2/5 – Sin secretos

Aviva Nuestros Corazones

Serie: En busca de Dios

La honestidad: El silencio no siempre es oro

2/5 – Sin secretos

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/sin-secretos2/

Carmen Espaillat: Según Nancy DeMoss de Wolgemuth, en realidad no existe tal cosa como un pecado oculto.

Nancy DeMoss de Wolgemuth: Aquello que estás escondiendo de tu marido y piensas que él no descubrirá; aquello que has estado ocultando de tus padres; la forma en que has pecado en contra de tu jefe robándole tiempo, dinero, posesiones o lo que sea; aquello que hiciste hace 15 años; aquello que pensabas que era tan insignificante pero que está carcomiendo tu conciencia; si no lo sacas a la luz y lo confiesas algún día se descubrirá.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss de Wolgemuth en la voz de Patricia de Saladín.

Hemos emprendido una travesía hacia el avivamiento personal a través de la serie que Nancy ha estado compartiendo titulada En Busca de Dios. Durante la primera semana nos habló acerca del avivamiento y durante la segunda habló acerca de la relación que existe entre la humildad y el avivamiento. En los próximos días descubrirás por qué el silencio no siempre es oro. Escucharemos cómo la honestidad es una parte crucial para un avivamiento.

Puedes seguir esta serie junto a un grupo de amigas mientras completan el libro de estudio también titulado En Busca de Dios. Hoy iniciamos la lección 2, día 1. Adquiere el libro y únete a nosotras a través de estas 12 semanas. Visita AvivaNuestrosCorazones.com para más información.

Aquí está Nancy.

Nancy: No sé si alguna vez hiciste esto cuando eras niña, pero puedo recordar con claridad aquellos juegos en que pretendíamos ser alguien en particular o hacer algo. Mis juegos favoritos eran jugar a la escuela y a la iglesia. Y claro, yo quería ser la maestra o la predicadora. Era una niña controladora y algunas cosas no desaparecen tan fácil. Soy la mayor de siete hijos así que teníamos “quórum” para hacer una escuela o una congregación en casa.

Mientras crecí empecé a darme cuenta de que muchos adultos todavía continúan jugando los juegos de hacerse pasar por alguien o algo. Uno de los juegos que jugamos más a menudo es el pretender que somos cristianos. Jugamos a la iglesia. Jugamos al cristianismo. Me doy cuenta que el pequeño drama que hacíamos cuando éramos niñas ahora que somos adultas tan solo toma diferentes formas.

A medida que continuamos en este proceso de buscarle a Él y pedirle a Dios que avive nuestros corazones, deseamos experimentar el gozo del avivamiento personal. Estamos poniendo los cimientos básicos aquí, los principios fundamentales.

Ya dijimos antes que el primer principio es el de la humildad. Nunca podrás acercarte a Dios a menos que te humilles. Dios rechaza al orgulloso. Se opone a él. Pero se acerca a aquellos que se humillan.

Si queremos experimentar un avivamiento en nuestros corazones hay otro principio fundamental del cual estaremos hablando esta semana: la honestidad. Si, la honestidad. Ser transparente, abierta y honesta ante Dios y ante los demás acerca de la verdadera condición de nuestros corazones – sin pretender, sin actuar, sino siendo auténticas.

En este momento les voy a pedir que busquen en sus Biblias el libro de los Salmos. Deseo que veamos algunos pasajes en los Salmos que hablan acerca de la importancia de ser abiertas y honestas delante de Dios. Si vamos a tener un encuentro con Dios, debemos deshacernos de las máscaras, dejar de fingir, abandonar las pretensiones y ser genuinas.

Veremos el Salmo 15, versículos 1-2. Este es un salmo de David que nos habla de venir ante Dios, de acercarnos al Señor. Dice:” Senor, ¿quién habitará en tu tabernáculo?  ¿Quién morará en tu santo monte?  El que anda en integridad y obra justicia, que habla verdad en su corazón.”

Es interesante hacer notar que el salmista no termina la oración tan solo con “el que habla la verdad” pues cuando piensas en hablar la verdad es algo que se hace externamente. Lo que David está diciendo es que el acercarnos a Dios involucra algo mucho más que hablar la verdad exteriormente. Se refiere al lugar donde comienza la comunicación, y esto es en el corazón. Dios permite que la persona que se acerque a Él para habitar en su monte santo, es aquel que habla verdad en su corazón. Aquel que no está pretendiendo. Aquel que no está actuando un papel. Aquel que es auténtico.

Si seguimos leyendo unas páginas más adelante veremos el mismo principio en el Salmo 24 versículos 3-5: “3¿Quién subirá al monte del SEÑOR? ¿Y quién podrá estar en su lugar santo?  4El de manos limpias y corazón puro; el que no ha alzado su alma a la falsedad, ni jurado con engaño.  5Ese recibirá bendición del SEÑOR, y justicia del Dios de su salvación.”

La persona que es santa, tiene manos limpias y un corazón puro; es una persona que no levanta su alma a la falsedad y que no jura mentiras. No profesa una cosa y vive algo diferente.

Vayamos ahora al Salmo 32 donde de nuevo veremos el mismo principio. Recuerden cuando David pecó adulterando con Betsabé y asesinando a su esposo. Este es uno de los salmos que David escribió después de esta experiencia para describir el proceso por el cual lo llevo Dios de cubrir su pecado hasta descubrir ese pecado.

En el versículo 1 del Salmo 32 el dice: “1¡Cuán bienaventurado es aquel cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto!” ¿Quién cubrirá ese pecado? En este pasaje veremos que si nosotras cubrimos el pecado no seremos bendecidas. Pero si lo traemos a la luz, entonces el mismo Dios se encargará de cubrirlo.   Existe una gran diferencia si soy yo que cubro mi pecado o si es Dios que cubre mi pecado.

Esta semana estaremos hablando sobre el peligro y el problema que surge cuando intentamos cubrir nuestro propio pecado. Veremos que es necesario que seamos abiertos y honestos con Dios y, en algún momento, con los demás acerca de lo que hemos hecho, de cómo hemos fallado, para que Dios pueda cubrir nuestras faltas.

Así que David dice que aquel cuyos pecados Dios ha cubierto, esa persona es bienaventurada. Aquel cuya transgresión es perdonada es limpiado, es cubierto. El versículo 2 continúa: “¡Cuán bienaventurado es el hombre a quien el SEÑOR no culpa de iniquidad, y en cuyo espíritu no hay engaño! “ No hay doble ánimo. No hay pretensiones. No hay actuaciones. No hay hipocresía. Esa persona está bendecida.

Luego dice en el verso 3 David comparte que él no siempre experimentó esa bendición. Expresó: “3Mientras callé mi pecado (cuando me negué a hablar de mi pecado a Dios y a los demás), mi cuerpo se consumió con mi gemir durante todo el día, porque de día y de noche se agravó sobre mi tu mano.”

Esta es una imagen de la convicción de Dios. Si no entiendes esta frase quizás significa que no eres una hija de Dios pues si eres una hija de Dios has tenido la experiencia de tiempos cuando la convicción de Dios ha sido tan pesada en cuanto a tu pecado que te parece que no puedes respirar.

Porque día y noche tu mano pesaba sobre mí; mi vitalidad se desvanecía con el calor del verano.” Y que pasó en el versículo 5? “5Te manifesté mi pecado, y no encubrí mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones al SEÑOR; y tú perdonaste la culpa de mi pecado. “

Esto como pueden ver, es un cambio de corazón. Inicialmente el dijo: “Callé. No deseaba que nadie supiera lo que había hecho. Cubrí mi pecado. Me mantuve en silencio sobre mi pecado. Pero, llegó un momento cuando la convicción de Dios fue tan pesada sobre mí que no pude más. Tuve que sacarlo a la luz”.

Yo dije: “Lo confesaré. Seré honesto.   Reconoceré mi pecado ante ti.” Fíjense cuántas veces se repite este concepto. “No encubrí mi iniquidad; Dije: Confesaré mis transgresiones al SEÑOR”.

En esto consiste la confesión – en reconocer la verdad, poniéndote de acuerdo con Dios. Dejando de esconderte, dejando de ocultarte, dejando de pretender, dejando la falsedad, dejando de tratar de impresionar a los demás y a Dios. ¿Acaso no es una necedad pensar que podemos impresionar a Dios sin ser honestas y auténticas? Él lo ve todo. Él lo sabe todo. Pero la sinceridad acerca de nuestro pecado, la verdad acerca de nuestra condición espiritual requiere confesión.

Verás, Dios cubrirá con la sangre de Cristo, con su misericordia y su perdón todo aquello que estemos dispuestos a descubrir. Pero todo aquello que escondemos, Dios se verá forzado a sacarlo a la luz y exponerlo. Ahora bien, ¿preferirías descubrirlo tú, permitiendo que Dios lo cubra, o preferirías aferrarte a él escondiéndolo y forzando a Dios a descubrirlo y exponerlo?

Proverbios 28, verso 13, es un verso fundamental aquí, es un verso clave. Proverbios 28:13 dice: “13El que encubre sus pecados (algunas traducciones dicen ‘aquel que cubre su pecado’) no prosperará, mas el que los confiesa (esto es lo opuesto a ocultarlo; no mas esconderse, no mas pretensiones, sino confesar) y los abandona hallará misericordia.”

Escuchen amigas, les diré algo que me motiva a caminar hacia la luz, a vivir una vida de honestidad y transparencia, es darme cuenta de que todo se sabrá de todos modos. Todo se sabrá en el juicio.

Aquello que estás escondiendo de tu esposo, aquello que piensas que él nunca va a descubrir; aquello que estás ocultando de tus padres; la forma en que has pecado en contra de tu jefe robándole tiempo, dinero o lo que sea; aquello que hiciste hace 15 años, aquello que pensabas que era tan insignificante pero que socavaba tu conciencia, si no lo sacas a la luz y lo confiesas algún día, se sabrá.

Existen muchas Escrituras que nos dejan ver esto. En Lucas 12:2 Jesús nos dice: “2Y nada hay encubierto que no haya de ser revelado, ni oculto que no haya de saberse.” Ahora piensa en las partes secretas, escondidas de tu vida, de tu pasado, tu presente; ese enredo emocional en que estás involucrada en el Internet, esa relación de correo electrónico. Así es, está sucediendo por montones entre las mujeres cristianas.

Piensas que estás escondiendo algo. Piensas que estás cubriendo algo. Piensas que tu marido no se va a enterar. Jesús dijo que no hay nada encubierto que no vaya a ser revelado. No hay nada que esté oculto que no será conocido.

Hebreos 4:13 habla sobre el Dios con el cual estamos tratando. Dice:” 13Y no hay cosa creada oculta a su vista, sino que todas las cosas están al descubierto y desnudas ante los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta.” Tendremos que dar cuentas. Esto es algo atemorizante a menos que aprendas a vivir ahora a la luz del juicio final, a vivir ahora a la luz de la eternidad.

Una de las características notables de la historia de las temporadas de avivamiento, de los grandes despertares es que con frecuencia las personas estaban abrumadas con un sentido de eternidad, un sentido de juicio. Tuvieron una fuerte convicción de pecados que habían estado escondiendo, cosas que pensaron que eran pequeñas o intranscendentes ahora lucían enormes delante sus ojos.

Empezaron a clamar ante Dios confesándose, y de ser necesario ante aquellos contra los cuales habían pecado diciendo: “He pecado. No soy esa persona que creías que yo era. He sido una hipócrita. He sido una farsa. No soy esa gran cristiana que siempre pensaste que era”. Se sinceraron con su pecado ante Dios y los demás.

Si deseas tener la experiencia de un verdadero avivamiento debes estar dispuesta a ser honesta, el ser honesta con Dios, el ser honesta con tu compañero, el ser honesta con los demás. Debo admitir que ser honesta puede ser costoso. Puede resultar doloroso ser honesta y transparente y salir a la luz. Pero quiero decirte algo: a la larga es mucho más costoso andar encubierta, es más costoso pretender y engañar.

En otro salmo que David escribió después de su gran pecado, arrepentido, el Salmo 51:6, le dice a Dios, “6He aquí, tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría.”

Así que quiero hacerte una pregunta ¿qué estás ocultando? ¿Qué estás escondiendo? ¿Qué es aquello en tu vida que esperas que nadie sepa? Puede que no sea un gran pecado, de esos pecados que la gente suele medir como enormes, pero si existe algo en tu vida que no has confesado a Dios y a las personas que se ven afectadas por ello, si estás ocultando tu pecado, la Palabra dice que no prosperarás. Dios dice que El desea, El anhela, El insiste en la importancia de la verdad en el interior del corazón.

Carmen: Nancy DeMoss de Wolgemuth volverá en unos minutos con nosotras para compartir un tema que nos afecta a todas: La honestidad. La enseñanza de hoy es parte de la serie En Busca de Dios. Esta trata el tema del poder transformador del avivamiento personal.

Esta serie puede proporcionarte una perspectiva nueva en asuntos como la honestidad, la pureza y la obediencia. Si no has escuchado los programas de las semanas anteriores, puedes hacerlo al visitar AvivaNuestrosCorazones.com. Desde allí podrás también descargarlos.

Bien, los discípulos de Cristo no podían salirse con la suya diciendo mentiras. Nancy nos explica porqué.

Nancy: En los evangelios encontramos por lo menos cuatro ocasiones en que las Escrituras señalan que Jesús conocía sus pensamientos. Si te pones a pensarlo, ese es un pensamiento aterrador. Jesús sabe lo que estamos pensando antes que lo verbalicemos o hasta si no lo decimos nunca.

Algunas veces estoy sentada en la iglesia tomando notas y aparenta que lo estoy asimilando todo. Pero mi mente está a millones de millas de distancia, o enfocada en lo que los demás piensan de mí, o en cómo voy a resolver esto o aquello, o tengo algo en mi corazón que es muy diferente a mi apariencia externa.

Puedes estar parada conversando con alguien, sonriendo, involucrada en una cálida conversación y a la vez pensando ella es tan aburrida, o ella habla tanto. En realidad no me agrada. Pero ahí estás, de lo más sonriente.

¿Te imaginas tratar con un Salvador que conoce nuestros pensamientos y que un día expondrá cualquier cosa que estemos ocultando? ¿Qué significa caminar en la luz? Significa precisamente eso, vivir en la presencia de Aquel que conoce nuestros pensamientos.

El Salmo 90:8 dice: “Has puesto nuestras iniquidades delante de ti,
nuestros pecados secretos a la luz de tu presencia.” No existe nada que yo haya hecho, nada que yo esté haciendo ahora que El no lo sepa.

Su luz es simplemente un foco, un reflector muy diferente a cualquiera que nos podamos imaginar aquí en la tierra, que examina en las partes y rincones más profundos de nuestros corazones las cosas que pensamos que nadie más sabe. El sabe. El las escudriña y busca con Su luz.

Jesús le dijo a la mujer en el pozo: “Ve busca a tu marido.” Ella dijo:” No tengo marido.” Jesús dijo: “Lo sé. Cinco maridos has tenido, y el hombre con el que vives ahora no es tu marido.” (Juan 4:16-18 parafraseado).

¿Qué estaba realmente diciéndole Jesús a esta mujer? Siguió hablándole acerca de que aquellos que adoran deben hacerlo en espíritu y verdad. Jesús estaba diciendo, “Si vas a venir a Mí, si vas a tener una relación conmigo, debes estar dispuesta a venir a Mí en verdad. “

No hay ni uno solo de tus pensamientos que Dios no conozca, pero Él desea que seas honesta con Él acerca de lo que Él sabe que es la verdad. En esto consiste la humildad. Es difícil. El ser genuina, el ser sincera es parte del proceso de arado que ya hemos mencionado.

Hay una ilustración usada en el evangelio de Juan y otra en su primera epístola- les voy a pedir ahora que vayan a 1 de Juan conmigo- que tiene que ver con una imagen de lo que es la luz. El discípulo amado nos habla sobre esto en 1 Juan capitulo 1. En el versículo 5 dice:” 5Y este es el mensaje que hemos oído de Él y que os anunciamos: Dios es luz, y en El no hay tiniebla alguna.”

La luz revela todo lo que la oscuridad esconde. Las tinieblas ocultan. La luz descubre. ¿Qué significa traer algo a la luz? Quiere decir exponerlo. Ponerlo al descubierto. Juan está diciendo: “Este es el punto de partida. Dios es luz. El todo lo ve. No hay tinieblas en El. No existe nada que El no sepa.”

En los versículos que siguen, Juan nos proporciona una serie de eventos. De hecho, Roy Hession escribe sobre ello en su libro “Veríamos a Jesús” (We Would See Jesus). Nos habla de tres pasos a través de los cuales nos engañamos progresivamente a medida que nos alejamos de la luz. Primeramente, en el versículo 6 dice: “6Si decimos que tenemos comunión con El, pero andamos en tinieblas, mentimos y no practicamos la verdad;”

Este es el primer paso en la secuencia de eventos que nos alejan de la luz. Mentimos y no practicamos la verdad. Es decir, damos una impresión de nosotros que no es verdadera. Quizás no decimos una mentira pero vivimos una mentira. Hacemos una actuación. Llevamos puesta una máscara. Queremos esconder la verdad acerca de nosotros. No practicamos la verdad. Somos una mentira viviente.

Mentimos acerca de lo que decimos, y mentimos algunas veces al quedarnos callados. De esta manera engañamos a los demás. Somos expertos en ello. Podemos hacerlo en nuestros hogares con las personas que más nos conocen y por supuesto lo hacemos cuando vamos a la iglesia. Pero el asunto no termina ahí.

Engañamos a los demás, y en el versículo 8 llegamos al punto en que nos engañamos a nosotros mismos. Verso 8: “8Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos y la verdad no está en nosotros.”

Lo que ocurre es que vivimos una mentira por tanto tiempo que empezamos a creernos nuestra propia mentira. Empezamos engañando a los demás y terminamos engañándonos a nosotros mismos.

Entonces pensamos, “No he hecho algo tan malo. No soy celosa u orgullosa como otras personas”. La mayoría de los cristianos piensan que van de lo más bien. “Tengo algunas luchas, pero no como aquel que esta allá.” Nos engañamos y la verdad no está en nosotros.

Lo peor de todo lo encontramos en el versículo 10: “Si decimos que no hemos pecado…..” Si cubrimos la verdad, si cubrimos nuestros pecados, si nos negamos a descubrirnos y decimos que no hemos pecado, ¿qué estamos haciendo? 10Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a El (a Dios) mentiroso y su palabra no está en nosotros.”

De esta manera llegamos al punto en que no solamente hemos engañado a otros, sino que nos engañamos a nosotros mismos. Hemos llegado a creer que estamos bien al compararnos con los demás. Entonces llegamos al punto que cuando Dios señala nuestro corazón y nos dice: “Eres mentirosa. Eres codiciosa. Tienes un corazón inmoral. Eres egoísta. Eres orgullosa. Decimos.. ¿Quién? ¿Yo?”

¿Qué estamos haciendo? Le estamos diciendo: “Señor Tu ni siquiera conoces la verdad.” Decimos: “Dios eres un mentiroso”. Realmente no diríamos eso, pero en esencia esto es lo que hemos dicho. Así que nuestra necesidad fundamental, nuestra necesidad básica para experimentar el avivamiento es poder distinguir la verdad. Entender la verdad acerca de Dios, entender la verdad sobre nosotros, ver la verdad de nuestro pecado, tal y como Dios la ve.

Jesús le dijo a Nicodemo en Juan 3:20-21: “20Porque todo el que hace lo malo odia la luz, y no viene a la luz para que sus acciones no sean expuestas. 21Pero el que practica la verdad viene a la luz, para que sus acciones sean manifestadas que han sido hechas en Dios.”

¿Pudiste notar el contraste que está presente en este pasaje? Hay dos tipos diferentes de personas. En primer lugar se mencionan aquellos que hacen lo malo. ¿Cuál es su característica? Ellos no quieren venir a la luz. No desean salir y ser descubiertos. Se resisten a la luz. No quieren estar bajo la luz ya que esta expondrá sus obras. Si, aquellos que hacen lo malo.

Pensarías que lo opuesto a las personas que hacen lo malo son aquellos que hacen lo bueno. Pero resulta que esto no es lo que dice el verso. Primero habla de aquellos que hacen lo malo y luego el contraste es con los que practican la verdad. Todo lo que es verdad sale a la luz. Así que lo opuesto a hacer lo que es malo es caminar en verdad, caminar en la luz.

Dios no está buscando que simplemente hagamos buenas obras. El no está esperando que nos esforcemos más en ser buenos cristianos. “Voy a ser bueno”. Pero Dios dice: “No, lo que quiero es que seas sincero acerca de lo que eres, acerca de la condición de tu corazón. Comienza con lo primero que El te está mostrando. Camina en la luz. Díselo a Dios. Ponte de acuerdo con El. Díselo a otra persona. Esto es realmente humildad.

Mientras más te humillas y caminas en la luz, más luz te dará Dios. Dirás, “Oh hay algo más.” ¿Hay algo más? Sí, pero aprenderás a amar andar en la luz porque si recuerdas el que confiesa su pecado y se aparta obtendrá misericordia.

¿Estás caminando en la luz? ¿Estás viviendo en la luz? ¿Estás viviendo una vida transparente, honesta y abierta delante de Dios y de los demás? ¿Estás haciendo la verdad, lo bueno, como Jesús le dijo a Nicodemo? ¿Existe algo en tu vida que hubieras preferido no traer a la luz? ¿Alguna cosa que hubieras preferido no exponer? Pues entonces tráelo delante de Dios, antes que Dios tenga que sacarlo a la luz. Humíllate.

Algunas de ustedes necesitan acercarse a su pareja, a sus padres, a su empleador, a un compañero de trabajo, a un pastor, a alguien a quien le han mentido. Has andado encubierta; has estado pretendiendo; has estado actuando; no has sido honesta con Dios y con los demás sobre algunas partes de tu vida, sobre algunas actitudes, algunas acciones y conductas.

No sé lo que está en tu corazón, y tú no sabes lo que está en el mío, pero el Espíritu Santo de Dios mora en nosotras y somos hijas de Dios y El nos convence de pecado. El hace la luz. El dice: “Muy bien, ahora es el momento para enfrentar esto.” Así que no le huyas a la luz. No la resientas. No la resistas. Corre hacia ella porque allí se encuentra Dios. Eso es lo que Dios es. ¿Deseas acercarte a Dios? Camina hacia la luz y practica la verdad.

Carmen: Este concepto de caminar hacia la luz se oye como algo liberador y lleno de gozo. Espero que respondas con tu vida a este mensaje que hemos escuchado de Nancy DeMoss de Wolgemuth. El programa de hoy te da una imagen del gozo que surge cuando experimentas un avivamiento, cuando caminas en la luz y abrazas la honestidad.

La honestidad es uno de los tópicos que Nancy trata en el útil libro de trabajo que acompaña esta serie, también titulado En Busca de Dios. En sus páginas, descubrirás el gozo del avivamiento personal, la humildad, la honestidad, el arrepentimiento y la santidad. Si el programa de hoy te ha sido de ayuda, consigue tu ejemplar de En Busca de Dios y únete a nosotras en esta búsqueda.

Una actriz se desarrolló dentro de la iglesia. No era el tipo de actriz que se sube sobre un escenario, sino que su trabajo era mucho más sutil. En nuestro próximo programa te enterarás por qué experimentó tanto gozo cuando finalmente se quitó su disfraz. Te esperamos mañana para que conozcas más acerca esta historia, aquí en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

7/9 – La Batalla Espiritual de la oración 

El Amor que Vale

Serie: El increíble poder de la autoridad de Dios

7/9 – La Batalla Espiritual de la oración

Adrian Rogers

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

2/41 – El Significado de la Vida

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

2/41 – El Significado de la Vida

Stephen Davey

Texto: Pasajes Seleccionados
Antes de adentrarnos a la epístola de Pablo a los Filipenses, tomaremos un tiempo para conocer los inicios de la Iglesia en Filipos; ya que, al conocer a los recipientes de esta carta, podremos entender de mejor manera el contenido de la misma

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

http://www.sabiduriaespanol.org

La redención de Noé

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La redención de Noé

R.C.Sproul

https://www.ivoox.com/29501482

Creo que todos nosotros tenemos una cosa en común, y es que sin importar cuánto disfrutemos nuestro trabajo y labores (nuestras vocaciones) también disfrutamos de algunas formas de recreación. No sé lo que te guste hacer para recrearte, pero a mí me gusta tocar música, me gusta jugar golf, y hay algunas actividades que disfruto como recreación.

Pero ¿que quiero decir con “recreación”? y ¿Por qué la “recreación” es llamada “recreación”? Voy a escribir esta palabra en la pizarra como para que algunos de ustedes no puedan verla, y solo tendrán que imaginarla. Es la palabra “recreación” y el prefijo “re” ¿qué significa? “Otra vez” o “Nuevo”. Y la raíz de la palabra “creación” tiene que ver con que el mundo fue creado y formado por Dios.

Génesis uno nos habla acerca de la obra de creación de Dios, pero también hay una especie de recreación que, en primera instancia, se refiere bíblicamente al fin del tiempo del plan de redención de Dios cuando renovará este universo caído. Recuerda cómo Pablo nos dice en Romanos que toda la creación gime a una con dolores de parto, esperando por la redención de los hijos de los hombres.

Esto quiere decir que nosotros hemos llevado a toda la naturaleza a la ruina. Aun los animales y las plantas están, en su propia forma, anhelando la perfecta renovación, la restauración del cosmos—incluso todo el reino animal cayó mientras caíamos bajo él. Me es interesante que cuando la maldición es pronunciada sobre Adán y Eva, y cómo aparece la enemistas que existe no solo entre el ser humano y Satanás, sino también entre humanos y otros humanos y también entre los humanos y la naturaleza y también entre la persona consigo misma.

Pero la mayor enemistad es entre nosotros y Dios. Pero la ruptura de la camaradería entre nosotros y Dios también distorsionó y arruinó nuestras relaciones interpersonales. Una vez que el pecado entra en los seres humanos, afecta las relaciones. Obviamente afecta tu relación con Dios. Afecta tus relaciones con otras personas y las de otras personas contigo.

También afecta tu relación contigo mismo. Existe ese concepto de auto distanciamiento. No estamos en paz ni aun con nosotros mismos. Pero más allá de eso, las Escrituras hablan de un distanciamiento, o una alienación, entre nosotros mismos como pecadores y todo el reino animal, del cual se suponía que íbamos a tener dominio y debíamos cuidar con amor y nutrir. Algunas veces me paró frente a una ventana y veo a un ave aterrizar en el patio y la observo buscar comida por sí misma, pero por todo el tiempo que anda buscando comida, pareciera como si tuviera un espasmo de terror.

La cabeza nunca está fija, siempre está subiendo y bajando, zigzagueando y sus ojos mirando alrededor buscando depredadores—un gato, buscando un halcón—pero sobretodo, buscando seres humanos. Yo acostumbraba a cazar en las montañas de Pensilvania, me metía por el bosque solo, y cada vez que entraba al bosque, lo que me llamaba más la atención era ese silencio absoluto. Disfrutaba el silencio al caminar entre los árboles. No oías el escándalo de la gente o los autos o ninguna de esas cosas similares o maquinarias. Solo camina por un bosque y verás cuán silencioso es. Y luego tomaría algún tiempo para adentrarme en el bosque, luego me sentaría sobre un tronco o aun sobre un árbol en pie, y no haría ningún ruido por 15, 20 o 30 minutos, uniéndome al silencio del bosque.

Y luego algo extraordinario tomaría lugar. De repente, empiezas a escuchar ruidos. Escuchas el rasguño de una pequeña pata, escuchas el piar de las aves y es como si el bosque cobrara vida y la fauna empieza a aparecer y congregarse para empezar sus actividades normales, siempre y cuando ellos sepan que no estás por allí. Pero tan pronto como la presencia humana se manifiesta, todo cambia. Lo puedes llamar instinto—o como quieras llamarlo—pero hay un temor básico que los animales nos tienen y ellos tienen razones fundadas para temernos porque hemos contaminado el ambiente.

Le hemos hecho daño a su experiencia de vida diseñada bajo la agencia creativa de Dios. Y así, toda la creación espera con ansias el día final de la recreación final, el descanso final, la renovación y una nueva página. Pero aun la idea de redención, del redimir no solo a la gente, sino a todo el cosmos, de la creación es anunciada muy temprano en el libro del Génesis, y se encuentra en la historia del diluvio donde, como sabemos, Dios visitó con juicio sobre la tierra.

Pero Él salva pares de criaturas de la tierra que son puestas a salvo en el arca, y bajo la familia de Noé. Y después de que las lluvias cesan y las inundaciones retroceden, Noé envía una paloma que regresa, y vemos que la tierra se está secando, y los habitantes de arca desembarcan sobre el monte Ararat en tierra seca. Ahora, Dios renueva su pacto con los seres humanos, y llamamos a ese nuevo pacto que Dios hace en ese momento como Pacto Noénico—esto es el pacto que Dios hace con Noé.

En un sentido muy real, Noé está repitiendo a Adán. Él es la nueva cabeza de la raza humana porque todo el resto de la raza humana ha sido aniquilada por su maldad. Y así Dios reinstaura y reinstituye su pacto de creación. Y éste es importante porque los términos de tal pacto de creación que Dios hace con Noé han de ser vistos como parte de las ordenanzas de la creación. Ahora, permítanme recordarles una vez más de lo que estamos hablando cuando hablamos de las ordenanzas de la creación.

Justo esta semana recibí una carta de un abogado que ha estado trabajando con líderes nacionales en un esfuerzo para llamar al pueblo de los Estados Unidos, los abogados, los legisladores y la rama ejecutiva del gobierno de los Estados Unidos y también el poder judicial del país de regreso a las raíces norteamericanas. Y la tesis que este abogado ha escrito sobre dice que la constitución no debe ser entendida como un documento de nova o nuevo que de repente apareció al final del siglo dieciocho, sino que este fluye de las afirmaciones hechas en la declaración de la independencia, donde en ese documento esa idea es afirmada, de que somos hechos por un Creador, y que se nos ha investido, por nuestro Creador, con ciertos derechos inalienables.

Ahora, por supuesto, lo que esta persona está escribiendo en el ensayo es que Dios—que realmente creemos, antes que nada, que hay un Dios que establece el gobierno en primer lugar y que, en segundo lugar, creemos que Él—como Creador—ha dotado a la gente con derechos. ¿Existe tal cosa como la Ley Natural? Recordemos todas las trifulcas que se levantaron cuando en Estados Unidos Clarence Thomas fue nombrado para ser miembro de la Corte Suprema de Justicia y cuando en una de las audiencias Joe Biden interrogó a Thomas sobre el tema de la Ley Natural porque hay muy pocas instituciones que siquiera enseñan Ley Natural.

Esta es una idea que ahora es considerada pasada de moda por la cultura. Pero Clarence Thomas era una especie de reliquia, un apéndice de una era pasada y extraña porque todavía seguía sosteniendo la idea de que la naturaleza misma revela ciertas leyes básicas que se aplican a todos—lo que los filósofos llaman la “igualdad general”—que si estudias todas las culturas del mundo y observas sus códigos legales, verás toda clase de diferencias y tonalidades que hacen cada cultura distinta de las otras y cada sociedad distinta.

Pero al mismo tiempo, verás ese compromiso básico y fundamental con ciertas leyes. Y esas leyes de las naciones, el “jus Gentium” o la ley internacional, como es llamada—la igualdad general es entendida como un reflejo de las leyes que no son dadas a cristianos por ser cristianos o a judíos por ser judíos, sino que son dadas a los seres humanos por ser seres humanos. Así como recordamos que cuando Dios creó a Adán y Eva, tuvimos el pacto de creación que fue hecho entre Dios y todos los seres humanos.

Y yo dije en ese momento que cuando lo observamos estamos de forma inexorable atados a tal pacto de creación, que todos nosotros estamos aquí como resultado de la actividad del Creador, y todos nosotros rendimos cuentas al Creador. Y todos nosotros estamos bajo pacto con Dios ya sea que queramos estar o no, sea que nos guste o no, o sea que creamos en Él o no.

Lo que dije en ese momento es que si dices, “No creo en Dios y no soy responsable de mantener esas leyes de las que dices que están en la creación”, de seguro querrás abandonar el pacto, pero no puedes hacerlo. Cada persona está en una relación de pacto con Dios.

Podríamos no estar todos en el Nuevo Pacto—en el Pacto Cristiano—o en el Pacto Judío o algo como eso, pero todos sí estamos en el Pacto de Creación. Y la pregunta final es, ¿Somos guardadores o quebradores del pacto? Bueno, por naturaleza rompemos el pacto, pero lo que quisiera que entendamos es que después del diluvio, el Señor renovó el pacto de creación con Noé.

Ahora, veamos algunas de las cosas que aprendemos cuando Dios le dice a Noé en el capítulo ocho, “Sal del arca tú, y tu mujer, y tus hijos, y las mujeres de tus hijos contigo. Todos los animales que están contigo de toda carne, de aves y de bestias y de todo reptil que se arrastra sobre la tierra, sacarás contigo; y vayan por la tierra, y fructifiquen y multiplíquense sobre la tierra”.

¿Puedes notar la repetición del mandamiento original de ser fructífero, multiplicarse y poblar la tierra? Aquí está otra vez. “Entonces salió Noé, y sus hijos, su mujer, y las mujeres de sus hijos con él. Todos los animales, y todo reptil y toda ave, todo lo que se mueve sobre la tierra según sus especies, salieron del arca.

Y edificó Noé un altar a Jehová, y tomó de todo animal limpio y de toda ave limpia, y ofreció holocausto en el altar”. ¿Lo ves? Inmediatamente después de la redención de Noé, él adoró a Dios. Él ofreció sacrifico de alabanza en honor a Dios. Un sacrificio de acción de gracias. “… Y dijo Jehová en su corazón: No volveré más a maldecir la tierra por causa del hombre; porque el intento del corazón del hombre es malo desde su juventud; ni volveré más a destruir todo ser viviente, como he hecho.

Y mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, el día y la noche”. ¿No es increíble? Dios dijo que no iba a destruir a la creación más, y mientras su creación perdura, va a haber estaciones. Va a haber tiempo para plantar y tiempo para cosechar. Voy a gobernar este mundo a través de mi providencia y voy a asegurarme que esta tierra es preservada y que la tierra dé su fruto para ti. “Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: Fructificad y multiplicaos, y llenad la tierra”.

Ahora escuchen esto, “El temor y el miedo de vosotros estarán sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de los cielos, en todo lo que se mueva sobre la tierra, y en todos los peces del mar…”

De esto es lo que estaba hablando hace un minuto—como nos temían los animales, aunque muy pocos son domados. Animales salvajes huyen ante la aparición de seres humanos. “… en vuestra mano son entregados. Todo lo que se mueve y vive, os será para mantenimiento: así como las legumbres y plantas verdes, os lo he dado todo. Pero carne con su vida, que es su sangre, no comeréis. Porque ciertamente demandaré la sangre de vuestras vidas; de mano de todo animal la demandaré, y de mano del hombre; de mano del varón su hermano demandaré la vida del hombre”.

Y ahora tenemos esta ley de la creación: “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios es hecho el hombre. Mas vosotros fructificad y multiplicaos…” Aquí tenemos la institución bíblica de la pena capital por asesinato. Recuerdo cuando el estado de Pensilvania en Estados Unidos estaba discutiendo el tema de la pena capital. El gobernador de Pensilvania tenía que lidiar con un proyecto de ley que había pasado por el legislativo que restauraba la pena capital en el estado de Pensilvania, y el gobernador vetó la ley.

Él habló públicamente sobre eso diciendo: “No tenemos pena capital en este estado. Estoy vetando esta ley porque Dios dijo, No Matarás”. Y yo pensé que era extraño porque cuando Dios dijo, “no matarás” hizo la provisión para con aquellos que quebrantan este mandamiento, para aquellos que matan, en donde Dios requería que el asesino sea ejecutado.

¿Por qué? Lo dice aquí, “El que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada”. Esta no es una profecía. No está diciendo, “Aquellos que vivan por la espada, morirán por la espada”. Ese no es el punto aquí. El punto en este texto es que Dios está promulgando un mandamiento. ¿Por qué? Porque el ser humano ha sido creado a imagen de Dios; y el más grande asalto contra la dignidad humana es tomar con maldad una vida humana—asesinar.

No estamos hablando de homicidio involuntario. Estamos hablando de premeditación maliciosa, asesinato de primer grado, y Dios ve el asesinato no solo como un ataque contra una criatura que tiene la imagen de Dios, sino que Él considera esto como un ataque contra Dios mismo porque Dios está diciendo que puso su imagen en cada ser humano y la vida humana es tan sagrada que no tolerará el asesinato. Por eso es que era tan interesante para mí el escuchar los debates sobre la pena capital porque aquellos que se oponían a la pena capital tendían a hacerlo sobre la base de que la pena capital denigraba la santidad de la vida humana.

Estaban diciendo que la vida humana es tan sagrada que nunca debiéramos tomarla intencionalmente, como en una ejecución o un asesinato. Aun la vida de una asesina es sagrada. Aun la vida de un asesino es valiosa; y estoy de acuerdo con que la vida del asesino es valiosa. Pero el punto en el debate es cual punto de vista tiene una visión más alta de la vida.

Si el motivo para la pena capital es la venganza o la revancha, entonces Dios lo odia; pero la justificación moral para la pena capital que Dios da aquí en el texto es porque Dios dice que la vida humana es tan importante, tan sagrada, que si alguien más, voluntariamente, con malicia va y asesina a otro ser humano, él o ella pierden su derecho a vivir.
Y no es solo que ellos podrían ser ejecutados. Es un mandamiento de Dios en la creación de que sean ejecutados.

Ahora, yo no conozco nada en ningún lugar de la Biblia que posteriormente lo haya abolido. Podemos hablar de las leyes de Moisés, donde algunas de esas han sido anuladas, pero las ordenanzas de la creación son aquellas ordenanzas que Dios da a la raza humana que se levantan en la creación. Eso debería ser parte de nuestro entendimiento de la igualdad general.

“Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros; y con todo ser viviente…” Y luego dice, “… y no exterminaré ya más toda carne con aguas del diluvio, ni habrá más diluvio para destruir la tierra”.

¿Te das cuenta que Dios está haciendo un pacto con Noé y con los descendientes de Noé—una vez más con la raza humana—y que ese pacto incluye una promesa una sagrada? Y tal promesa es luego representada por una señal exterior—por un sacramento, si lo quieres, en el Antiguo Testamento.

Y tal señal que Dios establece es la señal del arcoíris. Y lo que Dios está diciendo es que toma las cosas ordinarias, como en la Cena del Señor donde toma el pan y el vino y les da un significado especial en la celebración del sacramento. En el bautismo, Él toma el agua—un líquido ordinario—y le conecta con un significado especial en términos de ser una señal de la promesa de Dios.

Bueno, aquí es donde vemos esto, donde el Señor toma el arcoíris y Dios dijo: “Mi arco he puesto en las nubes, el cual será por señal del pacto entre mí y la tierra… y me acordaré del pacto mío…y no habrá más diluvio de aguas para destruir toda carne”. Entonces, cada vez que llueve y miramos hacia el cielo, vemos literalmente la escritura de Dios en el cielo.

Vemos una señal visible, tangible y concreta de la promesa del Dios invisible. Y cada vez que veamos el arcoíris, deberemos recordar la promesa de Dios de preservar ese mundo en que Él está dramáticamente involucrado en su redención. Cuando has estado leyendo la Biblia, ¿alguna vez te has preguntado acerca de los mandamientos que se encuentran en las Escrituras y te has preguntado, ¿ellos se aplican hoy?

Todos nos damos cuenta que hay ciertos mandamientos que están escritos en las Escrituras que no podrían realmente tener ninguna aplicación significativa para el día de hoy. Por ejemplo, cuando Jesús envía a los 70 y les dice que no tomen sandalias para sus pies, ¿significa que es una regla para todos los ministros y todos los predicadores que ellos deben predicar descalzos? Obviamente, no.

Vemos que hay ciertas cosas que están relacionadas con la cultura y las costumbres—estilos de vestimenta, tipos de dinero. Por ejemplo, no tenemos que dar nuestros diezmos con denarios, usamos nuestra moneda local. Ustedes saben, el medio o la moneda precisa es un tema de costumbres. Lo principal se mantiene, pero lo relacionado con las costumbres cambia de cultura a cultura.

Bueno, hay un gran peligro, por supuesto, de imponer leyes sobre cada cultura que no tuvieron la intención de estar en cada cultura. Pero el otro lado es aún más peligroso. Cuando tomamos un mandamiento de Dios y decimos, “Bueno, esto está solo para ser aplicado en ese tiempo. No tiene relevancia para nosotros hoy”. Eso es peligroso.

La carga de la prueba siempre tiene que estar sobre aquellos que reducen una ley de Dios a una costumbre en lugar de volverla un mandato principal. Pero sin ir más allá, déjenme decirles esto: Que cuando estás leyendo la Biblia, y te encuentras con una de estas cosas de las que no estás seguro, toma nota que, si hay en ellos una apelación en el texto a la creación, puedes estar seguro de que no es cultural porque las leyes que Dios da en la creación se aplican en cualquier lugar en que la creación está presente.

Mantén eso en mente cuando estás estudiando la Palabra de Dios.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

1/5 – Un mensaje vital

Aviva Nuestros Corazones

Serie: En busca de Dios

La honestidad: El silencio no siempre es oro

1/5 – Un mensaje vital

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/un-mensaje-vital/

Leslie Basham: El libro del Apocalipsis comienza con mensajes a siete iglesias.  ¿Qué pasaría si hoy Él te estuviera entregando un mensaje personal a ti?  Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Yo pienso que Él nos alentaría en las áreas en dónde le estamos obedeciendo, aquellas donde estamos siendo fieles. Él reconocería esas áreas tal y como lo hizo con estas iglesias.

Pero entonces pienso que el desplegaría la luz reflectora de Su santidad, de Su verdad y de Su Palabra dentro de nuestros corazones y diría, “Tengo esto contra ti.”

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

El arrepentimiento es un proceso diario, y es también una de las señales de un avivamiento genuino.

Nancy ha estado ayudando a las mujeres a estudiar los elementos del avivamiento personal en una serie llamada Buscándole a Él.  Hasta ahora, Nancy ha abarcado la humildad y la honestidad. Durante los próximos programas, hablaremos del arrepentimiento verdadero.

Espero que ya hayas adquirido tu propio libro de estudio. Está disponible por módulos en formato electrónico. Para más información sobre cómo puedes adquirir el tuyo, visita www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Nancy: Seguramente has visto  la figura animada de Ziggy que ilustra un hombre con atuendo de profeta sosteniendo un cartel que dice, “Arrepiéntanse pecadores.”

Más abajo, en paréntesis, dice, “Nada personal.”  Esa es la manera en la que nos gusta pensar sobre el arrepentimiento.  No nos molesta predicar sobre arrepentimiento, escuchar a las personas predicar sobre el arrepentimiento, mientras estén hablando sobre los pecados de los demás.

Pero no queremos que ese profeta se entrometa en nuestros pecados.  Nada personal.  Ese es el tipo de arrepentimiento que queremos tener, y sin embargo, no hay nada más personal en la vida de un creyente que todo lo que tiene que ver con el arrepentimiento: es personal.  No podemos decir que no hay nada personal sobre el mensaje del arrepentimiento.

El arrepentimiento fue el mensaje de Juan el Bautista cuando vino preparando el camino para la llegada del Señor Jesús.  Mateo capítulo 3, versículo 1 nos dice que, “En aquellos días llegó Juan el Bautista predicando en el desierto de Judea.”

¿Cuál era su mensaje? “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (versículo 2).  Ese fue el primer mensaje que Cristo dio cuando vino.  En Mateo capítulo 4, en el versículo 17 dice, “Desde entonces [después del bautizo] Jesús comenzó a predicar y a decir: “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se está acercando”.

La gente sabía que esto era familiar porque Juan ya había estado predicando este mensaje.  “Arrepentíos, porque el reino de los cielos se está acercando.”

¿Qué estaba diciendo Juan el Bautista? ¿Qué estaba diciendo Jesús? ¿Que tenía que ver el arrepentimiento con el que el Reino de los Cielos se estuviese acercando?

Bueno, Juan estaba diciendo y Jesús estaba diciendo que estaba llegando un orden nuevo al mundo.  Es un sistema completamente nuevo.  Una manera totalmente nueva de hacer las cosas.

Es un conjunto totalmente nuevo de valores en cuanto a lo que tú conocías anteriormente, y este sistema, este nuevo orden del mundo, este reino requiere que tú  dejes atrás el reino de los hombres, el reino del YO, el reino de las reglas, de las leyes bajo las cuales has estado viviendo; el reino de esta tierra.

Has estado caminando en esa dirección, y este nuevo reino requiere que des media vuelta, que des vuelta atrás, que vayas en una nueva dirección, y que comiences a vivir para este reino diferente.

Jesús estaba diciendo, “Está llegando un nuevo reino, y requiere que tengas un nuevo corazón, que te dará nuevos deseos y un nuevo estilo de vida y una nueva razón para vivir, una nueva agenda para tu vida.”

Está diciendo que tienes que arrepentirte porque este nuevo reino está a la mano.  Él estaba diciendo, “Tienes que admitir que la agenda bajo la cual has estado viviendo es equivocada.”  “Eso es lo que significa ser cristiano.” Eso es lo que es el cristianismo—es un reino totalmente nuevo.

Es un Señorío totalmente nuevo y un dominio completamente nuevo bajo el cual vivir.  No es una nueva religión.  No es solamente algo nuevo que añadir a tu vida.  Es una esfera completamente nueva de vida.  Eres trasplantado de un reino a otro, pero llegar de un reino a otro reino requiere que des media vuelta, que te arrepientas, que tengas un nuevo gobernante en tu vida, un nuevo Señor, una nueva vida.

Jesús nunca paró de predicar este mensaje.  Aun antes de su resurrección, antes de regresar al cielo, Jesús se le apareció a Sus discípulos.  Leemos en Lucas capítulo 24 que Él le dijo a Sus discípulos que ellos debían predicar el arrepentimiento para perdón de los pecados y proclamar ese mensaje en Su nombre a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén (versículo 47, parafraseado).

¿Cuál era el mensaje que debían proclamar? Arrepentimiento y perdón de los pecados.  Predica este nuevo reino, que tienes que arrepentirte para poder entrar en él.

Esa no fue la última palabra de Jesús a sus discípulos.  Fue Su última palabra aquí en la tierra, pero si vas conmigo al libro del Apocalipsis, quiero que veamos las últimas palabras de Jesús a la iglesia que aparecen en las Escrituras.

Apocalipsis capítulo dos y capítulo tres. Quiero que veamos que la última palabra de Jesús a la iglesia no fue la gran comisión, como pudieras pensar, siempre tomando en cuenta lo  importante que es, “Hacer discípulos de todas las naciones” (Mateo 28:19).  Pero su última palabra a la iglesia como aparece en las Escrituras fue un llamado al arrepentimiento.

Como recordarás, Jesús envió un mensajero (esto está registrado en Apocalipsis en los capítulos dos y tres), a las siete iglesias de Asia.  A cinco de esas siete Iglesias Jesús le dio el mandato de arrepentirse.

Quiero que veamos lo que Él les dijo a algunas de esas iglesias antes de que lo revisemos con mayor detalle.  Notarás que Jesús no le dijo a esas iglesias, “Necesitas un programa de evangelismo más fuerte,” o “Tú necesitas comprometerte más con las misiones,” o “Necesitas hacer un mejor trabajo para alcanzar a tu comunidad o llegarle a  los jóvenes.”

Lo que Él les dijo fue —a cinco de las siete Iglesias, a cinco de las siete iglesias— “Necesitas arrepentirte.”  Mientras miramos a estas iglesias, verás que cada una de ellas tenía alguna característica positiva.  Algunas de ellas tenían muchas cualidades positivas, y Jesús las elogió por esas cualidades.

Pero Él no pasó por alto las cosas por las que ellos necesitaban arrepentirse.  Mira, por ejemplo, en el capítulo dos, la primera de las siete iglesias es la iglesia de Éfeso.  Esta iglesia es elogiada por muchas cosas.  Tenían muchas cosas positivas.

Jesús habló sobre su arduo trabajo, su resistencia, su discernimiento, su doctrina correcta, su pureza, su fidelidad a la Palabra.  Pero Él dijo, “Pero tengo esto contra ti: que has dejado tu primer amor” (Apocalipsis 2:4).

Así que ¿cuál fue la instrucción en el versículo cinco? “Recuerda, por tanto, de dónde has caído.”  Esto significa que tienes que reconocer que has caído, a pesar de todas las cosas que estás haciendo bien.

“Recuerda por tanto de dónde has caído; y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio.  Si no, vendré a ti y quitaré tu candelabro de su lugar.” “Te voy a apagar tu luz. Te voy a hacer inútil, a menos que tú [¿cuál es la palabra?] te arrepientas.”

Entonces mira a la iglesia en Pérgamo al comienzo del versículo 12 en Apocalipsis capítulo dos.  La gente de Pérgamo vivía en un área muy dura.  De hecho, Jesús lo describe como el área donde está el trono de Satanás.

No sé exactamente lo que eso quiere decir, pero no creo que yo quisiera vivir ahí. Definitivamente, un lugar difícil para vivir, pero Jesús dijo, “Guardas fielmente mi nombre [viviendo en esa área tan difícil], y no has negado mi fe, aun en los días de Antipas, mi testigo, mi siervo fiel, que fue muerto entre vosotros” (versículo 13).

“Tuviste un mártir, y aún te mantienes firme en tu fe.” ¡Wao! Esa es una iglesia.  “Pero tengo unas pocas cosas contra ti,” dijo Jesús.  Y comienza a decir que ellos habían tolerado algunas enseñanzas que eran muy populares en la iglesia, pero que no eran bíblicas.

Habían tolerado cosas que no eran la verdad, y Jesús dijo, “Porque tienes ahí a los que mantienen la doctrina de Balaam” (versículo 14).  Balaam era el falso profeta que guió a los israelitas a comprometerse y adoptar las practicas inmorales de las naciones paganas.

Él dijo, “Así tú también tienes algunos que de la misma manera mantienen la doctrina de los nicolaítas” (versículo 15).  Estas eran doctrinas populares, pero eran falsas doctrinas de la iglesia en aquellos días.

Así que Jesús les dice en el versículo 16, “Por tanto, arrepiéntete.” Da la vuelta.  Cambia.  “Si no, vendré a ti pronto y pelearé contra ellos [contra quienes promueven estas enseñanzas] con la espada de mi boca.”  Por supuesto, ¿cuál es la espada de mi boca? La Palabra de Dios, ascenderá con la verdad para cambiar la situación.

Mira la iglesia de Tiatira, comenzando en el versículo 19 del capítulo 2.  Jesús dijo, “Yo conozco tus obras, tu amor, tu fe, tu servicio y tu perseverancia.”

Versículo 20: “Pero tengo esto contra ti: que toleras a esta mujer Jezabel, que dice ser profetisa, y enseña y seduce a mis siervos a que cometan actos inmorales y coman cosas sacrificadas a los ídolos.”

Versículos 21-22: “Le he dado tiempo para arrepentirse, y no quiere arrepentirse de su inmoralidad.  Mira, la postraré en cama, y a los que cometen adulterio con ella los arrojaré en gran tribulación, si no se arrepienten de las obras de ellas.”

Mira la iglesia de Sardis en el capítulo tres.  Él les dijo, “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, pero estas muerto” (versículo 1).  Esa es la verdad.  Sé honesto.  Hablamos de eso en programas anteriores. Sé honesto sobre tu verdadera condición espiritual.

Y entonces dice en el versículo tres, “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; guárdalo y arrepiéntete.”  Y entonces a la iglesia de Laodicea, versículo 15 de Apocalipsis tres—estamos familiarizado con esto, “Yo conozco tus obras, que no eres frío ni caliente.”

Versículo 17, “Porque dices: Soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad; y no sabes  que eres un miserable y digno de lástima, y pobre, ciego y desnudo.”  Jesús dijo, “La impresión que estás dejando no es la realidad. Todo el mundo piensa que eres una gran iglesia, pero no es así.  Estás teniendo varias situaciones con las cuales tienes que tratar.”

Versículo 19: “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; sé pues, celoso y arrepiéntete.”  Es un hilo que corre a través de toda la Palabra de Dios, y me encontré a mi misma preguntándome esta mañana mientras pensaba en esto, si Jesús viniera a la iglesia hoy y les hablara, ¿cuál sería su mensaje?

¿Sabes lo que yo pienso que sería?  Apocalipsis capítulo tres, el versículo 19.  “Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete.”

Si Jesús fuera a venir a tu iglesia hoy, ¿qué mensaje crees tú que daría?  Yo pienso que sería ese mismo mensaje.  “Sé, pues, celoso y arrepiéntete.”

¿Cuál es este regalo? ¿Qué es arrepentimiento? La palabra arrepentimiento viene de la palabra Griega, metanoia. Es una palabra compuesta —dos palabras— que cuando se juntan significa “cambio de mente.”

Es un cambio, un cambio en la manera de pensar, y nuestra manera de pensar es muy importante porque “Porque cual es [un hombre] su pensamiento en su corazón, tal es él” (Proverbios 23:7, RV).  La manera en que pensamos dicta la manera en que vivimos, así que el arrepentimiento es un cambio en la manera de pensar que resulta en un cambio de corazón que a su vez resulta en un cambio de vida.

No puedes arrepentirte y no experimentar un cambio en tu vida. Es un cambio.  Es un cambio en la manera de pensar sobre nosotros mismos, un cambio en la manera de pensar acerca de Dios, un cambio en la manera de pensar sobre el pecado.  Es un cambio total radical que culmina al llevarnos a odiar lo que Dios odia y amar lo que Dios ama.

Esa no es la manera como nacemos. Nacemos amando lo que Dios odia y odiando lo que Dios ama.  Eso es lo que resulta natural a nuestra carne, pero cuando el Espíritu de Cristo viene a habitar en nosotros, Él nos cambia.

Él nos hace una persona nueva. Comienza a cambiar nuestros deseos.  Y venimos a Él a través del arrepentimiento, y a medida que vamos a Él en arrepentimiento y fe, Él continua dándonos el regalo del arrepentimiento por lo que estamos continuamente poniéndonos de acuerdo con Dios y cambiando la manera de pensar sobre nosotros mismos, sobre nuestras circunstancias, sobre Dios, y sobre nuestro pecado.

El arrepentimiento es un cambio radical de posición.  Estabas caminando hacía una dirección, y comienzas a dirigirte hacia otra dirección. Piensa en un jugador de “baseball” y la pelota viniendo en una dirección hacia el bate, cuando el bate hace contacto con la bola, esta da media vuelta, una reversa total, y se va en una dirección totalmente opuesta.

Mientras me preparaba para esta serie, uno de los estudios de Palabras que hice en las Escrituras —el cual fue realmente fascinante para mí, particularmente en el Antiguo Testamento— fue este mandato y súplica de volvernos a Dios.  “Volvamos a Dios” aparece una y otra vez, particularmente en el Antiguo Testamento.

Dios le está diciendo a Su gente, “Vuélvanse a Mí.  Vuélvanse a Mí.”  Esa es una descripción de arrepentimiento del Antiguo Testamento— de volver a Dios.  Dios dice, “Volved a mí y yo volveré a vosotros,” en Malaquías capítulo 3, versículo 7.

Lamentaciones capítulo 3, en el versículo 40 dice, “Examinemos nuestros caminos y escudriñémoslos, y volvamos al SEÑOR.”  ¿Que significa volver al Señor?

Yo creo que primero que nada implica una aceptación de que lo hemos dejado, que estamos en una condición reincidente, que hemos cometido adulterio espiritual.   Es la ilustración que Dios usa muchas veces en el Antiguo Testamento.

Pero le da duro al orgullo. Preferimos decir, “He cometido algunos errores.  Como que me fui de boca o lo eché a perder.” Pero Dios dice, “No, no.  Dilo como es.” Yo he sido un adúltero, o una adúltera.  He dejado mi primer amor.  He sido infiel a Dios.

Nunca conocerás al Dios de la Biblia hasta que llegues al lugar donde tú puedas reconocer los lugares en tú vida donde tú has dejado al amante de tu alma.

Esto implica que estamos de acuerdo en que nos hemos alejado, y entonces sugiere—la restauración de una relación que ha sido rota.  Dios es un amante. Y Dios es un Dios relacional.  Él nos llama hacia una relación con Él.

Cuando Él dice, “Vuélvete a Mí,” Él está diciendo, “Yo quiero restaurar la relación.”  Y entonces sugiere un cambio de mente, de corazón y de dirección.  “Tu amabas la manera en la cual ibas—pero yo quiero que vayas en una nueva dirección ahora.  Vuelve a Mí.  Tú te habías alejando de Mí; ahora vuelve a Mí.”

¿No revela la frase “Vuelve a Mí” el corazón de Dios? Que  Él es compasivo.  Él es misericordioso. Él persevera con nosotros.   En lo personal, cuando lo pienso de nuevo, veo que he estado caminando con el Señor por casi 43 años.

¡Cuántos cientos, miles de veces, en grandes y pequeñas maneras! (¿habrá alguna manera pequeña de cometer adulterio?) he pecado contra Dios, y mientras Él se mantiene diciéndome, “Vuelve a Mí.  Vuelve a Mí.  Vuelve a Mí.  Yo te quiero.  Yo te amo.”

El llamado al arrepentimiento no es algo negativo.  Es la súplica más positiva posible que Dios pueda haber emitido hacia Sus hijos que Él ama.

Ese cambio decisivo de dirección es reflejado en el Salmo 119, en el versículo 59, dónde el salmista dice, “Cuando pienso en mis caminos, yo vuelvo mis pies hacia Tus testimonios.”  Cuando pienso en mis caminos, mis caminos han ido contrario a Tu Palabra, y cuando pienso en mis caminos, yo me arrepiento.  Yo vuelvo mis pies a Tu Palabra, para seguir Tus caminos.

Eso es arrepentimiento. Pablo describe el arrepentimiento en 1ra a los Tesalonicenses en el  capítulo uno, versículo nueve, donde él habla sobre cómo los tesalonicenses se volvieron de los ídolos a Dios.  Se volvieron de los ídolos a Dios.  No es suficiente alejarse de los ídolos.  Tienes que volverte hacia Dios.

No puedes volverte a Dios hasta que no te hayas alejado de las cosas que han robado tus afectos, que han robado tu corazón.  Debes dejar atrás a los ídolos por Dios; para servir al Dios vivo y verdadero.

Necesitamos entender que el arrepentimiento no es una experiencia de una sola vez en la vida.  Es una actitud continua de corazón.  Es un estilo de vida.  La pregunta no es solamente “¿Te has arrepentido?” La pregunta es, “¿Te estás arrepintiendo? ¿Eres una persona arrepentida ahora? ¿Estás arrepentido? ¿Tienes un corazón arrepentido hacia Dios?”

Esa es una actitud de corazón que siempre está diciendo, “Señor, cualquier cosa que Tú me muestres que sea un pecado en mi vida, y cualquier cosa mañana o el próximo día o por el resto de mi vida que Tú me muestres que sea desagradable para Ti, cualquier cosa que sea, me apartaré de eso para poder agradarte y tener una relación correcta Contigo.”

Ese es el corazón de una persona arrepentida. El arrepentimiento es fundamental para la vida cristiana.  Es un punto de partida.  En Hebreos capítulo seis, versículo uno, el autor desafía a aquellos creyentes a moverse de las primeras doctrinas elementales de la fe cristiana.

Él no está diciendo “sigan adelante” para que se olviden, sino  que los exhorta a madurar. Él enumera lo que son para la fe cristiana esos fundamentos y bases el ABC  de la fe cristiana—el  punto de partida.  Hebreos capítulo seis, versículo uno, él dice: “Por lo tanto dejando [o dejemos atrás] las enseñanzas elementales acerca de Cristo, avancemos hacia la madurez, no echando otra vez el fundamento del arrepentimiento de obras muertas y de la fe hacia Dios.”

El arrepentimiento de obras muertas y de fe hacia Dios—estos son los ABC.  Hasta que no sepas el abecedario, no puedes leer.  No puedes avanzar hacia la madurez en la vida cristiana hasta que no hayas colocado el fundamento de arrepentimiento  y de la fe.

Esto es fundamental.  Este es el punto de partida. Yo quiero que veamos que el arrepentimiento siempre, siempre, siempre trae consigo frutos. El arrepentimiento es una actitud de corazón.  Es un cambio de mente.   Es algo interno.  No puedes ver lo que otras personas están pensando.  No puedes ver lo que su corazón está haciendo, pero el arrepentimiento siempre tendrá evidencias visibles.

Siempre es evidente en nuestras vidas, en la manera en la cual vivimos, en la manera como hablamos, en la manera en la cual nos relacionamos con otros.  Es un cambio de mente que resulta en un cambio de corazón que resulta en un cambio de comportamiento.

¿Recuerdas cuando Juan el Bautista vino a predicar el mensaje de arrepentimiento en el Rio Jordán?  Les compartió esto cuando la multitud vino a ser bautizada por él.

Él estaba proclamando un mensaje de arrepentimiento para el perdón de los pecados.  La gente se agrupaba para ser bautizada por él, y Juan le dice a ellos (ya sabrás que no estaba presentándose como candidato cuando lees esto), “¡Camada de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que venidera?” (Lucas 3:7).

¿Estás únicamente tratando de encontrar una puerta de salida del infierno? ¿Una póliza eterna de seguro de vida?  Obtendrás esto con la salvación, pero él dijo, “Dad frutos dignos de arrepentimiento” (versículo 8).

«Si estás verdaderamente arrepentido, no permitas únicamente venir y echar agua sobre ti.  Eso no es  evidencia de arrepentimiento.  Eso no es ninguna evidencia de conversión.  Eso es únicamente mojarse.  Si estás en el reino de Cristo, entonces debes vivir como un ciudadano del reino de Cristo.”

«Si tienes un nuevo corazón, entonces tienes nuevos deseos; tienes nuevos valores; tienes un nuevo estilo de vida nuevo” (parafraseado), entonces la gente decía, “¿Qué, pues, haremos?” (versículo10).  Y Juan fue específico.  ¡Este predicador sí que era entrometido! Él dijo, “El que tiene dos túnicas, comparta con el que no tiene” (versículo 11).

“Y el que tiene qué comer, haga lo mismo”  (versículo 11).  Los recaudadores de impuestos venían a él para ser bautizados, y ellos decían, “¿Cómo debemos mostrar frutos de arrepentimiento?” (Versículo 12, parafraseado).

Él les decía dijo, “No exijáis más de lo que se os ha ordenado” (versículo 13).  No estafes. Aquí es dónde el arrepentimiento se torna práctico.  No quejándote sobre tu salario.  No quejándote sobre tu trabajo.  No  estafando a la gente.  No manipulando a tu esposo.

“¿Estás arrepentido?” Pregunta Juan, “¿Quieres ser bautizado?”  Entonces muestra que estás arrepentido a través de tu vida.”  Richard Owen Roberts ha escrito un maravilloso libro sobre avivamiento y en ese libro él dice, “El verdadero arrepentimiento afecta  totalmente al hombre, altera completamente el estilo de vida, y nunca cesa.”

¿Entendiste eso? “El verdadero arrepentimiento afecta completamente a la persona, altera totalmente su estilo de vida y nunca cesa.”

¿Eres una persona arrepentida?

Leslie: Aprender a ser una persona arrepentida es serio.  Nancy Leigh DeMoss nos ha estado ayudando a entender lo que cuesta el arrepentimiento, y el por qué es tan valioso.  Si estás dispuesta a hacer del arrepentimiento algo mayor en tu vida, encontrarás muy valioso el libro Quebrantamiento”, escrito por Nancy.

Una mujer nos escribió al enfrentar un problema difícil en su iglesia.  Ella dijo, “Gracias por tu sabiduría sobre el quebrantamiento. Este mensaje ha cambiado nuestras vidas y a nuestra familia.”

Ella continúa diciendo que esto la ha dejado llena de gozo y refrescada.  Descubre la libertad y el gozo que sigue al arrepentimiento.  Adquiere una copia de este libro en tu librería cristiana favorita.

No verás ningún crecimiento en tu vida si no hay arrepentimiento.  Nancy te explicará el por qué mañana. Por favor vuelve a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

 

 

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Serie: Unción Divina

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Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham: Nancy Leigh DeMoss dice: “Si tan solo confías en tus habilidades naturales, no estás confiando en algo lo suficientemente fuerte”.

Nancy Leigh DeMoss: Estoy convencida de que hemos inoculado personas en contra de la verdad, en contra de que la Verdad penetre sus corazones porque hemos colocado sobre ellas capas y capas de contenido, pero no los hemos llamado al arrepentimiento ni a creer y obedecer el Evangelio; no los hemos exhortado a obedecer. Y esto toma tiempo.

El mundo y la iglesia no necesitan ver lo que nosotros podemos hacer.  Ellos ya han visto lo que somos capaces de hacer. Necesitan ver lo que solo Dios puede hacer.  

Leslie: Este es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh de Moss en la voz de Patricia de Saladín.

Para ministrar de forma efectiva y edificar el reino de Dios necesitas una vida ungida. Dios necesita  estar obrando en ti antes de que Él pueda obrar a través de ti en otras personas. Nancy ya explicó esto en el programa de ayer, titulado “Unción divina”.  Aunque preparó este mensaje para líderes de ministerio, todos podemos beneficiarnos de este estudio acerca del poder de Dios.

Vamos a retomar el segundo punto del mensaje: para poder ministrar de manera efectiva es necesario tener unos labios ungidos.

Nancy: Si tuviésemos labios ungidos, estaríamos señalándoles intencionalmente a los demás de manera constante, consciente y sin cesar a Cristo y a la Cruz. Todo se trata de Jesús.  De esto se trata el Evangelio.

Pablo dijo: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor, y a nosotros como siervos vuestros por amor de Jesús”. (2 Corintios 4:5) “Pues nada me propuse saber entre vosotros, excepto a Jesucristo, y a éste crucificado.” (1 Corintios 2:2). “Porque no me avergüenzo del evangelio, pues es el poder de Dios para la salvación de todo el que cree; del judío primeramente y también del griego.» (Romanos 1:16) “Yo soy el Alfa y la Omega—dice el Señor Dios—el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso.» (Apocalipsis 1:8) Y de principio a fin toda la Escritura apunta hacia Cristo.

Antes de empezar mi programa radial diario, tenía alrededor de quince mensajes. Tuve un ministerio de mujeres itinerante por alrededor de unos quince años.  Luego empezamos  con este asunto de tener un programa de radio diario, y me di cuenta que había mucho de las Escrituras que debía ser enseñado. Ha sido un gozo el empezar a extraer más de todo el consejo de Dios y proclamarlo a la vida de las mujeres. El gozo, y a la vez reto más grande de mi ministerio hacia las mujeres, es encontrar a Cristo en todas las  partes de las Escrituras.

Recientemente estaba grabando una serie de mensajes (lo  compartí ayer con algunas jóvenes) sobre la vida de Miriam.  Mientras me preparaba para empezar, me di cuenta; “Todavía no he señalado a Jesús en este texto. Así que pensé: “¿Dónde está Cristo?  ¿Dónde está Él?” Siempre lo estoy buscando a Él, buscando el Evangelio. Es emocionante para mi encontrarme continuamente con Cristo en las Escrituras, y ser capaz de  mostrarlo a Él, mostrar  Su Evangelio en cualquier cosa que esté enseñando.

Hoy no se necesita ningún mensaje nuevo.  Es la misma antigua historia. Me gusta contar la vieja, la antigua historia de Jesús y de Su amor, y no me canso de contarla.  Por toda la eternidad estaremos cantando, contando y adorando al Cristo crucificado, al Cordero que fue inmolado antes de la fundación del mundo.  Esa es la Verdad.  Ese es el Evangelio.  Jesús dijo que si levantamos a Cristo, entonces Él atraería  a toda la humanidad a Él mismo (Ver a Juan 12:32). 

Si tenemos labios ungidos nos comunicaremos con fervor, con seriedad y convicción. Si no creemos que lo que estamos diciendo es crucial, ¿por qué habrían de creerlo los que nos escuchan?  Al escuchar la enseñanza y la proclamación de la Palabra, a menudo me pregunto: ¿Dónde está la pasión?

Dice Marcos capítulo 1 «Y se admiraban de su enseñanza, de la enseñanza de Jesús; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.” (verso 22) Si alguien habla, debería hacerlo como uno que habla las mismas palabras de Dios.

“Por tanto, conociendo el temor del Señor”, dijo Pablo,  “persuadimos a los hombres…. Pues el amor de Cristo nos apremia”. (2 Corintios 5:11 y 14).  “Les imploramos en nombre de Cristo que se reconcilien con Dios.”

El apóstol Pablo no estaba interesado en tan solo darle más información a las personas.  Les estaba rogando, suplicándoles que se reconciliaran con Dios.

Pablo les dijo, “Hijitos míos, por quienes de nuevo sufro dolores de parto hasta que Cristo sea formado en vosotros,” (Gálatas 4:19 LBLA). Vemos ambas cosas seriedad y convicción.

Entonces, mientras lo hacemos de esa forma, Dios nos llama a confrontar el corazón y la voluntad—los corazones y voluntades de los que nos escuchan.  Porque el objetivo es la transformación; no tan solo la información.  No queremos que los que nos escuchan simplemente conozcan más acerca de Dios. Queremos que ese conocimiento transforme la manera en que ellos viven.

En el Nuevo Testamento podemos ver ese elemento de convicción. Se compungieron de corazón después que Pedro predicó en el día de Pentecostés. La prédica de Esteban penetró sus corazones.    ¿Cuánto de esto vemos hoy en día, personas siendo convencidas de pecado, afligidas por la convicción?

Siempre encontramos esto en la historia del avivamiento.. ese sentido sobrecogedor de la presencia de Dios, esa convicción de pecado que nos humilla.

Sé que ésta es una obra del Espíritu, y nosotros no podemos fabricarla. Pero creo que es sumamente importante y por eso en mis enseñanzas estoy tratando de incluir una proclamación que incluya la exposición de la Palabra de Dios. Si la Palabra de Dios no está ahí no hay poder—una ilustración extraída de las Escrituras; una aplicación, aplicación práctica, y luego la confrontación de la voluntad.

A menudo en mis notas para el programa de radio escribo dos letras AP—aplicación personal. O escribo: una P—Personalízalo. Es un recordatorio que pongo en mis notas para pasar de la información y llegar a los corazones de esas mujeres. Personalízalo; hazlo personal para ellas.  Haz preguntas que traigan convicción a la conciencia—preguntas de autoexamen para que no puedan dejar de pensar acerca de lo que van a hacer al respecto. Así que les pregunto: “¿De qué manera está alineada tu vida con  esta verdad que estoy enseñando? ¿Qué vas a hacer con relación a lo que acabas de oír?

Oswald Chambers dice,

Lo que el mundo necesita no es un poco de amor, sino una operación quirúrgica. El llamado de un obrero del Nuevo Testamento es develar el pecado y revelar a Jesucristo como Salvador. Debemos sondear tan profundo como Dios lo ha hecho con nosotros, y con agudeza y sensibilidad llevar esas verdades directo a casa, aplicándolas sin ningún temor.

Esto significa tener la disposición de:

Ser profetas de Dios.

De hablar la verdad aun cuando no sea agradable.

De hablar la verdad aun cuando haya resistencia.

Hablar la verdad aun cuando implique un mensaje de advertencia o de juicio.

Ser libres del temor a los hombres o del amor por la alabanza de los hombres. Ser libres de la necesidad de aprobación de las personas a las que estamos hablando.

Cuando empecé el programa de radio una de las cosas que el Señor me ayudó a establecer en mi corazón, fue esa conciencia de que no iba a hablar por un salario, o para obtener un índice de audiencia, o para salir en un gran número de estaciones—no que esto no haya sido un reto para mí.  Pero me propuse, con Su ayuda y por la gracia de Dios, hablar la Verdad, la Palabra de Dios y la sabiduría de Dios,  sin importar a quién le molestara o cuán políticamente incorrecto fuera lo que debía decir. Deseo hacerlo con gracia, y de manera agradable, pero quiero hablar la Verdad. No puedo dejarme intimidar por la reacción o por la indiferencia de la personas.

Antes de salir al aire le dije al Señor: “Si servirte y ser fiel a Tu llamado significa que nuestro ministerio radial no va a durar mucho, entonces me apunto para eso. Dios, ayúdanos a llevarlo directo al corazón”.

Y entonces al final, solicitar, esperar una respuesta de parte de los oyentes. No dejarlos con la enseñanza y la predicación solamente. Recordar que no se trata tan solo de dar información, sino de transformación.  Cada vez que somos expuestos a la Palabra de Dios se requiere una respuesta personal. Si no lo hacemos dice Santiago que seremos como la persona engañada que mira su rostro en un espejo, y se va y dice: “Oh, eso no se ve muy bien”, pero no hace nada al respecto (Santiago1:23-24).

Estoy convencida de que hemos inoculado personas en contra de la Verdad, en contra de que la Verdad penetre sus corazones porque hemos colocado sobre ellas capas y capas de contenido, pero no los hemos llamado al arrepentimiento ni a creer y obedecer el Evangelio; no los hemos exhortado a obedecer. Y esto toma tiempo.

Recientemente leí acerca de una iglesia que empezó un servicio nuevo de  treinta minutos como un complemento a sus otros servicios.  Su sitio de internet promueve los servicios y dice: “¿Tienes más cosas en tu lista de cosas por hacer que el tiempo para hacerlo? ¿Necesitas arrancar tu semana con el enfoque energizante  de conectarte con Dios? Pues ven a nuestro servicio de treinta minutos”. No les diré cómo se llaman.  Pueden buscarlo ustedes mismos, pero su lema es: “Entra, sal y echa raíces”.

Ahora, con todo el respeto, solo digo que uno no entra, sale y echa raíces. Toma tiempo para que los corazones de las personas se afirmen en la Palabra de Dios.  Es semejante a llegar a la sala de parto con nueve meses de embarazo y una dilatación de seis lo que sea—no sé, porque nunca he dado a luz— y decir, “Rápido, sáquenme de aquí!”

Quizás tu has dicho esto o lo has estado pensado, pero se requiere de un proceso. Lo que está sucediendo es que se está abortando el proceso del parto. Me temo que esto es lo que está sucediendo en nuestro ministerio—se necesita tiempo para preparar el corazón, para proclamar, para responder.

Luego, debemos buscar intencionalmente y depender del poder del Espíritu Santo.  De manera consciente busca y depende del poder del Espíritu Santo, pidiéndole a Dios, ”Por favor Dios, dame aceite fresco”.

Me carga el corazón ver en tantos de nuestros círculos teológicamente ortodoxos… deseo decir esto con mucho cuidado.  No quiero generalizar porque sé que hay excepciones maravillosas. Pero en muchos de nuestros círculos teológicos, se deja muy poco espacio para la obra, o el ministerio sobrenatural, misterioso y fresco del Espíritu Santo.

Ahora, ninguna de las personas que tengo en mente negaría la obra del Espíritu Santo. Ellos enseñan sobre el Espíritu Santo, pero cuando se trata de esa obra misteriosa del Espíritu Santo y la unción de la vida y los labios del que la proclama, y del que escucha, hay cierto temor.  He visto este temor aferrarse de ministros y ministerios bíblicos y ha sido lamentable. El Espíritu, como el viento, se mueve donde Él desea. No podemos encerrarlo en una caja.

Debemos clamar a Dios por este aceite fresco, por el poder del Espíritu Santo porque la obra, el poder, no está en las palabras que hablamos.  No se encuentra en la elocuencia natural. No está en nuestros métodos impresionantes y contemporáneos. No es por fuerza; no es por nuestro poder. Es por Su Espíritu Santo, dice el Señor de los ejércitos.

Pienso en ese pasaje de 2da de Reyes capítulo 4 (versos 18-37) donde se encuentra la mujer que tuvo el hijo de manera milagrosa y luego éste murió.  Ella salió a encontrar a Elías, pues estaba segura que el hombre de Dios podía hacer algo al respecto. Qué gran hombre de Dios debe haber sido para que ella creyera esto, aunque este niño estaba muerto, él sería capaz  de hacer algo.

¿Recuerdan como Eliseo envió a su siervo,  Giezi, delante con su báculo?  Se imaginan a Giezi diciendo: “Tengo el báculo de Eliseo ahora. Lo he visto hacer cosas asombrosas antes.  Ahora yo tengo el báculo.”  Él se le adelantó a Eliseo,  y le colocó el báculo a  este cuerpo sin vida, y ¿qué paso?  Absolutamente nada porque los báculos no producen vida. La vida no está en las personas o en los callados, o en los siervos de una iglesia, o en los currículos o en los libros y programas.

¿Qué sucedió cuando Eliseo llegó a esta escena de muerte?  El colocó su propia vida sobre este cuerpo sin vida, cabeza con cabeza, mano con mano, brazo con brazo, cuerpo con cuerpo, pierna con pierna, y el oró, y Dios sopló el aliento de Dios en Eliseo, y a través de Eliseo a este cuerpo sin vida, y el niño resucitó.

Se trata de la obra del Espíritu Santo en la medida que nosotros entregamos nuestras vidas, no nuestros programas, no nuestras notas, no nuestros CDs, no nuestras ilustraciones, sino cuando nos ponemos nosotros mismos sobre esos cuerpos muertos, mientras clamamos a Dios diciendo: “Oh Dios, unge con el poder de tu Espíritu. Muévete; provoca que estos huesos secos revivan y se conviertan en un gran ejército”.

Y Dios, de una manera misteriosa, llena de gracia y maravillosa, mientras se movía sobre la faz de la tierra y mientas las tinieblas cubrían la faz del abismo, habló y el mundo fue hecho. Él habló y fue hecho.  Él  creó la vida.  Él hizo la luz, y de igual manera lo hace hoy cuando nos ofrecemos a Él.  Él nos llena, Él nos unge.  Él nos da el poder para  salir y ser instrumentos de vida.

Pablo dice: “Y ni mi mensaje ni mi predicación fueron con palabras persuasivas de sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no descanse en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”. (1 Corintios 2:4-5).

Más veces de las que puedo contar,  he tenido con el Señor la conversación que tuvo María de Nazaret con el ángel en Lucas capítulo 1. Cuando le anunció Su llamado, ella dijo: “¿Cómo puede ser posible?” Cuando he sentido el llamado del Señor, he buscado Su rostro mientras me pregunto: “¿Cómo puede ser posible? No tengo lo que Tú me estás pidiendo que de.

Pero entonces ese versículo maravilloso—no sé cuál es mi versículo de vida, pero este sería uno de ellos— donde el ángel dice: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra” (Lucas 1:35). Ese es un ministerio ungido bajo el poder  y la sombra del Todopoderoso.

Nosotras somos débiles.  Somos inadecuadas. Somos pobres, pero tenemos esa fuente ilimitada de gracia y al Espíritu de Dios disponible para suplir nuestras necesidades, y nunca, nunca se agotará.  Simplemente volvemos una y otra vez a Él y le decimos, “Oh Dios, más, más, más aceite fresco; más de Tu aceite fresco.  Dame, Dios aceite fresco.”

He estado leyendo un libro titulado, “Los sermones de Charles Spurgeon sobre la muerte y la resurrección de Cristo”. Ha sido una lectura muy enriquecedora para mi alma.  He empezado a notar que el príncipe de los predicadores era absolutamente dependiente del poder del Espíritu Santo.  Se puede ver una y otra vez en sus mensajes.  Él dice cosas como: “Oh Espíritu del Dios viviente permite la bendita entrada del Cristo bendito en esta mañana”. En otro sermón decía,

“Amados hablo demasiado fríamente sobre un tema que debería mover mi propia alma primero y luego las suyas. Espíritu del Dios viviente, ven desde el cielo como un viento vivificador y permite que nuestro amor crezca y se convierta en una llama ardiente en este momento, si así Te place.”

Dependencia en el poder del Espíritu Santo.  De manera que  necesitamos orar para que el Espíritu Santo:

Ilumine y haga arder nuestros corazones;

Unja nuestros labios;

Prepare el terreno de los corazones que nos escuchan;

Abra sus ojos, y les de vista a los ciegos;

De entendimiento;

Aplique el mensaje;

Doblegue  las voluntades;

Conceda el regalo del arrepentimiento y la fe;

Preserve y proteja la semilla que ha sido plantada en sus corazones.

Esta última semana alguien me envió un correo electrónico sobre un nuevo libro que fue publicado. Se llama “Con o sin Dios”.  Fue escrito por una señora que nunca había oído mencionar. Es una apóstata muy liberal, una mujer, ministro de una Iglesia Unida de West Hill en Toronto.   En su libro, ella exhorta a la iglesia cristiana que se deshaga de lo que ella llama sus “mitos, doctrinas, y dogmas”.  En esencia ella está diciendo: “Desháganse de Dios; desháganse de Cristo; desháganse de la salvación”.  Les hace un llamado para que redefinan la salvación y a Dios en maneras que sean estrictamente seculares.

En la porción del libro que me enviaron, en particular me llamó la atención una parte en que ella dice: “Generalmente, no aparece ningún ser divino en los servicios litúrgicos dominicales de West Hill”.

Mi pregunta es la siguiente: ¿Acaso se podría decir lo mismo de muchos de nuestros servicios evangélicos y de nuestros ministerios?  “Por lo general, ninguna presencia divina hace su aparición”.

Nunca decimos que podemos arreglárnosla sin Dios, pero ¿cuánto de lo que hacemos lo estamos haciendo nosotros mismos? ¿Cuánto de lo que hacemos puede ser explicado apartados de Dios? Con o sin Dios. Creo que eso define el tema de si sentimos contentamiento al seguir adelante sin la unción del Espíritu de Dios.

El mundo y la iglesia no necesitan ver lo que nosotros podemos hacer.  Ellos ya han visto lo que nosotros podemos hacer.  ellos necesitan ver lo que sólo Dios puede hacer.

Un pastor amigo de mucho tiempo, que nos ha acompañando en el ministerio “Un Clamor” en los últimos años, me envío un correo electrónico hace dos años.  Este mensaje realmente me tocó.  De hecho, me reenvío  este correo cada vez que me estoy preparando para hablar o para participar en algún ministerio público para recordarme  esta encomienda.

Él dijo,

Llevo una carga de que la unción de Dios descanse sobre ti.  Nunca la des por sentado.  Es el poder que penetra el corazón del asunto. Dicha unción viene por la gracia de Dios, pero a través de un gran precio.  Un precio que vale la pena a la luz de la necesidad y de la eternidad.

No permitas que tu ministerio se ponga rancio.  No permitas que se convierta en un programa o en una fórmula.  Date cuenta que siempre es Cristo la respuesta y la necesidad, tanto de hombres como de mujeres. Lleva a las personas a Cristo. Considera cada programa, cada página de cada libro que escribas, cada entrevista, cada conversación, como una oportunidad para dirigir Su pueblo a Su presencia, porque esto es  lo que necesitamos.  La evaluación de todo en tu ministerio debe ser: ¿Estaba Dios allí? ¿Encontraron las personas al Dios del universo? ¿Mengüé yo para que le pudieran experimentar y ver con claridad?”

Este es mi clamor.  Oh Dios, aceite fresco.  La unción, el poder del Espíritu Santo, la llenura de esos ríos de agua viva que Tú prometiste que fluirían de nosotros y a través de nosotros si somos llenos de tu Espíritu.  Es el corazón de Moisés cuando dijo: “Oh Dios si tu presencia no va con nosotros, no podemos seguir adelante”.

No quiero sentirme satisfecha, y no creo que tú tampoco quieras estarlo, con la cotidianidad, con vidas y ministerios que se puedan explicar, con vidas que puedan ser vividas sin Dios.

Oh Dios,  a Ti clamo por aceite fresco, por la unción de Tu Espíritu. Y luego, por fe, habiendo suplicado por aceite fresco, que podamos recibirlo y creerle a Dios, amén.

Leslie: ¿Has hablado a menudo según tus propias fuerzas? ¿Has hablado según tu propia sabiduría? Nancy Leigh DeMoss me ha hecho hacer un alto en el camino y evaluar mis palabras.  ¿Estoy procurando la llenura de Dios antes de hablarle a los demás? Nancy le dio este mensaje a líderes de ministerio en la conferencia Un clamor del corazón, hace unos años atrás.

¿Aprecias el poder escuchar las enseñanzas de Aviva Nuestros Corazones?  Podemos llegar a ustedes gracias a  las oyentes que apoyan este ministerio financieramente.

Nancy está conversando con una de esas radios escuchas que han decidido dar.  Vicki Rose conoce el gozo de esparcir la Palabra de Dios apoyando a Aviva Nuestros Corazones.  Nancy habla con ella sobre la razón por la cual ella es una de nuestras colaboradoras.

Nancy: Conocemos muchas personas que han sido bendecidas por el ministerio, que han sido impactadas pero nunca han sido movidas a ofrendar para el ministerio. Vicki ¿podrías compartir unas palabras para motivar a estos oyentes a colaborar con nosotros—aquellos que nunca han ofrendado?

Vicki Rose: Me encantaría animarte.  Si nunca has ofrendado a Aviva Nuestros Corazones,  hay un gozo en asociarse con un ministerio que alcanza tantas mujeres alrededor del mundo, no tan sólo en Estados Unidos.

Estuve en Rusia el año pasado en una conferencia y las mujeres allá están escuchando a Aviva Nuestros Corazones. También en la República Dominicana en muchos lugares de América Latina, y por todos los Estados Unidos.  Tan solo deseo animarte a hacerte una colaboradora frecuente, porque cuando lo haces, estas asociándote con la Palabra de Dios siendo predicada en todo el mundo, lo cual es parte de la gran comisión.

Nancy: Espero que cada oyente considere lo que el Señor puede estar animándola a aportar para ayudarnos a continuar llegando a tantas mujeres alrededor del mundo con este mensaje.

Te invitamos a entrar a AvivaNuestrosCorazones.com para que hagas tu aporte y conozcas cómo puedes convertirte en una de nuestras colaboradoras frecuentes.

Leslie:  Estamos agradecidas de las personas que han abrazado este mensaje y que lo han apoyado. Y, hablando de gratitud… Esa palabra trae consigo en esta época imágenes de personas sentadas alrededor de una mesa compartiendo una comida en familia. Pero la verdadera prueba de la gratitud viene en medio de circunstancias difíciles. Aprende cómo ser agradecida independientemente de lo que esté ocurriendo a tu alrededor, mañana en Aviva Nuestros Corazones.

 

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Voz adicional: Vicki Rose, en la voz de Magdalena Zavala.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

La Mente Puesta en la Carne es Enemiga de Dios

El Púlpito de la Capilla New Park Street

La Mente Puesta en la Carne es Enemiga de Dios

Un sermón predicado la mañana del Domingo 22 de Abril, 1855

por Charles Haddon Spurgeon

En Exeter Hall, Strand, Londres.

«Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios.» Romanos 8: 7.

«Ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios.» (La Biblia de las Américas)

Esta es una denuncia muy solemne que el apóstol Pablo aquí formula contra la mente carnal. Él la declara enemiga de Dios. Cuando recordamos lo que el hombre fue una vez, considerado sólo un poco menor que los ángeles, el compañero con el que Dios se paseaba en el huerto del Edén al aire del día; cuando pensamos que el hombre fue creado a imagen de su Hacedor, puro, sin mancha e inmaculado, no podemos menos que sentirnos amargamente afligidos al descubrir una acusación como esta, proferida en contra de nosotros como raza. Debemos colgar nuestras arpas sobre los sauces al oír la voz de Jehová, cuando habla solemnemente a Su criatura rebelde. «¡Cómo caíste del cielo, hijo de la mañana!» «Tú eras el sello de la perfección, lleno de sabiduría, y acabado de hermosura. En Edén, en el huerto de Dios estuviste; de toda piedra preciosa era tu vestidura, . . . los primores de tus tamboriles y flautas estuvieron preparados para ti en el día de tu creación. Tú, querubín grande, protector, yo te puse en el santo monte de Dios, allí estuviste; en medio de las piedras de fuego te paseabas. Perfecto eras en todos tus caminos desde el día que fuiste creado, hasta que se halló en ti maldad. A causa de la multitud de tus contrataciones fuiste lleno de iniquidad, y pecaste; por lo que yo te eché del monte de Dios, y te arrojé de entre las piedras del fuego, oh querubín protector.»

Nos sentimos muy entristecidos cuando contemplamos las ruinas de nuestra raza. Como el cartaginense que al hollar el sitio desolado de su muy amada ciudad, derramó abundantes lágrimas cuando la vio convertida en escombros por los ejércitos romanos; o como el judío que deambulaba por las desiertas calles de Jerusalén, mientras lamentaba que la reja del arado hubiese desfigurado la belleza y la gloria de esa ciudad que era el gozo de la tierra entera; así deberíamos dolernos por nosotros mismos y por nuestra raza, cuando contemplamos las ruinas de esa excelente estructura que Dios formó, esa criatura sin rival en simetría, con un intelecto sólo superado por el intelecto angélico, ese poderoso ser, el hombre, cuando contemplamos cómo cayó, y cayó, y cayó de su elevada condición,» convertido en una masa de destrucción.

Hace unos cuantos años se podía ver una estrella que resplandecía con brillantez inusitada, pero súbitamente desapareció; se ha llegado a conjeturar que se trataba de un mundo que ardía a miles de millones de kilómetros de nosotros, pero aun así, los rayos de esa conflagración llegaron hasta nosotros; el silencioso mensajero de luz dio la alarma a los remotos habitantes de este globo: «¡un mundo arde!» Pero ¿qué importancia tiene la conflagración de un planeta distante; qué es la destrucción del elemento material del orbe más gigantesco, comparada con esta caída de la humanidad, con este naufragio de todo lo que es santo y sagrado en nosotros? Para nosotros, en verdad, las cosas son difícilmente comparables, pues estamos profundamente interesados en una destrucción mas no en la otra.

La caída de Adán es NUESTRA caída; caímos en él y con él; sufrimos de igual manera; lamentamos la ruina de nuestra propia casa, deploramos la destrucción de nuestra propia ciudad, cuando nos detenemos para captar estas palabras escritas tan claramente que no pueden ser malinterpretadas: «Los designios de la carne» (esos mismos designios que una vez fueron santos, y que se volvieron carnales), «son enemistad contra Dios.» ¡Que Dios me ayude esta mañana a formular solemnemente esta denuncia contra todos ustedes! ¡Oh, que el Espíritu Santo nos convenza de tal modo de pecado, que unánimemente nos declaremos «culpables» delante de Dios!

No hay ninguna dificultad en la interpretación de mi texto: escasamente necesita una explicación. Todos nosotros sabemos que la palabra «carnal» significa aquí la naturaleza pecaminosa. Los antiguos traductores vertían el pasaje así: «la mente puesta en la carne es enemiga de Dios,» es decir, la mente no regenerada, esa alma que heredamos de nuestros padres, esa naturaleza pecaminosa que nació en nosotros cuando nuestros cuerpos fueron formados por Dios. La mente no regenerada, phronema sarkos, los deseos, las pasiones del alma; es esto lo que se apartó de Dios y se convirtió en Su enemigo.

Pero antes que nos adentremos en una discusión de la doctrina del texto, observen cuán vigorosamente lo expresa el apóstol: «Los designios de la carne,» dice, «son ENEMISTAD contra Dios.» Él usa un sustantivo, y no un adjetivo. No dice que simplemente se oponen a Dios, sino que se trata de una enemistad positiva. No es el adjetivo negro, sino el sustantivo negrura; no es enemistado sino la enemistad misma; no es corrupto, sino la corrupción; no es rebelde, sino la rebelión; no es perverso, sino la perversión misma. El corazón aunque sea engañoso, es positivo engaño; es el mal en lo concreto, pecado en su esencia; es la destilación, la quintaesencia de todas las cosas que son viles; no es envidioso de Dios, es la envidia misma; no está enemistado, es la enemistad real.

No necesitamos decir una palabra para explicar que es «enemistad contra Dios.» No acusa a la naturaleza humana de tener simplemente una aversión al dominio, a las leyes, o a las doctrinas de Jehová; sino que asesta un golpe más profundo y más preciso. No golpea al hombre en la cabeza, sino que penetra en su corazón; pone el hacha a la raíz del árbol, y lo declara «enemistad contra Dios,» contra la persona de la Deidad, contra el Ser Supremo, contra el poderoso Hacedor de este mundo; no enemistado contra Su Biblia o contra Su Evangelio, aunque eso fuera verdad, sin contra Dios mismo, contra Su esencia, Su existencia, y Su persona. Sopesemos entonces las palabras del texto, pues son palabras solemnes. Están muy bien expresadas por ese maestro de la elocuencia, Pablo, y además, fueron dictadas por el Espíritu Santo, que enseña al hombre cómo expresarse correctamente. Que nos ayude a interpretar este pasaje, que nos ha dado previamente para su explicación.

El texto nos pide que tomemos nota, primero, de la veracidad de esta aseveración; en segundo lugar, de la universalidad del mal que nos aqueja; en tercer lugar, vamos a descender todavía más a las profundidades del tema procurando que lo graben en su corazón, al demostrar la enormidad del mal; y después de eso, si nos alcanza el tiempo, vamos a extraer una doctrina o dos del hecho general.

I. Primero, se nos invita a hablar sobre la veracidad de esta gran declaración: «los designios de la carne son enemistad contra Dios.» No requiere de pruebas, pues como está escrito en la palabra de Dios, nosotros, como cristianos, estamos obligados a inclinarnos ante ella. Las palabras de la Escritura son palabras de sabiduría infinita, y si la razón es incapaz de ver el fundamento de una declaración de la revelación, está obligada a creer en ella muy reverentemente, pues estamos convencidos que aunque esté por encima de nuestra razón, no puede ser contraria a ella.

Aquí encuentro que está escrito en la Biblia: «Los designios de la carne son enemistad contra Dios;» y eso, en sí, me basta. Pero si necesitara testigos, convocaría a las naciones de la antigüedad; desenrollaría el volumen de historia antigua; les comentaría los hechos terribles de la humanidad. Quizás conmoviera sus almas hasta el aborrecimiento, si les hablara de la crueldad de esta raza para consigo misma, si les mostrara cómo convirtió a este mundo en Acéldama por sus guerras, y lo ha inundado con sangre por sus luchas y asesinatos; si les enumerara la negra lista de vicios en que han caído naciones enteras, o les presentara los caracteres de algunos de los más eminentes filósofos, me daría vergüenza hablar de ellos y ustedes se negarían a escuchar. Sí, sería imposible que ustedes, como refinados habitantes de un país civilizado, soportaran la mención de los crímenes que fueron cometidos por esos mismos hombres que hoy en día son ensalzados como modelos de perfección. Me temo que si se escribiese toda la verdad, abandonaríamos la lectura de las vidas de los más poderosos héroes y de los sabios más orgullosos de la tierra, y diríamos de inmediato de todos ellos: «Todos se desviaron, a una se hicieron inútiles; no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno.»

Y si eso no fuera suficiente, quisiera hacerles ver los errores de los paganos; quisiera hablarles de la supersticiones de sus sacerdotes que han sometido a las almas a la superstición; quisiera que fueran testigos de las hórridas obscenidades, de los ritos diabólicos que constituyen las cosas más sagradas para estos ofuscados individuos. Entonces, después que hubieran oído lo que constituye la religión natural del hombre, les pediría que me explicaran cuál sería su irreligión. Si esta es su devoción, ¿cuál sería su impiedad? Si este es su ardiente amor por la Deidad, ¿cuál sería su odio a la misma? Estoy seguro que ustedes de inmediato confesarían, si supieran lo que es la naturaleza humana, que la denuncia está sustentada y que el mundo debe exclamar sin reservas, verazmente: «culpable».

Puedo encontrar un argumento adicional en el hecho de que las mejores personas han sido siempre las más dispuestas a confesar su depravación. Los hombres más santos, los que están más libres de impureza, siempre han sentido más intensamente su depravación. El que tiene sus vestidos más blancos, percibirá mejor las manchas que les caigan. El que posee la corona más reluciente, sabrá cuándo ha perdido una piedra preciosa. El que da más luz al mundo, siempre será capaz de descubrir su propia oscuridad. Los ángeles del cielo velan sus rostros; y los ángeles de Dios en la tierra, Su pueblo escogido, siempre deben velar sus rostros con la humildad, cuando se acuerdan de lo que fueron.

Escuchen a David: él no era de esos que se jactaran de una naturaleza santa y de una disposición pura. Él dice: «He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre.» Muchos de esos santos hombres escribieron aquí, en este volumen inspirado, y los encontrarán a todos confesando que no eran limpios, no, ni aun uno; y uno de ellos exclamó: «¡miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?»

Y además, voy a citar a otro testigo que dé testimonio de la veracidad de este hecho, y que decidirá la pregunta: será su propia conciencia. ¡Conciencia, te voy a poner en el asiento de los testigos para interrogarte esta mañana! ¡Conciencia, dinos la verdad! ¡No te drogues con el opio de la seguridad en ti mima! ¡Testifica la verdad! ¿Nunca oíste decir al corazón: «quisiera que no existiera Dios»? ¿Acaso todos los hombres no han deseado, algunas veces, que nuestra religión no fuera verdadera? Aunque no han podido librar enteramente sus almas de la idea de la Deidad, ¿acaso no han deseado que no existiera Dios? ¿No han acariciado el deseo que todas estas realidades divinas resultaran ser un engaño, una farsa y una impostura? «Sí,» responde cada individuo, «eso se me ha ocurrido algunas veces; he deseado poder entregarme a la necedad. He deseado que no hubiesen leyes que me restringieran; he deseado, como el insensato, que no hubiera Dios.»

Ese pasaje de los Salmos que dice: «Dice el necio en su corazón: no hay Dios,» está mal traducido. La traducción correcta debería ser: «Dice el necio en su corazón: no acepto a Dios. El necio no dice en su corazón no hay Dios, pues él sabe que hay un Dios; sino que más bien dice: «No acepto a Dios, no necesito ningún Dios, quisiera que no existiera ninguno.» Y, ¿quién de nosotros no ha sido tan insensato que no haya llegado a desear que no hubiera Dios?

Ahora, conciencia, ¡responde otra pregunta! Tú has confesado que algunas veces has deseado que no existiera Dios; entonces, supón que un hombre deseara la muerte de otro. ¿Acaso no demostraría eso que lo odiaba? Sí, lo demostraría. Y así, amigos míos, el deseo que no exista Dios, demuestra que tenemos aversión a Dios. Cuando deseo la muerte de otro y que se pudra en su tumba; cuando deseo que fuera un non est (un ser inexistente), debo odiar a ese hombre; de otra forma no desearía que fuera un ente extinto. Así que ese deseo (y no creo que haya existido alguien en el mundo que no lo hubiera sentido), demuestra que «los designios de la carne son enemistad contra Dios.»

Pero, ¡conciencia, tengo otra pregunta! ¿Acaso no ha deseado alguna vez tu corazón, puesto que hay un Dios, que Él fuera un poco menos santo, un poco menos puro, de tal manera que esas cosas que ahora son graves crímenes, pudiesen ser consideradas ofensas veniales, simples pecadillos? ¿Acaso no ha dicho nunca tu corazón: «Quisiera que estos pecados no fueran prohibidos». ¡Quisiera que Él fuera misericordioso para que los pasara por alto sin que requiriera una expiación! Quisiera que no fuera tan severo, tan rigurosamente justo, tan severamente estricto en Su integridad.» Corazón mío, ¿nunca has dicho eso? La conciencia debe responder: «lo has dicho.» Bien, ese deseo de cambiar a Dios, demuestra que no amas al Dios que es ahora el Dios del cielo y de la tierra; y aunque hables de religión natural, y te jactes de reverenciar al Dios de los verdes campos, de los fértiles prados, de las aguas abundantes, del retumbar del trueno, del cielo azul, de la noche estrellada, y del grandioso universo: aunque tú amas el bello ideal poético de la Deidad, no se trata del Dios de la Escritura, pues tú has deseado cambiar Su naturaleza, y en eso has demostrado que estás enemistado con Él. Pero, conciencia, ¿por qué debo andarme con rodeos? Tú puedes ser un testigo fiel, si quieres decir la verdad, que cada persona aquí presente ha transgredido de tal manera contra Dios, ha quebrantado tan continuamente Sus leyes, ha violado Su día de reposo, ha hollado Sus estatutos, ha despreciado Su Evangelio, que es muy cierto, ay, sumamente cierto que «los designios de la carne son enemistad contra Dios.»

II. Ahora, en segundo lugar, se nos pide que tomemos nota de la universalidad de este mal. Cuán vasta es esta aseveración. No es una mente carnal singular, o una cierta clase de caracteres, sino «los designios de la carne.» Es un enunciado sin restricciones, que incluye a cada individuo. Cualquier mente que pueda apropiadamente ser llamada carnal, si no ha sido espiritualizada por el poder del Espíritu Santo de Dios, es «enemistad contra Dios.»

Observen entonces, en primer lugar, la universalidad de esto en lo relativo a todas las personas. Toda mente carnal en el mundo está enemistada con Dios. Esto no excluye ni siquiera a los bebés que se alimentan del pecho de la madre. Nosotros los llamamos inocentes, y en realidad son inocentes de transgresiones reales, pero como dice el poeta: «en el pecho más tierno yace una piedra». En la mente carnal de un bebé hay enemistad contra Dios; no está desarrollada, pero está allí. Algunos afirman que los niños aprenden a pecar por imitación. Pero no: llévense a un niño, pónganlo bajo las influencias más piadosas, asegúrense que el propio aire que respire sea purificado por la piedad, que beba sorbos de santidad, que sólo escuche la voz de la oración y de la alabanza; que sus oídos se mantengan afinados por las notas del himno sagrado; y a pesar de todo ello, ese niño puede convertirse todavía en uno de los más depravados transgresores; y aunque en apariencia esté encaminado en la propia senda al cielo, descenderá directamente al abismo si no es dirigido por la gracia divina. ¡Oh, cuán cierto es que algunos que han contado con los mejores padres, se han convertido en los peores hijos; que muchos que han sido entrenados bajo los más santos auspicios, en medio de las más favorables escenas de la piedad, se han convertido, sin embargo, en libertinos y disolutos! Así que no es por imitación, sino que es por naturaleza que el niño es malo. Concédanme que el niño es carnal, pues mi texto dice: «los designios de la carne son enemistad contra Dios.»

He oído que el cocodrilo recién nacido, cuando sale de su cascarón, en un instante comienza a ponerse en una postura de ataque, abriendo sus fauces como si hubiese sido enseñado o entrenado. Sabemos que los jóvenes leones cuando son domados y domesticados, conservan la naturaleza salvaje de sus congéneres de la selva, y si se les dejara en libertad, cazarían tan fieramente como los otros.

Lo mismo sucede con el niño; puedes atarlo con los verdes juncos de la educación, puedes hacer lo que quieras con él, pero como no puedes cambiar su corazón, esos designios de la carne estarán enemistados con Dios; y a pesar del intelecto, del talento, y de todo lo que puedan darle que sea de provecho, será de la misma naturaleza pecaminosa como cualquier otro niño, aunque en apariencia su naturaleza no sea tan mala; pues «los designios de la carne son enemistad contra Dios.»

Y si esto se aplica a los niños, igualmente incluye a toda clase de hombres. Hay algunos hombres que han nacido en este mundo dotados de espíritus superiores, que caminan por todos lados como gigantes envueltos en mantos de luz y gloria. Me estoy refiriendo a los poetas, hombres que se destacan como colosos, más poderosos que nosotros, que parecen haber descendido de las esferas celestiales. Hay otros de agudo intelecto, que, investigando en los misterios de la ciencia, descubren cosas que han estado ocultas desde la creación del mundo; hombres de tenaz investigación y de vasta erudición; y sin embargo, de cada uno de estos (poetas, filósofos, metafísicos y grandes descubridores), se dirá: «los designios de la carne son enemistad contra Dios.»

Podrás entrenarle, convertir su intelecto en algo casi angélico, fortalecer su alma hasta que entienda lo que constituyen enigmas para nosotros, y los descifre con sus dedos en un instante; podrás hacerlo tan poderoso que pueda entender los férreos secretos de los montes eternos y pulverizarlos con su puño; podrás darle un ojo tan perspicaz que pueda penetrar los misterios de las rocas y de las montañas; podrás agregarle un alma tan potente que pueda matar a la gigantesca Esfinge, que por muchas edades confundió a los sabios más notables; pero cuando hayas hecho todo esto, su mente será depravada y su corazón carnal, todavía estará en oposición a Dios.

Sí, es más, puedes llevarlo a la casa de oración; puedes exponerlo constantemente a la predicación más clara del mundo, donde oirá las doctrinas de la gracia en toda su pureza, y predicación acompañada de santa unción; pero si esa santa unción no descansa en él, todo habría sido en vano: puede ser que asista con toda regularidad, pero al igual que la piadosa puerta de la capilla, que gira hacia adentro y hacia afuera, él seguirá siendo igual; podría tener una religión superficial externa, pero su mente carnal estará enemistada con Dios. Ahora, esta no es una aseveración mía, es la declaración de la palabra de Dios, y pueden hacerla a un lado si no creen en ella; pero no discutan conmigo, ya que es el mensaje de mi Señor; y es válido para cada uno de ustedes: hombres, mujeres y niños, y para mí también, que si no somos regenerados y convertidos, si no experimentamos un cambio de corazón, nuestra mente carnal está enemistada con Dios.

Además, tomen nota de la universalidad de esto en todo momento. La mente carnal está en todo momento enemistada con Dios. «Oh,» dirá alguno, «puede ser verdad que a veces nos oponemos a Dios, pero ciertamente no siempre nos oponemos.» «Hay momentos,» dirá alguien, «cuando me siento que me rebelo, algunas veces mis pasiones me conducen a desviarme; pero ciertamente hay otras ocasiones favorables cuando realmente soy amigable con Dios, y le ofrezco verdadera devoción. A veces me he quedado (continúa el impugnador), en la cumbre de la montaña, hasta que toda mi alma se ha encendido con la escena contemplada abajo, y mis labios han pronunciado el himno de alabanza:

«Estas son Tus obras gloriosas, Padre de bondad,
Todopoderoso, Tuya es esta estructura universal,
Tan hermosa y maravillosa: ¡cuán maravilloso entonces Tú!»

Sí, pero fíjate, lo que es verdad un día no es falso al día siguiente; «los designios de la carne son enemistad contra Dios» todo el tiempo. El lobo podrá estar dormido, pero sigue siendo lobo. La serpiente con sus tonos atornasolados podrá dormitar en medio de las flores, y el niño puede acariciar su lomo resbaloso, pero sigue siendo una serpiente; no cambia su naturaleza aunque esté dormida. El mar es el albergue de las tormentas, aun cuando esté plácido como un lago; el trueno sigue siendo el trueno que retumba poderosamente, aunque se encuentre tan lejos que no podamos oírlo. Y el corazón, aunque no percibimos sus ebulliciones, aunque no vomite su lava, y no arroje las hirvientes rocas de su corrupción, sigue siendo el mismo temible volcán. En todo momento, a todas horas, a cada instante (digo esto según lo dice Dios), si ustedes son carnales, cada uno de ustedes es enemistad contra Dios.

Tenemos otro pensamiento relativo a la universalidad de este enunciado. Todos los designios de la carne son enemistad contra Dios. El texto dice: «Los designios de la carne son enemistad contra Dios;» esto es, todo el hombre, cada parte de él: cada poder, cada pasión. Se hacen a menudo la pregunta: «¿Qué parte del hombre fue afectada por la caída?» piensan que la caída sólo la resintieron los afectos, pero que el intelecto permaneció incólume; ellos argumentan esto sustentados en la sabiduría del hombre, y los impresionantes descubrimientos que ha hecho, tales como la ley de la gravedad, la máquina de vapor y las ciencias. Ahora, yo considero estas cosas como un despliegue insignificante de sabiduría, cuando se las compara con lo que se descubrirá dentro de cien años, y muy pequeñas comparadas con lo que se pudo haber descubierto si el intelecto del hombre hubiese permanecido en su condición original. Yo creo que la caída aplastó al hombre enteramente. Aunque cuando rodó como una avalancha sobre el poderoso templo de la naturaleza humana, algunos elementos permanecieron intactos, y en medio de las ruinas pueden encontrarse por aquí y por allá una flauta, un pedestal, una cornisa, una columna, que no están completamente quebrados, la estructura entera cayó, y sus reliquias más gloriosas son cosas caídas, hundidas en el polvo. El hombre completo está estropeado.

Miren nuestra memoria; ¿acaso no es verdad que la memoria participa de la caída? Yo puedo recordar mucho mejor las cosas malas que las que tienen olor a piedad. Si oigo una canción lasciva, esa música del infierno chirriará en mis oídos hasta que las canas cubran mi cabeza. Pero si oigo una nota de santa alabanza: ¡ay!, ¡se me olvida! Porque la memoria aprieta con una mano de hierro las cosas malas, pero sostiene con dedos débiles las cosas buenas. La memoria permite que los maderos gloriosos de los bosques del Líbano floten sobre la corriente del olvido, pero retiene toda la inmundicia que le llega flotando de la depravada ciudad de Sodoma. La memoria recordará lo malo, pero olvidará lo bueno. La memoria participa de la caída. Lo mismo ocurre con los afectos. Amamos lo terrenal más de lo que deberíamos amarlo; rápidamente entregamos nuestro corazón a una criatura, pero raras veces lo ofrecemos a nuestro Creador; y cuando el corazón es entregado a Jesús, es propenso a descarriarse.

Miren a nuestra imaginación también. ¡Oh!, cómo se deleita la imaginación cuando el cuerpo se encuentra en una condición perniciosa. Sólo denle al hombre algo que lo lleve al punto de la intoxicación; dróguenlo con opio; y ¡cómo bailará su imaginación llena de gozo! Como pájaro liberado de su jaula, ¡cómo se remontará con alas más vigorosas que las alas del águila! Ve cosas que ni siquiera habría soñado en las sombras de la noche. ¿Por qué razón su imaginación no trabajó cuando su cuerpo se encontraba en un estado normal, cuando era saludable? Simplemente porque la imaginación es depravada; y mientras no se había introducido un elemento inmundo, mientras el cuerpo no había comenzado a estremecerse con un tipo de intoxicación, la fantasía no pensaba en celebrar su carnaval. Tenemos algunos espléndidos muestrarios de lo que el hombre puede escribir, cuando se ha encontrado bajo la maldita influencia del aguardiente. Debido a que la mente es tan depravada, le encanta todo aquello que pone al cuerpo en una condición anormal; y aquí tenemos una prueba que la propia imaginación se ha descarriado.

Lo mismo ocurre con el juicio: puedo demostrar cuán imperfectamente decide. También puedo acusar a la conciencia, y decirle cuán ciega es, y cómo le guiña el ojo a las más grandes necedades. Puedo examinar todos nuestros poderes, y escribir sobre la frente de cada uno de ellos: «¡Traidor al cielo! ¡Traidor al cielo!» Toda «la mente puesta en la carne es enemiga de Dios.»

Ahora, mis queridos lectores, «sólo la Biblia es la religión de los protestantes:» pero siempre que reviso un cierto libro tenido en gran estima por nuestros hermanos anglicanos, lo encuentro enteramente de mi lado, e invariablemente siento un gran deleite al citarlo. ¿Saben ustedes que soy uno de los mejores clérigos de la Iglesia de Inglaterra, el mejor, si me juzgaran por los Artículos, y el peor si me juzgaran por cualquier otra norma? Mídanme por los Artículos de la Iglesia de Inglaterra, y no ocuparía un segundo lugar ante nadie bajo el cielo azul del firmamento, predicando el evangelio contenido en ellos; pues si hay un excelente epítome del Evangelio, se encuentra en los Artículos de la Iglesia de Inglaterra. Permítanme mostrarles que no han estado escuchando una doctrina extraña. Tenemos, por ejemplo, el artículo noveno, sobre el pecado de nacimiento o pecado original: «El pecado original no consiste en seguir a Adán (como lo afirman vanamente los pelagianos), sino que es la falla y la corrupción de la naturaleza de cada individuo, que naturalmente es engendrada por la prole de Adán, por la cual el hombre está sumamente alejado de la justicia original, y es por su propia naturaleza propenso al mal, de tal forma que el deseo de la carne es contra el Espíritu; y, por lo tanto, toda persona venida a este mundo merece la ira de Dios y la condenación. Y esta infección de la naturaleza efectivamente permanece, sí, en los que son regenerados; por lo cual la concupiscencia de la carne, llamada en el griego: phronema sarkos, que algunos exponen como la sabiduría, la sensualidad, el afecto, el deseo de la carne, no está sujeta a la Ley de Dios. Y aunque no hay condenación para los que creen y son bautizados, sin embargo el apóstol confiesa que la concupiscencia y la lascivia tienen en sí la naturaleza del pecado.» No necesito nada más. ¿Acaso alguien que crea en el Libro de Oración disentirá de la doctrina que «la mente puesta en la carne es enemiga de Dios»?

III. He dicho que iba a procurar, en tercer lugar, mostrar la gran enormidad de esta culpa. Me temo, hermanos míos, que a menudo cuando consideramos nuestro estado, no pensamos tanto en la culpa como en la miseria. Algunas veces he leído sermones sobre la inclinación del pecador al mal, en los que esto se ha demostrado con mucho poder, y ciertamente el orgullo de la naturaleza humana ha sido muy humillado y abatido; pero hay algo que me parece que si se deja fuera, resulta ser una gran omisión, es decir: la doctrina que el hombre es culpable en todas estas cosas. Si su corazón está contra Dios, debemos decirle que es su pecado; y si no puede arrepentirse, debemos mostrarle que el pecado es la única causa de su incapacidad para hacerlo, (que toda su separación de Dios es pecado), que mientras se mantenga alejado de Dios es pecado.

Me temo que muchos de los aquí presentes debemos reconocer que no acusamos de ese pecado a nuestras propias conciencias. Sí, decimos, estamos llenos de corrupción. ¡Oh!, sí. Pero nos quedamos muy tranquilos. Hermanos míos, no deberíamos hacerlo. Tener esas corrupciones es nuestro crimen, que debe ser confesado como un enorme mal; y si yo, como un ministro del Evangelio, no recalcara el pecado involucrado en ello, no habría encontrado su propio virus. Habría dejado fuera la verdadera esencia, si no mostrara que es un crimen.

Ahora, «la mente puesta en la carne es enemiga de Dios.» ¡Cuán grave pecado es! Esto se manifestará de dos formas. Consideren la relación en la que estamos con Dios, y luego recuerden lo que Dios es; y después que haya hablado de estas dos cosas, espero, ustedes verán, en verdad, que es un pecado estar enemistados con Dios.

¿Qué es Dios para nosotros? Él es el Creador de los cielos y de la tierra; Él sostiene los pilares del universo. Él con Su aliento perfuma las flores. Su lápiz las pinta de colores. Él es el autor de esta hermosa creación. «Somos ovejas de su prado; El nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos.» La relación que tiene con nosotros es la de Hacedor y Creador; y por ese hecho reclama ser nuestro Rey. Él es nuestro Legislador, el autor de la ley; y luego, para que nuestro crimen sea peor y más grave, Él gobierna la providencia; pues es Él quien nos guarda día a día. Él suple nuestras necesidades; Él mantiene el aire que respira nuestra nariz; Él ordena a la sangre que mantenga su curso a lo largo de nuestra venas; Él nos mantiene con vida, y nos previene de la muerte; Él está delante de nosotros como nuestro Creador, nuestro Rey, nuestro Sostén, nuestro Benefactor; y yo pregunto: ¿no es acaso un crimen de enorme magnitud, no es alta traición contra el emperador del cielo, no es un pecado horrible, cuya profundidad no podemos medir con la sonda de todo nuestro juicio, que nosotros, Sus criaturas, que dependemos de Él, estemos enemistados con Él?

Pero puede verse que el crimen es más grave cuando pensamos en lo que Dios es. Permítanme apelar personalmente ante ustedes en un estilo de interrogatorio, pues esto tiene mucho peso. ¡Pecador! ¿Por qué estás enemistado con Dios? Dios es el Dios de amor. Él es amable con Sus criaturas. Él te mira con Su amor de benevolencia, pues este mismo día Su sol ha brillado sobre ti, hoy has tenido alimento y vestido, y has llegado a esta capilla con salud y vigor. ¿Odias a Dios porque te ama? ¿Es esa la razón? ¡Consideren cuántas misericordias han recibido de Sus manos a lo largo de su vida! No nacieron con un cuerpo deforme; han tenido una medida tolerable de salud; te has recuperado muchas veces de la enfermedad. Cuando estabas al borde la muerte, Su brazo ha detenido tu alma del último paso de destrucción. ¿Odias a Dios por todo esto? ¿Le odias porque salvó tu vida por Su tierna misericordia? ¡Contempla toda Su bondad que ha desplegado delante de ti! Podría haberte enviado al infierno; pero estás aquí. Ahora, ¿odias a Dios por haberte conservado? Oh, ¿por qué razón estás enemistado con Él? Amigo mío, ¿acaso no sabes que Dios envió a Su Hijo procedente Su pecho, y lo colgó en el madero, y allí permitió que muriera por los pecadores, el justo por los injustos? Y, ¿odias a Dios por ello? Oh, pecador, ¿acaso es esta la causa de tu enemistad? ¿Estás tan alejado que agradeces con enemistad el amor? Y cuando te ha rodeado de favores, cuando te ha ceñido con bendiciones, cuando te ha colmado de misericordias, ¿acaso le odias por eso? Él te podría decir lo mismo que dijo Jesús a los judíos: «Muchas buenas obras os he mostrado de mi Padre; ¿por cuál de ellas me apedreáis?» ¿Por cuáles de estas obras odian a Dios? Si algún benefactor terrenal te hubiese alimentado ¿le odiarías? Si te hubiera vestido, ¿le ultrajarías en su cara? Si te hubiese dado talentos, ¿volverías esos poderes en su contra? ¡Oh, habla! ¿Forjarías el hierro de una daga y la clavarías en el corazón de tu mejor amigo? ¿Odias a tu madre que te crió en sus rodillas? ¿Acaso maldices a tu padre que sabiamente veló por ti? No, respondes, sentimos una pequeña gratitud por nuestros parientes terrenales. ¿Dónde están sus corazones, entonces? ¿Dónde están sus corazones, que todavía pueden despreciar a Dios, y estar enemistados con Él? ¡Oh, crimen diabólico! ¡Oh, atrocidad satánica! ¡Oh, iniquidad indescriptible! Odiar a Quien es todo amable, aborrecer al que muestra misericordia constante, desdeñar al que bendice eternamente, escarnecer al bueno, al lleno de gracia; ¡por sobre todo, odiar al Dios que envió a Su Hijo para que muriera por el hombre! ¡Ah!, en ese pensamiento: «La mente puesta en la carne es enemiga de Dios,» hay algo que nos sacude; pues es un terrible pecado estar enemistados con Dios. Quisiera poder hablar con mayor poder, pero únicamente mi Señor puede hacerles ver el enorme mal de este hórrido estado del corazón.

IV. Pero hay una o dos doctrinas que procuraremos deducir de todo esto. ¿Está la mente puesta en la carne «enemistada con Dios»? Entonces la salvación no puede ser por méritos; tiene que ser por gracia. Si estamos enemistados con Dios, ¿qué méritos podríamos tener? ¿Cómo podemos merecer algo del Ser que odiamos? Aun si fuésemos puros como Adán, no podríamos tener ningún mérito; pues no creo que Adán tuviera algún merecimiento delante de su Creador. Cuando había guardado toda la ley de su Señor, no era sino un siervo inútil; no había hecho más de lo que tenía que hacer; no tenía un saldo a su favor, no había un excedente. Pero como nos hemos vuelto enemigos, ¡cuánto menos podemos esperar ser salvados por obras! Oh, no; la Biblia entera nos dice, de principio a fin, que la salvación no es por las obras de la ley, sino por los actos de la gracia.

Martín Lutero declaraba que él predicaba constantemente la justificación por la fe únicamente, «porque,» decía, la gente tiende a olvidarlo; de tal forma que me veía obligado casi a golpear sus cabezas con mi Biblia, para que se grabaran el mensaje en sus corazones.» Y es verdad que constantemente olvidamos que la salvación es sólo por gracia. Siempre estamos intentando introducir una pequeña partícula de nuestra propia virtud; queremos cooperar con algo.

Recuerdo un viejo dicho del viejo Matthew Wilkes: «¡Salvados por sus obras! Es como si intentaran llegar a América en un barquito de papel!» ¡Salvados por sus obras! ¡Eso es imposible! Oh, no; el pobre legalista es como un caballo ciego que da vueltas y vueltas al molino; o como el prisionero que sube los escalones del molino de rueda, y descubre que no ha subido después de todo el esfuerzo que ha hecho; no tiene una confianza sólida, no tiene una base firme en la que pueda apoyarse. No ha hecho lo suficiente: «nunca lo suficiente.» La conciencia siempre dice: «esto no es la perfección; debería haber sido mejor.» La salvación para los enemigos debe alcanzarse mediante un embajador, por una expiación, sí, por Cristo.

Otra doctrina que extraemos de esto es: la necesidad de un cambio completo de nuestra naturaleza. Es cierto que desde que nacemos estamos enemistados con Dios. ¡Cuán necesario es, entonces, que nuestra naturaleza sea cambiada! Hay pocas personas que sinceramente creen en esto. Ellos piensan que si claman: «Señor, ten misericordia de mí,» cuando están agonizando, irán al cielo directamente. Permítanme suponer un caso imposible por un momento. Imaginemos un hombre que está entrando al cielo sin un cambio en su corazón. Se aproxima a las puertas. Escucha un soneto. ¡Se sobresalta! Es un himno de alabanza a su enemigo. Ve un trono, y en él está sentado Uno que es glorioso; pero es su enemigo. Camina por calles de oro, pero esas calles pertenecen a su enemigo. Ve huestes de ángeles, pero esas huestes son los siervos de su enemigo. Él se encuentra en la casa de un enemigo; pues él está enemistado con Dios. No puede unirse a los cantos, pues desconoce la melodía. Se quedaría parado allí, silente, inmóvil, hasta que Cristo dijera con una voz más potente que diez mil truenos: «¿Qué haces tú aquí? ¿Enemigos en el banquete de bodas? ¿Enemigos en la casa de los hijos? ¿Enemigos en el cielo? ¡Vete de aquí! ¡Apártate, maldito, al fuego eterno del infierno!» ¡Oh!, señores, si los no regenerados pudiesen entrar al cielo, traigo a la memoria una vez más el tan repetido dicho de Whitefield: sería tan infeliz en el cielo, que le pediría a Dios que le permitiese precipitarse en el infierno para buscar cobijo allá. Debe haber un cambio, si pensamos en el estado futuro, pues, ¿como podrían los enemigos de Dios sentarse jamás en el banquete de bodas del Cordero?

Y para concluir, permítanme recordarles (y después de todo está en el texto), que este cambio debe ser obrado por un poder superior al de ustedes. Un enemigo puede posiblemente convertirse en amigo; pero no la enemistad. Si ser un enemigo fuera un agregado a su naturaleza, él podría volverse un amigo; pero si es la esencia misma de su existencia ser enemistad, positiva enemistad, la enemistad no se puede cambiar a sí misma. No, debe hacerse algo más de lo que nosotros podemos lograr. Esto es precisamente lo que se olvida en estos días. Necesitamos más predicación con la unción del Espíritu Santo, si queremos tener más obra de conversión. Yo les digo, amigos, si ustedes se cambian a sí mismos, y se hacen mejores, y mejores, y mejores, mil veces mejores, nunca serán lo suficientemente buenos para el cielo. Mientras el Espíritu de Dios no haya puesto Su mano en ustedes; mientras no haya regenerado el corazón, mientras no haya purificado el alma, mientras no haya cambiado el espíritu entero y no haya hecho al hombre una nueva criatura, no podrán entrar al cielo. Cuán seriamente, entonces, deberían hacer un alto y meditar. Heme aquí, una criatura de un día, un mortal nacido para morir, ¡pero sin embargo un ser inmortal! En este momento estoy enemistado con Dios. ¿Qué haré? ¿Acaso no es mi deber, así como mi felicidad, preguntar si hay una manera de ser reconciliado con Dios?

¡Oh!, agotados esclavos del pecado, ¿acaso no son sus caminos, sendas de insensatez? ¿Acaso es sabiduría, oh mis amigos, es sabiduría odiar a su Creador? ¿Es sabio estar en oposición contra Él? ¿Es prudente despreciar las riquezas de Su gracia? Si es sabiduría, es la sabiduría del infierno; si es sabiduría, es una sabiduría que es insensatez para con Dios. ¡Oh, que Dios nos conceda que se puedan volver a Jesús con pleno propósito de corazón! Él es el embajador; Él es el único que puede establecer la paz por medio de Su sangre; y aunque vinieron aquí como enemigos, es posible que atraviesen esa puerta como amigos, si no hacen sino mirar a Jesucristo, la serpiente de bronce que fue alzada.

Y ahora, puede ser que algunos de ustedes hayan sido convencidos de pecado, por el Espíritu Santo. Yo ahora les voy a proclamar el camino de salvación. «Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.» Contempla, oh temeroso penitente, el instrumento de tu liberación. ¡Vuelve tus ojos llenos de lágrimas a aquel Monte del Calvario! Mira la víctima de la justicia, el sacrificio de expiación por tu transgresión. Mira al Salvador en Sus agonías, comprando tu alma con torrentes de Su sangre, y soportando tu castigo en medio de las agonías más intensas. Él murió por ti, si confiesas tus culpas ahora. Oh, ven tú, hombre condenado, autocondenado, y vuelve tus ojos a este camino, pues una mirada salvará. Pecador, tú has sido mordido. ¡Mira! No necesitas ninguna otra cosa sino «¡mirar!» Es simplemente «¡mirar!» Basta que mires a Jesús y serás salvo. Oyes la voz del Redentor: «Mirad a mí, y sed salvos.» ¡Miren! ¡Miren! ¡Miren! Oh almas culpables.

«Confía en Él, confía plenamente,
No permitas que otra confianza se entrometa;
Nadie sino Jesús
Puede hacer bien al pecador desvalido.»

Que mi bendito Señor les ayude a venir a Él, y los atraiga a Su Hijo, por Jesucristo nuestro Señor. Amén y Amén.

Soli Deo gloria

Por Su Causa

La Iglesia Prevalecerá

Soli Deo gloria

John MacArthur

JMAJohn MacArthur es el presidente de The Master’s Seminary y pastor de la iglesia Grace Community Church.

Sus predicaciones en el programa de radio Gracia A Vosotros son escuchados alrededor del mundo.

Él y su esposa Patricia tienen cuatro hijos y quince nietos.

https://www.tms.edu/es/

1/2 – El joven rico, un moralista religioso

Iglesia Ozama

Serie: Un moralista religioso

1/2 – El joven rico

Otto Sánchez

 

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo.

Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano.

Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies y candidato al Phd, por la misma casa académica.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org