Adriana

Iglesia Evangélica Unida

Adriana

Samuel Pérez Millos

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

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La influencia de la Reforma

BITE

La influencia de la Reforma

Un modelo para la iglesia de hoy

Tony Flaquer

La reforma protestante no solo produjo un cambio en la cosmovisión de fe de gran parte de la población europea, las repercusiones fueron muchos más profundas. La educación, la cultura, las artes y hasta la política tuvieron drásticos cambios gracias a un entendimiento bíblico de todas las áreas de la vida.

JOSÉ ANTONIO FLAQUER

Tony Flaquer es economista y empresario. Durante su trayectoria empresarial participó en diferentes asociaciones, cámaras de comercio y de industria, directorios y juntas directivas. Actualmente es el presidente del Grupo Acción Cristiana RD y presidente de las junta directiva Radio Eternidad. Casado, con dos hijas y dos nietas.

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Los Milagros de Jesús

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10/13 – Las Diez vírgenes

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Parábolas del Reino

10/13 – Las Diez vírgenes

David Barceló

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

 

Episodio 5 – La Biblia Y No Siento Nada, ¿Qué Debo Hacer?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Leo La Biblia Y No Siento Nada, ¿Qué Debo Hacer?

Episodio 5

SOBRE NOSOTROS

Es el podcast Ask Pastor John en Español, en la voz de Nathan Díaz. Disponible también en videos.

Nuestra misión es predicar el Evangelio de la gracia de Dios en Jesucristo por todos los medios online, a todo el mundo.

1/2 – Encuentra Aceite Fresco

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Unción Divina

1/2 – Encuentra Aceite Fresco

Nancy Leigh DeMoss

Leslie Basham:  Cuando experimentas la unción de Dios, eso afecta toda tu vida. Nancy Leigh DeMoss comparte un ejemplo con nosotras.

Nancy Leigh DeMoss: ¿Cuántas de ustedes tienen hijos adolescentes? Ustedes como padres necesitan una unción del Espíritu Santo.  

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

¿Cuál es la mayor dificultad que debes enfrentar hoy? ¿Estás apoyada en el poder de Dios o en tus propios talentos? Pues bien, hoy seremos recordadas acerca de por qué necesitamos la fortaleza de Dios para todo.

Nancy compartió este mensaje por primera vez ante un grupo de  líderes ministeriales, pero sea que tengas un ministerio público o que estés tras bastidores, el mensaje de hoy te ayudará a encontrar la fortaleza que necesitas.

Nancy: Las personas frecuentemente me preguntan cómo pueden orar por mi. Les estoy muy agradecida cuando me preguntan o cuando oran por mi, y si le preguntan a mi equipo de trabajo cuál es la respuesta más frecuente que doy a esa pregunta, creo que todos estarían de acuerdo en decir que lo que casi siempre digo es: “Por favor oren para que Dios me conceda aceite fresco, oren para que el Espíritu Santo unja mi vida y mi ministerio.

Este asunto del aceite fresco— la unción del Espíritu Santo—es algo que ha estado en mi corazón por muchos, muchos años. Probablemente le he pedido al Señor en oración por una unción de Su Espíritu Santo más que por cualquier otra cosa. No creo que exista algo por lo que haya rogado más.

Cuando leo  pasajes como 1era a los Tesalonicenses capítulo1, versículo 5 donde el apóstol Pablo habla sobre la naturaleza de su ministerio a los tesalonicenses, casi me quedo sin aliento cuando leo donde dice: “pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre”.

Mientras leo esas palabras, pienso, ¿cómo sería ese ministerio? ¿Cómo sería estar bajo el ministerio de un hombre que habla no solo con palabras sino también con poder con el Espíritu Santo con tanta convicción, con plena certidumbre?

Como Dios me llamó a ministrar Su Palabra a las mujeres, esto es algo que siempre he anhelado. Oro por eso, sueño con eso, pido a Dios por eso.  ¿Cómo sería el ministrar la Palabra de Dios no solo en palabras sino en el poder del Espíritu Santo y con esa convicción?

No pretendo de ninguna manera haber comprendido lo que significa ministrar con la unción del Espíritu Santo; el tener aceite fresco. Siento que solo he tocado el borde de Su manto y de Sus caminos, en lo que se refiere a este asunto. Pero cuando me pidieron que viniera a compartir con ustedes esta semana sentí la carga de comunicar algo que ha estado en mi alma por muchos años, compartir el fruto de mi meditación mientras he venido debatiéndome sobre este tema de la unción del Espíritu.

Yo sé que ustedes saben que existe una conexión a través de las Escrituras entre el tema de la unción, el aceite y el Espíritu Santo. Lo podemos ver en diferentes formas. En el Antiguo Testamento, recordarán cómo los profetas, los sacerdotes y los reyes eran ungidos con aceite significando esto que ellos habían sido apartados para el ministerio,  para servir al Señor. Ellos eran consagrados con aceite, el cual era un símbolo del Espíritu Santo. Ellos eran consagrados debido a su llamado y eran empoderados para servir al Señor.

“Los ungirás y los consagrarás y santificarás, para que sean mis sacerdotes”. Éxodo capítulo 28 versículo 41  Y con la unción venía siempre el poder del Espíritu Santo para el servicio. Piensa en cómo David fue ungido por el profeta Samuel para ser rey.  En 1ra de Samuel capítulo 16 versículo 13 dice: “A partir de aquel día vino sobre David el espíritu de Jehová” .

La unción con aceite—un símbolo físico y visible de la obra interior de Dios por medio del poder de Su Espíritu.  Me encanta la palabra “poderosamente”. El Espíritu de Dios cuando viene, viene con poder, llega con poder sobre Sus siervos. Claro, sabemos que Jesucristo, el más grande de los profetas, sacerdote  y rey, es el Mesías—lo cual en hebreo significa “el ungido”.

Las Escrituras nos dicen en Isaías capítulo 61 versículo 1, esperando el ministerio ungido de Cristo como profeta, sacerdote y rey, “El espíritu de Jehová, el Señor, está sobre mí, porque me ha ungido Jehová. Me ha enviado a predicar buenas noticias a los pobres”.

Y no solo los creyentes del Antiguo Testamento y Cristo mismo, sino que también a nosotros, los creyentes del Nuevo Testamento, hemos sido apartados como reyes y sacerdotes del Señor. En 2da a los Corintios capítulo 1 se nos dice que Dios mismo nos ha ungido, “nos ha sellado y nos ha dado, como garantía, el Espíritu en nuestros corazones.” ¡Qué regalo tan preciado y lleno de gracia! El regalo del Espíritu Santo.

Se nos ha dicho “pero recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos”. (Hechos 1:8). Ahora bien, ¿quién es que necesita esa unción? Nosotros necesitamos la unción del Espíritu para hacer cualquier cosa que Dios nos llame a hacer para servirle. Claro, aquellos de ustedes que están predicando y proclamando la Palabra de Dios—o enseñando la Palabra—necesitan la unción del Espíritu Santo para proclamarla.

Muchas de ustedes no están  involucradas en la proclamación de la Palabra de forma pública, pero dan consejería, discipulan, evangelizan y comparten el Evangelio. Todos necesitamos unción del Espíritu Santo cada vez que abrimos la boca para servir al Señor, para poder tocar y hablarle a la vida de otros—para todo tipo de ministerio:

Para ser padres. ¿Cuántas de ustedes tienen adolescentes? Ustedes necesitan una unción del Espíritu Santo.

Necesitamos unción para criar a los bebés y a los niños pequeños;

Para criar a los  hijos mayores;

Para cualquier acto de servicio;

Para servir en el ministerio de adoración;

Para liderar en las alabanzas;

Para el don de administración, de ayuda y de misericordia.

En todas esas formas de servicio al Señor nosotras necesitamos unción, el aceite fresco del Espíritu Santo de Dios, pues los resultados espirituales jamás vienen como resultado de medios naturales (¿y por qué otra cosa estaríamos sirviendo al Señor?). Los medios naturales no pueden producir resultados espirituales.

Estoy convencida que este asunto de la unción del Espíritu Santo es uno de los ingredientes esenciales de un ministerio. También estoy convencida que en el mundo evangélico del siglo XXI, es uno de los ingredientes más descuidados y pasados por alto y escasos.

Ahora bien, sabemos que la unción no tiene nada que ver con nuestras habilidades naturales, sino que tiene que ver con una infusión sobrenatural del Espíritu Santo. He visto algunos de los más talentosos comunicadores naturalmente hablando y obreros de Cristo que no parecen tener esta unción. Ahora bien Dios es el Único que sabe  y que mide y cuantifica todo esto.

En el mismo sentido he visto, claramente y sin lugar a dudas, evidencias de la mano sobrenatural y el aliento de Dios sobre algunos  que tienen habilidades y talentos promedios, ¿cómo explican eso? Es la unción y el poder del Espíritu Santo.

Ahora bien, seré la primera en decir que cuando entramos en este ámbito, estamos entrando en algo que es un misterio. No puedes demostrar la unción de Dios en un tubo de ensayo, no lo puedes cuantificar, pero sabemos que es vital, que es real, no es algo fabricado o algo que puedes hacer que suceda, no existe una fórmula… ojalá la hubiera, pero no la hay.

Es la obra de Dios, el regalo de Dios. Pero me he preguntado durante estos años, siendo este el caso, ¿qué parte jugamos nosotros en todo esto? Se me ocurre que hay varios elementos que tienen que ver con este asunto de la unción en nuestras vidas y en nuestros ministerios y creo que se pueden dividir en dos aspectos.

En primer lugar, está una vida ungida—esta consta de mi preparación personal para el ministerio de la Palabra. Y luego, [¡oh que Dios nos lo conceda!] están los labios ungidos, la proclamación poderosa de la Palabra de Dios, ya sea delante de una persona o frente a una multitud.

Entonces, veamos primero la vida ungida—nuestra preparación personal para proclamar el Evangelio, la Palabra de Dios . Creo que  una vida ungida es el fundamento para la preparación de nuestros mensajes y de la proclamación. Claro, la proclamación del mensaje es esencial. Invierto muchas horas a solas en mi estudio. Tengo que preparar 260 programas al año.  y tomo en serio esta responsabilidad de predicar la Palabra de Dios. Me paso muchas horas al día estudiando y leyendo y pensando, bosquejando y haciendo anotaciones y preparando mensajes.

Pero cuando ya está dicho y hecho, si hago todo eso y no tengo una vida ungida, una vida que está preparada para estudiar y para buscar al Señor para ministrar la Palabra, entonces toda proclamación sería en vano. No tendré la unción del Espíritu Santo.

Leemos en las Escrituras que Esdras dispuso su corazón, de manera intencional, a estudiar la ley de Dios y luego a enseñar sus estatutos y reglas en Israel. Él dispuso su corazón. Su vida estaba ungida, él dispuso su corazón a conocer la ley por sí  mismo en primer lugar, para vivirla luego, para tener un mensaje de vida, y luego proclamarlo.

Me encanta el versículo 3 del Salmo 39 …“ Ardía mi corazón dentro de mí;        mientras meditaba, se encendió el fuego;        entonces dije con mi lengua”. ¿Cuántas veces hablamos con nuestra lengua, sea a una persona o a un grupo, sin antes asegurarnos de tener ese ardor en nuestros propios corazones? Para tener una vida ungida, debemos dejar que Dios nos hable primero a nosotros antes de nosotros proclamar Su Palabra a otros.

¿Te das cuenta? Ves esto a través de toda la Escritura. Lees sobre Moisés, quien fue a ese lugar de reunión. Allí estuvo delante del Señor para que le hablara y luego salió para hablarle a los hijos de Israel, para comunicarles lo que Dios le había dicho en el lugar de reunión o en la montaña.

Al final del capítulo 3 de 1ra de Samuel y al inicio del capítulo 4, hay una secuencia que es muy bella y poderosa. Dice.: “El Señor se le revelaba a Samuel “(v. 21). Él se revelaba a Sí mismo, ¿pero cómo? Por la Palabra del Señor. El Señor habló a Samuel y luego “llegaba la palabra de Samuel a todo Israel” (1 Samuel 4:1).

Me encanta ese comentario—ese divino comentario—sobre la predica de Samuel y su ministerio profético. Dice que el Señor  “no dejó sin cumplimiento ninguna de sus palabras” (1 Samuel 3:19). He buscado al Señor para esto, le he pedido esto. Te vuelves más cuidadosa con tus palabras pues quieres asegurar que has escuchado la voz de Dios, que has escuchado Su Palabra antes de pronunciarla. Por fe hemos dicho “No dejes que caiga en tierra ni una de tus palabras”. Bien y, ¿cómo sabes que esto va a suceder? Obtienes tu palabra de la Palabra del Señor primero.

Ezequiel experimentó esto. He leído el llamado de Ezequiel muchas veces a través de los años, y he tenido la sensación de que Dios estaba haciendo la obra en mi propio corazón cuando Él dijo, “Y tú, hijo de hombre, escucha lo que te hablo…  Abre tu boca y come lo que te doy”. (Ezequiel 2:8). Luego Dios le dio un rollo con algo escrito. Eran palabras de lamentaciones, de ayes y de juicio. No eran palabras dulces.

Y Dios le dijo en el capítulo 3, versículo 1: “come lo que tienes delante; come este rollo, y ve, habla a la casa de Israel… recibe en tu corazón todas mis palabras que yo te hablo, y escúchalas atentamente, y luego háblalas a tu gente” (1-11 parafraseado). El comerse el rollo es un símbolo de interiorizar la Palabra de Dios, digerirla hasta que nos queme con una llama de fuego inextinguible. La pasión de Dios debe primero llenarnos a nosotros, antes de nosotros pretender proclamarla con poder.

Jesús dijo “Porque yo no he hablado por mi propia cuenta, sino que el Padre mismo que me ha enviado me ha dado mandamiento sobre lo que he de decir y lo que he de hablar“ (Juan 12:49). El apóstol Juan dijo con relación a la Palabra de Vida dice “lo que hemos visto y oído, os proclamamos también a vosotros”. No podemos darle a otros lo que no hemos recibido de Dios. Debemos proclamar lo que hemos visto, escuchado y experimentado por nosotros mismos.

Y continuando en este mismo sentido, nuestra vida debe encarnar o ilustrar lo que proclamamos a otros. Si la verdad no nos ha cambiado, no es probable que cambie  a nadie cuando la proclamemos.

Volviendo a 1era a Tesalonicenses en el capítulo 1 en los versículos 5-6, el apóstol Pablo dijo: “como sabéis qué clase de personas demostramos ser entre vosotros por amor a vosotros. Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor. Vosotros sois testigos, y también Dios, de cuán santa, justa e irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes” (2:10).

El apóstol Pablo entendió la importancia de un mensaje de vida, y por eso él podía decir: “Sed imitadores de mí, como también yo lo soy de Cristo”. (1 Corintios 11:1)

Una de las cosas que rompe mi corazón es que muchos en nuestras iglesias evangélicas… es algo que escucho constantemente… recibimos correos electrónicos de la gente que está en buenas iglesias—iglesias bíblicas; iglesias donde se predica la Palabra. Muchas de estas personas no están conectando los puntos entre la ortodoxia y la ortopraxis. No están entendiendo y  no puedo dejar de preguntarme, ¿será que no están viendo encarnadas en nosotros las verdades que estamos proclamando? ¿Será que no las estamos viviendo?

Oswald Chambers habla mucho sobre esto y dice: El mensaje debe ser parte de nosotros mismos. Nuestra vida debe ser el sacramento de nuestro mensaje. Antes de que el mensaje de  Dios pueda liberar otras almas, la liberación debe ser real en ti.

Debo decirles que vivo una vida pública. Y una de las razones por las que no quería ser llamada a este ministerio radial en un principio, era porque humanamente deseaba tener algo: anonimato. Sabía que si decía que sí a este llamado, no volvería a tener una vida privada y esto ha demostrado ser cierto. Tuve que llegar a un punto donde el Señor me recordó que no era mi vida, sino la de Él, y que debía ser partida como pan y derramada como vino por el bien de los demás.

Como la vida está tan expuesta, todo lo que hagas la gente lo observa, estás bajo escrutinio; y siempre te están evaluando y muchas veces eres malentendida.

Yo vivo con temor santo de ese Día, ese Día con D mayúscula, cuando hasta el último vestigio de mi vida privada se presente abierto y desnudo y expuesto ante el que todo lo ve y todo lo sabe, delante del que todo lo escudriña, delante de los ojos de un Dios santo que ve y sabe lo que la multitud no ve.

Delante del Dios que sabe quién soy detrás de la escena, en los lugares privados, en los lugares secretos de mi corazón, en los lugares escondidos de mis pensamientos. El Dios que sabe que si mi vida no encarna (aún en  lugares privados) la verdad que estoy proclamando,  entonces perderé la unción y el poder del Espíritu Santo en mi ministerio público.

Y no solo es importante tener una vida ungida, sino también labios ungidos. Algunas cosas que Dios ha puesto en mi corazón en cuanto a esto: Primero debemos cultivar y comunicar  un temor reverencial por la Palabra de Dios. La Palabra habla acerca de temblar cuando estamos frente a la Palabra de Dios y no ves mucho de eso en estos días. Entre las personas que conoces no se escucha mucho de ese  temblar ante la Palabra de Dios.

Mi corazón se sobrecoge cada vez que pienso en la enorme responsabilidad que es tomar este Libro en mis manos, manejar la Palabra de Dios y hablar la Palabra de Dios a las vidas de otras personas. Yo siento temor de esa responsabilidad y no quiero nunca tomar a la ligera lo que significa proclamar la Palabra de Dios.

Agustín dijo: “Cuando las Escrituras hablan, Dios habla”. Debemos cultivar un sentido de admiración por la Palabra de Dios al compararla con nuestras propias palabras, cuando comunicamos la maravilla de las Escrituras y el hecho de que Dios nos hable.

Eso nos debe cautivar. Y si nos cautiva, cautivará a otros. No podemos esperar que la gente se impacte por la verdad más profundamente de lo que nuestros propios corazones han sido cautivados e impactados.

Así que otra vez, tenemos que confiar en el poder de la Palabra—el Poder de Su Verdad. No son nuestras palabras las que dan vida.

Jesús dijo “ las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” (Juan 6:63). Hay una tendencia en la cultura consumista en la  que vivimos, a depender de los dones y talentos naturales y a aplaudir las habilidades y los dones naturales de los demás, y sus habilidades de comunicación.  Todo viene empacado. Vemos mucha creatividad. Mucha innovación. Presentaciones.

Y no me opongo a esas cosas, pero son solo herramientas, son inútiles y vacías, son vanas si no ponemos nuestra confianza en la Palabra de Dios y en el poder de Su Palabra. No subestimen el poder de la Verdad, sin adornos, para producir vida en alguien.

Es la Palabra de Dios que trajo al mundo a  existencia.

Es la Palabra de Dios que sostiene el mundo mientras nos sentamos en este lugar.

Es la Palabra de Dios que sana, convence, convierte y santifica.

Creo que hoy en día, debido a que no conocemos a Dios, no conocemos la Palabra de Dios, somos tan propensos a apoyarnos en un brazo de carne, nos apoyamos en lo externo, en la envoltura, en  las cosas bonitas  en vez de proclamar que la Palabra de Dios es poderosa.

Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra hasta la división del alma y del espíritu, de las coyunturas y los tuétanos, y es poderosa para discernir los pensamientos y las intenciones del corazón (Hebreos 4:12). Expone el corazón de los hombres y las mujeres y los hace poner su confianza en el poder de la Palabra de Dios y en Su verdad.

Martin Lutero dijo: “La Biblia está viva, me habla, tiene manos, se apodera de mi, tiene pies y me persigue”. Cuando me levanto a ministrar la Palabra de Dios a las mujeres, siempre voy con una sobrecogedora sensación de mi ineptitud y de mi debilidad y digo: “Oh Señor, yo soy arcilla. Unos pocos panes y peces es lo mejor que puedo ofrecerte. Pero toma Tu palabra y deposítala en los corazones de Tu pueblo”.

Creo firmemente en el poder de la Palabra de Dios para cambiar vidas. Si ustedes pudieran leer los correos que recibo día tras día de quienes escuchan el programa, que derraman su corazón y comparten cosas que muchas veces ni siquiera le dirían a su mejor amiga; cosas que no le han dicho a sus pastores; cosas que no le han dicho a los miembros de su familia. Y nos escriben y comparten los problemas y las necesidades de sus vidas.

Si no creyera en el poder de la verdad para hacer todas las cosas nuevas y para enderezar lo que antes estaba torcido, saldría a buscar otra vocación. Es la Palabra de Dios la que tiene el poder de cambiar vidas. La Palabra de Dios es como un fuego, como un martillo que rompe las rocas en pedazos.

Leslie: Nancy Leigh DeMoss nos ha traído el mensaje Unción divina. Como ella explicó, todo el que quiera llevar gloria a Dios, necesita un vida ungida. Ella comenzó su segundo punto sobre “labios ungidos”, ella retomará el tema otra vez mañana. Hoy nos dijo  que si estamos dependiendo de nuestras habilidades naturales no estamos dependiendo de algo lo suficientemente fuerte.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Dios por los  hermosos testimonios que recibimos diariamente y que nos animan al ver cómo Dios está usando este programa para animar a tantas mujeres alrededor del mundo.

Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a la vida de las personas que la necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y ministrarles en las diversas situaciones.

Aviva Nuestros Corazones ha sido de bendición para muchos que se han mantenido fieles durante años. Pero este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando AvivaNuestrosCorazones.com  o llamando al 1-800-569-5959, desde los EE. UU. y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes o  simplemente dar una ofrenda.

Pero más que nada necesitamos tus oraciones. ¿Te animarías a orar para que Dios nos provea de los recursos necesarios para continuar esta obra?

Nancy: El mundo y la iglesia no necesitan ver lo que nosotros podemos hacer. Ellos ya han visto lo que nosotros podemos hacer. Ellos necesitan ver lo que solo Dios puede hacer.

Leslie: Esa es Nancy en el mensaje de mañana. Por favor regresa a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Tenemos algunos artículos en Español disponibles en esta página de www.AvivaNuestrosCorazones.com. Usted puede imprimirlos y usarlos. Visite este enlace para que vea los temas disponibles: PDF Downloads.

Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Jesús, ejemplo de vida

Iglesia Evangélica Unida

Jesús, ejemplo de vida

Samuel Pérez Millos

 

Samuel Pérez Millos

 Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

 Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

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5/9 – La autoridad del Espíritu Santo

El Amor que Vale

Serie: El increíble poder de la autoridad de Dios

5/9 – La autoridad del Espíritu Santo

Adrian Rogers

 

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

Más acerca del Dr. Adrián Rogers:

http://www.lwf.org/eaqv

4 Razones por las que la iglesia no practica la disciplina eclesiástica 

Soldados de Jesucristo

4 Razones por las que la iglesia no practica la disciplina eclesiástica

Jeremy Kimble

Algunas iglesias no practican la disciplina porque desconocen el mandato bíblico o porque no saben cómo comenzar el proceso. Otras, sin embargo, tienen preocupaciones sobre las consecuencias potenciales de tal práctica. Estas iglesias saben lo que las Escrituras enseñan sobre el tema, pero no están convencidas de su legitimidad o viabilidad pragmática. 

Las iglesias rechazan la práctica de la disciplina eclesiástica por muchas razones. Algunas creen que la práctica no concuerda con el concepto bíblico de amor. Con relación a esta idea, algunos señalarán que ninguno de nosotros es perfecto, y por lo tanto no deberíamos centrarnos en deshacernos de las personas cuando pecan. Otras sostienen que la iglesia puede errar en su práctica de disciplina eclesiástica, ya que la iglesia está llena de seres humanos falibles y pecaminosos. Finalmente, algunas otras sostienen que tal práctica es demasiado invasiva con las vidas privadas. Estas objeciones serán consideradas y respondidas a continuación. 

Objeción #1: la disciplina no es amorosa 

Muchos ven cualquier forma de disciplina como arrogante, cruel y sin amor. El amor debe mirar más allá del pecado y dejar las cosas atrás; éste cubre multitud de pecados (1 Pe. 4:8). Sin embargo, sabiendo finalmente que el pecado lleva a la muerte (Ro. 6:23), la iglesia debe entender que la disciplina es de hecho un acto amoroso. Como señal declarativa del potencial juicio escatológico, la disciplina debe servir tanto como un llamado al arrepentimiento como un medio para perseverar en la fe [1]. Lo que puede parecer carente de amor, de hecho, está destinado a demostrar el más grande tipo de amor, dirigiendo a alguien a la vida eterna. 

Dios demuestra Su amor a través de actos disciplinarios (Heb. 12:3-11, cf. 1 Co. 11:17-32), mientras busca volver los corazones de su pueblo hacia la santidad. Él también ha delegado una versión de esta autoridad divina a la iglesia, así como el disciplinar con el mismo propósito (Mt. 16:16-1918:15-17). El objetivo de la disciplina en la iglesia es ver a los miembros de ésta persiguiendo la madurez en la piedad. Dios deja claro que Su pueblo estará marcado por la santidad (1 Pe. 1:15-16, cf. Heb. 12:14), y la disciplina es uno de los medios para perseguir la santidad. Por lo tanto, cuando se hace como Dios lo ordena, la disciplina es un acto amoroso. 

Objeción # 2: la iglesia está llena de pecadores 

Otros se oponen a la disciplina eclesiástica porque todos son culpables de pecado. El argumento aquí es que la disciplina es hipócrita ya que nadie es inocente; todos estamos manchados por el pecado. Si bien esto es cierto, no niega los textos obvios en las Escrituras que hacen un llamado a que se ejerza la disciplina en la iglesia. Lejos de negar la práctica de la disciplina eclesiástica, la presencia de nuestro propio pecado debe corregir nuestro enfoque y humillarnos. 

Considera por ejemplo Mateo 7:1, donde al lector se le dice: ” No juzguéis para que no seáis juzgados”. Curiosamente, en nuestra cultura actual, la idea de juzgar a otra persona es vista como arrogante y de mente cerrada, y este versículo a menudo se usa como munición contra un concepto como la disciplina de la iglesia. Esto, sin embargo, sería una lectura incorrecta del texto. De hecho, se nos dice específicamente que nos juzguemos unos a otros dentro de la iglesia (aunque no de la manera final en que Dios juzga); Las palabras de Jesús en Mateo 18 y las palabras de Pablo en 1 Corintios 5-6 claramente muestran que la iglesia debe ejercer juicio [2]. El juicio en el contexto de la iglesia local es necesario y apropiado, pero debe hacerse de cierta manera, de lo contrario es pecaminoso (cf. Mt. 7:2-5Gál. 6:1). 

La iglesia ciertamente no debe condenar a otros injustamente. La imagen en Mateo 7:1-5 (la paja y la viga en el ojo) sugieren que debemos ser autocríticos cuando se trata de nuestro propio pecado, pero esto no con el propósito de excluir por completo el juicio de los demás, sino como un requisito previo para juzgar [3]. Esto concuerda con Gálatas 6:1, que nos dice que nosotros que somos espirituales debemos tratar de restaurar a aquellos que han pecado con un espíritu de gentileza y un ojo puesto en nosotros mismos, no sea que nosotros también seamos tentados a pecar. Por lo tanto, Jesús y Pablo no han condenado el juzgar en absoluto, sino que más bien han llamado a la iglesia a ser irreprochable en su forma de hacerlo al examinar primero sus propios corazones. 

Objeción # 3: la iglesia puede estar equivocada 

Algunos cuestionarán la legitimidad de la autoridad de la iglesia al emitir una advertencia a los pecadores no arrepentidos [4]. Si la iglesia no es infalible, ¿será el juicio emitido contra un individuo pecador siempre correcto? Esta es una pregunta crucial a responder. 

Cuando se considera la legitimidad de tal pronunciamiento proveniente de la iglesia, uno debe tomar en consideración los pasajes clave de Mateo 16 y 18. Estos pasajes se refieren específicamente a la autoridad dada a la iglesia a través de las llaves del reino, así como el poder de atar y desatar (Mateo 16:1918:18). Jesús no le da carta blanca a la iglesia para hacer lo que le plazca y suponer su bendición en todas las acciones. De hecho, él ofrece una severa advertencia a las iglesias para que no abusen de este principio y práctica. Jesús está haciendo una promesa concerniente a una situación muy específica: el mantenimiento de la integridad del cuerpo de Cristo [5]. Como tal, si la iglesia debe poseer la autoridad como se establece en Mateo 16:19 y 18:18, la comunidad debe actuar de acuerdo con la verdad de las Escrituras y los detalles específicos de cada situación disciplinaria [6]. 

Entonces, cuando una iglesia —no importa cuán grande e influyente o pequeña y aparentemente insignificante— actúa de acuerdo con la Palabra de Dios, su autoridad es real, aunque mediada. La iglesia posee un tipo de poder tal que existe un reconocimiento celestial de las transacciones terrenales, pero sólo cuando se maneja según las instrucciones divinas [7]. Ejercer la disciplina en la iglesia, entonces, es un asunto muy delicado. Kevin Vanhoozer resume útilmente la interpretación correcta de estos pasajes, diciendo: “En última instancia, solo Dios puede juzgar el corazón humano. Al mismo tiempo, la iglesia ha recibido una comisión dominical y apostólica de preservar la verdad y buscar la santidad” [8]. Por lo tanto, la iglesia debe aplicar humildemente y con discernimiento la autoridad que Cristo le otorgó. 

La disciplina de la iglesia, por lo tanto, es una “advertencia”, no una “declaración” irrevocable. La iglesia reconoce a Dios como el máximo juez de todas las cosas. Entonces, aunque la disciplina connota un tono apropiado de amonestación seria, una advertencia de juicio “potencial”, no se convierte en infaliblemente certera porque la iglesia está llena de pecadores falibles. Sin embargo, debe tomarse con toda seriedad. 

Objeción #4: la disciplina es demasiado invasiva 

Una objeción final que puede plantearse es con respecto al asunto de la privacidad. La disciplina parece ir demasiado lejos porque “invade” la privacidad de las vidas de las personas y convierte el pecado, a menudo privado, en un espectáculo público. Disciplinar con precisión, algunos argumentarían, provocaría una humillación indebida sobre detalles que el público no debería conocer.

Esta objeción puede parecer correcta en una cultura que tan altamente valora la autonomía y la expresión individual, pero va en contra de la Biblia. La fe implica el final de la auto-entronización. En el corazón de la fe está la idea de someterse a la autoridad de otro. Específicamente, los creyentes están llamados a someterse a Dios y al gobierno de Su reino, la iglesia local y Su liderazgo [9]. La sumisión al reino de Cristo significa una sumisión al presente puesto de vanguardia terrenal de su reino, es decir, la iglesia. Al convertirnos en miembros de esta comunidad del reino del nuevo pacto, nos sometemos a la disciplina de la iglesia divinamente mediada. Como Mark Dever a menudo dice, si eres cristiano, tu vida espiritual es asunto de otras personas. 

En resumen, la disciplina de la iglesia no es un acto invasor y sin amor, perpetrado por personas malvadas. Como señala Dietrich Bonhoeffer: “Nada puede ser más cruel que la ternura que le confiere otro a su pecado. Nada puede ser más compasivo que la reprimenda severa que aleja a un hermano del camino del pecado” [10]. Como tal, la disciplina debe ser exigida en la iglesia y hecha con humildad, gentileza y cuidadosamente, siempre apuntando hacia el amor y siempre dirigiendo a alguien al arrepentimiento y a la vida en Cristo. 

 

Traducido por Samuel David Lasso Llanos 

Nota del editor: Este artículo es un extracto adaptado del nuevo libro de Jeremy Kimble, 40 Questions about Church Membership and Discipline (Traducción sugerida: 40 Preguntas sobre la Membresía y la disciplina de la Iglesia). 

 

[1] Esta tesis es defendida en el libro de Jeremy M. Kimble, That His Spirit May Be SavedChurch Discipline as a Means to Repentance and Perseverance (Traducción sugerida: Que Su Espíritu Sea Salvado: la Disciplina Eclesiástica Como Un Medio Para El Arrepentimiento y La Perseverancia) (Eugene: Wipf y Stock, 2013). 

[2] Mark E. Dever, Biblical Church Discipline (Traducción sugerida: Disciplina Bíblica Eclesiástica) SBJT 4, no. 4 (2000): 29.  

[3] Bruce Ware pone de manifiesto este punto y lo conecta con la disciplina de la iglesia: “Después de que Jesús dice lo que comúnmente se cita (‘no juzgues para que no seas juzgado’), él procede con instrucciones precisas sobre cómo hacer que un hermano descarriado rinda cuentas. Recuerde que él le advierte “saca primero la viga de tu ojo, y entonces verás con claridad para sacar la mota del ojo de tu hermano” (7:5). Lo que a menudo se pasa por alto en esto es que una vez que se elimina la viga, uno tiene la obligación de ayudar a eliminar la mota del ojo del hermano. En otras palabras, Jesús espera que seamos usados en la vida de otros para ayudarlos a avanzar en la santidad, así como también ellos pueden ser usados en nuestras vidas para ayudarnos a crecer. La disciplina de la iglesia es, esencialmente, la estructura formal que surge de una práctica saludable de responsabilidad corporativa.” (Bruce A. Ware, Perspectives on Church Discipline (Traducción sugerida: Perspectivas sobre la Disciplina de la Iglesia), SBJT 4, n.º 4 [2000]: 87). 

[4] Esta sección se deriva del libro de Jeremy Kimble That His Spirit May Be SavedChurch Discipline as a Means to Repentance and Perseverance (Traducción sugerida: Que Su Espíritu Sea Salvado: la Disciplina Eclesiástica Como Un Medio Para El Arrepentimiento y La Perseverancia) (Eugene: Wipf y Stock, 2013). 135–37. Utilizado con el permiso de Wipf and Stock Publishers (www.wipfandstock.com). 

[5] Lautherbach sostiene: “[Jesús] está construyendo su iglesia y se debe tener cuidado en ese proceso. Cuando la iglesia actúa de acuerdo con su voluntad, como se describe en su Palabra, entonces él está trabajando en sus acciones. Considérelo su mano trabajando a través del guante de la iglesia” (Mark Lauterbach, The Transforming CommunityThe Practise of the Gospel in Church Discipline (Traducción sugerida: La Comunidad Transformadora: La Práctica del Evangelio en la Disciplina Eclesiástica) [Ross-shire, Escocia: Christian Focus, 2003], 201). 

[6] Véase Wray, quien afirma: “La iglesia no es infalible por este texto, ni el santo Dios por ésto está comprometido a defender sus errores. Sin embargo, el único hecho que debe establecerse en este punto es simplemente que el Señor Jesucristo realmente tiene la intención de que su iglesia gobierne a sus miembros incluso hasta llegar a medidas disciplinarias cuando sea necesario “(Daniel E. Wray, Biblical Church Discipline (Traducción sugerida: Disciplina Bíblica Eclesiástica) [ Carlisle, PA: Banner of Truth, 1978], 3). 

[7] Véase Roy Knuteson, Calling the Church to Discipline: A Scriptural Guide for the Church that Dares to Discipline (Traducción sugerida: Llamando a la Iglesia a la Disciplina: Una Guía desde las Escrituras para la Iglesia que se Atreve a Disciplinar (Nashville: Thomas Nelson, 1977), 36–37. 

[8] Kevin J. Vanhoozer, The Drama of Doctrine: A Canonical-Linguistic Approach to Christian Doctrine (Traducción sugerida: El Drama de la Doctrina: Un Acercamiento Canónico-Lingüístico a la Doctrina Cristiana (Louisville: Westminster John Knox, 2005), 424. 

[9] Jonathan Leeman, Political ChurchThe Local Assembly as Embassy of Christ’s Rule, Studies in Christian Doctrine and Scripture (Traducción sugerida: Iglesia Política: La asamblea Local como Embajada de la Regla de Cristo, Estudios en Doctrina Cristiana y Escritura) (Downers Grove, IL: IVP Academic, 2016), 326–27.Véase también Oliver O’Donovan, The Desire of the NationsRediscovering the Roots of Political Theology (Traducción sugerida: El Deseo de las Naciones: Redescubriendo las Raíces de la Teología Política) (Cambridge: Prensa Universitaria de Cambridge 1999), 117. 

[10] Dietrich Bonhoeffer, Life Together (Traducción sugerida: Vida Juntos), trad. John W. Doberstein (Nueva York: Harper & Row, 1954), 107. 

Soldados de Jesucristo

Nuestra Historia

En sus inicios, este ministerio nació simplemente como fruto de una conversación de 5 amigos de distintos países que se conocían tan solo por Facebook. Colombia, República Dominicana, Venezuela y Argentina fueron los países representados en su fundación. Soldados de Jesucristo solo existía como una página en Facebook que compartía imágenes con frases de predicadores y versículos bíblicos. Con el tiempo fue creciendo más y más hasta poder tener un sitio web con artículos originales, entrevistas y miniconferencias en video con pastores de distintos países. Por la gracia de Dios, hoy tenemos más de un 1.7 millones de seguidores en Facebook, más miles en otras redes sociales y las más de 150 mil personas que visitan nuestro sitio web.

Atribuímos todo nuestro crecimiento a la voluntad de Dios que soberanamente así lo dispuso para su gloria. Los testimonios que hemos recibido a lo largo de los meses y años sobre cómo Dios estaba obrando en lugares remotos del mundo a través de Soldados de Jesucristo ha sido humillante y glorioso. Dios hace como Él quiere en su soberanía.

Hoy en día, Soldados de Jesucristo es un ministerio de las iglesias locales: Iglesia Bautista Central en Oklahoma City, Estados Unidos; y la Iglesia Bíblica de City Bell, en Argentina. Y contamos con un consejo de pastores de dichas iglesias que supervisan y velan por el ministerio. A su vez, gracias a Dios, contamos con un staff comprometido que ha dispuesto de su tiempo ad honorem para llevar adelante trabajos de diseño, edición, publicación, contenidos, etc. Agradecidos a Dios por tanta bondad.