¿Cree usted que nos estamos acercando al fin del mundo?

No es tan simple como parece

¿Cree usted que nos estamos acercando al fin del mundo?

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

Daniel – 41/42

El Proyecto Biblia

Serie: Antiguo Testamento

41/42 – Daniel

Antiguo Testamento

Mira nuestro video de Lee la Biblia sobre el libro de Daniel, que analiza el diseño literario del libro y su flujo de pensamiento. La historia de Daniel motiva a la fidelidad a pesar del exilio en Babilonia. Sus visiones generan la esperanza de que Dios traerá a todas las naciones bajo su dominio.

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¿Dispuesto a Pagar el Precio? – 11

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

11 – ¿Dispuesto a Pagar el Precio?

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

El plan de redención – Parte 2

9Marcas

Serie: Clases esenciales: Teología Sistemática

Clase 20/26

El plan de redención – Parte 2

Bienvenido. Oremos antes de iniciar – «Señor, te alabamos por la gracia de considerar las inescrutables riquezas de Cristo. Ayúdanos a valorar a Jesús por sobre todas las cosas».

  1. Introducción

La semana pasada comenzamos a mirar el glorioso plan de redención de Dios. Si eres un creyente en Jesús, tu corazón debería deleitarse al estudiar el plan y los propósitos de salvación de Dios porque es la historia de cómo Dios te salvó.

Empezamos explicando lo que los teólogos a menudo nos referimos como el orden de la salvación que nos ayuda a entender cómo Dios aplica la redención a los creyentes. Puedes encontrar ese orden en tu folleto.

La semana pasada consideramos las primeras 3 etapas: la elección, el llamado del evangelio y la regeneración. Esta mañana retomaremos con la conversión, luego veremos la unión con Cristo, y luego cerraremos con la doctrina de la justificación.

  1. La conversión (fe y arrepentimiento)

Primero, echemos un vistazo a la conversión. Permíteme comenzar nuestra discusión acerca de la conversión leyendo la declaración de fe de nuestra iglesia en lo que respecta al tema de la conversión, en el artículo VIII, titulado «Del Arrepentimiento y la Fe»:

Artículo VIII, Del Arrepentimiento y la Fe, Declaración de Fe de CHBC:

Creemos que el arrepentimiento y la fe son deberes sagrados, y también gracias inseparables, forjadas en nuestras almas por el Espíritu regenerador de Dios; por lo cual, estando profundamente convencidos de nuestra culpa, peligro e impotencia, y del camino de la salvación por Cristo, nos dirigimos a Dios con contrición, confesión y súplica fidedignas para obtener misericordia; al mismo tiempo, recibimos con entusiasmo al Señor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, y confiamos únicamente en Él como el único y suficiente Salvador.

Como lo explica nuestra Declaración de Fe, la conversión es «nuestra respuesta voluntaria al llamado del evangelio, en el cual nos arrepentimos de todo corazón de los pecados y ponemos nuestra confianza en Cristo para nuestra salvación personal». Es en este paso que la regeneración nos da la capacidad de actuar, renovando nuestra mente y voluntad.

La conversión  implica arrepentimiento y fe. Entonces, cuando compartes el evangelio, un resumen útil es DIOS-HOMBRE-CRISTO-RESPUESTA; cuando miramos la conversión, pensamos en nuestra necesidad de responder, responder con fe y arrepentimiento. Miremos cada aspecto por separado.

El arrepentimiento

Primero, el arrepentimiento.

Las primeras palabras de Jesús para nosotros en el Evangelio de Marcos son un llamado al arrepentimiento y la fe.

Marcos 1:15: «El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado; arrepentíos, y creed en el evangelio».

Las últimas palabras de Pablo a los ancianos de Éfeso resumen el evangelio que les predicó: Hechos 20:20-21: «Y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas,  testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo».

¿Qué es el arrepentimiento? El arrepentimiento implica un dolor sincero por el pecado, una renuncia a él y un compromiso sincero de abandonarlo y caminar en obediencia a Cristo.

En el libro de Zacarías, Dios habla por medio del profeta Zacarías a su pueblo. Un pueblo que lo había desobedecido una y otra vez. Un pueblo que vivió atrozmente en su pecado y adoró a otros dioses. Vidas de pecado y rebelión que destruyeron la relación de Dios con su pueblo.

¿Cuál fue el mensaje de Dios a su pueblo a través del profeta Zacarías? Capítulo 1, versículo 3: «Volveos a mí, dice Jehová de los ejércitos, y yo me volveré a vosotros, ha dicho Jehová de los ejércitos».

Dios estaba llamando a los israelitas al arrepentimiento. Lo estaba haciendo por muchas razones, pero el principal motivo era el propósito de restaurar su relación con su pueblo. Como tal, el arrepentimiento, debe decirse, se refiere a la reparación de una relación con Dios que ha sido perturbada por el pecado humano[1].

Como dice Mark Boda, el arrepentimiento «es fundamentalmente un retorno a la comunión íntima con el Dios trino, nuestro Creador y Redentor». Es un retorno relacional que «surge del corazón humano e impacta las actitudes, palabras y acciones».

No se trata solo del dolor de ofender a un Dios santo. Ni siquiera se trata solo de honrarlo con la forma en la que vives, por importante que sea. Fundamentalmente, el arrepentimiento es la restauración de una relación quebrantada con Dios por causa del pecado, cuyo remedio solo puede obtenerse mediante el acto del arrepentimiento.

Y, para ese fin, debe entenderse que el arrepentimiento NO es una simple confesión de pecado. No te dejes engañar por el uso indebido de este término por parte de la cultura. Confesarse no es arrepentirse. La confesión es el primer paso para el arrepentimiento, pero no es el arrepentimiento.

El arrepentimiento requiere un abandono total del pecado y la búsqueda de otra forma de vida… Porque si el propósito del arrepentimiento es restaurar una relación quebrantada con Dios, debemos entender que él NO puede ser burlado. No podemos decirle que lo sentimos y continuar con nuestro pecado… No, el verdadero arrepentimiento es confesar ese pecado, sí, pero luego apartarse de ese pecado y caer de cabeza en el regazo de Jesús para la salvación de nuestra alma.

Imagina que tú y tus amigos se dirigen desde Washington, DC a Nueva York. Te subes al auto y pronto comienzas a ver señales de Richmond, Virginia; luego Charlotte, Carolina del Norte. ¿Qué le dices al conductor? ¡Estás yendo por el camino equivocado! El conductor dice: Lo siento, sí, ¡tienes razón! Deberíamos ir hacia el norte, me siento tan mal por habernos retrasado. Entonces vuelves a la carretera, y pronto ves señales de Charleston, Carolina del Sur; y Savannah, Georgia. ¿El conductor se arrepintió? ¡No! Quizá lo lamenta, pero el arrepentimiento implica mucho más que eso: es girar en U e ir en la otra dirección.

El arrepentimiento no es una cosa de una sola vez. Es algo de toda la vida. Como creyentes, corremos la carrera del arrepentimiento durante toda nuestra vida. La fe y el arrepentimiento verdadero comienzan a ocurrir en un momento de nuestras vidas, pero no solo durante ese momento. La fe y el arrepentimiento marcarán al verdadero cristiano a lo largo de su vida, mientras Dios lleva a cabo su obra hasta su culminación.

Dios no solo usa la convicción de nuestra maldad para ver esto, sino también la realización de su bondad: nuestra aprehensión de la misericordia de Dios hacia nosotros irrumpe nuestros corazones y nos lleva a arrepentirnos.

Da un vistazo a lo que Dios dice en Joel 2:12-13: «Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamentoRasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo».

Pablo le pregunta al lector en Romanos 2:4: «¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?».

Esta idea de la importancia y el rol de reconocer la bondad de Dios en el proceso del arrepentimiento se ilustra en Lucas 15: El hijo pródigo había estado viviendo en rebelión y pecado. Luego, en el versículo 17, se nos dice que vuelve en sí… y regresa a casa con la esperanza de que su padre al menos le permita volver a ser un jornalero. Sin duda tenía una visión equivocada de su padre cuando pidió la herencia para obtener su «libertad» años antes. Pero ahora, él confiesa que su padre es un hombre generoso y que el servicio en casa es mucho mejor que la «libertad» en el país lejano… Si el chico hubiera pensado solo en sí mismo –en su hambre, nostalgia, soledad–, habría terminado desesperado. Pero sus dolorosas circunstancias lo ayudaron a ver a su padre de una nueva manera, y esto le trajo esperanza[2]. ¡Esto produjo un verdadero arrepentimiento!

J.I. Packer lo expresa de esta manera: «El arrepentimiento que Cristo requiere de su pueblo consiste en una firme negativa de establecer límites a las afirmaciones que él pueda hacer sobre sus vidas»[3]. El verdadero arrepentimiento es decir: «Está bien, Dios, lo que sea necesario, te lo entrego todo y te seguiré con absoluto abandono… Sin importar el costo… Sin importar el pecado… Sin importar la lucha. Ese es el verdadero arrepentimiento.

Amigo, oro para que si el día de hoy te encuentras viviendo en pecado sin arrepentimiento ni confesión, abandones tu pecado para salvación de tu alma.

La fe

Dicho eso, y habiendo mirado el arrepentimiento, veamos y definamos lo que queremos decir con «fe salvadora».

Efesios 2:8-10 dice: «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe».

¿Qué es la fe en Jesucristo? Primero, la fe debe incluir el conocimiento de Cristo y lo que él ha hecho en el evangelio. Debemos tener algunos conocimientos básicos y comprensión sobre los hechos que rodean a Jesucristo. No podemos tener fe en algo o alguien que no conocemos, con el que no tenemos una relación o que no comprendemos.

Romanos 10:14 dice: «¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?».

Debemos saber acerca de Jesucristo si debemos creer en él. Por eso es tan imperativo que compartamos el evangelio con otros. ¿Cómo sabrán ellos acerca de la salvación si no pueden escuchar el evangelio? ¡No lo harán! ¡La fe salvadora solo se logra conociendo las buenas noticias del evangelio de Jesucristo!

Pero alguien podría decir: «Sí, pero incluso los demonios «saben» acerca de Jesucristo… ¿No tienen ellos este «conocimiento» del que hablas… y, sin embargo, no son salvos?» Y esa persona estaría en lo correcto. Santiago 2:19 dice: «Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan».

Por tanto, la fe salvadora también debe incluir confianza. No solo sabemos acerca de él, nos confiamos a él. Lo recibimos. Descansamos en él. Nos arrojamos sobre él. La fe en Jesucristo es una gracia salvadora (Efesios 2:8-9Filipenses 1:29), por la cual recibimos (Juan 1:12) y descansamos solo en él para salvación, tal como se nos ofrece en el evangelio.

IlustraciónUn edificio en llamas.

Aquí es importante resaltar que no es la fuerza de nuestra fe la que salva, sino que es el objeto de nuestra fe el que salva. Jesucristo es el objeto de nuestra fe. Él nos salva. Puede que estés colgando de un hilo, pero no es la fuerza de tu agarre lo que te salva, sino más bien en quién estás confiando el que lo hace. A medida que aprendes y entiendes que no es la fuerza de tu fe, sino la persona, rápidamente encontrarás que no eres tú quien se aferra a Cristo, sino que es él quien se aferra a ti (Juan 10:28).

Me encanta la forma en que lo dice nuestra Declaración de Fe: «recibimos con entusiasmo al Señor Jesucristo como nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, y confiamos únicamente en Él como el único y suficiente Salvador».

John Murray lo expresa de la siguiente manera: La fe es una «transferencia de la confianza que hay en nosotros mismos y en todos los recursos humanos a la confianza solo en Cristo para salvación. Es recibirle y descansar en él… La fe es confianza en una persona, la persona de Cristo, el Hijo de Dios y el Salvador de los perdidos. Nos confiamos a él. No es simplemente creerle a Él; es creer en Él y sobre Él»[4].

Ilustración: La silla en la que estás sentado.

¿Cómo deberíamos pensar acerca de la fe en el proceso de la salvación? Horatius Bonar lo expresó así:

«La fe no es Cristo ni la cruz de Cristo. La fe es siempre la mano extendida del mendigo, nunca el oro del rico, la fe es la ventana que deja pasar la luz, nunca es el sol.

Sin mérito en sí misma, nos une a la infinita dignidad de Aquel en quien el Padre se complace; y al unirnos, nos presenta perfectos en la perfección de otro.

Aunque no es el fundamento establecido en Sión, nos lleva a ese fundamento, y nos mantiene allí, arraigados y asentados, para que no nos alejemos de la esperanza del evangelio.

Aunque no es el evangelio, las buenas nuevas, recibe estas buenas nuevas como las verdades eternas de Dios, y le pide al alma que se regocije en ellas; aunque no es el holocausto, se detiene y mira la llama que asciende, lo que nos asegura que la ira que debería haber consumido al pecador cayó sobre el Sustituto»[5].

Preguntas: ¿De qué manera una correcta comprensión de la conversión es esencial o incluso útil para la comprensión de nuestra salvación? (2) ¿De qué manera una correcta comprensión de la conversión es esencial para la correcta proclamación del evangelio y para nuestro evangelismo?

  1. La unión con Cristo

Habiendo hablado de la fe salvadora, ahora debemos entender que la fe salvadora nos une al Salvador, el Señor Jesucristo. Ser salvo es estar unido al Salvador, el quinto paso en el orden de la salvación.

Estar unidos a Cristo significa que los creyentes se unen personalmente a Jesús vivo, encarnado, crucificado, resucitado y reinante por su Espíritu Santo a través de la fe. La fe dada por Dios y forjada por el Espíritu nos une a Jesucristo, en quien tenemos toda bendición espiritual para la vida y la eternidad.

Así, en Efesios 1:3, Pablo escribe: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo». De hecho, vayamos a Efesios 1:3-14 juntos. Quiero que notes todas las referencias a la unión con Cristo mientras leemos esto juntos [observa todas las referencias a la unión con Cristo].

Efesios 1:3-14: «Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristosegún nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él, en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado, en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia, que hizo sobreabundar para con nosotros en toda sabiduría e inteligencia, dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo10 de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. 11 En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad, 12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria».

Hay un montón de imágenes bíblicas que ilustran esta unión con Cristo:

La unión con Cristo se asemeja a la de un edificio y su piedra angular (Efesios 2:20-22), una vid y sus ramas (Juan 15:1-8), los miembros de un cuerpo humano y su cabeza (Efesios 1:22-231 Corintios 12:12), y la unión entre un esposo y una esposa (Efesios 5:31-322 Corintios 11:2).

Todos los beneficios de la salvación fluyen a nosotros en virtud de estar unidos al Salvador.

¡Los creyentes son justificados en Cristo, santificados en Cristo, adoptados en Cristo, preservados en Cristo y glorificados en Cristo! Poseemos vida eterna en Cristo (Romanos 6:23); somos justificados en Cristo (Romanos 8:1); glorificados en Cristo (Romanos 8:302 Corintios 3:18); santificados en Cristo (1 Corintios 1:2); llamados en Cristo (v. 9); hechos vivos en Cristo (15:22; Efesios 2:5); creados nuevamente en Cristo (2 Corintios 5:17); adoptados como hijos de Dios en Cristo (Gálatas 3:26); escogidos en Cristo (Efesios 1:4); y resucitados con Cristo (Col. 3:1).

Si Pablo quiere referirse a un cristiano, su manera breve de hacerlo es decir que una persona está «en Cristo» o «en el Señor» (véase Romanos 16:1-13Filipenses 4:21). Col. 1:2). Sin Cristo, Dios es terrible. En Cristo, Dios es maravilloso.

John Murray dice acerca de la unión con Cristo: «La unión con Cristo es realmente la verdad central de toda la doctrina de la salvación, no solo en su aplicación, sino también en su logro definitivo en la obra consumada de Cristo»[6].

Cristo es un tesoro infinito de gracia. Pasaremos el resto de nuestro tiempo esta mañana maravillándonos de los beneficios maravillosos que llegan a los creyentes en virtud de nuestra unión con él[7]. Pero antes de hacerlo, déjame hacerte un par de preguntas…

Preguntas: (1) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de nuestra unión con Cristo o incluso útil para nuestro entendimiento o seguridad de nuestra salvación? (2) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de la unión de los cristianos con Cristo para la correcta proclamación del evangelio y para nuestro evangelismo y discipulado?

  1. La justificación

Con ese fin, echemos un vistazo a la doctrina de la justificación, el sexto paso en el orden de la salvación. Para hacer eso, déjame leer lo que dice nuestra Declaración de Fe acerca de la doctrina; puedes encontrar en la página 3 de tu folleto:

Artículo VDe la JustificaciónDeclaración de Fe de CHBC:

Creemos que la gran bendición del Evangelio que Cristo asegura a los que creen en Él es la Justificación; esa Justificación incluye el perdón del pecado y la promesa de la vida eterna sobre los principios de la justicia; que es otorgada, no en consideración a ninguna obra de justicia que hayamos hecho, sino únicamente a través de la fe en la sangre del Redentor; en virtud de la cual, su perfecta justicia nos es imputada libremente por Dios; que nos lleva a un estado de bendita paz y favor con Dios, y asegura todas las demás bendiciones necesarias para el tiempo y la eternidad.

La justificación es esa bendición salvadora mediante la cual los pecadores son declarados justos ante Dios a través del perdón de nuestros pecados y la imputación de la justicia de Cristo. Esta declaraciób legal de Dios se produce precisamente cuando somos llevados a compartir la vida justa, la muerte que lleva el pecado y la resurrección triunfante de Jesús.

La justificación es una declaración legal o judicial de Dios de que somos justos ante sus ojos… no debido a nuestras obras, sino porque él imputa o acredita la justicia de su Hijo como la nuestra. Somos contados justos en Cristo.

Si pensamos que la regeneración es comparable al trabajo de un cirujano que está creando un nuevo corazón, la justificación sería entonces comparable al trabajo de un juez. Es una declaración externa y legal de parte de Dios de nuestra posición ante Dios, a saber, que ahora somos justos, limpios o «no culpables» ante Él.

Pablo escribe en 2 Co. 5: 21 acerca de esta justicia imputada: «Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él».

Más tarde, Pablo escribiría a los filipenses en Filipenses 3:4-9: «Aunque yo tengo también de qué confiar en la carne. Si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne, yo más: circuncidado al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín, hebreo de hebreos; en cuanto a la ley, fariseo; en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe».

Somos justificados solo por la fe, solo en Cristo, no por nuestras obras.

Es instantáneo sobre nuestra verdadera confesión de fe en Cristo. «Cristo no solo nos acredita la gracia para que podamos producir buenas obras y ganar nuestro camino al cielo», como es la posición del catolicismo romano. La Escritura es clara en este punto:

  • Gálatas 2:16: «Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado».

Nuestra fe en Cristo «dispara» la justificación. La fe es en sí misma un regalo de Dios que no podemos obtener o ejercitar por nuestra cuenta. Nosotros simplemente no podemos producir fe salvadora, y no podemos ganar la fe o la salvación por ningún acto o mérito de nuestra parte. Somos justificados solo por la gracia de Dios solo a través de la fe.

Entonces, de esta manera, es todo gracia. La gracia de Dios al darnos fe salvadora. Y la gracia de Dios al hacer que esa fe salvadora sea suficiente para justificarnos a través de la obra de Cristo.

¿Te has preguntado por qué la fe es el medio que Dios usa para justificar al pecador? ¿Por qué Dios no usó el amor, la humildad o la bondad? Bueno, Dios usa la fe porque va exactamente en contra de nuestra autodependencia. Confiar en Dios para ser justificados entra en conflicto directo con el deseo del hombre de depender de sus propias buenas obras para la salvación. Es Dios quien recibirá la alabanza y la gloria en la salvación y no el hombre. Es la justicia de Cristo lo que nos hace inocentes.

«Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (Efesios 2:8-9)

Preguntas: (1) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de la justificación o incluso útil para la comprensión de nuestra salvación? (2) ¿De qué manera es esencial una correcta comprensión de la justificación para la correcta proclamación del evangelio y para nuestro evangelismo?

Oremos.

Opcional para la justificación: Catecismo de Heidelberg

P. 60: ¿Cómo eres justo ante Dios?

Por la sola verdadera fe en Jesucristo,a de tal suerte que, aunque mi conciencia me acuse de haber pecado gravemente contra todos los mandamientos de Dios, no habiendo guardado jamás ninguno de ellos,b y estando siempre inclinado a todo mal,c sin merecimiento alguno mío,d solo por su gracia,e Dios me imputa y daf la perfecta satisfacción,g justicia y santidad de Cristoh como si no hubiera yo tenido, ni cometido algún pecado, antes bien como si yo mismo hubiera cumplido aquella obediencia que Cristo cumplió por mí,i con tal que yo abrace estas gracias y beneficios con verdadera fej.

[aRo. 3:21-2224Ro. 5:1-2Gl. 2:16Ef. 2:8-9Fil. 3:9b. Ro. 3:19c. Ro. 7:23d. Tit. 3:5Dt. 9:6Ez. 36:22e. Ro. 3:24Ef. 2:8Ef. 4:42 Co. 5:19g. 1 Jn. 2:2h. 1 Jn. 2:1i. 2 Co. 5:21j. Ro. 3:22Jn. 3:18][8].

[1]Boda, Mark J. Return to Me: A Biblical Theology of Repentance (Nuevos Estudios sobre Teología Bíblica).

[2]Wiersbe, W. W. (1996). The Bible exposition commentary (Vol. 1, p. 235). Wheaton, IL: Victor Books.

[3]J.I. Packer, Evangelism and the Sovereignty of God (Downers Grove, IL: InterVarsity, 1961/2008), 81.

[4]John Murray, Redemption Accomplished and Applied (Grand Rapids: Eerdmans, 1955), 111-12.

[5]–Horatius Bonar, The Everlasting Righteousness; or, How Shall a Man be Just with God? (Carlisle, Pa.: Banner of Truth, 1874/1993), 111-113.

[6]John Murray, Redemption Accomplished and Applied (Grand Rapids: Eerdmans, 1955), 161.

[7]Col. 2:20-3:4Juan 17:24-26

[8]http://www.clir.net/pdf/heidelberg.pdf

Mark Deve

Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

Soldados de Jesucristo

Febrero 26/2021

Solid Joys en Español

Cuando Dios se vuelve 100 % a nuestro favor

John Piper

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Un profeta como Moisés

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: El Mesías prometido

Un profeta como Moisés

Anthony T. Selvaggio

Nota del editor: Este es el quinto de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El Mesías prometido.

¿Has conocido alguna vez a alguien famoso?  En nuestra cultura obsesionada con las celebridades, esto puede ser una experiencia emocionante, particularmente si la celebridad te dirige la palabra. Luego de este tipo de encuentro con una celebridad, la gente con frecuencia se maravilla de que alguien famoso en realidad se dignara a hablar con ellos. En una mayor manera, una de las cosas más asombrosas respecto a la fe cristiana es la realidad de que el eterno y santo Dios del cosmos eligió dignarse a hablar con nosotros. ¿No deberíamos entonces cultivar un deseo más profundo de escucharle?

A través de la historia de la redención, Dios habló a Su pueblo de varias maneras. El escritor de Hebreos recalca este punto en el versículo introductorio de su epístola: “Dios, habiendo hablado hace mucho tiempo, en muchas ocasiones y de muchas maneras a los padres por los profetas” (Heb 1:1). Aunque Dios se comunicó de varias maneras en el Antiguo Testamento, Su medio preferido fue a través de Sus profetas, y entre esos profetas del Antiguo Testamento, Moisés fue el más importante. Moisés fue el portavoz y mediador escogido por Dios al orquestar la liberación de Su pueblo de la servidumbre en Egipto. La importancia de Moisés en la historia de la redención no puede ser exagerada, y la sombra del éxodo se expande a través de todo el cuerpo de la Sagrada Escritura. El éxodo fue un evento de redención que tipificaba la futura redención asegurada por Jesucristo. Esto significa que el rol primario de Moisés en la revelación fue preparar el escenario para Jesucristo, Aquel que lo sobrepasa y lo eclipsa.

Jesús es el cumplimiento de la promesa de Deuteronomio 18:15.

Luego del éxodo de Egipto, Moisés habló al pueblo de Israel y les dijo que debían esperar por otro profeta que vendría, quien, como él, redimiría al pueblo de Dios de la servidumbre y la cautividad. En Deuteronomio 18:15, Moisés declara, “Un profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará el Señor tu Dios; a él oiréis”. Nota que Moisés no solo revela la venida de este futuro profeta, sino que también ordena a Israel a escucharle.

Varios milenios después, Moisés, junto con Elías, aparecerían en un monte en la presencia de Jesús, Pedro, Jacobo y Juan. En el monte, Jesús se transfiguró y Su rostro “resplandeció como el sol” y Sus “vestiduras se volvieron blancas como la luz” (Mat 17:2). Luego, Dios el Padre habló desde una nube, declarando, “Este es mi Hijo amado en quien me he complacido; a Él oíd” (v. 5, énfasis añadido). Con esas palabras, que hacían eco a las palabras de Moisés, Dios inequívocamente declaró que la profecía de Deuteronomio 18:15 se había cumplido en la venida de Jesucristo.

El apóstol Pedro, uno de los testigos de la transfiguración, también confirmó que Jesús cumplió la profecía de Moisés de Deuteronomio 18:15. En el Pentecostés, en su famoso sermón lleno del Espíritu, Pedro declaró:

“Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que vuestros pecados sean borrados, a fin de que tiempos de refrigerio vengan de la presencia del Señor, y Él envíe a Jesús, el Cristo designado de antemano para vosotros, a quien el cielo debe recibir hasta el día de la restauración de todas las cosas, acerca de lo cual Dios habló por boca de sus santos profetas desde tiempos antiguos. Moisés dijo: El Señor Dios os levantará un profeta como yo de entre vuestros hermanos; a él prestaréis atención en todo cuanto os diga. Y sucederá que todo el que no preste atención a aquel profeta, será totalmente destruido de entre el pueblo”. (Hechos 3:19-23)

Jesús es ese profeta como Moisés. Jesús es el cumplimiento de la promesa de Deuteronomio 18:15.

Aunque Jesús es como Moisés en muchas maneras, Él es también mayor que Moisés (Heb 3:1-6). Jesús condujo a Su pueblo a través de un éxodo mayor, no de la mera esclavitud física en Egipto, sino mas bien de la esclavitud eterna del pecado y de la muerte. El relato de Lucas de la transfiguración señala que Moisés y Elías estaban conversando con el Jesús transfigurado, y la sustancia de su conversación estaba centrada en la “partida” de Jesús (Lucas 9:31). La palabra traducida como “partida” en ese versículo es exodos, la palabra griega para “éxodo”. Jesús guió un éxodo de Su pueblo, pero no fue a través de las aguas del mar Rojo; fue a través del horror de la cruz y de Su experiencia de la ira divina a nuestro favor. Es por esto que Hebreos 8:6 declara que Jesús es el mediador de un nuevo y mejor pacto. Él es la palabra final y definitiva para Su pueblo: “en estos últimos días nos ha hablado por su Hijo” (1:2).

En la venida de Jesucristo alguien muy especial nos ha hablado, y por lo tanto, haríamos bien en obedecer el mandato de Moisés y escucharlo,escuchar a Jesús. “Porque la ley fue dada por medio de Moisés; la gracia y la verdad fueron hechas realidad por medio de Jesucristo” (Juan 1:17).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Anthony T. Selvaggio
Anthony T. Selvaggio

El Rev. Anthony T. Selvaggio es pastor titular de lRochester Christian Reformed Church en Rochester, NY. Es autor o editor de varios libros, incluyendo From Bondage to Liberty [De la Esclavitud a la Libertad], The Gospen according to Moses [El Evangelio según Moisés] y Meet Martin Luther: A Sketch of the Reformer’s Life [Conozca a Martín Lutero: Un Esbozo de la Vida del Reformador].

«El agujero en nuestras vidas» – 1

Iglesia Bautista Internacional

Serie: La santidad de Dios en personas comunes

1 – «El agujero en nuestras vidas»

Miguel Núñez

Nuestro pastor Miguel Núñez da inicio a la serie de clases de los miércoles «La santidad de Dios en personas ordinarias». El pastor usa como base el libro «El agujero en nuestra santidad» de Kevin DeYoung para hacernos ver que nuestro amor por lo ordinario del mundo evidencia que la santidad extraordinaria de Dios no nos importa mucho. Para muy pocos cristianos la santidad es una pasión; hay un abismo entre nuestra pasión por el evangelio y la pasión por la santidad. Debemos procurar con afán que la santidad del Dios trascendente descienda a nuestras vidas comunes y corrientes, de modo que nuestra evangelización sea efectiva.

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

www.integridadysabiduria.org

¡Cuidado! Espectáculo religioso en escena – 5

Iglesia Evangélica Unida

Serie: Una Fe sencilla

5 – ¡Cuidado! Espectáculo religioso en escena

Juan Marcos Vázquez

JUAN MARCOS VÁZQUEZ

Ha sido profesor de teología en los Centros de Educación Teológica de Catalunya y Galicia, presidente de la Unión Evangélica Bautista de España, presidente de la Unión Bautista do Noroeste y presidente del Consello Evanxélico de Galicia. En el año 2014 realizó un viaje misionero a Guinea Ecuatorial, donde estuvo durante 5 meses colaborando en la dirección del Colegio Buen Pastor y la iglesia Bautista de Malabo. En la actualidad es miembro de la Junta Directiva de la U.E.B.E.

«Tocando Fondo»- 8

Sabiduría para el Corazón

Serie: ESTUDIO DE JOB

8 – «Tocando Fondo»

Stephen Davey

VISITE NUESTRA PÁGINA: https://www.sabiduriaespanol.org​

Texto: Job 3
Si usted alguna vez ha sufrido tanto que lo único que ha querido es tirarse a la cama y morir – si alguna vez se ha preguntado cómo puede ser un cristiano y sentirse de esa forma – quizás usted tenga más en común con nuestros héroes de la fe de lo que alguna vez imaginó. En este programa encontramos a Job tocando fondo y sacaremos algunas aplicaciones a partir de sus palabras.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes. Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/​