El primer anuncio del evangelio

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

El primer anuncio del evangelio

R.C.Sproul

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Hemos estado estudiando juntos el drama de la redención, y ya hemos visto que el plan de Dios para la redención no fue una añadidura—no fue una respuesta o reacción—a la catástrofe del universo por la entrada del pecado, sino que el plan de Dios de redención está enraizado y basado por toda la eternidad.

Ahora, la ocasión por lo que la redención vino a ser necesaria para nosotros, por supuesto, es la Caída—la caída de la humanidad en pecado. Hemos visto un poco de esas circunstancias. Y hemos hablado acerca de la difícil y extremadamente espinosa pregunta acerca de cómo fuimos relacionados, de una manera real, a la prueba de Adán allá en el Jardín del Edén, y hemos explorado algunas de las teorías más populares para poder explicarlo. Pero después de haber hecho esa exploración, todavía nos quedamos con lo que los teólogos llaman “El Misterio de la Iniquidad”—esto es, cómo el pecado es transferido de una generación a otra y esto tiene un grado de misterio.

Y un misterio aún mayor es cómo una criatura que fue creada como inocente, recta y buena, termina en realidad inclinándose hacia el mal. Ese es quizás el problema difícil que tenemos en teología. Pero algo que no es un misterio y que es muy real es el pecado, y éste es universal.

Y es axiomático que para que la gente conceda y esté de acuerdo con que nadie es perfecto y que todos los seres humanos, al menos en algún grado, no alcanzan el estándar de perfección y rectitud que es ordenada por nuestro Creador.

Ahora vamos a dirigir nuestra atención de regreso a la narración de la Caída en el Génesis, no para revisar una vez más lo que pasó en términos del pecado, otra vez recordando que el concepto del pecado original no se refiere al primer pecado, sino que, en vez de eso, al resultado del primer pecado. Y hemos visto que el resultado del pecado de Adán es esta naturaleza caída y corrupta que todos poseemos.

Pero esa no fue la única consecuencia de la Caída. Vemos en el libro del Génesis que Dios responde a la intrusión del mal en el mundo al manifestar su juicio, y Él lo expresa contra el hombre, Él habla en contra de la mujer, y habla en contra de la serpiente. Veamos este juicio otra vez brevemente. En el capítulo tres del Génesis, en el verso 14, Adán y Eva confiesan que ellos han violado el mandamiento de Dios de no comer del árbol. Leemos en el verso 14, “Y Jehová Dios dijo a la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida. Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya…”

Aquí vemos el juicio de Dios sobre Satanás, quien asumió la forma de una serpiente y ejecutó el rol de la tentación en el Jardín del Edén. Así el primer juicio de Dios cae sobre la serpiente y dice que de ahora en adelante será una criatura que se arrastrará sobre su vientre; será una criatura deslizándose en el polvo. Pero más allá de la forma de la maldición, la afirmación más poderosa que tenemos y que es tan importante para nuestro entendimiento del drama de la redención es la afirmación de Génesis 3:15: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya…”. ¿Qué es la enemistad, sino odio, alejamiento, oposición y conflicto?

Cada vez que nos involucramos en una contienda, hablamos de las fuerzas opuestas como nuestros enemigos. Ahora el enemigo supremo de la raza humana desde el Jardín del Edén es la serpiente que representa la figura de Satanás, y Dios dice voy a infundir un espíritu de hostilidad entre esta mujer y tú, entre su simiente y la tuya. Ahora, esto lo podemos tomar de más de una manera. Afirmado de forma simple, Dios podría estar diciendo que habría enemistad entre Eva y Satanás, pero obviamente si incluimos toda la información bíblica sobre esto, que esa enemistad no está limitado a una mujer, sino que aun Eva se levanta como nuestro representante—que esta enemistad será transferida a la progenie de Adán y Eva, así como a los seguidores de Satanás.

Ahora, Él—es Dios quien dice que esta enemistad entre ti y la mujer, que también será entre tu simiente y la suya. Hay una pregunta acerca de la consecuencia plural o singular de la palabra “simiente”. Algunas veces usamos “simiente” en un sentido singular, aun cuando se refiere a las múltiples manifestaciones de la simiente.

La palabra “simiente” tiene la misma raíz para “semilla”. Cuando sembramos no tiramos semillas, sino que arrojamos “la semilla”. En cualquier caso, hay un vínculo entre la “simiente” o la “semilla” de la mujer y la “simiente” o “semilla” de la serpiente. Y recibimos lo que ya hemos mencionado brevemente al pasar—la primera promesa de redención en la Escritura, a la que se le denomina, “Proto Euangelión” viene de “Proto”—cuando decimos que algo es un prototipo, por ejemplo, nos suena familiar.

La palabra “proto” significa “primero en el orden, en una serie”. Y así, cuando llamamos a este texto en Génesis, el “proto-eungelión” estamos diciendo que tenemos en Génesis 3, el primer anuncio del evangelio, el primer anuncio de la promesa de redención. No es ciertamente el último anuncio o declaración de parte de Dios porque la Biblia realiza muchos anuncios del evangelio, pero este se levanta como el primero entre muchos.

Ahora, la palabra “euangelión” es una palabra que es tomada directamente del griego. Vemos que las primeras dos letras que pronuncio, “Eu”. Cuando pensamos en nuestro propio lenguaje, el español, tenemos algunas palabras que empiezan con ese prefijo “Eu”. Trata de pensar en algunas. Pienso en una declaración, por ejemplo, o un mensaje que es dado durante un funeral. ¿Cómo es que lo llamamos? Un “Eulogio” “E-U-L-O-G-I-O”.

Y si recordamos la información básica en el Nuevo Testamento, Cristo es llamado el “Logos” en el primer capítulo de Juan, y es traducida como “palabra o verbo”. Entonces la palabra griega para “palabra” es “logos”. Entonces un “eu-logos”—un “Eulogio” ¿Qué es? Es una buena palabra.

También tenemos la palabra “eufemismo”, de seguro la has oído. Vas a la consulta del dentista, te sientas en la silla, y el dentista toma ese pequeño taladro, nos mira y dice, “Esto te podría causar un poco de incomodidad”. Él no nos dice, “Esto te hará daño” o “Esto será doloroso”.

Por el contrario, él nos dice, “Esto será un poco incómodo”. A eso le llamamos “eufemismo” porque suavizamos la fuerza con alguna palabra que hace que suene mejor o pareciera una mejor descripción de eso. También tenemos otro término que no es tan conocido “eufonía”. ¿Qué es lo que significa? Un sonido placentero o agradable.

Ya estamos familiarizados con el prefijo E-U en español.  Viene directamente a nosotros del griego. Ya tenemos el “Eu” del “euangelión” y quizá hasta sean capaces de percibir la raíz de la palabra. Además, tenemos una palabra en español que viene directamente de ella, esa es la palabra “ángel”. Ahora, ¿Por qué los ángeles son llamados ángeles?

Bueno, en el Nuevo Testamento, el “angelós” o el “ángel” es uno cuya principal tarea en el reino de Dios es ser el portador del mensaje de Dios. Es el ángel Gabriel quien viene y anuncia el nacimiento de Juan el bautista a Zacarías. Es el ángel Gabriel quien visita a María y le anuncia el futuro nacimiento del Mesías.

Fueron ángeles que se pusieron a la entrada de la tumba en el día de la resurrección para anunciar a los discípulos la resurrección de Cristo. Entonces es típico en el rol de un ángel el ser un mensajero. Hablamos entonces del “euangelión” y no estamos hablando de un “buen ángel”, sino que hablamos de un “buen mensaje”. Y esa es la razón por la que, algunas veces, la palabra “evangelio” es traducida al español como “buenas nuevas”. De lo que estamos hablando aquí es llamado el “proto-euangelión”, esto es, el primer anuncio de las Buenas Nuevas, o del evangelio.

Esto se encuentra en Génesis 3 donde se maldice a la serpiente y Dios dice, “Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y la suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”. Aquí el punto no es hacia todos los descendientes de Adán y Eva, sino hacia una persona específica, una manifestación específica de la simiente de Adán, una persona humana en particular que participará en algún tipo de conflicto de lucha a muerte con la serpiente.

Y, por supuesto, los escritores del Nuevo Testamento observan esto como mirando hacia un futuro distante, el gran conflicto que emerge cuando Cristo entra en este mundo, se encarna y es hostigado, embestido atacado por Satanás durante todo su ministerio.

Algunas veces pensamos que la exposición de Jesús a las fuerzas del infierno estuvo limitada al período de 40 días de tentación en el desierto. Recordamos que inmediatamente después de su bautismo, el Espíritu Santo llevó a Jesús al desierto donde fue tentado por 40 días por el maligno.

Y el maligno lanzó todo lo que le pudo tirar a Jesús, tratando de duplicar su proeza de seducir a Jesús tal como lo hizo, de hecho, con Adán y Eva. Pero este nuevo Adán, este nuevo representante nuestro, no se sujetó o falló en la prueba, sino que, por el contrario, triunfó sobre todas las astucias y engaños con las que Satanás trató de seducirlo.

Y él salió triunfante de los 40 días de prueba. Algunas veces tenemos la tendencia a pensar, “Bueno, uf, Jesús pudo pasar la prueba. Satanás es derrotado. Satanás huyó con el rabo entre las piernas, y esa es la última vez que Jesús tuvo que preocuparse de Satanás”.

Por el contrario, cuando el Nuevo Testamento nos dice que la prueba de los 40 días terminó, leemos, casi como un pie de página que, “se apartó de él…” ¿qué? “… por un tiempo…” Aquí hay un tipo de presagio literario. Hay una nota ominosa asociada, no está allí, que Satanás está yéndose, pero no para siempre. Es por un tiempo. Él regresará. No ha renunciado en su asalto a Jesús. Jesús estaba muy consciente que ese asalto continuaría. Recordamos la maravillosa ocasión de la gran confesión de Pedro en Cesarea de Filipo, donde Jesús les preguntó a sus discípulos, “¿quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre?”.

Y Pedro termina dando la respuesta, “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”. Y Jesús reconoce que Él es, pero luego inmediatamente dice—primero le dice a Pedro, “…que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia”.  Le da un nuevo nombre, llamándole la roca, y luego en los siguientes breves momentos, Jesús le explica a Pedro y al resto de los discípulos que su misión requiere que Él vaya a Jerusalén a sufrir y a morir.

¿Cómo reacciona Pedro, la roca, a eso? La roca dice, “¡Nunca!” Nosotros no lo vamos a permitir, Jesús. Tú eres el Mesías. No puedes ir a Jerusalén a sufrir y morir. Y así Pedro se opone al anuncio de Jesús de que está yendo a la cruz. Y con tal oposición, reprende a Jesús por aún tener tales pensamientos.

¿Qué es lo que Jesús le dice a Pedro? “Discúlpame Pedro. Supongo que me dejé llevar por mi misión. Realmente no necesito ir a Jerusalén. ¿Por qué no haces unas reservas para volver a Capernaúm y nos vamos mejor para allá? No, no. Jesús le dice a Simón Pedro, “¡Quítate de delante de mí, Satanás!”

El hombre que solo hace poco tiempo había sido nombrado como la roca, ahora se le llama Satanás. ¿Por qué es que hizo esto? Porque él ve que esa sutil y astuta seducción viene en última instancia de Satanás. Pero Satanás está usando a Pedro para tratar de imponerle una nueva tentación, para desanimar a Jesús de su misión. Y también me acuerdo de Lutero. Cuando lees la vida de Martín Lutero, la gente en estos días tiende a maravillarse con la sensibilidad que Martín Lutero tenía con la presencia de Satanás.

Sus escritos y sus memorias están llenas de alusiones a un conflicto personal con Satanás, y cuando él tenía esas tremendas luchas, a veces, Lutero se refería en alemán a esos ataques de Satanás como el “anfechtung” de Satanás. La palabra alemana “anfechtung” es más que un término—significa más que simplemente “ataque” o “conflicto”.

El “anfechtung” de Satanás del que Lutero hablaba era un asalto implacable y profundo, una lucha constante, una batalla continua. Y la razón no es sorprendente. Ya que Lutero había consagrado toda su vida a la lucha por la defensa del evangelio. Y tan pronto como Lutero hizo eso, tuvo que lidiar con las fuerzas del infierno que odian el evangelio.

El evangelio de Satanás y sus subalternos no son buenas nuevas, son malas noticias—son las peores de las noticias. Y aquí, en su forma inicial, leemos esto en el verso—Génesis 3:15, donde la enemistad entre “tu simiente y su simiente…” llega hasta el punto de decir, “…ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”.

Recuerden que Dios está hablando a la serpiente, y Él está diciéndole, “estás muy entusiasmada con lo que has sido capaz de lograr con esta mujer, con Eva y con Adán. Pero el día viene cuando la simiente de esta mujer va a aplastar tu cabeza”. Y la imagen que viene a nosotros con este texto es, ¿qué? Ves esa serpiente en la tierra que es venenosa, que es ofensiva—malvada—que puede causar toda clase de daño.

¿Cómo es que esa serpiente, que se arrastra sobre su vientre, va a ser destruida? La imagen no es de alguien que viene con una vara y la golpea en la cabeza hasta que muere, o que queda presa en un tipo de trampa o red, sino que, por el contrario, la imagen es de alguien que viene con su pie desnudo y pisa fuerte la cabeza de la serpiente hasta el punto de aplastarle la cabeza.

Eso es doloroso, es violento, es dañino para aquel que va a aplastar la cabeza de la serpiente. Y vemos esto en esta metáfora simple en Génesis—una alusión a la futura actividad de redención que apunta a la cruz, donde Cristo en esa cruz aplasta el poder de Satanás.

Él hiere su cabeza en la cruz, pero para poder hacer esa obra de destrucción, Él paga con su propia sangre. Paga con su propia vida. Él mismo es el siervo del Señor que sufre seriamente las heridas en su propio cuerpo mientras cumple la promesa de conquista. Ahora, el resto del texto del Génesis habla acerca de las maldiciones que le son dadas a la mujer—el dolor extra en el parto—y la maldición que es puesta en el hombre—no que sea llamado a trabajar por primera vez, sino que ahora su trabajo será llevado a cabo con gran dificultad.

La tierra que cultiva estará llena de espinas, cardos y zarzas. La tierra resistirá sus esfuerzos por producir una cosecha excelente, y todo eso prepara el escenario para el despliegue completo del futuro de la redención. Una contienda es dolorosa. No hay nada glorioso, realmente, con una guerra; aunque una contienda usualmente viene a ser la ocasión para manifestar actos audaces—actos osados, de valentía, de auto-sacrificio—donde la gente que va a la guerra, cuando pensamos en los soldados que regresan victoriosos de una batalla, a menudo los imaginamos como que regresan heridos.

Los norteamericanos recordamos una imagen que es parte de la herencia nacional llamada el “Espíritu del 76”. Allí vemos la flauta y los tambores, viendo a los soldados revolucionarios marchando, llevando la bandera. Pero ellos tienen vendajes en sus cuerpos que indican que, aunque la victoria ha sido ganada, ésta fue costosa.

Y deja que esta imagen, donde sea que la veas, te recuerde de la primera promesa del Evangelio—la promesa de que la cabeza de la serpiente será aplastada, pero no sin pagar un precio.  Y considera que el precio que ha sido pagado por esa victoria, que no es una victoria nacional. Se trata de una victoria cósmica. Es la victoria más importante de la que jamás has oído.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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3/3 – El amor de Dios por ti

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Abrazando a Dios como Padre

3/3 – El amor de Dios por ti

Nancy Leigh DeMoss

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-amor-de-dios-por-ti/

Leslie Basham: Aquí está Mary Kassian.

Mary Kassian: Nuestro Padre Celestial no se da por vencido con nosotras. Él viene y nos busca cuando nadie más lo hace, cuando todo el mundo se ha dado por vencido.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Tu padre puede o no haber sido el mejor padre del mundo, pero Dios promete una bendición para nosotras cuando honramos a nuestro padre y a nuestra madre.

Hemos venido escuchando el mensaje de Mary Kassian relacionado con Dios como nuestro Padre Celestial. Regresaremos con ese importante mensaje en un momento, pero primero, le preguntaremos a Mary qué es lo que más aprecia de su padre terrenal. Creo que su respuesta es un ejemplo de la clase de honor que es posible que desees mostrarle a tu padre.

Mary: Cuando pienso en mi padre, pienso en sus manos. Mi padre tiene las manos enormes, enormes. Él era carpintero, y luego empezó a trabajar en la construcción como superintendente—un trabajador muy fuerte.

Pero esas manos. . . esas manos podían hacer cualquier cosa. Podían arreglar cualquier cosa que se hubiera roto, y si algo estaba doblado él podía enderezarlo con sus manos. Todavía  recuerdo estar sentada en el banco de trabajo de mi padre, y hasta hoy, cuando huelo el olor a madera recién cortada, acabo  respirando y diciendo: «Ese es el olor de mi padre»—ese olor de la construcción, de la edificación y la fabricación de algo.

A pesar de ser una adulta, siempre que nos quedábamos atrapados. . . Siempre que  había algo que Brent y yo no podíamos reparar en nuestra casa, llamábamos por teléfono a mi papá y mi papá venía en un instante y lo arreglaba.

Él podía arreglar cualquier cosa, podía componer lo que estuviera descompuesto o que no funcionara, no importando lo que fuera—electricidad, plomería—mi padre podía hacerlo. Me encanta eso, porque  realmente me enseñó mucho sobre el corazón de Dios Padre.

Realmente me demostró cómo es Dios, no solo en el plano físico, sino también en el ámbito espiritual. Mi papá era muy parecido, si algo se había roto y se lo llevaba a él, se podía arreglar, y si algo estaba doblado, el me ayudaría a enderezarlo.

Cuando pienso en mi papá y su constancia, es como  un fundamento de roca sólida, es como un ancla. El barco no va ser arrastrado  muy lejos a la deriva cuando papá está ahí, porque él es el ancla, y eso es solo una imagen del corazón de padre que tiene Dios: Su cuidado y sacrificio, Su amor por Su familia, Su fidelidad, Su constancia.

Dios está siempre trabajando para ti. Dios siempre tiene un corazón así para ti y es tan, tan digno de confianza. Así que le agradezco a mi papá eso, y cuando pienso en las manos de Dios y cómo deben ser, pienso en las manos de mi padre.

Yo pienso: «Papá, hiciste muy bien, me guiaste al trono de Dios, y me mostraste todas las buenas cosas de cómo luce el corazón de un padre, y de cómo Dios nuestro Padre luce.»

Leslie: Mary Kassian ha expresado su agradecimiento por su padre. Espero que sigan ese ejemplo. Dedica algún tiempo a dar gracias a Dios por tu padre terrenal, y si tu padre aún vive, exprésale tu profundo agradecimiento.

Durante los últimos días, hemos estado escuchando un mensaje de Mary. Aquí esta Nancy para introducirnos al siguiente segmento del mensaje.

Nancy: «¡Mirad cuán gran amor nos ha otorgado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; y eso somos.» Ese versículo increíble nos viene de 1 Juan 3:1.

Hemos estado escuchando esta semana a un mensaje de Mary Kassian. Yo no sé tú, pero me he encontrado este mensaje tan alentador, ya que se nos ha recordado que Dios quiere relacionarse con nosotras como Padre. Ahora aquí está Mary con la parte final del mensaje.

Mary: Yo vivo en la ciudad de Edmonton, Alberta, Canadá. Si  piensas en el oeste de Estados Unidos—Montana—y  vas hacia el norte, ahí es donde vivo. Cuando me fui, todavía había unos dos pies y medio de  nieve.

Edmonton es una ciudad hermosa. Se tiene el sistema más largo de avenidas en América del Norte. Puedes montarte en una bicicleta y pasear por millas, y millas y millas, y a menudo, de hecho, lo hacemos como  familia; montamos  juntos bicicleta.

Hay un río que corre a través de Edmonton, un río enorme, y en este río corren una serie de pequeños riachuelos, arroyos y afluentes, por toda la ciudad. De hecho, me crié justo al otro lado de la calle de uno de estos arroyos. Lo que pasa con el hielo y los lugares fríos es que se aprende a vivir en el frío, y se aprende a entender el hielo.

Ahora, estoy segura que ninguna de  ustedes tiene la menor idea de lo que estoy hablando, así que voy a darles una «lección de hielo». Nuestro río se congela en el invierno, a una profundidad de unos cuatro o cinco pies, a veces en algunos lugares hasta tres metros de profundidad. Los arroyos también se congelarán, y todos nos ponemos nuestros patines y vamos a patinar en el invierno.

Pero lo que pasa es que el hielo se congela de arriba hacia abajo, por lo que es una superficie que se forma en la parte superior primero, luego se hace más y más profunda, y luego se derrite desde abajo hacia arriba. Así que no se sabe qué tan grueso es el hielo en realidad solo mirando la superficie.

Esto es muy peligroso. Los padres siempre advierten a sus hijos durante el verano, justo en esta época del año, «Ya no  puedes ir a patinar sobre el hielo porque  que podrías caer.»  Podría ser de cuatro metros de espesor, o  de dos pulgadas de espesor.

Varios años atrás, en la misma zona en la que crecí, había tres chicos que iban a jugar en el barranco, Hosiah, Marcos, y el hermano pequeño de Marcos; dos muchachos de once años de edad y un niño de seis años.

Y, horror de los horrores, el hielo se agrietó. Habían sido advertidos de no ir allí, pero se fueron a jugar de todos modos. Y uno de los niños de once años de edad, y el niño de seis años se cayeron y empezaron a ser llevados por la corriente.

El chico, Marcos, logró extender la mano y tirar de su hermano de seis años de edad, pero Hosiah desapareció y cayó bajo el hielo hacia el río. Los otros dos chicos estaban tan aterrorizados que corrieron a su casa y no dijeron ni una palabra.

Así que la madre Hosiah esperó y esperó, y Hosiah no regresó a casa para la cena. Ella llamó a su padre por teléfono—se habían divorciado—y trató de averiguar si Hosiah estaba allí, y él no estaba. Entonces llamaron a la policía, pero no hubo pánico inmediato porque Hosiah se había escapado de la casa anteriormente.

A la mañana siguiente la búsqueda se tornó más seria.  Fueron a la escuela y comenzaron a cuestionar a sus compañeros de clase. Para ese momento, su amigo Marcos se quebró y contó toda la historia. Se dirigieron entonces hacia la corriente y empezaron a buscar, pero en realidad todos sus esfuerzos fueron inútiles.

Abrieron un agujero a través del hielo y buscaron con espejos, pero hay como dos millas de arroyo entre el lugar donde se había caído en el río. Así que la policía después de un día de búsqueda, dijo: «Saben que… no podemos buscar más. Esto es inútil. Su cuerpo será arrastrado a la rivera del río en tres semanas ]—más o menos—cuando el hielo se derrita, y entonces lo encontraremos. »

Pero eso no fue  suficiente  para el padre de Hosiah. El padre de Hosiah se fue y alquiló el equipo necesario para poder encontrarlo. Consiguió una barrena, espejos y se dirigió a la orilla del río y empezó a buscar a su hijo.

Buscó, buscó y buscó. Él no se rendiría. Llegó la noche—no se rendiría. ¿Sabes lo que es trabajar con alimentos congelados? Tus manos se hacen ásperas y frías. Pero él no se rindió, y esto despertó la compasión de una ciudad entera.

Allí hubo voluntarios que vinieron y empezaron a ayudarle en su búsqueda. Pasaron días tras días. El padre de  Hosiah no dejaba de buscar hasta que el octavo día vieron una chaqueta  y descubrieron el cuerpo del niño. Nunca supo lo mucho que su padre lo amaba. . .  nunca lo supo.

¿No ocurre lo mismo con nosotros? Muy a menudo vamos donde no debemos ir, jugamos donde no se supone que juguemos. Caemos en el hielo, y de repente nos encontramos en aguas peligrosas, incluso hasta el punto en que somos barridos y arrastrados por la corriente. . . incluso hasta el punto de sentir que no hay más vida.

Nuestro Padre Celestial, nuestro perfecto Padre Celestial, incluso más que el padre de Hosiah, no se da por vencido con nosotros. Él viene y nos busca cuando todos los demás nos han abandonado, cuando todo el mundo ha perdido la esperanza desde hace mucho tiempo.

Él rasga hasta que sus manos hayan sangrado, y en cierto sentido lo hicieron, ¿o no?, a través de Su propio hijo, Cristo? Él rasga hasta encontrarnos, y luego, cuando Él nos encuentra, Él nos toma y nos envuelve y nos abraza. Pero, a diferencia de Hosiah, Él se inclina y da nueva vida a nuestro espíritu y Él nos dice: «Te amo. No huyas de mí.»

Ese es el mensaje del Evangelio y el mensaje de esperanza que tenemos que estar llevando a una generación de mujeres que están quebrantadas. Ellas han roto sus relaciones con sus maridos, han sido decepcionadas por los hombres en sus vidas, sus padres las han abandonado.

Pero este es mensaje de la vida, es un mensaje de esperanza, y es un mensaje que ellas desesperadamente, desesperadamente necesitan oír. Creo incluso a veces podemos ser insensibles, frías y congeladas en nuestro espíritu.

Una vez se me congelaron los pies. En realidad se puede tomar una pesa y colocarla en los pies cuando están congelados y no sentir nada. Muchas de nosotras en la iglesia somos así. Estamos adormecidas, moribundas y frías al amor del Padre. Él quiere volver a infundir aliento de vida a nuestras relaciones, en nuestros corazones, para que podamos ser sal, vida y esperanza, para que podamos decir a las mujeres: «Ven conmigo. . . Quiero que conozcas a mi papá»

Padre Celestial, estoy orando por tus hijas aquí presentes. Sé que muchas de ellas han tenido problemas en sus relaciones con sus padres terrenales. Sé que hay mujeres aquí que no se siente amadas, que no se sienten dignas, que no se sienten merecedoras, que sienten que tal vez que Tú  amas a todas los demás y no a ellas.

Señor, hay mujeres aquí a quienes  estás atrayendo cerca de Tu corazón, y quieres que sean capaces de perdonar a sus propios padres terrenales, para que puedan disfrutar de una relación más profunda contigo. Espíritu Santo, estoy orando para que Tú vengas y nos des la convicción a cada una de nosotras para que hagamos lo que debemos hacer para acercarnos más a ti. En el nombre de Jesús, amén.

Nancy: Esta es Mary Kassian recordándonos que el mensaje del Evangelio es un mensaje de esperanza, una esperanza que nosotros necesitamos llevar al mundo de hoy, un mensaje que dice: «Ven conmigo a la casa de mi Padre.»

Cuando Mary habló acerca de convertirse en insensibles y frías al amor de nuestro Padre Celestial, puede haber cruzado por tu mente el pensamiento: «No sé si alguna vez he conocido el amor de mi Padre Celestial.”

Hoy puedo decir que Dios quiere ser tu Padre Celestial, pero contrario a lo que algunos puedan decir hoy, Dios no es el Padre de todos. Las Escrituras nos dicen que nadie viene a la casa del Padre excepto a través de Jesucristo. Como hemos venido escuchando durante toda la semana, es por eso que Dios envió a Su Hijo, Jesús, para mostrarnos el corazón del Padre, y para proporcionar un camino a través del cual podamos llegar al Padre.

Así que si tu nunca has entrado en una relación personal con Dios a través de Su Hijo Jesucristo, te  animo, estés donde estés, hagas lo que hagas en este momento, a hacer una pausa y decir: «Oh, Dios, yo quiero que Tú seas mi Padre Celestial. Confío en Jesucristo como mi Salvador. Quiero que vengas a mi vida para salvarme, para cambiarme, y para hacerme Tu hija.»

Puedes haber tenido una relación con Dios como tu Padre Celestial tal vez por años; pero a lo mejor te has dado cuenta ahora que has escuchado el mensaje de Mary hoy, que tu corazón se ha vuelto insensible y frío al amor de tu Padre Celestial.

No es demasiado tarde para regresar a Él. Tal vez  necesites hacer lo que he tenido que hacer de vez en cuando a través de los años, decir: «Oh, Señor, me he alejado tanto de Ti. He vagado  sobre el hielo. Me he deslizado, me he caído y descarriado. Necesito que vengas y me restaures. Necesito que vengas e infundas nueva vida espiritual dentro de mí.»

A medida que le pidas eso, comienzan a entrar en Su Palabra. Tú encontrarás que tu vida espiritual comienza a revivir. Será resucitada.

A continuación, solo un último recordatorio que me quedó del mensaje de Mary, y es la importancia que damos a este mensaje para llevarlo a aquellos que no tienen una relación con Dios como su Padre. Esa es una de las razones por la que Dios nos ha dejado aquí en esta tierra. . . no solo para que podamos disfrutar de nuestra propia relación con Dios como nuestro Padre, sino también para que podamos llegar a los demás, tomarlos de la mano y decir: «Ven conmigo, te presento a tu Padre Celestial.»

Leslie: Hemos estado escuchando el mensaje de Mary Kassian acerca de aceptar a Dios como Padre. Si te has perdido alguno, visita www.AvivaNuestroCorazones.com. En la página web puedes escuchar el audio, o leer la transcripción.

Queremos expresar nuestro agradecimiento a Dios por los hermosos testimonios que recibimos diariamente y que nos animan al ver cómo Dios está usando este programa para animar a tantas mujeres alrededor del mundo.

Una radioescucha nos escribió para relatarnos cómo ella imprime las transcripciones para hacer estudios personales que luego comparte con otras en un grupo.

Cuán agradecidas nos sentimos por la forma como Dios usa las verdades de Su Palabra para traer aliento, esperanza y gracia a las vidas de personas que lo necesitan. Cada oyente tiene una historia particular y los programas contribuyen a fortalecerles y ministrarles en las diversas situaciones.

Aviva Nuestros Corazones ha sido de bendición, y muchos se han mantenido fieles durante años. Este ministerio se hace una realidad debido a la fidelidad de muchos oyentes que contribuyen mensualmente para ayudarnos a distribuir los mensajes internacionalmente.

Te animamos a contribuir financieramente con nuestro ministerio. Puedes hacerlo por internet visitando www.AvivaNuestrosCorazones.com  o llamando al 1-800-569-5959, desde EE.UU. y Canadá. Tu participación con este ministerio es muy valiosa para nosotros. Puedes ser una de nuestras colaboradoras regulares, cooperando con una cantidad fija cada mes o puedes simplemente dar una ofrenda.

Pero más que nada necesitamos de tus oraciones. ¿Te comprometerías a orar por nuestro ministerio? Si estos mensajes han sido de bendición para tu vida, ¿por qué no los compartes con otras de tus amigas? Ayúdanos a contribuir a discipular a otras mujeres con este mensaje, ayudándoles a formar la imagen de Cristo, y conviértete en una de nuestras embajadoras. ¡Contamos contigo!

Nancy: En las últimas décadas, las mujeres han sido motivadas a “hacer las cosas a su manera” y muchas se han dejado engañar por las promesas vacías del feminismo. Este movimiento de Mujer Verdadera busca recapturar el diseño original de la mujer tal y como fue ideado por Su creador.

Estamos agradecidos a Dios porque recientemente estamos siendo testigos de un gran anhelo por parte de muchas mujeres alrededor del mundo de ser parte de este movimiento, de volver a las sendas antiguas y abrazar este hermoso diseño. Muchas mujeres han vuelto a sus hogares con la convicción y el deseo de hacer las cosas “a la manera de Dios”; para buscar la definición de lo que significa ser una “mujer verdadera” en la Palabra de Dios. Estas mujeres, por la gracia de Dios, anhelan vivir vidas centradas en Dios, anhelan confiar en Él y decirle “Sí, Señor”.

¿Quieres tú ser parte de este movimiento? Deja que tu mente y tu corazón se empapen de la Palabra de Dios y descubre Su voluntad para tu  vida.

Leslie:   Gracias, Nancy.

¿Qué ideas tomaste del mensaje de hoy de Mary Kassian? ¿Quieres compartir tus pensamientos en www.AvivaNuestrosCorazones.com? Haz clic en el programa de hoy y participa en la conversación entre los oyentes.  Puedes hacer preguntas, dejar comentarios, y leer las interacciones de nuestros oyentes.

¿Qué se requiere para vivir vidas transparentes delante de Dios y delante de los hombres? ¿Sientes tú la libertad para ser verdaderamente genuina? ¿Sientes la libertad para vivir sin máscaras? Acompaña a Nancy en la próxima serie de Aviva Nuestros Corazones, titulada Libre para ser genuina, a partir de nuestra próxima entrega.

Por favor,  regresa de nuevo  a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

El Padre que Siempre Soñé
Abel Zavala
Listo Para Nuestro Encuentro ℗ 2009 Vástago Producciones

Manos de Servidor
Padre César
Me Llamaste y Aquí Estoy – Canciones Vocacionales ℗ 2009 Padre César

Mi Vida Es Cristo (en vivo)
Sovereign Grace Music & La IBI
El Dios Que Adoramos ℗ 2013 Sovereign Grace Music

Voz de Mary Kassian por Elaine Moscoso.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

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Derechos Reservados. Aviva Nuestros Corazones. Escrito por Nancy Leigh DeMoss. Usado con permiso. www.AvivaNuestrosCorazones.com.

Adán, nuestro representante

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

Adán, nuestro representante

R.C.Sproul

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Continuamos con el drama de la redención. Ya hemos visto que la redención es algo necesario debido a la caída de la raza humana en el pecado. Mencioné que son solo los dos primeros capítulos de las Escrituras los que están dedicados al registro del acto creador de Dios, y luego el resto de la Biblia es un drama en desarrollo acerca de cómo Dios rescata o redime a esa creación y humanidad caída.

Pero, con lo que estamos lidiando ahora es con la pregunta que se planteó con tanta severidad en la controversia Pelagiana con San Agustín a inicios de la historia de la iglesia: el tema del pecado original. ¿Tenemos una naturaleza pecaminosa con la que nacemos o todos nacemos en un estado de neutralidad moral y de inocencia?

Recuerdo una ocasión en la que se le pidió al Dr Gerstner, mi profesor y mentor, predicar en una iglesia rural como expositor invitado un domingo en la mañana. Cuando llegó al lugar, antes del servicio, los ancianos se le acercaron y le dijeron: “Oh, Dr Gerstner, olvidamos decirle que esta mañana tenemos bautismo de niños y nos preguntábamos si podría realizar la ceremonia como parte de su intervención en esta visita. Y él dijo: “Me encantaría hacer eso”. Y dijeron: “Bueno, en ese caso, tenemos una costumbre en nuestra iglesia que realizamos con el bautismo”. Y Gerstner dijo: “¿Cuál es? Le dijeron: “Bueno, colocamos una rosa blanca en cada niño antes de ser bautizado, ¿le colocaría usted esa rosa al niño antes de su bautizo? El Dr. Gerstner dijo: “Y díganme, ¿qué significa la rosa? Le dijeron: “Bueno, la rosa blanca simboliza la inocencia del niño que está siendo llevado al bautizo.  Y el Dr. Gerstner dijo: “Ya veo, o sea ¿tendría que ponerles esa rosa blanca y luego tendría que bautizarlos?” Y ellos le contestaron: “sí, así es”. “Y, ¿Se supone que usaré agua para el bautismo?”, preguntó. Le dijeron, “Sí, por supuesto”. Luego les preguntó, “¿Cuál es el significado del agua?” Los ancianos dijeron, “Bueno, significa el lavamiento, la limpieza”. Y Gerstner replicó, “¿El lavamiento de qué?”.  Dijeron, “El lavamiento del pecado”. Y Gerstner solo sonrió. “¿Qué es lo que me dijeron que representaba la rosa?” Y de repente, los ancianos tragaron saliva, y él les dijo: “Creo que ahora tenemos un problema”.

Ustedes habrán notado que la suposición de esa pequeña iglesia era que los bebés, por supuesto, son inocentes. Ellos son inocentes en el sentido de que no todavía no han desarrollado un sentido moral y una capacidad moral para cometer lo que llamamos “pecado como tal”, pero la pregunta es, ¿Han nacido en un estado corrupto—en un estado de corrupción moral, en un estado de pecado?

Y creo que la Escritura enseña de forma uniforme que la respuesta es sí. Pero, una vez más, enfrentamos un problema. ¿Cómo puede ser? Solo porque Adán y Eva pecaron, ¿Cómo puede ser que todo el resto de la humanidad que viene desde los primeros padres esté infectada por esta naturaleza de pecado? ¿Cómo Dios puede transferir la culpa, o la naturaleza de pecado, de una persona a otra? Eso no parece justo.

Por eso en nuestra última sesión estuvimos viendo una de las maneras populares que tratan de explicar esta dificultad. Se trata de la teoría llamada Realismo, que dice, en resumen, que la única forma que sería justo para Dios el causar que yo nazca en una situación corrupta sería si, de alguna manera, he estado realmente allí con Adán y Eva.

Que quizás mi alma existió antes que mi cuerpo, y en la presencia de mi alma yo participé, y todos los demás participamos, en la caída en el Jardín del Edén. Esa fue la teoría que consideramos. Ahora, otra teoría que es muy frecuente en nuestros días es aquella en donde toda la historia es, al final, un mito y que no hay tal cosa como la Caída en la historia—es una parábola que nos representa a todos—y que todos pasamos por nuestra caída personal; y esto significa que nacimos justos.

Una vez más, esta es una re-ocurrencia del pelagianismo. Es solo una repetición moderna de la idea de que no fue la Caída, y que si hubo una caída, ésta solo afectó a Adán y no a nosotros. Pero para sustentar tal enseñanza, uno tiene que sacrificar la enseñanza bíblica.  En el corazón de esta dificultad existe una protesta enérgica de nuestros corazones en contra de la idea de la imputación de culpa de una persona a otra.

Dicen, “¡Eso no es justo!” Y cuando escucho esa objeción contra el pecado original, la escucho desde dos fuentes o perspectivas.  La escucho de gente que no ha hecho ninguna profesión cristiana. No tienen idea del cristianismo, y están argumentando en contra de la fe cristiana desde una posición secular, y ese es uno de los temas que ellos traen como argumento. Y tengo que responderles de acuerdo a esa realidad.

Pero lo más asombroso es, cuán a menudo escucho esta objeción de gente que profesa ser cristiana y ese es un problema completamente diferente, ¿no es cierto? Y les digo a esas personas, “ustedes son cristianos, ¿verdad?” Y ellos dicen, “¡Claro!”.

Pero ustedes están levantando una objeción de principio contra la imputación de la culpa de una persona a otra. Y ellos dicen, “Cierto, ¡eso no es correcto!” Y les digo, “Bueno, ustedes son cristianos. ¿Qué es lo que Cristo hizo por ustedes?”

Y ellos dicen, “Bueno, él murió en la cruz por mis pecados”. “Bueno, ¿Cómo lo hizo a menos que Dios transfiriera tu culpa, o imputara tu culpa en Él?”. “Oh sí, Él lo hizo. Está bien”, dicen ellos. “Si Dios imputa la culpa de una persona a otra en aras de la redención, pero no está bien…”

Entonces, tienes que ser cuidadoso al levantar tales objeciones ya tu argumento podría ser demasiado y puede destruir toda la fe cristiana, porque todo el drama cristiano de redención está basado en la imputación. Está basado en el principio de la transferencia de culpa de una persona a otra. Pero esto no alivia por completo este problema de tener la culpa de una persona (un pecador que peca) transferida a mí, siendo que no estuve allí.

Y así, la segunda explicación más popular del pecado original, aparte del realismo que ya examinamos, es una teoría—o un punto de vista o doctrina—que se denomina Federalismo. Ahora, la idea de “federación” tiene que ver con alguna clase de agrupación o poner juntos grupos o individuos en toda una mezcla. Tenemos la Federación Americana de Trabajadores Eléctricos, y tenemos sindicatos que usan siempre ese término “federación”.

Aun nuestro concepto estadounidense de gobierno está dividido entre gobierno local y estatal al que llamamos–¿Cómo? —Gobierno federal, que incluye una federación de cincuenta estados individuales unidos entre sí para crear una nueva entidad.

E Pluribus Unum (de muchos, uno). Es una federación, y tenemos alguien que se levanta como el Director Ejecutivo de toda la federación, el Presidente de los Estados Unidos, alguien que puede hablar en ciertos foros internacionales en nombre de toda la nación. Él es investido con esa clase de poder.

Ahora, el federalismo es llamado así porque trae la idea de que cuando Adán fue creado—y su nombre significa “humanidad”—que Dios lo creó no solo para actuar y funcionar como un individuo singular, sino que Dios lo seleccionó para que represente a toda la raza humana—que era la cabeza de la humanidad—y, en consecuencia, sus actos fueron hechos, no solo para sí mismo, sino para él y para todos a los que representaba, así como cuando Cristo vivió una vida de perfecta rectitud, no solo vivió para sí mismo, sino que la vivió para y en nombre de todos a los que representaba.

Esa es la razón por la que este paralelo entre Adán y Cristo es tan popular en el apóstol Pablo. Él habla de eso a los Corintios. Habla de eso a los Romanos. “Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos” (Ro. 5:19). Como ven, él habla acerca de la representación negativa del primer Adán y la representación positiva de Cristo, quién es el segundo Adán, o el nuevo Adán.

Pero la idea de representación se levanta de forma bastante clara. Entonces, esta teoría dice que Adán actuó como nuestra cabeza federal, o como nuestro representante en el Jardín del Edén. Ahora, hay personas que gritan con ira, “¡Sin representación no habrá salvación!” Así como escuchamos a los que protestan en las huelgas gritando, “¡Sin solución, la huelga continúa!”

Ellos han presentado sus demandas y no querrán pactar hasta que no se les escuche. De eso trata muchas de las protestas cuando reclaman por aquello que consideran que deben tener. Ahora, no hay mayor carga que la culpa delante de un Dios santo por tu pecado, y ese es un terrible peso al tener la culpa de Adán sobre tus hombros, más aún si uno no tiene una representación adecuada. Ahora, todo este asunto de la representación ha llegado a ser un poco difícil.

En Estados Unidos tenemos una Cámara de Representantes, y son llamados así porque esas personas han sido elegidas por nosotros con el propósito de representarnos. Ahora, y ésta es una respuesta directa a la protesta colonial en contra del Rey Jorge que quería imponer impuestos sin permitir que los colonos estuvieran representados. Supongan que el Rey Jorge le dijera a los colonos del siglo XVIII, “¿Quieren representante en el programa de pago de impuestos? Me aseguraré que lo tengan. Voy a nombrar a mi hermano para que los represente”.

No les gustaría eso, ¿cierto? Entonces ustedes dirían, “Espera un minuto. Ese hermano te representaría más a ti que a nosotros. No queremos esa clase de representante”. ¿Qué queremos de nuestros representantes? Queremos representantes que de forma certera y verdadera nos representen. Esa es la razón por la que sostenemos, casi de forma sagrada, el derecho al voto.

No quiero que tú me escojas un representante. Quiero ser capaz de escoger mi propio representante. ¿Por qué debo ser capaz de escoger mi propio representante? Porque quiero ser capaz de hacer todo lo que pueda para estar seguro que tal persona, que me representa, realmente me representa de forma certera y consistente.

Ahora, el problema en la forma de gobierno de un representante humano, en nuestro sistema, es que nuestros representantes no siempre votan de la manera que quisiéramos que voten y no siempre actúan de la manera que quisiéramos que actúen.

Hay muchas veces que hemos escuchado sus promesas de campaña donde dicen que van a hacer tal o cual cosa y por eso votamos por ellos para que nos representen. Pero luego de que han sido nombrados, actúan de otra manera. Eso nos enoja porque nuestros representantes no nos representan. Ahora, lo central en el concepto de federalismo es esto: que Adán fungió como nuestro representante en el drama del período de prueba delante de Dios en el Jardín del Edén, pero tenemos que admitir que no lo escogimos para que nos represente. Fue Dios el que escogió nuestro representante.

Ahora, antes que continuemos con este pensamiento, permíteme tomar prestada otra ilustración o analogía del sistema de justicia norteamericano. ¿Podrías ser convicto y sentenciado por un asesinato en primer grado si es que tú no apretaste el gatillo? Supongamos que yo contrato a un mafioso para que asesine a alguien que no me agrada y luego me voy a Europa para asegurarme que estoy fuera del país cuando el asesinato se efectúe. Así tengo la mejor coartada.

No tengo los medios o la oportunidad para cometer tal asesinato porque estaba a 3,000 kilómetros del suceso. Pero supongan que la policía descubre que negocié o que tengo vínculos con el que contraté para que lo haga por mí. ¿Podré ser juzgado por asesinato de primer grado? Si, por supuesto, aun cuando no lo hice yo mismo, escogí un representante para hacerlo por mí y por eso hay una culpabilidad moral que se me asigna por esa acción. Eso está muy claro.

Lo entendemos, y no vemos que sea algo injusto. Pero la razón por la que yo soy culpable es porque yo lo escogí. Esa fue mi intención, mi objetivo, era mi deseo el que se cometa tal pecado. Y cuando tiene que ver con Adán y Eva, yo no solo no los contraté, sino que tampoco voté por ellos, ni tuve que ver con ese asunto.

Eso es completamente diferente. La única analogía entre eso y la mafia contratada es ésta: en ambos casos, soy tenido por responsable por las acciones de alguien más que actuó como mi representante. Ahora, el problema es éste: ¿Adán y Eva, como tus representantes, de forma certera y perfecta hicieron tu voluntad?

¿Adán te representó bien o Adán te representó mal? Podemos quejarnos y decir, “No es justo, Dios, que nos castigues por lo que Adán hizo, porque nosotros no lo escogimos”. Y Dios va a decir, “¿Por qué querrías escogerlo?” “¿Por qué?”

Porque quisieras estar absolutamente seguro de que lo que Adán haga, lo haga de forma certera como tu representante. Esa es la razón por la que queremos escoger nuestros propios representantes. Pero ya hemos visto que cada vez que escogemos un representante, estamos corriendo un riesgo.

Podemos estar comprando “gato por liebre” porque nunca sabremos con certeza que nuestro elegido, el representante seleccionado nos representará con certeza. Pero, ¿qué si es que nuestro representante elegido es la elección perfecta e infalible? Verás, si Dios escogió alguien para representarnos—recuerda quién es el que está haciendo la elección. No es el Rey Jorge quien tiene un interés malsano. No soy yo, en mi finitud y mi carencia de omnisciencia, sino que es una selección hecha por un ser omnisciente que es absolutamente justo y santo, y cuya elección de mi representante es perfecta.

Esa es la base de esta teoría del federalismo—que Dios ordenó que Adán y Eva nos represente. Dios los seleccionó para representarnos en esta prueba, y que la selección de Adán y Eva era infalible.  Nunca en tu vida has sido mejor representando que cuando fuiste representando por Adán y Eva en el Jardín; y protestamos porque todavía decimos, “¡Espera un minuto! La suposición que tengo es ésta, si hubiera estado allí, y la elección hubiera sido mía, de seguro no hubiera hecho lo que Adán y Eva hicieron”.

¿Qué es lo que estoy diciendo?” Lo que estoy diciendo es, “Dios, estoy siendo castigado como resultado de un representante que no me representó bien”. Y, ¿qué dirá Dios? “El hecho de que estés sentado aquí diciéndome eso de que yo hice algo equivocado al tener a Adán como tu representante, cuando, de hecho, te representó perfectamente y ahora estás argumentando, gritando y rebelándote contra mi juicio solo prueba mi punto”, dice el Señor.

“Tú misma protesta contra mi soberanía, la santa decisión de que Adán te represente, muestra cuán bien representado estás porque tu actitud es una de corrupción. Tu berrinche contra mí está revelando la naturaleza complicada de tu propio corazón”.

Por supuesto, el pecador dirá, “Bueno, quizás eso es, pero lo obtuve de Adán”. Y Dios va a decir, “No, realmente no lo obtuviste de Adán. Lo recibiste de mí, en tanto que yo transferí la naturaleza caída de Adán a ti. Pero lo hice como un juicio”.

Allí está el punto. Ese es el punto más difícil, el entender que nosotros ya—cuando nacimos, ya estamos bajo la condenación de Dios. Ya somos culpables delante de Dios debido a lo que nuestro representante hizo por nosotros cuando nos representó perfectamente en el Jardín del Edén. Y eso sí que es difícil.

Y lo que hemos hecho hoy es deslizarnos por la superficie del tema. Por eso te recomiendo que tengas una lectura más profunda y que estudies con más diligencia y trabajes a través de toda esta pregunta del pecado original. Estudia más acerca del realismo y la teoría de la identidad personal de Jonathan Edwards y de la teoría del federalismo.

Pero entiende que algo que la Biblia señala con absoluta claridad es que tenemos una naturaleza caída y ésta llegó al mundo entero como resultado directo de la caída de Adán y Eva. En nuestro pensamiento Coram Deo para el día de hoy—Recordemos que Coram Deo significa “Delante del rostro de Dios”—que no hay lugar donde nos ubiquemos en que nuestra corrupción sea más evidente que cuando estamos delante del rostro de Dios.

Podemos argumentar al infinito acerca de cómo es que obtuvimos nuestra disposición y deseos pecaminosos, pero amados, hay algo de lo que estamos seguros, no importa que ya sea que te guste alguna de esas teorías que hemos revisado, o que estés en desacuerdo con todas—lo cierto es que tienes un problema en lo más profundo de tu corazón.

Sabes que tienes una naturaleza corrupta, y una de las cosas más extrañas de la vida cristiana es que mientras más aprendemos de las cosas de Dios, y, de hecho, mientras más santificados nos volvemos en nuestro caminar con Cristo, más conscientes somos de las profundidades de nuestra caída. Por eso clamamos con el Apóstol Pablo, “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?” (Ro. 7:14)

El otro día estaba hablando con mi pastor durante un desayuno. Estábamos sentados hablando y le estaba contando acerca de algunas ansiedades y temores. Y le dije: “Sabes Miguel. Cuando me entra temor por algunas cosas, me avergüenzo. Tengo que caer de rodillas y decir, Oh Dios, perdóname mis temores porque son una prueba de que realmente no confío en ti”.

Y Miguel, con lágrimas en los ojos me dijo, “Bueno, yo tengo el mismo problema”. Y añadió, “¿No es el corazón humano engañoso? El mío lo es”. El de mi pastor lo es, y tengo la sospecha que también el tuyo lo es.

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

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9/13 – El banquete de Bodas

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9/13 – El banquete de Bodas

David Barceló

 

David Barceló

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

3/9 – Cómo comportarse en una cueva

El Amor que Vale

Serie: El increíble poder de la autoridad de Dios

3/9 – Cómo comportarse en una cueva

Adrian Rogers

 

El Dr. Adrián Rogers es un predicador, evangelista y maestro de Biblia. Presenta las Buenas Nuevas de Jesucristo con firme convicción a través de su ministerio de radio y televisión, EL AMOR QUE VALE.

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27 – Cuando las Emociones Gobiernan «La Ira»

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

27 – Cuando las Emociones Gobiernan «La Ira»

ENTENDIENDO LOS TIEMPOS

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan  hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

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La intromisión del pecado

Ministerios Ligonier

Renovando tu Mente

La intromisión del pecado

R.C.Sproul

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Cuando estaba terminando el siglo IV, al inicio del siglo V, una tremenda controversia teológica estalló y amenazó el alma misma de la iglesia, aunque empezó como algo inocuo.

El gran teólogo Agustín había creado una famosa oración que decía esto: “Oh Dios, manda lo que quieras, y concede aquello que has mandado”.

Es decir que el espíritu detrás de la oración de Agustín era esto: “Oh Dios, reconozco que, como criatura hecha a tu imagen, y que Tú como el Soberano Creador y Gobernante del universo, tienes el derecho de ordenarme lo que tú quieres que yo haga”.
Agustín estaba reconociendo eso en tal oración, pero luego él continúa y dice, “y concédeme lo que tú has ordenado”. ¿Qué quiere decir Agustín con eso? Él estaba diciendo: “Oh Dios, cuando me das órdenes, cuando ejercitas tu voluntad y manifiestas tu ley, no tengo el poder dentro de mi propia alma para obedecer tus mandamientos sin tu ayuda”.

Ahora, ¿Por qué Agustín dijo eso? Él lo dijo porque estaba absolutamente convencido de una doctrina que es sostenida por todo el mundo cristiano, y esa doctrina es la del pecado original. La doctrina del pecado original.

Existe mucha confusión acerca de lo que se quiere decir con este término “pecado original” porque la palabra “original” sugiere que eso fue lo primero en vez de algo futuro o una copia posterior. La idea que muchos tienen en sus mentes es que el pecado original fue el primer pecado cometido por los seres humanos—el pecado cometido por Adán y Eva. Pero esa no es la idea a la que el pecado original se refiere.

El pecado original ser refiere al resultado del pecado de Adán y Eva. Se refiere a lo que llamamos “La Caída”. Cuando Adán y Eva pecaron, toda la creación cayó, y tal caída fue una caída a la corrupción, de tal forma que todos los que nacieron desde Adán y Eva han nacido con una naturaleza que estaba corrompida.

Esa es la razón por la que el Nuevo Testamento dice, “somos por naturaleza hijos de ira”; y David diría, “En pecado me concibió mi madre”. Algunas personas tienen la idea de que somos pecadores porque pecamos, pero lo que la Biblia enseña es que pecamos porque somos pecadores.

Es decir que tenemos una naturaleza humana caída, corrupta, que nos hace propensos a pecar, y el fruto corrupto es producto de la naturaleza del árbol. Cuando la esencia del árbol está corrupta, entonces el fruto es también corrupto. Y esa es la idea que las Escrituras expresan en términos de la naturaleza humana caída.

Jonathan Edwards, el gran teólogo puritano, alguna vez escribió un largo tratado acerca del pecado original, y mucho de ese trabajo estuvo diseñado para explicar a través de las Escrituras la enseñanza bíblica del pecado original; pero también tiene una sección donde argumenta que aun si la Biblia nunca dijera que hay tal cosa como el pecado original, o tal cosa como una naturaleza humana caída, solo la razón demandaría que saquemos esa conclusión.

¿Por qué? Porque él dijo, “todos reconocen que nadie es perfecto y que todos tenemos algo de corrupción”. Y así, Edwards hace esta simple pregunta, “¿Cómo puede ser esto?” Si todos nacemos inocentes, neutrales o buenos, y luego nos enfrentamos a diversas decisiones durante la vida—elecciones morales entre el bien y el mal—uno esperaría que al menos 50% de las personas permanecerían inocentes.

¿Por qué es que el 100% no lo son? Y algunos tratarían de explicarlo simplemente al decir, “Bueno, es la civilización la que nos corrompe. Es la sociedad la que nos corrompe”. Esa es una idea bastante popular hoy en día, y así una persona no tiene la posibilidad de permanecer en su estado de inocencia puro y prístino en la cual nació, porque hay tanta corrupción alrededor y hay tantas tentaciones que asaltan su sentido moral todos los días.

Pero aun con esto debes preguntarte, “¿Cómo se corrompió esa sociedad en primer lugar?” Todavía esperarías que el 50% de esa sociedad sea justa y la otra mitad, quizás sea mala, si es que naciéramos en un estado de neutralidad moral.
La Biblia no enseña que hayamos nacido en un estado de neutralidad, pero les mencioné al inicio que esa oración de Agustín provoca una enorme controversia que es avivada cuando un monje en los días de Agustín llamado Pelagio alza su voz para protestar en contra de la oración de Agustín diciendo, “Agustín, tu oración sugiere que Dios nos da mandamientos a la gente que ellos no pueden obedecer”.

Y el argumento que Pelagio nos da es el siguiente: que es injusto para Dios, o cualquiera, el imponer obligaciones sobre la gente si es que ellos no tienen el poder de cumplir esas obligaciones. En otras palabras, decirle a una persona corrupta que debe obedecer la ley de Dios sería tan absurdo como decirle a la gente que debe volar de México a Brasil sin ayuda de ninguna clase de máquina—aviones, helicópteros o cohetes—No somos capaces de volar así. Necesitamos algún tipo de asistencia con el fin de transportarnos a través del aire.

Las aves pueden volar, nosotros no. Por naturaleza carecemos del equipamiento necesario para volar, y sería absurdo que Dios dijera, “Voy a tenerte como responsable moral para que vueles por ti mismo desde Colombia a México, y luego te condeno si al batir tus brazos no puedes elevarte en el aire”. De la misma manera está diciendo, “Agustín, si estás diciendo que Dios da leyes hoy a personas que son moralmente incapaces de cumplirlas, eso sería tan ridículo, tan absurdo y solamente injusto”.

Por lo tanto, Pelagio llegó a la siguiente conclusión: Si Dios requiere algo de una persona en términos morales, debe tener el poder moral para hacerlo sin ninguna asistencia de gracia divina. Y así la controversia pelagiana de ese día fue una de las controversias teológicas más serias en la historia de la iglesia. Ahora, en ese tiempo Agustín ganó, y Pelagio fue condenado como hereje porque Pelagio enseñó esto: que el pecado de Adán afectó a Adán y solo a él.

No hubo transferencia o imputación de culpa o del pecado desde Adán a sus descendientes. Cada uno ha nacido en un estado de inocencia. No hay proclividad hacia el pecado que sea heredado de Adán y que se encuentre en el corazón de cada ser humano.

Pelagio, por lo tanto, negó el pecado original por completo. Él dijo, “Hay algo parecido a la gracia y la asistencia divina, y la gracia facilita nuestra obediencia; pero podemos ser obedientes sin ellas”. En otras palabras, lo que Pelagio estaba diciendo, y lo dijo claramente, que los seres humanos tienen el poder moral para vivir una vida perfecta; Y esto no es solo de forma teórica, sino que Pelagio argumenta que algunas personas, de hecho, viven vidas perfectas.

Y que cada uno tiene el poder dentro de ellos desde el día que nacen para resistir cualquier tentación que lo lleve a pecar. La gracia podría ayudar, pero no es necesaria. Ahora, como dije, Pelagio fue condenado como hereje en aquel momento.

La condenación fue repetida de forma subsiguiente en la historia de la iglesia en el Concilio de Florencia y, una vez más, en el Concilio de Trento por la iglesia Católica Romana en el siglo XVI. Podríamos decir, entonces, que Agustín ganó la batalla.

Pero si miramos a lo largo de la historia desde entonces, Agustín podría haber ganado la batalla, pero perdió la guerra porque el pensamiento de Pelagio está todavía generalizado, no solo en el mundo secular, sino en el mundo cristiano, no solo en toda la comunidad cristiana, sino que, de forma especial en la comunidad evangélica.

Si fuéramos a hacer una encuesta a los evangélicos contemporáneos y les preguntaras: “¿Quién fue el más grande evangelista del siglo XIX en Norteamérica?” de seguro te darían dos nombres que serían mencionados.

Uno de ellos sería Dwight L. Moody, quien vivió a fines de la última parte del siglo XIX, pero es casi seguro que aquellos que están familiarizados con la historia de la iglesia en el siglo XIX dirían que la persona que se llevaría el premio por ser el más grande evangelista del siglo XIX, ese sería nada más y nada menos que el famoso Charles Finney.

Finney es uno de los que fueron usados por Dios para llevar a cabo lo que se llama el Segundo Gran Avivamiento en la primera mitad del siglo XIX. Finney negó de forma sistemática el pecado original. Él era pelagiano hasta la médula. Él enseñó que los hombres están realmente en pecado, pero no pecan porque son pecadores, sino que son pecadores porque pecan y todo lo que importa para ser redimido es una decisión del libre albedrío de arrepentirse, abrazar a Cristo y cambiar.

Esta visión influenció la forma que tomó el evangelismo en Norteamérica desde entonces. Y la idea que persiste es que hay tal cosa como una incapacidad moral heredada, que es virtualmente insignificante que la gente todavía tenga la habilidad de pecar porque la objeción fundamental es esta: Que no sería justo para Dios traer juicio a la gente que no participó en el Jardín del Edén. Pero aún Pablo nos dice en el capítulo cinco de Romanos que todos caímos con Adán.

¿Cómo es que entendemos esto? ¿Cómo puede Dios traer castigo sobre los descendientes de alguien? ¿Recuerdan que en Ezequiel el pueblo se quejó? Ellos dijeron, “Los padres comieron las uvas agrias, y los dientes de los hijos tienen dentera”.

Y la idea es que Dios estaba castigando a esos hijos por las acciones de sus padres; Y Ezequiel, hablando por Dios dijo, “No, no, no. Dios te castiga por tus propios pecados”. Y esa es la idea que mantenemos en la mente: “¿Cómo puedo haber nacido caído cuando no tengo nada que ver con lo que pasó en el Jardín del Edén?”

Esa es una de las más grandes objeciones que se tiene con respecto al cristianismo porque el cristianismo enseña que la humanidad está en un estado caído y, con todo, Dios aún les demanda perfección. ¿Cómo puede ser esto? Bueno, al tratar de responder esta pregunta tan difícil, se han presentado dos teorías—de hecho, más de dos—pero las dos teorías principales que han sido ofrecidas en la historia de la iglesia son las que quisiera bosquejarles brevemente.

La primera teoría es llamada, “La Teoría del Realismo” que expresa lo siguiente: La única manera en que sería apropiado o justo que Dios traiga castigo sobre nosotros por lo que Adán y Eva hicieron, sería si de alguna manera hubiéramos estado allí con Adán y Eva, y que en efecto hubiéramos pecado originalmente con ellos.

Entonces, la culpa del pecado de Adán y Eva es realmente nuestra. Es decir que significa que, de alguna manera, antes de nacer, éramos entidades reales, que ya existíamos. Esto demanda algún tipo de idea que sostenga la preexistencia humana. Ahora, una vez más, hay diferentes clases de realismo, pero el enfoque bíblico, o la defensa bíblica del realismo enseña esto: Que nosotros, de forma misteriosa, ya existíamos antes de nacer.

Y el argumento es traído desde el libro de los Hebreos, tomado de la sección de Hebreos donde el autor de la carta está trabajando las credenciales de Jesús para ser nuestro Sumo Sacerdote porque, ¿cuál era el problema que tenían los cristianos en el primer siglo?

Por un lado, ellos estaban diciendo, “Jesús es nuestro rey. Él es el Hijo de David” y todos los judíos entendían que, para ser Hijo de David, tenías que ser de la tribu de Judá porque las promesas del reinado davídico en el Antiguo Testamento fueron prometidos a esa tribu; y Jesús era de la tribu de Judá.

Pero al mismo tiempo, entonces, el Nuevo Testamento declara que Cristo es nuestro Sumo Sacerdote y los judíos decían, “Espera un momento. ¿Cómo puede Jesús ser nuestro Sumo Sacerdote?” porque el Sumo Sacerdote tiene que venir de la tribu…, ¿de cuál tribu? Sí, de Leví. Tiene que venir de Leví, y Jesús no era Levita. Bueno, el autor de Hebreos trabaja diligentemente el punto de que el sacerdocio levítico—o así llamado sacerdocio aarónico, denominado por Aarón, quien fue el jefe levita quien llegó a ser el primer Sumo Sacerdote—no es el único sacerdocio que encontramos en el Antiguo Testamento.

Junto al sacerdocio de Leví, hubo otro sacerdocio, y éste fue el sacerdocio que la Escritura habla como el que era de la Orden de Melquisedec. Bueno, ¿quién era Melquisedec? Melquisedec ese personaje extraño y enigmático del que se nos habla en el Génesis que se encuentra con Abraham.

Y en ese encuentro entre Melquisedec, quien es llamado Rey De Salem y su nombre significa “Rey de Justicia”. Aquí tenemos a alguien que es descrito como el Rey de Justicia y el Rey de Paz, quien se encuentra con Abraham y en tal encuentro le paga el diezmo, y Melquisedec bendice a Abraham.

Ahora, en el pensamiento judío, la pregunta es, “¿El más grande bendice al menor, o el menor bendice al más grande? ¿El más pequeño le da el diezmo al más grande, o el más grande le da el diezmo al más pequeño? Y la respuesta es clara. Es el más grande el que bendice al más pequeño y es el menor el que da el diezmo al más grande.

Bueno, si Abraham es bendecido por Melquisedec y él le da el diezmo a Melquisedec—es muy simple para el pensamiento judío—Melquisedec es más grande que Abraham. Y luego el autor de Hebreos sigue la misma línea de pensamiento señalando que el padre es más grande que el hijo y el nieto.

Si Abraham es el padre de Isaac, entonces Abraham es más grande que Isaac; Si Isaac es el padre de Jacob, Isaac es más grande que Jacob. Y si Jacob es el nieto de Abraham, Abraham es aún más grande que Jacob, y de los lomos de Jacob vienen las doce tribus, incluyendo la de Leví. Entonces Abraham es más grande que Leví, y si Melquisedec es más grande que Abraham, y Abraham es más grande que Leví, por simple deducción—Melquisedec es más grande que Leví.

Es entonces que el sacerdocio de Melquisedec es un sacerdocio superior al sacerdocio de Leví. Pero en medio de tal argumento, el autor de Hebreos hace la declaración de que Leví, mientras todavía estaba en los lomos de su Padre Abraham, le dio el diezmo a Melquisedec, aunque esto califica solo como una forma de decir las cosas, en cierto sentido.

Bueno, el realista dice que él realmente hizo eso, él estaba realmente en los lomos de Abraham; y nosotros estuvimos en los lomos de Adán cuando Adán pecó, aun cuando no habíamos nacido todavía. Vayamos un paso más adelante. Otro punto del realismo es éste: Que la idea de que RC Sproul existió en la mente de Dios por toda la eternidad, y cuando Adán estaba siendo probado en el campo de juego, Dios miró y no solo vio a Adán, Él vio a Adán y a RC Sproul—la idea de RC Sproul—en la mente de Dios, así que en la mente de Dios yo estaba allí, aun cuando no estaba encarnado.

Y en este caso, no tengo que tener un alma eterna que haya existido en el Jardín del Edén. Todo lo que tenía que tener era estar en la mente de Dios en el Edén. Estoy realmente allí porque las ideas de Dios no son imaginarias. Ellas tienen una cierta realidad, si eres un filósofo realista. Pero, de cualquier modo, todo el tema del realismo era un intento de responder a la difícil pregunta, “¿Cómo puede Dios sujetar generaciones futuras como responsables por el pecado de alguien más?

Pero ésta es solo una respuesta que nos fue dada—realismo. En nuestra próxima sesión estaremos viendo otra forma de acercarnos a esta pregunta porque es terriblemente difícil. Pero quisiera dejarlos con este pensamiento hoy. Una cosa es clara en la Escritura y esta es que cuando Adán cayó, como sea que haya sido, nosotros caímos con él, y no hemos nacido en un estado de neutralidad moral. Hemos nacido en un estado de corrupción.

Hace varios años atrás, hubo un comediante que disfrutó un breve periodo de fama y popularidad en Estados Unidos, su nombre era Flip Wilson. Una de las parodias regulares que Flip Wilson hizo era la de ser una persona que vería al juez venir hacia él para golpear el martillo sobre él. Y cuando el juez apareciera, Flip Wilson diría de forma particular, “Aquí viene el Juez”. Todos se reirían porque él se veía tan incómodo con la presencia del Juez.

Y entonces cuando el juez viene, la otra expresión que Flip Wilson hacía cuando la persona estaba tratando de excusarse a sí mismo de su culpabilidad era, “El diablo me hizo hacerlo”. Ahora, no tengo idea de dónde sacó esa línea, pero quizás fue de Génesis 3 donde esa fue la excusa que Adán trató de presentar.

Él dijo, “La mujer que me diste me hizo caer” y luego Eva dijo, “Bueno, si lo hice, pero el Diablo me engañó” y así sucesivamente. Básicamente, detrás de tal excusa está la suposición de que, finalmente, es culpa de Dios. Ahora, tú eres un pecador, y sabes que eres un pecador, y sabes que naciste de esa manera.

¿Alguna vez te pasa por la mente que Dios es culpable de que tú peques? No caigas en eso. Esa es la blasfemia más grande.

 

R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation

http://www.ligonier.es

2/3 – Cómo puedes estar segura de que Dios te ama

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Abrazando a Dios como Padre

2/3 – Cómo puedes estar segura de que Dios te ama

Nancy Leigh DeMoss

 

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/como-puedes-estar-segura-de-que-dios-te-ama

Leslie Basham: Mary Kassian dice que cuando conoces a Dios como tu Padre, desearás pasar tiempo con Él.

Mary Kassian: No es que porque tenga un tiempo devocional cuatro veces a la semana todo va a cambiar. Toda la idea de la cristiandad es una relación.

Leslie: Esto es Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy Leigh DeMoss: Ayer empezamos a escuchar un mensaje de Mary Kassian. Si te perdiste la primera parte del mensaje, espero que vayas a AvivaNuestrosCorazones.com donde lo puedes escuchar  en línea.

Ahora, Mary está a punto de mostrarnos por qué todas suspiramos por el amor de un padre. Así  que ya sea que hayas tenido o no el ejemplo de un padre piadoso y amoroso en tu casa, tus más profundos anhelos  pueden ser cumplidos por tu Padre Celestial. Aquí está Mary para explicar más.

Mary: Hay un pequeño pueblo en España y un niño llamado Juan. Juan era un hijo rebelde, entró en  conflicto con su padre y robó algo de dinero. Iniciaron un conflicto. Luego se marchó a una ciudad vecina, una gran ciudad. Se escapó de casa. El padre lo buscó, no pudo encontrarlo,  preguntó a su alrededor por  él, y  finalmente oyó de un amigo suyo que Juan estaba en la ciudad vecina.

Así que el padre se fue a la ciudad y caminó hacia arriba y hacia abajo por las calles, pero no lo pudo encontrar. Era como tratar de encontrar una aguja en un pajar. Debido a que tenía que volver a casa, decidió que lo único que podía hacer era poner un anuncio en el periódico local. El anuncio decía lo siguiente: «Juan, todo está perdonado. Qué deseos de verte de nuevo tengo. Por favor, ven a mi encuentro el sábado al mediodía en las escalinatas del Ayuntamiento. Con amor, papá.”

Cuando llegó el sábado, él fue al lugar indicado. ¡Había casi un centenar de chicos llamados Juan sentado en los escalones del Ayuntamiento! ¡¿No es eso asombroso?!

Anhelamos tener un padre. Todo lo que ellos querían oír era: «Todo está perdonado. Ven a mi encuentro. Te ama, papá”. Eso era lo que los chicos querían oír.

Estoy segura de que todas hemos oído la canción (en inglés) de Bob Carlisle, «Besos de mariposa». Esa canción solo fue un gran éxito. Estaba leyendo los comentarios de Bob sobre la canción, y lo interesante fue lo  que él dijo  cuando estaba reflexionando sobre el éxito de la canción:

“Tengo un montón de correos de chicas jóvenes que tratan de conseguir que me case con sus madres. Eso solía hacerme gracia porque es muy lindo, pero luego me di cuenta. Ellas no quieren un romance para la mamá. Quieren al padre que está en esa canción. Y eso me mata.”

(Cantando: ¡Ven camina junto al poni, papá, es mi primer paseo!)  Ellas quieren ese padre. Ellas quieren un padre que esté orgulloso de ellas, que las ame, que sea su admirador número uno, que las apoye, que les diga: «¡Adelante!» Desean tanto a ese padre y les duele tan profundamente, que le escriben a un perfecto desconocido, pidiéndole que se case con sus madres para poder  tener el padre de sus sueños.

Bueno, podemos tener al padre de nuestros sueños, y tenemos al Padre de nuestros sueños. Ese es el mensaje de esperanza que tenemos para una sociedad lastimada, para las mujeres heridas y los niños que han crecido sin padres.

Y esta es la tercera verdad: Dios ha puesto en nuestros corazones el anhelo por un padre. Dios ha puesto el anhelo de un padre en cada uno de nuestros corazones. Cuando nos convertimos en cristianas somos adoptadas e iniciamos una relación de familia. Ahora bien, el proceso de adopción judía es muy, muy interesante porque una familia judía buscaba el niño que quería adoptar y luego, entonces, pagaba las deudas de ese niño. Después tomaban ese niño y rompían todas las relaciones que el niño había tenido y lo recibían en una nueva familia, iniciando una nueva relación y dándole un nuevo nombre.

Esta es una imagen de lo que nos  ocurrió cuando entramos a formar parte de  la familia de Dios. Dios paga todas nuestras deudas, rompe los lazos del pecado, nos lleva a Su familia y nos da Su nombre. Él nos da el Espíritu Santo, que es la prueba de la adopción. En la sociedad judía tenía que haber múltiples testigos para que una adopción fuera legal. Y se nos dice en la Biblia que el Espíritu Santo es el testigo.

¿Qué tipo de testigo es el Espíritu Santo? Esto es realmente interesante. El Espíritu Santo es también llamado el Espíritu de adopción—el Espíritu de filiación, el Espíritu de tu Padre—que vive justo en nuestros corazones cuando nos convertimos en cristianos. Es este Espíritu que nos llama y nos lleva a la intimidad con el Padre. Es este Espíritu en nuestros corazones que clama «¡Abba, Padre! ¡Abba, Padre!»

Romanos 8:15-16: «Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos ¡Abba Padre!  El espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios» (RV).

Gálatas 4:6: «Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama ¡Abba Padre!”

¿Entendiste la primera frase de Romanos 8:15? “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor.» ¿No es asombroso? Algunas de nosotras (muchas, muchas mujeres y muchas de ustedes en esta sala) tienen tanto miedo a Dios el Padre. Eso es lo que  encuentro en la mayoría de  ministerios de mujeres, solo  temor.

  • Tengo tanto miedo de que Él me vaya a desestimar,  igual que hizo mi padre.
  • Tengo tanto miedo de que Él me vaya a rechazar,  igual que hizo mi padre.
  • Tengo tanto miedo de que vaya a gritarme, al igual que mi padre.
  • Tengo tanto miedo de que Su amor por mí este condicionado, que yo tenga que  saltar a través de un aro,  igual que  tenía que hacer para mi padre”.

Ese no es el Espíritu Santo  hablándote. Dios no nos ha dado un espíritu de temor. El Espíritu Santo en tu corazón clama: «¡Abba, Padre!» El verbo clamar es realmente interesante. Es un verbo. Está ocurriendo. Es el espíritu en tu corazón el que ahora está clamando: «¡Abba, Padre!» Está deseando esa conexión. Está deseando la intimidad. Está deseando llegar a ser uno con Dios. Está deseando cercanía.

Algunas de ustedes se preguntarán por qué sienten tanta frustración mientras están viviendo la vida cristiana y pasando por todos los momentos, pero no hay gozo. Ciertamente pasamos por tiempos de sequía. Los tenemos. Pero podría ser que el Espíritu dentro de ti este pidiendo a gritos: «¡Papá! ¡Papá! ¡Papá!» porque eso es lo que el Espíritu hace. Y tú estás demasiado ocupada para escuchar, o tienes tanto miedo de mirar  los ojos del padre y tener esa cercanía, esa relación de amor con Él.

Así que  a muchas mujeres les resulta muy difícil aceptar que Dios realmente las ama. «Me resulta muy difícil creer que Dios realmente me ama tal como soy. Yo soy su chica. Soy la niña de papi. Soy la niña de Sus ojos”.

El anhelo de nuestro corazón solo es satisfecho en una relación con Él. Tú ves, el cristianismo es una relación de amor. Es Dios amándome, y yo amándole a Él. Es así de simple. Es posible para nosotras saber y creer.

Primera de Juan 4:16 dice (y este es el testimonio de un pueblo que está caminando con Dios), 1 Juan 4:16: «Nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros.» ¿No es este un hermoso testimonio? ¿Puedes tú decir eso? Yo sé, y creo que Dios me ama.

¿Sabes que el Padre sabe tu nombre? Isaías 45:2-3: «Yo iré delante de ti, y enderezaré los lugares torcidos… Y te daré… los tesoros escondidos y los secretos muy guardados… Yo te he llamado por tu nombre.”  Hasta sabe como deletrearlo.

Yo estaba hablando en una conferencia  una vez, y una señora se me acercó después y dijo: «Eso significó mucho para mí. He estado casada treinta años, y mi papá todavía no puede escribir bien mi apellido de casada. Pensar solo que el Padre sabe cómo se escribe mi nombre, y que a mi padre no le importó lo suficiente como para aprender.»

¿Sabes que Él  le da seguimiento a los detalles más insignificantes de tu vida?  Igual que el número de células de tu cuerpo. El número de cabellos de tu cabeza. El color verdadero  de tu pelo debajo de todos esos tintes. Él mantiene un registro de eso.

Mateo 10:30: «Y hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados».

¿Sabes que el Padre recoge tus lágrimas en Su botella? Salmo 56:8, «Cuentas mis lágrimas, pones mis lagrimas en tu botella. ¿No están allí en tu libro?» No hay ni una lágrima que alguna vez hayas derramado  que tu Padre no lo haya sabido, ni siquiera una.

¿Sabes que te tiene inscrita en la palma de Su mano? Isaías 49:16: «He aquí, en las palmas de mis manos, te he grabado; tus muros están constantemente delante de mí.»

Yo solía hacer eso. Cuando  realmente me importaba  alguien en la escuela—ya sabes, te  escribes un número de teléfono en la palma de tu mano. El problema era cuando inevitablemente alguien lo veía, porque estaba ahí en la palma de tu mano. No importa lo que hagas, está siempre ahí. Siempre está ahí. Siempre está ahí, y tu nombre está escrito en la palma de la  mano de Dios. ¿No es asombroso? Tu Padre te tiene allí.

¿Sabes qué lo mueve, qué lo incita y le despierta con compasión cuando piensa en ti? Salmo 103:14-15, «Como un padre que tiene compasión de sus hijos, así el Señor tiene compasión de aquellos que le temen.»

¿Sabes que Él tiene una cuerda de amor atada a tu corazón, y  te está atrayendo cada vez más cerca de Él? Oseas 11:

Cuando [tú] eras aún pequeña yo [te] amé. De Egipto llamé a mi hijo… Yo [te] enseñé a caminar, tomando [te] de [tus] brazos, pero [tú] no supiste que yo te sané y [te] guié con cordones de gentileza con bandas de amor y fui para [ti] como esos que toman el yugo de [tu] cuello, me pare y [te] alimenté. (Versículos 1-4).

¡Qué imagen tan impresionante del corazón paternal de Dios! Es un amor muy, muy, poderoso, y no es de extrañar que el apóstol Juan dijera, «Oh, que gran amor es este el que el Padre ha derramado en nosotros.»

Tengo un hijo de trece años de edad, de seis pies, dos pulgadas, tiene 180 libras. Le pone mayonesa a todo—a todo literalmente. Él hace un sándwich,  saca el frasco de mayonesa y lo cubre todo—es demasiado. Se desliza por los bordes, se cae en el suelo. Hay mayonesa en todas partes. Así lo hace Dios, te colma de amor—lo derrama profusamente, en abundancia, mucho más de lo que un bocadillo debería tener. Su amor por ti es tan profundo.  ¿Sabes y puedes creer lo mucho que el Padre te ama?

Patty,  Él te ha llamado por tu nombre. Él dice, «Patty es Mi chica y la amo.»

Sandy, Él dice: «Yo sé cuántos cabellos hay en esa hermosa cabeza. Yo puedo enumerarlos, y podría decirte  el número ahora mismo.» Eso es lo que Dios te dice.

Él le dice a Susana, «Susana, tú me conmueves.  Despiertas  compasión cuando pienso en ti. Simplemente conmueves mi corazón, porque tú eres Mi chica.” Eso es lo que te dice.

Tina, Él dice: «Me complazco en Tina. Su nombre está escrito en la palma de mi mano. Tus barreras están siempre ante mí. Tina, te amo»  El Padre dice eso.

Él le dice a Jody, «Jody, yo tengo mi lazo de amor atado a tu corazón, y estoy atrayéndote cerca, cerca y más cerca  todo el tiempo.»

¡Qué asombroso y poderoso amor! El Padre quiere tu corazón. Él quiere mi corazón.

Quiero que se hagan una imagen de la palma de la mano,  que escribas tu nombre. Escribe tu nombre en el medio de la mano.  Ves, el Padre quiere una relación de amor contigo. Él dice en Jeremías 3:19, «Con qué gusto los trataría como a mis hijos y les daría tierra deseable, la más hermosa heredad de cualquier nación. Eso es lo que te quiero dar. Yo un soy padre.  Quiero dártelo todo.  Quiero darte buenas cosas”  (parafraseando).

Y luego dice, decepcionado, «Pensé que Me llamarías Padre y no te apartarías de mí. Eso era lo que yo quería. Eso fue lo que pensé.»

¡Qué angustia! Y algunas de ustedes—las madres saben lo que es un corazón roto cuando sus hijos se alejan. Sabes lo que traspasa hasta la profundidad de tu espíritu, y el Padre es igual. Cuando no estás en una relación íntima con Él, Él es traspasado. Él sufre por Sus hijos.

Esta es la clave, creo yo, para correr firme hasta el final de la carrera. He hecho muchas, muchas  cosas cristianas en mi vida. Dios ha tenido su dedo en mí desde que era una niña. Cuando tenía trece años, yo  enseñaba cursos a mujeres y todo tipo de cosas—organizaba  grupos en mi escuela, llevando a las personas al Señor. He hecho todo eso. He estado en la portada de la revista “Cristianismo Hoy”. He estado con James Dobson. Lo he hecho todo.

Pero, ¿sabes qué? Eso no significa nada. Nada, si el Padre no tiene mi corazón. No significa absolutamente nada. Creo que esta es la clave. Muchas de ustedes están en el ministerio. Y muchas de ustedes están cansadas. Yo sé lo que es eso, porque están tan ocupadas haciendo cosas, haciendo cosas, haciendo cosas, haciendo cosas por el Padre, por el Señor, y no están alimentando esa relación con el Señor. No  están siendo Sus hijas, la pequeña niña sentada en Su regazo, mirándolo a los ojos, y solo amando estar cerca de Él solo por ser quien es.

Y esa es la clave para correr bien hasta el final. Si no tienes eso, no correrás bien hasta el final. No lo harás. También es la clave para entender todo lo que la cristiandad es. Esto es lo que necesitamos enseñar a nuestras mujeres y a nuestras hijas y a las personas que ministramos.

El cristianismo es una relación de amor, y eso lo cambia todo. Cambia cómo veo el  arrepentimiento. Solo quiero que pienses en esto por un momento. Si mi marido, Brent, se levantara por la mañana, nos fuéramos de palabras, me hiciera daño diciéndome algo cruel, se fuera al trabajo y entonces sentado en su escritorio, tal vez la conciencia repentinamente le empieza a remorder, y herido, dice, «Oh, no debí haber hecho eso. He pecado.»  Y luego me llama y me dice: “Mary, mi conciencia me está molestando. Lo siento. ¿Me perdonas?»

Yo estaría muy contenta de que me haya llamado y se disculpara. Pero, ¿sabes lo que realmente quisiera de Brent? Yo quisiera que supiera lo mucho que me lastimó. Porque  él  rompió las reglas y solo se sentía mal porque rompió las reglas. Él va a  romper las reglas de nuevo, porque lo único que lo mantenía obedeciendo las reglas era un sentido de responsabilidad a las reglas.

Es por eso que muchas de nosotras luchamos con el pecado. Pecamos. Nos arrepentimos. «Oh, lo siento mucho. Rompí las reglas.» Y luego nos levantamos y  pecamos de nuevo. Lo mismo, una y otra vez. Caemos en las mismas trampas, una y otra vez, una y otra vez. ¿Sabes lo que falta? No nos damos cuenta de que quebrantamos una relación y que hacemos sufrir a  la persona que amamos.

Si Brent se da cuenta de que él me está haciendo daño, que sus palabras me hirieron, y que fue como si él tomara un cuchillo y atravesara mi espíritu, tendría mucho cuidado de no hacerlo de nuevo si es que realmente se dio cuenta de lo mucho que me dolió, en lugar de solo decir: «¡Uy,  rompí las reglas!»

Así que cuando estamos en una relación de amor con el Padre, toda nuestra visión del  arrepentimiento cambia. No es como decir: «Oh, Padre, he roto las reglas, ¡ups!” Es, «Te lastimé. Te he contristado. Yo no quiero lastimarte. Te amo.» Y recibimos la motivación para cambiar.

Lo mismo cuando estás compartiendo el Evangelio. Aquí están las Cuatro Leyes Espirituales. Me encantan las Cuatro Leyes Espirituales, pero muchas veces es: «Aquí están las Cuatro Leyes Espirituales», o traemos personas a la iglesia, o podemos llevar a las personas a Jesús. No las ponemos en relación con el Dios Todopoderoso, porque si estuviéramos en una relación con Dios, nuestro enfoque total, nuestro mensaje completo sería: «Ven a conocer a mi amigo. Ven a conocer a mi Padre. Ven a conocer a alguien que significa todo para mí.» Esto cambiaría nuestro enfoque.

Esto cambia nuestro enfoque en nuestras disciplinas. Yo estaría muy decepcionada si mi marido hiciera una cita conmigo dos semanas antes de nuestro aniversario y dijera: «Está bien, Mary, te necesito a estas horas de—oh, vamos a hacerlo de 4:00 a 6:00 el 11 de diciembre. ¿Quieres reunirte conmigo?»

Yo digo, «Sí, claro».

Y entonces llega, nos encontramos en el restaurante, y él está constantemente mirando el reloj, y luego, de repente, dice, «Bueno, he hecho mi parte, ya me voy.”

Yo no quiero eso. Eso no es lo que quiero. No quiero que venga a pasar tiempo conmigo porque tiene que hacerlo. Quiero que me quiera. Y ustedes saben lo que es eso, señoras, porque nos afligimos cuando nuestros esposos no nos quieren.

Es lo mismo con el Padre. Es lo mismo con esta relación. Por lo tanto, se haya  gozo en  la Palabra, en la oración, en el ayuno y en la meditación. Es porque quiero a Dios. No es porque tengo que tener un tiempo devocional cuatro veces a la semana. Esto lo cambia todo,  esta idea del cristianismo como una relación.

Nancy: Y esa relación lo cambia todo. Mary Kassian nos ha estado mostrando por qué.  Todo el mundo necesita una relación genuina con Dios como nuestro Padre. Y sabemos que la relación solo puede encontrarse a través de la fe en Hijo de Dios, Cristo Jesús.

Leslie: Gracias, Nancy.

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Bueno, cuando tú aceptas a Dios como tu Padre, se lo quieres presentar a otras personas. Mary Kassian estará de vuelta mañana para hablar de ello. Por favor, acompáñanos en el siguiente programa de Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

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