11. La triple unidad de Dios

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

2. LA NATURALEZA Y LOS ATRIBUTOS DE DIOS

11. La triple unidad de Dios

R.C.SPROUL

La doctrina de la Trinidad nos resulta difícil y confusa. A veces hasta se ha pensado que el cristianismo enseña la noción absurda de que 1+1+1=1. Resulta claro que esta es una ecuación falsa. El término Trinidad describe una relación de un Dios que es tres personas, y no una relación entre tres dioses. La Trinidad no significa un triteísmo, es decir, que hay tres seres que en su conjunto conforman un Dios. La palabra Trinidad se utiliza como un esfuerzo para definir la plenitud de la Deidad en términos de su unidad y su diversidad.

La formulación histórica de la Trinidad es que Dios es uno en esencia y tres en persona. Aunque esta fórmula es misteriosa y paradójica, no conlleva de modo alguno una contradicción. Con respecto a la esencia o el ser, se afirma la unidad de la Deidad; con respecto a la persona, se expresa la diversidad de la Deidad.

Si bien el término Trinidad no se encuentra en la Biblia, el concepto aparece en ella con claridad. Por un lado la Biblia declara de manera contundente la unidad de Dios (Deut. 6:4).

Por otro lado, la Biblia declara con claridad el carácter plenamente divino de las tres personas de la Deidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La iglesia ha rechazado las herejías del modalismo y el triteísmo. El modalismo niega la diferencia que existe entre las personas de la Deidad, afirmando que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son distintas maneras en que Dios se expresa a sí mismo. El triteísmo, por otro lado, falsamente afirma que existen tres seres que juntos constituyen a Dios.

El término persona no significa una diferencia en esencia sino una subsistencia diferente en la Deidad. Una subsistencia en la Deidad constituye una diferencia real pero no es una diferencia esencial, en cuanto a una diferencia en el ser. Cada persona subsiste o existe «bajo» la pura esencia de lo divino. La subsistencia es una diferencia dentro del mismo ser, no un ser o una esencia separada. Todas las personas de la Deidad comparten todos los atributos divinos.

También hay una diferencia en la función desarrollada por cada miembro de la Trinidad. El trabajo de la salvación es en cierto sentido compartido por las tres personas de la Trinidad. Sin embargo, con respecto a la manera de actuar, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo operan de distinta forma. El Padre es quien inicia la creación y la redención; el Hijo es quien redime a la creación; y el Espíritu Santo regenera y santifica, operando la redención en los creyentes.

La Trinidad no se refiere a las partes de Dios, ni siquiera a los roles. Las analogías humanas, como las de un hombre que es un padre, un hijo y un esposo, son insuficientes para reflejar el misterio de la naturaleza de Dios.

La doctrina de la Trinidad no explica completamente el carácter misterioso de Dios. En realidad lo que hace es fijar los límites que no debemos trasponer. Define los límites de nuestra reflexión finita. Nos ordena ser fieles a la revelación bíblica de que Dios es uno en un sentido y tres en otro sentido.

Resumen

1.         La doctrina de la Trinidad afirma la triple unidad de Dios.

2.         La doctrina de la Trinidad no es una contradicción: Dios es uno en esencia y tres en persona.

3.         La Biblia declara tanto la unicidad de Dios como el carácter divino del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

4.         La Trinidad se distingue por la obra asumida por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

5.         La doctrina de la Trinidad fija los límites de la especulación humana con respecto a la naturaleza de Dios.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Deut. 6:4

Mat. 3: 16-17

Mat. 28:19

2 Cor. 13:14

1 Pet. 1:2

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

Tesis #21 – Como el predicador trate la Palabra de Dios, así trataran las ovejas Su revelación

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 21

Como el predicador trate la Palabra de Dios, así trataran las ovejas Su revelación

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis #20 – El propósito primario de la Palabra no es información, sino transformación del corazón

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 20

 Tesis #20 – El propósito primario de la Palabra no es información, sino transformación del corazón

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis #19 – La mayoría de las divisiones de la iglesia se han dado por nuestros egos agigantados

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 19

 La mayoría de las divisiones de la iglesia se han dado por nuestros egos agigantados

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Tesis #19 para la iglesia evangélica de hoy: «La mayoría de las divisiones de la iglesia se han dado por diferencias debidas a nuestros egos agigantados» – Pastor Miguel Núñez

Basada en Juan 17:21 «Para que todos sean uno. Como Tú, oh Padre, estás en Mí y Yo en Ti, que también ellos estén en Nosotros, para que el mundo crea que Tú Me enviaste»

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

3 – Siendo Prudente

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

3 – Siendo Prudente

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo via radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

Nuestra norma de autoridad

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La ética cristiana

Nuestra norma de autoridad

Por David B. Garner

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana

Los especialistas intentan persuadirnos de que compremos su interpretación del mundo y sus convicciones sobre el bien y el mal. Nos dan consejos, nos hablan a los oídos, buscando un camino hacia nuestros corazones. Aunque como cristianos estamos equipados para pensar con la mente de Cristo, los «razonamientos persuasivos» aún pueden amenazar con llevarnos «cautivos», atrapando nuestras vidas en una red moral que no es «según Cristo» (Col 2:4-8).

Afortunadamente, navegar por la vida no depende de nosotros. Dios nos ha dado Su Palabra a través de Sus profetas y apóstoles. En Su Palabra, encontramos la razón de la creación y las promesas para el estado futuro de las cosas. Entendemos acerca de Dios, del hombre, del pecado y de la salvación. Dios nos revela Su amor soberano, Su perdón infatigable y Su gracia gloriosa. Descubrimos la divinidad, la dignidad, la depravación y la liberación. No solo nos dice por qué morimos; nos informa cómo vivir.

La Biblia no ofrece el sabio consejo de un amigo bien intencionado pero poco informado. Las Escrituras son la voz misma de Dios y «deben ser recibidas, porque son la Palabra de Dios» (Confesión de Fe de Westminster 1.4). La Escritura nos confiere la perfecta sabiduría de este Dios omnisciente y soberano y creador del universo, quien es, como proclama Su bondadosa Palabra, nuestro Padre celestial. Los «testimonios» de Dios son nuestros «consejeros» (Sal 119:24); Sus «mandamientos me hacen más sabio que mis enemigos» (v. 98). Nuestro Pastor conduce Su rebaño a «verdes pastos» y «por el valle de sombra de muerte» (Sal 23:1-4). En Su Palabra, nuestro Padre expresa sin ambigüedad Su voluntad justa y llena de sabiduría para Sus hijos.

¿Pero qué pasa con el Antiguo Testamento? ¿Es relevante hoy en día? Uno podría preguntárselo, ya que hay paradigmas teológicos enteros que sostienen que la ley mosaica está esencialmente pasada de moda. Muchos afirman que el Antiguo Testamento es, bueno, antiguo, y por tanto es para una época anterior. Cualquier afinidad contemporánea con él es una tontería, ya que sería como buscar refrescarse en un pozo seco. Después de todo, ¿no se alegra el apóstol Pablo de que «Cristo es el fin de la ley para justicia a todo aquel que cree» (Rom 10:4)?

Sí. Jesús es, en efecto, el fin (de la palabra griega telos) de la ley. En eso nos alegramos con el apóstol. Pero ¿cómo debemos entender a Cristo como «el fin de la ley» y qué es lo que Pablo celebra realmente? ¿Deja Pablo a Moisés en el polvo y ve el Antiguo Testamento como una tierra estéril? ¿Acaso Jesús, como agua viva, disuelve la ley moral y sus requisitos obligatorios? No, porque el hecho de que Jesús sea el fin de la ley significa que Él es el objetivo de la ley, Aquel a quien apunta y que la cumple para que nosotros podamos cumplirla en agradecimiento a Su gracia gratuita.

EL FIN DE LA LEY

De manera armoniosa, Moisés, Jesús y Pablo refuerzan la instrucción divina dada a Adán en el jardín del Edén de que solo el que obedece la ley vivirá; el que la desobedece morirá (Gn 2:15-17). El Señor soberano reitera este punto claramente a Moisés: «Por tanto, guardaréis mis estatutos y mis leyes, por los cuales el hombre vivirá si los cumple; yo soy el SEÑOR» (Lv 18:5). Pablo abraza la relevancia permanente de este principio de vida y muerte: «Porque Moisés escribe que el hombre que practica la justicia que es de la ley, vivirá por ella» (Rom 10:5).

Vivimos en el mundo de Dios. Vivimos ante Él y para Él. Y todos lo sabemos. Incluso los gentiles que carecen del beneficio de la ley escrita reconocen su responsabilidad ante Dios como portadores de Su imagen, como aquellos que tienen la ley «escrita en sus corazones» (Rom 2:15). Antes de que los Diez Mandamientos de Dios estuvieran inscritos en tablas, Su ley instruía al corazón humano. La autoconciencia es una conciencia divinamente diseñada que, en el fondo, conoce los fundamentos de la ley moral de Dios (Rom 1:18-20). 

Al considerar nuestra responsabilidad moral, no nos encontramos con un código legal rígido, sino con el Dios personal. «Pues el que dijo: No cometas adulterio, también dijo: No mates» (Stg 2:11, énfasis añadido). La ley escrita codifica los mandatos personales del Creador. Cristo da mayor claridad a los mandatos de Dios, ya que Él, que se deleitó en la voluntad de Su Padre (Jn 4:34), extrae toda la profundidad y el alcance de las exigencias de la ley sobre nosotros (ver Mateo 5-7). La Confesión de Fe de Westminster 19.1 resume estas exigencias de forma clara: «obediencia personal, completa, exacta y perpetua» en pensamiento, palabra, obra, motivo y meta.

Estas fecundas exigencias de la ley contrastan con la decadencia del hombre a lo largo de la historia de la humanidad que asegura su muerte. Cada iteración de la revelación bíblica agudiza la perdición del hombre: «La Escritura lo encerró todo bajo pecado» (Gal 3:22). Pero la espiral descendente de la rebelión se ve contrarrestada por la anticipación en la progresión del Antiguo Testamento, que asegura la llegada de un Hijo que cumpliría de una vez por todas la ley de Dios.

Este Hijo tan esperado, como atestiguan uniformemente los Evangelios, no es otro que Jesús de Nazaret. Nacido bajo la ley (Gal 4:4), el Hijo de Dios fue el único que la cumplió plenamente. Al observar sus exigencias más profundas, cumplió perfectamente la ley de Su Padre (Mt 5:1748). Sin embargo, este Hijo perfecto, en lugar de entrar en la vida, muere. ¿Cómo, con la inquebrantable promesa bíblica de vida por la obediencia a la ley de Dios, puede morir este Hijo perfecto?

Aquí reside el tesoro del santo evangelio: su gracia, su gloria y su llamado a la justicia. El perfecto legislador se convirtió en el perfecto guardián de la ley, y sin embargo sufrió la maldición de la ley como transgresor de la misma a causa de la desobediencia voluntaria, personal, completa, exacta y perpetua de Su pueblo. Nuestra cabeza del pacto, el Señor Cristo, sufrió, sangró y murió por nosotros. «Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él» (2 Co 5:21). 

Al guardar la ley, el Hijo obedeció el mandato moral de Su Padre para asegurar el propósito de Su Padre: redimir y consagrar a Su pueblo elegido. La fidelidad intachable a la ley y el pleno sometimiento a las sanciones punitivas de la ley lo calificaron como Mediador y Libertador del pueblo de Dios. Vivió, murió y resucitó para que Su pueblo pudiera vivir. Vindicado por el Padre en Su resurrección de entre los muertos, el Salvador da a Su Iglesia Su poder santo y vivificante de la resurrección (Ef 1:15-23). Por medio de Su Espíritu, Cristo asegura que seremos «santos y sin mancha delante de Él» (v. 4) y vivamos como «Pueblo Santo, redimidos del SEÑOR» (Is 62:12), el pueblo en el que habita ricamente la Palabra de Dios (Col 3:16).

LA LEY Y LAS CEREMONIAS

¿Pero qué pasa con las ceremonias religiosas que Dios dio a Su pueblo del Antiguo Testamento? Si la ley es nuestra guía santa, ¿debemos seguir teniendo un altar en nuestra iglesia, un sacerdote que proporcione sacrificios diarios y un calendario que guarde las fiestas y los festivales?

En cierto sentido, sí, deberíamos. Y, de hecho, lo hacemos, de una manera más esplendorosa que la que experimentaron nuestros antepasados del Antiguo Testamento. Las ceremonias religiosas del Antiguo Pacto nunca fueron concebidas para operar a perpetuidad o como un fin en sí mismas, sino que fueron instituidas con miras a su culminación, su fin en Aquel que derramaría Su vida para llenar hasta el desborde los vasos religiosos y tipológicos de la ley.

Las actividades de adoración del antiguo pacto tenían a Cristo como meta. Es decir, cada mandato —las fiestas, los festivales, los sacrificios y el contenido del tabernáculo/templo— tenía como objetivo a Cristo. El ceremonial del Antiguo Testamento era temporal porque era anticipatorio. Cuando Jesús completó Su obra, la ley ceremonial llegó a su fin, no porque las prácticas fueran inútiles, sino precisamente porque Él era su objetivo. Cristo era la anticipación de la ley; Cristo es su fin, su meta. En la medida en que adoramos al Cristo de la Escritura, el Hijo de Dios que es el fin o la meta de la ley, cada elemento de la ceremonia del Antiguo Pacto es nuestro en abundancia permanente.

LA PALABRA VIVA Y PERMANENTE

Entonces, todo cristiano del Nuevo Testamento es un cristiano del Antiguo Testamento. La santidad a la que Cristo nos llama está definida por la ley. Ninguna otra norma servirá. Para decirlo de otro modo, el Hijo de Dios obedeció la ley, de modo que los hijos de Dios son, por el Espíritu de Cristo resucitado, hechos vivos y llamados y equipados para obedecer la ley. Cristo, pues, es el fin de la ley para nosotros, de modo que, por Su Espíritu, alcanzará el fin de la ley en nosotros. Sin la santidad de Cristo, según la norma autorizada revelada por Dios, nadie —en ninguna época de la historia humana— verá al Señor (Heb 12:14).

La Palabra de Dios «vive y permanece» y «permanece para siempre» (1 Pe 1:2325). Su Palabra da vida (Sal 119:25). Despreciar los mandatos morales de Dios en el Antiguo y el Nuevo Testamento es despreciar no solo la Palabra de Dios, sino también al Cristo de Dios. Oponerse a la ley de Dios en cualquier forma es oponerse al Salvador en toda forma; el espíritu antinomiano, que dice que la ley moral no es de ninguna manera obligatoria, es un espíritu anticristo. Por el contrario, el alma de la persona santificada se deleita en Cristo y en la ley que Él ama. Como hijos de Dios plenamente perdonados y justificados, estamos por gracia revestidos con las ropas de Su justicia, no con las galas de la rebelión. Estamos cubiertos generosamente con la justicia sin costuras de Cristo, no con la tela de la ambigüedad moral o la indiscreción.

Así, Cristo nos ha revestido de tales relucientes vestiduras de justicia para que caminemos según Su Espíritu (Rom 8:9-17Gal 5:16-26). Al compás de nuestro Salvador, Señor y Hermano que vive y da vida, el pueblo de Dios resuena afectuosamente con Su voz: «Me acuerdo de tus ordenanzas antiguas, oh SEÑOR, y me consuelo» y «¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación» (Sal 119:5297).


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
David B. Garner
David B. Garner

El Dr. David B. Garner es decano académico, vicepresidente de ministerios globales y profesor asociado de teología sistemática en el Westminster Theological Seminary de Filadelfia y anciano docente de la Presbyterian Church in America. Es autor de Sons in the Son y How Can I Know for Sure? [Hijos en el Hijo y ¿Cómo puedo saber con seguridad?].

Tesis # 18 – El ministro de la Palabra no debe verse como un apóstol, enseñoreado sobre sus ovejas

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 18

 El ministro de la Palabra no debe verse como un apóstol, enseñoreado sobre sus ovejas

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Tesis # 18 para la iglesia evangélica de hoy: «El ministro de la Palabra no debe verse como un apóstol, enseñoreado sobre sus ovejas» – Pastor Miguel Núñez​ Basada en 1 Corintios 4:1: «Que todo hombre nos considere de esta manera: como servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios».

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

Evidencias de un verdadero arrepentimiento (2)

Iglesia Bautista Ozama

SERIE: Evidencias de un verdadero arrepentimiento

Evidencias de un verdadero arrepentimiento (2) – Hechos 2:37-42

Otto Sánchez

Rolando Otoniel (Otto) Sánchez Pérez, nació el 24 de febrero del año 1966 en la ciudad de Santo Domingo. Viene de un hogar cristiano y conoció la gracia de Jesucristo en su adolescencia.

Es pastor de la Iglesia Bautista Ozama desde el año 1992. Sus primeros estudios universitarios fueron en el área de Publicidad. Realizó estudios ministeriales en el Seminario Teológico Bautista Dominicano. Tiene una Maestría en Teología del Southern Baptist School for Theological Studies.

El pastor Otto está dirigiendo el STBD (Seminario Teológico Bautista Dominicano) desde enero del 2008. Está casado con Susana Almanzar y tienen dos niñas, Elizabeth Marie y Alicia.

http://www.ibozama.org

Nuestra ética inalterable

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La ética cristiana

Nuestra ética inalterable

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana

La palabra ética deriva de la palabra griega ethos, que significa carácter moral o costumbre. Cuando utilizamos la palabra ética, nos referimos a una norma moral sobre lo que está bien y lo que está mal. Cuando hablamos de la ética cristiana, nos referimos a la norma moral establecida —según el credo, la confesión y el cristianismo ortodoxo— basada en la Sagrada Escritura, que es nuestra única guía infalible para la fe y la vida.

La normativa de la Iglesia no cambia porque la Palabra de Dios no cambia, y como la Palabra de Dios no cambia, la ética cristiana no cambia. Por eso no hablamos de una ética cristiana, sino de la ética cristiana: una ética establecida, autorizada e inmutable que guía a los cristianos en cada cultura, en cada generación y en todo lo que pensamos, decimos y hacemos cada día de nuestras vidas. La ética cristiana es la norma que no podemos cambiar, pero que nos cambia, nos informa y nos dirige en toda la vida. Por eso somos firmes en cuanto a lo que está bien e inflexibles en cuanto a lo que está mal. Y esa es precisamente una de las razones por las que el mundo nos odia, porque el mundo detesta nuestra ética cristiana que es inquebrantable e inflexible.

El mundo ama ceder, y el grado en que una sociedad premia la transigencia y la tolerancia del mal determinará el grado de cambio ético que esa sociedad se verá obligada a soportar. Sin una norma invariable sobre el bien y el mal, una sociedad no puede mantener una norma ética coherente. Y si no hay una norma ética de lo correcto y lo incorrecto, no puede existir ninguna ética excepto la ley del más fuerte. El mundo solo tiene percepciones del bien y del mal basadas en sentimientos y simpatías que cambian constantemente. Por eso las definiciones del mundo sobre el bien y el mal suelen ser totalmente contradictorias, pues la única norma que tiene el mundo es él mismo.

La norma de la Iglesia no cambia porque la Palabra de Dios no cambia, y Su Palabra no cambia porque Él no cambia. Sin embargo, muchos cristianos nominales y muchas iglesias, tanto a lo largo de la historia como en la actualidad, desean tanto obtener una aparente influencia en el mundo que impulsan una agenda de transigencia y tolerancia dentro de la iglesia. La evidencia de esto es que en muchas iglesias hoy se considera peor juzgar el mal que hacer el mal. Pero los que sabemos que vivimos y respiramos en la presencia de Dios, sabemos que comprometer la ética cristiana es comprometer la fe inmutable una vez entregada a los santos.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

51 – ¡El gran final! | Romanos 16:17-27 

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

51 – ¡El gran final! | Romanos 16:17-27 

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org