Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.
Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.
Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.
Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.
Vivimos en un mundo en el que tenemos tantos avances tecnológicos, tantas cosas a nuestra disposición para hacernos la vida más sencilla, desde microondas y limpiadores de platos hasta celulares y Siri. Sin embargo, en medio de todas estas cosas que existen para hacer nuestras vidas más fáciles y simples, todavía parece que nuestras vidas son sumamente complicadas. Muchas personas están estresadas, confundidas y llenas de ansiedad. Los centros de ayuda psicológica se han vuelto tan prolíficos como las cafeterías, y la mayoría de los pastores admitirán que hay más personas en la iglesia que necesitan ayuda consejería que recursos adecuados para ellos. Vivimos en un mundo en el que abunda la ansiedad. Pero como cristianos, podemos acudir a la Biblia para hallar la solución de Dios a la ansiedad: enfocarnos en Cristo y en la esperanza que tenemos en Él. Para ello, leemos aquí Romanos 8:18-30 como el texto principal para que nos sirva de aliento.
Las pruebas y los desafíos que resistimos no son nuevos en muchos sentidos. «No hay nada nuevo bajo el sol», incluida la ansiedad (Ec 1:9). En muchos sentidos, la iglesia del primer siglo era una iglesia bajo una presión extrema. Los poderes políticos de la época eran todo menos amistosos hacia el cristianismo. El emperador Nerón es conocido por su violento desdén hacia la iglesia. Su persecución hacia los cristianos fue extrema, ya que se apoderó de sus propiedades y torturó sus cuerpos. Son bien conocidas sus degradadas «fiestas en el jardín» en las que utilizaba a los cristianos como antorchas humanas para entretener a sus invitados paganos. Los cristianos en Roma vivían bajo la amenaza diaria de la muerte y experimentaban una marginación social diferente a todo lo que la mayoría de nosotros hemos conocido. Si la ansiedad es la reacción natural de la mente al estrés, la iglesia en Roma tenía muchas razones para tener ansiedad.
Pablo escribió el libro de Romanos a fin de consolar y animar a una iglesia bajo ataque, para que pudieran personificar la gracia bajo presión. La iglesia en Roma estaba comprensiblemente perpleja. Se habían encomendado a Jesús, el Rey de reyes y Señor de señores. Sin embargo, su lealtad a Jesús les había traído todo menos paz y tranquilidad terrenales. En muchos aspectos, su estatus social y ventaja material había sido mejor antes de que se identificaran con Jesús y Su iglesia. Ahora, eran extraños y extranjeros en su propia tierra, presenciando visiblemente todo el peso de la hostilidad de Satanás hacia la iglesia. Nerón no era más que un títere movido por hilos satánicos, trayendo violencia y destrucción a la iglesia. Los cristianos sintieron el aguijón de la mordedura serpentina de Nerón y fueron tentados a sentir ansiedad y desesperanza. ¿Dónde estaban Jesús y Su reino? ¿Dónde estaba la paz que habían esperado? ¿Qué sería de sus hogares, trabajos y familias?
Es complicado pintar este cuadro sin ver al menos alguna similitud entre nuestros días y los de la Roma del primer siglo. Puede que no experimentemos todo el peso de la persecución que la iglesia padeció en aquellos días, pero tampoco estamos protegidos de las realidades del mal. Sabemos que identificarnos con Cristo puede ser costoso. Conocemos la oposición social y el distanciamiento. Sabemos que las astillas de la cruz pueden ser dolorosas, incluso si palidecen en comparación con el peso de la cruz de nuestro Salvador. También conocemos la tentación a sentir ansiedad y desesperación. Vemos tormentas avecinándose en el mundo que nos rodea y la disposición de muchos en la iglesia de transigir su voz en lugar de defender la verdad. Los lobos rodean el rebaño y las ovejas guardan silencio.
Es en este contexto pastoral que Pablo pronunció palabras de aliento. Lo que los cristianos romanos necesitaban escuchar no eran trivialidades o promesas vacías de «tu mejor vida ahora». Lo que necesitaban era que su mirada ansiosa fuera quitada de las cosas de este mundo y sus dioses falsos, y puesta en Cristo y la esperanza segura del cielo que le pertenece a los que son de Él. Esto es exactamente lo que hace Pablo en Romanos 8:18-30. Él comienza mostrándole a la iglesia que las pruebas y tribulaciones que soportamos son endémicas de este presente siglo malo. Comenzaron justo después de la creación cuando las cosas muy buenas que Dios había creado fueron inmediatamente sujetas a la vanidad y la frustración como resultado del pecado. Desde el momento en que Adán pecó contra Dios, una nube oscura y amenazante comenzó a proyectar su sombra sobre toda la creación. No solo la humanidad, sino la creación misma fue dañada debido a la entrada del pecado en el mundo. La creación comenzó a anhelar aquel día en que la maldición se revertiría y las cicatrices del pecado finalmente desaparecerían, cuando la muerte se convertiría en algo del pasado y la vida estaría caracterizada por la belleza, la pureza y la paz. Según Pablo en Romanos 8, la creación anhela el día escatológico de la nueva creación, cuando de una vez por todas las cosas serán tan hermosas y pacíficas en la tierra como lo son en el cielo.
Lamentablemente, la mayoría de los cristianos piensan en la escatología (si es que piensan sobre ello) de manera demasiado sensacionalista. Nos enfocamos en preguntas como qué sucederá exactamente justo antes del final, quién podría ser el anticristo y si habrá un rapto secreto de la iglesia. Tales temas han demostrado ser una distracción del interés escatológico real de la Biblia, que es la presencia «ya y todavía no» del reino de Cristo. Jesús ya es Rey, y Su reino ha venido como resultado de Su vida, muerte y resurrección. El Espíritu, según Pablo, es una garantía de lo que es nuestro en Cristo. Las primicias del reino de Dios ya están presentes, aunque la plenitud de ese reino aún está por venir.
Pero es la tensión de la naturaleza del «ya y todavía no» del reino de Cristo lo que crea tanta dificultad para nosotros. Esperamos el «todavía no» ahora —esperamos el cielo en la tierra— y cuando nos vemos obligados a vivir con paciencia y perseverancia, a menudo nos preocupamos y nos inquietamos. Esperamos la corona de gloria ahora y nuestra fe se descarrila con demasiada facilidad cuando Dios pone sobre nosotros la cruz del sufrimiento. Como dijo Martín Lutero, hemos pasado mucho más tiempo cultivando nuestra teología de la gloria que nuestra teología de la cruz. Este no fue un problema exclusivo del primer siglo. Nuestras comodidades modernas nos han entrenado para esperar resultados inmediatos en casi un abrir y cerrar de ojos. Por tanto, aprender a vivir pacientemente entre el «ya» del reino de Cristo y el «todavía no» de su consumación escatológica puede resultar difícil. Pablo amablemente dirige la atención de la iglesia de regreso a la creación (que ha estado aguardando pacientemente durante bastante tiempo), pero también dirige nuestros ojos hacia la nueva creación cuando dice: «Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada» (Rom 8:18). Lo que soportamos ahora palidece tanto en comparación con lo que se revelará a nosotros más adelante, que Pablo dice que lo anterior ni siquiera es digno de ser comparado con lo postrero.
Los cristianos son una paradoja cronológica. Vivimos en la tierra pero pertenecemos al cielo. Nuestras vidas se desarrollan en esta era, pero en última instancia, están definidas por la era venidera. Nuestro Rey está con nosotros y, sin embargo, viene a nosotros. Dios no es simplemente nuestro compañero de viaje; Él es también nuestro destino. Ya estamos en Cristo pero aún no somos lo que seremos plenamente en Él cuando estemos con Él en el cielo. Es posible que estas verdades no se entiendan fácilmente, pero están en el centro de lo que significa ser cristiano —estar en Cristo— y tener a Cristo en nosotros.
Esto nos lleva a Romanos 8:28-30, que en muchos sentidos es el crescendo de consuelo de Pablo. Se podrían decir muchas cosas sobre esta sección, pero nos enfocaremos en una sola: la conformidad a la imagen de Cristo. Pablo termina esta edificante sección dirigiendo la atención de la iglesia al gran «bien» que Dios continúa haciendo, incluso en este presente siglo malo, que consiste en conformar a aquellos a quienes Él ama (la iglesia) a la imagen de Cristo. Los sufrimientos que soportamos en este presente siglo malo son una herramienta que Dios usa para moldearnos a la imagen de Cristo. No están fuera de Su cuidado providencial; ni tampoco son caprichosos. Más bien, incluso las cosas difíciles que soportamos tienen un buen objetivo: nos conforman a la imagen de Cristo.
Quiénes somos en Cristo informa nuestra respuesta a las pruebas y adversidades. En lugar de llevarnos a la ansiedad o desesperanza, las pruebas deben recordarnos que el cielo será mejor, que Cristo es suficiente y que estas aflicciones leves y momentáneas que soportamos ahora son incomparables con el eterno peso de gloria que nos aguarda con Cristo en el cielo. Por lo tanto, no nos preocupamos; no tememos; no tenemos necesidad de estar ansiosos. Como nos recuerda el himno Castillo Fuerte: «Nos pueden despojar, de bienes, nombre, hogar. El cuerpo destruir, mas siempre ha de existir de Dios el reino eterno».
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Eric B. Watkins El Dr. Eric B. Watkins es el pastor principal de Covenant Presbyterian Church (OPC) en St. Augustine, Florida, y autor de The Drama of Preaching [El drama de la predicación].
¿Se ha desilusionado en cuanto a la oración? Tal vez ha estado pidiendo, buscando y llamando con persistencia, pero Dios no ha respondido su petición. De ser así es posible que se pregunte por qué tantos cristianos hablan del poder de la oración cuando esta parece ineficaz en su vida.
Los versículos 9 al 11 del pasaje de hoy nos ayudan a comprender el panorama general. Cristo compara a los padres terrenales con el Padre celestial. Señala que un padre humano, que es imperfecto y limitado, puede dar cosas buenas a sus hijos. Entonces, es lógico que el Padre celestial, quien es todopoderoso y omnisciente, dé lo que es beneficioso para sus hijos.
A veces, sin embargo, somos como niños espirituales. En nuestro entendimiento limitado, no nos damos cuenta de que nuestras peticiones no siempre son lo que Dios considera mejor para nosotros. La oración es poderosa cuando le pedimos lo que le agrada según su perfecta voluntad (1 Jn 5.14, 15).
Lo maravilloso es que Dios usa las oraciones de su pueblo para lograr sus planes. Él pudiera lograrlos sin nosotros, pero la oración nos enseña humildad, dependencia, sumisión y confianza. La intimidad con Dios se logra cuando venimos a Él con alabanza, gratitud, confesión y peticiones. El beneficio de la oración no es que podamos recibir algo, sino que podamos relacionarnos con Aquel que suple para nuestras necesidades.
LIDIANDO CON LAS TENTACIONES SEXUALES EN MI MATRIMONIO
Marcos Peña – José Agüero
LIDIANDO CON LAS TENTACIONES SEXUALES EN MI MATRIMONIO. «Hombres de Verdad» es un programa basado en lo que la biblia enseña acerca del papel que debe desempeñar el hombre en las diferentes esferas de la vida. Nos vemos todos los lunes a las 5:00 PM con un episodio nuevo.
Una producción de Radio Eternidad.
Queda prohibida la reproducción total o parcial de este recurso, por cualquier medio o procedimiento, sin para ello contar con nuestra autorización previa, expresa y por escrito. Si desea hacerlo comuníquese con nosotros vía correo: radioeternidadmedia@gmail.com
Martes 10 Mayo (Jesús dijo a María:) No me toques, porque aún no he subido a mi Padre; mas ve a mis hermanos, y diles: Subo a mi Padre y a vuestro Padre, a mi Dios y a vuestro Dios. Juan 20:17 Ella vio al Señor Pasaje del Evangelio (Juan 20:11-16) “María estaba fuera llorando junto al sepulcro; y mientras lloraba, se inclinó para mirar dentro del sepulcro; y vio a dos ángeles con vestiduras blancas, que estaban sentados el uno a la cabecera, y el otro a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le dijeron:
– Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo:
– Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde le han puesto.
Cuando había dicho esto, se volvió, y vio a Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús.
Jesús le dijo:
– Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?
Ella, pensando que era el hortelano, le dijo:
– Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. Jesús le dijo:
– ¡María! Volviéndose ella, le dijo:
– ¡Raboni! (que quiere decir, Maestro)”.
La primera persona que fue al sepulcro esa gloriosa mañana de la resurrección fue María Magdalena, esa mujer de la cual el Señor había echado siete demonios (Marcos 16:9). Pero la piedra del sepulcro ya estaba quitada. María anhelaba tanto volver a ver a su amado Señor (v. 13), que Jesús no pudo dejar semejante afecto sin respuesta. ¡Y ella recibió mucho más de lo que esperaba! Fue un Salvador vivo el que se acercó a ella, la llamó por su nombre y le encargó la misión de anunciar a sus “hermanos” que la cruz, lejos de haberlo separado de ellos, era la base de vínculos completamente nuevos e inestimables: su Padre llegó a ser nuestro Padre, y su Dios, nuestro Dios.
ES UN ESTUDIO PARA GUIAR A LOS CREYENTES DE TODAS LAS ETAPAS, Y HA SIDO ELABORADO A TRAVÉS DE DÉCADAS DE REFINAMIENTO POR LOS ANCIANOS, MAESTROS Y PASTORES DE LA IGLESIA GRACE COMMUNITY. ESTE MATERIAL FUNDAMENTAL HA SIDO ENSEÑADO Y PROBADA EN EL AULA BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR JOHN MACARTHUR, Y HA DEMOSTRADO SU EFICACIA A TRAVÉS DE LAS VIDAS QUE HA INFLUENCIADO.
LAS 13 LECCIONES TRATARÁ ESTAS VERDADES FUNDAMENTALES QUE TODOS LOS CREYENTES DEBEN COMPRENDER:
1- INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA 2- CÓMO CONOCER LA BIBLIA 3- DIOS: SU CARÁCTER Y ATRIBUTOS 4- LA PERSONA DE JESUCRISTO 5- LA OBRA DE CRISTO 6- LA SALVACIÓN 7- LA PERSONA Y MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO 8- LA ORACIÓN Y EL CREYENTE 9- LA IGLESIA: COMUNIÓN Y ADORACIÓN 10- LOS DONES ESPIRITUALES 11- LA EVANGELIZACIÓN Y EL CREYENTE 12- LA OBEDIENCIA 13- LA VOLUNTAD Y LA GUÍA DE DIOS
Claro, el poder detrás de este currículum no está en su formato o plan, sino en la Palabra de Dios en la cual está basado. Sabemos que cuando el Espíritu Santo usa Su palabra en la vida de las personas, sus vidas son transformadas. Y es por esto que estoy tan emocionado de que estos materiales hayan llegado a sus manos. FDF le ha dado la bienvenida a millares de personas en la iglesia y en la familia de Cristo. Ha ayudado a creyentes a construir un fundamento espiritual en roca sólida.
Confío en que esto lo beneficiará a usted y a su iglesia de la misma manera. John MacArthur Pastor-Maestro Grace Community Church
Church, G. C., & MacArthur, J., Jr. (2013). Fundamentos de la fe (guía del líder): 13 lecciones para crecer en la gracia y conocimiento de jesucristo. Chicago, IL: Moody Publishers.
Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.
Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría
ES UN ESTUDIO PARA GUIAR A LOS CREYENTES DE TODAS LAS ETAPAS, Y HA SIDO ELABORADO A TRAVÉS DE DÉCADAS DE REFINAMIENTO POR LOS ANCIANOS, MAESTROS Y PASTORES DE LA IGLESIA GRACE COMMUNITY. ESTE MATERIAL FUNDAMENTAL HA SIDO ENSEÑADO Y PROBADA EN EL AULA BAJO EL LIDERAZGO DEL PASTOR JOHN MACARTHUR, Y HA DEMOSTRADO SU EFICACIA A TRAVÉS DE LAS VIDAS QUE HA INFLUENCIADO.
LAS 13 LECCIONES TRATARÁ ESTAS VERDADES FUNDAMENTALES QUE TODOS LOS CREYENTES DEBEN COMPRENDER:
1- INTRODUCCIÓN A LA BIBLIA 2- CÓMO CONOCER LA BIBLIA 3- DIOS: SU CARÁCTER Y ATRIBUTOS 4- LA PERSONA DE JESUCRISTO 5- LA OBRA DE CRISTO 6- LA SALVACIÓN 7- LA PERSONA Y MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO 8- LA ORACIÓN Y EL CREYENTE 9- LA IGLESIA: COMUNIÓN Y ADORACIÓN 10- LOS DONES ESPIRITUALES 11- LA EVANGELIZACIÓN Y EL CREYENTE 12- LA OBEDIENCIA 13- LA VOLUNTAD Y LA GUÍA DE DIOS
Claro, el poder detrás de este currículum no está en su formato o plan, sino en la Palabra de Dios en la cual está basado. Sabemos que cuando el Espíritu Santo usa Su palabra en la vida de las personas, sus vidas son transformadas. Y es por esto que estoy tan emocionado de que estos materiales hayan llegado a sus manos. FDF le ha dado la bienvenida a millares de personas en la iglesia y en la familia de Cristo. Ha ayudado a creyentes a construir un fundamento espiritual en roca sólida.
Confío en que esto lo beneficiará a usted y a su iglesia de la misma manera. John MacArthur Pastor-Maestro Grace Community Church
Church, G. C., & MacArthur, J., Jr. (2013). Fundamentos de la fe (guía del líder): 13 lecciones para crecer en la gracia y conocimiento de jesucristo. Chicago, IL: Moody Publishers.
Los efectos de la ansiedad Por Rebecca VanDoodewaard
Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ansiedad.
tomarnos algo de tiempo darnos cuenta. Poner en marcha el generador justo en la terraza frontal de la casa puede parecer una buena idea en una tormenta, pero los dolores de cabeza causados por la intoxicación con monóxido de carbono pronto nos dirán lo contrario. Como cualquier otra cosa sobre lo que la Escritura nos advierte, la ansiedad también tiene algunos efectos muy perjudiciales. La palabra neotestamentaria para ansiedad, merimna, también se traduce como «cuidado» o «preocupación». Dado que la ansiedad es real y prevalente en nuestro mundo, también lo es su impacto. Y aunque la ansiedad puede provenir de escenarios imaginarios, de problemas reales y presentes o de una sensación de fatalidad inminente, una vida de ansiedad perpetua hace imposible amar a Dios y al prójimo como debiéramos. Independientemente de la causa o el origen, la ansiedad perturba la vida en múltiples aspectos.
EFECTOS FÍSICOS Hay una razón por la que Jesús preguntó: «¿Y quién de vosotros, por ansioso que esté, puede añadir una hora al curso de su vida?» (Mt 6:27). Todos sabemos que la ansiedad no es la clave para una vida larga y saludable. Sentirse asustado, decaído y perder el sueño es solo el principio. Aunque condiciones como el dolor crónico, la discapacidad o la enfermedad crónica pueden generar ansiedad, también puede suceder a la inversa. La ansiedad crónica puede crear dolor, enfermedad y otros problemas físicos debido a un estado físico anormal. La adrenalina y el cortisol realizan muchas funciones esenciales en nuestro cuerpo (Dios nos los dio por una buena razón). Un aumento en estas hormonas nos permite afrontar situaciones de estrés por medio de una fisiología alterada: el pulso se acelera, la respiración se acelera y los vasos sanguíneos se dilatan, proporcionando más oxígeno al cerebro y a los músculos, enfocando nuestra concentración. Pero cuando estas hormonas fluyen por nuestros sistemas con mucha frecuencia o por mucho tiempo, pueden producirse una serie de problemas.
Cada vez más, los científicos encuentran vínculos entre la ansiedad y efectos físicos negativos. Los estudios han demostrado que la ansiedad puede provocar enfermedades cardíacas en adultos generalmente sanos y que el estrés emocional crónico y la ansiedad están relacionados con la predisposición a una serie de problemas del sistema digestivo, desde el reflujo gástrico hasta el síndrome del intestino irritable y cáncer. La situación es más preocupante con la edad, ya que los adultos mayores son propensos a tener comorbilidades que aceleran las condiciones físicas y los deterioros relacionados con la ansiedad. Los estudios de investigaciones están creciendo. Preocuparte hasta la muerte puede ser un peligro más cierto de lo que pensamos.
EFECTOS RELACIONALES La ansiedad tiene efectos demostrables y medibles en nuestro cuerpo. Pero la causa suele estar en nuestra vida mental y espiritual. Por ello, no podemos esperar que nuestras relaciones no se vean afectadas. Los efectos relacionales de la ansiedad también son sumamente perjudiciales. Clínicamente, la ansiedad está vinculada a problemas con la memoria de corto plazo, la concentración, el funcionamiento verbal y espacial, la capacidad de concentración al leer y mucho más. No es de extrañar que dificulte la socialización.
Sin embargo, las dificultades van más allá de los aspectos funcionales. Sabemos por experiencia que visitar a una persona verdaderamente ansiosa es difícil. Si se entabla una conversación, tiende a centrarse en lo superficial o a arrastrarnos al mundo de oscuras preocupaciones en el que vive la otra persona. Una anciana que conocí no solo recitaba letanías de accidentes y diagnósticos terribles durante las visitas, sino que también enumeraba posibles providencias difíciles, detallando temores sobre el futuro. Parecía como si hubiera abierto de par en par la puerta a los pensamientos oscuros, sin tener en cuenta sus efectos. Ella había enfrentado una aflicción real en su vida, pero era su ansiedad por el futuro lo que impedía tener una verdadera cercanía relacional con otras personas.
La ansiedad nos da vuelta hacia nosotros mismos y nuestros problemas. Nos encogemos hacia adentro, agobiados por cargas que no deberíamos llevar, arrastrándolas y tropezando con otras personas a nuestro paso. Jeannie Marie Guyon le dijo a una amiga: «La melancolía contrae y marchita el corazón […] Magnifica y da un falso colorido a los objetos, y así hace que tus cargas sean demasiado pesadas de llevar». La ansiedad da color a nuestra visión del mundo con un lente pecaminosamente negativo. Es evidente que este tipo de efectos dificulta la socialización y las relaciones sanas con los demás.
Pero los efectos van más allá de la socialización. En su himno y oración «Padre, lo sé toda mi vida», Anna Waring pide «un corazón en reposo de sí mismo, que se calme y sienta simpatía». La ansiedad nos roba esto. Torcidos hacia adentro, no estamos en reposo dentro de nosotros mismos. Por el contrario, nos consumen nuestros propios pensamientos y preocupaciones y, por lo tanto, nos aislamos de las oportunidades reales que nos rodean. La ansiedad nos roba las interacciones sociales, sí, pero también la capacidad y la oportunidad de servir. Nos roba las conexiones espirituales que fluyen de tener comunión con otros y ser útiles. El aislamiento relacional que produce la ansiedad no es ninguna casualidad. Es una de las tácticas de Satanás. Un creyente sin relaciones estrechas ni compromiso con la comunidad es un blanco fácil para la duda y la desesperanza. Los efectos relacionales y espirituales de la ansiedad están estrechamente relacionados.
EFECTOS ESPIRITUALES El impacto de la ansiedad realmente comienza y termina en el alma. Si la ansiedad afecta nuestras relaciones humanas, ¿cómo no va a afectar nuestra relación con Dios? La ansiedad suele producirse cuando dudamos o perdemos de vista la sabiduría y la bondad de Dios. En lugar de ser como un niño destetado con su madre, nuestras almas están agitadas y deseosas, preocupadas por cosas que están fuera de nuestro control (Sal 131:2). No podemos descansar en la providencia. Esto es particularmente cierto cuando estamos ansiosos por cosas que ni siquiera han sucedido. Elisabeth Elliot nos recuerda que Dios promete gracia no para nuestra imaginación, sino solo para la realidad. Nos promete nuevas misericordias para cada mañana, no para cada preocupación. Una vez más, Waring afirma: «Hay espinos en cada camino que exigen un cuidado paciente; hay una cruz en cada lugar, y una gran necesidad de oración; pero un corazón humilde que descansa en Ti es feliz en cualquier lugar». Reconocer los peligros espirituales de la ansiedad no es negar que hay cosas duras y aterradoras en este mundo. Sin embargo, Guyon nos advierte: «Es más seguro que un exterior triste repela la piedad en vez de atraerla. Es necesario servir a Dios, con cierto gozo de espíritu, con una libertad y apertura, que haga patente que Su yugo es fácil».
Este es el meollo del asunto, ¿no es así? La mayoría de las veces estamos ansiosos porque no creemos o sentimos que nuestro Pastor sea bueno. A veces las tinieblas nos oprimen, y es una batalla espiritual creer que Dios es bueno todo el tiempo. A veces sentir esa verdad es una esperanza lejana. Es por eso que la ansiedad tiene un efecto tan peligroso en nuestras almas. Nos hace dudar del Padre, incluso de Aquel que no rehusó a Su único Hijo. La ansiedad escucha mentiras; mentiras que pueden ser ruidosas e invasivas, pero mentiras al fin y al cabo. Pero estar ansioso también transmite esas mentiras, ya que llevamos el nombre de Cristo en la iglesia y en el mundo mientras nos comportamos como si Él no fuera omnipotente, omnisciente, omnipresente y bueno. La ansiedad trata de sacar la verdad, y cuando eso ocurre, las mentiras se alinean para entrar. Las mentiras sobre el carácter y las promesas de Dios son las más devastadoras, pues buscan crear dudas acerca del único que es nuestro Ayudador. La ansiedad y las mentiras que la acompañan nos separan de Dios. Tal vez por eso Elaine Townsend escribió: «Señor, enséñame a nunca estar ansiosa, sino a compartir contigo mi corazón; y muchas gracias por tu paz mientras comparto contigo».
CONCLUSIÓN En conjunto, todos estos efectos son preocupantes. Pero no dejes que te produzcan ansiedad. Muestran claramente la insensatez de justificar nuestra preocupación. Todos lo hacemos, ¿no es así? A veces lo hacemos eligiendo algo importante y valioso por lo que preocuparnos. En nuestras propias mentes, la ansiedad por nuestros hijos está justificada por nuestro amor por ellos. Justificamos nuestra preocupación por la sociedad debido a nuestro interés por la seguridad y la moralidad. Justificamos las preocupaciones por la salud afirmando que es parte de ser buenos administradores de ella. Otras veces, intentamos justificar nuestra preocupación eligiendo situaciones de crisis para alimentarlas, reflexionando sobre el impacto que tendrían los accidentes de tráfico o las enfermedades terminales. Justificamos nuestra ansiedad en nuestra propia mente y quizás incluso ante los amigos.
Pero algo tan destructivo para nuestros cuerpos, mentes y almas debe ser combatido. Algo que tiene el potencial de alejarnos de Dios, de nuestras comunidades y de la buena salud no puede realmente ser justificado, ¿verdad? No tenemos ninguna excusa para ceder, dar tregua, ni para negociar. Ninguna justificación es suficiente. A veces equiparamos la preocupación con el discernimiento, el interés o incluso el amor y la oración. Pero el fruto de esas cosas es la acción piadosa y la confianza. Dan vida. El fruto de la ansiedad mata a diferentes niveles. No lo justifiquemos. Hay mucho en juego. Luchemos contra ello. Esa batalla puede que no sea breve ni clara, y puede implicar la ayuda de médicos, pastores y otros, pero abandonar esta buena batalla no puede ser una opción para los hijos de Dios.
Publicado originalmente en Tabletalk Magazine. Rebecca VanDoodewaard Rebecca VanDoodewaard es autora de Reformation Women: Sixteenth-Century Figures Who Shaped Christianity’s Rebirth [Las mujeres de la Reforma: Figuras del siglo XVI que moldearon el renacimiento del cristianismo] y de las series para niños de Banner Board Books.