La cuarta monarquía universal, el Imperio romano | Daniel 7:19, 20

Entonces tuve deseo de saber la verdad acerca de la cuarta bestia… y del otro [cuerno] que le había salido… este mismo cuerno tenía ojos, y boca que hablaba grandes cosas.
Daniel 7:19, 20
La cuarta monarquía universal, el Imperio romano
Esta profecía le fue dada a Daniel en forma de sueño. Vio surgir cuatro grandes imperios que surgirían y gobernarían el mundo hasta la venida del Hijo del Hombre. El cuarto imperio, Roma, tomará una forma monstruosa en los últimos días y, de hecho, será fortalecido directamente por el poder de Satanás. De esta bestia se levantará un cuerno pequeño, el cual tomará preeminencia sobre los otros cuernos que caracterizan a la cuarta bestia.

El profeta Daniel describe al cuerno pequeño como alguien que habla “grandes cosas” (véase Ap. 13:5) y que tiene ojos. Estos ojos representan clarividencia e inteligencia penetrantes. A través de su extraordinaria inteligencia, este cuerno, que representa a la cabeza del Imperio romano, tendrá un poder e influencia sin precedentes sobre las multitudes. Tal vez la tecnología electrónica se utilizará para facilitar esto. Por ejemplo, hoy en día existe una organización llamada “cinco ojos”. Está formada por cinco naciones de la “esfera inglesa” (EE. UU., Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda). A través de esta organización, estas naciones comparten entre sí (y con ninguna otra nación) la inteligencia que recopilan a través del espionaje electrónico. Sería imprudente sugerir que esto es un cumplimiento directo de la profecía anterior. Pero nos permite ver cómo estas cosas se podrán llevar a cabo y la dirección hacia la que se dirige el mundo.

En contraste con los ojos de la bestia, el apóstol Juan tuvo una visión de un “Cordero… que tenía… siete ojos, los cuales son los siete espíritus de Dios enviados por toda la tierra” (Ap. 5:6). Los siete ojos del Cordero nos hablan del perfecto conocimiento de Cristo, su omnisciencia, especialmente en relación con el gobierno de la tierra. Es muy reconfortante para el creyente saber que “los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón perfecto para con él” (2 Cr. 16:9).

Brian Reynolds
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¿Qué es la verdadera grandeza a los ojos de Dios? | Marcos 9:34

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Mas ellos callaron; porque en el camino habían disputado entre sí, quién había de ser el mayor.
Marcos 9:34
¿Qué es la verdadera grandeza a los ojos de Dios?
Con una simple pregunta, el Señor llegó a la conciencia de sus discípulos y descubrió la raíz de gran parte de su debilidad. En el camino habían estado discutiendo entre ellos, y el tema de su discusión era quién debía ser el mayor. ¡Ay! Desde aquel día, cuántas veces el deseo de ser el mayor ha sido la verdadera raíz de muchas disputas entre el pueblo de Dios. Independientemente de cuál sea el tema particular que se discute, este solo resulta ser una excusa para tapar la gran cantidad de ego que hay en el corazón. El yo no solo quiere ser grande, sino que quiere ser “el mayor”. Si un creyente quiere ser el mayor, tarde o temprano esto culminará en una disputa, en la que el más mínimo desliz de un hermano será utilizado para menospreciarlo y exaltar el yo. El solo hecho de que los discípulos pensaran en quién debía ser el mayor, demuestra lo poco que comprendían la verdad del reino de Dios. Del mismo modo, en nuestros días podemos caer en la trampa prominencia en la Iglesia. Esto es lo que hicieron los corintios por medio de dones y métodos carnales.

Sin embargo, aunque los creyentes puedan tener diferencias entre sí, ellos deben buscar mantener la paz en la presencia del Señor. Podemos estar seguros que cuando los creyentes comienzan a disputar entre ellos, ya no están conscientemente en la presencia del Señor.

La falta de corazón de los discípulos los hizo buscar su propia grandeza justo cuando Jesús acababa de recordarles que estaba a punto de morir. Sin embargo, él no se levantó indignado para abandonarlos, sino que los instruyó con delicadeza acerca del camino de la verdadera grandeza. Si alguien desea ser el primero en el reino, que sea el último en el camino que lleva a la gloria; que se convierta en “siervo de todos”. Podemos estar preparados a veces para servir a una que otra gran persona, o a algún creyente muy piadoso, y enorgullecernos al hacerlo; pero ¿estoy preparado para ser “siervo de todos”?

Hamilton Smith
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José de Arimatea (2) | Juan 19:38-40

José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, pero secretamente por miedo de los judíos… vino… También Nicodemo, el que antes había visitado a Jesús de noche, vino trayendo un compuesto de mirra y de áloes, como cien libras. Tomaron, pues, el cuerpo de Jesús, y lo envolvieron en lienzos con especias aromáticas. Juan 19:38-40

José de Arimatea (2)

El apóstol Juan escribió este evangelio, por inspiración divina, al menos una generación después que hubieran escrito sus relatos los otros escritores de los evangelios. En su relato, él nos revela que José de Arimatea era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos. Evidentemente, sus compatriotas no habían descubierto el aprecio que José tenía por Jesús.

En su bondad, Dios mantuvo oculta esta información hasta años después de la muerte de José. Por otro lado, la narrativa resalta su valentía al acudir a Pilato para pedirle el cuerpo de Jesús. Jesús había sido crucificado, un castigo reservado, según la ley romana, a los criminales que no fueran ciudadanos romanos. Mientras que, según la ley del Sinaí, todo el que fuera colgado en un madero era considerado maldito. Sin embargo, fue en este momento que José, aquel prominente y adinerado miembro del sanedrín judío, tomó abiertamente la posición de alguien que amaba y honraba a Jesús, sin importarle lo que otros pudieran pensar. ¡Qué tremendo ejemplo!

Vemos también a Nicodemo, quien también se posicionó valientemente del lado del Señor Jesús. Este fue el que se acercó a Jesús de noche y que después se pronunció en contra de condenarlo sin escuchar lo que tenía que decir. Ahora, en el momento de la sepultura de Jesús, Nicodemo trajo consigo cien libras de una mezcla de mirra y áloes, una ofrenda costosa, para preparar el cuerpo de Jesús.

Además, ambos hicieron esto sin preocuparse por el hecho de que manipular un cadáver era, según la ley, profanar la tierra, y sin importarles que la fiesta estaba a punto de comenzar. Estos dos discípulos envolvieron amorosamente el cuerpo de Jesús en lienzos de lino, con aquellas especias aromáticas y lo sepultaron en un sepulcro nuevo.

Eugene P. Vedder, Jr.

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El amor de Cristo (2)

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Para que habite Cristo por la fe en vuestros corazones… y de conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios.
Efesios 3:17, 19

El amor de Cristo (2)
Hemos visto que en Romanos 8 aprendemos que nada podrá separarnos del “amor de Cristo”.

Esta frase también se utiliza en la Epístola a los Efesios, la cual nos presenta el propósito y los consejos de Dios, no solo con respecto a nuestra salvación, sino también en relación con su propia gloria y la satisfacción de su propio corazón. Allí somos vistos como habiendo sido sacados del ’cementerio espiritual’, en el que estábamos “muertos en delitos y pecados”, y vivificados, resucitados con Cristo, y ya sentados en él en los lugares celestiales, solamente a la espera de estar sentados con él cuando venga a por los suyos. La expresión “el amor de Cristo” se encuentra en la oración del apóstol que cierra la primera parte de la Epístola. Esta oración muestra lo que es necesario si queremos poner en práctica la enseñanza de esta carta.

En primer lugar, el apóstol enfatiza que Cristo debe habitar en nuestros corazones por la fe. Como alguien ha dicho, podemos estar seguros de que habitamos en su amor. Pero ¿qué es lo que llena nuestro corazón, aquello en lo que estamos ocupados día tras día? El corazón es nuestro centro de control, así que, si Cristo está habitando allí, todo estará bajo su influencia y control.

En segundo lugar, el apóstol quiere que conozcamos “el amor de Cristo”. La palabra “conocer” en el idioma original (griego) significa: conocer por experiencia. No es un simple conocimiento intelectual de su amor. Se trata de un aprendizaje diario y constante de ese amor. Se lleva a cabo a medida que aprendemos de él a través de su Palabra, y mientras caminamos con él a través de todos los altibajos de nuestras vidas, y experimentamos sus cuidados diarios. ¡Que podamos aprender cada día más acerca de su amor!

Kevin Quartell
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El amor de Cristo (1) | Romanos 8:31, 35

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¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?… ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?
Romanos 8:31, 35

El amor de Cristo (1)
Tres veces en el Nuevo Testamento hallamos la expresión: “El amor de Cristo”. Primero consideraremos esta expresión tal como aparece en Romanos 8.

La Epístola a los Romanos nos presenta el evangelio de Dios acerca de su Hijo (Ro. 1:1, 3). Es la buena noticia de Dios para un mundo pecador que se ha alejado de él. Desde el principio de la Epístola hasta el versículo 11 del capítulo 5, vemos cómo Dios se ha ocupado de nuestros pecados -los pensamientos, las palabras y las obras pecaminosas que hemos cometido. Luego, desde el capítulo 5:12 al 8:39, vemos cómo Dios ha tratado con el pecado, la raíz maligna en nuestro ser que produce los pecados.

¡Qué nota triunfal, pues, nos presenta el cierre del capítulo 8! Si Dios está a nuestro favor, ¿quién puede estar en nuestra contra? ¿Quién puede acusar a quienes Dios ha justificado en virtud de la obra de su Hijo? Cristo murió, pero también resucitó, y ahora está a la diestra de Dios, y desde allí intercede por nosotros (v. 34). Quizás alguien puede preguntarse: ¿Qué puede separarnos del amor de Cristo? La respuesta es clara: nada. Nuestros pecados no pueden separarnos de su amor, porque él ha muerto por ellos. Las circunstancias actuales, por muy difíciles que sean, no pueden separarnos de su amor. De hecho, cuando experimentamos su ayuda y apoyo en momentos de dificultad, llegamos a conocer su amor y su fiel cuidado por nosotros.

Independientemente de la prueba -perder un trabajo, la salud, un ser querido; o incluso enfrentar la misma muerte- nada podrá separarnos del amor de Cristo. “Como había amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin” (Jn. 13:1).

Kevin Quartell
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Saúl, el rey conforme al corazón del hombre | 1 Samuel 8:4

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Todos los ancianos de Israel se juntaron… para ver a Samuel, y le dijeron: He aquí tú has envejecido… constitúyenos ahora un rey que nos juzgue, como tienen todas las naciones.
1 Samuel 8:4-5
Saúl, el rey conforme al corazón del hombre

En lugar de dejar que Dios siga gobernando sobre ellos (véase 1 S. 8:7), los hijos de Israel pidieron un rey que resuelva sus problemas. Dios les dio a Saúl, quien se ajustaba a sus gustos naturales. Sorprendentemente, lo primero que sabemos de él es que estaba buscando los asnos perdidos de su padre (1 S. 9:1-3). Mientras que David, el rey conforme al corazón de Dios, estaba al cuidado de las ovejas de su padre (1 S. 16:11). De hecho, Saúl no pudo hallar los asnos que se habían perdido, aunque eventualmente fueron encontrados (1 S. 9:20). David, en cambio, corrió grandes riesgos con el fin de salvar a sus corderos de la amenaza de un león y un oso (1 S. 17:37).

¡Qué lecciones tan instructivas! El asno representa la naturaleza humana débil y turbulenta (véase Job 11:12). El primogénito de los hombres en Israel es comparado con el primogénito de los asnos: ambos debían ser redimidos con el sacrificio de un cordero (véase Éx. 13:13). Mientras que, en toda la Palabra de Dios, las ovejas y los corderos representan a los verdaderos hijos de Dios. Saúl no tenía el corazón ni la capacidad de cuidar a los tales. Podía ser un capitán, pero no fue un pastor.

Además, Saúl era descendiente de Benjamín, una tribu reconocida por su obstinación en el mal (véase Jue. 20:13), motivo por el que se convirtió en la más pequeña de las tribus de Israel (véase 1 S. 9:21). “Saúl” significa ’pedido’, pues fue la respuesta a la demanda carnal del pueblo. Por lo tanto, representa simbólicamente a la carne. Sin embargo, ¿era Saúl realmente apto y capaz de frenar la maldad impetuosa de un pueblo rebelde? La historia de Saúl nos recuerda que la carne nunca podrá acabar con la carne. ¿Hemos aprendido esto en las dificultades de la Iglesia? Lo que nuestros esfuerzos carnales solo pueden agravar, el Espíritu Santo, con su poder y gracia, puede eliminarlo por completo. ¡Cuántas veces, esta ha sido la experiencia en la historia de la Iglesia de Dios en la tierra!

Simon Attwood
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Restauración (2) | Salmo 23:3-4, 6

Restauración (2)

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Él restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre. Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días. Salmo 23:3-4, 6

La mayoría de los sindicatos, al negociar los nuevos contratos, tratan de incorporar muchos beneficios adicionales al paquete salarial. Entre ellos se encuentran la seguridad laboral, seguros de salud, vacaciones, prestaciones por enfermedad, pensiones de jubilación y seguros de vida. Todo esto parece apropiado e incluso necesario para la vida actual. Sin embargo, todo esto puede desaparecer en un instante. Nada es seguro en este mundo.

Sin embargo, las ovejas que siguen al Pastor tienen asegurada la presencia del Señor, y junto con ello reciben todos los beneficios adicionales que necesitan. Seguir al Señor es el único camino correcto, aunque me lleve por el valle de la sombra de muerte. Pero el salmista dice: “No temeré mal alguno”. ¿Por qué puede decir esto con tanta confianza? Porque el Pastor está con él, y no hay nada que temer. En los tres primeros versículos, el salmista habla del Pastor. Luego le habla directamente a él. Así de cerca está de su presencia.

Con el cayado, el Pastor atrapa a las ovejas para cuidarlas; con su vara aleja a los enemigos. Hay muchos enemigos al acecho para dispersar a las ovejas y devorarlas, pero el Señor es nuestra seguridad y fortaleza, nuestro consuelo y nuestra guía. Nada puede inquietar al creyente que camina en dulce comunión con el Pastor. Podemos mirar hacia atrás y contar innumerables muestras de su bondad y misericordia que nos han acompañado día tras día. ¿Y cuál es la esperanza que tenemos por delante? Estar con él. Después de haber disfrutado de su compañía aquí, ¡qué bello será morar con él eternamente, y no entristecer nunca más su corazón!

Jacob Redekop

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José de Arimatea (1) | Gálatas 3:13

José de Arimatea (1)
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Maldito el que es colgado en un madero. Gálatas 3:13
Cuando llegó la noche… José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Marcos 15:42-43

Ese mismo día, temprano por la mañana, la multitud había exigido que Jesús fuera crucificado -incitada por los principales sacerdotes. Quería que él, el bendito Hijo de Dios, fuera sometido a aquella muerte cruel y vergonzosa que lo pondría bajo la maldición de Dios. Mientras que Pilato, a pesar de estar convencido de la inocencia de Jesús, ordenó que fuera ejecutado de esa manera.

Después de la muerte de Jesús en la cruz, cuando todos lo habían abandonado, un hombre llamado José de Arimatea fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. La Palabra de Dios nos dice que José de Arimatea era un hombre rico, bueno y justo (véase Lc. 23:50; Mt. 27:27), y que también se había convertido en discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos. Él no había aceptado el veredicto del concilio judío, del cual formaba parte. Ahora este hombre rico y prominente reúne todo su valor para ir audazmente a Pilato y pedir el cuerpo de Aquel cuya muerte habían exigido los miembros del concilio, y que había sido condenado a la vergonzosa muerte por crucifixión.

Hoy en día, aquellos que poseen riquezas también pueden acceder fácilmente a hablar con algún funcionario político. Pero resulta inaudito que alguien de esta condición se posicione abiertamente del lado de uno que acaba de ser ejecutado como un criminal de la peor calaña. Además, según la ley mosaica, tocar un cuerpo muerto dejaba a alguien impuro. ¿Podemos imaginarnos a alguien haciéndose impuro justo antes de una fiesta muy importante, para la que Dios exigía que los participantes estuvieran limpios? Todo esto es exactamente lo que hizo José. Y Pilato, después de comprobar que Jesús había muerto realmente, le dio permiso para bajar el cuerpo de la cruz.

Dios no permitió que nadie, excepto a los que amaban a su Hijo, tocara su santo cuerpo después de haber consumado la obra que le fue encomendada.

Eugene P. Vedder, Jr.
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El testimonio del Espíritu | Hebreos 10:15

El testimonio del Espíritu
El Espíritu Santo también nos da testimonio.
Hebreos 10:15
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Muchos cristianos no entienden los pasajes de la Palabra que hablan acerca del testimonio del Espíritu Santo. Piensan que se trata de una experiencia emocional, o un sentimiento de felicidad, o un estado mental de éxtasis, o una visión de algún tipo que (suponen) les confirmará que han sido aceptados por Dios, desechando así el testimonio de la Palabra. Aunque algunas de estas experiencias subjetivas pueden ser fruto del testimonio del Espíritu, en ningún caso constituyen, ni individual ni conjuntamente, dicho testimonio.
Hace algunos años, me encontré con una mujer que ya no era la alegre creyente que había conocido con anterioridad. Su infelicidad se debía a que alguien le había enseñado y persuadido que, si no tenía «el testimonio del Espíritu», entonces no era salva. Y, aunque había orado fervientemente por recibir este «testimonio», no lo había obtenido. Entonces le dije que como cristianos tenemos un testimonio inconfundible, algo que era mucho mejor que una experiencia sobrenatural de parte de Dios: ¡Tenemos la Palabra de Dios!
La Epístola a los Hebreos establece en primer lugar que Cristo es superior a los ángeles, a los profetas y a los líderes del antiguo pacto, y luego muestra el carácter trascendente del nuevo pacto de gracia. Los numerosos sacrificios del antiguo pacto no podían justificar al pecador, pero en la cruz, Cristo justificó a todos los que creen en él. Todos por igual son justificados por la gracia de Dios “mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Ro. 3:24). “Somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (He. 10:10).
El Espíritu Santo nos da testimonio de que Dios nunca más se acordará de nuestros pecados y transgresiones (He. 10:17; véase Jer. 31:33-34).
No necesita orar y suplicar para recibir este testimonio, pues el testimonio del Espíritu está en la Palabra de Dios. Solo debe creer en él.
H. A. Ironside
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Los misteriosos planes de Dios para su pueblo | Hechos 6:8

Los misteriosos planes de Dios para su pueblo

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Esteban, lleno de fe y poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Hechos 6:8

Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él… Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Hechos 7:57, 59

Esteban fue capaz de realizar “grandes prodigios y señales” para ayudar a otros. ¿Por qué no pudo hacer lo mismo para liberarse de ser apedreado hasta morir? ¿Por qué no hizo como Elías, que hizo descender fuego del cielo sobre sus enemigos? ¿Por qué Dios permitió que lo mataran en la “cúspide” de su fidelidad en la tierra? ¿Por qué no llevarse a un cristiano que estuviese “lleno de sí mismo” en lugar de uno que estaba “lleno del Espíritu Santo”?

La respuesta a todas estas preguntas la hallamos en los propósitos soberanos de Dios. A Dios no le falta poder para salvar a los suyos cuando él lo desea. Véase, por ejemplo, a Sadrac, Mesac y Abed Nego en el horno de fuego, a Daniel en el foso de los leones o a Pedro en la prisión de Herodes. Por otro lado, tampoco podemos cuestionar la fe y el compromiso de Esteban. La primera vez que el libro de los Hechos habla de él, lo describe como un “varón lleno de fe y del Espíritu Santo”. Murió orando por los hombres violentos que lo apedrearon hasta que él perdió la vida.

De hecho, la verdad es que Dios no necesita nuestra aprobación ni comprensión para llevar a cabo sus propósitos en nuestras vidas. Sus operaciones para con los suyos no es principalmente nuestro bienestar corporal o nuestra supervivencia, sino para que su gloria se manifieste en ellos. Este es el motivo por el que Pablo pudo sanar a muchas personas durante sus viajes misioneros, pero no pudo liberarse de su aguijón en la carne. Si somos conscientes de ello, entonces podremos confirmar en nuestras vidas las palabras de 2 Samuel 22:31-33: “En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová. Escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios, sino solo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino”.

Grant W. Steidl

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