¿Qué es el misticismo cristiano?

¿Qué es el misticismo cristiano?

El misticismo cristiano es una palabra difícil de definir. A veces se piensa como en la práctica del conocimiento experiencial de Dios. El término también puede aplicarse al misterio de la eucaristía en el catolicismo romano, así como los supuestos significados ocultos de las escrituras, como en el gnosticismo. La biblia no tiene significados ocultos, ni los elementos de la comunión se convierten literalmente en el cuerpo y la sangre de Cristo. Si bien es cierto que los cristianos experimentan a Dios, el misticismo cristiano tiende a elevar el conocimiento experiencial y deleitarse en lo misterioso, centrándose en la mística para el crecimiento espiritual. El cristianismo bíblico se centra en conocer a Dios por medio de Su palabra (la biblia) y la comunión con el Espíritu Santo a través de la oración. El misticismo tiende a ser una práctica individual y subjetiva, mientras que el cristianismo bíblico es una relación particular con Dios y una relación que necesariamente se vive en comunidad. No existe tal cosa como la de un cristiano solitario. No todo lo que se podría considerar «misticismo cristiano» es malo, pero en gran parte es, y un enfoque en el misticismo sin duda puede conducir al error.

El misticismo se puede encontrar en muchas religiones. A menudo involucra el ascetismo de alguna clase y busca la unión con Dios. Es verdad que uno quiere acercarse a Dios, pero la unión mística con Dios es diferente del tipo de intimidad con Dios, a la que están llamados los cristianos. El misticismo tiende a buscar la experiencia y a veces se ve como secreto o elitista. Los cristianos son conscientes y se involucran en las realidades espirituales (Efesios 1:3; 6:10-19) y el cristianismo bíblico comprende la experiencia espiritual, pero la intimidad con Dios está destinada para todos los cristianos y no está velada por cualquier clase de práctica misteriosa. Acercarse a Dios no es nada misterioso o elitista, sino que implica cosas como la oración regular, el estudio de la palabra de Dios, adorar a Dios, y tener comunión con otros creyentes. Nuestros esfuerzos palidecen en comparación con la obra que Dios mismo hace en nosotros. De hecho, nuestros esfuerzos son más una respuesta a Su obra y no algo que se origina en nosotros.

Los cristianos tienen lo que podrían considerarse experiencias místicas. Cuando aceptamos a Jesús como Salvador, el Espíritu Santo habita en nosotros. El Espíritu Santo nos transforma y nos permite vivir el llamado de Dios. A menudo, un cristiano lleno del Espíritu Santo, demostrará gran sabiduría, fe o discernimiento espiritual. Un cristiano lleno del Espíritu Santo también demostrará cosas como el amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe y dominio propio (Gálatas 5:22-23). El Espíritu Santo ayuda a que los creyentes entiendan la verdad y la vivan (1 Corintios 2:13-16). Este no es el resultado de prácticas místicas, sino una señal de la permanencia del Espíritu Santo obrando en nosotros. La segunda carta a los Corintios 3:18 habla acerca de la obra del Espíritu Santo en nuestras vidas: «Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor».

El movimiento carismático, con su énfasis en sueños y visiones, sentimientos y experiencias, y la nueva revelación, es una forma de misticismo cristiano. Ya que tenemos toda la palabra de Dios, no estamos llamados a buscar sueños, visiones o revelación extra de parte de Dios. Aunque es posible que hoy en día Dios se revele a sí mismo en sueños y visiones, debemos tener cuidado de la naturaleza subjetiva de los sentimientos e impresiones espirituales.

Es importante recordar que cualquier cosa que un cristiano experimente debe alinearse con la verdad de la biblia. Dios no se contradice a sí mismo. Él no es el autor de la confusión (1 Corintios 14:33). Dios ciertamente está más allá de nuestra comprensión, y hay mucho respecto a Él que es misterioso. Sin embargo, Él se nos ha revelado. En lugar de buscar experiencias místicas, debemos involucrarnos en las cosas que Dios nos ha revelado (Deuteronomio 29:29). Efesios 1:3-14 habla de las bendiciones espirituales en Cristo. En parte, este pasaje dice, «dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra» (v. 9-10). Dios ha revelado el misterio y nos invita a caminar fielmente en Sus caminos mientras completa Su plan (Juan 15:1-17; Filipenses 3:20-21; 2 Corintios 5:16-21).

Segunda de Pedro 1:3-8 resume muy bien nuestro llamado: «Como todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamó por su gloria y excelencia, por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia; vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo». Hay misterio, sin embargo, la manera en la que estamos llamados a vivir no es nada misterioso. Estudie la palabra, busque honrar a Dios y permita que Su Espíritu Santo obre dentro de usted.

¿Entregar los problemas a Dios?

¿Entregar los problemas a Dios?

Muchas veces es una verdad desconcertante para muchos cristianos que, aunque pertenecemos a Dios por la fe en Cristo, parece que seguimos experimentando los mismos problemas que sufríamos antes de ser salvos. A menudo nos desanimamos y nos enfrascamos en las preocupaciones de la vida. El hecho de que tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento traten este problema de la misma manera, demuestra que Dios sabe que los problemas y las preocupaciones son inevitables en esta vida. Afortunadamente, Él nos ha dado la misma solución que nos dio tanto en los Salmos como en la carta de Pedro. «Echa sobre el Señor tu carga, y él te sustentará; no dejará para siempre caído al justo» (Salmo 55:22), y «echando toda vuestra ansiedad sobre él, porque él tiene cuidado de vosotros» (1 Pedro 5:7).

Estos dos versículos contienen unas verdades asombrosas: Dios nos sostendrá, nunca nos dejará postrados y cuida de nosotros. En primer lugar, vemos que Dios declara tanto Su capacidad como Su voluntad para ser nuestra fortaleza y apoyo, mental, emocional y espiritualmente. Él puede ( y lo mejor de todo, está dispuesto) tomar todo aquello que amenaza con agobiarnos y usarlo para nuestro beneficio. Él ha prometido que «todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados». Incluso en los momentos en que dudamos de Él, sigue obrando para nuestro bien y Su gloria. También ha prometido que no permitirá que ninguna prueba sea tan grande que no podamos soportar en el poder de Cristo y que proveerá una salida (1 Corintios 10:13). Con esto quiere decir que no nos dejará postrados, como prometió en el Salmo 55:22.

La tercera afirmación – «él cuida de ti»- nos da la motivación que hay detrás de Sus otras promesas. Nuestro Dios no es indiferente, insensible o caprichoso. Por el contrario, es nuestro amoroso Padre celestial, cuyo corazón es compasivo para con Sus hijos. Jesús nos recuerda que, al igual que un padre terrenal no negaría el pan a sus hijos, de la misma manera Dios ha prometido darnos «buenas cosas» cuando se las pedimos (Mateo 7:11).

Con la intención de pedir buenas cosas, primero debemos orar y decirle al Señor que entendemos lo que dice en Juan 16:33, donde Jesús dice: «Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo». Luego, debemos pedirle al Señor que nos muestre cómo Él ha «vencido» nuestros problemas, nuestras preocupaciones, nuestra ira, nuestros miedos y nuestra culpa.

El Señor nos revela a través de Su Palabra, la Biblia, que podemos tener buen «ánimo», y que podemos:

1) alegrarnos de nuestros problemas porque Dios los usará para nuestro beneficio. «sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza» (Romanos 5:3-4);

2) ver nuestras «preocupaciones» como una oportunidad para practicar Proverbios 3:5-6, «Fíate del Señor de todo tu corazón,

Y no te apoyes en tu propia prudencia. Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas»;

3) contrarrestar nuestra ira obedeciendo Efesios 4:32, «Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo»; y

4) tratar con cualquier sentimiento pecaminoso creyendo y actuando sobre la verdad de 1 Juan 1:9, «Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad». Todos nuestros problemas pueden ser superados mediante la simple fe en la Palabra de Dios.

Dios es más grande que todas nuestras preocupaciones y problemas juntos, y debemos darnos cuenta de ello si queremos tener alguna victoria en nuestras vidas. Todo el mundo sufre con estas dificultades, porque la Biblia enseña que la tentación es «común» a la humanidad (1 Corintios 10:13). No debemos dejar que Satanás nos engañe pensando que todos nuestros problemas son culpa nuestra, que todas nuestras preocupaciones se harán realidad, que toda nuestra ira nos condena o que toda nuestra culpa proviene de Dios. Si pecamos y nos confesamos, Dios perdona y limpia. No tenemos que sentirnos avergonzados, sino aceptar la palabra de Dios de que Él perdona y limpia. Ninguno de nuestros pecados es tan pesado como para que Dios no pueda quitárnoslos y arrojarlos a lo más profundo del mar (ver Salmo 103:11-12).

En realidad, los sentimientos provienen de los pensamientos, así que, aunque no podamos cambiar la forma en que nos sentimos, sí podemos cambiar la forma en que pensamos. Y esto es lo que Dios quiere que hagamos. Por ejemplo, en Filipenses 2:5, se les dice a los cristianos: «Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús». En Filipenses 4:8, se les dice a los cristianos que piensen en cosas «verdaderas», «honesto», «justas», «puras», «amable» y «dignas de alabanza». En Colosenses 3:2, se nos dice: «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra». Por lo tanto, cuando lo hacemos, disminuyen nuestros sentimientos de culpa.

Así que, cada día, dando un paso a la vez, debemos orar para que la Palabra de Dios nos guíe, leer o escuchar la Palabra de Dios, y meditar en la Palabra de Dios cuando los problemas, las preocupaciones y las ansiedades de la vida se presenten. El secreto para entregar las cosas a Cristo no es en realidad ningún secreto: es simplemente pedirle a Jesús que tome nuestra carga del «pecado original» y sea nuestro Salvador (Juan 3:16), además de someternos a Jesús como nuestro Señor en nuestra vida diaria.

¿Por qué nos permite Dios pasar por pruebas y tribulaciones?

¿Por qué nos permite Dios pasar por pruebas y tribulaciones?

Una de las partes más difíciles de la vida cristiana es el hecho de que ser un discípulo de Cristo no nos hace inmune a las pruebas y las tribulaciones de la vida. ¿Por qué un Dios bueno y amoroso nos permitiría pasar por cosas tales como la muerte de un niño, enfermedades y daños a nosotros mismos y nuestros seres queridos, dificultades financieras, preocupación y temor? Ciertamente, si nos amara, quitaría todas estas cosas de nosotros. Después de todo, ¿no significa el amarnos que Dios quiere que nuestras vidas sean fáciles y cómodas? No, no es así. La Biblia enseña claramente que Dios ama a aquellos que son Sus hijos, y “todas las cosas les ayudan a bien” (Romanos 8:28). Eso debería significar entonces que las pruebas y tribulaciones que Él permite en nuestras vidas son parte de todas las cosas que nos ayudan a bien. Por lo tanto, para el creyente, todas las pruebas y tribulaciones deben tener un propósito divino.

Como en todas las cosas, el propósito final de Dios es que seamos transformados más y más a la imagen de Su Hijo (Romanos 8:29). Esta es la meta del cristiano, y todo en la vida, incluyendo las pruebas y tribulaciones, está diseñado para permitirnos alcanzar esa meta. Es parte del proceso de la santificación, siendo apartados para los propósitos de Dios y equipados para vivir para Su gloria. Se explica la manera en que las pruebas logran esto en 1 Pedro 1:6-7: “En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario, tengáis que ser afligidos en diversas pruebas, para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. La fe del verdadero creyente se reforzará mediante las pruebas que experimentamos para que podamos descansar en el conocimiento de que es real y va a durar para siempre.

Las pruebas desarrollan el carácter piadoso, y eso nos permite “…[gloriarnos] en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia; y la paciencia, prueba; y la prueba, esperanza; y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Romanos 5:3-5). Jesucristo fue el ejemplo perfecto. “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Estos versículos revelan aspectos de Su propósito divino tanto para las pruebas y tribulaciones de Jesucristo como por las nuestras. El perseverar comprueba nuestra fe. «Todo lo puedo en Cristo que me fortalece» (Filipenses 4:13).

Sin embargo, debemos tener cuidado de nunca hacer excusas por nuestras “pruebas y tribulaciones” si son el resultado de nuestra propia maldad. «Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno» (1 Pedro 4:15). Dios perdonará nuestros pecados porque el castigo eterno para ellos ha sido pagado por el sacrificio de Cristo en la Cruz. Sin embargo, todavía tenemos que sufrir en esta vida las consecuencias naturales por nuestros pecados y malas decisiones. Pero Dios usa incluso esos sufrimientos para moldear y formarnos para Sus propósitos y nuestro bien supremo.

Las pruebas y tribulaciones vienen con un propósito y una recompensa. “Hermanos míos, tened por sumo gozo cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna… Bienaventurado el varón que soporta la tentación; porque cuando haya resistido la prueba, recibirá la corona de vida, que Dios ha prometido a los que le aman»(Santiago 1:2-4,12).

A través de todas las pruebas y tribulaciones de la vida, tenemos la victoria. “Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57). Aunque estamos en una batalla espiritual, Satanás no tiene autoridad sobre el creyente en Cristo. Dios nos ha dado Su Palabra para guiarnos, Su Espíritu Santo que fortalecernos, y el privilegio de venir a Él en cualquier lugar y en cualquier momento, a orar por todo. Él también nos ha asegurado que no habrá tentación que nos pondrá a prueba más allá de nuestra capacidad para resistir, y “dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13).

¿Cuál fue el papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento?

Got Questions

¿Cuál fue el papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento?

El papel del Espíritu Santo en el Antiguo Testamento es muy parecido a Su papel en el Nuevo Testamento. Cuando hablamos del papel del Espíritu Santo, podemos discernir cuatro áreas generales en las que el Espíritu Santo trabaja: 1) regenerando, 2) residiendo (o llenando), 3) restringiendo, y 4) capacitando para el servicio. La evidencia de estas áreas de la obra del Espíritu Santo está presente tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

La primera área de trabajo del Espíritu está en el proceso de regeneración. Otra palabra para regenerar es “renacer,” de donde procede el concepto de “nacer de nuevo.” El texto clásico de la prueba de esto se encuentra en el Evangelio de Juan: “En verdad, en verdad te digo que el que no nace de nuevo no puede ver el reino de Dios.” (Juan 3:3). Esto lleva a la pregunta: ¿qué tiene que ver esto con la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento? Más adelante en Su diálogo con Nicodemo, Jesús le dijo: “Tú eres maestro de Israel, ¿y no entiendes estas cosas? (Juan 3:10). El punto que Jesús quería establecer, es que Nicodemo debía haber sabido la verdad de que el Espíritu Santo es la fuente de la vida nueva, porque así es revelado en el Antiguo Testamento. Por ejemplo, Moisés les dijo a los israelitas antes de entrar a la Tierra Prometida que “el SEÑOR tu Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tus descendientes, para que ames al SEÑOR tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.” (Deuteronomio 30:6). Esta circuncisión del corazón es la obra del Espíritu de Dios y únicamente puede ser realizada por Él. También vemos el tema de la regeneración en Ezequiel 11:19-20 y Ezequiel 36:26-29.

El fruto de la obra de regeneración del Espíritu es la fe (Efesios 2:8). Ahora sabemos que había hombres de fe en el Antiguo Testamento, porque Hebreos 11 nombra a muchos de ellos. Si la fe es producida por el poder regenerador del Espíritu Santo, entonces este debe ser el caso de los santos del Antiguo Testamento, quienes miraron la cruz en el futuro, creyendo que lo que Dios había prometido respecto a su redención sucedería. Ellos recibieron las promesas y “… habiéndolas visto y aceptando con gusto desde lejos” (Hebreos 11:13), aceptando por fe que lo que Dios había prometido, también lo cumpliría.

El segundo aspecto de la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento es Su permanencia, o llenura. Aquí es donde aparece la mayor diferencia entre los roles del Espíritu en el Antiguo y en el Nuevo Testamento. El Nuevo Testamento enseña que la morada del Espíritu Santo es permanente en los creyentes (1 Corintios 3:16-17; 6:19-20). Cuando ponemos nuestra fe en Cristo para salvación, el Espíritu Santo viene a morar dentro de nosotros. El Apóstol Pablo llama a esta morada permanente la “garantía de nuestra herencia” (Efesios 1:13-14). En contraste con esta obra en el Nuevo Testamento, la permanencia del Espíritu en el Antiguo Testamento era selectiva y temporal. El Espíritu “vino sobre” personas del Antiguo Testamento tales como Josué (Números 27:18), David (1 Samuel 16:12-13) y aún Saúl (1 Samuel 10:10). En el libro de los Jueces, vemos que el Espíritu “vino sobre” varios jueces a quienes Dios levantó para librar a Israel de sus opresores. El Espíritu Santo descendía sobre estas personas para tareas específicas. La presencia del Espíritu Santo era una señal del favor de Dios sobre esa persona (en el caso de David), y si el favor de Dios dejaba a la persona, el Espíritu se apartaba (p.ej. el caso de Saúl en 1 Samuel 16:14). Finalmente cuando el Espíritu “venía sobre” una persona, no siempre era indicativo de la condición espiritual de la persona (p. ej. Saúl, Sansón, y muchos de los jueces). Así que mientras que en el Nuevo Testamento el Espíritu solo mora en los creyentes y Su morada es permanente, en el Antiguo Testamento, el Espíritu venía sobre ciertos individuos para una tarea específica, independientemente de su condición espiritual. Una vez que la tarea era concluida, el Espíritu presumiblemente partía de esa persona.

El tercer aspecto de la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento, es Su refrenamiento del pecado. Génesis 6:3 parece indicar que el Espíritu Santo refrenó la pecaminosidad del hombre, y que este freno puede ser retirado cuando la paciencia de Dios respecto al pecado alcanza su “punto de ebullición.” Esta creencia es secundada en 2 Tesalonicenses 2:3-8, cuando al final de los tiempos una creciente apostasía señalará la venida del juicio de Dios. Hasta el tiempo pre-ordenado, cuando el “hombre de pecado” (v.3) sea revelado, el Espíritu Santo está refrenando el poder de Satanás y éste se apartará sólo cuando haya cumplido Sus propósitos para hacerlo.

El cuarto y último aspecto de la obra del Espíritu en el Antiguo Testamento, es el capacitar para el servicio. De manera muy parecida a cómo operan los dones en el Nuevo Testamento, el Espíritu capacitaba a ciertas personas para servir. Consideremos el ejemplo de Bezaleel en Éxodo 31:2-5 quien fue dotado para hacer gran parte de la obra de arte relacionada con el Tabernáculo. Además, recordando la morada selectiva y temporal del Espíritu Santo mencionada anteriormente, vemos que estos individuos eran capacitados para realizar ciertas tareas, tales como gobernar sobre el pueblo de Israel (p.ej. Saúl y David).

También podríamos mencionar el papel del Espíritu en la creación. Génesis 1:2 habla de que “el Espíritu de Dios se movía sobre la superficie de las aguas,” supervisando la obra de la creación. De forma similar, el Espíritu es el responsable de la obra de la nueva creación (2 Corintios 5:17) ya que Él es quien trae a las personas al reino de Dios a través de la regeneración.

Con todo, el Espíritu realiza gran parte de las mismas funciones en los tiempos del Antiguo Testamento, así como lo hace en la era actual. La mayor diferencia es la residencia permanente del Espíritu en los creyentes de ahora. Como Jesús dijo respecto a este cambio en el ministerio del Espíritu, “pero vosotros sí le conocéis porque mora con vosotros y estará en vosotros.” (Juan 14:17).

Episodio 43 – ¿Es Dios egocéntrico?

Ministerios Integridad & Sabiduria

No es tan simple como parece

Episodio 43

¿Es Dios egocéntrico?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Episodio 56 – La lectura es una agonía para mí ¿Cómo puedo estudiar la Biblia en pedacitos pequeños?

Soldados de Jesucristo

John Piper Responde

Episodio 56 – La lectura es una agonía para mí ¿Cómo puedo estudiar la Biblia en pedacitos pequeños?

John Piper

Es el fundador y escritor principal de DesiringGod.com y es presidente de Bethlehem College & Seminary. Durante 33 años Piper ha servido como pastor de Bethlehem Baptis Church. Ha escrito más de 50 libros, entre ellos Cinco puntos y Viviendo en la luz: dinero, sexo & poder.

Es uno de los escritores cristianos más reconocidos de las últimas décadas. Su escritura es  caracterizada por un corazón pastoral y un estilo confrontador, pero también alentador. Sus más de 30 años de ministerio están recopilados gratuitamente en artículos y vídeos. Los puedes encontrar en: DesiringGod.org.

El pastor John Piper vive en la ciudad de Minneapolis, Estados Unidos con su esposa Noel. Tiene cinco hijos y catorce nietos.

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La oración de fe sanará al enfermo

Coalición por el Evangelio

La oración de fe sanará al enfermo

MIGUEL NÚÑEZ • JOSÉ «PEPE» MENDOZA • FABIO ROSSI

La Biblia dice que la oración de fe sanará al enfermo, y que todo lo que pidamos al Padre en el nombre de Jesús, nos será dado. Pero, ¿cómo debemos orar por los enfermos? ¿Cómo debemos entender estos pasajes y cómo se aplican a la vida cristiana hoy? De eso es lo que hablaremos en este episodio, con nuestro invitado especial, el pastor Miguel Núñez.

Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

​José «Pepe» Mendoza es el Director Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en twitter.

Fabio Rossi sirve como Director Ejecutivo en Coalición por el Evangelio, estando a cargo de la administración general del equipo de trabajo, liderando todas nuestras iniciativas y supervisando el funcionamiento de nuestras diferentes plataformas. También sirve como Anciano Pastor en la Iglesia Centro Bíblico El Camino, en la Ciudad de Guatemala, donde vive junto a su esposa Carol, y sus dos hijos.

¿Es bíblico el cesacionismo?

Got Questions

¿Es bíblico el cesacionismo?

El cesasionismo es la creencia de que los “dones milagrosos” de las lenguas y la sanidad ya han cesado – que el fin de la era apostólica marcó el fin de los milagros asociados con esa era. La mayoría de los cesasionistas creen que, mientras que Dios puede y aún realiza milagros hoy en día, el Espíritu Santo ya no utiliza a individuos para llevar a cabo señales milagrosas.

Los registros bíblicos muestran que los milagros se produjeron durante determinados períodos específicos con el propósito de autentificar un nuevo mensaje de Dios. A Moisés se le concedió realizar milagros para autentificar su ministerio ante el faraón (Éxodo 4:1-8). Elías realizó milagros para autentificar su ministerio ante Acáb (1 Reyes 17:1;18:24). Los apóstoles realizaron milagros para autentificar su ministerio ante Israel (Hechos 4:10, 16).

El ministerio de Jesús también fue marcado por milagros, a los que el apóstol Juan llama “señales” (Juan 2:11). Lo que Juan quería decir es que los milagros eran la prueba de la autenticidad del mensaje de Jesús.

Después de la resurrección de Jesús, mientras la Iglesia se establecía y el Nuevo Testamento estaba siendo escrito, los apóstoles lo demostraban con “señales” tales como las lenguas y el poder para sanar. “Así que las lenguas son una señal, no para los que creen, sino para los incrédulos.” (1 Corintios 14:22, un verso que dice claramente que el don nunca fue para edificar a la iglesia).

El apóstol Pablo predijo que el don de lenguas acabaría (1 Corintios 13:8). Aquí exponemos seis pruebas de que ya han cesado:

1) Los apóstoles, a través de quienes vinieron las lenguas, fueron únicos en la historia de la iglesia. Una vez que su ministerio fue concluido, la necesidad de señales que lo autentificaran dejó de existir.

2) Los dones de milagros (o señales) solo son mencionados en las primeras epístolas, tales como 1 Corintios. Los libros posteriores, tales como Efesios y Romanos, contienen pasajes detallados sobre los dones del Espíritu, pero los dones de milagros ya no son mencionados, aunque Romanos menciona el don de la profecía. La palabra griega traducida como “profecía” significa “declarar” y no necesariamente incluye la predicción del futuro.

3) El don de lenguas era una señal para el Israel incrédulo de que la salvación de Dios ahora estaba disponible para otras naciones. Ver 1 Corintios 14:21-22 e Isaías 28:11-12.

4) El don de lenguas era inferior al de la profecía (predicar). Predicar la Palabra de Dios edifica a los creyentes, mientras que las lenguas no lo hacen. Se les dice a los creyentes que procuren profetizar más que hablar en lenguas (1 Corintios 14:1-3).

5) La historia indica que las lenguas cesaron. Las lenguas ya no son mencionadas en absoluto por los Padres Post-apostólicos. Otros escritores tales como Justino Mártir, Orígenes, Crisóstomo y Agustín, consideraron que las lenguas fueron algo que sucedió solo en los primeros días de la Iglesia.

6) Observaciones actuales confirman que el milagro de las lenguas ha cesado. Si el don estuviera aún vigente, no habría necesidad de que los misioneros asistieran a escuelas de idiomas. Los misioneros podrían viajar a cualquier país y hablar cualquier lenguaje fluidamente, así como los apóstoles fueron capaces de hacerlo en Hechos 2. Respecto al don de sanidad, vemos en las Escrituras que la sanidad estaba asociada con el ministerio de Jesús y los apóstoles (Lucas 9:1-2). Y vemos que al finalizar de la era apostólica, la sanidad, al igual que las lenguas se volvieron menos frecuentes. El apóstol Pablo, quien resucitó a Eútico (Hechos 20:9-12), no sanó a Epafrodito (Filipenses 2:25-27), ni a Trófimo (2 Timoteo 4:20), ni a Timoteo (1 Timoteo 5:23), ni aún a sí mismo (2 Corintios 12:7-9). Las causas del “fracaso en sanar” de Pablo son: 1) el don nunca tuvo como propósito sanar a todo cristiano, sino el autentificar el apostolado; y 2) la autoridad de los apóstoles ya había sido probada suficientemente, no habiendo ya más necesidad de milagros posteriores.

Las razones arriba expuestas son la evidencia para el cesasionismo. De acuerdo a 1 Corintios 13:13-14, haríamos bien en “seguir el amor,” el mejor de todos los dones. Si debiéramos desear dones, hemos de desear declarar la Palabra de Dios, para que todos sean edificados.

41 – ¿Cómo sabe una persona si es salva?

Ministerios Integridad & Sabiduria

No es tan simple como parece

41 – ¿Cómo sabe una persona si es salva?

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

¿Quiénes son los Testigos de Jehová?

Coalición por el Evangelio

¿Quiénes son los Testigos de Jehová?

Preguntas Bíblicas

 ERIC ABISROR

Nota del editor: Este artículo es la adaptación de un episodio de podcast publicado originalmente en Teología en tu vida.

Los Testigos de Jehová son una secta o grupo religioso que empezó en los Estados Unidos en el año 1870. Se reúnen en edificios que ellos llaman «salón del reino de los Testigos de Jehová» y promueven doctrinas que atentan contra la enseñanza bíblica sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, entre otras.

Su fundador fue Charles Taze Russell, quien nació y murió en los Estados Unidos (1852-1916). Russell comenzó a estudiar la Escritura a los 18 años y terminó por afirmar que la Biblia solo podía entenderse de acuerdo con las interpretaciones particulares que él proponía. Además, tuvo problemas para aceptar las doctrinas bíblicas sobre el infierno eterno y la deidad de Cristo.

La «biblia» que usan los Testigos de Jehová

Los Testigos de Jehová intentan justificar sus creencias al usar su propia versión alterada de la Biblia. Ellos creen que todas las versiones de la Biblia que los cristianos tenemos corrompieron su contenido. Es por eso que hicieron su propia traducción de la Biblia, conocida como la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras». Sin embargo, los supuestos traductores de esta versión han alterado muchos versículos, hasta el punto de que cambian el significado original del mensaje de la Biblia sobre doctrinas de primer orden.

Por ejemplo, al inicio del Evangelio de Juan vemos una frase muy importante sobre la divinidad de Jesús:

«En el principio ya existía el Verbo (la Palabra), y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1, NBLA).

Pero la versión errónea de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras dice:

«En [el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios» (Juan 1:1; cursiva añadida).

Al leer esta traducción, puedes ver cómo cambia el significado de una doctrina esencial: la divinidad de Cristo, al minimizarlo a un dios pequeño. Esta doctrina promovida por los Testigos de Jehová atenta contra la evidencia bíblica de que Cristo es Dios y que es preexistente; verdades negadas por los Testigos, pero respaldadas por la Biblia (p. ej., Col 1:15-20He 1:8-10).

El «dios» de los Testigos de Jehová

Esto plantea una pregunta: ¿Cómo los Testigos de Jehová entienden la frase «hay un solo Dios»? Veamos un ejemplo en el libro de Isaías: «Acuérdense de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo» (Is 46:9, NBLA).

La cita anterior lleva a los Testigos de Jehová a creer que Jehová es la única forma correcta para llamar a Dios. Sin embargo, la Biblia registra algo muy diferente sobre los nombres de Dios. Varios personajes bíblicos hablaron del Señor usando varios nombres. Por ejemplo, el escritor de Génesis 1:1 usó el nombre hebreo «Elohim», aunque en nuestras versiones en español no se ve esta diferencia. En el Salmo 8:1, el salmista usó el nombre hebreo «Adonai». También, leemos en el Nuevo Testamento que a Dios se le confieren títulos, tales como «Padre» (p. ej., Mt 6:9Ro 1:71 Co 1:3).

Los Testigos de Jehová y la Trinidad

Al mismo tiempo, los Testigos de Jehová no tienen un entendimiento correcto sobre la doctrina de la Trinidad, porque no creen que esta doctrina sea bíblica. Ellos argumentan que no aceptan esta doctrina porque la Biblia no menciona esta palabra y porque el énfasis de ellos está en que hay «un solo Dios».

Lo que ellos mencionan es cierto; la palabra Trinidad no está en la Biblia y también hay un solo Dios. Pero como hablé con más detalle en un artículo sobre la Trinidad, la Biblia nos cuenta cómo es que hay un solo Dios en tres Personas. Los cristianos creemos que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas distintas.

La salvación en la que creen

Los Testigos creen que una persona puede obtener la salvación por fe en Cristo, pero también al pertenecer a su grupo y obedecer sus reglas. Como en otras religiones, en esta secta vemos que creen en la salvación como resultado de una combinación de fe y obras.

Sin embargo, los cristianos creemos que la salvación es un regalo de Dios que recibimos por la fe en Cristo (Ef 2:8-10). No hay obras que podamos hacer para alcanzar la salvación en Cristo (Ro 3:20). Creemos que las obras que los cristianos producen en sus vidas son un resultado directo de la salvación que recibimos en Cristo.

El «Cristo» de los Testigos de Jehová

Además, ellos creen que Cristo ya regresó al mundo en un evento espiritual e invisible. También creen que Jesús fue creado por Jehová y, por lo tanto, Cristo es «un dios», pero no como Jehová. 

Sin embargo, la Biblia es clara al afirmar que la segunda venida de Cristo será un evento físico, con muchas señales y maravillas. En otras palabras, la gente sabrá cuando Cristo regrese.

Palabras finales

Hay aproximadamente ocho millones de Testigos de Jehová, los cuales pertenecen a una secta que enseña falsas doctrinas antiguas. Lo más lamentable es que ellos viven sin esperanza verdadera, y no tienen la herencia y salvación que solo viene por la fe en Cristo.

La teología importa mucho en nuestras vidas y las doctrinas falsas tienen consecuencias eternas. Esforcémonos en comprender mejor nuestras doctrinas esenciales para compartir la Palabra con fidelidad.

Eric Abisror vive en Córdoba, Argentina con su esposa Danica y sus cinco hijos. Eric es misionero de Alcanzando y Capacitando, consejero bíblico certificado con ACBC y profesor en el Seminario William Carey. Actualmente, está haciendo un doctorado en consejería bíblica en el Seminario Midwestern. Puedes escucharlo en su podcast: Teología en tu vida.