La verdadera sabiduría | 1 Corintios 1:21

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El mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría.
1 Corintios 1:21
La verdadera sabiduría
¿Qué alcanzó a hacer la filosofía de Grecia por sus discípulos? Les hizo los ignorantes adoradores de un “Dios no conocido” (Hch. 17:23). Esa inscripción en sus altares publicaba ante el mundo su ignorancia y su vergüenza. ¿Y no debemos preguntarnos si la filosofía ha hecho por la cristiandad más de lo que hizo por Grecia? ¿Nos ha comunicado el conocimiento del verdadero Dios? ¿Quién se atreverá a decir que sí? Existen millones de profesos bautizados en todos los ámbitos de la cristiandad que no conocen del verdadero Dios más de lo que conocían aquellos filósofos a los que Pablo encontró en la ciudad de Atenas.

El hecho es este: todo aquel que realmente conoce a Dios, es el privilegiado poseedor de la vida eterna. Así lo declara nuestro Señor Jesucristo de la manera más explícita en el capítulo 17 de Juan: “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado” (v. 3). Conocer a Dios es tener vida, y vida eterna.

Pero ¿cómo puedo conocer a Dios? ¿Dónde le encontraré? ¿Me lo dirán la ciencia y la filosofía? ¿Lo han dicho alguna vez a alguien? ¿Han guiado alguna vez a algún pobre vagabundo al camino de la vida y de la paz? No; jamás. “El mundo por su sabiduría no conoció a Dios”. Las antiguas escuelas de filosofía, opuestas unas a otras, solo lograron sumergir la inteligencia humana en profunda oscuridad y en una desorientación sin esperanza; y las modernas escuelas filosóficas, igualmente opuestas unas a otras, no son mejores. Vacías especulaciones, dudas penosas, teorías sin base, es todo cuanto la filosofía humana en todo tiempo y en toda nación puede ofrecer al que sinceramente busca la verdad.

¿Cómo, pues, conoceremos a Dios? Si tan excelente resultado depende de su conocimiento; si conocer a Dios es vida eterna -y Jesús lo dice- entonces, ¿cómo le conoceremos? “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer.” (Jn. 1:18).

C. H. Mackintosh
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Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? | Salmo 22 (1)

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Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación, y de las palabras de mi clamor?
Salmo 22:1
Reflexiones sobre el Salmo 22 (1)
Cuando el Señor Jesús se dirigía a Dios, solía hacerlo como “Padre” o “Padre mío”, mostrando así la intimidad de esta relación. A veces, esta expresión enfatiza la relación eterna entre el Padre y el Hijo. Muy a menudo indica la dependencia del Hijo en Dios Padre. Cuando el Señor Jesús dice “Dios mío”, entonces se enfatiza su relación con Dios como hombre y, como tal, lo honró, mientras que todos los hombres lo han deshonrado. Por eso se abrieron los cielos sobre él y se oyó la voz del Padre que decía: “Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia” (Mt. 3:17).

¡Qué difícil debe haber sido para Jesús, después de tres años de servicio público y fidelidad a Dios, ser desamparado por Dios durante esas tres horas de tinieblas en la cruz! La noche anterior, él estuvo orando en el jardín de Getsemaní. El Hombre perfectamente dependiente y obediente pidió si era posible que esa copa pasara de él. Al día siguiente, en la cruz, él sufrió primeramente de manos de los hombres y por los ataques del enemigo. Sin embargo, lo que aterró su alma en Getsemaní vino después: el horror de las tres horas de tinieblas, cuando el Santo de Dios fue desamparado por su propio Dios. Esas horas fueron lo más terrible para él, pero era la única manera en que Dios podía tratar el tema del pecado. Allí fue “hecho pecado” (2 Co. 5:21) y se convirtió en el sacrificio por el pecado, nuestro Sustituto. El Justo sufrió por nosotros, los injustos, “para llevarnos a Dios” (1 P. 3:18). Dios se ocupó de la raíz del mal, el pecado -nuestra naturaleza pecaminosa- y juzgó a Cristo por nosotros.

El Señor Jesús también confesó como suyos todos los actos pecaminosos que hemos cometido, y soportó el castigo que ellos merecían. Los hechos, las palabras y los pensamientos de Cristo fueron siempre agradables a Dios, pero entonces en aquellas horas de tinieblas él tomó nuestro lugar: Aquel que “no conoció pecado”, por nosotros fue hecho pecado.

Alfred E. Bouter
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El tribunal de Cristo para los creyentes | Hebreos 6:10

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Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado hacia su nombre.
Hebreos 6:10
El tribunal de Cristo para los creyentes
Si somos creyentes, usted y yo nunca podremos ser juzgados por nuestros pecados, pues Jesús fue juzgado por ellos. Sin embargo, como creyentes, tendremos que dar cuenta al Señor de todas nuestras acciones aquí en la tierra. Creo que cuando toda nuestra historia sea revisada ante el Señor, estaremos profundamente agradecidos de haberla revisado junto con él.

Quizás alguien dice: “Pero voy a estar muy preocupado por lo que se manifestará en aquel momento”. ¡No!, no piense en ello. Le diré qué se manifestará: usted verá que ha sido puesto en la gloria, en semejanza a Cristo. ¿Tendrá entonces alguna objeción que hacer? Nuestra culpa nunca podrá sernos imputada, porque ya le ha sido imputada a Cristo. Él murió por nuestros pecados, Cristo es nuestra justicia y nuestro fundamento para comparecer ante la presencia de Dios. Sin embargo, será un momento de mucha bendición y solemnidad, pues veremos lo que su gracia fue para nosotros aquí en nuestro andar terrenal. En ese momento, cuando comparezca ante el tribunal de Cristo, el Señor me mostrará toda mi historia. Al mirar hacia atrás en mi vida, a mis días de incredulidad, veo un largo y oscuro río, negro como la tinta, con nada más que mi voluntad propia y el pecado. Luego llego a un punto en el que su gracia comenzó a obrar en mi corazón, y veo una pequeña y brillante línea de plata apareciendo en escena: el primer toque del Espíritu de Dios en mi alma. En ese momento, la corriente de su gracia comienza a ensancharse poco a poco, y el torrente oscuro de mi voluntad propia y el altivo pecado comienza a disminuir.

Así recorro toda mi historia, viendo mis fracasos, mis faltas, la paciencia del Señor y su gracia conmigo. ¡Qué tonto fui entonces, y cuánto me ayudó su gracia! Entonces contemplo anticipadamente el final de mi historia y digo: “Aquí estoy con Cristo en la gloria”. ¡Oh! ¡Estaré en la gloria! ¡Qué maravillosa gracia! No me lo perdería por nada del mundo.

W. T. P. Wolston
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El amor divino, el vínculo que une a los hijos de Dios | 1 Juan 4:7-8

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Amados, amémonos unos a otros; porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama, es nacido de Dios, y conoce a Dios. El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor.
1 Juan 4:7-8
El amor divino, el vínculo que une a los hijos de Dios
Juan fue uno de los doce discípulos que Jesús eligió para seguirlo durante sus años de ministerio público. Por inspiración divina, Juan fue el autor del Evangelio y de las tres Epístolas que llevan su nombre, así como del libro del Apocalipsis. Exceptuando el Apocalipsis, nunca menciona su nombre en sus escritos, pero cinco veces en su evangelio se refiere a sí mismo como “el discípulo a quien amaba Jesús”. Juan, que había convertido el pecho del Salvador en su hogar, ciertamente era el más capacitado para escribir acerca del bendito tema del amor.

Aunque los cristianos profesantes habían dejado su primer amor (véase Ap. 2:4), Jesucristo nunca falla. Su amor por los suyos permanece inalterable. Juan comprendió que el amor es de Dios. Todo el que ha nacido de Dios ha recibido una nueva vida y, por lo tanto, una nueva naturaleza divina, “porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado” (Ro. 5:5).

En nuestro versículo de 1 Juan, el apóstol se dirige a los cristianos como “amados”. Le escribe a toda la familia de Dios, la cual es muy numerosa. Abarca una gran variedad de nacionalidades, idiomas y culturas, pero se trata de una sola familia. Cada miembro de esta familia ha nacido de Dios y el Espíritu Santo habita en él. ¿Forma usted parte de esta familia, la familia de Dios?

Hay un vínculo que une a todos los hijos de Dios, y este vínculo está destinado a ser visto abiertamente en el mundo. ¿Cómo se ve? Por nuestro amor mutuo. No es un amor natural. Es el amor divino que se eleva por encima de todas las diferencias naturales. Si digo que amo a Dios, entonces estoy obligado a amar a todos los hijos de Dios, porque ellos también han nacido de Dios, y Dios es amor. “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros” (Jn. 13:34).

Jacob Redekop
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Nimrod y sus ciudades | Génesis 10:8-12

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Cus engendró a Nimrod, quien llegó a ser el primer poderoso en la tierra. Este fue vigoroso cazador delante de Jehová… Y fue el comienzo de su reino Babel, Erec, Acad y Calne, en la tierra de Sinar. De esta tierra salió para Asiria, y edificó Nínive, Rehobot, Cala, y Resén entre Nínive y Cala, la cual es ciudad grande.
Génesis 10:8-12

Nimrod y sus ciudades
Nimrod fue un líder. De hecho, muy probablemente haya sido el líder que, antes de que el Señor confundiera los idiomas en Babel, comandó los intentos para construir una ciudad, y una torre cuya cúspide llegara al cielo, buscando así hacerse un nombre (véase Gn. 11:1-9). “Y fue el comienzo de su reino Babel” (es decir, “confusión”), aunque Nimrod, un rebelde, pronto añadió más ciudades a su reino.

Nimrod es llamado “vigoroso cazador delante de Jehová”, una expresión que siempre se utiliza negativamente en las Escrituras. Contrasta vivamente con el oficio de pastor. Muchos líderes piadosos de las Escrituras comenzaron su carrera como pastores. El Señor Jesús se refirió a sí mismo como el Buen Pastor en Juan 10. El cazador es alguien que acaba con la vida de su presa, mientras que el pastor se dedica a proteger su rebaño, alimentándolo y guiándolo, incluso dando su vida por él.

Nimrod construyó un imperio de ciudades aquí en la tierra, ciudades que reflejan su carácter a través de la Palabra de Dios. Babilonia es conocida por su idolatría. Abraham, por el contrario, “esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo arquitecto y constructor es Dios” (He. 11:10). Nínive es conocida por su ferocidad y crueldad en el Antiguo Testamento. Nuestro bendito Señor es completamente diferente; el apóstol Pablo habla de “la mansedumbre y ternura de Cristo” en 2 Corintios 10:1.

A lo largo de los siglos, los reinos terrenales han seguido el modelo de Nimrod. Se trata de un modelo de rebelión contra los mandamientos de Dios y engrandecimiento a través de la fuerza y la conquista militar. La ciudad que esperamos pronto descenderá “del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios” (Ap. 21:10-11).

Eugene P. Vedder, Jr.
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Un joven excepcional | Marcos 10:17

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Al salir él para seguir su camino, vino uno corriendo, e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?
Marcos 10:17
Un joven excepcional
Este joven poseía varias características excepcionales. Estaba lleno de ardor juvenil, pues corrió hacia Jesús. Estaba dispuesto a admitir la superioridad de Cristo, pues se arrodilló reverentemente ante él. Deseaba hacer lo correcto, pues preguntó: “¿Qué haré… ?”. Exteriormente, su carácter era excelente. No se había corrompido por la práctica constante del pecado, pues había guardado la ley exteriormente. De manera que, todas estas cosas agradables en su carácter atrajeron la estima y el amor del Señor. J. N. Darby escribió: “[El joven] era amable y estaba dispuesto a aprender lo bueno; había sido testigo de la excelencia de la vida y las obras de Jesús, de manera que su corazón se conmovió con lo que había visto”.

Sin embargo, toda esta excelencia natural hizo que no apreciara verdaderamente la Persona y la gloria de Cristo, y lo encegueció para no ver al verdadero estado de su corazón y su necesidad. Pudo discernir la excelencia de Cristo como hombre, pero no pudo ver la gloria de su persona como Hijo de Dios. La naturaleza, por excelente que sea, no puede discernir que Cristo es Dios. El Señor, tomando al joven en su propio terreno, no acepta que el hombre sea bueno: “Ninguno hay bueno, sino solo uno, Dios” (v. 18). Efectivamente, Cristo era bueno, pero no simplemente como hombre: él era Dios. Siempre fue Dios, y Dios se hizo hombre sin dejar de ser, o poder dejar de ser, Dios.

Además, al no poder comprender su necesidad, el joven no pregunta “¿Qué debo hacer para ser salvo?”, sino: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. Su disposición natural lo cegó al hecho de que, a pesar de todas sus buenas cualidades, era un pecador perdido que necesitaba la salvación. Esto demuestra claramente que no hay nada bueno en el hombre para ofrecerle a Dios. Un carácter excelente no significa que el corazón se encuentre en un correcto estado moral.

Hamilton Smith
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El fundamento inmutable del cristiano | Salmo 11:3

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Si fueren destruidos los fundamentos, ¿qué ha de hacer el justo?
Salmo 11:3
El fundamento inmutable del cristiano
Se me vienen a la mente tres fundamentos:

  1. El fundamento del gobierno: una de las características principales del gobierno es que el que “gobierne entre los hombres” debe ser justo y gobernar “en el temor de Dios” (2 S. 23:3). En la actualidad, el gobierno humano está implicado en aprobar leyes que socavan, en lugar de proteger, la santidad de la vida humana; impulsar y aprobar estilos de vida pecaminosos; buscar una justicia parcial; oprimir a los pobres y los necesitados; y promover la violencia que actualmente llena las calles de nuestras ciudades.
  2. El fundamento del matrimonio y la familia: El matrimonio ya no se considera relevante en una sociedad considerada ’progresista’ y ’liberada’. De hecho, las relaciones fuera del matrimonio son comunes. La mujer de Samaria vivía un estilo de vida similar al que muchas personas tienen hoy en día. Cuando el Señor le dijo “Ve, llama a tu marido, y ven acá” (Jn. 4:16), ella admitió que no tenía marido, pues había pasado de una relación a otra, y que el hombre con el que vivía en ese momento no era su marido.
  3. El fundamento del cristianismo: La evolución es más popular que la creación. Los lobos vestidos de oveja repletan los púlpitos de las denominaciones cristianas. La sana doctrina es abandonada y en su lugar la gente va tras las fábulas. Se niega la redención por la sangre. El evangelio ya no se predica en algunas iglesias. La venida del Señor se rechaza. La gracia de Dios se ha convertido en una licencia para pecar. Las tinieblas espirituales y morales repletan el escenario actual.

A la luz de estas cosas, podemos resumir la condición actual en un versículo: “Tiemblan todos los cimientos de la tierra” (Sal. 82:5). Pero ¿qué hará el justo si estos fundamentos son destruidos? Debemos perseverar en lo que hemos aprendido; apartarnos de la iniquidad; contender ardientemente por la fe; orar en el Espíritu Santo; mantenernos en el amor de Dios; y esperar la misericordia de nuestro Señor Jesucristo.

Richard A. Barnett
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Contemplar al Cordero | 1 Corintios 1:30-31

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Mas por él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención; para que, como está escrito: El que se gloría, gloríese en el Señor.
1 Corintios 1:30-31
Contemplar al Cordero
Siempre que su alma se vea asaltada por dudas y temores, mire de inmediato a Jesús, el Cordero que ha sido inmolado y que ahora está en el trono. Cuídense de buscar la justicia en su interior; porque Cristo en la gloria es su justicia. Cuídense de mirar la obra del Espíritu en ustedes como base de su justificación; porque somos justificados por la sangre de Cristo. Cuídense de compararse con otros como prueba de su aceptación; porque solo Cristo es el camino al Padre. Cuídense de mirar a sus sentimientos o experiencias como pruebas de su aceptación; porque cambiamos con frecuencia, y nuestros corazones son muy engañosos; pero el amor de Cristo no cambia.

Oh, contemplen la eterna perfección, impecabilidad, belleza y valor eternos de Jesús. ¡Su idoneidad, su plenitud, su amor, sus oficios! Consideren sus caminos, sus palabras, sus sufrimientos, agonías, el derramamiento de su sangre y su muerte. Contemplen al Santo hecho pecado por nosotros, y dejen que la luz de la verdad de Dios brille en todo momento. Escuchen el testimonio de Dios. ¡Escuchen su juicio sobre el valor de la cruz! Vean el pecado eliminado y la introducción de la justicia. Reciban el testimonio de Dios de que la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia (sí, a nosotros) de todo pecado; de que somos “justificados gratuitamente por su gracia”, y “aceptos en el Amado” (Ro. 3:24; Ef. 1:6).

Oh, contemplen sus iniquidades, transgresiones y pecados puestos sobre él, su viejo hombre crucificado con él, la feroz ira de Dios cayendo sobre él, y todo esto para que ustedes sean libres. Permaneciendo en estos pensamientos, su justicia propia será cambiada en menosprecio de sí mismo; su confianza propia se transformará en humillación; las dudas serán desterradas por la seguridad; y la alabanza y la gratitud ascenderán al Padre de misericordias en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.

H. H. Snell
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El hombre necesita ser redimido | Éxodo 13:13

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Mas todo primogénito de asno redimirás con un cordero; y si no lo redimieres, quebrarás su cerviz. Éxodo 13:13

El hombre necesita ser redimido

Cuando los israelitas llegaron a la tierra de Canaán, tuvieron que consagrar sus animales, tanto limpios como impuros, a Jehová. El primogénito era el representante del grupo al que pertenecía, ya fuera del hombre o de la especie animal. El primogénito del animal impuro debía ser redimido al igual que el primogénito del hombre. El asno era un animal impuro. A lo largo de la Biblia, este animal es una imagen de la naturaleza pecaminosa y obstinada del hombre. Se dice que Ismael era “hombre indómito como asno montés” (Gn. 16:12 NBLA). En este versículo se resalta su obstinación, la caracterización más precisa del pecado (véase Job 39:5-9). No es casualidad que Ismael también sea, al mismo tiempo, el hijo primogénito de Abraham. En Gálatas leemos que Ismael “nació según la carne” (Gá. 4:23), y en este aspecto representa al hombre pecador bajo la ley.

Si el asno no era redimido, entonces se le debía quebrar la cerviz. Es redención o destrucción, no hay una tercera vía. Y esto es lo que la gente no entiende. El mundo está dividido entre los que se pierden y los que se salvan. Qué maravilloso considerar que un cordero inocente ocupaba el lugar del asno; una clara imagen de la sustitución. C. H. Mackintosh escribió: “Es interesante observar que por naturaleza somos puestos en la categoría de un animal impuro y que por gracia somos asociados con Cristo, el Cordero sin mancha. No puede haber algo inferior al puesto que tenemos por naturaleza, pero no hay nada más excelso a lo que nos pertenece por gracia”. Éramos pecadores y Cristo ocupó por nosotros ese lugar en la cruz. Pero ahora que Cristo ha resucitado y ha sido glorificado, estamos asociados a él en la gloria.

Brian Reynolds

Fui esclavo del pecado, Cristo vio mi perdición,

Con su sangre derramada, Él compró mi redención.

F. H. Rowley

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Seguir a Cristo | Mateo 8:19-20

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Vino un escriba y le dijo: Maestro, te seguiré adondequiera que vayas. Jesús le dijo: Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; mas el Hijo del hombre no tiene dónde recostar su cabeza.
Mateo 8:19-20
Seguir a Cristo
Este escriba daba la impresión de estar perfectamente preparado para lo que fuera al seguir a Jesús. Sin embargo, el Señor Jesús no lo animó en absoluto. ¿Por qué no? ¿Acaso no desea seguidores con corazones comprometidos? Desde luego que sí. Pero a él no le impresionan los que hablan de esta manera y prometen cosas que no pueden cumplir. Así que el Señor no le dio una respuesta alentadora a este escriba. No había comprendido las implicaciones de seguir a Cristo. Ciertamente no habría podido cumplir su promesa.

El llamamiento del Señor es el que nos permite servirlo, no nuestra voluntad ni fuerzas propias. Cuando el Señor nos llama a servirlo, muy probablemente también nos demos cuenta de que en el camino hallaremos pruebas y sufrimientos, y muy probablemente queramos evitar tales circunstancias. Así sucedió con Moisés, quien puso varias excusas. Obviamente, ninguna de estas excusas podía prevalecer ante el llamamiento de Jehová. Dios no quiso liberar a Moisés de la responsabilidad de obedecer a su llamado y, ciertamente, los resultados de su servicio fueron una demostración clara de que Dios lo condujo para su propia gloria.

Jeremías también protestó cuando recibió el llamado de Dios para que fuera profeta a las naciones. Dijo: “¡Ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño”. Y Jehová le respondió: “No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande. No temas… porque contigo estoy” (Jer. 1:6-8). Dios no iba a cambiar de opinión, pero sí le prometió a Jeremías que estaría con él.

Si alguien quiere servir al Señor de alguna manera, es importante que esté convencido de que es el Señor quien le llama a ese camino. Que busque entonces la guía y la dirección de Dios, sin ninguna confianza en sí mismo, sino con plena confianza en Jesucristo, buscando gracia solamente de parte de él.

L. M. Grant
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