Texto: Filipenses 1:19-20 En algunos programas anteriores vimos como el apóstol Pablo oraba por los Filipenses.
Ahora Pablo le pide a los Filipenses que oren por él, y les da un par de motivos específicos por los cuales orar por él.
Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. https://www.sabiduriaespanol.org
Terminamos nuestro breve estudio sobre los profetas mayores y antes de empezar a ver los profetas menores y un breve estudio de la literatura sapiencial del Antiguo Testamento, quiero hacer un pequeño paréntesis para dar un vistazo veloz a dos libros pequeños que son parte del registro histórico del Antiguo Testamento; son los libros de Esdras y Nehemías.
Porque estos libros cubren algo de la historia después del exilio y narran los acontecimientos que rodean el retorno del exilio. Y en un sentido muy real, en términos de un resumen cronológico del Antiguo Testamento, nos llevan al final de ese período registrado en el Antiguo Testamento.
Ahora bien, en nuestras biblias, los libros de Esdras y Nehemías son dos libros distintos. Sin embargo, hay grandes probabilidades que en el mundo antiguo estos libros se fusionaron en uno solo, Esdras-Nehemías, porque ambos estaban interesados en el mismo tipo de iniciativa.
Pero vamos a tratarlos por separado, ya que así es como están hoy. Tanto Esdras como Nehemías estaban involucrados en un importante punto del avivamiento nacional.
Te puedes imaginar cómo fue para los judíos exiliados pasar más de una generación de historia en cautiverio en una tierra extraña. Puedes imaginar la esperanza que nació en ellos cuando les llegó la noticia de la caída de sus opresores, los babilonios, y podían esperar que el nuevo imperio reinante, el de los medos y persas, los fuera a liberar a ellos.
No sé si alguien ha pasado alguna vez tiempo en un país extranjero donde te encuentras lejos de casa por un período temporal, y aun cuando tratas de ajustarte y aclimatarte en esa tierra extraña, todavía hay algo del viejo dicho que dice: “no hay nada como estar en casa”.
Cuando vivíamos en Europa y asistía a la universidad y tratábamos de adaptarnos a la cultura holandesa, una de las pequeñas frases o expresiones que aprendimos fue esta, “Ost, vest taus is best”, que significa este u oeste, el hogar es mejor.
Entonces, cuando les llega la noticia a estos refugiados en el exilio que un decreto ha sido emitido por el nuevo rey que les permite regresar a su tierra natal, esta debe haber sido una de las ocasiones más felices en todo el Antiguo Testamento.
El primer capítulo de Esdras nos da panorama de esto, a partir del verso 1: «En el primer año de Ciro, rey de Persia, para que se cumpliera la palabra del Señor por boca de Jeremías, el Señor movió el espíritu de Ciro, rey de Persia, y éste hizo proclamar por todo su reino y también por escrito».
Observa cómo es presentado este libro. No es solo una historia secular de los asuntos del rey de Persia, sino que empieza recordando a los lectores que lo que está a punto de pasar tiene lugar, en primer lugar, en el cumplimiento de la profecía futura de la restauración dicha por Jeremías.
Y que este poderoso rey Ciro es movido a actuar por la obra de Dios. Ustedes saben que el pueblo judío no conoce de un Dios al que no se le permite entrar en las decisiones de los seres humanos o inclinar sus corazones en una dirección o en otra.
Yo podría decir en este punto que, el Dios de Israel se está revelando así mismo como un calvinista competente que tiene el poder de inclinar los corazones de sus criaturas en la dirección que Él quiere que vayan para cumplir su voluntad providencial y sus decretos soberanos.
Y así desde el principio, en lugar de permitir que la gente se regocije en la benevolencia de un rey pagano, se le recuerda al pueblo quién es el que los está librando del cautiverio.
Continúa el texto, “diciendo: Así dice Ciro, rey de Persia: ‘El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra, y El me ha designado para que le edifique una casa en Jerusalén, que está en Judá. El que de entre vosotros pertenezca a su pueblo, sea su Dios con él.
Que suba a Jerusalén, que está en Judá, y edifique la casa del Señor, Dios de Israel; El es el Dios que está en Jerusalén. Y a todo sobreviviente, en cualquier lugar que habite, que los hombres de aquel lugar lo ayuden con plata y oro, con bienes y ganado, junto con una ofrenda voluntaria para la casa de Dios que está en Jerusalén’”.
Así que como resultado de este decreto que ahora es la ley de los medos y persas, Esdras conduce a un grupo de personas desde esa tierra hacia Jerusalén y emprende la tarea de reconstruir el templo que había sido destruido por Nabucodonosor y los babilonios.
Y así empieza la primera parte del retorno del exilio y el capítulo 3 de Esdras habla sobre los inicios de esta restauración del templo y quiero detenerme aquí por un momento.
Leemos en el verso 10 del capítulo 3: «Cuando los albañiles terminaron de echar los cimientos del templo del Señor, se presentaron los sacerdotes en sus vestiduras, con trompetas, y los levitas, hijos de Asaf, con címbalos, para alabar al Señor conforme a las instrucciones del rey David de Israel.
Y cantaban, alabando y dando gracias al Señor: Porque El es bueno, porque para siempre es Su misericordia sobre Israel. Y todo el pueblo aclamaba a gran voz alabando al Señor porque se habían echado los cimientos de la casa del Señor».
Es decir, este es un tiempo sin inhibiciones de celebración, cuando ellos pusieron los cimientos del nuevo templo en Jerusalén. Pero hay una nota de tristeza en este texto. En el versículo 12 leemos estas palabras: «Pero muchos de los sacerdotes y levitas y jefes de casas paternas, los ancianos que habían visto el primer templo, cuando se echaban los cimientos de este templo delante de sus ojos, lloraban en alta voz mientras muchos daban gritos de alegría.»
Hay una diferencia entre las generaciones. Las personas más jóvenes que vendrían ahora están encantadas de haber salido del cautiverio y participar en este proyecto de construcción para restaurar el templo de su nación.
Sin embargo, para los ancianos de la comunidad, para los sacerdotes y los levitas, fue un momento agridulce, ya que todavía tenían el recuerdo vivo del esplendor del templo que fue construido por Salomón; e incluso, aunque este templo estaba siendo reconstruido en este momento, no había manera de que se pudiera comparar con el esplendor y la gloria del templo de Salomón, que fue construido durante la Edad de oro de Israel.
En vez de regocijarse y aplaudir, lloraron y clamaron. Pero volvieron en sí después de un rato. Y el trabajo empezó en el templo solo para ser interrumpido cuando Ciro salió de escena y la oposición llegó a este proyecto durante los reinados de Jerjes y Artajerjes y el trabajo se suspendió y paró temporalmente.
Hasta que llegamos al capítulo 6 del libro de Esdras donde leemos sobre la culminación de este trabajo de reconstrucción del templo, la dedicación del mismo y la celebración de la pascua.
En este momento, Esdras instituye reformas importantes en el pueblo porque todavía están practicando muchos de los rituales paganos que habían aprendido durante su cautiverio. Y ellos vienen con sus esposas paganas y esposos paganos, y así, van de vuelta al problema.
Y entonces pasamos al libro de Nehemías, que no describe la reconstrucción del templo, sino la reconstrucción de los muros de la ciudad sagrada misma. Dirijamos nuestra atención, entonces, al libro de Nehemías. Leemos el pasaje inicial de este libro en el capítulo 1, y dice: “Aconteció que en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en la fortaleza de Susa, vino Hananí, uno de mis hermanos, con algunos hombres de Judá, y les pregunté por los judíos, los que habían escapado y habían sobrevivido a la cautividad, y por Jerusalén.”
Así es como comienza Nehemías, quien es descrito como un copero del rey, una posición de gran confianza en la corte real. Pero ahora recibe la visita de uno de los que ha ido a Judá y a Jerusalén y le pregunta acerca de la condición de la ciudad.
«Y me dijeron: El remanente, los que sobrevivieron a la cautividad allí en la provincia, están en gran aflicción y oprobio, y la muralla de Jerusalén está derribada y sus puertas quemadas a fuego».
Aunque se encuentra en el palacio del rey, Nehemías es consumido por su gran preocupación por el bienestar de la ciudad de Dios. El no ha olvidado el santuario central y el lugar donde Dios había reunido a su nación.
Por eso está preguntando sobre la situación en Jerusalén; y cuando recibe este reporte sombrío de la ciudad que había sido quemada y las paredes derribadas, su primera reacción fue deprimirse. Leamos lo que dice: «Cuando oí estas palabras, me senté y lloré; e hice duelo algunos días».
Nehemías es apresado por la tristeza. Entonces su primera reacción a las malas noticias es llorar, pero su segunda reacción es orar. «Y estuve ayunando y orando delante del Dios del cielo». Ahora tomemos un momento para considerar la oración de este hombre. Recuerda que él ha estado ayunando, ha estado de luto, ha estado lleno de dolor, porque las noticias han sido malas noticias. Escucha lo que dice en su oración.
«Y dije: “Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman y guardan Sus mandamientos, que estén atentos tus oídos y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche por los israelitas tus siervos, confesando los pecados que los hijos de Israel hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado».
¿Oyes lo que está pasando aquí? Él empieza esta oración que sale, que brota de un corazón quebrantado, de un corazón temeroso, con pena y de luto; y no se parece a las oraciones que hacemos en situaciones como esta. Él no está diciendo, «¿Cómo dejaste que esto pase, oh Dios?». Sino que el contenido de su oración es una oración de adoración, una oración de reverencia por la majestad de Dios.
Está de rodillas en medio de esta destrucción y él dice: “Te ruego, oh Señor, Dios del cielo, el grande y temible Dios, que guarda el pacto y la misericordia para con aquellos que le aman».
No dice: “Oh Dios cuya ira y justicia es arbitraria, ¿por qué nos ha tratado injustamente? O ¿cómo puedes dejar que estas cosas nos sucedan? Sino, oh Dios, tú eres un Dios “que guarda el pacto”.
Él entendió el mensaje de Ezequiel y el mensaje de Daniel. Él comprendió que la razón de la calamidad que había caído sobre su amado país y su amada ciudad: era que Dios estaba cumpliendo su promesa, la cual era una promesa de juicio si las personas continuaban en su maldad.
Como dice la Escritura, “aunque todo hombre sea hallado mentiroso”, Dios es hallado verás. Lo que sigue inmediatamente después de su oración de adoración es una oración de contrición, una oración de arrepentimiento en la que confiesa no solo los pecados de sus padres, sino los pecados de su propia generación y de él mismo.
El dijo: «Hemos procedido perversamente contra ti y no hemos guardado los mandamientos, ni los estatutos, ni las ordenanzas que mandaste a tu siervo Moisés. Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste a tu siervo Moisés, diciendo: Si sois infieles, yo os dispersaré entre los pueblos; pero si volvéis a mí y guardáis mis mandamientos y los cumplís, aunque sus desterrados estén en los confines de los cielos, de allí los recogeré y los traeré al lugar que he escogido para hacer morar allí mi nombre’. Y ellos son tus siervos y tu pueblo, los que Tú redimiste con tu gran poder y con tu mano poderosa.
Te ruego, oh Señor, que tu oído esté atento ahora a la oración de tu siervo y a la oración de tus siervos… Has prosperar hoy a tu siervo…». Lo siguiente que hace Nehemías es ir al magistrado civil, a las autoridades gobernantes de su época. No fue donde ellos primero.
A donde fue primero es a donde Dios, y buscó el permiso de Dios, y el don de Dios para hacer algo sobre esta condición. Y entonces leemos en el capítulo 2: «Aconteció que en el mes de Nisán, en el año veinte del rey Artajerjes, estando ya el vino delante de él, tomé el vino y se lo di al rey. Yo nunca había estado triste en su presencia, y el rey me dijo: ¿Por qué está triste tu rostro? Tú no estás enfermo; eso no es más que tristeza de corazón. Entonces tuve mucho temor, y dije al rey: Viva para siempre el rey. ¿Cómo no ha de estar triste mi rostro cuando la ciudad, lugar de los sepulcros de mis padres, está desolada y sus puertas han sido consumidas por el fuego?».
¿No es interesante que el rey se da cuenta de la tristeza de Nehemías? Pues el rey le dice: ‘¿Qué problema tienes? Siempre estás risueño y alegre cuando estás sirviendo aquí en el palacio, pero veo que tienes algún problema por tu semblante y en mi opinión no es una enfermedad física, sino una enfermedad del alma. Tú estás angustiado por algo, ¿qué es, Nehemías?’
Y Nehemías tiene mucho miedo de dar la respuesta por temor a que el rey pueda pensar que es ingrato por la posición maravillosa que tiene allí y que no está satisfecho con su situación presente.
Así que prepara su respuesta diciendo: “Viva para siempre el rey” ‘y no se ofenda por lo que estoy a punto de decir, pero ¿cómo puedo estar feliz cuando la ciudad donde están los sepulcros de mis padres, la ciudad de Dios, está en ruinas?
«El rey me dijo: ¿Qué es lo que pides? Entonces oré al Dios del cielo». El rey dijo: “qué es lo que pides?” y antes de contestar, Nehemías ora a Dios.
«Y respondí al rey: Si le place al rey, y si su siervo ha hallado gracia delante de ti, envíeme a Judá, a la ciudad de los sepulcros de mis padres, para que yo la reedifique. Entonces el rey me dijo, estando la reina sentada junto a él: ¿Cuánto durará tu viaje, y cuándo volverás? Y le agradó al rey enviarme, y yo le di un plazo fijo».
Lo que sigue es el registro de todo este episodio dramático en la historia judía sobre la construcción de los muros de Jerusalén. El rey dio un salvoconducto a Nehemías y a su pueblo para emprender este programa de reconstrucción del templo, para llevar los materiales al sitio y pasar a través de diversas satrapías del imperio persa.
Pero como había sucedido antes, a funcionarios menores en el reino y en el imperio no les gustó este trato especial que se le estaba dando a Nehemías y empezaron a conspirar para obstaculizar este trabajo de reconstrucción. Y estaban, en ese sentido, actuando contra el decreto del rey. Pero a pesar de toda esta intriga, los muros y la construcción son defendidos contra las incursiones de los enemigos hacia ellos, en particular Sanbalat, Tobías, los árabes, los amonitas y los asdoditas que querían evitar que la construcción fuera terminada.
Así que aquí hay un proyecto de construcción que se está llevando a cabo en medio de la guerra, en verdad, en medio de estos ataques todos los días. Así que, en ese sentido, tienen una lanza en una mano y una pala en la otra pues los que trabajan en el muro también tienen que lidiar con los ataques de los enemigos. Y por si fuera poco, mientras están pasando por esto, algunas de las personas mismas comenzaron a murmurar y a quejarse, y decían que era una recapitulación del pueblo de Israel y la experiencia en el desierto, y decían: ‘¿Qué estamos haciendo aquí? Estamos sufriendo’ y cosas así. Y lo que Nehemías entiende es que no solo tiene que reconstruir los muros, también tiene que reconstruir la nación. Tiene que reconstruir al pueblo.
Y después de que terminen el muro, la tarea no estará aun completa ya que Nehemías se embarca en una reforma profunda de la vida de su pueblo para que detengan todo esto de matrimonios mixtos con infieles; dejaran de profanar las cosas sagradas de Dios con los rituales paganos.
Y hay un punto interesante con el que me gustaría terminar. Ocurre más adelante en el libro de Nehemías, hacia el final, en el capítulo 13 donde establece los principios de la reforma y de la separación. En el versículo 28, en el mismo final del libro leemos: «Aun uno de los hijos de Joiada, hijo del sumo sacerdote Eliasib, era yerno de Sanbalat Horonita, y lo eché de mi lado».
¿No es interesante? Tenía un sacerdote trabajando aquí, que era parte de la familia de los enemigos que estaban destruyendo este trabajo, o tratando de destruir esta obra, y entonces se deshizo de él.
Y en el versículo 29, dice: “Acuérdate de ellos, Dios mío, porque han profanado el sacerdocio y el pacto del sacerdocio y de los levitas. Así los purifiqué de todo lo extranjero».
Los limpié de todo lo pagano. Si la nación iba a comenzar de nuevo y tener una nueva visión de su misión para la que fue establecida y creada en primer lugar, no solo tenían ellos que reconstruir el templo, tenían que limpiar el templo, tenían que limpiarse ellos mismos y tenían que purificar su iglesia, para que la iglesia pudiera ser la iglesia que Dios pretendía que fuera.
R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation
Leslie Basham: Jesús poseía la doble naturaleza, humana y divina. ¿Puedes entender esto completamente? Aquí está Nancy Leigh DeMoss.
Nancy Leigh DeMoss: Si pudiéramos poner a Jesús en una dimensión en la que pudiéramos entenderle, ya no nos sería posible maravillarnos de Él. No sería incomparable. No somos capaces de entenderlo completamente. Tenemos que hacer esto por fe. Pero al hacerlo, nos maravillamos y le adoramos. Él realmente es el Cristo incomparable.
Leslie: Estas escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia Saladín. Nancy nos ha estado guiando por la serie llamada El Cristo incomparable. Hemos visto varias razones del porque Jesús es verdaderamente incomparable. Ha sido enriquecedor en esta temporada de Pascua.
Nancy ha estado siguiendo el bosquejo de un libro llamado “El Cristo incomparable” de J. Oswald Sanders, [The Incomparable Christ – disponible en Inglés]. Aquí está Nancy con la continuación de la serie.
Nancy: Algunos cientos de años después de la vida de Cristo aquí en la tierra, surgieron dentro de la iglesia algunas controversias que tuvieron que ver con la persona y la naturaleza de Cristo. ¿Quién fue Él realmente? Querían poner en orden esto y asegurarse de estarlo haciendo bien, así que al inicio del programa de hoy quiero darte una rápida lección de historia de la iglesia. Todo esto ocurrió en los primeros 300 ó 400 años después de la vida de Cristo en la tierra.
Primero, había un hombre llamado Arío. Lo he mencionado en programas anteriores. Era un maestro de Alejandría, Egipto, que creía que Cristo era un ser supremo exaltado, pero que era un ser creado y no era el Dios eterno. Elevaba a Cristo, pero decía que no era completamente Dios. Esa fue una herejía que se perpetuo muchas veces y de diferentes maneras durante los últimos 160 ó 170 años, el arrianismo.
Luego hubo un obispo en Laodicea de nombre Apolinar. No pretendo que recuerden todo esto, solo quiero que echemos un vistazo a cómo estas corrientes aparecieron y cómo estas herejías se desarrollaron. Este hombre estuvo de acuerdo en que Cristo era completamente Dios, pero no podía ver cómo podía ser a la vez completamente Dios y completamente hombre, así que enseñó que Cristo tenía un cuerpo humano pero no una mente y un espíritu humano. Por fuera lucía como un hombre, tenía un cuerpo humano, pero por dentro era completa y solamente Dios.
Así que Ario dijo que Jesús no era completamente Dios. El segundo Apolinar, dijo que Él no era completamente hombre. Y después surgió otro predicador y obispo famoso en Constantinopla cuyo nombre era Nestóreo. Él afirmó que en efecto Jesús era completamente Dios y completamente hombre, pero pensó que por lo tanto Cristo debió ser dos personas en un cuerpo. Una persona divina y una persona humana. Así que negaba la unidad de las dos naturalezas en un cuerpo.
Entonces la controversia o herejía opuesta surgió en relación a como estaban estas dos naturalezas divina y humana, relacionadas. Un hombre llamado Eutiques, un clérigo, un maestro, negó la diferencia entre las dos naturalezas. Dijo que Cristo tenía solo una naturaleza la cual era una mezcla de humana y divina. No era completamente humano; pero tampoco era completamente divino. Era una mezcla de las dos.
Ahora, con relación a cada una de estas herejías, los líderes de las iglesias se reunieron y convocaron lo que fueron llamados concilios para clarificar la verdad acerca de Jesús. ¿Quién fue Él —fue Dios u hombre? ¿Cómo se relaciona todo esto?
No podemos culparlos por esta difícil tarea. Tenemos problemas en entenderlo con nuestras mentes limitadas porque es algo sobrenatural. Es un misterio. No es algo comprensible para los seres humanos con una mente finita. Pero ellos regresaron a las Escrituras y bajo la dirección del Espíritu Santo aclararon estos temas.
El final de esos concilios que se convocaron para tratar sobre quién fue Jesús fue en el año 451 D.C. Se reunieron en una ciudad llamada Calcedonia, que se encuentra en la actual Turquía. Y abordaron diversos temas y herejías. Allí surgió lo que se conoce como el Credo de Calcedonia —que desde entonces, aunque no estés consciente o familiarizada con ello, ese credo ha sido aceptado por las iglesias católicas, protestantes y ortodoxas como la posición bíblica sobre la persona y la encarnación de Cristo.
Es un documento muy importante. No es la Biblia, pero toma las enseñanzas bíblicas y las resume todas en un documento. Ahora, ese documento, El Credo de Calcedonia puede ser resumido en cuatro importantes declaraciones doctrinales acerca de Cristo. Déjame darte estas declaraciones.
Número uno: Cristo es total y completamente divino, completamente Dios.
Número dos: Cristo es total y completamente humano —totalmente Dios, totalmente hombre.
Número tres: Las naturalezas divina y humana de Cristo son distintas. No son una misma.
Número cuatro: Las naturalezas divina y humana de Cristo están completamente unidas en una sola persona.
Eso significa que eran dos naturalezas distintas, una humana y una divina, unidas en una persona, la persona de Cristo. Todo este concepto de que Cristo es completamente Dios, completamente hombre, de que tiene distintas naturalezas, humana y divina, dos naturalezas unidas en una persona—ese concepto fue conocido por los teólogos como (aquí te voy a dar una palabra elegante) la unión hipostática de Cristo, así como lo oyes unión hipostática de Cristo.
No entraré en detalle de cómo surgió todo esto, pero es uno de los conceptos más profundos e importantes en la teología. Esto es lo que hace a Cristo incomparable, al incomparable Cristo, el hecho de que tiene dos naturalezas distintas, una humana, una divina, que están unidas en una persona.
Él no es dos personas, Él es una persona, completamente Dios y completamente hombre, Hijo de Dios e Hijo de Hombre, y esto lo hace incomparable. No hay otro «dios» en la historia del universo que se haya convertido en hombre, y no hay otro líder religioso que haya proclamado ser Dios. Pudieron haber dicho que eran Dios, pero no lo eran.
Jesús es el Dios/hombre. Hemos estado viendo este tema en los programas pasados. Lo hemos abordado, pero quiero extraer lo que hemos hablado acerca de la deidad de Cristo, de la humanidad de Cristo—quiero arrastrar hoy todo esto, unirlo y darle un vistazo más profundo a la doble naturaleza de Cristo.
Si estás leyendo con nosotras el libro de Oswald Sanders, lee el capítulo 12, «La doble naturaleza de Cristo» Verás que es un poco difícil de manejar. Reconozco que estamos en un territorio profundamente doctrinal.
Pero déjame decirte que el objetivo de todo esto no es que seas capaz de manejar abiertamente términos como la unión hipostática o nombrar a estos padres de la iglesia. El objetivo es ver a Cristo, llegar a conocerlo, a amarlo, a ser asombradas con Su belleza, y al hacerlo, te darás cuenta que el pecado es menos atractivo y las presiones de la vida son menos abrumadoras cuando ves la grandiosidad de quien es Cristo.
Te podrías preguntar al oírnos hablar de estas cosas, el porqué de todo esto ¿Cuáles son las implicaciones prácticas? Bueno, lo que es realmente práctico es que estamos conociendo a una Persona, al estudiar estas cosas. Esto es, quien es Él realmente y si vamos a conocerlo, a confiar en Él y a amarlo, entonces es importante entender todo esto.
Ahora, no estoy diciendo que algún día podremos entender esto completamente porque en realidad no lo haremos, pero necesitamos al menos afirmar que esto es verdad—Jesús, el Dios/hombre. Esta es una doctrina cristiana cardinal, fundamental, y como he dicho, es algo que nuestras mentes finitas no pueden bajo ninguna circunstancia o motivo comprender o explicar. Esto es un misterio, y necesitamos reconocer esto cuando tratemos de explicarlo.
Has tratado de explicarle a tu niño de cuatro años, ¿como Jesús pudo ser Dios y pudo ser hombre? Tengo problemas explicándotelo a ti. He pasado muchas horas en las últimas semanas tratando de pensar en cómo hacer esto por lo menos un poco más comprensible, pero estamos lidiando con un misterio.
Estamos tratando con cosas que están fuera de nuestro alcance, y el mundo secular lo ve como una excusa. Dicen, que si no puede ser explicado, no puede ser verdad, pero el hecho es que, si lo pudiéramos entender, si pudiéramos meter a Jesús en nuestra cajita para poder entenderlo, entonces, no sería asombroso para nadie. No sería incomparable.
No deberíamos ser capaces de entenderlo completamente. Tenemos que aceptar muchas de estas cosas por fe. Pero al hacerlo, nos maravillamos, y lo adoramos. Él realmente es el Cristo incomparable.
El concepto de que Cristo tiene dos naturalezas en una persona se afirma tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento. Primero veamos al Antiguo Testamento. Por ejemplo, en Isaías capítulo 9, versículo 6, tenemos lo que para muchas de nosotras es una profecía del Antiguo Testamento muy conocida acerca del Mesías.
«Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo» (NVI). Ahora, aquí vemos una referencia, una referencia encubierta velada, 700 años antes de que Cristo naciera, al hecho de que Él sería una persona. Esto está hablando de una persona. Aquí no se está hablando de dos personas diferentes, un niño y un hijo. Esta es una persona, pero con dos naturalezas.
«Un niño nos ha nacido», habla de ¿cuál naturaleza? Habla de Su humanidad. «se nos ha concedido un hijo» (del cielo) habla de ¿qué naturaleza? Su deidad, del hecho que Él es Dios. Así que un niño es nacido de la virgen María. Un hijo nos es dado. Este es el regalo de Dios desde el cielo. Esta es Su deidad.
Y ves el mismo concepto—dos naturalezas, una persona—En Gálatas capítulo 4, en el versículo 4, «Pero cuando vino la plenitud del tiempo», esto es cuando celebramos la navidad. «Dios envió a Su Hijo,»Él mismo del que estaba hablando en Isaías capítulo 9. Dios envió a Su Hijo, «nacido de mujer» dos naturalezas.
Hijo de Dios, Él es Dios. Él es igual o tiene la misma naturaleza de Dios y nació de una mujer—Su deidad y Su humanidad. Lo vimos anteriormente en esta serie por separado. Pero ahora estamos viendo la doble naturaleza de Cristo, al mismo tiempo.
Ves este concepto, las dos naturalezas en una persona, ratificado en mucho de nuestros grandes himnos. Por ejemplo, uno de los grandes himnos que cantamos y uno de los más bellos villancicos navideños, «Ven Tú tan esperado Jesús,» tiene esta frase, «Nació niño y sin embargo rey», las dos naturalezas en una persona— nació niño y sin embargo rey.
Este concepto, dos naturalezas, una persona, es reafirmado en muchas de las grandes confesiones y credos de nuestra fe. Por ejemplo, La confesión Belga, escrita en 1561, dice,
Nosotros confesamos que Él es verdadero Dios y verdadero hombre; verdadero Dios por Su poder para vencer la muerte y verdadero hombre para que pudiera morir por nosotros.
Dos naturalezas; una Persona. Ahora, Jesús siempre fue el divino Hijo de Dios. Siempre fue igual a Dios. Siempre fue de la misma naturaleza del Padre. Antes de los tiempos, en la eternidad pasada—hablamos de esto anteriormente en la serie, cuando hablamos de la pre-existencia de Cristo—antes de que existiera el tiempo, antes de que la eternidad comenzara, antes de que Él viniera a la tierra. Él siempre fue el divino Hijo de Dios.
Pero cuando Él fue concebido por el Espíritu Santo en el vientre de la virgen María, adquirió la segunda naturaleza, la naturaleza humana y lo hizo—no me pidas que te lo explique. Solo te estoy diciendo—Él lo hizo sin que disminuyera en lo más mínino Su deidad. Él agregó esa naturaleza humana a la naturaleza divina que tuvo eternamente.
Puedes ver estas dos naturalezas en los evangelios. Por ejemplo, Jesús fue a una boda. Esa es Su humanidad, Su naturaleza humana, pero ¿qué hizo mientras estuvo en la boda? Convirtió el agua en vino.
Esa es Su deidad, Su divinidad.
Él salió en bote con Sus discípulos y se quedó dormido en la parte inferior del bote porque estaba cansado. ¿Qué naturaleza era esa? Su humanidad, y después se levantó, reprendió y calmó la tormenta. ¿Qué naturaleza es esa? Su deidad—dos naturalezas, una Persona.
Crisóstomo fue uno de los padres de la iglesia que vivió a finales del año 300 y principios del 400 después de Cristo. Y él lo dijo de esta manera,
No pienso en Cristo solo como Dios, o solo como hombre, sino como una unidad. Porque sé que tuvo hambre, pero también sé que con 5 piezas de pan alimento a 5000. Su humanidad y Su deidad.
Sé que le dio sed y también sé que convirtió el agua en vino. Sé que se subió a un bote, pero también sé que caminó sobre las aguas. Sé que murió, pero también sé que Él resucitó de entre los muertos.
Sé que fue traído ante Pilato, y sé que está sentado a la diestra del Padre en Su trono. Sé que fue alabado por ángeles, pero también sé que fue apedreado por los judíos. . . Algunos de ellos le atribuyeron ser humano, otros tener naturaleza divina—por esta razón Él dice que ha sido Dios y hombre a la vez.
Ahora, tenemos que darnos cuenta que esta doble naturaleza de Cristo no es temporal, sino permanente. Él aún es Dios/hombre, y lo será siempre. Hoy está en Su trono en el cielo en Su resucitado y glorificado cuerpo. Las cicatrices de los clavos en Sus manos, las cicatrices de la lanza en Su costado aún son visibles en Su cuerpo glorificado.
¿Y qué hace con esa naturaleza humana, el Dios/hombre? Él nos representa frente al Padre. Él es nuestro abogado, Él intercede a nuestro favor. ¿Qué precioso y poderoso es esto?
Así que vemos aquí al dar un vistazo a estas cosas, a los padres de la iglesia lidiando con todo esto —y a nosotras también, aquí tratando de lidiar con estas cosas que nos bloquean la mente—vemos la importancia de pensar de manera correcta con relación a Cristo. No nos sorprendamos de que esta fue una batalla continua, no solo en la iglesia primitiva sino también en nuestros días.
Satanás no quiere en realidad que sepamos quien es Cristo, así que en los primeros días de la iglesia, surgieron enseñanzas erróneas acerca de la naturaleza de Cristo, tuvieron que regresar a las Escrituras, estudiarlas a fondo y afirmar la verdad acerca de Cristo. Este no fue el fin. Hoy en día, aún hay gente, aun en algunas de nuestras iglesias, promoviendo falsa y errónea doctrina acerca de Cristo. ¿Y qué tenemos que hacer? Regresar a la Palabra y ratificar la verdad acerca de Cristo.
Ahora la doble naturaleza de Cristo, completamente Dios, completamente hombre, dos naturalezas en una persona, era absolutamente necesaria para nuestra redención. Esto no es sólo el análisis sintáctico del misterio teológico. Esto es algo crucial. Es muy importante. No podemos ser salvos apartados del hecho de que Cristo fue el Dios/hombre.
Este es el plan que Dios puso en marcha en la eternidad. Con el fin de salvarnos de nuestros pecados, Cristo tenía que convertirse en hombre. Tenía que ser verdaderamente un hombre para representarnos y completamente Dios para ser capaz de salvarnos. Como hombre, Él obedeció perfectamente la ley de Dios, y eso es lo que lo califica a morir en nuestro lugar como sustituto de nuestros pecados.
Como un hombre que es citado en el libro de Oswald Sanders diciendo, «Si no hubiese sido hombre, Él no habría podido compadecerse de nosotros; y si no hubiese sido Dios, no hubiese podido salvarnos.»1 Tenía que ser las dos cosas, Dios y hombre.
Una de las mejores explicaciones que he leído acerca de por qué esto es importante en la redención se encuentra en el libro de, C.J, Mahaney titulado, “Cristo nuestro mediador”. Así que déjame leerte una extensa porción del libro. No creo que yo lo pueda explicar más claro. Él dijo,
Solo alguien completamente divino y verdaderamente humano puede verdaderamente ser un mediador eficaz entre Dios y los hombres. . .
Puesto que el pecado ha sido cometido por un hombre, el pecado debe ser expiado por un hombre. Solo un ser humano puede ser el perfecto sustituto para otros seres humanos. La deuda, la obligación y la responsabilidad son solo de la humanidad. Ni tú ni yo, sin embargo, podemos expiar nuestro pecado de manera que satisfaga los requisitos de la justicia de Dios; nuestra propia desobediencia ya nos condena ante un Dios justo. Además, somos cautivos del pecado; es humanamente imposible liberarnos de sus garras.
Esta es nuestra condición—no tener forma posible para expiar nuestro pecado, ni ninguna otra posible forma de liberarnos de la esclavitud del mismo.
Es necesario un rescate divino. ¡Necesitamos un salvador! Y para ser nuestro salvador, para poder pagar nuestra deuda, este individuo debe ser como nosotros—no solo Dios en una forma que parezca humana, sino alguien completamente y verdaderamente humano. Aún así, debe ser distinto a nosotros, ya que solo un sacrificio perfecto es aceptable…
¿Entiendes esto? Tiene que ser como nosotros para representarnos. Pero no puede ser como nosotros o tendría que morir por Su propio pecado.
Así que C.J, Mahaney continúa diciendo—y estas es la buena noticia; este es el Evangelio.
Solo Jesucristo, verdadero Dios y completamente hombre puede ser nuestro sustituto y hacer este sacrificio. Solo Jesús pudo pararse en ese lugar y en esa posición única. El único que vivió la vida perfecta también tuvo una muerte única en rescate por nuestros pecados. Él pago el precio, que tú y yo le debíamos a la parte ofendida, agraviada, a Dios nuestro creador y juez. 2
Gracias a Dios por la claridad que le dio a C.J. Mahaney para redactar esto.
La humanidad de Cristo significa que Él está dispuesto a salvarnos, pero si solo fuese humano, no tendría el poder para salvarnos. Su deidad significa ¡que Él es capaz de salvarnos! Porque Él es Dios/hombre, Él es las dos cosas y es capaz y está dispuesto a salvarnos. ¡Gloria a Dios!
Y les voy a dar una noticia mejor que esta. Él lo hizo—se convirtió en Dios/hombre por nosotros. Recuerdas el versículo que leí anteriormente, en Isaías capítulo 9, versículo 6 «Porque nos ha nacido un niño, se nos ha concedido un hijo» (NVI) Qué increíble demostración del maravilloso amor de Dios.
Así que sin dejar de ser completamente Dios, sin dejar a un lado Su deidad, Jesús tomó nuestra naturaleza humana para así Él reconciliarnos con Dios. Y si eso no te conmueve, nada lo hará.
Ahora, pudiera ser que algunas de ustedes hayan escuchado esto por primera vez, y estén reflexionando. Lo estén pensando. Tratando de entenderlo. Y estén diciendo, que este es un asunto muy pesado, y yo solo quisiera decirles, «¡sigan adelante!» Es una verdad descomunal. Y vale la pena seguir adelante.
Pero aquí está mi preocupación es que para muchas de nosotras esto es bastante familiar. El problema es que perdemos la capacidad de asombro de maravillarnos. Nos olvidamos lo increíble que esto es.
Déjame ayudarte a restaurar esa capacidad de asombro un poco al leerte un extracto de un mensaje del pastor John Piper cuando predicó acerca del Dios/hombre, Jesucristo. Él dijo,
La unión de la deidad de Cristo y Su humanidad en una persona hace posible que nosotros tengamos todo lo que necesitamos en un solo salvador.
Porque Jesús es Dios, Él es todo poderoso y Él no puede ser vencido. Porque Él es Dios, Él es el único salvador adecuado. Porque Él es Dios, los creyentes están a salvo y nunca perecerán; tenemos seguridad. Porque Él es Dios, tenemos la confianza de que Él nos dará el poder para realizar la tarea que Él nos ha mandado. Y porque Él es Dios, todas las personas serán responsables ante Él cuando regrese a juzgar al mundo.
Porque Jesús es hombre, Él ha experimentado las mismas cosas que nosotros. Porque Él es hombre, puede identificarse con nosotros más íntimamente. Porque Él es hombre, puede venir a nuestro rescate como nuestro sumo sacerdote que se compadece de nosotros cuando llegamos al límite de nuestras debilidades humanas. Porque Él es hombre, podemos establecer una conexión con Él— Él no está lejano y sin involucrarse. Porque es hombre, no podemos quejarnos de que Dios no sabe por lo que estamos pasando. Él fue el primero en experimentarlo.
Estaba hablando con una amiga el otro día acerca de esta sesión. Ella acababa de leer este capítulo sobre la doble naturaleza de Cristo en el libro de Oswald Sanders. Y me comentó cuando hablábamos, «este capítulo me llevo a la adoración porque es un misterio maravilloso». Esa es la respuesta que debemos tener. Y esa es mi oración por ti también.
Leslie: Nancy Leigh DeMoss regresará para orar con nosotras. Ha estado hablando acerca de una pregunta que ha mantenido a los teólogos ocupados por siglos: ¿Cómo pudo Jesús ser completamente Dios y completamente hombre? El programa de hoy ha sido más que un ejercicio intelectual. Al nosotras considerar que nuestro Mesías fue completamente humano y completamente divino, estamos llamadas a la adoración.
Nancy ha titulado la serie, El Cristo incomparable, y ha sido así, ha sido intensa y profunda, práctica y honorable. La serie está basada en el libro de Oswald Sanders, “El Cristo incomparable”. Nancy ha estado usando pequeños capítulos de este libro como resumen, pero ella ha desarrollado el contenido y lo ha hecho propio. El libro está disponible solamente en inglés.
Bueno, Jesús vivió Su vida y Su ministerio aquí en la tierra mientras permanecía soltero. Esto realmente es significativo para mí. ¿Por qué? Descúbrelo el lunes cuando Nancy explique la soltería de Cristo. Ahora, ella está de regreso para orar y terminar el mensaje de hoy de Cristo completamente Dios y completamente hombre.
Nancy:Estamos en tierra santa, Padre. Solo quiero agradecerte por Cristo, el Cristo incomparable, completamente Dios, completamente hombre, dos naturalezas en una persona. No solo dispuesto a salvarnos porque Él es hombre, sino capaz de hacerlo porque Él es Dios. Oro en el precioso nombre de Jesucristo. Amén.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
1W. Graham Scroggie quoted in The Incomparable Christ by Oswald Sanders, p. 128.
2C. J. Mahaney. Christ Our Mediator: Finding Passion at the Cross. Multnomah, 2004. p. 43-4.
Usado con permiso del Ministerio Aviva Nuestros Corazones
17/63 – Cuando la luz confronta las tinieblas | Marcos 6:14-29
Ps. Sugel Michelén
El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin;y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/
Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.
33 – Decisiones ¿Cuál es tu criterio para tomarlas?
ENTENDIENDO LOS TIEMPOS
Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.
Notamos que la pregunta a la que se enfrentaban esos judíos que habían sido deportados a Babilonia era la siguiente: ¿Cómo cantaremos el cántico del Señor en tierras extrañas y lejanas? Ahora, lo que estos judíos estaban experimentando en este punto de la historia había sido experimentado mucho antes en su historia, en el caso de un hombre que había sido exiliado y deportado a otra tierra, pero en su caso, él estaba solo.
Él no tuvo la comunión de los santos para apoyarlo en su cautiverio. Y estoy pensando, por supuesto, en la vida de José, en el Antiguo Testamento, cuando fue enviado a la tierra de Egipto y terminó en la cárcel por muchos, muchos años.
Y lo que fue capaz de lanzarlo desde una posición de impotencia en el exilio y ser elevado a la esfera de Primer Ministro de la tierra de Egipto fue el don que Dios le dio para interpretar los sueños.
Recordemos que lo que liberó a José de su condición fue la ocasión en que faraón tuvo un sueño que lo perturbaba y que él no podía entenderlo y todos sus magos y consejeros no fueron capaces de dar una interpretación, hasta que José fue llamado, y José develó el misterio a faraón.
Ahora, el mismo tipo de evento sucede al principio del libro de Daniel. El rey conquistador de los babilonios era Nabucodonosor, y Nabucodonosor tuvo un sueño que le molestaba y le molestaba, y quería saber lo que significaba, pero él no contó el contenido del sueño a los que eran parte de su corte para que lo interpretaran, y nadie fue capaz de revelar el secreto de este sueño.
Leemos en el libro del profeta Daniel, en el segundo capítulo, sobre el sueño de Nabucodonosor y sobre la explicación que da Daniel sobre esto. En el versículo 24 del capítulo 2 leemos esto, «Después fue Daniel adonde estaba Arioc, a quien el rey había designado para dar muerte a los sabios de Babilonia.
Fue y le habló así: No des muerte a los sabios de Babilonia; llévame ante el rey, y declararé al rey la interpretación. Entonces Arioc se apresuró a llevar a Daniel ante el rey, y le dijo así: He hallado a un hombre entre los deportados de Judá que dará a conocer al rey la interpretación».
El rey respondió, y dijo a Daniel, a quien llamaban Beltsasar: ¿Eres tú capaz de darme a conocer el sueño que he visto y su interpretación? Respondió Daniel ante el rey, y dijo: En cuanto al misterio que el rey quiere saber, no hay sabios, encantadores, magos ni adivinos que puedan declararlo al rey. Pero hay un Dios en el cielo que revela los misterios, y El ha dado a conocer al rey Nabucodonosor lo que sucederá al fin de los días».
Y luego él procede a decirle el contenido del sueño. En el versículo 31, él dijo: “Tú, oh rey, tuviste una visión, y he aquí había una gran estatua; esa estatua era enorme y su brillo extraordinario; estaba en pie delante de ti y su aspecto era terrible. La cabeza de esta estatua era de oro puro, su pecho y sus brazos de plata, y su vientre y sus muslos de bronce, sus piernas de hierro, sus pies en parte de hierro y en parte de barro.” (Aquí es de donde obtenemos la imagen de pies de barro).
“Estuviste mirando hasta que una piedra fue cortada sin ayuda de manos, y golpeó la estatua en sus pies de hierro y de barro, y los desmenuzó. Entonces fueron desmenuzados, todos a la vez, el hierro, el barro, el bronce, la plata y el oro; quedaron como el tamo de las eras en verano», etcétera.
Ahora, en el verso 36: “Este es el sueño; ahora diremos ante el rey su interpretación. Tú, oh rey, eres rey de reyes, a quien el Dios del cielo ha dado el reino, el poder, la fuerza y la gloria; y dondequiera que habiten los hijos de los hombres, las bestias del campo o las aves del cielo, El los ha entregado en tu mano y te ha hecho soberano de todos ellos; tú eres la cabeza de oro. Después de ti se levantará otro reino, inferior a ti, y luego un tercer reino, de bronce, que gobernará sobre toda la tierra.
Y habrá un cuarto reino, tan fuerte como el hierro; y así como el hierro desmenuza y destroza todas las cosas, como el hierro que tritura, así él desmenuzará y triturará a todos éstos”.
Él continúa explicando sobre la venida de cuatro reinos específicos. Ahora, ha habido mucha controversia y debate para determinar exactamente los cuatro reinos que se mencionan aquí. Estoy a favor de la posición que sostienen muchos estudiosos sobre los cuatro reinos: el primero está claro. Es el reino de Babilonia. Segundo, después del reino de Babilonia viene el reino llamado medo-persa, ya que los persas conquistaron a los babilonios. El tercer reino que sigue después del reino medo-persa en la civilización antigua fue la conquista griega, el mundo antiguo, que a su vez fue seguido por el imperio romano.
Como dije, hay algunas variaciones sobre este tema que los demás han inventado, pero en su mayor parte, esto parece ser lo que estos cuatro reinos representan. Así que el rey de Babilonia, Nabucodonosor tiene este sueño en el cual se le reveló que su reino iba a caer, e iba a ser seguido por reinos inferiores que serían controlados por la providencia de Dios para llevar a cabo sus propósitos futuros. Sabemos que poco después de la interpretación de este sueño, Daniel, al igual que José antes que él, fue ascendido a una posición de autoridad en el reino, junto con algunos de sus amigos, Sadrac, Mesac y Abed-nego.
Y todos estamos familiarizados, creo, con esa historia, cómo después de eso Nabucodonosor hizo esta magnífica estatua dorada de sí mismo, y exigió que la gente mostrara su reverencia a él inclinándose ante la estatua del rey.
Sadrac, Mesac y Abed-nego no podían hacer eso. Recordemos que una de las principales razones por las cuales vino el juicio de este exilio sobre el pueblo fue debido a que la gente había caído en la práctica de la idolatría.
Ellos habían dado culto a otros dioses y a las imágenes paganas. A pesar de que están en el exilio y que están rodeados de una cultura que no comparte su fe, Sadrac, Mesac y Abed-nego no se comprometen.
Y si hay un mensaje aquí para nosotros, hoy en día, es sobre la devoción y la lealtad de estos hombres al Dios vivo. Entonces, algunos de los babilonios hicieron acusaciones contra los judíos. Ellos halagaban a Nabucodonosor.
Le dijeron: “¡Oh rey, vive para siempre! Tú, oh rey, has proclamado un decreto de que todo hombre que oiga el sonido del cuerno, la flauta, la lira, el arpa, el salterio, la gaita y toda clase de música, se postre y adore la estatua de oro, y el que no se postre y adore, será echado en un horno de fuego ardiente.
Pero hay algunos judíos a quienes has puesto sobre la administración de la provincia de Babilonia, es decir, Sadrac, Mesac y Abed-nego, y estos hombres, oh rey, no te hacen caso».
¿Puedes ver lo que está pasando aquí? Algunos de los babilonios están ferozmente celosos de que estos extranjeros hayan sido exaltados a posiciones de estima y autoridad en el reino, y están tratando de ser rigurosos, así que estas personas envidiosas vienen y dicen: ‘Oye, rey, hiciste un decreto para que cualquier persona que se niegue a inclinarse ante la imagen de oro sea echada en el horno de fuego ardiendo, y hay tres de estos extranjeros que no lo están haciendo.’
«Entonces, Nabucodonosor, enojado y furioso, dio orden de traer a Sadrac, Mesac y Abed-nego; estos hombres, pues fueron conducidos ante el rey.
Habló Nabucodonosor y les dijo: ¿Es verdad Sadrac, Mesac y Abed-nego que no servís a mis dioses ni adoráis la estatua de oro que he levantado?
¿Estáis dispuestos ahora, para que cuando oigáis el sonido del cuerno, la flauta, la lira» y demás, «os postréis y adoréis la estatua que he hecho? Porque si no la adoráis, inmediatamente seréis echados en un horno de fuego ardiente; ¿y qué dios será el que los libre de mis manos?”
Quiero que recuerdes eso. En su ira y furia y rabia, Nabucodonosor dijo, ‘Yo voy a ponerlos en ese horno, y ¿quién es el dios que podría librarlos a ustedes de eso?’.
Guarda eso en tu memoria, para lo que le sucederá, un par de capítulos más tarde, con Nabucodonosor mismo.
Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron y dijeron al rey: «No necesitamos darte una respuesta acerca de este asunto. Ciertamente nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiente; y de tu mano, oh rey, nos librará. Pero si no lo hace, has de saber, oh rey, que no serviremos a tus dioses ni adoraremos la estatua de oro que has levantado».
Esta es una de las respuestas más heroicas en toda la historia redentora. Lo primero que estos hombres dicen al rey es: ‘Rey, nuestro Dios nos librará de tu horno de fuego, pero si no lo hace, aún así no vamos a inclinarnos ante tu imagen, o violar los términos de nuestro pacto con Dios.
Si Dios nos rescata, bien. Pero no somos seguidores de Dios solo cuando todo anda bien. Estamos preparados a entregar nuestras vidas para serle fieles a Él’. Bueno, eso no hizo exactamente feliz a Nabucodonosor, pues leemos que, «Entonces Nabucodonosor se llenó de furor, y demudó su semblante contra Sadrac, Mesac y Abed-nego.
Respondió ordenando que se calentara el horno siete veces más de lo que se acostumbraba calentar. Y mandó que algunos valientes guerreros de su ejército ataran a Sadrac, Mesac y Abed-nego, y los echaran en el horno de fuego ardiente.
Entonces estos hombres fueron atados y arrojados con sus mantos, sus túnicas, sus gorros y sus otras ropas en el horno de fuego ardiente. Entonces, debido a que el mandato del rey era urgente y el horno extremadamente caliente, la llama del fuego mató a aquellos hombres que tomaron a Sadrac, Mesac y Abed Nego; y estos tres cayeron atados en medio del horno de fuego ardiendo”.
Así que calentaron el horno tan caliente que el calor que emanaba de él mató a los guardias que ataron y arrojaron a Sadrac, Mesac y Abed-nego y los arrojaron a esta llama devoradora. Versículo 24, «Entonces el rey Nabucodonosor se espantó, y levantándose apresuradamente preguntó a sus altos oficiales: ¿No eran tres los hombres que echamos atados en medio del fuego? Ellos respondieron y dijeron al rey: Ciertamente, oh rey.
El rey respondió y dijo: ¡Mirad! Veo a cuatro hombres sueltos que se pasean en medio del fuego sin sufrir daño alguno, y el aspecto del cuarto es semejante al de un hijo de los dioses”. Tengo que pensar que esto es una Cristofanía del Antiguo Testamento.
Esta es una aparición pre-encarnada de la segunda persona de la Trinidad, que vino, no a la cruz, sino al horno, y estaba de pie en la prueba junto con su pueblo fiel y los rescató de la ira de este rey.
«Entonces Sadrac, Mesac y Abed-nego salieron de en medio del fuego. Y los sátrapas, los prefectos, los gobernadores y los altos oficiales del rey se reunieron para ver a estos hombres, cómo el fuego no había tenido efecto alguno sobre sus cuerpos, ni el cabello de sus cabezas se había chamuscado, ni sus mantos habían sufrido daño alguno, ni aun olor del fuego había quedado en ellos.
Habló Nabucodonosor y dijo: Bendito sea el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego que ha enviado a su ángel y ha librado a sus siervos que, confiando en El, desobedecieron la orden del rey y entregaron sus cuerpos antes de servir y adorar a ningún otro dios excepto a su Dios.
Por tanto, proclamo un decreto de que todo pueblo, nación o lengua que diga blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego sea descuartizado y sus casas reducidas a escombros, ya que no hay otro dios que pueda librar de esta manera».
¿Recuerdas lo que dijo antes? » ¿Y qué dios será el que os libre de mis manos?”. Incluso el rey se da cuenta del carácter de Dios. Una vez más, Nabucodonosor tiene un sueño, y de nuevo Daniel es llamado para interpretarlo, y esta interpretación es del juicio sobre Nabucodonosor.
El texto de la interpretación se encuentra en el capítulo 4, verso 31: «Aún estaba la palabra en la boca del rey, cuando una voz vino del cielo: ‘Rey Nabucodonosor, a ti se te declara: El reino te ha sido quitado, y serás echado de entre los hombres, y tu morada estará con las bestias del campo; te darán hierba para comer como al ganado, y siete años pasarán sobre ti, hasta que reconozcas que el Altísimo domina sobre el reino de los hombres, y que lo da a quien le place».
Esta es una contienda de reyes. Así como lo vimos anteriormente en la contienda entre Moisés y Dios, y el poder de Egipto y faraón; ahora Dios está diciéndole al rey más poderoso de la época: ‘Veamos quién tiene el poder’.
“El Altísimo domina sobre el reino de los hombres y que lo da a quien le place. En aquel mismo instante se cumplió la palabra acerca de Nabucodonosor: fue echado de entre los hombres, comía hierba como el ganado y su cuerpo se empapó con el rocío del cielo hasta que sus cabellos crecieron como las plumas de las águilas y sus uñas como las de las aves”. ¿Eso te recuerda a alguien?
Howard Hughes en la demencia de sus últimos años, con las uñas de varias pulgadas de largo; uno de los hombres más poderosos del mundo, reducido a vivir como un animal. Y así Nabucodonosor es humillado en extremo: “Pero al fin de los días, yo, Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo, y recobré mi razón, y bendije al Altísimo y alabé y glorifiqué al que vive para siempre; porque su dominio es un dominio eterno, y su reino permanece de generación en generación”.
“Nadie puede detener su mano, ni decirle: ‘¿Qué has hecho?” “Ahora yo, Nabucodonosor, alabo, ensalzo y glorifico al Rey del cielo, porque sus obras son todas verdaderas y justos sus caminos: El puede humillar a los que caminan con soberbia”.
Cuando Nabucodonosor murió, el reino fue transferido y pasaron décadas, y los judíos estaban todavía bajo la opresión de los babilonios, y los judíos estaban todavía bajo la opresión de los babilonios; y luego una de las historias más fascinantes se encuentra en el capítulo 5 de Daniel.
La historia de un rey posterior cuyo nombre es Belsasar. Leemos en el capítulo 5: «El rey Belsasar dio un gran banquete a mil de sus nobles, y en presencia de los mil se puso a beber vino.
Mientras saboreaba el vino, Belsasar ordenó traer los vasos de oro y plata que Nabucodonosor su padre había sacado del templo que estaba en Jerusalén, para que bebieran en ellos el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas.
Entonces trajeron los vasos de oro que habían sido sacados del templo, la casa de Dios que estaba en Jerusalén, y el rey y sus nobles, sus mujeres y sus concubinas bebieron en ellos. Bebieron vino y alabaron a los dioses de oro y plata, de bronce, hierro, madera y piedra». ¿Ves lo que está pasando aquí?
Belsasar está lleno de arrogancia y orgullo, y decide tener este gran banquete. Él es el rey de Babilonia y tú debes comprender que la ciudad de Babilonia, de todas las ciudades de la antigüedad, era claramente la fortaleza más inexpugnable de la época.
Sus murallas eran tan gruesas y tan altas, que no tenía puntos aparentes de vulnerabilidad. Y, según los historiadores seculares, incluso durante la celebración de esta fiesta los ejércitos de los persas marchaban hacia Babilonia y pensaban en una forma de sitiar a la ciudad. Eso no le molestaba a Belsasar, porque sabía que no había nada que los persas pudieran hacer para derrotarlos. Ellos tenían suficientes provisiones en esta gran ciudad para muchos años, y podían simplemente esperar a los ejércitos persas; y como dije, las paredes eran inexpugnables.
Así que decide tener un banquete y él tiene a todos sus duques y duquesas, señores y príncipes, y consigue miles de personas para este banquete. Y mientras este banquete continúa y están bebiendo el mejor vino, él ordena que, del botín de la destrucción de Jerusalén, las vasijas sagradas de Dios omnipotente sean utilizadas en esta celebración orgiástica.
Y él toma los vasos sagrados de Dios, los llena con el mejor vino para que puedan brindar por los ídolos paganos, los dioses de oro y de plata. Y mientras que él está en medio de esta celebración arrogante, de repente se da vuelta y ve lo que nadie más en la habitación está mirando, ve una mano que parece estar desprendida, una mano que escribe en la pared.
Palabras extrañas aparecen delante de él, y escuchen el relato de lo que sucede. «De pronto aparecieron los dedos de una mano humana y comenzaron a escribir frente al candelabro sobre lo encalado de la pared del palacio del rey, y el rey vio el dorso de la mano que escribía. Entonces el rostro del rey palideció, y sus pensamientos lo turbaron, las coyunturas de sus caderas se le relajaron y sus rodillas comenzaron a chocar una contra otra».
Es decir, aquí está este poderoso rey desmoronándose. Sus rodillas le tiemblan. Él no sabe lo que significa esto, y llama a sus adivinos para que interpreten la inscripción y no pueden. Las palabras dicen, «Mene, mene, tekel, ufarsin. «Una vez más, finalmente es Daniel, quien es traído para que interprete la inscripción. Daniel le dice al rey: «Esta es la interpretación del escrito. Mene: Dios ha contado tu reino y le ha puesto fin. Tekel: has sido pesado en la balanza y hallado falto de peso. Peres: tu reino ha sido dividido y entregado a los medos y persas».
Y luego leemos al final del capítulo: «Aquella misma noche fue asesinado Belsasar, rey de los caldeos». No sabemos cómo sucedió. No sabemos cómo los persas conquistaron Babilonia, pero los historiadores seculares de la época dicen que había un arroyo subterráneo que corría bajo el muro de Babilonia, que suministraba el agua a la ciudad y que el comandante persa entendió eso y cerró el paso del río aguas arriba para que tan pronto como el agua dejara de fluir, este gran viaducto bajo la muralla se hiciera transitable.
Y mientras la fiesta continuaba esa noche, el ejército persa se dirigió sin obstáculos bajo los muros de Babilonia y sorprendió al rey y a sus nobles, mientras estaban en estado de ebriedad y estupor; y fueron conquistados.
Esta es la historia de la providencia de Dios, que otorga reinos y los hace desaparecer, eleva reyes y los hace caer. Y Daniel dice que el futuro del pueblo de Dios no está en manos de los babilonios, sino en las manos de Dios.
R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation
Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss inicia con una historia seria, aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Nancy Leigh DeMoss: En 1959, un periodista llamado John Howard Griffin se transformó a sí mismo de un hombre blanco a un hombre negro. Usó drogas, tratamientos con lámparas de sol, y colorante para oscurecer la piel.
Después, pasó seis semanas viajando hacia los estados del sur que por racismo estaban segregados, haciéndose pasar por un hombre negro.
Mientras viajaba, el documentó el trato y las reacciones que recibió de la gente. Algunas de ellas fueron horribles. Le fue negado vivienda, transporte, trabajo y algunas veces hasta el uso de los baños. Experimentó rudeza, comentarios racistas, amenazas violentas, simplemente porque su piel era oscura.
Griffin escribió un libro acerca de cómo fue tratado, “Negro como yo”. Al leer esto, pensé en la historia de Jesús al venir a la tierra podría llamarse. “Humano como Yo”.
Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Hoy nos enfocaremos en la humanidad de Cristo.
Nancy: Leamos en Filipenses capítulo 2,
…el cual, [Jesucristo] aunque existía en forma de Dios, [hablamos ayer de su deidad] no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo (vv. 6-8)
La descripción que fue dada por John Howard Griffin podríamos modificarla al decir de Cristo—que Él dejó su privilegiada vida del Hijo de Dios en los cielos para incorporarse en nuestros cuerpos.
Hay dos errores en relación a Cristo y en los dos casos son peligrosos.
Uno es que elevemos Su humanidad y disminuyamos Su deidad.
Pero el otro es que nos enfocamos en Su deidad, el hecho que Él es Dios, excluyendo Su humanidad. Vemos este error cometido en muchas representaciones culturales de Cristo.
Por ejemplo, en Navidad se canta un villancico «Jesús en Pesebre» que dice así.
Los bueyes bramaron y Él despertó, mas Cristo fue bueno y nunca lloró. Jesús en pesebre, sin cuna, nació;
Tengo un recién nacido en mi casa, como les dije en una sesión reciente. Y anoche, mientras me preparaba para esta sesión, el recién nacido estaba llorando. Y pensé, ¡claro que sé! El bebé Jesús lloró. Porque Él era un ser humano.
Y contemplas esas pinturas del niño Jesús y en un deseo de querer honrarlo como Dios, usualmente verás una luz rodeándole o con una aureola en su cabeza. La verdad es que Él era un bebé de aspecto normal. Él era un ser humano.
La Escritura nos dice en 1era a Timoteo capítulo 2,
Porque hay un solo Dios, y también un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús hombre, quien se dio a sí mismo en rescate por todos (vv. 5-6)
J. I. Packer dice que se podrían describir estos versículos como «la clave, no solo del Nuevo Testamento, sino de toda la Biblia. Ya que se cristaliza en una frase el resumen y la sustancia de su mensaje» el mediador, el hombre Jesucristo, Quien se dio a Sí mismo en rescate por todos.
Ese mediador entre Dios y los hombres tenía que ser un hombre, tenía que ser un ser humano. Quiero ver hoy las evidencias de que Él era humano. Por ejemplo, como hombre,tenía un cuerpo físico, un cuerpo humano. Él era de carne y hueso. Nació como nacen todos los bebés. Tuvo que crecer físicamente—vimos eso en Lucas capítulo 2 en una sesión anterior. Tenía una apariencia física. Tenía el aspecto de un hombre común y corriente. La gente no veía nada extraño en Él. No caminaba con un halo alrededor de Su cabeza o con un aura que le rodeaba. No siempre usaba una túnica blanca mientras los demás usaban otros colores. Él se veía humano.
De hecho, sus propios hermanos y aquellos que crecieron con Él no creyeron que Él era Dios. Decían, “¿Es éste el hijo del carpintero?” Él parecía un hombre normal. Tenía la apariencia de un hombre normal. Tenía funciones físicas normales. Comía, bebía, respiraba. Tenía la capacidad de experimentar dolor. Vemos eso en Getsemaní como sudó gotas de sangre. Su constitución física era sensible al estrés. En la cruz, Él sangró. Y Él murió físicamente. Tenía un cuerpo humano físico.
Después de la resurrección, se apareció a los discípulos en un cuerpo físico glorificado. Él dijo en Lucas capítulo 24: «Mirad mis manos y mis pies, que soy yo mismo; palpadme y ved, porque un espíritu no tiene carne ni huesos como veis que yo tengo» (Lucas 24:39)
Aún después de la resurrección, en Su cuerpo glorificado, Él todavía tenía un cuerpo físico. Él es humano. Él es Dios, pero también es hombre. Cuando ascendió a los cielos—cuarenta días después de la resurrección—Él ascendió en ese cuerpo físico glorificado, el cual todavía tiene hoy en día en el cielo, y el cual veremos cuando regrese a la tierra en Su segunda venida.
No solo tuvo un cuerpo físico, sino tuvo limitaciones físicas y debilidades. Mientras estuvo aquí en la tierra, Jesús caminaba de un lugar a otro; Él no volaba como Superman. La Escritura nos dice que se cansó físicamente. Lo vemos durmiendo en un barco. Lo vemos cansado de caminar, sentado junto a ese pozo en Samaria.
La Escritura nos dice que le daba hambre. Después que ayunó en el desierto tuvo hambre. Dijo que tenía hambre. En la cruz dijo, «Tengo sed» (Juan 19:38) Le daba sed. Limitaciones físicas normales y debilidades.
Me preguntaba hace poco, cuando siete de ocho personas que se alojaban en mi casa—incluyéndome a mi —nos enfermamos de un virus estomacal en un período de 24 horas, me pregunté, » ¿Jesús alguna vez le habrá dado gripe? ¿Alguna vez tuvo dolor de cabeza? ¿Se habrá resfriado?»
Es interesante, durante estas últimas 24 horas que he estado consultando mis líneas de ayuda teológica, la gente que conozco que estudian estas cosas. El hecho es que la Biblia no dice explícitamente. Nos dice que tuvo hambre, sed y cansancio. Pero no dice que se haya enfermado físicamente. Pero Hebreos capítulo 2 dice: «Por tanto, tenía que ser hecho semejante a sus hermanos en todo, a fin de que llegara a ser un misericordioso y fiel sumo sacerdote. (Heb. 2:17)
Esto significa que Él experimentó la gama completa de lo que significa ser humano, excepto sin pecado. Así que no es descabellado pensar que si Él era susceptible al hambre, a la sed, al cansancio y a la muerte, debió haber sido también susceptible a la enfermedad.
No el tipo de enfermedad que se obtiene después de comer demasiado o porque somos perezosos o porque tenemos estilos de vida y tomamos decisiones que nos enferman. Pero su cuerpo humano en este mundo caído, corrupto, donde hay gérmenes, enfermedades, es razonable creer que Él también participó en ese aspecto de nuestra humanidad.
No solo era físicamente humano, sino que tenía una composición humana y alma— todos los elementos de la naturaleza humana. Todo lo que conforma un hombre, a excepción del pecado, Él lo tenía.
Toma toda la gama de las emociones. Él tenía todo el rango, todo el panorama. Él no era un robot, sin emociones ni sentimientos. Jesús fue movido constantemente por las cosas que mueven también el corazón de Dios.
Déjame darte algunos ejemplos. En Mateo capítulo 8 nos dice que se maravilló de la fe del centurión (Mateo 8:10). Sintió también compasión lo vemos muchas veces—por un leproso, por las multitudes necesitadas, de la viuda que acababa de perder a su único hijo. Él tuvo compasión hasta el punto de llorar. Él se preocupaba.
En Juan capítulo 11 versículo 15 habla de que Él estaba alegre y gozoso. Toma por ejemplo toda el área del humor. Ahora, la Escritura no nos dice explícitamente que Él se rió.
No hay ninguna referencia a su risa. Pero una vez más, yo diría que es razonable creer que Jesús se gozaba de lo bueno, con un humor sano. Tenía un grupo de 12 hombres viajando con Él. No iba a ser un humor obsceno, era solo un tiempo para disfrutar de la creación de Dios. Jesús tenía toda una gama de emociones.
También sabemos, y hay mucha información de esto en las Escrituras, que Él eraun varón de dolores, experimentado en quebranto. Toda la gama de emociones humanas. Jesús lloró ante la tumba de Lázaro; se echó a llorar sobre Jerusalén. En la última cena, la Escritura dice, «se angustió en espíritu» (Juan 13:21)
Ese versículo en Hebreos 5 versículo 7 dice,
Cristo, en los días de Su carne, habiendo ofrecido oraciones y súplicas con gran clamor y lágrimas al que podía librarle de la muerte.
Aquí vemos que Jesús estaba experimentando todo tipo de emociones. Eso nos dice algo. A veces pensamos que las emociones son algo malo, o que deben ser suprimidas. Que si eres una buena cristiana, no debes ser tan emocional.
Pero el ejemplo de Cristo en Su humanidad nos dice que las emociones son una parte importante del ser humano. Nos da un modelo de un sano, completo y balanceado despliegue de las emociones. Exhibir las emociones, como Cristo lo hizo en el momento oportuno, en el lugar correcto y de la forma apropiada.
Mi problema con las emociones es que las manifiesto en las cosas equivocadas. Tengo las emociones equivocadas en el momento equivocado. Estoy enojada cuando debería estar alegre. O me alegro cuando debería estar enojada. A menudo estoy siendo dirigida por mis emociones, en lugar de dejarme dirigir por el Espíritu y la Palabra de Dios. Pero no hay nada malo en tener emociones.
De hecho, parte de ser completamente humana como hija de Dios es poder expresar emociones de una manera sana y equilibrada, según Dios. Eso es parte de nuestro discipulado, llegando a ser a la imagen y semejanza de Cristo. Donde no silenciamos o enterramos nuestros sentimientos o emociones, sino que seamos capaces de expresarlos de manera piadosa y equilibrada.
Jesús experimentó todo lo que era parte de la composición humana. Experimentó la tentación, como hemos visto en esta serie. Experimentó la necesidad de depender de Su Padre Quien le dirigió a orar. Eso es parte de lo que significa ser humano. Si Él fuese solo Dios y no humano a la vez, ¿por qué habría tenido la necesidad de orar? ¿Por qué vemos ese patrón en Su vida de estar orando a Su Padre una y otra vez? Es porque Él era 100% hombre. Y Él vivía la vida en un cuerpo humano en este planeta como un hombre.
Poseía plenamente la naturaleza humana, sin poseer una naturaleza pecaminosa. Tenemos que tener en cuenta esta distinción y esta tensión. La naturaleza pecaminosa no es inherente a los humanos. Adán y Eva eran seres humanos sin una naturaleza pecaminosa, hasta que pecaron. Así que Jesús era completamente humano sin una naturaleza pecaminosa.
No fue hasta que Jesús vino a la tierra, plenamente Dios y plenamente hombre, que nosotras pudimos entender lo que Dios quiso decir y que intención tenía al decir, «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza» (Gen 1:26) ¿Cómo era eso? Adán y Eva fueron hechos a imagen de Dios, pero muy pronto dañaron eso. Se rebelaron contra Dios. Esa imagen fue destrozada, estropeada, rota.
Nunca hemos visto como es ser creado a semejanza de la imagen de Dios, solo Cristo. Cristo nos mostró como debemos vernos—como nos deberíamos haber visto si no hubiésemos pecado. Envuelve tu mente en esto si te es posible. La vida que Jesús vivió en la tierra tenía la intención de mostrarnos lo que habría sido, y lo que seríamos, separadas del pecado. Totalmente humano. Cuanto necesitamos esa imagen. ¡El contemplar esa imagen nos ayuda!
Su humanidad no solo era necesaria para que nosotras viéramos como es un ser creado a la imagen de Dios, sino que era necesaria para que fuéramos salvas. Su humanidad, Cristo, que es el Dios invisible convirtiéndose en un ser humano hizo posible que nosotras seamos ahora hijas de Dios.
Leemos en Gálatas capítulo 4, los versículos 4 y 5 «Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a su Hijo, (su deidad) nacido de mujer, (su humanidad) nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos. (Gal 4:4-5). Para hacernos hijos de Dios, Jesús vino como el Hijo de Dios y se hizo hombre.
Cada día en este programa trato de explicarles el ¿qué? Pero ahora, vamos a ver y ahora ¿entonces qué? ¿Cuáles son lo implicaciones de esto? Déjenme mencionar algunas.
Primero que nada, el hecho de que Jesús era un hombre lo hace un Dios accesible, un Dios a nuestro alcance. Tengo una amiga que recibió un correo electrónico esta semana, y me dio permiso de compartirlo con ustedes. Esta señora que lo escribió dijo esto en su correo,
Me siento muy alejada de Dios. A veces es difícil llegar a Él, porque parece tan inimaginablemente poderoso, grande y distante, y porque es invisible y espiritual.
¿Te has sentido así alguna vez? Que no puedes acercarte a Dios. Él se ve tan lejano, no lo puedes ver. Bueno, en Cristo, Dios se acerca. Mira a Cristo y en Él tú verás cómo puedes acercarte a Dios. Él hace a Dios accesible a nosotras.
Después experimentamos una increíble gratitud y adoración al contemplar Su increíble condescendencia, que Él al ser igual a Dios, tomara la forma de humano. Déjenme leerles algunas citas de un teólogo llamado A.W. Pink quien ha escrito algunas cosas maravillosas acerca de la naturaleza de Dios. Él captura algo de esta maravilla, cito.
Dios se hizo hombre, pero ¿qué significa esto para ti y para mí? Nunca más podrás tomar a la ligera el pecado, así como Jesucristo lo veía como algo tan destructivo que tuvo que venir del cielo a la tierra y sufrir lo peor lo que se le pudo presentar para darle un golpe mortal al pecado. Y nunca podrás tomar el amor de Dios a la ligera. No puedes tomar el pecado a la ligera porque Jesús se hizo hombre para tratar con él, pero tampoco el amor de Dios. Él no tenía porque convertirse en un hombre y sufrir como lo hizo, ¡pero lo hizo y lo hizo por ti! (2)
¿Cómo podemos dudar del amor de Dios cuando vemos que Cristo se hizo hombre?
Déjenme leerles un poco mas de A.W. Pink. Él dijo:
Es realmente increíble cuando el hombre fue hecho a imagen de Dios… ¡Pero me inclino de asombro y adoración a la asombrosa condescendencia de Dios al hacerse a la imagen del hombre! ¡Cómo esto manifiesta la grandeza de su amor y las riquezas de su gracia! Fue por su pueblo y su salvación que el Hijo eterno asumió la naturaleza humana y se humilló a sí mismo hasta la muerte. Dibujó un velo sobre su gloria para que Él pudiera quitar nuestro oprobio. Sin duda, los seguidores de aquel Salvador deben para siempre renunciar al orgullo.
Se humilló así mismo. Veló su gloria. Tomó la carne y nuestra humanidad. Ahí está el poder de la encarnación. ¿Cómo no humillarnos ante Dios y ante los demás?
Aquí está otra aplicación, otro «¿entonces qué?» de la humanidad de Cristo. Nos da gran ánimo y consuelo. Cuando nosotras experimentamos el cansancio físico, el dolor, las limitaciones humanas, toda una gama de emociones en este mundo caído, nos recuerda que Jesús ha vivido todo esto y más. Él se sujetó a sí mismo a las mismas leyes de la naturaleza a las cuales nosotras estamos atadas. Así que cuando batallemos bajo el peso de los problemas físicos, de los problemas emocionales, podemos clamar a Él y saber que Él nos entiende—Él puede compadecerse de nosotras.
El Salmo 103 dice, «Él conoce nuestra condición; sabe que somos de barro» (v.14 NVI) ¿Cómo lo sabe? No solo lo sabe porque Él nos creó, sino que lo sabe porque Él anduvo en nuestra piel. Humano como yo.
Eso es lo que lo hace misericordioso y fiel, sumo sacerdote, como dice Hebreos capítulo 2 quien se compadece de nosotras con nuestras debilidades y es capaz de ayudarnos.
Hay una antigua canción gospel que me encanta y dice:
¿Tiene cuidado Jesús cuando hay dolor en mi corazón?
¿Demasiado profundo para la alegría o la canción?
Al presionarme los problemas, y agravarse la angustia,
¿Y hacerse largo y pesado el camino?
¡Oh, Si! Él tiene cuidado, yo sé que Él tiene cuidado, Su corazón se angustia por mi dolor;
Cuando los días pesan, y las noches son largas y tristes, sé que mi Salvador tiene cuidado.
Lo sabemos porque Él ha estado ahí. El otro «¿Entonces qué?» como resultado de la humanidad de Cristo, Él nos dejó «un ejemplo», nos dice 1era de Pedro, que debemos seguir Sus pasos. Él no cometió pecado» (1Pedro 2:21-22). Quiero que medites en esto por un momento. Porque esto es impresionante si no has pensado en esto antes.
«Él nos dejó un ejemplo para que sigamos sus huellas. ¡No pecó nunca! Estamos llamadas a ser santas. El pecado es una ofensa contra un Dios santo. Nos han dicho que debemos ser santas, seguir los pasos de Jesús, seguir Su ejemplo. ¿Cuántas de nosotras sabemos que no podemos ser santas? No lo somos. Somos pecadoras. Tenemos una naturaleza pecaminosa. Pero sin embargo se nos manda a ser como Él. Pero he aquí las buenas noticias, por Su gracia, podemos ser santas.
Procesa esto conmigo por un momento. Jesús era totalmente Dios—es como Él era santo. Era completamente Dios. Pero nunca confió en Su naturaleza divina, ni usó ningún tipo de poder sobrenatural como Dios para vencer la tentación mientras estuvo aquí en la tierra.
Cuando Él superó Sus limitaciones, para que se cumpliera Su misión aquí en la tierra, Él no se basó en Sus poderes como Dios. Todavía tenía esos poderes, pero no descansó en esos poderes. Sin embargo, Él vivió una vida perfecta y sin pecado como un hombre, en un cuerpo humano.
¿Cómo lo hizo? Dependiendo del poder del Espíritu Santo. Usando los mismos recursos que tenemos disponibles nosotras como seres humanos. Fíjate en esto porque cambiara tu paradigma sobre cómo responder ante la tentación, cómo tratarás de vivir la vida Cristiana. Jesús enfrentó las mismas tentaciones, las mismas luchas diarias, el mismo cansancio, el mismo agotamiento, las mismas debilidades que nosotras experimentamos, pero sin pecado. Él respondió perfectamente bajo presión. ¡Oh, que pudiera yo decir esto!
Él obedeció a Dios en las circunstancias más adversas. Él amaba a la gente difícil de ser amada. Confiaba en el corazón de Su Padre cuando Él no podía ver Su mano. Venció como hombre en el poder del Espíritu Santo. Como hombre, vivió y operó en el poder del Espíritu mientras estuvo aquí en la tierra. La buena noticia es que ese mismo poder está disponible para nosotras por Su Espíritu que mora en nosotras. Podemos triunfar. Podemos vivir la vida al tener a Cristo viviendo en nosotras.
Pon estos dos versículos juntos del libro de los Hechos: «Dios ungió a Jesús de Nazaret con el Espíritu Santo y poder”. (10:38) ¡Wao! Seguro Él hizo milagros. Dios le dio a Él, el poder en el Espíritu. Pero ahora veamos Hechos capítulo 1: «pero recibiréis poder cuando el Espíritu Santo venga sobre vosotros»(1:8)
La humanidad de Cristo significa que como Cristo confió en el poder del Espíritu Santo para vivir esa vida perfecta, sin pecado, así nosotras podamos seguir Sus pisadas y depender y confiar en el mismo poder del Espíritu Santo, confiando en esos mismos recursos disponibles en que Cristo confió cuando hombre. ¿Anima eso tu corazón?
Leslie: Jesús era un ser humano. Probablemente ya habías escuchado eso antes. Pero cuando te enfocas en la verdad y en realidad la razonas, te ayuda a apreciar a Jesús en una forma totalmente nueva. Nancy Leigh DeMoss nos ha estado guiando en este proceso. Esa enseñanza de la humanidad de Jesús es parte de la serie, El Cristo incomparable.
Cada día de la serie es una nueva oportunidad para pensar en quién era Jesús y lo que hizo. Muchas de nuestras oyentes están sacando provecho de la serie al leer el libro “El Cristo incomparable” por J. Oswald Sanders, disponible en inglés. Es un clásico escrito en los años 50s. Tuvo un profundo impacto en Nancy, en las semanas previas a la Pascua del año pasado.
Cuando ves las representaciones de Jesús en pinturas y películas, ¿has notado que siempre lo ponen como un hombre débil? Nancy Leigh DeMoss te reta a pensar en un aspecto importante de Cristo—Su masculinidad. Eso es lo que veremos en el siguiente programa, en la serie El Cristo incomparable aquí en Aviva Nuestros Corazones.
Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.
Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.
1C. J. Mahaney. Christ Our Mediator. Multnomah, 2004, p. 42.
En la Capilla New Park Street, Southwark, Londres.
«El Poder del Espíritu Santo» — Romanos 15:13
El PODER es una prerrogativa exclusiva y especial de Dios y sólo de Dios. «Dos veces he oído esto: que de Dios es el poder.» Dios es Dios, y el poder le pertenece. Aunque delegue una porción de él a Sus criaturas, sigue siendo Su poder. El sol, aunque sea «como un esposo que sale de su tálamo, que se alegra como gigante para correr el camino,» no tiene el poder para ejecutar sus movimientos sino de la manera como lo dirija Dios. Las estrellas, aunque viajan en sus órbitas y nada las puede detener, no tienen ni poder ni fuerza propios, excepto aquel que Dios les otorga diariamente. El alto arcángel que está junto a Su trono y que brilla más que un cometa resplandeciente, -aunque sea uno de aquellos que destacan en fuerza y que escucha la voz de los mandamientos de Dios- no tiene sino el poder que su Creador le da.
En cuanto a Leviatán, que de tal manera hace hervir como una olla el mar profundo, que parece que el abismo es cano; y en cuanto a Behemot, que se bebe de un trago el Jordán y se jacta de poder chupar ríos enteros: todas esas criaturas majestuosas que se encuentran sobre la tierra, le deben su fortaleza a Él, que formó sus huesos de acero, y sus miembros como barras de hierro.
Y cuando pensamos en el hombre, y evaluamos si tiene fuerza o poder, todo lo que posee resulta ser tan poco e insignificante que apenas si podemos llamarlo poder. Sí, cuando está en la cumbre, cuando empuña su cetro, cuando está al mando de sus ejércitos, cuando gobierna naciones, el poder que tiene todavía le pertenece a Dios. Y esto es verdad: «Dos veces he oído esto: que de Dios es el poder.»
Esta prerrogativa exclusiva de Dios se encuentra en cada una de las tres Personas de la gloriosa Trinidad. El Padre tiene poder, pues por Su palabra fueron hechos los cielos y todo lo que contienen. Por Su fuerza todas las cosas se mantienen y por Él cumplen con su destino. El Hijo tiene poder pues, como Su Padre, Él es el Creador de todas las cosas, y «sin él no fue hecho nada de lo que ha sido hecho.» Y «en él todas las cosas subsisten.» Y el Espíritu Santo tiene poder.
Hoy voy a hablar acerca del poder del Espíritu Santo. Espero que puedan experimentar en sus propios corazones una ejemplificación práctica de ese atributo, cuando sientan que la influencia del Espíritu Santo está siendo derramada en mí para comunicar a sus almas las palabras del Dios viviente. Y espero que esa influencia les sea otorgada también a ustedes y que sientan sus efectos en sus propios espíritus.
Consideraremos el poder del Espíritu santo de tres maneras en este día. Primero, las manifestaciones externas y visibles de ese poder. Segundo, sus manifestaciones internas y espirituales. Y tercero, las obras futuras y esperadas, derivadas de ese poder. Confío que de esta manera el poder del Espíritu se hará presente claramente en sus almas.
I. Primero, entonces, debemos ver el poder del Espíritu en SUS MANIFESTACIONES EXTERNAS Y VISIBLES. El poder del Espíritu no ha estado inactivo, ha estado trabajando. Mucho ha sido hecho ya por el Espíritu de Dios; más de lo que pudiera haber sido logrado por ningún ser excepto el Infinito, Eterno, Todopoderoso Jehová, de quien el Espíritu Santo es una Persona. Hay cuatro clases de obras que son los signos externos y manifiestos del poder del Espíritu: las obras de creación, las obras de resurrección, las obras de testimonio y las obras de gracia. De cada una de estas obras hablaré brevemente.
1. Primero, el Espíritu ha manifestado la omnipotencia de Su poder en las obras de creación. Aunque no se menciona frecuentemente en la Escritura, la creación es atribuida algunas veces al Espíritu Santo, así como también al Padre y al Hijo. Se nos dice que la creación de los cielos es la obra del Espíritu de Dios. Esto lo verán de inmediato en las sagradas Escrituras, en Job 26:13: «Su espíritu adornó los cielos; Su mano creó la serpiente tortuosa.» Se dice que todas las estrellas del cielo fueron colocadas en lo alto por el Espíritu y una constelación particular llamada la «serpiente tortuosa» es señalada especialmente como el trabajo de Sus manos.
Él desata las ligaduras de Orión; Él ata con cadenas las dulces influencias de las Pléyades y guía a la Osa Mayor junto con sus hijos. Él hizo todas esas estrellas que brillan en el cielo. Los cielos fueron adornados por Sus manos y Él formó a la serpiente tortuosa con Su poder. Y así también muestra Su poder en esos actos continuos de creación que todavía se realizan en el mundo, como crear al ser humano y a los animales, su nacimiento y su generación. Estos actos también se le atribuyen al Espíritu Santo.
Si ven el Salmo 104, en los versículos 29 y 30, leerán, «Escondes tu rostro, se turban; les quitas el hálito, dejan de ser, y vuelven al polvo. Envías tu Espíritu, son creados; y renuevas la faz de la tierra.»
Así ven ustedes que la creación de todo hombre es la obra del Espíritu, y la creación de toda vida y de toda carne también. La existencia de este mundo se debe atribuir al poder del Espíritu, así como también el primer adorno de los cielos o la forma de la serpiente tortuosa. Y si ven en el primer capítulo del Génesis, allí notarán particularmente explicada esa peculiar obra de poder que fue llevada a cabo por el Espíritu Santo en el universo. Ustedes descubrirán entonces cuál fue Su trabajo especial. En el versículo segundo del primer capítulo de Génesis, leemos; «Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.»
No sabemos cuán remoto pueda ser el período de la creación de nuestra tierra: ciertamente muchos millones de años antes del tiempo de Adán. Nuestro planeta ha pasado por varias etapas de existencia y diferentes clases de criaturas han vivido en su superficie, todas ellas creadas por Dios. Pero antes de que llegara la era en la que el ser humano sería su habitante principal y monarca, el Creador entregó el mundo a la confusión. Permitió que los fuegos internos estallaran desde las profundidades y fundió toda la materia sólida de manera que toda clase de sustancias estaban mezcladas en una vasta masa de desorden. La única descripción que se podría dar al mundo de entonces es que era una caótica masa de materia.
Cómo debió ser, no podrían ustedes adivinarlo o definirlo. La tierra estaba enteramente desordenada y vacía. Las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas. Llegó el Espíritu y extendiendo sus anchas alas, ordenó a las tinieblas que se dispersaran y cuando voló Él sobre la tierra, todas las diferentes porciones de materia se colocaron en sus lugares y ya no fue «desordenada y vacía». Se volvió redonda como sus planetas hermanos y se puso en movimiento, cantando elevadas alabanzas a Dios, no de manera discordante como lo había hecho antes, sino como una grandiosa nota en la vasta escala de la creación.
Milton describe muy bellamente este trabajo del Espíritu que establece el orden donde hay confusión, cuando el Rey de la Gloria, en su poderosa Palabra y Espíritu, vino para crear nuevos mundos:
«Sobre el piso celestial se detuvieron, y desde la orilla
Contemplaron el vasto inmensurable abismo
Tempestuoso como un mar, sombrío, desolado, salvaje,
Conmocionado hasta el fondo por vientos furiosos,
Y por olas hinchadas como montañas, al asalto
De las alturas del cielo para mezclar el polo con lo profundo.
‘Silencio, ustedes, olas perturbadas, y tú, abismo, paz,’
Dijo la Palabra que todo crea. Pongan fin a sus discordias.»
Entonces sobre las aguas calmadas
El Espíritu de Dios Extendió sus alas creadoras
E infundió virtud vital y calor vital
A través de toda la masa fluida.»
Esto, vean ustedes, es el poder del Espíritu. Si hubiéramos visto esa tierra en toda su confusión, habríamos dicho: «¿Quién puede hacer un mundo de todo esto?» La respuesta habría sido: «El poder del Espíritu lo puede hacer. Con sólo extender sus alas como de paloma, Él puede hacer que todas las cosas se junten. Por ello habrá orden en donde no había nada sino confusión.» Y este no es todo el poder del Espíritu. Hemos visto algunas de Sus obras en la creación. Pero hubo una instancia de creación en particular en la que el Espíritu Santo estuvo más especialmente ocupado, a saber, la formación del cuerpo de nuestro Señor Jesucristo.
Aunque nuestro Señor Jesucristo nació de una mujer y fue hecho a semejanza de la carne pecadora, el poder que lo engendró estuvo enteramente en Dios el Espíritu Santo, como lo expresan las Escrituras, «El poder del Altísimo te cubrirá con su sombra.» Él fue concebido por el Espíritu Santo, como dice el Credo de los Apóstoles. «Por lo cual también el Santo Ser que nacerá será llamado Hijo de Dios.»
La estructura corporal del Señor Jesucristo fue una obra maestra realizada por el Espíritu Santo. Supongo que Su cuerpo debe haber sobrepasado a todos los demás en belleza. Que debe haber sido como el del primer hombre, justo el modelo de lo que será el cuerpo en el Cielo, en donde resplandecerá en toda su gloria. Esa estructura, en toda su belleza y perfección, fue modelada por el Espíritu. En Su libro estaban diseñados todos sus miembros cuando todavía no habían sido creados. Él Lo modeló y Lo formó. Aquí pues, tenemos otro ejemplo de la energía creativa del Espíritu.
2. Una segunda manifestación del poder del Espíritu Santo se encuentra en la resurrección del Señor Jesucristo. Si alguna vez han estudiado este tema, pueden haberse sentido desconcertados al descubrir que, algunas veces, la resurrección de Cristo es atribuida a Él mismo. Por Su propio poder y Divinidad resucitó. Él no podía haber sido detenido por los lazos de la muerte, sino que como entregó voluntariamente Su vida, tenía el poder de retomarla. En otra parte de la Escritura encontramos que la resurrección es atribuida a Dios el Padre: «Le levantó de los muertos.» «Exaltado por la diestra de Dios.» Y así otros muchos pasajes similares.
Pero, también se dice en la Escritura que Jesucristo fue levantado de entre los muertos por el Espíritu Santo. Ahora bien, todas esas cosas son ciertas. Él resucitó por el Padre, porque el Padre dijo: «suelten al prisionero, déjenlo ir. La justicia ha sido satisfecha. Mi Ley ya no requiere más satisfacción, la venganza ha recibido lo que le correspondía, déjenlo ir.» Aquí dio Él un mensaje oficial que liberó a Jesús de la tumba. Fue levantado por Su propia majestad y poder, porque Él tenía el derecho de salir y así lo sintió Él mismo y por ello «rompió las ataduras de la muerte, Él ya no podía ser retenido por ellas.» Pero fue levantado por el Espíritu en cuanto a esa energía que recibió Su cuerpo mortal, por la cual se levantó de nuevo después de haber permanecido en su tumba por tres días y noches.
Si quieren pruebas de esto deben abrir otra vez su Biblia en: 1 Pedro 3:18, «Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu.» Y se puede encontrar otra prueba en Romanos, 8:11 (me gusta citar los textos porque creo que es una gran falla de los cristianos no escudriñar las Escrituras lo suficiente, y yo haré que lo hagan cuando estén aquí, si es que no lo hacen en otros lugares), «Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros.»
Entonces la resurrección de Cristo fue efectuada por la agencia del Espíritu, y aquí tenemos una noble ilustración de Su omnipotencia. Si hubieran podido entrar, como lo hicieron los ángeles, en la tumba de Jesús y ver su cuerpo durmiente, lo habrían encontrado frío como cualquier otro cadáver. Si hubieran levantado Su mano, se habría desplomado a un lado. Si hubieran podido mirar sus ojos, los habrían visto vidriosos. Y allí se ve la lanzada mortal que debió acabar con su vida. Vean Sus manos, no fluye la sangre, están frías e inmóviles.
¿Puede vivir ese cuerpo? ¿Puede levantarse? Sí. ¡Y puede ser un ejemplo del poder del Espíritu! Porque cuando el poder del Espíritu llegó a Él, al igual que cuando cayó sobre los huesos secos del valle, «Se levantó en la majestad de Su divinidad, brillante y resplandeciente, que asombró a los vigilantes de manera que huyeron. Sí, se levantó para no morir más, sino para vivir para siempre, Rey de reyes y Príncipe de los reyes de la tierra.»
3. La tercera de las obras del Espíritu Santo que han demostrado Su poder de manera maravillosa, son las obras de testimonio. Con ello quiero decir las obras que atestiguan. Cuando Jesucristo fue bautizado en el río Jordán, el Espíritu Santo descendió sobre Él en forma de paloma y lo proclamó el Hijo Amado de Dios. Eso es lo que yo llamo una obra de testimonio. Y cuando después levantó al muerto, cuando sanó al leproso, cuando les habló a las enfermedades y éstas huyeron rápidamente, cuando salieron precipitadamente por millares los demonios de los que estaban poseídos, todo eso se hizo por el poder del Espíritu. El Espíritu habitaba en Jesús sin medida y por ese poder se obraron todos esos milagros. Estas fueron obras de testimonio.
Y cuando Jesús se fue, recordarán ese magistral testimonio del Espíritu, que regresó como un poderoso viento estruendoso entre los Apóstoles congregados y se les aparecieron lenguas repartidas como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos y fueron todos llenos del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otras lenguas, según como el Espíritu les daba que hablasen. Y cómo también ellos hicieron milagros; cómo predicaban; cómo Pedro resucitó a Dorcas; cómo Pablo sopló la vida en Eutico; cómo se hicieron grandes milagros por los apóstoles así como los había hecho su Señor, de manera que se vieron grandes «señales y prodigios, llevados a cabo por el poder del Espíritu de Dios, y muchos creyeron.»
Después de eso ¿quién dudará del poder del Espíritu Santo? ¡Ah!, esos miembros de la secta de Socinio que niegan la existencia del Espíritu Santo y Su absoluta personalidad, ¿qué van hacer cuando los atrapemos mostrándoles las obras de creación, de resurrección y de testimonio? Ellos están contradiciendo a la Escritura. Pero observen: es una piedra sobre la que si algún hombre cae, saldrá lastimado; pero si cae sobre él como lo hará si se resiste, lo triturará hasta convertirlo en polvo. El Espíritu Santo tiene un poder omnipotente. Sí, tiene el poder de Dios porque Él es Dios.
4. Además, si queremos otro signo externo y visible del poder del Espíritu, podemos mirar a las obras de gracia. Vean una ciudad donde un adivino tiene el poder que él mismo ha proclamado como una gran persona. Un cierto Felipe entra y predica la Palabra de Dios y en seguida Simón el Mago pierde su poder y él mismo busca para sí el poder del Espíritu, imaginando que puede comprarse con dinero.
Vean, en tiempos modernos, un país en donde los habitantes viven en miserables tiendas hechas de paja, y se alimentan de reptiles y de otras criaturas semejantes; obsérvenlos cómo se inclinan ante sus ídolos y cómo adoran a sus falsos dioses y cómo están tan hundidos en la superstición y tan degradados, que se llegó a debatir si tenían alma o no.
Vean a un Robert Moffat, (misionero en Sudáfrica por más de 50 años) que va con la Palabra de Dios en su mano (que él mismo tradujo al lenguaje de los bechuanas), óiganlo predicar con la capacidad de expresión que le da el Espíritu, acompañando esa Palabra con poder. Ellos arrojan a un lado sus ídolos, y odian y aborrecen sus costumbres anteriores; construyen casas en donde habitan; se visten y ahora tienen una mente recta. Rompen el arco y parten la lanza en pedazos; la gente incivilizada se torna civilizada; el salvaje se vuelve educado; el que no sabía nada comienza a leer las Escrituras. De esta manera por boca de aquellos que fueron salvajes, Dios atestigua el poder de Su poderoso Espíritu.
Visiten una casa en esta ciudad -y los podríamos llevar a muchas de esas casas- donde el padre es un borracho, un hombre que vive en una condición desesperada; véanlo en su locura, y preferirían encontrarse con un tigre sin cadenas que con un hombre así. Da la impresión de que él podría partir a un hombre en pedazos si este llegara a ofenderlo. Observen a su esposa. Ella también tiene su voluntad, y cuando él la maltrata, ella le opone resistencia; se han visto muchas peleas en esa casa, y a menudo el ruido que generan molesta a todo el vecindario. En cuanto a los pobres niños, véanlos en sus harapos y desnudez, pobres pequeños ignorantes. ¿Ignorantes dije? Están siendo instruidos y muy bien instruidos en la escuela del demonio y están creciendo para ser herederos de la condenación. Pero alguien a quien Dios ha bendecido por su Espíritu es guiado a esa casa.
Tal vez sólo se trate de un humilde misionero de la ciudad, pero le habla a aquel hombre así: «oh» -le dice- «ven y escucha la voz de Dios.» Y la Palabra, que es poderosa y eficaz, corta el corazón del pecador ya sea por medio de su propio mensaje o por la predicación del ministro. Las lágrimas corren por sus mejillas como nunca las habían visto antes. Tiembla y se estremece; el hombre fuerte se inclina; el hombre poderoso tiembla y esas rodillas que nunca temblaron, comienzan a tambalearse. Ese corazón que nunca se acobardó, ahora empieza a temblar ante el poder del Espíritu.
Se sienta en una humilde banca junto al penitente, y observa cómo sus rodillas se doblan mientras sus labios pronuncian la oración de un niño, pero aunque es la oración de un niño, es la oración de un hijo de Dios. Su carácter le cambia. ¡Observen el cambio en su casa! Su mujer se vuelve una señora decente, esos niños son el crédito de la casa y, a su debido tiempo, crecen como ramas de olivo alrededor de su mesa, adornando su casa como piedras preciosas. Si pasaran por ese hogar, no escucharían ruidos ni peleas, sino cánticos de Sion.
Véanlo, no más orgías de borracho; ha vaciado su última copa y ahora, renunciando a lo anterior, viene a Dios y es Su siervo. Ahora ya no escucharán a la media noche el grito de las bacanales, pero si se oyera un ruido, sería el sonido de un solemne himno de alabanza a Dios. Y, entonces, ¿acaso no existe algo así como el poder del Espíritu? ¡Sí! Y estos seres deben haberlo experimentado y visto.
Conozco un pueblo que solía ser el más profano de Inglaterra, un pueblo inundado de borrachos y de libertinos de la peor clase, donde era casi imposible que un viajero honesto se detuviera en una posada sin ser molestado por las blasfemias, un lugar notorio por sus incendiarios y por sus ladrones. Un hombre, el jefe de todos, escuchó la voz de Dios. El corazón de ese hombre fue quebrantado. Todos sus pandilleros vinieron también para escuchar la predicación del Evangelio, y se sentaron y parecían reverenciar al predicador como si fuera un dios y no un hombre. Estos hombres fueron cambiados y reformados; y todo aquel que conoce ese lugar afirma que un cambio así no hubiera podido ocurrir nunca, sino sólo mediante el poder del Espíritu Santo.
Dejen que se predique el Evangelio y que sea derramado el Espíritu y verán que tiene un poder tal como para cambiar la conciencia, para mejorar la conducta, para levantar al degradado, para castigar y reprimir la maldad de la raza, y ustedes deben gloriarse en eso. Digo: nada hay como el poder del Espíritu. Tan solo déjenlo entrar y seguramente todo puede lograrse.
II. Ahora, el segundo punto: EL PODER INTERIOR Y ESPIRITUAL DEL ESPÍRITU SANTO. Lo que ya he mencionado, puede ser visto. De lo que estoy a punto de hablar debe ser sentido y ningún hombre entenderá verdaderamente lo que digo a menos que lo sienta. Lo visible, aun el infiel debe confesarlo; lo visible, el más grande blasfemo no puede negarlo, habla la verdad; pero de este poder interior alguien se reirá con entusiasmo y otro dirá que no es sino la invención de nuestras fantasías febriles. Sin embargo, tenemos una palabra de testimonio más segura que todo lo que ellos puedan decir. Tenemos un testigo en nuestro interior. Sabemos que es la verdad y no tenemos miedo de hablar del poder interno espiritual del Espíritu Santo. Observemos dos o tres cosas en las que el poder interior y espiritual del Espíritu Santo se puede ver muy grandemente y alabarlo.
1. Primero, el Espíritu Santo tiene poder sobre los corazones de los hombres. Ahora bien, los corazones de los hombres son difíciles de impresionar. Si quieres interesarlos en cualquier objeto mundano, lo puedes lograr. Una palabra engañosa puede ganar el corazón de un hombre; un poco de oro puede ganar el corazón de un hombre; un poco de fama y un poco del clamor del aplauso pueden ganar el corazón de un hombre. Pero no hay ningún ministro que respire que pueda ganar el corazón de un hombre por sí mismo. Puede ganar sus oídos y hacer que lo escuchen; puede ganar sus ojos y hacer que se fijen en él; puede ganar la atención, pero el corazón es muy resbaloso. Sí, el corazón es un pez que no se deja atrapar por los pescadores del Evangelio. Pueden algunas veces sacarlo casi fuera del agua pero, viscoso como una anguila, se resbala entre sus dedos, y, después de todo, no lo capturan. Muchos hombres se han imaginado que han capturado el corazón, pero luego se han desengañado. Se necesita de un hábil cazador para atrapar al ciervo en las montañas. Es demasiado rápido para que el pie humano pueda acercársele. Sólo el Espíritu tiene el poder sobre el corazón del hombre. ¿Alguna vez han probado ustedes su poder en algún corazón? Si alguien pensara que un ministro puede convertir el alma, me gustaría que lo intentara.
Déjenlo que vaya y sea un maestro de la escuela dominical. Dará su clase, tendrá los mejores libros que puedan obtenerse, tendrá las mejores reglas, instalará sus murallas alrededor de su Sebastopol espiritual. Tomará al mejor muchacho de su clase y mucho me equivoco si ese muchacho no estuviere cansado en una semana. Déjenlo que pase cuatro o cinco domingos intentándolo, pero luego dirá «Este muchacho es incorregible.» Déjenlo intentar con otro. Y tendrá que intentar con otro y otro y otro, antes de que pueda ser capaz de convertir a uno. Pronto se dará cuenta que: «No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos.» ¿Puede convertir un ministro? ¿Puede tocar el corazón? David dijo, «Se engrosó el corazón de ellos como sebo.» Sí, eso es completamente cierto y no podemos atravesar tanta grasa. Nuestra espada no puede llegar al corazón porque está recubierto de tal cantidad de grasa que es más duro que una rueda de molino. Más de una buena espada vieja de Jerusalén ha perdido su filo contra un corazón duro. Una pieza del verdadero acero que Dios ha puesto en las manos de sus siervos ha perdido su filo al ser apuntada contra el corazón de un pecador. Nosotros no podemos llegar al alma; pero el Espíritu Santo sí puede. «Mi amado metió su mano por la ventanilla, y mi corazón se conmovió dentro de mí.» Él puede dar un sentido del perdón comprado con la sangre que puede disolver a un corazón de piedra. Él puede:
Hablar con esa voz que despierta a los muertos,
Y que ordena levantarse al pecador,
Y que hace que la conciencia culpable tema
La muerte que nunca muere.
Él puede hacer que se oigan los truenos del Sinaí; sí, y Él puede hacer que los dulces susurros del Calvario entren en el alma. Él tiene poder sobre el corazón del hombre. Y la prueba gloriosa de la omnipotencia del Espíritu es que Él tiene dominio sobre el corazón.
2. Pero hay una cosa más terca que el corazón: es la voluntad. «Mi Señor Obstinado,» como Bunyan llama a la voluntad en su libro La Guerra Santa, es un individuo que no puede ser fácilmente doblegado. La voluntad, especialmente en algunos hombres, es una facultad muy terca, y en cuanto a todos los hombres, si la voluntad es movida a oponerse, no hay nada que se pueda hacer con ellos. Alguien cree en el libre albedrío; muchos sueñan con el libre albedrío. ¡El Libre Albedrío! ¿Dónde se podrá encontrar? Una vez hubo libre albedrío en el Paraíso, y un terrible caos fue generado allí por el libre albedrío, porque echó a perder todo el Paraíso y arrojó a Adán fuera del huerto. Una vez hubo libre albedrío en el cielo, pero arrojó fuera al glorioso arcángel, y una tercera parte de las estrellas del cielo cayó en el abismo.
Yo no quiero tener nada que ver con el libre albedrío, pero trataré de ver si tengo libre albedrío dentro de mí. Y encuentro que lo tengo. Verdadero libre albedrío para el mal, pero muy pobre albedrío para lo que es bueno. Suficiente libre albedrío cuando peco, pero cuando quiero hacer el bien, el mal está presente en mí y cómo hacer lo que quisiera, no lo puedo descubrir. Sin embargo algunos presumen de libre albedrío. Me pregunto si aquellos que creen en él tienen algún poder mayor sobre las voluntades de las personas del que yo tengo. Yo sé que yo no tengo ninguno.
Encuentro que el viejo proverbio es muy cierto: «Un hombre puede llevar un caballo al agua, pero cien hombres no pueden hacer que beba.» Encuentro que yo puedo llevar a todos ustedes al agua y a muchos más de los que pueden caber en esta capilla. Pero yo no los puedo hacer beber y no creo que ni cien ministros puedan hacerlos beber a ustedes.
He leído a Rowland Hill, Whitfield y a otros muchos, para ver qué hicieron ellos. Pero no puedo descubrir un plan para cambiar las voluntades de ustedes. No puedo persuadirlos. Y ustedes no cederán de ninguna manera. No creo que ningún hombre tenga poder sobre la voluntad de su compañero, pero el Espíritu de Dios sí lo tiene. «Los haré dispuestos en el día de mi poder.» Hace que el pecador que no tiene voluntad quiera de tal manera, que vaya impetuosamente tras el Evangelio. El que era obstinado, ahora se apresura hacia la Cruz. El que se reía de Jesús, ahora se aferra a Su misericordia. Y el que no quería creer ahora es llevado a creer por el Espíritu Santo, no sólo con gusto, sino ansiosamente. Es feliz, está contento de hacerlo, se regocija con el sonido del nombre de Jesús y se deleita en correr por el camino de los mandamientos de Dios. El Espíritu Santo tiene poder sobre la voluntad.
3. Y, sin embargo, creo que hay algo que es peor que la voluntad. Podrán imaginar a qué me refiero. La voluntad es algo más difícil de doblegar que el corazón. Pero hay una cosa que sobrepasa a la voluntad en su maldad y es la imaginación.
Espero que mi voluntad esté dirigida por la Gracia Divina. Pero me temo que en ocasiones mi imaginación no lo está. Aquellos que tienen mucha imaginación saben cuán difícil es de controlar. No la pueden refrenar. Romperá las riendas. Nunca serán capaces de dominarla. La imaginación a veces volará hacia Dios con tal poder que las alas del águila no pueden igualarla. A veces tiene tal poder que casi puede ver al Rey en su belleza y la tierra distante. En lo que a mí respecta, mi imaginación me lleva a veces sobre las puertas de hierro, a través de ese infinito desconocido hasta las propias puertas de perlas y me permite descubrir al bendito Glorificado.
Pero si es potente en un sentido también lo es en el otro. Pues también mi imaginación me ha hecho descender a los más viles escondrijos y cloacas de la tierra. Me ha traído pensamientos tan horribles, que a pesar de no poder evitarlos, he estado completamente aterrorizado por ellos. Estos pensamientos vendrán y cuando me siento en mi marco más santo, más devoto hacia Dios y más fervoroso en mi oración, a menudo sucede que es el preciso momento que estalla la plaga en su peor forma. Pero me gozo y pienso una cosa, que puedo clamar cuando esta imaginación viene a mí.
Yo sé que se dice en el Libro de Levítico que cuando se cometía un acto de maldad, si la muchacha clamaba contra él, entonces salvaba su vida. Así sucede con el cristiano; si clama hay esperanza. ¿Pueden encadenar a la imaginación? No, pero el poder del Espíritu Santo sí puede hacerlo. Lo hará y ciertamente termina haciéndolo. Lo hace aún aquí en la tierra.
III. Pero la última cosa es: EL FUTURO Y LOS EFECTOS DESEADOS, porque, después de todo, aunque el Espíritu Santo ha hecho tanto, no puede decir todavía: «Consumado es.» Jesucristo pudo exclamar en lo que concierne a Su propia labor, «Consumado es»; pero el Espíritu Santo no puede decir eso, pues tiene todavía más que hacer. Y hasta la consumación de todas las cosas, cuando el propio Hijo llegue a ser sujeto al Padre, el Espíritu Santo no dirá: «consumado es.» ¿Qué es lo que tiene que hacer el Espíritu Santo?
1. Primero, tiene que perfeccionarnos en la santidad. Hay dos clases de perfección que un cristiano necesita: una es la perfección de la justificación en la persona de Jesús. Y la otra es la perfección de la santificación obrada en él por el Espíritu Santo.
Por el momento, la corrupción todavía descansa en los pechos de los regenerados. Actualmente el corazón es parcialmente impuro. Todavía tenemos lujurias e imaginaciones malvadas. Pero, oh, mi alma se regocija al saber que viene el día cuando Dios terminará el trabajo que ha iniciado y presentará mi alma, no solamente perfecta en Cristo, sino, perfecta en el Espíritu, sin mancha o defecto, o nada parecido.
¿Y es verdad que este pobre corazón depravado, llegará a ser tan santo como el de Dios? Y este pobre espíritu que a menudo exclama: «¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de pecado y de muerte?»; este mismo pobre espíritu, ¿será libre del pecado y de la muerte? ¿Y ya no oiré cosas malas que perturben mis oídos ni tendré pensamientos impuros que perturben mi paz? ¡Oh, feliz hora! ¡Que se apresure! Justo antes de que yo muera, se habrá terminado la santificación, pero hasta ese momento no puedo tener la perfección en mí mismo. Pero en aquel instante cuando parta mi espíritu tendrá su último bautismo en el fuego del Espíritu Santo. Será puesto en el crisol para su última prueba en el horno.
Y entonces, libre de toda escoria y fino como una barra de oro puro, será presentado a los pies de Dios sin el mínimo grado de escoria o mezcla. ¡Oh, gloriosa hora! ¡Oh, momento bendito! Pienso que deseo morir aunque no hubiera un cielo, si tan solo pudiera tener esa última purificación y salir de la corriente del río Jordán totalmente limpio después de ser lavado. ¡Oh ser lavado, y quedar blanco, limpio, puro perfecto! Ni un ángel será más puro de lo que yo seré. ¡Sí! ¡Ni Dios mismo será más santo! Seré capaz de decir en un sentido doble, «¡Gran Dios, soy limpio, por medio de la sangre de Jesús soy limpio, y a través de la obra del Espíritu, también soy limpio!» ¿No debemos ensalzar el poder del Espíritu Santo que nos hace aptos para estar ante nuestro Padre en el cielo?
2. Otra gran obra del Espíritu Santo que no está cumplida todavía es la de traer la gloria del último día. En unos cuantos años, no sé cuando, no sé cómo, el Espíritu Santo será derramado en una forma muy diferente que en el presente.
Hay diversidad de operaciones. Y durante los últimos años ha ocurrido que las operaciones diversificadas han consistido en muy poco derramamiento del Espíritu. Los ministros siguen una rutina monótona, continuamente predicando, predicando, predicando y poco bien se ha hecho. Tengo la esperanza de que tal vez una nueva era haya amanecido sobre nosotros y que habrá un mayor derramamiento del Espíritu Santo ahora.
¡Porque llega la hora y puede ser justo ahora, cuando el Espíritu Santo será derramado otra vez de una manera tan maravillosa, que muchos correrán de un lado a otro y se incrementará el conocimiento! ¡El conocimiento del Señor cubrirá la tierra así como las aguas cubren la superficie de los grandes abismos!
Vendrá Su reino y Su voluntad será hecha en la tierra como lo es en el cielo. No estaremos esforzándonos para siempre como Faraón sin las ruedas de su carruaje. Mi corazón se alegra y mis ojos brillan con el pensamiento de que muy probablemente viviré para ver cómo se vierte así el Espíritu cuando, «los hijos y las hijas de Dios otra vez profetizarán y los jóvenes verán visiones y los ancianos soñarán sueños.»
Tal vez no habrá dones milagrosos porque no serán requeridos. Pero sin embargo habrá tal cantidad milagrosa de santidad, tal extraordinario fervor de oración, tal real comunión con Dios y tanta religión vital y tanta difusión de las doctrinas de la cruz, que todo mundo verá que verdaderamente el Espíritu es derramado como agua y como las lluvias que descienden de arriba. Oremos por eso, laboremos continuamente por eso y busquémoslo de Dios.
3. Otra obra adicional del Espíritu que manifestará de manera especial Su poder, será la resurrección general. Tenemos razón para creer por la Escritura que la resurrección de los muertos, aunque será efectuada por la voz de Dios y de Su Palabra (el Hijo), también será efectuada por el Espíritu. Ese mismo poder que levantó a Jesucristo de entre los muertos, también vivificará los cuerpos mortales. El poder de la resurrección es tal vez una de las mejores pruebas de las obras del Espíritu. ¡Ah, mis amigos, si pudiéramos desprender el manto de esta tierra por un momento, si el verde césped pudiera cortarse y pudiéramos ver dos metros abajo en sus profundidades, qué mundo se revelaría! ¿Qué veríamos? Huesos, esqueletos, podredumbre, gusanos, corrupción Y ustedes dirían, ¿Vivirán estos huesos secos? ¿Se pueden levantar? «¡Sí, en un momento! En un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta, los muertos serán resucitados.» Él habla, ¡están vivos! ¡Véanlos dispersos, pero el hueso se junta con su hueso! ¡Véanlos desnudos, pero la carne los recubre nuevamente! Véanlos aún sin vida. «¡Ven de los cuatro vientos, oh, aliento y sopla sobre estos muertos!» Cuando el viento del Espíritu Santo viene, ellos vivirán y estarán de pie como un gran ejército.
De esta forma he intentado hablarles del poder del Espíritu y confío que se los he podido mostrar. Ahora debemos dedicar un momento o dos para una conclusión práctica:
¡Cristiano, el Espíritu es muy poderoso! ¿Qué concluyes de ese hecho? ¡Pues que tú nunca debes desconfiar del poder de Dios para llevarte al cielo! ¡Oh, qué dulce verso es ése que impresionó mi alma el día de ayer!
«Su probado brazo todopoderoso
Está levantado para tu defensa.
¿Dónde está el poder que pueda
Alcanzarte en tu refugio
O que pueda arrancarte de allí?
El poder del Espíritu Santo es tu baluarte y toda Su omnipotencia te defiende. ¿Pueden conquistar tus enemigos a la omnipotencia? Entonces pueden conquistarte. ¿Pueden luchar con la Deidad y arrojarla al suelo? Entonces ellos pueden conquistarte. Pero eso no sucederá, porque el poder del Espíritu es nuestro poder, el poder del Espíritu es nuestra fortaleza.
Y además, cristianos, si éste es el poder del Espíritu ¿por qué habrían de dudar de Su poder? Ahí está tu hijo, ahí está tu esposa por la que has suplicado con tanta frecuencia: no dudes del poder del Espíritu. «Aunque tardare, espéralo; porque sin duda vendrá, no tardará.» Ahí está tu esposo, oh santa mujer; tú has luchado por su alma y aunque es un infeliz tan endurecido y desesperado que te trata mal, hay poder en el Espíritu.
Oh ustedes que han salido de iglesias desoladas, con muy escasas hojas en el árbol, no duden que el poder del Espíritu los levante. Porque será «lugar donde descansen asnos monteses, y ganados hagan majada.» Abierto, pero deshabitado hasta que el Espíritu se derrame desde arriba. Y entonces el suelo árido será convertido en un estanque y la sedienta tierra tendrá fuentes de agua. Entonces en las habitaciones de los dragones, en donde cada uno de ellos yace, habrá pasto con carrizos y juncos.
Y ustedes, ¡oh miembros de este templo!, que recuerdan lo que Dios ha hecho especialmente para ustedes, no desconfíen nunca del poder del Espíritu. Ustedes han visto el desierto florecer como el Carmelo. Ustedes han visto el desierto florecer como una rosa. Confíen en Él para el futuro. Salgan pues y laboren con esta convicción: el poder del Espíritu Santo es capaz de todo. Vayan a su escuela dominical, vayan a distribuir sus folletos, vayan a su empresa misionera, vayan a predicar en sus habitaciones con la convicción de que el poder del Espíritu es nuestra gran ayuda.
Y ahora, por último, a ustedes pecadores, ¿qué más tenemos que decirles acerca de este poder del Espíritu? Estoy convencido de que hay esperanza para algunos de ustedes. Yo no puedo salvarlos, yo no puedo conmoverlos; a veces puedo hacer que lloren, pero luego se secan sus ojos y todo termina, pero yo sé que mi Señor sí puede. Ese es mi consuelo.
Tú, que eres el primero de los pecadores, hay esperanza para ti; este poder te puede salvar como a cualquiera. Es capaz de romper tu corazón aunque sea de hierro, puede hacer que de tus ojos broten las lágrimas aunque hayan sido como rocas anteriormente. Su poder es capaz hoy, si Él lo quisiera, de cambiar tu corazón, de modificar la corriente de todas tus ideas, de hacerte de inmediato un hijo de Dios, de justificarte en Cristo.
Hay poder suficiente en el Espíritu Santo. Él puede traer a los pecadores a Jesús. Él es capaz de hacerte querer en el día de Su poder ¿Quieres esta mañana? ¿Ha ido Él tan lejos como para hacer que desees Su nombre, para hacer que desees a Jesús?
Entonces, ¡oh pecador!, mientras Él te atrae di: «atráeme, soy infeliz sin Ti.» Síguelo, síguelo y a medida que Él te conduzca, pisa sobre Sus huellas y regocíjate de que Él haya iniciado una buena obra en ti, porque hay una evidencia de que Él continuará haciéndolo hasta el final. Y ¡oh, tú que estás abatido!, pon tu confianza en el poder del Espíritu, descansa en la sangre de Jesús y tu alma es salva, no solamente ahora, sino a través de toda la eternidad. Que Dios los bendiga a ustedes, amados lectores. Amén.
Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.
Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.
Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.
Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.
El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.