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Iglesia Evangélica Unida

Promesas y Compromisos
Samuel Pérez Millos
Samuel Pérez Millos
Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.
Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.
Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.
Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.
Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.
La Biblia Dice
David Logacho
Las enfermedades
Sin temor a equivocaciones, puedo afirmar que el gigante que más nos ha atacado a todos y cada uno de nosotros es el gigante llamado enfermedad. ¿Has estado alguna vez enfermo? Con toda seguridad tu respuesta será afirmativa. Si tu respuesta es negativa, seguramente estás enfermo de amnesia. Si no tenemos una perspectiva correcta sobre la enfermedad, se tornará en un poderoso gigante que está listo a caer sobre nosotros para destruirnos.
Si damos un vistazo a la Biblia para ver que hay detrás de la enfermedad, encontraremos que la enfermedad puede tener al menos tres diferentes orígenes. Primero, puede ser que se trate de alguna consecuencia de algún pecado. Enfermedades como el Sida, cuando resulta del uso del sexo fuera de los parámetros establecidos por Dios, es un buen ejemplo de una enfermedad que es consecuencia del pecado. Obviamente, no siempre el Sida es consecuencia de pecado. Piensa por ejemplo en una persona que se contagia de Sida como resultado de una transfusión sanguínea con sangre contaminada con el virus.
La Biblia nos advierte muy abierta y francamente sobre la ley de la siembra y la cosecha. Gálatas 6:7-8 dice: No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; más el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.
Si el hombre siembra el bien, cosechará el bien, pero si el hombre siembra el mal cosechará el mal. En ocasiones la enfermedad es la cosecha de una siembra de desobediencia a la palabra de Dios. La enfermedad en este caso es vista también como una disciplina por parte de Dios. Algunos creyentes corintios fueron desobedientes a la Palabra de Dios y aún así participaban en la Cena del Señor como si todo estuviera bien en su vida. Por esta falta de integridad moral Dios los disciplinó y nota como lo hizo. 1 Corintios 11: 26-30 dice: Así, pues, todas las veces que comiereis este pan, y bebiereis esta copa, la muerte del Señor anunciáis hasta que él venga. De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen.
La disciplina de Dios para ellos fue enfermedad, debilidad y aún la muerte. Si dudas del hecho que Dios puede disciplinar con enfermedad a tus hijos descarriados solamente estudia la vida de David a raíz que cometió el pecado de adulterio con Betsabé, fue tal el dolor que David exclamó lo que tenemos en Salmo 32:3-4. La Biblia dice: Mientras callé, se envejecieron mis huesos En mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Se volvió mi verdor en sequedades de verano. Selah
El segundo origen de la enfermedad, puede ser una prueba para purificar nuestra fe. A veces Dios usa la enfermedad como el fuego que calienta el crisol donde se coloca nuestra fe. El mejor ejemplo de esto lo tenemos en Job del Antiguo Testamento. Según Job 1:1, Job era perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. Sin embargo, de ello, fue probado como quizá ningún ser humano ha sido jamás probado. Parte de su prueba fue justamente la enfermedad. Al salir airoso de la prueba, Job dijo lo que está registrado en su libro capítulo 42 versículo 5 De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.
Antes de la prueba, Job conocía a Dios, pero su conocimiento de él era limitado, pero después de la prueba, el conocimiento de Dios por parte de Job era mucho más profundo, como si lo viera con sus propios ojos. ¿Qué es lo que hizo cambiar la perspectiva que Job tenía sobre Dios? Pues la prueba
El tercer origen de la enfermedad es simplemente una oportunidad para manifestar el poder de Dios en sanidad. Una vez Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Sus discípulos le preguntaron: ¿Quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? La respuesta de Jesús fue: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él. Dicho esto, escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, luego le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé. El ciego fue y se lavó y regresó viendo. La ceguera que es una enfermedad no fue consecuencia de pecado, tampoco fue una prueba, simplemente fue una oportunidad para que Dios manifieste su poder en sanidad.
Si no miramos a la enfermedad como hemos mencionado, corremos el riesgo de que la enfermedad se torne en un poderoso gigante que no solamente afligirá nuestro cuerpo sino también nuestra alma y nuestro espíritu. El gigante de la enfermedad nos aconsejará que Dios nos ha abandonado, que Dios es injusto con nosotros, que tenemos el derecho de vivir sanos pero que Dios nos está negando ese derecho, que Dios no tiene poder para detener la enfermedad o aún pensaremos que a lo mejor tenemos algún pecado oculto que ni siquiera nosotros mismos sabemos y que por eso Dios nos está disciplinando.
Si hacemos caso a los consejos del gigante llamado enfermedad llegaremos a vivir amargados, desanimados, confundidos, desesperados, faltos de fe y apesadumbrados. El gigante de la enfermedad quiere justamente vernos en esas lamentables condiciones. Pero no es necesario dejarnos dominar por el gigante de la enfermedad. Para conquistarlo sugiero lo siguiente: Primero, agradece a Dios por la enfermedad, sin importar el origen de la misma. 1 Tesalonicenses 5:18 dice: Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús. Una actitud de agradecimiento a Dios, a pesar del dolor causado por la enfermedad, abrirá el camino para entender el propósito de Dios.
Segundo, en oración ferviente al Señor y en dependencia plena del Espíritu Santo, haz una evaluación de tu propia vida. ¿Existe algún pecado que no le has confesado al Señor? Si es así confiésalo y apártate de ese pecado, es posible que la enfermedad tenga que ver con aquel pecado. Si luego de una investigación exhaustiva de tu propia vida, no hay ningún pecado oculto, deberías pensar que a lo mejor tu enfermedad es una prueba de parte de Dios para ayudarte a madurar espiritualmente.
En oración y en humildad pide a Dios sabiduría para comprender qué es lo que Dios quiere enseñarte a través de esta prueba. No busques desesperadamente la salida de la prueba, porque echarás a perder la lección que Dios quiere enseñarte. Espera con paciencia hasta que el Señor mismo te muestre la puerta de salida. También es posible que tu enfermedad sea una oportunidad para que Dios muestre su poder sanándote. Pide a Dios por sanidad, pero no seas impaciente o impertinente demandando de Dios sanidad inmediata. Si la voluntad de Dios es sanarte, él lo hará en su tiempo.
Tercero, no dejes de consultar a los médicos. La ciencia médica puede ser canales a través de los cuales Dios obra sanidad. Dios es soberano, Él puede sanar con médico o sin médico, pero no debes adoptar una posición de pseudo espiritualismo afirmando que la medicina y los médicos no son necesarios para aquel que tiene su confianza puesta en Dios. Pablo dijo a Timoteo que tomara un poco de vino por causa de su estómago. En esa época se usaba el vino como una medicina, además de una bebida por supuesto. Con eso Pablo estaba diciendo a Timoteo: No descuides tu medicina si quieres sanarte.
El gigante de la enfermedad no tendrá poder en alguien que afronta la enfermedad de esta manera.
David Logacho es Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.
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Soldados de Jesucristo

John Piper Responde
Diez principios para la productividad personal
Episodio 10
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Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.
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Renovando tu Mente
Sistema de sacrificios del Antiguo Testamento
R.C.Sproul
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Fue hace como 30 años atrás, cuando estaba trabajando como profesor de Teología filosófica en la Escuela de Teología de Conwell en Pensilvania, que fui invitado a ir a una de las iglesias locales de Filadelfia para exponer una charla sobre el significado del Nuevo Pacto.
Y la forma en que esta serie de charlas fue organizada por la iglesia era que la semana anterior ellos recibirían la charla de un rabino acerca de los principios del Antiguo Pacto. Y yo recibí una llamada antes de ir a la iglesia y me dijeron que el rabino había enfermado y que no podía dar su mensaje así que me pidieron que cambiara mi tema por el de la relación entre el Antiguo Pacto y el Nuevo Pacto; y traté de hacerlo enfocando mi atención a la forma en que Cristo en la cruz, al hacer una expiación, cumplió con el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento.
Y algo pasó en medio de esa conferencia que nunca me había ocurrido antes en un lugar de reunión pública. Estaba hablando de la cruz y de cuando Cristo se convirtió en una maldición por nosotros, en eso alguien en la audiencia, que estaba muy turbado por lo que yo enseñaba, gritó: “Eso es primitivo y muy ofensivo”, justo en medio de mi conferencia, y había cientos de personas allí. No estaba seguro de qué hacer, pero me detuve ahí mismo.
No puede evitar detenerme y decir: “¿Qué dijiste?” Sabía muy bien lo que él dijo, pero estaba ganando tiempo para pensar. Y dije: “¿Qué dijiste?” Él dijo: “dije que eso es primitivo y ofensivo.” Y yo dije: “Tienes toda la razón y no podría estar más de acuerdo contigo, en que todo el drama de la cruz es primitivo y ofensivo.”
Para empezar, me gusta en especial la palabra “primitivo” porque cuando vemos el sistema ritual del Antiguo Testamento y el sistema de sacrificios donde las personas matan animales y ofrecen la sangre y la sustancia de esos animales en los altares de la ofrenda quemada, y ves todos esos ritos que involucra la aplicación de sangre y demás,
Esto es el tipo de cosas que suena, en la superficie, como bárbaro y salvaje; y ciertamente el término “primitivo” describe muy bien todo el proceso. Pero una de las cosas que debemos entender acerca del judeocristianismo histórico es que la fe que nos ha sido entregada por los padres no es una religión esotérica que solo puede ser entendida por un grupo gnóstico, una élite de intelectuales altamente capacitados.
Dios se preocupa por comunicar su mensaje de redención a la persona más sencilla de este planeta y la manera en que se dramatiza esta redención en el Antiguo Testamento es primitiva, y eso es porque somos primitivos y necesitamos entender con claridad este mensaje completo de la redención. Y dije; “Pero particularmente me agrada la palabra ‘ofensivo’ porque de eso se trata todo el drama de la expiación”.
Se trata de la ofensa de la rebelión humana contra Dios. Y dudo que haya algo; de hecho, estoy seguro de que no hay nada en este planeta que fuera más ofensivo que Jesús de Nazaret cuando estaba colgado en la cruz, puesto que en ese momento, en tiempo y espacio, Cristo había reunido en Él y estaba cargando sobre sí mismo la suma total de todos nuestros pecados. Y después que Él había tomado sobre sí nuestros pecados, cada inmundicia que alguna vez hicimos fue imputada a Él; Él era la ofensa en su máxima expresión.
Obviamente, en sí y por sí mismo, Él era irreprensible y puro, sin mancha ni arruga, pero una vez que nuestro pecado le fue imputado y transferido, Él se convirtió en una maldición por nosotros, esto fue ofensivo, que incluso los cielos se oscurecieron y Dios, por así decirlo, le dio la espalda. No podía mirar esta ofensa.
Ese es el evangelio: que Dios ha condescendido para cubrir nuestras ofensas, para cubrir nuestra pecaminosidad; y todo eso se representa dramáticamente en todo el sistema de sacrificios que se instituye en el Antiguo Testamento.
Vemos todo tipo de sacrificios, todo tipo de ofrendas: ofrendas de restitución, ofrendas por el pecado, por la transgresión, ofrendas quemadas, de cereales y todas esas distintas clases de ofrendas y sacrificios que son parte integral de la religión del Antiguo Testamento.
Y de Nuevo, los capítulos iniciales del libro de Levítico brindan detalles específicos que regulan estas distintas ofrendas, pero lo que quiero ver hoy es el corazón y el alma de todo este sistema de sacrificios ya que, fundamentalmente, hay dos cosas que subyacen a estos sacrificios que Dios ordena y manda a su pueblo. Uno es la expiación y el otro es la consagración.
Por un lado, tienes la ofrenda del sacrificio, que al mismo tiempo se entrega como un regalo. Si nos hacemos la pregunta fundamental, “¿Qué es la adoración?” e hiciéramos esa pregunta a un santo del Antiguo Testamento, estoy seguro que la respuesta sería algo así: que el elemento principal de la adoración en la vida del creyente es hacer una ofrenda o un sacrificio de alabanza. Y eso empieza muy temprano en el Antiguo Testamento.
Recordamos la historia de los sacrificios y de las ofrendas que fueron traídas por Caín y Abel y cómo Dios se deleitó en la ofrenda que trajo Abel, pero que rechazó la ofrenda que le trajo Caín; y por eso Caín se llenó de furia, envidia y celos contra su hermano y se levantó contra él y le quitó la vida. Pero el sacrificio de Abel fue un sacrificio rendido a Dios en una actitud de fe y con una disposición de alabanza y agradecimiento.
Pero a partir de esa forma primitiva de sacrificio, todo el sistema de sacrificios creció y se amplió adquiriendo un significado cada vez más profundo, de modo que los sacrificios que se traían empezaron a indicar el principio de expiación, y la expiación, como digo, está en el corazón del sacrificio antiguo testamentario.
Ahora, hay dos palabras que oímos a menudo en teología y que a veces nos hacen tambalear: expiación y propiciación. Y el término expiación tiene que ver con la eliminación de la contaminación o la eliminación del pecado. Entonces, cuando vemos el Nuevo Testamento, se nos dice que en la cruz, Cristo hizo expiación por su pueblo. Él les quitó sus pecados y los tomó sobre sí mismo.
Recordamos en el día de la expiación, que dos animales se usaban en el Antiguo Testamento. Estaba el cordero sin mancha que se ofrecía en el altar del sacrificio y el macho cabrío expiatorio.
Y cuando se presentaba el macho cabrío expiatorio, el sacerdote apoyaba las manos en la parte posterior del animal, simbolizando la transferencia de los pecados del pueblo a la parte posterior del animal. Por eso se le llamaba un macho cabrío expiatorio y usamos el término de “chivo expiatorio” para alguien a quien se le hace culpable o responsable de algo que sale mal.
Él se convierte en el culpable, aunque no hizo nada. Entonces, en el día de la expiación, los pecados de la gente fueron transferidos sobre las espaldas del macho cabrío y luego este animal era expulsado fuera del campamento, hacia la oscuridad exterior lejos de la presencia de Dios, al lugar de la penumbra, al lugar de la contaminación;
Y los pecados eran quitados simbólicamente de la presencia del pueblo de Dios. Eso es lo que se entiende por expiación.
Esto es lo que Juan el Bautista tenía en mente cuando cantó el Agnus Dei en el Nuevo Testamento, cuando vio a Cristo acercarse, y dijo: “He ahí”, ya sabes, “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.”
Dado que Cristo es tanto el cordero, como el macho cabrío expiatorio cuando lleva nuestros pecados sobre su propia persona, o en su propia persona, Él expía nuestros pecados. Pero también está el concepto de propiciación y la diferencia se encuentra en el prefijo.
“Ex” significa “fuera de” o “de” y tiene la dimensión horizontal de eliminación o remisión de pecado: el pecado se envía a la oscuridad exterior. El Señor dice: “Como está de lejos el oriente del occidente, así alejó de nosotros nuestras transgresiones.”
La propiciación tiene una dimensión vertical y tiene que ver con estar delante o en frente de Dios. De ahí obtenemos la palabra “propicio”. Y en este caso, una propiciación es un sacrificio ofrecido a Dios para satisfacer las demandas de su santidad y para satisfacer las demandas de su justicia.
Es así, que los sacrificios en el Antiguo Testamento simbolizaron esta idea de satisfacer las demandas de la santidad y de la justicia de Dios para que su ira fuera apartada; así tenemos la dimensión vertical y horizontal.
Por un lado, la justicia de Dios queda satisfecha; por el otro, nuestros pecados son removidos de nosotros, todos los cuales encuentran su culminación en la obra de Cristo en la cruz. Ahora, la clave de todo este sistema de sacrificio en el Antiguo Testamento es la idea de la sustitución.
A veces hablamos de la expiación sustitutiva en el Nuevo Testamento con respecto a la muerte de Cristo. Bueno, esta idea de sustitución está arraigada y fundamentada en el sistema de sacrificios del Antiguo Testamento. Ahora, cuando el pueblo de Israel traía los sacrificios y pasaban por los rituales de culto que se prescribieron en el libro de Levítico, los sacrificios principales tenían seis actos distintos o seis pasos diferentes a seguir en el procedimiento.
Los primeros tres pasos fueron llevados a cabo por los mismos israelitas comunes y los últimos tres pasos fueron realizados en manos del sacerdote, entonces lo que pasaba es que cuando se traía el sacrificio (por ejemplo: un sacrificio animal o un sacrificio quemado) se requería que la persona trajera una ofrenda de entre sus posesiones personales. Es decir, si era un sacrificio animal, tenía que ser un animal de su propiedad.
Si era una ofrenda de cereal o grano también tenía que proceder de su propiedad. Y esta propiedad personal se convertía en una extensión o representación suya. Y así, el judío traería el cordero o el macho cabrío o el carnero o lo que fuera que él trajese para esta ofrenda; y él, antes que nada, pondría las manos sobre el animal, tal como lo hizo el Sumo Sacerdote en el día de la expiación con respecto al macho cabrío expiatorio.
Ahora, el individuo israelita pondría sus manos sobre esta oveja o sobre este carnero o cualquier otro, simbolizando la transferencia de su culpa personal hacia este animal. Luego la ofrenda, perdón, el dueño era el que tenía que matar al animal.
Y luego de que matara al animal, el tercer paso era que él tenía que llevarlo al sacerdote. Y luego los sacerdotes tomaban la sangre del animal y la rociaban en los lugares sagrados, luego ofrecían el animal en el altar del sacrificio, y después, en ciertas condiciones el sacerdote comía la porción restante que, como resultado, ya era comestible.
Pero todo el proceso involucraba matar, quemar y comer. Ahora, el principio del Antiguo Testamento era este: que la vida estaba en la sangre, no porque los judíos tuvieran una forma primitiva de anatomía o una comprensión del sistema circulatorio.
No hicieron una identidad absoluta entre la sangre y la vida. Aquí había una relación simbólica. Recuerdo que el evangelista anglicano John Guest, comentó una vez en una conferencia, él dijo: “Siempre estamos hablando de la sangre de Jesús y de la sangre de Cristo aquí y la sangre de Cristo allá”, él continuó: “Piensen por un momento.
Supongamos que Jesús vino a este mudo y se raspó su dedo con un clavo; ¿hubiera sido suficiente? Habrías tenido la sangre de Cristo, ¿pero eso hubiera sido suficiente para satisfacer las demandas que Dios había establecido para la expiación definitiva? ¡Por supuesto que no!
La idea del derramamiento de sangre está simbolizando el perder la vida porque la pena por el pecado es la muerte, y por consiguiente, la muerte del sustituto es lo que se necesita para que se cumpla esa pena. Así que no se trataba simplemente de cortar a los animales y tomar un poco de sangre y rociarla, la idea de la sangre era un símbolo de la entrega de la vida completa del animal.
Ahora, también entendimos que estas ofrendas y sacrificios que se hicieron en el Antiguo Testamento eran típicos; es decir, anunciaban la expiación suprema que iba a venir en el evento final de redención cuando Cristo se ofreciera a sí mismo como el perfecto sacrificio, una vez y por siempre.
Y tal como el autor de Hebreos enfatiza el punto haciendo la pregunta: “¿Es posible que la sangre de los toros y machos cabríos quite los pecados?” ¡No! Es evidente que estos animales no son suficientes para ser sustitutos adecuados de la vida de una persona que era culpable delante de Dios, pero tomaron su valor, como dije, simbolizando al redentor prometido que sería el cordero sin mancha que daría su vida como el sacrificio definitivo una vez y por siempre.
Ahora, mencioné que en el ritual había, en primer lugar, la muerte en sí y luego estaba la incineración y la incineración en el altar del sacrificio que era parte de ser una ofrenda o regalo para Dios.
Obviamente Dios no podía consumir a estos animales y Él no los necesitaba, pero la idea en Israel era que Dios consideraba que el aroma que se elevaba al cielo al incinerar estos sacrificios, era, eran considerados por Dios dulces, agradables y placenteros; es decir, si es que los sacrificios eran ofrecidos con un espíritu debido de penitencia y fe verdadera.
Sabemos que lo que pasó más tarde en Israel es que la nación degeneró en ostentación y ritualismo, donde simplemente realizaban las acciones externas sin fe y sin ningún deseo genuino en sus corazones de arrepentirse ante Dios o de ofrecerle el regalo de alabanza, y así llegó el momento en que los profetas anunciaron el juicio de Dios, los profetas decían: “Así dice el Señor”, “Aborrezco, desprecio vuestras fiestas, tampoco me agradan vuestras asambleas solemnes.” “vuestras ofrendas de grano no los aceptaré”.
Basta con mirar las imágenes y el simbolismo del aroma. Saca tu concordancia y mira con qué frecuencia se encuentra esta idea en el Nuevo Testamento, donde las ofrendas de los santos se consideran un aroma dulce y agradable para Dios. Todas estas cosas fueron simbolizadas en esta estructura elaborada del sacrificio.
Finalmente, la sangre fue rociada. Lo vemos de manera suprema, como en otra sesión, en el rociar de la sangre en el propiciatorio en el día de la expiación, y fue el rociar de la sangre en el altar o en el propiciatorio que se hizo para simbolizar aun un concepto más vinculado al sacrificio, y ese era la idea de la cobertura.
Este es un tema magnífico que recorre todo el Antiguo Testamento. Si recuerdan, en el jardín del Edén, en la caída de Adán y Eva, la primera sensación que la humanidad tuvo del pecado y de la culpa, fue el estar conscientes de la desnudez.
Dios había hecho a Adán y Eva de tal manera que, según dijo, los creó hombre y mujer y ambos estaban desnudos y sin avergonzarse, pero tan pronto violaron la ley de Dios, tan pronto transgredieron su mandamiento, de pronto se ven envueltos en una sensación de vergüenza y en una sensación de pudor por su desnudez.
Y si vas y buscas ese tema en todo el Antiguo Testamento, encontrarás todo tipo de riquezas que están asociadas con esto, y he presentado algunas veces ese punto donde el primer acto de redención en el Antiguo Testamento es cuando Dios se inclina y cubre el vergonzoso y bochornoso pecado de nuestros primeros padres, al hacerles ropa con pieles.
Nos acordamos de la historia de Noé, cuando su hijo único se burló de él cuando descubrió su desnudez y sus otros hijos cubrieron la desnudez de su padre y recibieron la bendición de Dios por hacerlo. Entonces, a lo largo de la Escrituras, el simbolismo del sacrificio, el simbolismo de la sangre es obrar como una cubierta, una cubierta que protege nuestro pecado y nuestra maldad de la mirada santa de Dios.
Es por eso que Cristo es llamado vestidura de nuestra justicia ya que su sangre es derramada en el acto de consumación final de cubrir el pecado de su pueblo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation
La Biblia Dice
David Logacho
Enfermedades su origen y propósito
¿Cómo puede uno saber si la enfermedad que alguien está padeciendo es un castigo de Dios o de Satanás?
La enfermedad es una de las muchas consecuencias del pecado en la humanidad y siempre es enviada por Dios. La Biblia no presenta ningún caso donde alguna enfermedad haya sido enviada por Satanás. Normalmente se cita el caso de Job para demostrar que Satanás puede enviar enfermedad, pero veamos como fue el asunto.
Job 2: 6-7 dice: «Y Jehová dijo a Satanás: He aquí, él está en tu mano, mas guarda su vida. Entonces salió Satanás de la presencia de Jehová, e hirió a Job con una sarna maligna desde la planta del pié hasta la coronilla de la cabeza.»
Note que fue Jehová quien literalmente entregó a Job en la mano de Satanás, para que Satanás le hiera con aquella sarna maligna. Quien envió la enfermedad fue Jehová, Satanás actuó bajo el permiso de Dios para hacer enfermar a Job. Después de todo, aunque Satanás se crea muy poderoso, no es sino un mero instrumento en manos de Dios Todopoderoso. Lo mismo podemos ver en el caso de la enfermedad del apóstol Pablo.
2ª Corintios 12: 7-9 dice: «Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente, me fue dado un aguijón en mi carne, un mensajero de Satanás que me abofetee, para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor, que lo quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo.»
Aquí tenemos a Dios tratando con Pablo. Para evitar que la grandeza de las revelaciones exalte a Pablo desmedidamente, Dios le envió un aguijón en su carne. Esto es una alusión a algún tipo de enfermedad. Pablo lo define como un mensajero de Satanás que le abofetea. De esa manera, Pablo estaba forzado a mantenerse humilde. Que la enfermedad no provenía de Satanás es claro cuando Pablo dice que ha rogado tres veces al Señor que lo quite de él. Pablo sabía que la enfermedad fue enviada por Dios y por eso pide a Dios y no a Satanás, que se la quite. De modo que toda enfermedad es enviada por Dios, no por Satanás. Satanás, actúa en algunos casos, bajo permiso de Dios para traer enfermedad a una persona. Mire como confirma este asunto la palabra de Dios.
Deuteronomio 28: 59-61 dice: «Entonces Jehová aumentará maravillosamente tus plagas y las plagas de tu descendencia, plagas grandes y permanentes, y enfermedades malignas y duraderas; y traerá sobre ti todos los males de Egipto, delante de los cuales temiste, y no te dejarán. Asimismo toda enfermedad y toda plaga que no está escrita en el libro de esta ley, Jehová la enviará sobre ti, hasta que seas destruido.»
Hablando de terribles enfermedades, la Biblia dice: «Jehová la enviará sobre ti.» Dicho esto, ahora nos corresponde dilucidar el asunto de la relación entre el pecado y la enfermedad. Ya hemos señalado que en términos generales la enfermedad es una de las muchas consecuencias del pecado. Uno de los muchos pasajes bíblicos que muestran esto se encuentra en Salmo 32:3-4.
Sal 32:3-4 dice: «Mientras callé, se envejecieron mis huesos en mi gemir todo el día. Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; se volvió mi verdor en sequedales de verano.»
David había cometido un grave pecado. Había cometido adulterio y en el intento de cubrir su pecado prácticamente hizo matar al esposo de la mujer con quien cometió el pecado. No se sabe exactamente cuánto tiempo ocultó este pecado. Pero mientras lo tenía oculto, notó que su espíritu, su alma y su cuerpo estaban sufriendo la consecuencia del pecado. En lo que se refiere al cuerpo, David dice que envejecieron sus huesos. Dice también que se sentía como una planta agonizante por el intenso calor del verano. David estaba enfermo. La enfermedad fue la forma de disciplina de Dios para David, a causa de su pecado. Así que, definitivamente en algunas ocasiones Dios disciplina con enfermedad el pecado de uno de sus hijos. Pero no siempre la enfermedad es a causa del pecado. El caso de Job es un excelente ejemplo en el cual la enfermedad fue una prueba y no una consecuencia de pecado.
Job 1:1 dice: «Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.»
Este es el testimonio de Dios sobre un hombre llamado Job. Dios no puede mentir. Dios no puede exagerar y Dios dice que Job era un hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal. ¡Quisiéramos que Dios se expresara así sobre nosotros! Sin embargo, el resto del relato muestra que por permiso de Dios, Job fue herido por Satanás con una sarna maligna desde la planta del pie hasta la coronilla de la cabeza. Job no había pecado como para decir que esta enfermedad fue consecuencia de pecado. Job sufrió enfermedad para que de esa manera pueda conocer a Dios de una forma como nunca antes le había conocido. Al punto que Job mismo dio testimonio de ello.
Job 42:5 dice: «De oídas te había oído; Mas ahora mis ojos te ven.»
Antes de ser probado con esta enfermedad y con todo lo demás que le sobrevino, Job conocía a Dios de oídas, de lejos, superficialmente, tibiamente, pero después de ser probado, Job llegó a conocer tanto a Dios que parecía que le estaba viendo. La enfermedad en este caso fue para que Job se eleve espiritualmente, para que Job aprenda cosas que de otra manera jamás hubiera podido aprender.
A veces, Dios puede enviar enfermedad a una persona no como disciplina por haber cometido pecado sino simplemente para ayudar a la persona a elevarse a planos superiores de experiencia espiritual. Cuando todo marcha bien a nuestro alrededor, cuando todos rebosamos de salud, tenemos la tendencia a olvidarnos de Dios. Pero cuando Dios toca nuestro cuerpo con enfermedad, cómo nos acercamos a Dios, cómo le rogamos que nos sane, cómo le buscamos para que nos traiga alivio.
La enfermedad bien puede ser usada por Dios para acercarnos más a él. Pero en ocasiones la enfermedad no es ni consecuencia de pecado, ni una prueba para acercarnos más a Dios. La enfermedad simplemente puede ser para dar una oportunidad a Dios para mostrar su poder, de modo que Dios sea glorificado en ello. Eso fue lo que sucedió con Lázaro. Cuando Jesús supo que Lázaro estaba enfermo de muerte, dijo a sus discípulos las siguientes palabras.
San Juan 11:4 dice: «Oyéndole Jesús, dijo: Esta enfermedad no es para muerte, sino para la gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella.»
Lázaro no estaba enfermo de muerte por haber pecado o como prueba para ser mejor espiritualmente, sino para que Dios manifieste su poder en esa enfermedad y así Jesús su Hijo sea glorificado. Interesante lo que sucedió después. Jesús, a propósito se quedó dos días más allí en el lugar donde estaba. Entre tanto, Lázaro murió y fue sepultado. Cuando Jesús finalmente llegó a donde habían sepultado a Lázaro, habían transcurrido cuatro días desde que murió. Su cadáver estaba hediendo. Pero a pesar de eso, Jesús dio la orden y Lázaro salió del sepulcro. La enfermedad que condujo a Lázaro a la muerte fue para dar la oportunidad a Dios para glorificar a su Hijo Jesucristo.
A veces nuestras enfermedades pueden ser para eso. Cuando Dios hace el milagro de sanidad, el nombre de Dios es glorificado. La enfermedad puede ser entonces por tres motivos: Consecuencia de pecado, prueba para acercarnos más a él o simplemente una oportunidad para que Dios muestre su poder de sanidad y así su nombre sea glorificado.
La gran pregunta es: ¿Cómo saber el motivo para cada enfermedad ya sea en nosotros mismo o en otros? Hasta cierto punto es sencillo discernir si nuestra propia enfermedad es consecuencia de pecado. Es cuestión de simplemente auto-examinarnos y si reconocemos que hay pecado, y estamos enfermos, es muy probable que esa enfermedad sea a causa de nuestro pecado. Lo que no podemos hacer es juzgar a otros y decir: Allí lo tiene, está enfermo, seguramente debe tener algún pecado oculto. Ese fue el error de «los amigos» de Job. Si no hay pecado entonces la enfermedad debe ser una prueba o una oportunidad para que se manifieste el poder de Dios. Una de las dos.
David Logacho es Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.
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Coalición por el Evangelio

Dios habla hoy por medio de Su Palabra escrita
Sugel Michelén
Fragmento de De parte de Dios y delante de Dios: Una Guía de predicación expositiva. Sugel Michelén. B&H publicaciones. Lee la reseña aquí.
“ La Biblia fue escrita por hombres”. No sé cuántas veces escuché esta frase a lo largo de mi vida cristiana, como un argumento en contra de nuestra fe. La realidad es que es un argumento a favor. El cristianismo no se basa en la suposición de tener un libro que cayó del cielo, sino en que tenemos en nuestras manos una revelación de Dios escrita por hombres bajo la inspiración del Espíritu Santo. Más de 40 escritores humanos escribieron un libro de coherencia perfecta, sin error, tratando temas que suelen ser muy conflictivos, ¡en un lapso de tiempo de más de 1500 años! La próxima vez que alguien te desafíe a probarle que la Biblia es la Palabra de Dios, trata con este argumento: “Pruébame que no lo es”.
Por lo tanto, la Biblia fue escrita por hombres, pero estos fueron guiados de tal modo por el Espíritu de Dios que los escritos que salieron de su pluma pueden ser llamados con toda propiedad la Palabra de Dios (2 Tim. 3: 16-17; 2 Ped. 1: 19-21). Aunque la inspiración no anula la paternidad literaria ni el estilo de los escritores humanos, la paternidad literaria no altera en nada la perfección de lo que escribieron. De esta manera, la Biblia es la Palabra de Dios escrita por hombres.
Imagina a un músico experto, capaz de tocar a la perfección todos los instrumentos de viento que existen, interpretando en cada uno de ellos la misma melodía. La ejecución es impecable, pero el sonido que produce cada instrumento es distinto de los demás. Eso es lo que ocurre cuando Dios “exhala” Sus propias palabras a través de instrumentos humanos.[1] Percibimos la diferencia en el sonido, pero la ejecución evidencia la maestría inigualable del Artista.
No todas las palabras de Dios quedaron registradas en las Escrituras, sino únicamente aquellas que Él quería preservar para las generaciones futuras. De esta manera, cuando Dios dijo lo que está registrado en la Biblia, “Él tenía dos auditorios en mente, la generación que estaba presente allí y las futuras generaciones” (traducido por el autor)[2] que vendrían después (comp. Rom. 15:4; 2 Tim. 3:16-17)[…] La inspiración hace posible que las palabras vivas de Dios sigan hablando y obrando a través de todas las épocas, más allá del marco histórico en que fueron pronunciadas originalmente.
Por lo tanto, en las Escrituras no solo tenemos un registro de lo que Dios habló hace miles de años, sino de lo que Dios sigue hablando. El hecho de poner por escrito la Palabra del Dios vivo no fosiliza la Palabra. Es la Palabra de Dios escrita la que “es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos” (Heb. 4: 12). John Stott dice al respecto: “Las Escrituras son mucho más que una colección de documentos antiguos en que se preservan las palabras de Dios. No se trata de un museo en que la Palabra de Dios se exhibe tras un vidrio, como un fósil o una reliquia. Por el contrario, es una Palabra viva, dirigida a personas vivas, que proviene del Dios vivo”.[3]
En los capítulos 3 y 4 de la Carta a los Hebreos, encontramos un ejemplo impresionante de esta permanencia viva de las palabras de Dios. Aquellos creyentes de trasfondo judío corrían peligro de ceder ante la presión de sus hermanos de raza y volverse al judaísmo. De ahí la advertencia del autor a partir de 3: 7:
Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones, como en la provocación, en el día de la tentación en el desierto, donde me tentaron vuestros padres; me probaron, y vieron mis obras cuarenta años. A causa de lo cual me disgusté contra esa generación, y dije: Siempre andan vagando en su corazón, y no han conocido mis caminos. Por tanto, juré en mi ira: No entrarán en mi reposo. Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado (Heb. 3:7-13).
La escena histórica que se describe en este pasaje ocurrió en la época de Moisés, poco tiempo después de cruzar el mar Rojo (Ex. 17:1-7) […] Muchos años después el salmista trae a colación este incidente para hacerle una advertencia al pueblo de Israel de su propia generación (Sal. 95: 7b-8). El peligro de apartarse de Dios continuaba siendo una amenaza para el pueblo en los días del salmista, y este incidente histórico debía hacerlos recapacitar. Pero ahora el autor de la Carta a los hebreos cita el Salmo 95 para advertirles a los israelitas de su propia generación que profesaban creer en Cristo, afirmando que el Espíritu Santo continuaba haciendo la misma advertencia que había hecho cientos de años antes, en los días del salmista: “Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Heb. 3: 7-8a, énfasis agregado). ¡El Espíritu Santo continuaba hablando a través de las palabras del salmista!
De esta manera, el “hoy” del Salmo 95 y el “hoy” del autor de la Carta a los Hebreos están conectados con el “hoy” de la experiencia de Israel en el desierto. Han pasado casi 2000 años desde que la Carta a los Hebreos fue escrita y más de 3500 años del incidente original en el desierto, pero Dios sigue advirtiéndonos a través de Su Palabra inspirada para que no nos apartemos de Él. Es por esto que John Stott afirma que “la Biblia es Dios predicando”.[4]
La inspiración no fosiliza la Palabra de Dios, como decía hace un momento, sino que la preserva para que Dios continúe hablando hoy a través de ella. Si no tenemos esa convicción, ¿qué sentido tendría que nosotros la prediquemos? Predicamos porque creemos que lo que Dios quiere decirnos hoy nos lo dice a través de Su Palabra escrita, que es infalible, inerrante y suficiente. Ese es el instrumento que Dios ha usado, sigue usando y usará para obrar en Su Iglesia y en el mundo hasta la segunda venida en gloria de nuestro Señor Jesucristo. Si lo crees, permite que el texto bíblico hable porque la Biblia es Dios predicando, y Él actúa por medio de Su Palabra.
Piensa en los símiles que la Biblia usa para referirse a sí misma. Ella es como un martillo que parte los corazones de piedra (Jer. 23: 29), como un fuego que quema la basura de nuestro interior (Jer. 5: 14), como una espada aguda que traspasa nuestras conciencias (Heb. 4: 12), como una lámpara que ilumina nuestro camino (Sal. 119: 105), como un espejo que nos muestra lo que realmente somos (Sant. 1: 23), como una semilla que produce el nuevo nacimiento (Luc. 8: 11; 1 Ped. 1: 23), como la leche que sirve de alimento espiritual (1 Ped. 2: 2), como la miel que nos endulza (Sal. 19: 10; 119: 103), como el oro que posee un valor incalculable y que enriquece nuestra vida espiritual (Sal. 19: 10; 119: 72,127).
La Biblia es todo eso y mucho más porque es la Palabra viva y eficaz del Dios vivo y todopoderoso. “Porque como desciende de los cielos la lluvia y la nieve, y no vuelve allá, sino que riega la tierra, y la hace germinar y producir, y da semilla al que siembra, y pan al que come, así será mi palabra que sale de mi boca; no volverá a mí vacía, sino que hará lo que yo quiero, y será prosperada en aquello para que la envié” (Isa. 55: 10-11).
Dios ha hablado y Él continúa hablando a través de Su Palabra escrita. Estas dos convicciones deben atar nuestras conciencias para resistir a la presión “antisermónica” de nuestra generación.
[1] La palabra que se traduce como “inspirada” en 2 Timoteo 3:16 significa literalmente ‘exhalada por Dios’ o ‘espirada por Dios’.
[2] Peter Adam, Speaking God’s Words (Vancouber, Canada: Regent College Publishing, 2004), 27.
[3] John Stott, La predicación (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2000), 96.
[4] John Stott, La predicación (Grand Rapids, MI: Libros Desafío, 2000), 98.
Sugel Michelén (MTS) es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Ha sido por más 30 años uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde tiene la responsabilidad de predicar regularmente la Palabra de Dios en el día del Señor. Es autor de Palabras al Cansado, Hacia una Educación Auténticamente Cristiana y un libro ilustrado para niños titulado La más Extraordinaria Historia Jamás Contada. El pastor Michelén y su esposa Gloria tienen 3 hijos y 4 nietos. Puedes encontrarlo en twitter.
Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente
Aarón y el sacerdocio
R.C.Sproul
https://www.ivoox.com/33033654
He mencionado que he conocido a varias personas que prometieron leer la Biblia completa desde Génesis hasta Apocalipsis y que comenzaron con una gran resolución y leyeron el libro de Génesis, luego pasaron por el libro de Éxodo, pero una vez que llegaron al libro de Levítico, empezaron a perder algo de su celo por leer toda la Biblia, y muchos desertaron a la mitad del libro de Levítico.
Algunos soportan Levítico y llegan al libro de Números, pero luego cogen su mochila y se van a casa. Son pocos los que leen todo el Pentateuco: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.. Y la razón de esto es simple, se debe a que en Génesis y Éxodo tenemos material histórico con el cual estamos, al menos, algo familiarizados y hay mucha acción e interés en la información que se encuentra allí; pero tan pronto como llegamos a Levítico, encontramos información y material en la Biblia que, en muchos aspectos, es completamente ajeno a nosotros porque el libro de Levítico contiene discusiones largas y detalladas de reglas específicas y regulaciones para el comportamiento del pueblo que celebra la religión en Israel.
Hay descripciones detalladas de cómo una persona puede discernir la diferencia entre una erupción cutánea normal inofensiva versus el reconocimiento de la lepra; y la gente queda estancada con esto porque es algo extraño. Es por eso que a menudo recomiendo a los que están en su viaje inaugural por las Escrituras, a que primero lean un resumen breve de los libros históricos y luego regresen y llenen los vacíos con estas piezas de literatura más difíciles.
Y eso es lo que estamos tratando de hacer en este panorama introductorio del Antiguo Testamento, a fin de proporcionar una visión general de un marco, o la estructura de toda las Escrituras; Y luego, esperamos que regreses y leas los capítulos individuales y los versículos de cada libro de la Biblia.
Y tengo que decir esto: por más que podamos luchar al inicio con libros como Levítico, Números y Deuteronomio, esos tres libros del Pentateuco son un virtual depósito de riqueza de información detallada que tiene un significado profundo para nuestra comprensión del Nuevo Testamento, Y a menudo nos perderemos la primera vez ya que no tenemos esa estructura básica en la cual colocar los detalles de esos libros.
Pero el libro de Levítico se llama Levítico, en la historia de la iglesia, porque da todas las reglas y regulaciones para las actividades de la tribu de Leví. Era de la tribu de Leví de donde se estableció el sacerdocio en el Antiguo Testamento.
Aarón y sus descendientes fueron llamados a servir en lo que llamamos el culto de Israel. Ahora, casi me aterra el usar esa palabra en las clases de esta serie, porque tan pronto como escuchamos esa palabra “cultus”, evoca en nuestras mentes la idea de algo terrible, es decir, un culto.
Vinculamos los cultos con estas sectas marginales radicales y extremas que están involucradas en cosas como las de Jonestown y otras, pero este es realmente un término técnico que describe la vida y la actividad de cualquier comunidad religiosa, e Israel tiene un culto elaborado establecido ya que es una comunidad religiosa y no tiene la connotación negativa que la palabra ‘culto’ tiene. Pero el libro de Levítico está muy interesado en los principios levíticos y en lo que llamamos la “ley ritual”.
Y debido a que los rituales del Antiguo Testamento son tan extraños e inusuales, a veces nos aburrimos o nos intimidamos con el material que se encuentra en el libro de Levítico, pero si nos detenemos por un momento y recordamos que cada ritual, es decir todo rito que Dios instituyó entre su pueblo en el Antiguo Testamento, tuvo un significado que apunta más allá de sí mismo, hacia el cumplimiento de la redención que se produce en la persona y obra de Cristo.
Entonces, al observar cuidadosa y meticulosamente algunos de estos rituales detallados del Antiguo Testamento, hay un sentido en el que simplemente abre nuestro entendimiento de la profundidad y las riquezas de lo que encontramos en el Nuevo Testamento.
El libro de Números se llama así porque básicamente se refiere a la numeración de las tribus, su ubicación y al reparto de los diversos lugares que ocuparían en la tierra prometida. Y el libro de Deuteronomio, el prefijo “deutero” significa “segundo”, y la palabra griega “nomos” significa “ley”, por lo que el libro de Deuteronomio simplemente se refiere al segundo libro de la Ley, que en cierto sentido es una recapitulación de toda la ley que encontramos, particularmente en Éxodo, y más tarde en los otros libros del Pentateuco.
Pero lo que vamos a hacer hoy es ver principalmente el significado del libro de Levítico para el sacerdocio del Antiguo Testamento. Si hay un tema general que encontramos en Levítico, es el tema de la santidad.
Es el tema de la santidad de Dios tal como se manifiesta en los rituales y en los patrones de comportamiento de las personas que Él ha llamado a sí mismo y les dice: “Sed santos, porque Yo soy santo”. Así que todos estos ritos y leyes que gobiernan la vida cúltica de Israel están abocados a mantener la santidad de la nación y esto empieza, en realidad, temprano en Éxodo con la institución y ordenación del sacerdocio porque, en primera instancia, el propósito fundamental del sacerdote en el Antiguo Testamento era ser el ministro de Dios de lo santo.
Ahora, uno de mis pasajes favoritos que lo ilustra en el Antiguo Testamento se encuentra en el capítulo 10 del libro de Levítico. Es uno de esos incidentes dramáticos que se registran allí, pero que arroja una luz enorme sobre el significado y el papel del sacerdocio levítico. Cuenta de la historia de Nadab y Abiú, los hijos de Aarón. El capítulo 10 de Levítico empieza así: “Nadab y Abiú,” en hebreo algunos lo llamam “Abijú”, yo lo voy a llamar Abiú. “Nadab y Abiú, hijos de Aarón, tomaron sus respectivos incensarios, y después de poner fuego en ellos y echar incienso sobre él, ofrecieron delante del Señor fuego extraño, que Él no les había ordenado. Y de la presencia del Señor salió fuego que los consumió, y murieron delante del Señor”.
Ahora, estos dos versículos nos dan una pequeña y breve descripción de lo que sucede. Es decir, esto es muy característico del Antiguo Testamento, el sobrepasar ligeramente eventos importantes y profundos y casi hacerlos parecer como posdata de la historia del Antiguo Testamento, pero, ciertamente para Aarón, este fue un momento dramático en su vida ya que sus dos hijos, quienes seguían sus pasos, quienes habían sido ordenados y consagrados al sacerdocio, se presentaron ante el altar y ofrecieron lo que la Biblia llama “fuego extraño”.
Es decir, estos sacerdotes jóvenes estaban experimentando con ciertas innovaciones en el proceso de adoración que no habían sido consagradas o prescritas por Dios. A simple vista parece algo simplemente inofensivo, pero la respuesta de Dios a su innovación y al cambio del modo de adoración divinamente estipulado, fue su muerte instantánea.
Ahora vamos a leer lo que sucede como resultado: “Entonces Moisés dijo a Aarón: ‘Esto es lo que el Señor habló, diciendo: Como santo seré tratado por los que se acercan a mí, y en presencia de todo el pueblo seré honrado.’ Y Aarón guardó silencio.” Permítanme aquí la libertad y licencia por un momento, para leer entre líneas.
Cuando Aarón descubre que sus hijos han sido matados instantáneamente por el Dios que los consagró para servir, el Dios a quien Aarón está dedicando su vida; no solo debió haber quedado profundamente afligido por la muerte de sus hijos, sino que debió haber quedado totalmente desconcertado y molesto de que Dios hiciera esto. Y muchos de nosotros hoy en día, cuando leemos historias como esta en el Antiguo Testamento, nos ofenden.
“¿Qué clase de Dios ejecutaría arbitrariamente sacerdotes por lo que parece ser una cosa tan pequeña e insignificante?” Y puedo oír a Aarón corriendo hacia la tienda de Moisés porque, después de todo, Aarón, a pesar de que está consagrado como sumo sacerdote y como sacerdote principal de Israel, todavía no es el líder de Israel.
El líder de Israel en ese momento de la historia sigue siendo Moisés. Él es el mediador del antiguo pacto y la autoridad de liderazgo ha sido investida en Él. Entonces Aarón va directo a Moisés y asumo que lo que hace es decir: “¿Qué está haciendo Dios aquí? Moisés, tienes que hablar con Dios. Protesta esta manifestación injusta de Su ira”.
Y Moisés, aparentemente, trata de calmar a Aarón. Moisés no tiene que ir a la montaña y preguntar a Dios del por qué ocurriría tal cosa. Él le dice a Aarón: “Aarón, Aarón: esto es lo que el Señor dice. ¿No te acuerdas? Cuando estableció el sacerdocio y le dio a los sacerdotes su verdadero propósito de ser, dijo: “Por aquellos que se acercan a mí, debo ser tratado santo y ante toda la gente, debo ser glorificado.”
Ahora, en esta respuesta sucinta que Moisés le da a Aarón, creo que encontramos el motivo principal de todo el libro de Levítico, y de hecho la cristalización cardinal de la esencia de la adoración para todo el pueblo de Dios de todos los tiempos.
Desde la primera ofrenda que fue dada por Abel en los primeros días del Génesis, hasta la adoración que se ofrece en el cielo por los ángeles, tal como está registrado en el libro de Apocalipsis, Dios, en el centro de la adoración, debe ser considerado santo, y el punto central de toda adoración y de toda vida religiosa es la gloria de Dios.
Es por eso que vimos con el Tabernáculo que solo el sacerdote podía entrar en el lugar santo, y los levitas estaban situados alrededor del Tabernáculo para asegurar que toda la actividad que rodeaba la adoración del pueblo de Dios, manifestara su Santidad y declarara Su gloria. Entonces, creo que esa es la clave para entender el libro de Levítico y todo el sacerdocio del Antiguo Testamento.
A lo que estos rituales, que regían las leyes que se exponen en Levítico, se refieren, es a la eliminación de la impureza o la eliminación de lo profano de aquello que es sagrado, Y esa es la tarea del sacerdocio: mantener ante el pueblo su vocación santa, su llamado a evidenciar y reflejar el carácter de Dios en toda su vida de pacto.
Así que tenemos estas listas, aparentemente interminables, de rituales de purificación y limpieza, llegando directamente hasta el punto de qué alimentos podía comer el pueblo de Israel. Vemos las leyes dietéticas de Israel y se permite que ciertos animales se consuman como alimento y otros están prohibidos. Del mismo modo, ciertas formas de producción que cultivan los agricultores de la época podían consumirse mientras que otras no.
Ahora, muchísima gente mira esas leyes dietéticas de Israel en el Antiguo Testamento y asume que la única preocupación que Dios tiene en esta legislación de dieta, es medicinal o terapéutica, porque incluso desde el punto de vista actual, miramos hacia atrás y vemos que ciertos alimentos que fueron prohibidos en la mesa de Israel, son alimentos que aún en nuestros días son capaces de transmitir enfermedades.
Aún somos muy cuidadosos, así que no comemos, por regla general, animales carroñeros que se banquetean de cadáveres y pueden ser fácilmente huéspedes de parásitos y transmitir enfermedades graves. Y ciertamente, había una dimensión terapéutica. La prohibición de comer carne de cerdo, por ejemplo, en el Antiguo Testamento, probablemente esté relacionada con la facilidad con que la carne de cerdo puede contaminarse con triquinosis y cosas así.
Pero si miramos un poco más profundo en las regulaciones del Antiguo Testamento con respecto a la dieta y a la comida, vemos que no solo es terapéutico o medicinal porque algunos de los alimentos que están prohibidos a Israel en el Antiguo Testamento, más tarde obtiene su aprobación en el Nuevo Pacto, donde todavía eran una cultura antigua que no contaba con las medidas sanitarias disponibles que tenemos hoy en nuestra cultura.
Pero, más importante aún, se hizo una distinción entre lo que estaba limpio y lo que estaba inmundo y esa es la distinción fundamental. No solo limpio con respecto a la limpieza medicinal, sino limpio con respecto a los tipos de animales que estuvieron involucrados.
Por ejemplo, a los israelitas se les restringió, en su dieta alimenticia, a comer solo animales domesticados, no animales salvajes. Y los granos y las sustancias alimenticias de los productos que formaban parte de la dieta permitida señalaban, en su mayor parte, aquellos alimentos que eran resultado directo de la cosecha de las personas.
Y, por lo tanto, a las personas de les permitía, en cierto sentido, comer del fruto de su trabajo, pero tenían que tener cuidado de comer cosas extrañas y raras fuera del campamento. Es decir, aún hasta estos puntos, aparentemente inofensivos de la consideración dietética, está este deseo de evitar la contaminación del pecado.
Son simbólicos en su dimensión para decir que Dios ordenó a esta nación, la llamó a estar separada y consagrada, ser diferente de todas las otras naciones, porque Dios mismo es Santo. Dios mismo, es otro. Dios mismo es distinto a nosotros. Y la diferencia fundamental entre Dios y su pueblo es la diferencia entre el que es absolutamente puro y santo y sus criaturas que se han vuelto pecadores.
Ahora, todo el mundo se ha sumido en el pecado, pero Dios, en sus propósitos de redención, para redimir a su pueblo del pecado, crea una nación y dice: “voy a hacerte diferente. Te voy a hacer mi representante. Serán santos, así como Yo soy santo. Y hasta el último detalle, voy a legislar una visión no conformista para que la gente te mire y vea que tú eres diferente”.
Y esto se convirtió en un asunto de gran compromiso moral para el pueblo escogido de Israel, de modo que cuando fueron llevados en cautiverio y se les ordenó comer de la comida de las naciones extranjeras, ellos se negaron a hacerlo porque no querían violar estas leyes y contaminarse ante la presencia de Dios. Así el tema de la santidad de Dios y la pecaminosidad del ser humano se repite a lo largo del libro de Levítico.
Ahora, los sacerdotes, además de ser responsables de todas estas leyes rituales, eran también responsables, hasta cierto punto, de ser administradores civiles; tenían el papel que más tarde se les otorgaría a los jueces y eran los médicos de la época. Mencioné esa larga sección en el Antiguo Testamento donde la gente tiene que pasar por esta lista detallada de chequeos con el propósito de diagnóstico, para ver si es una erupción cutánea inofensiva o para ver si es lepra,
Y fueron los sacerdotes los responsables de hacer el diagnóstico final en casos como esos. Recuerdas en el Nuevo Testamento que cuando Jesús sanó a los leprosos, cuando terminó de sanarlos les dijo: “Id y mostraos a los sacerdotes”.
Es como decir: “Ahora acude a tu médico y haz que el médico confirme que en verdad estás curado de esta horrible enfermedad”. Uno de los aspectos importantes del sacerdocio en el Antiguo Testamento es el cuidado con que Dios designa y diseña sus vestimentas.
Eso lo encontramos a principios del libro de Éxodo, en Éxodo 28. Éxodo 28 empieza con estas palabras, Dios está hablando y Él dice: “Entonces harás que se acerque a ti, de entre los hijos de Israel, tu hermano Aarón, y con él sus hijos, para que me sirvan como sacerdotes: Aarón, con Nadab y Abiú, Eleazar e Itamar, hijos de Aarón. Y harás vestiduras sagradas para tu hermano Aarón, para gloria y para hermosura.
Y luego lo que sigue es una detallada descripción del diseño del efod, el pectoral y el manto y los nombres que están inscritos en las túnicas de los sacerdotes, ya que ellos han de ser santos para el Señor. Pero nos preguntamos por qué este detalle en las túnicas y vestiduras de los sacerdotes.
Y Dios da la respuesta. Él dice: “Yo quiero que estos sacerdotes sean distintos. Quiero que estén apartados y que las vestiduras que usen sean para gloria y para hermosura.” A menudo, esto es pasado por alto: que en el diseño del Tabernáculo, en el diseño del sacerdocio, la gloria de Dios está en el centro del interés, y el vínculo que se encuentra aquí entre la gloria y la hermosura divinas.
A menudo obviamos eso y esa belleza en sí misma llama la atención sobre la naturaleza y el carácter de Dios. Es por eso que, en resumen, podemos decir que estas instrucciones para la adoración en el Pentateuco son para adorar a Dios en la belleza de la santidad.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation
Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos
8/63 – Jesús confronta a los legalistas | Marcos 2:23-3:6
Ps. Sugel Michelén
El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/
Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina.
El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.
Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo
Coalición por el Evangelio

Una mirada a los roles en el matrimonio
Juan Sánchez
Podemos, y debemos, celebrar que Dios creó tanto al hombre como a la mujer a su imagen, iguales como seres humanos. Sin embargo, aunque ambos están llamados a reflejar el dominio de Dios sobre toda la creación, a cada uno se le asigna un papel distinto en el cumplimiento de ese llamado. El hombre fue creado primero, se le colocó en el Edén como el único ser humano, y se le llamó a guiar, proteger. y proveer amorosamente a todos los que estaban bajo su cuidado (Gen. 2:4-15).
La clave para entender el papel del hombre se encuentra en Génesis 2:15: “Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto del Edén, para que lo labrara y lo guardase” (RV60). La palabra traducida como labrar en Génesis 2:15 también puede traducirse como trabajar, servir, o ministrar. Y guardar también puede significar proteger. Ambas palabras también aparecen juntas en relación con el sacerdocio levítico (Nm. 3:7-8). Los sacerdotes debían servir (trabajar) en la presencia de Dios y guardar (proteger) la entrada al tabernáculo.
Dado que Edén era el lugar de la tierra en el que originalmente Dios estaba en la presencia del hombre (Gen. 3:8), y dado que Adán también sirvió ante la presencia de Dios, es apropiado considerar a Adán como sacerdote, ya que tenía el mismo papel: servir en la presencia de Dios y proteger el lugar en el que estaba dicha presencia (Edén) de la entrada de los intrusos. Como imagen de Dios, Adán fue creado para representar el dominio amoroso de Dios sobre los que estaban a su cuidado. Para cumplir con el mandato creativo de Génesis 1:28, sin embargo, Adán necesitaría ayuda.
El esposo guía, protege, y provee, mientras que la esposa acompaña a su esposo para ayudarlo, afirmándolo, y siguiendo su liderazgo.
Dios creó a la mujer como ayuda idónea y complementaria del hombre (Gen. 2:18-25). Con la ayuda de la mujer, Adán podría cumplir el mandato de “Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra y sojuzgadla” (Gn. 1:28 RV60). Juntos, el hombre y la mujer, como gobernantes representativos de Dios sobre la creación, estaban llamados a reproducir una descendencia piadosa, hijos que también tuvieran la imagen de Dios. Pero, aunque Adán y Eva eran iguales en cuanto a la imagen de Dios, el rol de Eva era diferente al de Adán.
En la relación hombre-mujer establecida en el Edén, el hombre fue creado para liderar y la mujer para seguir. Él estaba orientado a trabajar; ella estaba orientada hacia el hombre. Él fue creado para proteger; ella fue creada con la necesidad de ser protegida. A él se le encomendó proporcionar; a ella la tarea de ayudar.
La relación hombre-mujer de autoridad y sumisión la vemos establecerse en Génesis 2:18-25. A medida que avanza la narración, es como si Dios le estuviera enseñando a Adán que su ayuda idónea no se encuentra en el reino animal; no se encuentra en otro hombre; y no se encuentra en las mujeres en general. Su ayuda idónea es una única mujer, y están unidos de por vida entre sí en una relación de pacto a la cual llamamos matrimonio (Gn. 2:22-25). Por tanto, el patrón de liderazgo se establece primero en la relación dentro de la alianza matrimonial, es decir, en el hogar.
El esposo guía, protege, y provee, mientras que la esposa acompaña a su esposo para ayudarlo, afirmándolo, y siguiendo su liderazgo. De manera que, el patrón de liderazgo establecido en Génesis 1 y 2, es uno de igualdad entre el hombre y la mujer como portadores de una misma imagen, pero de diferencia en cuanto a sus roles. En la relación matrimonial, el hombre ejerce la autoridad y la mujer se coloca voluntariamente bajo esa autoridad establecida por Dios. Pero ¿con qué fin?
La historia de la Biblia que se está desarrollando apunta a una persona que de forma fiel y verdadera crearía una imagen de Dios.
En última instancia, Dios desea que su gloria llene toda la tierra y, en un principio, que su gloria se extendiera por toda la tierra mientras Adán y Eva reproducían la imagen divina al tener una descendencia piadosa. A veces olvidamos que el Jardín de Edén era un lugar específico marcado por límites naturales, a saber: cuatro ríos (Gn. 2:10-14). Cuando se tiene en cuenta el mandamiento de “fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla”, entendiendo que el Edén era un espacio limitado sobre la faz de la tierra, es evidente que a medida que Adán y Eva cumplieran con la tarea que Dios mismo les encomendó, necesitarían expandir los límites del jardín para adaptarlos al aumento de la población.
El objetivo del mandamiento de Dios de ser fructíferos, multiplicarse, y llenar la tierra, era reproducir portadores de la imagen de Dios y continuar expandiendo los límites del jardín hasta que este cubriera todo el mundo, y así la tierra estuviera llena de la gloria y la imagen de Dios.
Como imagen de Dios, por tanto, fuimos creados para reflejar el reinado soberano de Dios sobre la creación, representar su cuidado amoroso sobre los que están bajo nuestra autoridad, y tener descendientes piadosos hasta que toda la tierra se llenara de la gloria de Dios. Aunque el pecado entró en el mundo por medio de la rebelión de Adán (Gn. 3), y la imagen de Dios en la humanidad ahora está distorsionada, el plan de Dios no ha cambiado.
La historia de la Biblia que se está desarrollando apunta a una persona que de forma fiel y verdadera crearía una imagen de Dios. A través de la predicación del evangelio y el poder del Espíritu Santo, Jesús, la verdadera imagen del Dios invisible (Col. 1:15), ahora da a luz a un pueblo a quien está restaurando progresivamente a la imagen divina (2 Co. 3:18).
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Renovando tu Mente
El tabernáculo
R.C.Sproul
https://www.ivoox.com/32811019
En el Nuevo Testamento, el Evangelio de Juan comienza con las conocidas palabras del prólogo, «En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios». Y sigue por varios versículos más y el prólogo llega a una conclusión más adelante en el capítulo, cuando Juan escribe: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros… lleno de gracia y de verdad,».
Y esta frase, “el Verbo se hizo carne”, se refiere al gran misterio de la encarnación. Pero cuando Juan describe ese acontecimiento de la encarnación, dice: «Y el Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros». Esa es una especie de traducción libre del texto original.
Literalmente, las palabras que se usaron son: «Y el Verbo se hizo carne, y asentó su tienda entre nosotros», o aun más exacto, «El Verbo se hizo carne, y ‘tabernaculizó’ entre nosotros». Cuando vemos el libro de Éxodo, vemos tres grandes temas de importancia para nuestra comprensión del alcance de la historia redentora: El éxodo mismo con la celebración de la Pascua, la promulgación de la ley, y en tercer lugar, el establecimiento de la casa de Dios, la tienda de reunión o el tabernáculo.
Dios da instrucciones súper detalladas a Moisés en cuanto a cómo construir el tabernáculo en el Antiguo Testamento. Y este es un momento decisivo en el desarrollo de la religión del Antiguo Testamento porque anterior al tabernáculo no había un santuario central firmemente establecido para el pueblo de Dios.
Si nos remontamos al período patriarcal, sabemos que está marcado por momentos importantes de adoración. Cada vez que ocurría un evento significativo en la vida de estas personas, ellas respondían en adoración a Dios ofreciendo sacrificios o con la construcción de un altar.
Si vuelves a revisar todo el período patriarcal, verás, por ejemplo, a Noé, después que salió del arca, cuando bajaron las aguas del diluvio y que disminuyeron, él expresó su gratitud a Dios construyendo un altar.
Abraham construyó un altar. Isaac construyó un altar. Jacob, después de haber luchado con un ángel, y de tener su visión de la escalera que llegaba al cielo, recuerdas que durante la noche soñó y vio que los ángeles de Dios subían y bajaban en su escalera y cuando despertó por la mañana, dijo: «Ciertamente, el Señor está en este lugar y yo no lo sabía». “Y tomó la piedra que había puesto de cabecera, la erigió por señal y derramó aceite por encima.” Y después de que la ungió con aceite, marcó ese lugar y nombró aquel lugar “Betel, o la casa de Dios. “Y esta es”, dijo, “la (entrada) o la puerta del cielo”.
Ahora, lo que es significativo en estos incidentes que encontramos en el período patriarcal es que vemos la sacralización del tiempo y del espacio. Recordarás que en la Pascua Dios dijo: ‘quiero que ustedes recuerden este día para siempre’. Y así Dios tomó los días ordinarios de ese período y los hizo sagrados, los consagró mediante el memorial de la Pascua.
De la misma manera, en el Antiguo Testamento, vemos con frecuencia ejemplos donde se consagraron lugares o donde cosas se apartan como algo sagrado. Recuerda cuando Dios se le apareció a Moisés en la zarza ardiente, y Él lo llamó, y le dijo: ¡Moisés! ¡Moisés! “Quítate las sandalias de los pies, porque el lugar donde estás parado es tierra santa.”
Ahora es importante entender que en la fe bíblica y en la religión bíblica, el dominio de Dios está en toda la tierra. Como Él le dice a Moisés en el conflicto con Faraón, «Dios es el Dios de toda la tierra». Su presencia es ubicua; es decir, Él es omnipresente. No hay lugar donde Dios no esté.
El salmista clamó después: “¿Adónde me iré de tu Espíritu” Oh Señor, “Si subo a los cielos, he aquí, allí estás tú; si en el Seol preparo mi lecho, allí estás tú». Y esa idea de la presencia universal de Dios tiene raíces profundas en el Antiguo Testamento, y toda la tierra es sagrada; todo el planeta es santo ya que es posesión suya, pero a pesar de estos principios, aún existen estas intromisiones en el tiempo y espacio donde Dios se da a conocer de una manera peculiar y en un sentido particular adquieren un significado especial.
Entonces durante el período patriarcal, cuando Dios se iba a reunir con Su pueblo, el lugar a donde él llegaba era sagrado. Aun hoy nos referimos a Palestina como Tierra Santa y hacemos peregrinaciones y queremos caminar por donde Jesús caminó, y pararnos donde él se paró y nos llegamos a impresionar. Aun sabiendo que la tierra es común y corriente, se santifica por la visitación de Dios.
Ahora, todo el propósito de la creación del tabernáculo era ilustrar a Israel la promesa de Dios: «Yo estaré contigo». Él le había prometido eso a Abraham. ‘Abraham, Yo nunca te dejaré ni te desampararé’. La misma promesa le dio a Isaac. La misma promesa, en Betel, en el sueño de la medianoche, fue repetida a Jacob: “Nunca te dejaré ni te desampararé”. Cuando Cristo vino al mundo, es llamado Emmanuel que significa: “Dios con nosotros”.
Y la manera en que la presencia de Dios se marca y es simbolizada exteriormente en la experiencia del desierto en el Antiguo Testamento, es en la construcción del tabernáculo, el tabernáculo, como la tienda de reunión, el lugar donde Dios dice que vendrá y estará con su pueblo.
Por eso Dios le ordena a Moisés que construya esta enorme estructura, es una tienda. Y la razón por la que es una tienda es porque el pueblo de Israel aun no se había establecido en la tierra prometida. Aun están en transición.
Es un pueblo semi-nómada, yendo de un lugar a otro, deambulando por el desierto, pero el punto es que donde quiera que vayan, es Dios quien los lleva y es Dios quien promete estar con ellos. El pueblo mismo está viviendo en tiendas y se le manda construir una tienda para Dios.
Ahora, cada vez que el pueblo de Israel tenía que trasladarse de un lugar a otro y llegaba a una nueva ubicación o sitio para permanecer por un tiempo, tenía que acampar, básicamente, en forma circular y cada segmento del arco del círculo estaría ocupado por una tribu en particular.
Y las tribus acamparían alrededor del perímetro. Pero en el centro matemático exacto del campamento tendría que estar el tabernáculo, la tienda de reunión, la casa de Dios. Esto simboliza muchas cosas. Como ya he mencionado, indicaba el recordatorio visible de la promesa de Dios de estar en medio de su pueblo.
Recuerdo tiempo atrás durante el movimiento de los derechos civiles, en la historia de Estados Unidos, una canción se compuso que se hizo popular sobre todo para aquellos que participaron en las marchas por los derechos civiles. La gente cantaba al unísono: “A nosotros no nos moverán.” Decía, “A nosotros no, no, no nos moverán” y continuaba.
Y esas palabras fueron tomadas directamente de los salmos del Antiguo Testamento, específicamente del Salmo 46, que habla de la amenaza de destrucción y de catástrofe que podría sobrevenir a las naciones: ‘El mar ruge y está agitado. El mar golpea contra los lados de la montaña y la tormenta es tan fuerte que quizás hasta las montañas serán arrojadas en medio del mar’.
Pero, en contraste con las imágenes amenazantes de la tormenta y el mar, está la imagen pacífica y tranquila de un río. En la tradición de la poesía hebrea, el mar era símbolo del poder amenazante, mientras que el río era símbolo de vida. Debido a que el salmista continúa diciendo: “Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios”, porque “Dios está en medio de ella, no será sacudida”.
En otras palabras, la razón de la confianza del salmista para perdurar, estar estable y permanecer fue la promesa de que Dios estaría en medio de su pueblo; por tanto, ese es el primer y más importante significado de la ubicación del tabernáculo cuando el pueblo se reunía mientras avanzaban.
El segundo significado es este: que Israel no fue el único pueblo semi-nómada de la antigüedad. La mayoría de las naciones semitas de ese tiempo eran pueblos que pastoreaban y recorrían las regiones desérticas.
Y aun otras naciones que tenían asentamientos permanentes, a menudo marchaban para lograr una conquista militar, y la costumbre en la antigüedad era que cuando las naciones se movían y vivían en tiendas, la tienda central del campamento estaba siempre ocupada por el rey.
Ese era el lugar para el rey y el simbolismo del tabernáculo ocupando el centro del campamento era que el pueblo judío en este momento no tiene más rey que Dios. Dios es su rey y Él es un rey que no está remoto o distante, sino que Él es un rey que habita en medio de su pueblo. Ahora veamos parte de la estructura del tabernáculo mismo.
La entrada a la tienda mira hacia el este. Así que allí es el este, allí es el norte, allá es el sur y allí es el oeste, de hecho voy a… no lo haré, lo dejaré como está por ahora—la tienda era portátil. Podía ser armada y desarmada. Cuando la desarmaban y la trasladaban debía ser transportada por una subdivisión de levitas. Recuerda que los levitas fueron apartados para tareas sacerdotales.
Y en la tribu de Leví había una familia o un clan de la casa de Coat, y los coatitas eran los encargados de transportar los utensilios sagrados que eran parte del tabernáculo, a nadie más se le permitió manejar estas cosas.
Ellos fueron entrenados toda su vida para el manejo apropiado de cómo trasladar, desarmar y colocar los utensilios del tabernáculo. Vemos después que con la destrucción repentina de Uza cuando tocó el arca del pacto ya que había violado los preceptos que se dieron en la antigüedad con respecto al manejo de los utensilios sagrados especiales del Arca.
El tabernáculo en sí, o el santuario, tenía 1,003 metros cuadrados de tamaño, 1003 metros cuadrados. Esa es una tienda gigante. Pero el santuario mismo, la porción de espacio más grande de esta tienda estaba ocupada por el atrio exterior;
Y luego venía el atrio interior, conocido como el Lugar Santo y después venía el espacio más interno llamado el Lugar Santísimo, o Santuario interno, o el Sanctus sanctórum, lo más santo de lo santo. Es importante notar que el perímetro exterior estaba protegido por los levitas y la gente del pueblo no tenía acceso—ellos podían llegar hasta el tabernáculo, pero no podían entrar al tabernáculo.
Ciertas cosas que se llevaban a cabo dentro del santuario. Les repito, el santuario interior incluyendo tanto el Lugar Santo como el Lugar Santísimo, tenía casi 17 por 4 ½ metros, y en el atrio exterior había dos muebles que se encontraban allí: estaban la fuente de bronce y el altar del holocausto.
La fuente de bronce como su nombre lo indica estaba hecha principalmente de bronce, y era el lugar donde el sacerdote venía para el rito de purificación. Antes de que pudieran realizar sus deberes sacerdotales, tenían que purificarse a sí mismos. Tenían que lavarse.
La palabra ‘fuente’ en el original, es de donde sale la palabra ‘baño’, así que ellos lo hacían simbólicamente, tomaban un baño limpiándose con el agua que estaba en la fuente de bronce. Ahora, el altar del holocausto era el lugar donde se quemaba el sacrificio de animales y se ubicaba en el atrio exterior; tenía cuatro postes, uno en cada esquina, que se llamaban los cuernos del altar.
A veces se sujetaban a los animales a los cuernos del altar a fin de facilitar todo el proceso de matarlos y quemarlos. Recuerdas cuando Adonías buscó refugio corriendo y agarrándose de los cuernos del altar.
Lo interesante para mí es que a medida que te acercas al Lugar Santísimo, hay un nivel progresivo de lo sagrado, el cual se ve reflejado por el aumento en el nivel de materiales preciosos usados en los utensilios y en el mobiliario que había adentro.
De nuevo, volvamos al panorama general. Está este círculo que describe todo el campamento y todo lo que estaba fuera del campamento era considerado inmundo.
Este era el lugar de los gentiles. Esto era lo que simbolizaba la oscuridad exterior que estaba siendo removida desde el centro donde Dios derrama los dones de su misericordia y gracia; y cuanto más te acercas al centro, más te acercas a la presencia directa de Dios. Entonces, ellos entendieron que Dios en realidad estaba en todas partes, pero en su actividad redentora, donde se enfocaron los medios de su gracia, estaba el más sagrado de todos los lugares, el Lugar Santísimo, y cuanto más te alejabas del Lugar Santísimo, más te acercabas hacia el lugar que era inmundo y que simbolizaba la oscuridad exterior.
Este simbolismo se usa en toda la enseñanza de las Escrituras, en los escritos de los profetas y también en el Nuevo Testamento. Se ha dicho, por ejemplo, que el evangelio de Juan sigue en su contenido, así como el libro de Apocalipsis, se basan mucho en el mobiliario que se encontró, primero, en el tabernáculo y posteriormente en el Templo, donde estaban los candelabros y todas esas cosas repetidas.
Y que Cristo, en el evangelio de Juan, es llamado la “Luz del mundo” porque en el Lugar Santo, estaba el candelabro, el candelabro de siete brazos, la menorá con la luz encendida de forma permanente, simbolizando, una vez más, la presencia eterna de Dios.
En el Lugar Santo también estaba el altar del incienso, era más pequeño que el altar del holocausto, pero estaba hecho de materiales más preciosos, Pero el propósito del altar del incienso era ilustrar la obra de la oración. Los sacerdotes iban allí y ofrecían sus oraciones por el bienestar del pueblo y el significado del incienso era que cuando este era quemado en el altar, esparcía un aroma agradable en el ambiente. Y eso era importante porque recordarán que están sacrificando animales dentro y alrededor del santuario y eso era algo muy oloroso de vez en cuando,
Y así, el olor que provenía del centro religioso de Israel resultaba más dulce y agradable por la presencia del altar del incienso. Cabe resaltar también que este altar nos dice mucho sobre el lenguaje del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento. Por ejemplo, cuando el pueblo de Israel obedecía a Dios y Dios se complacía con ellos, Él decía que la fragancia de sus oraciones era “un aroma agradable para el Señor”, pero cuando el pueblo se corrompió y su adoración degeneró en una rutina externa y cosas así, Dios les habló en juicio diciendo: “desprecio vuestras fiestas, tampoco me agradan vuestras asambleas solemnes” ‘tus sacrificios me son abominación. Son un hedor en mi nariz’.
De nuevo, en el Nuevo Testamento, la obra de Cristo se describe como un aroma dulce y fragante a Dios, ya que no solo cumplió con todo lo del tabernáculo, sino que, en sentido real, con cada una de sus partes. Él es la luz del mundo. Él es el pan de vida.
Otro mobiliario en el Lugar Santo era la mesa de los panes –y Él es el pan de vida—ahí hay una hogaza de pan por cada una de las 12 tribus, indicando así la provisión de Dios para con su pueblo en sus necesidades de este mundo y en el desierto.
Cristo es la fuente de nuestra regeneración. Él es quien limpia a su pueblo de sus pecados. Y Él es el que ha sido sacrificado por ellos. Toda la obra personal de Cristo está simbolizada en estos diversos elementos del tabernáculo, pero nada como lo que sucede en el Lugar Santísimo donde se encuentra el mobiliario más sagrado de toda la religión judía: El Arca o el Cofre; que es llamado el Arca del Pacto. Es un cofre que está hecho de madera de acacia y cubierto con oro puro. Tenia unos grandes querubines esculpidos con sus alas ocultando y cubriendo el cofre.
El cofre contenía ciertos artículos. Los artículos que estaban en el cofre eran: las tablas de piedra, los diez mandamientos, la vara de Aarón que floreció y una vasija con el maná que se recogió y se preservó de la provisión que Dios dio a su pueblo en el desierto. Pero lo más resaltante del arca era que la tapa del cofre se llamaba propiciatorio ya que el Arca del Pacto era el símbolo del trono de Dios, su trono de autoridad y lugar de juicio.
Así que era en el Lugar Santísimo donde el Sumo Sacerdote, y solo el Sumo Sacerdote, podía entrar, y solo una vez al año en el día de Yom Kippur; y aún así, solo después de un elaborado ritual de limpieza; y entraba y rociaba la sangre del cordero en el propiciatorio. En griego se llama ‘hilasterion’ o la reconciliación porque con esa acción la sangre del sacrificio se convierte en una cobertura del Tribunal de Dios que nos protege de su juicio. Y así, toda la obra de redención—su juicio, su misericordia—se encuentra en el simbolismo viviente del Tabernáculo de Reunión que Dios visita a su pueblo.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation