2 – «PERO, SI NO…»

Sabiduría para el Corazón

Serie: Daniel – El Sabio de Babilonia

2 – «PERO, SI NO…»

Stephen Davey

Texto: Daniel 3
Hoy en día escuchamos mucho acerca de las declaraciones de fe. Sin embargo, en este programa descubriremos una de las declaraciones de fe más sorprendentes de la Escritura… una declaración que nos enseñará un poco más acerca de nuestro amoroso y soberano Dios.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Agustín, doctor en la gracia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo V

Agustín, doctor en la gracia

Por Tom Nettles

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo V

En cuanto a combinar doctrina y piedad, Agustín (354-430) tiene pocos iguales en la historia del cristianismo. Sus escritos nos orientan en todas las áreas de discusión: en filosofía cristiana, teología sistemática, filosofía de la historia, polémicas, retórica y devoción. Aunque algunos de sus puntos de vista apoyan las doctrinas de la oración intercesora y los sacrificios por los muertos, el purgatorio y la justificación transformadora, las poderosas doctrinas de Agustín sobre la gracia y sobre la encarnación y el sacrificio de Cristo son desarrolladas precisa y sustancialmente en las confesiones de la teología reformada. Tras la caída de Roma, el proyecto milenario de reconstruir la civilización occidental sobre el pensamiento cristiano, en lugar del pagano, se dio sobre los conceptos agustinianos. La Reforma del siglo XVI redescubrió y se basó en elementos que habían sido descuidados de la doctrina de Agustín sobre el pecado y la salvación.

Agustín nació en 354 en Tagaste, en la provincia romana de Numidia, en el norte de África. Observaciones posteriores sobre la infancia y la caída lo llevaron a señalar: «La inocencia de los niños está en la impotencia de sus cuerpos más que en cualquier cualidad de sus mentes» (Confesiones, 1.7. Las siguientes referencias a las Confesiones se identificarán solo por número de libro y capítulo).

Su padre, Patricio, era pagano. Agustín lo recordaba como un hombre grosero, lujurioso, iracundo e infiel a su cama matrimonial. Trabajó duro, pero le resultó difícil crecer como africano en el sistema romano de economía y política. Al parecer, Agustín sintió poco afecto por él, a pesar de su sacrificio para darle una educación. Patricio murió antes de que Agustín cumpliera diecisiete años.

Su madre, Mónica, era una cristiana celosa. Extraordinariamente apegada a Agustín y a su bienestar, buscó la salvación de su hijo con energía incesante y oración constante. Literalmente saltó de alegría al escuchar de su conversión y su sumisión al cristianismo ortodoxo. Poco después, segura de que sus dones y devoción habían ardido intensamente para la gloria de Dios, supo que no viviría más. Murió a los cincuenta y seis años, cuando Agustín tenía treinta y tres.

Sus dos padres, en opinión de Agustín, hicieron hincapié en el éxito de sus estudios. Su padre no tenía motivación espiritual, sino solo una vana ambición por el avance de su hijo. Su madre creía que su estudio no obstaculizaría su conversión, sino que más bien la ayudaría. Ella estaba en lo correcto.

Luego de estudios elementales en Tagaste, del 365 al 369, estudió literatura clásica en Madaura. Así inició un amor por el lenguaje que duró toda la vida, con el que procuró la expresión adecuada de la verdad. Sus estudios previos le mostraron cuán perversamente los hombres podían usar algo tan maravilloso e intrínsecamente bueno como el lenguaje. Las palabras y la elocuencia, tan necesarias para la persuasión y la exposición, habían sufrido el abuso de representar e inculcar errores y vilezas. Más tarde, en sus Confesiones, Agustín observaría el cuidado con que los hombres cuidan las reglas de las letras y las sílabas mientras descuidan las reglas eternas de la salvación sempiterna.

Con la ayuda de un rico benefactor llamado Romanianus, Agustín se fue a Cartago en el 370 para recibir estudios avanzados de retórica. Aquí comenzó un concubinato con una mujer que duró unos trece años. Un niño, Adeodato («dado por Dios»), resultó de su unión. Al pensar en el deseo que lo condujo a esta unión, Agustín recordó: «Desde la fangosa concupiscencia de la carne y la ardiente imaginación de la pubertad, las nieblas subieron y se empañaron para oscurecer mi corazón de modo que no pude distinguir la luz blanca del amor de la niebla de la lujuria» (2.2).

Durante nueve años buscó la verdad en la secta del maniqueísmo, fascinado por su materialismo y dualismo. Ellos abordaban el problema del mal combinando el pensamiento de Cristo, Buda y Zoroastro (un sabio persa). Agustín recibió lo que le parecía un enfoque sofisticado y científico de la existencia del mal, mientras que este aparentemente respaldaba la instrucción que recibió en la infancia con respecto a la enseñanza de Cristo sobre el Reino. Finalmente descubrió que este seductor sistema sincretista no tenía nada en común con su búsqueda personal de la unidad entre la palabra y la sustancia. En cambio, los maniqueos eran «hombres que deliraban soberbiamente, carnales y habladores en demasía». Su hablar atrapaba las almas con «un arreglo con las sílabas de los nombres de Dios el Padre y del Señor Jesucristo y del Paráclito, el Espíritu Santo, nuestro Consolador. Estos nombres siempre estuvieron en sus labios, pero solo como sonidos y ruidos de lengua» (3.6).

Sus reflexiones sobre el dualismo maniqueo lo condujeron a uno de sus puntos teológicos más profundos sobre el mal. En sus Soliloquios, escritos poco después de su conversión, se dirigió a Dios como alguien que «a los pocos que huyen para refugiarse en lo que es verdadero, muestra que el mal no es nada». Ya que Dios lo creó todo, el mal no tiene una existencia independiente del bien. El mal es una privación del bien. Cuando todo el bien se va, nada existe. El mal es solo una ausencia del bien. No es una sustancia independiente que invade y contamina, sino que debe tomar algo del bien de Dios y disminuir su gloria. Las sustancias en las que reside el mal son buenas en sí mismas. El mal se elimina, no mediante la erradicación de una naturaleza contraria, como lo conciben los maniqueos, sino mediante la purificación de la cosa misma que fue corrompida. La verdad y la falsedad habitan en la misma tensión, según Agustín, porque nada es falso excepto por alguna imitación de lo verdadero.

Después de completar sus estudios, enseñó retórica en Cartago. Allí encontró una atmósfera pedagógica intolerable. Un grupo de estudiantes conocidos como los «derrocadores» interrumpían todo orden y actuaban como locos cometiendo actos escandalosos y estúpidos. Si no hubieran sido protegidos por lo que era «la costumbre», habrían sido castigados por la ley.

Para escapar de esta atmósfera destructiva, se fue a Roma en el 383. Antes del año se enteró de un puesto de enseñanza de retórica en Milán. Los términos eran atractivos; solicitó y se fue en el 384. Allí se encontró con Ambrosio, el gran predicador de la Iglesia en Milán. No encontró la retórica de Ambrosio tan brillante como la de Fausto, su maestro maniqueo, pero pronto aprendió que el verdadero poder de su discurso residía en la correspondencia de su lenguaje con la realidad verdadera y sustancial. Se convenció de que el cristianismo era defendible contra los maniqueos y se inscribió como catecúmeno, nuevamente, en la Iglesia. El neoplatonismo limpió aún más su mente del dualismo de los maniqueos, luego de un breve coqueteo con el escepticismo. Su renovado compromiso con la Escritura comenzó a llenar los espacios en blanco en su desarrollo intelectual. Las doctrinas cristianas de la creación ex nihilo, la providencia y la redención por el Dios trino satisficieron con creces los anhelos de su mente y de su corazón.

Ahora sabía que el hombre hecho a la imagen de Dios no podía encontrar un lugar de descanso para el alma fuera de la alabanza, el amor y el conocimiento de Dios. Solo Dios es quien es «amado, consciente o inconscientemente, por todo lo que es capaz de amar». Descubrió que «Tú mismo nos mueves a ello, haciendo que nos deleitemos en alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (1.1).

A los treinta y un años, se convirtió al leer Romanos 13:13-14. Escuchó a unos niños en un jardín cantando: «Toma y lee». Cuando tomó una Biblia que tenía cerca, sus ojos se centraron en las palabras del texto, lo que puso fin al ciclo de insatisfacción, convicción y búsqueda que lo había acosado por más de quince años. Fue bautizado por Ambrosio el 25 de abril del 387.

Agustín deseaba vivir en reclusión, sin poseer nada, habiendo abandonado su antigua búsqueda de placer, belleza y honor, entregándose a la contemplación de Dios por medio de las Escrituras. Intencionalmente evitó estar en una posición en la que alguna Iglesia sin obispo pusiera sus ojos en él. Fue a Hipona en el 391 con el propósito de establecer un monasterio porque en esa ciudad ya había un obispo, llamado Valerio. Sin embargo, Valerio dispuso el ordenar a Agustín como sacerdote y eventualmente como obispo en el 395.

Pasó el resto de su vida sirviendo a la gente de su parroquia como pastor y sirviendo a todo el mundo cristiano como un guía profundo hacia la verdad cristiana y la adoración pura. Sus Confesiones, una autobiografía espiritual, estableció la agenda teológica a la que dedicó sus enormes habilidades de reflexión filosófica y teológica. Sus puntos de vista sobre Cristo, la Trinidad, el pecado humano, el carácter del mal, la libre pero innata depravación de la voluntad caída, el poder y la necesidad de la gracia divina, la naturaleza de los sacramentos y la dirección de la historia humana bajo la divina providencia en un mundo caído, todo encuentra un punto de partida en las Confesiones.

Su declaración, «Dame lo que ordenas, y ordena lo que quieras» (10.29), escandalizó a Pelagio. La defensa, durante toda la vida de Agustín, de la necesidad de la gracia lo llevó a algunas de sus posiciones teológicas más profundas y controvertidas. Este aspecto del pensamiento de Agustín inspiró a la vida buena y a la teología poderosa en Anselmo, Lutero, Calvino, Jonathan Edwards y muchos otros. Articuló su punto de vista de la persona de Cristo de manera tan clara y convincente que anticipó la fórmula de los puntos de vista cristológicos ortodoxos de Calcedonia. Su notable teodicea desarrollada en la Ciudad de Dios revolucionó no solo los puntos de vista occidentales de la historia, sino que creó una dinámica para la discusión de las relaciones entre la Iglesia y el Estado que todavía hoy da frutos y suscita controversia. Si bien su defensa de la persecución de los donatistas dio muchos malos frutos, sus poderosos puntos de vista sobre la unidad de la Iglesia han dado sustancia a muchos esfuerzos evangélicos para lograr varios tipos de unidad a través de la discusión y afirmación doctrinal.

El monje Godescalco declaró hace 1200 años lo que todavía es cierto hoy: Agustín es, después de los apóstoles, el maestro de toda la Iglesia.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Tom Nettles
Tom Nettles

Tom sirvió por muchos años como profesor de teología histórica en el Southern Baptist Theological Seminary.

105 – Maltrato a la Mujer, feminicidios

Entendiendo los Tiempos

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

105 – Maltrato a la Mujer, feminicidios

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

1 Temporada | Entendiendo Los Tiempos

La controversia pelagiana

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo V

La controversia pelagiana

Por R.C. Sproul

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo V

Dame lo que ordenas, y ordena lo que quieras». Este pasaje de la pluma de San Agustín de Hipona fue la enseñanza que provocó una de las controversias más importantes en la historia de la Iglesia, y uno que provocó ira en los primeros años del siglo V.

La provocación de esta oración estimuló a un monje británico llamado Pelagio a reaccionar vigorosamente contra su contenido. Cuando Pelagio llegó a Roma en algún momento de la primera década del siglo V, estaba horrorizado por la laxitud moral que observó entre los cristianos profesos e incluso entre el clero. Atribuyó gran parte de este malestar a las implicaciones de la enseñanza de San Agustín, a saber, que la justicia solo podía ser lograda por los cristianos con la ayuda especial de la gracia divina.

Con respecto a la oración de Agustín, «Oh Dios, dame lo que ordenas, y ordena lo que quieras», Pelagio no tuvo problemas con la segunda parte. Él creía que el atributo más alto de Dios era en verdad Su justicia y por esa justicia tenía el perfecto derecho de obligar a Sus criaturas a obedecerlo de acuerdo con Su ley. Pelagio se enfocó en la primera parte de la oración, en la cual Agustín le pedía a Dios que le concediera lo que Él ordenaba. Pelagio reaccionó diciendo que en cualquier cosa que Dios ordena está implícita la capacidad de quien recibe la orden de obedecerla. El hombre no debería tener que pedir gracia para ser obediente.

Ahora, esta discusión se amplió a nuevos debates sobre la naturaleza de la caída de Adán, sobre el alcance de la corrupción en nuestra humanidad que describimos bajo la rúbrica de «pecado original» y sobre la doctrina del bautismo.

La posición de Pelagio era que el pecado de Adán afectó a Adán y solo a Adán. Es decir, como resultado de la transgresión de Adán, no se produjo ningún cambio en la naturaleza constitutiva de la raza humana. El hombre nació en un estado de justicia y, como uno creado a imagen de Dios, fue creado de manera inmutable. Aunque le era posible pecar, no le era posible perder su naturaleza humana básica, que era capaz de ser obediente, siempre y en todo lugar. Pelagio continuó diciendo que es posible, incluso después del pecado de Adán, para todo ser humano vivir una vida de justicia perfecta y que, de hecho, algunos han alcanzado tal estatus.

Pelagio no se opuso a la gracia, sino solo a la idea de que la gracia era necesaria para la obediencia. Sostuvo que la gracia facilita la obediencia, pero que no es un prerrequisito necesario para la obediencia. No hay transferencia de culpa de Adán a su descendencia ni cambio alguno en la naturaleza humana como subsecuencia de la caída. El único impacto negativo que Adán tuvo en su progenie fue el dar un mal ejemplo y si los que siguen el camino de Adán imitan su desobediencia, compartirán su culpa, afirmó Pelagio, pero solo siendo ellos realmente culpables. No puede haber transferencia o imputación de culpa de un hombre a otro de acuerdo con las enseñanzas de Pelagio. Por otro lado, Agustín argumentó que la caída perjudicó seriamente la capacidad moral de la raza humana. De hecho, la caída de Adán hundió a toda la humanidad en el estado ruinoso del pecado original. El pecado original no se refiere al primer pecado de Adán y Eva, sino que se refiere a las consecuencias para la raza humana de ese primer pecado. Se refiere al juicio de Dios sobre toda la raza humana por el cual Él trae sobre nosotros los efectos del pecado de Adán por la corrupción continua de todos sus descendientes. Pablo desarrolla este tema en el quinto capítulo de su epístola a los romanos.

El tema clave para Agustín en esta controversia era el problema de la capacidad moral del hombre caído, o la falta de ella. Agustín argumentó que antes de la caída, Adán y Eva disfrutaban de libre albedrío y de libertad moral. La voluntad es la facultad por la cual se toman las decisiones. La libertad se refiere a la capacidad de usar esa facultad para escoger las cosas de Dios. Agustín dijo que tras la caída, la voluntad, o la facultad de elegir, permaneció intacta; es decir, los seres humanos aún son libres en el sentido de que pueden elegir lo que quieran. Sin embargo, sus elecciones están profundamente influenciadas por la esclavitud del pecado que los mantiene en un estado corrupto. Y como resultado de esa esclavitud al pecado, se perdió esa libertad original que Adán y Eva disfrutaron antes de la caída.

La única forma de restaurar la libertad moral sería a través de una obra sobrenatural de la gracia de Dios en el alma. Esta renovación de la libertad es lo que la Biblia llama una libertad «real» (Stg 2:8). Por lo tanto, el quid de la cuestión tenía que ver con el tema de la incapacidad moral como el corazón del pecado original. La controversia arrojó varios veredictos eclesiásticos, incluido el juicio de la Iglesia en un sínodo en el año 418, donde el Concilio de Cartago condenó las enseñanzas de Pelagio. El hereje fue exiliado a Constantinopla en el 429. Y una vez más, el pelagianismo fue condenado por la Iglesia en el Concilio de Éfeso en el 431. A lo largo de la historia de la Iglesia, una y otra vez, el pelagianismo ha sido repudiado sin rodeos por la ortodoxia cristiana. Incluso el Concilio de Trento, que enseña una forma de semipelagianismo, en sus primeros tres cánones (especialmente en el sexto capítulo sobre la justificación), repite la antigua condena de la Iglesia a la enseñanza pelagiana de que los hombres pueden ser justos sin la gracia. Incluso en algo tan reciente como el catecismo católico romano moderno, esa condena continúa.

En nuestros días, debemos ver el debate entre el pelagianismo y el agustinianismo como el debate entre el humanismo y el cristianismo. El humanismo es una variedad recalentada de pelagianismo. Sin embargo, la lucha dentro de la Iglesia hoy en día es entre el punto de vista agustiniano y varias formas de semipelagianismo, que buscan un punto medio entre los puntos de vista de Pelagio y Agustín. El semipelagianismo enseña que la gracia es necesaria para lograr la justicia, pero que esta gracia no se imparte al pecador de manera unilateral o soberana como afirma la teología reformada. Más bien, el semipelagiano argumenta que el individuo da el primer paso de fe antes de que se otorgue esa gracia salvadora. Por lo tanto, Dios imparte la gracia de la fe en conjunto con la obra del pecador en la búsqueda de Dios. Parece que una pequeña mezcla de gracia y de obras no le preocupa mucho a los semipelagianos. Sin embargo, nuestra tarea es ser fieles primero a las Escrituras y luego a los antiguos concilios de la Iglesia, discernir la verdad de Agustín y defenderla bien.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
R.C. Sproul
R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

4 – Una Herencia Segura – Efesios 1:11-14

Iglesia Evangélica León

Serie: Efesios

4 – Una Herencia Segura – Efesios 1:11-14

David Robles

David Robles se desempeña como pastor docente de la Iglesia Evangelica León y es presidente fundador y profesor del Seminario BEREA (España). Tiene un amplio ministerio de enseñanza y predicación en toda España y otros países de habla hispana. David se graduó del Seminario Bíblico de Multnomah (Certificado Bíblico, 2001) y del Seminario de Maestría (M.Div. 2004).

4 – Cristo, la verdad que te hace libre

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Él es, el Cristo que predicamos

4 – Cristo, la verdad que te hace libre

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

42 – ¿La ley o el amor? | Romanos 13:8-10

Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo

Serie: Romanos

42 – ¿La ley o el amor? | Romanos 13:8-10

Ps. Sugel Michelén

El pastor Michelén ha formado parte del Consejo de Ancianos de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo en Santo Domingo, República Dominicana, durante más de 30 años.Tiene la responsabilidad de predicar la Palabra regularmente en el día del Señor.Tiene una Maestría en Estudios Teológicos y es autor de varios libros: Historia de las Iglesias Bautistas Reformadas de Colombia, Coautor junto al Pastor Julio Benítez; La Más Extraordinaria Historia Jamás Contada, Palabras al Cansado – Sermones de aliento y consuelo; Hacía una Educación Auténticamente Cristiana, El que Perseverare Hasta el Fin; y publica regularmente artículos en su blog “Todo Pensamiento Cautivo”https://www.todopensamientocautivo.com/

Él es instructor asociado en Universidad Wesleyana en Indiana (IWU), extensión en español; enseña Filosofía en el Colegio Cristiano Logos; y durante 10 años, ha sido profesor regular de la Asociación Internacional de Escuelas Cristianas (ACSI) para América Latina. El pastor Michelén, junto a su esposa Gloria tiene tres hijos y cuatro nietos.

http://www.ibsj.org

Tres ejemplos de una fe que lucha

Soldados de Jesucristo

Agosto 14/2021

Solid Joys en Español

Tres ejemplos de una fe que lucha

John Piper

John Piper

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39 – Jesús Ante Pilato

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

39 – Jesús Ante Pilato

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

Nuestra autoridad está viva

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo V

Nuestra autoridad está viva

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo V

En el pasillo principal del seminario donde estudié tienen una copia de la obra maestra de Albrecht Dürer, The Four Apostles [Los cuatro apóstoles]. Ciertamente es una interpretación magnífica de la obra clásica que fue pintada por uno de los profesores de Nuevo Testamento del seminario, cuya fidelidad bíblica se puede ver en un pequeño detalle de la pintura. Si uno estudia la pintura de cerca, uno puede observar una diferencia mínima entre la pintura de Dürer y su réplica. La pintura de Dürer tiene al apóstol Pedro sosteniendo la llave dorada de la puerta del cielo, mientras que la réplica muestra a Pedro sin una llave. Tal omisión deliberada es apropiada para un profesor protestante de Nuevo Testamento que, al reproducir dicha obra, entendió que las palabras de Cristo hacia Pedro no tenían la intención de colocar a Pedro como el único guardián de las llaves del Reino.

El período patrístico (la era de los padres de la Iglesia) terminó en el siglo V, y luego inició la Edad Media. El papado comenzó a establecer su autoridad suprema sobre la Iglesia de Cristo, y el papa León Magno decidió ocupar el lugar de San Pedro, cuya silla tenía sus patas en los cuatro extremos de la tierra.

Sin embargo, a principios del siglo, hubo un siervo fiel de África del Norte que defendió a la Iglesia de Cristo contra las herejías de los maniqueos, los donatistas y los pelagianos. Agustín de Hipona montó cuidadosamente sus defensas doctrinales y demostró que la Iglesia de Cristo no puede ser conquistada por sus enemigos. En el centro de la vida y la doctrina de Agustín había un corazón arrepentido que descansaba completamente en Dios, cuya gracia había sido manifestada en la perspicacia bíblica e integridad doctrinal de Su siervo. De hecho, fue en gran parte debido al ministerio de Agustín que la Iglesia fue sostenida durante las tormentas de la controversia a principios del siglo V, probando la veracidad de las palabras de Cristo al constituir Su Iglesia: «… edificaré Mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella» (Mt 16:18). Agustín entendió que, aunque la Iglesia tenía gran autoridad, dicha autoridad había sido establecida por la verdad de que la Iglesia pertenece únicamente a Jesucristo.

Agustín vivió coram Deo, ante el rostro de Dios, defendiendo el evangelio de Jesucristo. Falleció en el 430, y todos los demás papas, desde el papa León I en el 461 hasta el papa Juan Pablo II en el 2005, también han fallecido. Pero Aquel que es la única autoridad suprema sobre Su Iglesia, vive y reina para siempre.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.