1/17 – Generosidad

El Proyecto Biblia

Serie: Temas Bíblicos

1/17 – Generosidad

 

En la historia de la Biblia, Dios es representado como un anfitrión generoso que satisface las necesidades de sus invitados. Sin embargo, los humanos viven con una mentalidad de escasez y, por eso acaparan los abundantes regalos de Dios. En este video exploraremos el plan de Dios para superar nuestro egoísmo, que es dar el sumo regalo de si mismo, en la persona de Jesús.

https://thebibleproject.com/international/spanish/

La oveja perdida – La moneda de plata perdida – El hijo perdido

Mi Pequeña Biblia

Historias Bíblicas para Niños

La oveja perdida – La moneda de plata perdida – El hijo perdido

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Una espléndida obra que no debe faltar, ni dejar de ver.

La visita de la misericordia

Iglesia Evangélica Unida

La visita de la misericordia

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es

5/5 – Cómo tener esperanza firme en un mundo incierto

El Amor que Vale

Serie: Al borde de la eternidad

5/5 – Cómo tener esperanza firme en un mundo incierto

Adrian Rogers

 

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

Episodio 7 -¿Mi pecado sexual me ha hecho no apto para ser salvo? 

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

¿Mi pecado sexual me ha hecho no apto para ser salvo?

Episodio 7

 

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

La casa de David

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La casa de David

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/30832556

Hemos estado estudiando el drama de la redención empezando desde los primeros capítulos del Génesis, donde Dios consintió en redimir a sus criaturas caídas, Adán y Eva, a quienes les cubrió su desnudez haciéndoles ropas.

Hemos visto la promesa que Dios hizo a Abraham y a los patriarcas, hemos visto el pacto que hizo en Sinaí con el pueblo de Israel a través de la función mediadora de Moisés, y hemos visto cómo este pacto se sigue renovando y expandiendo a través de las páginas de la historia bíblica.

Vimos la renovación del pacto en Siquem a cargo de Josué cuando dijo a la gente: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Ahora me gustaría dirigir tu atención a una nueva dimensión en ese drama de la historia de la redención que se encuentra registrado en 2 Samuel, empezando en el capítulo 7.

Esto incluye un episodio conmovedor de la vida de David. Esto sucedió cuando David estaba consolidando su posición como rey de la nación y tenía alrededor de 45 años. 2 Samuel capítulo 7 dice así: “Aconteció que cuando el rey habitaba en su casa,” (esto se refiere a su palacio) “después que Jehová le había dado reposo de todos sus enemigos en derredor…” ¿Te suena esa frase? ¿Recuerdas Siquem?

Recuerda cuando Josué renovó el tratado y renovó el pacto con su pueblo diciendo: “No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho”. “Nos ha dado reposo de nuestros enemigos”.

Y ahora David ha conquistado sus decenas de miles y los enemigos han sido dispersados fuera de la tierra, y David junto con el pueblo de Dios están disfrutando del reposo.

Es en esta ocasión que el rey, David le dijo al profeta Natán: “Mira ahora, yo habito en casa de cedro”, él tenía un palacio espléndido hecho con cedros majestuosos del Líbano; y continúa: “y el arca de Dios está entre cortinas.”

¿A qué se refiere David? Él dijo: ‘Mientras el pueblo de Dios vivía en el desierto y deambulaba de un lado a otro, Dios prometió estar en medio de este pueblo, y habitó con ellos en el tabernáculo, una tienda, un templo portátil que había que desarmar cada vez que las tribus se movían, tenían que desmontar la tienda, llevarla al siguiente lugar y luego armarla de nuevo.

Ahora David está en la tierra, ha consolidado la tierra santa y ha construido un palacio. Tiene su capital establecida en Jerusalén, y él dice: Espera un momento. Algo no está bien. Aquí estoy, soy el rey de este lugar, habito en esta mansión lujosa, en un palacio real construido con cedro, pero el arca de Dios, el trono de Dios, la residencia de Dios, está todavía en una tienda con pieles de cabra’; y David se siente mal por esta situación.

Algo no está bien. ¿Por qué un rey terrenal debería tener esa casa magnífica y nuestro rey celestial no tiene una casa magnífica? Entonces Natán le dijo al rey: “Anda, y haz todo lo que está en tu corazón, porque Jehová está contigo”.

Este es un episodio fascinante porque David tiene un plan. Él tiene una gran idea. ‘Voy a construir una casa para Dios. Voy a construir el templo de todos los templos. Voy a construir la catedral más magnífica que el mundo haya visto. Voy a construir un templo para el Dios vivo’.

Gran idea. Un plan maravilloso. Tremenda visión de David que le comunica al vocero de Dios, al profeta Natán.
Y a Natán le agrada la idea. ‘Tú puedes David’. “Haz todo lo que está en tu corazón”.

Así que, aún el profeta está de acuerdo en que el plan de David debería ser ejecutado. El verso 4 dice: “Aconteció aquella noche, que vino palabra de Jehová a Natán, diciendo: Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová:…”. Oh, oh, parece que habrá cambio de planes.

David le habló a Natán, Natán le habló a David, pero ninguno de ellos le había preguntado al Señor. Tenían su gran plan y parecía una buena idea. Era algo ‘ministerial’. No era para engrandecimiento propio. Había una intención espiritual detrás de eso.

Pero Dios dice: “Ve y di a mi siervo David: Así ha dicho Jehová: ¿Tú me has de edificar casa en que yo more? Ciertamente no he habitado en casas desde el día en que saqué a los hijos de Israel de Egipto hasta hoy, sino que he andado en tienda y en tabernáculo. Y en todo cuanto he andado con todos los hijos de Israel, ¿he hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro?” ¿Alguna vez dije, en toda la historia, que necesitaba o que quería un templo? Esa no es mi idea, David, es tu idea. “Ahora, pues, dirás así a mi siervo David: Así a dicho Jehová de los ejércitos: Yo te tomé de redil, de detrás de las ovejas, para que fueses príncipe sobre mi pueblo, sobre Israel; y he estado contigo en todo cuanto has andado, y delante de ti he destruido a todos tus enemigos, y te he dado nombre grande, como el nombre de los grandes que hay en la tierra.

Además, yo fijaré lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré, para que habite en su lugar y nunca más sea removido, ni los inicuos le aflijan más, como al principio, desde el día en que puse jueces sobre mi pueblo Israel; y a ti te daré descanso de todos tus enemigos. Asimismo Jehová te hace saber que él te hará casa.”

¿No es increíble? David dice: ‘voy a hacer una casa. Pobre Dios, no tiene una casa. Yo tengo una casa maravillosa. Tengo este palacio magnífico. Como tú no tienes casa, yo voy a hacerte una’. Dios dice: ‘No, tú no me vas a hacer una casa’. Los planes de Dios eran distintos y le dice a David: ‘David aprecio tu idea, pero tú no vas a construirme templo alguno. Tú hijo Salomón se encargará de ese proyecto’. ¿Por qué? ‘David, porque en tus manos hay mucha sangre como para que construyas un templo para mí’.

Pero lo increíble de todo esto es que Dios hace un pacto con David, un pacto incondicional, un pacto unilateral. David se acerca a Dios diciendo: ‘Dios, déjame hacer algo por ti. Quiero hacer algo grandioso para ti.’ Cuántos de ustedes alguna vez han pensado eso? ¿Cuántos de ustedes han dicho alguna vez:…. (yo lo he experimentado) ‘Dios quiero hacer grandes cosas para ti.’ ‘Dame una misión para que pueda hacer grandes cosas por tu causa.’ Y Dios dice: ¿Quieres hacer algo grandioso por mí?

Entonces cumple mi palabra y obedece mis mandamientos y deja de tratar de demostrar tu rectitud con tus obras. Deja de tratar de mostrarme tu afecto y tu devoción con maravillosos actos ministeriales. Lo que quiero es tu obediencia’.

Es evidente que Dios está mucho más preocupado con lo que somos que con lo que hacemos y debemos ser conscientes de eso; en especial como norteamericanos porque en nuestra cultura lo valioso se mide con rendimiento, con logros, con éxito, haciendo cosas sobresalientes.

No es que Dios se oponga al logro o al ministerio o al trabajo, en absoluto. A lo que me refiero es que a él le importa más lo que somos que lo que hacemos. Él quiere saber qué hay en nuestros corazones, qué hay en nuestro carácter, qué hay en nuestros deseos cuando buscamos honrarlo. Entonces, Dios dice: ‘Muchas gracias David. Es una idea maravillosa, espléndida, pero no. Tengo otros planes. Yo te voy a construir una casa.’

¿Qué? Mira Dios, la razón por la que he venido, la razón por la que hablé con Natán es porque yo ya tengo una casa. Es la casa más maravillosa del mundo. No quiero ser codicioso. Quiero darte a ti una casa. Tú mereces una casa. Yo no la merezco.

Tal como lo dirá luego en su oración: ‘¿Quién soy yo para vivir bajo un lujo como este?’ Pero Dios dice: ‘David, te voy a construir una casa’.

¿Qué crees que quería decir con eso? ¿Que David vería llegar, al día siguiente, a unos contratistas para demoler la estructura actual de la que tenía; iba a recibir otra visita de Hiram de Tiro y ahora tendría más madera, tendría más marfil, tendría joyas preciosas e iba a hacer que su palacio actual ahora luzca como una choza en comparación a la casa que Dios va a construir? Esa no era el tipo de casa que Dios tenía en mente. Escuchen, lo que Dios dice:

“Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino. El edificará casa a mi nombre, y yo afirmaré para siempre el trono de su reino. Yo le seré a él padre, y él me será a mí hijo.

Y si él hiciere mal, yo le castigaré con vara de hombres, y con azotes de hijos de hombres; pero mi misericordia no se apartará de él como la aparté de Saúl, al cual quité de delante de ti. Y será afirmada tu casa y tu reino para siempre delante de tu rostro, y tu trono será estable eternamente”. ¿Oyes lo que está diciendo? Este es un nuevo pacto, una promesa nueva que Dios le está haciendo a David y a su simiente.

Antes que nada, dijo: ‘David, he hecho grande tu nombre en el mundo. Ahora, la gente puede que no conozca los detalles del cristianismo, pero ¿quién en el mundo no sabe del gran rey David? No solo los defensores del cristianismo, no solo los defensores del judaísmo, no solo los partidarios del islam, sino que en todo el mundo se ha escuchado de la grandeza del rey David.

Dios le dio un nombre muy conocido. Es decir, nos encanta hablar sobre los ricos y famosos, y a veces anhelamos el honor, la fama y la popularidad; pero, en última instancia, que se nos dé un gran nombre, es un regalo de Dios.

Dios hizo grande el nombre de David, y ahora promete construirle una casa. Ahora, la promesa es inicialmente para la descendencia inmediata de David, para Salomón. Dios promete que Salomón continuará el reino.

Habrá una sucesión dinámica. El hijo de David se convertirá en rey. Y dijo: ‘Yo seré su padre y él será mi hijo’. ‘David, voy a ser como un padre para tu hijo y mi misericordia no se apartará de él tal como lo hice con Saúl, a quien quité delante de ti.

Si él hiciere mal lo castigaré, pero no voy a sacarlo del trono. Permaneceré con Salomón. Quizá tendré que darle un escarmiento, quizá tendré que reprenderlo, puede que tenga que amonestarlo, pero no alejaré mi Espíritu de él. No lo sacaré del trono, ni dejará de ser rey, tal como lo hice con Saúl porque David, yo estoy estableciendo tu simiente, tu casa, tu reino, no solo hasta la próxima generación, sino para siempre’. Aquí es donde viene la promesa de Dios a Israel de que el trono de David será un reino eterno.

Y sin embargo, la historia posterior hizo que casi toda la nación dijera: ‘Bueno, si hay alguna promesa del pacto en el Antiguo Testamento que falló, fue justo ésta. Dios dijo que iba a establecer el trono de David por todas las generaciones para siempre y por siempre y que su reino no tendría fin, desde la simiente de David.

Y el reino pasó a manos de Salomón, y de Salomón pasó a sus hijos. Y hubo una rebelión y división del reino entre el hijo de Salomón, Roboam, y Jeroboam, el líder de Israel.

En muy poco tiempo, la monarquía davídica estaba en ruinas, tanto así que más tarde el profeta Amós tendría que anunciar al pueblo que algún día Dios restauraría la casa de David que estaba caída, que se derrumbó. El palacio estaba en ruinas. Fue conquistado por las naciones enemigas. El reino se fue de Silo, o eso parece, hasta que el profeta Amós llegó y dijo: “En aquel día yo levantaré el tabernáculo caído de David….y levantaré sus ruinas.”

‘Aconteció que en los días de Augusto César, todo el mundo debía ser empadronado, y cada uno regresó a su ciudad.’ Y una pareja pobre llegó a Belén, la ciudad de David, y dio a luz a su hijo primogénito, que era del linaje de David. Y esa mañana en Belén, la construcción de la casa de David empezó nuevamente. Dios estaba construyendo una casa para sí mismo.

Como dijo Juan: “En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios” “y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”. “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. La palabra que se traduce como ‘habitó’, es la palabra hebrea para tabernáculo o tienda.

Dios ha levantado su tienda en medio nuestro otra vez. Dios estaba construyendo una casa permanente con un Rey permanente. Un reino que duraría por los siglos de los siglos. ¿Notas cómo cada promesa de cada pacto en el Antiguo Testamento alcanzó la cúspide de su cumplimiento con la venida de Cristo, quien era hijo de David y el Señor de David, quien era descendiente de David y Rey de David, quien era linaje de David y Salvador de David?

Y Dios edificó su casa en el reino de Cristo. Sus antiguas residencias: el tabernáculo en el desierto, incluso el gran templo de Salomón, todas eran formas de lo que vendría. Las ceremonias, el edificio mismo, todo lo que tuvo lugar dentro y alrededor del tabernáculo y del templo, apuntaba a esta casa futura que Dios iba a edificar en la persona del gran Hijo de David. Escucha la respuesta de David a esta promesa. “Y entró el rey David y se puso delante de Jehová”.

Natán le acababa de decir estas cosas y David inmediatamente va a la presencia de Dios y le dice: “¿quién soy yo, y qué es mi casa, para que tú me hayas traído hasta aquí? Y aun te ha parecido poco esto, Señor Jehová, pues también has hablado de la casa de tu siervo en lo por venir. ¿Es así como procede el hombre, Señor Jehová? ¿Y qué más puede añadir David hablando contigo? Pues tú conoces a tu siervo.”

Observa este pasaje. Esta oración de David es uno de los salmos más ricos que provienen de su pluma, donde repite una y otra vez: ‘Oh Soberano Dios, ¿quién soy yo y mi pueblo para gozar de tus beneficios?’ David entendió que no podía ganarse el favor de Dios con sus grandes obras, logros y sus maravillosos planes para el ministerio; sino que aún David tenía que descansar en la gracia de Dios.

Dios le cambió los planes: ‘No David, tú no necesitas hacerme una casa. Yo te construiré una casa. David está abrumado. ¿Tú me vas a construir una casa? ¿Quién soy yo? Si hay un error al cual todos estamos propensos, es el creer que debemos ganar nuestro lugar en el reino de Dios. Es un error que nace de nuestro orgullo, porque una de las cosas más difíciles de aprender para cualquier criatura es que la única manera en que podemos estar en la presencia de Dios, estar en su familia, entrar a su casa, es por Su gracia.

Todo cristiano necesita decir: ‘¿Quién soy yo, Dios, para que seas tan amable, ¿tan misericordioso?’ Todos podemos contemplar una mejor existencia de la que disfrutamos actualmente. No importa lo que hayamos recibido de la mano de la providencia de Dios, queremos más. Queremos más. Queremos más.

Pero el corazón del cristiano es el que se detiene, hace el balance y dice: ‘¿Quién soy yo para recibir las bendiciones que he recibido de las manos de Dios? Si Dios me tratara sobre la base de mis méritos, no tendría nada. Todos los regalos buenos y perfectos que disfruto en este mundo: mis amigos, trabajo, salud, posesiones, provienen de la abundante gracia de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

4/10 – Encuentra paz en la Palabra de Dios

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Vivifícame conforme a Tu Palabra (Salmo 119)

 4/10 – Encuentra paz en la Palabra de Dios

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/encuentra-paz-en-la-palabra-de-dios/

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss dice que cuando te metes en la Palabra de Dios, ésta te ayudará a tomar las decisiones correctas.

Nancy Leigh DeMoss: Escuchen amigas, el mayor antídoto para el pecado es tener una pasión y un afecto vivo por Cristo y por Su Palabra.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Aquí está Nancy continuando con una serie basada en el Salmo 119.  Se llama, Vivifícame conforme a Tu Palabra.

Nancy: Si no has estado con nosotras durante los últimos días en Aviva Nuestros Corazones, quiero que sepas que estamos invitando este año a nuestras oyentes a lo que hemos llamado el “Reto de leer la Biblia diariamente”.

Es un reto sencillo.  Mientras haces resoluciones de Año Nuevo, y mientras estás pensando en las metas para este año, las cosas que quieres lograr, estamos únicamente apelando a que consideres  que una de esas metas sea leer la Biblia todos los días durante este año 2014.  Ahora, no la Biblia completa cada día, pero que leas una porción de la Palabra de Dios todos los días durante todo este año.

Cuando aceptas este reto, no estás haciendo un voto que si lo rompes habrá algunas consecuencias fatales.  Solo estamos diciendo, “Únete a miles de mujeres alrededor del mundo que están diciendo, “Queremos conocer a Dios.  Queremos conocer Su Palabra.  Es por eso que queremos tomar tiempo cada día para estar en Su Palabra durante este año que inicia”.

Creo que Dios desea esto aún más de lo que nosotras lo queremos.  Así que si tú le pides que te ayude a recordar este reto, puedo asegurarte  que Él lo hará.

Te animamos a escribirnos una nota debajo de la transcripción de este programa para dejarnos saber que aceptas este reto. Si entras a AvivaNuestrosCorazones.com también encontrarás recursos te ayudarán a seguir adelante.  Claro, una cosa es hacer este tipo de compromiso la primera o la segunda semana de enero.  Otra cosa es cuando llegas a febrero, mayo y octubre y ya lo has olvidado. Te animamos a mantenerte firme en tu decisión.

Y si te mantienes conectada a nuestra página, podrás compartir tu experiencia con otras mujeres que también han aceptado el reto de leer la Biblia todos los días. También te animamos a escribir o anotar las cosas que Dios te va mostrando en Su Palabra. Puedes hacerlo en cualquier cuaderno de anotaciones, o puedes descargar unos lindos diseños que puedes también obtener en nuestra página.

Es verdaderamente una herramienta simple que te permitirá por un año darle un poco de seguimiento a lo que estás leyendo cada día—solamente tienes que escribir unas pocas líneas. No tienes que ser una gran escritora ni nada por el estilo. Solamente escribe, “Este es el texto que me impactó hoy.” Puede ser un solo versículo, un párrafo , un capítulo… lo que sea.  Entonces toma dos o tres líneas y solamente escribe el versículo que te haya llamado la atención o el entendimiento que Dios te haya dado sobre algo en particular o simplemente una oración en respuesta a lo que leíste.

Quizás quieras dedicar una página por día o una página por semana, pero la meta es que puedas ir durante el año acompañando tu lectura de la Biblia con estos comentarios escritos.

En la página de AvivaNuestrosCorazones.com también encontrarás planes de lectura bíblica—quizás quieras leer la Biblia completa en un año o quizás quieras ir a un ritmo más lento. Te animamos a visitar la página y a encontrar el plan que mejor se ajusta a ti.

Así que, ¿ya te decidiste a aceptar el reto? Es mi oración que lo puedas aceptar.

Bueno, en el programa anterior hablamos de los cinco beneficios y bendiciones que la Palabra de Dios nos trae; y hemos estado estudiando el Salmo 119. No lo estamos haciendo versículo por versículo sino repasando algunos temas. Uno de los primeros temas que vimos en el programa anterior, consiste en las bendiciones y beneficios que recibimos de la Palabra de Dios.

La Palabra de Dios nos da libertad. Nos da esperanza. Nos da consuelo. Nos da fortaleza y estabilidad. Nos pone de nuevo sobre nuestros pies cuando hemos sido golpeadas por las circunstancias de la vida. Y nos da vida. Aviva nuestros corazones.

Hoy quiero que veamos otras bendiciones y beneficios—razones por las que debes querer leer la Palabra de Dios cada día durante este año—y vamos a dedicar la mayor parte de nuestro tiempo en los dos últimos de estos beneficios.  Los tres primeros los veremos rápidamente.

Así que, retomando a partir del  número seis (vimos los cinco primeros en la sesión anterior): La Palabra de Dios nos da dirección. Nos da dirección; nos guía. Necesitamos sabiduría para saber qué hacer, cómo caminar, cómo tratar con las circunstancias de nuestra vida.  Las personas hoy pagan un montón de dinero para tener consejeros, para conseguir terapeutas, para obtener recomendaciones sabias de otras personas.

Bueno, el versículo 24 del Salmo 119 nos dice, “También tus testimonios son mi deleite; ellos son mis consejeros.” La Palabra de Dios es un consejero.  Así que el salmista está diciendo: “Cuando necesito sabiduría, ¿a dónde voy a ir? Iré a ese Libro. Voy a recurrir a la Palabra de Dios para buscar consejo”.

Ahora, eso no significa que otros consejeros no pueden ser beneficiosos para nosotras, pero van a ser más beneficiosos si nos remiten hacia la Palabra de Dios que nos da la sabiduría de Dios.

Uno de los versículos más familiares de este pasaje es el 105:

“Lámpara es a mis pies tu Palabra y luz para mi camino.”

Y entonces el versículo130:

“La exposición de tus palabras imparte luz; da entendimiento a los sencillos.”

Ahora, a medida en que piensas que Palabra de Dios es una luz, que da dirección, consejo, sabiduría; lo primero que debemos reconocer, para que esa luz ilumine nuestro camino, necesitamos reconocer que necesitamos luz, que carecemos de sabiduría, de entendimiento; que somos simples y que necesitamos la ayuda de Dios.

Estaba estudiando el Salmo 119 hace unas semanas, tarde en la noche cuando la electricidad se fue en mi área sin ninguna explicación. Había libros regados por toda mi cama, y papeles, esquemas, notas, y estaba oscuro.  No podía ver.  Gracias a Dios, tenía velas suficientes para quemar una casa, pero estaba muy consciente en ese momento de que necesitaba luz para poder estudiar.  Necesitas luz para poder ver.

Así que, si tienes preguntas con relación a decisiones para tu futuro, para tu familia, matrimonio, hijos, finanzas, trabajo, prioridades, relaciones… todos tenemos temas que necesitamos tratar.  Acabo de hablar con varias mujeres que están lidiando con circunstancias difíciles de la vida.  Necesitas dirección.  Necesitas orientación.  Necesitas sabiduría. Necesitas iluminación.

¿Estás recurriendo a la Palabra de Dios para obtenerla? La Palabra de Dios es una lámpara.  Es una luz.  La revelación de Su Palabra alumbra nuestro camino.

Ahora, déjame solamente recordarte: Si tú quieres sabiduría, el conocimiento no es suficiente. La Palabra de Dios tampoco es como una poción mágica o un amuleto de buena suerte.

Tienes que tenerla en tu corazón.

Tienes que recurrir a ella.

Tienes que hacer uso de ella.

Tienes que meditar en ella.

Tienes que guardarla.

Tienes que usarla, depender en ella y aplicarla.

Entonces será luz para tu camino.

De manera que ese es el primer beneficio que vamos a ver hoy.  Y ahora vamos a ver el próximo, la Palabra de Dios nos da liberación. La palabra que en realidad se usa en una serie de versículos en el Salmo 119 es salvación.

“Venga también a mi tu misericordia, oh SEÑOR, tu salvación conforme a Tu Palabra.” (v. 41)

En el contexto del Antiguo Testamento, la salvación de Dios equivale a Su liberación de los enemigos.  La acción de Dios de liberar a Su pueblo de sus enemigos, y, por supuesto, en el contexto de la totalidad de las Escrituras, sabemos que Dios es un Dios salvador Quien ha enviado a Jesucristo a esta tierra como el medio de liberarnos del enemigo del pecado y de Satanás.

Así que vemos indicios del Evangelio, indicios que apuntan al concepto de la salvación que obtenemos del Nuevo Testamento, vemos conceptos sobre la salvación  que se despliegan más ampliamente en el Nuevo Testamento.

Versículo 94 dice:

“Tuyo soy, Señor, sálvame, pues tus preceptos he buscado.”

Versículo 155:

“Lejos está de los impíos la salvación, porque no buscan tus estatutos.”

La Palabra de Dios, trae liberación a aquellos que la conocen, a los que la aman, confían en ella, y la guardan. Trae salvación.

Ahora, un recordatorio aquí. Es aquí donde tenemos que tener en mente la totalidad de las Escrituras cuando estudiamos una porción de ella. No somos salvadas de manera espiritual, no somos salvas del pecado por guardar la ley.  Bueno, pudiéramos serlo si tan solo pudiéramos guardar toda la ley perfectamente cada momento de nuestras vidas.  Pero todas sabemos que no podemos.  Somos infractoras de la ley, por lo que no podemos ser salvas por guardar la ley.

Pero la ley sí nos señala el estándar de Dios.  Nos señala la santidad de Dios, y una vez que hemos sido salvadas del pecado, una vez que  somos hijas de Dios, La Palabra de Dios se convierte en un medio de gracia y crecimiento en nuestras vidas.  Nos convence de pecado.  Nos cambia.  Transforma la manera en la que pensamos y las mentiras que creemos son reemplazadas por la verdad.

Dios usa Su Palabra para liberarnos de nuestros enemigos, y ves esto como un tema a lo largo del Salmo 119.

Entonces hay un versículo que habla del próximo beneficio (me encanta este versículo); se trata de la paz. Es uno de mis favoritos. El Salmo 119:65 dice:

“Mucha paz tienen los que aman tu ley; nada los hace tropezar.”

Ese es un gran versículo para llevarte contigo.  Si vas a elegir un versículo del Salmo 119  para aferrarte a él en este año, ese quizás deba ser uno de los que elijas. “Mucha paz tienen los que aman tu ley.”

Si me veo envuelta en circunstancias que me hacen estar inquieta, ansiosa, si he perdido mi paz; esto pudiera ser un indicador de que he perdido mi conexión con la Palabra de Dios. “Mucha paz tienen aquellos que aman tu ley.”

Escucha la siguiente parte: “Nada los hace tropezar.” Nada te puede hacer caer.  La Palabra de Dios te sostendrá con paz en tu corazón en medio de cada circunstancia si estás amando Su ley.

Si para mi es más importante recibir consuelo u aprobación o respeto u otra cosa de esta tierra, si tener todas esas cosas es más importante para mi que tener a Dios y Su Palabra, entonces yo perderé mi paz.  Voy a tropezar.

El salmista estaba en paz, y vemos a través de este salmo que él estaba bajo ataque.  Él estaba siendo asediado.  Ves muchas referencias a enemigos en el Salmo 119.  Por eso es que él necesitaba la paz de Dios, y él encontró esa paz y esa libertad  que le evitó tropezar en la Palabra de Dios.

Y esto me lleva al siguiente beneficio, es un tema importante y recurrente en este salmo, y es que la Palabra de Dios nos da ayuda o nos ofrece protección cuando nos enfrentamos al mal, cuando enfrentamos oposición, cuando las personas vienen en contra nuestra, cuando las circunstancias están en nuestra contra.

Comenzando en el versículo 23:

“Aunque los príncipes se sienten y hablen contra mí, tu siervo medita en tus estatutos.”

Esto es un recordatorio que la oposición puede venir de personas poderosas.  Puede que no sea un príncipe político.  Puede ser la cabeza de tu familia o tu jefe o alguien que tiene mucha influencia, mucha reputación, y esa persona se sienta a confabular en tu contra. Ellos están tratando de pensar cómo pueden hacer que tu vida sea miserable.

Y el salmista, quién sea que escribió el Salmo 119, estaba enfrentando algunas circunstancias parecidas a esta.  Es por eso que a veces pienso que David probablemente escribió este salmo porque mucho de lo que describe aquí es indicativo de lo que sabemos sobre su vida— él tenía mucha oposición. Y la tendencia cuando estamos enfrentando oposición, la tentación es a enfocarnos en los oponentes y en sus tramas.

“Príncipes se sientan hablando contra mí.”  Cuando alguien está tratando de subyugarte, eso es en lo único que puedes pensar, ¿No es así? Pero no el salmista.

Él dice, “Príncipes se sientan y hablan contra mí, pero tu siervo [esa soy yo] meditará en [¿que?] en tus estatutos [en la verdad, en la Palabra de Dios].

Él dice en el versículo 61:

“Los lazos de los impíos me han rodeado, más no me he olvidado de tu ley. . . . Los soberbios han forjado mentira contra mí. “(vv. 61, 69)

Soberbios. Esa es una palabra que significa aquellos que son arrogantes, orgullosos, altaneros.

“Los soberbios han forjado mentira contra mí, pero de todo corazón guardaré tus preceptos. . . Sean avergonzados los soberbios, porque me agravian con mentiras.” (vv.69,78)

De manera que aquí está el salmista acusado falsamente.  Lo ves una y otra vez a través de este salmo.  Por cierto, las estoy motivando durante esta serie a considerar leer el Salmo 119 cada día.  Te tomará como quince minutos.  Verás algunos de estos temas recurrentes cuando lo hagas.

Pero él está siendo acusado falsamente.  Él no está sufriendo las consecuencias de su propio comportamiento.  Algunas veces eso sucede, y entonces necesitamos la Palabra de Dios también.  Pero este es un caso donde él está siendo acusado falsamente.

Pero esto es lo que me encanta de estos versículos:  Él no permite que los pecados de otros, lo que otros han hecho mal,  él no permite que causen que él peque en su propio corazón.  Y, ¿acaso no es cierto que cuando otros vienen en contra de nosotros, cuando nos atacan, cuando nos hacen daño, que nuestra tendencia es a reaccionar pecaminosamente debido a nuestro enojo, debido a nuestra amargura o ponernos vengativos o críticos?  Nos proponemos destruir la  reputación de esa persona porque dañaron la nuestra.

El salmista no hace eso. Él no permite que los pecados de otros lo lleven a pecar. Él resolvió vivir por la Palabra de Dios independientemente de lo que otros le puedan hacer.

Y en esto se resume todo: Si amas a Dios, si amas Sus caminos, si estás tratando de agradar a Dios con tu vida, te estás colocando en un camino de enfrentamiento con el mundo.  Estás yendo contrario al camino que el mundo va, así que tendrás oposición.  Habrá fricción.

Ahora, algunas veces podemos causar nuestra propia fricción.  Eso no es de lo que estoy hablando aquí.  Me refiero a cuando tú estás buscando agradar al Señor y honrarlo y simplemente te encuentras enfrentándote a otras personas que no tienen esos mismos valores, y habrá personas que te odien.

No es porque te odien a ti, sino que odian a Dios.  Ya sea que se den cuenta o no, ellos se han colocado a sí mismos en contra de Dios, así que ellos se colocarán en tu contra, en contra del pueblo de Dios.

Necesitas esperar esa fricción. Si tu vida, por un período extendido de tiempo, no tiene ninguna fricción, no tiene ninguna colisión, necesitas preguntarte:  ¿Estoy realmente viviendo una vida piadosa?

Y de nuevo, no es que nos estemos haciendo odiosos para el mundo y por eso ellos están pensando mal del cristianismo.  Es que nosotras estamos sinceramente tratando de agradar al Señor, y esto hará que nos topemos con personas quienes tienen una cosmovisión completamente diferente.

Así que se burlarán de nosotras aquellos que resisten a Dios, aquellos que son orgullosos, aquellos que no quieren nada con Él o con Sus caminos.  Pero aun en medio de una oposición implacable, el salmista es capaz de mantenerse inquebrantable.

Si te enfrentas a estas situaciones apartada de la Palabra de Dios y  de la gracia de Dios, vas a terminar siendo una víctima, sintiéndote como una víctima, vas a terminar siendo minoría, oprimida, te vas a sentir engañada y perseguida. Pero cuando pones tu confianza en Dios, como lo hizo el salmista, cuando clamas a Él y vives por Su Palabra, ya no eres más la víctima.  Te conviertes en victoriosa.

Bueno, pues ahora déjame hablarte sobre otra bendición y beneficio que surge de asimilar la Palabra de Dios.  Y es que la Palabra de Dios nos protege del pecado. Es nuestra mayor defensa contra el pecado. En el beneficio anterior, estábamos hablando acerca de estar protegidas de los pecados de los demás.

Ahora estamos hablando sobre estar protegidas de nuestros propios pecados, de la tentación.  Y en este salmo el salmista identifica una responsabilidad doble: La parte de Dios y la nuestra.  ¿Tú quieres mantenerte libre de pecado? ¿Tú quieres vivir una vida limpia y pura?  Dios tiene una responsabilidad, y nosotras tenemos una responsabilidad.

Así que primero el salmista clama a Dios para que no lo deje ser vencido por el pecado.  Versículo 133, él dice, “Afirma mis pasos en tu palabra, y que ninguna iniquidad me domine.”  Dios, por favor, líbrame del pecado.

Y veamos los versículos 9-11.  Es una parte familiar de este capítulo, pero quiero que veas cómo aquí el salmista acepta la responsabilidad personal de salvaguardar su propio corazón  y de hacerlo por los medios de gracia que Dios ha provisto en Su Palabra.

Él dice,

“¿Cómo puede el joven guardar puro su camino?  Guardando Tú Palabra.  Con todo mi corazón te he buscado; no dejes que me desvíe de tus mandamientos. En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti.”

Una de las cosas obvias que vemos aquí es que somos muy propensas a dudar, y lo vemos en este pasaje.  Somos propensas a descarriarnos.  Tenemos esa inclinación.

Y entonces también nos damos cuenta en este pasaje que todo pecado es en realidad en contra de Dios.  “Yo no quiero pecar contra Ti,” él dice en el versículo 11.  O sea que él ora, en primer lugar, que Dios lo guarde de pecar.

En el versículo 9, él dice, “¿Cómo puede un joven guardar puro su camino?”  Esa palabra significa transparente, claro, inocente.  Habla sobre la pureza de conducta, y ese deseo de ser pura es una evidencia de que eres una hija de Dios.  Si tú no tienes ningún deseo de vivir una vida pura, necesitas preguntarte: “¿Tengo una relación con Dios realmente? ¿Pertenezco realmente a Él?”

También te das cuenta en esta estrofa que vivir una vida pura, vivir una vida piadosa envuelve una batalla.  Envuelve una batalla.  O tú dominarás el pecado, o serás dominada por el pecado.  Y es por eso que esta oración es tan importante.  “¿Cómo puedo mantener mi camino puro? Con todo mi corazón te buscaré.  No me dejes alejarme de tus mandamientos”.

Te das cuenta que no puedes simplemente deslizarte cuando se trata de la santidad, que mantenerse fuera del pecado requiere intencionalidad.  Tienes que ser determinada sobre esto.  Así que él ora para guardar su corazón.  Él ora para buscar a Dios intensamente.  Él dice, “Voy a poner esmerada atención a tus leyes y tus estatutos.”

Y en el versículo 11,  “En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti.”

Te haces la pregunta:  “¿Cómo puedo mantener mi corazón puro?” ¿Te importa eso a ti? Le importaba al salmista.  Le importa a Dios.  Es necesario que nos importe a nosotras también.

¿Oras para guardarte del extravío de apartarte del camino? O solamente te apartas y después dices, “Uy, Dios mío, ayúdame a regresar”? Ahora, gracias a Dios que después de extraviarnos, podemos orar y decir, “Dios, ayúdame a volver al camino.”  Pero ¿Oras antes de pecar para que Dios te preserve de pecar? Eso es una parte importante de esta oración.

Y ¿Tienes en marcha alguna estrategia  para proteger tu corazón? El salmista pensó sobre esto antes de entrar en tentación. No esperes hasta que entres en tentación moral para trazar una estrategia para lidiar con la tentación moral.  Elabora la estrategia primero. Y la estrategia del salmista es:  “Pon la Palabra de Dios en mi corazón,  Ponla en mi ser”.

Así que yo pregunto:  ¿Es tu consumo de la Palabra suficiente para guardar tu corazón del pecado? ¿Estás obteniendo suficiente de la Palabra de Dios para protegerte en la batalla contra el pecado?

Ahora, no solamente antes de pecar, sino después de pecar, cuando nos vamos por el mal camino, la Palabra de Dios es esencial para nuestra restauración.  Y es por eso que me encanta ese último versículo del Salmo 119.  El versículo 176, y he orado esto para mí misma justamente en estos últimos días:  “Me he descarriado como oveja perdida, busca a tu siervo, porque no me olvido de tus mandamientos”.

Él se da cuenta de que necesita la ayuda de Dios para ser restaurado.  “Busca a tu siervo.”  Pero también asume la responsabilidad de conocer y hacerle caso a los mandamientos de Dios.

Escuchen amigas, el mayor antídoto para el pecado es tener un afecto y una pasión viva por Cristo y Su Palabra.

Sam Storms, quien ha escrito un libro de meditaciones sobre los salmos dice en su meditación sobre el Salmo 119,  “Solamente cuando los caminos de Dios son dulces al paladar, se tornará el pecado amargo para nuestras almas.”

La mejor manera de combatir el pecado es tener una pasión y un afecto por Cristo y Su Palabra, deleitarse en Él.  Es por eso que el enemigo trata con tanta fuerza de mantenernos enamorados y entretenidos con cosas menores, con sustitutos de Dios, cosas que  reemplazan nuestro amor por Cristo, y ahí es cuando nos apartamos. Así que si quieres luchar con éxito contra el pecado este año, no solo averigües cómo puedes batallar en contra del pecado. Investiga cómo puedes guardarte de manera preventiva; cómo puedes estar preparada en la batalla, amando la Palabra de Dios, guardándola en tu corazón para que cuando la tentación llegue, estés preparada para combatir al enemigo con los medios de  gracia que Dios ha provisto a través de Su Palabra.

Leslie: Ese mensaje es parte de una serie titulada Vivifícame conforme a Tu Palabra Durante esta serie basada en el Salmo 119, Nancy nos ha estado ofreciendo un reto de leer la Palabra de Dios cada día durante este año que inicia.

Si estás lista para el reto, déjanos saber que lo estás aceptando. Escribe una nota al pie de este programa. Visita AvivaNuestrosCorazones.com.

¿Sabes qué Nancy dice que su iPhone es una bendición peligrosa? La ayuda a realizar un montón de cosas más rápido, pero también puede ser una gran tentación cuando ella se aparta de la Palabra de Dios.  Entérate por qué ella dice eso mañana en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

¡Cuánto Amo Tu Ley!, Danilo Montero.

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Errores del Evangelio de la Prosperidad

Soldados de Jesucristo

Errores del Evangelio de la Prosperidad

David W Jones

Hace más de un siglo Charles Spurgeon, hablándole a la más grande congregación de su tiempo, dijo:

«Creo que es anticristiano y profano para cualquier cristiano vivir con el objetivo de acumular riquezas. Dirás: “¿No debemos esforzarnos por conseguir todo el dinero que podamos?”. Podrías hacerlo. No me cabe duda que, al hacerlo, tú puedas servir la causa de Dios. Pero lo que dije fue que vivir con el objetivo de acumular riqueza es anticristiano».1

Sin embargo, a través de los años, el mensaje que se ha estado predicando en algunas de las iglesias más grandes del mundo ha cambiado; de hecho, un nuevo evangelio se está enseñando a muchas congregaciones hoy. A este evangelio se le han adscrito muchos nombres, tales como «el evangelio del decláralo y recíbelo», «el evangelio del písalo y arrebátalo», «el evangelio de la salud y las riquezas», «el evangelio de la prosperidad» y «la teología de la confesión positiva».

No importa el nombre que se use, la esencia de este nuevo evangelio es la misma. En pocas palabras, este egocéntrico «evangelio de la prosperidad» enseña que Dios quiere que los creyentes estén físicamente sanos, sean materialmente ricos y personalmente felices. Escuche las palabras de Robert Tilton, uno de los portavoces más conocidos del evangelio de la prosperidad: «Creo que es la voluntad de Dios para todos prosperar porque lo veo en la Palabra, no porque haya funcionado poderosamente para otra persona. No pongo mis ojos en los hombres, sino en Dios que me da el poder para obtener riqueza».2

Los maestros del evangelio de la prosperidad animan a sus seguidores a orar e incluso a demandar a Dios un florecimiento material.

Cinco errores teológicos del evangelio de la prosperidad
Russell Woodbridge y yo escribimos un libro titulado Health, Wealth, and Happiness[Salud, riqueza y felicidad]3 para examinar las afirmaciones de los defensores del evangelio de la prosperidad. Si bien nuestro libro es demasiado amplio para ser resumido aquí, en este artículo me gustaría revisar cinco doctrinas que cubrimos en nuestro libro; doctrinas sobre las cuales los defensores del evangelio de la prosperidad se equivocan. Al discernir estos errores con respecto a las doctrinas claves, espero que los lectores de este artículo vean claramente los peligros del evangelio de la prosperidad. Las doctrinas que cubriré son el pacto Abrahámico, la expiación, el dar, la fe y la oración.

El pacto Abrahámico es un medio para el derecho material.
El primer error que consideraremos es que el evangelio de la prosperidad ve el pacto Abrahámico como un medio para el derecho material.

El pacto Abrahámico (Gn. 12, 15, 17, 22) es una de las bases teológicas del evangelio de la prosperidad. Es bueno que los teólogos de la prosperidad reconozcan que gran parte de la Escritura es el registro del cumplimiento del pacto Abrahámico, pero es malo que no mantengan una visión ortodoxa de este pacto. Tienen una visión incorrecta del inicio del pacto; más significativamente, tienen una visión errónea de la aplicación del pacto.

Edward Pousson expresó mejor la visión de la prosperidad sobre la aplicación del pacto Abrahámico cuando escribió: «Los cristianos son hijos espirituales de Abraham y herederos de las bendiciones de la fe… Esta herencia abrahámica se desenvuelve principalmente en términos de beneficios materiales».4 En otras palabras, el evangelio de la prosperidad enseña que el propósito primordial del pacto Abrahámico era que Dios bendijera a Abraham materialmente. Ya que los creyentes son ahora los hijos espirituales de Abraham, han heredado estas bendiciones financieras.

El maestro de la prosperidad, Kenneth Copeland, escribió: «Como el pacto de Dios ha sido establecido, y la prosperidad es una provisión de este pacto, ¡tú tienes que tomar conciencia de que la prosperidad ahora te pertenece!».5

Para respaldar esta declaración, los maestros de la prosperidad apelan a Gálatas 3:14, que se refiere a: «las bendiciones de Abraham que vienen sobre los gentiles en Cristo Jesús». Es interesante, sin embargo, que en sus apelaciones a Gálatas 3:14, los maestros de la prosperidad ignoran la segunda mitad del versículo, que dice: «a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu».En este versículo Pablo le recordaba claramente a los Gálatas la bendición espiritual de la salvación, no la bendición material de la riqueza.

La expiación de Jesús se extiende hasta el «pecado» de la pobreza material.
Un segundo error teológico del evangelio de prosperidad es una visión defectuosa de la expiación.

El teólogo Ken Sarles escribe: «el evangelio de la prosperidad afirma que tanto la curación física como la prosperidad financiera han sido provistas en la Expiación».6 Esto parece ser una observación precisa a la luz del siguiente comentario de Kenneth Copeland: «el principio básico de la vida cristiana es saber que Dios ha puesto nuestro pecado, malestar, enfermedad, tristeza, angustia y pobreza sobre Jesús en el Calvario».7 Este malentendido del alcance de la expiación proviene de dos errores que cometen los proponentes del evangelio de la prosperidad.

En primer lugar, muchos de los que se aferran a la teología de la prosperidad tienen un concepto erróneo fundamental de la vida de Cristo. Por ejemplo, el maestro John Avanzini proclamó: «Jesús tenía una casa bonita, una casa grande»,8 «Jesús manejaba mucho dinero»9 e incluso «vestía ropas de diseñador».10 Es fácil ver cómo esa visión deformada de la vida de Cristo podría llevar a un concepto igualmente deformado sobre la muerte de Cristo.

Un segundo error que conduce a una visión errónea de la expiación es una interpretación errónea de 2 Corintios 8:9, que dice: «Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos». Si bien una lectura superficial de este versículo puede llevar a creer que Pablo estaba enseñando acerca de un aumento en la riqueza material, una lectura contextual revela que Pablo estaba enseñando el principio opuesto. De hecho, Pablo estaba enseñando a los corintios que, puesto que Cristo realizó tanto por ellos a través de la expiación, ellos debían vaciarse de sus riquezas al servicio del Salvador. Esta es la razón por la cual solo cinco cortos versículos más tarde Pablo instaría a los corintios a dar sus riquezas a sus hermanos necesitados, escribiendo «para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos» (2 Co. 8:14).

Los cristianos dan para obtener compensación material de Dios.
Un tercer error del evangelio de la prosperidad es que los cristianos deben dar para obtener compensación material de Dios. Una de las características más llamativas de los teólogos de la prosperidad es su aparente fijación con el acto de dar. Los estudiantes del evangelio de la prosperidad son instados a dar generosamente y se enfrentan a declaraciones tan piadosas como: «La verdadera prosperidad es la habilidad de usar el poder de Dios para satisfacer las necesidades de la humanidad en cualquier esfera de la vida»11 y «hemos sido llamados a financiar el avance del evangelio en el mundo».12

Si bien estas declaraciones parecen ser loables, este énfasis en dar se basa en motivos que son todo menos filantrópicos. La fuerza que impulsa esta enseñanza sobre el dar es a lo que el maestro de la prosperidad Robert Tilton se refirió como la «Ley de la compensación». Según esta ley, supuestamente basada en Marcos 10:30,13 los cristianos necesitan dar generosamente a otros porque cuando lo hacen, Dios devuelve más a cambio. Esto, a su vez, conduce a un ciclo de prosperidad cada vez mayor.

Como dijo Gloria Copeland: «Si das $10 recibirás $1,000, si das $1,000 recibirás $100,000… En resumen, Marcos 10:30 es un muy buen negocio».14 Es evidente, entonces, que la doctrina de dar del evangelio de la prosperidad se fundamenta en motivos defectuosos. Si bien es cierto que Jesús enseñó a sus discípulos a dar, sin esperar nada a cambio (Lc. 10:35), los teólogos de la prosperidad enseñan a sus discípulos a dar porque conseguirán un gran retorno de su inversión.

La fe es una fuerza espiritual auto-generada que conduce a la prosperidad.
Un cuarto error de la teología de la prosperidad es su enseñanza de que la fe es una fuerza espiritual auto-generada que conduce a la prosperidad. Mientras que el cristianismo ortodoxo entiende la fe como la confianza en la persona de Jesucristo, los maestros de la prosperidad adoptan una doctrina muy diferente. En su libro TheLaws of Prosperity, Kenneth Copeland escribe: «La fe es una fuerza espiritual, una energía espiritual, un poder espiritual. Es esta fuerza de fe la que hace funcionar las leyes del mundo espiritual… Hay ciertas leyes que gobiernan la prosperidad revelada en la Palabra de Dios. La fe hace que esas leyes funcionen».15 Obviamente, esto es un entendimiento defectuoso, quizás incluso herético, de la fe.

Según la teología de la prosperidad, la fe no es un acto de la voluntad otorgado por Dios y centrado en Dios. Más bien es una fuerza espiritual humanamente forjada, dirigida a Dios. De hecho, cualquier teología que considere la fe únicamente como un medio para el logro material antes que para la justificación ante Dios debe ser juzgada como defectuosa e inadecuada.

La oración es una herramienta para forzar a Dios a conceder prosperidad.
Finalmente, el evangelio de la prosperidad trata la oración como una herramienta para forzar a Dios a conceder prosperidad. Los predicadores del evangelio de la prosperidad a menudo notan que «no tenéis lo que deseáis, porque no pedís» (Stg. 4:2). Los defensores del evangelio de la prosperidad animan a los creyentes a orar por el éxito personal en todas las áreas de la vida. CrefloDollar escribe: «Cuando oramos, creyendo que ya hemos recibido lo que estamos pidiendo, Dios no tiene otra opción que hacer lo que le pedimos… Es una clave para obtener resultados como cristiano».16

Ciertamente las oraciones para la bendición personal no son intrínsecamente erróneas, pero el énfasis excesivo del evangelio de la prosperidad en el hombre convierte la oración en una herramienta que los creyentes pueden usar para obligar a Dios a conceder sus deseos.

Dentro de la teología de la prosperidad, el hombre—no Dios—se convierte en el enfoque de la oración. Curiosamente, los predicadores de la prosperidad a menudo ignoran la segunda mitad de la enseñanza de Santiago sobre la oración que dice: «Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (Stg. 4:3). Dios no responde a peticiones egoístas que no honran su nombre.

Ciertamente, todas nuestras peticiones deben ser presentadas a Dios (Fil. 4:6), pero el evangelio de la prosperidad se centra tanto en los deseos del hombre que puede llevar a la gente a hacer oraciones egoístas y superficiales que no traen gloria a Dios. Además, cuando se combina con la doctrina de la fe de la prosperidad, esta enseñanza puede llevar a la gente a tratar de manipular a Dios para obtener lo que quieran—una tarea inútil. Esto está muy lejos de orar para que se haga la voluntad de Dios.

Un falso evangelio
A la luz de la Escritura, el evangelio de la prosperidad es fundamentalmente defectuoso. En el fondo, el evangelio de la prosperidad es en realidad un evangelio falso debido a su visión defectuosa de la relación entre Dios y el hombre. En pocas palabras, si el evangelio de la prosperidad es verdadero, la gracia es obsoleta, Dios es irrelevante y el hombre es la medida de todas las cosas. Ya sea que estén hablando del pacto Abrahámico, de la expiación, del dar, de la fe o de la oración, los maestros de la prosperidad convierten la relación entre Dios y el hombre en una transacción de dar para recibir. Como James R. Goff señaló, Dios es «reducido a una especie de “botones cósmicos” atendiendo a las necesidades y deseos de su creación».17 Esta es una visión totalmente inadecuada y no bíblica de la relación entre Dios y el hombre.

Este artículo fue traducido por Raul Caban.

Publicado originalmente en la Revista 9Marcas #5 | Volvamos al Evangelio | Puedes descargarla gratis aquí

http://www.sdejesucristo.org/errores-del-evangelio-de-la-prosperidad/

Renovación del pacto

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Renovación del pacto

R.C.Sproul

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Hace poco visité a unos amigos en Jackson, Mississippi y cuando llegamos a su puerta, noté en el marco superior, arriba de la puerta había una placa que tenía la siguiente inscripción: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”.  Creo que todos han escuchado esta frase, ¿cierto?

La pregunta es, ¿de dónde viene? ¿cuál fue la razón por la que alguien se paró y dijo: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová”? ¿Por qué fue una afirmación significativa en el drama e historia de la redención? Esta afirmación, por supuesto, fue pronunciada por Josué, pero las circunstancias en que Josué las dijo, es de gran importancia para nuestra comprensión del patrón completo de la historia bíblica y del drama de la redención.

Cuando miramos la estructura de los pactos en el Antiguo Cercano Oriente, la estructura del tratado de esos días, recordarán que mencioné que dentro de los elementos del pacto estaba el prólogo: un preámbulo por el cual la persona soberana en el tratado, el gran rey, se identificaba por su nombre y rango

Y que lo que venía después era el prólogo histórico donde se actualizaba la historia de la relación del gran rey con sus vasallos. Mencioné también que, en el Antiguo Testamento, cuando Dios hace un pacto con su pueblo, cuando lo hace con Abraham, Él dice: “Yo soy Jehová, que te saqué de Ur de los caldeos”, y luego en los próximos pactos, Él actualizaría esa historia diciendo: “Yo soy el Dios de Abraham, de Isaac y de Israel.”

Más adelante Él dice: “Yo soy Jehová tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto” según vimos cuando Dios instituyó el pacto por medio de Moisés y la entrega de los Diez Mandamientos. Pero no solo tenemos esas instancias donde Dios entra en una nueva dimensión de pactos, según hemos visto, sino que también había una disposición en Israel que era igual al de otras naciones de ese tiempo, donde se celebraban ceremonias en los momentos indicados con el fin expreso de renovar el pacto, y a eso es que llamamos ‘ceremonias de renovación del pacto’.

¿Recuerdas al final de la vida de Moisés, justo antes de morir, que él reunió al pueblo a su alrededor y dijo que iba a partir, que no iba a entrar a la tierra prometida con ellos y comprometió al pueblo a que renovaran su promesa y juramento a los términos del pacto.

Y en esa ceremonia sucedió algo más, algo que se llama: ‘celebraciones dinámicas de sucesión’, donde la responsabilidad pasa de un líder al siguiente, de la generación anterior a la nueva generación. Y, en esa ocasión, Moisés, mientras estaba aún vivo, hizo que el pueblo jurara lealtad a Josué. El bastón se pasa de Moisés a Josué, y este es un momento crucial en la historia judía.

El pueblo ya había experimentado su redención a través del Éxodo, pero ahora pasaron 40 años deambulando por el desierto y finalmente llegaron al momento en que están a punto de entrar a la tierra prometida. Pero la tierra prometida estaba ocupada y tenía que ser conquistada, y esa tarea no le correspondía a Moisés. Esa tarea le es dada a Josué.

Recuerda que el libro de Josué inicia cuando él se prepara para cruzar el Jordán y empezar con la conquista de Canaán y entrar a la tierra prometida. Y todo el libro de Josué interpreta esa historia. Es una historia militar, básicamente, de Josué y sus ejércitos conquistando fortaleza tras fortaleza entre los cananeos.

Luego, cuando llegamos al final del libro de Josué, tenemos otra celebración de sucesión dinástica: otro episodio de renovación del pacto que se lleva a cabo en Siquem. Y eso está registrado en el capítulo 24 del libro de Josué.

Pero me gustaría empezar hoy, viendo un poco antes, al final del capítulo 21 de Josué. El verso 43 dice así: “De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. Y Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente, porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.”

¿Ves lo que dice este resumen casi al final del libro de Josué? ‘La tierra es nuestra, la tierra que Dios prometió a nuestros padres. Ahora poseemos la tierra que Dios prometió a Abraham. La tierra que fluye leche y miel de la que habló Moisés ahora es nuestra. Y Dios cumplió su promesa.

La promesa del pacto que Dios hizo a nuestros padres se ha cumplido y ahora hemos ocupado toda la tierra. Todos los enemigos han huido. Nada nos hace falta y ni una palabra de la que Dios prometió ha fallado.’

Ahora, esa declaración en Josué 21 se repite más tarde en Josué 23. El comienzo de Josué 23 habla de aquellos eventos que condujeron a la ceremonia de renovación del pacto. Dice el capítulo 23, el verso uno: ‘Aconteció, muchos días después que Jehová diera reposo a Israel de todos sus enemigos alrededor, que Josué, siendo ya viejo y avanzado en años, llamó a todo Israel, a sus ancianos, sus príncipes, sus jueces y sus oficiales, y les dijo: Yo ya soy viejo y avanzado en años. Y vosotros habéis visto todo lo que Jehová vuestro Dios ha hecho con todas estas naciones por vuestra causa: porque Jehová vuestro Dios es quien ha peleado por vosotros.”

Y luego él continúa diciendo: “Esforzaos, pues, mucho, en guardar y hacer todo lo que está escrito en el libro de la ley de Moisés, sin apartaros de ellos ni a diestra ni a siniestra; para que no os mezcléis con estas naciones que han quedado con vosotros, ni hagáis mención ni juréis por el nombre de sus dioses, ni los sirváis, ni os inclinéis a ellos. Mas a Jehová vuestro Dios seguiréis, como habéis hecho hasta hoy.”

Y continúa diciendo: “Guardad, pues, con diligencia vuestras almas, para que améis a Jehová vuestro Dios. Porque si os apartareis, y os uniereis a lo que resta de estas naciones que han quedado con vosotros, y si concertareis con ellas matrimonios, mezclándoos con ellas, y ellas con vosotros, sabed que Jehová vuestro Dios no arrojará más a estas naciones delante de vosotros, sino que os serán por lazo, por tropiezo”.

Luego, en el verso 14 dice: “Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra;” Oyes lo que está diciendo? Él está anunciando a su pueblo: ‘Hoy voy a morir. Hemos disfrutado el descanso de nuestros enemigos que Dios nos ha dado, pero ustedes serán tentados a mezclarse y unirse con el remanente pagano que queda; y deben entender que hay una continuidad entre nuestros días y las generaciones anteriores.’

Y les recuerda el pacto que sus padres habían hecho con Dios a través de Moisés.  Nuevamente, en el verso 14: “estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra; reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no ha faltado una palabra de todas las buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros; todas os han acontecido, no ha faltado ninguna de ellas. Otra vez, vemos que se repite esta declaración.

Dios es el guardador del pacto. Sus promesas son confiables. Puedes confiar en ellas porque ni una palabra dejará de cumplirse. Ahora, una de las cosas que debes entender, es que esas promesas que Dios le hizo a Abraham, a Isaac, a Jacob, y luego a Moisés, tomaron siglos y siglos en cumplirse.

¿Qué pasa cuando alguien nos dice que hará algo bueno por nosotros y nos emocionamos anticipadamente, pero luego llega la espera? Empezamos a ponernos ansiosos. Empezamos a dudar y sabemos que hay gente en este mundo que no cumple sus pactos. Somos quebradores del pacto. Hicimos promesas de las cosas que íbamos a hacer y no las cumplimos. Tendemos a decepcionarnos por promesas incumplidas; pero la lección para nosotros, amados, es que a pesar de que las promesas de Dios tardan y Él se toma su tiempo para llevarlas a cabo, ninguna palabra suya fallará.

Y eso es lo que Josué está tratando de comunicar a ese pueblo, preparándolos para renovar su promesa, para renovar su confianza en las promesas del pacto que Dios les ha hecho. Lo que está diciendo en efecto es: ‘Ya no puedes confiar en mí. Toda carne es hierba. Me sacarán del camino”.

Como Pablo le escribió a Timoteo en el Nuevo Testamento: “Porque yo ya estoy para ser sacrificado”. Déjame decir algo más. Mencioné de paso el concepto de la sucesión dinástica o sucesión dinámica, donde la autoridad pasa de uno a otro. Ahora, esto sucedió en el linaje real cuando se establecieron las dinastías. Así como los patriarcas pasaron la bendición del pacto de padre a hijo, los reyes siempre quisieron transmitir la realeza de padre a hijo, como David se la pasó a Salomón y así sucesivamente.

Pero en el Nuevo Testamento, el nuevo pacto se establece, como veremos más adelante, en el aposento alto, entre Jesús y sus discípulos, y en esa ocasión, Él les da instrucciones. No es por casualidad, amigos, que el discurso más largo que tenemos en la Biblia acerca de la persona y la obra del Espíritu Santo está en el discurso del aposento alto, la noche en que Jesús fue traicionado, la noche en que Él instituye el nuevo pacto.

¿Por qué? Porque Jesús anuncia a sus discípulos: ‘Me voy, pero no los dejaré solos. “Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre.”

Ahora, cuando celebramos la Cena del Señor, hay muchas cosas que hacemos en ese momento. Recordamos la muerte del Señor, disfrutamos su presencia entre nosotros en la mesa, y miramos hacia el futuro, a la promesa de la fiesta de las bodas del Cordero.

Entonces, tenemos toda esas dinámicas involucradas cada vez que nos reunimos y celebramos la Cena del Señor. Pero hay algo que a menudo se pasa por alto, y es que cada vez que celebramos la Cena del Señor, asistimos a una ceremonia de renovación del pacto, y estamos recordando cómo Jesús entregó el liderazgo de la iglesia en la tierra al Espíritu Santo.

Y así como el pueblo se comprometió con Josué, a continuar bajo un nuevo liderazgo; así mismo lo hicieron en Moab con Moisés. Ahora Jesús dice: ‘Está bien, me voy. Ha llegado el día, pero ahora estoy enviando a alguien para que te guíe en los pasos a seguir, es el Espíritu Santo. Bueno, volvamos rápidamente a Josué 24.  Allí empieza con este anuncio: “Reunió Josué a todas las tribus de Israel en Siquem, y llamó a los ancianos de Israel, sus príncipes,”… Lo que hace al inicio de este capítulo es dar un prólogo extenso actualizando el ministerio de Dios a Su pueblo.

Luego llega al verso 14 después de terminar este relato de todo lo que Dios había hecho por el pueblo y dice: “Ahora, pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad; y quitad de entre vosotros los dioses a los cuales sirvieron vuestros padres al otro lado del río, y en Egipto; y servid a Jehová.”

Ese es el encargo. Ese es el mandato dado en esta solemne ceremonia de renovación del pacto.  “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová.”

¡Ahí está!  ¿Ves el contexto en que esto fue dicho? Él está confrontando al pueblo, les está ordenando que teman al Señor y que renueven su compromiso con el pacto que Dios había hecho con ellos en el pasado.

Pero Josué entendió que no todos estaban deseosos de hacer eso, y dijo: ‘Hoy es el día decisivo. Es la hora de escoger, que hagas una elección: Pueden regresar y servir a los dioses que servían al otro lado del Jordán, a esas deidades paganas; o puedes empezar a ir tras los dioses de los paganos que aún están acá.

Puedes ser simplemente secular y adorar los ídolos de tu propia cultura y de tu propio tiempo, o puedes servir al Señor. Es tu elección.’ Yo te digo la mía: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová.” Ahora, observa cómo las personas responden a esta confrontación:

“Entonces el pueblo respondió y dijo: Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses; porque Jehová nuestro Dios es el que nos sacó a nosotros y a nuestros padres de la tierra de Egipto, de la casa de servidumbre; el que ha hecho estas grandes señales, y nos ha guardado por todo el camino por donde hemos andado, y en todos los pueblos por entre los cuales pasamos.

Y Jehová arrojó de delante de nosotros a todos los pueblos, y al amorreo que habitaba en la tierra; nosotros, pues, también serviremos a Jehová, porque él es nuestro Dios”. ¿Oíste cómo ellos hacen eco del compromiso de Josué? Josué acaba de decir: “pero yo y mi casa serviremos a Jehová” y el pueblo dijo: “pues, también serviremos a Jehová”. “Nunca tal acontezca, que dejemos a Jehová para servir a otros dioses”. El registro bíblico no termina en esa página. Esto no estaba tan lejos de lo que el pueblo decía. La ceremonia del pacto apenas había terminado y el pueblo poco a poco ya estaba empezando a abrazar el paganismo de ese tiempo e ir tras otros dioses.

Dijeron que estaban lejos de eso: “Nunca tal acontezca …”, ‘sería lo último que haríamos’. Eso fue lo primero que hicieron. Pero hicieron el voto solemne de continuar en el pacto. Miren lo que Josué dice después que ellos dieron tremenda respuesta:

“Entonces Josué dijo al pueblo: No podréis servir a Jehová, porque él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados. Si dejareis a Jehová y sirviereis a dioses ajenos, él se volverá y os hará mal, y os consumirá, después que os ha hecho bien. El pueblo entonces dijo a Josué: No, sino que a Jehová serviremos.

Y Josué respondió al pueblo: Vosotros sois testigos contra vosotros mismos, de que habéis elegido a Jehová para servirle. Y ellos respondieron: Testigos somos.”

Ahora Josué dice: “Quitad, pues, ahora los dioses ajenos que están entre vosotros, e inclinad vuestro corazón a Jehová Dios de Israel. Y el pueblo respondió a Josué: A Jehová nuestro Dios serviremos, y a su voz obedeceremos. Entonces Josué hizo pacto con el pueblo el mismo día, y les dio estatutos y leyes en Siquem”.

El pueblo hizo una profesión de fe. Se comprometieron públicamente. Hicieron un juramento y un voto sagrado, y lo rompieron; y Josué les advirtió: “No podréis servir a Jehová”, tu Dios.

Tú piensas que servirás al Señor tu Dios, pero tú no sabes de quién estás hablando. Ni siquiera conoces a este Dios con el cual te has comprometido. ¿No sabes que es un Dios santo? ¿No sabes que es un Dios celoso? No celoso en el sentido humano de envidiar lo que el otro tiene, sino celoso en el sentido de que no permitirá el prostituirse detrás de otros dioses.

Él exige tu lealtad, tu compromiso y tu obediencia. Y todo el pueblo dijo: “serviremos a Jehová”. Una de las cosas que me preocupa profundamente es la facilidad con la que creemos en nuestros días que podemos entrar en el reino de Dios.

Se ha puesto tanto énfasis en un tipo de evangelismo donde las personas son llamadas a leer una oración o levantar la mano o acercarse a un altar y hacer una profesión de fe. No me malentiendan, no hay nada malo en la expresión pública de la fe. Estamos llamados a hacer una profesión de fe pública. Pero lo que es peligroso es que asumamos que, por el solo hecho de realizar ese acto público, ya somos redimidos y entramos a un estado de gracia.

El Nuevo Testamento nos advierte, el Antiguo Testamento nos advierte en cada página, que es fácil para la gente hacer una profesión de fe y apresurarse a prometer lealtad y obediencia a Cristo, y lealtad y obediencia a Dios y que luego no cumplan, porque ellos no han llegado a comprender el significado profundo de lo que es ser hijos de Dios en realidad, ya que no se han topado con el carácter de Dios, con su santidad, con el entendimiento de que Dios nunca pierde; y que cuando juramos lealtad a Cristo, es para siempre.

Mira tu propia vida. Mira tu historial de cumplimiento del pacto. Todos nosotros necesitamos renovar el pacto con Dios regularmente.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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