A30 – Verdaderamente libre

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A30 – Verdaderamente libre

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Marsha : Me desperté y estaba en la cárcel.

Carmen Espaillat: El alcoholismo llevó a Marsha—literalmente—a la esclavitud cuando se vio en la cárcel y atada a la adicción.

Marsha: Estaba saliendo con mi actual esposo en ese tiempo. Él me preguntaba, “Te vas directo a la casa después del trabajo, ¿verdad?”, “Por supuesto.” “¿Sin hacer ninguna parada?” “No, ninguna”.

Salía del trabajo a las 5:00 p.m.. Llegaba a la casa como a las 5:30 p.m. . Por lo que a eso de las 6:30 p.m., él iba al bar y me decía, “Pensé que habías dicho que te ibas directo a la casa.” No podía ver el bar y pasar de largo. No podía. Bebía cerca de mi casa para no tener que manejar.

Carmen: Luego encontró esperanza.

Marsha: Recuperé la consciencia en la cárcel. “¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo llegué aquí?” Claro, los golpes… tenía todo un lado de la cara amoratado. Recuerdo cuando él golpeó mi cabeza contra el trampolín de la piscina. Pensé que me iba a ahogar. Recuerdo que fue en ese tiempo que traté de buscar de Dios.

He sido totalmente liberada de todas mis adicciones. Dios entra en tu corazón y llena el gran vacío que has estado llenando con las drogas y el alcohol. Él sustituye todo eso, hace desaparecer las adicciones y sientes Su plenitud.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

«Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta; no calumniadoras ni esclavas de mucho vino…” (Tito 2:3). Durante las últimas semanas hemos estado viendo versos de Tito 2 en la serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer.

En nuestro programa anterior Nancy hizo énfasis en esta frase: “Ni esclavas de mucho vino.” Vamos a hacer una pausa en esa enseñanza y vamos a escuchar de mujeres que conocen lo que es estar bajo la esclavitud del alcohol.

Nancy habla con Ruby, Lisa y Marsha.

Nancy Leigh DeMoss : Marsha, ¿te acuerdas la primera vez que probaste alcohol?

Marsha: En realidad no me acuerdo cuándo fue la primera vez que lo probé.

Nancy: ¿Serías una niña o una adolescente?

Marsha: Debí haber sido pequeña. Idolatraba a mi hermano, quien es cinco años mayor que yo, y por ende, hacía todo lo que él hacía; iba a todos lados con él. Por lo cual cuando él tenía 14 ó 15 años y estaba experimentando con drogas y alcohol, yo también lo hice. Fumé hierba por primera vez cuando tenía 9 años.

Nancy: ¿Te pareció divertido? ¿Lo disfrutaste?

Marsha: La verdad es que no sentí nada la primera vez que probé la hierba.

Nancy: Cuando dices hierba, ¿te refieres a marihuana?

Marsha: Sí, un cigarrillo de marihuana.

Nancy: ¿Y tú, Lisa? ¿Qué tan joven empezaste?

Lisa: La primera vez que bebí tenía 14 años y me acuerdo como si hubiese sido ayer. Tenía un novio que me llevaba cinco años. Creo que, en ese tiempo, parte de mí buscaba un hombre que me cuidara como lo debió haber hecho mi padre. Me fijé en un hombre de 20 años (bueno, yo tenía 14 y él 19 en ese momento).

Fuimos a una fiestecita y brindaron vino. Lo probé. Sabía más o menos bien porque tenía sabor a fresas. Me cayó mal. Bebí y me cayó aún peor. Terminaron lavándome la ropa antes de que me pudieran llevar a mi casa. Así de mal me sentía.

Nancy: Y si te cayó mal y no fue una experiencia grata, ¿qué te hizo hacerlo de nuevo?

Lisa: …aceptación. Sientes que eres aceptada.

Marsha: Pienso que mi mayor motivo —y el de muchos alcohólicos con los que he hablado— fue la forma en que me sentí. Los efectos secundarios eran mínimos en comparación con la sensación de ser invencible, de tener confianza, es…

Nancy: Es como ser aceptada, sientes que como decía Lisa eres aceptada.

Marsha: Absolutamente. Esos sentimientos son primordiales. Son tu foco primario ya que, después de unos tragos, todas las inhibiciones se esfuman. Yo no bailo. Nunca bailo. Me tomo un par de tragos y no pueden sacarme de la pista de baile. Odio bailar, pero pierdes todas las inhibiciones. Es una alergia para la mayoría de los alcohólicos. Es, de hecho, una alergia al alcohol donde algunas personas dicen “Oh, lo estoy sintiendo. Debo parar de beber ahora”, y el alcohol responde “Oh, lo estoy sintiendo. ¡Dame otro!”

Nancy: ¿Y cómo te das cuenta si estás borracha o si estás bebiendo y lo toleras bien?

Ruby: Yo nunca me enteré si estaba borracha o no. Cuando llegué al punto de beber todos los días, la única forma de saber si había bebido mucho era cuando, al otro día, me sentía enferma y tenía que tomar un Alka-Seltzer aun para poder beber un sorbo de agua.

Pero fuera de eso, llegué a un punto en que prefería beberme un trago (no, mejor dicho, una botella de alcohol) y fumarme de tres a cuatro cajas de cigarrillos en lugar de comer porque quería verme de cierta manera. Tú sabes, me mantenía en mi peso, tenía todo lo que pensaba que necesitaba y era popular. Todos sabían cuál era mi trago, cuando entraba a una discoteca ponían un vaso grande frente a mí porque “oh, ella tiene buena resistencia”. Por lo que piensas que eres importante, cuando en realidad lo que eres es una borracha.

Nancy: Lisa tú mencionaste algo acerca de sentirse aceptada… ¿Podrías abundar un poco?

Lisa: Bueno, la razón por la que me sentía aceptada era porque todos mis amigos estaban en eso y quería ser parte de eso. Había tenido un bebé a los 16, me casé a los 16 y quería ser aceptada por… Nunca me sentí lo bastante buena y quería sentirme aceptada, entonces escogí esto. De hecho, estás como ciega porque estás escogiendo las cosas equivocadas, los amigos equivocados, haciendo lo mal hecho y piensas que todo está bien. Te ves bien y estás haciendo lo correcto, pero no lo estás. Me alejé de todo, escogí la botella y me vi tomando malas decisiones: me divorcié más de una vez. He pasado por muchas cosas y por muchas decisiones equivocadas porque recurrí al alcohol y las drogas.

Nancy: ¿Marsha, te sientes identificada con este sentimiento de ser aceptada?

Marsha: Definitivamente. Los niños con los que crecí en el vecindario empezaron a experimentar. Todos nosotros lo hicimos. Por eso nos parecía natural y común. Cuando no lo hacías, te decían “¿Y por qué no?”, eso era cuando no te habían aceptado.

Nancy: ¿Y qué tan lejos te llevó? ¿Tocaste fondo?

Marsha: Bueno, como dije, no me acuerdo de la primera vez que probé alcohol. Si recuerdo una experiencia. Había planeado pasar la noche con algunas amigas, pero fuimos a pasar la noche en la casa de otra. Su mamá nos iba a llevar al cine y no sé qué más. Ese era el plan. Eso fue lo que les dije a mis padres cuando salí de la casa. No pasó así.

Llegué a su casa y ella dijo, “Bueno, vienen unos muchachos para acá y nos vamos juntos para el cine.” Mi mente registró un “Ay-ay-ay”, pero esos muchachos eran muy buenos mozos y, entonces, nos fuimos. Tenía 13 años. Luego la película resultó no ser una película. Resultó ser un solar vacío desde donde se podía ver la ciudad. Los muchachos bebieron mucho. Yo me bebí media cerveza, ni siquiera me acuerdo de haber terminado una.

Nancy: ¿Y quién llevó el alcohol?

Marsha: Los muchachos. No estoy segura de sus edades, pero ninguno llegaba a los 21. Es más, ninguno tenía la edad suficiente para haberlo comprado.

Nancy: ¿Piensas que bebiste menos de una lata?

Marsha: Estoy segura porque no me gustó el sabor. Creo que ya había probado cerveza, pero no me importó tampoco. De nuevo, era aceptación. Si no estabas bebiendo, ¿por qué no bebías? y ese tipo de cosas. Bueno, como es de suponer, las cosas se salieron de control y me violaron.

Me llevaron a la casa después. Cuando entré por la puerta, mis papás ya sabían que las cosas no habían pasado como ellos pensaban (habían hablado con la mamá de la otra muchacha). Fueron las únicas nalgadas que me dio mi papá. Fue por la mentira. Por lo que, enseguida, me tragué la otra experiencia de esa noche, y no se lo dije a nadie. Tenía que adormecer el dolor. Tenía que adormecer ese secreto. No se lo pude decir a nadie.

Nancy: ¿Y cómo lo adormeciste?

Marsha: Con el alcohol. Era la única manera de soportar ese dolor. Era la única forma en la que podía alejarme de eso.

Nancy: ¿Empezaste entonces a beber mucho?

Marsha: Sí, empecé a beber, no mucho, pero probablemente un par de veces al mes, durante los fines de semana, cuando me iba de fiesta, con amigos, ese tipo de cosas.

Nancy: Y si alguien te hubiese preguntado en esos tiempos, cuando llevabas esa vida, “¿Tienes algún problema con el alcohol? ¿Eres alcohólica? ¿Estás borracha?” ¿Qué habrías contestado?

Marsha: Jamás.

Ruby: Le hubiese dicho que “NO”.

Lisa: Ningún problema.

Nancy: ¿Entonces, todas están de acuerdo?

Ruby: Sí, no tenía ningún problema.

Lisa: Yo me iba a trabajar. Era una persona responsable.

Marsha: Yo también.

Ruby: Yo pagaba mis cuentas.

Marsha: Ganaba, legalmente, mucho dinero para una adolescente.

Lisa: Solo vivía mi vida como yo quería. Nunca pensé en tratar de hacer lo correcto. Estaba en lo mío y eso es lo más triste de todo. Estás encantada de hacer tu voluntad. Llegué al punto donde (justo antes de celebrar mi recuperación) bebía en casa. Siempre había escuchado que una vez empezabas a beber en tu casa, comprando tu alcohol, consumiéndolo y escondiéndolo… Mi mamá decía “Yo sabía que estabas bebiendo”. Quería beber todos los días. Llegué a un punto en mi vida en que me sentí miserable en lugar de feliz, y sin embargo lo anhelaba.

En ese punto fue cuando comencé a recurrir a Dios. Le dije, “Señor, necesito que me liberes. Tengo que ser libre. Necesito ser libre.” Fumaba demasiado y bebía todos los días. Les digo: Él es el único que me ha ayudado. Él ha cambiado mi vida por completo.

Nancy: Ruby, sé que —en tu caso— la bebida te llevó a otras cosas y terminaste en prisión.

Ruby: Sí.

Nancy: Me dijiste, hace un ratito, que no fuiste a la cárcel por beber alcohol, pero si te llevó a hacer las cosas que te llevaron a prisión.

Ruby: Sí.

Nancy: ¿Puedes darnos una idea de lo que pasó?

Ruby: Es un estilo de vida y —una vez que empiezas con ese estilo de vida— empiezas a conocer cierto tipo de personas. Cuando llevaba esa vida, me presentaban hombres que traficaban drogas. “Oh, puedes hacer dinero.” Porque era cosmetóloga. “Puedes lavar dinero de esta forma.” Me levantaba, en la mañana bebía. Me iba a dormir, bebía; todo esto me parecía sensato.

“Bueno, ni siquiera tengo que trabajar, porque mientras pague mis impuestos, puedo hacer dinero.” Por lo que empecé a vender drogas. De hecho, pensé que estaba bien. Todavía me acuerdo del día de la redada. Me levanté esa mañana y bebí todo el día. Acababa de llegar a la casa para descansar unos minutos y estaba tan borracha que, cuando los policías patearon mi puerta, solo me paré.

El hombre dijo, “Acuéstese en el suelo.” Le dije, “Estoy muy borracha para acostarme en el piso. Si lo hago voy a vomitar, por favor no me obliguen a acostarme en el piso. Dispárenme o hagan lo que vayan a hacer, pero no puedo acostarme en el piso.” Estaba fuera de control. Había botado a mi marido de la casa. Tenía un novio más joven viviendo conmigo. Yo solo hacía lo que pensaba quería hacer porque el alcohol me daba el poder para hacerme pensar que podía hacer “lo que se me viniera en gana”.

Nancy: Lisa, ¿habías hecho intentos de dejar la bebida antes de dejarlo de manera definitiva? Alguna vez dijiste, “¿Voy a dejarlo?”

Lisa: La verdad es que lo dejé por un tiempo. Era cuando iba a la iglesia con mi segundo esposo. Iba a la iglesia, oraba y trataba de hacer las cosas bien. Mi marido… bueno, hubo infidelidad en nuestro matrimonio. Cuando no aguanté más, me fui y me salí de la iglesia también. Ahí fue cuando empecé a consumir drogas, he consumido cocaína y drogas parecidas a esa.

Nancy: Habla de lo que es una adicción. ¿Es física? ¿Emocional? ¿Qué significa ser adicta?

Lisa: En cuanto a mí, no sabía que era una adicción física. Ahora, como les dije —antes de dejarla por última vez— la anhelaba. Suena a locura, pero de camino a casa, me paraba en la gasolinera y compraba cerveza. No podía irme al supermercado sin haberme parado a comprar una cerveza primero. Estaba furiosa conmigo misma porque tenía que hacerlo. De ninguna manera podía ir a la gasolinera y no comprar alcohol. Por lo que, llegado ese punto, supe que algo no estaba bien.

Nancy: ¿Te sentiste avergonzada?

Lisa: Sí.

Marsha: Absolutamente.

Nancy: Marsha, ¿escondiste cosas, mantuviste secretos, mentiras y engaños?

Marsha: Sí, sí y sí. Estaba saliendo con mi actual esposo en ese tiempo. Él me preguntaba, “Te vas directo a la casa después del trabajo, ¿verdad?”, “Por supuesto.” “¿Sin hacer ninguna parada?” “No, ninguna”.

Salía del trabajo a las 5:00pm. Llegaba a la casa como a las 5:30pm. Por lo que a eso de las 6:30pm, él iba al bar y me decía, “Pensé que habías dicho que te ibas directo a la casa”. No podía ver el bar y pasar de largo. No podía. Bebía cerca de mi casa para no tener que manejar. Si algo serio pasaba estaba a pocas cuadras, no era gran cosa. También era conveniente para nuestros hijos —que iban en bicicleta a buscar dinero si necesitaban ir al supermercado— o si necesitaban que los ayudara con sus tareas.

Nancy: ¿Iban al bar?

Marsha: Sí.

Nancy: Tus hijos, ¿eran adolescentes para ese tiempo?

Marsha: Preadolescentes. Eran preadolescentes. Ellos podían ir en bicicleta al bar porque el bar tenía un lado que era restaurante y ellos podían ir a ese lado y hacer sus tareas en lo que yo tiraba dardos y bebía tragos de tequila. Por alguna razón nunca se me ocurrió pensar que había algo de malo en ello.

Nancy: ¿Qué recuerdas de cuando tocaste fondo?

Marsha: Me desperté y estaba en la cárcel. Mi relación con Lane estaba en picada. Estaba muy mal. Bebíamos los dos y consumíamos drogas para poder beber por más tiempo, quedarnos despiertos más tiempo e ir al trabajo en la mañana, ese tipo de cosas. Tuvimos un altercado violento y fui a la cárcel.

Recuperé la consciencia en la cárcel. “¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo llegué aquí?” Claro, los golpes… tenía todo un lado de la cara amoratado. Recuerdo cuando él golpeó mi cabeza contra el trampolín de la piscina. Pensé que me iba a ahogar. Recuerdo que fue en ese tiempo que traté de buscar de Dios.

Nancy: ¿Cuál fue tu momento más bajo, Ruby?

Ruby: El 29 de abril del 1999, cuando me sentenciaron por 30 años. Me llevaron a una celda y me di cuenta de que tenía que cumplir mi condena. Iba a tener que hacerlo. La corte así lo había decido. Ellos querían que cumpliera un 50% al inicio. No podía creer hasta qué punto había abusado mi cuerpo y —más que todo— no podía creer que había decepcionado a Dios.

Nancy: Lisa, te dejamos hace un rato. ¿Podrías contarnos del momento en que empezaste a conocer a Dios y del trayecto que te llevó a ese punto?

Lisa: Creo que fue el amor y la gracia de Dios que me llevaron al punto de sentirme cansada; de sentirme cansada y enferma. Me sentí cansada de los antidepresivos, de beber todos los días y fue cuando empecé a buscarlo. Empecé pidiéndole que me cambiara, que me quebrantara. De hecho, le pedí que me quebrantara, que quebrara mi voluntad. Me hacía falta tener una relación con Él y Él me fue guiando hasta que pude sentir Su presencia. Pienso que una vez empiezas una relación con Él, Dios empieza a llenar el vacío, Él empieza a quitar todos esos deseos.

Tuve un novio al que siempre le decía: “Ni siquiera quiero hacer lo correcto. No sé qué me pasa. No quiero hacer las cosas bien”. Ahora le dije, “Quiero hacer lo correcto y deseo hacer las cosas bien”. Solo estoy muy, muy agradecida por la misericordia, la gracia y el amor de Dios.

Marsha: Me acerqué a Dios —por primera vez— cuando desperté en la cárcel. Cuando hablo de mi camino de sobriedad es muy distinto a mi camino de recuperación. Son dos cosas distintas.

Nancy: Explica lo que quieres decir con eso.

Marsha: La sobriedad consiste solamente en abstenerse de alcohol, drogas o cualquiera de esas cosas. No hay libertad. Es una batalla continua. Mientras que, desde que he estado en recuperación a través de “Celebrate Recovery” (Celebrando la Recuperación) y a través del regalo de Jesucristo, no he vuelto a anhelar nada de aquello. Los programas de recuperación reforman, solo Jesucristo transforma. Estoy en recuperación. He sido totalmente liberada de mis adicciones. Dios entra en tu corazón y llena el gran vacío que has estado llenando con las drogas y el alcohol. Él sustituye todo eso, hace desaparecer las adicciones y puedes sentir Su plenitud.

Nancy: Marsha, ¿qué tan importante es la rendición de cuentas? ¿Has estado sobria por cuánto tiempo?

Marsha: . . .Seis años.

Nancy: Seis años. Estaba hablando con un amigo nuestro —creo que han sido ocho años para él— y me decía que todavía hace la llamada para rendir cuentas cada noche. Y le dije, ¿Es porque todavía luchas a diario? ¿Estás luchando con la tentación? Me contestó: “No realmente, pero si no tuviese ese apoyo, tendría que luchar.” ¿Te identificas con eso?

Marsha: Sin duda. Es vital saber que hay otras personas que están pasando por lo mismo, quienes luchan con las mismas cosas que tú. Solo el hecho de que estén ahí, lo hace mucho más fácil para ti. Ni siquiera tienes que hablar solamente de recuperación. No tienes que hablar de adicciones y todas esas cosas. Es vital saber que siempre están ahí durante el proceso de recuperación, no solo en el de sobriedad.

Nancy: Sé que están en etapas distintas en su caminar, de semanas hasta años. ¿Tienen límites, parámetros que deben seguir y que les proporcionen protección? Están asintiendo las dos que tienen años en el proceso. Dígannos. ¿Cómo se salvaguardan de caer, reconociendo que es la gracia de Dios la que nos protege?

Ruby: Sí. La mía empieza con un pensamiento. Si medito en algo por demasiado tiempo, cojo el teléfono y llamo, usualmente, a Stacey porque…

Nancy: Y para aquellas que no lo saben, Stacey es una amiga mutua que pasó 12 años en la misma prisión de mujeres en la que pasaste 7 años. Ella ha regresado para ministrar a las mujeres en esa prisión… Decías que tienes un pensamiento y llamas a Stacey. ¿De qué clase de pensamiento hablas?

Ruby: A pesar de que era alcohólica, mi droga eran los hombres y el dinero. El alcohol me condujo a los hombres porque los hombres tenían dinero. Esa es una adicción de la que no están al tanto la mayoría de las personas. Por lo que si pienso en que “quiero un marido” porque soy viuda, tengo que llamar a Stacey y decírselo. Tengo que decírselo a alguien: “Esto es lo que me está pasando hoy.” Es solamente una medida de protección. “… en la multitud de consejeros está la sabiduría” (Proverbios 11:14b). Creo que Dios usa a las personas, incluso personas que no saben que Dios está obrando a través de ellas —porque no confío en la persona; yo confío en Dios.

Nancy: Marsha, ¿Recomendaciones? ¿Consejos prácticos para guardar el corazón? ¿Qué haces?

Marsha: Tienes que ser selectiva con las personas con las que te codeas, los lugares a donde vas, las actividades en las que estás envuelta. Cosas así. Cambias muchos patrones de conducta. Yo solo quiero rodearme de gente cristiana, gente que ame al Señor como yo lo amo.

Nancy: Quiero agradecerles por haber compartido con nosotras sus historias. Estoy aquí sentada pensando en estas palabras de Jesús: “En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado (que está en todas nosotras por naturaleza) es esclavo del pecado.” Y luego dice, “Y el esclavo no queda en la casa para siempre. El hijo sí permanece para siempre. Así que, si el Hijo os hace libres seréis realmente libres.” (Juan 8: 34-36).

Estoy mirando las caras de tres mujeres que fueron esclavas de sí mismas, del pecado y el alcohol, pero el Hijo las ha libertado y, ustedes mujeres, están verdaderamente libres. Veo lágrimas en los ojos de Lisa.

Lisa: Porque sé de dónde vine y sé que quiero hacer mucho más. Me siento emocionada.

Carmen: Hemos estado escuchando acerca de la oscuridad en la que nos sumerge la adicción al alcohol y de la libertad que Dios nos ofrece. Los testimonios de hoy ilustran de forma poderosa la enseñanza —basada en Tito 2— que Nancy Leigh DeMoss nos ofreció recientemente. El apóstol Pablo les dice a las mujeres de más edad que no se dejen seducir por el vino. Si no escuchaste ese programa lo puedes escuchar visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Convertirse en esclava del alcohol incapacita a la mujer para ejercer su rol y crear un ambiente sano en su casa. Ahora bien, la adicción no es el único factor destructor del hogar. Aunque no bebas, puedes tomar decisiones perjudiciales para la familia. Espero que aprendan el poder que tiene la mujer para nutrir la vida en su hogar.

En el próximo programa escucharás el testimonio de otra mujer que por la gracia de Dios encontró perdón de sus pecados y sanación de su adicción. Esperamos que nos sintonices en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Mi Vida Es Cristo

Sovereign Grace Music

Eres Dios ℗ 2012 Sovereign Grace Music

Voces adicionales:
– Marsha, en la voz de Xiomara Marmolejos
– Lisa, en la voz de Monina de Reyes
– Ruby, en la voz de Odette Carranza

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

A29 – La ley del amor

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A29 – La ley del amor

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ley-del-amor/

Carmen Espaillat: Con ustedes Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: La gracia de Dios debe hacer que las personas salvas sean diferentes en su manera de pensar, en su manera de actuar, en su manera de hablar, en la manera de vestir, en la forma de comer, y en su forma de beber. Todo sobre nosotros debe estar informado y moldeado por la gracia de Dios.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

En las últimas semanas Nancy ha estado en una serie llamada El hermoso diseño para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 A través de esta serie hemos podido ver lo prácticas que realmente son las Escrituras, y hoy continuamos.

Nancy: Estamos ahora en una sesión de nuestro estudio de Tito 2 donde estaremos hablando de un tema que hasta los ángeles temen abordar. Este es un tema que nunca había enseñado pero debido a que las Escrituras lo enseñan, es importante que lo abordemos—es sobre el tema del uso y abuso del alcohol.

No se escucha mucho sobre este tema dentro del contexto de la iglesia. Pero está aquí mismo en nuestro pasaje de Tito capítulo 2, así que entiendo que es importante que nosotros lo estudiemos y que hablemos sobre esto.

Ahora bien, estoy consciente de que estoy hablando a grupos diferentes de personas que están escuchando esto. Algunas de las que me escuchan a través de la radio o del internet practican la abstinencia total. No beben para nada en lo absoluto.

Pero hay otras, conscientes o no, que tienen un problema con el alcohol. No lo controlan: el alcohol las controla a ellas.

Y luego hay un tercer grupo. Hay otras que disfrutan lo que muchas veces llamamos “la bebida social.” Y dicen, “Yo bebo sin peligro. Yo bebo de manera legal. Y bebo responsablemente. Yo no me emborracho. El alcohol no es un problema para mí.” Y en algunos casos esa debe ser realmente la situación.

Pero en días recientes he estado hablado bastante con alcohólicos en recuperación para darme cuenta de que hay muchas personas que están en grave peligro con respecto al alcohol, y que están diciendo, “No tengo problemas con esto”.

Pero he aprendido que hay algunos que realmente pueden beber, manejarlo y hacerlo sin peligro, legal y responsablemente.

Así que tenemos todo un espectro de personas con relación a este tema. Hay una gran gama de opciones sobre el mismo asunto. Así que queremos hablar sobre esto: “¿Está bien para los cristianos beber alcohol? ¿En qué debemos basar nuestra decisión y nuestro pensamiento con relación con a este tema?”

Sé que cualquier cosa que diga sobre este tema, siempre habrá algunas personas en este salón que no estén de acuerdo conmigo. De manera que voy a tratar de separar mi opinión y mi aplicación de lo que entiendo que dicen las Escrituras de lo que creo que claramente enseñan. Y quiero animarte a que hagas lo mismo.

Como dijimos en la última sesión, la Biblia no prohíbe de manera general el tomar bebidas alcohólicas. Y debemos ser muy cuidadosos de no imponerle a nadie reglas sobre este tema u otros temas; reglas que vayan más allá de las Escrituras.

Debemos ser cuidadosos de no juzgar la espiritualidad de otras personas o su relación con el Señor sobre la base de nuestra lista—cualquiera que esta sea. Y algunos de nosotros tenemos listas bastantes largas.

Y aún así yo diría lo siguiente: En un esfuerzo de evitar un espíritu legalista (uno que añade a la gracia de Dios y que hace que nuestra relación con Dios se torne más en lo que nosotros hacemos por Dios en vez de lo que Él ha hecho por nosotros) en esta y en muchas otras áreas hoy, muchos cristianos han caído en la otra —igualmente peligrosa— trampa de la permisividad.

Lo que dicen es, “Estamos viviendo bajo la gracia.” Ahora lo que no dicen —y que aparentemente es la implicación— es, “Por lo tanto, como estamos viviendo bajo la gracia, somos libres de hacer cualquier cosa que nuestra carne quiera hacer.”

Este no es el concepto bíblico de vivir bajo la gracia. Claro, la mayoría de la gente no lo diría de esa manera, pero esa la es forma en que hoy vemos a muchas personas vivir su vida cristiana.

Contrariamente a esto, si estuviésemos estudiando el libro completo de Tito, estaríamos empleando tiempo en este maravilloso pasaje que viene justo un párrafo o dos más adelante en Tito capítulo 2 comenzando en el versículo 11. Es dado después de todas estas instrucciones a las mujeres ancianas, a las mujeres más jóvenes, a los hombres ancianos, a los hombres más jóvenes, a los servidores y dice, “Porque la gracia de Dios se ha manifestado, trayendo salvación a todos los hombres”.

Por cierto, nada más que la gracia de Dios que te puede salvar —no hay nada que tú puedas hacer para ganarte la salvación de Dios. Es el regalo de la gracia de Dios.

Pero ¿qué hace la gracia de Dios por nosotros mientras nos trae salvación? Versículo 12:

[Nos enseña] que negando la impiedad y los deseos mundanos, vivamos en este mundo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación de gloria de nuestro gran Dios y Salvador Cristo Jesús, quien se dio a Sí mismo por nosotros, para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo para posesión suya, celoso de buenas obras (versículos 12-14).

¿Ves ahí el corazón de lo que la gracia hace en tu vida? La gracia no te hace querer vivir igual a como viviste antes de ser cristiano. En la medida de lo posible, te hace querer ser parecido a Cristo.

La gracia de Dios debe hacer a las personas salvas únicas en:

● La manera en la que pensamos.

● La manera en la que actuamos.

● La manera en la que hablamos.

● La manera como vestimos.

● La manera como comemos.

● La manera como bebemos.

Todo sobre nosotros debe ser informado y moldeado por la gracia de Dios para que todo sea para Su Gloria y todo para el avance de Su reino y de Su dominio y reinado en esta tierra.

Te quiero presentar cuatro preguntas que debes hacerte a la hora de determinar si eres libre para beber bajo el Señorío de Jesucristo —en cuanto si puedes o debes ingerir alcohol.

Número uno , y creo que debes hacerte esta pregunta. ¿Es dañino para tu cuerpo físico? Tu cuerpo es templo del Espíritu Santo. ¿Es dañino el alcohol?

Ahora tú no puedes investigar el tema del alcohol sin encontrarte con una gran cantidad de riesgos potenciales de salud. Déjame señalarte algunos de ellos.

● El alcohol es una toxina que daña el hígado.

● Aún pequeñas cantidades de alcohol pueden destruir las células del cerebro.

● En cuanto al uso del alcohol entre mujeres, se sabe desde hace años que tomar alcohol durante el embarazo puede causar defectos físicos y mentales de nacimiento. Ningún nivel de uso de alcohol durante el embarazo es considerado seguro para el bebé y aun tomar moderadamente aumenta el riesgo de aborto espontáneo.

● Unas semanas atrás salió a la luz un nuevo estudio donde se estudiaron 70,000 mujeres durante dos décadas aquí en los Estados Unidos. Y el titular era: “El alcohol aumenta el riesgo de cáncer del seno —independientemente del tipo de bebida.”1

● El uso del alcohol puede aumentar también el riesgo de desarrollar cáncer de colon, esófago, boca y garganta.2

Ahora siempre habrá alguien que te diga, “Bueno, ¿y qué hay de esos doctores que están diciendo que el vino tinto es bueno para tu corazón?”

El Dr. Ira Goldberg es un miembro de la Asociación Americana del Corazón. Es un profesor de medicina de la Universidad de Columbia en la ciudad de Nueva York. Él dijo— y cito:

“Los mismos antioxidantes encontrados en el vino —y sin los riesgos relacionados con el alcohol— pueden ser encontrados también en el jugo de uva no fermentado.”

Así que la sugerencia de que el alcohol puede ser beneficioso para tu salud es —desde mi punto de vista— muy opacada por los muchos estudios que indican los riesgos potenciales de salud a través del consumo de alcohol.

Pero primero hazte la pregunta, “¿Puede ser esto dañino para mi cuerpo físico el cual es el lugar donde habita el Espíritu Santo? Yo debo usar mi cuerpo para glorificar a Dios”.

Número dos: ¿Te podría esclavizar el uso del alcohol? ¿Te podría convertir en una prisionera? Se nos dice en este pasaje de Tito 2 que las mujeres no deben ser «esclavas de mucho vino» (versículo 3). Esa palabra significa «ser atrapado y controlado o contra de la voluntad».

Y es interesante para mí que muchas personas admitan estar usando el alcohol como una forma de escape, y sin embargo terminan esclavizadas en muchos casos. Estaban tratando de liberarse, pero en muchos casos encuentran que están prisioneras.

Y creo que a esto es que hace referencia Efesios capitulo 5 cuando habla del concepto de estar esclavizadas por el alcohol; el Apóstol Pablo dice, “Y no os embriaguéis con vino, en lo cual hay disolución.” [Esa palabra simplemente significa indulgencia excesiva.] “Sino sed llenos del Espíritu» (versículo18).

Se compara estar borracho con vino con estar lleno del Espíritu. No puedes tener ambos al mismo tiempo. No puedes estar bajo el control de Dios y bajo el control de otra sustancia. No puedes servir a dos amos.

Así que Pablo dice en 1 Corintios capítulo 6, al citar lo que algunas personas estaban diciendo: “Todas las cosas me son lícitas.” Pero Pablo agrega, “Pero no todas son de provecho” (versículo 12).

Y algunos estaban diciendo, “Todas las cosas me son lícitas”. “Estoy bajo la gracia,” esa es la implicación aquí. Pero Pablo les dice, “No me dejaré dominar por ninguna. Puede que no esté prohibida, pero ¿acaso te puede esclavizar?” En el contexto de ese texto, él está hablando sobre la inmoralidad sexual y la borrachera, entre otras cosas.

Así que al considerar la bebida social, casual o moderada, también debes considerar el riesgo potencial de convertirte en borracha o adicta.

Lo que encuentro interesante es que al hablar con aquellos que han luchado con la adicción al alcohol o con el pecado de la borrachera, me han dicho, “El problema es que tú no sabes cuánto tu puedes manejar hasta que no has pasado ese punto. Ese es el peligro. Ese es el reto”.

Y digo esto con certeza. Cada caso de adicción o de abuso de alcohol comenzó con un primer trago. Nadie ha llegado a ser un alcohólico, ni se ha embriagado, ni se ha intoxicado, ni se ha vuelto adicto —o lo que sea— usa la palabra que más te guste si no se toma el primer trago.

Así que pregúntate, “¿Esto me esclaviza, o me podría llegar a esclavizar?” Y considera el potencial para la adicción y la borrachera.

Y aquí una tercera pregunta: ¿Es esto un ídolo en mi vida?

“¿Que quieres decir con eso?”, te preguntas. “Yo no le rindo culto al alcohol”.

¿Lo estás usando o lo pudieras estar usando como un sustituto, como un reemplazo para Dios? ¿Estás tratando de llenar un lugar que fue creado para Dios? ¿O estás tratando de escapar del dolor, la presión, los problemas, o las cosas que Dios quiere usar en nuestras vidas para atraernos hacia Él?

A veces escuchamos sobre personas que han sido llevadas hacia la bebida. ¿Qué los llevó a la bebida? Fue una discordia matrimonial o un problema en el trabajo o un asunto de salud. Ellos dicen, “Fuimos empujados hacia la bebida.”

Bueno esas cosas están supuestas a llevarnos al corazón de Dios, llevarnos a permitir que Él llene nuestras necesidades y consuele nuestros corazones y nos motive, nos consuele y nos de gracia.

¿Estás tratando de llenar un lugar que fue creado para Dios? ¿Estás buscando el alcohol o cualquier otra cosa en este planeta para proporcionarte alivio, para proporcionarte respuestas a los problemas de la vida tales como la ansiedad, la culpa, el aburrimiento, el rechazo o la soledad?

Si es así, puede ser que el alcohol o esa otra sustancia o esa otra cosa se hayan convertido en un dios falso en tu vida y pregúntate, “¿Es esto un ídolo en mi vida? ¿Es esto un sustituto? ¿Lo estoy usando para sustituir a Dios en mi vida?”

Número cuatro: ¿Pudiera ser que tú uso del alcohol —y pudieras aplicar esto a muchas otras prácticas o hábitos— cause daño espiritual a otras personas o los lleve a pecar? Cause daño a otras personas o los lleve a pecar.

Y aquí es donde el apóstol Pablo habla sobre la ley del amor en el Nuevo Testamento. La ley del amor a Cristo y a los demás debe coartar cualquier libertad que podamos tener. Si para ejercitar nuestra libertad tenemos que dejar de amar a los demás, entonces necesitamos estar deseando echar a un lado nuestra libertad de manera que podamos practicar la ley del amor.

Y quiero que veamos tres pasajes que se relacionan con este tema de ocasionar daño espiritual a otra persona. Vamos primero a 1ra a los Corintios capítulo 8.

En este pasaje de 1ª a los Corintios capítulo 10 —y en uno que está justo dos capítulos más adelante y que vamos a ver en unos instantes— el apóstol Pablo está tratando específicamente con la pregunta que surgió en la iglesia primitiva sobre si estaba bien comer carne que había sido ofrecida como un sacrificio a los ídolos. Esto no es algo que nos preocupa en el día de hoy; era un asunto del primer siglo.

Y Pablo dice en esencia, “Los ídolos no son dioses. Sabemos eso. Solamente Dios es Dios. Solamente hay un Dios, y lo que comemos no nos hace más o menos espirituales». Sin embargo, él reconoce que debido al trasfondo de idolatría de algunas personas, si ellos comieran de esta carne sacrificada a los ídolos, eso podría causar que su consciencia fuese contaminada. Ese es el antecedente que Pablo ofrece.

Entonces él retoma en el versículo 9 de 1ra de Corintios capítulo 8. Y les dice, “Mas tened cuidado no sea que vuestra libertad,” [esa libertad que tienes de comer esta carne que ha sido ofrecida a los ídolos… El ídolo es insignificante; la carne está bien.]

Pero él dice, “Mas tened cuidado, no sea que esta vuestra libertad de alguna manera se convierta en piedra de tropiezo para el débil”.

¿Quiénes son los débiles? Aquellos cuyas consciencias serían afectadas si fueran a comer esta carne debido a sus antecedentes.

Y él dice en el versículo 10,

Porque si alguno te ve a ti, que tienes conocimiento, sentado a la mesa en un templo de ídolos, ¿no será estimulada su conciencia, si él es débil, a comer lo sacrificado a los ídolos? Y por tu conocimiento [tú que te estás tomando esta libertad] se perderá el que es débil, el hermano por quien Cristo murió.

Jesús murió por esta persona. ¿Acaso no estarías dispuesto a limitar tu libertad dejando de comer esa carne?

Y así, al pecar contra los hermanos y herir su conciencia cuando ésta es débil, pecáis contra Cristo. Por consiguiente, si la comida hace que mi hermano tropiece [si le causa que su consciencia sea contaminada o si le hace pecar], no comeré carne jamás, para no hacer tropezar a mi hermano.

Pablo dice, “Estoy dispuesto a someter mi propio derecho y mi propia libertad a la más alta y grande ley del amor”.

Y vayan a 1ra a los Corintios capítulo 10, y verán un principio similar aquí. Aquí él está tratando con los mismos temas, el comer carne ofrecida a los ídolos. Y en el versículo 23 de 1ra a los Corintios capitulo 10 algunas personas están diciendo.

“Todo es lícito.” Pero [Pablo dice] no todo es de provecho.

“Todo es lícito,” algunas personas dirían. “Pero,” Pablo dice, “No todo edifica. Nadie busque su propio bien, sino el de su prójimo”.

Versículo 31:

Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No seáis motivo de tropiezo ni a judíos, ni a griegos, ni a la iglesia de Dios, así como yo también procuré agradar a todos en todo, no buscando mi propio beneficio, sino el de muchos, para que sean salvos (versículos 31-33).

Ahora bien, Pablo no está diciendo, “Porque tengo miedo de lo que otros pudieran pensar, no haré esto”. Él está dirigido por el amor por Cristo y amor del Evangelio y por el deseo de no causar el tropiezo o el pecado de nadie.

Así que él dice, “No solamente me considero a mí mismo. Considero a otros.” Mientras decides si Dios te da o no te da la libertad de beber con sobriedad, moderadamente, responsablemente, y legalmente, necesitas preguntarte, “¿Pudiera yo en el proceso estar causando que alguna otra persona peque o tropiece en su caminar?”

Vamos a Romanos capítulo 14 y otro pasaje que está dirigido a este tipo de pregunta. Romanos capítulo 14: el contexto aquí es que Pablo está lidiando con temas que no están claramente especificados o abordados en la Escritura. Algunos creyentes sienten que tienen libertad en esta área. Otros dicen, “No puedo hacer eso con una buena consciencia”.

¿Cómo tratamos con estos temas? ¿Y cómo mantenemos la unidad en el Cuerpo de Cristo?

Bueno, Pablo dice en Romanos capítulo 14, “Hay dos principios básicos que necesitamos observar. Y ambos son aplicaciones de la ley del amor—amar a otros más de lo que nos amamos a nosotros mismos y más de lo que amamos nuestra propia libertad”.

Y en los versículos 1-12 él nos da el primer principio el cual es: No rechaces a otros que no estén de acuerdo contigo y no pases juicio sobre ellos.

Versículo 2:

Uno tiene fe que puede comer de todo, pero el que es débil sólo come legumbres. El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios lo ha aceptado. ¿Quién eres tú para juzgar al criado de otro? Para su propio amo está en pie o cae, y en pie se mantendrá, porque poderoso es el Señor para sostenerlo en pie. (Versículos 1-4).

Versículo 10:

Pero tú ¿Por qué juzgas a tu hermano? O también, tú ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Dios. . . Por consiguiente, ya no nos juzguemos los unos a los otros. (Versículos 10 y 13).

De manera que el primer principio, la ley del amor, es no pases juicio sobre otros con relación a cosas que no están específicamente escritas en las Escrituras. Ahora bien, en las Escrituras si aparece escrito que la borrachera es pecado. No dice que el consumo de alcohol es pecado bajo toda circunstancia.

Al prepararme y estudiar para esta serie, una de las cosas con la que Dios me ha confrontado es que he pasado juicio sobre otros creyentes que sienten una libertad en esta área donde yo no la siento personalmente. Y ese es el primer principio.

El segundo principio lo encuentras en los versículos 13-23.

[Más bien, no] ya no nos juzguemos los unos a los otros, sino más bien decidid esto: no poner obstáculo o piedra de tropiezo al hermano.

Versículo 14,

Yo sé y estoy convencido en el Señor Jesús que nada es inmundo en sí mismo; pero para el que estima que algo es inmundo, para él lo es. Porque si por causa de la comida [o por implicación; lo que tú bebes] tu hermano se entristece, ya no andas conforme al amor. No destruyas con tu comida o con tu bebida a aquel por quien Cristo murió.

Versículo 19,

Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua. No destruyas la obra de Dios por causa de la comida. En realidad, todas las cosas son limpias, pero son malas para el hombre que escandaliza a otro al comer. Es mejor no comer carne, ni beber vino, ni hacer nada en que tú hermano tropiece.

Así que Pablo está diciendo, “Mira tú puedes ser capaz de manejar el alcohol.” O puedes aplicar esto a otros temas también. “Puede que no te emborraches. Pero ¿pudiera ser que el ejercicio de esa libertad lleve a otro creyente a pecar? ¿Pudiera ser piedra de tropiezo para otros?”

Y yo siento esto en muchas áreas de mi vida donde me doy cuenta que las personas están observando mi vida. Están examinando no solamente lo que yo digo en mis libros o por la radio, sino que están observando las elecciones que yo hago.

Así que hay algunas áreas donde yo he elegido voluntariamente limitar mi libertad porque no quisiera que otros creyentes más jóvenes o más débiles, menos maduros que no han pensado sobre algunos de estos asuntos… No quisiera que siguieran mi ejemplo y que quizás lo lleven a un extremo pecaminoso… me sentiría muy triste al pensar que yo les he llevado con mi ejemplo hacia ese pecado, aunque para mí el haber hecho ciertas cosas no haya sido un pecado.

Así que tengo que elegir limitar mis libertades. Tú dices, “Bueno, yo estoy ciertamente muy contenta que no tengo un ministerio nacional como Aviva Nuestros Corazones. No me tengo que preocupar sobre esto”.

Tú tienes un ministerio. La gente mira tu vida como un ejemplo. Y te voy a mencionar algo clave que debes preguntarte si tienes hijos, “¿Cómo puede mi consumo de alcohol influenciar las vidas de mis hijos?”

Se ha hecho la correcta observación de que lo que los padres toleran con moderación, muchas veces sus hijos terminan excusándolo en exceso. Al pensar sobre las estadísticas de la bebida y la ebriedad entre los adolescentes, pienso que la generación adulta debe tomar algunas responsabilidades que son enormes por nuestras vidas, para servir como ejemplos.

De nuevo te digo, no te estoy diciendo lo que Dios tiene para ti. Pero solamente te quiero decir, “Piensa sobre estas cosas. Considéralas”.

La Biblia no requiere abstinencia total. Pero yo estoy persuadida personalmente —y esto es entre el Señor y yo— que la elección mejor y la más sabia es no beber en lo absoluto particularmente en nuestra cultura y en nuestra época donde el alcohol está trayendo consigo tanta destrucción y un daño tan generalizado.

Ahora, si piensas sobre esto, y oras al respecto, y vas donde el Señor, lo buscas a Él y tú crees que Dios te da la libertad de beber dentro de los límites bíblicos, entonces no voy a pasar juicio sobre ti porque las Escrituras dicen que no debo. Debo vivir dentro de los límites de la ley del amor hacia ti y así lo haré.

Pero quiero retarte a que no solamente sigas la cultura, no simplemente hagas lo que resulta más cómodo para ti, no hagas simplemente lo que se hace en tu sociedad o entre tus amigos, en tu grupo o tu familia, sino que consideres la razón por la que harías cualquier elección y que te preguntes: “¿Es lo mejor? ¿Es sabio? ¿Será acaso que el camino más excelente, el camino de la ley del amor, será el tomar la decisión de no beber en lo absoluto?”

Carmen: Nancy Leigh DeMoss te ha estado desafiando: ¿Cuál es la elección más útil que puedes hacer cuando se refiere al alcohol tanto para ti como para las generaciones venideras?

La enseñanza práctica de Nancy del día de hoy fluyó de nuestro estudio sobre Tito 2. En Tito 2 Pablo le dice a las mujeres mayores que enseñen a las mujeres más jóvenes. Hoy Nancy presentó un fundamento bíblico para pensar sobre el alcohol. En el próximo programa escucharás de tres mujeres que han tenido que lidiar con esta pregunta en formas prácticas. Escucha sus conmovedoras historias de esclavitud y libertad en el próximo programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

*Ofertas disponibles solo durante la emisión de la temporada de podcast.

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

33/62 – Aprendiendo a orar y esperar con la iglesia primitiva

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Hasta los confines de la tierra

33/62 – Aprendiendo a orar y esperar con la iglesia primitiva

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.

27/41 – Filipenses 27 – El Apostador

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

27/41 – Filipenses 27 – El Apostador

Stephen Davey

Texto: Filipenses 2:19,23-24 Frecuentemente, la vida va en direcciones muy distintas a las que planeamos o aún queremos. En este programa aprenderemos el balance entre hacer planes para nuestra vida y descansar en los planes de Dios. Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

https://www.sabiduriaespanol.org

¿El matrimonio impide tu relación con Dios?

Got Questions

¿El matrimonio impide tu relación con Dios?

El asunto de que el matrimonio puede interferir con el servicio a Dios era una preocupación de Pablo en 1 Corintios 7. Debido a esto, él afirmó que es mejor para una persona soltera permanecer como él era — soltero. Pero él comprendió que la capacidad de manejar una vida sola sin «quemar» con pasión no fue un don dado a todo el mundo (los versículos 7-9). En los versículos 32-35, Pablo afirma que los solteros son capaces de servir al Señor de una manera «sin congoja», porque no necesitan enfocar una parte de sus vidas en agradar a sus cónyuges. Pero también afirmó que, ya sea casados o no, deberíamos concentrarnos en servir a Cristo (los versículos 28-31).

Pero el hecho de que Jesús no llamó sólo a solteros — y de hecho seleccionó a Pedro, un hombre casado, como uno de los tres discípulos más cercanos (Mateo 8:14) — indica que el matrimonio no tiene por qué ser un obstáculo para la intimidad con Cristo. Asimismo, en el Antiguo Testamento hay dos individuos (entre otros) que eran íntimos con Dios. Uno era Daniel; otro era Moisés. Uno era soltero; uno estaba casado. Por lo tanto, el matrimonio no fue un factor en la determinación de intimidad con Dios.

La clave para que el matrimonio no impida la intimidad con Cristo es estar seguro de casarse «en el Señor» (1 Corintios 7:39) o, para decirlo de otra forma, no entrar en un yugo desigual (2 Corintios 6:14) al casarse con un incrédulo, o un creyente que no tiene la misma base doctrinal o el mismo deseo de servir a Cristo de todo corazón. Si uno se casa «en el Señor», la Escritura promete los beneficios de un buen compañero (Proverbios 27:17; Eclesiastés 4:9-12), y el cónyuge se convierte en una ayuda y estímulo en su caminar con Cristo.

Usado con permiso del Ministerio Got Questions

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en:  https://www.gotquestions.org/Espanol/

20 – La ley, el pecado y la muerte | Romanos 7:7-13 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

20 – La ley, el pecado y la muerte | Romanos 7:7-13

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org/sobre-nosotros/

55 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 3

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

55 – “La Masculinidad Biblica “ Parte 3

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

http://www.entendiendolostiempos.org/

https://play.google.com/store/apps/details?id=net.nowyouseeme.radioeternidad&hl=es_EC

 https://apps.apple.com/us/app/radio-eternidad/id1053755428

A27 – Cómo controlar tu lengua

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A27 – Cómo controlar tu lengua

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Como-controlar-tu-lengua/

Carmen Espaillat: ¿Cómo saber si estás a punto de chismear? Nancy Leigh DeMoss tiene este consejo.

Nancy Leigh DeMoss: Pregúntate esto: ¿Es la persona a quien le estás contando parte del problema o parte de la solución? Si no es parte del problema y tampoco parte de la solución, entonces es probable que sea algo que no debas estar diciendo.

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

La difamación o calumnia es un asunto serio. Eso fue lo que descubrimos en nuestro programa anterior a través de Tito 2. El pasaje vincula la calumnia con el diablo. Hoy Nancy continúa la serie El hermoso diseño de Dios para la mujer y explica cómo evitar la difamación.

Nancy: Muchas de ustedes están familiarizadas con el nombre Jonathan Edwards. Saben que fue uno de los hombres que Dios usó de forma significativa en el primer gran avivamiento en los 1700. Él fue pastor, autor, un gran pensador y evangelista.

Su esposa fue Sarah Edwards y quizás has oído hablar o has leído acerca de ella. Ella fue la madre de sus once hijos. Y en la introducción de las “Obras de Jonathan Edwards”—compiladas en dos volúmenes inmensos y maravillosos— encontramos un bosquejo biográfico de Jonathan en él que habla de un poco sobre Sarah Edwards y de su matrimonio con Jonathan.

Una de las cosas que decía de Sarah me impactó mientras pienso en todo esto de cómo usar la lengua. Decía:

“Sarah se hizo una regla de hablar bien de todos, dentro de sus posibilidades, con verdad y justicia para sí y para los demás. No era propensa a deleitarse en las imperfecciones y fracasos de nadie y, cuando oía a otros hablar mal de otros, ella decía lo que consideraba apropiado con verdad y justicia en su defensa o desviaba la difamación mencionando las cosas que eran encomiables de esas personas.”

En otras palabras, si escuchaba a alguien decir algo poco amable acerca de otra persona, ella trataba de cambiar la conversación o de desviarla haciendo comentarios alentadores acerca de la misma persona.

Continúa diciendo: “Ella podía soportar injurias y reproches con gran calma —nunca devolviendo mal por mal— muy por el contrario, siempre estaba dispuesta a extender misericordia y a perdonar a aquellos que parecían ser sus enemigos”.

¡Qué testimonio! ¿Qué tal si dijeran lo mismo de ti? ¡Qué compromiso el de hablar bien de todos! Eso es lo que dicen las Escrituras que debemos hacer.

Estamos en Tito, capítulo 2. Y espero que mientras estudiamos esta larga serie lean Tito ustedes mismas y, en particular, que memoricen y mediten sobre estos versos del capítulo 2. En el versículo uno, Pablo le dice a Tito que debe enseñar lo que está de acuerdo con la sana doctrina. ¿Cómo luce la sana doctrina y el correcto pensamiento bíblico en el contexto de la vida diaria de la vida cotidiana como creyentes y en el contexto de la iglesia local?

Y, en el verso 3, vemos cómo luce para las mujeres de más edad. Primero hablamos de hombres maduros y luego, de mujeres maduras o ancianas—ya llegaremos a las más jóvenes en un corto tiempo. Pero ahora, él está hablando del carácter de las mujeres ancianas, y dice (acerca de la sana doctrina que debe reflejarse en ellas) que deben tener una conducta reverente y no ser calumniadoras.

Esa es la descripción de cómo deben ser las mujeres cristianas de más edad y no solo ellas; esto incluye a las mujeres más jóvenes este texto trata específicamente de la difamación o la calumnia, pero como he venido diciendo, más abiertamente, pienso que él se está refiriendo a los pecados de la lengua en general:

● chismear

● palabras vanas

● mentir

● propagar habladurías (hablar a espaldas de las personas)

● calumniar

● jactarse

● maldecir

● o hablar maliciosamente

Toda esta familia de pecados de la lengua, o la calumnia a la que hicimos referencia en la sesión anterior, están contenidos en el libro “Pecados Respetables” de Jerry Bridges. Éstos son pecados que consideramos respetables, pero Jesús los pone en la misma categoría junto con los pecados de adulterio, asesinato y borracheras. Él los pone todos juntos. Son pecados de la lengua.

Hemos hablado de a qué se parece la difamación, lo que es y los pecados relacionados como divide como destruye pero en esta sesión quiero enfocarme en cómo ser una mujer que no calumnia. Esa verdad se aplica a todas nosotras.

Entonces ¿Cómo convertirnos en mujeres que no pecan con la lengua, cuyas palabras no causen división ni destrucción? Déjenme darles algunas sugerencias, siete para ser exacta, Todo este material lo pueden encontrar en la transcripción; quizás la puedan imprimir o escribirlas en una lista que les ayude luego a recordarlas.

Primero y ante todo, si has sido culpable de difamar, de hablar con maldad o de chismear, humíllate. Reconoce el hecho de que has calumniado; de que has destruido con tus palabras. Hay dos direcciones ante las cuales necesitamos humillarnos—en nuestra relación vertical con Dios y en nuestra relación horizontal con los demás.

Primero y antes que todo, si has difamado o hablado de otros con malas intenciones, dile a Dios la verdad. Él lo sabe, Él lo sabe todo pero reconócelo y confiésalo a Dios.

● Reconoce los pecados de tu lengua—lo que has dicho.

● Reconoce los pecados de tu corazón—lo que causó que dijeras esas cosas. No solamente “Yo difamé, hablé con maldad o chismeé”, pero ¿qué había en mi corazón que causó que lo hiciera?

● Confiésale a Dios la raíz de todo ello—el orgullo, los celos, el deseo de verme mejor, la comparación, el espíritu competitivo, las actitudes pecaminosas que subyacen en el corazón.

Sé honesta con Dios. Dile, “Señor he calumniado; he sembrado discordia entre creyentes.” Eso es, por cierto, una de las siete cosas que Dios aborrece. Es abominación para Dios el que usemos nuestras lenguas para sembrar discordia entre creyentes. ¿Con qué frecuencia hacemos esto en nuestros lugares de trabajo, en nuestras casas, o en nuestras iglesias? Confiésalo humíllate. Reconócelo ante Dios.

Y luego, humíllate frente a otros. Eso está bajo el primer paso de humillarnos. Regresa y confiésalo a la persona con quien hablaste. Te digo algo, si te propones de corazón regresar y reconocer que has difamado o que has hablado mal y chismeado y buscas el perdón, eso acabaría con tu hábito porque te cansarías de tragarte tus palabras, de tener que regresar de nuevo y humillarte ante otros. Proponte ir a esa persona con quien hablaste y humíllate.

Ahora déjame decirte que, quizás también necesitas buscar el perdón de la persona sobre quien has estado hablando. Podrías haber hablado mal y difamado a tu marido ante tus hijos, por ejemplo. Claro está, tendrías que ir a donde tus hijos y confesar lo que hiciste, pero también donde tu marido si es que has causado que los hijos le hayan faltado al respeto. Si has minimizado su autoridad y liderazgo dentro de la familia, tienes que ir y buscar su perdón.

Humíllate. Podrías haberle hecho eso a tu pastor. Podrías haberle restado eficacia a él o al liderazgo de otra persona. Devuélvete, humíllate y busca su perdón.

Hace unas semanas atrás, una mujer solicitó una reunión conmigo y le respondí, “Claro, estoy más que dispuesta para hablar”. Nos sentamos juntas y empezó a sollozar mientras me explicaba una situación (de la que ya yo sabía algunos detalles). A ella la hirieron y ese dolor se tornó en decepción, en amargura y en rabia en su corazón. Había sacado conclusiones, basadas en información parcial, sin tener todos los hechos —raramente los tenemos todos— y ella se sintió ofendida.

Como resultado de esa rabia y de esa amargura en su corazón, había difamado a esas personas y Dios le había dado convicción por esto. El Espíritu Santo estaba trabajando en su corazón y —al momento de venir a mí— estaba quebrantada. Hablamos y oramos juntas. Fue maravilloso ver con cuánta seriedad se tomó el pecado de amargura, de la ira y de la calumnia.

Ahora bien, déjenme decirles que —basada en mi perspectiva de la situación— ella estaba menos mal que algunas de las personas involucradas y ella empezó diciéndome “No estoy aquí para hablar del pecado de otros. Estoy aquí para hablar del mío. Quiero lidiar con mi propio pecado”. Y mientras la escuchaba —mi corazón se rompía porque sentí que ella había quedado atrapada en medio de un fuego cruzado de pecados ajenos— pero fue sabia al no culparlos sino asumir toda la responsabilidad, quebrantándose y humillándose ante Dios y ella me preguntó ¿qué debo hacer?

Antes de que terminara nuestra conversación, le dije “Para empezar, ¿estarías dispuesta a hablar con una de esas personas?” y me respondió con un, “Sí, claro lo estoy”. ¿Te gustaría que llamara a esas personas y ver si se pueden reunir con nosotras ahora mismo? y ella respondió, “Sí, quiero lidiar con esto ahora mismo”.

Hice una llamada. Uno de esos individuos vino y se reunió con nosotras en cuestión de minutos. Esta mujer le derramó su corazón a esta persona y le dijo lo que me había dicho a mí. Le dijo, “He pecado contra ti. Te he difamado. He acumulado amargura en mi corazón. He restado autoridad a tu liderazgo. ¿Podrías por favor perdonarme?” y fue tan hermoso ver a esa persona concederle gracia y perdón a esta mujer. Y observé mientras se llevaba a cabo la reconciliación. La difamación divide, pero hablar la verdad, en humildad, une a las personas.

Esta mujer salió de aquel lugar y fue y habló con las dos o tres personas involucradas que faltaban. Ella fue donde cada individuo y le dijo, “Quiero hacer restitución”.

Hablé con ella recientemente y le pregunté: “¿Cómo estás?”, y me respondió, “La amargura se fue. Se fue toda”. Ella tenía esa ponzoña, ese dolor, esa herida en su corazón, pero al tomar los pasos para enfrentar sus actitudes y pecados de la lengua, Dios —a través de Su Espíritu— removió toda la amargura y la liberó.

Quizás tengas a algunas personas a quienes tengas que dirigirte y decirles “He pecado contra ti con mi espíritu, y con mi lengua. He socavado tu liderazgo”. Ve y habla con las personas a quienes has criticado y haz de la humillación un hábito si has sido culpable de la calumnia, si has sido culpable de hablar maliciosamente o de chismear.

Y luego, número dos: elimina la difamación y el hablar malicioso de tu vocabulario. Creo que necesitamos tener tolerancia cero cuando de difamación, habladurías mal intencionadas y de chismes se trata. Eso se aplica tanto a los cristianos en la iglesia como en todas nuestras relaciones. Pablo dice en Efesios 4:31, «Sea quitada de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritos, maledicencia, así como toda malicia”. Todo. Elimínalo.

Y nota, por cierto —en ese pasaje, que la amargura es una raíz pecaminosa que frecuentemente conlleva a pecados de la lengua. Por lo que no simplemente elimines los pecados de la lengua, elimina la amargura de tu corazón. Deshazte de la amargura no te aferres a ella. Suéltala.

Ahora, ¿Qué queremos decir con esto que debemos tapar el pecado? ¿Qué haces si te percatas del pecado en la vida de otro? Creo que es una pregunta importante porque la gente sí peca contra nosotras y —en la ilustración que les di de la mujer que vino a verme— hay pecados que otros han cometido.

Aquí están algunas preguntas que debemos contestar a medida en que pensamos en los pecados de otros y en cómo nos afectan:

• ¿Has orado por ellos?

• ¿Cuál es tu motivación al hablar de eso?

• ¿Quieres verlos restaurados?

• ¿Te importa su restauración espiritual o solamente quieres ponerlos en evidencia; solamente quieres herirlos; solamente quieres castigarlos?

• Si eres parte de la vida de esa persona, si tienes una relación y eres parte de su círculo de amistades, ¿qué debes hacer?

De acuerdo a Mateo 18:15 y a Gálatas 6:1, debes ir a esa persona. No vayas a otra persona. Ve donde la persona que haya pecado contra ti y te haya hecho algún mal. Háblale y busca la reconciliación.

Hazte esta pregunta: El decírselo a alguien, ¿contribuye a redimir este pecado? Pudiera ser así, y esa sería otra serie completa, pero en algunos escenarios y situaciones eso podría contribuir a redimir este pecado y quizás sea necesario y bíblico el que hables con otra persona acerca de la ofensa.

Podría ser acertado el hablar con tu pastor o ancianos acerca de ciertas situaciones, o hasta llamar a la policía, o decirle a tu marido algo que esté pasando en la vida de alguno de tus hijos adolescentes. Hay situaciones donde es apropiado —cuando se ha roto la ley, cuando vidas podrían verse amenazadas o cuando hay un mandato bíblico explícito para ese tipo de situaciones—, pero el motivo debe ser, no su daño, sino su restauración. Tú estás tratando de edificarlos; estás tratando de salvarlos. Quieres ver restaurado al que ha hecho mal.

Por lo que pregúntate esto: ¿Es la persona, a quien le estás hablando parte del problema o parte de la solución? Si no es parte del problema y tampoco parte de la solución, entonces es probable que sea algo que no debas estar diciendo.

Leí, en una discusión sobre este tema, que alguien escribió esta regla o política, una guía para todo este asunto de la difamación o del hablar maliciosamente. Esta persona dijo:

“No pases información derogatoria o poco halagadora acerca de alguien a menos que la Palabra de Dios te esté dando la autoridad y la responsabilidad específicas para hacerlo. Así también la persona a quien le estás informando debe tener una responsabilidad en esta situación y por tanto necesidad de saber esta información.” 1

En otras palabras, y dicho de forma elocuente, “si la persona no es parte del problema ni de la solución, no le digas”.

Por cierto, no es solo lo que decimos verbalmente —como les indiqué en la última sesión— tenemos que ser cuidadosas de no difamar, chismear y hablar con malicia cuando se trata del uso del Internet. He visto una y otra vez el daño que se puede hacer cuando se reenvían correos:

“¿Viste esto? ¿Oíste aquello?” Tenemos cantidades masivas de esos correos. Me los envían con frecuencia. ¿Para qué estamos haciendo circular estos mensajes en Internet? Y, tengo que confesar, que yo lo he hecho. Tenemos que buscar en nuestros corazones y decir “¿Es correcto? o ¿Estoy haciendo lo malo y divisivo contra Dios y otros creyentes?”

No solo necesitamos eliminar la calumnia y el hablar con malicia, pero (en tercer lugar) tenemos que mostrar buen corazón y usar palabras bondadosas con amor, con gracia y con perdón. No solo elimina la difamación, sino reemplázala con un corazón bondadoso, lleno de gracia y amor. “Sed más bien amables unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, así como también Dios os perdonó en Cristo”. Sé intencional al hablar de los demás con palabras que edifiquen, construyan y pongan a otras personas bajo una luz positiva.

Y luego, número cuatro: trae tus pensamientos bajo el control del Espíritu. Esos pensamientos críticos, que buscan las faltas en los demás; pensamientos que salen en forma de palabras. Necesitamos crucificar esos pensamientos; traerlos cautivos a la obediencia de Cristo. Tenemos que ser intencionales acerca de ver a otras personas —en especial si son creyentes— y cualquiera que es creado por Dios con ojos de gracia y misericordia. Recuerda lo mucho que necesitas la misericordia de Dios. Recuerda dónde estarías sin la gracia de Dios. Tenemos que ser cuidadosas con esta curiosidad impía, ese deseo de saber cosas sobre otras personas. Trae esos pensamientos cautivos y frénalos. El Salmo 19:14 dice, «Sean gratas las palabras de mi boca y la meditación de mi corazón delante de ti, oh Señor, roca mía y redentor mío». Coloca tus pensamientos bajo el control del Espíritu.

Luego, número cinco: habla menos. Muy simple. Proverbios 10:19 dice,

En las muchas palabras, la transgresión es inevitable En las muchas palabras, la transgresión es inevitable [¿entendiste eso? La transgresión es inevitable. Vas a pecar si hablas demasiado. Yo voy a pecar, y peco cada vez que hablo demasiado.] Más el que refrena sus labios es prudente.

En Santiago 1:19b, dice “Pero que cada uno sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para la ira.”

Di menos y tienes menos chance de pecar. Mientras más tiempo pases hablando por teléfono, mientras más tiempo pases conversando con otros, tienes que ser cuidadosa, especialmente si eres de las que habla mucho o la persona con la que conversas lo es. Aprende a frenar tus labios, a guardar confidencias, a no repetir cosas que no tienes libertad de repetir, y ¿si no estás segura? no lo digas. No hagas preguntas innecesarias de las que husmean y te llevan a conversaciones que no debes tener.

Número seis: Piensa antes de hablar. Pregúntate este tipo de cosas:

● ¿Es verdad?

¿Me consta que los hechos son verdaderos? Esto es muy importante. Cuando oyes acerca de un conflicto y sólo estás escuchando una de las campanas, recuerda que sólo estás escuchando una campana. «El que responde antes de escuchar, cosecha necedad y vergüenza». No conoces todos los hechos si solo has escuchado a una persona describir la situación.

No puedo decirte cuántas veces he escuchado a un esposo describir las frustraciones acerca de su matrimonio; a una esposa describiendo las frustraciones del suyo y luego pienso “Estos son dos matrimonios distintos, dos perspectivas totalmente diferentes.” Si sólo escuchas un lado, entonces no sabes que lo que estás escuchando es la verdad. No asumas que es todo el cuadro. Pregunta:

● ¿Será verdad?

● ¿Es bondadoso?

● ¿Edificará a la persona de quien hablo?

● ¿Es necesario?

● ¿Debería saber eso la persona con la que hablo?

● Si fuera acerca de mí, ¿querría compartirlo con alguien más?

Esta próxima eliminaría mucho de lo que decimos:

● ¿Me importaría si la persona de quien hablo estuviese aquí presente aquí mismo? ¿Estaría dispuesta a decírselo a la cara?

Por eso es que el salmista oraba diciendo «Señor, pon guarda a mi boca; ¡vigila la puerta de mis labios!” (Salmos 141:3). Piensa antes de hablar.

Número siete: rehúsa escuchar los chismes y las calumnias acerca de otros. Rehúsa escucharlo. No sólo de comentarlo, sino de escucharlo.

En 1ra de Samuel 24:9 David le dijo a Saúl, quién estaba a punto de destruirlo: “¿Por qué escuchas las palabras de los hombres que dicen: ‘Mira que David procura tu mal’?” ¿Por qué les das oído? Saúl escuchaba a quienes se lo decían. Él creía lo que oía y, como resultado se propuso destruir a David. No lo oigas. Dirige la conversación hacia otro tema o dale un giro favorecedor hacia la persona de quien te están hablando.

Ahora lo que necesitamos es que Dios traiga este asunto a casa, a nuestros corazones, y traiga convicción y nos cambie donde sea necesario. Hemos dicho que la palabra para “calumniar” es diábolos. Es un nombre para Satanás—él nos acusa delante del Padre, nos condena, miente acerca de nosotras. Él nos acusa.

Pero, por otro lado, tenemos también quien abogue por nosotras. En 1ra de Juan 2:1 dice: “Hijitos míos, os escribo estas cosas para que no pequéis. Y si alguno peca, Abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo.” ¿Ves? Jesús, como Satanás, sabe que hemos pecado, sin embargo, nos defiende ante el Trono de Dios. Él ruega ante Dios por nosotras; lo hace basado en su muerte sacrificial en la cruz por nuestros pecados.

Cuando hablas acerca de otros creyentes, ¿les acusas como lo hace el maligno o les defiendes como Jesús hace contigo? ¿Estás siendo como Jesús o como Satanás?

No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino solo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan.

Ahora la tendencia, cuando se presente algo así, podría ser “Bueno, entonces no voy a decir nada. No voy a poder abrir la boca”. Esa no es la respuesta adecuada tampoco. Es cierto que las palabras pueden ser usadas para destruir, pero las palabras también se pueden usar para dar ánimo, para fortalecer, para edificar a otros, por lo que usa tu lengua para ese propósito. Piensa en toda la gracia que has recibido de Dios y de otros y, luego, usa tu lengua para ministrar la gracia a otras personas así como tú la has recibido.

Carmen Espaillat: Aunque tu lengua haya estado fuera de control, Nancy Leigh DeMoss te ha estado dando esperanza. Las cosas pueden cambiar. No solo puedes aprender a morderte la lengua; puedes aprender a usarla para bendecir a otros. Es una lección importante de nuestra serie titulada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5.

Nancy va a orar con nosotras en un minuto, pero antes queríamos invitarte a escribirnos al final de la transcripción en la página con cualquier comentario o pregunta ,Tito 2 nos dice que las mujeres sabias no deben ser adictas al mucho vino. ¿Cómo vives esto hoy? Recibe consejo bíblico acerca de ello cuando Nancy regrese en el próximo programa. Ahora está de vuelta para cerrar en oración.

Nancy: Oh, Señor, guarda nuestros corazones; guarda nuestras lenguas y ayúdanos a ser abogados aun para aquellos que nos han fallado, como Jesús lo hace con nosotras, en lugar de ser acusadoras de los hermanos como lo hace Satanás perpetuamente. Oh Señor lávanos. Límpianos. Renuévanos, y cámbianos. Que nuestras lenguas ministren gracia para con quienes hablamos y de quienes hablamos y oro en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

¿Por qué es mejor que Cristo se haya ido (Juan 16:7)?

Soldados de Jesucristo

¿Por qué es mejor que Cristo se haya ido (Juan 16:7)?

John Piper Responde

Episodio 39

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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A24 -Tus palabras revelan tu corazón

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El hermoso diseño de Dios para la mujer – Viviendo Tito 2:1-5

A24 -Tus palabras revelan tu corazónel hermoso

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/Tus-palabras-revelan-tu-corazon/

Carmen Espaillat: De acuerdo a Nancy Leigh DeMoss, tus palabras son serias.

Nancy Leigh DeMoss: Alguien ha tildado a la calumnia y al chisme malicioso como homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien—estás cometiendo homicidio verbal, calumniando. Destruye vidas; destruye familias; destruye relaciones. ¿Cuántas veces he contribuido yo a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Carmen: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Un hermoso diseño no se trata primordialmente de la ropa o la decoración. Tito nos dice lo que verdaderamente es el hermoso diseño, como ha sido definido por el máximo Diseñador. Nancy nos ha estado explicando este pasaje y continúa con un componente importante para la belleza de un creyente—sus palabras dulces y suaves.

Nancy: No te puedo decir que tan a menudo me sucede que cuando estudio y me preparo para enseñar algo en Aviva Nuestros Corazones, Dios usa ese mismo estudio para atravesar y penetrar mi propio corazón y traerme convicción. Esto ciertamente ha sido cierto con esta serie en Tito 2, y particularmente con el versículo que estamos viendo en Tito capítulo 2 acerca de que las mujeres no sean calumniadoras.

Pablo le dice a Tito en Tito capítulo 2,versículo 1, “Enseña lo que está de acuerdo con la sana doctrina”. Enseña a la gente cómo vivir de una manera que es consistente con lo que ellos creen.

Y luego él le dice en el versículo 3, “Asimismo, las ancianas deben ser reverentes en su conducta, no calumniadoras”. Dijimos que la palabra calumniador aquí es la palabra griega diabolos.

Es una palabra que cuando se usa en la Escritura, usualmente se refiere a Satanás. Pero en ocasiones, esta palabra es usada también para referirse, no solo a Satanás, sino a la persona que actúa como Satanás, porque ellos calumnian, acusan y hablan mentira.

Matthew Henry es un gran comentarista del pasado, y él dijo:

“La calumnia es una falta grave y muy común. No solo es hablar de más, sino que es hablar mal de las personas y separar amigos. Un calumniador es uno cuya lengua está prendida con fuego del infierno. De tal forma y de tantas maneras hace el trabajo del diablo—que por eso se le da el nombre de ‘diablos’ a estas personas”.

Nunca somos más como el diablo que cuando hablamos cosas que no son ciertas o que son calumnias o que son maliciosas.

Dijimos en la última sesión que la calumnia incluye el regar un reporte falso acerca de alguien. Específicamente, la calumnia se refiere a decir algo que no es cierto; que es falso. También puede incluir el esparcir información dañina acerca de otra persona, y esa es una variación, un primo, por así decir, de la calumnia. La Escritura le llama chisme—es regar cosas acerca de alguien que son dañinas.

Algunas de sus traducciones, en lugar de la palabra “calumnia” se referirá a “chismes maliciosos”. Eso tiene que ver con regar la verdad con intención de dañar a alguien. De manera que lo que estarías diciendo, aunque pudiera ser cierto, lo haces con la intención de dañar a alguien.

Te diré algo más que me causó convicción mientras estaba estudiando este tema. La calumnia puede incluir simplemente asumir negativamente sobre las motivaciones de alguien—diciendo algo acerca de lo que hay en su corazón o dando razones de por qué hicieron lo que hicieron, cuando en realidad no sabemos. No conocemos su corazón. No conocemos sus antecedentes. No conocemos sus circunstancias. Rara vez tenemos todos los hechos, y muchas veces sacamos conclusiones acerca del comportamiento de alguien o del carácter de alguien sin conocer lo suficiente como para hablar. Aun si supiéramos lo suficiente como para hablar, ¿acaso es algo constructivo o edificante como para decirlo?

Así que cuando Pablo dice que las ancianas no deben ser calumniadoras, está diciendo que debemos rehusarnos a escuchar o a esparcir reportes o historias acerca de otros que son falsos o que son dañinos. No lo escuches; no lo digas a nadie más si no es cierto o si es dañino.

Recientemente he estado leyendo un libro por Jerry Bridges llamado “Pecados Respetables”. Le he estado pidiendo al Señor que hable a mi vida y a mi propio corazón acerca de pecados que puedan estar en mi propia vida que no son los pecados obvios y grandes que a menudo pensamos cuando decimos “pecados”. Él habla acerca de pecados respetables, y tiene todo un capítulo acerca de los pecados de la lengua. En ese capítulo, él incluye la mentira y el lenguaje áspero o criticón o burlón. En mi opinión, todas estas cosas caen bajo lo mismo que Pablo está advirtiendo aquí.

Como mujeres, tenemos que ser cuidadosas de no pecar con nuestras lenguas. Es interesante que las mujeres en particular somos exhortadas a evitar este pecado, y tenemos que preguntarnos, “¿Por qué?” Bueno, pienso que los hombres —a la hora de ser abusivos— son más inclinados a formas físicas de abuso.

En mi familia hay cuatro mujeres y tres hombres .Y cuando éramos pequeños, si los niños se portaban mal, lo hacían pegando. Lo hacían de forma física. Los hombres son físicos. ¿Pero cómo lo hacen las mujeres? Muy a menudo lo hacemos con nuestras lenguas. Somos más inclinadas a ser verbalmente abusivas, pero ¿podría sugerir que nuestro abuso verbal no es menos destructivo que el de los hombres, cuando quizás se tiran o se pegan el uno al otro? Así que Pablo les dice a las mujeres, “No sean calumniadoras”.

Es una advertencia en contra de pecar con nuestras lenguas—en contra de decir lo indebido, hablar de más, decir cosas que no debemos. Pienso que esta es una tentación muy particular para las mujeres que tienen tiempo en sus manos. Quizás sus hijos ya están grandes; disfrutan el sentarse y platicar. No es más fácil sentarse y escuchar las ultimas historias de la una y la otra sin pensar, “¿será esto cierto? ¿está beneficiando a los que están escuchando? ¿Estamos levantando a las personas de las que estamos hablando?”

Hay un pasaje en 1 Timoteo 5:13-14 donde el apóstol Pablo está hablando acerca de viudas jóvenes. Hay una advertencia acerca de este tipo de conducta ociosa y destructiva. Él dice,

Aprenden a estar ociosas, yendo de casa en casa; y no solo ociosas, sino también charlatanas y entremetidas, hablando de cosas que no son dignas. Por tanto [él dice], quiero que las viudas más jóvenes se casen, que tengan hijos, que cuiden su casa y no den al adversario ocasión de reproche. [De calumniar].

Hay unas cuantas cosas que sobresalen en ese pasaje de 1 Timoteo 5. Primero que todo, ¿te das cuenta que los pecados de la lengua frecuentemente van acompañados de la ociosidad, versus tener nuestras prioridades en orden? Pablo dice que estas viudas jóvenes necesitan estar ocupadas haciendo las cosas que Dios les ha llamado hacer. Si estás haciendo las cosas que Dios te llamó a hacer, no vas a tener tanto tiempo como para estar sentada diciendo cosas que no debes estar diciendo.

Y luego fíjate que al final del pasaje él dice que las mujeres deben casarse, tener hijos, cuidar su casa, para que no den ocasión al enemigo de reprochar o calumniar. Si las mujeres calumnian, lo que hacemos es dar ocasión al enemigo, a Satanás, para reprochar y acusar a los cristianos. Así que al participar en conversaciones calumniadoras, en realidad estamos preparando el terreno para que el enemigo ataque con calumnias, y acuse a los creyentes.

Así que pregúntate: “¿Soy culpable de calumnia? ¿Soy culpable de hablar mal? ¿Del chisme? ¿De pecados relacionados con la lengua?” Puede que encuentres, mientras Dios examina tu corazón, que has sido culpable de hablar maliciosamente, que has sido culpable del chisme, de calumnia contra personas que te han hecho daño… quizás un excompañero, quizás un padre, o quizás un jefe que te trató injustamente.

A menudo somos propensos a calumniar aquellos que están en autoridad sobre nosotros si no estamos de acuerdo con la manera en que están manejando las cosas; pueden ser oficiales gubernamentales, un jefe, adolescentes hacia sus padres, esposas hacia sus esposos, miembros de la iglesia hacia los pastores o hacia los ancianos, o hacia aquellos en autoridad. ¿Por qué es que a veces calumniamos o hablamos mal de aquellos que viven dentro de las cuatro paredes de nuestras propias casas, de nuestros familiares, o de nuestros compañeros de habitacion, o sobre las personas más cercanas a nosotros, las personas que nos conocen mejor, las personas que debiéramos estar tratando de proteger? ¿Por qué es que frecuentemente los calumniamos?

Pienso que es fácil hablar mal o maliciosamente de aquellas personas con quienes no estamos de acuerdo. Pienso que durante una temporada política o de elecciones por ejemplo es muy fácil —y he notado esto en semanas recientes en algunas de mis propias conversaciones con las personas— hacer afirmaciones dogmáticas, rotundas, negativas, y feas acerca de personas en el mundo político con quien no estamos de acuerdo.

Esto no es para decir que nunca debemos expresar cuando estamos en desacuerdo. Mucho de esto tiene que ver con el corazón.

● ¿Cuál es mi tono?
● ¿Cuál es mi espíritu?
● ¿Cuál es mi motivación?
● ¿Por qué estoy diciendo lo que estoy diciendo?
● ¿Estoy tratando de edificar o de derribar?
● ¿Es necesario?

Observa que mientras vemos en las Escrituras, nos damos cuenta que nuestra forma de hablar expone nuestros corazones. La forma en que hablamos dice lo que está dentro de nuestros corazones. Déjame leerte dos o tres pasajes que tocan este punto.

Primero, en Salmos en el capítulo 50, comenzando en el versículo 16, dice:

Pero al impío Dios le dice: “Das rienda suelta a tu boca para el mal, y tu lengua trama engaño. Te sientas y hablas contra tu hermano; al hijo de tu propia madre calumnias”. (Versículos 16, 19, 20).

¿Qué tipo de persona dice Dios que habla así? “Al impío Dios le dice”. La persona que calumnia a sus familiares, sus amigos, que habla mal, tiene un corazón perverso.

Piensa en lo que Jesús dijo en Lucas capítulo 6, versículo 45,

El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo que es bueno; y el hombre malo, del mal tesoro saca lo que es malo; porque de la abundancia del corazón habla la boca.

Lo que decimos es un claro indicativo de lo que está en nuestros corazones. Así que Jesús está diciendo, “Si tienes un corazón bueno, lo que va a salir es un buen tesoro. Si tienes un corazón malvado, entonces lo que saldrá son palabras maliciosas y perversas.”

Y de nuevo, en Mateo capítulo 15:18-19, Jesús hace el mismo punto, Él dice,

Pero lo que sale de la boca proviene del corazón, y eso es lo que contamina al hombre. Porque del corazón provienen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los robos, los falsos testimonios y las calumnias.

¿Notaste que Jesús colocó las calumnias allí mismo junto con homicidios y el adulterio? Hace que me pregunte: ¿Estamos tan preocupados y sorprendidos y apenados por nuestros pecados de la lengua como lo estamos de la mala conducta de los demás? Jesús los pone todos juntos, pero Él dijo que las calumnias, el hablar mal, revela lo que está en nuestros corazones.

¿Qué exponen las calumnias y el hablar maliciosamente de nuestros corazones? ¿Y qué tipo de actitudes del corazón salen cuando hablamos mal de los demás? Déjame hacer varias sugerencias aquí, hay otras cosas que podríamos agregar a esta lista, pero yo sé de algo que se revela de mi corazón cuando hablo mal de los demás—revela un corazón orgulloso, revela orgullo. Cuando podemos señalar la culpa de otra persona, a veces eso puede hacernos sentir mejor a nosotros mismos—no somos tan malos como ellos, o no hicimos “eso”… ellos sí—eso es orgullo.

El orgullo puede darme un cierto deseo de lucir como una experta, y quizás intervenir en una conversación porque sé algo que mi interlocutor no sabe; quizás tengo esta pequeña pieza de información que puedo traer a la conversación. A veces es el orgullo que me llevará a decir, “Pero, ¿sabías…?” Esto me ha ocurrido —y lo digo para mi vergüenza— muchas veces cuando alguien está hablando bien de una persona y yo estoy pensando, “Pero no saben que…” ¿Deberé decirlo? A menudo es el orgullo en mi corazón que me lleva a contribuir algo negativo a esa conversación.

Hay algo más que nuestras lenguas pueden revelar acerca de nuestros corazones—envidia y celos. Estamos celosos de la reputación de alguien más, de su relaciones, de su influencia, por eso queremos hacerlos ver mal; hacerlos descender un poco.

El calumniar revela falta de dominio propio . Dejamos que se nos escapen cosas que estamos pensando, sin pensar bien lo que estamos diciendo.

La calumnia puede revelar un espíritu crítico. Mi corazón es crítico; tiende a hacer juicios; por lo tanto, sale en las palabras que digo.

La calumnia y el hablar maliciosamente revelan también falta de amor. Proverbios 10:12, “El odio suscita rencillas, pero el amor cubre todas las transgresiones”. Una falta de amor; se revela el odio.

Y luego está esto de un espíritu contencioso, un espíritu divisivo. Queremos poner a otros de nuestro lado, y qué tan a menudo pasa esto en conversaciones entre miembros de las familias cuando hay alguna disfunción o discordia entre los miembros de la misma familia. Y dices algo negativo acerca de la otra persona causando que la persona con la que estas platicando quiera aliarse contigo. Todos estos juegos tontos, que jugamos, son tan malos, tan perversos. Queremos relatar como alguien nos lastimó, como alguien nos ha hecho daño, y al hacer eso estamos tratando de atraer a la persona con la que estamos hablando para que vea las cosas según nuestra perspectiva.

¿Qué estamos haciendo? Estamos poniendo una barrera entre nuestro interlocutor y la persona de la que estamos hablando, levantando paredes, división, contención. Eso es lo que hay en mi corazón, y sale tan frecuentemente en nuestro hablar. Ese es exactamente el efecto de la calumnia y de hablar maliciosamente. No solo tengo yo contención en mi corazón, sino que cuando calumnio o hablo mal de los demás, el efecto es de dividir relaciones, dividir amigos, el de ser un divisor, el de romper relaciones.

Proverbios 16:28 dice, “El chismoso separa a los mejores amigos”.

Proverbios 17:9, dice “El que cubre una falta busca afecto, pero el que repite el asunto separa a los mejores amigos”.

Dividimos el cuerpo de Cristo; dividimos familias; dividimos amistades; dividimos relaciones cuando hablamos mal de los demás. No solo dividimos, sino que destruimos.

Proverbios 25:18, dice “Como maza y espada y aguda saeta es el hombre que levanta falso testimonio contra su prójimo”. Esas son armas que no querrías que se usaran contra ti—un garrote de guerra, una espada, o una saeta aguda, pero si tú dices algo de tu vecino, de un amigo, o de un miembro de tu familia, que no es cierto o es una calumnia o es algo innecesario, o es una crítica, el efecto que provocarás es el de destruir a esa persona.

Alguien ha llamado a la calumnia y a los chismes maliciosos homicidio verbal. Estás matando la reputación de alguien. El homicidio verbal, la calumnia, destruye vidas, destruye familias; destruye relaciones; destruye iglesias. Lo he visto vez, tras vez. Si lo piensas seguramente lo has visto una y otra vez. Eso ya es suficientemente grave, pero lo que aflige mi corazón es pensar, ¿cuántas veces yo he contribuido a la división entre amigos, a destruir amigos o relaciones, a destruir el Cuerpo de Cristo, por el uso malicioso de mi lengua al calumniar a los demás?

Proverbios 11:9 dice, “Con la boca el impío destruye a su prójimo”. Cuando hablamos maliciosamente, cuando decimos chismes o decimos cosas que no son ciertas o no son buenas, afectamos a la persona que estamos calumniando, aunque no lo escuchen, y afectamos a la persona con la que estamos conversando . Creamos una separación en su relación.

Y mientras me he estado preparando para esta serie, es interesante—no sé si está pasando más a menudo o si solo lo estoy notando más—pero he visto una ilustración tras otra de la necesidad crucial de tratar con este asunto de la calumnia y del chisme malicioso entre el pueblo de Dios, y el gran daño que puede hacer si no tratamos con esto.

Hace unos días recibimos un correo en Aviva Nuestros Corazones de una oyente que quería pasar una información que ella sintió que debíamos tomar en cuenta con relación a alguien que había sido invitado a uno de nuestros programas. Bueno, típicamente, este es el tipo de cosas a las que no me gusta prestar atención, no quiero prestarme para el chisme, no lo quiero escuchar, pero pensé, “Soy responsable por las personas que tenemos en nuestra transmisión, y ¿será esto algo de lo que necesitamos estar conscientes?”

Así que fui al correo electrónico, entré a la página de Internet, y resultó ser muchas páginas juntas en una red que se dedican a derribar y destruir un sinnúmero de ministerios y personas, y cuanto más buscaba, más feo se ponía. Habían tantas calumnias y comentarios llenos de amargura. Este es un esfuerzo para dividir , para derribar, para destruir. Es odioso; es vengativo; es destructivo, y esta es una palabra que me vino a la mente al ser envuelta en algunas de estas cosas esta semana—es diabólico, diabolos, es del diablo. Es satánico. El pasaje que me vino a la mente es Santiago 3:14-16 donde Santiago dice,

Pero si tenéis celos amargos y ambición personal en vuestro corazón, no seáis arrogantes y así mintáis contra la verdad. Esta sabiduría no es la que viene de lo alto, sino que es terrenal, natural diabólica. Porque donde hay celos y ambición personal, allí hay confusión y toda cosa mala.

Tú pensarás, “Bueno, me alegro que yo no tengo una de esas páginas de internet,” o “No estoy haciendo ese tipo de cosas”. Pero esto solo comienza con una raíz de amargura, con pequeñas cosas que se dicen, con un correo electrónico que se envía, con publicar algo en el internet, con hablar una palabra en privado, de repente encuentras que está siendo gritado por los techos, y se está esparciendo como un incendio descontrolado. Cuán gran daño esta chispita puede hacer. Puede quemar bosques y casas enteras, y al final las vidas pueden ser destruidas.

La calumnia divide; destruye, así como lo hace Satanás. Todo esto es contrario a Dios, quien es un Dios de reconciliación. Él es el Dios que reconcilia partes en guerra. Y nosotros Debemos ser como Él.

Pablo dice en Romanos 14:19, “Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua.”

Efesios 4:3, “Esforzándoos por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”.

Carmen Espaillat: Tus palabras tienen el poder de promover la paz, de acuerdo a Nancy Leigh DeMoss. Ella nos ha estado enseñando cómo hacerlo en una serie llamada El hermoso diseño de Dios para la mujer: Viviendo Tito 2:1-5 Ella estará de regreso con nosotros para orar, porque todos necesitamos el poder de Dios para vivir en paz y para hablar lo correcto. En ninguna parte es esto más cierto que en tu hogar.

Nancy y algunas de sus amigas han escrito acerca de esto. Ella editó un libro llamado Atrévete a ser una mujer conforme al plan de Dios  (está disponible en español).

En este libro aprenderás de las semillas de la revolución feminista y descubrirás por qué no cumplió sus promesas. Podrás ver claramente una imagen bíblica del tipo de influencia piadosa que puedes tener sobre tu esposo e hijos. Descubrirás cómo servir a Dios de maneras únicas y femeninas. Puedes obtenerlo en tu librería cristiana favorita.

Quizás has sentido convicción hoy acerca de la manera que has estado usando tus palabras. Mañana Nancy ofrecerá ideas útiles de cómo responder, cambiar y hacer las cosas bien, y ahora, Nancy regresa con nosotras para orar.

Nancy: Oh Padre, cuánto Te pido que nos des convicción de cómo nuestras palabras han sido destructivas, cómo han dividido, han hecho daño y han sido diabólicas. Yo sé que Tú has hecho que yo me examine en el transcurso de este estudio, y me has llevado a ser más cuidadosa de las cosas que digo. No estoy tratando de destruir la reputación de nadie.

Oh Dios, perdóname por las veces cuando las cosas que he dicho han sido destructivas y han sido diabólicas. Oh Dios, ¿podrías domar nuestras lenguas? No podemos domarlas nosotras mismas, pero ¿podrías hacerlo Tú? Por el poder de Tu Santo Espíritu, podrías cambiar nuestros corazones y perdonarnos por el orgullo y la envidia y los celos y el espíritu competitivo y ese espíritu contencioso que a menudo nos lleva a decir cosas que no son edificantes o alentadoras, sino que son calumniadoras y maliciosas.

Purifícanos, Señor. Perdónanos. Límpianos. Purifica nuestros corazones y nuestras lenguas. Que podamos usar esas lenguas para unir personas, para perseguir unidad, y lo que trae paz y edificación mutua. Lo pido en el nombre de Jesús, amén.


Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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