Episodio 15 – ¿Cómo puedo saber el llamado de Dios para mi vida?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Cómo puedo saber el llamado de Dios para mi vida?

Episodio 15

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

20/27 – La vida de oración de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

20/27 – La vida de oración de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

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Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Yo debo confesar que a menudo, cuando oro, a nivel de mis sentimientos, siento que nadie me está escuchando. Yo no puedo ver a Dios. A veces no puedo sentirlo. Cuando oro, necesito fe para creer que lo que no veo y no siento, es aún real, y que Dios está ahí, y que está oyendo, que Él está escuchando, y que Él responderá.

Leslie: Estás escuchandon Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. En las últimas semanas, hemos estado estudiando la vida de Jesús, siguiendo el bosquejo de un libro escrito por Oswald Sanders, El Cristo incomparable [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Aquí está Nancy en la serie, El Cristo incomparable.

Nancy: Hoy queremos ver algo más que hace a Cristo incomparable, nadie es como Él.  Jesús fue un hombre de oración, y oraba porque era un hombre. Esto es parte de Su humanidad. Es una expresión de Su sentido de dependencia como hombre, el hecho de que Él oraba a Su Padre Celestial.

Como humanos, estamos necesitados y somos dependientes; no somos autosuficientes ni independientes. Necesitamos provisión, protección, dirección, sabiduría, ayuda, consuelo, y ánimo. Dios es el dador de toda buena dádiva y de todo don perfecto. Él es la fuente de todo lo que necesitamos.

La oración significa que nos humillamos y reconocemos que estamos en necesidad, y le pedimos a Dios—quien lo tiene todo—que nos ayude a suplir esa necesidad. Eso significa que la oración es la expresión más grande de dependencia que podemos ofrecer a un Dios todo suficiente. Es el reconocimiento de que sabemos que Lo necesitamos.

Mientras pensaba en eso esta semana, me impactó que si realmente creyeramos que somos personas necesitadas y que Él es todo suficiente, que está dispuesto, y que es capaz de suplir todas nuestras necesidades, ¡entonces oraríamos! Pero el hecho es que oramos poco. Permíteme hacerlo más personal. El hecho es que yo no oro más o porque no me doy cuenta cuán necesitada realmente estoy, o porque tengo un espíritu orgulloso y autosuficiente, o porque no creo que Él puede satisfacer mis necesidades, o porque no creo que Él quiera satisfacerlas.

Si yo creyera que estoy necesitada y que Él está dispuesto y es capaz, entonces oraría. Así que si no oro, entonces hay algo que está mal con lo que estoy creyendo.

Tú no puedes conocer realmente a Cristo sin considerar seriamente Su vida de oración. Definitivamente es una de las cosas más importantes acerca de Él. Es una de las cosas que sale a relucir en los evangelios –particularmente en el Evangelio Lucas—una y otra vez. Lee el Evangelio de Lucas en algún momento, y traza un círculo a cada referencia a la oración. Podrás ver que Él, Cristo, era un hombre de oración.

En esta sesión, quiero hacer 10 observaciones acerca de la vida de oración de Cristo. No es nada profundo ni que no hayas escuchado antes, pero al meditar en Cristo como un hombre de oración, y en mi deseo de convertirme en una mujer de oración, aquí hay 10 cosas que he observado acerca de la vida de oración de Cristo que deberían animarnos y motivarnos.  

1. Él oraba a Su Padre. Su vida de oración estaba basada en una relación familiar. El hecho de que Él orara a Su Padre revela la intimidad de Su relación con Él. Sus oraciones no eran solo listas de peticiones, como suelen ser las mías —por favor has esto, y has aquello, y no olvides esto, y necesito aquello. Sus oraciones eran mucho más que eso. Él estaba pasando tiempo con alguien que conocía íntimamente, a quien amaba, y sabía que lo amaba y con quien quería pasar tiempo.

Pienso que el Salmo 27 el versículo 4, que es uno de mis versículos favoritos, es algo que Jesús pudo haber dicho:

“Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésta buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en su templo.”

Jesús tenía ese deseo de estar con Su Padre. Así que Sus oraciones nacían de una relación con Él. 

2. Oraba con frecuencia. Él oraba mucho. No solo un poco, sino mucho. A veces Él se apartaba de la multitud con el propósito expreso de orar; pero a veces, oraba en el transcurso de su rutina diaria y de sus actividades. Mientras lees los evangelios, puedes darte cuenta de que los momentos claves de Su vida estuvieron marcados por la oración —Su bautismo, la elección de los doce discípulos, el Monte de la Transfiguración, la alimentación de los 5000, el Huerto de Getsemaní, la cruz — esos fueron momentos importantes que estuvieron marcados por la oración.

Pero Él también oraba en los momentos que no eran tan importantes, como una forma de vida. Él oró después de un día completo de ministrar, cuando estaba cansado. Él era un hombre. Un hombre de carne y hueso. Te imaginas cómo estaría, sumamente cansado. Él oraba antes de empezar un nuevo día de ministerio, con la gente presionándolo y con cosas pendientes por hacer y lugares a donde ir. Él oraba como parte de su rutina. Cada ocasión era adecuada para orar –para comunicarse con Su Padre, manteniendo esa línea de comunicación abierta. No había un evento, acontecimiento o detalle demasiado grande o demasiado pequeño para no fuera un motivo de oración. Él vivió orando y murió orando. Él oraba con regularidad. Esa era su forma de vida.

3. Él oraba solo y en compañía de otros.

En Lucas capítulo 5 versículo 15 vemos una ocasión en donde se nos dice que Jesús oró solo con Su Padre.

Ahora, Su fama crecía, y grandes multitudes se reunían a escucharle y a ser sanados de sus enfermedades; pero Él se retiraba a lugares desolados y oraba (v. 15-16).

Así que a veces Él dejaba la multitud —dejaba la presión, las responsabilidades, las fechas límites, y las demandas. Era un acto intencional de Su parte. Se retiraba y de manera intencional Él iba a sitios desolados donde no fuera interrumpido o distraído, y allí oraba. Sabemos también que hubo momentos en que Él fue a esos lugares desolados y trató de estar solo, y las multitudes le siguieron y se lo impidieron.

Una cosa me encanta del Salvador es que Él nunca se molestó con la gente. Me sucede a veces que cuando estoy en esos lugares desolados y quiero estudiar y buscar al Señor, cuando llega la multitud y me interrumpe puedo molestarme con la gente misma a la que el Señor me llamó a servir. Y digo esto por aquellas de ustedes que tienen niños pequeños y saben lo difícil que es apartarse de la multitud. A veces alejarse a un lugar desierto no significa enviarlos de campamento o que tú salgas de la casa por una semana. A veces significa que en medio de la multitud tú encuentres un lugar tranquilo en tu corazón.

Jesús sabía cómo hacer eso también, Él lograba estar sereno en medio de una multitud. Él oraba cuando estaba a solas con Su Padre, pero también en lugares públicos. Lucas capítulo 3 nos dice que Él oró en Su bautismo. Juan capítulo 6 nos dice que Él oró en la alimentación de los cinco mil, alzando los ojos al cielo y dio gracias —un lugar bastante público. Juan capítulo 11 dice que también oró ante la tumba de Lázaro. Así que Él oró en lugares públicos.

Luego Él también oraba con Sus discípulos. Yo creo que además de los momentos en que oraba sólo con Su Padre, esos tiempos de oración con Sus discípulos deben haber sido muy especiales para Él y también para ellos.

Lucas capítulo 11 nos dice,

Ahora Jesús estaba orando en cierto lugar, y cuando terminó, uno de sus discípulos le dice, “Señor, enséñanos a orar, así como Juan enseñó a sus discípulos.”

Así que Jesús estaba con Sus discípulos. Ellos le veían orar. Ellos le escuchaban orar. De alguna manera, ellos estaban cerca cuando Él estaba orando, así que estaban motivados para decir, “Señor, enséñanos a orar.”

Versículo 2 Y Él les dijo, “Cuando oréis, decid: «Padre, santificado sea tu nombre. Venga tu reino.” (v. 2).

Él se llevó a Sus discípulos al lugar de oración. Podemos verlo nuevamente en el Monte de la Transfiguración en Lucas capítulo 9, “Y como ocho días después de estas palabras, Jesús tomó consigo a Pedro, a Juan y a Jacobo, y subió al monte a orar”. (v.28). Él los llevó consigo. Él oró con ellos.

En el Huerto de Getsemaní, Él estaba con Sus discípulos. Cuando fue a orar, se retiró a la distancia de un tiro de piedra, pero Él oraba fervientemente. No puedo dejar de pensar que los discípulos sabían lo que estaba sucediendo. Probablemente lo podían ver. Tal vez podían escucharle mientras oraba.

Yo creo que Jesús sentó el patrón para que nosotros oremos con la familia de Dios. Oramos juntos cuando decimos, «Danos hoy el pan nuestro de cada día.” (Lucas 11:3). Yo sé que hay algunas personas que no se sienten cómodas orando con otros, pero quiero decirles que cuando lo hacemos en nuestro equipo de trabajo, es algo dulce. Algunas veces, yo llamo a mi madre y hago una oración de bendición al final del día. Ora con aquellos que conoces y que amas. Busquen al Señor juntos.

En nuestro equipo de trabajo nos encanta orar juntos. No solo nos encanta, sino que lo necesitamos. Estamos desesperados. Nosotros tenemos reuniones de oración de pie. Si escuchamos de una necesidad de alguno de nuestros oyentes, o de algo que sucede en el ministerio, espontáneamente nos reunimos. Hay mucha oración por aquí. No porque somos súper espirituales, sino porque realmente necesitamos al Señor, y lo necesitamos juntos. Permíteme animarte a que aproveches esas oportunidades.

Bueno, y me detuve mucho en este punto. Así que movámonos hacia otros.

4. Jesús siempre encontró tiempo para orar

Sin duda alguna, Él estaba más ocupado que lo que cualquiera de nosotros jamás estará—cuando pensamos que su lista de cosas pendientes consistía en todo el plan de redención que tenía que completar en tres años. Pero nunca estuvo tan ocupado que no tuviera tiempo para orar. Siempre fue una prioridad para Él.

Yo me reuní con algunos amigos para escuchar sus comentarios sobre estas sesiones, y estuvimos discutiendo este capítulo. Una de las jóvenes dijo que una de las primeras cosas que notó en el capítulo del libro de Oswald Sanders sobre la vida de oración de Cristo fue el orar a pesar del sentimiento de culpa por no orar lo suficiente. Yo conozco ese sentimiento: “No soy una persona que ora mucho; me voy a sentir culpable”. Y esta joven siguiendo diciendo, “pero mientras leía este capítulo me di cuenta de que Jesús realmente veía la oración como Su trabajo más importante. Él ponía todas las otras demandas por debajo de esto. Leer este capítulo me inspiró a orar aun cuando mi trabajo es agobiante”. Esas palabras son buenas palabras de aliento. Jesús siempre encontró tiempo para orar.

¿Quién de nosotros puede comparar su carga de trabajo con la de Cristo? ¿Quién de nosotras tiene más distracciones e interrupciones que las que Él enfrentaba cada día? Las suyas eran situaciones de vida o muerte. Cosas como, “¡Ven pronto que mi hija se está muriendo!” “Ya es demasiado tarde; ya se murió.” Eran cosas reales las que lo presionaban. Él tenía emergencias donde quiera. Pero Él encontraba tiempo para orar. Si alguien podía justificar el saltar o apresurar su tiempo de oración, Jesús parecía ser la persona indicada. Pero en las temporadas más ocupadas y con más presión de Su vida Él oró más, no menos.

Estuve leyendo otro libro sobre la vida de Cristo, meditando para esta serie, y me encontré con otro antiguo escritor que dijo, “Nosotros hacemos de nuestras ocupadas agendas y de las presiones demandantes una razón para no orar; Jesús las hizo una razón para orar.”1 ¿No es eso una buena palabra? Jesús siempre encontró tiempo para orar.

5. Jesús oró por aquellas cosas que Él sabía agradarían y honrarían a Su Padre y que redundaban en el avance del Reino de Dios.

Él estaba más interesado en eso que en Su propio bienestar. Siempre estaba sometiendo Su voluntad a la de Su Padre.

Me encanta el pasaje de Juan capítulo 12 el versículo 27, donde Jesús dice,

“Ahora mi alma se ha angustiado; y ¿qué diré: «Padre, sálvame de esta hora?” Pero para esto he llegado a esta hora. [Yo vine para morir, por esa razón Él me envió aquí. ¿Cuál es entonces su oración? Él no ora al Padre que le salve de esa hora, sino que dice] Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo:  le he glorificado, y de nuevo le glorificaré.” (v. 27-28).

En Su caso, glorificar el nombre de Dios significaba sufrir la cruz. Sus propios deseos estuvieron siempre sujetos y dirigidos hacia aquello que glorificaría y honraría al Padre.

Juan 17 “Estas cosas habló Jesús, y alzando los ojos al cielo, dijo: Padre, la hora ha llegado; glorifica a tu Hijo, para que el Hijo te glorifique a ti,” (Juan 17:1). Ese fue siempre el propósito. Has lo que sea necesario para que Tú seas glorificado.

6. Jesús creía que Dios le escuchaba cuando oraba. Él oraba con la fe y la confianza de que Dios le escuchaba y respondería Sus oraciones. En la tumba de Lázaro en Juan capítulo 11, dice “Jesús alzó los ojos a lo alto, y dijo: Padre, te doy gracias porque me has oído.” (v. 41-42). ¿Sabías que tú puedes tener la misma confianza cuando oras? Tal vez tú pienses, “¡Pero es que yo no soy Jesús!” Pues escucha este versículo.

“Y esta es la confianza que tenemos delante de Él, que si pedimos cualquier cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquier cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hemos hecho.” (1 Juan 5: 14-15).

Él pensaba que Dios le escuchaba cuando Él oraba y que Dios le respondería. ¿Tú crees eso cuando tú oras? Yo debo de confesar que cuando oro, a nivel de mis sentimientos, a menudo creo que nadie me está escuchando. Yo no puedo ver a Dios. A veces tampoco lo siento. Mi vida de oración no es como esas que leo a veces donde la gente siente la presencia de Dios — eso no suele suceder conmigo. Cuando oro, necesito fe para creer que lo que no puedo ver ni sentir sigue siendo real, y que Dios está ahí y que Él está escuchando, y que Él va a responder.

7. Jesús oró mucho durante Su pasión. Es hacia esa semana que nos acercamos en esta serie; la semana del arresto, juicio y crucifixión de Cristo, también conocida como La Semana Santa. Él oró mucho en esos días en particular. En Lucas capítulo 22, vemos a Jesús en Getsemaní. Estaremos haciendo toda una sesión sobre ese evento. Escuchamos a Jesús orar en la cruz. Veremos de manera más breve lo que Él oró en la cruz.

Pero Yo quiero ver por un momento a Juan capítulo 17, la oración sacerdotal que hizo Jesús —la verdadera oración del Señor— la cual hizo entre el aposento alto y Getsemaní. Esta es una mirada íntima a la vida de oración de Cristo. Permíteme darte un bosquejo de ese capítulo.

  • Él oró por Sí mismo en Juan  17 de los versículos 1-5)
  • Él oró por Sus discípulos de los versículo  6-19

Él dijo en el versículo 11 “Guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros; “No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno (v.15)”; “Santifícalos en la verdad (v.17)”. Él oró primero por Sí mismo y luego por Sus discípulos.

  • Y entonces me encanta esto, de los versículos 20-26 ¡Él oró por nosotros!

“Más no ruego solo por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos [¡Esos somos nosotros!], para que todos sean uno. Como tú, oh Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos estén en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Padre, quiero que los que me has dado, estén también conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria…” (v.20-21, 24).

Piensa en Jesús orando estas cosas por nosotros. Esto muestra Su corazón, ya que oró por otros cuando probablemente estaba siendo consumido con Sus propias necesidades. Él oró por Sí mismo, oró Sus discípulos, oró por nosotros, pero sobre todo—en Su vida de oración durante la semana de su pasión y durante toda su vida—Él oró por la gloria de Dios, para que se hiciera Su voluntad.

Tan solo unas horas después de la oración de Juan 17, Él oró en Getsemaní, y le dijo a sus discípulos, “Velad y orad para que no entréis en tentación; el espíritu está dispuesto, pero la carne es débil”. (Mt. 26:41). ¿No es interesante que sus discípulos se durmieron y cayeron en tentación? Jesús oró (mientras ellos dormian) y venció la tentación. Él conquistó al pecado y a la muerte. Él compró nuestra salvación. Y me llegó el pensamiento mientras meditaba anoche en este pasaje, imagínate¿Y si el Señor no hubiera orado? ¿Y si Él se hubiera quedado dormido cuando se suponía que estuviera orando?

Nosotros no podemos responder esa pregunta, porque Él hizo siempre la voluntad de Su Padre, pero piénsalo. ¿Qué hubiera pasado si se hubiera dormido en vez de orar? ¿Hubiera caído Él también en la tentación? Sé que es una pregunta absurda porque Jesús no pecó ni podía pecar, pero ¿No te alegra saber que Él oró? Yo me pregunto cuál sería la diferencia en nuestras vidas si nosotras oráramos en vez de dormir. Por supuesto que el sueño es un buen regalo. Hay un tiempo de dormir, pero hay un tiempo de levantarse y orar.

8. Jesús oró de manera fervorosa y apasionada. No oraciones monótonas. Yo pienso que, si fuera posible, nuestras oraciones harían que Dios se durmiera. Él debe estar allá arriba preguntándose si realmente nos interesa que Él nos conceda lo que le pedimos. ¿Realmente esto les importa? Yo creo que Dios podría pensar así acerca de muchas de mis oraciones. ¡Pero no de las de Jesús!

En Hebreos capítulo 5 nos dice que, “Cristo, en los días de su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente.”

Estamos casi llegando al Huerto de Getsemaní en esta serie. Cuán pocos de nosotros conoce aunque sea un poco lo que significa agonizar en oración como Jesús lo hizo.

9. Aun cuando fue abandonado por Su Padre, y Dios rehusó responderle, Él oró.

Nosotras sabemos que el Salmo 22 es un salmo mesiánico. Jesús oró parte de él en la cruz: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor? Dios mío, de día clamo y no respondes; y de noche, pero no hay para mí reposo.” (v. 1-2).

Cuando Jesús se hizo pecado por nosotros, Dios le dio la espalda a Su Hijo. Pero Jesús siguió orando. En la hora más oscura y desolada de su vida, a través de sus oraciones en la cruz, Él demostró fe de que Dios aún estaba allí. Incluso cuando Él no podía sentirlo.

Gloria a Dios. A aquellos que estamos en Cristo, Dios nunca nos abandonará ni nos dejará. Pero a veces es así como nos sentimos, ¿no es cierto? No podemos sentir Su presencia, ni podemos ver lo que Él está haciendo. Pero la pregunta es, ¿oraremos de todas maneras como lo hizo Jesús?

10. Jesús sigue orando. Él continúa orando por nosotros en el cielo aun hoy. Él oró durante toda Su vida en la tierra. Él oró a través de Su pasión. Oró en la cruz. ¡Y sigue orando! Él no ha parado. “Por lo cual Él también es poderoso para salvar para siempre a los que por medio de Él se acercan a Dios, puesto que vive perpetuamente para interceder por ellos”. (Hebreos 7:25). En Romanos capítulo 8 versículo 34 nos dice que Él está “a la diestra de Dios intercediendo por nosotros”. ¿No te da gozo saber esto?

¡Gracias Jesús por tus oraciones por nosotras! Gracias Señor que oraste cuando era fácil y cuando no lo era, y oraste cuando estabas muy ocupado y cuando había calma, oraste con otros y oraste solo, oraste a Tu Padre celestial porque le conocías y le amabas, y querías estar con Él. Señor, hemos sido animadas por tu vida de oración y estamos agradecidas. Muchas gracias. Ahora junto con los discípulos te pedimos que Tú nos enseñes a orar. Oh Señor, Tú eres realmente incomparable. Te amamos y te adoramos. En el nombre de Jesús, amén.

Leslie: Esta es Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín, ayudándote a aprender más acerca de la oración a través de la vida de Jesús. Este mensaje es parte de la serie titulada, El Cristo incomparable. Para escuchar los mensajes de esta serie predicados hasta ahora, visita la página  www.AvivaNuestrosCorazones.com. Cuando estés allí puedes escuchar los programas anteriores o leer las transcripciones.

Esto es lo que descubrió una oyente del Reino Unido hace poco. Ella estaba enferma y en cama por muchas semanas, y quería usar su tiempo sabiamente. Ella no podía salir de la casa para ir a la iglesia, ni tenía la energía para leer. Cuando descubrió AvivaNuestrosCorazones.com dijo,

Yo absorbí tanto del ministerio en internet —escuchando las transmisiones cada día, pero también escuchando serie tras serie de los archivos. Había tal riqueza allí, y fui edificada en tantas áreas.

Estando ya fuera de su lecho, ella aún escucha las grabaciones del ministerio y continúa diciendo,

Me siento atacada por los valores del mundo desde todos los ángulos, y siento que he llegado a entender el patrón de Dios para la femineidad más claramente por medio de la enseñanza de Aviva Nuestros Corazones.

Alrededor del mundo, las mujeres pueden accesar a AvivaNuestrosCorazones.com gracias a los oyentes que contribuyen financieramente y hacen posible el ministerio. ¿Le pedirías al Señor que te muestre lo que Él podría haberte dado para apoyar a Aviva Nuestros Corazones?

Puedes hacer tus donaciones de cualquier monto en AvivaNuestrosCorazones.com, o puedes llamarnos al 1-800-569-5959, y especificar que deseas contribuir con el ministerio de alcance en español.

En el Huerto de Getsemaní, Jesús agonizó en oración. ¿Por qué Él asumió Su próxima prueba con tal angustia? No fue solamente el dolor de la cruz. Había algo más allá. Considera la angustia de Cristo mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

James Stalker. Pulpit Legends: Studies on the Person of Christ. (Chattanooga, TN: AMG Publishers, 1995), 195.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

6/6 – Nacido para ser santo

Gracia a Vosotros

Serie: Beneficiándonos de las pruebas de la vida

6/6 – Nacido para ser santo

John MacArthur

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Quiero darle la bienvenida a nuestro estudio continuo de la epístola de Santiago. Puede tomar entonces su Biblia y abrirla en Santiago. Tenemos mucho por delante en esta gran epístola, pero vamos a detenernos en esta noche para una breve mirada al versículo 18. Normalmente, estaríamos tomando otra sección comenzando en el versículo 19, debido a que mencionamos el versículo 18 en nuestro último estudio. Pero quiero detenerme un momento y desarrollar nuestro entendimiento de Santiago 1:18, porque es un versículo tan, tan importante. Este es un versículo que realmente expresa de una manera muy simple el significado del nuevo nacimiento. El significado de la salvación.

Me llamó la atención esta mañana en la recepción para nuestros invitados que habían llegado por primera vez, conocer a una joven de Japón que entiende algo de inglés, inglés coloquial. Y confesó esta mañana que le resultó muy difícil seguir lo que estaba diciendo en el mensaje. Y me hizo pensar no tanto en el hecho de que las palabras que digo no son tan claras como tales sino en el hecho de que entre más tiempo pasa y usted es cristiano y entre más se involucra en el cristianismo y en la Palabra de Dios, en cierta manera, más lingo evangélico usted quizás desarrolle; y alguien que llega y habla algo de inglés a nivel de conversación va a tener una dificultad sería para entender lo que usted está diciendo. Es un buen recordatorio también que de vez en cuando necesitamos regresar a la realidad simple de lo que el Evangelio realmente es. Y eso es lo que queremos hacer en esta noche.

Veamos juntos el versículo 18 de Santiago capítulo 1. Dice esto: “Él,” hablando del Padre, Dios Padre mencionado en el versículo 17, “de Su voluntad nos hizo nacer por la Palabra de verdad para que seamos primicias de Sus criaturas.” Un versículo simple, pero uno en el que se encierra toda la riqueza del nuevo nacimiento. El Antiguo Testamento dijo ‘sed santos porque Yo, Jehová, soy santo.’ Pedro dice en su epístola ‘sed santo porque yo soy santo’. Para entrar en la presencia de Dios, el hombre debe ser santo, apartado del pecado a la justicia.

Ahora, los hombres no son santos, eso es obvio. No son justos, esto es, son pecaminosos. No piensan correctamente, no hablan correctamente, no actúan correctamente, no hacen lo correcto. No perciben de manera apropiada a Dios. No se perciben de manera correcta a sí mismos. No perciben de manera correcta la Verdad de Dios, la revelación de Dios, la ley de Dios o la voluntad de Dios. Pero a pesar de que los hombres no son santos y no están bien con Dios, en la mayoría de los casos, no perciben que no son santos. No entienden que no son justos. No están de acuerdo de manera dispuesta con el diagnóstico de las Escrituras de que son pecaminosos. Los hombres no son santos, y peor que eso, no reconocen ni la necesidad de santidad. Y en muchos casos, la ausencia de la misma. Y si reconocen que no son santos, normalmente, culpan a alguien más por esa realidad.

Y eso es lo que estábamos explicando en nuestra última mirada de este capítulo tremendo. Indirectamente, los hombres imponen la responsabilidad de su pecaminosidad en Dios de manera típica. Y como vimos en los versículos 13 al 18, vimos que no podemos culpar a nadie más que a nosotros mismos por nuestra propia pecaminosidad. Ciertamente, no podemos culpar a Dios al decir ‘bueno, Dios nos creó. Dios hizo leyes que son imposibles de guardar. Dios me ha permitido ser como soy, por mi ambiente. Me ha colocado en circunstancias que me imponen de tal manera que no puedo controlar mi conducta,’ etcétera, etcétera.

Pero lo que Santiago nos dice es que Dios no puede tener parte alguna en nuestra pecaminosidad ni de manera directa o indirecta. Entonces, los hombres deben ser santos para tener una relación con Dios. No son santos. Y en la mayoría de los casos, ni siquiera reconocen que no son santos. Y si reconocen que pecan, normalmente culpan a alguien más y ese alguien, de manera muy vaga, es el Dios que los colocó en las circunstancias en las que están y les dio los impulsos que les dio y entonces, quieren evadir la responsabilidad.

Entonces, Santiago dice en los versículos 13 al 18 que usted no puede culpar a nadie más que a sí mismo por su pecado. En el versículo 13 él dice ‘la naturaleza del mal demuestra eso. Ninguno puede decir cuando es tentado soy tentado por parte de Dios porque Dios no puede ser tentado por el mal ni Él es tentado por nadie.’ Usted no puede tentar a Dios por la maldad porque Dios y la maldad son mutuamente exclusivos. Se excluyen de manera mutua.

Y después, en el versículo 14, la naturaleza del hombre, él dice, el hombre tiene su propio problema. El hombre es tentado cuando es atraído y seducido por su propia concupiscencia. Y el problema está en el hombre. Está en su pecaminosidad, en su estado caído.

Después, él habla acerca de la naturaleza, la concupiscencia en los versículos 15 y 16. Y la concupiscencia cuando concibe, da a luz al pecado. Y el pecado, cuando finalmente llega a su punto de maduración, da a luz a nada más que la muerte y no se equivoque en eso. En otras palabras, entienda que es la realidad del pecado. Entonces, no está en Dios, porque Dios y el mal son incompatibles. El problema está en la naturaleza del hombre. Y en la naturaleza del hombre está en su deseo malo, su concupiscencia, su pasión por lo que está mal.

Después, en el versículo 17 él regresa a hablar de la naturaleza de Dios y él dice: “es de Dios de quien desciende toda buena dádiva y todo don perfecto y nunca hay sombra alguna en eso.” Así que no puede culpar a Dios porque Su naturaleza es únicamente dar cosas buenas. De Dios, sólo sale el bien. Entonces, él dice que no podemos culpar a Dios por nuestro pecado debido a la naturaleza de la maldad, la naturaleza del hombre, la naturaleza de la concupiscencia y la naturaleza de Dios.

Después, en el versículo 18, en cierta manera, él resume su argumento al decir “la naturaleza de la regeneración misma,” o la conversión o salvación, o el nuevo nacimiento, “nos muestran que Dios no nos lleva al pecado.” El versículo 18 dice “de Su voluntad,” en otras palabras, fue Su voluntad el hacernos nacer para que seamos como Él. Una especie de primicias de Su propia creación. Entonces, el propósito de la regeneración fue dar nacimiento para que vivamos. Crearnos para hacer bien, no maldad. Darnos poder sobre el pecado como parte de una nueva criatura.

Entonces, Dios de ninguna manera está involucrado en nuestra pecaminosidad. Él no puede mezclarse con la maldad. El problema está en el hombre. En el hombre, el problema se encuentra encerrado en su concupiscencia. La naturaleza de Dios es tal que Él solo da regalos buenos. Y cuando Dios toca su vida, es para producir vida, no muerte. Para producir justicia, no pecado. Para ser una nueva criatura, no ejercer a la antigua, la vieja.

Entonces, todas esas cosas que vimos la última vez apuntan al hecho de que Dios no puede ni de manera directa o indirecta ser la fuente del pecado. Dios no tienta a los hombres a pecar, ni puede hacerlo.

Y entonces, vimos el versículo 18 a la luz de eso. Pero el versículo es tan rico porque explica este asunto del nuevo nacimiento o de dar a luz una persona, de regenerar una persona. Y demanda una mirada más cercana y más larga; y queremos hacer eso en esta noche. Él nos presenta el tema de la regeneración en el versículo 18 en conexión o en relación a un punto en su contexto. Y el punto es lo que le acabo de decir. Él está usando la regeneración como una manera de demostrarle que Dios no lleva a la gente a pecar. Él nos lleva a ser criaturas de un nuevo tipo como Él. Él los saca del pecado a una nueva vida. Y eso sería incoherente con cualquier pensamiento de que Él nos lleva a pecar. Él está recreándonos y alejándonos del pecado, no acercándonos al pecado.

Pero fuera del contexto mismo, conforme vemos al versículo, quiero examinarlo por sí mismo porque dice tanto acerca de la regeneración. Y la enseñanza entera de la regeneración y el nuevo nacimiento es digna de nuestra atención cuidadosa.

Ahora, mantenga en mente lo que dije hace un momento y lo vimos en el texto: que el hombre está lleno de concupiscencia. Y la concupiscencia produce pecado; y el pecado, da a luz la muerte. Es verdad que, sin santidad, nadie jamás tendrá una relación con Dios. Nadie jamás conocerá a Dios de manera plena. Nunca nadie entrará a la presencia eterna de Dios sin santidad. Sin embargo, el hombre es impío y es pecaminoso. Y todo en su naturaleza produce concupiscencia y maldad.

Para darle un entendimiento más claro de eso, observe Romanos conmigo, capítulo 3. Una parte, una porción muy conocida de las Escrituras para los estudiantes de la Biblia. Pero una que necesita ser examinada a la luz de este punto en particular. Al final del versículo 9, él dice: ‘judíos y griegos por igual, todos están bajo pecado’. Todos están literalmente bajo el dominio del pecado. Todos están sujetos al control del pecado.

Y después, él procede a mostrar esto de manera extensa al citar a partir de algunos pasajes del Antiguo Testamento. Y él dice: “como está escrito, no hay justo, ni aún uno.” No hay un solo ser humano creado en este mundo, desde la caída de Adán, que sea justo. Y eso significa que está en una relación correcta con Dios y hace lo justo, que obedece la voluntad de Dios en y por sí misma. No hay justo, ni aún uno. No hay quien entienda. Esto es: no hay alguien que comprenda de manera completa lo que Dios demanda y que tenga la capacidad de entender de manera plena esto y lo cumpla.

No hay quien busque a Dios. La inclinación del hombre busca del pecado. Los hombres aman ¿qué? Las tinieblas, Juan 3, en lugar de la luz porque sus obras son malas. Todos se desviaron, se han desviado a sí mismos del camino que Dios ordenó para la justicia. Todos se volvieron inútiles. La palabra griega tiene que ver con leche agria. Son buenos para nada. Son absolutamente inútiles. No hay nadie que haga el bien, no hay ni siquiera uno.

Y después, él describe la naturaleza de su maldad. “Sepulcro abierto es su garganta.” Apesta como un cadáver muerto cuyo olor sale de una tumba. “Con sus lenguas engañan. Veneno de áspides o de serpientes está debajo de sus labios.” Un hombre básicamente es revelado en su conversación y en su boca. Y la condición de su naturaleza pecaminosa, mala, horrenda, contaminada, mortal, sale de su boca. La boca está llena de maldición y amargura. “Sus pies se apresuran para derramar sangre. Quebranto y destrucción hay en sus caminos, no conocieron camino de paz y no hay absolutamente reverencia hacia Dios ante sus ojos.”

Aquí está una definición del hombre pecaminoso, el hombre sin Dios. Y el mundo entero se encuentra bajo esto en el versículo 18, para que toda boca sea silenciada y todo el mundo este culpable delante de Dios. Y no hay manera alguna, él dice en el versículo 20, en la que mediante su carne puedan ser justificados por Dios al guardar algunas reglas, al obedecer la ley, aunque sea la ley de Dios. La ley simplemente produce el conocimiento del pecado, no produce justicia.

Entonces, ahí está la definición del hombre a partir de Romanos 3. El hombre, en su estado pecaminoso. Observe Efesios 2. En Efesios 2 dice en el versículo 1: “y Él os dio vida a vosotros que estabais muertos en vuestros delitos y pecados.” Y aquí encontramos que el hombre se caracteriza de nuevo como estando muerto. El hedor de un cadáver y la característica de su mortandad es una mortandad en delitos y pecados. Simplemente, usando dos palabras para mostrar el tipo de amplitud y la extensión de su pecaminosidad. “Él anda,” dice, “según la corriente de este siglo.” En otras palabras, su conducta diaria es dictada por el sistema maligno. El que está a cargo de su vida es el príncipe de la potestad del aire. El Espíritu que opera en los hijos de desobediencia. Esos son títulos para Satanás. Él opera, versículo 3, en los deseos de la carne. Él satisface el deseo de la carne y de la mente; y es, por naturaleza, un hijo de ira. Esto significa que él es objeto del juicio, él es objeto del juicio de Dios.

Ahora, todo esto es muy básico, muy elemental. El hombre, para poder tener una relación correcta con Dios necesita ser santo. El hombre no es santo. El hombre reconoce que no es santo. Y algunas veces, si él reconoce que no es santo y es pecaminoso, él tiende a culpar a Dios por sus circunstancias, evade la responsabilidad que lo mantiene confinado bajo la sujeción al pecado, y, por lo tanto, aislado de Dios.

Ahora, la pregunta que surge es: ¿qué vas a hacer para ayudarle a este hombre? ¿Qué vas hacer para cambiar la situación? ¿Qué es lo que este hombre necesita? Los cambios externos no son suficientes. Él no puede por alguna resolución en su propia mente determinar que él va a obedecer la ley de Dios y salir de su estado de mortandad. Él no puede darse a sí mismo vida nueva. Lo que él necesita es ser recreado. Él necesita un nuevo corazón, una nueva persona, un nuevo principio de vida. Él necesita nacer de nuevo. Él necesita comenzar de nuevo y salir como alguien diferente. Como si en las palabras de Nicodemo, él pudiera regresar al vientre de su madre y comenzar de nuevo con una nueva naturaleza, una naturaleza diferente. Debido a que la santidad es la condición absoluta para ser aceptado, para tener comunión con Dios, el hombre pecaminoso en su condición de muerte caída jamás puede tener esta comunión. Y Dios no va a aceptar su persona corrupta; entonces, él necesita una vida nueva. Él necesita una vida totalmente nueva.

Entonces, cuando hablamos del Evangelio del nuevo nacimiento, no estamos hablando acerca de añadir algo, no estamos hablando acerca de agregar algo, no estamos hablando acerca de colocar algún tipo de moño, acerca de colocar algún tipo de ropa en un hombre viejo. Estamos hablando acerca de una transformación total. Entrar en una relación correcta con Dios demanda una persona totalmente nueva. Usted necesita regresar y comenzar de nuevo y nacer de nuevo para tener una vida nueva.

Ahora, las Escrituras afirman esto. Esto ni siquiera es nuevo en el Nuevo Testamento. Esto fue parte de la promesa en expectativa del Antiguo Testamento. Jeremías, por ejemplo, dice que: “engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso.” Y Jeremías dice: “podría el etíope cambiar su piel?” ¿Puede él, de manera dispuesta y simplemente por estar dispuesto, puede cambiar el color de su piel oscura? Y después, Jeremías dice: “¿podrá el leopardo cambiar sus manchas?” Y la respuesta es: ¡claro que no! Entonces, “¿cómo podréis vosotros hacer bien cuando estáis acostumbrados a hacer el mal?”

Usted no puede cambiar su vida tampoco; entonces, usted necesita una transformación. Esto es Jeremías 13:23. Y ahí en el capítulo 31 viene la promesa maravillosa de esa transformación. Jeremías 31:31: “he aquí, vendrán días, dice Jehová, cuando haré un nuevo pacto con la casa de Israel y con la casa de Judá, no según el pacto que hice con sus padres en el día que los tomé de la mano de la tierra de Egipto,” y demás. Él dice: “haré un nuevo pacto,” versículo 33. Pondré Mi ley en su interior. La escribiré en sus corazones. Seré su Dios y serán Mi pueblo. Voy a meterme adentro y voy a cambiar su interior. No lo pueden hacer por sí mismos. Entonces, alguien más tiene que hacerlo por ellos. El hombre tiene que tener un cambio en la médula misma de su ser. El hombre natural, esto es el hombre no regenerado, el hombre que no conoce a Dios, el hombre pecaminoso, el hombre no redimido, el hombre no salvo, no, dice 1 Corintios 2:14, “no puede recibir las cosas del Espíritu de Dios”. Él no puede recibirlas. Él está muerto y un cadáver no responde a nada.

Entonces, ¿que necesitas? Entonces, ¿qué necesita? Necesita un nuevo nacimiento. Necesita vida nueva. Le acabo de leer Efesios 2:1 al 3, cómo los hombres están muertos en delitos y pecados siguiendo los deseos de la carne y los deseos de la mente. Los deseos de la carne, estando sujetos al liderazgo de Satanás, el príncipe de la potestad del aire. Son hijos de ira. Pero dice inclusive cuando estábamos muertos en delitos y pecados, en el mismo capítulo, en el versículo 5, Cristo nos dio vida y nos resucitó. Y aquí está la idea de una resurrección de los muertos. De vida nueva, de un nuevo nacimiento. Romanos 6 dice: “cuando crees en Cristo, usted muere y resucita para caminar,” y usa esta frase maravillosa, “en vida,” ¿qué? “En vida nueva.”

Ahora, esto es lo que toda persona debe tener: vida nueva. La vida antigua tiene que ser totalmente quitada y debe venir nueva vida. En Efesios 4:24, usted se ha puesto al nuevo hombre, lo cual, escuche esto, según Dios, es creado injusticia y santidad verdadera. Cuando usted llega a la salvación, usted se viste de un nuevo hombre, una nueva persona. No ropa nueva. Una persona nueva. Es una recreación.

La mejor y más vívida ilustración de esto se encuentra en el encuentro maravilloso entre Jesús y Nicodemo. Entonces, pase a Juan 3 y veámoslo brevemente y recordemos esta historia que es maravillosa. Maravillosa. Hubo un hombre de los fariseos, esto es, él era un líder religioso de gran estima. Él pudo haber sido tan prominente como cualquier maestro porque en el versículo 10, Jesús dice “tú,” y usa el artículo definido, “tú eres el maestro de Israel y ¿no conoces estas cosas?”

Entonces, aquí hay un hombre que es reconocido quizás públicamente como el maestro de Israel, de cierta prominencia. Un fariseo bien instruido en la ley. Él se acerca a Jesús y le dice: “sabemos que eres un maestro de Dios.” Aquí hay un hombre de gran estima, hay un hombre que reconoce su propio llamado. Pero reconoce a uno que está significativamente por encima de él en entendimiento. Entonces, él viene a Jesús y le dicen el versículo 2: “sabemos que eres un maestro que ha venido de Dios, porque nadie puede hacer los milagros que Tú haces a menos de que Dios esté con Él.”

Y él nunca dice lo que está en su corazón. Él no hace una pregunta. Pero Jesús lee su corazón y “Jesús respondió”. Esa es una afirmación interesante porque él no preguntó nada. Él simplemente dijo “Tú eres un maestro” y procedió a decir “vienes de Dios, sabemos eso.” Pero Jesús respondió la pregunta en su corazón y dijo “de cierto, de cierto te digo que a menos de que un hombre nazca de nuevo, un” no puede ver el Reino de Dios. Y Él sabía lo que estaba en el corazón de Nicodemo. Y lo que era es: ¿cómo entro en el Reino? Aquí había un hombre que era un maestro en Israel, un fariseo. Tenía todo a su favor en términos religiosos, pero sabía que no había entrado verdaderamente al Reino de Dios.

¿Cómo sabía que no había entrado? Porque no había nada adentro de él que confirmara esto. Entonces, viene Jesús y la pregunta de su corazón es ¿qué hago para entrar al Reino? Y la explicación sería: soy religioso, estudio la ley, trato de vivir según el código del Antiguo Testamento. Soy un hombre ético, soy un hombre confiable, soy un hombre respetable. ¿Qué necesito añadir a mi vida para entrar al Reino? Y Jesús dijo “no añades nada. Comienzas de nuevo. Simplemente, matas todo y comienzas con el nacimiento. Tienes que nacer de nuevo.” Nicodemo le preguntó cómo un hombre podía nacer de nuevo cuando era viejo.

Ahora, él no está preguntando lo físico. ¡Por favor! Él no está diciendo “físicamente, ¿cómo regreso y nazco?” Él sabe de qué está hablando Jesús. Él simplemente está siguiendo con el mismo lenguaje velado, en términos parabólicos habla de meshal, el tipo de palabras que usaban. Y él está siguiendo esa misma metáfora, esos mismos términos descriptivos que Jesús está utilizando. Y él está diciendo cómo es que alguien, teniendo tantos años en una religión, tantos años siguiendo un código, tantos años ahora como fariseo y rabino y maestro de la ley, cómo ahora llega y deshace todo esto y comienza desde el principio. Eso es lo que está diciendo.

Y si alguna vez le ha dado usted testimonio a un judío ortodoxo de cualquier edad, usted entenderá esta manera de pensar. ¿Cómo puedo llegar a desenredar toda esta búsqueda de toda la vida de religión y comenzar de nuevo? Eso era lo que estaba en la mente de Nicodemo. ¿Puede entrar en el vientre de su madre otra vez y nacer? Y en este punto él está hablando en términos figurados como Jesús. Él está diciendo de nuevo, de manera coherente con la analogía que Jesús estaba utilizando, ¿cómo puedo nacer de nuevo espiritualmente? Él sabe que Jesús está hablando espiritualmente. ¿Cómo lo puedo hacer? ¿Cómo puede suceder? Y Jesús le dice básicamente que no lo puede hacer. No lo puedes hacer, Nicodemo. De cierto, de cierto te digo, a menos de que un hombre nazca de agua y el Espíritu, él no puede, ¿qué? Entrar al Reino de Dios. Él dice que no lo puede hacer. Tiene que ser hecho mediante agua y el Espíritu. Tiene que ser realizado por un poder y un recurso que está fuera de ti mismo. Afuera de ti. Y ese poder es el agua y el Espíritu.

Ahora, ¿a qué se refiere eso? Ese es el agua de la salvación. Yo creo que, si usted regresa por un breve momento a Ezequiel 36, usted verá a Jesús hablándole a Nicodemo en términos muy conocidos. Él conocía el Antiguo Testamento. Él conocía la promesa de Ezequiel 36, versículo 25: “rociaré agua limpia sobre vosotros”. ¿Quién es el que va a rociar? Dios. Este es un acto soberano. “Y seréis limpios de su inmundicia y de todos vuestros ídolos. Y Yo os limpiaré.”

Lo que él le está diciendo a Nicodemo es esto: Número uno, Dios te debe limpiar de manera soberana. En segundo lugar, viene mediante el Espíritu Santo. Necesitas una salvación soberana que viene de afuera de ti. Así como Ezequiel profetizó, agua limpia, limpiando tu impiedad, tu inmundicia.

Pablo, escribiéndole a Tito, habla del lavamiento del agua mediante la Palabra. El agua de la regeneración, versículo 26, “y un nuevo corazón os daré y un nuevo espíritu colocaré dentro de vosotros. Quitaré el corazón de piedra de vuestra carne y os daré un corazón de carne.” Después esto, “colocaré Mi Espíritu dentro de vosotros y haré que desde adentro caminen en Mis estatutos. Guardareis Mis ordenanzas y las haréis.”

Entonces, cuando Jesús le dice a Nicodemo que debe hacer del agua y el espíritu para entrar al Reino, él está llevando a Nicodemo de regreso a Ezequiel 36 y diciéndole “tú sabes lo que el profeta dijo, necesitas una limpieza soberana que viene de Dios afuera de ti y la implantación de Su Espíritu Santo en tu corazón para darte una nueva vida y un nuevo corazón y una nueva motivación.” ¿Por qué? Versículo 6, “si tratas de hacerlo por ti mismo, aquello que es nacido de la carne es ¿qué? Lo único que vas a hacer es reproducirte a ti mismo. Más de ti. Pero aquello que es nacido del Espíritu es ¿qué? El Espíritu. Entonces, no te sorprendas de que te he dicho os es necesario nacer de nuevo. No te sorprenda.

Después, Él dice: “el viento sopla de donde quiere y oyes su sonido y no sabes de dónde viene y a dónde va.” Así es todo aquel que es nacido del Espíritu. ¿Sabe usted qué es lo que está diciendo aquí? Él está diciendo “no puedo decirte cómo o cuándo el Espíritu Santo hace esto, pero este es un acto soberano del Espíritu Santo. No puede ser rastreado. Ni siquiera puedes verlo venir o yéndose, pero el Espíritu de Dios se mueve en donde Él quiere y da nuevo nacimiento a quien Él quiere como el Dios soberano mediante la agencia del Espíritu, mediante el lavamiento del agua de la palabra en la regeneración, limpia el corazón, implanta al Espíritu dentro de un hombre. Lo que necesitas, Nicodemo es una nueva vida y ese es un acto soberano de Dios.”

Simplemente, lo que Jeremías 24 dijo en el versículo 7 en donde Dios dijo: “Yo les daré un corazón para conocerme.” Una nueva naturaleza, un nuevo corazón, una nueva vida. Si alguno está en Cristo, 2 Corintios 5:17, “nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

Entonces, lo que estoy diciendo aquí es que un nuevo nacimiento es esencial. Eso es lo que es la salvación. Es Dios descendiendo soberanamente a un pecador y por Su gracia, limpiando a ese pecador, implantando Su Espíritu en ese pecador de tal manera que la limpieza de ese pecador se encarga de su relación con Dios y la implantación del Espíritu se encarga de su poder para vivir en la voluntad de Dios. Y ése es el propósito de la regeneración.

Ahora, quiero hacer cuatro preguntas en nuestro versículo. Santiago 1:18. Regresemos. Esa fue introducción. Santiago 1:18, quiero hacerle cuatro preguntas de la regeneración. Preguntas muy simples y no nos va a tomar más que un tiempo breve responder las cuatro. En primer lugar, ¿qué es? Acabas de decir que el hombre no puede conocer a Dios sin santidad. El hombre no es santo. El hombre no reconoce su impiedad y cuando la reconoce, tiende a culpar a Dios. ¿Cómo es que él va a llegar a salir del dilema? Él está aquí culpando a Dios por ello o no reconociéndolo. ¿Cómo es que él va a cambiar? Bueno, dice usted, alguien le trae a él estándares más elevados, alguna ética más elevada, una ley que supuestamente debe guardar y lo hace por sí mismo. No. Aquello que la carne produce es más carne.

Entonces, lo que tiene que suceder, es que él necesita la intervención divina de un Dios soberano, quien por Su Espíritu entra, lava su pecado, implanta una nueva vida en él. Le da a Su Espíritu para activar esta nueva vida a la obediencia. Ese es un acto soberano. Esa es realmente la regeneración.

Pero entremos a este versículo y veamos las cuatro preguntas. Pregunta número uno: ¿qué es? ¿Cuál es la naturaleza de la regeneración? Y ya hice referencia a esto, de hecho, ya cubrimos una gran porción. Pero esto es simplemente una frase, “Él de Su voluntad nos hizo nacer”. Esa es la naturaleza de la regeneración. Es Dios dándonos a luz, dando nacimiento a nosotros como seres nuevos. Usted no es lo mismo. Usted es una creación totalmente nueva. Es el mismo verbo, por cierto, actualmente el mismo que se usa en el versículo 15. Dios, cuando Él concibe, produce la regeneración, produce la vida nueva. Es el mismo verbo. Está en el tiempo aoristo entonces, mira hacia atrás, hacia el momento de la salvación cuando nacimos mediante un Padre divino y se nos dio vida nueva como hijos de Dios.

Ahora, si usted quiere una definición técnica para “nos hizo nacer”, aquí hay una que creo que es excelente. Es dada por el teólogo Berkhoff hace muchos años atrás. Pero realmente lo dice: “la regeneración es ese acto de Dios mediante el cual el principio de la vida nueva es implantado en el hombre y la disposición gobernante de su alma es hecha santa.” Esa es una gran definición. “La regeneración es ese acto de Dios mediante el cual el principio de vida nueva es implantado en el hombre y la disposición gobernante de su alma es hecha santa.”

Esta es una transformación total. Eso no se oye para nada como Romanos 3, ¿verdad? O para nada como Efesios 2:1 al 3. De hecho, Pedro dice que nos volvemos participantes de la naturaleza divina. Dios nos da Su propia vida, Su propia virtud justa, Su propia santidad es implantada en nosotros. Simplemente, es un pensamiento tremendo: como cristiano, usted y yo poseemos la naturaleza misma de Dios, 2 Pedro 1:4. Somos participantes de esta naturaleza divina.

Ahora, en su plenitud, todavía estamos por recibir todo lo que eso implica. Pero ya ese principio de vida nueva es implantado en nosotros. Esto es completado en un momento del tiempo. No es un proceso. Es un acontecimiento. Es un acto mediante el cual Dios lo hace a usted nuevo. Es una obra secreta. No puede ser percibida. Esa es la razón por la que no podemos, en las palabras de Jesús, identificar al trigo de la cizaña. Porque este acto en particular es imperceptible. Es conocido únicamente mediante su efecto. Nosotros no podemos ver a Dios recreando a alguien. Ese es un milagro divino, invisible al ojo humano.

Pero implanta en la persona un nuevo principio de vida y una nueva disposición que es capacitado y es motivado y llevado a guardar la ley de Dios. Maravilloso. Supera la mortandad del pecado. Y la naturaleza mortal del pecado. Ya no estamos sujetos al pecado, dice Pablo en Romanos capítulo 6, el pecado ya no tiene dominio sobre nosotros. Ahora nosotros seguimos a un nuevo Amo de manera dispuesta y con anhelo.

Jesús dijo en Juan 10, “Yo he venido para que tengan” ¿Qué? “vida.” ¿Qué es lo que los hombres muertos más necesitan? Vida. Y entonces, Él viene para darnos vida nueva. Entonces, ¿qué es la regeneración? ¿Qué es? Nos hizo nacer. ¿Qué es lo que eso significa? Él nos dio vida nueva. Transformación total de la persona interna.

Segunda pregunta: ¿Quién lo hace? Bueno, eso ya se lo dije a partir de Juan capítulo 3. ¿Quién lo hace? Regrese una vez más al capítulo 18. Él de Su voluntad nos hizo nacer. Él, siendo Dios Padre, mencionado en el versículo 17 como la fuente de toda buena dádiva y todo don perfecto, Él de Su voluntad, está al principio en el griego en el versículo, lo cual lo coloca en la posición enfática mostrando que la voluntad soberana de Dios es la raíz de esta nueva vida. No podía ser de otra manera, porque ¿cómo es que una persona muerta se va a dar vida a sí misma? Es imposible. La fuente de vida nueva es Dios. Dios. Es la gracia del Dador, no es el deseo del receptor. Ese deseo del receptor es motivado por la gracia del Dador. Entonces, de manera total, es la decisión y la obra del Dios todopoderoso. Si yo soy salvo y usted es salvo, ¿quién recibe todo el crédito? Dios. Lo alabamos.

Regrese a Juan 1:12. Y quiero agregar un poco más a este pensamiento. Usted dice, “pero espera un momento, ¿acaso yo no recibí a Cristo?, ¿acaso yo no creí?” Claro, creyó. Usted creyó y lo recibió. Observe el versículo 12 de Juan 1. “Más a todos los que Le recibieron les dio potestad o la autoridad de ser hijos de Dios. A los que creen en Su nombre.” Usted dice: “eso es correcto. Yo creí y yo recibí. ¿Acaso yo no hice eso? ¿Acaso yo no inicie eso?” Observe el versículo 13: “los cuales son engendrados,” o nacidos no de sangre, no hablando de un nacimiento humano ni de la voluntad del hombre, sino de ¿quién?, “sino de Dios.” Usted creyó y usted recibió porque fue la voluntad de ¿quién? De Dios. Es algo soberano. Si usted creyó, si usted recibió, detrás de todo esto, estuvo la voluntad soberana determinante de gracia de Dios.

Ningún hijo jamás ha nacido en el mundo humanamente hablando, porque él o ella quiso nacer. ¿Es correcto? El nacimiento de un hijo estrictamente es la decisión de los padres. No de los hijos que no han nacido. El nacimiento espiritual es análogo a eso. Es la decisión del Padre Divino soberano. “Ninguno puede venir a mí,” dijo Jesús, “a menos de que el Padre” ¿qué? “Lo traiga.” A menos de que el Padre lo traiga. Inclusive la fe misma que ejercemos es concedida por gracia por parte de Dios.

Entonces, nuestra experiencia consciente de la conversión, nuestra experiencia consciente de entregar nuestra vida a Jesucristo, de creer en Su muerte y resurrección, de abrirle nuestros corazones para recibirle, de creer el Evangelio, todo eso es una consecuencia de Su voluntad soberana.

Amados, cuando se detienen a pensar en que fueron salvos porque Él predeterminó en la eternidad pasada el salvarlo, eso es algo maravilloso. Dios, en Su gracia y amor, predeterminó tener una relación de amor eternamente íntima con usted. Simplemente, porque eso es lo que Él quiso. ¡Maravilloso! Juan lo expresó de esta manera: “nosotros le amamos a Él porque Él” ¿qué? “Nos amó primero.” Un hijo ama a un padre humano como una respuesta al amor y cuidado paternal o maternal y la vida que le dieron a ese hijo. Y debido a que Dios ha determinado salvarnos, debido a que Dios decidió darnos vida nueva y una naturaleza santa, es absolutamente imposible, dice Santiago, que Él pudiera llegar a meternos o llevarnos a pecar. ¿Se da usted cuenta de lo incongruente que es esto? ¡Qué pensamiento tan emocionante! Él los predestinó para amarnos. Para darnos vida nueva, para que tuviéramos comunión eterna con Él. Y Él anhela que nosotros estemos en Su presencia. Y cuando vamos a Su presencia, Él nos va a ver como Su propio Hijo y Él va a derramar bendición eterna sobre nosotros, Sus hijos, por los siglos de los siglos de los siglos.

No es sorprendente que Juan dice en 1 Juan 3 “mirad el amor que el Padre nos dio para que fuésemos llamados hijos de Dios.” Él ni siquiera puede pensar en un adjetivo. Es absolutamente indescriptible. Él simplemente dice: mirad cuál amor nos ha dado el Padre. Él ni siquiera podía pensar en un adjetivo para describir este tipo de decisión soberana libre, predeterminada de amar.

Ahora, regresando a Santiago 1:18, simplemente un pensamiento más acerca de este punto en particular. Cuando él dice “de Su voluntad,” usa la palabra boulētheis,aoristo participio. No es sólo un deseo, sino que es una voluntad activa de lograr algo. No es que Dios sólo lo está deseando. Él desea que seamos salvos. Es que Él lo quiere al punto de que, de hecho, sucede.

¿Me permite decirle algo que es muy profundo en términos teológicos? Esto es lo que diríamos que es la voluntad productiva de Dios. Esto es: cuando Él lo determina, sucede. No es un deseo. Usted puede desear algo, “¡oh… me gustaría!, ¡Cómo me gustaría que esto pasara!” Y quizás, realmente no sucede. Está muy distante de lo que sucederá. O podría decir quiero que esto pase porque está dentro de su poder, que esto pase. Esta es la intención de la palabra aquí. El deseo de Dios produce el fin de ese deseo.

Entonces, ¿qué es la regeneración? Es Dios recreándonos. ¿Y quién lo hace? Dios lo hace mediante Su poder soberano y nosotros respondemos a Su gracia.

Tercera pregunta, muy bien, hemos preguntado qué y quién. Aquí está la tercera: ¿Cómo sucede? ¿Cómo sucede? Usted dice’ bueno, Dios simplemente desciende y ¡bam!, usted simplemente es salvo.’ ¿Qué sucede? ¿Cómo sucede? Bueno, veamos nuevamente el versículo. Versículo 18: “Él, de Su voluntad, nos hizo nacer,” aquí viene, “por la palabra de verdad.” O con la palabra de verdad. O, literalmente, por la palabra de verdad. Eso significa la Palabra de Dios, las Escrituras. Como puede ver, Dios nos regenera y nos lava y nos limpia y nos da una nueva persona interna e implanta un espíritu en nosotros mediante el poder de Su ¿qué? De Su palabra. De Su palabra. Los hombres nacen de nuevo mediante el poder de la Palabra. Si usted no oye la Palabra, usted no oye el mensaje que salva.

En 1 Tesalonicenses 2:13 Pablo está felicitando a los Tesalonicenses por cómo respondieron a la predicación de la Palabra de Dios. Él dice: “por esto damos gracias a Dios sin cesar, porque cuando recibisteis la Palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la Palabra de Dios,” escuche esto, “la cual actúa en vosotros los creyentes.” Es la palabra que opera con un corazón creyente. Dios, soberanamente se mueve para redimir. Una persona responde al estar expuesta a la Palabra con fe y la salvación se lleva a cabo.

La voluntad de Dios entonces, de la salvación, es traída al corazón de una persona mediante un entendimiento de la Palabra mezclada con fe y la regeneración se lleva a cabo. ¿Cómo sucede eso? Sucede mediante la Palabra de Dios. Y de nuevo, le recuerdo Tito 3:5, “no por obras de justicia que hayamos hecho,” no recibimos la salvación y una nueva vida al hacer cosas, al tratar de obedecer a Dios en la carne, sino según Su misericordia, Él nos salvó, escuche esto, por el lavamiento de la regeneración y la renovación del Espíritu Santo. Ahí están las mismas dos cosas, el lavamiento del agua de la Palabra y la implantación del Espíritu Santo. Esa es la obra soberana de Dios. Entonces, la Palabra de Dios es el punto.

Ahora, permítame tomar esa frase en mayor profundidad. La Palabra de verdad; la Palabra de verdad. Esa designación en particular es utilizada varias veces en el Nuevo Testamento. En 2 Corintios 6:7, usted no necesita buscar esto, simplemente se las voy a mencionar. Dice: “por la Palabra de verdad, por el poder de Dios, y sigue. En Colosenses 1:5 él dice: “del cual oísteis antes,” escuche esto, “la Palabra de la verdad del Evangelio.” La palabra de la verdad del Evangelio. Y ahí la palabra de la verdad está específicamente ligada al Evangelio.

Por cierto, 2 Timoteo 2:15 también menciona la Palabra de verdad, “que usa bien la Palabra de verdad”. Entonces, la Palabra de verdad en general es la Palabra de Dios. Es aquello que Dios nos trae para presentar, explicar, para darnos un entendimiento de Su revelación de sí mismo. De manera específica, en base a Colosenses 1:5, podríamos llamar a la Palabra de la verdad del Evangelio.

Ahora, con eso en mente regresamos a Santiago y podemos simplemente decir que no estaría fuera de lugar decir que nacemos de nuevo con la palabra de Verdad, no sólo la revelación general de Dios sino como Colosenses 1:5 dice, su revelación específica del Evangelio.

Y usted pregunta qué es el Evangelio. Las buenas noticias de que Jesús vino, murió y resucitó, de tal manera que la gente es salvada cuando Dios, soberanamente, determinar darles nuevo nacimiento, darles una naturaleza nueva para lavar su pecado e implantar su Espíritu en ellos. Él extrae un entendimiento de eso mediante el conocimiento que viene en el Evangelio que es predicado, que les es dado. Eso mezclado con fe resulta en el nuevo nacimiento.

En Romanos 10:17, simplemente estoy tomando algunas Escrituras relacionadas que vienen a la mente que creo que se relacionan con esto conforme en cierta manera estamos terminando, pero en Romanos 10:17, recuerde esto, ¿cómo pues invocarán a Aquel en quien no han creído y cómo creerán en Él de quien no han oído? y ¿cómo oirán sin un predicador? y después, él dice ¿y cómo predicarán, a menos de que sean enviados? Y demás. Está hablando acerca de cómo necesitamos tener predicadores. ¿Cómo van a oír si no tienen un predicador? ¿Cómo vamos a enviar a alguien si no hay alguien a quien enviar? La gente debe tener un predicador. “Cuán hermosos,” citando de Isaías, “son los pies de los que predican el Evangelio.”

¿Qué tan importante es predicar? ¿Por qué? Porque en el versículo 17, la fe viene por el oír un discurso acerca de Cristo. Esa es la expresión griega correcta del 10:17. La fe viene por el oír el Evangelio de Jesucristo, Romanos 10:17. Entonces, Dios soberanamente salva al moverse en una vida y recrear esa vida, pero eso se lleva a cabo cuando una persona oye y entiende el Evangelio y está mezclado con fe. Y eso produce el nuevo nacimiento. ¿Qué es? Es transformación total. ¿Quién lo hace? Dios lo hace mediante Su propia voluntad soberana. ¿Cómo sucede? Al oír y creer en el Evangelio de Jesucristo, que Él murió en la cruz y resucitó, eso viene mediante la Palabra de Dios revelada.

Otra Escritura acerca de esto es 1 Pedro 1. “Siendo nacidos de nuevo” dice, y aquí está la definición del medio. “Siendo renacidos no de simiente corruptible,” él no está hablando acerca del nacimiento humano sino de incorruptible, y aquí viene, “por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.” Por la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Por la carne, usted no puede tener un nuevo nacimiento en la carne. Es simplemente como la hierba; y la gloria del hombre es como la flor de la hierba. La hierba se seca y la flor se cae. La carne no puede producir nada que dure. Pero la Palabra del Señor permanece para siempre. Ahora escuche esto, “y esta es la palabra que por el Evangelio os ha sido predicada.” Y de nuevo, él dice: “ustedes nacen de nuevo mediante la Palabra, y la palabra mediante la cual ustedes nacen de nuevo es por el Evangelio y el Evangelio es la historia de la muerte y la resurrección de Jesús.”

Entonces, Dios escoge soberanamente redimir, desciende, limpia el corazón, implanta SU Espíritu; pero para hacer eso, el corazón debe comprender el Evangelio conforme es predicado claramente y esa comprensión mezclada con fe trae vida nueva, vida nueva. Ahora, si algo va a cambiar en nosotros, Dios lo debe hacer. Pero también debemos nosotros responder al Evangelio.

Ahora, eso nos deja con una pregunta. Una pregunta. ¿Por qué se hace? ¿Por qué? ¿Por qué se molesta Dios en hacer esto? Sabemos quién, sabemos cómo, pero ¿por qué? ¿Cuál es el propósito de hacernos nuevos? Al final del versículo 18, esto es maravilloso. “Para que seamos primicias de Sus criaturas.” ¡Hombre, qué afirmación! Realmente, podríamos ver esta en profundidad. Las ramificaciones de esto simplemente son tremendas.

Para que seamos. Esta es una cláusula de propósito, con el propósito de producir un nuevo tipo de creación. Eso es lo que Dios quiere. Dios quiere un nuevo tipo de creación. Y nosotros somos las primicias de eso. Eso es maravilloso. ¿Qué son primicias? Bueno, si tuviéramos el tiempo y no vamos a tomar el tiempo, podríamos estudiar el Antiguo Testamento y podríamos ver Éxodo 23:19, Levítico, capítulo 23, Deuteronomio, capítulo de 18, Deuteronomio, capítulo 26, eso habla de primicias. Cuando usted plantaba una cosecha, Dios dijo: “quiero sus primicias.” Las primicias significaban dos cosas: quiero lo primero en orden y quiero lo mejor.

Cuando levanten esa cosecha, tráiganme una ofrenda y quiero lo primero que cosechen y eso va a mostrar que ustedes viven por fe, porque si ustedes toman lo primero, la tendencia para un granjero es tomar lo primero que él cosechó y él lo almacena en caso de que nada más salga. Entonces, “me traen lo primero y me traen lo mejor”. Esas son las primicias. Lo primero de una cosecha completa que viene después, y eso es exactamente lo que significa aquí.

Él dice, “quiero que ustedes,” y esto es emocionante, “sean lo primero y lo mejor indicando de una cosecha entera que está por venir más adelante.” Eso es maravilloso. Ahora, escúcheme con atención, ¿se da cuenta usted de que la gente del mundo no continuará como lo son ahora? ¿Sabe eso? ¿Sabe usted que nos dirigimos a una transformación total del mundo como lo conocemos? ¿Sabe usted que esta operación entera sobre la tierra se va a quemar y la Biblia nos dice que el Señor va a recrear esta tierra como Él quiere? Él, a Su semejanza, va a hacer una creación nueva, todo va a nacer de nuevo, todo. Los hombres y las mujeres y el polvo y los montes y los valles y el agua y el pasto y las plantas y los animales y todo. De hecho, va a hacer un nuevo cielo y una nueva tierra. Está por venir una creación nueva y nosotros, simplemente somos la primera evidencia de esto.

Como Pablo dice en Romanos 8, el mundo aún ni siquiera sabe lo que vamos a ser, porque todavía estamos velados en nuestra carne y esperando la manifestación de los hijos de Dios cuando sea claro para todo el mundo lo que realmente somos. Eso es algo emocionante, saber que soy eso en ese aspecto. Yo soy una muestra como un cristiano y usted también de lo que está por venir. Simplemente, somos la primera probada de la nueva creación. Es increíble. Somos de Él. Y Él nos recrea como símbolos, como ejemplos, como ilustraciones de Su creación nueva que está por venir.

¿Quiere saber cómo va a ser el futuro? Le voy a decir cómo va a ser. Va a ser como nosotros, totalmente nuevos por dentro. Va a ser como nosotros después de que también recibamos lo nuevo por fuera. Pero simplemente, somos las primicias. ¿Qué es eso? Las primicias es la promesa de la cosecha completa. La promesa de la cosecha completa. Y nosotros somos las primicias. ¡Qué pensamiento! Dios dice: “quiero tomarlos para que sean mi posesión especial. Quiero tomarlos para que me pertenezcan a Mí. Para que sean símbolos de la creación nueva, completa que está por venir.”

¿Se da cuenta de que aquí estamos en esta pequeña Grace Community Church, en este pequeño puñado de paredes en esta noche y el mundo no tiene idea de lo que somos, pero simplemente somos primicias de una creación nueva increíble, cuando Dios vaya a recrear el cielo en su totalidad y la tierra en su totalidad? Simplemente, somos las primicias.

La creación, dice en Romanos 8, está gimiendo esperando su recreación. Y también nosotros estamos gimiendo por esa recreación. No de nuestra alma, eso ya pasó, sino de nuestros ¿qué? De nuestros cuerpos en donde cuelga la carne. Esta vida nueva que tenemos en Cristo es una prueba de la gloria futura, cuando el universo entero será recreado.

Entonces, ¡qué privilegio tan maravilloso disfrutamos! ¿Qué es la regeneración? Es recreación. Haciéndonos totalmente nuevos en el interior. ¿Quién lo hace? Dios lo hace soberanamente. ¿Cuándo sucede o cómo sucede? Sucede cuando oímos con corazones que creen la Palabra del Evangelio y, Dios mezcla su fe con Su poder soberano y nos transforma. ¿Y por qué lo hace? Porque debemos sobresalir en el mundo como ejemplos vivos de la dirección a la que este mundo se dirige cuando Él lo vuelva a crear.

Ahora, colocando esto de regreso en el contexto de Santiago, intente decirme ahora que Dios quiere que pequemos y le voy a decir a usted que le falta un tornillo. No hay manera alguna en la que Dios quiera que usted peque. No hay manera en la que Él esté contento con su pecado. Él lo creó a usted para ser un modelo de una sociedad sin pecado. Eso es lo que Él quiere. Entonces, cuando usted peque, no lo culpe a Él. Culpe a quien debe culpar, a su carne. Y anhele el día cuando su carne sea redimida. Eso es lo que significa nacer de nuevo. Y tenemos mucho por qué alabar a Dios. Inclinémonos en oración.

Padre nuestro, titulamos al mensaje de esta noche: Nacidos para ser Santos. Y, de hecho, estamos comprometidos con eso. Hemos sido hechos nuevos, para que nosotros, que éramos impíos, seamos santos. ¡Qué verdad tan tremenda es esa! Padre Te damos tantas gracias por hacernos los símbolos de Tu creación nueva. Y Padre, oramos porque brillemos como luces en el mundo. Como aquellos que han sido redimidos, que estemos tan agradecidos que vivamos de tal manera como para representar de manera apropiada esa creación nueva entera de la cual no somos más que las primicias.

Perdónanos por esos momentos cuando te hemos culpado por nuestro pecado. Y ayúdanos a reconocer que es Tu deseo recrearnos para la santidad. Y ayúdanos a buscar eso con todas nuestras fuerzas y en el poder del Espíritu. Y Padre, si hay alguno en nuestra comunión en esta noche que no ha venido a Cristo, que no ha nacido de nuevo, que aún no ha recibido el principio de vida, que no ha sido cambiado en el interior, que no ha sido lavado de todo su pecado y que no ha recibido un nuevo espíritu y una nueva persona interior, un nuevo principio de vida, quien no ha recibido al Espíritu Santo para que viva en ellos, que no son Tus amados especiales y Tu posesión íntima, Tus primicias y una promesa de un nuevo universo entero. Oh Señor, que ésta sea la noche cuando abrazan a Jesucristo. Que crean en el que murió en la cruz por ellos, derramó Su sangre para pagar el castigo de su pecado. Resucitó en el tercer día para su salvación. Que crean en el Jesucristo viviente y que experimenten esa gloriosa misericordia soberana y la gracia y el gozo de ser las primicias, de ser ejemplos vivientes de la regeneración venidera. Oh Dios, ayúdanos a nosotros que Te conocemos a vivir al nivel de quienes somos. Y que representemos de manera apropiada en este mundo lo que está por venir en el futuro. Oramos en el nombre de Cristo. Amén.

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6/17 – Siete vacas flacas

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

6/17 – Siete vacas flacas

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

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Job

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Job

R.C.Sproul

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Cuando pensamos en las obras del teólogo Juan Calvino, el reformador suizo, pensamos en sus comentarios, pensamos en las Instituciones y, en todos aquellos grandes volúmenes de teología que salían de su pluma.

Pero creo que una de las cosas más maravillosas que Calvino jamás haya producido fue un volumen de sermones basados en el libro de Job.

Es magnífico y aquellos de ustedes que luchan por comprender este importante libro sapiencial en el Antiguo Testamento, creo que estarían encantados de estudiar las ideas que son proporcionadas por Calvino en ese libro. El libro de Job es un libro que nos afecta a todos, ya que toca la interrogante: «¿Por qué hay sufrimiento en este mundo?»

Esta es quizás la pregunta más profunda que tenemos que enfrentar como cristianos. ¿Por qué es que vivimos en un universo que se rige y es gobernado y ha sido creado por un ser que es absolutamente perfecto y sin embargo, este mundo está lleno de imperfecciones y de dolor y de fatiga?

¿Dónde está Dios en todo esto? Ese es el motivo central del libro de Job. El escenario donde Job se lleva a cabo, es en el período patriarcal, en la antigüedad; es decir, si entendemos a Job como un verdadero personaje histórico, asumiríamos que vivió en algún momento cerca del tiempo de Abraham o Isaac o Jacob, en aquellos días de la antigüedad.

Muchos estudiosos creen que el Libro de Job nunca, nunca tuvo la intención de ser un relato histórico de una persona real porque hay tanta naturaleza poética en el libro; y algunos lo ven como una parábola extendida o una fábula o algo por el estilo.

Pero la tradición está a favor de la creencia de que el libro de Job está tratando de comunicar la historia de una persona histórica real que tuvo un encuentro real con Dios. De nuevo, una de las razones por las que la gente piensa que es ficción es que parte de esa forma literaria de Job sigue la de un drama, una obra con escenas y actos y demás.

Hay prolongados soliloquios y diálogos, etc – y la historia. En el primer capítulo después de darnos una breve introducción al personaje principal, Job, abre el telón más o menos dentro de los cielos mismos. Y desde aquí tenemos un vistazo de las cámaras interiores de la residencia de Dios, lo que también ha llevado a la gente a pensar que nunca fue la intención el ser una biografía histórica.

Pero veámoslo desde el principio. En el capítulo uno del libro de Job leemos esto: «Hubo un hombre en la tierra de Uz llamado Job; y era aquel hombre intachable, recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Y le nacieron siete hijos y tres hijas.  Su hacienda era de siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas y muchísima servidumbre; y era aquel hombre el más grande de todos los hijos del oriente”.

Lo que se está describiendo aquí en este libro, en el vívido retrato del personaje principal, es un hombre de enorme riqueza. Se le representa como el hombre más próspero de su tiempo. Abraham fue uno de los hombres más ricos de su época, pero la descripción aquí parecería indicar que incluso la riqueza de Abraham fue empequeñecida por la prosperidad que poseía este hombre, Job.

Leemos: «Sus hijos solían ir y hacer un banquete en la casa de cada uno por turno, e invitaban a sus tres hermanas para que comieran y bebieran con ellos. 5 Y sucedía que cuando los días del banquete habían pasado, Job enviaba a buscarlos y los santificaba, y levantándose temprano, ofrecía holocaustos conforme al número de todos ellos. Porque Job decía: Quizá mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en sus corazones. Así hacía Job siempre».

Ven que él es descrito no sólo como el hombre más rico de la era sino también como el hombre más piadoso de la época, y eso puede ser chocante para nosotros porque Jesús nos dice en el Nuevo Testamento lo difícil que es para aquellos que poseen riquezas el entrar en el reino de Dios.

Si bien, tenemos ejemplos en las Escrituras de personas que fueron fabulosamente ricas quienes no permiten que su riqueza corrompa su devoción a Dios, eso hace que sea aún más sorprendente que el libro describa a un hombre que, a pesar de su abrumadora riqueza, sigue siendo santo y dedicado y justo delante de Dios.

Pues bien, el escenario está listo para el conflicto del drama. Versículo 6 del capítulo 1, “Hubo un día cuando los hijos de Dios vinieron a presentarse delante del Señor, y Satanás vino también entre ellos.

Y el Señor dijo a Satanás: ¿De dónde vienes? Entonces Satanás respondió al Señor, y dijo: De recorrer la tierra y de andar por ella. Y el Señor dijo a Satanás: ¿Te has fijado en mi siervo Job? Porque no hay ninguno como él sobre la tierra, hombre intachable y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.

Respondió Satanás al Señor: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No has hecho tú una valla alrededor de él, de su casa y de todo lo que tiene, por todos lados? Has bendecido el trabajo de sus manos y sus posesiones han aumentado en la tierra.

Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, verás si no te maldice en tu misma cara. Entonces el Señor dijo a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu poder; pero no extiendas tu mano sobre él”.

Así que, en esta escena del drama que tiene lugar en el cielo, Satanás entra a la presencia de Dios después de caminar de un lado a otro sobre la tierra, mirando su dominio.

Él es el príncipe del poder del aire y Dios dice, «¿Qué has estado haciendo?». Él dijo, «He estado mirando la tierra». Es como si Satanás tuviera una alegría diabólica en reportar, ya sabes.

Es como si estuviera diciéndole a Dios: ‘He estado mirando mi dominio y todo está en mis bolsillos’. Todos me siguen. Y Dios dijo, «¿Has considerado a mi siervo Job?» Y el cinismo de Satanás brota de sus labios cuando dice, ‘Sí, Job. Claro que he considerado a tu siervo Job.

Le has dado a él toda bendición que un hombre puede recibir y le construiste un cerco a su alrededor, lo has protegido de enfermedad y de ladrones saqueadores. Le has dado una familia que es maravillosa. Le has dado posesiones y poder y prestigio, todas estas cosas. ¡Ah!

¿Sirve Job a Dios en vano? Él conoce las buenas cosas». ¿Qué está diciendo Satanás? Él dijo: «La única razón por la que Job es devoto a ti es por todo lo que él recibe».

Él dice, «Déjamelo a mí. Quítale el cerco, y este supuesto hombre recto te maldecirá en la cara».

Ahora recuerden que lo que sucede en una obra o en el teatro tiene que ver con conflicto. De eso se trata el drama, resolver conflictos, y aquí el conflicto empieza en el principio. Hay una competencia aquí entre los poderes del cielo y los poderes del infierno y puede parecer, en la superficie, que el pobre Job es un peón en esta disputa entre Dios y Satanás.

Así que, el libro se desarrolla y vemos que Satanás lanza su ataque y primero Job pierde su propiedad. Versículo 13 del capítulo 1, «Y aconteció que un día en que sus hijos y sus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en la casa del hermano mayor, vino un mensajero a Job y le dijo: Los bueyes estaban arando y las asnas paciendo junto a ellos, y los sabeos atacaron y se los llevaron. También mataron a los criados a filo de espada; sólo yo escapé para contártelo”.

Y luego se nos dice que – más tarde se nos dice que los Caldeos vinieron y robaron el ganado. Así que, primero sus sirvientes son asesinados y luego su ganado es robado por sus enemigos.

Ahora una de las cosas más importantes que esta parte de la historia revela es la relación de Dios con el humano malvado y con la malicia. Esto es muy importante para nuestro entendimiento de la providencia de Dios.

Algunos de ustedes recordarán que cuando vimos las vidas de los patriarcas y pensamos en José, por ejemplo, quien fue encarcelado y tratado injustamente por sus hermanos; y sin embargo cuando hubo la reunión al final del libro y los hermanos temían que José se fuera a vengar de ellos, José los miró a ellos y les dijo, «Vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tornó en bien».

Así que el punto es que incluso en las malas acciones y las malas elecciones y las malas decisiones del ser humano, como en el caso de los hermanos de José, sus decisiones, hubo un tipo de concurrencia donde corriendo lado a lado estaban las acciones y las voluntades de más de un grupo. La voluntad de Dios estaba siendo mostrada en la vida de José y la voluntad de Dios para José fue completamente recta.

Y aún así, al mismo tiempo la voluntad de los hermanos de José era destruir a José. Así que su intención era malvada.

Entonces, tenemos dos actores distintos aquí, Dios y los hermanos, y ambos están involucrados en la misma acción pero por motivos completamente distintos.

Ahora hacemos la pregunta: ¿quién es responsable de la muerta de los siervos de Job y de la pérdida de su propiedad? ¿Fueron los sabeos, los caldeos, el diablo o Dios? Bueno, solo puedo responder esa pregunta diciendo: sí, que todos estos son actores del drama.

Y puedes ver a los sabeos y los caldeos viniendo ante el trono de juicio de Dios y Dios dijo: ‘Sí, robaste el ganado de Job, sí, mataste a sus sirvientes.

¿Qué tienes que decir a tu favor? ¿Y cuál será su excusa? «El diablo nos hizo hacerlo’.  Y luego, cuando Satanás es traído delante del tribunal de Dios, Satanás puede temblar y decir: ‘Solo hacía la voluntad de Dios. Porque después de todo, Él tiene más autoridad y más poder que yo’. Y vemos aquí de nuevo el concepto de la concurrencia. No es como si Satanás obligó a los caldeos a que robaran el ganado de Job.

Eran ladrones de ganado desde el principio. Codiciaron la propiedad de Job toda su vida pero no podían conseguirlo porque Dios había puesto el cerco a su alrededor.

Y el minuto que el cerco fue quitado, Satanás los incitó, ellos están de acuerdo con eso y por tanto ayudaron y apoyaron al príncipe de la oscuridad con todo el corazón.  Así que las acciones de los caldeos, las acciones de los sabeos, y las acciones de Satanás son completamente malvadas. Ahora, ¿y Dios qué? De nuevo, vemos teodicea. El libro de Job en parte es una teodicea, un intento de justificar a Dios por la presencia del mal.

Pero los propósitos de Dios son traídos para pasar por el dolor y el sufrimiento de Job. Y de hecho, si hay una respuesta más simple para el tema básico del libro y la respuesta a la pregunta: ¿Por qué sufrimos?, la respuesta es para la gloria de Dios.

Ahora, recuerden que esta pregunta surge de nuevo en el Nuevo Testamento, en el noveno capítulo del evangelio de Juan, cuando hay un hombre que nació ciego y es traído a Jesús y los discípulos vienen con una pregunta teológica profunda para Jesús.

La pregunta es, ‘¿Por qué este hombre nació ciego? ¿Fue por su pecado o por el de sus padres?’ Ahora, Jesús responde eso tajantemente, y dice: ‘Ninguno. Sino para que el hijo de Dios sea manifiesto o glorificado en estas circunstancias’.

Pero noten que la pregunta que surge de parte de los discípulos asume que alguien debe haber pecado para que este hombre haya nacido ciego.

Porque lo que asumieron fue que el sufrimiento y el dolor en este mundo siempre son causados por el pecado. Y Jesús, en esta ocasión. tiene que explicarles que han hecho una suposición falsa.

Han cometido la falacia del falso dilema; o la falacia de uno u otro, o es el pecado de los padres o el pecado del niño. Jesús dice: ‘No, no es ninguno de esos’. Pero podemos entonces llegar a la conclusión, ‘Ah, bueno, entonces no hay relación entre el pecado y el sufrimiento’.

No, la Biblia lo dice muy claro, si no hubiera pecado en el mundo, no habría sufrimiento. El dolor, la muerte y el sufrimiento son todos parte de las consecuencias del mundo caído sobre el cual Dios permanece soberano.

Pero el error que los discípulos cometieron fue el de asumir que siempre habrá una correspondencia de uno a uno entre el sufrimiento de una persona y su culpa. Y es mejor no suponer eso.

Hay muchas razones por las cuales la gente sufre. En el Nuevo Testamento, algunas veces la gente sufre por amor a la rectitud, no por su propia culpa sino como consecuencia de su fidelidad a Dios es que sufren.

Algunas veces son llevados al sufrimiento por la mano de Dios para su propia santificación, ya que el dolor se convierte en el crisol para la santidad. Sin embargo, a veces Dios trae sufrimiento a las vidas de las personas, aún en la vida de los creyentes como escarmiento divino, como desaprobación y corrección, porque él nos ama. Así que no podemos asumir que el sufrimiento que encontramos está exactamente relacionado a mi pecado, pero tampoco puedo asumir que no tiene nada que ver con mi pecado.

Así que cuando estoy sufriendo miro al cielo y digo: ‘¿Por qué Dios, si esto es por algo que he hecho, me arrepentimiento’.

Pero esto es lo que pasa con Job. El sufrimiento se amontona, él pierde todo. Su cuerpo está lleno quemaduras, y está sentado sobre una colina de estiércol, y se está rascando su piel con pedazos de cerámica y está en total miseria.

Y así los amigos de Job vienen a él para darle guía y consejo. Y básicamente en este drama, la guía y el consejo de los amigos es esta: ‘Job, estás sufriendo más de lo que jamás hemos visto a alguien sufrir.

Eso solo puede suponer una cosa, eres el pecador más grande del mundo. Lo que necesitas hacer es confesar tus pecados y arrepentirte delante de Dios’.

Y Job está allí quebrantado y abatido y sangrando, y dice: ‘No sé qué confesar. No sé qué he hecho para merecer esto’.

Ellos dicen: ‘¡Ah!, ¿ves? eres orgulloso, eres arrogante, eres presumido, tiene que haber algo que estás escondiendo aquí porque ¿de qué manera podemos explicar estas calamidades?’

Y así, los amigos de Job son de poco consuelo. Entonces Eliú viene y solo predica muchos clichés a Job, muchos de los cuales son ciertos, pero las da de manera insensible y farisaica, y ahora hasta la esposa de Job tiene algo que decir. ‘Job, no soporto verte sufrir así. Maldice a Dios, y muere.

Te amo Job, pero prefiero verte muerto que teniendo que quedarte aquí sufriendo todas estas cosas. Así que, terminemos con esto, maldice a Dios’.

Recuerden la historia: «Quítale el cerco», dijo Satanás, «y haré que te maldiga en la cara». Dios dijo, «Adelante».

Y su propia esposa, ahora, ¿no es así cuando tratas de hacer las cosas bien? que las personas que más te aman y que tú más amas son precisamente quienes tratan de sacarte de ahí, porque no quieren verte sufriendo las consecuencias.

¿Quiénes trataron de detener a Jesús para no ir a la cruz?  ¿No fueron sus amigos más cercanos? “Maldice a Dios y muere”.  Job se rehúsa a hacerlo. Aunque me mate, aún confiaré en Él.

Eso no lo detiene de preguntar por qué; y él levanta su puño al cielo y exige una respuesta de Dios y el diálogo que se da entre Job y Dios al final del libro, el cual no es tanto un diálogo, sino que es más un monólogo o un soliloquio, donde Dios es el que habla más.

Capítulo 38, «El Señor respondió a Job desde el torbellino y dijo: ¿Quién es éste que oscurece el consejo con palabras sin conocimiento? Ciñe ahora tus lomos como un hombre, y yo te preguntaré, y tú me instruirás».

Aquí está Job diciendo, ‘¿Por qué, por qué, por qué, por qué?’ Y Dios se da vuelta y dijo, ‘¿Quién es este que oscurece mi consejo con ignorancia? Job, no sabes lo que estás diciendo’.

Y luego continúa humillándolo por así decirlo. Job, “¿Dónde estabas tú cuando yo echaba los cimientos de la tierra? ¡Dímelo!” ‘¿Dónde estabas cuando establecí el curso de las estrellas, el cauce de los ríos?’

Y Job está escuchando esta interrogación y finalmente no puede soportarlo. Y leemos en el capítulo 40, Dios dice: «¿Podrá el que censura discutir con el Todopoderoso? El que reprende a Dios, responda a esto».  Y aquí está la respuesta de Job. Job le responde a Dios diciendo: «Yo soy insignificante”. “Mi mano pongo sobre la boca. Una vez he hablado, y no responderé; aun dos veces, y no añadiré más».

Está bien, Dios, lo entiendo. Soy pecador, soy vil, tomaré mi mano y taparé mi boca y me callaré.  Y Dios dice: ‘Así está mejor, así es como debe ser. Ahora seré tierno’. No, Dios dijo: ‘Así es. Cállate. No he terminado contigo’. Y el interrogatorio continúa. ‘Prepárate y responde mis preguntas. ¿Anularás mi juicio? ¿Me condenarás para que seas justificado?’

Esa es la pregunta que todo cristiano tiene que enfrentar en la casa del sufrimiento. Para justificarte, ¿estás preparado para condenar a Dios? Luego Él dice: ‘¿Puedes pescar un Leviatán con una simple caña de pescar? Yo puedo. ¿Puedes quitar el cinturón de Orión? Yo puedo. ¿Puedes poner las estrellas en su lugar? Yo puedo.

Y finalmente, Job habla en el capítulo 42: «Yo sé que tú puedes hacer todas las cosas, y que ningún propósito tuyo puede ser estorbado”. “He sabido de ti sólo de oídas pero ahora mis ojos te ven. Por eso me retracto y me arrepiento en polvo y ceniza».

Él no se arrepiente de los pecados que lo trajeron a la calamidad en primer lugar. Se arrepiente de su falta de confianza en medio del dolor. Sabes, Dios nunca responde la pregunta de ‘por qué’. La única respuesta que le da a Job, realmente, es la manifestación de Él mismo.

‘Job, ¿olvidaste quién soy? Si supieras quién soy, entonces deberías confiar en mí’. Job dijo: “Sí”. La escena final es la escena de la restauración. Dios triunfa sobre las artimañas y burlas de Satanás, y restaura las posesiones y la casa de Job por mucho más de lo que era originalmente.

Este es el mensaje del Nuevo Testamento; es el mensaje de Cristo: ‘que a menos que estés dispuesto a ser enterrado conmigo y a sufrir conmigo y mi pasión, nunca participarás de mi exaltación; pero los que se unen a mí en mi muerte participarán en mi resurrección’.

Esto nos trae al final de esta sección en nuestro estudio del Polvo a la Gloria. Hemos cubierto ahora un panorama y le hemos dado un vistazo al Antiguo Testamento.

No vimos cada libro, saltamos Cantar de los Cantares y un par de porciones pequeñas de los profetas menores, pero recuerdo la práctica de Lutero durante su vida, donde hizo un compromiso de leer toda la Biblia cada año.

Y él dijo, «Hago esto porque es como el bosque y los árboles». Él dijo, «Para mí, mi gran gozo es tomar un libro particular de la Biblia y hacer exégesis cuidadosa y minuciosa, viendo cada capítulo, cada párrafo, cada oración, y cada palabra. Es como examinar los puntos finos de una sola hoja de un hermoso árbol».

Él dijo, «Pero a veces, puedes enfocarte tanto en el detalle de esa sola hoja que te perdiste de cómo esa hoja no solo está en el árbol, sino en el bosque. Así que quiero mantener los vientos de toda la sustancia de las Escrituras soplando por mi mente, ya que me ayuda a comprender todos y cada uno de los detalles».

Así que mi desafío para ustedes es que al terminar este estudio del Antiguo Testamento tomen y lean, lean todo, y digiéranlo.

Aprendan de la dulzura de la Palabra de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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5/6 – ¿Quién tiene la culpa de nuestra tentación?

Gracia a Vosotros

Serie: Beneficiándonos de las pruebas de la vida

5/6 – ¿Quién tiene la culpa de nuestra tentación?

John MacArthur

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Abra su Biblia en Santiago capítulo 1. Estaremos estudiando los versículos 13 al 18. Santiago 1:13 al 18. Si no terminamos todos estos versículos en esta noche, probablemente cubriremos la parte que nos quede el próximo domingo por la noche, cuando también estaremos teniendo un tiempo de alabanza. Y de alguna manera, lo vamos a coordinar para que sea una tarde maravillosa si el Señor quiere que nos tomemos más tiempo.

Observe su Biblia conforme le veo los versículos 13 al 18. “Cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios; porque Dios no puede ser tentado por el mal, ni Él tienta a nadie; sino que cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido. Entonces la concupiscencia, después que ha concebido, da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte. Amados hermanos míos, no erréis. Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación. Él, de Su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de Sus criaturas.”

Al llegar a este texto, permítame pedirle que vea el versículo 14. Comienza con estas palabras “cuando alguno es tentado.” Todos nosotros podemos dar testimonio de la veracidad de esa afirmación. Toda persona es tentada. La tentación es la experiencia común de todo ser humano. No cristiano o cristiano. Pablo dice en 1 Corintios 10 que las tentaciones son comunes al hombre.

Un escritor antiguo dijo que inclusive cuando somos salvos, debemos recordar que nuestro bautismo no ahogó nuestra carne. La tentación es común a todo hombre. Todo hombre es tentado. Todos, entonces, enfrentamos la batalla de la tentación. Y la manera en la que la enfrentamos es una marca de la legitimidad de nuestra fe o la ausencia de la verdadera fe salvadora.

Así como la manera en la que enfrentamos las pruebas y respondemos a ellas en los versículos 2 al 12 fue vista como una prueba de fe genuina, así también la manera en la que enfrentamos la tentación también es una prueba de fe genuina.

Es normal para la gente no redimida el no aceptar la responsabilidad por su propia pecaminosidad. Cuando se ven tentados y pecan, es típico para ellos culpar a alguien más. Los niños llegan al mundo rehusándose a aceptar la responsabilidad por su conducta. La primera vez que usted reprende a su pequeño niño por algo, su reacción inicial, automática es decir “no lo hice,” “no fue mi culpa,” “pero no entiendes.”

Aceptar la responsabilidad total por la debilidad y la tentación no es algo que los hombres hacen muy bien. Los hijos evaden la culpabilidad de su propia culpa y llegan a ser adultos que prácticamente hacen lo mismo.

En este pasaje, Santiago está diciendo que la manera en la que usted responde a la tentación y a quién usted culpa es otra indicación de la legitimidad de su fe salvadora o la ausencia de la misma.

Ahora, en un sentido el cambio de los versículos 12 al 13 es un cambio rápido para Santiago. Él había estado hablando de las pruebas. Él había estado usando el mismo verbo, peirazō, el mismo nombre, peirasmos, el cual significa pruebas o tribulaciones. Él había estado usando esa misma palabra para hablar de las pruebas que el Señor permite que vengan a nuestra vida para hacernos fuertes. Él acaba de decir que las personas que soporta esas pruebas es bendecida. Esas pruebas, aprendimos, son circunstancias externas que prueban nuestra fe, que producen crecimiento espiritual.

Pero esas pruebas también pueden convertirse en tentaciones. Y en lugar de ser un medio de crecimiento espiritual, pueden convertirse en una fuente de solicitud a la maldad. Toda situación difícil que viene a mi vida o me fortalece porque obedezco a Dios y permanezco confiando en Su cuidado y confiando en Su poder y entonces, o crezco, o me veo tentado a dudar de Dios, negar Su palabra, desobedecer, hacer lo que es práctico. Y de esta manera, he caído y me he vuelto presa a la solicitud a hacer el mal.

La misma palabra que significa una incitación a la maldad es también usada para hablar de una prueba. La diferencia es cómo responde a la misma. Si usted responde a una prueba con obediencia, entonces descubrirá que es un medio para crecer espiritualmente. Si usted responde a una prueba con desobediencia, se ha convertido en una tentación y usted se ha vuelto presa de ella. Toda prueba tiene el potencial de volverse en una tentación dependiendo de nuestra respuesta.

Entonces, Santiago hace este cambio de las pruebas que nos llevan a crecimiento y bendición a tentaciones, que llevan al pecado y a la muerte. Toda situación en la vida que enfrentamos, entonces, nos provee con una decisión. De hecho, demanda una decisión. Perseveraré, avanzaré en fe en Dios al obedecer Su palabra o escucharé la voz que sugiere cuál es el camino fácil de salir, el cual es la desobediencia; y caigo en pecado.

Ahora, si caigo en pecado, ¿quién tiene la culpa? ¿Es la culpa de Dios, quien trae las pruebas o las permite? ¿Es la culpa de mis circunstancias? ¿Es la culpa de que yo fui criado por Dios como soy y no puedo evitarlo? ¿Quién tiene la culpa? Si Dios trae las pruebas, ¿acaso Él entonces es responsable cuando se vuelven tentaciones?

Este tema de quién tiene la culpa en la tentación por el pecado es el corazón de este pasaje. Y es algo esencial porque realmente es algo tan antiguo como el pecado.

Abra su Biblia en Génesis, capítulo 3. Génesis, capítulo 3. Conforme llegamos al versículo 11, Adán y Eva ya cayeron en pecado y son confrontados por Dios. Y Dios le habla a Adán en el versículo 9: “… y le dijo: ¿Dónde estás tú? Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.” Él nunca antes había hecho eso, pero había participado en el pecado y tenía miedo de enfrentar a una deidad infinitamente Santa. Y entonces, se estaba escondiendo.

Y versículo 11: “Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo?” De pronto tienen una conciencia de sí mismo que nunca antes había tenido. “¿Has comido del árbol de que Yo te mandé no comieses?” Escuchen al hombre. Todo lo que tendría que haber respondido era sí, lo hice. “Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.” ¿Quien tuvo la culpa? Bueno, él sugiere que la tuvo la mujer. Digo, después de todo él se fue a dormir una noche y nunca antes había visto a una mujer en su vida; y despertó a la mañana siguiente y estaba casado con una. Ni siquiera sabía lo que era una mujer. Pero el punto de fondo aquí es que él no está culpando a Eva. Esta es la afirmación: Él dice “la mujer que me diste”. ¿Quién tuvo la culpa? Dios tuvo la culpa. Pudiste haber seleccionado cualquier mujer que Tú querías. ¿Por qué la escogiste a ella? ¿Por qué hiciste a una mujer que sabías que iba a hacer eso?

Por cierto, Adán no es el único que le ha hablado a Dios en esos términos. Observe el versículo 13: “Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho?” Y la mujer dijo: “yo lo hice.” ¡No! Ella dijo: “Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.” Soy una víctima, así como mi marido de algo que Tú creaste; yo estaba en este huerto maravilloso y de pronto, apareció una serpiente. Yo no hice esa serpiente. Yo no hice que esa serpiente hablara. Culpan a Dios.

Y así ha sido desde ese entonces. Dios me hizo, Dios me hizo con mi pecaminosidad, Dios me hizo con mis circunstancias. Dios me colocó en la situación en la que estoy en mi matrimonio. Dios me dio mi medio ambiente. Dios creó el escenario. Dios creó lo que me rodea. No es mi culpa.

En Isaías 63:17, usted oye esta afirmación extraña: “Oh, Jehová, ¿por qué nos has hecho errar de los caminos y endurecido nuestro corazón del temor?” ¡Que cosa tan terrible culpar a Dios por el pecado de usted! Pero esa es la tendencia de la carne caída. Evadir la responsabilidad por nuestra conducta e inclusive llegar al punto de culpar a Dios.

Todos somos tentados. Todos pecaremos. Y con frecuencia, culparemos Dios al culpar nuestras circunstancias, al culpar nuestra debilidad, al culpar nuestras propensiones, al culpar nuestro medio ambiente, al culpar lo que nos rodea, al culpar a nuestros amigos, al culpar a nuestros parientes, al culpar a nuestra familia, al culpar nuestra condición económica o lo que sea. Entonces, el versículo 13 de Santiago dice: “cuando alguno es tentado, no diga que es tentado de parte de Dios.” Esta es una exhortación que le prohíbe a toda persona jamás de culpar a Dios.

Robert Burns, el famoso poeta escocés escribió: “Tú sabes que me has formado con pasiones salvajes y fuertes. Y escuchar a su voz engañosa, con frecuencia me ha llevado a hacer lo equivocado.” Fin de la cita. Y Robert Burns ha expresado lo que la gente ha creído a lo largo de los siglos: que Dios nos hizo con pasiones salvajes y fuertes y, por lo tanto, ¿qué más podría esperar Él fuera de susceptibilidad de la tentación?

Inclusive los judíos entre los rabinos de tiempos antiguos creían esto. Ellos llamaban al impulso malo del hombre yetzar hara. Y decían que el yetzar hara es el impulso malo del hombre en contraste al impulso bueno. Y algunos de los judíos razonaban que debido a que Dios ha creado todo, y debido a que Él creó al hombre, Él también debió haber creado el yetzar hara. Si Él hizo todo, entonces, Él debió haber hecho eso.

Y entonces, tenemos dichos rabínicos como este: “Dios dijo: “Yo lamento el haber creado la tendencia mala en el hombre, porque si no lo hubiera hecho así, él no se hubiera rebelado contra mí. Yo soy el creador de la tendencia mala. Yo fui el creador de la ley como un medio de curación. Si ustedes se ocupan con la ley, ustedes no van a caer en el poder de la ley. Dios colocó la tendencia buena en la mano derecha del hombre y la mala en su izquierda.” Así decían los rabinos. Es algo extraño, pero es una tendencia antigua que Dios es responsable por nuestra tentación y nuestro pecado.

Santiago prohíbe de manera absoluta un pensamiento así. De hecho, él implica que alguien que realmente conoce a Dios tiene una mansedumbre y un quebrantamiento por su propia culpabilidad por el pecado y no pensaría en culpar a Dios como un acto continuo, aunque ocasionalmente podamos tener ilusiones así.

Ahora, observe de nuevo en el versículo 13 que usted tiene un participio presente pasivo. Cuando alguno está siendo tentado, no diga, mientras que está en el proceso de pelear la batalla, mientras que está en el proceso de ser tentado, que nadie se justifique a sí mismo, que nadie evada su responsabilidad al decir que Dios está haciendo esto. Cuando usted está en el camino de la tentación continua y usted se está acercando al borde de ceder, no se justifique diciendo que es tentado por Dios. Ninguno diga eso. Usted casi podría colocar entre comillas la frase soy tentado por Dios, como si Él estuviera usando esto como una cita de una persona que está en esa misma situación.

Ahora, quiero mostrar algo muy interesante en la selección de preposiciones en este versículo. La frase en español sólo tiene una manera de expresarlo, de parte. Y un significado. Pero en el griego, hay dos palabras que pueden ser traducidas de parte de. Una es apo y la otra es upo. Son palabras muy importantes. A-p-o y la otra u-p-o. Apo significa remoto. Algo distante. Una relación indirecta. Upo significa una agencia directa. El que de hecho lo está haciendo.

Aquí, la selección es apo, algo distante. Y lo que él está diciendo es cuando uno es tentado no diga que es tentado de parte de Dios. No es que Dios está ahí directamente tentándome, sino que Él, de manera remota, es la causa real de este problema. A distancia. Dios es el que me creó de esta manera, quien creó mis circunstancias, me colocó en este medio ambiente, causó que todo esto sucediera. Él es el que realmente es responsable. No es algo normal que alguien diga: “Dios de hecho me está solicitando a hacer el mal”. Pero es común que la gente diga que “Dios es quien me creó en la situación en la que estoy y, por lo tanto, en últimas es responsable por lo que yo hago”.

La mayoría de los hombres no llegan al punto de ver a Dios como el tentador directo, pero piensan que Dios, de manera indirecta, tiene la culpa. Apo, al permitir la situación y la posibilidad de fracaso. Y entonces, esto diría “jamás te atrevas a decir que Dios no sólo es el agente cercano de la tentación, sino que Él ni siquiera es el agente remoto de la tentación. Nunca digas eso.” Nunca te veas a tí mismo como una víctima pobre de la providencia de Dios o de la creación de Dios o de que Dios permite que algo suceda. Esto no es culpar a Satanás, esto no es culpar a los demonios o al mundo de los hombres, sino que Santiago prohíbe que se culpe a Dios.

Proverbios 19:3 dice: “la necedad del hombre pervierte su camino y su corazón se enoja contra Jehová.” Filón dijo: “cuando la mente ha pecado y se ha distanciado de la virtud, culpa a las causas divinas.” Y tiene razón. Escapar la responsabilidad por el pecado es un pasatiempo humano favorito. Y en cualquier momento en el que usted culpa a algo más, quizás usted en últimas está haciendo que Dios sea responsable, quien creó todo.

Algunas personas inclusive han llegado al punto de decir que Dios tiene la culpa en la tentación. Y si usted no cree que es así, entonces acuérdese de Mateo 6:13 en donde la oración de los discípulos dice: “no nos metas en tentación”. Leí a un escritor esta semana que dijo que tenemos que rogarle a Dios que no nos meta en tentación, porque si no se lo pedimos, Él lo hará. Santiago no tiene lugar alguno para un fatalismo tan necio como ese.

Como el hombre pobre que culpa a su pobreza cuando él se vuelve un ladrón y roba y piensa que se justifica en su robo porque él era pobre y culpa a sus circunstancias. Como el borracho, quien sale y choca en su auto y mata a alguien en el proceso; y culpa a su esposa por un matrimonio infeliz o una unión infeliz o culpa a sus negocios, su trabajo, por llevarlo a beber. O culpa a la presión y se siente justificado de cualquier culpabilidad real. Así son los hombres cuando culpan a Dios por hacer sus pasiones internas.

Los hombres culpan a Dios por crear sus circunstancias. De nuevo, Robert Burns, el poeta escocés, dijo que él, y cito “era impulsado por las pasiones; sin embargo, la luz que lo desvió, realmente era luz del cielo”. Fin de la cita. De nuevo, expresando lo que los hombres han pensado durante años y es que ellos realmente no son responsables por la manera en la que son, simplemente, así fueron hechos. Santiago dice que esto es intolerable. Dios no es responsable por la tentación. Usted no puede decir eso. Y si Él no es responsable por la tentación, Él tampoco puede ser responsable por ¿qué? Por el pecado que resulta de ella.

Ahora, para apoyar esa exhortación en el versículo 13, Santiago nos da cinco pruebas. Cinco pruebas. Y esto es simplemente tan rico. Y quiero que usted entienda esto, porque esto es muy, muy práctico. Hay cinco pruebas de que Dios no es responsable por la tentación y, por lo tanto, por el pecado.

Número uno, la naturaleza de la maldad. La naturaleza de la maldad. El versículo 13 dice: “cuando uno es tentado no diga que es tentado por parte de Dios,” quien es la causa indirecta. Y aquí está la razón: “porque Dios.” Porque Dios. Literalmente, en el texto griego dice Él no tiene experiencia con la maldad ni Él tienta a ningún hombre.

Ahora escuche esto: estas son noticias, porque los dioses paganos y las deidades paganas de la historia religiosa siempre se prestan a la tentación. ¿Alguna vez ha leído mitología griega? ¿Alguna vez ha leído acerca de las deidades de Asia antigua? ¿Alguna vez ha leído algún estudio etnológico que muestra las religiones de los hombres? Usted encontrará que las deidades y los dioses del paganismo siempre se prestan a la tentación, a la maldad. Y ellos mismos con frecuencia son vistos pecando y tentando a otros a pecar.

Y la razón es que, debido a que todos los dioses falsos, escuche esto, son la creación de las mentes de hombres caídos o las mentes de demonios caídos y han salido de ese estado caído. Y, por lo tanto, manifiestan la misma corrupción y la misma impiedad de la que surgieron. Su naturaleza es corrupta porque sus creadores son corruptos. Y ningún arroyo puede levantarse por encima de su fuente.

Pero Dios, dice, no puede ser tentado por el mal. La palabra sólo utilizada aquí en el Nuevo Testamento, apeirastos, significa “Él no tiene experiencia en la maldad”. Él no tiene experiencia alguna de la maldad. Él no tiene capacidad para cometer maldad. Él no es vulnerable a la maldad. Y, por cierto, la palabra mal es neutro plural. Sin un artículo. Simplemente, un mal de cualquier tipo. La esfera entera del mal no tiene manera alguna de penetrar la naturaleza de Dios. Todo mal es repulsivo para Dios. No puede hallar lugar alguno en Su naturaleza Santa. Entonces, la naturaleza del mal está infinitamente apartada de la santidad de Dios.

En Levítico 19:2 dice: “Jehová es Santo”. En Levítico 20:26: “Jehová es Santo”. En Isaías 6: “Santo, Santo, Santo”. Primera de Pedro 1:16 “el Señor es Santo”. La santidad no puede ser penetrada por el pecado. Entonces, la naturaleza de la maldad nos aparta de Dios. Él puede ser solicitado a la intención mala. Yo creo que Satanás, en Job 1, vino ante Dios para tratar de hacer que Dios perdiera la fe en Su propia habilidad para mantener la virtud justa en uno de sus santos verdaderos, esto es Job.

Yo creo que Apocalipsis 12:10 dice que Satanás siempre es el acusador de los hermanos. Él va a Dios para tentar a Dios para que viole el pacto con Su pueblo debido a sus muchos pecados. En Romanos 8 nos dice que la implicación ahí es que hay alguien que quiere condenarnos, que quiere acusar a los elegidos de Dios, pero nadie puede hacerlo porque Cristo ya nos ha justificado delante de Dios. Pero yo creo que Satanás en cualquier momento y lugar tiene acceso y quiere venir delante de Dios, pero Dios no tiene vulnerabilidad alguna debido a que la naturaleza del mal es totalmente diferente a la naturaleza de Dios. Él es impenetrable al ataque del mal. Su Santidad no se mezcla con nada de manera eterna.

De hecho, en Habacuc usted recordará lo que dice en el versículo 13 del capítulo 1. “Tú eres muy limpio de ojos para ver el mal y no puedes ver la iniquidad.” Tú eres demasiado puro para ver el mal. Demasiado puro para ver la iniquidad. Dios es un Dios Santo. La naturaleza del mal, entonces, hace que sea imposible que Dios jamás llegue a ser tentado de manera exitosa o llegar a tentar a alguien más. Porque tentar a alguien más significaría que Él tuvo un deleite en ver que alguien más haga algo malo.

Pero el que no conoce el mal no puede deleitarse en el mal. Segunda de Samuel 24 presenta un punto interesante. Probablemente necesito hacer referencia al mismo. Dice esto, simplemente para que no lo encuentre y despierte su curiosidad. “Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá.” Ahora David cometió pecado, el pecado de contar a su pueblo en lugar de confiar en Dios. Él iba a confiar en el poder de su pueblo.

Y dice que el enojo del Señor se despertó en contra de Israel. Y Él incitó a David. Y eso parece decir, Él mismo tentó a David a cometer este pecado. Éste es el único lugar en la Biblia en donde algún pensamiento como este se presenta; pero por el Espíritu Santo de Dios, tenemos un pasaje que se compara, paralelo, en 1 de Crónicas 21. Este es un paralelo de ese pasaje y lo que dice es esto. “Y Satanás se levantó en contra de Israel y tentó a David a contar a Israel.” El aspecto preciso de esa tentación para ver quién fue el tentador está en 1 Crónicas 21:1. Y dice que Satanás lo hizo. La perspectiva más amplia que Samuel señala es que Dios permitió que esto sucediera porque David tuvo la elección de responder o no responder a la incitación de Satanás. Dios no tienta a la maldad. Eso representa de manera explícita aquí y cuando usted va a 2 Samuel 24 y parece que Él fue el que tentó a David, usted meramente tiene que ir a 1 Crónicas 21 y dice que Satanás lo hizo. Lo que el escritor de Samuel está diciendo es que estuvo dentro de lo que Dios permitió para cumplir el juicio de Dios si David, de hecho, escogió hacer lo malo.

Mateo 4 dice que el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto para ser tentado por el diablo. De nuevo, alguien dice “bueno, ¿acaso Dios por el Espíritu llevó a Jesús a ser tentado?” No, lo llevó para ser probado. Y debido a que Él aprobó todas las pruebas, ninguna de ellas fue realmente tentación porque nunca lo llevaron a pecar. Y a través de todas esas pruebas, Él probó ser el Hijo de Dios. Los ángeles vinieron y le sirvieron.

Dice: “bueno, ¿qué hay acerca de Mateo 6:13, “no nos metas en tentación”?” Eso, de nuevo, tiene que ver con pruebas. Y ese es el clamor de un corazón de un Santo que está diciendo: “¡oh, Dios!, conforme oro, no me lleves a ninguna prueba que sea más de lo que pueda soportar. Señor, no nos metas al tipo de pruebas que nos causarían ser tentados, porque son más de lo que podemos manejar.” Y el Señor va a responder esa oración porque, dice 1 de Corintios, “no os ha sobrevenido ninguna tentación, ninguna prueba que no sea común al hombre. Y Dios, quien es fiel, no dejarán que sean tentados más de lo que podáis soportar. Sino que juntamente con la tentación dará la salida para que podáis resistir.” No nos metas al poder de alguna prueba está más allá de nosotros. Esa es la oración de Mateo 6.

Entonces, la verdad de Santiago permanece en pie. Dios no tienta a nadie. Él permite que la tentación se lleve a cabo. Y hombres como David pueden tomar una decisión, pero Dios no tienta. Él permite que seamos probados, así como Él permitió que Cristo fuera probado, pero nunca más de lo que podamos soportar. Y siempre nos da el recurso para la victoria si escogemos ese recurso.

Y cuando clamamos, “no nos metas en la prueba o la tentación,” simplemente estamos diciendo: “Dios, Te pedimos que hagas lo que has prometido que harás y nunca nos dés más de lo que podemos soportar.” Entonces, la naturaleza de la maldad dice que Dios no puede ser tentado. Él ni siquiera puede experimentar la maldad, por lo tanto, Él no puede tentar a nadie más. Y como dije, para tentar a alguien más, Él tendría que deleitarse a sí mismo en la tentación y el pecado, lo cual es incapaz de hacer. Su deleite es solo en aquello que es puro y santo.

Entonces, Santiago dice que la naturaleza de Dios nos dice, o la naturaleza de la tentación nos dice que Dios no puede ser la fuente de la tentación y el pecado porque la maldad es contradictoria a Su naturaleza.

En segundo lugar, la naturaleza del hombre. La naturaleza del hombre, no sólo lo que es la maldad, sino lo que el hombre es. Observe el versículo 14. Esto es tan interesante. “sino que cada uno es tentado,” literalmente hekastos, cada uno, cada individuo, es tentado “cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” La primera palabra es “sino”. Aquí está el hecho que es esencial, la tentación no viene de Dios, sino que cada hombre, cada uno de nosotros, sin excepción alguna, todo individuo, no hay ninguno que esté afuera de esta afirmación. Toda persona es tentada, este es un tiempo presente, está atravesando por la experiencia repetida de la tentación cuando él es atraído y seducido, escuche esto, subráyelo, “por su propia concupiscencia”.

Atraído o seducido son dos palabras interesantes. Ambas son participios. La primera viene de la caza de animales y es usada de atraer a un animal a una trampa. Se pone una trampa y el animal es atraído a la trampa. El verbo mismo,helkō (-mai) significa ser llevado por un poder interno. Un poder interno. Significa ser llevado a una trampa, ser seducido a una trampa. Ser llevado y atrapado. Es un término de caza de animales.

El segundo término, seducido, es un término de pesca. Esa palabra significa literalmente capturar. Y su uso literal era capturar a un pez con un anzuelo. Para atraer con un anzuelo y atraparlo. En 2 Pedro 2:14-18 es traducido atraer o engañar. Deleazomenos, significa atraer para atrapar a un pez con un anzuelo.

El problema es este: toda persona es tentada cuando muerde el anzuelo o es atrapado por la trampa y somos llevados, somos engañados por nuestra propia ¿Qué? concupiscencia. Estos términos, el ser tentado, es ser atraído de manera engañosa y después, atrapado en pecado.

Simplemente, piense aquí en la imagen. La razón por la que los animales son atraídos y atrapados y los peces muerden el anzuelo y son atrapados es porque el anzuelo se ve bien. Se ve atractivo. Y lo único que ven, es el anzuelo. Y en lugar del placer que esperan, cuando muerden en anzuelo viene el dolor de la captura y la muerte. Y así es con la tentación. Está ahí y promete una satisfacción agradable, promete algo placentero, promete gran placer, diversión, recompensa. Y lleva a la víctima a su trampa a la muerte.

Ahora, ¿qué hace eso? ¿Qué hace eso? ¿De quién es la culpa? ¿Qué nos atrae de una manera tan fuerte al anzuelo? ¿Es Dios? No. ¿Es Satanás? No. Satanás muerde el anzuelo y el mundo muerde el anzuelo. Y los demonios muerden el anzuelo. Y los hombres muerden el anzuelo. Y muchas personas muerden el anzuelo. ¿Qué es lo que nos atrae el anzuelo? ¿Qué nos atrae a la trampa? ¿Qué es? La concupiscencia. Y ésa es la naturaleza del hombre. Nuestra condición caída tiene una parte de su entidad, deseo por la maldad. Note que no dice que él es atraído de la concupiscencia sino de su propia concupiscencia. Muy enfático.

‘Su propia’ enfatiza que no estamos hablando de algún término genérico que todo el mundo posee en común, que no es igual para toda persona, sino que cada individuo, hekostas, cada individuo tiene su propia inclinación de deseo pecaminoso, lo cual es lo que lo atrae al anzuelo. ¿Y no es verdad que la pasión de una persona es la repulsión de otra? Claro que sí. Yo veo a personas quienes literalmente por su concupiscencia son llevadas a la homosexualidad. Eso me repulsa de manera total. Usted puede mover ese anzuelo delante de mí y usted verá que me voy en la dirección opuesta. Todos tenemos cierta, no quiero usar la palabra virtud, pero todos tenemos ciertas características en nuestros deseos pecaminosos, en nuestra concupiscencia que nos hacen vernos atraídos hacia ciertas trampas y a ciertos anzuelos que otros. Y esa es la razón por la que él está individualizando esto al decir de su propia concupiscencia. Ahora, esto se refiere a la inclinación del alma a disfrutar o a adquirir algo.

La palabra concupiscencia es epithumia, la palabra medular es thumos, se añade la preposición. Significa deseo del alma. La pasión fuerte del alma. Y el problema cuando pecamos no es Dios. El problema ni siquiera es del diablo, el problema ni siquiera son los demonios. El problema ni siquiera es el mundo o los hombres impíos, escuche. El mundo, los hombres impíos, los demonios y el diablo, todo rodeó a Jesucristo en Su vida entera. Y, sin embargo, Él nunca pecó porque nunca en Él hubo epithumia alguna, no hubo concupiscencia. No hubo atracción en Él. No hubo nada en Él que lo atrajo al anzuelo en manera alguna.

Como puede ver, el problema no fue el tentador que estaba afuera, el diablo no lo hace hacerlo a usted, como algunos dicen. El problema no es el tentador que está afuera, sino el traidor que está adentro. Ése es el problema. Nuestra tendencia a ser tentados se debe a la naturaleza del hombre. Y sus propios deseos peculiares y el alma de cada persona tienen sus propios patrones del deseo carnal y como resultado de su ambiente y su crianza y sus decisiones personales. Entonces, lo que hace que sea tan absurdo cuando la gente se amputa partes del cuerpo, el problema es que en la naturaleza del hombre hay una propensión a desear cosas que satisfacen. Y si son atraídas esas cosas afuera de la voluntad de Dios, ahí está la capacidad de morder el anzuelo.

Por cierto, notará que dice “cuando él es atraído de su propia concupiscencia,” aquí se usa hupo, el engaño real es la concupiscencia, el agente cercano y directo y la causa responsable del pecado es la concupiscencia. Pogo dijo, “hemos encontrado al enemigo y el enemigo somos nosotros.” Eso es correcto, eso es profundo. El enemigo somos nosotros.

Observe Romanos 7 por un momento y permítanme refrescar su mente con un pasaje que hemos este estudiado en el pasado. Romanos 7. Pablo le va a decir aquí en donde está el problema comenzando en el versículo 15. “Porque lo que hago no lo entiendo,” está hablando como creyente, “pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago.” Se oye familiar, claro. “Y si lo que no quiero, esto hago, apruebo que la ley es buena.” En otras palabras, hay cosas que sé que están bien y que están mal y sé cuáles son. Y quiero hacer lo que está bien y no quiero hacer lo que está mal. Entonces, la ley es buena. La ley me está dando las señales correctas por todo este deseo malo, dice él en el versículo 17, “no soy ya más yo.” No soy el yo real. No es el yo regenerado, “sino que es el pecado que mora” ¿en dónde? “En mí”.

Como puede ver, el problema, dice él, es que mi propensión a ser tentado se relaciona con el pecado que mora en mí, el cual se relaciona con mi carne, él va a decir eso en el versículo 18, sé que en mí, esto es en mi carne, en mi carne, dice en el versículo 23, hay un principio en mis miembros, mis partes corporales que está en guerra en contra de la ley en mi mente y está tratando de llevarme cautivo a la ley del pecado. Me veo a mi mismo como un hombre miserable, versículo 25, sirviendo la ley del pecado con mi carne.

Ahora, ahí está el problema. El problema es que aunque hemos sido redimidos y aunque hemos recibido una nueva naturaleza y aunque hemos sido creados en Cristo Jesús todavía tenemos un enemigo dentro de nosotros mismos; y es la pasión. Es ese anhelo por encontrar satisfacción en algo que en sí mismo puede ser algo bueno. De hecho, la mayoría de la concupiscencia simplemente es un regalo, una dádiva buena de Dios que ha sido torcida y pervertida.

Dios, por ejemplo, nos da la bendición del sueño y algunas personas tienen un deseo pecaminoso por el sueño hasta que se vuelvan perezosos, holgazanes. Dios nos ha dado el beneficio de tener la ropa para cubrir nuestros cuerpos y mantenernos caliente. Y para algunas personas, se convierte en una concupiscencia que los consume de manera total, en donde están tan enamorados con la satisfacción que terminan siendo personas que viven para lo que los viste al grado que literalmente controla su presupuesto y su vida.

Es maravilloso que Dios nos haya dado el regalo del abrigo, del refugio para mantenernos lejos, protegidos de los elementos. Un hogar donde vivir, la realidad maravillosa de la privacidad y la capacidad de conducir nuestros asuntos en algún tipo de lugar cómodo con aquellos que amamos. Sin embargo, para algunas personas, quieren vivir en un exceso de una manera que va más allá de la necesidad humana y se vuelve un ídolo.

No hay nada de malo con la sed, Dios nos ha dado eso como un deseo, lo cual nos lleva a hacer cosas benéficas para nuestro cuerpo. Pero algunas personas beben hasta el punto que se emborrachan. No hay nada de malo con el alimento, pero algunas personas se vuelven glotonas. No hay nada de malo con que nuestras necesidades sean suplidas, pero es fácil pervertir nuestras necesidades e ir más allá de lo que realmente son. Inclusive el sexo es dado por Dios como un regalo maravilloso y glorioso, pero cuando se pervierte y se busca más allá de la voluntad de Dios se convierte en el anzuelo que atrapa a la persona que es motivada por la concupiscencia por esas cosas.

No necesitamos a Satanás. No necesitamos a los demonios. Ni siquiera necesitamos al mundo. Lo único que necesitamos es la pasión de la carne que reside en nosotros y se va a mover hacia los anzuelos. Y como dije, normalmente la pasión de raíz es la perversión de un regalo dado por Dios de algo que se ha corrompido. Entonces, Dios no es responsable porque nosotros seamos tentados y porque nosotros pequemos. La naturaleza de la maldad nos dice eso porque no tiene parte en la naturaleza de Dios.

En segundo lugar, la naturaleza del hombre nos dice en dónde está el problema. Está en nosotros. La concupiscencia es el culpable.

Ahora, Santiago nos lleva a un tercer pensamiento que expande este segundo. La tercera prueba de que Dios no es la fuente del pecado es la naturaleza de la concupiscencia. Habiendo identificado a la concupiscencia en la naturaleza del hombre, ahora procede a explicar los versículos 15 y 16 en términos muy, muy prácticos y útiles. Y en esto quiero que se concentre. Este realmente es el corazón del mensaje para nuestra propia vida. Santiago cambia metáforas, y se aleja de la caza y de la pesca; y ahora habla del nacimiento humano conforme llega al versículo 15 y habla de la naturaleza de la concupiscencia.

“Entonces la concupiscencia, después que ha concebido,” y aquí ve a la concupiscencia como una madre concibiendo, “va a producir un hijo.” El hijo es el pecado. “… da a luz el pecado; y el pecado, siendo consumado, da a luz la muerte.” Esto es tan, tan útil. Escuche con atención. La mayoría de la gente piensa en el pecado como un acto solitario o una serie de actos o conductas. Dios está diciendo aquí que el pecado no es un acto, el pecado es el resultado de un proceso. ¿Muy bien? Es el resultado de un proceso.

Comienza con, escuche esto, comienza con el deseo,epithumia o concupiscencia. Y quiero ayudarle aquí. Escriba la palabra deseo y después escriba del lado opuesto, la palabra emoción. El deseo se relaciona con la emoción. Comienza con un sentimiento. Comienza con ese sentimiento de querer ser satisfecho. Querer adquirir algo para satisfacerlo a usted. Algo nuevo, algo que está siendo movido enfrente de su rostro, lo vio en la joyería, lo vio en la agencia de autos. Lo vio en el centro comercial o lo que sea. O hay una casa y pasa enfrente de la casa todo el tiempo y es estrictamente emoción. Le hace algo a usted. Lo hace sentir a usted un anhelo. Ahí es donde todo comienza. El pecado comienza con un deseo.

En segundo lugar, está el engaño, la segunda palabra. Y puede escribir al lado de la palabra engaño la palabra mente. Lo que sucede es que usted comienza con el deseo en su emoción y después, llega a un engaño en su mente, porque usted comienza a justificar y a racionalizar el derecho que usted tiene por aquello que usted desea. ¿Verdad? Esto es simplemente el patrón inevitable.

Ahora, eso es lo que hemos encontrado en el versículo 14, ser atraído y seducido. El anzuelo es mordido, caemos en la trampa. Engaña el intelecto. El intelecto ve y dice tengo el derecho de tener esto. Eso se ve bien. Eso me va a satisfacer. Eso va a satisfacer mi necesidad. Eso va a calmar mi deseo. Y entonces, lo que comienza con deseo y la emoción pasa al engaño en la mente. Y usted, realmente cree que tiene el derecho de tenerlo. Usted cree que está ahí y es hermoso. Usted cree que lo va a satisfacer. Usted cree que le va a dar lo que quiere.

Y entonces, usted sale y ¿qué sucede? La concupiscencia concibe. Llamemos a esta palabra el diseño. Ahora, el concepto de cómo usted va a alcanzar el pecado comienza a formarse. Esto ocurre en la voluntad. Usted ha pasado de las emociones a la mente, ahora su voluntad está activa y usted está jugando con su mente. Lo que su mente ya ha concluido, su voluntad lo está formando en un diseño. Entonces, la concupiscencia, después que ha concebido. Entonces, el diseño comienza formarse.

Por cierto, la palabra concebido, sullabousa literalmente significa embarazarse. Cuando la concupiscencia, por así decirlo, en seducida por la prostitución de ese anzuelo que ha sido mordido, se embaraza. Y el diseño es concebido, por así decirlo, en el vientre del alma de una persona. La emoción, el deseo, algo satisfactorio pero malo. Después, entonces pasa a la mente y se convence a sí mismo de que tiene todo el derecho de tenerlo. Y habiéndose convencido de eso, entonces concibe el pecado mismo. El pecado siendo concebido. Y después, tenemos una cuarta palabra, desobediencia. El acto ocurre. Da a luz el pecado.

Cualquier niño que nace, nace con ese mismo proceso. Primero, hay un deseo entre un hombre y una mujer. Ese deseo por un hijo entonces actúa en su mente. Ellos deciden hacer eso, lo deciden en su mente, quieren hacer esto. Después, ellos conciben ese niño. Después, más adelante, da a luz a ese niño. Y así es con el pecado. Es concebido como un deseo inicialmente en la emoción. Y después, es justificado en la mente, es concebido en la voluntad y es producido en la conducta. Esa es la secuencia.

La frase da a luz el pecado, ¿lo ve ahí? Es tiktō, significa dar a luz. Y ocurre en la conducta. Entonces, junto a la desobediencia, escriba conducta. El acto en sí de la emoción, a la mente, a la voluntad, a la conducta. Las emociones llevan a la mente a racionalizar. La mente que racionaliza lleva a la voluntad a planear; y ahora el bebé nace y la obra se comete y todo comenzó con el deseo.

Ahora, permítame decirle algo muy práctico. ¿En qué punto en nuestras vidas entonces enfrentamos el pecado? ¿Aquí afuera al nivel de la conducta? No, ahí atrás al nivel de ¿qué? Del deseo. Es la persona que puede controlar sus respuestas emocionales la que va a enfrentar eficazmente al pecado. O la persona que si siente esas respuestas emocionales, tiene una mente que está santificada. Y cuando pasa de las emociones a la mente, es detenida en ese punto. Si llega a la voluntad y algo es concebido, nacerá. Un niño concebido es un niño nacido. Ese niño tiene que salir. Y entonces, al enfrentar el pecado en nuestras vidas, no sólo lo enfrentamos al final del proceso de manera eficaz, sino que tenemos que regresar al principio.

Si usted permite que las emociones sean expuestas al anzuelo, va a enfrentar problemas. Y como usted sabe, todo en nuestra sociedad mala va a enfocarse en sus emociones.

Todas las cosas dramáticas, todas las películas y la televisión y los libros y la música y la ropa y todas las imágenes y sonidos que atraen nuestra atención, todo esto está diseñado, en primer lugar, a cautivar la emoción. Todo eso es una fachada que busca atraernos.

Inclusive la publicidad en la televisión simplemente me sorprende. Veo cómo venden un auto y usted no tiene idea alguna del área mecánica del auto. Y no es nada más que un pedazo de maquinaria, nada. Fuera de algún tipo de drama con música algo rara, cosas de la época espacial que están volando por todos lados. ¿Y qué tiene que ver con el auto? No tiene nada que ver con el auto, pero tiene que ver todo con sus ¿qué? Sus emociones. Sus emociones. Ahí comienza todo. Ahí comienza todo. Una mujer se pone perfume y deja un rastro. Eso no es para su intelecto. Necesitamos protegernos al nivel de las emociones.

Y, en segundo lugar, al nivel de la mente. Y entonces, la mente debe ser traída bajo la cautividad de Cristo. ¿No es esa una gran verdad? Llevar todo en la mente a la obediencia o al cautiverio de Cristo. Una mente no protegida, no controlada, va a ser llenada de imágenes malas. Y entonces, tengo que controlar mis emociones. Tengo que controlar mi mente, porque ahí es en donde esto comienza.

Entonces, quiero asegurarme que mis emociones estén entregadas a las cosas de Dios. ¿Sabe lo que es una bendición maravillosa necesaria? Es la buena música cristiana, porque me encanta la música y a todo el mundo le gusta la música y la emoción es básicamente emocional más que cognitiva. Mucha de la música es cognitiva. Pero la mayor parte de la música es emocional. ¿Y no es maravilloso que tenemos el privilegio en estos días, en esta época, de tener el placer emocional y tener el alma que canta y los sentimientos que disfrutamos con música que honra a Dios? ¿Y no es maravilloso que cuando los pequeños crecen aprendiendo toda esta música cristiana buena, les ayuda para que sus respuestas emocionales y sus gozos y sus tristezas puedan sintonizarse con música que básicamente glorifica a Dios en lugar de que sea música del mundo?

Hay maneras en las que enfrentamos nuestras emociones. Usted no puede exponer sus emociones continuamente a cosas que lo alejan de las cosas de Dios. Usted no puede hacer eso sin pagar un precio alto. Y la mente, es muy simple. Usted necesita la mente de Cristo. Usted necesita una mente renovada. Necesita una mente que está puesta en las cosas de arriba y no en las cosas de la tierra. Usted necesita una mente que está saturada en la Palabra de Cristo morando en ella ricamente. Usted necesita una mente, Pablo dice en Romanos 12:2 que es transformada y no se conforma al mundo. Usted necesita, ¿si se lo puedo decir de manera simple? Amar al Señor su Dios con toda su mente.

¿Qué hay en su mente? ¿Qué hay en su mente? Si su mente se alimenta de la Palabra de Dios, entonces usted va a detener el pecado en ese punto ahí atrás, en el punto inicial. Si sus emociones están bajo el control del Espíritu de Dios y sus sentimientos han sido llevados cautivos a Él, usted va a detener el pecado ahí atrás, en donde comienza.

Si usted le da rienda suelta a sus emociones y las expone a todo lo que el mundo le presenta, usted va a dejar que su mente sea una puerta abierta para que todo entre y salga. Y no es cultivada. Y no está arada a profundidad con la Palabra de Dios; entonces va a concebir el pecado. Y usted va a dar a luz a un hijo.

Y quiero añadir que él añade en el versículo 15: “… y cuando el pecado es consumado o concluido,” apokueō, significa causar que esté embarazado, “cuando el pecado da a luz,” es sinónimo de tiktei, el otro verbo que es utilizado, da a luz el pecado. Y el pecado, siendo consumado, da a luz ¿qué? La muerte. Cuando el pecado nace, nace de un homicida. ¡Qué retrato! ¡Qué retrato! La emoción y de la emoción viene la decisión y de la decisión viene la concepción de la voluntad y después, la conducta. Y el retrato de dar a luz un hijo es tan hermoso que llega al final, cuando el niño nace y el niño resulta ser un homicida.

El pecado es un homicida. La paga del pecado es ¿qué? Muerte. Muerte espiritual. Separando el alma de Dios. La muerte física, separando el alma del cuerpo. Muerte eterna, separando el alma y el cuerpo de Dios. Y él aquí no está hablando en particular de cristianos o no cristianos. Él simplemente está diciendo: todo lo que el pecado siempre produce es muerte. Inclusive para un creyente, puede ser muerte física. Como 1 Corintios 11 y 1 Juan 5:16 lo demuestran, todo tipo de muerte fluye del pecado.

Entonces, la idea de que usted está trayendo alguna conducta que satisface su vida es una mentira. Lo único que usted trae es pecado y lo único que el pecado trae es muerte. Y entonces, él dice en el versículo 16 “dejen de ser engañados, amados hermanos míos.” Dejen de ser engañados. De nuevo, es la palabra de la que obtenemos la palabra planeta, engañados, como si algo se está desviando. Deben saber dónde está el problema, él está diciendo. No sean engañados. Dejen de culpar a Dios y empiecen a culparse a sí mismos. Y comiencen a ver hacia adentro y no vivan de manera ciega la vida simplemente aceptando lo que es y después, culpando a Dios. Reconozcan que dentro de ustedes tienen a un enemigo y que ese enemigo es su propia condición caída. Y ustedes deben enfrentar su propia concupiscencia y ese enemigo. No pueden exponer su emoción a todo lo que lo atrae. Usted no puede dejar que su mente sea cautivada por esas cosas. Usted debe saber dónde está el problema, no ser engañado en esto. Regresen ahí y enfréntenlo a ese nivel. Deténganlo al comienzo.

Y llene su mente con las cosas de Dios para que nunca pueda atraer sus sentimientos y concebir pecado en su voluntad. Si sus emociones están controladas, si su mente está controlada, lo deja sin tener un compañero para concebir el pecado. La naturaleza de la maldad, la naturaleza del hombre y la naturaleza de la concupiscencia eliminan el hecho de que Dios podría llegar a tentarnos a pecar y después, una prueba directa de la naturaleza de Dios, versículo 17, obsérvelo. Esto es tan maravilloso. La naturaleza de Dios. Aquí está el corazón del texto.

Simplemente, entienda esto: nadie puede culpar a Dios por el pecado porque toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto. Digo, las únicas cosas que descienden de Él son ¿qué? Son buenas y perfectas. Poseemos una naturaleza que produce pecado. Dios no. La naturaleza de Dios es tal que sólo produce bien. Esto es algo doble. Del lado negativo, lo que está diciendo es que Dios nunca podría producir pecado. Del lado positivo, entienda esto, lo que está diciendo es que Dios va a derramar bien, bien, bien, bien, bien y más bien. ¿Cómo es posible que usted vaya a buscar anzuelos para buscar la satisfacción cuando Dios está derramando todo lo que usted podría necesitar para toda su satisfacción?

El lado negativo, Dios nunca podría producir maldad. Él es bueno. El lado positivo, Él produce un bien interminable y sin límites que hace que una persona sea un necio al permitir que sea tentado para haberse atraído a un anzuelo cuando toda la bondad de Dios está disponible por Su gracia. Nuestra carne es un pozo de agua pestilente cuando pensamos en lo que hace. ¿Y por qué vamos a ir a beber de eso cuando podemos venir a beber al pozo, a la fuente de la vida misma? Dios nos da toda buena dádiva y todo don perfecto.

Note ahí los dos todos. Toda, todo, todo incluido. Toda, todo. Note las dos dádivas. Dádiva, dádiva. Una es dosis, significa el acto de dar. Una es dōrēma, significa el regalo dado. Todo acto de dar y todo regalo dado en el acto de dar es bueno y perfecto. Bueno significa bueno, no hay comparación para esto. No es bueno, no es mejor, no es lo mejor. Es simplemente bueno, está completo. No le falta nada. Todo es suficiente. Es perfecto. Abarca todo. Todo regalo bueno dado por Dios es perfecto, es benéfico, absolutamente completo.

No es sorprendente que Jesús dijera en Mateo: “Pedid” y ¿qué? “y se os dará; buscad y hallaréis.” ¡Oh, qué maravilloso pasaje! Y si usted realmente busca algo, si usted realmente busca algo, si usted realmente busca algo en su alma que es bueno y correcto y se lo pide a Dios, ¿no creo que Él se lo va a dar a usted? “Pues si vosotros, siendo malos,” dice Él, “sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos,” si ustedes padres, que están caídos, saben cómo ser buenos con los hijos que aman, “cuanto más su Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que,” ¿Qué?, “le piden.”

Y en Lucas 11:13 dicen que Él les dará Su Espíritu Santo. Qué torpe es buscar trampas atractivas y anzuelos, siendo atraídos por concupiscencia cuando Dios tiene tanto que dar. Una provisión interminable. Toda buena dádiva y todo don perfecto es de Él para darlo.

Una mujer vio al mar por primera vez en su vida y le dijo a su amiga ‘¡qué maravilloso es ver a algo de lo cual hay suficiente!’ Y cuando usted está viendo la bendición de Dios, usted está viendo algo de lo cual hay suficiente.

De regreso al versículo 17, toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto. Todo es de arriba. Todo está fluyendo desde arriba. ¡Qué necio es ir tras el anzuelo del pecado! ¡Qué torpe es entrar a la trampa, cuando toda buena dádiva y todo don perfecto desciende como lluvia del cielo sobre nosotros! Satanás trató de decirle a Eva que Dios estaba reteniéndole cosas de ella. Dios no está dejandote tener lo mejor, más vale que busques la satisfacción. Más vale que busques lo mejor. Dios ha retenido lo mejor de ti. Ella creyó esa mentira y el niño fue concebido y nació la muerte. El niño fue la muerte.

Y me acuerdo cuando estaba pensando en esto esta tarde, 2 Samuel 12, el terrible pecado de David con Betsabé. Escuche lo que dice la Palabra de Dios. Natán, claro, se acerca a David. Versículo 7: “Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre.” Tú eres el pecador, tú lo hiciste, tú eres el adúltero, tú eres el homicida. “Así ha dicho Jehová, Dios de Israel: Yo te ungí por rey sobre Israel, y te libré de la mano de Saúl, y te di la casa de tu señor, y las mujeres de tu señor en tu seno; además te di la casa de Israel y de Judá; y si esto fuera poco, te habría añadido mucho más.” David, ¿por qué buscaste aquello que era prohibido cuando yo te hubiera dado todo, cualquier cosa? Toda cosa perfecta, es el gozo de Él dárnoslo. Descienden de Él.

Noten aquí que Él es llamado el Padre de las luces. Esta es una gran afirmación. Esa era una manera antigua judía para referirse a Dios como el creador. Las luces que él tiene en mente son el sol, la luna y las estrellas. Él es el Padre de las luces. Los cuerpos celestes. Usted pregunta por qué Él está escogiendo este título. Porque encaja con su ilustración. Él es el Padre de las luces porque con Él no hay mudanza ni sombra de variación. Muy vívido. Muy vívido.

Él es el que creó todos los cuerpos estelares. Él creó todos ellos, pero Él no es como ellos. Ellos varían, ellos cambian. Incrementan. Traen luz. Los vemos en la mañana. Están en la noche. Incrementan, disminuyendo su brillo. Su beneficio para nosotros viene y se va. Y Dios no es así. Dios es brillante luz de gloria y luz de bondad y luz de gracia y no varía. No es, y él usa el término parallagē del cual obtenemos la palabra paralaje. Y no pasa de una condición a otra. No tiene sombras. Nunca se oscurece. Primera de Juan 1:5, en Él, no hay, ¿qué? Tinieblas en absoluto. Oscuridad en absoluto. Malaquías 3:6: “Yo Jehová no cambio”. No han días en los que Él deja de dar dádivas espirituales. No hay días en los que Él deja de dar luz espiritual. El flujo de cosas buenas de Dios nunca varía, nunca se detiene.

David, David, Yo te hubiera dado tales y tales cosas. Digo, que quede claro, un pez gordo no busca anzuelo. ¿Entiende eso? Y usted está haciendo a un lado los recursos divinos con lo que el mundo le ofrece en ese anzuelo. Llénese de dádivas divinas, fuente de la vida eterna. Sintoniza mi corazón para cantar Tu gracia. Torrentes de misericordia nunca cesan, llaman a las canciones más fuertes de alabanza. Los arroyos de misericordia nunca cesan, nada puede ocultar la bondad de Dios, nada puede detener su benevolencia. Nada puede interrumpir el flujo, la corriente de su luz celestial. No muerda el anzuelo del diablo. No conciba y dé a luz a un hijo mortal que podría llevarlo a su propia muerte. Dios da todo el bien y sólo bien. ¿Quién es responsable por el pecado? Usted. Eso es correcto, usted.

Y una prueba final, y simplemente la voy a mencionar porque quiero entrar a detalle en nuestro próximo mensaje. Una prueba final, la naturaleza de la regeneración. Véala en el versículo 18. Vamos a entrar a detalle en la próxima semana. “Él de Su voluntad nos hizo nacer por la Palabra de verdad para que seamos primicias de Sus criaturas.” Entienda esto, Dios no pudo habernos tentado a pecar. Dios no quiere que pequemos porque Dios nos regeneró para hacernos como Él. La naturaleza en la regeneración hace a un lado que Dios jamás nos lleve a pecar. Él nos dio vida nueva. La concupiscencia da a la luz la muerte, pero Dios da vida. Dios no nos tienta a hacer el mal, Él nos recrea para hacer el bien. Y para hacernos Sus primicias, Su propia posesión amada.

¿Quién tiene la culpa de su pecado? Más vale que lo sepa porque usted tiene que enfrentarlo. Agustín, el gran Santo de Dios, había vivido con una prostituta antes de su conversión. Después de que fue salvado de manera maravillosa, él estaba caminando por la calle y esta prostituta lo vio. Ella lo llamó por nombre y él siguió caminando. Él la vio, pero mantuvo sus ojos fijos hacia adelante y caminó. Ella siguió gritándole y corrió detrás de él. Y finalmente, ella le dijo: “Agustín, soy yo.” A lo cual, él respondió: “lo sé, pero yo ya no soy yo.”

Es correcto, Él nos hizo hacer nacer de nuevo para ser nuevas criaturas de Su propia posesión. Y nosotros somos nuevas criaturas que nos permite vencer el mal si usamos los medios de la gracia, las armas de nuestra batalla, las cuales no son carnales, oración, el estudio de la Palabra de Dios, una mente disciplinada. La fortaleza de la rendición de cuentas espiritual para detener el pecado en el punto en donde comienza.

Bueno, tomó más tiempo del que quizás debió haber tomado, pero es tan importante. Oremos.

Padre, qué verdad tan práctica y tan básica hemos aprendido en esta noche. Gracias por la victoria que vemos en nuestras propias vidas que Tú nos das, por Tu Espíritu que nos muestra que tenemos una carne que se puede conquistar. Gracias porque si andamos en el Espíritu, no satisfaremos los deseos de la carne. Gracias porque si tenemos la mente de Cristo, si nuestra mente está llena con la riqueza de Tu Palabra, nuestra conducta es controlada.

Oh Dios, Te damos gracias por la esperanza maravillosa que encontramos en la obra del Espíritu. Reconocemos nuestra condición caída, reconocemos nuestra propensión a ser tentados, pero también celebramos la victoria que está disponible en el poder del Espíritu Bendito para aquel cuyas emociones y mente están controladas por ese mismo Espíritu y por la Palabra de Dios. Oramos con eso en mente, por toda persona aquí, por causa de Jesús. Amén.

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5/17 – Dos sueños en la cárcel 

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: La Vida de José

5/17 – Dos sueños en la cárcel

David Barceló

 

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

http://www.porgracia.es/

Fui un pastor adicto a la pornografía

Coalición por el Evangelio

Fui un pastor adicto a la pornografía

Garrett Kell

Fui un pastor que amaba a Dios y a mi iglesia, todo esto mientras escondía mi pecado secreto. Pronto aprendí que Dios sabe cómo disciplinar a los hipócritas que ama.

Me convertí en cristiano a los 21 años, y pastor a los 25. A veces me pregunto si debí haberme vuelto pastor tan rápido. Lo bueno es que servimos a un Padre que nunca es frustrado por nuestras decisiones cuestionables.

El pueblo

Al final de una autopista polvorienta dos horas al oeste de Dallas, Texas, encontrarás un pequeño pueblo al que llamé hogar por siete años. Los campos alrededor de Graham están cubiertos con bombas de petróleo que mantienen con vida la economía de la comunidad. La gente del pueblo es amistosa, y los visitantes sienten que han entrado a los años 50. Es un lugar donde las puertas están sin seguro y los pastores aún obtienen descuentos en las comidas.

A Graham no le faltaban iglesias; había alrededor de 40 cuando llegué por primera vez. Este no era el tipo de ministerio que había visto para mí. Yo quería una ciudad con 10 millones de personas sin iglesia y sin conocimiento de Dios. En su lugar, me encontré en un pueblo con 10,000 personas, 40 iglesias, y la mayoría decía que conocía a Dios.

Pero se hizo evidente que debía estar en Graham.

La iglesia

Graham Bible Church nació en el 2003 de una reunión de oración. Trece nuevos amigos que querían ver a Dios cambiar su pequeño pueblo me pidieron predicar. Amé a ese grupo con todo mi corazón. El cariño de esos primeros días todavía trae lágrimas a mis ojos.

Nuestra música usualmente era terrible, pero cantábamos con fervor, y confío en que Dios estaba complacido. Yo era un predicador sin experiencia, pero enseñaba la Biblia lo más claro que podía. Reíamos y llorábamos juntos.

La inmadurez condujo a decisiones tontas en la predicación y el liderazgo, pero Dios nos bendijo a pesar de ello. Nuestra pequeña reunión creció de 13 a 120 personas en cerca de nueve meses. El crecimiento nos llenaba de ánimo, pero al mismo tiempo nos desilusionaba.

Las cosas estaban yendo tan bien en aquellos primeros años que empecé a pensar que Dios estaba dispuesto a pasar por alto el pecado que estaba ocultando.

El pecado interior

A pesar que el ministerio estaba yendo “bien”, no estaba bien con mi alma. Estaba profundamente descontento. Mi vida no estaba yendo de acuerdo a mis planes.

En ese tiempo, estaba teniendo una relación a distancia con mi novia de la universidad. Ella no estaba lista para el matrimonio y yo no estaba dispuesto a dejarla ir, aunque muy en el fondo sabía que Dios no quería que me casara con ella. Nuestra relación de seis años estaba envuelta en pecado, lo que hacía que morir pareciera más fácil que separarnos. Nos comprometimos dos veces y estuvimos a 50 días de la boda antes de que finalmente termináramos las cosas para siempre.

Mi renuencia a rendirme totalmente a Dios, junto con mi inseguridad, descontento, temor al hombre, y deseo de tener una gran reputación, crearon un ambiente en mi corazón que permitió que prosperara la pornografía. Por los primeros tres años de ministerio pastoral, batallé en secreto con este pecado.

Sabía que mi pecado le dolía a Dios, pero mis confesiones apuntaban más a acallar mi culpa que a obtener la ayuda que necesitaba. Cada dos o tres meses me complacía en un mar de pornografía. A esto le seguía dolor, confesiones en privado sobre cuánto odiaba el pecado y cuánto amaba a Jesús, y resoluciones personales de no hacerlo nunca más. Recuerdo sentirme como los israelitas, repitiendo el mismo ciclo en el libro de Jueces. Pecado. Dolor. Llanto. Paz. Una y otra vez.

Durante este tiempo, compartí confesiones vagas con distintos amigos. Confesaba que estaba “batallando con cosas de pureza” sin ser específico acerca de cuánto y cuán a menudo. Cada vez que confesaba, en verdad pensaba que sería la última vez y que podría superar por mí mismo esta batalla. En lugar de eso, el engaño se hizo más oscuro. Nadie tenía una visión clara de lo que en realidad estaba pasando en mi vida.

Vivir una mentira es agotador.

Lo que hacía las cosas más difíciles era la abundancia de fruto que Dios estaba produciendo a través de mí. A nuestra iglesia venían varios cientos de personas. Las vidas estaban cambiando. Así que asumí que Dios estaba pasando por alto mi pecado. Asumí que de alguna forma estaba exento de la destrucción que muchos otros habían conocido.

La carta

Cerca del final del 2006, empecé a salir con la mujer que ahora es mi esposa. Carrie estaba enterada de mi pecado sexual y estaba animada por el progreso que había hecho. Por ese mismo tiempo, un amigo llamado Reid Monaghan y yo empezamos a hacer planes para plantar una iglesia en New Jersey.

La noche antes de volar a Jersey para filmar un video de promoción para la nueva iglesia, escribí “la carta”. Creí que si Reid y yo íbamos a trabajar juntos, necesitaba ser honesto sobre mi pasado. Así que elaboré un recuento detallando mis pecados sexuales desde que me convertí en cristiano hasta ese día.

Ese viaje a Jersey inició una intervención que creo salvó mi alma, mi matrimonio, y mi ministerio. Carrie y yo nos reunimos con Reid en un café y con lágrimas me dijo: “Te amo, hermano, pero luego de leer tu carta, no creo que podamos seguir adelante juntos. Y para ser honesto, no creo que debas ser pastor en este momento”.

Nadie me había hablado así nunca. O por lo menos, no había prestado atención. La mayoría de las personas estaban dispuestas a pasar por alto mis luchas debido a mi talento notable o personalidad. Pero a Reid no lo importaba nada de eso. Él amaba a Dios, y me amaba a mí.

Carrie y yo regresamos a casa, nos reunimos con unos pocos amigos confiables fuera de la iglesia, y luego organizamos una reunión con nuestros ancianos. Mientras les entregaba una copia de la carta, les dije: “Mi vida y ministerio están en sus manos. Díganme qué hacer”.

El yunque

Un yunque es una superficie dura en la que un objeto es colocado para ser golpeado. El año 2007 fue el yunque en el que fui golpeado por la buena mano de Dios. Fue el año más brutal de mi vida, y estoy seguro que para la vida de muchos de esos ancianos, también. Mi pecado puso a aquellos hermanos a través de una gran angustia. Eran buenos hombres que amaban a Cristo y solo querían verlo engrandecido en su pueblo. Pero les lancé un problema a sus manos que ni ellos ni yo sabíamos cómo tratar.

De alguna manera, el contenido de la carta pasó a otra persona en nuestra iglesia. Esa persona lo compartió con otros, y bueno, si has vivido alguna vez en un pueblo pequeño, sabes lo que pasó luego. Los rumores se esparcen rápidamente, con especulaciones de todas las formas más oscuras que puedas imaginar.

Los ancianos sugirieron que realizáramos una reunión para que confesara públicamente mi pecado. No teníamos una membresía con significado en ese entonces, lo que dejó la reunión abierta a todo el que quisiera atender. Como pueden imaginar, todo tipo de personas, algunos que nunca habían visitado nuestra iglesia antes, aparecieron.

El tiempo pasó lentamente mientras estaba sentado en la plataforma esa tarde. Mis grandes temores se estaban volviendo realidad, y aun así estaba agradecido por ello. Vivir una mentira es agotador: el siempre presente temor de que alguien encontrara mi historial de búsquedas, el diablo chantajeando mi corazón con recuerdos vergonzosos, y yo pretendiendo estar bien cuando no lo estaba.

En la siguiente hora, narré mi pecado a todos los que asistieron. Otro anciano hacía preguntas. Algunas personas lloraban. Algunos gritaban. Algunos me miraban con ojos que perforaban más profundo que una espada. Algunos me abrazaron luego. Algunos se fueron y nunca más me hablaron.

Al día siguiente, la iglesia recibió llamadas de personas que no pudieron asistir y preguntaron si podríamos hacerlo otra vez. Lo hicimos. Le siguieron meses de reuniones privadas, intervenciones, sesiones de consejería, y conversaciones llenas de lágrimas. A menudo sentía que ya había “terminado” con el proceso, pero Dios me aseguró que Él determinaría cuándo acabaríamos.

Durante esos meses mi perro murió, varios ancianos renunciaron, y por lo menos una docena de familias dejaron la iglesia. Además de eso, tuve un accidente casi fatal 50 días antes de mi boda. Estaba arreglando mi jardín cuando el combustible explotó, cubriendo el 12% de mi cuerpo con quemaduras de segundo y tercer grado. Mientras estaba siendo preparado para un traslado en avión, Carrie llamó al hospital para preguntar cómo estaba. La persona respondió: “Si, tiene quemaduras muy graves; estará bien. Dios sí sabe cómo darnos lo que merecemos, ¿no?”.

Nada era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Mi alma aún se siente perseguida por ello.

Las quemaduras y las palabras afiladas duelen, pero era más doloroso que ver cómo mis decisiones pecaminosas hundían la fe de las personas que amaba. Muchos estuvieron dispuestos a perdonar y seguir adelante. Pero no todos. Algunos no se sentían dispuestos a sentarse bajo la palabra predicada al temer que el predicador pudiera ser un fraude como yo. No compartiré aquí los detalles de sus luchas y extravíos, pero mi alma todavía se duele por la forma devastadora que mi pecado afectó a muchos.

La luz

Hay algo liberador en la luz, incluso si te hace estremecer debido a que has estado en la oscuridad por tanto tiempo. Ese año Dios entró a la oscuridad de mi hipócrita protección de imagen personal, y me jaló hacia su luz liberadora. Fue a través de su liberación que aprendí a confiar en Él de maneras que habían sido teóricas antes.

Salir a la luz daba miedo. Le di a Dios, y a otras personas, las riendas de control. Por mucho tiempo intenté controlar mi mundo cubriendo mi pecado, pero Dios me llamó a rendirme. No podía hacer más aquellos días sino solo abrir mis manos y dejarlo obrar a través de personas imperfectas y de un proceso imperfecto, en su manera perfecta.

Me convencí de que le puedo dejar a Dios las consecuencias de mi desobediencia. También aprendí que no solo estaba obrando en mí en este proceso; mi pecado y confesión se volvieron el conducto por el que Dios obró en muchas personas más. Su actitud moralista, la falta de perdón, y la incredulidad de ellos fue expuesta, también. Dando vueltas alrededor de muchos de nosotros había sentimientos de traición, vergüenza, dolor, confusión, enojo, y miedo. Y en el revoloteo, Jesús se mantenía firme. Probó ser mi Buen Pastor, y el de ellos.

Luego de unos meses en este proceso, muchos mentores amados me animaron a irme y empezar en otro lugar de nuevo. Pero muy en el fondo, sabía que a menos que mi iglesia me despidiera, debía quedarme sin importar cuán doloroso fuera el proceso. Dios me convenció a través de su Palabra que mi pecado había causado este lío, y necesitaba quedarme y soportar sus consecuencias.

En un punto, recuerdo estar acostado boca abajo en la alfombra de mi dormitorio. Y dije gritando: “He confesado cada pecado que he cometido, Dios. ¡No sé que más hacer!”. No me habló audiblemente, pero lo sentí diciendo: “Ahora empezaré a usarte”. El Señor me había aplastado porque me amó, y porque no había terminado conmigo todavía.

La restauración

Después de un año, Dios cerró ese capítulo en la vida de nuestra iglesia. Detrás nuestro habían lecciones aprendidas y más daño colateral del que a veces puedo soportar pensar. El siguiente capítulo trajo un nuevo día con una nueva atmósfera en nuestra congregación.

Muchos empezaron a confesar sus propios pecados ocultos. La actitud moralista fue expulsada, y la sanidad sobrenatural vino a mí y a la congregación que quedó. Me mantuve como pastor por otros dos años antes que Dios me llevará lejos de ese rebaño.

Me estremezco al pensar qué hubiera pasado si Dios nunca hubiera expuesto y aplastado mi pecado de la manera que lo hizo. Fue el peor y mejor año de mi vida. Nunca desearía pasar por ello otra vez, pero nunca cambiaría la cercanía a Dios que obtuve de ese momento.

Aquí hay cinco lecciones que aprendí que pueden ayudar a otros que batallan con pecados ocultos.

1. La presión a fingir es real.

No necesitas ser pastor para conocer la presión a fingir que lo tienes todo resuelto. A nadie le gusta ser expuesto. Nuestra vergüenza siempre busca asilo en la oscuridad. Nuestros primeros padres sabían esto cuando se escurrieron entre sombras del Edén (Gn. 3:8).

Si eres pastor, recuerda que la presión que sientes para verte capaz e impecable no viene del Padre. Es Satanás quien se disfraza como ángel de luz (2 Co. 11:14). No caigas en su llamado a encubrir quién eres realmente.

2. La hipocresía debe morir.

Luego de mi confesión, un querido amigo me dio un mensaje intencionado. Con un tono firme pero amable, dijo: “Jesús fue muy paciente con los pecadores sexuales, pero fue muy duro con los hipócritas. No puedes seguir a Jesús mientras pretendas que no lo necesitas realmente”.

Tenía razón. Predicaba sermones acerca de necesitar a Jesús, mientras solo fingía vivir lo que estaba predicando. Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará. El engaño se hace más oscuro. Empezarás a creer que estás seguro en tu pecado. Jesús murió por nuestra hipocresía y resucitó para darnos el poder de alejarla de nosotros.

Si no te quitas la máscara de la hipocresía y respiras el aire de la honestidad, tu alma se marchitará.

3. El tiempo para la honestidad es ahora.

Si estás escondiendo pecados, puedes salir con excusas razonables y profundas para esperar una siguiente ocasión para ser honesto. Tu carne se asustará y dirá que nunca sucederá de nuevo. No caigas en ese truco. Hoy es el día para confesarlo todo.

Jesús prometió que todo lo hecho en la oscuridad vendrá a la luz en el juicio de Dios (Lc. 12:2). Aún así, hay misericordia para aquellos que deciden traer a la luz lo que hicieron antes de ese gran día. Si tienes pecado sin confesar, ¿te comprometerías a compartirlo con Dios y con otro amigo cristiano confiable y cercano? Si dices que no, ¿por qué no? ¿Qué te impide honrar a Dios haciéndolo? Cualquiera sea la razón que tengas, revelará los ídolos con los que intentas obtener vida en lugar de hacerlo con Jesús.

4. No puedes hacerlo solo.

Necesitas a alguien en tu vida que te conozca, que te conozca de verdad. No alguien que entiende de manera general cómo luchas, sino alguien que sepa el estado de tus afectos y luchas con el pecado al día de hoy. Todos necesitamos a alguien al lado con quien podamos ir a confesarnos constantemente, arrepintiéndonos y confiando en Jesús.

5. Jesús nunca te dejará.

No importa lo que la honestidad te pueda costar, Jesús estará contigo (Mt. 28:20). Promete nunca dejarte ni desampararte (He. 13:5) Promete que estás completo en Él (Col. 2:10). Promete que nada te separará de su amor (Rm. 8:31–39). Promete completar la buena obra que empezó en ti (Fil. 1:6). Promete caminar contigo a través de los días oscuros que acompañen tu honestidad (Sal. 23:4).

Dios ha sido muy bondadoso contigo, ¿verdad? Querido amigo, su bondad está diseñada para llevarte al arrepentimiento (Rm. 2:4). Hoy es el día para entregarlo todo.

Y a las iglesias que puedan haber sido dejadas a punto de caer, no se desesperen. El Señor las cuidará así como ustedes cuidan a su pastor y se cuidan entre ustedes. Oren mucho, busquen consejo sabio, y confíen Jesús, quien es el mismo ayer, hoy y por siempre (Heb. 13:8).

PUBLICADO ORIGINALMENTE EN THE GOSPEL COALITION. TRADUCIDO POR HAROLD BAYONA.

18/27 – La humildad de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

18/27 – La humildad de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-humildad-de-cristo-/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de ustedes quizás están familiarizadas con los escritos de Andrew Murray, quien fuera escritor y pastor en Suráfrica.  Él vivió  a  finales de los 1800 y principios de los 1900.  Él dijo que si nosotros nos hiciéramos la pregunta,  “¿Cual es la característica más prominente de Cristo—la raíz y esencia de todo Su carácter como nuestro Redentor?  Solo podría haber una respuesta”. ¿Qué dirías tú? 

Leslie: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones  con Nancy Leigh DeMoss en  la  voz de Patricia de Saladín.

Nancy  está continuando su enfoque  en Jesús en la serie llamada, El Cristo incomparable. Entonces, ¿cuál dirías tú que es la característica número uno de Cristo? 

Nancy: Esta es la respuesta que nos da Andrew Murray: “Es Su humildad.”1

El llamado a la humildad es un tema recurrente en el ministerio de Jesús aquí en la tierra.  Él dijo:

“Bienaventurado los mansos—Los humildes en Mateo capítulo 5 versículo 5

“El menor entre ustedes será el mayor”. En Lucas 9 capítulo

“El que se humille será exaltado”. Lucas 14 versículo 11

Ahora, toda  esta enseñanza  sobre la humildad fue algo revolucionario en los días de Jesús,  De hecho, en  el mundo antiguo no existía en griego o en latín una palabra que comunicara el ideal cristiano de la humildad.  De manera que, el que Jesús caracterizara la humildad y la mansedumbre como una virtud positiva y deseada era algo radicalmente opuesto al pensamiento prevaleciente de la época, y, debo añadir, que de igual manera es totalmente contrario al pensamiento de hoy en dia.

En la Antigüedad, los filósofos consideraban la palabra ‘manso’, por ejemplo,  como  sinónimo de cobardía o de timidez.  Muchos consideraban la humildad como un vicio, y no como una virtud.  Entonces aquí viene Jesús a la tierra, e introduce todo un nuevo sistema de valores—todo lo opuesto a lo que el mundo valora.

Y por cierto, eso es lo que ocurre con el Reino de Cristo.   Es justamente  lo opuesto al reino de este mundo.  No hay  ningún  otro lugar donde esto sea  más evidente que con este tema de la humildad.

Por Su  ejemplo y por Sus enseñanzas, Jesús introduce el concepto de la humildad como una gracia.  Él eleva este concepto para convertirlo en una virtud.

Andrew Murray ha escrito un maravilloso libro llamado “La humildad”.

Él dice,

Humildad es el reconocimiento de que todo se lo debemos a Dios… Humildad es ser nada para que Dios lo sea  todo…Humildad, es un lugar de entera dependencia de Dios, es el primer deber y la más elevada  virtud del hombre.  Es la raíz de todas las demás virtudes.

El primer deber y la más  elevada  virtud del hombre; la raíz de toda virtud.

Ahora, si la humildad es la raíz de  cada virtud, entonces el orgullo está en la raíz  de cada pecado—comenzando desde el momento en que Lucifer se exaltó a sí mismo para ser como Dios. Él se reveló en contra de la autoridad de Dios, y fue expulsado del  cielo.

Fue  el orgullo que  rompió  nuestra relación con Dios  en el Huerto del Edén.   Así es que para poder ser reconciliados con Dios, para poder ser restaurados a la comunión con Dios, era necesario que se produjera una restauración de la humildad que perdimos en la caída. ¿Tiene sentido?  El orgullo cortó nuestra relación con Dios.  Así es que para que esa relación fuera restaurada, debía haber una restauración de la humildad.  Pero  ¿cómo iba esto a suceder?  Nosotros éramos muy orgullosos para ser humildes.

Y Andrew Murray dice—y me encanta esta cita,

Jesucristo tomó nuestro lugar  y cumplió a cabalidad el destino eterno del hombre a través Su vida de perfecta  humildad. Su humildad es  nuestra   salvación.  Su salvación  es nuestra humildad.    Por tanto, estudia   la   humildad   de   Jesús.  Este es el secreto; la raíz escondida de tu redención.

Así   que esto es  lo   que   quiero  que hagamos   hoy—estudiar la humildad de Jesús.    Ahora bien podríamos hacer  toda  una  serie  sobre la humildad de Cristo. Es  demostrada de tantas formas a   través de Su vida y de Su ministerio terrenal,  pero vamos a limitarnos a ver tan solo algunas de ellas.

Primero que todo, la humildad de Cristo es demostrada en Su encarnación.   Hemos  hablado  sobre esto en esta  serie del Cristo incomparable.   En el momento en que Cristo, quien es igual a Dios, tomó  la naturaleza humana y vino a la tierra.  Él puso a un lado la majestad,  y el  esplendor  del  cielo  y conformó Su naturaleza divina a las limitaciones de nuestra humanidad.

Su  humildad  se   ve   en   Su   nacimiento, al haber nacido de una pobre muchacha adolescente  bajo circunstancias humildes—no con pompa, ni con  fanfarria…  sino en un pesebre en un establo de animales.

Su humildad  se ve cuando Él puso a un lado Sus derechos, Sus privilegios, y el ejercicio independiente de Sus atributos divinos.

C.S. Lewis lo expresa de esta manera:

La  doctrina de  la  encarnación esta enfáticamente en  el  centro  del   Cristianismo, que el Hijo de Dios descendió a la tierra [humildad]. Jamás una semilla  ha caído tan lejos del árbol, en tan obscura y fría tierra, como lo hizo el Hijo de Dios [Su humildad]1

Hay un precioso poema navideño escrito por Richard  Crashaw en el siglo XVII que  expresa la humillación  de Cristo en Su venida a esta tierra.  A pesar de que el lenguaje es antiguo, creo que van poder captar el corazón del mismo, de manera que pongan  mucha atención:

Que  la luz enceguecedora  que destella el Gran Ángel  disminuyera Su centellear para  brillar en los ojos de un humilde Pastor;
Que  el Dios inmensurable descendiera tan bajo como prisionero  y en pocos  harapos descansara;
Que del seno de Su madre Él se alimentara;
Aquél  que se alimenta con el néctar de  la familia celestial;
Que un vil pesebre, de baja estima, Él probara;
Aquél que sentado  en las alturas en un trono de estrellas, en el cielo hace Su tronar;
Que Aquél  a quien  el  sol le sirve, apenas mirara como a través de las nubes de su infancia .
Que Él,  aquella antigua Palabra Eterna pudiera ser un Niño; y gimiera; Que Aquél que hizo el fuego, temiera  al frío;
Que la majestad de las alturas del Palacio de los Cielos, fuera cuidado en una choza de arcilla…
Que la gloria misma sirviera nuestras penas y temores, Y que la eternidad fuera sometida al tiempo,
¡Que esto sea nuestro sobrecogedor asombro y  maravilla!

La encarnación—Cristo inclinándose hacia nosotros. Es una demostración de Su humildad, pero la humildad de Cristo no fue solo demostrada cuando Él nació como un bebé en Belén.  Fue demostrada a través de toda Su vida y de Su ministerio aquí en  la tierra.

Ahora bien, a nivel humano, Jesús tenía mucho más en  lo que Él podía gloriarse—Sus antecedentes, Sus dones, Sus habilidades, Su conocimiento, Su herencia, Su realeza, y todo lo demás. Pero las Escrituras dicen—y Él lo dice de sí mismo—que Él era “humilde de espíritu”. (Por cierto, ¿no resulta irónico que  nosotros, los que no tenemos nada de qué gloriarnos, orgullosamente nos exaltamos a nosotros mismos? ¡Debería ser todo lo contrario!)

Entonces, ¿como fue que Jesús demostró humildad durante Su vida y ministerio aquí en la tierra? Bueno, las Escrituras dicen que Él no buscó honra ni alabanza de los hombres, solo de Dios.

En el Evangelio de Juan, Jesús dice, “No recibo gloria de los  hombres”; (5:41). “Yo no busco mi propia gloria” (8:50).  Cuando nosotros buscamos gloria y alabanza de los hombres, estamos demostrando un corazón orgulloso.  Pero Jesús tenía un corazón humilde.  Él dijo, “Yo no buco Mi propia gloria.  Yo no busco alabanza de los hombres”.

Vemos Su humildad en el hecho de que Él era totalmente dependiente de Su Padre Celestial—no independiente, sino  dependiente.

En Juan capítulo 5, Jesús dijo, “El Hijo no puede hacer nada por su cuenta” (vs. 19).”Yo no puedo hacer nada por iniciativa mía” (vs.30).

Juan capítulo 8: “Yo no hago nada por mi cuenta sino que  hablo estas cosas como el Padre me ensenó” (vs.28). Por cierto, esa humildad y  dependencia de Su Padre en ningún otro lugar fue más claramente visible que en Su vida de oración. Hablaremos de esto en una próxima sesión.

Su humildad fue vista en Su servicio.  Él siempre buscó el mejor interés de los demás. Él puso las necesidades de los demás por encima de Su bienestar.  Vemos a Jesús acercarse a los discípulos luego de ellos haber tenido una discusión acerca de quién sería  el mayor, y entonces ellos entran a la cena, y ¿qué hace Jesús? Él adopta la posición más baja, la de un siervo esclavo,  y lava los pies de los discípulos.  Él se inclina para servir a los siervos.  Su humildad es vista en Su servicio.

Su humildad es vista también en lo que llamamos Su entrada triunfal en Jerusalén, lo que muchos celebrarán dentro de varias semanas, el Domingo de Ramos.  Esa entrada triunfal cumplió las palabras dichas por el profeta Zacarías. En Zacarías capítulo 9 “He aquí, tu rey viene a ti… [¿Cómo viene?] humilde, y montado en un asno” (9:9).  Los reyes guerreros, cuando entraban a un pueblo, lo hacían a caballo.  Pero si un rey entraba en un asno, era señal de paz y no de guerra.

Los judíos de esos días esperaban al Mesías como un rey conquistador, pero Él vino como un Rey humilde en misión de paz.  Porque y Él no llenó sus expectativas de cómo debía lucir un rey conquistador, ellos lo rechazaron. Éllos no se percataron de quien Él era.  Y fue Su humildad lo que hizo que no se percataran.

Su humildad no solo fue vista en Su servicio y en Su entrada humilde en Jerusalén, sino también fue vista en Su sufrimiento y en Su respuesta ante los insultos y las injurias durante toda Su vida, pero especialmente hacia el final de Su ministerio, durante la Pasión de Cristo, como vamos a estar estudiando en las próximas semanas. Él fue calumniado.  Su carácter difamado.  Él fue acusado de estar poseído por demonios, de ser un borrachón, un glotón un loco, un lunático.

Yo puedo decir solamente que mi instinto, bajo circunstancias similares, sería el defenderme a mí misma, el defender mi reputación, y el resentir a aquellos que me mal interpretan y me critican, y  vengarme haciéndole  exactamente lo mismo a ellos.  Pero Cristo no hizo nada de esto.  En cambio, Él se humilló a sí mismo.

Y Su humildad no solamente es vista en estos aspectos de Su  vida aquí en la tierra, sino que Su humildad es vista, en última instancia, en Su muerte.  ¿Qué dice Filipenses capítulo 2? “Se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte y muerte de cruz”  (vs.8). Nosotros vemos esa humildad a medida que Él exhala Su último aliento, cuando  Él  dice, “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu,” Lucas capítulo 23 versículo 46—una humilde sumisión de Sí mismo a Su Padre.

Su humildad es vista en la absoluta sumisión a la voluntad de Su Padre.  A través de toda Su vida, al venir a esta tierra, en la vida que el vivió aquí en la tierra, en Su sufrimiento, Su pasión y Su muerte—vemos Su sumisión a la voluntad del Padre.  Esto es una expresión de humildad, de Su humildad de  corazón.

Y  entonces debemos  recordar que Jesús será siempre humilde por toda la eternidad.  Él no solo fue humilde cuando fue a la cruz, sino cuando se levantó de los muertos y ascendió a los cielos.  Él no perdió Su humildad, Él aún es el humilde, Dios encarnado.

Primera a los Corintios capítulo 15 nos  dice:

“Y cuando todo haya sido sometido a Él, entonces también el Hijo mismo se sujetará a aquél que sujetó a Él todas las cosas, para que Dios sea todo en todos” (vs. 28).

¿Qué está diciendo? (Vemos mucha “sujeción” en este versículo.)  La Escritura dice en este pasaje que Dios está en el proceso sujetar todas las cosas a los pies de Cristo.  Pero cuanto todo este sujeto bajo los pies de Cristo ¿qué hará Cristo? Él mismo se  sujetará a Aquél que sujetó todas las cosas en Él para que Dios sea todo en todo— el siempre humilde Dios encarnado.

Y cuando vemos la visión de Juan  en el libro de Apocalipsis, capítulos 4 y 5 donde él ve el resplandeciente y santo Dios sentado en Su trono, ¿a quién ve Juan al lado del trono? ¿Cómo aparece Cristo en esa imagen? Juan nos dice, “Yo vi a un Cordero de pie, como inmolado” (5:6)—el humilde Hijo de Dios—Él  siempre humilde Dios encarnado, por toda la eternidad.

En su libro titulado “Los Milagros”, C.S. Lewis nos da una maravillosa descripción pictórica de la humildad y la humillación de Cristo.  Permíteme leerte parte de esto.  Él dice:

En la historia cristiana, Dios… desciende y desciende desde las alturas de Su ser absoluto, al tiempo y al espacio, baja a la  humanidad, baja a la raíz misma de la humanidad creada por Él mismo.  Pero Él desciende para volver a subir de nuevo y llevar Consigo a pecadores arruinados.

La imagen que tenemos aquí es la de un hombre fuerte, descendiendo  cada vez más y más para colocarse encima una gran y complicada carga. Él debe inclinarse para poderla levantar.  Él debe casi desaparecer, increíblemente, bajo la carga antes de poder enderezar Sus espaldas bajo este gran peso, y se  marcha con esta gran masa tambaleante sobre Sus hombros.

O también podemos pensar en un buzo, primero quitándose su ropa y luego mirando hacia arriba y luego lanzándose al mar,  desapareciendo, rápidamente descendiendo a través del agua tibia y verde, adentrándose cada vez más profundamente en el agua negra y fría, hundiéndose cada vez más hasta llegar a sentir la presión en aumento de una zona de muerte, de lama y de lodo y de podredumbre. Y  luego sube de nuevo, hacia la luz  y los colores,  sus pulmones casi al explotar, hasta llegar a la superficie, trayendo en Sus manos algo precioso, y aún goteando agua; algo que había bajado a rescatar.

¿No es esta una imagen grandiosa de la obra  redentora y  humilde de Cristo? Permíteme leerte este pasaje, tan familiar para muchas de nosotras, pero uno que debe ser leído una y otra vez.  Vamos a lavar nuestros corazones con esta Palabra:

Filipenses, capítulo 2, los versículos del 5 al 11—y piensen en este hombre fuerte descendiendo cada vez más bajo, colocándose bajo esta pesada carga para levantarla; piensen en ese buzo bajando a las partes obscuras, llenas de lama y podredumbre para rescatar aquello precioso y traerlo hacia arriba de nuevo.  Piensen en estas dos imágenes a medida de que les leo porciones de Filipenses capítulo 2:

“Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.  Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.”

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra,  debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre.”

Para que Dios sea todo en todo.  Él descendió. Él bajó, bajó, y bajó, a rescatarnos, para llevarnos hacia arriba.  Dios le exaltó a Él.  Nuestra esperanza de exaltación eterna, habiendo sido rescatadas de las profundidades de nuestra pecaminosidad, está en el hecho de que Cristo se humilló a sí mismo y bajó  en esa misión de rescate.

Permíteme de nuevo ir una vez más a  una cita del maravilloso libro sobre la humidad, escrito por Andrew Murray.  Él dice,

¿Debe sorprendernos que la vida cristiana sea a veces tan débil y poco fructífera cuando la raíz misma de Cristo es dejada de lado, o es desconocida?… Si la humildad es el secreto de Su  expiación, entonces la fortaleza y salud de nuestra vida espiritual depende enteramente en que nosotros nos coloquemos esa gracia también, y que hagamos de la humildad lo que más admiremos en Él, lo que más le pidamos a Él, la sola cosa por lo cual sacrificaríamos todo lo demás… ¡O que la humildad de Jesus sea vista en mí y en todo lo que me rodea!

Entonces, ¿cómo cultivamos la humildad? Creo que el punto de partida es reconocer que no la tenemos, y que no viene de manera natural. Es una gracia.  Es algo que Dios nos da, pero también somos llamadas a humillarnos a nosotras mismas.  Es una elección que hacemos.  ¿Y qué es lo que nos lleva a tomarla? ¿Qué nos hace abandonar nuestra altanería, nuestro orgullo nuestra autosuficiencia y nuestro espíritu independiente? ¿Qué hace falta para llevarnos al lugar de la humidad donde preferimos ser humildes y no orgullosas?  Como Murray dice, “Estudia la humildad de Cristo.  Considera a Cristo”.

Jesús dice en Mateo capítulo 11:

“Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de Mi, que soy manso [apacible, como dice la  NVI]  y humilde de corazón y hallaréis descanso para vuestras almas.” (v.29)

Murray dice,

Solamente a medida de que la  vida de Cristo en Su divina humildad  more en nosotros es  que podremos ser verdaderamente humildes.   Nosotros heredamos nuestro orgullo de otro, de Adán; debemos de obtener nuestra humildad de Otro, [con O mayúscula], también.

Es Cristo en nosotros, el perfecto y humilde Cristo, Quien es nuestra fuente de humildad.  Él nos motiva a ser humildes.  Él nos capacita para ser humildes.  Él es nuestra humildad—Cristo en nosotros.”Aprended de Mí  que soy manso y humilde de corazón”.

  • Medita en Él.
  • Contempla Su humildad, Su servicio, Su amor y la distancia que Él estuvo dispuesto a descender para rescatarnos.
  • Y sobre todo, medita frecuentemente en la cruz.  Vuelve tus ojos a Jesús.  Mira a la cruz.  Medita en Su sufrimiento, Su sangre derramada, Su muerte, la forma como descendió y descendió y descendió y descendió a los abismos para rescatar a seres como nosotros.

Medita en Cristo.  Medita en la Cruz:

La cruz excelsa al contemplar,
Do Cristo allí, por mí murió,
De todo cuanto estimo aquí,
lo más precioso es Su amor.2

Oh, gracias a Ti, gracias a Ti, Jesús, por escoger el  camino de la humildad.  Por descender, y venir; por descender  para alcanzarnos en nuestra bajeza, movido por Tu amor, por Tu sumisión y Tu obediencia a la voluntad de Tu Padre, y por el anhelo y el deseo de rescatarnos, para hacernos Tu más preciado tesoro y posesión.  Gracias a Ti por exaltarnos a través de Tu humillación.

De manera que hoy, Señor Jesús, levantamos Tu Nombre. Te exaltamos.  Elevamos Tu nombre, que es sobre todo nombre.  Tú eres el incomparable, y humilde Cristo, y te amamos. Perdónanos por exaltarnos a nosotras mismas, por nuestro orgullo, nuestra necedad, nuestro espíritu independiente, nuestras terquedades, por nuestras rebeliones contra Ti.  Oh que en este día nos humillemos como Tú te has humillado, para que Tú puedas derramar gracia, la gracia de Cristo sobre nosotras en este dia. Estas cosas las pido en el santo  nombre de Jesús, amén.

Leslie: Luego de haber oído este mensaje de Nancy Leigh DeMoss,  Yo me siento  motivada  adorar a Jesus por Su increíble humildad.

Ella está en una serie llamada El Cristo incomparable.  Ha sido un  enriquecedor estudio  sobre  la vida y persona de Jesús, un tema que todas necesitamos.  Si  te has perdido algún mensaje de esta serie, lo puedes oir en www.AvivaNuestrosCorazones.com.  También podrás encontrar allí las transcripciones para cada programa y  otros recursos que te pueden ayudar a darle seguimiento a  lo que has oído.

¿Te puedes imaginar la presión en la que Jesús se encontraba?  Él era constantemente criticado.  Él invirtió su vida en sus amigos que no lo entendían, mientras Él tenía una asignación inmensa de parte de Dios. Sin embargo, la vida de Jesús fue marcada por la serenidad.  Aprendamos de esta característica de Él el lunes, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1C. S. Lewis.Miracles. p. 401.
2 Issac Watts. «When I Survey the Wondrous Cross.»

Rey Humilde, En Espíritu y en Verdad, Tu Reino Aquí ℗ 2010 En espíritu  y en verdad.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

17/27 – La enseñanza de Cristo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: El Cristo incomparable

17/27 – La enseñanza de Cristo

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/la-ensenanza-de-cristo/

Leslie Basham: Aquí está Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Algunas de ustedes pueden estar familiarizados con un vídeo, un DVD titulado “Moldeador de  sueños”. Es la historia sobre un profesor llamado Guy Doud. Él era un profesor de secundaria y tenía un corazón para sus estudiantes. Este hombre encontró  maneras increíblemente innovadoras y creativas para motivar a sus alumnos a aprender. Él tomó interés personal en sus estudiantes, y como maestro tuvo un impacto significativo en sus alumnos. Pues bien, en 1986 Guy Doud fue invitado a la Casa Blanca, donde fue honrado por el presidente Reagan como el maestro nacional del año.

Hoy queremos mirar al hombre que tendría que ser honrado como el más grande maestro de todos los tiempos.

Leslie: ¿Quién fue el mejor maestro que jamás haya existido? Vamos a estudiar esta pregunta a medida que Nancy Leigh DeMoss continúa la serie El Cristo incomparable en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy: El Cristo incomparable es acerca de quién estamos hablando en esta serie. Hoy queremos conocerlo como un maestro. Nunca ha habido y nunca habrá un maestro como Cristo.

De hecho, una noche, un hombre llamado Nicodemo, que era un maestro sabio y respetado, busco a Jesús y le dijo. “Sabemos que has venido de Dios como maestro…”  en Juan capítulo 3.

De manera que Nicodemo sabía que Jesús no era un maestro común. No era un rabino ordinario.  En realidad no había nadie como Él, porque Él había venido de Dios.

Los evangelios se refieren a Jesús como un maestro en más de 40 ocasiones. Jesús siempre estaba enseñando.  Él era capaz de revelar la verdad y la perspectiva eterna en momentos cotidianos de la vida y  en conversaciones. Eso es lo que hace un buen maestro. Él siempre condujo conversaciones de tal forma que le diera a la gente el punto de vista de Dios en todo lo que se estaba hablando.

Jesús fue un maestro que—a diferencia de algunos profesores que pudimos haber tenido en el pasado—Su enseñanza era convincente. Llamaba la atención, y desde el primer momento su enseñanza atrajo grandes multitudes. Mientras se propagaba de boca a boca, la gente venía desde muy lejos solo para escuchar a Jesús enseñar.

Mateo capítulo 4 nos dice:

“Y Jesús iba por toda Galilea, enseñando en sus sinagogas y proclamando el evangelio del reino…Y le siguieron grandes multitudes de Galilea, Decápolis, Jerusalén y Judea, y del otro lado del Jordán” (vv.23-25).

Así que aquí está Jesús enseñando en la región norte de Galilea, y la gente lo escuchaba, la palabra se extendía, y venían de todas estas distancias para escuchar este nuevo rabino que enseñaba. La enseñanza de Jesús no solo atrajo grandes multitudes, pero una vez la gente era atraída, Su enseñanza provocaba y  causaba asombro. Esto se ve a lo largo de todos los evangelios.

Mateo capítulo 5 versículo 1 dice: «Cuando vio las multitudes, subió al monte, y después de sentarse, sus discípulos se acercaron a él. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo…»Ahora, ¿qué le sigue a este versículo? Mateo 5, ahí comienza el Sermón del Monte.  Así que Mateo 5, 6 y 7, se trata de lo que Jesús enseñó a los que vinieron. Al estudiar este texto, da la impresión de que esto comenzó como una pequeña reunión y que después otros se unieron al grupo. Al final del Sermón del  Monte, hay una gran multitud reunida allí en aquel monte.

Así llegamos al final del Sermón del Monte, Mateo capítulo 7, y dice: «Cuando Jesús terminó estas palabras, las multitudes se admiraban de su enseñanza…” (v. 28). Si tienes la NVI, dice que se “asombraban” de Su enseñanza. Esa palabra traducida como ‘asombraban’ en griego es ekplesso. La palabra significa literalmente que “fueron deslumbrados”. Ellos se quedaron atónitos. Ellos se sorprendieron. Ellos se asombraron.

Pero esa no fue la única vez. En Mateo capítulo 13 en el versículo 53 dice,

“Y sucedió que cuando Jesús terminó estas parábolas, se fue de allíY llegando a su pueblo, les enseñaba en su sinagoga, de tal manera que se maravillaban, otra vez la palabra griega, y decían: ¿Dónde obtuvo éste esta sabiduría y estos poderes milagrosos? ¿No es éste el hijo del carpintero?”(vv. 53-55)

¿Te das cuenta? Las enseñanzas de Jesús eran diferentes a todo lo que ellos habían oído antes.  No era más que el «hijo del carpintero». Ellos no esperaban que un comerciante tuviera este tipo de sabiduría. Después de todo, Jesús no tenía formación en el seminario. No tenía algún título de postgrado. Él obtuvo Su sabiduría de, ¿dónde? de  Dios mismo. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. Ellos no estaban acostumbrados a escuchar de maestros que recibieran su sabiduría directamente de Dios.

A medida que continuamos en ese pasaje, llegamos al versículo 57 de Mateo capítulo 13, y te das cuenta de que la reacción—aunque estaban asombrados—no siempre fue positiva. Dice: «Y se escandalizaban a causa de Él”. Pero ¿No es cierto que también hoy día cuando muchos escuchan las enseñanzas de Jesús se ofenden y las rechazan? Tal vez no lo encuentran lo suficientemente sofisticado como para los tiempos modernos. Porque la enseñanza de Jesús no encaja con la sabiduría convencional, que va en contra de nuestra cultura.

Veamos otra instancia, en Marcos capítulo 1, donde la gente se admiraba de las enseñanzas de Jesús.

Marcos capítulo 1, “Entraron en Capernaúm; y enseguida, en el día de reposo entrando Jesús en la sinagoga comenzó a enseñarY se admiraban, la palabra de nuevo,  de Su enseñanza; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (vv. 21-22)

En algunas de sus traducciones se les llama a los escribas ‘maestros de la Ley’. Estos eran hombres que eran expertos en la Ley Mosaica. Pasaban sus vidas estudiando los detalles minuciosos de la Ley Mosaica. La enseñaban, de manera que ellos interpretaban la Ley y la interpretaban para otros. Eran expertos en la Ley, los escribas. Versículo 27. “Y todos se asombraron…” Ahora, aquí se usa una palabra griega diferente. Es una palabra que significa “estupefacto” o “atónitos”. “…de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¡Una enseñanza nueva con autoridad!”.

La enseñanza de Jesús fue, en muchos aspectos, un contraste con la enseñanza que estaban acostumbrados a oír de los escribas y los maestros y los líderes religiosos. Echemos un vistazo a algunas de las formas en que la enseñanza de Jesús era diferente. Por ejemplo, los rabinos y los escribas y los maestros religiosos a menudo citaban a otros rabinos y maestros. Tomaban ideas prestadas de fuentes humanas. Ellos exponían la tradición. Pero la palabra que se usa aquí en relación a la exposición de Jesús y la autoridad con la que Él hablaba, hace referencia a una autoridad dentro de Él mismo, no a una autoridad derivada de otros. Su mensaje venía de Su Padre. Poseía autoridad divina.

Los escribas y maestros de la ley a menudo se centraron en los detalles, en las minucias de la ley. Colaban los mosquitos y se tragaban el camello, dijo el mismo Jesús (ver Mateo 23:24). Pero Jesús se centró en asuntos de significado eterno. Él enseñó cosas que realmente importaban. Él volvía una y otra vez al mismo mensaje básico acerca del Reino de Dios, del Rey de ese Reino, y lo que significaba ser un súbdito de ese Reino.

Los comentaristas dicen que si lees el Talmud—donde los escribas escribían sus dichos—a menudo es difícil seguir las complejas divagaciones y el razonamiento de los líderes religiosos. Pero la enseñanza de Jesús, por el contrario, realmente tenía sentido. Era ordenada. Iba al grano. La gente común podía entenderlo.

Aquí hay otro contraste. Los sermones de los escribas eran a menudo confusos y engañosos (Mat 5:21). Pero los sermones de Jesús eran directos, y hablaba, pura y simplemente, la verdad.

La enseñanza de los escribas era a menudo seca y aburrida. No tenía la intención de conectar con la gente común—ellos básicamente hablaban de sí mismos. Pero la enseñanza de Jesús era agradable. Capturó la atención de multitudes, incluidos los niños. Recuerda que no había guarderías para los más pequeños. Jesús despertaba el interés de sus oyentes con historias, con ilustraciones, con descripciones visuales, y con parábolas.

Su enseñanza no estaba cargada, no era formal, y no estaba por encima del entendimiento de la gente común. No abrumaba ni confundía a los oyentes con grandes palabras, o con argumentos eruditos. Usó ejemplos cotidianos, lecciones prácticas. Conectó con hombres comunes y con los corazones de la gente. Él era un gran narrador.

Su enseñanza era bastante simple de comprender para los niños pequeños o para personas de poca educación. Sin embargo, fue también lo suficientemente profunda como para desafiar a personas como Nicodemo, que habían estudiado las Escrituras durante años.

Aquí hay otro contraste. Los escribas y los otros líderes religiosos, a menudo eran motivados por la codicia, por mantener las apariencias. Tenían el deseo de recibir la alabanza de los hombres.  ellos querían que otras personas dijeran cuán grandes maestros ellos eran. Ellos no estaban motivados, muchos de ellos, por el amor genuino hacia las personas que enseñaban.

Pero Jesús sin embargo ¡Jesús realmente amaba a la gente! Estaba motivado por la compasión. Él estaba preocupado por el bienestar eterno de Sus oyentes. Recuerda lo que pasó en Marcos 6, donde dice: «Al desembarcar, Él vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas sin pastor…” Ellos estaban vagando, sin rumbo, y desvalidos e indefensos. Entonces, ¿qué hizo Él? Su compasión le movió, “y comenzó a enseñarles muchas cosas» (v. 34). Él fue el gran Pastor. Dirigió Sus ovejas y se preocupaba por ellas por su enseñanza.

Hubo otras cosas que hacían de Jesús un gran maestro. Él conocía a Sus estudiantes. Él conocía Sus corazones. No hay maestro en el reino de los humanos que pueda conocer los corazones de sus alumnos. Él no le habló solo a sus mentes, sino que habló palabras que penetraron, que traspasaron, y cambió sus corazones.

Él no solo conocía Sus estudiantes, sino que sabía lo que Sus estudiantes necesitaban escuchar, y eso es lo que Él les dio, sin importar si eso es lo que ellos querían escuchar o no. Independientemente de su respuesta, Él sabía lo que realmente ellos necesitaban, y eso fue exactamente lo que les dio.

Habló palabras a tiempo, las palabras que llenaban las necesidades de los oyentes. A veces, esas palabras eran cosas difíciles de oír. Él dijo por ejemplo: «No te preocupes por nada» (ver Mateo 6:25). Habló contra la ansiedad, contra la codicia, contra la hipocresía, y contra el divorcio. Habló de personas que pensaban que estaban sirviendo a Dios, pero que un día llegarían a estar delante de Dios y que Él les diría: «Jamás os conocí. Apartaos de mí, los que practicais la iniquidad.»(Mateo 07:23)

Si quieres ser un maestro popular, ese no es exactamente el camino a seguir, especialmente cuando tú estás hablando a los líderes religiosos. Pero Jesús habló lo que Sus oyentes debían escuchar. Ya fueran niños o padres o paralíticos o fariseos, o quien quiera que fuera, Él habló lo que ellos necesitaban oír.

Marcos capítulo 12 dice: «Y cuando ellos llegaron, le dijeron: ‘Maestro, sabemos que eres veraz y que no buscas el favor de nadie, porque eres imparcial, y enseñas el camino de Dios con verdad…” (v.14). Jesús no tenía temor de los hombres. Él amaba a Dios, y no estaba tratando de ganar un concurso de popularidad. Él amaba a la gente, y sabía darles lo que necesitaban.

Él no solo conocía a sus estudiantes y lo que ellos necesitaban escuchar, Él también conocía la Escritura. Conocía las Escrituras del Antiguo Testamento. Él no tenía una formación en el seminario formal o de grados avanzados. Él era un estudiante de la Palabra de Dios. De hecho, los evangelios nos dicen que Él citó al menos 24 libros del Antiguo Testamento. Me pregunto cuántas de nosotras podríamos hacerlo, sin necesidad de abrir nuestra Biblia, y citar 24 libros del Antiguo Testamento.

Jesús no estaba enseñando para impresionar a la gente con lo mucho que sabía sobre el Antiguo Testamento, sino que utilizaba la Palabra para apuntar a las personas hacia Dios y hacia Su Reino; les ayudaba a entender la Palabra. Les mostró cómo se conectaba a su vida y lo que Dios estaba haciendo en este mundo.

Jesús también fue un gran maestro, debido al poder de un mensaje de vida. Su vida validó Su mensaje. En otras palabras Él vivía lo que enseñaba. Su vida respaldaba Sus palabras y Él era coherente con todo lo que enseñaba. Nunca hubo una contradicción entre lo que hizo y lo que dijo. Él dijo: «Bienaventurados los mansos», y luego dijo:»Yo soy manso y humilde de espíritu.»

No se limitó a hablar de la oración, ¡Él de hecho oró! Cuando dijo: «Amad a vuestros enemigos, perdonad a los que os persiguen», Él no solo ofreció teología teórica. Él modeló lo que era devolver bien por mal, perdonar a sus enemigos, para amarlos y orar por ellos.

Y, por cierto, para aquellas de nosotras que estamos involucradas en enseñar la Palabra a otras—ya seas una mamá que provee escuela en el hogar, o quizás enseñas en un grupo pequeño que tiene una relación de discipulado uno a uno—hay tanto poder en el mensaje de tu vida. Una cosa para mí es simplemente enseñar la verdad a través de este ministerio, pero el poder viene cuando puedo decir, «Imítame como yo imito a Cristo». Cuando tengo un mensaje de vida. No que sea perfecta, pero estoy honestamente intentando seguir a Cristo en las cosas que estoy enseñando a otras.  Es de ahí de donde viene el poder. Porque hay poder en un mensaje de vida.

Jesús no solo enseñó a grandes multitudes. A veces la gente se pregunta, «¿Cuántas personas hay en la audiencia escuchándome enseñar?» Jesús pasó mucho tiempo centrado en la enseñanza de un pequeño grupo de 12 discípulos. Y luego, más tiempo aún, con un grupo más reducido, de tres de los discípulos que pasaron mucho tiempo con Él.

¿Qué estaba haciendo Jesús? ¿Por qué se enfocaba Él en este grupo más pequeño? Él estaba entrenando y preparando a Sus discípulos para llevar a cabo Su misión después de Su muerte, de Su resurrección y de Su ascensión al cielo. Él fue intencional al invertirse en ellos. Su intención era que cuando Él dejara esta tierra, ellos enseñaran a otros lo que Él les había enseñado. Y esos que Él enseñaba, luego enseñarían a otros, y de esta forma pasarían el testigo de la Verdad de una generación a otra.

Jesús enseñó a sus discípulos, al pasar tiempo con ellos. Vieron cómo vivió y vieron Su carácter cuando no había mucha gente alrededor; cuando no había nadie a quien impresionar. Él les dio la libertad de hacer preguntas, y entonces respondió esas preguntas. Usó experiencias cotidianas como momentos de enseñanza.

Algunas de ustedes pueden estar familiarizadas con el nombre de Howard Hendricks. Se conocía con el nombre de «El profesor» durante los 60 años que enseñó en el Seminario Teológico de Dallas. Se retiró hace unos años a la edad de 82 años. Era muy querido por toda una generación de estudiantes, y por muchos, como yo, que no fuimos a su seminario, pero que escuchamos  sus mensajes muchas veces a lo largo de los años. Sus enseñanzas y sus conferencias nunca fueron aburridas, y nunca ha habido un profesor más citado y citable que él.

El Profesor Hendricks dice:

En mis años de formación en el aula me enteré de que mis estudiantes estaban buscando desesperadamente «cómo» poner la verdad cristiana en la vida práctica, y decidí arriesgarme a tener encuentros cercanos con ellos para permitir que ellos me vieran a mi; para poder ser su guía, un facilitador—no para producir pecadores más inteligentes, sino para guiar a un hombre o a una mujer a ser más como Jesucristo. Mi objetivo no era solo informativo, sino transformador.

Eso me recuerda la enseñanza de Jesús. Su enseñanza no estaba esparciendo información ni llenando cabezas y cuadernos. Él estaba enseñando para ver vidas transformadas. Él dijo: «Las palabras que yo os he hablado, son vida». (Juan 6:63)

Y por cierto, esa es mi carga por el ministerio de Aviva Nuestros Corazones. Lo ha sido a través de todos estos años que hemos estado en el aire. Mi carga es que las mujeres no solo llenen sus cabezas y sus cuadernos con más contenido, sino que ellas sean fascinadas, detenidas, confrontadas por la verdad, y que respondan a ella, que se debatan con ella, y que sus corazones, sus vidas y sus mentes sean cambiadas por esa verdad,  que seamos transformadas juntas por las enseñanzas de Jesús, y seamos hechas a su semejanza.

Al pensar en la enseñanza de Cristo, permíteme sugerir otras dos aplicaciones, mientras consideramos a Cristo como maestro. En primer lugar tenemos que recordar que Su doctrina es la verdad absoluta. Tiene un peso y una autoridad absoluta. Cuando Cristo habla, Dios habla. Es potente, con autoridad, y se impone sobre nuestras vidas.

La enseñanza de Cristo es eterna. Nunca se vuelve obsoleta. Hemos visto que algunas cosas que se enseñaban en las aulas hace 20, 30  ó 40 años, eran incorrectas. Las nuevas evidencias y los nuevos estudios demuestran que no era así. Por el contrario la enseñanza de Cristo nunca se vuelve obsoleta. Es eternamente relevante. Es relevante para cada persona en todas las culturas en todos los períodos de tiempo de la historia. Su enseñanza se aplica a tu vida actual, para cada relación y para cada situación en que te encuentres. El desafío es escuchar, y dejar que transforme tu vida.

Alguien de nuestro equipo me decía el otro día—ella nos ha estado siguiendo a lo largo de esta serie… que después de leer este capítulo acerca de la enseñanza de Cristo del libro de Oswald Sanders “El Cristo incomparable”, me dijo: “Ese capítulo me hizo querer ser un estudiante experto. Si el autor de este libro (de la Biblia)  es el gran maestro de todos los tiempos, sería una locura no leerlo”. Espero que este sea el efecto que causen en ti las enseñanzas de Cristo.

Y una idea final. No estamos solo para ser beneficiarias de la enseñanza de Cristo, sino que debemos llegar a ser canales de su enseñanza, siempre aprendiendo y creciendo, pero siempre pasándola a otros. Eso no es solo para las personas como yo que tienen un micrófono, una plataforma, un programa de radio, y escribo libros. Eso es para gente como tú. Todas nosotras estamos llamadas como Cristo, a ser maestras.

Jesús dijo, cuando Él estaba a punto de ascender al cielo: « Id, pues, y haced discípulos de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado…” (Mateo 28:19-20). Jesús nos manda, como sus discípulos, a enseñar a otras lo que Él nos ha enseñado.

«Que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándoos unos a otros…” (Colosenses 3:16). Podemos hacer eso en la vida cotidiana y en los contactos cotidianos e intercambios, en Twitter, Facebook y a través del correo electrónico—enseñando a otros lo que Dios nos ha enseñado.

«Pues aunque ya debierais ser maestros…” dice Hebreos capítulo 5. El reproducirse en otros y enseñar lo que Dios te ha enseñado a ti a través de Su Palabra es una evidencia de madurez espiritual.

Y como mujeres, muy particularmente, tenemos este mandato. Las mujeres de edad “deben enseñar lo que es bueno, y así entrenar a las mujeres jóvenes…para que la palabra de Dios no sea blasfemada”. (Ver Tito 2:3-5).

Amigas, no es necesario un aula formal. Tú no necesitas 22 estudiantes sentados en sillas mirándote a los ojos. Tú ya tienes estudiantes.

  • Las personas que te rodean.
  • Tus hijos.
  • Las personas en tu lugar de trabajo.
  • Las personas con las que te conectas de diversas maneras en tu iglesia y en tu comunidad.

Busca la forma de dirigir la conversación hacia lo eterno y hacia las necesidades del corazón de aquellas que están a tu alrededor.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss estará de vuelta para orar. ¿Habías considerado antes la importancia de Jesús como maestro? Este mensaje me ha abierto los ojos a esta parte importante del ministerio de Jesús. Esta serie completa ha sido muy edificante. La serie se titula, El Cristo incomparable. Está abriendo mis ojos a varios  aspectos de la vida de Cristo y de Su ministerio, día a día.

Cuando las mujeres están en contacto con la Palabra de Dios de esta manera, es algo poderoso. Da forma a las actitudes, comportamientos y decisiones. Por ejemplo, Jennifer, una hermana de Chile, nos escribió para dejarnos saber lo mucho que aprecia los mensajes de Aviva Nuestros Corazones. Ella nos escribió,

¡Gracias al Señor por este ministerio! Tengo 22 años, y la primera vez que escuche a Nancy en uno de sus programas de radio, me di cuenta de muchas cosas que como mujer no estaba haciendo bien. Ahora a través de esta serie he podido ver que tengo muchas cosas que presentarle al Señor para que Él las ordene en mi vida. Nancy ha sido un gran apoyo en mi desarrollo como mujer. Ha sido como una madre para mí.

Otras hermanas como Jennifer pueden escuchar Aviva Nuestros Corazones cada día gracias a los oyentes que apoyan el ministerio financieramente. Si deseas hacer una ofrenda, te invitamos a visitar nuestra página, AvivaNuestrosCorazones.com.

La persona más talentosa, inteligente y capaz que jamás vivió fue también la más humilde. Hablaremos de esto mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Nancy concluyó el mensaje de hoy animándonos a enseñar a otras lo que nosotras hemos aprendido acerca de Jesús. Ella ahora viene para orar para que podamos vivir esto en nuestra vida diaria:

Nancy: Padre, te pido que, tal y como Tú nos has enseñado, nos hagas canales de Tu enseñanza en las vidas de los demás. Gracias por las enseñanzas de Cristo. Gracias Señor por enseñarnos por medio de tu Espíritu Santo. Oro para que nuestros corazones, en este día, sean atrapados por la enseñanza de Tu Palabra, que podamos recibirla, que podamos abrazarla, que podamos estudiarla, que podamos meditar en ella, y que nuestras vidas sean transformadas por ella. Y que nosotras a su vez podamos ser maestras de otras, que podamos enseñarlo que Tú nos has enseñado y que así podamos adornar en todo la Palabra de Dios. Oramos en el nombre de Jesús, amén.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones 

Tomado de: Aviva Nuestros Corazones

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