¿Eso es lo que me espera?

Un Mensaje a la Conciencia

¿Eso es lo que me espera?

Carlos Rey y Linda Stewart

En este mensaje tratamos el caso de un hombre que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net y nos autorizó a que lo citáramos, como sigue:

«Veo a mis padres levantarse cada día a las cinco de la mañana y volver a las ocho de la noche…. Suelo verlos agotados casi siempre y sin tiempo de nada…. Cada vez que me despierto para ir a la universidad y los veo, me desilusiono pensando: “¿Eso es lo que me espera vivir como empresario?” Las rutinas me aterran. Detesto que el mundo tenga que funcionar así…. Tengo miedo de esa vida triste.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimado amigo:

»Es prudente que ya esté contemplando las ramificaciones de la carrera que está emprendiendo. Las largas horas que trabajan sus padres son, en definitiva, una desventaja del empleo que tienen. Usted no lo dice, pero al parecer tiene planes de seguir sus pasos y tal vez hacerse cargo del negocio de ellos en el futuro. Es posible que usted sienta que no tiene más opción que esa debido a las expectativas de ellos.

»Aunque muchas personas tienen pocas opciones y consiguen empleos aburridos y físicamente extenuantes, un título universitario por lo general les depara más oportunidades. Como usted ya está cursando estudios universitarios, tiene un porvenir con buenas perspectivas. Pudiera parecer que lo que estudia actualmente lo limitará a ciertas profesiones, pero un título universitario en cualquier rama de estudios lo preparará para una amplia gama de profesiones….

»Si usted de veras siente que debe seguir los pasos de sus padres, es importante que recuerde que podrá valerse de tecnología que no existía sino hasta hace pocos años. Mientras cursa estudios en la universidad, tiene una magnífica oportunidad de investigar las maneras en que pudiera revolucionar los procesos que emplea ese negocio. Desde luego, le llevará varios años incorporar tales adelantos, y quizá tenga que convencer a sus padres (si el negocio les pertenece en la actualidad).

»Si no se le ocurre ninguna opción que pudiera hacer más emocionantes sus planes actuales para un futuro empleo, entonces le recomendamos que considere otras posibilidades…. [Ninguna carrera] es una buena opción a menos que esté relativamente seguro de que pueda sustentarse usted mismo y sustentar a su futura familia con sus ingresos. Una de las razones por las que tantas personas tienen empleos que no las satisfacen es que comprenden que el sustentar a la familia es aún más importante que tener una profesión satisfactoria.

»Dios sabe lo que más le conviene a usted, así que necesita su sabiduría divina. Si está dispuesto a entregarle su vida a Él y a seguir sus pasos, entonces podrá confiar en que lo guíe de modo que descubra una carrera y una vida que lo satisfagan a usted. Los que confían en Dios no tienen por qué sentir miedo.1»

Con eso termina lo que Linda, mi esposa, recomienda en este caso. El caso completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se pulsa la pestaña en http://www.conciencia.net que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 501.

1 Sal 56:11

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La santidad, ¿una cuestión pública o privada?

The Master’s Seminary

La santidad, ¿una cuestión pública o privada?

Heber Torres

En 1966 el escritor japonés Shusaku Endo publicaba una novela de ficción titulada «Silencio» que pronto alcanzaría un éxito notable al punto de convertirse en todo un referente literario[1]. En ella se relata la historia de unos misioneros jesuitas que en el siglo XVII viajan a Japón para divulgar su credo. Su aventura termina rápido. Pronto experimentan la oposición de las autoridades locales siendo obligados a apostatar de su fe, enfrentando el dilema de ocultar su profesión o renegar de la misma para sobrevivir. En las últimas décadas, aun en el mundo occidental, se ha podido identificar un creciente interés por parte de gobiernos y agentes sociales en promover un modelo de fe silenciosa en el que aparentemente el individuo tiene el derecho de mantener cualquier creencia siempre y cuando no la traslade a la esfera pública, y mucho menos pretenda hacer prosélitos de ella.

Sin embargo, el cristianismo bíblico tiene por naturaleza una vocación pública. ¡Resulta imposible concebirlo de otra manera! Cuando el cristiano se acerca a las páginas de las Escrituras observará que no existe un espacio privado en el que pueda acomodar cierta «faceta espiritual» (Dn. 3:17–18). Al contrario, hay razones de peso que confirman la necesidad de cultivar una vida de santidad en nuestra relación con las personas que nos rodean.

La conexión

Estar en Cristo es formar parte del cuerpo de Cristo. Él se dio a sí mismo para santificar a cada uno de sus redimidos para que, sin mancha ni arruga, puedan experimentar una comunión santa e inmaculada con Él (Ef. 5:25–27). Pero este camino de santificación no se transita en solitario. Como resultado de lo que Cristo ha hecho el cristiano está unido con aquel que es la cabeza, pero también con todos los que han sido salvos por su sangre.

Es posible que algunas personas interpreten erróneamente el concepto de «apartados» o «separados» para Dios implícito en el término santidad. Pero la santidad de cada hijo de Dios no es una cuestión exclusivamente personal, sino que afecta estrechamente la realidad de los que son sus hermanos en Cristo, con los que está íntimamente conectado. Los creyentes son miembros los unos de los otros, de manera que, «si un miembro sufre, todos los miembros sufren con él; y si un miembro es honrado, todos los miembros se regocijan con él» (1 Co. 12:26). La santidad y la obediencia de un cristiano afecta directamente a todo el conjunto de la Iglesia, porque lo que finalmente está en juego es el testimonio de Cristo y de su cuerpo. El que un individuo se aleje de la comunión de sus hermanos trae un mal nombre al evangelio. Ya sea que el cristiano lo piense o no, sus acciones (y aun sus omisiones) tienen ramificaciones en la vida de otros, y esto es recíproco: sin el aporte de ellos en su vida, su desarrollo espiritual resultaría inviable.

En estos meses de pandemia el consumo de teléfonos, tabletas u ordenadores personales se ha disparado. Muchos profesionales trabajan telemáticamente y un buen número de estudiantes cursa sus clases sin salir de casa. Los seres humanos viven en la era de lo individual. La cultura aspira y disfruta de un estilo de vida personalizado al más mínimo detalle. Y lo que ya era tendencia en cuanto al tiempo de ocio, se ha convertido casi en normativo con respecto a otras áreas de la vida. Sin embargo, el plan de Dios para con los suyos ha sido diseñado para ser vivido en comunión y colaboración con otros (Ro. 12:4–16). Francisco Lacueva lo explica así: «El nuevo Testamento desconoce un cristiano individualista. Tan pronto como alguien nace de nuevo y cree en el Señor, Dios lo añade en la [Iglesia]. Estar en Cristo y estar en la iglesia son fórmulas que se implican mutuamente»[2].

La realidad del cristiano como hijo de Dios no puede ser restringida a sí mismo como sujeto autónomo. Necesita de la presencia de otros, así como debe de estar presente y colaborar en el crecimiento de otros. Por eso no existe un contexto más apropiado para progresar en su andar con Cristo que la comunión de los santos. Siendo parte de la Iglesia el cristiano es exhortado y exhorta también a otros. Es animado y anima también a otros. Es orientado y orienta también a otros. Sirve y es servido por otros. Rinde cuentas, es guiado, instruido y corregido, y todo ello redunda directamente en nuestro avanzar espiritual (Gá. 6:1–2). La Biblia enumera hasta 26 obligaciones que cada creyente tiene para con sus hermanos en Cristo[3]. El cristiano que alimenta su fe en el entorno de la iglesia local se beneficia del ministerio de otros y tiene la oportunidad de desarrollar los dones que Dios le ha dado. ¡Pensar en vivir una vida santa en solitario es tan descabellado como pretender que un órgano cumpla con su función alejado del resto del organismo!

La confirmación

Cristo mismo rechazó con determinación la hipocresía de algunos religiosos que pretendían deslumbrar a sus contemporáneos por medio de una actuación santurrona y carente de vida. Sin duda algunos judíos habían terminado por imitar el mismo «despliegue» ritualista que caracterizaba a los paganos de su época (Mt. 6:1). Sin embargo, también insistió en la necesidad de que sus discípulos produzcan un fruto visible que confirme la legitimidad de su fe y, de esa forma, el Padre sea glorificado (Jn. 15:8).

Del mismo modo que «una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar; ni se enciende una lámpara y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en la casa [—dice el Hijo de Dios—]. Así brille vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas acciones y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos» (Mt. 5:14–16). En estos versículos, Jesús no limita la actuación visible de sus seguidores a la proclamación verbal del evangelio, sino que específicamente enfatiza la importancia de sus buenas acciones. El hijo de Dios no tiene libertad para escoger cómo quiere vivir su vida cristiana. Jesús demanda una vida santa, no solo en lo secreto del corazón, sino también en la manera en la que se comporta cada uno de sus seguidores. En palabras de J.C. Ryle: «El hombre santo procurará practicar un espíritu de misericordia y benevolencia hacia los demás. No permanecerá inactivo todo el día. No se contentará con no hacer daño. Tratará de hacer el bien. Se esforzará todo lo posible por ser útil en su época y generación, y de aliviar las necesidades espirituales y los sufrimientos a su alrededor»[4].

En su primera epístola a Timoteo, el apóstol Pablo exhorta a su pupilo a tener un especial cuidado de su vida espiritual, pero le recuerda que su devoción ha de trascender al ámbito de lo privado. No solamente en lo relativo a su enseñanza, sino también en lo concerniente a su comportamiento. Timoteo debía ser un ejemplo en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza, de modo que su aprovechamiento llegase a ser evidente a todos. Solamente de esa forma aseguraría la salvación tanto para sí mismo como para los que eran receptores de su ministerio (1 Ti. 4:11–16). Porque, finalmente, la manera en la que uno se conduce públicamente con su prójimo confirma que experimenta una comunión genuina con Dios (1 Jn. 4:12, 20–21).

Conclusión

El activismo eclesial en el que muchos viven atrapados hace necesario invitarlos a escapar de la espiral de programas e iniciativas en los que se ven envueltos con el fin de dedicar tiempo a solas con Dios. Sin embargo, nunca al precio de descuidar su testimonio para con los que están más cerca. William Gurnall percibía el peligro de una comunión privada que no tiene repercusiones en nuestra interacción con otros: «¿Escuchas y oras, pero sin encontrar ya la fuerza para cumplir con una promesa o vencer la tentación? ¡Deshonras a Dios cuando bajas del monte de la comunión y rompes las ta­blas de su ley en cuanto te alejas! No encontrar la fe y la fuer­za renovadas en la comunión con Él es señal segura del declive espiritual»[5].

Eso que eres en lo secreto ha de impactar tu manera de relacionarte con los demás. De modo que tus familiares, amistades, compañeros de trabajo o cualquiera que se cruce en tu camino debe poder reconocer que eres de los que verdaderamente pasa tiempo con Jesús y está siendo conformado a su misma imagen (Hch. 4:13; 2 Co. 3:18). Vive para la gloria de Dios en todo lo que hagas.

[1] Shusaku Endo, Silencio (Barcelona: Edhasa, 2009).

[2] Francisco Lacueva, La Iglesia cuerpo de Cristo (Barcelona: Clie, 1997).

[3] Véase Romanos 12:10; 12:16; 14:13; 14:19; 15:14; 1 Corintios 6:7; 7:5; 12:25; Gálatas 5:26; Efesios 4:25; 5:21; Filipenses 2:3; Colosenses 3:9; 3:13; 3:16; 1 Tesalonicenses 4:18; 5:11; 5:13; 5:15; 1 Timoteo 2:1; Hebreos 10:24; Santiago 4:11; 1 Pedro 4:10; 5:5; 5:14; 1 Juan 1:7.

[4] J.C. Ryle, La santidad (Moral de Calatrava: Editorial Peregrino).

[5] William Gurnall, El Cristiano con toda la armadura de Dios (Moral de Calatrava: Editorial Peregrino), 237.

Heber Torres

Heber Torres

Heber Torres (M.Div.) es profesor de teología en el Seminario Berea (León, España) y pastor en la Iglesia Evangélica de Marín (España). Dirige el sitio «Las cosas de Arriba», que incluye podcast y blog. Está casado con Olga y juntos tienen tres hijos: Alejandra, Lucía y Benjamín.

¿Cómo puedo experimentar el gozo en mi vida cristiana?

Got Questions

¿Cómo puedo experimentar el gozo en mi vida cristiana?

El gozo es algo que todos anhelamos, pero que a menudo parece difícil de alcanzar. Experimentar el gozo debe ser parte de la vida de todo cristiano. El gozo es un fruto del Espíritu Santo, producido por la obra de Dios en nosotros, y es parte de la voluntad de Dios para con nosotros. Sabemos que incluso los más maduros del pueblo de Dios experimentaron períodos de falta de gozo. Por ejemplo, Job deseaba que nunca hubiera nacido (Job 3:11). David oraba para que fuera llevado a un lugar donde no tuviera que lidiar con la realidad (Salmo 55:6-8). Elías, aún después de vencer a los 450 profetas de Baal pidiendo que bajara fuego del cielo (1 Reyes 18:16-46), huyó al desierto y le pidió a Dios que le quitara la vida (1 Reyes 19:3-5). Si estos hombres lucharon, ¿cómo podemos experimentar un gozo constante en la vida cristiana?

Lo primero es darse cuenta de que el gozo es un regalo de Dios. La palabra raíz para gozo en griego es chara, que está estrechamente relacionada con la palabra griega charis para «gracia». l gozo es tanto un don de Dios como una respuesta a los dones de Dios. El gozo viene cuando somos conscientes de la gracia de Dios y disfrutamos de Su favor.

Con esto en mente, es evidente que una manera de experimentar el gozo es enfocarse en Dios. En lugar de meditar en nuestras dificultades o en las cosas que roban nuestro contentamiento, podemos meditar en Dios. Esto no quiere decir que debamos negar nuestro descontento o nuestras emociones negativas. Siguiendo el ejemplo de muchos de los salmistas, podemos derramar nuestros corazones a Dios. Podemos decirle sin rodeos todas las cosas que nos afligen. Y luego sometemos esas cosas a Él, recordando quién es Él, y siendo felices en Él. Los Salmos 3, 13, 18, 43 y 103 son buenos ejemplos.

El libro de Filipenses tiene mucho que decir sobre la alegría, aunque Pablo escribió la epístola desde la cárcel. Filipenses 4:4-8 da algunas pautas para experimentar la alegría en la vida cristiana: «Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: !!Regocijaos!..El Señor está cerca. Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. En esto pensad Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad». Aquí vemos la importancia de alabar a Dios, recordando que Él está cerca, orando por nuestras preocupaciones, y manteniendo nuestras mentes enfocadas en las cosas buenas de Dios. Podemos experimentar gozo cuando intencionalmente alabamos. David escribió que el estudio de la Palabra de Dios puede traernos gozo (Salmo 19:8). Experimentamos el gozo al comunicarnos con Dios a través de la oración. Y experimentamos el gozo al mantener nuestro enfoque en cosas piadosas en vez de en circunstancias difíciles o que no nos producen alegría.

Jesús también dio algunas instrucciones con respecto al gozo. En Juan 15 Él habló de permanecer en Él y obedecerle. Él dijo: «Como el Padre me ha amado, así también yo os he amado; permaneced en mi amor. Si guardareis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea cumplido» (Juan 15:9-11). Una de las claves del gozo es vivir en obediencia a Dios.

Otra manera de experimentar gozo en la vida cristiana es a través del compañerismo. Dios le dio descanso a Elías y luego envió a un hombre, Eliseo, para que lo ayudara (1 Reyes 19:19-21). Nosotros también necesitamos amigos con quienes podamos compartir nuestras heridas y dolores (Eclesiastés 4:9-12). Hebreos 10:19-25 dice: «Así que, hermanos…Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca». Debido a la gracia de Dios, sabemos que podemos acercarnos a Dios confiadamente en oración (Hebreos 10:19). Sabemos que estamos limpios de nuestro pecado (Hebreos 10:22). Y estamos unidos en una nueva comunidad, una familia de creyentes. Con nuestros hermanos creyentes, nos mantenemos firmes en nuestra fe, confiando en el carácter de Dios. También nos animamos unos a otros. Los cristianos no pertenecen a este mundo (Juan 17:14-16; Filipenses 3:20). Anhelamos estar con Dios, finalmente restaurados a nuestro diseño original. La vida puede ser solitaria y desalentadora. Otros nos ayudan a recordarnos la verdad, a llevar nuestras cargas con nosotros y a fortalecernos para continuar (Gálatas 6:10; Colosenses 3:12-14).

El gozo está destinado a ser un sello distintivo de la vida cristiana. Es un fruto del Espíritu Santo y un don de Dios. Mejor recibimos este regalo cuando nos enfocamos en la verdad de quién es Dios, cuando tenemos comunión con Él a través de la oración, y confiamos en la comunidad de creyentes que Él ha provisto.

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¿Qué es la PERSEVERANCIA de los SANTOS?

Teología Express

¿Qué es la PERSEVERANCIA de los SANTOS?

Jairo Chaur

Jairo Chaur es pastor en la Iglesia Evangélica de la Gracia, en Barcelona (España). Para más información pueden consultar nuestra web:
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¿Qué es la perseverancia de los santos?

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¿Podemos probar la existencia de Dios?

No es tan simple como parece

¿Podemos probar la existencia de Dios?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

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Me cuesta decir la verdad

Un Mensaje a la Conciencia

Me cuesta decir la verdad

Carlos Rey y Linda Stewart

En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio http://www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos:

«Soy una joven de veinticinco años. Desde pequeña, mis padres me criaron en un ambiente de mentira….

»Comencé hace cinco años y medio una relación con un joven…. [pero él] terminó la relación porque le mentí… y estoy muy arrepentida de mi actitud. ¿Podré recibir perdón de su parte? Creo que lo que más recibo es condena por mi pecado de la mentira, pero sinceramente me cuesta decir la verdad. Necesito una nueva oportunidad, pero veo que todo se torna muy complejo. Tenía planes y proyectos para el futuro porque hay mucho amor de mi parte, pero por mi pecado todo se acabó.»

Este es el consejo que le dio mi esposa:

«Estimada amiga:

»Comprendo lo difícil que es abandonar el hábito de mentir. En el Caso 43 en http://www.conciencia.net puede leer acerca de mi experiencia personal.

»Usted nos pregunta si su novio podrá perdonarla. Y luego dice que necesita una nueva oportunidad. No sabemos si él podrá perdonarla, pero aunque llegue a hacerlo, es posible que no le dé otra oportunidad….

»¿Puede usted, sin embargo, dejar de mentir? ¿Puede llegar a ser digna de confianza y estar lista para otro noviazgo significativo? ¡Sí, sí puede! Pero será necesario que usted cambie sus prioridades.

»Actualmente usted está concentrada en cómo restaurar su noviazgo…. Necesita más bien concentrar todo su esfuerzo en volver a ser digna de confianza, no por causa de ningún hombre, sino porque comprende que el mentir puede envenenar todas sus relaciones humanas, incluso las que tiene con sus amigos y familiares.

»¿Cómo puede usted llegar a ser digna de confianza? Tiene que decir la verdad el ciento por ciento del tiempo. Si dice la verdad casi todo el tiempo, con una que otra mentira en una situación difícil, ¿puede así ser digna de confianza? Lamentablemente no. Con una sola mentira se siembra la duda en la mente de alguien. Usted tiene que determinar decir la verdad en toda situación, pase lo que pase. De hacerlo así, con el paso del tiempo la verdad se convertirá en un hábito y en una nueva manera de vivir.

»Así como una sola mentira puede descalificar a cualquiera de nosotros como digno de confianza, un solo pecado basta para separarnos de Dios. Como todos los seres humanos han pecado, todos están separados de Dios. Por eso envió Dios a su Hijo Jesucristo para que pagara el castigo por nuestros pecados.1 Cuando le pedimos a Dios que nos perdone, y reconocemos que Cristo ya pagó el castigo, podemos recibir el perdón y volver a disfrutar de una relación con Él. Esa relación es necesaria para que tengamos la seguridad de la vida eterna. Así que pídale a Dios que la perdone y que restaure la relación con Él. Y luego pídale que le ayude a asegurarse de que cada palabra que salga de su boca sea la verdad.»

Con eso termina lo que recomienda Linda, mi esposa. El consejo completo, que por falta de espacio no pudimos incluir en esta edición, se puede leer si se ingresa en el sitio http://www.conciencia.net y se pulsa la pestaña que dice: «Casos», y luego se busca el Caso 500.

1 Ro 3:23-24

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¿Qué quiso decir Jesús cuando prometió una vida abundante?

Got Questions

¿Qué quiso decir Jesús cuando prometió una vida abundante?

En Juan 10:10, Jesús dijo, «El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. A diferencia de un ladrón, el Señor Jesús no viene por razones egoístas. Viene a dar, no a recibir. Viene para que las personas puedan tener vida en Él que sea significativa, con propósito, alegre y eterna. Recibimos esta vida abundante el momento que lo aceptamos como nuestro Salvador.

Esta palabra «abundante» en griego es perisson, que significa «excesivamente, altamente, más allá de la medida, más, superfluo, una cantidad tan abundante como para ser considerablemente más de lo que uno esperaría o anticiparía». En definitiva, Jesús nos promete una vida mucho mejor de la que nos podríamos imaginar, un concepto que nos recuerda de 1 Corintios 2:9: «Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, Son las que Dios ha preparado para los que le aman». El apóstol Pablo nos dice que Dios es capaz de “hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos”, y lo hace por Su poder, un poder que está obrando dentro de nosotros si le pertenecemos a Él (Efesios 3:20).

Antes de comenzar a tener visiones de casas lujosas, coches caros, cruceros en todo el mundo, y más dinero de lo que podemos gastar, tenemos que hacer una pausa y pensar en lo que Jesús enseña sobre la vida abundante. La Biblia nos dice que la riqueza, el prestigio, la posición y el poder en este mundo no son las prioridades de Dios para nosotros (1 Corintios 1:26-29). En cuanto al estado económico, académico y social, la mayoría de los cristianos no procede de las clases privilegiadas. Claramente, entonces, una vida abundante no consiste de una abundancia de cosas materiales. Si ese fuera el caso, Jesús habría sido el más rico de los hombres. Pero es todo lo contrario (Mateo 8:20).

La vida abundante es la vida eterna, una vida que comienza en el momento que venimos a Cristo y lo recibimos como Salvador, y continúa a lo largo de toda la eternidad. La definición bíblica de la vida — específicamente la vida eterna — es proporcionada por Jesús mismo: «Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado » (Juan 17:3). Esta definición no hace mención de la longitud de los días, la salud, la prosperidad, la familia o la carrera. De hecho, lo único que menciona es el conocimiento de Dios, que es la clave para una vida verdaderamente abundante.

¿Qué es la vida abundante? En primer lugar, la abundancia es abundancia espiritual, no material. De hecho, Dios no se preocupa demasiado por las circunstancias físicas de nuestras vidas. Él nos asegura que no necesitamos preocuparnos por la comida ni la vestimenta (Mateo 6:25-32; Filipenses 4:19). Las bendiciones físicas pueden o no ser parte de una vida centrada en Dios; ni la riqueza ni la pobreza es un indicio seguro de nuestra posición con Dios. Salomón tuvo todas las bendiciones materiales disponibles para un hombre, pero encontró todo sin sentido – vanidad de vanidades (Eclesiastés 5:10-15). Pablo, por otro lado, estaba contento en cualquier circunstancia física en la que se encontraba (Filipenses 4:11-12).

En segundo lugar, la vida eterna, la vida por la cual un cristiano realmente se preocupa, no es determinada por la duración, sino por una relación con Dios. Esto es por qué, una vez que nos convertimos y recibimos el regalo del Espíritu Santo, se dice que tenemos la vida eterna ya (1 Juan 5:11-13), aunque no, por supuesto, en su plenitud. La duración de la vida en la tierra no es sinónimo de vida abundante.

Finalmente, la vida de un cristiano gira alrededor del principio de crecer “en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y el Salvador Jesucristo” (2 Pedro 3:18). Esto nos enseña que la vida abundante es un proceso continuo de aprendizaje, práctica, y maduración, así como fracaso, recuperación, adaptación, perseverancia, y superación, porque, en nuestro estado actual, “vemos por espejo, oscuramente” (1 Corintios 13:12). Un día veremos a Dios cara a cara, y le conoceremos completamente tal como seremos conocidos completamente (1 Corintios 13:12). Ya no lucharemos con el pecado y la duda. Esto será la vida abundante finalmente realizada.

Aunque somos naturalmente deseosos de cosas materiales, como cristianos, nuestra perspectiva de la vida debe ser revolucionada (Romanos 12:2). Así como nos convertimos en nuevas creaciones cuando venimos a Cristo (2 Corintios 5:17), así debe ser transformada nuestra comprensión de la «abundancia». La verdadera vida abundante consiste en una abundancia de amor, gozo, paz y el resto del fruto del Espíritu (Gálatas 5:22-23), no una abundancia de «cosas». Consiste en una vida que es eterna, y, por lo tanto, nuestro interés está en el eterno, no el temporal. Pablo nos amonesta, «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios» (Colosenses 3:2-3).

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¿Quién CORRIGE al PASTOR?

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¿Quién CORRIGE al PASTOR?

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¿Dónde y cuándo debo orar?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Preguntas claves sobre la oración

¿Dónde y cuándo debo orar?

Nathan W. Bingham

Nota del editor: Este es el undécimo de 25 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Preguntas claves sobre la oración.

Un amigo mío está a solo unas semanas de casarse. Una cosa que le he enfatizado este año es que la buena comunicación es una de las claves para un matrimonio fructífero. Como seres relacionales creados a imagen de Dios, todos reconocemos este aspecto vital de las relaciones cercanas. Por eso es útil recordar que la oración es, como Juan Calvino decía a menudo, una «conversación con Dios».

¿Cuándo debemos orar? Al igual que la conversación dentro de un matrimonio saludable, la oración es, de manera ideal, frecuente y orgánica. Si solo hablara con mi esposa durante períodos de tiempo programados al principio o al final del día, o peor aún, solo los domingos, podría haber un problema. A la vez, programar momentos intencionales para tener una conversación más profunda e ininterrumpida, quizás mientras los niños están en la cama o mientras salimos a cenar, es extremadamente saludable. Notamos esta tensión en las Escrituras cuando se nos manda a «[orar] sin cesar» de una manera muy orgánica (1 Tes 5:17) y a la misma vez vemos a cristianos orando en momentos determinados y no de manera accidental.

No priorizar la oración es priorizar otra cosa.

Como cristiano, no me llevó mucho tiempo aprender que si no reservaba un tiempo diario para orar, las ocupaciones de la vida se me interpondrían muy fácilmente. No priorizar la oración es priorizar otra cosa. Al mismo tiempo, también aprendí que cuando doy prioridad a establecer un tiempo para orar, tiendo a tratarlo como un elemento más en mi lista de tareas pendientes. Puedo caer en la trampa tachar a Dios y luego olvidarme de Él. Enfocar la oración como algo que tengo que hacer puede llevarme a descuidar al Señor durante todo el día. No te desalientes. Al igual que la comunicación en un matrimonio saludable, por la gracia de Dios, una vida de oración saludable se desarrolla con el tiempo.

Otra pregunta es dónde debemos orar. Muchas mañanas he orado en la cama. También he pasado muchas mañanas volviéndome a dormir. Creo que la respuesta sobre dónde debemos orar es liberadora y simple: debemos orar donde necesitemos orar. Si estás a punto de entrar en una reunión de negocios o en una habitación con un niño malcriado e impenitente, ora en tu mente o en voz baja por sabiduría o paciencia. Si necesitas confesar un pecado u orar por un ser querido que atraviesa una prueba y no deseas ser interrumpido o distraído, busca un lugar alejado de interrupciones y distracciones. Las Escrituras no limitan la oración solo dentro del edificio de una iglesia. Debemos orar donde necesitemos orar. Pero si una determinada ubicación nos estimula a quedarnos dormidos, tal vez deberíamos buscar otro lugar.

Si bien Dios no prescribe un momento o un lugar específico para la oración, sería sabio reservar momentos específicos para orar y utilizar lugares apropiados para la oración. La manera de hacer esto será diferente para cada persona según las diferentes estaciones y situaciones de la vida.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Nathan W. Bingham
Nathan W. Bingham

Nathan es el Director General de Comunicaciones para Ligonier Ministries y un graduado del Presbyterian Theological College en Melbourne, Australia. Escribe en NWBingham.com. Lo puedes seguir en Twitter @NWBingham.

¿Qué ocurre con aquellas personas inocentes que nunca oyeron de Cristo?

No es tan simple como parece

¿Qué ocurre con aquellas personas inocentes que nunca oyeron de Cristo?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

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