2/10 – «Verdad o piedras»

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: El Yo soy de los tiempos

2/10 – «Verdad o piedras»

Juan 8:48-59

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco

https://www.iglesiabautistacastellana.org/

J24 – Siete retratos

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Sirve como el Salvador

J24 – Siete retratos

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/siete-retratos1/

Carmen Espaillat: Jesús lavó los pies de sus discípulos. ¿Cómo vemos esta acción en nuestra cultura? Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Estaríamos hablando de la persona en el hospital que vacía los orinales. Es decir, no se trata de una posición impresionante aquí. Estamos hablando de un trabajo denigrante, a nuestros ojos, humillante. ¿Y qué es lo que está diciendo Jesús con todo esto? «He venido a servir» lo que ÉL está haciendo con esto es elevando el servicio al trabajo más alto del universo, no hay vocación más elevada que la de servir.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Independientemente del trabajo que te toque desempeñar, ya sea que el mismo sea complicado, de poca importancia, sucio, que requiera de gran esfuerzo o aun te encuentres en una posición importante, puedes hacer el trabajo con un corazón de sierva. Nancy nos ayudará a ver esta idea de una manera más clara, en la medida en que continuamos con la serieSirviendo como el Salvador.

Nancy: Llevamos varias sesiones hablando del corazón de un siervo, de ser siervas del Señor, de servirnos las unas a las otras y cómo se ve el corazón de una sierva. Hemos revisado algunos ejemplos bíblicos de cómo responden los siervos ante diversas situaciones.

En la medida en que he estado desarrollando esta serie, he pensado en personas dentro de nuestro ministerio, en amigos y amigas que tienen corazones de siervos. Tengo una amiga que veo muy a menudo, y que invariablemente me dice “¿Hay algo que pueda hacer por ti?” y sé que lo dice de corazón. Tener amigos como ella es un reto y es también una bendición. Ese es el tipo de amiga que a mí me gustaría ser. Conozco algunas personas que realmente tienen un corazón para servir y estar cerca de ellas es una gran bendición.

Cuando pensamos en estas personas que tienen un corazón para servir, independientemente de las circunstancias y el tiempo, terminamos pensando en Aquél que tiene el corazón de siervo más increíble de todos —y ese es el Señor Jesucristo.

Quiero que tomemos una parte del tiempo de hoy para contemplar a Jesús, el Siervo de Dios y el Siervo del pueblo de Dios. Quiero que veamos siete ocasiones de la vida del Señor Jesús en que lo vemos sirviendo, porque el Servir no siempre se ve de la misma forma. Hay etapas de tu vida en que sirves de una forma distinta a como serviste en el pasado y/o servirás en otros momentos futuros.

Algunas de ustedes tienen niños pequeños están sirviendo hoy en día de una manera que puede ser diferente a la que servirán cuando se conviertan en abuelas o experimenten el síndrome del nido vacío. Otras de ustedes son estudiantes, y por lo tanto están sirviendo de una manera diferente hoy a la forma en que servirán cuando se conviertan en esposas o madres. Pero lo que quiero que veas es que un corazón de sierva se aplica en todas las etapas y en todas las situaciones de la vida.

Y esto es lo que vemos en Jesús a través de todo lo que leemos acerca de Él en las Escrituras. Vemos diferentes cosas que son verdad acerca de Él, pero lo que siempre es cierto es que Él es un siervo. Veamos estos siete retratos de cómo sirvió Jesús.

El primero, de manera muy interesante, se encuentra en el Antiguo Testamento, porque es allí, donde encontramos muchas profecías sobre la venida de Cristo. Particularmente en el libro de Isaías donde el profeta se refiere a Jesús como el siervo del Señor.

Ahora bien, cuando leemos el libro de Isaías vemos la frase “el siervo del Señor” y en algunas ocasiones se refiere al pueblo judío, el pueblo elegido por Dios. Dios los llama “mis siervos que yo elegí”. Pero en otras ocasiones la referencia es a Cristo, el Mesías. Por ello, en ocasiones tenemos que leer y entender el contexto para asegurarnos de a quién se está Dios refiriendo.

A través de Isaías sabemos que Dios ha llamado a Su pueblo a ser como Jesús. Todas somos llamadas a ser Sus siervas. Veamos parte de lo que dice el libro de Isaías al referirse a Jesús como el siervo de Dios.

Y voy a estar leyendo primero de Isaías capítulo 42, los versículos del 1 al 3 donde Dios dice,

He aquí mi Siervo, a quien yo sostengo,
mi escogido, en quien mi alma se complace.
He puesto mi Espíritu sobre ÉL;
ÉL traerá justicia a las naciones.
No clamará ni alzará su voz,
ni hará oír su voz en la calle.
No quebrará la caña cascada,
ni apagará el pabilo mortecino;
con fidelidad traerá justicia.

Él será gentil, Él será bondadoso Él será tierno. Y en el versículo 4 de Isaías 42 nos promete que:

 No se desanimará ni desfallecerá hasta que haya establecido en la tierra la justicia…”

¿Qué es lo que Dios está diciéndonos? Jesús es Mi siervo. El Mesías que vendrá a la tierra vendrá a cumplir Mi propósito en este mundo. Él no se rendirá hasta que lo logre, y ese es el corazón de un siervo.

Luego, en Isaías 52 en el versículo 13 volvemos a leer “He aquí, mi siervo”, donde Dios habla refiriéndose a su hijo, “prosperará, será enaltecido, levantado y en gran manera exaltado”. Hablando claramente de la exaltación de Cristo, pero mira el siguiente versículo, el versículo 14.

Isaías 52:14 : “De la manera que muchos se asombraron de ti, pueblo mío, así fue desfigurada su apariencia más que la de cualquier hombre, y su aspecto más que el de los hijos de los hombres.”

¿De qué nos habla esto? Esto hace referencia a la humillación de Cristo. El siervo que fue exaltado en los cielos, bajó a esta tierra, se humilló a sí mismo y fue desfigurado a golpes, fue torturado y experimentó persecución al ser llevado a la cruz. Cristo estuvo dispuesto a ser humillado. Cristo fue un siervo sufrido.

Nosotras queremos ser exaltadas, pero no queremos sufrir. Queremos ver nuestro nombre en el cuadro, como “Sierva de la semana”, pero no queremos la parte donde tendremos que sufrir, donde tendremos que sacrificarnos y soportar la humillación.

Entonces, el primer retrato que vemos del Señor como siervo se encuentra en el libro de Isaías. Encontramos que antes de venir a este mundo como ser humano, Él vivía en los cielos, Cristo era Dios y vivía con Dios, como el Hijo de Dios. Y fue identificado, por el Padre como el siervo del Señor.

Y me pongo a pensar lo asombroso que es ver que el Hijo de Dios, el soberano Creador y Dueño del universo estando dispuesto a ser un siervo sufriente. ¿No piensas que esto nos ayuda a estar más dispuestas a servir al darnos cuenta de que eso es lo que hizo Jesús? El Hijo de Dios —ÉL no consideró el ser igual a Dios como algo a que aferrarse sino que descendió y se hizo un siervo.

Ya vimos esta primera instancia desde la perspectiva del Antiguo Testamento en Isaías, ahora veámoslo en el Nuevo Testamento, leamos sobre el día en el que el siervo de Dios bajó de los cielos y bajó a esta tierra y se convirtió… ¡en un bebé, indefenso, dependiente, necesitado! Él tomó la forma de siervo. Él fue hecho en la forma de un hombre.

Filipenses capítulo 2 nos habla de esto. Al decirnos que tengamos un corazón de siervo.

Filipenses capítulo 2 de los versículos 3-7

Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria, (ese no es el corazón de un siervo) sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, (no simplemente busques satisfacer tus propias necesidades) sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, (Él no se aferró a sus derechos como Dios, en cambio) sino que, se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres.

Cuando celebramos Navidad, lo que estamos celebrando según los teólogos es la encarnación de Cristo. El hijo de Dios, el Verbo encarnado. Él no nació en el sentido terrenal como un rey o como una persona importante, o como un hombre rico o famoso. Él nació como un bebé humilde, para servir. Ese es el corazón de Jesús. Y este es el segundo retrato—La encarnación y que Él nació para servir.

Luego vemos la tercera imagen durante el ministerio de Jesús en la tierra. ¿Qué hizo Jesús durante los tres años de su ministerio en la tierra? Él caminó haciendo el bien, sirviendo a otros, alimentando, sanando, ministrando a las personas que se sentían solas, avergonzadas, con sentimiento de culpa, rechazadas o despreciadas, como los leprosos, las prostitutas, los ciegos, los sordos, los hambrientos y los oprimidos.

El Señor también ministró a aquellos que tenían una opinión elevada de sí mismos, pero que realmente tenían necesidades espirituales insatisfechas, como los fariseos y Nicodemo. A Él no le importó en qué etapa de sus vidas estuvieran, ni cuál era su posición social. Si tenían una necesidad, Él estaba dispuesto a llenar esa necesidad.

Jesús también bendijo a los niños. Y nadie valoraba a los niños. Vemos también a Jesús hablando con mujeres y nadie valoraba a las mujeres. Los rabinos importantes no perdían su tiempo con las mujeres o los niños. Pero Jesús no nació para ser un maestro importante. ÉL vino a servir.

Él dijo de sí mismo en Mateo capítulo 20 en el versículo 28 “así como el Hijo del Hombre no vino para ser servido,” aunque Él definitivamente podía exigirlo. Él ciertamente era digno de toda la adoración y de que le sirvieran, pero no fue a eso a lo que Él vino. Él vino a servir.Diakonos, de donde viene la palabra diácono, ministrar, servir, atender a las mesas, tomar una posición insignificante, humilde, dando su vida en rescate por muchos.

No lo vemos tratando de que los demás le ministren, aun cuando hubo momentos en los que Él estuvo hambriento, momentos en los que sintió cansancio, momentos en los que se sintió solo. Sino que siempre lo vemos dando y dándose. Y ese es el tipo de corazón que yo anhelo tener. El corazón de Jesús.

Miremos ahora otro retrato. Este retrato toma lugar al final de la historia de Juan capítulo 13 cuando Jesús y sus discípulos vienen a la última cena. Jesús está preparándose para ir a la cruz, a entregar su vida. Y Juan capítulo 13 versículo 1 dice,

“Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que su hora había llegado para pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin”.

¿Y cómo mostró Él su amor? Anteriormente en esta serie dijimos que el ser un siervo fluye de un corazón amoroso y humilde. Jesús amó a sus discípulos, los que estaban preparándose para rechazarlo, para negarlo, para abandonarlo y correr por sus vidas. Él los amó. ¿Cómo lo mostró? Sirviéndoles.

En los versículos 2 al 5 de Juan capítulo 13 dice,

Y durante la cena, como ya el diablo había puesto en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el que lo entregara, Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todas las cosas en sus manos, y que de Dios había salido y a Dios volvía, se levantó de la cena y se quitó su manto, y tomando una toalla, se la ciñó. Luego echó agua en una vasija, y comenzó a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla que tenía ceñida.

Para nosotras hoy en día, es un poco difícil entender el significado de esta acción, porque no es algo que vemos en nuestra cultura. Nos subimos en el auto, nuestros pies tienen medias y zapatos, de modo que no es un gesto de amabilidad el que al llegar a la casa de alguien, quien nos reciba instruya a alguien o se dirija a nosotros para lavar nuestros pies antes de ofrecernos la cena. Pero en aquel tiempo, esto era muy importante, era parte de la cultura.

En el tiempo de Jesús, en el Medio Oriente se viajaba a pie de un lugar a otro y caminaban en la calles con sandalias por lo que sus pies se llenaban de polvo. Era una costumbre que al llegar a un lugar a cenar o cuando se reunían con otras personas, que existieran servidores cuyo trabajo era lavar los pies de los visitantes y como un gesto de cortesía y una forma de dar una cordial bienvenida, se acercaran a hacerlo.

Este no era un trabajo noble. Este era un trabajo inferior. Lo hacia el que tenía el puesto más bajo en la jerarquía, ese lavaba los pies. Es decir, no era un trabajo que nadie dijera, “cuando yo sea grande yo quiero ser el que lava los pies”. No era la aspiración de nadie. Era el trabajo de un sirviente. Era denigrante. Era responsabilidad de los sirvientes.

Y para Jesús, ¡lavar los pies de sus discípulos, era impensable!, Primero, porque daba la impresión que no había sirvientes allí. Ellos habían tomado el espacio prestado para tener allí la última cena juntos, y aparentemente cuando llegaron al lugar, no había un siervo que lavara sus pies. Así que uno esperaría que uno de los discípulos se hubiera ofrecido. Pero o no pensaron en ello, o pensaron que tal tarea estaba muy por debajo de su categoría, o cada uno estaba esperando que otro de los discípulos debía ofrecerse. Cualquiera que fuera la razón, nadie había lavado los pies.

Necesitaban lavarse los pies antes de reclinarse a comer. Y Jesús viendo que nadie más lo hacía – y me pregunto si Jesús estaba solamente esperando, ¿Cuánto tiempo esperó para ver si alguien pensaba en lavar los pies de los demás? Es decir, esto era una costumbre. No era algo que pudiera escapar de la mente de los discípulos.

De nuevo, Jesús ve una necesidad, no solamente pies sucios físicamente, sino que Él ve los corazones tienen que ser lavados. Y en este increíble acto de humildad, sin hacer mucho alarde del problema, Él simplemente, humilde y amorosamente, se quita Su manto, se pone una toalla en la cintura y se pone de rodillas, y de inmediato empieza a lavar los pies de sus discípulos.

El simbolismo aquí no se pierde en los discípulos. ¡Es increíble! Ellos ven a Jesús tomar el lugar del siervo, del siervo de menor jerarquía. Ellos llegaron a conocer a Jesús a lo largo de esos 3 años. Ellos conocían su trabajo, sus milagrosos. Ellos habían llegado a creer que Él era Dios. Ellos sabían que Él era el Hijo de Dios. Sabían que Él tenía poder para hacer los milagros. Sabían que había venido a redimir al mundo. Sabían que Él moriría por el pecado del mundo. Ellos no entendían del todo esto, pero ellos sabían que no se trataba de un hombre ordinario.

Habían aprendido a amarlo, a respetarlo, admirarlo y a seguirlo. Ellos entregarían sus vidas por este hombre. Y este hombre que ellos amaban, respetaban y adoraban estaba en el piso haciendo el trabajo de un siervo insignificante.

El equivalente de esta acción en nuestros tiempos es la persona que en el hospital vacía los orinales. Esto no es una posición impresionante. Este es un trabajo denigrante, humillante. ¿Y qué nos está diciendo Jesús con ello? «He venido a servir». Lo que Él está haciendo con esto es elevando el servicio, al trabajo más alto del universo. No hay vocación más elevada que la de servir.

Entonces, cuando acabó de lavarles los pies, tomó su manto, y sentándose a la mesa otra vez, les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro y Señor; (estos son títulos respetables y honorables) y tenéis razón, porque lo soy. (Yo soy su maestro y su señor, así que noten lo que he hecho como su maestro y su señor)Pues si yo, el Señor y el Maestro, os lavé los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. (Juan 13:12-14)

No busquen otros siervos. No piensen que es la responsabilidad de otras. Díganse, “Ese es mi trabajo”. Miren a su alrededor, identifiquen las necesidades de los que les rodean y digan, “¿Qué puedo yo hacer para servir y ministrar esas necesidades?”

Porque os he dado ejemplo, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis… En verdad, en verdad os digo: un siervo no es mayor que su señor, ni un enviado es mayor que el que lo envió. Si sabéis esto, seréis felices si lo practicáis. (Juan 13:15-17)

Te aseguro que serás bendecida. Por lo general pensamos, “si sirvo seré miserable. Si le sirvo a mi familia, si le sirvo a mi esposo…” El movimiento feminista ha vendido que el servirle a tu familia es despreciable. Pero Jesús dijo, “Serás bendecida si sirves”.

Serás bendecida si le sirves a tu esposo. Serás bendecida si le sirves a tus hijos. Serás bendecida si le sirves a tus padres. Serás bendecida si le sirves a tu jefe. Serás bendecida si le sirves a tus compañeros de trabajo. Serás bendecida si le sirves a los niños del área de cuna, a tus hermanos en tu iglesia, ese es el trato especial que Dios te pide que adoptes. Serás bendecida porque, cuando sirves, te pareces a Jesús.

Pero Jesús no se detuvo ahí. En el siguiente punto acerca de una sierva del Señor, el Señor Jesús, unas horas más adelante fue a la Cruz. Y Filipenses capítulo 2 versículo 8 nos dice, “Y hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”.

Porque Jesús no fue y simplemente murió como un mártir, sino que voluntariamente entregó su vida para morir como si fuera un criminal, avergonzado, reprochado, en medio de burlas y ridiculizado? ¿Por qué lo hizo? Porque Él es un siervo. Él es el siervo del Señor, y Él es el siervo del pueblo de Dios. ÉL vino, no a ser servido, sino a servir.

Y quizás dices, “Si le sirvo a todo el mundo a mi alrededor como ellos esperan ser servidos, ¡me matará! ¿Sabes qué? Probablemente no. Pero si te mata, morirás siguiendo los pasos de Aquél que entregó su vida por ti. Y Él te pide que mueras – a tu reputación, a tus derechos, a tus deseos, a tus propios planes. De lo contrario, lo que viene a tu pensamiento es: “Yo quiero que alguien me sirva a mí”, y esto especialmente en nuestros hogares.

De nuevo, Jesús no terminó de servirnos cuando fue a la cruz. Luego de la resurrección vemos a Jesús en dos ocasiones preparando y sirviendo alimentos a sus discípulos. Lo vemos en Lucas capítulo 24. Lo vemos también en Juan capítulo 21. ¡Jesús preparando un pescado para el desayuno de sus discípulos en la playa! ÉL buscó los alimentos, los preparó y se los sirvió.

¿Qué está Él demostrando? Que ahí estaba el Glorioso, el Cristo resucitado, levantado de la muerte sirviendo a sus discípulos. ¿Te santifica el servir las comidas para tu familia?

Si lo piensas, Jesús solo tenía 40 días en la tierra, después de resucitar y antes de ascender al cielo, y Él se tomó el tiempo para preparar y servir alimentos. ¿No te parece eso algo increíble? Él santificó para siempre todo servicio que hagamos en su nombre, no importa que tan insignificante o trivial pueda parecer.

Pero de nuevo, Jesús no termina de servir ahí. Filipenses capítulo 2 nos dice que “ Él hallándose en forma de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, 10 para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra.” Y ahora es el exaltado siervo de Dios. ¿Pero sabes qué? ÉL no ha terminado de servir. Cuando ÉL regrese a la tierra, las Escrituras dicen que Él servirá a sus siervos fieles.

Que pensamiento tan increíble leemos en Lucas capítulo 12 versículo 37. “ Dichosos aquellos siervos a quienes el señor, al venir, halle velando; en verdad os digo que se ceñirá para servir, y los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá.” Es una imagen como la que se presentó en la Última Cena, ¿no te parece? Él se puso una toalla en la cintura. “se ceñirá para servir, los sentará a la mesa, y acercándose, les servirá.”

No te parece asombroso pensar que en el regreso de Jesús, si hemos sido sus siervas fieles, si hemos servido fielmente a los demás, si le hemos servido fielmente al Señor, que de nuevo Él se vestirá de siervo, tal como lo hizo en la Última Cena, y nos servirá a nosotras.

Me pregunto si nos sentiremos pequeñas como Pedro. “Señor, ¿tú lavarme los pies a mí?” Jesús quiere servir. Él se goza en servir. ÉL recibe plenitud al servir. ÉL cumple su misión al servir. Él ha sido siervo desde la eternidad pasada. Él fue siervo en su encarnación y en sus años de ministerio terrenal, en la Última Cena y cuando fue a la cruz y después de la resurrección antes de ascender. Y aun cuando regrese como el Rey del universo, seguirá siendo un siervo.

¿Sabes lo que esto me dice? Nunca nos parecemos más a Cristo que cuando somos siervas. Nunca te pareces más a Jesús que cuando tomas una toalla, una vasija de agua y dices “Déjame lavar tus pies”.

Carmen: ¿Estás lista para tomar el importante título de sierva? Nancy Leigh DeMoss ha estado mostrándonos porque la actitud de sierva es tan importante, en la serie, “Sirviendo como el Salvador”.

Si no hubiera personas sirviendo fielmente, no habría Aviva Nuestros Corazones. Cada día equipos de personas están traduciendo este programa, editando, grabando, escribiendo, desarrollando recursos para el portal y transcribiendo las enseñanzas de Nancy.

Y otras personas – de hecho, oyentes como tú – nos sirven a través de oración por este ministerio o aportando ayuda financiera al ministerio.

Si Dios está usando Aviva Nuestros Corazones en tu vida, ¿considerarías ayudar a mantener el ministerio con una donación de cualquier monto? Visita AvivaNuestrosCorazones.com y haz tu aporte allí.

¿Alguna vez has sentido que Dios te está pidiendo más que a otros? Nancy nos dará una importante perspectiva en el día de mañana. Por favor, acompáñanos de nuevo en Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras son tomadas de La Biblia de las Américas a menos que se indique lo contrario.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

J23 – Una sierva fiel

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Sirve como el Salvador

J23 – Una sierva fiel

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Carmen Espaillat: [Suspiro] ¿Tienes algunas tareas aburridas en tu lista de quehaceres en el día de hoy? Bueno, estas pueden ser más importantes de lo que tú crees. Aquí está Nancy Leigh DeMoss.

Nancy Leigh DeMoss: Al hacer la tarea más simple—si Dios te la ha asignado—no tienes idea de cuales serán todas las repercusiones de tu fidelidad, al paso del tiempo, al llevarla a cabo.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa con la serie Sirviendo como el Salvador.

Nancy: Una vez más, el día de hoy hemos sido muy bendecidas y somos privilegiadas por las jóvenes que escuchan ANC. Estamos muy contentas de tener mujeres de todas las edades que escuchan este programa.

Creo que es especialmente oportuno que escuchen en el día de hoy, ya que estaremos hablando acerca de un pasaje (Génesis capítulo 24), en el que observaremos a una joven en el proceso de ser seleccionada para convertirse en la esposa de alguien. Sé que la mayoría de ustedes jóvenes esperan ser la esposa de algún hombre algún día.

Hay algunas cosas realmente fabulosas aquí, principios y enseñanzas profundas en este capítulo del Génesis, y pienso que serán una bendición para ustedes a medida que piensan en el futuro que Dios tiene para ustedes respecto al matrimonio, pero aun así este pasaje se relaciona a todas nosotras.

Bueno solo para retomarlo aquí. Hemos estado hablando en la última sesión acerca del siervo de Abraham (cuyo nombre creemos que era sido Eliezer) Abraham lo envió de vuelta al lugar, a la ciudad de donde él había venido, a unos 724 kilómetros de distancia, y le dijo ve iba a buscar una esposa para su hijo, Isaac. El siervo, que para ese entonces era ya un anciano (él había servido fielmente a Abraham, su Señor por cincuenta años), inmediatamente fue hacer todo lo que se le pidió. Él tomó todo un séquito, diez camellos y todos los siervos y fue a buscar una esposa para Isaac.

Dijimos que Eliezer era una imagen de un siervo, de un siervo fiel. ÉL oró y dijo, “Señor, dame éxito en esta tarea, esto es lo que voy a pedir” (Génesis 24:12 parafraseado). En sentido figurado, él saco un vellón como en el caso de Gedeón.

Él dijo, “Que sea la joven a quien yo le diga: Por favor, baja tu cántaro para que yo beba, y que ella responda: Bebe. Y también daré de beber a tus camellos, la que tú has designado para tu siervo Isaac; y por ello sabré que has mostrado misericordia a mi señor” (Génesis 24:14).

Aquí en Génesis 24:14, vemos que la principal característica que Eliezer estaba buscando en la esposa para Isaac era que tuviera un corazón de sierva, que ella no solo hiciera lo que se le pidiera, sino que ella hiciera más allá de lo que se le había pedido. Vayamos a este pasaje y veamos lo que pasó en respuesta a la oración de Eliezer.

Versículo 15, “Y sucedió que antes de haber terminado de hablar, he aquí que Rebeca, hija de Betuel, hijo de Milca, mujer de Nacor, hermano de Abraham…” Esta es una forma extensa de decir que esta joven, Rebeca, era la hija del sobrino de Abraham. Y ok. Tuve que pensarlo cuidadosamente ayer cuando estaba trabajando en esto.

El sobrino de Abraham tenía una hija llamada Rebeca. Esta joven, Rebeca, vino con un cántaro sobre sus hombros. Ella vino al pozo. Claro, Eliezer no sabía quién era ella. Había muchas jóvenes allí viniendo al pozo, muchas mujeres, a sacar agua en este momento, pero él se fijó en ella. Él ya le había pedido a Dios que lo dirigiera, ahora él tenía que confiar en que Dios realmente lo estaba dirigiendo.

El versículo 16 nos dice que la joven era muy atractiva en su apariencia. Bueno para algunas personas esto ya sería suficiente, suficientemente bueno. ¡Ella es hermosa! ¿Qué más importa?

Les quiero decir que cuando la buena apariencia empieza a desvanecerse y el cabello empieza a ser canoso, y las arrugas empiezan a aparecer y… bueno, ustedes saben algunas de las otras cosas que pasan cuando uno envejece . Hay otras cosas mucho más importantes que la buena apariencia. Al envejecer, hay algunas cualidades que son mucho más duraderas que la belleza física.

No hay nada de malo con la belleza física, pero este siervo Eliezer, fue lo suficientemente sabio para saber que eso no era suficiente que no era suficiente que ella fuera físicamente atractiva. Ella era atractiva, y ella era una doncella a quien ningún hombre había conocido. Así que ella era elegible para casarse, pero él quería más que eso.

Ella fue al pozo llenó su cántaro, y se acercó. Ahora, permíteme intercalar algo aquí. La historia real en Génesis capítulo 24, es la guía providencial y el cuidado de Dios. Dios es el personaje principal en esta historia, pero Rebeca es uno de los personajes que Dios usa en toda esta historia, al igual que Eliezer.

A medida que la historia de Rebeca se desenvuelve más adelante en Génesis, veremos que definitivamente ella tiene sus defectos y sus fallas. De ninguna manera ella es una mujer perfecta, pero creo que sus acciones en este encuentro en particular (Génesis capítulo 24) ilustran lo que significa tener un corazón de sierva.

Versículos del 17-21,

“Entonces el siervo (Eliezer) corrió a su encuentro, y le dijo: Te ruego que me des a beber un poco de agua de tu cántaro. Y ella le dijo: Bebe, señor mío. Y enseguida bajó el cántaro a su mano, y le dio de beber. Cuando había terminado de darle de beber, le dijo: Sacaré también para tus camellos hasta que hayan terminado de beber. Y rápidamente vació el cántaro en el abrevadero, y corrió otra vez a la fuente para sacar agua, y sacó para todos sus camellos. Entretanto el hombre la observaba en silencio, para saber si el Señor había dado éxito o no a su viaje.”

¡Digo, esta es una historia increíble! Permítanme de nuevo decirles a las jóvenes, que a medida que piensan en la persona que Dios tiene para ustedes para casarse algún día, ¿puedo animarlas a confiar en Dios para que Él dirija sus pasos? Si confían en Él, Él las dirigirá. Bueno probablemente Él no lo va a hacer de la forma como le pasó a Rebeca, pero a medida que hacen esto un asunto de oración, deben saber que pueden confiar en Dios con esto.

No tienen que resolver esto solas. No tienen que salir corriendo a encontrar a un esposo, encontrar a un hombre. Pueden esperar en el Señor y… Rebeca está yendo al pozo este día. ¡Ella no tienen ni idea de lo que se va a encontrar! Pero Dios lo sabe, Dios lo tiene todo planeado, y pueden confiar en Dios mientras hacen lo que deben de hacer en este momento.

Lo que ella debía de hacer en ese momento era tomar agua, sacar agua del pozo. Ella solo estaba haciendo fielmente lo que Dios le había mandado hacer. En el proceso, Dios se movió en su vida para escribir esta historia, para traerla unirla a Isaac. Me encanta ver la providencia de Dios y Su mano de esta forma y saber que podemos confiar en Él.

Así que, ¿cuáles cualidades de un corazón de sierva ven en esta joven mujer? Primero que todo, lo que noto en los versículos que acabamos de leer, ustedes pudieron darse cuenta de las palabras “enseguida” y “rápidamente”. “Enseguida” bajó el cántaro a su mano, “rápidamente” vació el cántaro, corrió a la fuente para sacar agua. Aquí tenemos una mujer que no anda arrastrando los pies. Ella no es perezosa. No es negligente. Se le pide que haga algo y se mueve y lo hace.

Y de nuevo, déjame preguntar, a medida que sirves en tu casa, a medida que sirves en tu escuela, a medida que sirves en tu trabajo, ¿te mueves? ¿Haces algo cuando te lo piden, o lo vas posponiendo? Bueno lo haré cuando tenga ganas de hacerlo. Parte de tener un corazón de sierva es que te mueves, actúas y cuando yo digo rápidamente, no quiere decir que lo tienes que hacer de prisa, pero lo tienes que hacer inmediatamente con diligencia.

Eliezer se dio cuenta de este hecho porque después en la historia, en el versículo 46, cuando él está contando toda la historia a la familia de ella, él recalca este detalle, que ella se había movido rápidamente. Así que él lo noto. Él estaba observando. ¿Es este el tipo de esposa que Isaac debería tener? Él nota que ella es rápida para servir.

Ella toma la iniciativa. Versículo 19, “sacaré también para tus camellos hasta que hayan terminado de beber”. Nadie le pidió que hiciera eso, pero ella tomó la iniciativa de hacer algo más de lo que se le había pedido hacer. Algunas de nosotras no nos molesta servir mientras podamos hacer lo mínimo requerido.

Permíteme preguntarte, en tu casa, ¿haces lo mínimo requerido? O dices, ¿qué más puedo hacer? ¿Hay algo más en lo que pudiera servir, para ser una bendición? Rebeca fue más allá de lo que se le pidió.

Ahora bien, la cultura en el Medio Oriente pedía que se le mostrara hospitalidad a los extraños, pero no se pedía que ella fuera hospitalaria con los camellos. Esto no era un requerimiento. Ella hizo más de lo que se le pidió. Ella fue generosa. Ella estaba sirviendo sin ningún resentimiento. Ella fue amable con los extraños. Ella fue trabajadora. Y todo eso es parte de tener un corazón de sierva.

¿Cuántos camellos tenía Eliezer con él? Tenía diez camellos. Ayer leí en un comentario que un camello sediento, un camello sediento que ha estado en un largo viaje puede tomar hasta (40 galones) 151 litros de agua. Ella tuvo que sacar toda esa agua a mano, como (400 galones) 1,510 litros de agua. Ella les dio de beber a todos esos camellos.

Vemos otra cualidad en la vida de esta mujer que tiene un corazón de sierva . Ella sirve sin expectativa de recompensa o ganancia o qué es lo que ella va a recibir a cambio. Bueno ella si termina obteniendo joyería y un esposo de todo esto, pero ella no sabía esto en el principio.

A largo plazo, los siervos siempre serán honrados. Los siervos fieles. Pero tú no sirves por el honor, tú sirves simplemente por el honor de servir, de hacer lo que has sido llamada a hacer. Ella obtuvo la recompensa después de que ella sirvió.

Versículos 22-25,

22” Y aconteció que cuando los camellos habían terminado de beber, el hombre tomó un anillo de oro que pesaba medio siclo y dos brazaletes que pesaban diez siclos de oro, 23 y dijo: ¿De quién eres hija? Dime, te ruego, ¿hay en la casa de tu padre lugar para hospedarnos? 24 Ella le respondió: Soy hija de Betuel, el hijo que Milca dio a luz a Nacor. 25 Y le dijo además: Tenemos suficiente paja y forraje, y lugar para hospedarse”.

Aquí está otra cualidad en esta mujer, una cualidad de un corazón de sierva. Ella es amable. Ella es hospitalaria. Ella comparte su casa. Ella sabe que su familia recibirá bien a este extraño, y ella es rápida para tender la mano y decir, “usted es bienvenido”. Ahora bien, cuando llega una visita inesperada, y recuerden que no era solamente Eliezer, era todo su séquito (diez camellos, y esto significa que también hubo otros siervos con ellos también).

Esto va a ser…bueno, diez camellos y un grupo de siervos que lleguen a tu casa para la cena no es una tarea sencilla, pero ella tiene un corazón de sierva. Cuando tienes un corazón de sierva, te las ingeniarás para hacerlo. Tú pensarás, “¿cómo puedo ser amable?” “¿Cómo puedo ministrar a las necesidades de las personas involucradas?” Esta mujer demuestra esto. Eliezer se da cuenta de que Dios ha hecho esta búsqueda exitosa.

Así que los versículos del 26-28 dicen:

“Entonces el hombre se postró y adoró al Señor, y dijo: Bendito sea el Señor, Dios de mi señor Abraham, que no ha dejado de mostrar su misericordia y su fidelidad hacia mi señor; y el Señor me ha guiado en el camino a la casa de los hermanos de mi señor. La joven corrió y contó estas cosas a los de la casa de su madre”.

Rebeca tenía un hermano que se llamaba Labán. Él aparece en este punto de la historia pero después juega un papel más importante, y ahora vamos al versículo 32.

Entonces el hombre [este es el siervo Eliezer] entró en la casa, y Labán descargó los camellos y les dio paja y forraje, y agua para lavar los pies de él y los pies de los hombres que estaban con él. Entonces la comida fue puesta delante de él para que comiera.

¡Apuesto que esta era una comida que él estaba realmente listo para disfrutar! ¡Misión cumplida! Hemos cumplido nuestro propósito. Al parecer el Señor me ha dirigido a la mujer que debe ser la esposa de Isaac. Pero él dijo, “tengo algo que hacer antes de comer”. Puede ser que él haya estado hambriento. Puede ser que él estuviera listo para esta gran comida casera.

Pero él dijo, “no comeré hasta que haya dicho el propósito de mi viaje. Y Labán le dijo: Habla” (v. 33).

Así que Eliezer, quien también es el siervo que estamos viendo en este pasaje, se mantiene enfocado en su propósito. Él no olvida por qué está ahí. Él no se desvía de su objetivo, él está comprometido a completar su misión, su tarea. Él cree que Dios lo ha dirigido hacia la mujer correcta, pero ella todavía no sabe por qué está él ahí. Ella todavía no ha dado su aprobación a todo esto, hasta que todo esté resuelto, él dice, “necesito mantenerme enfocado, no puedo desviarme”.

Así que en el versículo 34, él dice, “Soy siervo de Abraham”, y él empieza a contar su historia a la familia de Rebeca. De nuevo, ¿cómo se presenta él mismo? No como quien él es, sino a quien le sirve, él sabe su posición, él conoce su lugar. Su trabajo no es que ellos recuerden quién es él o promoverse a sí mismo aunque él era el jefe de personal de la casa de Abraham. Él está promoviendo a su señor. No es su agenda, es la agenda de su señor, y todo lo que este siervo está tratando de hacer es cumplir los deseos de su señor.

Cuando estaba estudiando este pasaje, recordé ese pasaje en el Evangelio de Juan donde Juan el Bautista le dijo al Señor Jesús, “Él es el grande, yo no soy el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento. Yo solo soy llamado a testificar de Él. No importa si sabes quién soy yo. Necesitas contemplarlo. Él debe crecer y yo debo disminuir”. Ese es el corazón de un siervo.

Yo soy una sierva de Dios, el nombre de Nancy Leigh DeMoss no importa. Lo que yo haga, quien yo soy, los planes que tenga, cual sea mi agenda, realmente no importa. Lo que importa es que sirvo al Señor y que Él se lleve todo el crédito y la gloria y la magnificencia.

Así que empezando en el versículo 35 hasta el versículo 48, el siervo le cuenta a la familia de Rebeca la historia completa: por qué está ahí, la misión en la que se encuentra, cómo había orado, lo que acababa de pasar en el pozo. Entonces él dice en el versículo 49.

“Ahora pues, si habéis de mostrar bondad y sinceridad con mi señor, decídmelo; y si no, decídmelo también, para que vaya yo a la mano derecha o a la izquierda”.

Es como, “ni siquiera me voy a quedar a cenar si este no es el lugar donde debería estar. Mi misión no es comer. Mi misión es encontrar una esposa para Isaac. A eso he venido, eso he venido a hacer. Necesito saber, ¿La van a dejar irse conmigo? La única razón por la que estoy aquí es para cumplir con las instrucciones de mi señor”.

¿Y no es fácil desviarse algunas veces, olvidar lo que estamos supuestos a hacer y por qué estamos aquí? Muchos cristianos que conozco, a veces yo misma también, andamos a la deriva por la vida haciendo cualquier cosa divertida o interesante o lo que sea que esté en nuestro programa, lo que sea que esté en nuestra agenda, y nos olvidamos, ¿qué es lo que Dios me ha llamado a hacer en ésta etapa de mi vida?

Si tú eres una mamá, Dios te ha llamado a educar a esos niños. Si tú eres una esposa, Dios te ha llamado a bendecir y a servir y satisfacer las necesidades de tu esposo, ser una cuidadora de tu hogar. Ese es el llamado de Dios. Cuando tú haces eso, tú estás sirviendo al Señor. No te distraigas. Conozco a muchas esposas que pasan mucho tiempo haciendo cosas que les roba tiempo a sus esposos y a sus hijos. Se les ha olvidado a lo que se les ha llamado hacer.

Y en el día de hoy tenemos jóvenes que nos escuchan que son estudiantes. Si tú eres estudiante en este momento, ese es el llamado de Dios para tu vida. No te desvíes. Ahora bien, eso no significa que no harás otra cosa durante tus años en la preparatoria, pero Dios te ha llamado a ser una estudiante, sé fiel en eso. Esa es la forma como sirves al Señor.

Si tú eres una hija en tu hogar, Dios te ha llamado a ser una bendición para tus padres, para tus hermanos. Tú dirás, “¿quién querría hacer eso?” la sierva de Dios. Esa es la manera que tú experimentaras bendición en tu vida, cumpliendo cualquier cosa que Dios te haya dado para hacer en cualquier etapa de la vida en que tú estés.

Y en los versículos 50-51 leemos,

“Labán y Betuel respondieron, y dijeron: Del Señor ha salido esto; no podemos decirte que está mal ni que está bien. He aquí, Rebeca está delante de ti, tómala y vete, y que sea ella la mujer del hijo de tu señor, como el Señor ha dicho”.

Bueno, cuando lees este pasaje por primera vez, quizás puedes pensar, “¿Están tratando simplemente de deshacerse de esta chica?” Como, “¡ten, tómala, vete!” No creo que ese sea el caso. Creo que ellos simplemente se dieron cuenta, como Eliezer había contado esta historia, no había duda de que Dios estaba en esto. No había duda de que Dios había estado dirigiendo, no había duda de que Dios de manera providencial lo había llevado aquel día allí. ¿Qué podemos decir? Dios está en esto, así que eso es lo que necesitas hacer.

Y sucedió que cuando el siervo de Abraham escuchó sus palabras, se postró en tierra delante del Señor… Después él y los hombres que estaban con él comieron y bebieron y pasaron la noche ahí. Cuando se levantaron por la mañana, él dijo: Enviadme a mi señor [Es hora de irme] pero el hermano y la madre de ella dijeron: Permite que se quede la joven con nosotros unos días, quizá diez; después se irá. Y él les dijo: No me detengáis, puesto que el Señor ha dado éxito a mi viaje; enviadme para que vaya a mi señor (Versículos 52-56).

¿Ves que tan determinado está este hombre de cumplir lo que se le había pedido? Él pudo haberse quedado y disfrutar unas vacaciones de diez días allí en Mesopotamia, un viaje lejos de casa, buena comida. No él dijo, “eso no es lo que he venido a hacer, yo fui enviado en una misión. No hay razón para quedarme aquí más tiempo. Necesito regresar con mi señor”.

En los versículos 57-58 leemos,

“Y ellos dijeron: Llamaremos a la joven y le preguntaremos cuáles son sus deseos. Entonces llamaron a Rebeca y le dijeron: ¿Te irás con este hombre? Y ella dijo: Me iré.”

Así que aquí está una joven mujer quien está dispuesta a dejarlo todo: su país, su familia, sus padres, sus hermanos. ¡Ella está lista para dejarlo todo e irse con este hombre que acababa de conocer un día antes para casarse con un hombre que ella nunca había visto ni conocido, a 724 kilómetros de distancia! Ahora, permítanme solo decirles jóvenes, es mejor que estén seguras de que Dios está en medio de esto, antes que hagan algo como eso. Sin embargo, es claro que Dios estaba dirigiendo esto, que Dios estaba detrás de todo esto. Ella dijo, “Yo soy una sierva, voy, es mi llamado, estoy lista, iré”.

Versículo 59

“Y enviaron a su hermana Rebeca y a su nodriza con el siervo de Abraham y sus hombres… Y se levantó Rebeca con sus doncellas y, montadas en los camellos, siguieron al hombre. El siervo, pues, tomó a Rebeca y partió” (Versículos 59-61).

Los dos, Rebeca y Eliezer a través de este viaje demuestran el corazón de un siervo, un corazón de sierva. En los versículos del 62 al 67, verás que ellos regresan a casa donde Abraham vive. Isaac y Rebeca se casan. ¡Misión cumplida! El siervo ha completado la misión a la que se le envió. Él no se detuvo hasta completar su misión, después Eliezer sale de la escena. Ya no escucharás de él otra vez. Nunca leerás acerca de él otra vez. Él ha cumplido su misión como siervo.

Su misión no fue quedar registrado en libros de historia. No era forjar un nombre para él mismo. Su propósito fue realmente esencial porque Rebeca, al casarse con Isaac, se convirtió en una mujer clave en todo el plan redentor de Dios para traer el Mesías quien al final vendría del linaje de esta familia.

Al hacer la tarea más simple—si Dios te la ha asignado—no tienes idea de cuales serán todas las repercusiones de tu fidelidad, al paso del tiempo, al llevarla a cabo. Cuando sirves fielmente en cualquier ámbito, en cualquier situación de la vida, en cualquier etapa de la vida en la que Dios te haya puesto, cuando tú sirves fielmente, no sabrás como, tal vez pasen meses, años o aún generaciones, tus hijos, tus nietos, quizás sus hijos puedan cosechar las bendiciones por tu fiel obediencia.

Así que en Eliezer vemos un ejemplo de la primera palabra griega que usamos hace unos días: doulos, un siervo. Él sirvió a su señor como nosotras servimos a nuestro Señor; sirvió fielmente toda una vida de servicio.

Entonces en Rebeca vemos, yo creo, un ejemplo de esta otra palabra griega que aprendimos: diakonos, sirviendo para ministrar las necesidades de los demás. Esta joven, al tener un corazón de sierva, siendo rápida para servir, observando las necesidades y teniendo iniciativa, dijo, “¿En qué puedo ayudar? ¿Cómo puedo servir?” al servir a Eliezer (un completo extraño), demostró ser apta para ser una buena esposa, para ser la esposa de Isaac. Ese era el requisito que Eliezer estaba buscando.

Ese es el requisito que Dios está buscando en nosotras como mujeres. ¿Tienes un corazón de sierva? ¿Eres una doulos del Señor Dios, su esclava? ¿Y eres diakonos, estás sirviendo para ministrar las necesidades de aquellos a tu alrededor? Eso es lo que hace la verdadera grandeza .

Carmen : Probablemente tendrás una oportunidad para algo de verdadera grandeza el día de hoy. Las oportunidades para servir podrán verse interminables algunas veces. Nancy Leigh DeMoss ha estado ofreciendo una perspectiva importante acerca de cómo servir con la actitud correcta de corazón.

Sé que nuestras oyentes que están escuchando esta serie de “Sirviendo como el Salvador” están sirviendo de diversas maneras. Espero que este programa sea un recordatorio diario de hacer todo lo que el Señor nos ha mandado a hacer con todo nuestro corazón para Su Gloria. Por favor regresa mañana a Aviva Nuestros Corazones.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance de Life Action Ministries.

Todas las Escrituras fueron tomadas de la Biblia de las Américas a menos que se indique otra fuente.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

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Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

 

Fe en tiempo de confusión

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Sermones

Fe en tiempo de confusión

Miguel Núñez

 

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Toda forma de utilización no autorizada será perseguida con lo establecido en las leyes internacionales de Derecho de Autor. Derechos Reservados.

35/41 – Diferencias Reconciliables

Sabiduría para el Corazón

Serie: Filipenses

35/41 – Diferencias Reconciliables

Stephen Davey

Texto: Filipenses 3:20 – 4:1
Seguramente ha escuchado que si algo es muy bueno para ser verdad, entonces no lo debe ser. En estos versículos estudiaremos algunas verdades que suenan demasiado buenas para ser ciertas, pero que realmente son mas que un lindo deseo… son una realidad para todo creyente en Jesucristo.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

11/11 – Y en la casa del Señor moraré por largos días

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Salmo 23

11/11 – Y en la casa del Señor moraré por largos días

Nota del editor: Este es el décimo primero y último capítulo en la serie «El Salmo 23», publicada por Tabletalk Magazine.

Los salmos de David están llenos de un anhelo de permanecer en la presencia de Dios, en Su casa. En el Salmo 26:8 David declara: «Oh SEÑOR, yo amo la habitación de Tu casa, y el lugar donde habita Tu gloria». En el siguiente salmo, David declara que este anhelo es la motivación primaria de su corazón al decir: «Una cosa he pedido al SEÑOR, y ésa buscaré: que habite yo en la casa del SEÑOR todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura del SEÑOR, y para meditar en Su templo» (27:4). Otro salmo, escrito por los hijos de Coré, expresa el mismo deseo no menos apasionado: «¡Cuán preciosas son Tus moradas, oh SEÑOR de los ejércitos! Anhela mi alma, y aun desea con ansias los atrios del SEÑOR; mi corazón y mi carne cantan con gozo al Dios vivo» y pronuncia: «¡Cuán bienaventurados son los que moran en Tu casa!» (84:1-2, 4). Tal anhelo de una vida con Dios, en la casa de Dios, concluye lo que es quizás el salmo más conocido y amado: «Y en la casa del SEÑOR moraré por largos días» (23:6).

A través de la obra expiatoria de Jesucristo y la unión con Él por el Espíritu Santo, los pecadores pueden llegar a ser hijos y familia de Dios.

Lejos de ser un sentimentalismo vacío, el deseo de David fue alimentado por una teología robusta, por su comprensión del carácter de Dios así como también de Sus propósitos y promesas para Su pueblo. De hecho, tal esperanza de morar con Dios fue revelada por Dios mismo. Después de que Dios liberó a Israel a través de las aguas del mar, Moisés dirigió al pueblo en un canto divinamente inspirado, que enseñaba que el Señor, en Su misericordia, conduciría al pueblo que había redimido, guiándolo a Su propia «santa morada», es decir, al «santuario, oh Señor, que Tus manos han establecido» (Éx. 15:1317). Israel había sido redimido para morar con Dios. Maravillosamente, David entendió que su deseo de morar con Dios era insignificante en comparación con el propio celo del Señor que dijo: «Y que hagan un santuario para mí, para que yo habite entre ellos» (Éx. 25:8). Mientras los peregrinos israelitas viajaban a Jerusalén para las fiestas anuales, el templo de Salomón en el Monte Sión sirvió como símbolo del propósito supremo de Dios de habitar con Su pueblo. Es relevante para esta teología el hecho de que un altar imponente y ensangrentado estaba en el patio antes de la entrada a la casa de Dios.

En el Salmo 23, David presenta la esperanza de habitar con Dios de dos maneras. Primero, la casa de Dios es descrita como el fin del viaje para Su pueblo. Usando las imágenes de pastoreo del éxodo mismo, David presenta al Señor como su Pastor a lo largo de esta vida. Las representación cambia entonces a la de la hospitalidad: a medida que la guianza culmina con la llegada, el Pastor se convierte en anfitrión. Curiosamente, la transición de la metáfora de una oveja conducida por su pastor a la de un huésped honrado por su anfitrión ocurre a través del «valle de sombra de muerte» (v. 4). Entonces, para David la esperanza de habitar con Dios en Su casa era una realidad para el futuro, una escatología. La expectativa de David era segura ya que él mismo, como pastor, entendía que la llegada no era una carga para las ovejas, que a menudo son temerosas, necias y caprichosas. Más bien, la guía, el cuidado y la protección de las ovejas, junto con su destino, era una carga impuesta al pastor.

En segundo lugar, la casa de Dios se presenta como el principio de la gloria eterna. Sin duda, los deleites y las alegrías de la casa de Dios se prueban en esta vida, especialmente entre el pueblo de Dios en la adoración del Día de Reposo. Además, el Señor ciertamente había tendido una mesa en el desierto a lo largo de los viajes de Israel, pero estos casos, por bendecidos que fueran, son meros anticipos del banquete que Dios ha preparado para Su pueblo en la «casa» de una gloriosa nueva creación. Ungir la cabeza con aceite y servir en la copa hasta que se rebose, son descripciones simbólicas que muestran una hospitalidad generosa (v. 5). Aquí Dios es presentado como un antiguo anfitrión del Cercano Oriente que generosamente honra y sacia a sus invitados con una abundancia extravagante. En otra parte, David elabora, diciendo que los hijos de Dios «se sacian de la abundancia de Tu casa, y les das a beber del río de Tus delicias» (Sal. 36:8). La palabra que David usa aquí para «delicias» proviene de la misma raíz que la palabra Edén, el paraíso de Dios donde la humanidad una vez disfrutó las delicias de Su comunión. El fin de nuestro viaje también es un nuevo comienzo, el comienzo de una vida supremamente bendecida con Dios y Su pueblo en un paraíso más glorioso que el Edén.

Sin embargo, ni siquiera la frase «invitado de honor» capta del todo la esperanza y el corazón de David. Esta generosa hospitalidad se derrama más bien sobre hijos e hijas. A través de la obra expiatoria de Jesucristo y la unión con Él por el Espíritu Santo, los pecadores pueden llegar a ser hijos y familia de Dios, nacidos de Dios (Jn. 1:12-13Ef. 2:19). Como el hijo pródigo que regresa y recibe un abrazo prolongado de su padre jadeante, así el fin de nuestro viaje y el comienzo de la eternidad son en realidad un regreso a casa, y de hecho, la casa de Dios no está completa hasta que todos Sus hijos regresen a su hogar. Guiados por el Buen Pastor, el Señor Jesucristo, que entregó Su vida por Sus ovejas, el pueblo de Dios entrará por Sus puertas con acción de gracias y a Sus atrios con alabanza (Jn. 10:1-18, ver Sal. 100).

Este artículo fue publicado originalmente en la Tabletalk Magazine.
L. Michael Morales
L. Michael Morales
El Dr. L. Michael Morales es profesor de estudios bíblicos en el Greenville Presbyterian Theological Seminary y un anciano docente PCA. Él es el autor de Who Shall Ascend the Mountain of the Lord?

J22 – El corazón de un siervo

Aviva Nuestros Corazones

Serie: Sirve como el Salvador

J22 – El corazón de un siervo

https://www.avivanuestroscorazones.com/podcast/aviva-nuestros-corazones/el-corazon-de-un-siervo/

Carmen Espaillat: Al principio de su carrera, Nancy Leigh DeMoss servía en el coro tocando el piano… o al menos se suponía que ella estaba sirviendo.

Nancy Leigh DeMoss: Cuando estaba en la secundaria como pianista, era la acompañante de muchos cantantes y coros y ese tipo de cosas, me encantaba hacer eso. Ese era el don que Dios me había dado, y lo usaba para servir a otros, pero no tenía un corazón de sierva.

¿Quieres saber cómo supe que no tenía un corazón de sierva? Estaba haciendo el trabajo de una sierva—acompañando a esos cantantes a esos coros, pero no tenía un corazón de sierva. Y lo supe por lo siguiente:

Cuando teníamos conciertos del coro o algún evento y se les olvidaba reconocer al acompañante—no ponían mi nombre en el programa, o reconocían al coro pero olvidaban reconocer a la pianista, acompañante—me sentía herida, me disgustaba, me dolía. Quería que la gente supiera quien estaba haciendo este gran trabajo de acompañar al coro. Ese no es el corazón de una sierva.

Carmen: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss, en la voz de Patricia de Saladín.

Nancy continúa con la serie Sirviendo como el Salvador». Comenzaremos revisando algunas palabras del nuevo testamento en griego.

Nancy : hemos estado hablando de lo que significa ser un doulos, un esclavo del Señor y también de lo que es diakono, que es servir a otros por causa del Señor, usando los dones que el Señor nos ha dado para ministrar las necesidades de los otros, para beneficiar y bendecir a otros, y todo para la gloria a Dios, quien es nuestro Señor.

¿Podrías pensar en algunas personas de las Escrituras que serían buenos ejemplos de siervos? ¿Te viene alguien a la mente? Yo pensé en. . . Rebeca, vamos hablar de ella en unos momentos. Ella es uno de los ejemplos que escogí. Algunas otras personas también me vinieron a la mente.

Pensé por ejemplo en José que sirvió a Potifar y sirvió a Faraón. Su amo lo bendijo y tuvo reconocimiento y lo honraron porque había servido bien. También pensé en Ruth que servía a su suegra que era viuda. Yo creo que su suegra era una persona agria o amargada, pero Ruth le sirvió de muy buena gana y con entusiasmo.

Pienso también en Abigail quien le dijo a David: “He aquí vuestra sierva es una criada para lavar los pies de los siervos de mi Señor”.
En 1ero de Samuel capítulo 25 versículo 41. ¿No es esto interesante? Sabes, todas quisiéramos lavar los pies del Señor. Eso sería un gran trabajo. Sería un privilegio hacerlo.

Pero esta mujer dijo “yo quiero lavar los pies de los siervos de mi Señor “Una cosa es hacer una tarea para Dios mismo. Y otra cosa muy diferente, es una tarea menor, es hacerlo para otro siervo. Pero esa es la demostración de un corazón de sierva.

Cuando pienso en ejemplos bíblicos de servidumbre, hay algo más que me viene a la mente y está en Génesis capítulo 24. Quiero utilizar esta sesión y la siguiente para que echemos un vistazo a dos siervos en Génesis capítulo 24. Si tienes tu Biblia por favor ábrela allí. Vamos a ir siguiendo poco a poco este texto.

Creo que esta historia te será familiar, pero tal vez nunca habías pensado en ella a la luz de lo que significa tener un corazón de siervo. Este es un reporte del siervo de Abraham, que muchos comentaristas están de acuerdo que se trataba de Eliezer. Ahora, el nombre Eliezer nunca se menciona en este capítulo y vamos a descubrir por qué esto es tan significativo. Algunos comentaristas concuerdan que definitivamente se trataba de Eliezer, su nombre significa «Mi Dios es ayuda». Dios nos ayuda.

Entonces, no es un llamado pequeño de Dios, el llamarnos para ayudar a otros. Estamos siendo como Él cuando somos ayudadoras, cuando somos siervas. El siervo de Abraham hubiese sido el heredero de Abraham en lugar de su hijo. Si el hijo prometido nunca hubiera venido, es decir, Isaac, entonces el siervo de Abraham Eliezer hubiera sido el heredero. Hasta que Ismael e Isaac nacieron, en ese punto él fue desplazado como heredero.

Pero él continuó sirviendo fielmente a Abraham y entonces a Isaac, el hijo de Abraham, como el nuevo heredero, aunque sabía que él ya no calificaba para ganar nada de la herencia. Ese es un corazón de siervo. No importa si obtengo algo de esto o no, no estoy haciéndolo por el dinero. No estoy haciéndolo por la herencia. No estoy haciéndolo por la fama o por la fortuna que viene. Estoy haciéndolo porque es mi llamado.

A lo largo de este pasaje quiero que te fijes en las cualidades de un siervo fiel. Como aplicación aquí ¿Cuáles son algunas de las cualidades de un siervo fiel? Lo primero que ves … antes de que incluso vayamos al texto, es que en ninguna parte en todo el capítulo se menciona el nombre de este siervo, en ningún lado. Doce veces se hace referencia a él como “el siervo”, un par de veces como “el siervo de Abraham”. A él sólo se le llama el siervo.

Dirás “¿Por qué no pusieron su nombre?” bueno, Dios inspiró la escritura de la Palabra, y no sabemos por qué el no puso el nombre del siervo aquí. Pero está claro que este hombre hasta este punto es supuestamente anónimo, es un siervo anónimo. El punto es este: su nombre ni siquiera importaba. Él no estaba buscando su reconocimiento. Él no estaba buscando el crédito. El sólo buscaba ser fiel.

Esa es una cualidad del servicio, ser fiel aun cuando tu nombre nunca sea mencionado. Entonces mientras pensamos sobre el servicio, me pregunto a mí misma lo siguiente: “¿estaría contenta de hacer lo que Dios me llamó a hacer, sea lo que sea en cada etapa de mi vida, si nadie supiera quién fui o qué fue lo que hice?” ¿Estarías tú contenta?

Cuando estaba en la secundaria, yo era pianista acompañante. Era pianista, y acompañaba a muchos cantantes y coros y ese tipo de cosas. Me encantaba hacer eso. Ese era el don que Dios me había dado, y lo usaba para servir a otros. Pero no tenía un corazón de sierva.

¿Quieres saber cómo supe que no tenía un corazón de sierva? Estaba haciendo el trabajo de una sierva—acompañando a estas otras personas, pero no tenía un corazón de sierva. Lo supe por lo siguiente.

Cuando teníamos conciertos del coro o algún evento y se les olvidaba reconocer al acompañante—no ponían mi nombre en el programa, o reconocían al coro pero olvidaban reconocer a la pianista, la acompañante—me sentía herida, me disgustaba, me dolía. Quería que la gente supiera quien estaba haciendo este gran trabajo de acompañar al coro. Ese no era el corazón de sierva.

Dios tuvo que hacer una gran obra en mi vida durante años y aun a veces me sigue probando, para llevarme a ese punto, a decir: “¿Serías tan fiel, serías tan diligente al servir, estarías tan contenta de servir si ninguno supiera quién eres, si ninguno supiera lo que has hecho, si no obtuvieras ningún crédito, si no obtuvieras ningún reconocimiento?”

Bueno, vamos a analizar Génesis capítulo 24 que habla de este siervo fiel, quien se cree que era Eliezer. Versículo 1.

Abraham era viejo, entrado en años; y el Señor había bendecido a Abraham en todo. Y Abraham dijo a su siervo, el más viejo de su casa, que era mayordomo de todo lo que poseía…

Por cierto, esa es la razón por la que creemos que era Eliezer porque en otras partes del Génesis ese es el nombre del hombre con esa descripción: “el siervo más viejo; el que estaba a cargo de toda su casa”

Ahora, detengámonos ahí por un momento. Este hombre, su siervo, era un siervo leal. Él había servido a Abraham por lo menos 50 años hasta este punto, si ponemos toda cronología del Génesis junto con otros pasajes. Y vemos que ese era un tiempo muy largo para servir en un mismo puesto. Eso era un largo tiempo para ser fiel. A este hombre se le había dado el cargo de todo lo que Abraham tenía. Él era el jefe de los mayordomos. Él era el jefe de todo el personal. Esa era una gran responsabilidad.

Abraham era un hombre adinerado. Él tenía muchos sirvientes en su casa. Eliezer era responsable de manejarlo todo. Pero él comprendía que todas esas cosas, todas esas posesiones, todas esas personas, todos esos sirvientes no le pertenecían a él. ¿A quién le pertenecían? Le pertenecían a Abraham. Le pertenecían a su amo.

Eliezer era un administrador, pero a él no le pertenecían las posesiones. Él era solo un mayordomo de las riquezas de su amo, de las pertenencias de su amo. De hecho, Eliezer siempre se refirió a Abraham como “mi señor”. 19 veces en el capítulo 24 este siervo se refiere a Abraham como “mi señor, mi señor, mi señor”. Había un reconocimiento de que “estas cosas no son mías”.

Te preguntarás , ¿Cómo llegó a hacerse responsable de tantas cosas? Yo te diré como. Es de la misma manera que los mayordomos y sirvientes siempre llegan a tener más responsabilidades: siendo fieles aun en las cosas que requieran poca responsabilidad.

En Lucas capítulo 16 versículo 10 dice: “El que es fiel en lo muy poco, es fiel también en lo mucho;” e inversa” y el que es injusto en lo muy poco, también es injusto en lo mucho.” Entonces si eres fiel cuando tienes un poco de responsabilidad, si eres fiel en las pequeñas cosas, tendiendo tu cama… si no eres fiel en las pequeñas responsabilidades, en un simple trabajo, en tareas elementales, en tareas serviles, entonces ¿qué es lo que te hace pensar que serás fiel cuando Dios te de un esposo y te de hijos, nietos y una casa que cuidar o un ministerio en la iglesia?

Ser fiel en las pequeñas cosas te hace fiel en las más grandes. Funciona de tal manera que entonces se te pueden confiar más cosas. Este sirviente se había probado ser digno de confianza. Entonces Abraham le podía confiar cada vez más y más responsabilidad porque él era digno de confianza. Ahora, cuando Abraham tuvo una misión realmente importante,él sabía con quién podía confiar. Él sabía a quién le pediría realizar esta misión tan difícil.

Entonces Abraham le dijo a su sirviente que estaba a cargo de su casa, versículo 2, “te ruego que pongas tu mano debajo de mi muslo.” Bueno, esta no es una frase típica que nosotros usamos hoy en día, pero en esta cultura esta era una costumbre de hacer y afirmar un juramento, era como decir “dame tu palabra. Hazme una promesa.” Eso era lo que se estaba tratando de decir.

Versículos 3 y 4,

“Y te haré jurar por el Señor, Dios de los cielos y Dios de la tierra, que no tomarás mujer para mi hijo (Isaac) de las hijas de los cananeos, entre los cuales yo habito; sino que irás a mi tierra y a mis parientes, y tomarás mujer para mi hijo Isaac.”

O sea que lo que Abraham estaba diciendo era, “Dios ha hecho un pacto conmigo, bajo el cual también continuará con mi hijo, este hijo milagroso, Isaac, que Dios me dio en mi vejez”. Pero el pacto va más allá de él y sabemos que esto es muy importante porque la genealogía de Cristo vino de esta familia, era crucial que Isaac tuviera la esposa correcta.

Abraham le dijo, “No quiero que mi hijo se case con una de estas mujeres cananeas. No son las que Dios ha escogido para él. Ve al país del que vine y ve a mis parientes y encuentra la esposa correcta para mi hijo.”

Ahora, tú hablas acerca de las citas por internet y de todas las diferentes maneras que hoy en día se encuentra pareja. Pero creo que probablemente esta no sería una de las formas que considerarías para tus hijos o para ti, pero así era la manera… no era algo inusual, hacerlo de esta manera, si alguien quería arreglar un matrimonio. Pero, ¿no estás agradecida de que Eliezer y Abraham pudieron confiar en Dios para que Él realmente hiciera el arreglo? Y ahora veremos cómo sucedió todo esto.

Entonces el siervo le dijo a Abraham “tal vez la mujer no quiera seguirme a esta tierra. ¿Debo volver y llevar a tu hijo a la tierra de donde viniste?” (Verso 5).

¿Qué era lo que el siervo estaba diciéndole a su Señor aquí? “Voy a ir a donde me estás diciendo que vaya y voy a hallar a esta mujer, ¿pero y que si ella no quiere venir y vivir donde tú vives? Aquí estás muy lejos de su casa. ¿Debo llevar de regreso a Isaac para allá?”.

El siervo quería asegurarse de haber entendido bien las instrucciones. Él quería estar seguro de que lo había captado bien. Él no quería ser repetitivo. Él no estaba resistiendo la orden. Él sólo estaba diciendo, “quiero estar seguro y quiero dejarlo claro. Quiero saber exactamente qué hacer si esto sucede. ¿Qué hago si esto pasa?” ¿Por qué? Porque la meta del siervo era satisfacer los deseos de su amo.

Cuando Dios nos da instrucciones decimos: “está bien Señor, sí voy. Lo voy hacer. Ahora sólo me quiero asegurar de saber exactamente qué es lo que quieres que haga. “Son preguntas para aclarar las instrucciones.

“Y Abraham le dijo: Guárdate de llevar allá a mi hijo. [Me alegra que me estés preguntado. No lo lleves de vuelta a ese lugar.] El Señor, Dios de los cielos, que me tomó de la casa de mi padre y de la tierra donde nací y que me habló y me juró, diciendo: “A tu descendencia daré esta tierra “Él mandará su ángel delante de ti, y tomarás de allí mujer para mi hijo. Si la mujer no quiere seguirte, quedarás libre de este mi juramento; sólo que no lleves allá a mi hijo.” (V. 6 – 8)

¿Por qué Abraham no quería que Eliezer llevara de vuelta a Isaac a la tierra de la que él había venido? Porque Dios había dicho, “Deja esta tierra. Te voy a dar una tierra nueva, la tierra prometida.” Entonces Abraham, quien era un siervo de Dios dijo, “tengo que seguir las instrucciones de mi Señor” Ahora él le dice a su siervo, “estas son las instrucciones que tú tienes que seguir.”

“Y el siervo puso la mano debajo del muslo de Abraham su señor, y le juró sobre este asunto”. (v. 9)

Esa sólo era una manera de decir que él había hecho una promesa solemne. Haré lo que me has dicho que debo hacer.

Vemos en Eliezer a ese siervo, que no se echa atrás. Sin una actitud quejumbrosa. No hay quejas sobre qué tan difícil era su asignación a su edad. ¿Qué tan seguido cuando nos piden hacer algo o nos dan una oportunidad de servir nos echamos para atrás? Damos tres razones de por qué no funcionara, seis razones por las cuales no queremos hacerlo de esa manera, objeciones. O tenemos una mejor idea. Tenemos nuestra propia opinión.

Verás en este siervo que tener un corazón de siervo es simplemente hacerlo. Sólo lo haces. Sirves de la manera en que se te pidió.

Versículo 10,

“Entonces el siervo tomó diez camellos de entre los camellos de su señor, y partió con toda clase de bienes de su señor en su mano; y se levantó y fue a Mesopotamia, a la ciudad de Nacor”.

Ahora, ¡Mesopotamia estaba a 724 km. de distancia! Esta no era una expedición pequeña. Este no era como un viaje de fin de semana. Con 10 camellos, esta era un viaje lento y pesado, yendo hacia Mesopotamia en esta travesía. Esto era un gran trabajo. Esto era un gran compromiso.

Finalmente Eliezer llega a la ciudad de Nacor, donde Abraham lo había enviado.

Versículo 11,

“E hizo arrodillar a los camellos fuera de la ciudad junto al pozo de agua, al atardecer, a la hora en que las mujeres salen por agua”.

En medio de lo loco que todo esto parecía él tenía un plan; había tenido mucho tiempo para elaborar un plan. Él había tenido un montón de tiempo para pensar que era lo que haría cuando llegara a esta ciudad. Entonces él vino con un plan que lo ayudaría a cumplir la misión para la cual había sido enviado. Y el plan tomaba en cuenta el momento preciso.

Él había estado pensando sobre esto. ¿Cómo voy hacer este trabajo? ¿Sólo he de aparecer en la ciudad y simplemente decir “tú ven conmigo, tú te vas a casar con el hijo de mi señor”? él había estado pensando sobre todo cómo hacer todo esto.

De cualquier manera, a pesar del hecho de que el siervo tenía un plan para cumplir su responsabilidad, él también entendía que no podía hacer esto simplemente por sí sólo. El entendía que él necesitaba la ayuda de Dios para ser el siervo que él necesitaba ser y cumplir la responsabilidad que se le había dado. Él comprendía que él dependía de que Dios bendijera su misión. Él no descansó en sí mismo o en su propio entendimiento o en sus propios planes.

Entonces ¿Qué fue lo que hizo? Él oró. Le pide a Dios por éxito. Le pidió a Dios que lo dirija hacia la mujer indicada. Él comprendió que este es un trabajo muy importante y que él necesita la ayuda de Dios.

Entonces en el versículo 12 él dice:

“Y dijo: Oh Señor, Dios de mi señor Abraham, te ruego que me des éxito hoy, y que tengas misericordia de mi señor Abraham. He aquí, estoy de pie junto a la fuente de agua, y las hijas de los hombres de la ciudad salen para sacar agua.[él le está diciendo al Señor esto] Que sea la joven a quien yo diga: “Por favor, baja tu cántaro para que yo beba”, y que responda: “Bebe, y también daré de beber a tus camellos”, la que tú has designado para tu siervo Isaac; y por ello sabré que has mostrado misericordia a mi señor.”(vv. 12 – 14).

Ahora déjenme ser pronta para decir que las Escrituras no están necesariamente promoviendo esto como una manera de encontrar pareja. Pero esa fue la manera que Dios utilizó en esa situación. Creo que la clave aquí está en que Eliezer está dependiendo del Señor para que lo dirija.

Déjenme decirles, que tenemos muchas jóvenes solteras aquí el día de hoy. Si tú no estás haciendo nada por buscar la pareja que Dios ha escogido para ti, asegúrate que es la pareja que Dios escogió, que esa sea tu oración. Y no es muy temprano para empezar a decir “Señor, yo tengo mis planes. Tengo mis ideas. Tengo algunos pensamientos sobre lo que podría suceder, pero más que nada quiero que tu elijas al que sabes que será tu elección, al que has escogido para mi vida”.

¿Cuál era la cualidad principal que este siervo estaba buscando? No estaba buscando que ella fuera hermosa, aunque después nos enteramos de que sí lo era. La cualidad principal no era que tuviera una alta educación o que ella fuera brillante, o que ella tuviera un gran trabajo, o que ella fuera talentosa. ¿Cuál era la cualidad principal que él estaba buscando? Que ella tuviera un corazón de sierva.

Probablemente no haya ninguna cualidad en el matrimonio que sea más importante, si vas a tener un matrimonio exitoso, que ambos tengan un corazón de siervos. Déjenme decir, por cierto, sé que muchas madres nos escuchan. Cuando ustedes oran por sus hijos que algún día se van a casar, esa es una cosa muy importante por la cual deben orar. Pídanle a Dios que le dé una esposa o un esposo que tenga con un corazón de siervo. Será la llave del éxito del matrimonio.

Jovencitas, mientras se preparan para el matrimonio, desarrollen un corazón de siervas, pues es la clave para tener un largo, feliz y exitoso matrimonio.

Bueno, en el próximo programa descubriremos como fue respondida esta oración, como Dios dirigió a Eliezer a la joven indicada, a la que tenía un corazón de sierva. Cerremos este tiempo ahora en oración.

Padre, te doy gracias por Tu providencia y por como tú nos diriges cuando te buscamos. Quiero agradecerte por el ejemplo de este siervo, anónimo en este capítulo, que no buscaba su propia reputación, no buscaba una posición, solo buscaba servir. Gracias por el ejemplo de este fiel siervo que vemos en Eliezer.

Oro por que podamos servirte de esa manera y que vivamos bajo Tu providencia, dependiendo de Ti, descansando en Ti, buscándote y fielmente cumpliendo todo lo que nos has encargado que hagamos. En el nombre de Jesús oro, amén.

Carmen Si estás haciendo lo que parece tareas menores, Nancy Leigh DeMoss ha estado hablando de algo importante. Sigue adelante. No te rindas. Estás trabajando para la gloria de Dios.

Algunas amigas han estado escuchando las enseñanzas de Nancy con nosotros y tienen algunas ideas de cómo aplicarlas en la vida real.

Kim Wagner: Nancy has estado hablando de servicio, sobre como tantas veces parece que no tenemos una recompensa inmediata, o que no hay un fruto por las labores. Yo he tenido una bendición muy grande de ver como una de mis amigas recibió el fruto de sus servicios, la recompensa de ellos. Esta semana cuando ella y yo estábamos sentadas en el partido de basquetbol de nuestros hijos, un joven de unos 21 años vino hacia nosotras y nos dijo “Señorita Darlene, ¿se acuerda de mí?”.

Y él le dijo, “no la había visto desde que tenía 7 años pero usted y su esposo, el hermano Blaine, solían enseñar en la escuelita de niños de nuestra iglesia. Un domingo cuando ustedes estaban hablándonos, compartiéndonos y explicándonos el Evangelio, nos alentaron a orar y a pedirle a Jesús que viniera a nuestro corazón y yo lo hice ese día”.

Él dijo, “yo solo quería venir y darle las gracias por eso, porque ahora estoy en una universidad bíblica, y me estoy preparando para el ministerio. Trabajo en la escuela de los niños en mi iglesia”.

Ella solo comenzó a llorar había sido una experiencia muy bendecida.

Entonces muchas veces no conocemos a los niños a los que estamos ministrando, a esos que estamos sirviendo… Puede ser que no veamos el fruto; puede ser que nunca veamos el fruto.

Nancy: De este lado de la eternidad.

Kim: Si de este lado de la eternidad. Pero me encanta el hecho de que el Señor me haya dejado ver en este día la recompensa y el fruto justo ahí, ese joven viniendo a agradecer a su maestra de cuando él era niño.

Nancy Y fue una cosa grandiosa que él lo hiciera. Creo que es muy importante que nos alentemos unos a otros y que animemos a aquellos que nos han bendecido, especialmente a quienes nos han servido y poder decirles, “gracias”.

Me refiero, por ejemplo si estás en un restaurante y tienen un buen servicio tu das una propina. Esa es una manera de decir gracias. Creo que a veces somos negligentes en alentarnos unos a otros diciéndoles “veo a Jesús en la manera en que tú has servido”, o “tu servicio tocó mi vida, y estoy muy agradecida”.

No deberíamos asumir que esas personas, ya lo saben o que no lo necesitan saber. Realmente podemos bendecirlos expresándoles nuestra gratitud y aprecio a aquellos que nos han servido, aunque los verdaderos siervos sirven sin esperar nada.

Carmen: Esto ha sido una gran discusión de cómo ser un siervo para la gloria de Dios.

Si te has perdido algunas enseñanzas de esta serie, visita, www.avivanuestroscorazones.com busca la serie Sirviendo como el Salvador.

Puede ser muy alentador mirar atrás en la historia y aprender de los ejemplos de otros siervos de Dios. Durante la serie Sirviendo como el Salvador, queremos ayudarte a hacer eso.

Creo que te sentirías muy animada de crecer como una sierva cuando leas la historia de Amy Carmichael. Ella sirvió como misionera en la india por 53 años, sirviendo niños huérfanos a través del poder del Señor. Al leer la historia de cómo ella sirvió fielmente, te animarás a decir “sí” al llamado que Dios te ha hecho.

Elisabeth Elliot ha escrito una biografía de Amy Carmichael llamada, Una oportunidad para morir ( A Chance to Die). Te animamos a adquirirla si puedes leer inglés.

“Dar un buen servicio” es el tema de muchos libros de negocios, pero es también un tema importante de la Biblia. En el día de hoy comenzamos a ver esto, y profundizaremos más el día de mañana.

Aviva Nuestros Corazones con Nancy Leigh DeMoss es un ministerio de alcance Life Action Ministries

Todas las citas bíblicas están tomadas de la Biblia de las Américas, a menos que se indique otra cosa.

Permisos de publicación autorizados del Ministerio Aviva Nuestros Corazones para Alimentemos El Alma

Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: http://www.avivanuestroscorazones.com

¿Los astronautas son héroes?

Lunes 28 Septiembre


Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que tú formaste, digo: ¿Qué es el hombre, para que tengas de él memoria, y el hijo del hombre, para que lo visites?
Salmo 8:3-4

¿Los astronautas son héroes?

Los astronautas son seleccionados con un cuidado especial: deben pasar innumerables exámenes y efectuar un entrenamiento extremo. Cuando están en el espacio, a menudo tienen que enfrentarse a situaciones críticas. Pero el extraordinario espectáculo que pueden contemplar recompensa todos sus esfuerzos.

El astronauta americano James Irwin (1930-1991) escribió sus impresiones en un libro, después de su misión en la luna en el año 1971 con el Apolo 15. En el prefacio escribió: «Este vuelo, en el que vi la tierra flotar en las profundidades negras del universo como una hermosa y frágil decoración de navidad, dio un giro decisivo a mi vida».

Luego dice claramente que su libro no es la autobiografía de un héroe, ni el elogio de la aventura y del triunfo de la tecnología. No, explica el astronauta, es la historia de una vida. En él describe las decepciones, las crisis, las tristezas… Es sobre todo un documento concerniente a la relación entre Dios y el hombre, en este caso James Irwin. Es la historia de un hombre que recibió mucho de parte de Dios, dones y bendiciones especiales. Pero también sabe reconocer la paciencia con la que Dios lo atrajo hacia él cuando pasó por momentos difíciles en su vida.

En este libro Irwin expresa el deseo de que sus lectores estén atentos a la dirección que Dios quiere dar a sus vidas, y al amor que tiene por cada uno de ellos.

Pocas personas han viajado al espacio, pero todo hombre puede ir a Dios por medio de Jesucristo.

Lamentaciones 4 – Filipenses 3 – Salmo 107:33-43 – Proverbios 24:8-9
© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)

ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

5/8 – Ángeles y demonios

Para mi el vivir es Cristo

Serie: Ángeles y demonios

5/8 – Ángeles y demonios

Samuel Pérez Millos

 

Samuel Pérez Millos

Casado con Noemí Susana Colacilli, misionera durante 24 años en Palabra de Vida.

Samuel es responsable del área de formación bíblica en la Iglesia Unida de Vigo.

Licenciado y Master en Teología (TH. M) por el Instituto Bíblico Evangélico.

Pastor de la Primera Iglesia Evangélica de Vigo, hoy Iglesia Evangélica Unida, desde el 26 de septiembre de 1981.

Profesor de Biblia y Teología en la Facultad Evangélica de España y del Departamento de Teología Sistemática de la escuela Escrituras.

35 – El escándalo de la Cruz | Romanos 9:30-10:4

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

35 – El escándalo de la Cruz | Romanos 9:30-10:4

Ps. Sugel Michelén

 

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org/sobre-nosotros/