17 – LA BONDAD DE DIOS

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

17 – LA BONDAD DE DIOS

Quizás uno de los momentos más divertidos de esta vida sea cuando observamos como un pequeño perro o gato persiguen su propia sombra. En vano tratan de alcanzarla. Cuando se mueven, su sombra se mueve con ellos. Esto no sucede en el caso de Dios. Santiago nos dice: «Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación» (James 1:17).

Dios nunca cambia. En Él no hay «sombra de variación». Esto no está únicamente sugiriendo que Dios es inmaterial y que por lo tanto es incapaz de tener una sombra, sino que asimismo nos dice que Dios no tiene un «lado sombrío» en un sentido figurativo o moral. Las sombras sugieren oscuridad, y en términos espirituales la oscuridad sugiere maldad. Como no hay maldad en Dios, tampoco hay ningún indicio de oscuridad en Él. Él es el Padre de las luces.

Cuando Santiago agrega que no hay «sombra de variación» en Dios no alcanza con entender esto simplemente en términos del ser incambiable e inmutable de Dios. Se trata también de una referencia al carácter de Dios. Dios no es solo enteramente bueno, sino que es siempre bueno. Dios no sabe cómo ser otra cosa que no sea bueno.

La relación entre la bondad y Dios es tan estrecha que hasta los filósofos paganos como Platón equiparan la máxima bondad, el bien supremo, con Dios mismo. La bondad de Dios se refiere tanto a su carácter como a su conducta. Sus actos proceden de su propio ser. Dios actúa en base a lo que Él es. De la misma manera que un árbol corrupto no puede producir fruta incorrupta, tampoco un Dios incorrupto puede producir fruta corrupta.

La ley de Dios refleja su bondad. El que Dios sea bueno no es consecuencia de que Dios obedezca y pueda ser juzgado por alguna ley cósmica ajena a sí mismo, o debido a que Dios define la bondad de manera tal que pueda actuar sin estar sujeto a ninguna ley y por el solo poder de su autoridad le sea permitido declarar sus acciones como buenas. La bondad de Dios no es ni arbitraria ni caprichosa. Dios no obedece una ley, sino que la ley que obedece es la ley de su propio carácter. Dios siempre actúa de acuerdo con su propio carácter, que es eterno, inmutable, e intrínsecamente bueno. Santiago nos enseña que todo lo bueno y lo perfecto provienen de Dios. Dios no es solo el estándar principal de bondad; es la Fuente de toda bondad.

Uno de los versículos más populares del Nuevo Testamento es el de Rom. 8:28. «Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados«. Este texto sobre la providencia divina es tan difícil de comprender como lo es de popular. Si Dios es capaz de hacer que todo lo que nos suceda redunde en nuestro bien, entonces en última instancia todo lo que nos suceda será bueno. Conviene resaltar aquí la expresión en ultima instancia. En el plano mundano nos pueden suceder cosas que sean maldad. (Debemos estar precavidos y no llamar al bien, maldad o a la maldad, bien.) Encontramos aflicción, miseria, injusticia, y otro montón de maldades. Sin embargo, Dios en su bondad trasciende todas estas cosas y hace que ellas ayuden para nuestro bien. Para el cristiano, en última instancia, no existen las tragedias. En última instancia, la providencia de Dios hará que todas estas maldades tan cercanas redunden para nuestro beneficio final.

Martín Lutero comprendió muy bien este aspecto de la buena providencia de Dios cuando dijo que «si Dios me pidiera que comiera el estiércol de la calles, no solo lo comería sino que sabría que es para mi bien».

Resumen

La  Criatura (Tiene sombra) DIOS (No tiene sombra)

l. Las criaturas tienen sombra por causa de la oscuridad del pecado.

2. Dios no tiene un lado sombrío.

3. Dios no está bajo ninguna ley.

4. Dios es inseparable de la ley.  Ley / DIOS

5. Dios es su propia ley.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Ex. 34:6-7

Ps. 25:8-10                                        

Ps. 100:1-5

Rom. 8:28-39

James 1:17

¿Cuál es nuestra teología?

Ministerios Ligonier

Serie: El ahora cuenta para siempre

¿Cuál es nuestra teología?
Por Sinclair B. Ferguson

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

on varias e importantes las convicciones que impulsan a la revista Tabletalk, las cuales también han impulsado la historia completa del ministerio de Ligonier. Una de estas convicciones fue expresada hace unos quinientos años por Martín Lutero (¿quién más podría ser?).

Todos somos teólogos; todo cristiano debe serlo. Todos deben ser teólogos para poder ser cristianos.

Pero ¿cuál es esa teología? Y, en particular, ¿cuál es nuestra teología?

TEOLOGÍA

Teología es hablar de Dios (en el mejor y más elevado sentido); es decir, pensar y hablar sobre Dios de forma coherente y lógica. Y para el creyente cristiano, esto significa una teología enraizada en la revelación que Dios ha dado y que la expresa. Por tanto, hay un sentido correcto en el que estamos llamados a tener una «teología de todo», porque de una forma u otra todo el cosmos —el desarrollo de la historia, los descubrimientos que hacemos— todo es parte del desarrollo de la autorrevelación de Dios en la creación, la providencia, la redención y la consumación. Como señaló Abraham Kuyper, nada en el cosmos es ateo en sentido absoluto. O para citar una autoridad superior: «Por que de Él, por Él y para Él son todas las cosas» (Rom 11:36). Por eso, omnes sumus theologi —todos somos teólogos— ya seamos físicos nucleares, astronautas, amantes de la literatura, jardineros, recolectores de basura o incluso «teólogos». Este es el privilegio, el reto, el romance de nuestras vidas, en cualquier vocación imaginable. En última instancia, tomando prestadas las palabras de Pablo, solo una cosa hacemos (Flp 3:13). ¿Pablo hacía solo una cosa? Claro que no. Pero sí, hacía solo una cosa, pero en mil actividades diferentes. Lo mismo ocurre con nosotros. En todas las cosas somos teólogos porque sabemos que toda la vida es para conocer a Dios.

Pero ¿cómo funciona la teología? Tal vez nos ayude una ilustración. Hay un programa en la televisión de la BBC que me gusta mucho. Se llama The Repair Shop [El taller de reparaciones], y —en medio de tantas cosas en la televisión que son deprimentes o inmorales, o ambas cosas— es un programa que te hace sentir bien. Personas comunes y corrientes traen sus reliquias dañadas, deterioradas, deformadas y algunas casi destruidas para que las reparen. A menudo nos cuentan historias profundamente conmovedoras o por qué el artículo (que puede tener poco valor en sí mismo) es tan importante para ellos por su conexión con un ser querido. Entonces vemos las habilidades extraordinarias de los artesanos y artesanas —expertos en carpintería y metalurgia, mecánica y mobiliario, instrumentos musicales y mecanismos, objetos blandos y duros— trabajando lo que parece ser magia. Mientras que la gente como yo remienda y espera lo mejor, ellos primero deconstruyen y solo entonces reconstruyen y devuelven la gloria perdida a las reliquias. Luego, el maravilloso desenlace: somos testigos (y compartimos) la abrumadora gratitud de los distintos propietarios, sus elogios y, a menudo, su alegría hasta las lágrimas al descubrir el objeto restaurado en todo su esplendor, normalmente debajo de una manta muy ordinaria (lo que sugiere una mayor restauración).

La teología es el taller de reparación del evangelio. Sus diversos «loci» o temas (Dios, la creación, la caída, la providencia, la redención, la glorificación) son, por así decirlo, otros tantos departamentos de expertos que primero deconstruyen nuestros daños personales y luego nos reconstruyen hasta hacer realidad la visión original en nuestra creación. De este modo, lo que nuestros antepasados llamaban la teología de la peregrinación, en la que vemos por un espejo, se convierte en la teología de la visión en la que veremos cara a cara. Habiendo sido creados a imagen de Dios para glorificarle y disfrutar de Él para siempre, seremos por fin semejantes a Él.

¿Cuál es entonces el contenido de nuestra teología?

NUESTRA TEOLOGÍA

Se dice que Tomás de Aquino dijo que la teología viene de Dios, nos enseña sobre Dios y nos lleva a Dios. Y puesto que la vida eterna consiste en conocer a Dios y a Jesucristo, a quien Él ha enviado (y esto solo lo hacemos por medio del Espíritu; Jn 17:3; ver 14:23, 25), nuestra teología comienza (y termina) con Dios. Nos dice quién es Él: un Dios que es tres personas, la siempre bendita Trinidad, en la eterna comunión de Su ser tripersonal como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Esta teología nos lleva a conocer Su maravilloso carácter unificado y simple, que en nuestra limitada capacidad logramos captar aspecto por aspecto en lo que llamamos Sus atributos. De hecho, estas son solo algunas formas de describir Su perfección, Su divinidad, Su infinita y gloriosa deidad.

Así pues, nuestra teología es una teología del Dios trino que es suficiente para sí mismo y en sí mismo y quien en todas Sus automanifestaciones es amor santo. No es de extrañar, pues, que nuestra teología esté impulsada por las visiones gemelas del profeta de la santidad y del apóstol del amor, en Isaías 6 y Apocalipsis 4-5. Es un hecho sorprendente que en estas dos visiones parece estar resumida toda nuestra teología.

Ellas reflejan la divinidad de Dios, «el que era, el que es y el que ha de venir» (Ap 4:8), y la historia de la creación (v. 11): que todas las cosas en el cielo y en la tierra fueron hechas por el Dios trino, «Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible e invisible» (el Credo Niceno), por medio de Su Palabra, el Hijo Eterno, y por el ministerio ordenador, llenador y completador del Espíritu que se movía sobre las aguas originarias.

Estas visiones nos proporcionan un espejo en el que vemos que nuestro destino creado yace detrás de nosotros casi irreconocible. Fuimos creados por Dios para Su gloria y para disfrutar de Él; en una palabra, para la comunión con Él y la alabanza a Él. Pero ahora nos encontramos, como Isaías, abrumados por el descubrimiento de quién es Dios —el Santo— y nos damos cuenta de que somos como un antiguo castillo escocés que se ha convertido en una reliquia arruinada, destruida por los asaltos de Satanás. Estamos abandonados, incapaces de restaurarnos a nosotros mismos, deshechos e impuros. Ninguno de nosotros es capaz de abrir un libro que contenga un plan para nuestra salvación y restauración (Ap 5:4).

Pero no es así como nuestra teología termina. Dios quiere Su imagen de vuelta. Es cierto que debemos descubrir que estamos arruinados antes de poder ver nuestra necesidad de restauración. Pero entonces nuestra teología según Isaías y Juan nos dice que no se trata de un Dios diferente, sino de un mismo Dios tres veces santo cuyo mensajero trae la restauración a través de un carbón encendido de un altar de sacrificio que primero incinera y luego restaura. Y esta teología bíblica nos dice que en su visión Isaías vio la gloria del Señor Jesús (Jn 12:41). Entonces, como nuestra teología sostiene que la revelación es progresiva y acumulativa, entendemos que la persona a la que apunta la visión de Isaías no es otra que el León de Judá, el Cordero de Dios inmolado que quita el pecado del mundo (Ap 5:6-10). Y a medida que profundizamos para «aprender a Cristo» (Ef 4:20), contemplamos Su única persona divina en Sus dos naturalezas unidas en esa única persona, en Sus dos estados de humillación y exaltación y en Sus tres oficios como Profeta, Sacerdote y Rey: un solo Señor Jesucristo.

En este contexto, descubrimos que algo nos sucede: por el Espíritu seráfico, nuestras vidas entran en contacto vivo con Cristo en Su sacrificio expiatorio. Somos perdonados y justificados de la culpa del pecado. Y en ese mismo momento se inaugura la quema del pecado en nosotros. No puede ser de otra manera, ya que como Calvino señaló regularmente, pensar que podemos tener a Cristo para la justificación sin tenerlo para la santificación es despedazarlo, ya que nos ha sido dado para ambas cosas. El Espíritu nos une a un solo Cristo que es a la vez «justificación y santificación» para nosotros (1 Co 1:30). Por lo tanto, el pecador que es justificado comparte también y simultáneamente Su muerte al dominio del pecado y Su resurrección a novedad de vida para Dios (Rom 6:2-4). Tener cualquier otra teología es entender mal cómo la gracia reina «por medio de la justicia para vida eterna, mediante Jesucristo nuestro Señor» (5:21).

No es de extrañar que la visión trascendente de Isaías termine en una obediencia incondicional: «Heme aquí; envíame a mí» (por muy duro que sea el camino; Is 6:8-13). Y no es de extrañar que la visión de Isaías se haga eco en la experiencia de Juan del canto celestial: «Santo, Santo, Santo, es el Señor Dios, el Todopoderoso, el que era, el que es y el que ha de venir» (Ap 4:8); y culmina en una adoración sin fin: «Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el dominio por los siglos de los siglos» (5:13). No es casualidad que las conferencias nacionales de Ligonier tradicionalmente terminen con el canto del «Aleluya» de Handel.

Sí, esta es nuestra teología. Ha sido el latido del corazón de Ligonier desde los primeros días de «La confraternidad de enseñanza de R.C. Sproul», expresado ahora por cincuenta años en una multitud de formas. Aquí todos formamos parte de esa confraternidad de enseñanza. Y esta teología, nuestra teología, se convierte en el taller de reparación divino, que nos lleva desde la ruina hasta la restauración final, pasando por la redención. ¡Soli Deo gloria!

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Sinclair B. Ferguson
Sinclair B. Ferguson

El Dr. Sinclair B. Ferguson es maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries y profesor canciller de Teología Sistemática en el Reformed Theological Seminary. Anteriormente, se desempeñó como ministro principal de la First Presbyterian Church en Columbia, S.C., y ha escrito más de dos docenas de libros, incluyendo El Espíritu Santo y Solo en Cristo.

Teología, teología, teología: ¿Por qué Ligonier?

Ministerios Ligonier

Serie: El ahora cuenta para siempre

Teología, teología, teología: ¿Por qué Ligonier?
Por Chris Larson

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

inisterios Ligonier ha seguido creciendo desde que nuestro querido fundador, el Dr. R.C. Sproul, falleció en el 2017. Muchos miembros del equipo se han unido a nosotros recientemente, añadiendo sus experiencias y habilidades. Es alentador ver cómo el alcance crece gracias a sus notables esfuerzos. Pero cualquier empresa duradera debe mantener su enfoque en la misión original y estar en guardia para evitar irse a la deriva. Por lo tanto, en muchas de nuestras reuniones de equipo, a menudo reitero la única cosa que hacemos en Ligonier: teología, teología, teología. No, no he olvidado cómo contar. La cuestión es recordar lo vital que es la teología no solo para nuestra misión como ministerio, sino para nuestras propias vidas como individuos. Permíteme ilustrar esto.

Quizá hayas visitado el Museo Británico de Londres. Es uno de mis lugares favoritos. Pasar por delante de maravillosas antigüedades de varios milenios de la historia del mundo es impresionante. Cada artefacto cuenta una historia. Pero en una visita reciente, aprendí que no cada artefacto cuenta una historia completa.

Hay una zona en la colección de Mesopotamia con artefactos de Asiria, incluidos algunos de Senaquerib, ese violento rey del que se habla en el Antiguo Testamento. En su época, fue el terror de Oriente Medio, asediando ciudades y sometiendo naciones. Hay un relieve en el Museo Británico del asedio de Laquis, una pequeña ciudad fortificada en la ruta hacia Jerusalén. Los reyes conquistadores paganos solían construir este tipo de monumentos para presumir de sus victorias. La escena representa la espantosa matanza de los israelitas por parte de Senaquerib en Laquis.

¿Qué falta en el Museo Británico? Sabemos que Senaquerib se dirigía a destruir Jerusalén y completar su conquista de Judá (2 Re 18:13-19:37). Cuando los ejércitos llegaron a asediar la capital, el profeta Isaías aconsejó al rey Ezequías que confiara en el Señor para su liberación. No hay ningún artefacto que cuente la victoria de Senaquerib sobre Jerusalén porque nunca ocurrió. La Biblia dice que un ángel del Señor destruyó de la noche a la mañana el ejército del rey extranjero, que interrumpió la campaña militar y regresó a Nínive.

El Señor lucha por Su pueblo. El poderío de los asirios no era rival. A través de las generaciones de Israel se transmitió la verdad de que solo hay un Dios y que Él no está callado (Ex 20:1-20; Dt 6:4; Is 44:6-8).

La palabra teología significa simplemente el estudio de o sobre Dios. La teología no es una actividad académica seca y polvorienta. La teología es el filo de una navaja con la vida y la muerte a ambos lados. Los israelitas tenían una teología correcta y vivieron. Los asirios tenían una teología corrupta y perecieron. Lo que está en juego no puede ser de mayor importancia para cada alma. Jesucristo dijo que conocer a Dios y a quien Él ha enviado es entrar en la vida eterna (Jn 17:3).

Al principio, Adán y Eva conocieron a Dios en verdad y luego suprimieron esa verdad en injusticia, y así la incredulidad destrozó el cosmos y nos arruinó hasta la médula. Desde ese trágico momento de exilio del Edén, en nuestro estado natural estamos en una batalla impía lanzada contra el santo Creador. Que haya guerra entre las naciones y falta de paz entre uno y otro es solo una manifestación de nuestra primera rebelión. Qué lío de pecado hemos hecho, y sin la capacidad de poder salvarnos. Si hemos de ser salvados, debe venir de fuera de nosotros. Sin una buena teología, la realidad es como un rompecabezas con pequeñas piezas, todas desparramadas, sin una imagen unificada. La teología, bien entendida, nos da una imagen de la realidad para ayudarnos a dar sentido al rompecabezas. Nos guía para recomponer las piezas, así como la imagen de la caja del rompecabezas, para que entendamos el mundo y a nosotros mismos correctamente. De este modo, la teología informa a todos los ámbitos del conocimiento y la experiencia humana.

El Dr. R.C. Sproul se centró en la teología como disciplina, abarcando todo lo que Dios ha revelado de forma general y particular. La humanidad está alejada de Dios. Como nuestros primeros padres, nacemos siendo supresores de la verdad. Sí, todo el mundo sabe que Dios es, pero no todo el mundo sabe quién es Dios. Ese es nuestro problema fundamental: no sabemos quién es Dios. Y porque no sabemos quién es Dios, no sabemos quiénes somos.

Ministerios Ligonier comenzó en el verano de 1971, justo cuando Estados Unidos estaba saliendo de la turbulenta década de los sesenta. Los cristianos se enfrentaban a un relativismo desenfrenado y a la agitación social. El secularismo se aceleró en la cultura y la teología liberal hizo metástasis en muchas iglesias y denominaciones. Allí, en las laderas de las montañas Allegheny de Pensilvania, cerca de un pequeño pueblo llamado Ligonier, comenzó un pequeño ministerio que buscaba equipar a los cristianos para conocer a Dios de una manera mejor y más profunda y para darlo a conocer. Este esfuerzo de discipulado y formación fue impulsado por el deseo de defender el cristianismo clásico, y esperando ayudar a inundar la cultura con cristianos bien entrenados y articulados que busquen ser fieles en el avance de la Gran Comisión. Por diseño, era una forma de evadir los principales medios de comunicación y a las iglesias establecidas bien financiadas.

Ante la abierta animosidad cultural a la que se enfrenta la Iglesia hoy en día, que sigue creciendo, los que son cristianos solo de nombre se están alejando. Las iglesias sincretistas establecidas, se van evaporando. El futuro de la Iglesia pertenece a los cristianos de convicción. Todos los problemas a los que nos enfrentamos son, en última instancia, teológicos; para reparar las ruinas, las soluciones deben ser teológicas.

Afortunadamente, a lo largo de los años, Dios ha traído muchos discípulos de la visión del Dr. Sproul que están comprometidos con la difusión del evangelio del Señor Jesucristo y con ver crecer una teología arraigada en las Escrituras en las iglesias de todo el mundo. La labor es intensa, sí, pero la promesa es segura: «Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar» (Hab 2:14). Estamos enrolados en ese esfuerzo. Una de las maravillas del evangelio es que hombres y mujeres pecadores sean utilizados para avanzar la misión de Dios en este mundo caído, trabajando en y a través de nuestras batallas con el mundo, nuestra propia carne y el diablo.

En su clásico libro La santidad de Dios, el Dr. Sproul comenta sobre Romanos 12:2:

El método clave que Pablo subraya como medio para la vida transformada es la «renovación de la mente». Esto significa nada más y nada menos que la educación. Una educación seria, profunda y disciplinada en las cosas de Dios. Exige un dominio de la Palabra de Dios. Tenemos que ser personas cuyas vidas han cambiado porque nuestras mentes han cambiado.

Por la gracia de Dios, el enfoque estricto del Dr. Sproul en la enseñanza de la teología ha cambiado muchas vidas. Él creía que todo el mundo es un teólogo y que importa ahora y para siempre si eres un teólogo bueno o malo. El simplemente impartir información a la mente humana es insuficiente. A través de la luz de la Escritura y la obra del Espíritu Santo, empezamos a comprender el carácter santo de Dios y nos damos cuenta de nuestra pecaminosidad. La Iglesia debe redescubrir el compromiso inquebrantable de proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud. Esta no es solo una declaración de la misión de Ministerios Ligonier, es el llamado de todo creyente. Si se diluye el carácter de Dios, se debilita nuestra capacidad de alcanzar a los incrédulos con el evangelio. Las estrategias misioneras bien intencionadas que se centran en el crecimiento por el solo hecho de crecer pueden dar beneficios temporales, pero tales estrategias no desarrollarán discípulos sanos ni plantarán iglesias sanas. La actividad ministerial con poca visión de futuro no es sostenible. El compromiso teológico en aras de los números es fatal.

Aunque el pueblo de Dios se ha visto a menudo consternado por circunstancias que escapan a su control, el progreso de la misión de Dios en este mundo es seguro. Nosotros, como el siervo de Eliseo en otro momento angustioso en el que los israelitas se vieron amenazados, tenemos la tentación de preocuparnos por las nubes de tormenta que se acumulan. Pero debemos recordar que «los que están con nosotros son más que los que están con ellos» (2 Re 6:16).

Al cumplir Ligonier su quincuagésimo año de ministerio, damos gracias por la bendición de Dios en nuestro pasado. Sin embargo, es evidente que tenemos la oportunidad de servir al pueblo de Dios como nunca antes. Hay mucho trabajo por hacer entre las naciones. ¿Podrías orar para que Dios despierte a más personas y le vean como Él realmente es? Que podamos ver una recuperación de la verdadera teología en la que hombres y mujeres, niños y niñas tengan una relación restaurada con Dios el Padre a través de Dios el Hijo y a través de la poderosa gracia de Dios el Espíritu Santo, y vivan vidas fructíferas ahora y para siempre.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Chris Larson
Chris Larson

Chris es el presidente y jefe ejecutivo de Ligonier. Dirige todas las iniciativas de alcance y operaciones ministeriales con el fin de difundir la histórica fe cristiana a tantas personas como sea posible.

Ayudar a la gente a conocer a Dios

Ministerios Ligonier

Serie: El ahora cuenta para siempre

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

Por Burk Parsons

En 1971, Dios usó a R.C. y Vesta Sproul para establecer Ligonier Valley Study Center. Lo que comenzó como un pequeño centro de estudios en las afueras del oeste de Pensilvania hace cincuenta años se ha convertido, por la maravillosa gracia de Dios, en un ministerio de enseñanza y discipulado que alcanza a millones de personas en todo el mundo. Cuando conocí los Ministerios Ligonier hace más de veinticinco años, lo que más me sorprendió fue que Ligonier no se parecía a ningún otro ministerio que yo conociera hasta entonces. Inmediatamente reconocí que el Dr. Sproul no solo se preocupaba por alcanzar a los incrédulos con el evangelio, sino que también tenía una pasión por alcanzar a los cristianos profesantes con el evangelio. Pero no se detuvo ahí. Su preocupación era ayudar a los creyentes a ser cristianos reflexivos y elocuentes que conocieran no solo el evangelio sino también todo el consejo de Dios, la teología de la Palabra de Dios, la historia de esa teología y cómo defender la totalidad de su fe. La pasión del Dr. Sproul era ayudar al mundo a conocer a Dios y ayudar a la Iglesia a conocer a Dios, no al Dios que nosotros creamos, sino al único Dios soberano, bondadoso, amoroso y santo de la Escritura.

Desde el principio de su ministerio, el Dr. Sproul observó que mucha gente en el mundo vive toda su vida centrada únicamente en asuntos temporales, en el aquí y ahora, prestando poca atención a la eternidad. Su preocupación alimentó su pasión por ayudar a la gente a conocer a Dios para que, al conocerlo, pudieran saber lo que realmente importa en la vida. Además, conocer a Dios nos ayuda a entender que nuestras vidas importan; que lo que hacemos importa y que conocer, amar y glorificar a Dios da sentido y propósito a nuestras vidas. Esta es una de las razones por las que el Dr. Sproul enseñaba con tanta pasión. Es la razón por la que muchos de nosotros nos sentimos atraídos por él, porque creímos que se preocupaba por nosotros lo suficiente como para estar dispuesto a enseñarnos las verdades difíciles sobre Dios. El Dr. Sproul no quiso que tuviéramos una visión superficial de Dios. Quería que creciéramos en nuestra comprensión de Dios para que supiéramos cuán grande es Su gracia y cuán santo es nuestro Dios.

Debido a la pasión y el compromiso del Dr. Sproul con la Palabra de Dios, Ministerios Ligonier siempre ha sido un hogar para los cristianos que no temen pensar con profundidad en lo que más importa en la vida y en la eternidad. Para R.C., decir que el ahora cuenta para siempre no era solo un eslogan o un nombre ingenioso para su columna de Tabletalk. Realmente lo creía, y vivió su vida para ayudarnos a creerlo. En Ligonier, nosotros también lo creemos, y existimos simplemente para servir a Dios ayudando a la gente a conocer a Dios y glorificarlo para siempre.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.

4/6 – CONOZCA SU BIBLIA

Alimentemos El Alma

Serie: Cómo estudiar la Biblia para enseñarla

4/6 – Conozca la Biblia

Evis Carballosa

Cómo Estudiar la Biblia para Enseñarla con el Dr. Evis Luis Carballosa.

Nuestro profesor desarrolla en seis lecciones temas muy importantes como Iluminación, Inspiración, Hermenéutica, Interpretación y Exégesis Bíblica. También aprendemos sobre el origen, los escritores, los manuscritos, las divisiones y la singularidad de la Biblia. ¡Esta es una serie que necesita escuchar para ser un buen estudiante y maestro de la Palabra de Dios!

Tienes 6 lecciones en este curso: MATRICULATE GRATUITAMENTE EN EL INSTITUTO BÍBLICO DE BBN

https://www.bbnradio.org/wcm4/bbnbisp…https://bbn1.bbnradio.org/spanish/

2 Corintios 4:5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.

Alimentemos El Alma

https://alimentemoselalma.com/

3/6 – CONOZCA SU BIBLIA

Alimentemos El Alma

Serie: Cómo estudiar la Biblia para enseñarla

3/6 – Conozca la Biblia

Evis Carballosa

Cómo Estudiar la Biblia para Enseñarla con el Dr. Evis Luis Carballosa.

Nuestro profesor desarrolla en seis lecciones temas muy importantes como Iluminación, Inspiración, Hermenéutica, Interpretación y Exégesis Bíblica. También aprendemos sobre el origen, los escritores, los manuscritos, las divisiones y la singularidad de la Biblia. ¡Esta es una serie que necesita escuchar para ser un buen estudiante y maestro de la Palabra de Dios!

Tienes 6 lecciones en este curso: MATRICULATE GRATUITAMENTE EN EL INSTITUTO BÍBLICO DE BBN

https://www.bbnradio.org/wcm4/bbnbisp…https://bbn1.bbnradio.org/spanish/

2 Corintios 4:5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.

Alimentemos El Alma

https://alimentemoselalma.com/

2/6 – CONOZCA SU BIBLIA

Alimentemos El Alma

Serie: Cómo estudiar la Biblia para enseñarla

2/6 – Conozca la Biblia

Evis Carballosa

Cómo Estudiar la Biblia para Enseñarla con el Dr. Evis Luis Carballosa.

Nuestro profesor desarrolla en seis lecciones temas muy importantes como Iluminación, Inspiración, Hermenéutica, Interpretación y Exégesis Bíblica. También aprendemos sobre el origen, los escritores, los manuscritos, las divisiones y la singularidad de la Biblia. ¡Esta es una serie que necesita escuchar para ser un buen estudiante y maestro de la Palabra de Dios!

Tienes 6 lecciones en este curso: MATRICULATE GRATUITAMENTE EN EL INSTITUTO BÍBLICO DE BBN

https://www.bbnradio.org/wcm4/bbnbisp…https://bbn1.bbnradio.org/spanish/

2 Corintios 4:5 Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos por amor de Jesús.

Alimentemos El Alma

https://alimentemoselalma.com/

La expiación limitada

Ministerios Ligonier

Serie: Doctrinas mal entendidas

La expiación limitada
Por Jonathan Gibson

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Doctrinas mal entendidas

l pastor J. C. Ryle comentó una vez que «la ausencia de definiciones precisas es la vida misma de la controversia religiosa». Esto es especialmente cierto cuando se trata de la doctrina de la expiaciódoctrinn limitada. El adjetivo «limitado», solo por su nombre, crea un problema. En la historia de la redención, la expiación de Cristo es el clímax de la tan esperada salvación de Dios, entonces, ¿por qué querría alguien limitarla?

Por supuesto, en cierto nivel, todos limitan la expiación de Cristo: algunos limitan su alcance (solo para los elegidos de Dios); otros limitan su eficacia (no salva a todas las personas para las que estaba destinada). Por lo tanto, no se trata de si alguien limita la expiación de Cristo; sino de cómo. Por eso propongo un término más positivo y menos ambiguo: expiación definida.

La doctrina de la expiación definida establece que en la muerte de Jesucristo, el Dios trino se propuso lograr la redención de cada persona que el Padre dio al Hijo en la eternidad pasada y aplicar los logros de Su sacrificio a cada uno de ellos por el Espíritu Santo. En pocas palabras: la muerte de Cristo tuvo la intención de ganar la salvación del pueblo de Dios únicamente, y no solo tuvo la intención de hacerlo, sino que también lo logrará. En este sentido, el adjetivo «definida» cumple una doble función: denota la intención de la muerte de Cristo (solo para Sus elegidos) y denota la eficacia de la muerte de Cristo (Él realmente salvará a Sus elegidos, garantizando su fe en el evangelio). Jesús será fiel a Su nombre: «Él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1:21).

La muerte de Cristo tuvo la intención de ganar la salvación del pueblo de Dios únicamente, y no solo tuvo la intención de hacerlo, sino que también lo logrará.

Desde la madura expresión de la doctrina en el Sínodo de Dort (1618-19), la doctrina de la expiación definida ha recibido una buena cantidad de críticas. En el siglo XVIII, Juan Wesley predicó que la doctrina era contraria a «todo el tenor del Nuevo Testamento». En el siglo XIX, John McLeod Campbell, un ministro de la Iglesia de Escocia, argumentó que la doctrina robaba al creyente la seguridad personal de que Cristo «me amó y se entregó a sí mismo por mí» (Gal 2:20). En el siglo XX, Karl Barth se quejó de que la «doctrina siniestra» era una deducción lógica de la visión equivocada de Juan Calvino respecto a la doble predestinación. Otros han expresado su preocupación de que la expiación definida sea como el talón de Aquiles de la teología reformada, una debilidad que destruye el evangelismo y la misión.

Sin embargo, a pesar de estas críticas, quiero proponer que deberíamos (re)afirmar la doctrina de la expiación definida, al menos por tres razones.

SU BASE BÍBLICA

Varios textos del Nuevo Testamento hablan del amor de Dios, o de la muerte de Cristo, por «muchos» (Rom 5:1519), por «todos» (11:32; 2 Co 5:14-15Col 1:201 Tim 2:64:10Tit 2:11), y por «el mundo» (Jn 3:162 Co 5:191 Jn 2:2). Estos textos suelen ser empleados por quienes quieren defender una expiación universal. En cambio, hay varios textos del Nuevo Testamento que hablan del amor de Dios, o de la muerte de Cristo, por un grupo particular de personas: por «mí» (Gal 2:20), por la «iglesia» (Hch 20:28Ef 5:25), por «un pueblo» (Tit 2:14), y por «nosotros» los creyentes (Rom 5:88:321 Co 5:7Gal 3:13Ef 5: 21 Tes 5:10Tit 2:14). Cuando los textos universalistas y particularistas se leen juntos, parecería que la razón recae en los proponentes de una expiación universal al explicar por qué el Nuevo Testamento pudiera alguna vez hablar del amor de Dios, o de la muerte de Cristo, en términos limitados si en realidad no existe tal limitación.

Sin embargo, proporcionar un conjunto de «textos probatorios» particularistas no prueba la doctrina de la expiación definitiva más de lo que un conjunto de «textos probatorios» demuestra la Trinidad o la deidad de Cristo. No se llega a tales doctrinas simplemente acumulando textos bíblicos como apoyo; también implica sintetizar internamente doctrinas relacionadas que inciden en una doctrina particular. La síntesis teológica es una parte importante de cualquier construcción doctrinal.

SU SÍNTESIS TEOLÓGICA

La doctrina de la expiación definida no existe en el vacío; más bien, está conectada con una serie de otras doctrinas que también inciden en ella. Esto se puede demostrar en Efesios 1:3-14. En este gran párrafo de una sola oración (en el griego), donde Pablo desglosa las bendiciones que nos pertenecen en Cristo, el apóstol habla de la obra salvadora de Dios en tres maneras.

Primero, la obra salvadora de Dios es indivisible. Pablo presenta la obra salvadora de Dios en un lienzo temporal que va desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura. Consiste en cuatro momentos distintos de la salvación: la redención predestinada, cuando Dios nos escogió antes de la fundación del mundo (vv. 4-5); la redención cumplida, cuando Cristo nos redimió mediante Su sangre (v. 7); la redención aplicada, cuando Dios selló Su Palabra en nuestros corazones por Su Espíritu (v. 13); y la redención consumada, cuando poseamos nuestra herencia futura que nos ha sido otorgada por el Espíritu (v. 14). Estos cuatro momentos de la obra salvadora de Dios son indivisibles; es decir, son momentos distintos pero inseparables del acto único de salvación de Dios. Esto significa que la expiación definida de Cristo (redención cumplida) nunca puede separarse del decreto eterno de Dios (redención predestinada) o de la obra santificadora de Dios por Su Espíritu (redención aplicada), que está conectada con nuestra glorificación en el último día (redención consumada).

En segundo lugar, la obra salvadora indivisible de Dios es trinitaria. En este pasaje, Pablo se refiere a cada miembro de la Trinidad y Sus respectivos roles en la obra de salvación. El Padre nos elige y predestina (vv. 4-5); el Hijo nos redime por Su sangre, perdonando nuestros pecados (v. 7); y el Espíritu sella la Palabra de Dios en nuestros corazones (v. 13) a la vez que sirve como garantía de nuestra herencia futura (vv. 13-14). Las tres personas de la Trinidad trabajan juntas para lograr un único acto de salvación desde la eternidad pasada hasta la eternidad futura. Por lo tanto, cuando se trata de la intención de la expiación de Cristo, las personas de la Trinidad no tienen propósitos cruzados, sino que trabajan juntas en armonía para lograr la salvación.

En tercer lugar, la obra salvadora indivisible y trinitaria de Dios se realiza en Cristo. Varias veces en este párrafo, Pablo usa la frase preposicional «en Cristo» o «en Él». La fraseología habla de la unión del creyente con Cristo, que atraviesa los cuatro momentos de la salvación: fuimos escogidos «en Él» antes de la fundación del mundo (v. 4; la redención predestinada); «en Él» tenemos redención mediante Su sangre (v. 7; la redención cumplida); «en Él» fuimos sellados con el Espíritu Santo (v. 13; la redención aplicada); «en Él» hemos obtenido una herencia futura (v. 11; la redención consumada). Por lo tanto, no hay momento de nuestra salvación que no esté dentro de la esfera de la unión con Cristo. Esto garantiza que, si bien los momentos de redención son distintos, son inseparables.

SU ÍMPETU PASTORAL

Dos estímulos pastorales surgen de la doctrina de la expiación definida, basada en la Biblia y sintetizada teológicamente. Primero, a pesar de las protestas en sentido contrario, la expiación definida no priva al creyente de la seguridad personal; más bien, la fundamenta. Cuando Jesús murió en la cruz, estábamos en Su mente. Como comentó Martín Lutero, «la dulzura del evangelio se encuentra en los pronombres personales: “el Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gal 2:20)». En segundo lugar, contrario a lo que argumentan algunas personas, la expiación definida no corta el suministro de fuerzas al evangelismo y la misión; más bien, se las aumenta. Si es cierto que Cristo murió por todas las personas sin distinción (que expió a todo tipo de personas: ricas, pobres, hombres, mujeres, asiáticas, africanas, europeas, etc.) como siempre ha mantenido la fe reformada, entonces la misión se convierte en un esfuerzo emocionante y gratificante. Dado que Cristo definitivamente ha rescatado a personas para Dios de cada tribu, lengua, pueblo y nación, algunos de cada uno de estos ciertamente creerán en el evangelio (Ap 5:9). La expiación definida, por tanto, no es un obstáculo para la evangelización y la misión; en todo caso, es un ímpetu.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jonathan Gibson
Jonathan Gibson

El Dr. Jonathan Gibson es profesor asociado de Antiguo Testamento en el Seminario Teológico Westminster de Filadelfia y ministro ordenado de la Iglesia Presbiteriana Internacional del Reino Unido.

PURIFICACIÓN

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

PURIFICACIÓN

Oh Señor,
Cuyo poder es infinito y sabiduría infalible,
ordena las cosas de manera que ellas no puedan
ni detenerme ni desanimarme, ni ofrecer
obstáculos para el progreso de tu causa.
Permanece entre mí y toda contienda, que
ningún mal acontezca, ni el pecado corrompa
mis dones, celo, logros. Que yo pueda seguir el
deber y no cualquier disposición tonta de mí
mismo. No me dejes trabajar en la obra que Tú
no bendecirás, para que yo pueda servirte sin
deshonra o atraso. Concédeme habitar en Tu
lugar secretísimo, bajo tu sombra, donde la
protección es impenetrable, a salvo de la flecha
que vuela de día, la pestilencia que anda en
oscuridad, la contienda de lenguas, la malicia, la
mala voluntad, el dolor de la conversación cruel,
los lazos de la [mala] compañía, de los peligros de
la juventud, de las tentaciones de la vida
madura, de las aflicciones de la vejez, del miedo
a la muerte. Soy completamente dependiente de
Tu apoyo, consejo, consuelo. Ampárame por Tu
espíritu libre, y que yo no me imagine ser lo
suficiente, para ser preservado de caer, más que
siempre pueda proseguir, abundando siempre en
la obra que Tú me das que haga. Fortaléceme
por Tu Espíritu en mi interior para todo
propósito de mi vida Cristiana. Todos mis
tesoros, los entrego a la sombra de la seguridad
que está en Ti, mi nombre nuevo en Cristo, mi
cuerpo, alma, talento, carácter, mi éxito, esposa,
hijos, amigos, trabajo, mi presente, mi futuro, mi
fin. Tómalos, porque son Tuyos, y yo soy tuyo,
ahora y para siempre.

Los medios ordinarios de gracia

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: Los medios ordinarios de gracia

Los medios ordinarios de gracia
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Los medios ordinarios de gracia

unca he escuchado a un cristiano decir que no cree que Dios es soberano, pero sí he escuchado a muchos cristianos profesantes definir la soberanía de Dios de una manera que, a fin de cuentas, hace que el hombre sea soberano sobre Dios. Tienen una visión de la soberanía en la que el hombre es grande y Dios es pequeño. La gente dice: «Sé que Dios es soberano, pero…». A decir verdad, muchos cristianos profesantes en realidad no creen que Dios es soberano. Y si no creemos que Dios es soberano, en realidad no creemos que Dios es Dios; pero el problema es mucho más profundo.

Muchos cristianos que profesan creer que Dios es soberano sobre todo creen en un tipo de soberanía que es más similar al determinismo islámico que al teísmo bíblico, una especie de nihilismo teísta que cree que nada de lo que hacemos realmente importa: que Dios es soberano y nosotros somos simples títeres movidos por un hilo. Eso no es lo que la Biblia enseña sobre la soberanía de Dios. Él revela en la Escritura que de verdad es soberano sobre todas las cosas, que ordenó de antemano todo lo que acontece y que no es autor del pecado ni lo aprueba (Is 46:10Stg 1:13; Confesión de Fe de Westminster 3.1). Él revela que es soberano sobre todo y que nosotros somos culpables por nuestras acciones (Hch 2:23). Nos muestra que Él es la causa primaria y que usa causas secundarias ―como nosotros― para llevar a cabo Sus propósitos supremos (Pr 16:33Jn 19:11). Revela que, aunque ha ordenado los fines de todas las cosas, también ha ordenado los medios para todos los fines (Hch 4:27-28).

Cuando se trata de nuestra adoración a Dios, demasiados cristianos piensan que en verdad no importa lo que hagamos ni cómo lo hagamos porque nuestro Dios soberano puede usar cualquier medio para cumplir Sus propósitos supremos. Sin embargo, eso no justifica que usemos medios que Dios no nos ha dado. No obstante, hay muchos cristianos y muchas iglesias que creen que podemos usar cualquier medio ingenioso que inventemos para conseguir los fines que deseamos.

Si de verdad creemos que Dios es soberano, debemos confiar en los medios que Él ordenó soberanamente para producir los fines que Él desea. Los medios que Dios instituyó para nuestro sustento y crecimiento espiritual en la gracia son los que denominamos medios ordinarios de gracia, es decir, la Palabra, la oración, los sacramentos del bautismo y la Cena del Señor, además de la disciplina eclesiástica y el cuidado de las almas, que van necesariamente ligados a los anteriores. Estos medios son designados por Dios, tienen el poder del Espíritu Santo y nos apuntan a Cristo. Además, nos sostienen y alimentan en nuestra unión con Cristo mientras descansamos en los fines soberanos de nuestro Dios trino.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.