Viernes 14 Octubre Viendo el denuedo de Pedro y de Juan… les reconocían que habían estado con Jesús. Hechos 4:13 Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que sigáis sus pisadas. 1 Pedro 2:21 Ser cristiano Usted dice ser cristiano. ¿Qué significa esto para usted? Ser cristiano es seguir a Jesús y sus enseñanzas, dirá usted, con razón. Pero para esto primero es necesario creer en él y aceptarlo como Salvador personal. La Biblia dice: “Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo” (Hechos 16:31).
Y si somos creyentes, si por la fe hemos ido a Cristo confesando nuestros pecados, debemos seguirle e imitarlo. Él nos dejó un modelo de pensamiento, de actitud, de vida, que podemos reproducir. El comportamiento de un cristiano debe evidenciar que él pertenece a “Cristo”, como su nombre lo indica. “No es buen árbol el que da malos frutos, ni árbol malo el que da buen fruto. Porque cada árbol se conoce por su fruto; pues no se cosechan higos de los espinos, ni de las zarzas se vendimian uvas” (Lucas 6:43-44). Los que nos observan, ¿pueden reconocer que conocemos a Jesús por la fe y le seguimos?
Busquemos las virtudes que el Señor Jesús nos enseñó: “amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza” (Gálatas 5:22-23). Estas virtudes nos son comunicadas por el Espíritu de Dios que habita en cada creyente. ¿Anhelamos seguir este programa?
Mi Salvador, yo quisiera ser Como un eco de tu voz, Para proclamar, oh, dulce Maestro, El misterio de tu cruz. Deuteronomio 8 – Juan 6:1-21 – Salmo 117 – Proverbios 25:11
Las consecuencias de las adicciones Por Hearth Lambert
Nota del editor:Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las adicciones
La adicción no es un concepto abstracto para mí. En mi ministerio he aconsejado a muchas personas que han sido asaltadas por la adicción. El encuentro más costoso que he tenido con este problema fue con mi madre, que era adicta al alcohol. Tengo muy pocos recuerdos de mi madre sobria antes de cumplir los trece años. Debido a que crecí rodeado de adicciones y respondiendo a sus consecuencias, este tema es profundamente personal para mí.
Nuestra palabra adicción proviene de un término en latín que significa darse a uno mismo o rendirse. En efecto, las adicciones son cosas a las que nos entregamos. Los adictos se entregan en obediencia a algún objeto. La palabra adicción no es de las que aparecen en las Escrituras, pero el concepto al que se refiere es eminentemente bíblico. La realidad más profunda que la Biblia usa para describir este problema es la esclavitud.
En Romanos 6:15-23, el apóstol Pablo usa la metáfora de la esclavitud para describir el dominio del pecado sobre todo ser humano que existe aparte de Cristo. Dice: «¿No saben ustedes que cuando se presentan como esclavos a alguien para obedecerle, son esclavos de aquel a quien obedecen…?» (Ro 6:16). El pecado nos esclaviza. Nos convoca a la obediencia y nos rendimos de manera diligente al entregarnos a sus caprichos. Esta es la forma exacta en que funcionan las adicciones. Los adictos son cortejados por el objeto de su esclavitud y se rinden en obediencia a las órdenes de su amo. Pero las adicciones son amos crueles. Cuando seguimos los dictados de nuestras adicciones, terminamos sufriendo con el tipo de dolor que viene al seguir los mandatos de un gobernante malévolo. En Romanos 6, el apóstol Pablo detalla al menos tres consecuencias que inundan la vida de las personas que están atrapadas en el tipo de esclavitud que representan las adicciones.
En primer lugar, el tipo de esclavitud que vemos en la adicción es pecaminosa y lleva a más pecado. Pablo se dirige a los cristianos que en el pasado «presentaron sus miembros como esclavos a la impureza y a la iniquidad, para iniquidad» (Ro 6:19). Las adicciones están mal porque es pecaminoso entregarse a cualquier cosa que no sea Dios mismo. Pablo dice que aunque los cristianos son libres de disfrutar todos los buenos dones de Dios (1 Co 6:12), los creyentes no deben ser dominados por nada más aparte de Cristo. La esclavitud de la adicción es pecaminosa en sí misma y conduce a más pecado.
La adicción de mi madre al alcohol la condujo a muchos otros pecados. Bebía para emborracharse porque quería olvidar toda la oscuridad de su vida que le causaba tanto dolor. Llegó a depender de este olvido etílico a pesar de todas las demás maldades que tuvo que cometer para recibirlo. La esclavitud de mamá al alcohol la condujo a la pereza, la ira, el robo, el abuso infantil, la mentira, la promiscuidad y la manipulación, todo en formas que estaban conectadas de manera intrínseca con su llamado continuo a obedecer a su amo, el vodka. Como es el caso con todos los adictos, su esclavitud pecaminosa de adicción la llevó a más y más pecado.
En segundo lugar, la esclavitud de la adicción conduce a la vergüenza. En Romanos 6:21, Pablo pregunta: «¿Qué fruto tenían entonces en aquellas cosas de las cuales ahora se avergüenzan?». La vergüenza es el remordimiento doloroso que sentimos cuando, en nuestro sano juicio, reflexionamos sobre las cosas miserables que hicimos en nuestra necia obediencia al dominio duro de nuestras adicciones. El comportamiento ridículo y autodestructivo de los adictos en su esclavitud a los objetos de su devoción es obvio para todos excepto para los propios adictos. Cuando un razonamiento claro arroja luz sobre su insensatez, conduce al tipo de vergüenza a la que se refiere Pablo.
Años después de que ella dejó de beber, me senté con mi madre mientras reflexionaba sobre la locura pecaminosa que produjo su esclavitud al alcohol. Mientras ella pensaba en los años de violencia que había acumulado sobre mi hermano y sobre mí, las docenas de hombres con los que había compartido su cuerpo y las relaciones que alguna vez fueron preciosas y que habían sido destruidas, apenas se atrevía a hablar. El dolor de tales consecuencias la llevó al suelo en un charco de lágrimas y vergüenza.
Finalmente, el tipo de esclavitud que se manifiesta en las adicciones conduce a la muerte. Después de realizar su pregunta sobre la vergüenza, Pablo agrega de forma inmediata: «Porque el fin de esas cosas es muerte» (Ro 6:21). La esclavitud de la adicción lleva a más pecado, a la vergüenza y a la muerte. En la Biblia, por supuesto, la muerte expresa la experiencia física que apunta a una experiencia espiritual más profunda. La muerte de nuestros cuerpos físicos apunta a la separación espiritual de Dios que nos deja muertos en nuestros delitos y pecados (Ef 2:1). Cada uno de estos significados bíblicos de la muerte es resaltado en la experiencia de la adicción.
Cuando tenía once años, un juez finalmente le dio a mi papá la custodia total de mi hermano y mía. Cuando llegó con un oficial de policía para recogernos, la última imagen que vi de mi madre fue ella desmayada en su propio vómito. No la volvería a ver durante dos años y más tarde me enteré de que casi había muerto ese día. Su esclavitud al alcohol la llevó al borde de la muerte. Pero ella tenía problemas mucho peores que ese.
Su adicción pecaminosa al alcohol fue solo una manifestación de un corazón pecaminoso que se negó a expresar dependencia en el Cristo resucitado. Hizo cosas que la llevaron a la muerte porque era objeto de ira y la muerte era su destino. El mayor problema de mi mamá no era que su cuerpo físico se estuviera muriendo, sino que ya había muerto en su espíritu. Las adicciones conducen a la muerte física porque son manifestaciones de la muerte espiritual. La muerte es la paga que recibes por tu esclavitud al pecado como una persona que está muerta en sus delitos y pecados (Ro 6:23).
Esta verdad llega a una realidad en Romanos 6 sobre la adicción que es quizás más profunda que la honestidad de Pablo acerca de las consecuencias de esas adicciones. Al abordar la esclavitud al pecado, Romanos 6 no destaca la adicción. La metáfora de la esclavitud incluye la adicción, pero no se limita a ella. La esclavitud no es solo una ilustración poderosa para aquellos con una adicción obvia. Cada uno de nosotros sabe lo que es estar esclavizado. Eso significa que, de una forma u otra, todos somos adictos.
No tienes que luchar con las adicciones obvias del sexo, el juego, las drogas o el alcohol para ser un esclavo. La metáfora de la esclavitud demuestra que todos somos propensos a un dominio pecaminoso por cosas que no son Cristo. Todos estamos enganchados a algo. Pudiera ser la heroína, pero es más probable que sean los elogios, la televisión, la ropa nueva, Facebook, los helados o docenas de otros amos que compiten con el Cristo resucitado en nuestros corazones. La esclavitud a las adicciones sutiles conduce al pecado, la vergüenza y la muerte de manera tan segura como las más extravagantes. Simplemente lo hacen con más delicadeza y lentitud. La diferencia está en la gradualidad.
Mi mamá era adicta al licor. Su esclavitud pecaminosa la llevó a pecados atrevidos, a una vergüenza desgarradora y a una muerte obvia que aparecía en los titulares de su vida. Yo no lucho con su adicción. El amo que tiendo a seguir se parece más a un cono de helado que a una botella de alcohol. Pero mi corazón pecaminoso puede aferrarse a ese dulce aceptable con una falta de confianza en Dios tan profunda como la demostrada por mi madre cada vez que estaba de juerga. Mis esclavitudes pecaminosas no aparecen en los titulares sino en la letra pequeña de mi vida, al añadir pecados adicionales que son más sutiles y con consecuencias más aceptables socialmente que la borrachera de mi madre. Mis esclavitudes me matarán de manera más lenta de lo que el pecado de mi madre la estaba matando. Pero mi habilidad para pecar con mayor delicadeza que mi madre en última instancia no me libra de esas esclavitudes. En todos los sentidos importantes, todos somos adictos porque todos somos esclavos. Y todos nosotros, a nuestra manera, experimentaremos las consecuencias que vienen de vivir una vida de esclavitud.
Pero ahí es donde entran las buenas noticias. Romanos 6 enfatiza que los creyentes ya no somos esclavos del pecado. No estamos atados a las adicciones pecaminosas que nos dominan.
Pero gracias a Dios, que aunque ustedes eran esclavos del pecado, se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de doctrina a la que fueron entregados, y habiendo sido libertados del pecado, ustedes se han hecho siervos de la justicia (Ro 6:17-18).
La Biblia promete que todos los que siguen a Jesús tienen un nuevo amo y al final conocerán la libertad de todo amo pecaminoso.
Esta es una buena noticia para los adictos. Mi madre finalmente se cansó de las consecuencias de su adicción al alcohol y se tomó en serio la idea de recuperar la sobriedad. Gracias al trabajo de algunas personas muy devotas, a la larga pudo dejar su hábito de beber. Pero ella seguía siendo una adicta. Fumaba de manera incesante, se arruinaba con las compras compulsivas y se acostaba con personas. No fue hasta que mi mamá conoció a Jesús que en verdad cambió. Su nuevo Amo, Cristo, finalmente rompió su esclavitud a todo pecado, no solo a la bebida.
Cómo Jesús rompe el control de la adicción sobre nosotros, lentamente y a través del tiempo, es el tema de otro artículo mucho más extenso. Pero el punto de Romanos 6:15-23 es que los adictos son esclavos que experimentarán las amargas consecuencias de esa esclavitud. Y, de manera más gloriosa, el punto es que Dios ha hecho provisión para que los adictos esclavizados sigan a un Amo mejor que los libera de la esclavitud al hacernos seguidores de Él. Esa es una buena noticia para todos nosotros, los adictos: mi mamá, yo e incluso tú.
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine. Hearth Lambert Heath Lambert es el director ejecutivo de la Association of Certified Biblical Counselors. Es profesor visitante del The Southern Baptist Theological Seminary y pastor asociado de la First Baptist Church en Jacksonville, Florida.
Jueves 13 Octubre Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás. Salmo 50:15 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo. Romanos 5:1 Invoqué el nombre de Jesús Testimonio “En mi infancia, mi padre, no practicante, me presionaba a ir a la iglesia. Cuando llegué a cierta edad, no encontré allá ninguna respuesta satisfactoria a las preguntas importantes de mi vida. Entonces me volví a la filosofía. Luego, el consumo de droga suave durante años me condujo a un hospital siquiátrico.
En ese momento Dios comenzó a hablarme. Encontré al Señor en mi cama de hospital, cuando estaba en el fondo del abismo. Él me abrió los ojos y yo le abrí mi corazón entregándole toda mi vida para que viniera a morar en mí. Por primera vez en mi vida invoqué el nombre de Jesús pidiéndole que me ayudara.
Ese día experimenté por primera vez la autoridad y el poder que hay en el nombre del Señor Jesús. Él me liberó de la droga que me atormentaba, y me mostró el camino a seguir. Supe que había sido perdonado y salvado porque la carga de mi pecado, que pesaba tanto sobre mi conciencia, me fue quitada por el mismo Señor Jesús. Me sentí aliviado, feliz, libre; nadie podía quitarme este gozo, esta paz y esta felicidad que acababa de recibir a través de esta nueva vida. Seguidamente, el Señor me llamó con mi esposa a su servicio en un ministerio que cumplimos actualmente, felices de hacer su voluntad”. Léandre
“Muéstrame, oh Señor, tus caminos; enséñame tus sendas… porque tú eres el Dios de mi salvación; en ti he esperado todo el día… De los pecados de mi juventud, y de mis rebeliones, no te acuerdes; conforme a tu misericordia acuérdate de mí, por tu bondad” (Salmo 25:4-7).
La humanidad de Jesús es igualmente importante como su deidad. Jesús nació como un ser humano mientras aún seguía siendo totalmente divino. El concepto de la humanidad de Jesús coexistiendo con su deidad es difícil de comprender para la mente limitada del hombre. No obstante, la naturaleza de Jesús, completamente hombre y completamente Dios, es un hecho bíblico. Hay quienes rechazan estas verdades bíblicas y declaran que Jesús era un hombre, pero no de Dios (Ebionismo). El docetismo opina que Jesús era Dios, pero no hombre. Ambos puntos de vista son falsos y antibíblicos.
Jesús tuvo que nacer como un ser humano por varias razones. Uno se detalla en Gálatas 4:4-5: «Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos». Sólo un hombre podría ser «nacido bajo la ley». Ningún animal o ser angelical está «bajo la ley». Sólo los seres humanos han nacido bajo la ley, y sólo un ser humano podría redimir a otros seres humanos nacidos bajo la misma ley. Nacido bajo la ley de Dios, todos los seres humanos son culpables de transgredir esa ley. Sólo un hombre perfecto — Jesucristo — perfectamente podría guardar la ley y cumplirla, y por lo tanto rescatarnos de esa culpa. Jesús obtuvo nuestra redención en la cruz, intercambiando nuestro pecado por su perfecta justicia (2 Corintios 5:21).
Otra razón por la que Jesús tuvo que ser plenamente humano, es porque Dios estableció la necesidad del derramamiento de sangre para la remisión de los pecados (Levítico 17:11; Hebreos 9:22). La sangre de los animales, aunque fueron aceptables de manera temporal, como un anuncio de la sangre del perfecto Dios-Hombre, era insuficiente para la remisión definitiva del pecado «porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados» (Hebreos 10:4). Jesucristo, el Cordero de Dios perfecto, sacrificó su vida humana y derramó su sangre humana para cubrir los pecados de todos los que llegarían a creer en Él. Si Él no hubiera sido hombre, esto hubiera sido imposible.
Además, la humanidad de Jesús le permite relacionarse con nosotros, de una manera que los ángeles o los animales no pueden. “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado» (Hebreos 4:15). Sólo un ser humano podría compadecerse de nuestras debilidades y tentaciones. En su humanidad, Jesús fue sometido a toda clase de pruebas que nosotros tenemos, y por lo tanto, Él es capaz de comprendernos y de ayudarnos. Él fue tentado, perseguido, pobre, despreciado, sufrió dolor físico y soportó los dolores de la muerte más cruel y prolongada. Sólo un ser humano podría experimentar estas cosas, y sólo un ser humano las podía entender completamente a través de la experiencia.
Por último, fue necesario para Jesús el venir en carne, porque creer esa verdad es un requisito para la salvación. Declarar que Jesucristo ha venido en carne es la marca de un espíritu que viene de Dios, mientras que el anticristo y todos los que lo siguen, niegan esta verdad (1 Juan 4:2-3). Jesús ha venido en carne; Él es capaz de compadecerse de nuestras humanas debilidades; su sangre humana fue derramada por nuestros pecados; y Él era ciento por ciento Dios y ciento por ciento hombre. Estas son las verdades bíblicas que no se puede negar.
Dr. Josiah Grauman es Decano de educación en español y profesor de exposición bíblica en The Master’s Seminary. Él también sirve como anciano en el ministerio en español en Grace Community Church.
(Jesús dijo:) Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador… Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, este lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.
“En todo el mundo vegetal no existe ningún árbol que ilustre de manera más elocuente que la viña la relación del hombre con Dios. No hay ninguno cuyo fruto y jugo sean tan vivificantes y estimulantes. Pero tampoco existe ninguno que, al mismo tiempo, sea tan básicamente inútil, porque su madera no sirve para nada, sino para ser echada al fuego.
De todas las plantas, ninguna necesita ser podada tan despiadada e incesantemente como ella. Ninguna es tan dependiente de los cuidados del que la cultiva”. A. Murray
Comprendemos que Jesús haya tomado la imagen de la viña para enseñarnos una doble e importante lección. Él mismo se designa como la vid, el tronco de la viña; los creyentes son los sarmientos, dicho de otra manera, las ramas. Se entiende que la rama de un árbol solo está viva y puede producir fruto si está unida al tronco que la sostiene, y si la savia circula en ella.
“Permaneced en mí”, dice Jesús (la rama unida a la vid), “y yo en vosotros” (la savia circulando en la rama): es la primera condición para llevar fruto. “Porque separados de mí nada podéis hacer”, confirma el Señor a sus discípulos.
Segunda condición: someterse a una cuidadosa y competente poda por mano del viticultor, “el Padre”, para que llevemos más fruto. Llevar fruto, más fruto, es dejar que la vida de Jesús ocupe nuestros pensamientos, hacer su voluntad, hacer lo que le agrada.
Nota del editor:Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: Las adicciones
«Yo quiero»; así comienzan las adicciones. Luego, mediante pequeños pasos, el querer se convierte en necesidad. No existe una definición reconocida de adicción, pero la mayoría de las definiciones propuestas comparten un núcleo común. Las adicciones son búsquedas compulsivas de un objeto o estado mental deseado que, de manera general, no responde a las inevitables consecuencias dañinas de esas búsquedas compulsivas. La mayoría de las definiciones también incluyen cómo los comportamientos adictivos cambian los patrones cerebrales subyacentes.
Cada descenso a la adicción es único. Existen miles de maneras de caer en esta atadura. Sin embargo, hay observaciones generales que pueden ayudarnos a comprender y ayudar mejor a quienes tienen adicciones.
Los adictos suelen buscar una experiencia física alterada; cuanto más rápida e intensa, mejor. Por eso los estimulantes, la cocaína, los narcóticos, los opioides, los sedantes y el alcohol son populares. La comida, especialmente la «comida reconfortante», está en la lista, pero no tiene la eficiencia o intensidad de las sustancias ilícitas o con prescripción.
El sexo produce una de las experiencias sensoriales más potentes. Como tal, se ha perseguido a lo largo de la historia de la humanidad y ha provocado muchas tragedias, tanto para los adictos como para sus seres queridos. Dado que es fácilmente accesible en persona, de manera impresa y digital, todos los elementos sexuales son tentaciones importantes en la adicción.
Las redes sociales y los videojuegos son objetos de deseo más recientes, pero pueden consumir tanto que las escuelas primarias ya están patrocinando semanas en las que los niños renuncian de manera voluntaria al tiempo frente a la pantalla. Las redes sociales tienen poder a través de su promesa de conexión social y de estar en la moda en lugar de estar afuera. Los videojuegos ofrecen algo de poder social y la oportunidad de pasar tiempo en un universo alternativo. Tanto las redes sociales como los videojuegos aportan una estimulación neurológica al cerebro que supera lo que se puede experimentar en una conversación normal o en un buen libro.
Si bien el corazón humano desenfrenado siempre está clamando «quiero» y «quiero más», las adicciones son más prominentes en algunas culturas que en otras. Para maximizar nuestro potencial adictivo como seres humanos, una cultura debe incluir un énfasis en la libertad individual y en la indulgencia personal, y las sustancias adictivas más comunes deben estar disponibles de manera fácil. El tiempo de ocio es un añadido. En estos entornos, las adicciones florecerán y se multiplicarán.
Estas son observaciones generales que son bien conocidas y no dependen de una revelación especial. Existen otras observaciones que solo están disponibles a través del lente de la Escritura.
La percepción más esencial de la Escritura sobre las adicciones es que las adicciones tienen que ver con Dios. Las sustancias adictivas se convierten en «nuestro pronto auxilio en las tribulaciones» (Sal 46:1). Aunque es común que las discusiones sobre las adicciones se vuelvan hacia la espiritualidad, tales discusiones generalmente no hablan sobre la confianza en el Dios único y verdadero, y no suelen reflejar el hecho de que las decisiones adictivas tienen que ver con Dios. Aunque la literatura popular sobre las adicciones identifica las correcciones, nunca identifica el arrepentimiento ante el Señor.
Que la naturaleza de la adicción apunta hacia lo divino se presenta claramente en el relato bíblico de la idolatría. Aquí encontrarás el deseo humano descarriado y mucho más.
En primer lugar, las circunstancias importan en la idolatría (adicción). La historia primigenia transcurre durante el éxodo de Egipto. El corazón humano es, para usar la imagen de Juan Calvino, una fábrica perpetua de ídolos que no necesita provocación para trabajar. Pero los tiempos de incertidumbre y angustia crean la temperatura ideal. En otras palabras, generalmente podemos identificar las pruebas y tentaciones que preceden a la idolatría flagrante. En el desierto, el pueblo tenía alimentos y agua limitados, la perspectiva de que todos morirían y un líder que estaba aislado en una montaña con Dios y no podía ser contactado. Tal escenario era propicio para que los israelitas cometieran idolatría.
La más común entre las pruebas y tentaciones identificadas en las adicciones modernas es que algunas personas están programadas para las adicciones, y que esa programación se complica aún más con la propia adicción. La Escritura no se opone a esta idea, especialmente cuando esa programación se toma como una causa contribuyente en lugar de algo irresistible. Pero, como es de esperar, la Escritura agrega más.
La Escritura añade al «mundo» como otra influencia sobre las adicciones. Esto incluye las formas en que la cultura, los amigos, los medios de comunicación, los profesores o los padres pueden contribuir a las adicciones. Considera, por ejemplo, aquellos que crecen en un barrio donde las personas más respetadas son traficantes de drogas. O considera la influencia de un hogar en el que la pornografía está disponible y es aceptable. Estas son tentaciones que son más de lo que la mayoría puede soportar. Sin embargo, la mayoría de las veces, el poder del mundo no nos agarra por el cuello. En cambio, ejerce su influencia a través de conversaciones casuales que sugieren que la buena vida se encuentra en seguir nuestros deseos.
La Escritura también incluye las dificultades de la vida como una provocación para las adicciones, y aquí nos acercamos especialmente a la historia del desierto. La vida es dura y está llena de conflictos. Casi cada momento es un recordatorio de que algo está torcido en nuestro mundo. En respuesta, buscamos alivio. Los únicos lugares posibles de refugio están en Dios mismo o en algo de Su creación. Los adictos se vuelven hacia la creación en lugar del Creador.
Cuando consideras estas dificultades en el cuidado de un adicto, a menudo descubres victimización, rechazo, vergüenza y muchas penas. En consecuencia, tus conversaciones pueden tratar más sobre el consuelo y el afecto de Dios por los desposeídos y menos sobre la relación con la sustancia adictiva.
Las adicciones, al menos en sus inicios, tienen sus razones. Son una forma de manejar la vida —a veces una vida muy difícil— con nuestras propias fuerzas. Los ayudadores sabios profundizan en los detalles de la historia de una persona que la llevaron a la adicción.
Segundo, la idolatría (adicción) tiene que ver con el deseo. El Antiguo Testamento se enfoca en la adoración real de ídolos, mientras que el Nuevo Testamento apunta a los deseos que subyacen a la idolatría. Resulta que somos gente de deseos, amores y antipatías. Nuestros deseos pueden ser buenos o idólatras, e incluso naturales. Por ejemplo, debemos desear o amar a Dios por encima de todo (Dt 6:5), ese es el mejor de los deseos. Somos propensos a desear lo que otros tienen, lo cual es un deseo codicioso o idólatra. Y al pueblo de Dios se le dijo que en la tierra prometida podían comer lo que quisieran (Dt 12:20), lo que es un deseo natural.
Los deseos idólatras comienzan de manera típica con una semilla de deseo que es natural y apropiada cuando se mantiene bajo control. Estos deseos pueden ser de finanzas adecuadas, salud, hijos obedientes, inclusión, placer, descanso y justicia. La idea clave de la Escritura es que estos deseos normales, e incluso buenos, tienden a crecer (Stg 1:15). A medida que se fortalecen, luchan contra nosotros como un gigante desatado que encuentra poca satisfacción (Ef 4:19; Stg 4:1). Cada vez que nuestros deseos se alejan de Dios, nuestros corazones se quedan con ganas de más.
Este cambio de enfoque, de los ídolos reales a los deseos subyacentes, nos lleva de forma inmediata a la red de la idolatría. Antes de considerar las idolatrías de las drogas, el sexo y el alcohol, que son las más llamativas, la Escritura nos recuerda los ídolos cotidianos que son las personas y el dinero. Vivimos buscando el respeto y la aprobación de los demás (Pr 29:25), y estamos obsesionados con los ingresos personales (Mt 6:24). Muchas de las idolatrías más flagrantes se basan en esos dos objetos de adoración.
Los ayudadores sabios saben que ellos mismos son propensos a los deseos idólatras y que, como los adictos, ellos también están bajo esta rica enseñanza sobre el deseo y su remedio.
En tercer lugar, la idolatría practicada (adicción) es esclavitud y tragedia. Con el tiempo, los idólatras adquieren las características del objeto amado. Como tales, los idólatras se vuelven cada vez más vacíos al imitar algo que no tiene vida; mienten porque aquello que persiguen les hace promesas que no puede cumplir (Is 44:20), y la vida se convierte en una tragedia (Pr 23:29-35). Lo que no está claro es la fuente del poder del objeto, ya que se trata simplemente de una piedra o un palo de madera. Sin embargo, detrás de ese palo hay un mundo de gobernantes y autoridades que están aliados con el diablo. Aparentemente, el diablo se complace en ser adorado por medio de un representante.
Por lo tanto, la adicción es una esclavitud voluntaria. Los adictos toman decisiones. Ellos tienen el control. Están comprometidos con su forma de administrar la vida. No obstante, también están esclavizados y fuera de control. Están dominados por el triunvirato del mundo, la carne y el diablo. Es por eso que los expertos en adicciones ya no esperan a que alguien toque fondo para intervenir, porque no hay fondo que aporte claridad o empodere a una persona descontrolada y esclavizada.
En cuarto lugar, la liberación de la idolatría (adicción) comenzó en el ministerio de Jesús y continúa a medida que confiamos en Él, descubrimos los muchos beneficios de la cruz y la resurrección, y recibimos el Espíritu de Jesús. Dios en el Edén comenzó a llamar a Su pueblo a salir de la idolatría. Esta obra se volvió inconfundible cuando Jesús fue al desierto por nosotros y confió en Su Padre a través de las pruebas y tentaciones más terribles. Luego, como el sustituto perfecto por Su obediencia activa y pasiva, llevó el castigo de la ley, ascendió para llevarnos al Padre y nos dio el Espíritu Santo de poder. Ahora, en Cristo somos capaces de luchar contra los antiguos amos en lugar de sucumbir a lo inevitable. La batalla parece avanzar en pequeños pasos, y podemos sentir la tentación de los dioses antiguos por más tiempo del que nos gustaría, pero con la comunión de la iglesia de Cristo, fijamos nuestros ojos en Jesús e insistimos en conocerlo hasta que podamos decir con el salmista: «fuera de Ti, nada deseo en la tierra» (Sal 73:25), y nuestros amigos sean bendecidos y puedan decir que nos hemos «[convertido] de los ídolos a Dios para servir al Dios vivo y verdadero» (1 Ts 1:9).
El pueblo de Dios ha recibido las palabras de Dios. Estas palabras nos abren los ojos para que podamos ver cómo todavía forjamos ídolos de todo tipo, y estas palabras nos señalan a Jesús, a quien podemos anunciar unos a otros, con paciencia y bondad, y conocer al Dios que habla verdad y da vida abundante.
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine. Ed Welch El Dr. Ed Welch es un miembro de la facultad en el Christian Counseling & Educational Foundation (CCEF). Ha sido consejero por más de treinta años y es autor de varios libros, entre ellos Addictions: A Banquet in the Grave [Las adicciones: Un banquete en la tumba].
Lucas Alemán es Director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary
Tiene una licenciatura summa cum laude en idiomas bíblicos (B.A.) por The Master’s University, dos maestrías summa cum laude (M.Div. y Th.M.) y un doctorado (Ph.D.) por The Master’s Seminary. Actualmente sirve no solo como director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana sino también como director de los ministerios en español de The Master’s Fellowship. Es anciano en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California, y el editor general y uno de los autores de La hermenéutica de Cristo así como uno de los contribuidores de la serie En ti confiaré y El orgullo. Nacido en Buenos Aires, Argentina, Lucas emigró a los Estados Unidos en el 2008, donde conoció a su esposa Clara de origen brasileño. Juntos tienen tres hijos, Elias Agustín, Enoc Emanuel y Emet Gabriel.
Lunes 10 Octubre (Jesús dijo a Pedro:) Yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos. Lucas 22:32 Él (Dios) dijo: No te desampararé, ni te dejaré. Hebreos 13:5 Fiel hasta el final “Tuvimos el gozo de pasar algunas horas con Wang Ming Dao, uno de los evangelistas chinos más conocidos. Él estuvo prisionero durante años bajo el régimen brutal de Mao Tsé Toung. Al comienzo, encarcelado debido a su fe en Cristo y considerando que no soportaría un encerramiento de por vida, se había retractado, por lo cual fue liberado. Pero apenas recobró la libertad, su conciencia fue trabajada. Reconoció la gravedad de su falta al haber negado a su Maestro. Avergonzado por esta cobardía manifestada hacia su Salvador, pensó que si el propósito de Dios para él era verdaderamente el encierro, debía someterse con confianza. Entonces, con un celo renovado por su Señor, recorrió las calles de Pekín proclamando: “¡Me llamo Pedro y negué a mi Maestro!”. Como era de esperarse, fue detenido inmediatamente. Durante diecinueve años sufrió por Cristo tras las rejas.
Al final de nuestra visita nos propuso cantar un himno que lo había reconfortado en la prisión:
El Señor me conduce a lo largo del camino; ¿De quién más tendré necesidad? ¿Puedo dudar de su compasión Que ha sido siempre mi compañía? ¡Qué paz celestial, qué consuelo divino Permanecer en él por la fe! Suceda lo que suceda, no tengo ningún temor Porque Jesús hace todo divinamente bien”. Deuteronomio 4:25-49 – Juan 4:1-30 – Salmo 115:1-8 – Proverbios 25:1-3
Director de educación en español y profesor de Antiguo Testamento en The Master’s Seminary
Tiene una licenciatura summa cum laude en idiomas bíblicos (B.A.) por The Master’s University, dos maestrías summa cum laude (M.Div. y Th.M.) y un doctorado (Ph.D.) por The Master’s Seminary. Actualmente sirve no solo como director ejecutivo de la Sociedad Teológica Cristiana sino también como director de los ministerios en español de The Master’s Fellowship. Es anciano en la Iglesia Bíblica Berea en North Hollywood, California, y el editor general y uno de los autores de La hermenéutica de Cristo así como uno de los contribuidores de la serie En ti confiaré y El orgullo. Nacido en Buenos Aires, Argentina, Lucas emigró a los Estados Unidos en el 2008, donde conoció a su esposa Clara de origen brasileño. Juntos tienen tres hijos, Elias Agustín, Enoc Emanuel y Emet Gabriel.