La teología y la Iglesia

Ministerios Ligonier

Serie: El ahora cuenta para siempre

La teología y la Iglesia
Por W. Robert Godfrey

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

a teología, la verdad que viene de Dios y es acerca de Dios, es para la vida de la Iglesia. Jesús está construyendo Su Iglesia haciendo discípulos que le sigan, confesando la verdad de que Él es «el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mt 16:16). Los discípulos son aquellos a los que Jesús da vida para que anden en Su camino y según Su verdad. Como dijo Jesús: «Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8:31-32).

En la Gran Comisión, Jesús envía a Sus discípulos a hacer discípulos y construir Su Iglesia por todo el mundo. ¿Cómo deben los discípulos hacer discípulos? Jesús resume esa enorme tarea en dos puntos notablemente breves: Sus discípulos harán discípulos bautizándolos y enseñándoles. Si estas palabras de Jesús no fueran tan familiares, muchos de nosotros podríamos encontrar este resumen algo sorprendente. Podríamos esperar el encargo de enseñar, pero incluir el encargo de bautizar en un resumen tan breve es quizá algo inesperado. Pero las sorpresas invitan a la reflexión y a la meditación. Al pensar en ello, podemos ver lo apropiado y útil que es.

Vemos en esta comisión que el hacer discípulos tiene dos partes: traerlos y edificarlos. Los discípulos son aquellos que han sido traídos por el bautismo y son edificados por la enseñanza que cambia vidas.

Jesús dirige nuestra atención al bautismo, no en el sentido estricto de la ceremonia del agua, sino en el sentido más amplio de todo lo que implica el bautismo. Podemos ver esto claramente en el ministerio de Juan el Bautista. Su ministerio de bautismo incluye su predicación de las buenas noticias (Lc 3:18), su llamado al arrepentimiento (v. 3) y su insistencia en el fruto del arrepentimiento (v. 8). El bautismo incluye tanto la predicación de las promesas de Dios como el llamado a la respuesta adecuada a esas promesas. El bautismo verdaderamente hace entrar a los discípulos, llamándolos a iniciar la vida de fe.

En este sentido, el bautismo es propiamente fundacional para ser un discípulo porque presenta las promesas de Dios y también llama a los bautizados a la fe y al compromiso. La promesa central de Dios a los pecadores en el bautismo es que Él lavará sus pecados y los perdonará. Cuando Jesús, en la Gran Comisión, especifica que Sus discípulos bautizarán en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, muestra que la promesa del bautismo procede del Dios trino y está garantizada por la Trinidad.

La liturgia bautismal de las iglesias reformadas holandesas, redactada en el siglo XVI y utilizada durante siglos en estas iglesias, desarrolla de forma útil las funciones y promesas distintivas que se refieren a cada persona de la Trinidad. Esta liturgia declara lo que el bautismo significa y lo que el bautismo promete al pueblo de Dios, no lo que el agua del bautismo realiza en cada persona bautizada. En el bautismo, Dios el Padre promete que «hace un pacto eterno de gracia con nosotros y nos adopta como hijos y herederos». En el bautismo, Dios el Hijo promete que «nos lava en Su sangre de todos nuestros pecados, incorporándonos a la comunión de Su muerte y resurrección, para que seamos liberados de nuestros pecados y considerados justos ante Dios». En el bautismo, Dios el Espíritu Santo promete que «habitará en nosotros y nos santificará… hasta que finalmente seamos presentados sin mancha entre la asamblea de los escogidos en la vida eterna». Estas promesas en el bautismo declaran el corazón y el centro de nuestra esperanza en el evangelio. El bautismo no es simplemente una ceremonia externa o simplemente una acción de la iglesia o de un creyente. Es, en primer lugar, «una Palabra visible» que expresa la Palabra predicada de la promesa del evangelio, según leemos: «Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados» (Mr 1:4).

En esta liturgia bautismal reformada holandesa se expone la teología del bautismo para la Iglesia. Muestra el significado del bautismo desde el lado de Dios en las promesas proclamadas, pero también desde el lado humano en el llamado al compromiso. Ese llamado al compromiso se expresa con fuerza:

Considerando que en todo pacto hay dos partes, así pues, por medio del bautismo, Dios nos amonesta y nos obliga a una nueva obediencia, a saber, que nos unamos a este único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que confiemos en Él y lo amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; que abandonemos el mundo, crucifiquemos nuestra vieja naturaleza y caminemos en una vida piadosa. Y si a veces, por debilidad, caemos en pecados, no debemos por ello desalentarnos de la misericordia de Dios, ni continuar en el pecado, ya que el bautismo es un sello y un testimonio indudable de que tenemos un pacto eterno con Dios.

Ser discípulo es escuchar las promesas y luego creerlas y vivirlas.

El bautismo nos conecta necesariamente a la iglesia. El bautismo nunca es simplemente individual porque debe ser realizado por otro. El bautismo es por la iglesia y en la iglesia. La vida cristiana no es una vida solitaria sino que se vive en la comunidad de fe. Cristo está edificando Su Iglesia y nosotros debemos ser miembros de ella, no solo como una conexión formal sino como una parte clave de nuestra vida como discípulos.

Además de ordenar el bautismo, Jesús nos dirige a la enseñanza para edificar las vidas del pueblo de Dios. A lo largo de Su ministerio terrenal, Jesús enseñó la verdad sobre lo que Sus discípulos debían saber y cómo debían vivir para Él. Sus apóstoles continuaron esa labor de enseñanza con total autoridad. Las enseñanzas de Jesús, tanto las de Su ministerio terrenal como las de Sus apóstoles, fueron reunidas y preservadas para Su Iglesia en las Sagradas Escrituras. La iglesia que sigue a Cristo enseña fielmente Su teología a partir de la Biblia para que los cristianos conozcan la verdad y la vivan.

Tal enseñanza es una gran empresa. Jesús no llama a Su Iglesia a enseñar solo las verdades básicas ni algunas de las verdades ni tampoco muchas de las verdades de la Palabra de Dios. Él nos comisiona a enseñar todo lo que Él ha mandado. Podemos priorizar las verdades, pero no tenemos derecho a eliminar ninguna de ellas. Él nos llama a un conocimiento exhaustivo de esta voluntad y a una vida completa y plena consagrada a Él.

Uno de los peligros más graves que las iglesias pueden crear para sí mismas es alterar la enseñanza de la Biblia. Esto pueden hacerlo al rechazar, distorsionar, ignorar o añadir a algunas de las enseñanzas de Jesús. Las iglesias liberales eliminan las enseñanzas que no son intelectual o moralmente aceptables para sus mentes. Las iglesias evangélicas con demasiada frecuencia han tratado de hacer el cristianismo más atractivo para los no creyentes enseñando un evangelio simple o simplificado.

Por el contrario, las iglesias reformadas han tratado de ser ampliamente bíblicas en su enseñanza, lo que se refleja en sus normas confesionales, llenas de doctrina y ética.

En la iglesia, tanto los ministros como la congregación son responsables de una enseñanza completa. Los ministros deben planear cuidadosamente lo que van a enseñar y cómo comunicarlo de manera que realmente edifique al pueblo. La Palabra de Dios es el depósito de la verdad para la iglesia y los ministros deben enseñarla. Deben resistir la tentación de convertirse en proveedores de entretenimiento o psicólogos de la cultura pop. 

El pueblo de Dios, especialmente en una cultura democrática, también tiene un deber muy serio. Debe animar a los ministros a enseñar todo el consejo de Dios y buscar y apoyar con entusiasmo dicha enseñanza. De lo contrario, la iglesia permanecerá muy inmadura. Pablo escribió advirtiendo a los corintios: «Así que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo. En verdad, ni aun ahora podéis, porque todavía sois carnales. Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, ¿no sois carnales y andáis como hombres?» (1 Co 3:1-3). Lo mismo se dice en Hebreos:

Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. Pues aunque ya deberíais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal (5:11-14).

Las iglesias inmaduras y los cristianos inmaduros todavía están atrapados en la carne y por lo tanto se han convertido en oídos sordos. La iglesia madura escucha con avidez la Palabra para aprender y ser entrenada en el discernimiento y la justicia. La iglesia necesita la teología para hacer discípulos, tanto los que son traídos a la iglesia como los que son edificados en la verdad. Ligonier se dedica a proveer materiales de enseñanza fiel para ayudar a edificar discípulos en la verdad.

La Gran Comisión de Jesús de hacer discípulos no se cumplirá completamente hasta que todos los escogidos de Dios hayan sido traídos a la Iglesia. Tenemos mucho por hacer en circunstancias difíciles. Pero tenemos la gran promesa de Jesús para sostenernos en nuestro llamado: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
W. Robert Godfrey
W. Robert Godfrey

El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, y presidente emérito y profesor emérito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.

Mi vida cambió de dirección

Viernes 11 Marzo

Estaba yo postrado, y (Dios) me salvó.

Salmo 116:6

Vida y misericordia me concediste.

Job 10:12

Mi vida cambió de dirección

“Tenía un inmenso vacío en mí, un vacío tan grande que caí en una profunda depresión.

 – Para mí Dios no existía como tal, pues pensaba que él era simplemente aquello que me permite vivir: aire, sol, agua y alimento.

 – Jesús hablaba de amor, pero para mí, solo era un hombre.

 – Para mí, la Biblia era un libro como los demás, del ámbito de la fantasía.

Yo era militar. En cierta ocasión, después de una noche en el bar de mi regimiento, un compañero me habló del Evangelio. Aunque estaba un poco ebrio, reflexioné sobre ello durante la noche. Al día siguiente, cuando regresaba a casa para pasar el fin de semana, llevé a un autoestopista; luego él me invitó a beber algo. Entramos en un café cristiano justo cuando se terminaba una reunión de evangelización. Después de conversar con el predicador me di cuenta de que Dios me llamaba, pues no creía en el azar. Fue allí donde sentí y comprendí la necesidad de cambiar. A menudo mi compañero me hablaba del Evangelio, y juntos asistimos a reuniones semanales para estudiar la Biblia. En agosto del mismo año empecé a ir a una congregación cristiana de mi pueblo; allí fui bautizado a principios del siguiente año. El Señor cambió todo en mí. Hace 30 años que le pertenezco, y aunque la vida no siempre ha sido fácil desde entonces, no me arrepiento de haberlo aceptado como Salvador”. V.G.

“No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad” (Juan 17:16-17).

Éxodo 23 – Hechos 17:1-15 – Salmo 32:1-4 – Proverbios 11:11-12

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

DESCANSANDO EN DIOS

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

DESCANSANDO EN DIOS

¡Oh Dios, Altísimo, Gloriosísimo!
El pensamiento de Tu Infinita serenidad me
alegra, pues estoy afanando y sufriendo,
perturbado y angustiado, más Tú estás para
siempre en perfecta paz. Tus planes no causan
ningún miedo recelo o precaución de
insatisfacción, permanecen firmes como los
montes eternos. Tu poder no conoce ninguna
obligación, tu bondad ninguna restricción. Tú
derribas órdenes en la confusión, y mis derrotas
son Tus Victorias: El Señor Dios omnipotente reina.

Yo vengo a ti como pecador, con las
preocupaciones y las tristezas, para lanzar cada
ansiedad enteramente a Ti, cada pecado clamar
por la sangre preciosa de Cristo; revive la
profunda espiritualidad en mi corazón;
permítanme vivir cerca del gran Pastor, oír su
voz, conocer Sus sonidos, seguir sus llamadas.
Guárdame de engaño para que me hagas vivir en la verdad; Del mal, ayudándome a caminar
en el poder del Espíritu. Dame más fuerza de fe
en las verdades eternas, ardiendo dentro de mí
por la experiencia de las cosas que yo conozco;
hazme que yo jamás este avergonzado de la
Verdad del Evangelio, para que yo pueda
soportar sus reproches, reivindico que veo a
Jesús en su esencia, conociendo el poder del Espíritu.

Señor, ayúdame, porque yo estoy a menudo tibio
y frío; la incredulidad deforma mi confianza, el
pecado me hace olvidarte a Ti. Haz que las
malas hierbas que crecen en mi alma sean
cortadas en sus raíces; concédeme conocer que
verdaderamente yo vivo, sólo cuando yo vivo
para Ti, que todo lo demás sea insignificante.
Que solamente en Tu presencia puede hacerme
santo, devoto, fuerte y feliz. Habita en mí,
misericordioso Dios. En el nombre que es sobre todo nombre, Amén.

La teología y la Iglesia

Ministerios Ligonier

Serie: Doctrinas mal entendidas

La teología y la Iglesia

Por W. Robert Godfrey

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

a teología, la verdad que viene de Dios y es acerca de Dios, es para la vida de la Iglesia. Jesús está construyendo Su Iglesia haciendo discípulos que le sigan, confesando la verdad de que Él es «el Cristo, el Hijo del Dios viviente» (Mt 16:16). Los discípulos son aquellos a los que Jesús da vida para que anden en Su camino y según Su verdad. Como dijo Jesús: «Si vosotros permanecéis en mi palabra, verdaderamente sois mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres» (Jn 8:31-32).

En la Gran Comisión, Jesús envía a Sus discípulos a hacer discípulos y construir Su Iglesia por todo el mundo. ¿Cómo deben los discípulos hacer discípulos? Jesús resume esa enorme tarea en dos puntos notablemente breves: Sus discípulos harán discípulos bautizándolos y enseñándoles. Si estas palabras de Jesús no fueran tan familiares, muchos de nosotros podríamos encontrar este resumen algo sorprendente. Podríamos esperar el encargo de enseñar, pero incluir el encargo de bautizar en un resumen tan breve es quizá algo inesperado. Pero las sorpresas invitan a la reflexión y a la meditación. Al pensar en ello, podemos ver lo apropiado y útil que es.

Vemos en esta comisión que el hacer discípulos tiene dos partes: traerlos y edificarlos. Los discípulos son aquellos que han sido traídos por el bautismo y son edificados por la enseñanza que cambia vidas.

Jesús dirige nuestra atención al bautismo, no en el sentido estricto de la ceremonia del agua, sino en el sentido más amplio de todo lo que implica el bautismo. Podemos ver esto claramente en el ministerio de Juan el Bautista. Su ministerio de bautismo incluye su predicación de las buenas noticias (Lc 3:18), su llamado al arrepentimiento (v. 3) y su insistencia en el fruto del arrepentimiento (v. 8). El bautismo incluye tanto la predicación de las promesas de Dios como el llamado a la respuesta adecuada a esas promesas. El bautismo verdaderamente hace entrar a los discípulos, llamándolos a iniciar la vida de fe.

En este sentido, el bautismo es propiamente fundacional para ser un discípulo porque presenta las promesas de Dios y también llama a los bautizados a la fe y al compromiso. La promesa central de Dios a los pecadores en el bautismo es que Él lavará sus pecados y los perdonará. Cuando Jesús, en la Gran Comisión, especifica que Sus discípulos bautizarán en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, muestra que la promesa del bautismo procede del Dios trino y está garantizada por la Trinidad.

La liturgia bautismal de las iglesias reformadas holandesas, redactada en el siglo XVI y utilizada durante siglos en estas iglesias, desarrolla de forma útil las funciones y promesas distintivas que se refieren a cada persona de la Trinidad. Esta liturgia declara lo que el bautismo significa y lo que el bautismo promete al pueblo de Dios, no lo que el agua del bautismo realiza en cada persona bautizada. En el bautismo, Dios el Padre promete que «hace un pacto eterno de gracia con nosotros y nos adopta como hijos y herederos». En el bautismo, Dios el Hijo promete que «nos lava en Su sangre de todos nuestros pecados, incorporándonos a la comunión de Su muerte y resurrección, para que seamos liberados de nuestros pecados y considerados justos ante Dios». En el bautismo, Dios el Espíritu Santo promete que «habitará en nosotros y nos santificará… hasta que finalmente seamos presentados sin mancha entre la asamblea de los escogidos en la vida eterna». Estas promesas en el bautismo declaran el corazón y el centro de nuestra esperanza en el evangelio. El bautismo no es simplemente una ceremonia externa o simplemente una acción de la iglesia o de un creyente. Es, en primer lugar, «una Palabra visible» que expresa la Palabra predicada de la promesa del evangelio, según leemos: «Juan el Bautista apareció en el desierto predicando el bautismo de arrepentimiento para el perdón de pecados» (Mr 1:4).

En esta liturgia bautismal reformada holandesa se expone la teología del bautismo para la Iglesia. Muestra el significado del bautismo desde el lado de Dios en las promesas proclamadas, pero también desde el lado humano en el llamado al compromiso. Ese llamado al compromiso se expresa con fuerza:

Considerando que en todo pacto hay dos partes, así pues, por medio del bautismo, Dios nos amonesta y nos obliga a una nueva obediencia, a saber, que nos unamos a este único Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo; que confiemos en Él y lo amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con toda nuestra mente y con todas nuestras fuerzas; que abandonemos el mundo, crucifiquemos nuestra vieja naturaleza y caminemos en una vida piadosa. Y si a veces, por debilidad, caemos en pecados, no debemos por ello desalentarnos de la misericordia de Dios, ni continuar en el pecado, ya que el bautismo es un sello y un testimonio indudable de que tenemos un pacto eterno con Dios.

Ser discípulo es escuchar las promesas y luego creerlas y vivirlas.

El bautismo nos conecta necesariamente a la iglesia. El bautismo nunca es simplemente individual porque debe ser realizado por otro. El bautismo es por la iglesia y en la iglesia. La vida cristiana no es una vida solitaria sino que se vive en la comunidad de fe. Cristo está edificando Su Iglesia y nosotros debemos ser miembros de ella, no solo como una conexión formal sino como una parte clave de nuestra vida como discípulos.

Además de ordenar el bautismo, Jesús nos dirige a la enseñanza para edificar las vidas del pueblo de Dios. A lo largo de Su ministerio terrenal, Jesús enseñó la verdad sobre lo que Sus discípulos debían saber y cómo debían vivir para Él. Sus apóstoles continuaron esa labor de enseñanza con total autoridad. Las enseñanzas de Jesús, tanto las de Su ministerio terrenal como las de Sus apóstoles, fueron reunidas y preservadas para Su Iglesia en las Sagradas Escrituras. La iglesia que sigue a Cristo enseña fielmente Su teología a partir de la Biblia para que los cristianos conozcan la verdad y la vivan.

Tal enseñanza es una gran empresa. Jesús no llama a Su Iglesia a enseñar solo las verdades básicas ni algunas de las verdades ni tampoco muchas de las verdades de la Palabra de Dios. Él nos comisiona a enseñar todo lo que Él ha mandado. Podemos priorizar las verdades, pero no tenemos derecho a eliminar ninguna de ellas. Él nos llama a un conocimiento exhaustivo de esta voluntad y a una vida completa y plena consagrada a Él.

Uno de los peligros más graves que las iglesias pueden crear para sí mismas es alterar la enseñanza de la Biblia. Esto pueden hacerlo al rechazar, distorsionar, ignorar o añadir a algunas de las enseñanzas de Jesús. Las iglesias liberales eliminan las enseñanzas que no son intelectual o moralmente aceptables para sus mentes. Las iglesias evangélicas con demasiada frecuencia han tratado de hacer el cristianismo más atractivo para los no creyentes enseñando un evangelio simple o simplificado.

Por el contrario, las iglesias reformadas han tratado de ser ampliamente bíblicas en su enseñanza, lo que se refleja en sus normas confesionales, llenas de doctrina y ética.

En la iglesia, tanto los ministros como la congregación son responsables de una enseñanza completa. Los ministros deben planear cuidadosamente lo que van a enseñar y cómo comunicarlo de manera que realmente edifique al pueblo. La Palabra de Dios es el depósito de la verdad para la iglesia y los ministros deben enseñarla. Deben resistir la tentación de convertirse en proveedores de entretenimiento o psicólogos de la cultura pop. 

El pueblo de Dios, especialmente en una cultura democrática, también tiene un deber muy serio. Debe animar a los ministros a enseñar todo el consejo de Dios y buscar y apoyar con entusiasmo dicha enseñanza. De lo contrario, la iglesia permanecerá muy inmadura. Pablo escribió advirtiendo a los corintios: «Así que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Os di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podíais recibirlo. En verdad, ni aun ahora podéis, porque todavía sois carnales. Pues habiendo celos y contiendas entre vosotros, ¿no sois carnales y andáis como hombres?» (1 Co 3:1-3). Lo mismo se dice en Hebreos:

Acerca de esto tenemos mucho que decir, y es difícil de explicar, puesto que os habéis hecho tardos para oír. Pues aunque ya deberíais ser maestros, otra vez tenéis necesidad de que alguien os enseñe los principios elementales de los oráculos de Dios, y habéis llegado a tener necesidad de leche y no de alimento sólido. Porque todo el que toma solo leche, no está acostumbrado a la palabra de justicia, porque es niño. Pero el alimento sólido es para los adultos, los cuales por la práctica tienen los sentidos ejercitados para discernir el bien y el mal (5:11-14).

Las iglesias inmaduras y los cristianos inmaduros todavía están atrapados en la carne y por lo tanto se han convertido en oídos sordos. La iglesia madura escucha con avidez la Palabra para aprender y ser entrenada en el discernimiento y la justicia. La iglesia necesita la teología para hacer discípulos, tanto los que son traídos a la iglesia como los que son edificados en la verdad. Ligonier se dedica a proveer materiales de enseñanza fiel para ayudar a edificar discípulos en la verdad.

La Gran Comisión de Jesús de hacer discípulos no se cumplirá completamente hasta que todos los escogidos de Dios hayan sido traídos a la Iglesia. Tenemos mucho por hacer en circunstancias difíciles. Pero tenemos la gran promesa de Jesús para sostenernos en nuestro llamado: «He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28:20).

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
W. Robert Godfrey
W. Robert Godfrey

El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, y presidente emérito y profesor emérito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.

Criticada por los hombres

Jueves 10 Marzo

Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros… el que me juzga es el Señor… El Señor… aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios.

1 Corintios 4:3-5

Criticada por los hombres, pero aprobada por Dios

Tres ocasiones con María de Betania:

 – Lucas 10:38-42: Marta y su hermana María recibieron a Jesús en su casa. Marta se afanaba para atender bien a su huésped, pero María estaba sentada a los pies de Jesús, escuchándolo. Había olvidado todo lo demás. Su hermana se indignó y se quejó ante Jesús, quien le dijo: “María ha escogido la buena parte, la cual no le será quitada” (v. 42).

 – Juan 11:1-44: María acababa de perder a su hermano Lázaro y estaba en su casa llorando. Unos judíos fueron a consolarla. Jesús estaba cerca, pero todavía no había llegado… Marta envió un mensaje a María: “El Maestro (Jesús) está aquí y te llama” (Juan 11:28). María se levantó rápidamente. Los judíos no comprendieron. Pensaban que iba al sepulcro a llorar, pero ella iba a llorar a los pies del Señor. Jesús lloró con ella y luego resucitó a su hermano.

 – Juan 12:1-8: El odio de los judíos hacia Jesús fue aumentando, y María presentía que la muerte de Jesús estaba cerca. Ella quería expresar su amor y adoración a aquel que estaba a punto de dar su vida por los culpables. Mientras Jesús estaba a la mesa con Marta, Lázaro y varios discípulos, ella derramó sobre sus pies un perfume de mucho precio. Por ello recibió fuertes críticas. Pero para Jesús este gesto tenía un gran valor y lo aprobó públicamente: “Déjala; para el día de mi sepultura ha guardado esto”.

María escuchó a su Maestro, lloró a sus pies y lo adoró. Fue incomprendida y criticada. ¡Pero recibió la aprobación del Señor, y eso bastaba!

Éxodo 22 – Hechos 16:11-40 – Salmo 31:21-24 – Proverbios 11:9-10

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

48 – El antropocentrismo de la iglesia

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 48

El antropocentrismo de la iglesia

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Núñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

¿Somos espíritu, alma, y cuerpo?

Coalición Por El Evangelio

¿Somos espíritu, alma, y cuerpo?

¿Dicotomía o tricotomía? 

DAVID BARCELÓ

A medida que avanzaba en mis estudios de psicología, esta pregunta cobraba cada vez mayor importancia en mi cabeza. Las implicaciones son muchas. ¿La persona humana es tricotómica, compuesta de espíritu, alma, y cuerpo? ¿O por otro lado es dicotómica, compuesta de cuerpo y alma? En otras palabras, ¿cuándo hablamos de espíritu y de alma, estamos refiriéndonos a lo mismo?

Este es el argumento que uno escucha una y otra vez para justificar la presencia de la psicología en círculos evangélicos: “Somos un ser tripartito, tres partes, creados a imagen de Dios, como la Trinidad, somos espíritu, alma, y cuerpo”. Pero, ¿es este un argumento bíblico o solo un mito ampliamente aceptado?

Tal como escribe Ed Welch,

“Los ingredientes de lo psicológico ciertamente existen. Están entre los rasgos más importantes e interesantes de nuestra vida interior, los cuales incluyen nuestros patrones de pensamiento, emociones y motivaciones individuales. Pero, ¿es ese depósito conceptual –lo psicológico– una categoría real y útil, o es innecesaria y equívoca para entender la naturaleza humana? ¿Hay una parte distintiva en nosotros que no es espiritual ni biológica –sino psicológica?”

Como sigue exponiendo Welch, esta idea tripartita de la persona la popularizó Clyde Narramore a final de los años 50 con su anuncio de que

– si tienes un problema físico, debes ir al médico;

– si tienes un problema espiritual, debes ir al pastor;

– si tienes un problema del alma (psicológico), debes ir al psicólogo.

Parece lógico: tres partes de la persona, tres tipos de problemas, tres profesionales… Pero, ¿es esta la verdad bíblica? ¿Existe un área inmaterial de la persona que está desconectada de las Escrituras? ¿Quién decide lo que es psicológico y lo que es espiritual? Ansiedad, temor, problemas matrimoniales, rencor, ira, tristeza… ¿Son problemas del espíritu o del alma? ¿Existe una parte psicológica en mí que no tiene nada que ver con Dios? Las implicaciones de la tricotomía son alarmantes. Mirando atrás puedo decir que este asunto fue clave en mi proceso de dejar atrás la psicología y abrazar la consejería bíblica de todo corazón. 

Tricotomía y la Biblia

El pasaje que se suele usar para defender la tricotomía es 1 Tesalonicenses 5:23: “Y que el mismo Dios de paz los santifique por completo; y que todo su ser, espíritu, alma y cuerpo, sea preservado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”.

Pero si esta doctrina es tan importante, ¿por qué solo se cita aquí esta expresión; espíritu, alma, y cuerpo? En este pasaje el apóstol Pablo, en su deseo de describir la totalidad de nuestro ser, usa estos tres términos. ¿Pero pudiera haber utilizado otros? De hecho en Deuteronomio 6:5 encontramos una tricotomía diferente para expresar la plenitud de nuestra persona: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza”.

Y otra tricotomía más la vemos en Mateo 22:37: “ Y Él le contestó: Amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente”.

Entonces nos encontramos con el reto de tener varias tricotomías, ¡e incluso alguna “cuatricomía” también!: “y amaras al Señor tu Dios con todo tu corazon, y con toda tu alma, y con toda tu mente, y con toda tu fuerza” (Mr. 12:30). 

Dicotomía y la Biblia

Estos pasajes usan varias palabras para abarcar la totalidad de la persona, pero estas descripciones son siempre una enumeración de términos, no una lista exhaustiva. Para entender la antropología bíblica nos es necesario ver las Escrituras en su totalidad.

Dios formó al hombre “del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida” (Gn. 2:7). Dos sustancias. Según el contexto la sustancia material es llamada cuerpo o carne, y la sustancia inmaterial es llamada espíritu, alma, mente, pero sobre todo corazón. Estas palabras se usan de forma indistinta para referirse a la dimensión inmaterial de la persona, siendo corazón el término más usado y amplio para referirse a la vida interior del ser humano. Desde una óptica bíblica los pensamientos, motivaciones, y voluntad residen en el corazón, y el corazón se expresa a través del cuerpo.

Somos seres espirituales vestidos de una “morada terrestre” o “tabernáculo” (2 Co. 5:1). Aunque el “hombre exterior va decayendo, sin embargo nuestro hombre interior se renueva de día en día” (2 Co. 4:16). Dos sustancias, pero una sola persona. No es que tenga un cuerpo y tenga un alma. Es que soy un cuerpo y soy un alma. Como dice C. S. Lewis: “Somos seres compuestos –un organismo natural en un estado de simbiosis con un espíritu supernatural”. [1] Y en otra ocasión escribe:

“El espíritu (se siente) ‘en casa’ con su organismo, como un rey en su propio país o un jinete sobre su caballo –o mejor aún, como la parte humana de un centauro está ‘en casa’ con la parte equina”. [2]

El uso intercambiable de alma y espíritu es evidente en las Escrituras. Tanto el alma como el espíritu sienten tristeza (Jn. 13:21Mt. 26:38), y sienten gozo (Is. 61:3Sal. 86:4); tanto el alma como el espíritu pecan (Sal. 32:2Ez. 18:4), necesitan salvación (1 Co. 5:5Stg. 1:21) y son llevadas al cielo (He. 12:23Ap. 20:4). La diferencia no es ontológica. Nos referimos a lo mismo. La diferencia es semántica. Es una diferencia de lenguaje la que encontramos entre espíritu y alma. Por lo general el alma se entiende como más apegada al cuerpo, y el espíritu como más despegada del cuerpo. No es lo mismo que te digan “Ven, que en mi casa se han congregado hoy 50 almas”, que “Ven, que en mi casa se han congregado hoy 50 espíritus”. Seguramente irías a la primera casa, pero no a la segunda, ¿verdad?

Es imposible distinguir entre alma y espíritu, porque nos referimos a lo mismo. Encontramos en la Biblia muchos paralelismos hebreos que usan ambos términos como sinónimos. [3] Es tan imposible separarlos, que al describir el poder incomprensible de la Palabra de Dios, el autor de Hebreos nos dice que la Palabra es capaz de penetrar hasta partir el alma y el espíritu (He. 4:12). Aquí no se refiere a partir el alma, y a partir el espíritu, sino a dividir entre las dos, a separarlas.

Existe un yo interior e invisible, y un yo exterior y visible. El interior solo lo ve Dios, pero se expresa a través de un cuerpo que actúa, piensa, anda, habla, y siente. Por eso, aquello que la psicología moderna llama enfermedades desde la consejería bíblica entendemos que son meros síntomas de un asunto interior, de un corazón que se expresa. [4]

Somos un corazón que se comunica a través de un cuerpo. Esta es la comprensión bipartita del ser humano que la iglesia cristiana siempre ha sostenido. Como dice el Catecismo de Heidelberg, en su pregunta 1, “Pertenezco, en cuerpo y alma, en la vida y en la muerte, a mi fiel Salvador Jesucristo”. 

Sí. Los pastores y consejeros tenemos hoy día la gran responsabilidad y el gran reto de ser instrumentos en las manos de Aquel que conforta nuestras almas (Sal. 23:3), y tratar aquellos asuntos del corazón que según el mundo son psicológicos. 

[1C.S. Lewis, Miracles (New York: Macmillan, 1960), 126.


[2] C.S. Lewis, e Weight of Glory and Other Addresses (Grand Rapids: Eerdmans, 1949), 126.

[3] En el Nuevo Testamento griego pneuma y psiqué, y en el Antiguo Testamento hebreo ruah y nefesh. (Gn. 49:61 S. 1:15Job 7:11Is. 26:9Lc. 1:46-47).

[4] Understanding the Influences on the Human Heart. e Journal of Biblical Counseling. Winter 2002, 48. CCEF, Filadelfia. 

Publicado originalmente en la revista 9Marks.

David Barceló es pastor de la Iglesia Evangélica de la Gracia en Barcelona, España, desde sus inicios en el año 2005. Conferencista en varias ciudades de España y Latinoamérica. Felizmente casado con su esposa Elisabet, son padres de cuatro hijos, Moises, Daniel, Elisabet y Abraham.

¿Soy un verdadero cristiano?

Miércoles 9 Marzo

Estáis… llamados a ser de Jesucristo.

Romanos 1:6

Vosotros sois la sal de la tierra.

Mateo 5:13

¿Soy un verdadero cristiano?

¿Quién es un verdadero cristiano? ¿Alguien que va a la iglesia, o que fue bautizado? O más sencillamente, ¿un ciudadano de un país “cristianizado”? A lo largo del tiempo este término ha perdido gran parte de su sentido y valor. Pocas veces es empleado para designar a una persona realmente convertida a la fe cristiana, a un verdadero discípulo de Jesucristo. Se escucha mucho la expresión “el hábito no hace al monje”. Dios no mira la apariencia, sino el corazón (1 Samuel 16:7). Así, una persona que no tiene en cuenta a Jesucristo, pero se considera cristiana porque “va a la iglesia” o participa en buenas obras, solo es cristiana de apariencia. ¡No tiene ningún vínculo con Dios, quien lee el corazón!

Un verdadero cristiano se reconoció como pecador ante el Dios santo, y puso su fe y confianza enteramente en Jesucristo, crucificado por sus pecados. ¡Qué descanso saber que Jesús soportó el castigo! Murió, luego resucitó, mostrando que Él es Hijo de Dios.

El cristiano no es mejor que los demás. Tiene la misma naturaleza, que produce pensamientos impuros y malas obras: orgullo, mentira, ira… Pero aceptando a Jesús como Salvador, recibe la vida eterna, con la capacidad y la responsabilidad de mostrar en el mundo los caracteres de su Salvador. El Señor Jesús espera que sus rescatados sean sus testigos: “sois carta de Cristo” (2 Corintios 3:3). ¿Mi vida muestra esto?

Algunos “profesan conocer a Dios, pero con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados en cuanto a toda buena obra” (Tito 1:16). “Así que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra, santificado, útil al Señor” (2 Timoteo 2:21).

Éxodo 21 – Hechos 15:36-16:10 – Salmo 31:14-20 – Proverbios 11:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

9 – La Última Cena

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

9 – La Última Cena

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

Teología, teología, teología: ¿Por qué Ligonier?

Ministerios Ligonier

Serie: El ahora cuenta para siempre

Teología, teología, teología: ¿Por qué Ligonier?
Por Chris Larson

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: El ahora cuenta para siempre

inisterios Ligonier ha seguido creciendo desde que nuestro querido fundador, el Dr. R.C. Sproul, falleció en el 2017. Muchos miembros del equipo se han unido a nosotros recientemente, añadiendo sus experiencias y habilidades. Es alentador ver cómo el alcance crece gracias a sus notables esfuerzos. Pero cualquier empresa duradera debe mantener su enfoque en la misión original y estar en guardia para evitar irse a la deriva. Por lo tanto, en muchas de nuestras reuniones de equipo, a menudo reitero la única cosa que hacemos en Ligonier: teología, teología, teología. No, no he olvidado cómo contar. La cuestión es recordar lo vital que es la teología no solo para nuestra misión como ministerio, sino para nuestras propias vidas como individuos. Permíteme ilustrar esto.

Quizá hayas visitado el Museo Británico de Londres. Es uno de mis lugares favoritos. Pasar por delante de maravillosas antigüedades de varios milenios de la historia del mundo es impresionante. Cada artefacto cuenta una historia. Pero en una visita reciente, aprendí que no cada artefacto cuenta una historia completa.

Hay una zona en la colección de Mesopotamia con artefactos de Asiria, incluidos algunos de Senaquerib, ese violento rey del que se habla en el Antiguo Testamento. En su época, fue el terror de Oriente Medio, asediando ciudades y sometiendo naciones. Hay un relieve en el Museo Británico del asedio de Laquis, una pequeña ciudad fortificada en la ruta hacia Jerusalén. Los reyes conquistadores paganos solían construir este tipo de monumentos para presumir de sus victorias. La escena representa la espantosa matanza de los israelitas por parte de Senaquerib en Laquis.

¿Qué falta en el Museo Británico? Sabemos que Senaquerib se dirigía a destruir Jerusalén y completar su conquista de Judá (2 Re 18:13-19:37). Cuando los ejércitos llegaron a asediar la capital, el profeta Isaías aconsejó al rey Ezequías que confiara en el Señor para su liberación. No hay ningún artefacto que cuente la victoria de Senaquerib sobre Jerusalén porque nunca ocurrió. La Biblia dice que un ángel del Señor destruyó de la noche a la mañana el ejército del rey extranjero, que interrumpió la campaña militar y regresó a Nínive.

El Señor lucha por Su pueblo. El poderío de los asirios no era rival. A través de las generaciones de Israel se transmitió la verdad de que solo hay un Dios y que Él no está callado (Ex 20:1-20; Dt 6:4; Is 44:6-8).

La palabra teología significa simplemente el estudio de o sobre Dios. La teología no es una actividad académica seca y polvorienta. La teología es el filo de una navaja con la vida y la muerte a ambos lados. Los israelitas tenían una teología correcta y vivieron. Los asirios tenían una teología corrupta y perecieron. Lo que está en juego no puede ser de mayor importancia para cada alma. Jesucristo dijo que conocer a Dios y a quien Él ha enviado es entrar en la vida eterna (Jn 17:3).

Al principio, Adán y Eva conocieron a Dios en verdad y luego suprimieron esa verdad en injusticia, y así la incredulidad destrozó el cosmos y nos arruinó hasta la médula. Desde ese trágico momento de exilio del Edén, en nuestro estado natural estamos en una batalla impía lanzada contra el santo Creador. Que haya guerra entre las naciones y falta de paz entre uno y otro es solo una manifestación de nuestra primera rebelión. Qué lío de pecado hemos hecho, y sin la capacidad de poder salvarnos. Si hemos de ser salvados, debe venir de fuera de nosotros. Sin una buena teología, la realidad es como un rompecabezas con pequeñas piezas, todas desparramadas, sin una imagen unificada. La teología, bien entendida, nos da una imagen de la realidad para ayudarnos a dar sentido al rompecabezas. Nos guía para recomponer las piezas, así como la imagen de la caja del rompecabezas, para que entendamos el mundo y a nosotros mismos correctamente. De este modo, la teología informa a todos los ámbitos del conocimiento y la experiencia humana.

El Dr. R.C. Sproul se centró en la teología como disciplina, abarcando todo lo que Dios ha revelado de forma general y particular. La humanidad está alejada de Dios. Como nuestros primeros padres, nacemos siendo supresores de la verdad. Sí, todo el mundo sabe que Dios es, pero no todo el mundo sabe quién es Dios. Ese es nuestro problema fundamental: no sabemos quién es Dios. Y porque no sabemos quién es Dios, no sabemos quiénes somos.

Ministerios Ligonier comenzó en el verano de 1971, justo cuando Estados Unidos estaba saliendo de la turbulenta década de los sesenta. Los cristianos se enfrentaban a un relativismo desenfrenado y a la agitación social. El secularismo se aceleró en la cultura y la teología liberal hizo metástasis en muchas iglesias y denominaciones. Allí, en las laderas de las montañas Allegheny de Pensilvania, cerca de un pequeño pueblo llamado Ligonier, comenzó un pequeño ministerio que buscaba equipar a los cristianos para conocer a Dios de una manera mejor y más profunda y para darlo a conocer. Este esfuerzo de discipulado y formación fue impulsado por el deseo de defender el cristianismo clásico, y esperando ayudar a inundar la cultura con cristianos bien entrenados y articulados que busquen ser fieles en el avance de la Gran Comisión. Por diseño, era una forma de evadir los principales medios de comunicación y a las iglesias establecidas bien financiadas.

Ante la abierta animosidad cultural a la que se enfrenta la Iglesia hoy en día, que sigue creciendo, los que son cristianos solo de nombre se están alejando. Las iglesias sincretistas establecidas, se van evaporando. El futuro de la Iglesia pertenece a los cristianos de convicción. Todos los problemas a los que nos enfrentamos son, en última instancia, teológicos; para reparar las ruinas, las soluciones deben ser teológicas.

Afortunadamente, a lo largo de los años, Dios ha traído muchos discípulos de la visión del Dr. Sproul que están comprometidos con la difusión del evangelio del Señor Jesucristo y con ver crecer una teología arraigada en las Escrituras en las iglesias de todo el mundo. La labor es intensa, sí, pero la promesa es segura: «Pues la tierra se llenará del conocimiento de la gloria del SEÑOR como las aguas cubren el mar» (Hab 2:14). Estamos enrolados en ese esfuerzo. Una de las maravillas del evangelio es que hombres y mujeres pecadores sean utilizados para avanzar la misión de Dios en este mundo caído, trabajando en y a través de nuestras batallas con el mundo, nuestra propia carne y el diablo.

En su clásico libro La santidad de Dios, el Dr. Sproul comenta sobre Romanos 12:2:

El método clave que Pablo subraya como medio para la vida transformada es la «renovación de la mente». Esto significa nada más y nada menos que la educación. Una educación seria, profunda y disciplinada en las cosas de Dios. Exige un dominio de la Palabra de Dios. Tenemos que ser personas cuyas vidas han cambiado porque nuestras mentes han cambiado.

Por la gracia de Dios, el enfoque estricto del Dr. Sproul en la enseñanza de la teología ha cambiado muchas vidas. Él creía que todo el mundo es un teólogo y que importa ahora y para siempre si eres un teólogo bueno o malo. El simplemente impartir información a la mente humana es insuficiente. A través de la luz de la Escritura y la obra del Espíritu Santo, empezamos a comprender el carácter santo de Dios y nos damos cuenta de nuestra pecaminosidad. La Iglesia debe redescubrir el compromiso inquebrantable de proclamar, enseñar y defender la santidad de Dios en toda su plenitud. Esta no es solo una declaración de la misión de Ministerios Ligonier, es el llamado de todo creyente. Si se diluye el carácter de Dios, se debilita nuestra capacidad de alcanzar a los incrédulos con el evangelio. Las estrategias misioneras bien intencionadas que se centran en el crecimiento por el solo hecho de crecer pueden dar beneficios temporales, pero tales estrategias no desarrollarán discípulos sanos ni plantarán iglesias sanas. La actividad ministerial con poca visión de futuro no es sostenible. El compromiso teológico en aras de los números es fatal.

Aunque el pueblo de Dios se ha visto a menudo consternado por circunstancias que escapan a su control, el progreso de la misión de Dios en este mundo es seguro. Nosotros, como el siervo de Eliseo en otro momento angustioso en el que los israelitas se vieron amenazados, tenemos la tentación de preocuparnos por las nubes de tormenta que se acumulan. Pero debemos recordar que «los que están con nosotros son más que los que están con ellos» (2 Re 6:16).

Al cumplir Ligonier su quincuagésimo año de ministerio, damos gracias por la bendición de Dios en nuestro pasado. Sin embargo, es evidente que tenemos la oportunidad de servir al pueblo de Dios como nunca antes. Hay mucho trabajo por hacer entre las naciones. ¿Podrías orar para que Dios despierte a más personas y le vean como Él realmente es? Que podamos ver una recuperación de la verdadera teología en la que hombres y mujeres, niños y niñas tengan una relación restaurada con Dios el Padre a través de Dios el Hijo y a través de la poderosa gracia de Dios el Espíritu Santo, y vivan vidas fructíferas ahora y para siempre.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Chris Larson
Chris Larson

Chris es el presidente y jefe ejecutivo de Ligonier. Dirige todas las iniciativas de alcance y operaciones ministeriales con el fin de difundir la histórica fe cristiana a tantas personas como sea posible.