28 – Cuando las Emociones Gobiernan “La Ira” – 2da. parte

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

28 – Cuando las Emociones Gobiernan “La Ira” – 2da. parte

 

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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La venida del Reino

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La venida del Reino

R.C.Sproul

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Mientras continuamos con el estudio del drama de la redención, una de las cosas que he estado tratando de darles a entender es la manera en que ese patrón armonioso y unificado fluye a través del Antiguo Testamento hacia el Nuevo Testamento. Recuerden la famosa frase de Agustín cuando dijo que, “El Nuevo estuvo oculto en el Antiguo, y el Antiguo está revelado en el Nuevo”.

Lo que San Agustín estuvo diciendo es que si los cristianos van a entender el contenido de su fe, no pueden ignorar el Antiguo Testamento porque toda la preparación para la venida de Cristo toma lugar en esa historia, y el Antiguo Testamento anuncia la venida de Cristo, predice la venida de Cristo, y establece el marco de referencia para la venida de Cristo. Además, el Antiguo Testamento nos revela el carácter del Padre y el carácter de la ley del Padre, por la cual entendemos el ministerio de Jesús y el evangelio. Sin la ley como marco de referencia, el evangelio no podrá ser nunca entendido propiamente como evangelio.

Y les digo esto porque quizás estamos viviendo un tiempo de descuido sin precedentes del Antiguo Testamento. Ahora, si observamos ambos testamentos y vemos los patrones que se entrelazan a través de todo el tejido de las Escrituras, uno que se destaca como el motivo central en todo el Antiguo Testamento y en el Nuevo Testamento es este concepto singular: Es un concepto que llamamos “El Reino de Dios”. El Reino de Dios. John Bright, el famoso arqueólogo y erudito del Antiguo Testamento, una vez escribió un libro con este simple título, “Reino de Dios”.

En el libro mostró cómo este motivo corre a lo largo de toda la Escritura y unos de los temas recurrentes de la Biblia que no debiéramos olvidar en términos del entendimiento del drama de la redención. Sabemos, por ejemplo, que en el Antiguo Testamento, al principio el rey sobre este mundo era Dios mismo, y cuando Él estableció a Adán y Eva en el Paraíso, les dio dominio sobre todo el resto de las criaturas en el planeta.

Pero ellos eran delegados, o lo que conocemos como “vice-regentes” “vice-reyes” “reyes vasallos”, pero el rey supremo sobre el cielo y la tierra era Dios mismo. Y uno de los títulos para Dios en el Antiguo Testamento es el título «Melek”, una palabra hebrea para “rey”. Y así al principio, Dios es visto y es glorificado como el Rey de la Creación. El Dios de los ejércitos. Él es el Señor Todopoderoso quien gobierna sobre su creación de forma soberana, y este rey en el drama de la redención creó una nación única con los judíos y les dio como destino y obligación el ser un real sacerdocio.

Un real sacerdocio—que es uno que estuvo al servicio del monarca, quien era Dios. Y Dios iba a ser su Señor sobre ellos, y los sacerdotes iban a dar testimonio de su realeza—realeza divina—al resto del mundo. Pero lo que pasó muy al principio fue de que después que Dios creó esta nación—sacándolos de la servidumbre y la esclavitud en Egipto y llamándolos su propio pueblo escogido, dándoles su ley en el Monte Sinaí—el pueblo deambuló en el desierto por 40 años antes de que fueran capaces de entrar en la Tierra Prometida.

Y luego hubo un largo período de conquista en Canaán. Ahora, durante ese período, tenemos lo que es llamado como la “anfictionía” o “el período de los jueces”. Y la anfictionía en Israel era la manera en la cual la nación estaba estructurada políticamente. No había parlamento, no había un presidente, no había un rey—o un rey terrestre—sino que Israel estuvo organizada por un tipo de federación libre de tribus—la tribu de Dan, la tribu de Rubén, la tribu de Leví y las demás.

Y algunas veces ellos recibirían el llamado de ir de una tribu a otra cuando necesitaban ayuda debido a que alguna estaba siendo invadida por un poder extranjero. Y ellos actuarían juntos. Y durante ese tiempo, el líder nacional sería alguien que habría sido levantado por Dios y consagrado por el Espíritu Santo con un poder y dones extraordinarios. Ellos eran llamados “jueces”. Gente como Débora, Sansón y Gedeón, por ejemplo, en el libro de los Jueces estuvieron ejerciendo ese tipo de liderazgo. Y luego vemos que finalmente el tiempo de los jueces llegó hasta Elí, y luego de Elí a Samuel.

Ahora, cuando Samuel estuvo juzgando al pueblo, ellos empezaron a ponerse impacientes y fueron a Samuel con un pedido, que era el siguiente: “Queremos tener un rey, así como todas las otras naciones tienen reyes”. En otras palabras, lo que pasó fue que el pueblo judío empezó a despreciar su singularidad. Empezaron a rechazar su vocación singular—ser un pueblo especial consagrado por Dios para ser diferente entre las otras naciones.

Ahora, tuvieron el deseo de copiar a las otras naciones, conformarse a lo que estuviera de moda, al patrón político en el mundo antiguo. Y ellos dijeron, “queremos un rey. Todos tienen un rey. ¿Por qué no podemos tener un rey?”

Y Samuel llevó su pedido a Dios; y si lo recuerdas Dios estaba furioso y dijo que el pueblo lo había rechazado a Él como rey. Y Samuel estaba sintiendo como si ellos lo habían rechazado a él, y Dios le dijo que ellos no lo rechazaban a él, Samuel, como su juez. Que lo rechazan a Él como su rey.

Esto era de lejos mucho más serio que el ser solo sediciosos y rebeldes contra un juez en particular que estuviera sobre ellos—es decir, Samuel—sino que en vez de eso había un completo rechazo de Dios como su monarca y como su rey. Ahora vamos a dejar que ellos tengan un rey, y les daremos un rey. Dile al pueblo que ellos pueden tener su rey, pero que sus reyes los oprimirán, les impondrán impuestos pesados, tomarán sus carruajes, tomarán los caballos, y peor aún, ellos reclutarán a sus hijos para sus ejércitos.

Y ellos que pensaban que iban a tener una vida mucho mejor, pero van a tener una vida mucho peor tan pronto como ellos empiecen a imitar los patrones de vida que encuentran en las naciones paganas alrededor de ellos. Y con eso la monarquía fue establecida, y fue un gran problema desde el mismo inicio.

El primer rey que fue ungido fue Saúl, y sabemos que Saúl llegó a ser terriblemente malo. Y luego, finalmente, David fue elevado al trono de Israel luego de años y años de lucha. Él fue amigo de Dios y se nos dice que fue un hombre conforme al corazón de Dios. Pero aun David cometió toda clase de atrocidades, pero al menos condujo a una edad de oro para Israel, y estuvo consagrado al Dios del Pacto tal como lo revela tan claramente el Libro de los Salmos.

Pero tan pronto como David murió, su hijo Salomón subió al trono y él instituyó la “leva”, que era una norma que esclavizaba a su propia gente con el fin de tener mano de obra barata para ser usada en los inmensos proyectos de construcción de Salomón.

Y la ironía de todo esto es que el pueblo judío tenía la llave de la cerradura cuando ellos habían sido todos rescatados y liberados de la esclavitud en la que habían estado por el Faraón en Egipto. El faraón los usó como mano de obra esclava para construir las ciudades almacén del antiguo Egipto.

Salomón hizo lo mismo, y luego después de Salomón, podrían decir que el reino—la monarquía judía—alcanzó su pináculo durante su segundo rey. La edad de oro de Israel fue durante David. El período dorado empezó a perder brillo y empezó a tener serios defectos ya con el reinado de Salomón. Y después del reino de Salomón, el oro se oxidó completamente mientras el reino es dividido entre el hijo de Salomón, Roboam, y el líder de Israel, Jeroboam.

Y luego hubo un conflicto y una guerra civil sin fin entre las dos partes de la nación, el reino del norte y el reino del sur, hasta que finalmente el reino del norte cae, y el pueblo es tomado y llevado a la cautividad. Y luego más tarde, el reino del sur cae, y ellos son tomados y llevados a la cautividad. Y durante ese período de desintegración, los profetas estuvieron dando un buen mensaje acerca del futuro junto con un mensaje de juicio.

Ellos decían que algún día el lugar caído de David sería restaurado—que la gloria regresaría con un rey como David, y aquí es donde tenemos el desarrollo total de las profecías del mesías que vendría. Esto tenía intrigado al pueblo de Israel porque ellos esperaban la recuperación de esos buenos días antiguos, la restauración de la unidad de la nación, de la fortaleza de la nación, de la grandeza de la nación, la gloria de la nación, tal como fue bajo el reinado del rey David.

Y así ellos anhelaban la venida del Mesías que restauraría la monarquía en toda su gloria. Luego la voz de la profecía termina en el Antiguo Testamento con la muerte de Malaquías, y entre las páginas finales de la profecía de Malaquías y las primeras páginas del Nuevo Testamento, un período de tiempo de 400 años han pasado.

Ahora, necesitamos pensar en esto porque tenemos la tendencia a comprimir la historia antigua y pensar en ese pueblo que podría estar separado por 300 o 400 años como si fueran contemporáneos, cuando, de hecho, el Antiguo Testamento cubre un par de miles de años de historia judía. Y luego tenemos este paréntesis de 400 años donde no hay una palabra de Dios. Ninguna profecía es escuchada en la tierra. Dios está callado a su pueblo.

Ellos habían estado acostumbrados a las profecías de Jeremías y de Isaías, Miqueas y Nahúm, Joel y todos los demás, y ahora, de repente, Dios está callado por ¡400 años! Piénsalo. Vayamos atrás 400 años. Estamos de vuelta en el siglo XVI. Estás de vuelta en los 1590s.

Eso es más o menos 30 años antes de que los peregrinos pongan pie en Norteamérica. Hay un montón de historia que toma lugar en los últimos 400 años en el mundo. Y por todo ese período de tiempo, Dios está absolutamente callado hasta que el rol y el oficio de profeta es instituido nuevamente en medio del pueblo judío. Cuando este hombre sale del desierto—el cual era el lugar de encuentro tradicional entre Dios y sus profetas—como Elías en el Antiguo Testamento. Este es un hombre con una gran auto-denuncia.

Él ha vivido de miel y vegetales silvestres, langostas y miel. Su nombre era Juan el Bautista. Él era un asceta y sale del desierto con un anuncio. Primero hay un llamado solemne. Él es el nuevo procurador del pacto, y el primer llamado al pueblo es, ¿cuál? ¡Arrepiéntanse! Ese es su mensaje. Antes de nada, Arrepiéntanse. Y luego les da una razón para el arrepentimiento. Él dice, “Arrepiéntanse porque el reino de los cielos se ha acercado”.

Juan está diciendo ahora que hay un tiempo de crisis, un tiempo de juicio que ha caído sobre el pueblo y que todos están llamados a arrepentirse debido a este momento crítico en el drama de la redención. Y tal momento que él está anunciando es la apertura, la llegada del reino de Dios prometido—la restauración del reino de Dios sobre su pueblo. Y él hace una cosa extraordinaria. Él llama a todo el pueblo de la nación al río Jordán para ser bautizados. Hay mucha confusión al respecto. El bautismo de Juan no es el mismo del bautismo de Jesús y el bautismo del Nuevo Testamento.

Era un bautismo preparatorio, específicamente diseñado para que los judíos estén limpios cuando el rey venga. Es un período inter-testamentario, una práctica desarrollada entre los judíos. Si un pagano o un gentil deseaba convertirse al judaísmo, tal persona tenía que pasar por una ceremonia de purificación ritual que era llamado algo así como el “bautismo del prosélito”. Ahora, los judíos no tenían que ser bautizados porque ellos no eran considerados inmundos; pero los gentiles eran considerados inmundos.

Y si un gentil quería llegar a ser judío, no solo tenía que abrazar las doctrinas del judaísmo y lo demás, sino que tenía que tomar un baño porque estaba inmundo. Él era extranjero y un extraño para con el pacto. Y por eso tal ceremonia tomaba lugar cuando en el período inter-testamentario los convertidos fueron llamados al bautismo.

Bueno, aquí viene saliendo Juan el Bautista del desierto, y no está llamado a los paganos y a los gentiles al bautismo; está llamando a los judíos a ser bautizados. Y las autoridades religiosas en Jerusalén están enfurecidos. Están disgustados. “¿Qué quieres decir con que tenemos que ser bautizados? ¡Somos los hijos de Abraham!” Estaban indignados.

Se sentían insultados ante la sola sugerencia de que necesitaban tener un rito de limpieza ceremonial. Pero había una razón para eso. Juan estaba diciendo que vean que hay un nuevo capítulo siendo escrito en ese momento en la historia de redención. El reino de Dios está cerca.

Nuestro rey está por aparecer, y ellos no están listos para Él. Necesitaban tomar un baño porque ellos, como pueblo de Dios, están inmundos. Y él anuncia la llegada del reino de Dios. Ahora, el énfasis en su anuncio, amados, está en su cercanía radical. Observen que los profetas en el Antiguo Testamento hablaron acerca de la venida del reino en el futuro, pero éste era indefinido. Era vago—en algún momento nuestro príncipe volverá. En algún momento en el futuro, Dios va a enviar su Mesías.

En algún momento en el futuro, el rey de Dios como David vendrá a la tierra. Y lo que Juan estaba diciendo es, ¡Está cerca! No solo en algún momento en el futuro indefinido, sino que está por pasar. Y él usa dos metáforas para describirlo.

Él dice, por un lado, “El hacha está puesta a la raíz de los árboles”. No es como si el leñador estuviera cortando la parte exterior de la corteza, sino que ha penetrado hasta el centro mismo del árbol. Esa imagen sugiere que un golpe más del hacha y el árbol terminará derrumbándose.

Y también dice, “El bieldo está en su mano—esto es que el momento de la cosecha está por producirse. El instrumento que el granjero utiliza para separar la paja del trigo ya ha sido completamente hundido en la pila donde está la mixtura de paja y trigo.

Y él está a punto de tirarlo al aire y dejar que el viento se lleve la paja consigo. Es un período de profunda crisis. Entonces viene Jesús, y Él está predicando el evangelio. Ahora, la palabra “evangelio” que ya hemos observado en otros contextos, pero déjenme decir esto de ella. En el Nuevo Testamento hay diferentes maneras en las que el término “evangelio” es usado. Si le pregunto hoy a una persona, “¿qué es el evangelio?” De seguro diría, “Bueno, el evangelio es uno de los cuatro libros que enseñan de la vida de Jesús—el evangelio de Mateo, Marcos, Lucas y Juan”.

Los llamemos evangelios porque son un género literario particular, una forma de presentar una biografía mostrando a la persona y obra de Jesús. Cuando leemos a Pablo, cuando Pablo habla del evangelio, habla del “evangelio de Jesucristo” porque para Pablo el contenido del evangelio es la vida y la obra de Jesús. Esas son las Buenas Noticias—cómo ha cumplido este drama de redención en su propia persona y a través de su propia obra.

Pero cuando Jesús predica el evangelio, él no habla de un libro, y Jesús no dice, “estoy por predicarte el evangelio de Jesucristo”. El evangelio que Jesús proclama es el evangelio del reino. Puedes notar eso mientras lees la Biblia; de forma particular mientras lees los evangelios y mientras escuchas las enseñanzas de Jesús.

Mucho de su enseñanza se centra alrededor de parábolas—muchas clases de parábolas. Pero, ¿cuál es el motivo principal de las parábolas de Jesús? Vean si esto les suena. Mientras Jesús enseña a sus oyentes, les diría: “El Reino de los Cielos es semejante a…” o “El reino de los cielos es como esto…”. O en su ministerio de sanidad diría, “Pero si yo por el dedo de Dios echo fuera demonios, entonces el reino de Dios ha llegado a vosotros”. Él está anunciando el principio y la intromisión del Reino de Dios.

En Mateo 22 leemos esta parábola. “Tomando la palabra, les habló otra vez en parábolas, diciendo: El reino de los cielos puede compararse a un rey que hizo un banquete de bodas para su hijo. Y envió a sus siervos a llamar a los que habían sido invitados a las bodas, pero no quisieron venir…”

Ustedes saben cómo continúa la parábola. El rey está invitando al pueblo a la fiesta de bodas y la llegada del matrimonio del hijo del rey, pero todo el mundo está muy ocupado. Nadie quiere ir, y ellos están ignorando esta celebración del clímax del reino de Dios. Y así Dios dice que está bien, que ellos no vengan. Que ahora vayan por los caminos y los senderos y que traigan esos extranjeros y esos extraños, gente que no tenga dinero. Que los lleven porque su hijo será honrado. El rey va ser reconocido con propiedad.

Y toda esta parábola está enfocada en la venida del rey, el rey que es rechazado por su propia gente. Y así, si es que vamos a entender todo el patrón de la Escritura, no nos atrevemos a pasar por alto esta idea central e importante del reino de Dios que comienza en las primeras páginas de la Biblia y se extiende hasta el libro del fin, o el Apocalipsis, donde se celebra la entronización de Cristo, y los ángeles del cielo cantan, “El cordero que fue inmolado digno es de recibir el poder, las riquezas… el honor, la gloria y la alabanza… [porque su reino será] por los siglos de los siglos”. Cuán a menudo has pensado en términos de esta idea central del Nuevo Testamento—el reino de Dios? No vivimos en una monarquía en Estados Unidos.

De hecho, le tenemos una establecida alergia a los monarcas. Sin embargo, cada cristiano vive en una monarquía donde Cristo es llamado el Rey de reyes y el Señor de señores. Creo que uno de los errores más tristes que se ha difundido a través de una teología defectuosa es la idea de que el reino de Dios ya ha llegado a su plenitud. Hay quienes enseñan lo que se llama «escatología realizada», que dice que ya no nos queda esperar nada en términos de la consumación del reino de Dios.

Creo que esto corre de forma contraria al Nuevo Testamento, el cual promete todavía un futuro para el pueblo de Dios, donde el reino de Cristo se manifestará visiblemente a su regreso. Pero hay otra seria distorsión, y es una posición que enseña—y ha sido muy difundido—que el reino de Dios es completamente futuro, que el reino de Dios no ha llegado de ninguna manera, estado o forma hasta el momento.

Y creo que esa posición no tiene el anuncio fundamental de Jesús mismo, el evangelio del reino de Dios, el cual ya ha empezado. El reino de Dios ha empezado, y nuestro rey ya ha sido coronado. Él ya fue coronado e investido. Y mientras estoy hablando, Jesucristo es ya el Rey de reyes y Señor de señores. Eso es una realidad. Y el pueblo de Dios debe vivir como súbditos en una monarquía, sujetos a nuestro Rey.

 

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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 5/5 – Calle Fulton

Aviva Nuestros Corazones

Serie: En busca de Dios

La honestidad: El silencio no siempre es oro

 5/5 – Calle Fulton

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/calle-fulton2/

Nancy DeMoss de Wolgemuth: En horas del mediodía, la calle Fulton, en el distrito financiero de Nueva York, es un lugar ocupado con hombres y mujeres de negocios que se dirigen apurados a restaurantes y a reuniones. Algunos vendedores callejeros se colocan en la esquina de las calles Fulton y Williams, ofreciendo un almuerzo rápido. Esta calle está localizada a unas tres cuadras del lugar donde estaban las Torres Gemelas y a la hora del almuerzo los turistas se mezclan con la multitud.

Pocas personas que caminan por la calle Fulton cerca de la esquina con la calle Williams reconocen el significado de ese lugar. Muchos de ellos no saben lo que pasó allí hace 150 años entre un grupo de hombres de negocios en su hora de almuerzo.

El miércoles 23 de septiembre de 1857, un pequeño grupo de hombres de negocios se reunió a orar en la Iglesia Holandesa del Norte (North Dutch Reform Church) de la calle Fulton. Esa reunión marcó el inicio de un avivamiento que se extendería por toda la nación. Este avivamiento aumentó la asistencia a las iglesias, cambió la conducta de las personas e inspiró nuevos esfuerzos misioneros.

Pero más que nada, el avivamiento inspiró al pueblo de Dios a orar.

Carmen: Este es tu programa Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín.

Estamos compartiendo la serie llamada En Busca de Dios, sobre el avivamiento personal. Hoy hablaremos sobre un avivamiento que tuvo un gran impacto en Nueva York, luego en otras ciudades del este, del centro y del sur de los EEUU, y finalmente a través de toda la nación, hace ya más de 150 años.

Nancy: Al avivamiento de oración de 1857 a veces se le llama el Avivamiento Laico. Contrario a otros avivamientos históricos, no hubo ningún predicador reconocido en medio de ese avivamiento.

Para que entendamos el contexto, es preciso señalar que Estados Unidos se encontraba en aquellos momentos en la cima de la Revolución Industrial. La gente estaba haciendo dinero a raudales. La mayoría no sentía gran necesidad de Dios ni de la oración.

En medio de aquel escenario, en Su Providencia, Dios levantó un laico que sentía una gran carga por la condición espiritual de la gente en la Ciudad de Nueva York. Me imagino que este laico no tenía la menor idea de cuán grandemente Dios usaría su vida y sus esfuerzos en el gran Avivamiento de Oración.

Jonathan Brownson es el ministro de oración de la Iglesia Reformada en Estados Unidos. Nos cuenta el trasfondo de este hombre.

Jonathan Brownson: Bueno, Jeremiah Lanphier era un hombre de negocios. Se mudó a la ciudad de Nueva York para empezar un negocio de confección de ropas. Se mudó a unas instalaciones localizadas en el centro de Manhattan y se convirtió, alrededor de las horas del mediodía, en una iglesia de Manhattan. La hora de su conversión tiene un gran significado y la veremos hacia el final de la historia.

Después de su conversión, el liderazgo de la iglesia North Dutch le pidió si podía servir como misionero laico allí.

Nancy: La iglesia decidió contratar este misionero laico porque estaban perdiendo miembros.

Jonathan: Lo que estaba sucediendo en la iglesia North Dutch es similar a lo que ocurre en las zonas metropolitanas en la actualidad—los negocios se estaban moviendo hacia Manhattan y los miembros de la iglesia se mudaban lejos del área.

Lyle Dorsett: Vemos que la asistencia a las Iglesias empezó a disminuir en los inicios de 1850.

Nancy: Esta es Lyle Dorsett, profesora de Formación Cristiana y Ministerio de Wheaton College.

Lyle: El crecimiento de las Iglesias —en número de personas asistiendo—había disminuido significativamente. Nuestras estadísticas de esa época no son completamente confiables, pero sí tenemos conocimiento de esto.

Nancy: En la medida en que se aceleraba el ritmo de vida, las personas parecían menos sintonizadas con los asuntos espirituales y los desacuerdos sobre la migración y la esclavitud causaban tensiones.

Lyle: En 1850, Estados Unidos crecía rápidamente. Hubo un rápido crecimiento de las zonas industriales y urbanas. Las ciudades estaban en apogeo. Las industrias estaban creciendo. Las líneas ferroviarias se estaban instalando por todo el país. Se habían traído muchas personas al país para trabajar.

Siempre había mucha tensión con estos asuntos. Siempre que tienes mucha gente llegando a un país o que tienes un crecimiento vertiginoso, las personas se dislocan social, psicológica y emocionalmente.

Nancy: En este ambiente, el nuevo misionero laico comenzó su labor. La iglesia describía el trabajo de Lanphier de la siguiente manera:

Hombre: Esta asamblea, que se encontraba ansiosa debido a la pobreza espiritual de esta parte de la ciudad, y viendo la necesidad de empezar las labores necesarias para que se predicase el evangelio a los pobres, obtuvo los servicios de este laico piadoso, el señor J.C. Lanphier. El dedicaría su tiempo y esfuerzos para explorar esta parte baja de la ciudad.

Jonathan: El principal objetivo de Jeremiah —cuando fue contratado en Julio de 1857—era tocar las puertas de las residencias del vecindario e invitar a las personas a la Escuela Dominical y a venir a la iglesia para llenar los nuevos bancos.

Empezó en Julio de 1857 y trabajó por un par de meses. No conocemos todo lo que vino a su mente, pero me imagino que estaba exhausto luego de tocar un buen número de puertas. Decidió que empezaría a tocar las puertas del cielo antes de tocar las puertas terrenales que se resistían.

Nancy: Hemos compartido ya sobre las reuniones de oración matutinas en Boston y la ciudad de Nueva York. Los creyentes se reunían para pedirle a Dios que avivara Su Pueblo. Esta tenía mas o menos el mismo fin, pero con la diferencia de que sería al mediodía.

Kevin Adams: Esa era la diferencia de estas reuniones de oración —se celebraban al mediodía.

Nancy: Este es el pastor y escritor, Kevin Adams.

Kevin: Claro, había reuniones de oración que se celebraban en diferentes horas en el pasado. Pero una reunión de oración al mediodía era algo bastante raro.

Nancy: Las reuniones de oración iniciadas por Lanphier, se celebraban a la misma hora que él se había convertido.

Kevin: Él tenia una gran convicción sobre esto —quería que la gente (principalmente los hombres que trabajaban en la zona de negocios de Nueva York) se reunieran a orar –a interceder, durante su tiempo de almuerzo. Sentía una gran carga por esto.

Jonathan: La idea era que la gente tomara cinco o diez minutos —o el tiempo que pudieran tomar— durante el mediodía. Se reunirían y compartirían motivos de oración o serían parte del tiempo de oración por un corto tiempo y luego volverían a trabajar.

Kevin: Empezó hablando con algunos de sus amigos. Entregaba algunos tratados y luego invitaba a la gente a asistir a la reunión de oración.

Jonathan: La primera reunión de oración tomó lugar el 23 de septiembre de 1857, y fue liderada por Jeremiah Calvin Lanphier.

Kevin: El esperó durante media hora y nadie apareció!! Imagínate como se habrá sentido.

Jonathan: Me imagino que estaba bastante desmotivado luego de media hora de estar solo.

Kevin: Pero al final de la hora, cinco personas llegaron y empezaron a orar.

Jonathan: No pasó mucho tiempo antes de que los asistentes a la reunión se multiplicaran.

Kevin: Dijo “La próxima semana reunámonos de nuevo para orar.” En esta ocasión 20 personas se presentaron! La semana siguiente se presentaron más personas!

Nancy: En la Providencia de Dios, la explosión de esta reunión de oración coincidió con los problemas financieros del país. Aquí está Lyle Dorsett.

Lyle Dorsett: Hubo un pánico financiero que empezó con el Banco de Filadelfia el 25 y 26 de Septiembre de 1857. Se expandió por todos los Estados Unidos y Canadá. Para mediados de Octubre el pánico se había dispersado por todos los Estados Unidos y Canadá. En aquél momento alcanzó muchos otros bancos y ciertamente desde Octubre hasta finales de 1857 se le conoció como el Pánico Financiero de 1857.

Hombre: Esto apareció en el periódico “El Observador” de Nueva York, el 15 de Octubre. «Diariamente se despiden a miles de personas de sus trabajos sin previo aviso. Fortunas que fueron creadas con habilidad e industria y que fueron nutridas con los cambios ocurridos hasta ese momento, sucumbieron o se desvanecieron como un sueño”.

Lyle: Una semana después, las reuniones de oración de la calle Fulton en Nueva York se estaban llevando a cabo diariamente, en lugar de una o dos veces por semana.

Jonathan: Estoy convencido de que la gente tenía tiempo para orar porque habían perdido sus trabajos. Ahora estaban muy atentos a su necesidad de orar debido a lo que había estado pasando financieramente.

Kevin: Siempre hay dos resultados ante los desastres: Uno es alejarse de Dios y el otro es acercarse a Dios.

Parece que un buen número de personas se volvieron a Dios.

Jonathan: Pienso que lo que aprendimos del Señor Jesucristo lo que estaba pasando allí: Jesús dijo: “Es casi imposible que un hombre rico entre al Reino de los Cielos”. Jesús tiene pocas cosas positivas que decir acerca de las riquezas. “Es más difícil que un rico entre al cielo a que un camello pase por el ojo de una aguja” (Mateo 19:23-24, parafraseado).

Jesús no ama menos a los hombres o mujeres ricos, pero lo que está diciendo es que tendemos a depender de cualquier cosa antes que depender de Él. 

Bob Bakke: Si quieres iniciar un avivamiento en algún lugar, querrías iniciarlo justo en el corazón de tal calamidad.

Nancy: Este es Bob Bakke, Director de Avanzada Nacional de Oración.

Bob: Es fácil imaginar por qué la reunión de oración estalló como lo hizo, porque todos, especialmente en el bajo Manhattan, estaban amenazados con la ruina financiera. Por eso no se necesitó mucho tiempo para que las personas de Nueva York llenaran las Iglesias con oración.

Hombre: Durante el avivamiento en Nueva York cerca de 25 reuniones grandes de oración se llevaban a cabo diariamente.

Nancy: Rápidamente cada auditorio en la ciudad de Nueva York era usado cada día al mediodía para orar.

Hombre: Sin mencionar las reuniones rutinarias o adicionales que se celebraban.

Kevin: En la medida en que el tiempo transcurría, la asistencia aumentaba y más y más personas se reunían.

Hombre: De hecho, 1,000 personas se reunieron durante horas de trabajo para pasar una hora en oración.

Nancy: En realidad, estas reuniones de oración se desbordaron más allá de la hora del almuerzo, y las Iglesias de la ciudad de Nueva York estaban llenas con personas orando desde temprano en la mañana hasta tarde en la noche —durante todas las horas del día!!

Kevin: Habían unas 2,000 personas orando en diferentes partes de Nueva York cada día!

Hombre: Una reunión aún más grande con cerca de 3,000 . . .

Nancy: Según una de las fuentes, el famoso editor de periódicos, Horace Greeley, se encargó de ver por él mismo, cuántas personas estaban orando al mediodía realmente. Se trasladaba de un lugar a otro –de una reunión a otra. Perdió la cuenta luego de 10,000 personas.

Kevin: Era algo que iba creciendo…

Jonathan: Este es el himno número uno del Himnario de la calle Fulton, el que era usado por aquellos que se reunían en la esquina de Fulton y William para orar. Dice así:

En Tu Gran Nombre, Oh Señor venimos, Para adorar a Tus Pies; Oh! Derrama Tu Espíritu Santo 
En todos los que ahora nos reunimos.

Enséñanos a orar, a alabar y escuchar y entender Tu Palabra; sentir Tu Feliz Presencia cerca de nosotros, 
Y confiar en Nuestro Señor que está vivo…

(C.M. Mear, 1850, Versos 1 and 3).

Nancy: Las letras de esta canción expresan el sentir de los corazones de aquellos que se reunían a orar. No solamente se reunían para buscar que se resolvieran sus problemas financieros, sino que se reunían porque el Espíritu Santo los impulsaba a orar.

Jonathan: Las personas se estaban reuniendo. Los hombres de negocios empezaron a decir que querían establecer estas reuniones, que querían el avivamiento del Espíritu Santo en sus vidas y en sus comunidades.

Hombre: Solían decir: “Por favor observen las siguientes reglas. Venga temprano; comenzamos a las 12:00 en punto”.

Nancy: Las reuniones de oración empezaban puntualmente a las 12:00.

Jonathan: Así es, justo al mediodía. Inicialmente Jeremiah las dirigía. En la medida en que crecieron, el liderazgo se rotaba y diferentes personas de negocios dirigían las reuniones.

Hombre: El líder no debía excederse de 10 minutos al abrir la reunión.

Jonathan: Al líder se le facilitaba un Programa, que era como un boletín, y contenía una descripción de cómo debían proceder o asuntos con las cuales trabajar.

Hombre: Primero, abran la reunión leyendo y cantando de tres a cinco versos de un himno. Segundo, oración, tercero… y así sucesivamente.

Kevin: No se producía una gran escena emocional como a veces vemos en los avivamientos.

Hombre: Lea solo una petición a la vez, y siga con una oración. Esa oración debe tener una referencia especial a lo que se ha dicho.

Kevin: Había un letrero en la casa de reunión en la calle Fulton que leía “Nadie debe orar mas de cinco minutos.” No debía hacer eso. Solamente debía orar por cierto tiempo y detenerse pues querían dar a todos una oportunidad de orar.

Nancy: Otra regla en la pared leía, “No se discuten puntos controversiales.”

Kevin: Todas las denominaciones estaban involucradas en la oración.

Jonathan: Era un movimiento inter-denominacional.

Kevin: La primera semana incluyó por lo menos tres o cuatro denominaciones y había por lo menos seis personas en aquella primera reunión de Septiembre. Continuó así.

Hombre: Si había alguna sugerencia o propuesta de cualquier persona, debían decirle “Esto es simplemente una reunión de oración” y que estaban saliéndose del orden y llamar a algún hermano para que orara.

Jonathan: De manera que quedaba claro desde el principio que estas eran reuniones para estar unidos en oración.

Kevin: Querían dejar a un lado muchos de los argumentos. Se habían tenido serios argumentos en la iglesia en los últimos 20 a 30 años.

Ellos sabían que Dios estaba respondiendo las oraciones. En vista de las respuestas de Dios, veían sus diferencias como pequeñas y las dejaban a un lado.

Jonathan: Era una combinación interesante. Se daba valor a hacer las cosas decentemente y en orden.

Hombre: Empiecen el himno de cierre cinco minutos antes de la 1:00 p.m.

Jonathan: Pero había tremenda pasión en las peticiones de oración. Era una experiencia conmovedora leer algunas de las oraciones y ver el corazón detrás de cada una de las peticiones.

Mujer: Amados hermanos, por años he estado orando por la conversión de mi esposo y mis dos hermanos.

Jonathan: Estas peticiones de oración llegaban de todos los lugares del mundo.

Mujer: Oro en el Nombre de Cristo que ellos vengan al conocimiento de la verdad que es en Jesús.

Nancy: Al leer muchas de las peticiones –cientos o miles de ellas, quizás –¿cuál era el tema subyacente de ellas?

Jonathan: Hay un tema recurrente que era conforme a la propia pasión de Jeremiah en cuanto a estas reuniones de oración. Así como él había encontrado a Cristo –así como él había aceptado a Cristo al mediodía— muchas de las peticiones de oración eran oraciones por aquellos que no conocían a Cristo.

Hombre: Un hombre joven que residía en esa ciudad y había venido unos años antes de Inglaterra, donde aun residían sus padres, siendo él el único miembro de su familia que no era convertido, era entonces presentado por un amigo cristiano quien anhelaba su inmediata conversión.

Jonathan: Muchas veces sería, “Ora por un hijo. Ora por una hija.”

Mujer: Esta es una madre. Oh! que ella sea vuelta al conocimiento de Cristo y pueda educar a sus hijos en la instrucción y amonestación del Señor.

Kevin: No solamente oraban por otras personas, sino que también los no cristianos estaban asistiendo a las reuniones de oración y se estaban convirtiendo durante ese tiempo. Empezaban a buscar a Dios!

Mientras más crecían las reuniones, muchos que habían orado, volvían con reportes de oraciones contestadas. Las cosas estaban moviéndose! Habían personas pidiendo oración, personas orando, y personas volviendo para testificar lo que Dios había hecho!

Jonathan: Había oraciones por conversiones individuales y oraciones por avivamiento de Iglesias y comunidades. Pienso que es fascinante reflexionar sobre el impacto de esas oraciones en las comunidades y ciudades a través de los tiempos.

Kevin: No era solo una oración. Las personas que les gustaba orar por avivamiento podrían haber sido tentados a pensar: “Bien, la respuesta ahora es tener reuniones de oración. Dejemos la predicación a un lado. Desechemos la enseñanza. Hagamos a un lado el evangelismo, y oremos a Dios y dejemos que El haga todo.”

Pero la realidad es que el mismo Lanphier, mientras conducía estas reuniones de oración, era activamente evangelístico.

Activamente repartía tratados, por ejemplo –algo que daba mucho resultado a mediados del siglo 19. Activamente motivaba a las personas de su iglesia y de otras iglesias para las que trabajaba, a que testificaran a sus amigos y para que trajeran a sus amigos. El estimulaba continuamente para diversas cosas. Motivaba a las personas a hacer cosas en sus propias Iglesias.

Lo que estaba pasando, en la medida en que el avivamiento se extendía, era que en las demás Iglesias también se infundía ese mismo ánimo.

Nancy: La intensidad del avivamiento de oración comenzó en la calle Fulton, en el otoño de 1857, y menguó luego de varios meses. Sin embargo, un tiempo de oración al mediodía se mantuvo en la ciudad de Nueva York por 103 años.

En la medida en que observamos esta reunión de oración y el avivamiento que la rodeó, ¿qué debemos aprender? ¿Porqué debe importarnos hoy?

Jonathan: Es realmente un asunto de si nos vemos motivados a orar movidos por la desesperación o por la devastación. ¿Será que se requiere algún desastre, o colapso financiero, para traernos a nuestras rodillas? ¿O reconoceremos que separadas del Espíritu de Dios no somos mas que polvo de la tierra? Somos polvo.

Este colapso financiero de 1857 condujo a un entendimiento más profundo de la necesidad que las personas tienen de depender de Dios. Parte del reto en los Estados Unidos hoy es volver a ese entendimiento sin necesidad de que ocurra una devastación.

Sólo el Espíritu de Dios puede hacer eso en nosotros –recordarnos que cada respiro es un regalo Suyo. Ya sea que estemos experimentando una devastación financiera o no, la estamos experimentando físicamente a cada minuto, en cada respiro que tomamos.

Nancy: En la medida en que oramos por avivamiento, necesitamos reconocer que puede ser –como lo fue en 1857—que Dios en Su Misericordia y Providencia traiga algún tipo de devastación a gran escala que haga que nuestra nación se sienta desesperada por buscarle a El.

Jonathan: Así es. Puede ser un juicio que conduzca al arrepentimiento. Rogamos que Dios tenga misericordia. Pero esa misericordia puede mostrarse llevándonos a un lugar de dependencia. De nuevo, es por eso que el lugar de la reunión inicial de oración de la calle Fulton —que queda a sólo tres cuadras de la zona cero (o zona de impacto)— es tan significativo para mí, pues en cierto modo, nuestras oraciones deben empezar en la zona cero.

Tenemos que comenzar en el lugar donde reconozcamos nuestra total dependencia de Dios y construir a partir de allí. Esa es mi esperanza y oro que Dios traiga esto a nosotros como nación. Pienso que ministerios como “Aviva Nuestros Corazones” tendrán un papel importante que jugar.

Nancy: Isaías 54 dice que Dios se encuentra con aquellos que Lo conocen a El y andan en Sus Caminos (parafraseado). Por eso pienso que habiendo revisado ese Gran Avivamiento de Oración de hace 150 años, es importante que reflexionemos sobre los caminos de Dios. No sólo recordar lo que Dios ha hecho en el pasado, sino orar y pedir a Dios que derrame Su Espíritu de una manera fresca en nuestros días.

Nuestra carga es ver al pueblo de Dios unido, en sus rodillas, buscándolo a El hoy, tal como sucedió hace 150 años, en un espíritu de unidad, humildad y de manera ferviente.

Carmen: Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a las vidas de personas que lo necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y ministrarles en las diversas situaciones.

Una oyente nos escribió lo siguiente mientras escuchaba la serie que hemos estado transmitiendo:

Creo que si me hubieran preguntado antes, no hubiera escuchado este programa. Hace rato que voy rehuyendo a esta convicción de que no he sido tan obediente al Señor como supongo. Quizás como Saúl, he buscado muchas respuestas, excusas, justificaciones para no admitir esto.. Gracias a Dios por este ministerio y por cada una de ustedes que trabaja para que la Palabra de Dios, desenmascare nuestros corazones. Bendiciones!!!

 

Te recordamos que este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando AvivaNuestrosCorazones.com o llamando al 1-800-569-5959, desde EEUU y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes. Pero más importante aún, puedes sostenernos en oración. Necesitamos de tus oraciones para continuar adelante con la encomienda que Dios nos ha dado.

Bien, ¿ya te registraste en la conferencia Mujer Verdadera “En Busca de Dios”? Se llevará a cabo en el Auditorio Josefa Ortiz de la ciudad de Querétaro el próximo mes de marzo. Visita MujerVerdadera17.com para más detalles acerca de cómo puedes ser parte de este gran evento donde 5000 mujeres se darán cita para juntas buscar al Señor.

¿Cómo pudo una nación al borde una guerra civil experimentar un avivamiento? Esa es una de las preguntas que trataremos el lunes. Te animamos a estudiar el día 5 de la lección 3 en el transcurso del fin de semana, para que te unas a nosotras el lunes, en un nuevo capítulo. ¡Qué nuestro Señor Jesús hable a tu corazón este domingo!

Canción:

Por qué vivimos sin Jesús? 
Por qué desperdiciamos otro día? 
El es la vida que nos sostiene. 
La única esperanza para nosotros hoy. 
Así que dime ¿por qué vivimos? 
¿Por qué vivimos sin El? 1

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Los Dos Efectos del Evangelio

El Púlpito de la Capilla New Park Street

Los Dos Efectos del Evangelio

Sermón predicado la mañana del Domingo 17 de Mayo de 1855

por Charles Haddon Spurgeon

En Exeter Hall, Strand

«Porque para Dios somos olor fragante de Cristo en los que se salvan y en los que se pierden. A los unos, olor de muerte para muerte;mientras que a los otros, olor de vida para vida.Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?»2 Corintios 2:15,16

 

Éstas son palabras de Pablo expresadas en nombre propio y en el de sus hermanos los Apóstoles. Son verdaderas en lo que concierne a todos aquellos que son elegidos por el Espíritu, preparados y enviados a la viña para predicar el Evangelio de Dios. Siempre he admirado el versículo 14 de este capítulo, especialmente cuando recuerdo los labios que las pronunciaron: «Pero gracias a Dios, que hace que siempre triunfemos en Cristo y que manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento por medio de nosotros.»

Imaginemos a Pablo, ya anciano, diciéndonos: «Cinco veces he recibido de los judíos cuarenta azotes menos uno», que después fue arrastrado dándolo por muerto; el hombre de los grandes sufrimientos, que había pasado a través de mares de persecuciones; pensemos cuando dice, al fin de su carrera ministerial: ¡»Pero gracias a Dios, que hace que siempre triunfemos en Cristo!»

¡Triunfar cuando se ha naufragado, triunfar a pesar de haber sido flagelado, triunfar habiendo sido torturado, triunfar al ser apedreado, triunfar en medio de la burla del mundo!, ¡triunfar al ser expulsado de una ciudad y haber tenido que sacudir el polvo de sus pies!; ¡triunfar en todo momento en Cristo Jesús!

Ahora bien, si hablaran de ese modo algunos ministros de nuestro tiempo, no daríamos mucha importancia a sus palabras, pues gozan del aplauso del mundo. Siempre pueden irse en paz a sus casas. Tienen creyentes que los admiran, y no tienen enemigos declarados; contra ellos ni siquiera un perro mueve su lengua, todo es seguro y placentero. Si dicen, «Pero gracias a Dios, que hace que siempre triunfemos en Cristo», no nos conmueven; pero si lo dice alguien como Pablo, tan pisoteado, tan torturado y tan afligido, podemos considerarlo un héroe. He aquí un hombre que tenía verdadera fe en Dios y en el carácter divino de su misión.

Y cuán dulce es, hermanos míos, el consuelo que Pablo aplicaba a su propio corazón en medio de todas sus calamidades. Decía que, a pesar de todo, Dios «manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento por medio de nosotros.» ¡Ah! Con este pensamiento un ministro puede dormir tranquilo en su lecho: «Dios manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.» Con esto, puede cerrar sus ojos cuando acabe su carrera y abrirlos en el cielo: «Dios, por mediación mía, manifestó en todo lugar el olor de su conocimiento.»

Sigan, pues, las palabras de mi texto, que expondré dividiéndolo en tres partes. Nuestra primera observación será que, aunque el Evangelio es un «buen olor» en todo lugar, produce sin embargo diferentes efectos en diferentes personas: «A los unos, olor de muerte para muerte; mientras que a los otros, olor de vida para vida.»

Nuestra segunda observación será que los ministros del Evangelio no son responsables de su éxito, porque dice: «Para Dios somos olor fragante de Cristo en los que se salvan y en los que se pierden.» Y en tercer lugar, la carga del ministro del Evangelio no es ligera, su deber es muy agobiante. El apóstol mismo dijo, «Y para estas cosas ¿quién es suficiente?»

I. Nuestra primera observación es que, EL EVANGELIO PRODUCE DIFERENTES EFECTOS. Puede parecer increíble, pero es extrañamente cierto que hay pocas cosas buenas en el mundo de las que no se desprenda algún mal. Observemos cómo brilla el sol, sus rayos ablandan la cera y endurecen la arcilla; en el trópico hacen que la vegetación sea extremadamente exuberante, y que maduren los más ricos y escogidos frutos y se den las flores más hermosas, pero ¿quién no sabe que en aquellos lugares prosperan los peores reptiles y las más venenosas serpientes de la tierra?

Así ocurre con el Evangelio. Aunque es el sol de justicia para el mundo, aunque es el mejor regalo de Dios y nada puede ser comparado a la inmensidad de beneficios que concede a la raza humana, a pesar de todo, debemos confesar que, a veces, es «olor de muerte para muerte.» Pero no debemos culpar de ello al Evangelio; la culpa no es de la verdad de Dios, sino de aquellos que no aceptan recibirla. Es «olor de vida para vida» para todo aquel que la oye con un corazón abierto para recibirla. Y es sólo «muerte para muerte», para el hombre que odia la verdad, que la menosprecia, se burla de ella, e intenta oponerse a su avance. En primer lugar, pues, vamos a hablar de ese carácter.

1. El Evangelio es para algunos hombres, «olor de muerte para muerte.» Ahora bien, esto depende en gran parte de qué es el Evangelio; porque hay algunas cosas llamadas «Evangelio», que son «olor de muerte para muerte» para todos aquellos que las oyen. El predicador John Berridge decía que predicó la moralidad hasta que no quedó en el pueblo un sólo hombre moral; porque el modo más seguro de dañar a la moralidad es la predicación legalista. La predicación de las buenas obras y la exhortación a los hombres a la santidad como medio de salvación son muy admiradas en teoría, pero en la práctica se demuestra, no solamente que no son eficaces, sino, y esto es lo peor, que a veces se convierten en «olor de muerte para muerte.»

Así se ha comprobado; y creo que incluso el gran Chalmers confesó que durante años y años antes de conocer al Señor, no predicó otra cosa que moralidad y preceptos, pero nunca vio a ningún borracho convertido por el mero hecho de mostrarle los males de la borrachera. Ni vio a ningún blasfemo que dejara de blasfemar porque le dijera lo odioso de su pecado. Cuando empezó a predicar el amor de Jesús; cuando predicó el Evangelio como es en Cristo, en toda su claridad, plenitud y poder, y la doctrina de que «por gracia sois salvos por la fe; y esto no es de vosotros, pues es don de Dios» fue cuando conoció el éxito. Cuando predicó la salvación por la fe, multitudes de borrachos arrojaron sus copas y los blasfemos frenaron sus lenguas; los ladrones se hicieron honrados, y los injustos e impíos se inclinaron ante el cetro de Jesús.

Pero deben reconocer, como les dije antes, que aunque el Evangelio produce generalmente el mejor de los efectos en casi todos aquellos que lo oyen, ya sea apartándolos del pecado, ya haciéndolos abrazarse a Cristo, es sin embargo un hecho grande y solemne, y sobre el cual difícilmente sé como hablar esta mañana que, para muchos hombres, la predicación del Evangelio de Cristo es «muerte para muerte», y produce mal en vez de bien.

i. Y el primer sentido es el siguiente: Muchos hombres se endurecen en sus pecados al oír el Evangelio. ¡Oh!, qué verdad más terrible y solemne es que, de todos los pecadores, algunos pecadores del santuario son los peores. Aquellos que pueden sumergirse más en el pecado, y tienen la conciencia más tranquila y el corazón más duro, se encuentran en la propia casa de Dios. Yo sé bien que un ministro fiel servirá de estímulo a los hombres, y las severas amonestaciones de un Boanerges a menudo les hará estremecerse. Igualmente, estoy consciente que la Palabra de Dios hace que a veces su sangre se coagule en sus venas; pero sé también (porque los he visto) que hay muchos que convierten la gracia de Dios en libertinaje, e incluso hacen de la verdad de Dios un pretexto para el diablo, y profanan la gracia de Dios para justificar su pecado. A tales hombres los he podido encontrar entre aquellos que oyen las doctrinas de la gracia en toda su plenitud. Son los que dicen: «Soy elegido, por eso puedo blasfemar; soy uno de los que fueron escogidos por Dios antes de la fundación del mundo, por ello puedo vivir como se me antoje.»

He visto a un hombre que, trepado sobre la mesa de una cantina y sosteniendo el vaso en su mano, decía: «¡Compañeros! Yo puedo hacer y decir más que cualquiera de ustedes; yo soy uno de esos que están redimidos por la preciosa sangre de Jesús»; y acto seguido se bebió su vaso de cerveza y comenzó a bailar ante los demás, mientras entonaba viles y blasfemas canciones. He aquí a un hombre para quien el Evangelio es «olor de muerte para muerte.» Oye la verdad, pero la pervierte; toma aquello que está puesto por Dios para su bien y lo utiliza para suicidarse. El cuchillo que le fuera dado para abrir los secretos del Evangelio, lo vuelve contra su propio corazón. La que es la más pura de todas las verdades y la más elevada de todas las moralidades es convertida en la encubridora de sus vicios, y hace de ella un andamio que le ayuda a construir el edificio de sus maldades y pecados.

¿Hay aquí alguien como este hombre, a quien le guste oír el Evangelio, como ustedes lo llaman, y no obstante viva impuramente? ¿Quiénes pueden decir que son hijos de Dios, y a pesar de ello se comportan como vasallos sirvientes de Satanás? Sepan bien que ustedes son unos mentirosos e hipócritas, porque la verdad no está de ningún modo en ustedes. «Cualquiera que es nacido de Dios, no peca.» A los elegidos de Dios no se les permitirá caer permanentemente en pecado; ellos nunca «convertirán la gracia de Dios en libertinaje», sino que, en todo lo que dependa de ellos, se esforzarán por permanecer cerca de Jesús. Tengan esto por seguro: «Por sus frutos los conoceréis.» «Así también, todo árbol sano da buenos frutos, pero el árbol podrido da malos frutos. El árbol sano no puede dar malos frutos, ni tampoco puede el árbol podrido dar buenos frutos.» No obstante, esas personas están continuamente pervirtiendo el Evangelio en maldad. Pecan con arrogancia por el mero hecho de que han oído lo que ellos consideran que son excusas para sus vicios.

No encuentro otra cosa bajo el cielo, que pueda extraviar tanto a los hombres, como un Evangelio pervertido. Una verdad pervertida es, generalmente, peor que una doctrina que todos saben que es falsa. Al igual que el fuego, uno de los elementos más útiles que puede causar la más intensa conflagración, así el Evangelio, que es lo mejor que poseemos, puede convertirse en la más vil de las causas. Éste es un sentido en el que el Evangelio es «olor de muerte para muerte.»

ii. Pero hay algo más. Es un hecho que el Evangelio de Jesucristo aumentará la condenación de algunos hombres en el día del juicio final. De nuevo me espanto al decirlo, porque es un pensamiento demasiado horrible para aventurarse a hablar de él; que el Evangelio de Cristo vaya a hacer del Infierno para algunos hombres un lugar aun más terrible de lo que pudiera hubiera sido. Todos los hombres se hubieran hundido en el Infierno de no haber sido por el Evangelio. La gracia de Dios redimirá a «una gran multitud, la cual ninguno puede contar»; guardará a un ejército incontable que será salvado en el Señor con una salvación eterna; pero, al mismo tiempo, a quienes la rechazan les hace más terrible la condenación. Y les diré por qué:

Primeramente, porque los hombres pecan contra una luz superior, y la luz que poseemos es una excelente medida para nuestra culpa. Lo que un nómada puede hacer sin que para él sea delito, en mí puede ser el mayor de los pecados, porque estoy mejor instruido; y lo que alguno pueda hacer en Londres con impunidad, me refiero a un pecado contra Dios que no sea excesivamente grande, podría parecerme a mí la mayor de las transgresiones, porque desde mi juventud he sido instruido en la piedad. El Evangelio viene sobre los hombres como la luz del cielo. ¡Qué errante debe andar el que se extravía en la luz! Si el que es ciego cae en la zanja, podemos compadecerle, pero si un hombre con la luz en sus ojos se arroja al precipicio y pierde su alma, ¿verdad que es imposible la compasión?

«¡Cómo merecen el infierno más profundo
Quiénes menosprecian los gozos del cielo!
¡Qué cadenas de venganza deberán sentir
Los que se burlan del amor soberano!»

Les repito que la condenación de todos ustedes aumentará, a menos que encuentren en Jesucristo al Salvador; porque haber tenido la luz y no haber andado por medio de ella será la misma esencia de la condenación. Éste será el virus de la culpa: «que la luz ha venido al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.»

La condenación de ustedes será también mayor si se oponen al Evangelio. Si Dios tiene un plan de misericordia, y el hombre se levanta contra él, ¿no será grande su pecado? ¿No fue inmensa la culpa en que incurrieron hombres tales como Pilato, Herodes y los judíos? ¡Oh!, quién puede imaginar la condena de aquellos que gritaron: «¡Crucifícale! ¡Crucifícale!» ¿Y qué lugar del fuego del infierno arderá con fuerza suficiente para el hombre que calumnia al ministro de Dios, para el que habla mal de su pueblo, para el que odia su verdad, y que, si pudiera, borraría de la tierra todo rastro de piedad? ¡Quiera Dios ayudar al infiel y al blasfemo! Dios salve sus almas, si me dieran a escoger de entre todos los hombres, no elegiría jamás ser como uno de ellos.

¿Piensan ustedes señores, que Dios no tendrá en cuenta lo que los hombres dicen? Uno ha maldecido a Cristo, llamándole charlatán. Otro ha declarado (sabiendo que mentía) que el Evangelio es falso. Un tercero ha proclamado sus máximas licenciosas, y después ha señalado a la Palabra de Dios diciendo: «¡Hay peores cosas en ella!» Y otro ha insultado a los ministros de Dios ridiculizando sus imperfecciones. ¿Creen que Dios olvidará todo esto en el último día? Cuando sus enemigos se presenten ante Él, los tomará de la mano y les dirá: «El otro día llamaste perro a mi siervo, y escupiste sobre él, ¿y por esto te daré el cielo?» No; si el pecado no ha sido lavado por la sangre de Cristo, dirá» ¡Apártate, maldito, al infierno del que te burlabas!; abandona el cielo que tú despreciabas, y aprende que, aunque decías que no había Dios, esta diestra te enseñará eternamente la lección de que sí lo hay, porque aquel que no me descubra por mis obras de benevolencia, sabrá de mí por mis hechos de venganza; así pues, ¡apártate te digo!» A aquellos que se han opuesto a la verdad de Dios, les será aumentado el castigo. Ahora bien, ¿no es ésta una solemne visión de que el Evangelio es para muchos «olor de muerte para muerte»?

iii. Consideraremos aún otro sentido. Creo que el Evangelio hace a algunos seres de este mundo más desgraciados de lo que hubieran sido. El borracho podría beber y gozarse en su embriaguez con mayor alegría, si no hubiera oído decir: «Todos los borrachos tendrán su parte en el lago que arde con fuego y azufre.» Cuán jovialmente el trasgresor del domingo alborotaría durante todo el día si la Biblia no dijera: «¡Acuérdate del día de reposo, para santificarlo!» Y cuán felizmente podría lanzarse en su loca carrera el libertino y el licencioso, si no se hubiera dicho: «¡La paga del pecado es muerte, y después el juicio!» Pero la verdad pone amargura en sus copas; los avisos de Dios congelan la corriente de su alma. El Evangelio es como el esqueleto en la fiesta egipcia: aunque durante el día se ríen de él, por la noche tiemblan como hojas de álamo blanco, y cuando las sombras del atardecer caen sobre ellos, se estremecen al menor susurro. Ante el pensamiento de su condición futura, su gozo se entristece, y la inmortalidad, en vez de ser un regalo para él, es, sólo al pensar en ella, el tormento de su existencia. Las dulces palabras de amor de la misericordia no son para ellos más armoniosas que el estruendo del trueno, porque saben que las menosprecian. Sí, he conocido a algunos que han sido tan desgraciados a causa del Evangelio, al no querer abandonar sus pecados, que han estado a punto de suicidarse. ¡Oh!, qué terrible pensamiento! El Evangelio es «olor de muerte para muerte»; ¿para cuántos de los que están aquí es así?, ¿quién está ahora oyendo la palabra de Dios para ser condenado por ella?, ¿quién saldrá de aquí para ser endurecido por la voz de la verdad? Así será para todo hombre que no crea en ella; porque para aquellos que la reciben es «olor de vida para vida», pero para los incrédulos es una maldición, y «olor de muerte para muerte.»

2. Pero, bendito sea Dios, el Evangelio tiene un segundo poder. Además de ser «muerte para muerte», es «olor de vida para vida.» ¡Ah!, hermanos míos, algunos de nosotros podríamos hablar, si ello nos fuera dado esta mañana, del Evangelio como «olor de vida» para nosotros. Volvamos la vista atrás a la hora en que estábamos «muertos en delitos y pecados.» En vano todos los truenos del Sinaí, en vano los avisos de los atalayas: dormíamos en el sueño moral de nuestras culpas, y ni un ángel podría habernos despertado. Y contemplemos también, con alegría, aquella hora en que entramos por primera vez dentro de los muros de un santuario y, para nuestra salvación, oímos la voz de la misericordia.

A algunos de ustedes les ocurrió hace unas semanas. Yo sé dónde están y quiénes son; hace sólo unas semanas o unos meses, también ustedes estaban lejos de Dios, pero han sido llevados a amarle. Recuerda, cristiano hermano mío, aquel momento en que el Evangelio fue para ti «olor de vida», cuando te separaste de tus pecados, renunciaste a tus concupiscencias, y volviéndote a la Palabra de Dios, la recibiste con todo tu corazón. ¡Ah!, ¡aquella hora, la más dulce de todas! Nada puede compararse a ella. Conocí a una persona que durante cuarenta o cincuenta años había permanecido completamente sorda; una mañana, sentada a la puerta de su casa, mientras pasaban algunos vehículos por delante de ella, creyó oír una música melodiosa. No era música, era solamente el ruido de los carruajes. Su oído se había abierto repentinamente, y aquel sonido ordinario le pareció como música celestial, porque era la primera vez que oía en tantos años. De forma parecida, la primera vez que nuestros oídos se abrieron para oír las palabras del amor, la seguridad de nuestro perdón, oímos la palabra como nunca la habíamos oído hasta entonces; nunca nos pareció tan dulce y quizás, aun en estos momentos, miramos atrás y decimos:

«¡Qué horas de paz gocé entonces!
¡Cuán dulce es su recuerdo todavía!»

Cuando por primera vez fue «olor de vida» para nuestras almas. Así pues, amados míos, si alguna vez ha sido «olor de vida», siempre lo será; porque no dice que sea olor de vida para muerte, sino «olor de vida para vida.» Al llegar a este punto, debo dirigir otro golpe a mis antagonistas los arminianos; no puedo remediarlo. Ellos sostienen que, a veces, el Evangelio es olor de vida para muerte. Nos dicen que un hombre puede recibir vida espiritual, y no obstante, morir eternamente. Es decir, puede ser perdonado y, después, castigado; puede ser justificado de todo pecado, y sin embargo sus trasgresiones pueden ser cargadas de nuevo sobre sus espaldas. Dicen que un hombre puede haber nacido de Dios, y no obstante morir; puede ser amado por Dios, y a pesar de ello Dios puede odiarle mañana.

¡Oh! No puedo soportar el hablar de tales doctrinas llenas de mentiras; que crean en ellas los que quieran. Por lo que a mí respecta, creo tan profundamente en el amor inmutable de Jesús, que supongo que si un creyente estuviera en el infierno, el mismo Cristo no estaría mucho tiempo en el cielo sin gritar: «¡Al rescate! ¡Al rescate!» ¡Oh!, si Jesucristo estuviera en la gloria y de su corona faltara una de sus piedras preciosas, la cual poseyera Satanás en el infierno, éste diría: «¡Mira, Príncipe de la luz y de la gloria, tengo en mi poder una de tus joyas!» Y manteniéndola en alto, gritaría: «Tú diste tu vida por este hombre, pero no tienes poder suficiente para salvarle; Tú lo amaste una vez, ¿dónde está tu amor? ¡De nada le sirve porque más tarde lo odiaste!» Y cómo se reiría burlonamente de aquel heredero del cielo, diciendo: «Este hombre fue redimido; Jesucristo lo compró con su sangre.» Y, arrojándolo a las olas del infierno con grandes carcajadas, diría: «¡Toma, redimido! ¡Mira cómo puedo robar al Hijo de Dios!» Y con gozo maligno continuaría repitiendo: «Este hombre fue perdonado, ¡contemplen la justicia de Dios! Es castigado después de haber recibido el perdón. Cristo sufrió por sus pecados y, no obstante, yo lo poseo; ¡porque Dios lo ha castigado dos veces!» ¿Creen ustedes que podrá decirse eso alguna vez?; ¡Ah!, no. Es «olor de vida para vida», y no de vida para muerte. Sigan con su evangelio envilecido, predíquenlo donde quieran; pero mi Señor dijo:

«Yo doy a mis ovejas vida eterna.» Ustedes dan a sus ovejas vida temporal, y ellas la pierden; pero Jesús dice: «Yo les doy vida ETERNA; y no perecerán para siempre, ni nadie las arrebatará de mi mano». Cuando hablo de este tema, generalmente me enciendo, porque creo que hay muy pocas doctrinas tan importantes como la de la perseverancia de los santos; porque si uno de los hijos de Dios llegara a perecer, o si yo supiese que esto pudiera suceder, sacaría la conclusión inmediata de que yo podría ser uno de ellos, y supongo que a cada uno de ustedes les pasaría lo mismo y en este caso ¿dónde están el gozo y la felicidad del Evangelio? De nuevo repito que el evangelio arminiano es una cáscara sin contenido; una cáscara sin el fruto; que se lo queden aquellos a quienes agrada. No discutiremos con ellos. Dejen que continúen predicándolo. Dejen que sigan diciendo a los pobres pecadores que, si creen en Jesús, serán condenados después de todo; que Jesucristo les perdonará y que, a pesar de ello, el Padre los enviará al infierno. Sigan predicando el evangelio de ustedes, porque ¿quién lo escuchará?; y si alguno lo escucha, ¿le sirve de algo oírlo? Les digo que no; porque si después de convertirme estoy en el mismo lugar en que me encontraba antes de convertirme, de nada me sirve el haber sido convertido. Mas a aquellos a quienes Él ama, los ama hasta el fin.

«Una vez en Cristo, en Él para siempre;
Nada puede separarme de Su amor.»

Es «olor de vida para vida.» No solamente «vida para vida» en este mundo, sino «vida para vida» eternamente. Todo el que posea esta vida, recibirá la venidera; «gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que en integridad andan.» Me veo obligado a dejar este punto; pero si mi Señor lo toma en sus manos y hace de estas palabras «olor de vida para vida» en esta mañana, me gozaré de haberlas pronunciado.

II. Nuestra segunda afirmación es que EL MINISTRO NO ES RESPONSABLE DE SUS ÉXITOS. Es responsable de lo que predica y de su vida y acciones, pero no es responsable de los demás. Si yo predico la Palabra de Dios, pero no hay ningún alma que se salve, el Rey me diría a pesar de todo: «¡Bien hecho, siervo bueno y fiel!» Si no dejo de dar mi mensaje, y ninguno lo quiere escuchar, Él dirá: «Has peleado la buena batalla; recibe tu corona». Oigan las palabras del texto: «Porque para Dios somos buen olor de Cristo en los que se salvan, y en los que se pierden.» Esto se verá claro si les digo cómo se le llama al ministro del Evangelio en la Biblia. A veces es llamado embajador. Ahora bien, ¿de qué es responsable un embajador? Es enviado a un país como un agente diplomático, lleva a la conferencia condiciones de paz, hace uso de todo su talento para servir a su señor, intenta demostrar que la guerra va en contra de los intereses de diferentes países, se esfuerza por traer la paz; pero los otros reyes la rechazan con arrogancia. Cuando vuelve a su país, su señor le pregunta «¿Por qué no hiciste la paz?» «Porque», contesta el embajador, «les expuse las condiciones y no quisieron oírlas.» «Bien», dirá aquel, «has cumplido con tu deber; no voy a culparte si continúa la guerra.» En otras partes, el ministro del Evangelio es un pescador. Como es natural, un pescador no es responsable de la cantidad de peces que pesca, sino de la forma en que pesca. Esto es una bendición para algunos ministros, porque no han pescado nunca nada, y ni siquiera han atraído ningún pez cerca de sus redes. Han pasado toda su vida pescando con elegantes hilos y anzuelos de plata y oro, siempre utilizaron hermosas y pulidas frases, pero a pesar de todo el pez no picó; mientras que nosotros, que somos de una clase más ruda, hemos puesto el anzuelo en la boca de muchos centenares. No obstante, si echamos la red del Evangelio en el lugar adecuado, aunque no pesquemos nada, el Señor no hallará en nosotros falta alguna. Nos preguntará: «Pescador, ¿hiciste tu labor?, ¿arrojaste las redes al mar en tiempo de tormentas?» «Sí, mi Señor, así lo hice.» «¿Y qué has pescado?» «Uno o dos, solamente.» «Bien, podía haberte mandado multitudes si así me hubiese agradado; no es tuya la culpa. En mi soberanía, doy donde me agrada o niego cuando así lo prefiero; pero en lo que a ti respecta, has hecho bien tu labor, por ello he aquí tu recompensa.»

Algunas veces el ministro es llamado un sembrador. Y ningún agricultor hace responsable de la cosecha al sembrador; toda su responsabilidad consiste en sembrar, y en sembrar la semilla adecuada. Si la echa en buena tierra entonces es feliz; pero si cae al borde del camino, y las aves del cielo se la comen, ¿quién culpará al sembrador?; ¿podía haberlo remediado? No, él cumplió con su deber; esparció las semillas ampliamente y allí las dejó. ¿A quien ha de culparse? Al sembrador no, desde luego. De esta forma, amados míos, si un ministro va al cielo con una sola gavilla en sus espaldas, su Señor le dirá: «¡Segador, una vez fuiste sembrador!, ¿dónde recolectaste tu gavilla?» «Señor, sembré sobre la roca, y no creció; solamente un grano, en la mañana de un domingo, fue llevada por el viento hacia un lado y cayó en un corazón preparado. Y ésta es mi única gavilla.» «¡Aleluya!», resonarán los coros angelicales, «una gavilla de entre las rocas es para Dios más honor que miles de ellas de una buena tierra; por ello debe sentarse tan cerca del trono como aquel que viene inclinado bajo el peso de sus muchas gavillas, procedentes de alguna tierra fértil.» Creo que, si hay grados en la gloria, no estarán en proporción al éxito, sino a la calidad de nuestros esfuerzos.

Si procedemos correctamente, y si con todo nuestro corazón nos esforzamos para cumplir con nuestros deberes de ministros, aunque no veamos nunca ningún resultado, recibiremos la corona. Pero cuánto más feliz es el hombre de quien se dirá en el cielo: «Brilla eternamente, porque fue sabio y ganó muchas almas para la justicia.» Siempre ha sido para mí el mayor gozo creer que cuando entre en el cielo, contemplaré en días futuros sus puertas abiertas, y por ellas veré entrar volando a un querubín quien, mirándome a la cara, pasará sonriente ante el trono de Dios, y después de haberse inclinado ante Él, y una vez prestado homenaje y adoración, vendrá a estrecharme la mano aunque no nos conozcamos; y si hubiera lágrimas en el cielo, yo voy a llorar al oírle decir: «Hermano, de tus labios oí la palabra, tu voz me amonestó por primera vez de mi pecado, y heme aquí contigo, el instrumento de mi salvación.» Y mientras las puertas permanezcan abiertas, una tras otra irán llegando las almas redimidas; y por cada una de éstas, una estrella, una piedra preciosa en la diadema de gloria; por cada una de ellas otro honor y otra nota en el himno de alabanza. «Bienaventurados los que mueren en el Señor. Sí, dice el Espíritu, porque sus obras con ellos siguen.»

¿Qué será de algunos buenos cristianos, de los que ahora están en Exeter Hall, si el valor de las coronas en el cielo se mide por las almas que hayan salvado? Alguno de ustedes poseerá una corona en el cielo sin una sola estrella. Hace poco tiempo leí algo sobre este tema: Un hombre en el cielo con una corona sin una sola estrella. ¡No salvó ni siquiera a uno! Gozaba en el cielo de felicidad completa porque le había salvado la Misericordia divina; pero, ¡oh!, ¡estar en el cielo sin una sola estrella! ¡Madre!, ¿qué dirías tú si estuvieras en el cielo sin alguno de tus hijos que adorne tus sienes con una estrella? ¡Ministro!, ¿qué dirías si, siendo un orador refinado, no poseyeras ni una estrella? ¡Escritor!, ¿te parecería bien haber escrito incluso tan gloriosamente como Milton, y que luego en el cielo te encontraras sin una estrella? Me temo que prestamos muy poca atención a esto. Los hombres escriben enormes folios y tomos, para verlos un día en las bibliotecas, y para que sus nombres sean famosos para siempre. ¡Pero cuán pocos se preocupan de ganar estrellas eternas en el cielo! Esfuérzate, hijo de Dios, esfuérzate, porque si deseas servir a Dios, el pan que eches sobre las aguas no se perderá para siempre. Si arrojas la semilla entre las patas del buey o del asno, obtendrás una cosecha gloriosa en el día en que Él venga a reunir a sus elegidos. El ministro no es responsable de su éxito.

III. Y en último lugar, PREDICAR EL EVANGELIO ES UNA TAREA ELEVADA Y SOLEMNE. El ministerio ha sido a menudo rebajado a una profesión. En estos días se hace ministros de hombres que hubieran sido buenos capitanes de mar, o hubieran servido muy bien para estar detrás de un mostrador, pero que nunca estuvieron hechos para el púlpito. Son seleccionados por los hombres, abrumados de literatura, educados hasta un determinado nivel, vestidos adecuadamente, y el mundo les llama ministros. Deseo que Dios les haga triunfar, porque como solía decir Joseph Irons: «Dios esté con muchos de ellos, aunque sólo sea para reprimirles la lengua.» Los ministros hechos por los hombres no tienen utilidad en este mundo, y cuanto antes nos libremos de ellos mejor. He aquí su forma de proceder: preparan sus manuscritos muy cuidadosamente, los leen el domingo con la mayor dulzura, en voz baja y de esta forma la gente se marcha complacida. Pero ese no es el modo de predicar de Dios. Si así fuera, me siento capaz de predicar para siempre. Puedo comprar sermones manuscritos por unos centavos, es decir, con tal de que ya hayan sido predicados unas cincuenta veces; si los utilizo por primera vez valen un poco más. Pero esa no es la manera.

Predicar la Palabra de Dios no es lo que algunos creen, un simple juego de niños, un negocio o profesión que cualquiera puede ejercer. Un hombre debe sentir, en primer lugar, que tiene un llamado solemne; después, debe saber que realmente posee el Espíritu de Dios y que cuando habla existe una influencia sobre él que le capacita para predicar como Dios quiere que lo haga. De otra forma debe abandonar el púlpito inmediatamente, porque no tiene ningún derecho a estar en él aunque la iglesia sea de su propiedad. No ha sido llamado para anunciar la verdad de Dios, y Dios le dice: «¿Qué tienes tú que hablar de mis leyes?»

Mas ustedes dicen: «¿Qué dificultad existe en la predicación del Evangelio de Dios?» Bien, debe ser algo duro, porque Pablo dijo: «Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?» Antes que nada les diré que es difícil, porque así está hecho para que no sea tergiversado por prejuicios propios al predicar la Palabra. Cuando se tiene que hablar con severidad, el corazón nos dice: «No lo hagas. Si hablas de esta forma te juzgarás a ti mismo»; y entonces existe la tentación de no hacerlo. Otra prueba es que tememos desagradar al rico de nuestra congregación. De esta forma, pensamos: «Si digo esto y lo otro, fulano y zutano se ofenderán; aquel otro no aprueba esta doctrina, lo mejor será que la abandone.» Quizás suceda que recibamos los aplausos de las multitudes y no queramos decir nada que las disguste, porque si hoy gritan: «Hosanna», mañana gritarán: «Crucifícalo, crucifícalo». Todas estas cosas obran en el corazón de un ministro. Él es un hombre como ustedes, y las siente. Además, está el agudo cuchillo de la crítica y las flechas de aquellos que le odian a él y a su Señor, y, a veces, no puede evitar el sentirse herido. Posiblemente se pondrá su armadura y gritará: «No me importan las críticas de ustedes»; pero hubo épocas en que los arqueros afligieron penosamente incluso a José. Entonces se encuentra en otro peligro, el de querer defenderse, porque quien lo hace comete una gran locura. El que deja a sus detractores solos y, al igual que el águila, no hace caso de la charla del gorrión o como el león no se molesta en ahogar el gruñido del chacal, es un hombre y será honrado. Pero el peligro está en que queramos dejar establecida nuestra reputación de justos. Y, ¡oh!, ¿quién es suficiente para dirigir la nave librándola de estas peligrosas rocas? «Para estas cosas», hermanos míos, «¿quién es suficiente?» Para levantarse y anunciar, domingo tras domingo y día tras día, «las inescrutables riquezas de Cristo».

Al llegar a este punto, y para terminar, sacaré la siguiente conclusión si el Evangelio es «olor de vida para vida», y el trabajo del ministro es una labor solemne, cuánto bien hará a todos los amantes de la verdad el orar por todos aquellos que la predican, para que sean «suficientes para estas cosas». Perder mí devocionario, como les he dicho muchas veces, es lo peor que puede ocurrirme. No tener a nadie que ore por mí me colocaría en una situación terrible. «Quizá», dice un buen poeta, «el día en que el mundo perezca será aquel que no esté embellecido con una oración»; y tal vez, el día en que un ministro se apartó de la verdad fue aquel en que su congregación dejó de orar por él, y cuando no se elevó una sola voz suplicando gracia en su favor. Estoy seguro de que así ha de ocurrir conmigo. Denme el numeroso ejército de hombres que tuve el orgullo y la gloria de ver en mi casa antes de venir a este local; denme aquellas gentes dedicadas a la oración, que en las tardes del lunes se reúnen en gran multitud para pedir a Dios que derrame su bendición sobre ellos, y venceremos al mismo infierno a pesar de toda la oposición. No son nada nuestros peligros, si tenemos oraciones. Porque aunque aumente mi congregación; aunque la formen gentes nobles y educadas; y aunque yo posea influencia y entendimiento, si no tengo una iglesia que ore, todo me saldrá mal. ¡Hermanos míos! ¿Perderé alguna vez sus oraciones? ¿Cesarán alguna vez en sus súplicas? Nuestra labor en este gran lugar está casi terminada, y felizmente volveremos a nuestro muy amado santuario. ¿Cesarán entonces, acaso, en sus oraciones? Me temo que esta mañana no hayan pronunciado tantas plegarias como debieran; me temo que no ha habido una devoción tan ardiente como hubiera sido necesaria. Yo no he sentido el maravilloso poder que experimento algunas veces. No los culpo por ello, pero no quiero que nunca se diga: «Aquel pueblo que fuera tan ferviente, se ha tornado frío.» No dejen que la tibieza penetre en Southwark; si ha de estar en alguna parte, que se quede aquí, en el West End; no lo llevemos con nosotros. «Contendamos eficazmente por la fe que ha sido una vez dada a los santos»; y sabiendo en los peligros que se encuentra el portador del estandarte, suplico que se reúnan ustedes a su alrededor, porque habrá males en el ejército.

«Si el porta-estandarte cae, como bien puede caer.
Porque todo es de esperar, en esa mortal lucha».

¡Levántense amigos! Empuñen el estandarte y manténganlo en alto hasta que llegue el día cuando nos encontremos en el último baluarte conquistado a los dominios del infierno, y cantemos todos: «¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Porque reina el Señor nuestro Dios Todopoderoso!»

Hasta entonces, continuemos luchando.

2/2 – El joven rico

Iglesia Ozama

Serie: Un moralista religioso

2/2 – El joven rico

Otto Sánchez

 

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.

Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.

Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org

5/6 – El Líder y la Organización de Su Mundo

Ministerios Integridad & Sabiduría

Serie: Un liderazgo Conforme el Corazón de Dios

5/6 – El Líder y la Organización de Su Mundo

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

​Miguel Núñez es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

La Dinámica de la Fe

Iglesia Evangélica Unida

La Dinámica de la Fe

Samuel Pérez Millos

 

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

http://www.unidavigo.es