¿Es pecado ingerir bebidas alcohólicas?

Un creyente debe abstenerse de ingerir cualquier bebida alcohólica.

Como siempre ha sido nuestra práctica, dejemos que la palabra de Dios nos instruya sobre este tan debatido y polémico asunto de conducta cristiana.

Comenzaremos diciendo que la Biblia no contiene ningún mandato en contra de ingerir bebidas alcohólicas. Lo que sí contiene es mandatos en contra de la embriaguez. Note uno de ellos, se encuentra en 1ª Corintios 6:9-10 donde leemos: «¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis, ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios»

De aquí podemos concluir que la palabra de Dios condena la borrachera al ponerla en el mismo plano que la fornicación, el adulterio, la homosexualidad, la idolatría, etc.

¿Será entonces que el creyente puede ingerir cualquier bebida alcohólica siempre y cuando no llegue a emborracharse? Hay muchos que opinan que sí, y se convierten en bebedores sociales, lo cual, según ellos, significa que ingieren bebidas alcohólicas con moderación para cumplir con sus compromisos sociales. Dicen ellos que como la Biblia no contiene un versículo que diga: No seáis un bebedor social, entonces no hay ningún problema con ingerir bebidas alcohólicas siempre y cuando no lleguen a emborracharse.

Pero aquí debemos detenernos y meditar, porque estamos entrando en un campo que debe ser considerado con sumo cuidado antes de decidir que podemos ingerir bebidas alcohólicas con moderación como dicen algunos.

Es necesario considerar la ley del amor gobernando nuestra libertad en Cristo para hacer o dejar de hacer ciertas cosas no legisladas en la Biblia. En esencia lo que esta ley dice es que la libertad que tenemos en Cristo para hacer o dejar de hacer las cosas que no están reguladas en la Biblia está limitada por una ley superior que es el amor a los demás.

Esta ley aparece en textos como Gálatas 5:13 donde dice: «Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servios por amor los unos a los otros»

Según lo que dice este texto, diríamos que efectivamente, el creyente tiene plena libertad para ingerir bebidas alcohólicas con moderación, sin llegar a emborracharse, pero existe el peligro de usar esta libertad como ocasión para la carne.

¿Qué significa esto? Pues que la libertad que tiene el creyente para hacer cierta cosa, se ha tornado en un justificativo para agradarnos a nosotros mismos en detrimento de los demás. Por eso el versículo que leímos termina diciendo: sino servios por amor los unos a los otros.

Esto significa entonces que la libertad del creyente para hacer las cosas no legisladas en la Biblia queda subyugada al servicio a los demás en amor. ¿Cómo serviríamos a otros por amor, en el caso que nos atañe? Pues simple y llanamente cediendo voluntariamente el derecho que tenemos para ingerir bebidas alcohólicas.

Es por esto que Pablo nos deja con un excelente enfoque de su libertad en Cristo en 1ª Corintios 10:23-24 donde dice: «Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica. Ninguno busque su propio bien, sino el del otro.»

Aplicando este texto al caso específico de ingerir o no bebidas alcohólicas con moderación, sin llegar a emborracharse, Pablo diría: Es lícito ingerir bebidas alcohólicas sin llegar a emborracharse, pero no es necesariamente conveniente. Es lícito ingerir bebidas alcohólicas sin emborracharse, pero puede ser que no sea edificante. ¿Cómo saber si es o no conveniente? ¿Cómo saber si es o no edificante? Pues por el efecto que esta conducta va a tener en los otros.

La libertad cristiana está entonces limitada por como va a afectar nuestras acciones sobre otros hermanos. Es en relación a esto que Pablo pronunció las palabras que tenemos en 1ª Corintios 8:13 donde dice: «Por lo cual, si la comida le es a mi hermano ocasión de caer, no comeré carne jamás, para no poner tropiezo a mi hermano.»

Aplicando esto a nuestro caso de ingerir bebidas alcohólicas con moderación, Pablo diría: Si ingerir bebidas alcohólicas con moderación afecta negativamente a algún hermano, gustosamente cederé mi derecho de ingerir bebidas alcohólicas con moderación para por amor no hacer tropezar a ese hermano. Esto es la libertad limitada por el amor; y es característica de una verdadera madurez espiritual.

Terminando ya, leamos lo que dice Romanos 15:1-2 «Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos. Cada uno de nosotros agrade a su prójimo en lo que es bueno, para edificación.»

Resumiendo entonces, la Biblia no ordena abstinencia total de bebidas alcohólicas por parte del creyente. El creyente tiene libertad de hacerlo, pero esta libertad está limitada por el amor a otros hermanos y esto resulta en un ceder el derecho de ingerir bebidas alcohólicas para no herir a otros hermanos. Esta es una conducta propia de la madurez espiritual.

¿Cómo podemos vivir en santidad?

Generalmente se piensa que para vivir en santidad es necesario cumplir con determinadas reglas. Pero en ningún lugar de la Biblia se sugiere siquiera que podemos llegar a ser santos por medio de la obediencia a determinadas reglas.

Al contrario, el apóstol Pablo reprendió a los gálatas por pretender llegar a la santidad de esta manera. Gálatas 3:3 dice: “¿Tan necios sois? ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a acabar por la carne?” Lo que Pablo está diciendo, en otras palabras, es: Si no fue posible obtener la salvación por medio de guardar la ley, ¿cómo piensan que es posible obtener la santidad por medio de guardar la ley? Por la presencia de la naturaleza pecaminosa, el ser humano desea todo lo que prohíbe la ley.

El problema no es con la ley, el problema es con el pecado que mora en la persona. Así que la vida de santidad basada sobre el principio de someterse a las rígidas leyes está condenada al fracaso.

¿Qué es entonces lo que Dios propone? Pues el camino que Dios propone hacia la santidad práctica en el creyente, no es por la ley sino por la gracia. Es como si Dios dijera: Te he salvado por mi gracia, por tanto, por amor y no por temor, anda y vive de una manera que sea consistente con esto. Te he dado el Espíritu Santo que mora en ti para que te dé el poder para andar de una manera que sea digna de este llamamiento.

Te recompensaré por cada ocasión que resistas la tentación, o cada vez que digas no al pecado. Ahora se presentaría la siguiente inquietud: ¿Cómo sé qué tipo de conducta está acorde con el llamado de un creyente? Dios respondería diciendo: He llenado el Nuevo Testamento con instrucciones prácticas de justicia para ti. Algunas de estas instrucciones inclusive se llaman mandamientos, pero recuerda que no se trata de leyes que contemplan castigos si no se las cumple, sino que son ejemplos del estilo de vida que me agrada. El momento que somos salvos llegamos a tener una posición de santidad ante Dios.

Por el hecho de estar en Cristo, somos santos delante de Dios. Nuestra responsabilidad es procurar que nuestra práctica se acerque lo más posible a nuestra posición. Estando bajo la gracia, la motivación para vivir en santidad es el amor, no el temor. Los creyentes genuinos instintivamente desean ser santos cuando reflexionan sobre el precio que tuvo que pagar el Señor Jesucristo para pagar por el pecado de ellos.

El recuerdo del Calvario es la motivación más fuerte posible para vivir sobriamente, justamente y santamente. Pero alguien podría objetar esta manera de vivir en santidad diciendo: Si ponemos a los creyentes bajo la gracia, inmediatamente se dedicarán a hacer lo que quieran y a vivir como les plazca. En otras palabras, la doctrina de la gracia fomenta el pecado. Bueno, es verdad que la gracia, como cualquier otra cosa puede ser objeto de abuso. Claro que somos libres de la ley, pero eso no significa que vamos a vivir sin ley. Como bien ha dicho el apóstol Pablo en 1 Corintios 9:21: “No estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo”

Es decir que el Señor Jesucristo es la regla de vida para el creyente, no la ley. De modo que, la forma de vivir en santidad es parándonos firmes sobre la gracia, y haciendo todo lo que nos pide la palabra de Dios, no por el miedo de ser castigados o peor de perder nuestra salvación, porque la salvación no se pierde, sino por el amor que tenemos a Dios por cuando Dios primeramente nos ha amado en Cristo.

David Logacho es Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

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¿Cómo Limpiar La Conciencia?

por John MacArthur

Una de las cosas que el milagro de la salvación manifiesta es el efecto limpiador y rejuvenecedor que el nuevo nacimiento tiene en la conciencia. En la salvación, el corazón del creyente es “purificado de una conciencia culpable” (Hebreos 10:22). El medio por el cual se limpia la conciencia es la sangre de Cristo (Hebreos 9:14). Eso no significa, por supuesto, que la sangre real de Jesús tenga alguna potencia mística o mágica como agente limpiador de la conciencia. ¿Qué significa eso?

Los conceptos teológicos involucrados aquí son sencillos, aunque bastante profundos. La ley del Antiguo Testamento requería sacrificios de sangre para expiar el pecado. Pero los sacrificios del Antiguo Testamento no podían hacer nada por la conciencia. Esos sacrificios no tenían eficacia real para expiar el pecado, “ya que es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite los pecados” (Hebreos 10:4). Simplemente mostraban la fe y la obediencia del adorador mientras presagiaban la muerte de Cristo, que derramaría su sangre como sacrificio perfecto por el pecado.

El sacrificio de Cristo en la cruz, por lo tanto, logró lo que la sangre de las cabras, la de los toros y las cenizas de las vaquillas solo podían simbolizar: “Él mismo, en su cuerpo, llevó al madero nuestros pecados, para que muramos al pecado y vivamos para la justicia. Por sus heridas ustedes han sido sanados” (1 Pedro 2:24). Nuestros pecados le fueron imputados y Él pagó el castigo por ellos. Además, su justicia perfecta es imputada a los que creemos (Romanos 4:22-24; Filipenses 3:9).

Dado que la culpa de todos nuestros pecados fue borrada por completo con su muerte, y puesto que su justicia intachable se acredita a nuestra cuenta, Dios nos declara inocentes y nos recibe como completamente justos. Esa es la doctrina conocida como justificación. Lo más importante siempre, además de que nuestra propia conciencia nos condene sin piedad, es que la sangre de Cristo clama por perdón. La expiación de Cristo satisfizo completamente las demandas de la justicia de Dios, por lo que el perdón y la misericordia están garantizados para aquellos que reciben a Cristo con una fe humilde y arrepentida.

¿Significa eso que los creyentes pueden persistir en pecar y aun así disfrutar de una conciencia limpia? Absolutamente no. “Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él?” (Romanos 6:2). El nuevo nacimiento implica una revisión completa del alma humana (2 Corintios 5:17). La conciencia lavada y rejuvenecida es solo una evidencia de que esta transformación es un hecho (cf.1 Pedro 3:21). El amor a la justicia y el odio al pecado es otra evidencia (1 Juan 3:3, 8).

Los creyentes cuya conducta contradice su fe hacen que sus conciencias se contaminen (1 Corintios 8:7). Y aquellos que profesan a Cristo, pero en definitiva rechazan la fe y una buena conciencia, sufren naufragio espiritual (1 Timoteo 1:19), es decir, prueban que nunca creyeron realmente (cf.1 Juan 2:19).

Por lo tanto, la conciencia sana va de la mano con la seguridad de la salvación (Hebreos 10:22). El creyente firme debe mantener el enfoque apropiado en la fe para disfrutar de una conciencia que se limpia perennemente de la culpa: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará [seguirá limpiándonos] de toda maldad” (1 Juan 1:9).

¡Qué gran regalo es que nos limpie de una conciencia contaminada! De la misma manera que una conciencia afligida es un reflejo del infierno, la conciencia pura es una virtud de la gloria. Irónicamente, una conciencia débil tiene más probabilidades de acusar que una conciencia fuerte. Las Escrituras la llaman conciencia débil porque es muy fácil de herir. Por eso, en nuestro próximo artículo veremos: Cómo vencer una conciencia débil.

¿Qué significa “Cristo es la cabeza de la iglesia”?

DUSTIN BENGE

Identificar a Cristo como la cabeza de la iglesia denota que tiene señorío soberano y autoridad suprema sobre ella. La Biblia menciona en varios textos que «Cristo es la cabeza de la iglesia», por ejemplo:

Más bien, al hablar la verdad en amor, creceremos en todos los aspectos en Aquel que es la cabeza, es decir, Cristo (Ef 4:15).

Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, siendo El mismo el Salvador del cuerpo (Ef 5:23).

Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía (Col 1:18).

Cuando pensamos en la palabra «jefe», a menudo, pensamos en un director ejecutivo o en el jefe de alguna institución u organización. Pero la frase «cabeza de la iglesia» no se emplea para identificar a Cristo como cabeza de una compañía o cabeza de alguna organización terrenal.

Identificar a Cristo como la cabeza de la iglesia denota que tiene señorío soberano y autoridad suprema sobre ella

Por supuesto, mi mente va a Efesios 5:23, cuando el apóstol Pablo distingue a Cristo como la cabeza de la iglesia para explicar el papel del varón en la familia. Pero lo más interesante en ese versículo es la frase «la cabeza de la iglesia». Su cuerpo, la iglesia, no es el resultado del ingenio humano. La iglesia no es el resultado de la visión de algún empresario. El Cristo viviente es la cabeza de un organismo viviente.

Al pensar en el señorío y la soberanía de Cristo sobre la iglesia, quizás tu mente vaya de inmediato a la Gran Comisión que Jesús delegó a Sus discípulos: «Toda autoridad me ha sido dada en el cielo y en la tierra» (Mt 28:18).

Así, la supremacía de Cristo, que fue establecida de manera firme antes de la creación y exhibida en Su encarnación, reina ahora, ahora mismo, sobre Su iglesia y, por supuesto, será eternamente establecida a Su regreso.

Cristo es la cabeza y nosotros, como iglesia, somos el cuerpo llamado a darle gloria en toda nuestra manera de vivir

Porque en Él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de Él y para Él. Y Él es antes de todas las cosas, y en Él todas las cosas permanecen. Él es también la cabeza del cuerpo que es la iglesia. Él es el principio, el primogénito de entre los muertos, a fin de que Él tenga en todo la primacía. Porque agradó al Padre que en Él habitara toda la plenitud, y por medio de Él reconciliar todas las cosas consigo, habiendo hecho la paz por medio de la sangre de Su cruz, por medio de Él, repito, ya sean las que están en la tierra o las que están en los cielos (Col 1:16-20).

Así que la iglesia recibe toda su vida de Cristo y no tiene vida aparte de Él. Son uno, Cristo es la cabeza y nosotros, como iglesia, somos el cuerpo llamado a darle gloria en toda nuestra manera de vivir.

Esta es una adaptación de un artículo publicado originalmente en Crossway.
Dustin Benge (PhD, The Southern Baptist Theological Seminary) es profesor asociado de espiritualidad bíblica y teología histórica en el Southern Baptist Theological Seminary. Él y su esposa, Molli, viven en Louisville, Kentucky.

¿Puede un creyente ser homosexual?

Gracias por su pregunta. A decir verdad, lo mismo hubiera dado preguntar: ¿Puede un creyente ser ladrón? O ¿Puede un creyente ser adúltero? O ¿Puede un creyente ser mentiroso? ¿Puede un creyente ser borracho? ¿Por qué tenemos que poner a la homosexualidad como un pecado de una categoría especial? ¿Acaso existen categorías de pecado? Todo lo que está en contra de la voluntad de Dios es pecado, no importa si se trata de homosexualidad, robo, adulterio, mentira, borrachera y tantas otras cosas más.

Observe lo que dice 1 Corintios 6:9-10 ¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No erréis; ni los fornicarios, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los que se echan con varones, ni los ladrones, ni los avaros, ni los borrachos, ni los maldicientes, ni los estafadores, heredarán el reino de Dios.
Según lo que dice este pasaje bíblico, no solamente los homosexuales están privados de heredar el reino de Dios. También los fornicarios, también los idólatras, también los adúlteros, también los afeminados, también los ladrones, también los avaros, también los borrachos, también los maldicientes, también los estafadores y la lista podría continuar. Por eso es que la palabra de Dios exhorta a los creyentes a abandonar todas estas prácticas que son propias de los incrédulos. Hablando a los creyentes en la iglesia de Corinto, algunos de los cuales cuando eran incrédulos practicaban muchas de las cosas que acabamos de citar, inclusive la homosexualidad, note lo que les dijo el apóstol Pablo según 1 Corintios 6:11 Y esto erais algunos; mas ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados en el nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios.

Esas prácticas como la homosexualidad, la fornicación, la idolatría, el adulterio, el ser afeminados, el robo, la avaricia, la borrachera, el ser maldicientes, la estafa, fueron parte del pasado de la vida de los creyentes de la iglesia en Corinto. Esto erais algunos, dice el texto. Dios espera que haya un cambio radical entre lo que fue la vida en el pasado y lo que es la vida en el presente. Esto es lo que se llama la conversión, lo cual tiene que ver con dar un giro de 180 grados en la conducta.

Mas ya habéis sido lavados, dice el apóstol Pablo. Ya habéis sido santificados, o puestos aparte para Dios. Ya habéis sido justificados o declarados justos en el nombre de nombre del Señor Jesús, y por el Espíritu de nuestro Dios. Por eso, con toda autoridad puedo afirmar que Dios no quiere que un creyente practique la homosexualidad, de igual manera como la fornicación, la idolatría, el adulterio, el ser afeminado, el robo, la avaricia, la borrachera, el ser maldiciente, la estafa y en general todo lo que atenta contra la santidad de Dios.

Yo sé que no es fácil, especialmente cuando existen antecedentes de una vida entregada al pecado. Pero Dios nos ha dado el poder para vivir en santidad. Si no fuera así, Dios jamás nos pediría vivir vidas santas. 1 Tesalonicenses 4:3 dice: pues la voluntad de Dios es vuestra santificación; que os apartéis de fornicación.

Fornicación tiene que ver con cualquier uso del sexo fuera del marco establecido por Dios. El marco establecido por Dios para el correcto uso del sexo es el matrimonio entre un hombre y una mujer. La homosexualidad cae dentro de la fornicación. La voluntad de Dios es que los creyentes se aparten de la fornicación.

David Logacho es Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

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Monergismo vs. sinergismo ¿Cuál doctrina es la correcta?

Este tema ha sido intensamente debatido dentro de la iglesia por siglos.

No es exagerado decir que este debate concierne la esencia misma del Evangelio. Primero, vamos a definir los dos términos. Cuando hablamos de monergismo vs. sinergismo, teológicamente hablando, estamos hablando acerca de quién realiza nuestra salvación. El monergismo, que proviene de una palabra griega compuesta que significa “trabajar solo”, es la creencia de que solo Dios efectúa nuestra salvación. Esta doctrina es sostenida primeramente por las tradiciones calvinistas y reformistas y están estrechamente unidas a lo que se conoce como las “doctrinas de la gracia”. El sinergismo, que también proviene de una palabra griega compuesta, significa “trabajar juntos”, y es la creencia de que Dios trabaja junto con nosotros para efectuar la salvación. Mientras que el monergismo está estrechamente asociado con Juan Calvino, el sinergismo está asociado con Jacob Arminio, y sus opiniones han influido grandemente en el panorama evangélico moderno. Calvino y Arminio no son los creadores de estos puntos de vista, pero son los proponentes más conocidos del Calvinismo y el Arminianismo.

Estas dos posturas fueron fuertemente debatidas a principios del siglo XVII, cuando los seguidores de Arminio publicaron Los Cinco Artículos de la Reconvención (FAR – por sus siglas en inglés), un documento que declara en qué parte su teología difiere de la de Calvino y sus seguidores. El punto crucial en este debate, está entre la doctrina calvinista de la elección incondicional, contra la doctrina arminiana de la elección condicional. Si uno cree que la elección es incondicional, entonces uno se inclinará a la doctrina monergística de la salvación. Por el contrario, si uno sostiene que la elección está basada en el conocimiento previo de Dios de quién va a creer en Él, entonces uno se inclinará hacia la perspectiva sinergista.

El punto de vista de una elección incondicional se establece en la Confesión de Fe de Westminster, “A aquellos que Dios ha predestinado para vida, desde antes que fuesen puestos los fundamentos del mundo, conforme a su eterno e inmutable propósito y al consejo y beneplácito secreto de su propia voluntad, los ha escogido en Cristo para la gloria eterna. Dios los ha predestinado por su libre gracia y puro amor, sin previsión de su fe o buenas obras, de su perseverancia en ellas o de cualquiera otra cosa en la criatura como condiciones o causas que le muevan a predestinarlos; y lo ha hecho todo para alabanza de su gloriosa gracia” (CFW III.5, énfasis añadido). Como podemos ver, la elección incondicional enseña que la decisión de Dios de los elegidos, está basada en el beneplácito de Su voluntad y nada más. Además, Su opción en la elección, no se basa en Su presciencia de la fe de una persona o de alguna buena obra, o de la perseverancia de esa persona en la fe o en buenas obras.

Hay dos pasajes bíblicos clásicos que apoyan esta doctrina. El primero es Efesios 1:4-5, “Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad”. De acuerdo con este pasaje, fuimos elegidos por Dios para estar en Cristo – santos y sin mancha – antes de la creación del mundo, y esta elección estaba basada en “el puro afecto de su voluntad”. El otro pasaje es Romanos 9:16, “Así que no depende del que quiere, ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia”. La elección de Dios no depende de nada de lo que hagamos o creamos, sino que se hace únicamente a discreción de la misericordia de Dios.

La esencia del calvinismo, y el argumento monergístico, es que Dios está en el negocio de salvar realmente a las personas y no solo hacer que se salven. Puesto que toda la gente nace en pecado, y por su naturaleza caída (total depravación), ellos siempre rechazarán a Dios; Él debe actuar salvando a los elegidos sin ninguna condición previa de parte de ellos, como la fe. A fin de otorgar las bendiciones de salvación y vida eterna a los elegidos, Dios debe primero expiar sus culpas (expiación limitada). Entonces, esta gracia y salvación se debe aplicar a los elegidos, y así, el Espíritu Santo aplica los efectos de la salvación a los elegidos, por medio de la regeneración de sus espíritus y llevándolos a la salvación (gracia irresistible). Finalmente, aquellos a quien Dios ha salvado, Él los preservará hasta el final (perseverancia de los santos). De principio a fin, la salvación (en todos sus aspectos) es una obra de Dios, y solo de Dios – ¡monergismo! El punto es que textualmente la gente está siendo salvada – los elegidos. Considera Romanos 8:28-30. En este pasaje, vemos que hay un grupo de gente a quienes Dios llama “… conforme a su propósito”. Estas personas son identificadas como “los que aman a Dios”. Estas personas también son aquellas que en los vv. 29-30 son conocidas de antemano, predestinadas, llamadas, justificadas y glorificadas. Es Dios quien está moviendo a este grupo de gente (los que aman a Dios, los elegidos) desde el conocimiento previo a la glorificación, y ninguno se pierde en el camino.

En apoyo al argumento sinergístico, volvamos nuestra atención a los Cinco Artículos de la Reconvención: “Que Dios, por un eterno e inmutable propósito en Jesucristo Su Hijo, antes de la fundación del mundo, ha determinado, que de la raza caída de hombres pecadores, salvaría en Cristo, por amor a Cristo, y a través de Cristo, a quienes, a través de la gracia del Espíritu Santo, han de creer en éste Su hijo Jesús, y han de perseverar en esta fe y obediencia de la fe, a través de esta gracia, incluso hasta el final; y, por otra parte, dejar al incorregible e incrédulo en el pecado y bajo la ira, y condenarlos como alejados de Cristo, según la palabra del Evangelio en Juan 3:36: ‘El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él’. Y también de acuerdo a otros pasajes de la Escritura” (CAR, Artículo I, énfasis añadido). Aquí vemos que la salvación es condicional a la fe y perseverancia del individuo. Lo que hace la elección condicional, es colocar el factor determinante de nuestra salvación directamente sobre nosotros, en nuestra capacidad de elegir a Jesús y permanecer en Él. Ahora, los arminianos afirmarán que nuestra capacidad de elegir a Jesús es el resultado de una gracia universal que Dios da primeramente a todas las personas, que compensa los efectos de la caída, y le permite al hombre decidir aceptar o rechazar a Cristo. En otras palabras, Dios debe hacer algo incluso para posibilitar la elección de la salvación, pero al final es nuestra elección la que nos salva. La referencia bíblica que proporciona el Artículo I, ciertamente afirma que aquellos que creen tienen vida eterna y quienes se resisten a creer no tienen vida eterna, así que parecería que hay algún apoyo bíblico para esta doctrina. Por tanto, el argumento sinergista asegura que Dios hace posible la salvación, pero es nuestra elección la que la hace efectiva.

Así que, mientras que el monergismo asegura que Dios es una condición necesaria y suficiente para nuestra salvación, el sinergismo estará de acuerdo en que Dios es una condición necesaria, pero negará Su suficiencia. Nuestro libre albedrío más la actividad de Dios es lo que la hace suficiente. Lógicamente hablando, debemos ser capaces de ver el error en el argumento sinergista – que realmente Dios no salva a nadie. Esto coloca la responsabilidad de la salvación en nosotros, porque somos nosotros quienes tenemos que hacer realidad esa salvación al poner nuestra fe en Cristo. Si Dios realmente no salva a nadie, entonces es posible que nadie vaya a salvarse. Si Dios verdaderamente no salva a nadie, ¿cómo podemos explicar pasajes tan poderosos como Romanos 8:28-30? Todos los verbos griegos en ese pasaje son ariosto/indicativo, significando que la acción ahí descrita está completa; no hay ninguna potencialidad implicada en este pasaje. Desde la perspectiva de Dios, la salvación ha sido efectuada. Más adelante, el Artículo IV de la Reconvención dice que la gracia de Dios es resistible, y el Artículo V afirma que aquellos que han elegido la gracia de Dios, también pueden caer de esa gracia y “regresar a este mundo impío” convirtiéndose en “desprovistos de la gracia”. Esta postura contradice la clara enseñanza de la Escritura respecto a la seguridad eterna del creyente.

Si ese es el caso, ¿cómo entonces respondemos al apoyo bíblico de la elección condicional (cfr. Juan 3:36)? No se niega que la fe sea necesaria para hacer la salvación “efectiva” en nuestra vida, pero ¿qué lugar tiene la fe en el orden de la salvación? (Ordo Salutis)? Nuevamente, si consideramos Romanos 8:29-30, vemos una progresión lógica de la salvación. La justificación, que normalmente se ve cuando consideramos la salvación por fe, es la cuarta en esa lista, precedida por el conocimiento previo, la predestinación y el llamamiento. Ahora, el llamado puede dividirse en lo siguiente: regeneración, evangelismo, fe y arrepentimiento. En otras palabras, el “llamado” (referido como “llamado eficaz” por los teólogos reformados), primero debe incluir haber nacido de nuevo por el poder del Espíritu Santo (Juan 3:3). Después viene la predicación del Evangelio (Romanos 10:14-17), seguido por la fe y el arrepentimiento. Sin embargo, antes de que cualquiera de esto ocurra, lógicamente debe estar precedido por el conocimiento previo y la predestinación.

Esto nos trae a la pregunta de la presciencia. Los arminianos afirmarán que la presciencia se refiere a que Dios conoce la fe de los elegidos. Si ese es el caso, entonces la elección de Dios ya no está basada en el “puro afecto de su voluntad,” sino más bien en nuestra disposición de haberlo elegido, independientemente de nuestra condición caída, la cual, de acuerdo a Romanos 8:7 es hostil hacia Dios, e incapaz de hacerlo. La visión arminiana de la presciencia también contradice la clara enseñanza de los pasajes arriba mencionados en apoyo a la elección incondicional (Efesios 1:4-5 y Romanos 9:16). Este punto de vista esencialmente le roba a Dios Su soberanía y coloca la responsabilidad de la salvación directamente sobre los hombros de las criaturas que son totalmente incapaces de salvarse a sí mismas.

En conclusión, el peso de la evidencia lógica y el peso de la evidencia bíblica, apoya la creencia monergística de la salvación – Dios es el autor y consumador de nuestra salvación (Hebreos 12:2). “Aquel que comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6). El monergismo no solo tiene un profundo impacto en la forma en que uno ve la salvación, sino también el evangelismo. Si la salvación está basada únicamente en la gracia salvadora de Dios, entonces no hay razón para que nos gloriemos, y toda la gloria le pertenece únicamente a Él (Efesios 2:8-9). Además, si Dios realmente salva a la gente, entonces nuestros esfuerzos evangelísticos deben dar fruto, porque Dios ha prometido salvar a los elegidos. ¡El monergismo es sinónimo de dar mayor gloria a Dios!

¿Por qué mueren las personas?

¿Por qué mueren las personas?

Las personas mueren a causa de lo que se denomina el «pecado original», es decir la desobediencia de Adán y Eva en el jardín del Edén. Dios había advertido a la primera pareja que si transgredían su ley, esto resultaría en su muerte (Génesis 2:17), y eso fue lo que sucedió. «La paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23a).

Adán y Eva fueron estaban destinados a habitar con Dios para siempre, así que probablemente ni siquiera sabían lo que significaba «morir». Desafortunadamente, en algún momento de la eternidad pasada, el pecado invadió el reino celestial de los ángeles, y Satanás tentó a Eva y ella cayó en pecado. Eva dio el fruto a su esposo, y él la siguió en el pecado. Ese pecado trajo la muerte al mundo, mientras que la humanidad se separaba de la fuente de la vida.

Desde ese momento, cada ser humano producido por una mujer con la ayuda de un hombre, ha producido hijos en pecado. Esta naturaleza pecaminosa trae consigo la muerte. «Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos pecaron» (Romanos 5:12).

Génesis 3 describe la maldición que Dios proclamó sobre el mundo. La maldición incluyó estas palabras para Adán: «hasta que vuelvas a la tierra, porque de ella fuiste tomado; pues polvo eres, y al polvo volverás» (Génesis 3:19). La muerte física del cuerpo es de lo que Dios habló aquí. La muerte física no ocurrió inmediatamente para Adán y Eva, pero, a causa de su pecado, los animales inocentes murieron (Génesis 3:21).

La muerte espiritual fue el otro tipo de muerte que el pecado de Adán y Eva trajo; sus espíritus fueron separados del Espíritu de Dios; su relación estaba rota. Esta muerte espiritual se produjo inmediatamente después de que comieron el fruto prohibido, y esto produjo temor y vergüenza (Génesis 3:10). La muerte espiritual, al igual que la muerte física, se transmitió a sus descendientes (Efesios 2:1).

Desde Adán, la raza humana ha trabajado bajo «la ley del pecado y de la muerte» (Romanos 8:2). Dios, en su bondad, envió a su hijo para abolir la ley del pecado y de la muerte, y para establecer «la ley del Espíritu que da vida» (Romanos 8:2). 1Corintios 15:20-26 dice, «Mas ahora Cristo ha resucitado de los muertos; primicias de los que durmieron es hecho. Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un hombre la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados…Y el postrer enemigo que será destruido es la muerte».

¿Qué es la gloria de Dios?

La gloria de Dios es la belleza de Su espíritu. No es una belleza estética o material, sino una belleza que emana de Su carácter, de todo lo que Él es. Santiago 1:10 hace un llamado al hombre rico para que se “gloríe en su humillación,” indicando una gloria que no tiene que ver con la riqueza, el poder o la belleza material. Esta gloria puede coronar a un hombre o llenar la tierra. Es vista dentro de un hombre y en la tierra, pero no es de ellos; es de Dios. La gloria del hombre es la belleza del espíritu del hombre, la cual es falible y eventualmente pasajera, y por lo tanto es humillación – como lo dice el verso. Pero la gloria de Dios, la cual es manifiesta en el conjunto de todos Sus atributos, jamás se desvanece. Es eterna.

Isaías 43:7 dice que Dios nos creó para Su gloria. En contexto con otros versos, puede decirse que el hombre “glorifica” a Dios porque a través del hombre, la gloria de Dios puede ser vista en cosas tales como el amor, la música, el heroísmo, etc. – cosas pertenecientes a Dios que nosotros llevamos en “vasos de barro” (2 Corintios 4:7). Somos los vasos que “contienen” Su gloria. Todas las cosas que somos capaces de hacer y de ser, encuentran su fuente en Él. Dios interactúa con la naturaleza de la misma manera. La naturaleza exhibe Su gloria. Su gloria es revelada en la mente del hombre a través del mundo material en muchas formas, y con frecuencia de diferentes maneras para diferentes personas. Una persona puede quedar cautivada por la vista de las montañas, y otra persona puede amar la belleza del mar. Pero quién está detrás de ambos (la gloria de Dios) le habla a ambas personas y las conecta con Dios. De esta manera, Dios es capaz de revelarse a Sí mismo a todos los hombres, sin importar su raza, herencia o lugar. Como dice el Salmo 19:1-4. “Los cielos cuentan la gloria de Dios, y el firmamento anuncia la obra de sus manos. Un día emite palabra a otro día, y una noche a otra noche declara sabiduría. No hay lenguaje, ni palabras, ni es oída su voz. Por toda la tierra salió su voz, y hasta el extremo del mundo sus palabras.”

El Salmo 73:24 llama “gloria” al mismo cielo. Solía ser común escuchar a los cristianos hablar de la muerte como ser “recibido en la gloria,” la cual es una frase tomada de este Salmo. Cuando el cristiano muere, él será llevado a la presencia de Dios, y en Su presencia estará naturalmente rodeado por la gloria de Dios. Seremos llevados al lugar donde literalmente reside la belleza de Dios – la belleza de Su Espíritu estará allí, porque Él estará allí. Nuevamente, la belleza de Su Espíritu (o la esencia de Quien Es Él) es Su “gloria.” En ese lugar, Su gloria no necesitará venir a través del hombre o la naturaleza, en vez de ello será vista claramente, así como lo dice 1 Corintios 13:12, “Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido.”

En el sentido terrenal/humano, la gloria es una belleza o vitalidad que descansa sobre lo material de la tierra (Salmo 37:20, Salmo 49:17), y en ese sentido, es pasajera. Pero la razón de su desvanecimiento es porque las cosas materiales no perduran. Éstas se marchitan y mueren, porque la gloria que se encuentra en ellas pertenece a Dios, y vuelve a Él cuando el deterioro o la muerte se adueñan de lo material. Piensa en el hombre rico que mencionamos antes. Los versos dicen, “El hermano que es de humilde condición, gloríese en su exaltación, pero el que es rico, en su humillación; porque él pasará como la flor de la hierba.” ¿Qué significa esto? El verso está advirtiendo al hombre rico, que se dé cuenta que su riqueza, poder y belleza proceden de Dios, y que se humille al recapacitar en que es Dios quien hizo lo que él es, y le dio todo cuanto tiene. Y el estar consciente de que él perecerá como la hierba, lo traerá a la conclusión de que la gloria procede de Dios. Que Dios es la fuente, el manantial de donde emanan todas las pequeñas glorias.

Puesto que la gloria procede de Dios, Él no permitirá establecer la afirmación de que la gloria proviene del hombre, o de los ídolos del hombre, o de la naturaleza. En Isaías 42:8, vemos un ejemplo del celo de Dios por Su gloria. Este celo por Su propia gloria es de lo que Pablo está hablando en Romanos 1:21 cuando habla sobre las maneras en las que la gente adora a la criatura en vez de al Creador. En otras palabras, ellos miran al objeto a través del cual procede la gloria de Dios, y en vez de dar a Dios el crédito por ello, ellos adoran a ese animal, o árbol u hombre como si la belleza que poseyeran se hubiera originado dentro de ellos. Este es el corazón mismo de la idolatría y es un hecho muy común. Todo aquel que haya vivido, ha cometido este error en uno u otro momento. Todos nosotros hemos “cambiado” la gloria de Dios a favor de la “gloria del hombre.”

Este es el error que mucha gente continúa haciendo: confiando en cosas terrenales, en relaciones terrenales, en sus propios poderes, talentos o belleza, o en la bondad que ven en otros. Pero cuando estas cosas se desvanecen y caen como lo harán inevitablemente (siendo sólo contenedores temporales de la gloria mayor), esta gente cae en la desesperación. Lo que todos necesitamos considerar es que la gloria de Dios es constante, y que los que viajamos a través de la vida, la veremos manifestada aquí y allá, en esta persona, o ese bosque, o en una historia de amor o heroísmo, ficticia o no, o en nuestras propias vidas. Pero al final, todo eso regresa a Dios. Y el único camino a Dios es a través de Su Hijo, Jesucristo. Es en Él donde encontraremos la fuente misma de toda la belleza en el cielo, si estamos en Cristo. Nada será una pérdida para nosotros. Todas esas cosas que se desvanecieron en la vida, las encontraremos nuevamente en Él.

16 – ¿Van los Bebés al Cielo?

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

16 – ¿Van los Bebés al Cielo?

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

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