Nota editorial: Esta artículo pertenece a una serie de 21 artículos relacionados con los mitos acerca de los temas más relevantes de la teología y la vida cristiana. Puedes leerla en este enlace. Esta serie fue publicada originalmente en inglés porCrossway. A continuación 5 mitos sobre la atención a enfermos terminales:
Mito #1: No hay razón para hablar de la atención a enfermos terminales hasta que surge la necesidad. ¿Quién quiere hablar de la muerte? Pocas cosas detienen tanto una conversación como el tema de la muerte. Es la consecuencia vulgar de la caída, la paga del pecado digna de nuestro desprecio (Ro. 6:23). Nadie siente placer al hablar de ella. Sin embargo, la administración de las vidas que Dios nos ha dado es importante incluso hasta el final (1 Cor. 6:19-20), y con mucha frecuencia, la muerte inminente nos priva de dar una opinión cuando más necesitamos hablar. Una enfermedad grave altera la conciencia. La asistencia respiratoria por medio de un respirador requiere que se coloque un tubo de silicona en nuestras cuerdas vocales, y para tolerar ese tubo, necesitamos sedantes que nos prohíben comunicarnos. Dadas estas dificultades cuando nos golpea la tragedia, somos pocos los que podemos articular nuestras prioridades, mucho menos tomar en cuenta la voluntad de Dios en oración. Si posponemos hablar sobre la atención a enfermos terminales “hasta que surja la necesidad”, corremos el riesgo de sufrir excesivamente y no hablar del tema. Nuestro silencio con respecto a la atención a enfermos terminales también puede amontonar una carga aplastante en nuestros seres amados. Si los doctores no pueden comunicarnos las decisiones médicas, se acercarán a quienes sean más allegados, y muchos de ellos no se sienten preparados para cumplir ese papel. Los seres queridos padecen altas tasas de depresión, ansiedad, duelos complicados e incluso, estrés postraumático hasta un año después del fallecimiento de un familiar en una unidad de cuidados intensivos. Las conversaciones acerca de los enfermos terminales son incómodas y difíciles. Pero en esta era de tecnología médica compleja son esenciales, con ramificaciones que van más allá de nosotros mismos.
Mito #2: La Biblia nos manda a prolongar la vida a toda costa El Señor nos confía la vida y nos pide que la valoremos. Él nos creó a Su imagen con el fin de administrar Su creación y para servirle (Gén. 1:26; 2:19-20), y la Biblia claramente nos enseña a atesorar la vida y a esforzarnos por glorificarle en todo (Éx. 20:13; 1 Co. 10:31; Rom. 14:8). La santidad de la vida mortal ordena que, cuando se lucha con una gama de opciones médicas, debemos considerar los tratamientos que sostengan la vida que sirvan para curar. Sin embargo, la santidad de la vida no rechaza la certeza de la muerte (Rom. 5:12, 6:23). Pese a que la Biblia nos guía a buscar tratamientos que ofrezcan esperanza de recuperación, no nos impone aceptar intervenciones que prolonguen la muerte o que inflijan sufrimiento sin beneficio alguno. “Hacer todo lo posible” por salvar una vida puede ser lo correcto. Pero cuando se hace sin discernimiento, este enfoque puede imponer un sufrimiento innecesario cuando la oración compasiva es más importante. Finalmente, si nos cegamos a nuestra propia mortalidad, rechazamos la resurrección. Pasamos por alto que nuestros tiempos están en Sus manos (Sal. 31:15; 90:3) y desechamos el poder de Su gracia en nuestras vidas, la verdad de que Dios obra en todas las cosas —incluso, la muerte— para el bien de quienes le aman (Jn. 11; Ro. 8:28).
Mito #3: Dios debe sanarme si oro con el fervor suficiente Dios sí sana y puede hacerlo. En mi experiencia como médico, Él usó la recuperación improbable de un paciente para atraerme hacia Él. Durante Su ministerio, Jesús realizó sanidades milagrosas que glorificaron al Padre y profundizaron la fe (Mt. 4:23; Lc. 4:40). La Biblia nos alienta a orar con sinceridad (Lc. 18:1-8; Fil. 4:4-6), y si el Espíritu nos mueve a orar por la sanidad, sea de nosotros mismos o de nuestro prójimo, debemos hacerlo con fervor. No obstante, mientras oramos, debemos atender a una diferencia importante; aunque Dios puede sanarnos, jamás debemos presuponer que debe hacerlo. La muerte nos alcanza a todos. Cuando Cristo regrese, ninguna enfermedad manchará la creación de Dios (Apoc. 21:4), pero mientras tanto, esperamos y gemimos mientras nuestros cuerpos se marchitan. Podemos percibir la sanidad como nuestro mayor bien, pero la sabiduría de Dios sobrepasa aun el más impresionante de los alcances de nuestro entendimiento (Is. 55:8). Dios puede hacer milagros. Las montañas se derriten ante Él, y le puso límites al mar (Sal. 97:5, Job 38:8-11). Y pese a que los milagros pudieran cumplir nuestro anhelo más desesperado, es posible que éste no esté alineado con Su perfecta y divina voluntad. En el huerto de Getsemaní, mientras la agonía del mundo caía sobre Él, Jesús oró para tener una salida, pero también terminó Su oración con: “No mi voluntad, sino la tuya” (Mt. 26:39). Al igual que los discípulos de Cristo, busquemos acercarnos a nuestro Padre con la misma confianza y humildad.
Mito #4: Está mal quitarle la asistencia respiratoria a un ser querido Dios nos llama a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y a ministrar al afligido (Mt. 22:39; Jn. 13:34; 1 Jn. 3:16-17). De la misma manera que Dios nos amó, debemos extendernos empatía y misericordia unos a otros (Lc. 6:36; 1 Ped. 3:8; 1 Jn. 4:7; Ef. 5:1-2). La misericordia no justifica la eutanasia activa ni el suicidio asistido por un médico, los cuales son medidas con un objetivo singular de terminar con la vida. Sin embargo, sí nos guía a alejarnos de las intervenciones agresivas y dolorosas si tales medidas son inútiles o si el tormento que imponen supera cualquier beneficio. En muchos casos al final de la vida, la tecnología induce el sufrimiento, sin ofrecer esperanza de recuperación. Pese a que nuestro objetivo es preservar la vida que Dios nos ha dado, las Escrituras no nos obligan a perseguir tenazmente medidas si éstas causan agonía sin esperanza de sanidad. Si las medidas agresivas sólo servirán para prolongar la muerte, el cambio de enfoque, como el de alejar al ser querido de la sanidad y darle algo de alivio, puede reflejar la compasión cristiana. Cuando un ser querido no logra recuperarse de una enfermedad grave y terminal, quitarle el respirador puede reducir el dolor y el malestar, mientras la enfermedad se lo lleva a casa para estar con el Señor. Por pesadas que puedan ser estas situaciones en nuestros corazones, si se las considera en oración y discernimiento, pueden cumplir nuestro llamado a amarnos unos a otros (Jn. 13:34–35).
Mito #5: No hay esperanza junto al lecho del que muere Aun cuando nos atrapa una enfermedad mortal, aun cuando distorsiona nuestras vidas hasta dejarlas irreconocibles, nuestra identidad en Cristo —amados, redimidos, hechos nuevos— permanece. Como cristianos, descansamos en la seguridad de una esperanza viva que persiste aún en nuestros últimos momentos sobre la tierra: “Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo” (1 Ped. 1:3, Sal. 23:4). Nos regocijamos que, por medio de la resurrección de Cristo, “la muerte ha sido sorbida en victoria» (1 Cor. 15:54–55). Más grande es el amor de Dios por nosotros, tan asombrosamente perfecto es Su sacrificio, que nada podrá separarnos de Él. Como lo escribió Pablo: “Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Rom. 8:38–39). Este mundo roto no es el fin. Cristo ha vencido el pecado, y como tal, nuestra muerte transitoria se marchita ante la certeza de una vida renovada. Descansamos seguros en la promesa de Cristo: “El que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás» (Jn. 11:25–26). El amor de Dios por nosotros en Cristo Jesús sobrepasa todo entendimiento, y ningún respirador, monitor o enfermedad temible podrán arrancarnos de Su mano.
Kathryn Butler es una cirujana de trauma y cuidados críticos convertida en escritora y madre de familia. Es autora de «Glimmers of Grace»: A Doctor’s Reflections on Faith, Suffering, and the Goodness of God. Ella y su familia viven al norte de Boston.
El temor Del pánico a la paz por June Hunt “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. (Isaías 41:10) I. DEFINICIONES A. ¿Qué es el temor? El temor puede ser su amigo o su enemigo. Cuando se encuentra en medio de una feroz tormenta, literal o figurada, el temor puede convertirse en una fuerza paralizante que lo conducirá a las profundidades de la oscuridad… o un catalizador que lo impulse a alcanzar alturas insospechadas. Cuando una tormenta se aproxima, el temor puede ser el candado que cierre su mente… o una ruidosa alarma que lo induzca a buscar un lugar seguro. ¿Qué papel juega el temor en su vida? Es un inmovilizador o un energizante,… ¿es su amigo o enemigo? La reacción que tenga al enfrentar el temor es lo que identifica el papel que éste juega en su vida. En vez de paralizarse por el miedo, use el temor como un medio para confiar su vida al Señor. Acuda a Dios como el único que le provee seguridad. Él promete estar con usted, y no sólo eso, sino que también lo guiará a través del proceso de su temor. “No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti”. (Isaías 43:1–2)
El temor es un a fuerte reacción emocional a un peligro percibido e inminente que se caracteriza por una reacción de pleito, huida o parálisis.
El temor puede ser real o imaginario, racional o irracional, normal o anormal.
El temor actúa como mecanismo protector que nuestro Creador colocó en cada uno de nosotros para activar todos nuestros sistemas físicos cuando enfrentamos un peligro real. El temor produce secreción de adrenalina en el cuerpo, la cual nos impulsa a la acción y que a menudo se llama la reacción de “ataca o huye”.
El temor es una emoción natural diseñada por Dios. Sin embargo, no fue diseño divino que cayéramos presas del pánico, pues eso es vivir en un estado de temor. La palabra griega de la cual se traduce el “temor” es deilia, que denota cobardía y timidez y en la Biblia jamás se usa en forma positiva. Vivir con una mentalidad basada en el temor o con un espíritu de temor no proviene de Dios. “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2 Timoteo 1:7) B. ¿Qué es la ansiedad? La ansiedad es prima hermana del temor. En el mundo de la psiquiatría y sicología, la ansiedad es como un paraguas que cubre diversos grados de ansiedad y temor, desde el más leve hasta el más extremo. ¡Periódicamente sentimos ansiedad! Pero mientras la ansiedad se pueda controlar y no se vuelva extrema o excesiva, no interferirá con nuestras actividades normales diarias. La palabra en español “ansiedad” se deriva del vocablo latín angere que significa “ahorcar o ahogar”. Los que viven en continua ansiedad experimentarán que las preocupaciones e inquietudes de la vida ahogan el deseo de aplicar en forma personal la palabra de Dios a su vida. “Pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa”. (Marcos 4:19)
La ansiedad es la intranquilidad o preocupación por una amenaza o de algo desconocido y se caracteriza por preocupación extrema o temor interminable.
La ansiedad señala un resultado incierto, la premonición de que algo va a pasar, pero no hay seguridad de ello; o el temor de que algo pasará, pero no se sabe si pasará o no.
La ansiedad excesiva involucra una sobrestimación de la probabilidad de un peligro y una exageración de su grado de “algo horripilante”.
La ansiedad evoluciona en desorden cuando se vuelve tan intensa, que ocupa la totalidad de los pensamientos, sentimientos y acciones impidiendo que la persona viva normalmente. Cualquiera que padece desorden de ansiedad se siente aislado, solo y diferente, como si fuera la única persona en todo el mundo que ha sido atacada por “esta cosa tan terrible”. Desórdenes de ansiedad
Fobias
Desórdenes de pánico
Desórdenes obsesivo-compulsivos
Ansiedad por enfermedad
Desórdenes de estrés postraumático
Desorden agudo de estrés
Desorden de ansiedad generalizado
Ansiedad producida por ingerir sustancias Dios no desea que estemos ansiosos en exceso, inquietos, aprensivos y preocupados. Él quiere que estos síntomas nos sirvan de señal y advertencia de que estamos permitiendo que las preocupaciones del mundo nos agobien. “Mirad también por vosotros mismos, que vuestros corazones no se carguen de glotonería y embriaguez y de los afanes de esta vida, y venga de repente sobre vosotros aquel día”. (Lucas 21:34) C. ¿Qué es un ataque de pánico? “¡Temor,… palpitaciones cardíacas… mareo… temblores… terror! ¿Cómo que no tengo nada malo? Doctor, sé lo que sentí, ¡sentí que me moría!” Y así continúa la conversación del paciente con el doctor porque sufrió un ataque de pánico. Además, el paciente acude a otros médicos con la esperanza de que le den un diagnóstico correcto para saber cómo se llama la temible enfermedad que padece. Sin embargo, después de varias visitas a los médicos y de practicarse una serie de análisis, no obtiene respuesta satisfactoria. “Quizá son sus nervios” es el comentario. No, es un ataque de pánico escalofriante… y se siente horrible. “Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto”. (Salmos 55:5)
Un ataque de pánico es un episodio breve y repentino de temor intenso con una variedad de síntomas físicos (tales como palpitaciones cardíacas y mareo) que ocurre sin la intervención de amenaza externa alguna.
La primera vez que se sufre un ataque de pánico, a menudo es una experiencia salida de la nada que sucede al estar realizando cualquier actividad normal, como una caminata al aire libre. De pronto le viene una racha de sensaciones de temor, pero duran por unos cuantos segundos o pocos minutos.
Un ataque de pánico no necesita del estímulo inicial para que vuelva a suceder y provoque otro ataque de pánico. El ataque de pánico suele suceder por sí mismo porque se alimenta del temor de volver a padecerlo.
Un ataque de pánico es temor fuera de control. “Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha acontecido lo que yo temía”. (Job 3:25) D. ¿Que es una fobia? La fobia es la forma más extrema del temor. Los que sufren fobias tienen un temor irracional por un objeto o una situación que no representa una amenaza real. Su cuerpo está en continuo estado de alerta. A menudo presenta comportamientos para evitar y evadir el objeto de su temor. Por tanto, sus actividades están controladas por el temor, las experiencias de su vida están excesivamente limitadas por el temor y disminuye su calidad de vida en gran manera por causa de su miedo. “Me sobrevino un espanto y un temblor, que estremeció todos mis huesos”. (Job 4:14)
La fobia es un constante temor irracional a ciertos objetos o situaciones.
La palabra fobia viene de la palabra griega phobos, que quiere decir “temor, huir, terror”.En el Nuevo Testamento la palabra que se traduce “temor” generalmente es phobos, que en el idioma griego primero tuvo el significado de “huir” y luego se usó para referirse a “aquello que provoca que alguien salga huyendo”.
Una fobia difiere del temor en que… —La fobia es claramente excesiva e irracional (fuera de proporción comparada con el grado real de la amenaza). —La fobia se asocia con comportamientos diseñados para evitar algo (haciendo cosas diferentes deliberadas para evitar el temor). —La fobia se asocia con una menor calidad de vida (reduce el gozo en la vida).
Un desorden fóbico es un temor irracional constante que inhibe la capacidad de desempeñarse en forma normal. Si la fobia no produce efectos negativos considerables en su estilo de vida, entonces no es un desorden. El desorden fóbico puede tener tanto poder sobre la vida de una persona que lo lleva al punto de que sus pensamientos, percepciones y acciones de toda su vida se ven afectados. “De todas partes lo asombrarán temores, y le harán huir desconcertado”. (Job 18:11) E. ¿Cuántas clases de fobias existen? El tipo de fobia que experimenta una persona está determinado por el objeto o enfoque de su temor. Existen tres tipos principales de fobias que son dolorosas y atemorizantes para el que las padece. Típicamente la persona tratará de evitar cualquier pensamiento u objeto de estímulo que provoque el ataque de pánico. “Aun yo mismo, cuando me acuerdo, me asombro, y el temblor estremece mi carne”. (Job 21:6)
Fobias específicas (que anteriormente se llamaban fobias simples) Temor de un objeto o situación específica —Este tipo de fobia es experimentar un temor persistente en la presencia de o en el encuentro anticipado del objeto o situación que provoca temor. —Algunos ejemplos de objetos a los que se les teme son: elevadores, arañas, cuchillos, serpientes, gatos, fuego, insectos —La zoofobia es el temor a los animales y se caracteriza por un sentido de peligro aun cuando está en presencia de animales inofensivos. —Algunos ejemplos de situaciones temibles: volar, las alturas, la oscuridad, conducir por puentes o a través de los túneles —La acrofobia es el temor a las alturas y se caracteriza por sentir inseguridad extrema y de caer aunque no haya peligro de que eso suceda. —La claustrofobia es el temor a los espacios cerrados y se caracteriza por un sentido de asfixia en un ambiente cerrado.
Fobias sociales (comúnmente se llama desorden de ansiedad social) Temor a hacer el ridículo —Ese tipo de fobia se caracteriza por un temor paralizante de que se le considere tonto o de que se le juzgue por ser torpe en una situación social. —Ejemplos: Temor persistente a situaciones sociales tales como iniciar o mantener una conversación, comer en público, ir a una fiesta; también un temor constante de aparecer en público como el pánico escénico o temor a hablar en público.
Agorafobia (literalmente, “Temor de espacios abiertos”) Temor del temor (En espacios abiertos) —Esa fobia es el temor a sufrir un ataque de pánico en un lugar abierto del cual sería difícil o vergonzoso escapar. Se produce como resultado de varios ataques de pánico y es el temor de volver a sufrirlo. Por lo tanto, la persona evita cualquier situación que pudiera provocarlo.… —Ejemplo: Tener tanto temor de sufrir un ataque de pánico en un lugar público o en un lugar desconocido que se vuelve un ermitaño y no quiere salir ni de su propio cuarto. “Porque tuve temor de la gran multitud, y el menosprecio de las familias me atemorizó, y callé, y no salí de mi puerta” (Job 31:34) II. CARACTERÍSTICAS A. ¿Cuáles son los síntomas de un temor normal vs. uno anormal? En la Biblia encontramos que durante su vida, David corrió mucho peligro. Sus éxitos militares le ganaron la feroz envidia y los celos temibles del Rey Saúl. Por lo tanto, Saúl invirtió toda su energía en matar a su adversario… para eliminar la amenaza de su trono. David tenía temor normal y justificado, pero la persona que padece un temor anormal puede identificarse con la angustia que David padeció. “Mi corazón está dolorido dentro de mí, y terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, y terror me ha cubierto. Y dije: ¡Quién me diese alas como de paloma! Volaría yo, y descansaría. ciertamente huiría lejos; moraría en el desierto”. (Salmos 55:4–7) Diferencias entre…
Temor normal ¿Por qué nos daría Dios la emoción del temor si sería perjudicial para nosotros? La respuesta se encuentra en la pregunta: ¿Si en este momento me sorprendiera un malhechor con cuchillo en mano, querría contar con los beneficios del temor? Entre sus beneficios se incluyen… —Aprensión (proceder con precaución) —Respiración agitada (para llevar más oxígeno a todo el cuerpo) —Mayor energía (para tener fuerza y reaccionar de inmediato) —Incremento en el ritmo cardíaco (para que la sangre dé energía a los músculos) —Estar más alertas (para estar prestos ante el peligro) —Pensamientos rápidos (para tener opciones a tomar en cuenta) —Contracción de músculos (para prepararnos y reaccionar con “atacar o huir”) —Incremento de la transpiración (para enfriar el cuerpo y evitar el sobrecalentamiento) —Pupilas dilatadas (para incrementar la visión, especialmente de noche) —Agudeza de los sentidos (para prepararnos a enfrentar el objeto que nos produce temor) —Menor sensación de sueño (para ayudarnos a tener más tiempo de estar alertas ante el temor) —Aumenta el habla (para ayudarnos a comunicar el problema)
Temor anormal En el caso del temor anormal, el nivel de temor es desproporcionado con la situación real, es más, podrían no estar relacionadas. El temor anormal puede provocar un ataque de pánico. La persona experimenta ataque de pánico cuando padece cuatro o más de los siguientes síntomas y alcanzan un máximo dentro de los siguientes 10 minutos o menos. (El cuerpo no puede mantener la reacción de “ataca o huir” por más de ese período de tiempo). —Dolor o molestia en el pecho (sentir que está padeciendo un ataque cardíaco) —Escalofríos o bochornos (sentir que debe ir al hospital) —Sensación de ahogo, dificultad al tragar (sentir que la garganta se le cierra) —Manos frías, sensación de hormigueo (siente entumecimiento) —Sensación de retraimiento (siente que está perdiendo contacto con la realidad o consigo mismo) —Mareo, dolor de cabeza (siente que se va a desmayar) —Temor de perder el control (siente que se va a volver loco) —Hiperventilación, dificultad para respirar (sentir que se desvanece) —Nauseas, diarrea, dolor abdominal y calambres (sentir que tiene una enfermedad que amenaza su vida) —Ritmo cardíaco acelerado, presión alta (siente que se le va a salir el corazón) —Sudor, transpiración excesiva (siente que es una vergüenza para todos los que están cerca) —Terror de morir (siente que va a morir) —Temblores y estremecimientos (siente que no hay salida) La gente que experimenta temor anormal no teme tanto al objeto de su temor, sino a los síntomas del mismo. Y en realidad su temor aumenta. Experimenta el mismo temor que tuvo Job. “Se han revuelto turbaciones sobre mí; combatieron como viento mi honor, y mi prosperidad pasó como nube”. (Job 30:15) B. ¿Cuáles son algunas de las características de la ansiedad? Todos experimentamos ansiedad, pero no todos la experimentamos de la misma manera, por la misma razón, o al mismo grado. ¡Por lo regular queremos evitar la ansiedad como si fuera una plaga! Sin embargo, no debemos temer a la ansiedad, sino entenderla y usarla para motivarnos a confiar más y más en Dios. “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí”. (Juan 14:1)
Ansiedad moderada—preocupación normal que puede ser saludable y de ayuda. —Nos motiva y nos conduce a mayor eficiencia. —Nos fuerza a salir de nuestra zona de comodidad. —Nos ayuda a evitar situaciones peligrosas. —Nos puede ayudar a aprender a vivir en dependencia del Señor. —Observe cómo el salmista le puso música a estas palabras cuando se volvió al Señor … “En la multitud de mis pensamientos dentro de mí, tus consolaciones alegraban mi alma”. (Salmos 94:19)
Ansiedad intensa—obsesión anormal que es más profunda y problemática. —Hace que disminuya nuestra concentración. —Nos hace olvidadizos. —Obstaculiza nuestras actividades diarias. —Bloquea nuestra comunicación con los demás. —Observe cómo Salomón, siendo el hombre más sabio de toda la tierra dijo: “Quita, pues, de tu corazón el enojo”. (Eclesiastés 11:10) III. CAUSAS A. ¿Cuáles son las causas comunes del temor? Algunas situaciones que no provocan temor en la mayoría de la gente, pero sí provocan gran temor en ciertas personas. ¿Qué hace la diferencia? La percepción. La percepción de la persona que siente el temor. Su percepción de una situación afecta tanto el grado de su temor (cuánto miedo va a sentir), como su respuesta ante el temor (qué hará por causa de ese temor). Note las emociones cambiantes de los discípulos de Jesús cuando vieron algo que nunca antes habían visto (Mateo 14:26–33).
Temor: “Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron, diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis! Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. Y él dijo: Ven”. Fe: “Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús”.
Temor: “Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame! Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste? Y cuando ellos subieron en la barca, se calmó el viento”. Fe: “Entonces los que estaban en la barca vinieron y le adoraron, diciendo: Verdaderamente eres Hijo de Dios”.
Amenaza percibida contra la seguridad —Seguridad económica: “Si no me va bien en esta presentación, podría perder mi trabajo; y no podré mantenerme a mí mismo ni a mi familia”. —Seguridad física: “Si me voy muy lejos de la casa podría verme involucrado en un accidente y lastimarme, quedar paralítico o incluso morir”. —Salud física: “Si no soy cuidadoso con lo que toco, como o bebo, puedo enfermarme y no podré trabajar, entonces perderé mi trabajo”. —Posesiones: “Si pierdo mi casa, no tendré donde vivir y no podré sobrevivir en las calles”. La solución: Aprenda que su seguridad se encuentra en su relación personal con el Señor. “En Dios he confiado; no temeré; ¿Qué puede hacerme el hombre?” (Salmos 56:11)
Amenaza percibida contra mi significancia —Identidad: “Si pierdo mi puesto en el trabajo, voy a perder todo por lo que he trabajado y entonces, ¿qué razón tendré para vivir?” —Auto-estima: “Si paso esa vergüenza frente a todos mis compañeros, jamás podré volver a trabajar porque estaré demasiado apenado”. —Reputación: “Si alguien se entera de mi manera compulsiva de lavar, no podré volver a ver a nadie a la cara”. —Auto-realización: “Si no logro graduarme y alcanzar todas las metas de mi vida, seré un fracaso”. La solución: Sepa que su vida significa tanto para Dios que él decidió salvarlo. “He aquí Dios es salvación mía; me aseguraré y no temeré; porque mi fortaleza y mi canción es JAH Jehová, quien ha sido salvación para mí”. (Isaías 12:2)
Amenaza percibida contra el amor —Relaciones más cercanas: “Si pierdo a mi esposo(a), no sé que voy a hacer o cómo podré seguir viviendo”. —Talentos y habilidades: “Si no puedo actuar en el escenario, perderé a todos mis admiradores y a mis amigos y entonces estaré completamente solo(a)”. —Atractivo físico: “Si me pongo más vieja y gorda, mi esposo dejará de amarme”. —Posición en una relación: “Si no hago un mejor papel que los nuevos empleados, perderé el respeto de mis colegas”. La solución: Sepa que Dios lo ama más allá de cualquier comparación. “Porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le temen”. (Salmos 103:11) B. ¿Cuáles son los factores que contribuyen al temor irracional? El temor no surge en un vacío. Algo ha hecho que usted se deje controlar por el temor y algo que dispara el temor. Esa experiencia sucedió en el pasado y lo que detona el temor sucede en el presente. Para actuar con sabiduría y saber por qué el temor lo controla en el presente, es importante hallar la verdad acerca del pasado de ese temor. “He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”. (Salmos 51:6)
Experiencias previas —Experiencias traumáticas: Abuso o violación sexual infantil Accidente automovilístico Muerte de un ser querido o de una mascota amada —Formas en que otras personas asustan a los demás: Un padre que profería amenazas de violencia Hermanos que lo amenazaron con violencia Otras personas que lo amenazaron con violencia —El sentido de auto-estima que no se ha desarrollado: Rechazo, crítica o ridiculizarlo Bajo rendimiento académico Falta de habilidades atléticas —Padres que mostraban excesivo temor: “Mi tía tenía un trastorno de pánico”. “Mi padre se mostraba constantemente preocupado”. “Mi madre era temerosa y sobreprotectora”. Reconozca la razón de su temor y dígase a sí mismo la verdad acerca de su pasado y su presente. “Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño”. (1 Corintios 13:11)
Carga emocional excesiva —Negación de los propios sentimientos: “Debo ocultar mi dolor”. “Debo negar mis desilusiones”. “Debo rechazar la ira”. —Mentalidad que busca complacer a los demás: “Debo evitar que alguien se enoje”. “Debo hacer que todos estén felices”. “Debo hacer que todos estén en paz conmigo”. —Estrés interno: “Tengo mucha ansiedad oculta”. “No puedo reconocer las situaciones estresantes”. “No tengo manera de ventilar mis emociones”. —Ambiente estricto o perfeccionista en el hogar o de parte de otras autoridades: “Nunca agradé a mis padres”. “Nunca fui lo suficientemente bueno”. “Fui objeto de castigos severos”. Reconozca la razón de su temor y permita que el Señor le ayude a sanar sus heridas. “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo; echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros”. (1 Pedro 5:6–7)
Tratar de evitar una situación amenazadora —Rehusándose a enfrentar sus temores: “Tiendo a minimizar mi temor”. “Creo que en algún momento dejaré de sentir temor”. “Creo que puedo evitar situaciones atemorizantes”. —No dando oportunidad para el cambio: “No busco ayuda o alguien con quien hablar”. “No estoy tratando de entender por qué tengo tanto temor”. “No trato de aprender a confrontar mi temor”. —Seguir reforzando los temores: “Me ajusto a mis temores en lugar de confrontarlos”. “Todo lo que hago se alinea con mi temor”. “No voy a ningún lugar donde se eleve mi nivel de ansiedad”. —Robusteciendo los modelos de pensamiento negativos: “El temor domina mis decisiones”. “Tiendo a evaluarlo todo a través de la lente del temor”. “El temor domina todos mis pensamientos”. Reconozca la causa de su temor y deje que el Señor le ayude a enfrentar sus temores. “Porque yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te dice: No temas, yo te ayudo”. (Isaías 41:13)
El pesimismo —Suponer que la vida es una amenaza: “Siempre espero hostilidad y odio contra mí”. “Siempre espero que habrá resistencia y obstáculos en mi camino”. “Siempre espero que habrá peligro y desastre”. —Da por hecho que pasará lo peor: “Asumo que siempre habrá rechazo y me ridiculizarán”. “Asumo que siempre me lastimarán y tendré dolor”. “Asumo que siempre habrá frustración y fracaso”. —Creer que nunca podrá cambiar: “He dejado de pensar que la vida podría ser normal”. “Pienso que el temor siempre me controlará”. “Asumo que Dios no puede ayudarme”. —Pensar que no se puede controlar la situación: “Cuando tengo temor me siento impotente”. “Cuando tengo temor me siento incapaz”. “Cuando tengo temor no puedo pensar con claridad”. Reconozca la razón de su temor y repítase a sí mismo la verdad de que … “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. (Filipenses 4:8) C. ¿Cuáles son las causas físicas del temor y la ansiedad? Mucha gente se frustra consigo misma cuando siente temor. Trata de convencerse a sí misma de que no tiene ansiedad, pero no lo consigue. Mientras tanto, no sabe que sus sentimientos son el resultado y la respuesta a algo físico que está sucediendo, como una enfermedad o un medicamento. Sin importar cuál sea la aflicción que está padeciendo, recuerde que el Padre celestial lo ama, lo escucha y le ayudará. “Porque no menospreció ni abominó la aflicción del afligido, ni de él escondió su rostro; sino que cuando clamó a él, le oyó”. (Salmos 22:24)
Evalúe su condición médica —En el mundo de la medicina hay una clasificación llamada desorden de ansiedad debido a una condición médica general e indica claramente que la falta de salud física de una persona contribuye a la ansiedad, temor y aun a ataques de pánico. —Las áreas de mayor preocupación que necesita evaluar son el corazón, los sistemas endocrino y respiratorio y su condición metabólica y neurológica. (Debe identificar cualquier deficiencia de vitamina B, niacina, pirodoxina calcio, o magnesio).
Evalúe si ha estado expuesto a sustancias tóxicas —Los profesionales denominan una de las causas de la ansiedad como “desorden de ansiedad inducido por alguna sustancia”. —Cualquier exposición a toxinas, todas las drogas, medicamentos, vitaminas y minerales, sean legales o ilegales con o sin receta médica debe evaluarse, tanto como las sustancias que se encuentran en los alimentos (como la cafeína y el azúcar). Si está sufriendo cierto grado de ansiedad que interfiere con su vida normal… —Primero, hágase un examen médico completo. (Dígale al doctor que se siente inusualmente ansioso. Sea específico). Reconozca que la gente puede estar predispuesta genéticamente a sufrir ataques de pánico. —Si no recibe la ayuda adecuada, busque una segunda opinión de otra especialidad médica como un siquiatra que se especialice en desórdenes de ansiedad. “El corazón del entendido adquiere sabiduría; Y el oído de los sabios busca la ciencia”. (Proverbios 18:15) D. ¿Cuáles son las causas del temor excesivo? El antídoto para el temor es el amor de Dios. La presencia de un temor sobrecogedor es la ausencia de confianza en el carácter del Dios de la Biblia y en la seguridad de su amor por usted. Si su percepción de Dios es que él no es “para usted,” estará a merced de sus propios recursos en los cuales apoyarse y en su propia filosofía de la vida para confortarlo y sostenerlo. La manera en que responde ante el temor a menudo está directamente relacionada con lo que usted cree acerca de Dios y lo que cree de sus promesas respecto a usted y su vida. “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” (Romanos 8:31) “Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones”. (Salmos 145:13)
El temor nos domina cuando olvidamos lo que Dios ha hecho por nosotros y que tenemos a nuestra disposición su poder. —Ejemplo bíblico: (Lea 1 Samuel 17:1–51) El ejército israelita estaba paralizado por el temor y huyeron de la presencia de Goliat, el gigante filisteo que retó a la nación de Israel. Sin embargo, un joven pastor llamado David corrió a enfrentarlo en la batalla. Con una pequeña piedra mató al gigante y el ejército filisteo estaba devastado. ¿Qué era lo que David sabía acerca de Dios que le permitió enfrentarse a Goliat cuando todos los demás soldados huyeron? David lo explica así: “Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo”. (1 Samuel 17:37) “Tú vienes a mí con espada y lanza y jabalina; mas yo vengo a ti en el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de los escuadrones de Israel, a quien tú has provocado. Jehová te entregará hoy en mi mano, y yo te venceré, y te cortaré la cabeza, y daré hoy los cuerpos de los filisteos a las aves del cielo y a las bestias de la tierra; y toda la tierra sabrá que hay Dios en Israel”. (1 Samuel 17:45–46)
El temor nos domina cuando olvidamos que Dios nos ha comprado y que le pertenecemos. —Ejemplo bíblico: (Lea Gálatas 2:1–21) Mientras Pablo y Pedro estuvieron en Antioquía comían con los gentiles hasta que algunos miembros del concilio de Jerusalén llegaron. Entonces Pedro se apartó de los gentiles. Tenía temor de que los judíos circuncisos se enojaran con él por relacionarse con los gentiles incircuncisos. Sin embargo, Pablo no sólo siguió comiendo con ellos, sino que reprendió a Pedro por su hipocresía. ¿Qué sabía Pablo acerca de su relación con Dios que le dio valor ante esos hombres de tanto prestigio? El dio su razón cuando escribió que: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”. (Gálatas 2:20) “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”. (1 Corintios 7:23)
El temor nos domina cuando olvidamos que Dios es nuestro ayudador. —Ejemplo bíblico: (Lea 1 Samuel 13:5–7 y 1 Samuel 13:15–14:23) El ejército de Israel era mucho menor que el del enemigo y se encontraba esparcido y escondido por el temor de la llegada de los filisteos. Sin embargo, Jonatán el hijo del rey de Israel y su paje de armas atacaron a un destacamento filisteo. Esa acción provocó que Dios hiciera que todo el ejército entrara en pánico y huyera del ejército israelí. ¿Qué convicción tenía Jonatán acerca de Dios, que le dio valor para atacar al enemigo mientras que al mismo tiempo los demás huían presas del temor? Las palabras de labios de Jonatán nos explican esa confianza. “Dijo, pues, Jonatán a su paje de armas: Ven, pasemos a la guarnición de estos incircuncisos; quizá haga algo Jehová por nosotros, pues no es difícil para Jehová salvar con muchos o con pocos” (1 Samuel 14:6) “De manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre’ ” (Hebreos 13:6)
El temor nos domina cuando olvidamos que Dios es nuestro Consolador. —Ejemplo bíblico: (Lea Juan 12:1–43) Muchos de los judíos que seguían a Jesús habían puesto su fe en él. Y muchos de los líderes judíos también creían en él pero no abiertamente. Cedieron ante el temor de perder el favor de los fariseos y que se les denegara la entrada a la sinagoga. ¿Qué era lo que los que confesaban a Jesús abiertamente sabían acerca de Dios que les impulsaba a actuar con base en su fe y no en el temor? Las palabras de Isaías nos dan la respuesta. “Oídme, los que conocéis justicia, pueblo en cuyo corazón está mi ley. No temáis afrenta de hombre, ni desmayéis por sus ultrajes”. (Isaías 51:7) “Yo, yo soy vuestro consolador. ¿Quién eres tú para que tengas temor del hombre, que es mortal, y del hijo de hombre, que es como heno?” (Isaías 51:12)
El temor nos domina cuando olvidamos que Dios es soberano sobre nuestras vidas y que él nos protege. —Ejemplo bíblico: (Lea Hechos 27:1–44) Pablo y todos los que iban con él en el barco perdieron toda esperanza de sobrevivir cuando se vieron sorprendidos por el vendaval de un fuerte huracán. Sin embargo, después de 14 días de luchar contra los vientos y la lluvia, Pablo animó a los hombres y les aseguró que el ángel de Dios le había dicho que el barco se perdería, pero que todos sobrevivirían. ¿Qué era lo que Pablo sabía acerca de Dios que le dio tanto valor y confianza en medio de circunstancias de vida o muerte? Pablo conocía los salmos del Rey David. “Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, y se traspasen los montes al corazón del mar”. (Salmos 46:2) “No tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en Jehová”. (Salmos 112:7) E. ¿Qué nos dice Dios acerca de un temor saludable? A través de toda la Biblia, Dios repite una frase una y otra vez: “No temáis… no temáis… no temáis”. Él nos dice que no debemos temer a la gente o las cosas. Pero sí dice: “A Jehová tu Dios temerás, y a él solo servirás” (Deuteronomio 6:13). Este temor no se refiere al “miedo” ni sugiere que debamos tener temor de Dios. El significado de este tipo de temor es de reverencia y admiración. Debemos temerle, reverenciarle, porque él es el único y todopoderoso Dios, que tiene el poder de cambiarnos de adentro hacia fuera y hacernos la persona que él quiso que fuéramos cuando nos creó. Cuatro puntos del plan de dios El primer paso para experimentar libertad del temor en nuestra vida es reconocer que Dios es digno de nuestra reverencia. El segundo paso es someter nuestra vida… y nuestros temores… a su autoridad al recibir a su Hijo Jesús como Salvador y Señor.
1 El propósito de Dios para usted… es la salvación.
—¿Qué movió a Dios a enviar a su Hijo a la tierra? ¿Condenarla? No, ¡lo envió para demostrarnos su amor por medio de la salvación! “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él”. (Juan 3:16–17) —¿Cuál fue el propósito de Jesús al venir al mundo? ¿Hacerlo todo perfecto y quitar todo el pecado? No, ¡vino a perdonar nuestros pecados, darnos el poder para obtener la victoria sobre éste y ayudarnos a vivir una vida plena! “Yo [Jesús] he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. (Juan 10:10)
2 Su problema… es el pecado.
—¿Qué es el pecado? El pecado es vivir de manera independiente de las normas de Dios, sabiendo lo que es correcto, pero decidiendo hacer lo malo. “Y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”. (Santiago 4:17) —¿Cuál es la consecuencia del pecado? La muerte espiritual; es decir, la separación espiritual de Dios. “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro”. (Romanos 6:23)
3 La provisión divina para usted… es el Salvador.
—¿Hay algo que pueda quitar la paga del pecado? Sí. Jesús murió en la cruz para pagar personalmente por nuestros pecados. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros”. (Romanos 5:8) —¿Cuál es la solución para ya no estar separados de Dios? Creer en Jesucristo como el único camino a Dios el Padre. “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí”. (Juan 14:6)
4 Su decisión… es someterse.
—Deposite su fe en (descanse en) Jesucristo como su Señor y Salvador personal y deje de confiar en las “buenas obras” como medio para ganar el favor de Dios. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe”. (Efesios 2:8–9) —Entregue a Cristo el control de su vida, y confíe su vida en sus manos. “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mateo 16:24–26) En el mismo momento en que decida creer en él y depositar su vida a Cristo, él le dará su Espíritu para que resida dentro de usted. El Espíritu de Cristo le dará su poder para vivir la vida plena y libre de temor que Dios quiere para usted, así que puede decirle una oración simple pero de corazón sincero como la que sigue: Oración para la salvación “Dios, quiero entablar una relación personal contigo. Reconozco que muchas veces he decidido seguir mi propio camino y no el tuyo. Por favor, perdona mis pecados. Jesús, gracias por morir en la cruz por mis pecados. Entra a mi vida y sé mi Señor y Salvador. En vez de ser controlado por el temor, te doy el control de mi vida a ti para vivir por fe. En tu santo nombre hago esta oración. Amén”. ¿Qué puede esperar ahora? Si hizo esta oración con toda sinceridad, ¡escuche lo que Dios tiene que decirle! “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. (Deuteronomio 31:8) F. La raíz del problema de ser controlado por el temor Creencia incorrecta: “Como no puedo controlar mis temores, la mejor solución es tratar de evitar cualquier situación de temor”. Creencia correcta: Puedo enfrentar mi temor en la fortaleza del Señor y de esa manera no me dejaré dominar por el temor. Cristo vive en mí y al centrar mi atención en su perfecto amor y perfecta verdad, experimentaré su perfecta paz en medio de cualquier situación que me atemorice. “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor”. (1 Juan 4:18) IV. PASOS PARA ENCONTRAR LA SOLUCIÓN A. Versículo clave para Memorizar “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia”. (Isaías 41:10) B. Pasaje clave para leer y meditar Salmos 23 “Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”. (Salmos 23) Cuando empeore su temor, puede intercambiar el pánico por la paz recordando Salmos 23.
Versículo 1: “Jehová es mi pastor; nada me faltará”. Imagine una escena pastoral en el campo con el Señor a su lado. Repítase cinco veces: “Jehová es mi pastor”. En cada repetición ponga énfasis en una palabra diferente: JEHOVÁ es mi pastor. Jehová ES mi pastor. Jehová es MI pastor. Jehová es mi PASTOR. JEHOVÁ ES MI PASTOR.
Versículo 2: “En lugares de delicados pastos me hará descansar; junto a aguas de reposo me pastoreará”. Imagine que se encuentra al lado de un río tranquilo.
Versículo 3: “Confortará mi alma; me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre”. Inhale profundamente en repetidas ocasiones y diga cinco veces: “Mi pastor restaura mi alma”. En cada repetición ponga énfasis en una palabra diferente: MI pastor restaura mi alma. Mi PASTOR restaura mi alma. Mi pastor RESTAURA mi alma. Mi pastor restaura MI alma. Mi pastor restaura mi ALMA.
Versículo 4: “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento”. Reconozca que usted no está esclavizado. Diga lentamente: “No tendré temor porque el Señor está conmigo”. Repítalo cinco veces.
Versículo 5: “Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando”. Inhale profundamente varias veces y repita despacio: “El Señor es mi protector”. Repítalo cinco veces. En cada repetición ponga énfasis en una palabra diferente: EL Señor es mi protector. El SEÑOR es mi protector. El Señor ES mi protector. El Señor es MI protector. El Señor es mi PROTECTOR.
Versículo 6: “Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días”. Agradezca al Señor por la manera en que él usará cada situación que le atemoriza para su bien. “Querido Dios, gracias por ser mi pastor. Tú me guías, tú me proteges y me das tu paz. Eres el que restaura mi alma. Conoces mis debilidades y las ocasiones en las que he sido presa del temor. Ahora, en mis debilidades decido confiar en tu fortaleza. Tú eres mi Pastor. Decido confiar en tu poder para dejar de temer y ejercer fe. Entrego mi temor a ti y te pido que lo uses para mi bien y recuérdame de mi necesidad perenne de ti. En tu santo nombre. Amén”. Si se enfoca en su temor, el pánico lo asaltará. Si se enfoca en su pastor, su corazón estará en paz. C. Del temor a la fe La infidelidad y el temor van de la mano porque el pecado sabotea nuestra relación con Dios. Tan pronto como Adán y Eva fueron infieles a Dios, cambiaron su fe en temor. Su comunión con Dios se vio quebrantada, se volvieron temerosos y se escondieron. Sabían que habían pecado y que merecían el desagrado y disciplina de Dios. Como resultado de ello, la muerte pasó a toda la humanidad. Todos hemos nacido con el estigma de la muerte y todos estamos destinados a ella. Afortunadamente, por la gracia de Dios no tenemos que morir espiritualmente (estar separados de Dios por toda la eternidad). “El temor de Jehová es manantial de vida para apartarse de los lazos de la muerte”. (Proverbios 14:27)
Empiece con un temor (reverencia y respeto) saludable de Dios. —Crea que Dios lo creó. (Génesis 1:26) —Crea que Dios tiene un plan maravilloso para su vida. (Jeremías 29:11) —Crea que Dios tiene autoridad sobre usted. (1 Corintios 6:19–20) —Crea que Dios le dará las recompensas o consecuencias con base en su decisión de obedecerle o no. (Gálatas 6:7–8) “El principio de la sabiduría es el temor de Jehová; los insensatos desprecian la sabiduría y la enseñanza”. (Proverbios 1:7)
Acepte que el temor no es parte del plan de Dios para su vida. —El temor le impide confiar en Dios. —El temor impide que se apropie de la gracia de Dios —El temor lo tiene bajo la esclavitud del temor. —El temor lo daña física, emocional y espiritualmente. “En Dios he confiado; no temeré; ¿qué puede hacerme el hombre?” (Salmos 56:4)
Sinceramente analice su temor para descubrir el origen real de su fobia. —Temor al rechazo… ¿Necesita usted ser amado y aceptado? —Temor al fracaso… ¿Necesita usted conocer el significado de su vida? —Temor a la pérdida económica… ¿Necesita usted sentirse seguro? “El temor del hombre pondrá lazo; mas el que confía en Jehová será exaltado”. (Proverbios 29:25)
Esté consciente del poder que tiene el amor de Dios por usted. —El amor de Dios incluye aceptación completa. —El amor de Dios nos proporciona el conocimiento de su autoestima. —El amor de Dios nos proporciona poder para superar todo temor. (1 Juan 4:18) —El amor de Dios nos da seguridad eterna. (Deuteronomio 31:8) “Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia”. (Jeremías 31:3)
Comprométase a desarrollar su fe en Dios. —Ingrese a un grupo de estudio de la Biblia. (2 Timoteo 2:15) —Dedique tiempo a la meditación diaria y a la oración. (Filipenses 4:6) —Sea activo en una iglesia local que enseñe la palabra de Dios. (Hebreos 10:25) —Comprométase a memorizar y meditar en la palabra de Dios. (Salmos 119:97) —Sea obediente a la dirección de Dios en su espíritu. (1 Tesalonicenses 5:19) “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche”. (Salmos 1:2)
Involúcrese con otros creyentes. —Tenga comunión con otros cristianos. —Esté dispuesto a testificar de la fidelidad de Dios en su vida. —Enfóquese en servir a los demás. (Filipenses 4:10) —Reconozca que la responsabilidad en todo es de dos vías (la de Cristo y la suya). (Filipenses 4:13) “Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo”. (Proverbios 27:17)
Utilice la Palabra de Dios para controlar su imaginación cuando comience a salirse de la voluntad de Dios. —“Cuando tenga temor, confiaré en ti”. (Salmos 56:3) —“Jehová es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme?” (Salmos 27:1) —“Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones”. (Salmos 46:1)
Enfrente las situaciones de temor a través de la fe en el poder de Cristo. —Cristo siempre está listo para ayudar. —Reconozca su presencia real y pídale ayuda. (Filipenses 4:23) —Entregue a él su temor y reciba su gran amor. —Muestre amor hacia los demás enfocándose en sus necesidades. “Fiel es el que os llama, el cual también lo hará”. (1 Tesalonicenses 5:24)
Libérese de su temor y fortalezca su fe. —Confíe en Dios cada vez más. —Sea pacífico. —Sea agradecido. —Sea más como Cristo. “Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en él; arraigados y sobreedificados en él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias”. (Colosenses 2:6–7) D. La verdad os hará libres Cuando conocemos la verdad y actuamos con base a ella, podemos vencer el temor. La fuente de la verdad es Aquel que dijo ser el Camino, la Verdad y la Vida: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” (Juan 14:6). La fuente donde encontramos la verdad de Dios es su palabra, la Biblia. El primer paso para identificar las mentiras que subyacen tras sus temores es aplicar la verdad y comenzar a reemplazarlas con la verdad. “Y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres”. (Juan 8:32).
Temor: “¡No puedo evitar este sentimiento de intenso temor!” Verdad: Ese sentimiento es una ilusión de mi mente y cuerpo. No se ajusta a la verdad. “Aunque un ejército acampe contra mí, no temerá mi corazón; aunque contra mí se levante guerra, yo estaré confiado”. (Salmos 27:3)
Temor: “Soy un fracaso. Siento que me voy a morir”. Verdad: El tiempo de muerte está en las manos de Dios. Confiaré en Dios. “Ciertamente sus días están determinados, y el número de sus meses está cerca de ti; le pusiste límites, de los cuales no pasará”. (Job 14:5)
Temor: “Yo temo lo que otros piensen de mí”. Verdad: Mi paz viene de agradar a Dios, no de agradar al hombre. “Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables”. (2 Corintios 5:9)
Temor: “Estoy desesperado; nunca cambiaré”. Verdad: En Cristo, soy una nueva criatura. Dios da esperanza a todos. “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)
Temor: “Estoy tan nervioso, que no puedo pensar claramente”. Verdad: Dios guardará mi mente y me dará paz. “Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”. (Filipenses 4:7)
Temor: “Debo estar en control de las cosas para estar seguro”. Verdad: Dios está en control de mi vida, él está conmigo paso a paso. “Y Jehová va delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará; no temas ni te intimides”. (Deuteronomio 31:8)
Temor: “Me siento atrapado y no veo la forma de salir”. Verdad: Dios siempre provee un avía de escape. “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar”. (1 Corintios 10:13) E. Examínese en cuanto al temor Cuando examina su temor y el origen de él, su legitimidad y su patrón, podrá entender su temor y desarrollar una estrategia para resolverlo. Primero, acuda a Dios quien es la fuente de toda sabiduría y haga esta oración desde lo profundo de su corazón… “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno”. (Salmos 139:23–24) Identifique de manera específica su temor, ¿qué es exactamente a lo que le teme? Luego hágase estas preguntas:
¿Está relacionado mi temor con sucesos recientes o se originó en alguna situación específica del pasado?
¿Es el objeto o la circunstancia de mi temor una amenaza real o percibida?
¿Está mi temor asociado equivocadamente con un evento u objeto que no tengo por qué temer?
¿Proviene mi temor de ciertos lugares, gente o cosas que me recuerdan posibles consecuencias que me atemorizan?
¿Está mi temor presente y persistente arraigado en relaciones interpersonales que ya no frecuento o en un estilo de vida que ya no practico?
¿Es el temor que siento resultado de antiguos hábitos de responder con temor con tal de manipular a la gente que me rodea? “La ciencia del prudente está en entender su camino; mas la indiscreción de los necios es engaño”. (Proverbios 14:8) F. Venza la mentalidad de temor Si usted nació y creció en un hogar donde reinaba el temor, fácilmente pudo haber desarrollado una mentalidad basada en el temor y desde pequeño y haberse convertido en un adulto controlado por el temor de hacer enojar a alguna persona. En ocasiones, se siente impotente y sin poder confrontar o igualar a alguien de tú a tú. Seguirá a merced de los que lo rodean porque son “maestros de la manipulación” que usan tácticas de temor a menos que usted pueda reconocer la esclavitud en la que se encuentra y acepte el hecho de que Cristo vino al mundo para liberar a los cautivos. Sí, ¡Cristo vino para liberarlo! “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos”. (Lucas 4:18) Cuando sienta temor de una persona o situación:
Pregúntese si lo que usted teme va a suceder en realidad.
Afirme si lo que teme es algo que realmente es factible que suceda.
Reconozca que su fijación en el temor garantizará que vuelva a suceder.
Entienda que la mayoría de los temores no tienen nada que ver con lo que está sucediendo en ese momento.
Identifique sus traumas pasados que le provocaron temor.
Determine qué tan frecuente es el temor que está sintiendo. Pregúntese a sí mismo: —¿Qué temor del pasado estoy trayendo al presente? —¿Cuándo comencé a tener este temor? —¿Qué edad emocional tengo cuando siento este temor? —¿Dónde estoy cuando siento este temor? —¿Qué está sucediendo cuando tengo este temor? —¿Cómo me afecta este temor ahora? ¿A qué costo estoy sintiendo este temor?
Dígase a sí mismo: “No voy a dejar que este temor me controle. No permitiré que los temores del pasado me dominen”.
Repita esta frase una y otra vez: “Eso sucedió entonces, ahora es diferente… Eso sucedió entonces, ahora es diferente”.
Decídase a soltarse de las garras del temor.
Haga lo que tenga que hacer para controlar su temor y para dejar de ser temeroso.
Decida vivir aquí y ahora, y actúe de forma que no esté basado en su temor.
Comparta con alguien de su entera confianza sus temores y sus planes de cambiar. “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho”. (Santiago 5:16) G. Domine su temor por medio de la desensibilización Si aprende a identificar lo que dispara su temor, podrá controlar esas situaciones y arrebatarles el poder que ejercen sobre usted. Si se expone regular y continuamente a aquello que incita su temor (algo que activa o detona su sentido de temor o peligro) puede desensibilizarse para ya no temerlo. Si su temor es provocado por alguna situación o si está bajo cuidado médico por causa de sus ataques de pánico, puede tener victoria si sigue el siguiente proceso… “Ceñid los lomos de vuestro entendimiento, sed sobrios”. (1 Pedro 1:13) Del pánico a la paz Si usted es demasiado sensible a un objeto o situación, la desensibilización puede ser la clave para la libertad. Repita los siguientes pasos de manera sistemática, uno a la vez. Después de repetir cada uno por un período de una o dos semanas (o hasta que ya no tenga una reacción emocional fuerte), siga con el siguiente paso. Una reacción ligera es posible y podrá pasar al siguiente paso.
Aumente gradualmente su exposición al temor. Fobia específica—Ejemplo: temor a los aviones —Mire fotografías de aviones. —Vaya a un aeropuerto para ver cómo despegan y aterrizan los aviones. —Tome un vuelo corto con un amigo.
Practique cómo afrontar su temor. Fobia social—Ejemplo: temor a iniciar una conversación —Practique hacer las preguntas de un vendedor. —Tome la iniciativa de saludar con una sonrisa. —Escuche cuidadosamente lo que dicen las personas. —Haga preguntas sencillas acerca de los demás. —Haga comentarios breves acerca de usted. —Desarrolle interés genuino en otros.
Repita cada paso de nuevo hasta que note reacciones positivas. Agorafobia—Ejemplo: temor de un ataque de pánico (temor a espacios abiertos) —Abra la puerta principal de su casa y déjela abierta. —Permanezca parado a un lado de la puerta abierta el mayor tiempo posible. —Salga, permanezca en el patio delantero y respire profundamente. —Camine dentro de los límites de su propiedad. —Dé una vuelta al exterior de la casa. —Siéntese en el automóvil dentro de su cochera. —Pida a alguien que lo lleve a dar una vuelta en el auto. —Maneje el auto alrededor de la cuadra. —Vaya a un centro comercial y siéntese en su automóvil en el estacionamiento. —Vaya al centro comercial cuando no haya tanta gente y camine por él. —Entre a una tienda y salude a un empleado de ventas. —Haga una compra pequeña. —Cada paso que dé, dígase a sí mismo: “El Señor está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre”. (Salmos 118:6) “Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará, ni te desamparará”. (Deuteronomio 31:6) Nota: En caso de reacciones fóbicas severas, el proceso de desensibilización se usa casi siempre con apoyo médico. H. Sugerencias de sentido común para vencer el temor y la ansiedad En ocasiones las sugerencias generales para enfrentar el temor se omiten porque son demasiado simples y muy “obvias” para considerarlas. Es como ver un bosque sin apreciar los árboles. Estos consejos podrían ser tan simples que no se les dan importancia, pero pueden ser el fundamento sobre el cual se puede edificar un plan efectivo para vencer el temor y la ansiedad. “Semejante es al hombre que al edificar una casa, cavó y ahondó y puso el fundamento sobre la roca; y cuando vino una inundación, el río dio con ímpetu contra aquella casa, pero no la pudo mover, porque estaba fundada sobre la roca”. (Lucas 6:48)
Duerma lo suficiente.
Ejercítese con regularidad.
Diviértase y descanse lo suficiente.
Anímese de continuo.
Coma saludablemente y evite el consumo de alcohol y drogas.
Biblia y Homosexualidad LO QUE LA PALABRA DE DIOS -LA BIBLIA- DICE SOBRE LA HOMOSEXUALIDAD
«La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí» (Isaías 3:9)
El propósito de este breve estudio no es «machacar» a los homsexuales, sino exponer lo que la Biblia declara sobre la Homosexualidad, y hacerlo sin rodeos. Dios ama a las personas y quiere que éstas sean salvas y libres, pero me siento en la responsabilidad de responder como cristiano ante las demandas del lobby gay, que en este tiempo están rebasando los límites de lo aceptable:
El Gobierno socialista español fue uno de los primeros en legalizar estas uniones equiparándolas al matrimonio con derecho a adopción de niños (de hecho las llama «matrimonio» cuando el origen etimológico del término es la expresión «matri-monium», es decir, el derecho que adquiere la mujer que lo contrae para poder ser madre dentro de la legalidad.)
Pero ya no se trata de que esta o aquella «iglesia» protestante nombre como obispos a homosexuales declarados y practicantes, o a que algún cura católico romano «salga del armario» como dicen ellos….
…algunos homosexuales ya no se conforman con tratar de hacer que aceptemos como natural su conducta sexual, ellos quieren más: Aunque suene a ciencia ficción quieren que se legalice la pederastia con una asociación que ellos llaman «Asociación para el amor entre hombre y niño» -en inglés las siglas son NAMBLA- (busque el término en internet). Les han recibido hasta en la ONU (Dicen que por error y entre otras asociaciones homosexuales, pero en todo caso les recibieron).
Desde hace décadas ciertos grupos homosexuales como NAMBLA han pedido la legalización de la pederastia.
Lo que nos parecía imposible, hoy comienza a ser una realidad.
Ellos -de esta asociación- incluso tienen como una página WEB donde reclaman este derecho -por si alguien no me cree: ver su web en http://www.nambla.org/ (No hay fotos obscenas, copie el enlace en su navegador para ver dicha web). La foto de la derecha es la de estos criminales de NAMLA en el día del orgullo gay en una ciudad de USA con una pancarta reclamando el derecho a mantener relaciones sexuales con niños.
Lo que hace unos años nos parecía impensable: la promoción de la pedofilia; es ya una realidad en los días del orgullo «gay» en ciudades como Madrid.
En la moderna Suecia o en el Reino Unido recientemente se han encarcelado (por breves periodos de tiempo, por el momento) a pastores protestantes por decir en público lo que la Biblia dice sobre la homosexualidad.
Leyes se proponen y aprueban para la corrupción de menores: pedofilia, cambio de sexo sin consentimiento de los padres, etc.
¿CUÁL FUE EL EL PECADO DE SODOMA?
«Mas los hombres de Sodoma eran malos y pecadores contra Yahveh en gran manera.» (Génesis 13:13)
«Aún no se habían acostado cuando los hombres de la ciudad de Sodoma rodearon la casa. Todo el pueblo sin excepción, tanto jóvenes como ancianos, estaba allí presente. Llamaron a Lot y le dijeron: ¿Dónde están los hombres que vinieron a pasar la noche en tu casa? ¡Échalos afuera! ¡Queremos acostarnos con ellos! Lot salió a la puerta y, cerrándola detrás de sí, les dijo: Por favor, amigos míos, no cometan tal perversidad» (Génesis 19:4-7)
«Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, y de los campos de Gomorra; las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, Racimos muy amargos tienen. Veneno de serpientes es su vino, y ponzoña cruel de áspides.» (Deuteronomio 32:32-33)
LA ACEPTACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD: SIGNO DE LA DECADENCIA MORAL DE UNA SOCIEDAD «He aquí que esta fue la maldad de Sodoma tu hermana: soberbia, saciedad de pan, y abundancia de ociosidad tuvieron ella y sus hijas; y no fortaleció la mano del afligido y del menesteroso. Y se llenaron de soberbia, e hicieron abominación delante de mí, y cuando lo vi las quité» (Ezequiel 16:49-50).
La corrupción de menores es un delito tipificado en la legislación de varios países. Esta conducta antijurídica e imputable, es infraccional del Derecho penal.
Se entiende por corrupción de menores, la manipulación o abuso de incapaces por parte del autor del delito, quien hace participar a la víctima de forma prematura u obscena, en actividades de naturaleza sexual que perjudican el desarrollo de su personalidad.
En la actualidad, el artículo 183 bis del Código Penal dispone que «el que, con fines sexuales, determine a un menor de dieciséis años a participar en un comportamiento de naturaleza sexual, o le haga presenciar actos de carácter sexual, aunque el autor no participe en ellos, será castigado con una pena de prisión de seis meses a dos años». El citado precepto establece agravación de la pena –de uno a tres años- cuando se hubiera hecho presenciar al menor abusos sexuales.
LOS SEGUIDORES DE DIOS NO DEBEN ACEPTAR LAS DEMANDAS HOMOSEXUALES Nos referimos a no aceptar como seguidores de Jesús, esta práctica como algo «natural» o una «alternativa». Debemos sin embargo tratar con respeto a las personas homosexuales y no insultarlas, menospreciarlas ni burlarnos de ellos.
Otra cosa es nuestra perspectiva de sus prácticas sexuales: Tolerancia cero.
«Y respondió Abram al rey de Sodoma: He alzado mi mano a Yahveh Dios Altísimo, creador de los cielos y de la tierra, que desde un hilo hasta una correa de calzado, nada tomaré de todo lo que es tuyo, para que no digas: Yo enriquecí a Abram» (Génesis 14:22)
Los delitos relacionados con la pederastia se sancionan con una pena de tres meses a un año de prisión (…) A diferencia de lo que ocurre con el racismo o el terrorismo, en España no está tipificado el delito de la apología de la pedofilia.
LAS CONSECUENCIAS DEL PECADO DE SODOMA: PRÓXIMO JUICIO DE DIOS Antes del juicio de Dios (que siempre llega, tarde o temprano), Éste da la oportunidad de que nos arrepintamos: tanto del pecado de la homosexualidad o de cualquier otro en el que hayamos caído. Para eso Jesús murió en la cruz: para salvar también a los afeminados y a los homosexuales. ¡Ay de nosotros si despreciamos una salvación tan grande!
«Entonces Yahveh le dijo: Por cuanto el clamor contra Sodoma y Gomorra se aumenta más y más, y el pecado de ellos se ha agravado en extremo» (Génesis 18:20)
«Luego le advirtieron a Lot: ¿Tienes otros familiares aquí? Saca de esta ciudad a tus yernos, hijos, hijas, y a todos los que te pertenezcan, porque vamos a destruirla. El clamor contra esta gente ha llegado hasta el Señor, y ya resulta insoportable. Por eso nos ha enviado a destruirla» (Génesis 19: 12-13)
«Asimismo como sucedió en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y los destruyó a todos. Así será el día en que el Hijo del Hombre se manifieste» (Lucas 17:28-29)
LO QUE DICE LA LEY DE DIOS «No te acostarás con un hombre como quien se acuesta con una mujer. Eso es una abominación» (Levítico 18:22)
Comentario: Si se lee este pasaje de Levítico en su contexto se verá que se incluye la homosexualidad entre pecados abominables para Dios como el incesto, el bestialismo -relaciones con animales- etc. Es pues falso que la Biblia sea neutral respecto a la práctica homosexual.
«Cualquiera que practique alguna de estas abominaciones será eliminado de su pueblo» (Levítico 18:29)
Comentario: Con «eliminado de su pueblo» debemos entender que la práctica homosexual es incompatible con el ser cristiano. No podemos aceptar como miembro en la iglesia a alguien que siga practicando sin remordimientos, repulsa y arrepentimiento, la práctica homosexual.
EL JUICIO DE LA LEY DE DIOS SOBRE ESTE PECADO «Y miró hacia Sodoma y Gomorra, y hacia toda la tierra de aquella llanura miró; y he aquí que el humo subía de la tierra como el humo de un horno» (Génesis 19:28)
«Si alguien se acuesta con otro hombre como quien se acuesta con una mujer, comete un acto abominable y los dos serán condenados a muerte, de la cual ellos mismos serán responsables» (Levítico 20:13)
Comentario: No es el Dios de la Vida quien condena a muerte (al infierno eterno) al homosexual, es su propio pecado el que le condena y que le hace responsable y reo de muerte ante la Ley del Dios Santo.
El Dios de la Vida quiere que el homosexual como cualquier otro pecador (Todos lo somos) se arrepienta de su pecado, vaya a Jesús (no a una religión) y viva.
«La apariencia de sus rostros testifica contra ellos; porque como Sodoma publican su pecado, no lo disimulan. ¡Ay del alma de ellos! porque amontonaron mal para sí» (Isaías 3:9)
Comentario: ¿No es esto lo que pasa hoy en día con el pecado de la homosexualidad y el lesbianismo? Publican desvergonzadamente y sin disimulo a los 4 vientos su pecado para convencer a esta decadente y cauterizada moralmente sociedad de que les acepte.
No doble sus rodillas ante esta avalancha mediática.
«Porque se aumentó la iniquidad de la hija de mi pueblo más que el pecado de Sodoma, que fue destruida en un momento, sin que acamparan contra ella compañías» (Lamentaciones 4:6)
EL TRAVESTISMO ES ABOMINACIÓN ANTE DIOS: «No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer; porque abominación es a Yahvé tu Dios cualquiera que esto hace» (Deuteronomio 22:5)
EL LESBIANISMO ES UNA PASIÓN CONTRA LA NATURALEZA Y VERGONZOSA «Por esto Dios los entregó a pasiones vergonzosas; pues aun sus mujeres cambiaron el uso natural por el que es contra naturaleza» (Romanos 1:26)
LA HOMOSEXUALIDAD RECIBE EN SI MISMA CASTIGO Comentario: Creo que no debemos pensar, como algunos energúmenos creen, que el castigo particular de Dios contra este pecado sea el SIDA u otra enfermedad similar que afecta a tantos inocentes (en ese caso todos deberíamos estar afectados por una enfermedad, porque todos somos pecadores ante Dios los unos lavados por la sangre de Cristo y los otros no-).
Estas enfermedades que se han propagado en un principio por causa de prácticas sexuales contra-naturaleza no son comparables con el venidero juicio de Dios cuando estemos ante Su Santo Trono para ser juzgados.
Personalmente, en tiempos peores para esta enfermedad y afortunadamente pasados gracias a los avances médicos, he visitado en hospitales a homosexuales afectados de SIDA a los que sus amigos «Gays» habían abandonado. ¡Que triste entonces ver que las falsas luces de éste mundo que perece se habían convertido en sombras, y las risas en lágrimas! Los homosexuales en lo profundo de sus corazones sufren por su pecado más de lo que podemos imaginar.
«y de igual modo también los hombres, dejando el uso natural de la mujer, se encendieron en su lascivia unos con otros, cometiendo hechos vergonzosos hombres con hombres, y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío» (Romanos 1:27)
LA HOMOSEXUALIDAD O EL SER AFEMINADO EXCLUYE DEL REINO DE DIOS Comentario: La Biblia tacha a la homosexualidad como depravada hasta el extremo porque niega la imagen de Dios a la que el hombre ha sido creado. Niega el plan de Dios para la sociedad por medio de la institución de la familia (fundada por Dios aún antes que la iglesia). Creo que es por esto y no otra cosa que es un pecado especialmente desagradable a Sus santos ojos.
«¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios» (1ª Corintios 6:9-11)
LA HOMOSEXUALIDAD ES ENEMIGA DEL EVANGELIO Comentario: Ya es el tiempo en que en algunos países europeos, los homosexuales que reclaman para si mismos tolerancia y que no la tienen para los que pensamos que sus prácticas no son «normales» y sí contra-natura, están promoviendo leyes que envían a la cárcel a los pocos mártires (confesores de la Palabra de Dios) modernos que denuncian y hablan claramente de este pecado.
«Pero sabemos que la ley es buena, si uno la usa legítimamente; conociendo esto, que la ley no fue dada para el justo, sino para los transgresores y desobedientes, para los impíos y pecadores, para los irreverentes y profanos, para los parricidas y matricidas, para los homicidas, para los fornicarios, para los sodomitas, para los secuestradores, para los mentirosos y perjuros, y para cuanto se oponga a la sana doctrina, según el glorioso evangelio del Dios bendito» (1ª Timoteo 1:8-11)
LA HOMOSEXUALIDAD ES CASTIGADA CON DESTRUCCIÓN «condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente» (2ª Pedro 2:6)
LA HOMOSEXUALIDAD ES CASTIGADA CON FUEGO ETERNO «como Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado e ido en pos de vicios contra naturaleza, fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno» (Judas 1:7)
HAY LIBERACIÓN Y PERDÓN DEL PECADO DE LA HOMOSEXUALIDAD «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis (…) ni los afeminados, ni los que se echan con varones (…) heredarán el reino de Dios. Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios» (1ª Corintios 6:9-11)
Se hace necesario decir aquí, en justicia, que de los alrededor de 80 países del mundo donde la homosexualidad está penada, ninguno de ellos es «cristiano». En 8 de ellos está penada con la muerte (todos ellos musulmanes), en otros 8 se les puede condenar a cadena perpetua, y en el resto es ilegal y está penada con penas más o menos duras. El cristiano no aprueba el pecado homosexual, pero debe entender que el homosexual está necesitado como cualquier otro hombre pecador, de la liberación de su pecado que solo Jesús puede dar.
SI ERES HOMOSEXUAL -¡Y HAS LLEGADO HASTA AQUÍ!- DEBES SABER QUE… No eres más o menos pecador que el autor de esta Web. La única diferencia entre el mejor cristiano y el peor de los pecadores la hace Jesús de Nazaret. Tu pecado, y el mío, sea cual sea, no es sino una manifestación del pecado que hay en el corazón de todos nosotros.
El ser «más o menos bueno» o ser un homosexual practicante o un hombre que va a la iglesia cada domingo intentando cumplir los mandamientos de la Ley de Dios no nos libra:
«Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho trasgresor de la ley.» (Santiago 2:10,11).
Cuando incumplimos o transgredimos uno solo de estos mandamientos (en tu caso al ser homosexual y en el del que escribe esto pecados vergonzosos de otra índole) nos hacemos culpables ante toda la Ley de Dios, (por ejemplo: como el que cumple todas y cada una de las leyes de un país salvo una: robar bancos) y merecedores del castigo que Él en Su Santidad ha decretado para el pecado:
«Porque la paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23)
Hay un lugar terriblemente real destinado a los que mueren en sus pecados, sean homosexuales o «cristianos» de nombre:
«Si tu mano te fuere ocasión de caer, córtala; mejor te es entrar en la vida manco, que teniendo dos manos ir al infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu pie te fuere ocasión de caer, córtalo; mejor te es entrar a la vida cojo, que teniendo dos pies ser echado en el infierno, al fuego que no puede ser apagado, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga. Y si tu ojo te fuere ocasión de caer, sácalo; mejor te es entrar en el reino de Dios con un ojo, que teniendo dos ojos ser echado al infierno, donde el gusano de ellos no muere, y el fuego nunca se apaga» (Marcos 9:43-48)
Ahora bien, hubo Uno: Jesús, que cumplió perfectamente la Ley:
«Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino Uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro.» (Hebreos 4:14-16).
Ese es Jesús, el Buen Jesús. Él pagó en la cruz el precio que merecían tus y mis pecados, por eso Él es el Salvador:
«El cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación» (Romanos 4:25)
Por eso dice la Biblia:
«Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios» (Juan 3:16-18).
Jesús murió por culpa nuestra. Dios no nos perdona de cualquier modo o porque le apetezca: nos perdona porque ya castigó nuestros pecados en Su Hijo, que tomó el pecado también de los homosexuales en la cruz. Ahora si te arrepientes (cambias de vida) y te vuelves a Él te digo que hay esperanza para ti, Dios te puede dar limpieza, pureza y una nueva vida, porque Dios dice en Su Palabra:
«Venid luego, dice El Señor, y estemos a cuenta: aunque vuestros pecados sean como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; aunque sean rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.» (Isaías 1:18)
A ti, que no sabes de qué están hechos sus próximos 5 minutos de vida, que estás desesperado, que buscas verdadera libertad, te toca decidir ahora dónde quiere pasar una eternidad. Solo tienes que arrepentirte de tus pecados y entregarle tu vida entera a Jesucristo. Así de sencillo: entregarle tú tu vida llena de miserias a Jesús y a cambio Él Te dará una nueva vida -Su Vida- de perdón y plenitud.
«Venid a mí todos los que estáis fatigados y cargados, y Yo os haré descansar. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso. Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mateo 11: 28-30)
Si esto te ha hecho reflexionar te aconsejo que busques una buena iglesia genuinamente cristiana -no de la religión tradicional y «popular» ni uno de esos grupos «locos» que hay por ahí- y pidas poder hablar con el responsable (te recomiendo una iglesia bautista y si es reformada mejor). En el improbable caso de que no te hicieran caso o te tratasen mal, no te desanimes: sigue buscando y mira a Jesús, no a los hombres. Si no sabes si cerca de ti hay una escríbeme y trataré de ayudarte. (Para contactar hágalo a la dirección de correo: autorcristianismoprimitivo@gmail.com)
Existe falta de piedad intensa en muchas de las iglesias
Charles Spurgeon
Otra de nuestras dificultades estriba en la falta de piedad intensa en muchas de las iglesias. Gran número de hermanos y hermanas viven hoy día, en alto grado, para la gloria de Dios. Doy gracias a Dios de que hay actualmente tanta actividad santificada y consagración del corazón como en cualquier período anterior de la historia de la Iglesia cristiana. Entre nosotros hay hombres y mujeres cuyos nombres pasarán a la posteridad como ejemplos de devoción. Dios no se ha dejado a sí mismo sin testimonio.
Pero, ¿os dais cuenta de cuán superficial es la religión de la casa de los que la profesan? ¿Cuántos siervos podrían vivir en familias que se llaman cristianas sin percibir diferencia alguna entre estas casas y las de los del mundo? ¿No es cierto que la oración en familia se descuida en muchos casos? ¿No es cierto que tenemos miembros que jamás son vistos en las reuniones de oración? Al hacer preguntas, ¿no descubrís que los acomodados no pudieron asistir porque la hora de la cena es la misma que la de la reunión de oración? Sin duda serán más cuidadosos en adorar a su dios favorito. En otros casos, descubriréis que las personas ocupadas, que no pudieron ir a orar, no tuvieron dificultades para asistir a un concierto.
Las cenas en restaurantes y las reuniones musicales son ceremonias más importantes para muchos que la ofrenda de oración a Dios. ¿Acaso no nos encontramos con oficiales de iglesia que dicen abiertamente no sentir interés por algo tan anticuado como las reuniones de oración?Éste es un lamentable signo de decadencia, y se observa frecuentemente. Nuestras iglesias podrán causar muchas penas a sus pastores; pero, en la mayor parte de los casos, los pastores mismos se han rebelado tanto que no les importa tampoco.
En cuanto a los ministros, muchos miembros de iglesia son indiferentes tocante a la piedad personal del predicador; lo que desean es talento o inteligencia. Ya no importa lo que predica; ha de atraer una multitud, o complacer a la élite, y eso basta. La inteligencia es lo principal. Se diría que buscaban un prestidigitador y no un pastor. Tanto si predica la verdad como el error, el hombrees admirado en tanto que sepa hablar con locuacidad y conservar la reputación de orador. Si tuviéramos piedad más genuina en los miembros y los diáconos, los farsantes pronto se llevarían sus mercaderías a otros mercados.
Pero me temo que ha habido gran relajación en la admisión de miembros, y la calidad de nuestras iglesias se ha mancillado y quedado sin buenos fundamentos a causa de las «multitudes mixtas», en medio de las cuales toda clase de males encuentra asilo acogedor. ¡Desdichado el líder en cuyo campamento hay un Acán! ¡Mejor fuera que Demas nos abandonase, y no que viviera con nosotros, e importara el mundo a la iglesia! ¡Cuántos ministros son débiles para la guerra por no estar sostenidos por una congregación piadosa, y sus manos no pueden ser ayudadas por hermanos que oran!
Fragmentos tomados del libro “Un ministerio ideal” p. 313 – 314 el cual recopila varios sermones del pastor Spurgeon dictados en la Conferencia Anual de ministros.