La imagen de Dios en el hombre

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La imagen de Dios en el hombre

R.C.Sproul

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Del polvo a la gloria. Cuando consideramos el título de este estudio y la introducción de las Escrituras, me intrigan un poco las palabras del medio, «a la». Del polvo a la gloria.

Usamos esas palabras con frecuencia en nuestro idioma, ¿no es así? Decimos que algo es de la «A a la Z.» La Biblia habla que Israel subió a la región montañosa, por ejemplo. Cuando utilizamos estas palabras «a la», estamos hablando de una meta, un objetivo o un propósito.

Estamos describiendo algún tipo de movimiento que tiene su punto de partida aquí y un destino por allá. Recuerdan nuestro estudio de Génesis 1, en la primera frase del Antiguo Testamento tenemos la afirmación de que existe un punto de partida en el tiempo y el espacio, pero que lo que comienza en un determinado punto en el tiempo y espacio está moviéndose.

No solo los planetas se mueven en sus órbitas, sino que la historia misma se está moviendo. Se mueve a un punto designado. Y en el concepto hebreo de la historia, estamos hablando de la historia que se inauguró con el acto de la creación de Dios, y que tiene su meta y su consumación en el propósito redentor de Dios. Me gusta contar la historia de una de mis nietas que, ahora mismo, tiene más o menos tres años. Tan pronto como aprendió a hablar, mi hijo empezó a enseñarle el catecismo infantil con preguntas muy simples. «Darby, ¿quién te hizo?» Y Darby decía: «Dios me hizo.» Mi hijo tenía esas preguntas y la que más me gustaba y que solía preguntarle a Darby cuando ella tenía dos años de edad era: «Darby, ¿por qué Dios te hizo a ti e hizo todas las cosas?» Darby decía con simpleza, «Para su gloria».

Y pensé: «Espero que ella nunca, nunca jamás se olvide de eso». Ese es el punto, la pregunta del «por qué». ¿Por qué un mundo? ¿Por qué la gente? ¿Por qué la historia? Para su gloria.

Ahora, cuando utilizamos la palabra «para» en este caso, o las palabras «a la,» estamos incorporando en nuestras mentes una idea muy importante, la idea de propósito. Ahora, cuando leemos las Escrituras, estamos leyendo un libro que va mostrando en cada página un propósito divino para tu existencia, para mi existencia, y para la existencia de todo este universo.

Hace poco estaba de vacaciones con mi esposa. Y no estoy acostumbrado a estar a tal nivel de relajación donde no hay «nada que hacer», porque realmente he encontrado que es imposible no hacer nada. «Nada» no es otra cosa que «lo que no es». Y dado que ‘no es’, no puedo hacerlo.

Así que yo le decía a mi esposa todos los días, «¿Qué quieres hacer hoy? ¿Qué vamos a hacer?» Le estaba haciendo una pregunta de propósito. «¿Cómo usaremos este tiempo?» «¿Cuál debería ser nuestro objetivo? ¿Cuál debería ser nuestra meta?» Ahora, cuando nos sumergimos en la historia de la creación de la humanidad, al final de capítulo 1 del Génesis, tenemos este registro.

Génesis 1:26: «Y dijo Dios: «Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y ejerza dominio sobre los peces del mar, sobre las aves del cielo, sobre los ganados, sobre toda la tierra, y sobre todo reptil que se arrastra sobre la tierra. Creó, pues Dios al hombre a imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.”

¿Lo puedes ver? Al igual que en la primera línea del Antiguo Testamento, aquí hay una descripción del obrar de Dios con propósito. Dentro de la Divinidad, hay una conversación. Dentro de la Trinidad hay un acuerdo. Dentro de la Divinidad, hay un plan de acción. Y no es como si el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo estuvieran de vacaciones, y uno le dice al otro: «Bueno, ¿Qué vamos a hacer hoy?»

Sino que hay una declaración de propósito que viene de Dios mismo cuando Él dice, «Vamos a hacer algo. Hagamos ahora al hombre a nuestra propia imagen». Ahora, de nuevo, esta es una declaración tan sencilla en Génesis que podemos inclinarnos a pasarla con rapidez y dejar de señalar su profundo significado.

Si hay alguna crisis en el pensamiento humano y la filosofía a finales del siglo 20, sobre todo en el mundo occidental, es una crisis que se centra en esta palabra: «propósito». Y la crisis de propósito se une junto con el eclipse de la idea de la creación divina, porque está implícito en la idea de la primera línea de la Escritura que en el principio Dios creó los cielos y la tierra.

Y es está idea de que el mundo y todo lo que hay en él, no es un accidente, sino, más bien, que todo ha llegado a ser a través de una decisión inteligente, ordenada de un ser sobrenatural que tiene un propósito para todo lo que hace. Pero si adoptamos la visión del mundo que predomina hoy, nos separamos instantáneamente de toda esta idea de propósito porque, ¿qué se nos dice? Se nos dice que somos el producto de fuerzas ciegas del azar. Como un filósofo dijo, «Somos gérmenes adultos que hemos surgido del fango por casualidad. Somos accidentes cósmicos sin propósito inherente a nuestra existencia».

Es por eso que Albert Camus hizo la observación filosófica a mediados del siglo 20, de que solo queda una pregunta por considerar a los filósofos, y esa es la pregunta del suicidio ya que el suicidio se convierte en una opción cuando no hay respuesta a la pregunta: «¿Por qué?» En el momento en que creo que mi vida no tiene propósito y que la historia no tiene propósito, y el universo mismo no tiene propósito, si es que aún pienso, tengo que hacer la pregunta que planteó Camus.

Hamlet lo dijo de esta manera: «Ser o no ser, esa es la pregunta». Lo que hizo es ponerse a reflexionar sobre su propio dilema, «¿Ser o no ser? Esa es la pregunta». ¿Qué es lo más noble en la mente, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta, u oponerse al acabar con ellos? ¿Qué estaba preguntando? Él dijo: «Aquí estoy, tirado en mi existencia en este momento y lo que enfrento, según lo que puedo ver son golpes y flechas — ¿de qué?» De la fortuna, fortuna injusta.

Esa es una manera sofisticada e isabelina de considerar la existencia humana solo como un producto del azar — que tu vida es un evento fortuito. Y eso es lo que el punto de vista imperante de nuestra cultura le está gritando cada día a nuestros hijos. «Tú eres un accidente cósmico». «Eres un germen adulto». «Vienes de la nada, vas a la nada, pero mantente tranquilo cuando enfrentes el azar y la suerte, las cuales son adversas».

Pero la pregunta que se plantea es un asunto de nobleza, un asunto de virtud. ¿Qué es lo más noble en la mente, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta u oponerse, acabar con ellos, morir? Esa es la opción: morir. ¿Y luego ¿qué? Dormir, tal vez soñar. Ahí está el problema. Porque en aquel sueño de muerte, los sueños que puedan surgir cuando hayamos muerto deberían darnos una pausa, ahí está el aspecto que se vuelve una calamidad. Oh, adiós vida”.

Él está diciendo, «¿Qué pasa si hay algo más allá? ¿Qué pasa si soy responsable? ¿Qué pasa si hubiera un propósito para mi existencia? ¿Y qué si hay más que una fortuna injusta en la que me encuentro?» Esa pregunta que hace eco en la literatura, en el cine, en cada medio cultural, es el tema del propósito. ¿Quién soy? ¿Por qué soy?

La respuesta a esta pregunta se encuentra al final del capítulo 1 cuando Dios dice, «Hagamos al hombre.» En donde el acto del origen de la existencia humana es el resultado de una decisión inteligente de un ser omnisciente y eterno que sabe lo que está haciendo. Como lo dijo alguna vez Albert Einstein, «Él no juega con dados». Lo que Einstein estaba diciendo es que el origen del universo no es producto del azar sino que es la obra de una deidad intencional.

Yo podría decir que el problema que separa las visiones del mundo en nuestro día se reduce a esta pregunta: «¿Hay un propósito para tu existencia o no lo hay?» Y si no hay Dios, te garantizo que no hay propósito. Y si no hay propósito, entonces no hay Dios.

Pero si hay un Dios, entonces hay un propósito. Y si hay un propósito debe haber un Dios. Incluso Aristóteles entendió eso. O mejor dicho, especialmente Aristóteles entendió eso. “Hagamos al hombre a nuestra imagen,” y así, la Escritura nos habla del origen de la humanidad.

Y el lenguaje que se utiliza aquí en Génesis es un poco difícil de comprender, porque se nos dice que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. ¡Guau!

Después de todas las etapas anteriores de la creación donde Dios hace los árboles y hace los ríos y hace la luz del sol y divide los días y llena el agua con peces, y el aire con las aves, y hace que todos los distintos tipos de reptiles y todos los demás animales. Y cuando mira hacia atrás y ve lo que Él ha hecho, Él pronuncia su bendición y dice: «Es bueno».

Pero Él no ha llegado a la cima de su obra hasta que dice: «Después de que tengo todas estas criaturas y todos estos habitantes y todas estas cosas dominando y llenando el universo que he hecho, miro y veo que nada lleva mi imagen, nada tiene mi semejanza. Y así Dios dijo: «Vamos a hacer una obra creativa cuyo propósito sea ser a mi imagen y semejanza. Voy a hacer una criatura. No puedo, evidentemente, crear otro Dios.

Ni siquiera Dios puede crear otro Dios porque este segundo Dios, por definición, sería una criatura. Él sería finito, dependiente, derivado, contingente y todo lo demás. Esa es una de las cosas que Dios no puede hacer. No puede clonarse a sí mismo.

Así que no puedo simplemente duplicarme a mí mismo. Pero voy a crear una obra especial, con una capacidad especial para ser como yo, para llevar mi imagen, para reflejar mi gloria, para mostrar mi carácter al resto de la creación.

Y tomaré esta obra creativa y le daré dominio sobre todo lo demás. Así que todas las otras cosas, todas las demás criaturas en este mundo estarán subordinadas a esta criatura, que es la portadora de mi imagen». Así Dios nos crea a su imagen y semejanza. Ahora eso no quiere decir que somos exactamente como Dios. Pero hay cierta analogía, alguna analogía del ser, alguna manera en que nosotros, como seres humanos, somos como Dios.

Los filósofos y teólogos han especulado durante siglos, sobre qué es lo que precisamente implica esta idea de la imagen de Dios. Y en general lo que se asume que, al menos, parte de lo que significa ser a imagen de Dios es que Dios es un ser inteligente. Él es omnisciente. Él piensa. El está apercibido. Él es consciente.

Mira Star Wars y toda la película repite una misma línea una y otra vez, «Que la fuerza te acompañe». Pequeño consuelo el tener una fuerza contigo. ¿Qué significa eso? ¿Una descarga eléctrica? ¿Gravedad? ¿Un maremoto? ¿Erupción volcánica?

Todas esas son las manifestaciones de la fuerza, pero ¿podemos concebir la fuerza sin inteligencia? Ser hecho a imagen de Dios significa ser capaz de ser parte de este increíble fenómeno que llamamos pensar, reflexionar, decidir, aprender, conocer, razonar.

No podemos pensar como Dios piensa, como si tuviéramos omnisciencia o que seamos infinitos en nuestra perspectiva. En lo absoluto. Pero tenemos un punto de similitud, un punto de semejanza. No solo eso, sino que, al ser creados a su imagen, también somos criaturas morales. Vamos a estar estudiando próximamente, la historia de la caída en el Antiguo Testamento, la gran tragedia, por así decirlo, de la historia humana.

Pero lo único que se requiere para caer en la corrupción moral, es que debe haber una naturaleza moral con la cual empezar. Cuando la lluvia cae de los cielos y las gotas de agua golpean la tierra, no lo consideramos como si fuese pecado. Nosotros no pensamos en esto como una caída moral o como un asunto de corrupción.

Cuando un objeto cae al suelo, simplemente obedece las leyes de la naturaleza, de la gravedad en ese momento. Pero cuando hablamos de creación y redención, el gran problema que se está resolviendo en el ámbito de la historia bíblica es el problema de una caída moral.

Pero para que haya un problema de caída moral, primero tiene que haber una criatura moral. Y así, cuando Dios nos hace, Él no solo nos hace seres inteligentes, seres pensantes, seres racionales, sino que Él nos da una voluntad. Él nos da emociones para que podamos tomar decisiones y participar de acciones que son de tipo moral. No hay nada moral o inmoral en el rodar de una piedra o el soplo del viento, porque el viento no tiene conciencia. El viento no es más que una fuerza. En una palabra, lo que le falta es personalidad.

Pero cuando Dios crea y hace criaturas a su imagen, las hace personas. Tú eres una persona y entiendes, aunque no seas capaz de articular filosóficamente lo que implica la personalidad y lo que esto involucra con precisión. Sabes lo que significa cuando escuchas la palabra. Sabes que eres una persona, y todo lo que implica ese concepto dinámico de la personalidad.

Pero la personalidad que Dios inicia u ordena en la creación no es unidimensional. No es unisexual. No es andrógina. Sino que, Él crea a estas personas, hombres y mujeres. Así que, incluso dentro de la esfera humana de la creación, Dios crea un escenario para una relación que es magnífica entre un hombre y una mujer. Y Él capacita y dota a estas personas con una habilidad única para reflejar la misma gloria de Dios. Creo que muchas veces olvidamos el objetivo de la historia de la creación, porque se nos dice en el Génesis que todo el proceso de la creación se realiza en siete días. Y algo diferente, y único sucede en cada día de la creación.

Y el día de consumación para el judío nunca es el sexto día. Siempre es el séptimo día. Así que el día final es el séptimo día. El penúltimo día es el sexto día. ¿En qué día fuimos hechos? No en el séptimo, sino en el sexto. Debido a que el séptimo día es santo.

Ha sido hecho sagrado. Creo que en ese mismo acto, en esa misma obra de la creación, Dios le está diciendo algo a esas criaturas que Él hizo en el sexto día. Él nos está diciendo algo acerca de nuestro propósito. Que tú, como persona hecha a la imagen de Dios, has sido hecho para lo sagrado. Has sido hecho para lo Santo. Has sido hecho para reflejar su gloria.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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 8/10 – Mejor que la fuerza de voluntad

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Vivifícame conforme a Tu Palabra (Salmo 119)

 8/10 – Mejor que la fuerza de voluntad

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/mejor-que-la-fuerza-de-voluntad/

Leslie Basham: Si estás tratando de leer más la Biblia en este año 2014, Nancy Leigh DeMoss te dice que necesitas más que fuerza de voluntad.

Nancy Leigh DeMoss: No podemos hacerlo por nosotras mismas. No podemos seguir Su ley por nuestra cuenta, no podemos conocer Su Palabra por nosotras mismos. Necesitamos Su ayuda. Necesitamos Su gracia. Necesitamos Su Espíritu para instruirnos en lo que la Palabra de Dios significa y para poder someternos a ella y obedecerla.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Aquí Nancy está continuando con la serie llamada, Vivifícame conforme a Tu Palabra.

Nancy: Algunas de ustedes tal vez estén familiarizadas con la investigación que hace George Barna sobre la religión en los Estados Unidos. Una de las cosas que él ha venido hablando desde hace unos años que ha sido de gran preocupación para mi corazón es todo este asunto del analfabetismo Bíblico—personas que se llaman cristianas, se consideran seguidores de Cristo, pero que no conocen la Palabra de Dios.

No sé si ha habido un momento en mi vida, que es más de la mitad de un siglo ahora, en que la alfabetización bíblica haya estado tan en baja como lo está hoy. Un informe reciente de Barna sobre los resultados de sus investigaciones, hablaba que el conocimiento bíblico no es una realidad en los EEUU ni tampoco una meta. Él dijo:

“La lectura de la Biblia se ha convertido en el equivalente religioso de una cuña periodística. Cuando la gente lee la Biblia, por lo general al abrirla, lee un breve pasaje sin prestar atención al contexto, y considera la idea principal o sentimiento que el pasaje proveyó. Si se sienten cómodos con ella, lo aceptan, pero de lo contrario, lo consideran interesante pero irrelevante para su vida, y siguen hacia adelante.

Sorprendentemente, existe poco crecimiento evidente en cuanto a la comprensión que tienen las personas de los temas fundamentales de las Escrituras, e increíblemente muy poco interés en la profundización de su conocimiento y en la aplicación de los principios bíblicos.”

Estas fueron sus conclusiones como resultado de encuestar a miles de personas acerca de lectura de la Biblia. Él dice:

“Al momento de llegar a los 13 ó 14 años de edad, la mayoría de los estadounidenses consideran que ya conocen todo lo importante o de valor que la Biblia tiene que enseñar y ya no están interesados ​​en aprender más contenido de las Escrituras. En una cultura movida por el deseo de recibir valor, incrementar la enseñanza de la Biblia no se ve generalmente como un ejercicio en la provisión de dicho valor”.

¿Captaste eso? La gente dice que si tiene un valor inmediato para mí  lo quiero, pero cuando a la edad de trece o catorce años ya creo que he captado todo lo que puedo extraer de allí, aprender o leer más no es una prioridad  para mí porque no encuentro valor alguno en ello.

Pues bien, esta forma de pensar es lo que está dando lugar, dentro de nuestras vidas, a los tiempos de menos moralidad,  menos sabiduría, menos sentido común, menos virtud, entre los cristianos o los llamados cristianos en nuestras iglesias.

La carencia de conocimiento de la Palabra de Dios—ni hablar de su aplicación, de ponerla por obra o de compartirla con otros—el conocimiento y entendimiento de la Palabra de Dios y de los caminos de Dios es tan abismalmente bajo, que las personas están dirigiendo sus vidas, están viviendo  sus vidas, están tomando decisiones, están haciendo vida de iglesia sin hacer referencia al manual de Aquél que nos creó, que nos formó, que hizo la familia, que hizo la iglesia, y nos dice cómo todas estas cosas deben funcionar.

Ahora bien, sería fácil para mí quejarme de esto—y algunos de ustedes pensarán que  lo acabo de hacer— pero mi interés no es tanto quejarme como asombrarme acerca de  las maravillas de la Palabra de Dios. Y rogarte,  suplicarte, hacerte un llamado a que este año conozcas la Palabra de Dios como nunca antes. Si ya estás leyendo la Palabra de Dios todos los días, quiero animarte a que leas más.

Yo estaba con alguien la semana pasada, un predicador itinerante que está viajando por todo el mundo. Si yo tuviese el itinerario de este hombre, estaría en un estado permanente de desfase de horario. Él viaja todo el tiempo, predicando en todas partes, y él me estaba diciendo acerca de cómo él lee el Antiguo Testamento seis veces al año y el Nuevo Testamento todos los meses. Lo miré y le dije: «¿Cuánto tiempo te lleva hacer eso?» Él me dijo: «Dos horas todos los días.» Él escucha la Biblia en un CD y sigue el audio al mismo tiempo leyendo en su Biblia.

Ahora, algunas de ustedes estarán diciendo que no hay manera de que uno pudiera tomarse dos horas para esto. Bueno, tal vez no puedas. Pero, ¿Qué puedes hacer? Si ya estás leyendo la Palabra de Dios todos los días, pídele a Dios que te muestre cómo podrías leer más. Y si no estás leyendo la Biblia constantemente, sino que la estás leyendo de forma esporádica, entonces haz el propósito de leerla regularmente.

Algunas de ustedes no leen la Biblia en lo absoluto. De seguro tienes que despolvarla para llevarla a la iglesia (si es que la llevas a la iglesia). Así que donde quieras que estés, pídele a Dios que te lleve más lejos en tu caminar este añoY te estoy desafiando a que leas la Biblia todos los días durante este año 2014.

Es la mayor pieza de sabiduría o el mejor consejo que podría darte a medida que comienzas este año. Si lo haces, dentro de un año, estarás agradecida de haberlo hecho. Tu vida no será la misma.

Ahora, es más que leer. La lectura por sí sola no es suficiente, y estamos hablando de esto en esta serie. Pero lo menos que puedes hacer es leerla. Todas las demás cosas —obedecerla, meditarla, compartirla con otros—no lo podrás hacer a menos que no la estés leyendo.

Hoy, quiero concentrarme en dos conceptos. No sabía bien dónde ubicarlos en esta serie, así que solo voy a ponerlos aquí. Solo quiero desafiar tu pensamiento en estas dos áreas.

La primera es en relación a la meditación—la meditación de la Palabra de Dios. James Montgomery Boice ha escrito un gran comentario sobre los Salmos que fue muy útil para mí en la preparación de esta serie sobre el Salmo 119, él dijo,

“La meditación es recordar lo que hemos aprendido de memoria y luego, volverlo a pensar en nuestras mentes una y otra vez para ver la más completa implicación y aplicación de la verdad.”1

Es una definición útil. Es recordar lo que hemos aprendido de memoria. Así que primero lo lees—lo memorizas. No tienes que memorizar toda la Biblia para meditar en ella. Pero tomas una parte, un versículo, una frase, una palabra, una estrofa, un capítulo, o un pequeño libro de la Biblia tal vez. Memorízalo, léelo una y otra y otra y otra vez. Mientras lo haces, le estás dando vueltas y vueltas en tu mente para ver las más amplias implicaciones y aplicaciones de la verdad.

Estás examinando. Es como cuando ves a un joyero que toma un diamante y lo mira desde todos los ángulos bajo luces diferentes que tratan de ver las diferentes facetas y las formas como brilla.

El múltiple esplendor de las maravillas de la Palabra de Dios es tan magnífico. La meditación en la Palabra de Dios  lo revelará a tu corazón. Ves este énfasis en la meditación durante todo el Salmo 119. Permíteme que lea algunos de esos versículos.

“Meditaré en tus preceptos y fijaré mis ojos en tus caminos.” (Versículo 15)

Otra forma de describir la meditación consiste en fijar mis ojos en ella.

“Levantaré mis manos a tus mandamientos, los cuales amo, y meditaré en tus estatutos.” (Versículo 48)

“¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” (Versículo 97)

“Tengo más discernimiento que todos mis maestros, porque tus testimonios son mi meditación.” (Versículo 99)

“Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, [¿Y qué es lo que hace? ¿contar ovejas? ¡No!] Meditar en tu palabra”. (Versículo 148)

No sé si es porque el salmista no podía dormir, o porque estaba tan entusiasmado con la Palabra de Dios que él solo quería estar despierto y meditar. Lo que sea que haya sido, él solo quería meditar en la Palabra de Dios.

La palabra meditación —que has escuchado una y otra vez aquí, es la palabra hebrea que significa «reflexionar, considerar, pensar en algo». Comunica la idea de pensar y pensar acerca algo en tu mente, ensayándolo una y otra vez,  ya sea internamente, reflexionando sobre ello en silencio, o recitándola en voz alta con otros, comentándola con otros. La meditación interna o hablar de ella con otras personas—son diferentes formas de meditar en la Palabra de Dios.

A mi me gusta caminar con una compañera. Y he tenido muchas a lo largo de los años y una de las cosas que me gusta hacer cuando estoy preparando una serie como esta. . . Estaba caminando con una amiga  en la última semana, y estuvimos hablando de estos temas. Le hablo de lo que estoy preparando para enseñar. Estoy meditando en eso. Lo estoy meditando una y otra vez en mi mente.

Algo que he estado meditando mientras he estado preparando esta serie es todas las veces que el salmista habla acerca de deleitarse en las leyes de Dios. La gente no se deleita en las leyes en general. ¿Cómo se deleitaba en las leyes de Dios y por qué? He estado reflexionando en esto. He estado meditando en ello. ¿Qué significa eso? ¿Cómo se llega a gozar de las leyes de Dios? Si no te gozas o te deleitas en las leyes de Dios, ¿por qué no lo haces? He estado meditando sobre eso. Lo he estado pensando. Estoy reflexionando sobre esto conmigo misma. Lo estoy ponderando y hablando con los demás. Eso es meditación.

«Abre mis ojos», dice el salmista en el versículo 18, «para que pueda contemplar las maravillas de tu ley.» Esa palabra ‘contemplar’ significa «fijar sus ojos en ella,  pensar en ello, para contemplarla, para prestarle atención». Significa mirar fijamente algo. No es solo un vistazo sobre la Palabra de Dios. Se trata de fijar la mirada en un versículo, o en una palabra, o un pasaje, o un concepto en la Palabra de Dios.

“Los impíos me esperan para destruirme; tus testimonios consideraré.” (Versículo 95)

Medito sobre esto. Fijo los ojos ello. Lo observo. Ahora en el Salmo 119, vemos que la meditación en la Palabra de Dios está destinada a ser una forma de vida—algo que hacemos todo el tiempo, no solo en nuestro tiempo de quietud, o ese tiempo destinado a la meditación de la Palabra de Dios. Pero se supone que es algo que hacemos todo el tiempo. Te acodarás en Josué, el capítulo 1, la Escritura dice que si meditamos sobre la Palabra de Dios día y noche, vamos a prosperar en todo lo que hagamos. Medita en el día y en la noche en la  Palabra de Dios.

El Salmo 1 habla acerca de meditar en la Palabra de Dios todo el tiempo. Esto mismo lo ves en el Salmo 119. Mira el versículo 55 por ejemplo.

“Por la noche me acuerdo de tu nombre, oh SEÑOR, y guardo tu ley.”

Pensar en el carácter de Dios y en Su Nombre y en Sus caminos — no solo durante el día, sino también en la noche.

“A medianoche me levantaré para darte gracias por tus justas ordenanzas.” (Versículo 62)

Yo tenía huéspedes ayer por la noche, y uno de ellos llegó  temprano en la noche. Pero dos universitarias no llegaron a casa hasta después de la medianoche. Creo que fue alrededor de las 12:30. Bajé las escaleras. Yo todavía estaba terminando de prepararme para hoy. Uno de los invitados dijo: «Oh, pensé que estabas siguiendo el Salmo 119, cuando dice,  “A medianoche me levanto para alabarte, a causa de tus justas ordenanzas”. Y yo pensé, ‘no, me levanté para ver a los huéspedes que llegaban’. Bueno, pues la idea de este salmo no es esa; es más bien levantarse porque deseas despertarte para pensar acerca de las ordenanzas de Dios y alabarlo.

“Me anticipo al alba y clamo; en tus palabras espero.” (Versículo 147)

Realmente, pienso que el salmista tenía problemas con el insomnio o algo parecido, pero es interesante cuántas veces él habla de meditar sobre las maneras de Dios durante la noche. “Yo espero en tus palabras”.

“Mis ojos se anticipan a las vigilias de la noche, para meditar en tu palabra.” (Versículo 148)

Y el versículo 164, cubre el resto del día:

“Siete veces al día te alabo, a causa de tus justas ordenanzas.”

No creo que eso significaba que establecía una alarma—que dividiera el día en siete períodos y que la alarma se disparara cuando fuera el tiempo—aunque eso no es una mala idea. Y si tienes un teléfono inteligente o una alarma en el reloj o lo que sea para establecer los tiempos para detenerte y meditar en la Palabra de Dios, no sería mala idea. Pero el siete es el número de la perfección, es el número que implica que algo está completo. Y creo que probablemente lo que él se refiere en realidad ‘es todo el tiempo, todo el día, cada vez que tengo la oportunidad’: «Yo te alabo por Tus justas ordenanzas, por tus normas por tus reglas. Estoy pensando en Tus caminos». De eso se trata la meditación.

Algunas de ustedes están familiarizadas con el comentario de Matthew Henry de la Biblia. Es un gran recurso. Él era un comentarista puritano. Tenía un padre piadoso llamado Philip Henry, que vivió a mediados de los años 1600. Y al hablar de su padre, Philip Henry, Matthew dijo:

“Cuando me exhortaba a estudiar las Escrituras, mi padre me aconsejaba tomar un versículo del Salmo 119 cada mañana para meditarlo, y así ir sobre el Salmo dos veces al año”.

Así que su padre le dijo que tomara un versículo del Salmo 119 por la mañana, y que meditara en este versículo durante el día. Haciéndolo de esa forma estarás yendo a través del Salmo 119 dos veces al año. Y su padre dijo que,

“esto te enamorará del resto de la Escritura”; y solía decir; “Crecemos en gracia a medida que crecemos en el amor por la Palabra”.

¿Tú quieres amar la Palabra de Dios? Medita en el Salmo 119. Simplemente comienza a hacerlo. Medita sobre el salmo; tal vez un versículo al día, quizás léelo todos los días por varias semanas consecutivas. Solo te tomará 15 minutos leerlo completo. A medida que tu amor por la Palabra de Dios aumente, crecerás en gracia en todas las áreas de tu vida. La meditación comienza con la lectura, la lectura de la Palabra de Dios.

Me encanta esta cita de J.C. Ryle. Él dijo: «Dale a la Biblia el honor, que se merece cada día de tu vida. Si vas a leer, lee la Biblia primero que cualquier otra cosa.”

Mi papá vivía este principio. Él decía unas frases, pequeñas frases. Una de ellas era: «Si no hay lectura de la Biblia, no hay desayuno.» Y él era un hombre que tenía que tomar el desayuno—a las ocho de la mañana. Así que él iba a la Palabra antes del desayuno. Pero también tenía este hábito personal particular de no leer nada más en el día antes de leer la Palabra de Dios. Eso es lo que James C. Ryle dijo, “leas lo que leas, que primero sea la Palabra de Dios”.

Ahora, en este desafío que estamos dando este año, no estoy diciendo cuándo leer la Palabra de Dios. Creo que empezar el día con la Palabra de Dios es un gran hábito. Pero tal vez sea mejor para ti, cuando tus hijos estén durmiendo la siesta o cuando llegues a casa del trabajo. Eso sí, no trates de leer la Palabra de Dios cuando estés agotada al final del día o te dormirás y no podrás extraer mucho de ella.

Pero la meditación va más allá de la lectura. Se inicia ahí, pero va más allá. Y aquí hay tres preguntas que debes hacerte cuando estés meditando en un pasaje de la Escritura.

• Número uno: ¿Qué nos dice este pasaje acerca de Dios? ¿Qué dice acerca de quién es Él y acerca de lo que Él hace?

• Número dos: ¿Qué dice este texto acerca de nosotros los seres humanos? ¿Qué dice esto acerca de la gente? ¿Cómo deberíamos ser y  qué ha fallado?

• El número tres: ¿Qué ha hecho Dios acerca de esto y qué es lo que espera de nosotros a la luz de lo que Él ha hecho?

Así que tienes: ¿Quién es Dios? ¿Quiénes somos nosotros? ¿Cuál es nuestra condición caída? ¿Y qué hace la gracia de Dios para resolver nuestra condición caída? Una manera útil de pensar acerca de la meditación de la Palabra de Dios.

Es muy importante que no aceleremos nuestra lectura de la Biblia. Mi padre, que puso tal énfasis en la lectura de la Biblia en nuestra casa, solía decir que había dos cosas que nunca se debían leer con velocidad. Y él quería que aprendiéramos la lectura rápida—incluso nos hizo tomar un curso para aprender a leer rápido. Sin embargo, nos advirtió sobre dos cosas que no debíamos leer con velocidad: una eran las cartas de amor, y la otra era la Biblia. La Biblia es la carta de amor de Dios. Así que no corras a través de la Biblia.

A veces, me encanta ir a un ritmo más rápido, pero asegúrate de que también estás tomando tiempo para meditar en porciones más pequeñas para reflexionar sobre ello. Me encanta lo que Spurgeon dice acerca de esto. Él dice: «¡Oh, sumergirse en un texto de la Escritura, y dejar que sea aspirado por tu alma, hasta que se sature tu corazón!»

Ahora bien, en los pocos minutos que nos quedan, quiero referirme a otro punto. Yo no sabía dónde meter esto, así que lo estoy pegando aquí. Simplemente creo que es realmente importante. Es otro punto que surge del Salmo 119. Y es que debemos recordar que necesitamos la ayuda de Dios para leer, estudiar, meditar, obedecer Su Palabra. No podemos hacerlo por nuestra cuenta, no podemos guardar Su ley por nuestra cuenta, no podemos conocer Su Palabra por nosotras mismas. Necesitamos Su ayuda, necesitamos Su gracia, necesitamos Su Espíritu para instruirnos en lo que la Palabra de Dios significa y para podernos someter a ella.

No es suficiente solo leer la Palabra de Dios. Estoy pensando acerca de un famoso ateo—seguramente has leído sus libros—que en realidad conoce muy bien la Escritura. Él ha estado realmente interesado en la lectura de la Biblia. Pero él es un ateo. No tiene luz. Él no tiene el Espíritu de Dios que hace que Cristo sea real para él en la Palabra.

Necesitamos un maestro mientras leemos la Palabra de Dios. Y tenemos el mejor maestro, porque tenemos el autor, el Espíritu Santo para que nos explique qué significa la palabra—y nos ayuda a internalizarla y a personalizarla. Y Dios usa a otros maestros en nuestras vidas. Él usa a tu pastor. Él puede utilizar un programa como Aviva Nuestros Corazones. Pero ten en cuenta que no hay maestro como el Espíritu Santo. Así que no te hagas adicta a mi enseñanza o a la enseñanza de John MacArthur o Alistair Begg, o James MacDonald o Kay Arthur o Beth Moore. Hay un montón de grandes maestros de la Biblia. Yo quiero ser una maestra buena y una maestra útil de la Biblia, pero yo no quiero que dependas de mí para tu aprendizaje. Quiero que dependas del Espíritu Santo de la misma manera que lo debo hacer yo cuando la estoy estudiando.

Ha sido interesante que a través de todo el Salmo 119 tenemos diez referencias o peticiones de que Dios enseñe Su Palabra.

“Bendito tú, oh SEÑOR; enséñame tus estatutos.” (Versículo 12)

“Quita de mí el camino de la mentira, y en tu bondad concédeme tu ley.” (Versículo 29)

“Enséñame, oh SEÑOR, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin. “(Versículo 33)

“Te ruego aceptes las ofrendas voluntarias de mi boca, oh SEÑOR, y enséñame tus ordenanzas.” (Versículo 108)

¿No sería esta una gran oración para orar antes de ir a la iglesia? O, cuando estás de camino a la iglesia? «Acepta mis ofrendas voluntarias de alabanza, oh Jehová, y enséñame tus caminos».

“Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo, y enséñame tus estatutos.” (Versículo 135)

“Hazme entender el camino de tus preceptos, y meditaré en tus maravillas.” (Versículo 27)

“Dame entendimiento para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón.”  (Versículo 34)

Estos versículos y otros comunican un sentido de dependencia de Dios. Necesitamos de Él para que nos ayude, para que nos de un hambre por la Palabra y para que nos la enseñe, para que nos ayude a entenderla, para que nos de deseo y anhelo por ella. Necesitamos el Espíritu Santo para todo eso. Así que Pídele a Dios que te enseñe.

Muy a menudo cuando voy a la Palabra de Dios en mi momento de quietud, tengo una oración que he orado muchas veces en los últimos años. Viene de varios versículos de la Escritura.

«Abre mis ojos para que pueda ver las maravillas de Tu ley. Dame entendimiento y guardaré Tu ley y la obedeceré con todo mi corazón. Muéstrame Tus caminos, Señor, enséñame Tus sendas. Guíame en Tu verdad y enséñame. Porque Tú eres Dios, mi Salvador, y mi esperanza está en Ti todo el día. Enséñame lo que no puedo ver. Si he cometido iniquidad, no lo haré más».

Esta es una oración que usualmente oro antes de abrir la Palabra de Dios. Estoy diciendo, Señor, necesito que me enseñes y que me ayudes a obedecerte.

Leslie: ¿Cómo diferiría este año 2014 de los años anteriores si pasaras un tiempo cada día leyendo la Biblia? Bueno, Nancy Leigh DeMoss te ha extendido un reto en esta serie, Vivifícame conforme a Tu Palabra. Y Nancy, una gran cantidad de oyentes ha respondido ya a este reto.

Nancy: Y oro que muchas más lo hagan; que nos dejen saber que han aceptado este desafío de leer la Biblia durante todo este año.

Te invitamos a visitar AvivaNuestrosCorazones.com. Allí encontrarás una gran variedad de recursos que te ayudarán a profundizar en la Palabra de Dios, a entenderla y hacerla parte integral de tu vida.

Cuando nos visites, también encontrarás algunos planes de lectura que te ayudarán en tu lectura este año. También encontrarás unas hojas descargables para que puedas imprimirlas y usarlas para escribir lo que Dios te va enseñando y hablando a través de Su Palabra.

Leslie: Hemos estado estudiando el capítulo más largo en la Biblia durante esta serie, y la misma ha producido gran impacto en algunas de nuestras oyentes. Descubre cómo han respondido sobre este capítulo. Por favor, regresa a Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

1 C. H. Spurgeon. Treasury of David, p. 510.

 Psalm 119 in Song. Susie H. Kimbrough.

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¡Cuánto Amo Tu Ley!, Danilo Montero.

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Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Qué es la Reforma Protestante?

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

¿Qué es la Reforma Protestante?

R.C.Sproul

Hace 500 años, un monje alemán llamado Martín Lutero inició una protesta que resultó en un movimiento mundial. En ese entonces, Europa vivía bajo la sombra de la Iglesia Católica Romana; y era más un imperio que una iglesia. Coronaba y despojaba reyes y usaba su poder para mantener a las personas en la oscuridad de la superstición. Eso nos suena un tanto extraño.

Pero en cierto modo, los días de Lutero se parecían a los nuestros. Al igual que hoy, todos tenían una opinión acerca de la Biblia a pesar de que casi nadie realmente la había leído. Como muchos de nosotros, ellos confiaban en líderes de opinión y las tendencias de sus días que les decían lo que estaba en la Biblia y si debían creerlo o no. Lutero era una de las pocas personas que leían la Biblia y lo que encontró fue explosivo. A pesar de que era un monje, Lutero odiaba al Dios de la Biblia, pero cuando la estudió, el mundo a su alrededor comenzó a tener sentido. Dios cobraba sentido. La importancia de Jesús se fue haciendo evidente. Descubrió la respuesta a su pregunta más profunda: ¿Cómo puede vencerse la maldad? De forma más precisa, ¿cómo podía lidiar con su maldad, con su propio pecado? Lutero descubrió que no podía hacer nada para solucionar el problema por sí mismo. Tenía que confiar solamente en la obra completa de Jesús. Lutero había descubierto una verdad central. Esto cambió su vida y cambió al mundo. La Reforma Protestante tenía que ver con dos asuntos: Establecer quién podía determinar lo que es verdad y reconciliar lo que somos con lo que Dios es. Reconocía que la Palabra de Dios es la autoridad final en este mundo y que la vida perfecta y la muerte sacrificial de Jesucristo son la única respuesta al mal y el único fundamento sobre el cual los pecadores pueden estar delante de un Dios santo. La Reforma Protestante es una historia de transformación; una transformación del odio al amor, de la esclavitud a la libertad y de la fe ciega al descubrimiento glorioso de la verdad en Cristo Jesús.

Ministerios Ligonier existe para cultivar esta transformación en una nueva generación. En tiempos donde pocos están leyendo la Biblia, y la confusión reina en la iglesia, queremos ayudar a los cristianos a que conozcan en qué creen, por qué lo creen, cómo vivirlo y cómo compartirlo. Acompáñanos.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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3/63 – Sígueme – Marcos 1:14-20

Iglesia Biblica del Señor jesucristo

Serie: Marcos

3/63 – Sígueme – Marcos 1:14-20

Ps. Sugel Michelén

 

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano  Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI)  para América Latina.

El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

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La creación

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La creación

R.C.Sproul

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“Del polvo a la gloria”. Esas son las palabras que estamos utilizando para enmarcar toda la extensión de la historia bíblica, porque el propósito del estudio que iniciamos hoy es brindarles un breve panorama de las Sagradas Escrituras.

Viene a mi mente el momento inicial cuando nuestro Señor mismo fue confrontado con todo el concentrado arsenal del infierno, cuando en el desierto de Judea, Satanás vino a Él y trató de hacerlo caer; en ese encuentro Jesús le dijo a Satán: «No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios».

Creo yo que si hay algo que captura la esencia de la vida de Cristo era su pasión por hacer precisamente eso, que cada paso que dio, cada palabra que dijo y toda obra que logró fue hecha siempre con la intención de obedecer toda palabra que sale de la boca de Dios.

Recuerdo que hace muchos años atrás, cuando empecé a enseñar, me encomendaron enseñar Introducción al Antiguo Testamento y luego Introducción al Nuevo Testamento, y tenía estudiantes que se acercaban a mí con gran entusiasmo y alegría diciendo: «Profesor Sproul, haces que la Biblia cobre vida para mí».

Por un lado, apreciaba mucho el cumplido y la adulación; en ese lado, el lado de la carne; pero había otra parte de mí que estaba angustiada por ese tipo de comentario. Y solía decirle a esos estudiantes que estaban tan emocionados, que estaba encantado de que respondieran de esa manera durante su viaje inaugural en el estudio las Sagradas Escrituras, pero también les decía: «Miren, yo no puedo hacer que la Biblia cobre vida porque no puedo hacer que algo cobre vida si ya está vivo. Ahora, no hay nada de malo en la Sagrada Escritura. Lo que podrás notar con mi ánimo y mi emoción es mi respuesta a las Escrituras. Sería más preciso decir que la Biblia me hace cobrar vida, en lugar de que yo haga que la Biblia cobre vida».

Hoy, en este escenario donde estoy exponiendo podemos ver todas esas Biblias que están puestas en las estanterías, vemos la diversidad de formas y tamaños, versiones y ediciones, y con las justas encontraremos una casa en EEUU donde no haya al menos una versión de la Biblia que esté guardada en un librero.

Y tenemos discusiones sobre la naturaleza de la Escritura y los argumentos sobre su autoridad y su inspiración, su infalibilidad, cómo se supone que debemos interpretarla. Esas cosas; pero la gran crisis de nuestros días, amados, es la crisis del abandono del contenido de este libro.

No nos hace bien si solo tenemos un alto concepto de las Escrituras, pero desconocemos lo que se encuentra en sus páginas sagradas, y sé que muchas personas cristianas comienzan con gran determinación al inicio de su vida cristiana y dicen: ‘Yo voy a leer la Biblia de principio a fin’. He hablado con grupos en distintas partes a quienes les pregunto: ¿Cuántos de ustedes han leído el libro del Génesis? Y la mayoría levanta la mano.

Y luego les digo: Ok, ¿y qué de Exódo? Levantan su mano. ¿Levítico? Las manos empiezan a bajar. ¿Y Números? ¿Deuteronomio? Las manos continúan disminuyendo. Luego me miran y dicen: ‘Es que no tengo la menor idea cómo leer el Antiguo Testamento. Los detalles me son extraños, son raros.’ Y cosas por el estilo.

Pero toda la Escritura nos ha sido dada por Dios para nuestra instrucción, para probarnos y para nuestra edificación. En el pasado he visto que si empezamos con un estudio amplio de los principales temas de las Escrituras, eso puede darnos ‘los ganchos’ por así decirlo, para colgar nuestro sombrero, y luego volver y ver cada libro de la Biblia, y finalmente cada versículo.

Lo que espero que podamos lograr en este breve tiempo juntos es encender un fuego en nosotros, para que podamos renovar nuestra determinación de dominar el contenido de la Sagrada Escritura. Dicho esto, empecemos nuestro estudio en la primera página. El primer capítulo en el libro de Génesis, empezando en el verso 1.
Veamos qué enseñanza encontramos en el texto. Leemos las siguientes palabras en la primera página de la Escritura: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”. Esa es la primera declaración, la primera afirmación que encontramos en la Santa Biblia y hay tres palabras en esta primera oración que creo son de vital importancia si es que vamos a iniciar bien, a fin de entender la totalidad del alcance de la historia redentora, del polvo a la gloria.

Esas tres palabras son: ‘principio’, ‘Dios’, ‘creó’ porque en estas tres palabras tenemos las afirmaciones centrales del cristianismo bíblico, que aparta al cristianismo de toda forma de ateísmo, toda forma de naturalismo, toda forma de secularismo, de humanismo, de existencialismo y todos los otros ‘ismos’ que compiten con la fe cristiana por captar la lealtad de la gente en nuestros días. Se podría decir que la frase más controversial de toda la Escritura, es esta primera que dice: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra”.

La polémica empieza temprano. Empieza con esta primera palabra: ‘principio’ porque lo que se afirma aquí, en esta declaración es de donde el libro del Génesis toma su nombre –aquello que es generado, lo que tiene un origen; aquello que, evidentemente, tiene un principio, un punto de inicio en el tiempo.

Y cuando hablamos sobre el progreso de la historia de la redención, del polvo a la gloria, estamos haciendo una afirmación que es radical para el entendimiento pleno de quiénes somos como personas, el significado nuestras vidas y lo que se supone que debemos ser en este mundo.

Lo que estamos diciendo es que hay una historia, y que esta historia tiene un punto de partida en el tiempo y que el tiempo mismo tiene un comienzo. Ahora, eso puede parecer algo que simplemente damos por sentado, pero no se da por sentado en los medios filosóficos que compiten en nuestra cultura hoy en día.

Volviendo atrás, al siglo XIX, a la filosofía de Friedrich Nietzsche, quien es famoso por su declaración sobre la muerte de Dios. A principio de sus estudios filosóficos, de hecho, cuando Nietzsche era estudiante y escribía su tesis doctoral, miró de nuevo hacia el conflicto de ideas que ya había surgido en el mundo griego antiguo, y él recuperó para su época lo que llamó el mito del eterno retorno, una idea que estaba enraizada en una antigua filosofía griega, que dice que el universo no tiene un comienzo, un punto de partida; sino que el universo y todo lo que contiene es básicamente eterno,

Y que todo da vueltas y vueltas y vueltas sin un principio y sin un final. Esto es capturado o resumido en una de las piezas más importantes de la literatura en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, el libro de Eclesiastés aborda la noción pagana del escepticismo que está vinculada con esta idea, donde el sol se pone (de ahí tomó prestado Hemmingway para el título de su libro) el sol también sale y luego se pone, y vuelve a salir, se pone, sale. Y empiezas a ver este ciclo que lleva a la conclusión de que no hay comienzo con propósito, no hay un punto final específico de la historia humana o de la historia natural, y el resultado es vanidad de vanidades.

Todo es vanidad porque estamos, en sentido cósmico, presos en la trampa de correr en círculos que no llevan a ninguna parte. Pero al inicio de la Sagrada Escritura está la afirmación de que existe un comienzo, que hubo un tiempo cuando el universo no existía.

Ahora, sabemos que incluso en las teorías cosmológicas modernas, hay mucho debate sobre cómo el universo llegó a la forma actual y a su actual estructura.

Ha habido debates entre el punto de vista del estado estacionario de la cosmología y el universo en expansión versus la cosmología del big bang y todo eso; pero el consenso hoy en día es que hubo un punto en el tiempo, hace 15 a 18 mil millones de años, según algunos cálculos, donde de repente, hubo esta explosión masiva en que toda la materia existente y la energía anterior a ese momento estaban condensadas en un diminuto punto que se llama punto de singularidad;

Y luego, un martes en la tarde explotó y los resultados de esa explosión siguen repercutiendo en todo el espacio exterior, Y aunque, en muchos casos, a la gente no les gusta especular sobre lo que pasaba antes de eso, por lo menos esto supone que hubo un principio,

Y si hubo un principio para este mundo, la pregunta obvia que se convierte en el asunto central de la controversia y debate es: ¿cómo empezó? ¿qué lo originó? Si todo se encontraba en un estado de organización pura por la eternidad, toda la materia, toda la energía condensada y comprimida en este punto de singularidad infinitesimal en un estado eterno de inercia, ¿Por qué se movió?

Tú conoces la ley de inercia: Las cosas en reposo tienden a permanecer en reposo, a menos….. ¿qué? Actúe sobre ellas una fuerza externa. Aquellas cosas que están en movimiento tienden a permanecer en movimiento a menos que actúe sobre ellas una fuerza externa.

Los cosmólogos, como Jastrow, dicen que tal vez la montaña que los científicos están escalando hoy en día, cuando lleguen a la cima de…. esa…. montaña, encontrarán a los teólogos esperando por ellos, ya alrededor de la carpa, esperando para decirles que tiene que haber una fuerza externa para que algo cambie, se mueva o llegue a existir. Porque lo único que sabemos con certeza, incluso aparte de la obra de la Sagrada Escritura, es que si alguna vez hubo un momento cuando no había nada, todo lo que hubiera ahora sería nada, Incluso no sería correcto decirlo porque tú no puedes decir que no habría nada porque nada no existe, y el término “que no hay nada” sería auto-contradictorio ¿cierto?

La idea aquí es que hay una diferencia radical entre toda la existencia de las criaturas, todo lo que es parte de este universo temporal finito y su autor. Por eso el cristianismo no se detiene al simplemente afirmar: “En el principio” sino que dice: “En el principio Dios…” Hasta ahora, no hay ningún argumento para la existencia de Dios. Todo lo que tenemos al inicio de la Sagrada Escritura es la declaración audaz de que Dios es el autor de todo lo que existe.

“En el principio Dios…” Si hay alguna especie de principio para cualquier cosa, lo que tiene un principio en el tiempo debe tener algo que le preceda o no podría comenzar. Es sencillamente otra manera de decir lo que dije hace un momento, si alguna vez hubo un momento en que no había nada, no podría haber algo ahora.

Ahora bien, aquí estamos hablando de lo que afirma la Escritura sobre el comienzo del espacio y el tiempo, el comienzo del universo creado, pero para que haya un principio del universo creado, debe haber algo que está por encima y más allá del universo creado, algo que no tiene principio, algo que es en sí mismo, que es eterno y que existe por sí mismo, algo que tiene el poder de ser en sí mismo. Y eso es también parte de la afirmación radical de la primera aseveración de la Sagrada Escritura, la proclamación de la realidad de la existencia de Dios.

Ahora, voy a volver esta palabra en un momento, vayamos a la siguiente. En el principio Dios hace algo. No solo nos anuncia la existencia de Dios en el primer capítulo del Génesis, sino que el libro del Génesis presenta a Dios en acción, Dios está haciendo algo. Y lo que está haciendo aquí es la obra más extraordinaria y excepcional que jamás se haya hecho en términos de actividad: es la creación del universo.

Sé que usamos la palabra “crear” de manera metafórica. Me gusta incursionar en el campo de las artes. Me gusta tocar el piano. No soy muy bueno en eso, para ser sincero. He incursionado en la pintura como un amateur, leí libros sobre estos temas, y ellos exponen sobre la creatividad inherente del músico o de artista,

Y me parece que es divertido saca la paleta prepararla, conseguir los pequeños tubos de pintura y esparcir su contenido sobre ella, como lo haría un niño jugando en el barro, y empiezo a mezclar los colores y los pruebo sobre el lienzo y al verlo pienso, eso no se ve tan bien; y por eso trato de cambiarlo. A esto le llamamos creatividad. Pero en realidad no hay creatividad aquí para nada, en el sentido bíblico.

Todo lo que estoy haciendo es tomar sustancias que ya existen, les doy forma, los mezclo y los organizo sobre un lienzo; así que, la creatividad que tiene el artista es una creatividad a medias, una creatividad en el marco de algún tipo de medio.

Pero el punto de vista bíblico es mucho más sorprendente que eso debido a que el punto de vista bíblico presenta un acto de creación donde no hay medio. No es como si hace 15 a 18 mil millones de años, Dios bajó con su pincel y su paleta y empezó a mezclar su pintura, y a dar forma, y a imaginar y a dibujar, y a organizar una imagen.

No, no había pintura, no había pinceles. Tampoco había paleta, ni lienzo. Y por eso, en teología bíblica, cuando nos acercamos al relato bíblico de la creación, entendemos este principio que Dios crea ex nihilo, que significa “de la nada”

Que no hay materia pre-existente que Él forme, genere o arregle, sino que lo que existe llega a ser, a través de este poder activo que sólo Dios tiene. Como indica el Nuevo Testamento en los escritos del apóstol Pablo, que solo Dios tiene el poder de traer vida de la muerte y algo de la nada. ¿Cómo lo hizo? De Nuevo, creo que hay un gran valor en seguir el movimiento de los cuerpos celestes y especular sobre lo que sucede cuando varios gases y elementos chocan entre sí y se mezclan, y cómo se forman los mares y cómo crecen las flores.

Creo que hay un gran, gran valor en el estudio del reino natural. Dios mismo nos ha llamado a hacer eso. Pero ningún estudio que describa las cosas que suceden entre los intrincados patrones y en el funcionamiento de las fuerzas de la naturaleza, puede dar cuenta de esto.

Esta es la obra suprema, que no solo es natural, sino que es sobrenatural. Es decir, que nos lleva más allá del teatro de la naturaleza hasta el principio de la naturaleza, al autor de la naturaleza, que crea todo de la nada.

Otra vez, la Biblia no nos da una descripción científica de cómo Dios lo hace. Lo único que se nos dice en Génesis sobre el modo de la creación de Dios es que Él crea por el hablar de Su palabra. San Agustín le llama a esto el Imperativo Divino. El imperativo Divino o el Fiat Divino, no se confundan con el pequeño auto italiano.

Un imperativo divino se refiere sencillamente al mandamiento transcendente majestuoso y santo de Dios, donde Él habla al vacío….. y dice sea…..: “S E A” ……y por el gran poder de la orden de alguien que eternamente tiene el poder de ser en sí y por sí mismo, inicia un universo. Veamos el texto rápidamente, por un segundo. “En el principio creó Dios los cielos y la tierra. Y la tierra estaba sin orden y vacía, y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas.”

Aquí, en el verso 2 de Génesis se nos da una descripción gráfica del universo desordenado, sin estructura, en realidad no-creado; universo que es descrito en términos de tres negativos básicos: el desorden, el vacío y la oscuridad. Si ves la forma en que esas tres palabras se utilizan en el imaginario de la cultura antigua, esos tres términos tienden a combinarse, para abarcar y capturar tres de las ideas más amenazantes que puede haber para el significado y la existencia humana.

El desorden es realmente inimaginable, porque la absoluta ausencia de orden sería el caos absoluto, y ni siquiera se podría reconocer el caos como caótico sin alguna idea de forma. El vacío es la expresión que usamos para describir las peores sensaciones de nuestras almas, cuando sentimos miedo o solos, y decimos que nuestras vidas están vacías.

Imaginen, no solo una casa vacía, una cama vacía, un garaje vacío; sino que, imaginen un universo vacío, sin forma, la nada. Oscuridad, la oscuridad en sí misma es un término negativo porque la oscuridad no se trata de la presencia de algo, sino que es la ausencia de algo, la ausencia de luz. Todo lo que tenemos hasta ahora en esta descripción es el vacío, el desorden, el abismo y la oscuridad.

En el verso 3 se menciona un nuevo agente: “y el Espíritu de Dios se movía” sobre el abismo, sobre lo profundo, sobre esta oscuridad y vacío; luego oímos por primera vez la voz de Dios y Dios dice: “Sea la luz”. Al instante, la luz irrumpe en el universo, echa fuera las tinieblas, vence la oscuridad, empieza a llenar los espacios vacíos y comienza a proporcionar una estructura para que Dios forme su mundo con las aguas, los árboles, las plantas y los animales, y, finalmente, con gente.

Pero la misma realidad en la cual vivimos cada momento de nuestras vidas es totalmente inexplicable excepto que alguien, de alguna manera, en algún lugar, diga: “Sea” y por el poder y la fuerza de ese mandato, las luces se encienden y un mundo comienza; y Dios prepara el escenario al recoger con sus manos el polvo y preparar una criatura para Su gloria.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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 7/10 – Nueve maneras de responder a la Palabra de Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Vivifícame conforme a Tu Palabra (Salmo 119)

 7/10 – Nueve maneras de responder a la Palabra de Dios

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/nueve-maneras-de-responder-la-palabra-de-dios/

Leslie Basham: El Salmo 119 menciona la importancia de guardar la Palabra de Dios. De hecho, lo menciona 29 veces. Nancy Leigh DeMoss dice que esto significa que necesitamos prestar atención.

Nancy Leigh DeMoss: ¿No crees que si Dios dice veinte y nueve veces en un capítulo que necesitamos guardar Su Palabra, debemos  de obedecer Su Palabra? Me hace preguntarme, ¿cuántas cosas yo sé de la Palabra de Dios que no estoy obedeciendo?

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín. Aquí está Nancy en la Serie Vivifícame conforme a Tu Palabra, reflexiones sobre el Salmo 119.

Nancy: Hace poco me topé con un artículo en un blog escrito por mi amigo Randy Alcorn. Tú probablemente has escuchado ese nombre. Es un autor fabuloso y tiene un corazón grande para el Señor. Quiero leerte un segmento un poco largo de ese artículo porque refleja algo que está en mi corazón ahora que estamos invitando al reto de la lectura diaria de la Biblia en este nuevo año que se inicia. Randy dijo,

“Vivimos en una cultura que está saturada con opciones de entretenimiento. Los hombres jóvenes están creciendo consumidos por juegos de vídeo y otros medios de comunicación que se han convertido en sustitutos de la lectura. Hay una tasa de analfabetismo funcional en nuestra cultura, quiere decir que estos jóvenes pueden leer, pero no lo hacen—ellos leen Facebook pero no leen nada serio.

Me preocupa que haya tanta gente joven creciendo—particularmente muchos hombres jóvenes—quienes, por no ser lectores, no serán lectores de la Palabra de Dios. Un día no muy lejano ellos estarán dirigiendo nuestras iglesias, y muchos de ellos no conocerán las Escrituras.”

Sólo quiero decir que no hay muchos hombres jóvenes escuchando este programa, pero sí hay muchas mamás y abuelas que tienen hijos e hijas. Solo quiero animarlas a hacer que sus hijos lean, que lean. Si Dios nos dio Su Palabra, es para ser leída. Si las personas no disfrutan leer, no van a disfrutar leer la Palabra de Dios. Así que esta es una exhortación para aquellas de ustedes que tienen jóvenes en sus casas.

Es tan triste para mí pensar cómo aun en nuestras mejores iglesias tan pocas personas realmente conocen la Palabra de Dios, y eso se refleja en la forma que ellos piensan acerca de todo: acerca de la política, acerca de los negocios, de las carreras, la educación, las relaciones, y el matrimonio. Se refleja en la forma que piensan y en la forma en que viven; no están anclados en una cosmovisión bíblica.

Randy concluye este artículo diciendo,

“Todavía hay personas que están estudiando y se sienten hambrientos por la Palabra de Dios. Eso motiva y es bueno [y es la razón por la que muchas de ustedes escuchan este programa regularmente]. Pero también hay muchas personas que no están estudiando ni leyendo. Y eso es desesperanzador”.

Y esa es la razón por la que estamos lanzando este reto de la Lectura Diaria de la Biblia al inicio de este año 2014. Si ya te cansaste de escucharme hablar sobre esto, lamento decir que voy a continuar hablando sobre eso porque es algo que ocupa mi corazón, el lograr que la gente lea las Escrituras.

Así que, lee la Biblia cada día. Por eso es que estamos hablando sobre el Salmo 119 en esta serie que da inicio al año. Es un salmo grandioso y extenso, sobre la gloria y el esplendor de la Palabra de Dios.

Así que, a medida que vemos el Salmo 119 en el día de hoy, quiero intentar lo imposible, que es enseñar nueve puntos en el tiempo que nos resta. Algunas de las que ya han estado un tiempo con nosotros saben que yo pudiera extender esos nueve puntos a nueve programas completos o incluso más. Pero quiero intentar mostrar, a partir del Salmo 119, nueve maneras diferentes de responder a la Palabra de Dios.

Hemos hablado de las bendiciones que vienen cuando leemos la Palabra de Dios. Ahora quiero hablar sobre diferentes formas que nosotras podemos responder a la Palabra de Dios, formas en las que deberíamos responder a la Palabra de Dios. Voy a mencionar estas diversas formas brevemente, pero invertiré un poco más de tiempo en una o dos de ellas.

La primera es que necesitamos aprender la Palabra de Dios. Esto aparece varias veces:

“Con rectitud de corazón te daré gracias, al aprender tus justos juicios.” (versículo 7)

“Bueno es para mi ser afligido, para que aprenda tus estatutos.” (versículo 71)

“Tus manos me hicieron y me formaron; dame entendimiento para que aprenda tus mandamientos.” (versículo 73)

“Yo soy tu siervo, dame entendimiento para que conozca tus testimonios.” (versículo 125)

Aprender la Palabra de Dios es conocerla.

Escúchame, no puedes obedecer o aplicar lo que no conoces. Así que este es el punto de partida. Esta es una de las razones por las que muchas personas no obedecen la Palabra de Dios, porque no conocen la Palabra de Dios. A mí me gustaría mostrarles algunas de las correspondencias que recibimos aquí en Aviva Nuestros Corazones de gente cuyas vidas están irremediablemente inmersas en todo tipo de comportamientos, patrones, pecados y desafíos porque no conocen la Palabra de Dios.

Ahora, veremos que conocer la Palabra de Dios no es suficiente, pero ciertamente es un punto de partida. La fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios. No puedes creer, no puedes actuar basándote en lo que no conoces. Así que esta es una de las razones por la que quizás no estás creciendo.

No te estoy diciendo que este año tienes que convertirte en una maestra de la Palabra de Dios, solo te estoy diciendo, “¡Léela! ¡Léela!”. Conócela. Si nunca antes has leído Números y Deuteronomio, te vas a sorprender. Ahí hay cosas grandiosas y aún las cosas que no puedes entender, son grandiosas. Y esto alimentará y nutrirá tu alma. Apréndela. Conócela.

Número dos: Busca la Palabra de Dios. Busca a Dios que es el Autor de Su Palabra.

“Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos.” (versículo 10)

“Y andaré en libertad, porque busco tus preceptos.” (versículo 45)

No entraré en toda una sesión sobre lo que significa buscar al Señor y Su Palabra, pero ciertamente implica que es algo intencional, que estás siendo proactiva acerca de esto.

Número tres: Escoge los caminos de Dios. Escoge Su verdad y dispón tu corazón a seguir Sus caminos. Encontrarás que estas dos cosas van a la par en el Salmo 119.  Por ejemplo el versículo 34 dice,

“Dame entendimiento para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón.”

Una vez más vemos la intención expresa de escoger los caminos de Dios.

“Pronta esté tu mano a socorrerme, porque tus preceptos he escogido.” (versículo. 173)

Nosotras debemos escoger la Palabra de Dios.

Número cuatro: Recuerda la Palabra de Dios. Y el otro lado de esa moneda, y lo agruparé todo en este número cuatro, no olvides la Palabra de Dios. Vemos estos dos conceptos a través de todo el salmo.

“Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, oh SENOR, y me consuelo.” (versículo 52)

Esa palabra “me acuerdo” significa “recolectar, traer a la memoria, reflexionar acerca de algo”. Me acuerdo de tus ordenanzas. Y luego inversamente, en el versículo 16,

“Me deleitaré en tus estatutos, y no olvidaré tu palabra.”

Te digo algo: he estado intentando memorizar porciones del Salmo 119, porque yo quiero recordar la Palabra de Dios. Y yo no sé qué me pasa, pero algunas veces cuando llego al versículo 16 una y otra vez veo que no puedo recordar ese versículo. Y ese es el que dice “yo no olvidaré tu palabra”. Y yo sólo me río de mi misma y digo, “Oh si, es ese mismo que habla de recordar la Palabra de Dios”.

“Jamás me olvidaré de tus preceptos, porque por ellos me has vivificado.” (versículo 93)

“Pequeño soy y despreciado, mas no me olvido de tus preceptos.” (versículo 141)

Al hablar de recordar la Palabra de Dios, es un buen momento para mencionar la memorización de las Escrituras. Nosotros tenemos un plan de memorización de las Escrituras aquí en Aviva Nuestros Corazones. Si estás interesada en conocer más sobre esto visita nuestra pagina web AvivaNuestrosCorazones.com. Pero querrás recordar la Palabra de Dios, recuérdala siempre.

Número cinco: otra respuesta es que nosotras debemos volvernos a la Palabra de Dios en vez de alejarnos de ella. Escucha estos versículos:

“Los soberbios me insultaron en gran manera, sin embargo, no me he apartado de tu ley.”(versículo 51)

“No me he desviado de tus ordenanzas, porque tú me has enseñado.” (versículo 102)

“Los impíos me han tendido lazo, pero no me he desviado de tus preceptos.” (versículo 110) [Para no alejarme de tu ley]

“Consideré mis caminos, y volví mis pasos a tus testimonios.” (versículo 59)

Como dijimos en la última sesión, ese es un versículo que habla de arrepentimiento. Habla de considerar mis caminos y luego volver mis pasos hacia los decretos de Dios. Si yo he estado yendo en otra dirección, me doy la vuelta y me dirijo hacia Dios. Así que vuélvete hacia los caminos de Dios en vez de alejarte de ellos.

Número seis: ¡Canta!

“Cánticos son para mí tus estatutos en la casa de mi peregrinación.” (versículo 54)

Cuando leo ese versículo pienso en dos personajes del Nuevo Testamento en dos recuentos distintos. El primero es el de  Pablo y Silas en Hechos capítulo 16 cantando en una prisión en Filipos. Estaban cantando himnos a Dios a medianoche cuando habían sido golpeados, perseguidos y torturados por su fe. Ellos estaban cantando himnos, “Cánticos son para mí tus estatutos en la casa de mi peregrinación”.

Y luego pienso en esa escena al final de la última cena antes de que Jesús saliera camino a Getsmaní para luego ir a la cruz. Las Escrituras nos dicen que ellos cantaron un himno y luego salieron. Ellos probablemente cantaron un himno de los Salmos. “Cánticos son para mí tus estatutos en la casa de mi peregrinación”.

“Que cante mi lengua de tu palabra, porque todos tus mandamientos son justicia.” (versículo 172)

Hace poco tiempo me encontré con un recurso muy bueno. Se trataba de una mujer que quería memorizar el Salmo 119 con sus dos hijos más pequeños. Ella es músico, y escribió una canción para cada una de las ventidos estrofas de ocho versículos cada una del Salmo 119. Usó melodías pegajosas. Es una buena forma de memorizar las Escrituras.

Ella usó esto para ayudar a sus hijos a memorizar el Salmo 119. Tal vez has escuchado la frase que dice “Lo que se aprende en canción se recuerda por montón”. Ahora bien, no tienes que cantar el Salmo 119, pero canta canciones que traigan a tu mente la Palabra de Dios, los caminos de Dios. Canta Su palabra porque todos sus mandamientos son justos.

Número siete: otra respuesta a la Palabra de Dios es meditar en la Palabra de Dios. Ahora, sólo quiero mencionar este punto rápidamente porque quiero durar la mayor parte de una sesión en nuestro próximo programa hablando acerca de la meditación. Pero solo algunos versículos:

“Meditaré en tus preceptos, y consideraré tus caminos.” (versículo 15)

“¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación.” (versículo 97)

Vamos a volver a esto porque es una forma clave en la que debemos responder a la Palabra de Dios.

Número ocho: Y realmente quiero detenerme en este concepto por un tiempito. Nosotras debemos guardar la Palabra de DiosCreo que es veinte nueve veces, si conté correctamente, que el Salmo 119 habla de guardar la Palabra de Dios. No solo conocerla, pero guardarla, obedecerla. Es la idea de guardar un pacto. Estamos en una relación de pacto con Dios. Él guarda Su pacto con nosotras, y nos llama a nosotras a guardar ese Pacto con Él.

“Cuán bienaventurados son los que guardan sus testimonios, y con todo el corazón le buscan!” (versículo 2)

“Tú has ordenado tus preceptos, para que los guardemos con diligencia.’ (versículo 4)

‘Ojalá mis caminos sean afirmados para guardar tus estatutos!” (versículo 5)

“Tus estatutos guardaré; no me dejes en completo desamparo.” (versículo 8)

“Enséñame, oh SENOR, el camino de tus estatutos, y lo guardaré hasta el fin.” (versículo 33)

“Dame entendimiento para que guarde tu ley y la cumpla de todo corazón.” (versículo 34)

“Por la noche me acuerdo de tu nombre, oh SENOR, y guardo tu ley.” (versículo 55)

“Esto se ha hecho parte de mi: guardar tus preceptos.” (versículo 56)

“El SEÑOR es mi porción; he prometido guardar tus palabras.” (versículo 57)

“Me apresuré y no me tardé en guardar tus mandamientos.” (versículo 60)

“Compañero soy de todos los que te temen, y de los que guardan tus preceptos.” (versículo 63)

“Antes que fuera afligido, yo me descarrié, mas ahora guardo tu palabra.” (versículo 67)

“Los soberbios han forjado mentira contra mí, pero de todo corazón guardaré tus preceptos.” (versículo 69)

“Mi alma guarda tus testimonios, y en gran manera los amo.” (versículo. 167)

“Guardo tus preceptos y tus testimonios, porque todos mis caminos están delante de ti.” (versículo 168)

Ahora, tal vez estés pensando, “¿Podías haber leído solo uno de esos versículos y hubieras logrado establecer el punto? ¿Por qué leer todos estos versículos?” Bueno, no leí los veinte y nueve. Pero tú sí necesitas leer los veinte y nueve. ¿No crees que si Dios dice veinte y nueve veces en un capítulo que necesitamos guardar Su Palabra, que debemos obedecer Su Palabra?

Esto me hace preguntarme, ¿cuántas cosas yo sé de la Palabra de Dios que no estoy haciendo? ¿Cuántas relaciones rotas tengo que no he tomado la iniciativa de restaurar? Yo sé que la Palabra de Dios dice que debo perdonar. ¿Dónde estoy guardando amargura en mi corazón? Yo conozco la Palabra de Dios; ¿La estoy guardando?  No es suficiente con solo conocerla.

Tener un corazón dispuesto a obedecer la Palabra de Dios es una evidencia de que le pertenecemos. Para un hijo de Dios, la obediencia no es una carga, es un deleite. Y nota que no estamos solamente hablando de comportamiento aquí. Estamos hablando de obedecer a Dios con todo nuestro corazón. Se trata de obediencia de corazón; de tener un corazón recto. Y leemos eso siete veces en el Salmo 119.

Tenemos un compromiso de guardar el Pacto de Dios, recuerda esto: Es nuestra respuesta racional a Su carácter guardador de pactos. ¿Recuerdas Éxodo capítulo 34? Si has leído Éxodo—si no lo has leído estarás leyéndolo en este año estoy segura. Dice “Él es un Dios que guarda misericordia a millares”. Él guarda Su pacto. Cuando Él entra en una relación de pacto con nosotras, una de las marcas de que estamos en ese pacto con Él es que tenemos un corazón dispuesto a guardar Su Palabra.

Pero déjame recordarte, y he intentado decir esto repetidas veces a través de esta serie porque estamos enfocándonos mucho en la ley del Antiguo Testamento…  Necesitamos ver el contexto completo de todas las Escrituras, las cuales nos recuerdan que solo Cristo pudo guardar perfectamente la ley de Dios. Y es por esto que necesitamos Su gracia que nos salva y el poder de Su Santo Espíritu que nos capacita para hacer lo que no podemos hacer apartadas de Su poder.

No podemos guardar la Palabra de Dios, no podemos obedecer esto, no podemos hacer lo que dice el Salmo 119 veinte y nueve veces. No podemos guardar la palabra de Dios a menos que Dios nos guarde a nosotras. Y gracias a Dios que Él si nos guarda. Judas 24 dice, “Y a aquel que es poderoso para guardarnos sin caída…” Él nos guarda para que nosotras podamos guardar Su Palabra.

Jesus oró en Juan capítulo 17,

“Padre Santo, guárdalos en tu nombre…y los guardé…guardalos del maligno.” (vv. 11, 12, 15)

Él nos guarda, Él vive en nosotros y es por eso que podemos guardar Su ley.

Y entonces un concepto más, el número nueve, nuestra respuesta a la Palabra de Dios : debemos compartirla con otros.

“He contado con mis labios de todas las ordenanzas de tu boca.” (versículo 13)

“Hablaré también de tus testimonios delante de reyes, y no me avergonzaré.” (versículo 46)

El Salmo 119 es un salmo muy personal. Lo escribió un salmista que usa la palabra “yo” una y otra vez. “Yo guardaré” “Yo obedeceré” “Yo…” Es entre él y Dios. Esta es una oración así que es una conversación de su alma con Dios. Es una caminata individual con Dios que por cierto es un recordatorio de que tú puedes caminar con Dios y Su Palabra aunque nadie más a tu alrededor lo esté haciendo.

Pero también hay un sentido corporativo en el salmo; una dimension corporativa que sale a relucir varias veces en el Salmo 119. Quiero cerrar señalándote tres de esos versículos.

“Compañero soy de todos los que te temen, y de los que guardan tus preceptos.” (versículo 63)

Este no es solo un caminar individual, es eso, pero es también un caminar con creyentes que piensan y sienten igual también. El salmista piensa en otros que como él tenían un corazón dispuesto a guardar la Palabra de Dios. Es un recordatorio de que no estamos solas en este camino. Algunas veces puedes sentir que estás sola. Puede ser que seas la única persona creyente en tu familia o en tu lugar de trabajo. Puedes sentir que eres la única persona en tu iglesia que tiene un corazón comprometido con seguir a Dios y Su Palabra, pero recuerda, hay otros. Hay otros que están contigo en este peregrinar, que le buscan, que están caminando el mismo camino. Tú eres parte de una comunidad de fe. Nos necesitamos unas a otras. Somos verdaderos seguidores de Cristo, “Compañero soy de todos los que te temen, y de los que guardan tus preceptos”

Los verdaderos seguidores de Cristo están caracterizados por un temor del Señor, por un corazón amante de Su Palabra y por un caminar obediente. Tenemos esas cosas en común independientemente de muchas otras diferencias que podamos tener, y somos atraídas hacia otros que son de una misma mente y un mismo corazón con nosotros.

Ahora mira el versículo 74,

“Que los que te temen, me vean y se alegren, porque espero en tu palabra.”

Cuando tú obedeces la Palabra de Dios, no solo tú eres bendecida sino que otros creyentes que te ven tomar la Palabra de Dios en serio son animados y retados. Ven el fruto de la Palabra de Dios en tu vida y su vida es bendecida como resultado de eso. “Que los que te temen me vean y se alegren, porque espero en tu palabra”. ¿La vida de quién será animada este año porque tú  has tomado la Palabra de Dios en serio, porque has esperado en la Palabra de Dios?

Y luego el versículo 79,

“Vuélvanse a mí los que te temen y conocen tus testimonios.”

Creo que eso sugiere que nuestras vidas pueden hacer a otros hambrientos por la Palabra de Dios. ¿Quiénes quieren conocer a Dios mejor porque han estado alrededor tuyo? Y esa es la razón, por cierto, por la que quiero animarte a visitar AvivaNuestrosCorazones.com y dejar tu comentario. Es un lugar donde puedes interactuar con otras y compartir lo que Dios te está enseñando con personas que temen al Señor, y que aman Su palabra. Allí puedes involucrarte, compartir lo que estás aprendiendo.

El verano pasado hice un reto de leer la Biblia en 90 días y me uní a un pequeño grupo en Facebook que lo estaba haciendo junto conmigo. Nos hacíamos preguntas unas a otras. Recuerdo cuando una señora llegó a un pasaje en particular que era muy difícil de entender, ella dijo, “¡Explíquenme esto! ¿qué significa?” Y pudimos interactuar unas con otras. “Aquellos que aman al Señor hablaban frecuentemente de Él  unos con otros” dice Malaquías.  Así que hemos provisto un medio donde puedes hacer esto. Puedes interactuar con otras y compartir lo que Él te está enseñando.

Gracias, Gracias, Gracias Señor, por Tu Palabra. Wao, ¡es tan preciosa, tan preciada! Y queremos ser mujeres que buscan Tu Palabra, que la conocen, que la memorizan y meditan en ella, que se vuelven a ella, que la recuerdan, que cantan acerca de ella, que la eligen y ponen su corazón en ella. Queremos ser mujeres que guardan Tu palabra y la comparten de la abundancia de su corazones con otros.

Solo piensa en todas las cosas que hablamos cuando nos juntamos con otras personas. ¿No sería algo increíble que Tu Palabra sea una parte fundamental de lo que compartimos en nuestras redes sociales? ¿No sería grandioso que hagamos eso alrededor de Tu Palabra? Así que Señor, ayúdanos a no esperar que otros lo hagan sino a liderar el camino, a iniciar este camino. Que nuestras vidas dirijan a otros a tener hambre de Ti, oro en el nombre de Jesus, Amén.

Leslie: Esa es Nancy Leigh DeMoss en la serie Vivifícame conforme a Tu PalabraLa serie se basa en el Salmo 119. Nancy, tu mencionaste el foro al que las mujeres pueden unirse en AvivaNuestrosCorazones.com, y ese no es el único recurso que estamos haciendo disponible al animar a las mujeres a leer la Palabra de Dios en este año 2014 que recién inicia.

Nancy: Así mismo es, Leslie. Queremos hacer todo lo que podamos para animar a las personas en este reto de lectura bíblica diaria. Me siento tan apasionada por animar la gente a leer la Biblia cada día. Y en AvivaNuestrosCorazones.com encontrarás toda una selección de planes de lectura de la Biblia que puedes evaluar. Elige el que mejor se acomode a tus necesidades, y luego puedes usarla para seguir ese plan en el transcurso de este año. También apreciaríamos que tomes un momento para dejarnos saber que aceptas este reto de leer la Biblia diariamente.

Leslie: A medida que te propones leer más la Biblia en el 2014, no necesariamente necesitas más fuerza de voluntad. ¿Qué es lo que necesitas entonces? Bueno, Nancy hablará sobre eso en el próximo programa de  Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

¡Cuánto Amo Tu Ley!, Danilo Montero.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Llamada de Auxilio

Isha – Salmos

DÍA 65 – Salmo 41

Dosis: Solidaridad

Llamada de Auxilio

“Dichoso el que piensa en el débil; el SEÑOR lo librará en el día de la desgracia. El SEÑOR lo protegerá y lo mantendrá con vida; lo hará dichoso en la tierra y no lo entregará al capricho de sus adversarios. El SEÑOR lo confortará cuando esté enfermo; lo alentará en el lecho del dolor. (Salmo 41:1–3) (NVI)

Este salmo se inicia con una hermosa expresión de solidaridad humana, recordándonos, que si tenemos un estilo de vida generoso, vamos a ser personas bienaventuradas y dichosas, receptoras de la misericordia divina. Pero también es una súplica o lamento por una enfermedad en medio de una situación de abandono. La persona enferma describe su dolor y dice que no solamente sus amigos lo han abandonado sino que sus enemigos lo persiguen. Se siente débil y necesitado, por eso clama e implora la misericordia de Dios.

El día de ayer mientras meditaba en los Salmos recibí un mail cuyo asunto decía: “Preciso de ti”. Era como una llamada de auxilio, un clamor en medio del sufrimiento, de una persona que quiero mucho. Ella me escribía tras el impacto de conocer la noticia de un cáncer terminal, en un familiar muy cercano. Se sentía frágil, y sin esperanzas. Se preguntaba ¿por qué? Si la persona enferma era tan generosa e íntegra. Sentí mucha tristeza y me pregunté una vez más ¿cómo consolar? ¿Cómo dar esperanza? La única forma que encontré de hacerlo fue repitiendo las promesas de Dios para el que sufre.

El salmista se debate otra vez entre el dolor y la fe y en su evaluación personal, una vez más vemos la asociación de la enfermedad con el pecado: “Yo he dicho: «SEÑOR, compadécete de mí; sáname, pues contra ti he pecado.» ¡Cuánta sinceridad puede surgir de nuestro corazón cuando es afectada nuestra salud y valoramos cuán generoso ha sido Dios con nosotros y cuántas veces le hemos fallado!

Parece ser que a su condición física se agrega una carga emocional por la traición de sus amigos y la persecución de sus enemigos: “Con saña dicen de mí mis enemigos: «¿Cuándo se morirá? ¿Cuándo pasará al olvido?» Si vienen a verme, no son sinceros; recogen calumnias y salen a contarlas. Mis enemigos se juntan y cuchichean contra mí; me hacen responsable de mi mal. Dicen: «Lo que le ha sobrevenido es cosa del demonio; de esa cama no volverá a levantarse.» Hasta mi mejor amigo, en quien yo confiaba y que compartía el pan conmigo, me ha puesto la zancadilla.”

Expresiones que revelan la fragilidad y la vulnerabilidad de quien experimenta el dolor y necesita de nuestro consuelo. Aunque la gracia y la compasión provienen de Dios y su misericordia y su paz siempre serán el consuelo más efectivo, Dios nos ha puesto en esta vida para ser solidarias en el dolor, para ser una extensión de su amor y su misericordia. Este Salmo me recuerda que debo visitar al enfermo, orar por los que sufren y pedirle a Dios que me use como un instrumento de fe y esperanza. Que debo estar pendiente de quien “precisa de mí”.

Oración: Señor enséñame a ser solidaria con el que sufre, a no esperar una llamada de auxilio sino a estar cerca y presente. Amén.

De Vergara, P. A., de Vera, A. D., & Harris, K. O. (2012). Isha-Salmos: Una dosis diaria de fe para ti. (P. A. de Vergara, Ed.) (Primera Edición, p. 80). Lima, Perú: Ediciones Verbo Vivo.

 

4/41 – Más que un Simple Saludo

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

4/41 – Más que un Simple Saludo

Stephen Davey

Texto: Pasajes Seleccionados
Antes de adentrarnos a la epístola de Pablo a los Filipenses, tomaremos un tiempo para conocer los inicios de la Iglesia en Filipos; ya que, al conocer a los recipientes de esta carta, podremos entender de mejor manera el contenido de la misma

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

http://www.sabiduriaespanol.org