Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.
«¿Qué quiere Dios que haga?». ¿Alguna vez te has hecho esa pregunta? Yo me la he hecho. Me he preguntado: ¿Quiere Dios que viva aquí? ¿Quiere Dios que me case con esta persona? ¿Quiere Dios que tome este trabajo? ¿Qué quiere Dios que haga? Responder estas preguntas puede ser agonizante, porque son muy significativas. Queremos la mayor certeza posible para responder a preguntas importantes. ¿Por qué? Porque cuando nos falta seguridad, a menudo sentimos miedo. Al no saber lo que debemos hacer sentimos como que vamos a fallar. Nos pone ansiosos. De hecho, aunque no lo admitamos, a veces tememos pasar por alto la voluntad de Dios.
La lucha por encontrar la voluntad de Dios es una lucha contra la certeza. Naturalmente buscamos la mayor certeza posible con respecto a las decisiones. La certeza nos ayuda a sentirnos más en control y cuando nos sentimos en control, nos sentimos seguros.
Métodos incorrectos
Al buscar lo que Dios no ha revelado —Su voluntad secreta— a menudo utilizamos varios métodos. A veces tomamos mandatos bíblicos, que son buenos y los torcemos para usarlos para nuestros propósitos. Por ejemplo, obtener consejos para tomar decisiones, es bueno (Pr 11:14; 15:22). Los pastores, familiares y amigos a menudo destacan y afirman el amor y la dirección de Dios por nosotros en situaciones particulares. Ellos pueden ayudar y nos ayudan a tomar decisiones. Pero a veces en vez de sencillamente buscar la sabiduría de un consejero, lo usamos como una forma de «encontrar» la voluntad secreta de Dios. Tomamos la opinión de nuestro pastor sobre un tema como si él fuera Dios mismo diciéndonos Su voluntad o confiamos en que nuestro amigo ha escuchado «una palabra del Señor». La oración también es algo encomiable hacer y estamos llamados a pedir sabiduría (1 Tes 5:17; Stg 1:5). Podemos y debemos orar por dirección. Pero a veces los cristianos se van más allá. Le piden a Dios que les dé una señal divina como enviarle una llamada en un momento exacto o que en una valla aparezca un mensaje en particular para ellos en su viaje diario al trabajo.
Este tipo de prácticas son a menudo realizadas con un deseo sincero de conocer y hacer la voluntad de Dios y son muchos los que han tomado decisiones buenas y correctas usando esas prácticas extrañas. Por ejemplo, podríamos tomar decisiones acertadas si confirmamos la voluntad secreta de Dios al ver una valla con un mensaje inusual. Sin embargo, buscar la confirmación de Dios, de Su voluntad secreta, en estas formas peculiares no es bíblico. La Escritura no dice que podemos encontrar la voluntad secreta de Dios a través de consejeros, sensación de paz, coincidencias inusuales u otras cosas. Su voluntad secreta, es por naturaleza, oculta.
¿Esto hace que Dios esté distante de nosotros? No, porque la incertidumbre no significa que Dios está distante. Considera qué tanta incertidumbre y miedo tenían los israelitas cuando llegaron al mar Rojo y se les acercaban los ejércitos de Faraón (Ex 14:10-14). El pueblo de Israel no estaba seguro, pero Dios estaba con ellos. Él los protegió de los egipcios e hizo a Su pueblo cruzar de manera segura el mar Rojo. Nosotros también podemos sentirnos inseguros sobre una decisión o situación en particular, pero aun así podemos descansar en el conocimiento de que Dios está con nosotros. Podemos confiar en Él aun cuando no ha revelado exactamente lo que debemos hacer. Él dirige nuestros pasos aun cuando ya hemos tomado nuestras decisiones.
La necesidad de la fe
He conocido muchos hombres y mujeres mayores en la fe que miran atrás en sus vidas y entienden de una forma profunda, pero casi indescriptible, cómo Dios ha estado con ellos en su caminar. Frecuentemente, estos santos mayores se sorprenden de cómo Dios los ha traído hasta donde están. A menudo me dicen que ellos han tenido muy poco que ver con esto, aunque si les pregunto, me dirían que han estado tomando decisiones todo el tiempo. A veces me pregunto si sería así que Abraham se sentía cuando miraba atrás en su vida. Lo que encuentro tan reconfortante sobre estas historias es el recordar que Dios está con nosotros donde quiera que vamos y que está dirigiendo, aunque misteriosamente, nuestros pasos (Pr 16:9).
Pensando en estas historias recuerdo cómo Dios trabaja en nuestras vidas. Él nos llama a que confiemos en Él. Abraham fue llamado a tener fe y también nosotros. La fe es confianza en Dios, verdaderamente en Dios. Eso es lo que los fariseos no tenían. Después de todo, no fue un fariseo, sino un pescador común quien caminó sobre el agua con Jesús. Por la fe Pedro se paró en el mar de Galilea como si fuera en tierra firme. Su seguridad, aunque imperfecta, estaba en Dios. Cuando dudó, se volvió al Señor y gritó: «¡Sálvame!» (Mt 14:30). Jesús extendió Su mano, lo sostuvo y le preguntó: «¿Por qué dudaste?».
Eliminar nuestra lucha con la incertidumbre es eliminar la necesidad de la fe. Nosotros no sabemos todo lo que Dios sabe. Sin embargo, estamos llamados a confiar en Dios cuando damos pasos inciertos, como Pedro. Cuando confiemos, Dios estará con nosotros. A veces vamos a tomar decisiones que lucirán ser muy exitosas. En otros momentos, vamos a tomar decisiones que lucirán ser un error. Podemos dudar. Sin embargo, Dios tiene una forma peculiar de cambiar nuestras debilidades en fortalezas y hacer que la maldad resulte en bien (Gn 50:20; 2 Co 12:9). Y cuando clamemos como Pedro: «Sálvame», Él estará listo y dispuesto a salvar.
Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de 1 Tesalonicenses, que desglosa el diseño literario del libro y su línea de pensamiento. En 1 Tesalonicenses, Pablo dirige a los perseguidos cristianos tesalonicenses a que pongan su esperanza en el futuro regreso del rey Jesús quien arreglará todas las cosas.
Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.
Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.
Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.
Cuando las personas tratan de encontrar la voluntad de Dios, normalmente se preocupan por tomar las decisiones correctas según el plan general de Dios para sus vidas. Esto es cierto, ya sea que estemos tomando decisiones para nosotros mismos o ayudando a nuestros seres queridos a tomar decisiones cruciales en sus vidas. Estas decisiones pueden ser asuntos como cuál carrera universitaria elegir, con quién casarse, cuándo tener hijos y cuántos tener, cómo educar a nuestros hijos, a cuál iglesia asistir, dónde vivir y cuál tratamiento médico seguir.
Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios.
Estos asuntos son importantes y no debemos minimizar su valor. Sin embargo, tomarlos en serio no significa intentar descifrar la mente de Dios para entonces estar seguros de haber tomado la decisión correcta. La realidad es que no podemos comprender la mente de Dios ni tampoco podemos conocer la voluntad secreta o decretiva de Dios (voluntad de decreto), la cual es Su plan eterno establecido soberanamente para toda la creación. Por otro lado, sí podemos conocer la voluntad revelada o preceptiva de Dios (voluntad de precepto), la cual envuelve lo que Dios nos ha revelado soberanamente en la Escritura sobre Sí mismo, Sus caminos y Su ley para nosotros. La voluntad preceptiva de Dios nos dice lo que es agradable ante Él según Su carácter santo.
Reconocer lo que podemos y no podemos saber de la voluntad de Dios nos libera para poder tomar decisiones de acuerdo a la Palabra de Dios. Cuando buscamos la Palabra de Dios para ayudarnos a tomar decisiones, aprendemos a pedirle al Señor por sabiduría y por la guía del Espíritu Santo, aprendemos a caminar por el Espíritu en humildad y santidad, a buscar sabiduría en consejeros y ancianos sabios y confiables, a escuchar y a honrar a nuestros padres y madres, a considerar nuestros dones, prioridades y recursos, a no atravesar una puerta simplemente porque está abierta y, a veces, a derribar una puerta cuando parece estar cerrada, a simplemente hacer algo, y en otros momentos, a esperar en el Señor hasta que nuestro camino se aclare. Porque, como dice Pablo: «No os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto» (Rom 12:2).
El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano?de Juan Calvino.
Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)
David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008
Dios gobierna a su universo por la ley. La propia naturaleza funciona bajo su gobierno providencial. Las así denominadas leyes de la naturaleza son simples descripciones de la manera normal que Dios tiene de ordenar su universo. Estas «leyes» son expresiones de su voluntad soberana.
Dios no le rinde cuentas a ninguna ley fuera de sí mismo. No existen normas cósmicas independientes que obliguen a Dios a obedecerlas. Por el contrario, Dios es su propia ley. Esto decir que Dios actúa de acuerdo con su propio carácter moral. Su propio carácter no es solo moralmente perfecto, sino que es el patrón estándar de la perfección. Su acciones son perfectas porque su naturaleza es perfecta, y Él siempre actúa de acuerdo con su naturaleza. Por lo tanto, Dios nunca es arbitrario, caprichoso o antojadizo. Siempre hace lo que es correcto.
Como criaturas de Dios, a nosotros también se nos exige que hagamos lo que es correcto. Dios nos exige que vivamos una vida de acuerdo a su ley moral, la cual nos ha revelado en la Biblia. La ley de Dios es el estándar de justicia y la norma suprema para juzgar el bien y el mal. Dios tiene la autoridad para imponernos obligaciones, para exigir nuestra obediencia, y exigir el compromiso de nuestras conciencias, porque Él es nuestro soberano. También tiene el poder y el derecho para castigar la desobediencia cuando violamos su ley. (El pecado puede ser definido como la desobediencia a la ley de Dios.)
Algunas leyes de la Biblia están directamente basadas en el carácter de Dios. Estas leyes reflejan los elementos transculturales y permanentes de las relaciones, tanto divinas como humanas. Otras leyes obedecieron a condiciones pasajeras de la sociedad. Esto significa que algunas leyes son absolutas y eternas, mientras que otras pueden ser anuladas por Dios por razones históricas, como las leyes ceremoniales y de dieta de Israel. Solo Dios puede abolir dichas leyes. Los seres humanos nunca tienen la autoridad para abolir la ley de Dios.
No somos autónomos. Es decir, no se nos permite vivir de acuerdo con nuestra propia ley. La condición moral de la humanidad es la de heteronomía: vivimos bajo la ley de otro. La forma específica de heteronomía bajo la cual vivimos es la teonomía, o la ley de Dios.
Resumen
l. Dios gobierna al universo por leyes. La gravedad es un ejemplo de las leyes de Dios para la naturaleza. La ley moral de Dios está en los Diez Mandamientos.
2. Dios tiene la autoridad para imponer obligaciones a sus criaturas.
3. Dios actúa de acuerdo a la ley de su propio carácter.
4. Dios nos revela su ley moral a nuestras conciencias y en la Escritura.
5. Solo Dios tiene la autoridad para abolir sus leyes.
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.
Desde que las epístolas del Nuevo Testamento fueron escritas, los cristianos han recibido consejo sobre cómo deben vivir la vida cristiana. ¿Cuánto debemos orar? ¿Cuán lejos podemos llegar en el logro de la santidad bíblica en esta vida? ¿Es la perfección un Quicumque vult: esta frase es el título atribuido a lo que se conoce popularmente como el Credo de Atanasio. A menudo se le llamaba Credo de Atanasio porque durante siglos la gente atribuyó su autoría a Atanasio, el gran campeón de la ortodoxia trinitaria durante la crisis de la herejía del arrianismo que estalló en el siglo IV. Esa crisis teológica se centró en la naturaleza de Cristo y culminó en el Credo Niceno en el 325. En el Concilio de Nicea de ese año, el término homoousios fue la palabra polémica que finalmente se vinculó a la confesión de la Iglesia sobre la persona de Cristo. Con esta palabra, la Iglesia declaró que la segunda persona de la Trinidad tiene la misma sustancia o esencia que el Padre, afirmando así que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son iguales en ser y en eternidad. Aunque Atanasio no escribió el Credo Niceno, él fue su principal campeón contra los herejes que siguieron a Arrio, quienes argumentaron que Cristo era una criatura exaltada pero menos que Dios.
Atanasio murió en el año 373 d. C., y el epitafio que apareció en su lápida es famoso hoy en día, ya que captura la esencia de su vida y ministerio. Decía simplemente: «Atanasius contra mundum», es decir, «Atanasio contra el mundo». Este gran líder cristiano sufrió varios exilios durante la amarga controversia arriana debido a la firme profesión de fe que mantuvo en la ortodoxia trinitaria.
Aunque el nombre de «Atanasio» se le dio al credo a lo largo de los siglos, los estudiosos modernos están convencidos de que el Credo de Atanasio fue escrito después de la muerte de Atanasio. Ciertamente, la influencia teológica de Atanasio está incrustada en el credo, pero con toda probabilidad él no fue su autor. El título que presenta, Quicumque Vult, sigue la tradición que la Iglesia católica romana utiliza para las encíclicas y los credos. Estas afirmaciones eclesiásticas obtienen su nombre de la primera palabra o palabras del texto latino. El Credo de Atanasio comienza con las palabras quicumque vult, que significa «todo el que quiera o, quienquiera que desee», debido a que esta frase introduce la primera afirmación del Credo Atanasiano. La afirmación es esta: «Todo el que quiera salvarse debe, ante todo, guardar la fe católica». El Credo Atanasiano busca presentar de manera resumida aquellas doctrinas esenciales para la salvación que la Iglesia afirma con referencia específica a la Trinidad.
Con respecto a la historia de los orígenes del Credo Atanasiano, en la actualidad generalmente se considera que el credo se escribió por primera vez en el siglo V, aunque también es posible que haya sido en el siglo VII, ya que el credo no aparece en los anales de historia sino hasta el año 633, en el cuarto Concilio de Toledo. Fue escrito en latín y no en griego. Si fue escrito en el siglo V, varios posibles autores han sido mencionados debido a la influencia de su pensamiento, incluyendo a Ambrosio de Milán y Agustín de Hipona, pero más probablemente fue escrito por el santo francés Vicente de Lerins.
El contenido del Credo Atanasiano enfatiza la afirmación sobre la Trinidad de que todos los miembros de la Deidad son considerados increados y coeternos y de la misma sustancia. En la afirmación de la Trinidad, la naturaleza dual de Cristo recibe una importancia central. Así como el Credo Atanasiano en un sentido reafirma las doctrinas de la Trinidad expuestas en el siglo IV en Nicea, así también recapitula las fuertes afirmaciones del Concilio de Calcedonia en el siglo V (451). Luego de que la Iglesia luchó contra la herejía arriana en el siglo IV, el siglo V produjo las herejías del monofisismo, que redujeron a la persona de Cristo a una sola naturaleza, mono fisis, una sola naturaleza teantrópica (Dios-hombre) que no era puramente divina ni puramente humana. En la herejía monofisita de Eutiques, la persona de Cristo era vista como una persona con una sola naturaleza, la cual no era ni verdaderamente divina ni verdaderamente humana. Desde este punto de vista, las dos naturalezas de Cristo se confundieron o se mezclaron. Al mismo tiempo que la Iglesia luchaba contra la herejía monofisita, también luchaba contra la visión opuesta, el nestorianismo, la cual buscaba no tanto confundir y mezclar las dos naturalezas sino separarlas, llegando a la conclusión de que Jesús tenía dos naturalezas y era por lo tanto dos personas, una humana y una divina. Tanto la herejía monofisita como la herejía nestoriana fueron claramente condenadas en el Concilio de Calcedonia en el 451, donde la Iglesia, reafirmando su ortodoxia trinitaria, declaró su creencia de que Cristo, o la segunda persona de la Trinidad, era vere homo y vere Deus, verdadero hombre y verdadero Dios. Además, declaró que las dos naturalezas en su perfecta unidad coexistían sin mezcla, confusión, separación o división, cada naturaleza conservando sus propios atributos. Así que con una afirmación de credo se condenó tanto la herejía del nestorianismo como la herejía del monofisismo.
El Credo Atanasiano reafirma las distinciones establecidas en Calcedonia, en donde la declaración atanasiana llama a Cristo «perfecto Dios y perfecto hombre». A los tres miembros de la Trinidad se les considera increados y, por lo tanto, coeternos. También, luego de las afirmaciones anteriores, se declara que el Espíritu Santo procede del Padre «y del Hijo», afirmando el concepto llamado filioque que fue tan controversial con la ortodoxia oriental. La ortodoxia oriental hasta el día de hoy no acepta la idea filioque.
Finalmente, los estándares atanasianos examinaron la encarnación de Jesús y afirmaron que en el misterio de la encarnación la naturaleza divina no mutó o cambió a una naturaleza humana, sino que la naturaleza divina inmutable tomó sobre sí misma una naturaleza humana. Es decir, en la encarnación la naturaleza divina asumió una naturaleza humana y no hubo mutación de la naturaleza divina en una naturaleza humana.
El Credo Atanasiano es considerado uno de los cuatro credos autoritativos de la Iglesia católica romana y, de nuevo, declara en términos concisos lo que es necesario creer para ser salvo. Aunque el Credo Atanasiano no recibe tanta publicidad en las iglesias protestantes, prácticamente todas las iglesias protestantes históricas afirman las doctrinas ortodoxas de la Trinidad y la encarnación.
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.