta frase significa.

Si tienes un hogar, si cuidas de un hogar —si tienes un esposo, si tienes hijos, o si eres como yo y vives sola— sabes lo que significa tener personas y demandas que te halan en todas las direcciones mientras al mismo tiempo tratas de servir a los demás.

Así que el versículo 40 dice, “Y acercándose a Él, le dijo: Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.”

Ahora, permítanme hacer algunas observaciones sobre las que meditaba esta mañana. Aquí está Marta, que ha pasado de servir a otros a ser egoísta. Analicemos la escena.

Recuerden lo que estaba pasando. ¿Qué estaba haciendo Jesús mientras Marta preparaba todo? Él estaba enseñando. Él estaba hablando.

Probablemente Él no estaba parado en un atril teniendo un servicio de predica oficial. Ellos probablemente estaban sentados en la sala, quizás afuera o donde sea, y las personas estaban reunidas alrededor de Él, y Él les enseñaba sobre el Reino de Dios y el Evangelio. Para eso Él había venido.

Así que Jesús está enseñando. ¿Y qué hacían los otros invitados? Estaban escuchando. Estaban reunidos alrededor de Él.

Así que tenemos aquí un pequeño servicio dirigido por Jesús. Marta aparentemente piensa que lo que sea que haya salido mal en la cocina en medio de su servicio es de tanta importancia que ella tiene que interrumpir a Jesús, quien está hablando, y a los otros que están escuchando.

Nunca se me había ocurrido hasta que comencé a situarme en esta escena —dice claramente lo que Jesús estaba haciendo, y lo que los otros hacían— y Marta va a donde Él y le dice esto… ¡Así que ella interrumpe el “servicio de la iglesia”!

No quiero ser muy dura con Marta. La única razón por la que sé lo que ella está haciendo es porque yo misma he estado en esa situación tantas, pero tantas veces.

Ella interrumpe a Jesús, y su clamor es “se trata todo sobre mí”. “Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje servir sola? Dile, pues, que me ayude.” Está centrada en ella misma.

Ella había estado sirviendo, pero se distrajo mientras servía, y terminó centrada en sí misma. Eso causó esta conmoción, esta interrupción, esta distracción de las cosas eternas que estaban ocurriendo entre Jesús y aquellos quienes estaban sentados escuchándolo.

Así que en la medida que uno se centra más en sí mismo, uno se vuelve insensible hacia los demás. Es como si no existieran. O si existen, como si no importaran. Todo lo que importa en este instante es como me siento y qué me está pasando a mí y mis necesidades y mis emociones y lo que quiero que se lleve a cabo.

Veo aquí a una mujer que está molesta. Está irritada. Creo que ella hubiera explicado esto diciendo, “Estoy frustrada. Hay tanto que hacer y solo tengo dos manos. Soy la única persona; no lo puedo hacer todo”.

De nuevo, estoy viendo la mirada de las mujeres aquí presentes y sé que saben exactamente lo que Marta sentía. Todas hemos estado ahí.

No tienes que estar casada ni tener tu propio hogar para saber que a medida que cumples con las responsabilidades que Dios te ha dado en esta etapa de tu vida, hay momentos en que sentirás que es más de lo que puedes sobrellevar, y te frustras.

Y, ¿qué pasa si no llevas esa frustración al lugar adecuado, si no lo manejas a la manera que Dios quiere, con una mente sobria, como hemos discutido a través de esta serie? Vas a pecar al molestarte y airarte.

El pecado no era que había mucho que hacer. El pecado no era que estabas luchando para hacerlo todo, a menos que hayas querido hacer más de lo que debías—esos son otros problemas.

No hay indicación de que ella estuviera haciendo algo que no debía. Era noble. Ella estaba sirviendo.

Pero ella se preocupó, se agotó mentalmente. Ella perdió la cordura con todo lo que estaba pasando.

Como resultado, ella estaba irritada y se molestó contra su hermana, y con Jesús aparentemente, y quien sabe con quién más. Yo oigo en sus palabras un tono acusatorio: “¿Señor, no te importa…?”

Acusatorio contra Jesús, imputándole sus intenciones, sugiriendo que a Él no le importaba; con un tono acusatorio contra su hermana María: “Mi hermana me dejó sola”.

No sabemos lo que no sabemos. No sabemos lo que ella no dijo. No sabemos lo que ella estaba pensando.

Pero lo que se infiere es que ella realmente siente que su hermana ha hecho algo malo. Ella está acusando a su hermana de no ayudarla, de ser negligente con sus responsabilidades.

¿Has notado que, cuando te tornas acusatoria, cuando estás bajo presión, comienzas a asumir sobre el corazón y las intenciones de los demás? Asumes que ellos actúan de esa manera porque “yo no les caigo bien” o porque “ellos no aman a Dios”.

Digo, nuestra mente se va en tantas direcciones si la dejamos. Esta mente no sobria nos lleva por un camino muy errado.

Y percibo también cierto resentimiento aquí. “¿No te importa que mi hermana me deje servir sola?” “¡Ella me ha dejado todo a mí sola!” ¡Cuánta autocompasión! Y luego demandando: “Dile, pues, que me ayude.”

¿Alguna vez te has encontrado diciéndole a Dios qué hacer o diciéndole a tu esposo o ladrando órdenes a tus hijos, siendo demandante? El servir se vuelve—no un privilegio amoroso lleno de gracia y llevado a cabo con alegría—se convierte en un peso, en un trabajo penoso.

Las mismas personas que estamos sirviendo se han convertido en un problema, en una molestia. Solo deseamos que se vayan y nos dejen tranquilas.

Permítanme leerles un correo electrónico de una de nuestras oyentes. Ella dijo,

“Yo soy una mujer cristiana de quien siempre parece que se aprovechan de su gentileza. Otros toman mi gentileza como una debilidad. Estoy empezando a molestarme por todo esto. Estoy tan molesta que estoy sintiendo mi corazón endurecerse”.

¿Te has encontrado en alguna ocasión tan molesta con aquellos a quienes Dios te ha enviado a servir que tu corazón se endurece contra los demás? Contra el Señor, contra los otros… Mira el versículo 41, “Respondiendo el Señor, le dijo: Marta, Marta, tú estás preocupada y molesta por tantas cosas.”

Esa palabra preocupada significa “ansiosa”. Está relacionada a otra palabra que significa “ir en diferentes direcciones”. Está ansiosa. Drenada. Está siendo halada en muchas direcciones diferentes. Y está molesta. La palabra griega que es traducida como molesta es una que suena como “turbulento”. Estar en confusión.

Algunas veces nuestros pensamientos hacen eso. Por eso es que necesitamos una mente sobria, un sano juicio, para que no nos preocupemos ni nos molestemos con tantas cosas.

Y luego este pensamiento de “muchas cosas”. Me parece que las cosas se han vuelto más importantes para Marta que las personas. “Tú estás preocupada y molesta por tantas cosas”. Había “tantas cosas”. Ella había perdido la perspectiva. Había perdido el enfoque. Había olvidado lo que realmente importaba, así que Jesús vino a recordárselo.

El versículo 42 dice, “Pero una sola cosa es necesaria.” No es que nada más importa, sino que solo una cosa es absolutamente esencial, sin la cual no se puede vivir y: “María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

¿Qué es esa cosa buena, esa cosa absolutamente necesaria? Es el proteger tu relación, tu intimidad y tu comunión con el Señor.

Si tienes una casa nítida y preparas comidas increíbles y eres una mamá merecedora de premios por tener una casa que debería estar en la portada de alguna revista, esto no significa nada si no tienes un corazón conectado al Señor, en comunión con Él.

Hemos estado estudiando Tito 2 y viendo que las mujeres mayores deben enseñar lo que es bueno, “Que enseñen a las jóvenes a que amen a sus maridos, a que amen a sus hijos, a ser prudentes, puras, hacendosas en el hogar,” y luego a ser “amables” (versículos 3-5).

Llegamos hoy a esa palabra amable. Y estamos llegando al final de las cualificaciones y características de las mujeres aquí: ser amable.

Nota que esta palabra amable sigue a la característica de ser hacendosa en la casa. No es suficiente, como acabamos de decir, simplemente ser un ama de casa y atender tu casa. Esta palabra amable nos dice cómo debemos de hacer eso.

Trata con los motivos, con la disposición; nos dice cómo debe llevarse a cabo el servicio. Marta era un ama de casa consumada, pero en esta situación ella no fue amable. Ella perdió el corazón, el espíritu y el tono con que debemos cumplir con nuestras responsabilidades domésticas. Esto importa.

No importa que simplemente terminemos tareas que teníamos por hacer. Importa el tono y el espíritu, el cómo tratamos y respondemos a nuestra familia y amigos. Eso es lo que importa.

Esta palabra que es traducida como amable significa “ser de buen carácter, ser bueno y benevolente, ser provechoso, útil, beneficioso en su efecto, gentil, de ayuda, caritativo”.

Conozco a muchas mujeres que son fieles, diligentes, amas de casa conscientes, y quiero darles ánimo. Algunas de ustedes son tan fieles en ello. Son tan dedicadas y concienzudas.

Pero te quiero preguntar, ¿tienes una disposición amable al mismo tiempo? O, ¿solo lo haces por hacerlo? O, ¿simplemente lo haces para salir del paso? O ¿lo haces por determinación y puras agallas, o lo haces con amabilidad?

Tus hijos no recordarán tanto que eras una cocinera fabulosa o que tu casa siempre estaba en orden y limpia o que eras una decoradora increíble, tanto como recordarán el espíritu y el tono y el corazón con que hacías todas estas cosas. ¿Lo haces con amabilidad? Esto es extremadamente importante.

Trabajando en la casa, manejando la casa, tratando con tu esposo, interactuando con tus hijos, con demandas—todo puede ser muy rutinario y mundano. Sabes eso mejor que yo. Puede ser frustrante. Tú lo sabes mejor que yo.

Algunas veces te sentirás sola, como le pasó a Marta—como si a nadie le importaras, como si nadie te apreciara, como si nadie se diera cuenta, o como si nadie estuviera ahí para ayudarte. Ser cuidadosa de tu casa requiere diligencia, disciplina y fidelidad cada día.

Pero también requiere amabilidad y gentileza. Y esto también es algo que las mujeres mayores están supuestas a poder enseñarles a las más jóvenes.

Uno de mis diccionarios de la Biblia dice que la mujer del hogar no solo debe tener diligencia, energía, disciplina, pero ella también debe de tener una apariencia llena de gracia y amabilidad—no solo disciplina, pero también la actitud. Esto se refleja en su conducta, su actitud, su espíritu.

Otro comentarista habla de esta amabilidad como “la falta de irritabilidad ante las persistentes tareas y responsabilidades rutinarias y mundanas de una casa.” ¿Porque están muchas de ustedes haciendo muecas? ¿Será que sienten alguna convicción?

De nuevo, no salgan después de haber escuchado estas sesiones (y sé que muchas están inclinadas a hacer esto) y comiencen a atacarse a ustedes mismas. “¡Soy un fracaso!”, “¡Soy un insecto!”, “¡Ay de mí, voy a aislarme y a morir!” No, esa es una respuesta de orgullo.

Cuando el Espíritu Santo convence, lo que Dios quiere que hagamos es que nos humillemos delante de Él para decir, “Señor, Tú tienes razón. Yo me vuelvo irritable. Y mi familia ha visto más irritabilidad que amabilidad en los últimos días”.

“Y Señor, fuera de ti yo no puedo ser amable. Yo puedo hacer las cosas correctas. Soy disciplinada. Sé cómo hacer todo esto. Pero Señor, solamente Tu Espíritu puede hacer que las haga amablemente. Solamente Tu Espíritu puede darme un corazón que sirva a mi familia”.

Así que ve a la cruz. Ve a Cristo. Toma de Su gracia si Dios te está dando convicción sobre esta área de tu vida.

Esta gentileza es lo contrario a ser ruda, cruel, impaciente, demandante, amargada, resentida, severa, o exigente. Esas son algunas de las palabras con las que algunos estamos familiarizados y con las que muchas luchamos a veces. Esas son expresiones de la carne, no del Espíritu en nuestros hogares.

Warren Wiersbe dice sobre este pasaje, “Ella no lleva la casa con una mano de hierro, sino que practica la “ley de la clemencia”, que claro, viene de Proverbios 31:30. Este tipo de gentileza y actitud del corazón esta cimentado en la humildad.

Jerry Bridges dice sobre el tema de la gentileza, “Aparte de la gracia de Dios, la mayoría de nosotros tendemos por naturaleza a preocuparnos por nuestras responsabilidades, nuestros problemas, nuestros planes. Pero la persona que ha crecido en la gracia de la gentileza ha expandido su pensamiento fuera de sí mismo y de sus intereses y ha desarrollado un interés genuino en el bienestar y la felicidad de aquellos que le rodean.”

Amigas, una de las cosas que las ayudará a manifestar gentileza en su hogar es el recordar que no se trata de ustedes. No se trata de sus emociones, su tiempo, de su energía, de ser amada, ser aprobada, o de ser alabada.

Lo maravilloso es que Proverbios 31 dice que la mujer que teme al Señor y da su vida al servir, ella será alabada. Ella tendrá una gran recompensa.

Pero si lo haces por eso, serás defraudada, porque habrá muchas veces donde la gente a quienes sirves ni siquiera saben lo que hiciste para servirles. Como cuando duras horas un día de la semana arrodillada en el piso limpiando las juntas de la cerámica del baño.

¿Será que alguien de tu familia lo va a notar o agradecerlo? ¡Gran cosa! Aun si ellos se dan cuenta, ellos no tienen ni idea de todo el trabajo que pasaste haciéndolo.

Si lo que mueve tu corazón es hacer una impresión en alguien o ser alabada o afirmada, vas a ser una mujer resentida, o comenzarás a ser negligente y a descuidar algunas cosas. Pero cuando tu servicio proviene del amor hacia los demás y te centras en ellos, y cuando te preocupas por la felicidad y el bienestar de ellos, entonces podrás servir con gentileza, con amabilidad y (¿puedo decir esto?) con gozo.

La gentileza y el centrarse en los demás no solo viene de la humildad, sino también de centrarse en Cristo, que es lo más importante. Proviene de una vida que está centrada en Cristo; enfocada en Cristo. Creo que Marta perdió su gentileza porque perdió su perspectiva. Ella olvidó a quién estaba sirviendo y por qué lo estaba haciendo.

Quiero decir, imagínense, ¡poniendo a Jesús a trabajar! ¿Pero no es eso lo que hacemos cuando nos volvemos resentidas por nuestro servir? Una cosa es necesaria, estar con Jesús.

● ¿Te has distraído con mucho servir?

● ¿Has desarrollado alguna dureza en tu corazón, en tu tono de voz o en tu espíritu?

● ¿Te falta gentileza o amabilidad?

Entonces necesitas hacer lo que Jesús le dijo a Marta que hiciera. Fue lo que María decidió hacer. ¿Qué es? Escuchar a Jesús.

“Marta, Marta [Nancy, Nancy], tú estás preocupada y molesta por tantas cosas.” ¿Qué debes hacer? Ponerte de acuerdo con Jesús si Él te ha señalado esto.

Dile, “Señor, he estado sirviendo, pero no con amabilidad. Me he convertido en una amargada. Estoy siempre gritando, ladrando ordenes. No estoy haciendo de este hogar un sitio feliz para mi familia. Sí, ellos están siendo alimentados; sí, sus necesidades son satisfechas, pero no estoy ministrando sus espíritus con gracia.”

Ponte de acuerdo con Dios. Permite que Él restaure tu perspectiva. Hay muchas cosas. Siempre habrá muchas cosas. Siempre habrá muchas cosas más en tu lista de cosas por hacer que horas en el día para hacerlas.

Lo que necesitas saber—y lo sabrás a medida que te acerques a la presencia de Jesús y a Sus pies—es lo que realmente le importa a Él. Las personas importan más que las cosas.

Las personas importan más que las cosas. Recuerda esto cuando vayas a tu casa hoy. Recuerda esto cuando le ministres a tu esposo, a tus hijos.

Debes estar dispuesta a detenerte, a tomar tiempo, para ser gentil, para escuchar. No andes siempre corriendo como si tu casa estuviera en llamas con una lista de 100 cosas por hacer, pasando por alto a las personas a quienes Dios te ha enviado a servir.

Deja que Jesús te prescriba lo que necesitas. Ve a Él, como lo hizo Marta. Haz una decisión consciente de centrar tu vida en Él. “Una sola cosa es necesaria, y María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada”.

Mientras meditaba en esto esta mañana, pensé en las palabras de Jesús en Mateo capítulo 11 los versículos del 28 al 30.

Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera.

Así que si estás asediada, exhausta, frustrada, molesta, irritada, demandante— si tienes quizás una mala actitud, si has perdido tu paz, tu amabilidad, y como resultado tu familia ha perdido la paz—ven a Jesús. Siéntate a Sus pies. Aprende de Él.

Encontrarás descanso para tu alma. Solo entonces podrás reflejar Su corazón gentil, humilde y suave a aquellos a quienes sirvas.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss ha estado recordando por qué hacemos lo que hacemos. Ese mensaje es tan importante para las mujeres ocupadas.

Todas nosotras necesitamos tiempo ininterrumpido para sentarnos a los pies de Jesús. Aun cuando es tiempo de levantarse y trabajar, todavía podemos tener una actitud de corazón de sentarnos a Sus pies, sirviendo en humildad y compartiendo con amabilidad.

¿Por qué estamos más dispuestas a ser gentiles con las personas de afuera que con las que viven en nuestros hogares? Mañana veremos esto.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.`

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Juventud y la nueva moralidad

La Voz de César Vidal

Juventud y la nueva moralidad

César Vidal

PRIMERA PARTE

 

SEGUNDA PARTE

 

César Vidal

Historiador, abogado y autor español, César Vidal es conocido también por su labor como periodista.

Vidal estudió Derecho en la UCM y la Universidad Alfonso X, además de ser doctor en Creencias Religiosas por la UNED y cursó estudios de Teología por la Logos Christian College. Además, habla ocho idiomas.

Vidal ha trabajado para numerosos medios, como la cadena radiofónica COPE en la que presentó La Linterna, o también en EsRadio, donde condujo La noche de César. Escribe para La Razón y ha pasado por las páginas de Muy Interesante o Libertad Digital, además de participar como tertuliano en infinidad de programas y canales de televisión.

En lo literario, Vidal es conocido por su prolífica obra, tanto por sus ensayos sobre la historia de España como por sus novelas históricas, siendo ganador de numerosos premios y galardones, como el Ciudad de Cartagena, el Jaén, el Ciudad de Torreviejao el Alfonso X el Sabio.

https://cesarvidal.com/

J2 – Mejor que perfecto

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

J2 – Mejor que perfecto

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/mejor-que-perfecto/

Carmen Espaillat: Nancy Leigh DeMoss dice que no tienes que ser perfecta para tener un corazón dedicado a tu hogar.

Nancy Leigh DeMoss: Cuando hablamos del cuidado de la casa, lo importante no es qué tan buena cocinera seas, lo bien que cosas o que seas más creativa que otra persona ni que tengas más habilidades domésticas. El punto no son las habilidades ni las tareas. Lo que importa es el corazón de servicio y el deseo de agradar a Jesús, y hacerlo en el contexto de tu hogar para que puedas bendecir y alentar primariamente a tu propia familia, pero también a otras personas desde tu hogar.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Puedes pintar tus paredes rehacer tus pisos instalar nuevos accesorios o actualizar tu apariencia ninguna de estas cosas puede verdaderamente crear un hogar cálido, algunas personas gastan pequeñas fortunas para lograr que su hogar se vea perfecto. Pero eso no es lo mismo que cuidar de tu hogar. Nancy nos enseña la inversión que verdaderamente valdrá la pena hacer en nuestro hogar, en la continuación de la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer .

Nancy: En las últimas dos sesiones hemos hablado de que la mujer ha de ser cuidadosa de su casa—hacendosa en el hogar, inclinada a lo doméstico, a la virtud de la domesticidad, y que debe tener el corazón centrado en el hogar— ¡y cuánta falta hace esto hoy en día! ¡Cuán crucial es! Todo lo que Dios dice que es importante es importante.

Si Dios dice que debemos funcionar de esta manera, es ahí donde encontraremos nuestra libertad, nuestra bendición y nuestro gozo. Es un llamado a cada mujer a decir: “Señor, en esta etapa de mi vida—ya sea en el colegio, la universidad, recién casada, sin hijos, con hijos pequeños, con hijos ya crecidos, o con un nido vacío— ¿cómo puedo reflejar tu diseño para mí? En cada etapa de mi vida, ¿cómo puedo reflejar que mi corazón está centrado en mi hogar?”

En diferentes etapas de tu vida, podrás hacer más ministrando a las personas fuera de tu propia casa, pero de una manera doméstica. Quiero contarte hoy la historia de dos mujeres. En realidad son dos historias.

Una es la historia de una mujer que me envió un correo electrónico. Es una amiga; la conozco desde hace varios años. Le dije que iba a hablar de la domesticidad y yo sabía que Dios había trabajado en esa área de su vida. Le pregunté si estaría dispuesta a compartir algo sobre eso, así que le envié un correo la semana pasada.

Me esperaba un párrafo o dos, pero lo que recibí fue más bien la historia de su vida, cosas que yo ni siquiera sabía. Así que es larga. Pero quiero dedicar el tiempo necesario para compartirla con ustedes porque creo que ilustra algunos de los principios de los que hemos venido hablando, la importancia de que las mujeres concentren sus vidas en ministrar a los miembros de su familia—primero al Señor y luego a su esposo y a sus hijos —y los peligros que pueden surgir cuando descuidamos esas responsabilidades.

Esto fue lo que me dijo en el correo electrónico:

Domesticidad: Esa palabra nunca ha estado en mi vocabulario. De hecho, la mera mención de esa palabra prácticamente me ponía a temblar. Representaba una vida de aburrimiento, pesadez, ingratitud y hasta esclavitud. Obviamente no me imaginaba yo haciéndolo ni mucho menos deseándolo en mi vida.

Sentía un odio profundo hacia mí misma por haber nacido mujer. Verdaderamente aborrecía haber nacido niña y siempre estuve convencida de que si alguna vez Dios había cometido un error, había sido conmigo. Desde que tengo memoria, siempre me decían que estaba supuesta a ser varón.

Pasé todos los años de mi crecimiento tratando de hacer todo lo que hacía mi hermano, pero mejor. Sin embargo, nunca logré obtener el amor y la aprobación de mi padre; por lo menos, a mis ojos, no igual que mi hermano y aun hasta mi hermana.

Además, como dedicaba tanto tiempo a concentrarme en mi padre y a competir con mi hermano, ignoraba a mi madre por completo. Aunque nos hicimos mejores amigas ya cuando yo era adulta, ella nunca trató de desarrollar ningún tipo de relación conmigo mientras fui joven.”

De nuevo les digo a las mujeres mayores y las madres deben enseñar, conectar e involucrar a las más jóvenes en estos aspectos de lo que es ser una mujer. Ella continúa diciendo,

“Mi hermana sí se benefició de la domesticidad de mi madre. Aunque mi madre y mis dos abuelas se dedicaron al cuidado de sus casas, nunca vi el gozo y la libertad que esa posición puede traer a una mujer.

Y al mirar atrás, todo lo que recuerdo es que rendían un servicio por obligación, no por el gozo de servir. Mi madre era fatal en el cuidado de la casa. Solo limpiaba cuando el sucio era insoportable. Lavaba los platos cuando había más sucios que limpios y la ropa cuando ya no teníamos qué ponernos.

Cuando mi hermana era adolescente, ayudaba mucho a mi madre porque yo pasaba la mayor parte del tiempo trabajando afuera con mi hermano y mi padre. Los quehaceres domésticos eran un castigo para mi hermano y para mí. Eso probablemente explique mi actitud hacia la domesticidad.

No tenía ningún problema en limpiar o recoger lo mío, pero no me gustaba para nada limpiar lo de otros. Había oído decir que en este mundo había dos tipos de personas: los que dan y los que toman. Sin duda alguna sabía que yo era una de las que toman y me sentía a gusto siendo así.

Me fue fácil encontrar personas que disfrutaban servirme. Y como yo disfrutaba su servicio, pensaba que eran buenas relaciones.”

Bueno, ya se podrán imaginar lo que sucedió cuando mi amiga se casó. Vamos a llamarle “Tim” a su esposo. Ella dice,

“Cuando Tim y yo nos casamos en 1972, mi pensamiento seguía torcido y dañado. Yo era una mujer de carrera que amaba mi carrera. No disfrutaba ser esposa, y como Tim comenzó a criticar mis esfuerzos, mi actitud quedó cincelada en piedra.

Al principio de nuestro matrimonio, Tim y yo hicimos una especie de pacto de que él haría la mayor parte de los quehaceres domésticos porque a él le gustaba hacerlos y porque no le gustaba la forma como yo los hacía. Cocinábamos los dos y yo me aseguraba de limpiar la cocina. Como mi salario era igual al de él, nos sentíamos a gusto con este acuerdo y lo mantuvimos hasta que yo dejé de trabajar antes de que naciera nuestra hija.

En ese entonces yo traté de hacerme más responsable de los quehaceres y por un tiempo esto funcionó bastante bien. Estaba comenzando a disfrutar lo que hacía y a permitir que la Palabra de Dios reformara mi mente, pero cuando me vine a dar cuenta, había vuelto a trabajar fuera de la casa.

Esto sucedió varias veces. Parecía que cada vez que me acercaba a lo que Dios realmente quería que yo fuera, las circunstancias me obligaban a tomar otro camino.

Cuando nuestra hija tenía siete años, me pidieron que ayudara en un ministerio que quedaba en nuestra área. Instantáneamente me enamoré de mi trabajo. Solamente trabajaba cuando mi hija estaba en la escuela, pero había veces que en realidad resentía tener que dejar de trabajar para ir a recogerla o quedarme en casa cuando ella estaba enferma, en lugar de ir a trabajar.

Una vez se hizo adulta, mi trabajo y mi ministerio arroparon mi vida. Me quedaba trabajando por largas horas en el ministerio e iba a trabajar los días que no me tocaba. No pensaba ni en mi casa ni en Tim en lo más mínimo.

Durante años, él hizo absolutamente todo lo que se puede hacer en una casa, además de cuidar de los carros y las mascotas que yo lo había manipulado para que nos permitiera tener. No recuerdo haberle dado las gracias muy a menudo, pero sí recuerdo muchos gritos y quejas por la forma en que había hecho algo o hasta porque todavía lo no había terminado de hacer.

Tim nunca me gritó por eso, ni siquiera una sola vez.

El 1ro de junio del año 2000 todo eso cambió de un momento a otro. Tim se cansó de que lo usaran, de que abusaran de él, de que lo descuidaran y encontró a otra persona que disfrutaba servirlo y agradarlo, y le gustó. Terminó dejándome para estar con ella.

Mientras Dios estaba trabajando en mi corazón con respecto a muchas cosas en mi vida y en mi matrimonio, también me estaba hablando de mi posición como mujer. Comencé a deleitarme en el hecho de que me hubiera escogido para ser mujer. Quería tanto convertirme en la esposa que Él quería que yo fuera, para lo que Él me había hecho.

Recuerdo haberle dicho a Dios, “Si vuelves a traer a Tim a nuestro hogar, le demostraré el tipo de esposa que puedo ser ahora.”

También recuerdo que Dios me dijo que fuera esa esposa para Él, no para Tim. Poco a poco, comencé a darme cuenta de que el servicio de una esposa es en realidad para Dios. El esposo y los hijos sencillamente reciben los beneficios.”

Para hacer la historia corta, permítanme darles algunos detalles. Con el tiempo Dios ya la trajo a ella al arrepentimiento. Y Dios también trajo a Tim al arrepentimiento. Pasamos por todo ese proceso con ellos en ese tiempo. El matrimonio quedó milagrosamente restaurado. Ha sido un camino difícil, pero hemos visto mucho crecimiento. Es sencillamente un milagro, una transformación por la gracia de Dios.

No he visto a esta mujer desde hace un tiempo. Pero mientras trabajaba en esta serie, hice que mi oficina se comunicara con ella hace unos día para ver si estaba dispuesta a compartir su experiencia. Mientras escribía este testimonio, el Señor trabajó en su corazón nuevamente. Y me dijo lo siguiente:

“Tengo que decirte que aunque he estado en casa por más de un año, sigo luchando con mi rol de ama de casa. Me da vergüenza decir que no lo estoy haciendo tan bien como pudiera. He sentido que el Señor ha estado hablando a mi corazón sobre esto durante bastante tiempo y tu llamada fue la gota que derramó el vaso.

Veo que el problema no son los pensamientos equivocados que adopté cuando era una joven ni la falta de ejemplo o las críticas que me hayan hecho. El problema es la actitud de mi corazón hacia mi salvador. Mi corazón dejó de desear servir y agradar a Jesús.”

Ese es el punto clave. Cuando hablamos del cuidado de la casa, lo importante no es qué tan buena cocinera seas. Lo que importa es el corazón de servicio y el deseo de agradar a Jesús, y hacerlo en el contexto de un hogar para que puedas bendecir y alentar primariamente a tu propia familia, pero también a otras personas en tu hogar.

Esta pareja, afortunadamente, no se encuentra en crisis en este momento. Pero creo que es fácil ver que si no resolvemos el problema de la negligencia cuando es incipiente, se puede convertir en una crisis.

No he visto a esta mujer desde hace mucho tiempo, pero me siento muy agradecida de que Dios la haya puesto en mi corazón el otro día mientras preparaba esta serie y de que ella haya respondido al reto y a la convicción del Espíritu de Dios diciendo, “¿Sabes qué? Hemos mejorado mucho. Hemos hecho grandes cambios. Ha habido mucho arrepentimiento, mucha gracia.”

Ahora tienen un matrimonio muy bueno, hasta donde yo sé. Pero ella se dio cuenta al pensar en todo esto que tenía que volverse a calibrar, que había perdido una parte de ese corazón de servicio y de agradar a Cristo. ¿Y dónde se notó? En su casa, en el descuido de la casa.

No quiero decir que te tenga que fascinar limpiar baños ni cocinar el almuerzo para tu familia todos los días del año. Cualquier rutina puede exasperarnos. La próxima cualidad que vamos a estudiar nos ayudará a ver qué es lo que mantiene ese gozo fresco y vivo. ¿Qué es lo que mantiene el corazón vivo en medio de tantas rutinas y los aspectos mundanos del cuidado del hogar?

No quiero convertir algo que es sencillamente un trabajo duro y que demanda fidelidad en algo romántico. Lo mismo pasa con el trabajo de nuestros esposos en muchos sentidos. En mi experiencia, no importa de qué tipo se trate, 70-80 por ciento del trabajo es pesado y repetitivo. Y luego está el resto que es la gloria, los beneficios y los momentos felices.

Sirve para moldear el carácter. Desde Génesis 3, trabajamos—y trabajamos con cardos, espinos y duramente por la caída. Pero hacemos estas cosas a la luz de un Dios redentor que convierte el trabajo en algo valioso, en un acto de adoración.

Bueno y dije que iba a compartir la historia de dos mujeres. Ya oyeron una y ahora quiero pintarles un retrato a grandes rasgos de una mujer con la que todos estamos familiarizados, una mujer que trabaja en su casa. Ustedes la conocen como la mujer de Proverbios 31.

Quiero que tomemos solo unos momentos para leer una porción de ese pasaje y luego hacer algunos comentarios. Las que nos han estado oyendo durante un tiempo saben que estudiamos Proverbios 31 durante varias semanas en el pasado. Esa serie se llama La mujer contracultura.

Pero quiero, en solo unos minutos, darle un vistazo a grandes rasgos a este pasaje—y que veamos algunas de las cualidades y las características de una mujer que trabaja fielmente en su hogar.

Dudé en hacer esto porque pensé, “Esto es algo tan familiar. No será algo fresco.” Pero luego pensé, “¿Sabes qué? Necesito que estas Escrituras vuelvan a mi mente y estén delante de mí una y otra vez, para reajustarme y ayudarme a recordar porqué hago lo que hago.”

Así que permítanme leer este pasaje de Proverbios 31, comenzando en el versículo 10:

Mujer hacendosa, ¿quién la hallará? Su valor supera en mucho al de las joyas. En ella confía el corazón de su marido, y no carecerá de ganancias. Ella le trae bien y no mal todos los días de su vida. (Versículos 10-12).

El resto del pasaje es una descripción de cómo lo hace. ¿Cómo le trae ella bien y no mal todos los días de su vida? ¿Qué es lo que ella hace para vivir su vida de manera que él pueda confiar en ella? ¿Qué se necesita para ser una mujer hacendosa? ¿Cómo ponemos esto en práctica?

Mientras continúo leyendo comenzando en el versículo 13, noten cuáles son algunas de las cualidades que perduran—no tanto las tareas específicas, sino las cualidades perpetuas que representan en esta mujer.

Busca lana y lino, y con agrado trabaja con sus manos. Es como las naves de mercader, trae su alimento de lejos. También se levanta cuando aún es de noche, y da alimento a los de su casa, y tarea a sus doncellas. Evalúa un campo y lo compra (versículos 13-16).

Por cierto, el movimiento feminista evangélico ha tomado algunas de estas frases de Proverbios 31 y las ha convertido en un lema de la posición feminista evangélica. Si buscas la serie de Proverbios 31 sobre La mujer contracultura, me oirás explicar frase por frase este pasaje y podrás darte cuenta de que esta es una mujer primariamente de su casa. Es cuidadora de su casa. Trabaja en su hogar.

Versículo 16: “Con sus ganancias planta una viña.” Luego salta al versículo 18: “Nota que su ganancia es buena, no se apaga de noche su lámpara. Extiende sus manos a la rueca, y sus manos toman el huso” (versículos 18-19). Este pasaje habla mucho de cómo ella trabaja con sus manos. Es algo honorable.

No tiene temor de la nieve por los de su casa, porque todos los de su casa llevan ropa escarlata. Se hace mantos para sí; su ropa es de lino fino y de púrpura. Su marido es conocido en las puertas, cuando se sienta con los ancianos de la tierra. Hace telas de lino y las vende, y provee cinturones a los mercaderes (versículos 21-24).

Miremos más abajo el versículo 27: “Ella vigila la marcha de su casa, y no come el pan de la ociosidad.” Ese es el versículo clave; el meollo del asunto. Al hacer esas tareas, no se esfuerza para ganarse el premio de “la mejor ama de casa del año”. Ella vigila cómo marcha su casa. Para poder hacer eso, tiene que ser diligente.

Versículo 30: “Engañosa es la gracia y vana la belleza”—es pasajera; es vacía; es superficial; no dura—“pero la mujer que teme al Señor, ésa será alabada. Dadle el fruto de sus manos, y que sus obras la alaben en las puertas” (versículos 30-31).

Solo unas cuantas observaciones—y son cosas con las que están familiarizadas, pero volvamos a decirlas. Yo creo que nos importan a nosotras, que somos mujeres deseosas de cumplir Tito 2.

Noten, primero, ¿dónde está su esposo? Está en las puertas con los ancianos de la tierra. Él es el que se involucra —y pueden leer la primera parte de Proverbios 31— en asuntos de justicia, en la creación de leyes, para ganarse el pan de la familia. Él está en las puertas.

¿Dónde está la mujer primordialmente? ¿Dónde está su concentración y su base de operaciones? Es alrededor de su hogar y su propiedad familiar. Esta mujer asume la responsabilidad del cuidado y las necesidades prácticas de su esposo y de sus hijos.

Ahora eso no significa que el esposo no se involucra en todas estas cosas. No significa que esté mal que use la aspiradora o ponga los platos en la lavadora. Pero sí significa que ella asume la responsabilidad primaria por la administración del hogar y los asuntos relacionados con él.

Vemos que esta mujer —y creo que esa es una de las cosas que la embellecen tanto— vive una vida centrada en los demás. Tiene un corazón de sierva.

Es una mujer que planifica por adelantado. Sabe que viene el invierno, y no la toma por sorpresa. Por cierto, en eso hay una representación de cómo la mujer prepara a sus hijos para el último invierno del juicio de Dios y se asegura de que estén revestidos de la justicia de Jesucristo—que estén preparados espiritualmente para los tiempos difíciles, para el sufrimiento y para el juicio final de Dios.

Pero hablando en la práctica, nada la toma por sorpresa. Su familia va a tener ropa para pasar esa estación. Las que son madres saben que eso toma tiempo. Vemos aquí a una mujer cuyas prioridades están en orden, cuya vida está en orden.

Uno hasta se pregunta si es demasiado perfecta. ¿Tendría días llenos de trastornos? Claro que sí. Pero sus prioridades y su vida estaban en orden y por eso las cosas volvían a tomar su camino más fácilmente.

Vemos a una mujer que maneja bien el tiempo, que sabe utilizar su tiempo sabiamente. Es una mujer que no es holgazana. Trabaja durante largos días, largas hora, tarde en la noche y temprano en la mañana. Está dispuesta a hacerlo porque es parte de su llamado.

Parte de mi llamado fue acostarme tarde anoche y volver a levantarme temprano esta mañana para prepararme para esta sesión. No me encanta funcionar con cuatro horas y media de sueño, y no creo que eso sea algo que Dios desee para nosotros regularmente.

Pero hay etapas en la vida de una mujer —ya sea con un recién nacido, un bebé amamantando, hijos enfermos o estudiando para Aviva Nuestros Corazones— en que hace lo que haya que hacer. Y puedes hacerlo con un corazón contento, con un corazón rendido, y sin resentimiento si sabes que eso es parte del llamamiento de Dios para ti. Si el llamamiento es de Dios, sabes que Él te dará la gracia que necesitas para lo que sea que Él te llame a hacer.

Es una mujer diligente, no holgazana. Es organizada. Esto puede hacer que las mujeres desordenadas se sientan muy derrotadas o desalentadas.

Digamos que algunas mujeres tienden naturalmente a ser administradoras, a organizar, mientras que otras son más creativas y artísticas. Hay personalidades diferentes; eso no es pecado.

Pero si necesitas ayuda para ser más organizada y cumplir con tus responsabilidades, no seas orgullosa y pide ayuda. Ve donde una mujer mayor o a donde una mujer con esos dones particulares y dile, “¿Me podrías ayudar a organizar este desorden que tengo en casa o a estructurar mi tiempo?”

Hay personas que van más adelantadas y pueden darnos consejos y trucos—no para que puedas tener una vida perfectamente organizada, sino para que tu vida represente el orden y la belleza de la persona que Dios es y del Evangelio.

Es una mujer que sabe manejar asuntos financieros y presupuestos. No va a endeudar la familia. Es ahorrativa; es frugal. Su trabajo en la casa genera ingresos como resultado de su creatividad, su diligencia y su duro trabajo. Busca oportunidades de compra. No gasta el dinero que no tiene, y se contenta con lo que Dios provee.

¡Qué diferencia tan grande haría esto en muchas de nuestras vidas! ¿Dónde se arraiga todo esto? Ella es una mujer que teme al Señor. Siente una reverencia sobrecogedora por Dios. Lo hace para Él. No es para sí misma. No es para verse bien. No es para compararse.

¿Verdad que las mujeres tendemos a compararnos? Miramos a otras y pensamos, “Oh, ella hace que parezca tan fácil, y su vida es tan…” No compares tu vida con la de otra persona. Simplemente di, “Señor, quiero ser una mujer que te tema a ti, que te ame con todo el corazón, que viva el mandato del Evangelio para mí, de que trabaje en mi casa y que cumpla con mis responsabilidades en el hogar.”

Particularmente, las mujeres que son esposas y madres, pero igual todas debemos decir, “Señor, ¿cómo puedo reflejar Tu creatividad, Tus habilidades, Tu orden, Tu belleza, en la manera en que practico esta virtud de la domesticidad?”

Es un privilegio, y es una forma en que nosotras como mujeres podemos servir al Señor y a los demás.

Carmen: Nancy Leigh DeMoss volverá dentro de poco para orar ella nos ha estado explicando lo que significa ser mujeres cuya pasión es trabajar en el hogar, basándose en Tito capítulo 2.

Tengo que admitir que Tito me sonaba como otro libro cualquiera de la Biblia hasta que comenzamos esta serie con Nancy. Durante las últimas semanas ella nos ha mostrado cuán práctica y poderosamente hablan estos cinco versículos a la mujer de hoy.

Visita nuestra página web para aprender más sobre nuestra serie actual, El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 La dirección es www.AvivaNuestrosCorazones.com. Puedes oír los episodios anteriores de esta serie y leer las transcripciones. La gran cantidad de materiales disponibles en nuestra página se hace posible a través de oyentes que donan al ministerio.

Mañana Nancy te recordará el rol que juega la bondad en el cuidado del hogar, espero que vuelvas a sintonizarte para escucharla. Ahora aquí esta Nancy para cerrar en oración

Nancy: Señor, te oro por estas mujeres. Veo en sus caras y siento que en sus corazones—y conozco de muchas de ellas personalmente—hay un deseo de ser mujeres verdaderas y de llevar a cabo Tu llamado en sus vidas.

Te doy gracias por las muchas, muchas maneras en que estas mujeres sentadas aquí hoy te sirven a ti y a otros. Te pido que las alientes mientras ellas buscan el llevar a cabo el llamamiento tuyo para sus vidas. Que ellas sientan Tu “bien hecho” y Tu deleite. Pero Señor, a medida que te servimos, que nosotras podamos hacerlo con Tu corazón; gentil amable y humilde. Que podamos ser amadoras, dadoras y ser de aquellas que bendicen. Que podamos hacer lo que necesitamos hacer para recibir profundamente de ti; beber profundamente de ti; sentarnos a Tus pies y permitirte que Tú nos llenes. De lo contrario, no tendremos nada que ofrecer a otros. Muchas veces solo los desperdicios.

Que podamos dar de la plenitud de aquello con que Tú nos sigues dando y llenando; porque Tú eres el agua viva, Tú eres el pan de vida, Tú eres el gozo profundo de la salvación. Y seguimos yendo a ti y siendo refrescadas. Y te pedimos todo esto en el nombre de Jesús. Amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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