Gratitud y ambición

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

Gratitud y ambición

Paul Levy

Nota del editor: Este es el duodécimo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

¿Acaso la gratitud y la ambición van de la mano? Tal combinación parece incongruente. Si realmente estás agradecido por algo, sin duda la ambición te parecerá un poco peligrosa ya que por lo general está más asociada al descontento o incluso a la codicia. Pero ¿podríamos decir que la gratitud real, genuina y sincera es incompatible con la ambición?

Consideremos la ambición por un momento. Nuestras mentes piensan automáticamente en el mal uso y el abuso de la ambición, ya que hay numerosos ejemplos de esto en la Escritura. Los más obvios son el de la torre de Babel en Génesis 11 y el del rico insensato en Lucas 12. En ambos casos vemos una ambición que es autosuficiente; para ellos, Dios no era un factor a considerar. En Babel, la motivación de los constructores era hacerse un nombre famoso para sí mismos, mientras que en Lucas 12, el rico insensato hace planes para acumular riquezas materiales y construir graneros más grandes sin tomar en cuenta a Dios. Claramente, la ambición puede ser peligrosa.

Nuestros corazones son engañosos, y a veces la línea que divide el celo piadoso y la ambición egoísta es muy fina.

Sin embargo, eso no niega el hecho de que la ambición es parte de nuestro diseño divino como seres humanos. La ambición no es perversa en sí misma, sino algo que Dios nos ha dado con el fin de que la usemos para nuestro bien y el de los demás. La ambición piadosa conlleva un fuerte deseo y una gran disciplina para lograr fines justos.

Adán y Eva recibieron una orden clara de parte de Dios de llenar la tierra y sojuzgarla (Gn 1:28). A Noé se le reafirmó ese llamado después del diluvio (9:1). Este mandato dado durante la Creación debía ser su ambición. El salmista ordena: “Pon tu delicia en el Señor, y Él te dará las peticiones de tu corazón” (Sal 37:4). El apóstol Pablo era ambicioso en cuanto al Evangelio, y prosiguió hacia la meta por el premio de ese supremo llamamiento (Flp 3:14). Él nos dice explícitamente que su ambición era predicar el Evangelio donde Cristo no había sido anunciado (Rom 15:19-20). El mismo Señor Jesús mostraba celo por la gloria de Su Padre y era obediente a Su voluntad. Él nos enseña que Sus discípulos deben ser personas que tienen hambre y sed de justicia, y que Su pueblo debe buscar primero el Reino de Dios (Mt 5:66:33). En 1 Corintios 10:31 se nos dice que ya sea que comamos o que bebamos o que hagamos cualquier otra cosa, debemos hacerlo todo para la gloria de Dios.

La gratitud y la ambición divina deben ir de la mano. Es la gratitud por todas las buenas dádivas de Dios —Su creación, redención, preservación y segura esperanza futura— lo que debe alimentar nuestra ambición, de modo que podamos vivir vidas para Su gloria y para el bien de los demás. La gratitud nunca debe conducir a una existencia autosatisfecha y pasiva. El conocimiento de Dios y de Su obra en Cristo debe conducir a un deseo de vivir y de trabajar para Él. Como dice el Catecismo Menor de Westminster, existimos para glorificar a Dios y disfrutarlo para siempre. La ambición por hacer eso está en el ADN de cada hijo de Dios.

Fuimos hechos para planear, y los planes sabios que hacemos para la gloria de Dios, ya sea con respecto a nuestra familia, nuestro hogar, nuestras finanzas o incluso nuestro estado físico, son buenos y son parte de lo que significa ser humano. Por supuesto, tenemos que evaluar nuestras ambiciones. Sabemos que nuestros corazones son engañosos, y a veces la línea que divide el celo piadoso y la ambición egoísta es muy fina. Sin embargo, estamos llamados a vivir a la luz de todo lo que Dios ha hecho y está haciendo por nosotros, a usar el tiempo y los recursos que Él nos ha dado por Su gran generosidad, y a vivir de una manera que sea ambiciosa para la gloria de Dios.

¿Qué pasa cuando no logramos nuestras ambiciones? Vivimos en un mundo donde nuestras esperanzas y planes no siempre se hacen realidad, y muchos cristianos han experimentado  grandes decepciones. Hebreos 11 es un capítulo que presenta a muchos de nuestros héroes de la fe y, sin embargo, al final del capítulo hay campeones anónimos que sufrieron burlas y flagelaciones, incluso cadenas y encarcelamientos. Fueron apedreados; fueron aserrados por la mitad; fueron asesinados a filo de espada. Dudo mucho que esa fuera la ambición de estos hombres y mujeres cuando salieron a servir al Señor. Cada miembro del salón de la fe en Hebreos 11 murió en fe, sin haber recibido lo que se les había prometido.

Eso nos regresa a la verdad de que Dios es Dios. Sus caminos no son nuestros caminos, y Sus pensamientos no son nuestros pensamientos (Is 55:8-9). En Su gracia, Dios tiende a redirigirnos según Su voluntad soberana. Tomamos las palabras de Proverbios 3:5-7, reconociendo al Señor en todos nuestros caminos, confiando en que Él actuará. Incluso la decepción de una ambición frustrada puede ser una fuente de gratitud. Como dice el escritor del himno: “Lo que mi Dios ordena es correcto; Su santa voluntad permanecerá”. Dios sabe lo que es mejor, así que sé agradecido y sé ambicioso para Su gloria y para tu gozo.

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Paul Levy
Paul Levy

El Rev. Paul Levy es ministro de la International Presbyterian Church Ealing en Londres.

La justicia social – 6

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: Pugnas ideologicas

6 – La justicia social

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco

La Gloria de Dios y mi Sufrimiento – 5

Iglesia Bautista Internacional

Serie: Cómo sufrir bien

5 – La Gloria de Dios y mi Sufrimiento

Héctor Salcedo

Héctor Salcedo sirve como pastor ejecutivo de la Iglesia Bautista Internacional en República Dominicana, y dirige el ministerio a jóvenes adultos. Tiene una maestría en Estudios Bíblicos del Instituto Bíblico Moody en Chicago. Está casado con Chárbela El Hage, y tienen dos hijos, Elías y Daniel.

Restaurar a un hermano que ha caído – 10

CONSULTORIO BÍBLICO

SERIE: Vida Cristiana

10 – Restaurar a un hermano que ha caído

DAVID LOGACHO

Qué grato es saber que Usted nos está escuchando. Bienvenida, o bienvenido al estudio bíblico de hoy. Estamos estudiando las características de la vida auténticamente cristiana y en esta oportunidad, David Logacho nos hablará acerca de la necesidad de restaurar a un hermano que ha caído.

Si Usted ha sido madre o padre de familia, se habrá deleitado viendo a su hija o a su hijo dar sus primeros pasos.

Yo recuerdo muy claramente, hasta ahora, luego de más de veinte años, cuando mi hijo pudo dar sus primeros pasos por sí solo. Fue todo un acontecimiento. Mi esposa y yo estábamos tan orgullosos, en un buen sentido, de ese pequeño ser de menos de un año de nacido. Lo contamos a todo mundo.

Si hubiera sido posible, hasta lo hubiéramos publicado en los periódicos. Fue grandioso. Pero después de dos o tres pasos juntos venía una caída. Nada doloroso, por supuesto.

Pero qué pensaría Usted de unos padres que después de ver que su tierno hijo se cae después de dar uno o dos pasos por primera vez, dice algo como esto: Qué decepción, mi hijo acaba de caerse, me ha defraudado. Será mejor que le eche de la casa. Ya no quiero saber nada más de él. ¡Absurdo! ¿Verdad?

Pero, pensándolo bien, eso es justamente lo que hacemos muy a menudo cuando vemos a un hermano en la fe que cae en pecado. Por el hecho de haber caído, pensamos que ya es el fin.

¿Qué hubiera sido de la vida de Pedro el Apóstol, si hubiera sido desechado después que negó tres veces a Jesús? ¿Qué hubiera sido de la vida de Pablo, Saulo en ese entonces, después de haber perseguido con crueldad a la naciente iglesia Cristiana? ¿Habría ido Jonás a Nínive a predicar un mensaje de arrepentimiento, si Dios le hubiera desechado después que desobedeció la primera vez que fue llamado para esa obra? Para hacerlo más personal: ¿Estaríamos nosotros hoy donde estamos si Dios nos hubiera rechazado después de haber caído de alguna manera?.

Queramos o no queramos admitir, todos tenemos nuestro pasado y sólo por la gracia y la misericordia de Dios hemos sido no sólo perdonados sino que se nos ha otorgado una segunda oportunidad para el servicio.

¿Qué debemos hacer cuando vemos que un hermano en la fe cae en pecado?

Bueno, primero pensemos en las cosas que no debemos hacer.

Primero, no debemos quedarnos callados. A veces pensamos que si no hacemos nada vamos a ayudar al hermano que ha caído. Pero esto sería un silencio cómplice. Sería como estar de acuerdo con lo que el hermano ha hecho. A lo mejor el hermano que cayó en pecado piensa que no hay nada de malo en lo que ha hecho. Alguien tiene que decirle que lo que hizo ofendió a Dios. No es correcto quedarse callado cuando se ve que un hermano ha caído en pecado.

Segundo, no debemos alegrarnos porque el hermano ha caído en pecado. A veces se ve esta reacción, especialmente cuando el que ha caído en pecado era alguien con quien no teníamos una buena relación. La caída en pecado de cualquier creyente, siempre debe ser motivo de profunda tristeza para los demás creyentes.

Tercero, no debemos jactarnos de nuestra capacidad de mantenernos firmes. Todos tenemos el potencial de cometer lo peor que podemos imaginar. Si no lo hemos hecho ha sido simplemente porque Dios nos ha cubierto con su gracia. Por eso es que 1ª Corintios 10:12 dice: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga.”

Cuarto, no debemos horrorizarnos por lo sucedido. Evitemos rasgarnos las vestiduras, especialmente si la caída es en un área de la vida cristiana donde nosotros también estamos luchando por no caer.

Quinto, no debemos chismear. Esta quizá es la tendencia más común cuando vemos que un hermano ha caído en pecado. La lengua se pone en acción inmediatamente para esparcir el chisme a cuantos sea posible. En ocasiones inclusive podemos disfrazar el chisme diciendo que estamos sólo compartiendo un motivo de oración.

Ahora que sabemos lo que no debemos hacer veamos qué es lo que debemos hacer.

La primera y más importante medida es restaurar al hermano que ha caído. Esto es lo que recomienda Gálatas 6:1 donde dice: “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.”

Esta instrucción de Pablo está dirigida primeramente a los creyentes, pero no a todos los creyentes, sino a aquellos que son espirituales. Esto significa a aquellos creyentes que están llenos o controlados por el Espíritu Santo.

Si un creyente anda en pecado, no es un creyente espiritual y por tanto no está en capacidad de restaurar a otro creyente que ha pecado. El verbo restaurar es un verbo muy interesante en el idioma en que se escribió el Nuevo Testamento.

Katartizo es un verbo que se utilizaba en el campo de la pesca para hablar de remendar una red para pescar. El pecado en un creyente es comparable a un agujero en una red de pecar. Es necesario que alguien remiende ese agujero para que esa red pueda seguir atrapando peces.

Katartizo es un verbo que también se utilizaba en el campo de la medicina, para hablar de un hueso que se había dislocado y necesitaba volver a ser puesto en su lugar. Un creyente que cae en pecado es como un hueso dislocado, necesita que alguien lo ponga de vuelta en su lugar.

Katartizo se usaba también en el campo militar, para hablar de alguien que estaba equipado completamente para entrar en batalla. Un creyente que peca es como un soldado que no tiene todo el equipo para la batalla. Necesita que alguien le provea de ese equipo.

Los creyentes espirituales son los que deben restaurar a un hermano que ha caído en pecado. Son ellos los que van a remendar los huecos que produce el pecado en el hermano caído. Son ellos los que van a poner en su lugar los huesos dislocados que produce el pecado en el hermano que ha caído. Son ellos los que van a equipar completamente al hermano que ha caído para que pueda ser útil en la batalla.

Esto es lo que significa restaurar. Es necesario hacerlo con espíritu de mansedumbre, lo cual es uno de los aspectos del fruto del Espíritu Santo. Ese espíritu de mansedumbre hará reflexionar profundamente al creyente espiritual, acerca de su propia fragilidad, para no jactarse de su firmeza ante la tentación.

En segundo lugar, la restauración debe hacerse siguiendo los pasos que dejó el Señor en Mateo 18:15-17 donde dice: “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, vé y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano. Mas si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra. Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia, y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.”

La restauración se debe hacer por fases.

Primero, en privado, entre el creyente espiritual y el creyente que ha caído. Si esto falla, se debe ir a una segunda etapa, con la presencia de testigos. Si esto falla, se debe ir a una tercera etapa, con la intervención de la iglesia. Si todo esto falla, ese creyente que ha caído y persiste en su pecado, debe ser tenido por gentil y publicano.

Esto significa que debe ser sacado de la comunidad de creyentes en la iglesia local. A esto es a lo que Pablo se refiere en 1ª Corintios 5:3-5 donde dice: “Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.”

Aun esta medida extrema tiene el propósito de restaurar a un hermano que ha caído en pecado.

En tercer lugar, como parte de la restauración, es necesario mostrar al hermano que ha caído en pecado, el camino correcto por el cual debió haber andado. Esto es lo que se desprende de pasajes como Santiago 5:19-20 donde dice: “Hermanos, si alguno de entre vosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados.”

Se trata de un creyente que ha caído en pecado y otro creyente espiritual ha sido utilizado para restaurar al que ha caído. Dice el texto que el creyente espiritual ha hecho volver al pecador del error de su camino. Esto significa que el creyente espiritual está dedicado a guiar al creyente caído en el camino correcto.

Es sencillo murmurar contra un creyente que ha caído, pero en lugar de murmurar debemos restaurar, señalando el error y mostrando como corregir ese error. Santiago dice que quien tal hace salvará de muerte un alma. Una de las formas de disciplina de Dios al pecador que ha caído en pecado es la muerte. La restauración del pecador que ha caído, perfectamente puede salvar a un creyente caído, de ser disciplinado por Dios con la muerte.

Santiago también dice que cuando un creyente espiritual hace volver al camino correcto a un creyente que ha caído, está cubriendo multitud de pecados. ¿En qué sentido? Pues en el sentido de que ese creyente caído, una vez restaurado, no persistirá más en el pecado, de esta manera se estará evitando, o cubriendo, multitud de pecados.

De modo que, otra característica de la vida auténticamente cristiana es restaurar al hermano que cae en pecado. Tal vez hoy mismo a Usted le consta el caso de un hermano que ha caído en pecado. No lo oculte, no se escandalice, no se alegre, no riegue la noticia. Su responsabilidad como creyente espiritual es restaurar a ese hermano que caído con espíritu de mansedumbre.

DAVID LOGACHO

Ingeniero en Electrónica y Telecomunicaciones, trabajó por años para la NASA, decidió abandonar su carrera profesional para prepararse para servir al Señor en un Instituto Bíblico en Argentina. Dirigió el Ministerio La Biblia Dice… durante más de 2 décadas hasta su retiro en 2015.

Disponible en Internet en: http://www.labibliadice.org

Contenido publicado con autorización de La Biblia Dice para: Alimentemos El Alma

Av.Galo Plaza Lasso N63-183 y de los Cedros
Telf. 00593-2-2475563
Quito-Ecuador

“La segunda venida de Cristo» – 79

Entendiendo los Tiempos

Primera Temporada

79 – “La segunda venida de Cristo»

Surge en el 2013 como programa de radio bajo la cobertura de la emisora cristiana Radio Eternidad en la estación 990am. Las temáticas de nuestro programa son diversas y contemporáneas con las necesidades que se presentan hoy en día en la sociedad. Todo tema es llevado a la luz de la Palabra de Dios que es la única mediadora entre los hombres y la única verdad que puede hacerle libre. Tratamos diferentes temas con el propósito de entender el presente bajo una cosmovisión bíblica y actuar en base a esta. Con nuestro productor Andrés Figueroa y el equipo de Gracia TV, quienes semanalmente transmiten este programa en un formato para Radio y TV.

www.entendiendolostiempos.org

Codicia y gratitud

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Gratitud

Codicia y gratitud

Robert M. Godfrey

Nota del editor: Este es el undécimo de 13 capítulos en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Gratitud.

Si la gratitud debe ser nuestra respuesta automática a la gracia que experimentamos en la vida cristiana, entonces ¿por qué a menudo somos ingratos? ¿Cuál es la raíz de la ingratitud? En parte, la respuesta a esa pregunta se encuentra en el último de los Diez Mandamientos, donde Dios dice: “No codiciarás”. Si nos detenemos a pensar en este mandamiento, podríamos preguntarnos si sería exagerado decir que la codicia es la raíz de la ingratitud. Inicialmente podríamos ser tentados a pensar que este mandamiento es solo una décima parte de la ley, o que es el más insignificante porque está de último. Sin embargo, es lo contrario, deberíamos reconocer que es el decreto sumativo y concluyente de la ley de Dios. Al hacer esto, notamos el carácter integral del mandamiento.

El carácter integral de la codicia

El carácter integral de este mandamiento muestra la manera en que la codicia suele estar involucrada cuando se quebranta cualquiera de los Diez Mandamientos. Esto se evidencia claramente en algunos pasajes de la Escritura. Cuando Pablo reflexiona sobre toda la ley, él utiliza la codicia para resumirla (Rom 7:7). Cuando advierte a los gálatas que deben guardarse del pecado, él se refiere al pecado como la codicia de la carne en contra del Espíritu (Gál 5:17). Y cuando Santiago está advirtiendo en contra del homicidio, de las peleas y de las guerras, él muestra cómo la codicia es la raíz de todos estos pecados (Stg 4:2).

El Catecismo de Heidelberg también expone el carácter integral de la codicia (Pregunta y Respuesta 113). Nos dice que el décimo mandamiento ordena: “Que nunca surja en nuestros corazones ni la más mínima inclinación o idea contraria a alguno de los mandamientos de Dios”. Esta respuesta apunta al hecho de que cuando nuestra ingratitud nos lleva a desafiar cualquiera de los Diez Mandamientos, la raíz es la codicia, nuestro deseo de posicionarnos por encima de Dios.

El contentamiento produce piedad y gratitud en la vida del creyente.

Cuando adoramos a otros dioses, cuando no descansamos ni adoramos en el día de reposo, cuando no honramos a las autoridades, o cuando luchamos con alguna forma de adulterio, es porque estamos codiciando. Estamos codiciando cuando adoramos la manera de vivir del mundo, cuando deseamos un día de reposo enfocado en nuestros intereses, cuando reclamamos autoridad sobre nuestra vida, o cuando deseamos al cónyuge de nuestro prójimo. El carácter integral del pecado revela cómo la codicia es la raíz de todo acto de ingratitud hacia Dios.

El Conquistador absoluto de la codicia

Las raíces de la codicia están profundamente arraigadas en nuestras vidas cristianas. Reconocer esto nos conduce a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, quien luchó perfectamente contra la codicia y siempre mostró contentamiento al obedecer la voluntad de Dios. Durante la tentación de Cristo en el desierto, ¿qué buscaba Satanás si no tentarle a codiciar en contra de la Palabra de Dios? Satanás estaba tentando al Salvador con la esperanza de que Él codiciara comida, fama y el cumplimiento de metas egoístas (Lc 4:1-13). Sin embargo, Cristo resistió el pecado de la codicia, en el cual el primer Adán cayó como presa (Gn 3:6). Él estaba completamente satisfecho con las promesas de Su Padre; la Palabra Viva no tenía necesidad de lo que el diablo le ofrecía. Y al desarraigar el pecado de la codicia, el Señor nos muestra al principio de los Evangelios cómo Él cumplió la ley en su totalidad por nosotros.

El contentamiento en la vida cristiana

Entender la codicia y cómo Cristo conquistó el pecado nos ayuda a enfrentar y desarraigar la codicia de nuestras vidas como cristianos. Primero debemos despojarnos del viejo hombre y destruir la codicia que proviene de nuestra naturaleza caída. Asimismo, como aquellos que ahora estamos vivos en Cristo, debemos vestirnos del nuevo hombre, cuya motivación para todas las cosas es el contentamiento, no la codicia. Los que pertenecemos a Cristo debemos cultivar contentamiento y satisfacción en Él, confiando en que se aproxima una cosecha fructífera.

Este verdadero contentamiento significa que no estamos deseando vivir como el mundo ni disfrutar de sus placeres. Más bien, debemos estar satisfechos con las promesas del Evangelio. Esta es la exhortación de Pablo a Timoteo (1 Tim 6:3-11): sigue la sana doctrina de la Escritura “que es conforme a la piedad”. Pablo le recuerda a su discípulo: “Pero la piedad, en efecto, es un medio de gran ganancia cuando va acompañada de contentamiento” (v. 6). Pablo exhorta a los cristianos a evitar los “deseos necios y dañosos, y toda clase de mal” y a estar contentos con lo que tienen (vv. 8-9). Luego de mencionar las cosas de las que Timoteo debe huir, Pablo le exhorta a “seguir la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidad”. El contentamiento produce piedad y gratitud en la vida del creyente. Además, el cristiano que vive con contentamiento se mantiene expectante, aguardando el regreso del Rey, quien lo recibirá en Su reino por siempre (Ap 21-22).

Este articulo fue publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert M. Godfrey
Robert M. Godfrey

El Dr. Robert M. Godfrey es pastor de Zeltenreich Reformed Church en New Holland, PA.

Debes Nacer de Nuevo – 6

Iglesia Caminando por Fe

Serie: Vida y Enseñanzas de Jesús

6 – Debes Nacer de Nuevo

Juan Manuel Vaz

Juan Manuel Vaz Salvador nació en Barcelona, España. Tras ser salvo, fue creciendo en el conocimiento de la Palabra y finalmente Dios le llamó al ministerio pastoral.

Juan Manuel es el fundador del ministerio ICPF, donde también sirve como pastor en la localidad de Hospitalet, en Barcelona. Además, ha escrito el libro La Iglesia Frente al Espejo.

Actualmente se dedica al pastorado y es conferenciante a nivel internacional.

«Somos hijos de Dios» (1 Jn. 3:1-3) – 9/29

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: Andemos en Luz (Las cartas de Juan)

9/29 – «Somos hijos de Dios» (1 Jn. 3:1-3)

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Meritocracia – 5

IGLESIA BAUTISTA CASTELLANA

Serie: Pugnas ideologicas

5 – Meritocracia

Edgardo Piesco

Bienvenido a Iglesia Bautista Castellana. Mi nombre es Edgardo Piesco, actual pastor de la Iglesia Bautista Castellana y me siento muy honrado con su visita.

En cuanto a nuestra identidad, somos la primera iglesia evangélica establecida en Canadá contando con, 50 años de vida en el servicio a nuestra comunidad hispano-parlante. Nuestra congregación está constituida por inmigrantes provenientes de toda Latinoamérica. Oficiamos servicios en español y otros especiales en inglés para los jóvenes que dominan éste, como primera lengua. Nuestro objetivo primordial es hacer conocer el evangelio a nuestra comunidad en una actitud seria y de respeto por la dignidad humana.

Esta congregación se ha mantenido en una tradición de trabajo honesto, íntegro y procurando asistir a la sociedad. Nuestro enfoque es estrictamente bíblico; la predicación, expositiva; el objetivo de dicha predicación y enseñanza es que el pueblo conozca la Palabra de Dios sin especulaciones y/o manipulación de la misma, para la salvación del alma. Nuestra congregación promueve un ambiente familiar, proveyendo un equipo ministerial de ayudantes y colaboradores debidamente equipados para hacer placentera su visita a nuestros servicios.

Esperamos que disfrute su tiempo en nuestro medio, y que tengamos pronto el gran privilegio de gozarnos con su visita y cordial compañía. Hasta entonces, que la gracia y la paz de Dios y Su Hijo Jesucristo sea con usted y todos los suyos.

Afectuosamente,
Pastor Edgardo Piesco