LAS PROFUNDIDADES

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

LAS PROFUNDIDADES
¡Señor Jesús!
Dame un arrepentimiento más profundo, un horror del pecado, el pavor de
aproximarme a él. Ayúdame en mi debilidad a huir de él y celosamente
resolver que mi corazón será solamente tuyo.
Dame una confianza más profunda, para que yo pueda perderme, para
encontrar en Ti el lugar de mi reposo, la primavera de mí ser. Dame un
conocimiento más profundo de Ti mismo como Salvador, Maestro, Señor y
Rey. Dame una mayor fuerza en la oración secreta, más dulzura en Tu
Palabra, una seguridad más firme de Tu verdad. Dame una santidad más
profunda en el hablar, en el pensar, en el actuar, y no me dejes buscar la
virtud moral aparte de Ti.
Se profundo en mí, Gran Señor, Labrador Celestial, para que mi ser sea un
campo arado, para que las raíces de gracia se extiendan en todas partes,
hasta que solamente Tú seas visto en mí, Tu belleza dorada como cosecha
de verano, Tu fecundidad como la abundancia de otoño.
Yo no tengo ningún maestro sino Tu solamente, ninguna ley, sino Tu
voluntad, ningún placer, sino Tú mismo, ninguna riqueza, sino la que Tú
me das, ningún bien, sino Tu bendición, ninguna paz, sino lo que el Señor
me concede. Yo no soy nada, sino lo que Tú me haces que sea. Yo no tengo
nada, sino lo que recibo de Ti. Yo no puedo ser nada, más esta Gracia me
adorna. Vacíame profundamente, amado Señor, y luego lléname a punto
de rebosar con agua viva.

¿No te harás imagen?

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

¿No te harás imagen?

Por Robert Letham

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

n el año 726, la orden del emperador León de destruir la imagen de Cristo en el palacio imperial produjo una revuelta y la Iglesia oriental quedó sumergida en una larga y agresiva controversia. No fue hasta que la emperatriz Irene convocó el Segundo Concilio de Nicea en el año 787 que la controversia se resolvió a favor de las imágenes. Incluso, luego de esto, surgió un reavivamiento de la iconoclasia y solo en el año 843 el patriarca de Constantinopla, San Metodio, dio fin a la agitación, ocasión que, desde ahí en adelante, se conmemora como la «Fiesta de la Ortodoxia». Esta controversia fue despiadadamente violenta. Los monjes eran azotados hasta la muerte públicamente o se les cortaban las fosas nasales. Uno de ellos fue hecho trizas por una turba mientras que el patriarca Constantino de Constantinopla fue decapitado públicamente. El papado se vio obligado a aliarse con los francos en lugar de con Oriente, ya que la iconoclasia era una realidad ajena en Occidente.

¿Qué causó estas convulsiones? Durante el siglo anterior, las imágenes comenzaron a ser consideradas ventanas al mundo espiritual de manera progresiva. Los íconos de Cristo y de los santos se convirtieron en objetos de devoción, promovidos activamente por la Iglesia. El Concilio Quinisexto, celebrado en el año 692, decretó que Cristo debía ser representado de forma humana «para que de esta manera percibamos la profundidad de la humillación de Dios». Leoncio de Nápoles consideraba a las imágenes de Cristo como una extensión, una recreación, de la encarnación.

Los iconoclastas objetaron. El emperador Constantino V alegó que si una imagen solo presenta la naturaleza humana de Cristo, entonces separa su humanidad de su persona. Si retrata a Cristo en sus dos naturalezas, su deidad es reducida al nivel de la humanidad. La única imagen verdadera de Cristo es la que Él nos dio: la eucaristía. Constantino V, en el año 754, convocó un concilio en el que condenó las imágenes al considerarlas blasfemias contra la encarnación.

Cuando la emperatriz Irene ascendió al poder de facto, convocó un concilio en el año 787. En este, se ordenó la restauración de las imágenes, ya que estas mostraban la realidad de la encarnación. A las imágenes se les debía rendir «reverencia honorable, no la verdadera adoración de la fe que le pertenece solamente a la naturaleza divina… ya que el honor que se le rinde a la imagen es transmitido a lo que la imagen representa, y el que reverencia a la imagen reverencia en ella al sujeto representado». El concilio anatemizó a cualquiera que igualara a las imágenes con los ídolos.

Este concilio suscitó la oposición del reino de los francos, que recientemente había adquirido poder. Carlomagno ordenó que se escribieran los Libri Carolini, que argumentaban que solo Dios puede ser adorado. El principio de que se le rinde veneración a la imagen debido a su relación con lo que originalmente representa es falso y engaña a la gente sencilla. Estos libros rechazaban tanto al concilio iconoclasta del año 754 como al iconódulo Segundo Concilio de Nicea (partidario de las imágenes). La emperatriz Irene no tenía derecho a enseñar a los hombres ni a convocar un concilio. Sin embargo, los iconoclastas no apreciaban la distinción iconodulia entre latria (adoración) y proskunesis (veneración de imágenes). En latín solo existía una palabra —adoro— para traducir ambos términos, y parecía implicar adoración idólatra.

Hasta el día de hoy, la principal característica de la Iglesia ortodoxa oriental es el iconostasio, una pantalla de gran altura que cubre toda la sala hacia el frente. El iconostasio divide al santuario —la parte que está tras él— de la congregación. Solo el clero puede entrar al santuario; no puede acceder ninguna mujer. El santuario simboliza el mundo divino. La nave, el lugar donde está la congregación, es la imagen del mundo humano y todo lo que hay en él. A pesar de estar divididos por el iconostasio, estos dos lugares se consideran partes de un todo, el lugar donde el cielo y la tierra se encuentran. En el iconostasio mismo, que se halla entre el cielo y la tierra, hay varios niveles de íconos que representan una gran nube de testigos y simbolizan a la Iglesia en su desarrollo hacia la eternidad.

La teología de las imágenes. Entre los años 726 y 730, Juan Damasceno emergió como el principal teólogo iconódulo. Distinguió cuidadosamente entre la adoración (latria), que se le debe solo a Dios, y la veneración (proskunesis) en sus distintos grados, señal de la subordinación y humildad del que venera. Juan insistió en que adoremos solo a Dios.

Juan argumentaba que hacer una imagen del Dios invisible sería un grave error, pero que una imagen del Dios encarnado es diferente, ya que Cristo asumió un cuerpo humano. Los cristianos, decía él, no viven bajo el antiguo pacto que prohibía las imágenes, sino bajo la nueva era de la gracia. El hombre mismo es la imagen de Dios. Sostener que las imágenes no son permisibles, según Juan, es decir que la materia es mala. Las imágenes sagradas son medios de instrucción en la fe, memoriales de las vidas de los cristianos, incentivos para vivir una vida piadosa y canales de gracia en virtud de su poder sacramental. El Hijo es la idéntica imagen del Dios invisible; la naturaleza creada del hombre es una copia de la de Dios, que no es creada; la creación refleja sutilmente lo divino.

Todo el mundo es icónico. Una imagen, escribe Juan, es una semejanza de la cosa imaginada, pero también hay una disimilitud entre la imagen y el original, ya que son cosas diferentes. Necesitamos imágenes, argumenta Juan, debido a que somos seres físicos para los cuales el mundo espiritual es un misterio. Los íconos nos proporcionan una ventana hacia este mundo, una ayuda en el camino de la salvación. Dios por naturaleza no tiene cuerpo pero, según Juan, Dios nos dio semejanzas e imágenes de acuerdo a la analogía de nuestra naturaleza corporal. Esto supone una concepción semiótica del universo en la que el ser humano es capacitado para entender la realidad invisible y espiritual a través de señales visibles al combinar lo terrenal y lo espiritual.

Anteriormente, en el siglo IV, Gregorio de Nisa había sostenido que la revelación visible de Dios en la creación es superior a la revelación verbal, ya que él pensaba que el lenguaje es inherentemente ambiguo y, por lo tanto, inapropiado para describir a Dios. Por otro lado, la creación indica Su existencia de forma positiva. Así, la cuestión de las imágenes conlleva preguntas más profundas y trascendentales con respecto a la revelación de Dios.

Asuntos en juego. Oriente acepta que la adoración de imágenes estaba prohibida en el antiguo pacto, pero sostiene que las imágenes eran objeto de veneración. Si todas las imágenes estaban prohibidas, dicen ellos, no podría haber habido querubines sobre el propiciatorio y el arca del pacto.

La encarnación ha cambiado el panorama de forma crucial. Dios el Hijo ha asumido una naturaleza humana, incluyendo un cuerpo, en una unión personal permanente. Dios ahora tiene una forma humana, permanente y visible. La encarnación, de acuerdo con la Iglesia oriental ortodoxa, no solo justifica el uso de imágenes, sino que lo requiere. Afirmar lo contrario es cuestionar la realidad de la encarnación e insinuar que la humanidad del Hijo no es eterna y permanentemente real. También supone que lo espiritual y lo material se oponen entre sí.

Los iconoclastas, por su parte, insistieron en que las imágenes eran idólatras y estaban prohibidas por el segundo mandamiento. De hecho, afirmaron que la pérdida de los territorios orientales, que cayeron bajo dominación musulmana, fue el juicio de Dios por la idolatría.

Inquietudes reformadas. Los cristianos reformados tienen varios problemas con las imágenes, principalmente con su presencia en el contexto de la adoración como el elemento visual más prominente en la iglesia. Esto, en el mejor de los casos, produce ambigüedad. En segundo lugar, el punto crucial tiene que ver con las imágenes de Cristo. El Catecismo Mayor de Westminster, en su pregunta 109, se opone a las imágenes de la Trinidad y, por extensión, a las imágenes de Cristo, ya que Cristo es el eterno Hijo encarnado. Sin embargo, los pasajes que sustentan la doctrina se refieren a la adoración israelita de dioses falsos por medio de objetos materiales, contexto diferente al de la iconografía oriental. Además, el catecismo no rechaza las imágenes de los santos, ya que estas no están vinculadas con la adoración.

De acuerdo con la Iglesia ortodoxa oriental, las imágenes de Cristo no solo están permitidas, sino que son requeridas a la luz de la encarnación. Oponerse a las imágenes de Cristo es negar la realidad de la encarnación: Su humanidad no sería real, sino solo aparente, lo que constituye la herejía del docetismo. Sin embargo, hacer una imagen de Cristo es abstraer Su humanidad de Su persona (el Hijo eterno) y, de esta forma, es caer en el nestorianismo. Aquí la Iglesia ortodoxa oriental, que vehementemente niega el nestorianismo, afirma que la persona de Dios el Verbo encarnado es la que aparece en la imagen y que esta no es una representación de Dios, ya que el Verbo es visible como hombre. Además, hay una semejanza y una diferencia entre la imagen y lo que ella representa, que es evidente en el hecho de que se sostiene que las imágenes muestran a la naturaleza humana transfigurada con belleza divina. La imagen no es una representación de la Deidad, sino que indicaría la participación de una persona determinada en la vida divina.

En qué estamos de acuerdo. La teología reformada también cree en las imágenes. La idea de la imagen (eikôn) es una categoría bíblica: el hombre es hecho a imagen de Dios y Cristo es la imagen del Dios invisible. Sin embargo, más allá de esto, todo es icónico para los reformados. Dios ha impreso la evidencia de Su propia belleza y gloria en toda la creación. «Los cielos proclaman la gloria de Dios, y la expansión anuncia la obra de sus manos» (Sal 19:1).

Lo que hizo el calvinismo fue dar lugar a esta apreciación terrenal de la belleza. Al eliminar el arte y las esculturas de la adoración eclesiástica, las llevó al mundo, situando lo estético en el contexto de la revelación general como el testigo de Dios en el mundo y no como el foco de la adoración de Dios en la Iglesia. El resultado fue el tremendo florecimiento de la creatividad en la cultura posterior a la Reforma, creatividad que no se centró en el dominio sobrenatural de los ángeles y los demonios, sino en el mundo alrededor nuestro que refleja la gloria y la belleza de Dios.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Letham
Robert Letham

El Dr. Robert Letham es profesor de teología sistemática e histórica en la Union School of Theology de Gales. Es autor de numerosos libros, entre ellos The Holy Trinity y Union with Christ.

Jóvenes, ¡manténganse firmes! (4)

Jueves 20 Enero

Velad, estad firmes en la fe; portaos varonilmente, y esforzaos. 1 Corintios 16:13(Jesús dijo:) Retienes mi nombre, y no has negado mi fe… Pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga Apocalipsis 2:1325

Jóvenes, ¡manténganse firmes! (4)

 – Rechacen los modelos presentados en las revistas, la radio, la televisión, el internet; estos hablan de amor, pero piensan en libertinaje y conducen a la ruina moral.

Aférrense al modelo por excelencia, Jesucristo, el Hijo de Dios. Él, quien es puro y santo, mostró en su vida y a través de su enseñanza lo que es el verdadero amor al prójimo.

 – Rechacen a los que seducen mediante señales y milagros que no son bíblicos.

Aférrense al mayor de los milagros: el sacrificio de Jesucristo, quien dio su vida en la cruz para salvarnos, y quien al tercer día resucitó de los muertos para justificarnos.

 – Rechacen el misticismo, que insinúa que en ustedes vive un “destello de divinidad”.

Aférrense al hecho de que el corazón humano está totalmente corrompido y perdido, pero que la salvación depende solo de la gracia de Dios.

 – Rechacen la cultura de la diversión, tan extendida incluso entre los cristianos. No escuchen a los que hablan de Dios con ligereza.

Aférrense a Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, quien es a la vez santo y justo, amor y misericordia. ¡Él es digno de recibir todo el honor y la adoración!

 – Rechacen la confusión religiosa que viene de la influencia del mundo y de doctrinas no bíblicas en el cristianismo.

Aférrense a lo único verdadero: ¡la Biblia, Jesús, la gracia, la fe!

Génesis 24:1-32 – Mateo 13:24-43 – Salmo 13 – Proverbios 4:1-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tesis #15 – La trivialización Dios es uno de los pecados capitales de la iglesia de nuestros días

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 15

 La trivialización Dios es uno de los pecados capitales de la iglesia de nuestros días

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

No es la fe la que salva, es Cristo por medio de la fe

Coalición por el Evangelio

No es la fe la que salva, es Cristo por medio de la fe

Por Sugel Michelén

Contrario al pensamiento de muchos, no es la sinceridad o cantidad de la fe lo que importa, sino el objeto en el que descansa la fe. Si una persona ingiere un veneno por error creyendo sinceramente que es jugo de naranja, la sinceridad de su creencia no eliminará el efecto nocivo del veneno.

De igual manera, aquellos que viajen atemorizados en avión tendrán más probabilidades de llegar a su destino que aquellos viajeros ilegales que se arriesgan abandonar su país en una frágil embarcación, por más seguridad que tengan de que llegarán sanos y salvos a la otra orilla. Los primeros tienen poca fe en un objeto confiable, mientras los segundos están depositando mucha fe en uno que no lo es.

Pues lo mismo ocurre en lo tocante a la vida eterna. La Palabra de Dios enseña en Proverbios 16:25 que “hay camino que parece derecho al hombre, pero su fin es camino de muerte”. Este hombre transita confiado por una senda equivocada, creyendo sinceramente que va por buen camino, pero la sinceridad de su creencia no eliminará el hecho de que ese es un camino de muerte.

Y es que la fe no tiene poder en sí misma para salvar. Ella opera más bien llevándonos de la mano a confiar en el único que puede salvar al pecador: nuestro Señor Jesucristo. Todo el que descansó sinceramente en cualquier otro medio de salvación, aparte del Señor Jesucristo, se perderá, porque no es la fe la que salva, sino Cristo por medio de la fe.

La fe que conduce a la salvación es una mano desnuda que se extiende confiadamente para recibir lo que el Señor Jesús ofrece en el evangelio. Él se hizo Hombre siendo Dios, vivió una vida perfecta y luego murió en una cruz para pagar la deuda de todos aquellos a quienes vino a salvar; y ahora, en base a esa obra de redención, ofrece perdón y vida eterna a todo aquel que cree. Su justicia perfecta es puesta en nuestra cuenta por medio de la fe.

En Juan 6:47 dice el Señor: “De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí tiene vida eterna”. Y en otro lugar añadió: “Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna” (Juan 10:27-28). Sólo las ovejas de Cristo tienen vida eterna, no las de ningún otro pastor; y esas ovejas se distinguen en que oyen su voz y le siguen; ellas prestan atención a las enseñanzas de Cristo reveladas en Su Palabra, la Biblia. Creer sincera y profundamente en cualquier otro medio de salvación no servirá de nada; es Cristo el que salva, por medio de la fe.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

Un renacimiento occidental

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Un renacimiento occidental

Por Nicholas R. Needham

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Europa occidental, en el siglo VIII, estuvo dominada por lo que los historiadores llaman el «Renacimiento carolingio», el cual no se debe confundir con el Renacimiento de los siglos XV y XVI. Este renacimiento del siglo VIII recibió su nombre de la dinastía gobernante de Francia, los carolingios. Al principio, ellos eran los mayordomos hereditarios del palacio real francés, quienes disfrutaban de un poder real bajo la figura monárquica de los merovingios. El más famoso de los mayordomos carolingios fue Carlos Martel (690-741), conocido como Carlos «el Martillo» por su decisiva victoria militar sobre los ejércitos musulmanes españoles. A menudo se olvida que, durante gran parte del período medieval, España fue islámica. Un ejército musulmán de África había cruzado el estrecho de Gibraltar en el año 711, y en el 718 había conquistado casi toda la España cristiana. Los musulmanes continuaron su avance hacia Francia. Sin embargo, en el 732, en Tours (o posiblemente en Poitiers), fueron recibidos por un ejército católico francés. Aquí, Carlos Martel derrotó a las fuerzas musulmanas, lo cual detuvo permanentemente el progreso occidental del Imperio islámico. Los franceses obligaron a los musulmanes a regresar a España, y allí se quedaron durante los siguientes 700 años, hasta que finalmente fueron expulsados ​​al norte de África en 1492. Martel salvó a Europa para el cristianismo.

Martel también dio un fuerte apoyo a la cristianización de la Alemania pagana. Esto fue llevado a cabo por una auténtica inundación de monjes misioneros ingleses, el más famoso de los cuales fue Bonifacio (680-754). Durante los próximos trescientos años, los monasterios en esta área fueron los centros vitales de la religión y la cultura cristiana en Alemania.

Esta alianza entre los carolingios y el papado por la evangelización de Alemania se fortaleció después de la muerte de Martel en el 741 y la ascensión al poder de sus hijos Carlomán y Pipino. Martel había puesto a Carlomán y Pipino en un monasterio durante su juventud, donde los monjes los habían criado para tener una preocupación genuina por el bienestar de la Iglesia. Ahora que compartían el trono de Francia, ellos invitaron a Bonifacio para ayudarles a reformar la Iglesia francesa. Dado que Bonifacio actuó como representante del papa, estas reformas fortalecieron el vínculo entre Francia y el papado. Carlomán se convirtió en monje después de que se completaron las reformas de Bonifacio, dejando así a su hermano Pipino como único gobernante de Francia.

Sin embargo, en teoría, Pipino seguía siendo solo el alcalde del palacio, el principal servidor de Childerico III, el último de los débiles reyes merovingios. Los fuegos de la ambición danzaban en el corazón de Pipino; sintió que él, el verdadero gobernante de Francia, debía llevar la corona real. Así que Pipino obtuvo el apoyo del papa Zacarías y en el 751 depuso a Childérico. Luego, Bonifacio, actuando nuevamente en nombre del papa, coronó a Pipino como rey de Francia, el primero de la gran dinastía real carolingia. Esta fue la primera vez que un papa afirmó que su autoridad apostólica incluía el derecho a sancionar el destronamiento de un rey y su reemplazo por otro. Pipino recompensó al papa invadiendo al reino lombardo de Italia en 756, el cual había estado amenazando a Roma. Pipino le dio al papa todas las ciudades lombardas que había capturado. Esta acción, conocida como «la donación de Pipino», creó un gran conjunto de territorios papales con forma de H a través de la parte centro occidental y noreste de Italia: los «estados pontificios». A partir de entonces, los papas serían tanto gobernantes seculares como líderes espirituales.

Cuando Pipino murió en el 768, sus dos hijos, Carlos y Carlomán, lo sucedieron como gobernantes conjuntos de Francia. Carlomán murió en el 771, dejando a Carlos como único gobernante. Carlos reinó durante los siguientes cuarenta y tres años (771-814) y creó el primer gran Imperio occidental desde la caída de Roma en el 410. A él se le conoce como «Carlos el Grande» o Carlomagno (del latín magnus, «grande»).

Carlomagno es una de las figuras verdaderamente colosales de la historia europea. Se le ha llamado el «Moisés de la Edad Media» porque sacó a los pueblos germánicos del desierto de la barbarie pagana y les dio un nuevo código de leyes civiles y eclesiásticas. Su biógrafo, Einhard, nos dice que Carlomagno era físicamente un gigante, sobrio y simple en su vida privada, un gobernante justo y generoso, un padre cariñoso y muy popular entre sus súbditos. Tenía una mente perspicaz, una devoción sincera a la fe cristiana y a la Iglesia católica, y una sensación ardiente de una misión personal de parte de Dios de unir a las naciones occidentales en un Imperio cristiano.

Podríamos pasar gran parte de nuestro tiempo contando la historia de las guerras de Carlomagno, las cuales, finalmente, rompieron la columna del poder pagano en Alemania. Sin embargo, es más provechoso considerar su papel en unir a Francia y Alemania con el pegamento de una nueva cultura cristiana. El principal asesor religioso de Carlomagno, el monje inglés Alcuino de York (730-804), fue clave en esto. Alcuino fue director de la escuela de la catedral de York antes de ingresar al servicio de Carlomagno en el 782. Durante los siguientes veintidós años, fue el maestro principal del Imperio carolingio, el hombre más culto de Europa occidental. Alcuino fue (entre otras cosas) comentarista bíblico, erudito textual, revisor litúrgico, defensor de la ortodoxia, reformador de monasterios, constructor de bibliotecas y astrónomo docto. Las principales contribuciones de Alcuino al Renacimiento carolingio fueron las siguientes:

Lenguaje. Alcuino reformó la ortografía y desarrolló un nuevo estilo de escritura a mano llamado «minúscula carolingia», en el que se basan nuestras letras impresas modernas. Los eruditos carolingios revivieron el latín, lo refinaron y lo enseñaron a todas las personas educadas. Se convirtió en el idioma internacional de la civilización occidental. Cualquiera que fuera su lengua nativa, todos los occidentales educados podían hablar latín.

Literatura. En los días previos a la invención de la imprenta, los monjes tenían que copiar los libros a mano. El ejército de monjes eruditos de Carlomagno hizo numerosas copias de escritos antiguos. La mayoría de nuestros textos sobrevivientes de la antigua Grecia y Roma nos han llegado de copias carolingias. Alcuino supervisó el establecimiento de bibliotecas monásticas en todo el imperio de Carlomagno, donde se copiaron y almacenaron estos libros. De esta manera, el Renacimiento carolingio ayudó a preservar y a transmitir al presente el conocimiento y la cultura del pasado.

La Biblia. Alcuino revisó el texto de la Biblia latina y estableció una edición estándar de la Vulgata de Jerónimo.

Educación. Carlomagno tuvo un fuerte interés personal en la difusión de la educación. Él ordenó a obispos y a abades para que establecieran escuelas para capacitar a sacerdotes y a monjes. Decretó que cada parroquia debía tener una escuela para educar a todos los niños varones del vecindario. Él fundó su propia academia real en Aquisgrán, la cual Alcuino presidió y que alentó el estudio de la lógica, la filosofía y la literatura.

Muchos de los asesores eclesiásticos de Carlomagno vieron la gran extensión de su reino como una recreación del Imperio romano en Occidente. Esto llevó a que Carlomagno fuera reconocido como «emperador de los romanos» en el año 800. En el día de Navidad de ese año, mientras Carlomagno estaba arrodillado en el altar de la iglesia de San Pedro en Roma, recibiendo la comunión, el papa León III mostró una corona y la colocó en la cabeza de Carlomagno. Así nació el «Sacro Imperio Romano». La coronación de Carlomagno por León significaba que él no era simplemente el rey de Francia, sino que también era el heredero de los antiguos emperadores romanos, aquel en quien el Imperio romano había renacido, el gobernante supremo del mundo occidental.

La exaltada visión de Carlomagno sobre la monarquía, sin embargo, lo condujo a un serio conflicto con el papado. Podemos captar el concepto de Carlomagno sobre su propia posición a través de una carta que le envió Alcuino:

Nuestro Señor Jesucristo te ha establecido como el gobernante del pueblo cristiano, en un poder más excelente que el del papa o el emperador de Constantinopla; en sabiduría, más distinguido; en la dignidad de tu gobierno, más sublime. Solo de ti depende toda la seguridad de las Iglesias de Cristo.

A lo largo de su reinado, Carlomagno actuó consistentemente bajo esta teoría de la «monarquía sagrada», considerándose a sí mismo como el superior del papa incluso en asuntos doctrinales. Podemos ver esto claramente en dos casos. En primer lugar, la respuesta de Occidente a la controversia iconoclasta fue formulada por Carlomagno (en vez de por el papa) en los llamados libros carolinos o «libros de Carlos», escritos con la ayuda de sus asesores religiosos, especialmente Alcuino. Los libros carolinos buscaban marcar una postura intermedia entre los defensores orientales y los enemigos de los iconos. En segundo lugar, Carlomagno también sancionó la inserción de la cláusula filioque en el Credo de Nicea, sobre la cabeza de la oposición del papa León III, de modo que el credo ahora dice que el Espíritu Santo procede del Padre «y del Hijo». La Iglesia oriental protestó fervorosamente contra esta alteración unilateral de un credo ecuménico causada por un emperador occidental, pero fue en vano. Esto trajo graves consecuencias, contribuyendo a la separación de Oriente y Occidente en iglesias separadas y mutuamente hostiles en el 1054.

La relación entre Carlomagno y el papado, entonces, era incómoda. La creación del Sacro Imperio Romano allanó el camino para los feroces conflictos entre papas y emperadores en la Edad Media tardía. El papado defendió el gran principio espiritual de la libertad e independencia de la Iglesia del control del Estado. Sin embargo, para asegurar esa independencia, los papas querían poner al Estado bajo el control de la Iglesia. Por otro lado, Carlomagno y sus sucesores se consideraban a sí mismos como «reyes sagrados», gobernantes divinamente elegidos de un Imperio cristiano, responsables ante Dios por su bienestar espiritual y secular. Para ellos, el papa era nada más que su principal consejero espiritual. Mientras la Iglesia y el Estado estuvieran unidos y fueran vistos como dos aspectos de una sola sociedad cristiana, la posibilidad de conflicto religioso y político entre el papa y el emperador era muy real.

Nicholas R. Needham
Nicholas R. Needham

El Dr. Nicholas Needham es pastor de la Iglesia Inverness Reformed Baptist Church de Inverness, Escocia, y profesor de historia eclesiástica en el Highland Theological College de Dingwall, Escocia. Es autor de la obra 2,000 Years of Christ’s Power [2000 años del poder de Cristo], compuesta de varios tomos.

Jóvenes, abran los ojos, ¡los están engañando! (3)

Miércoles 19 Enero

Es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos… Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Romanos 13:11-12

Te alumbrará Cristo.Efesios 5:14

Jóvenes, abran los ojos, ¡los están engañando! (3)

Se les dice: “Interésense en el ocultismo, la magia, la brujería, el esoterismo, ¡tendrán una fuerza y poderes sobrenaturales!”.

 – La Biblia dice: “No sea hallado en ti quien… practique adivinación, ni agorero, ni sortílego, ni hechicero, ni encantador, ni adivino, ni mago, ni quien consulte a los muertos. Porque es abominación para con el Señor cualquiera que hace estas cosas” (Deuteronomio 18:10-12).

Se les dice: “Vayan a donde encuentren señales y milagros, donde hay revelaciones y visiones, donde tendrán experiencias muy especiales”.

 – La Biblia dice: “No creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios; porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto conoced el Espíritu de Dios: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo ha venido en carne, es de Dios; y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios” (1 Juan 4:1-3). “Porque se levantarán falsos cristos, y falsos profetas, y harán grandes señales y prodigios, de tal manera que engañarán, si fuere posible, aun a los escogidos” (Mateo 24:24).

Se les dice: “¡Serán felices si dan rienda suelta a todos sus deseos, a todos sus impulsos!”.

 – La Biblia dice: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” (Mateo 5:8). “Honroso sea en todos el matrimonio, y el lecho sin mancilla; pero a los fornicarios y a los adúlteros los juzgará Dios” (Hebreos 13:4).(mañana continuará)

Génesis 23 – Mateo 13:1-23 – Salmo 12 – Proverbios 3:32-35

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Tesis #14 – La Palabra nos enseña a tener temor reverente de Dios, pero no de Satanás y sus demonios

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 14

 La Palabra nos enseña a tener temor reverente de Dios, pero no de Satanás y sus demonios

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

2 – David y el Blanco Perfecto

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

2 – David y el Blanco Perfecto

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón

Texto: 1 Samuel 16:1-13 En un mundo que se deja impresionar por las apariencias, Dios escoge a una persona un tanto inusual para que sea el rey de su pueblo escogido. Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin. Este ministerio se sostiene gracias a las oraciones y ofrendas de sus oyentes.

Si quisiera ofrendar a este ministerio puede hacerlo en nuestra página https://sabiduriaespanol.org/ofrendar/

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo via radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

Mas siempre ha de existir de Dios el reino eterno

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

Mas siempre ha de existir de Dios el reino eterno

Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo VIII

al vez uno pudiera argumentar que la historia de la Iglesia consiste en un sinfín de divisiones. Sin embargo, si bien es cierto que la historia está repleta de divisiones eclesiásticas, hay una unidad que trasciende todo el bullicio mundano y la confusión diabólica que rodea a la historia del pueblo de Dios. Esta unidad no es el resultado de concesiones doctrinales ecuménicas, sino todo lo contrario, es una unidad que trasciende todas las herejías debido al hecho de que es una unidad establecida en Dios mismo.

Pues Dios no ve como el hombre ve, y Su narrativa del despliegue del pacto de redención trae unidad a toda la historia: una unidad gobernada por Dios, centrada en Dios y que glorifica a Dios. Así como Dios tiene un propósito para toda la historia, Dios está en toda la historia; de modo que hay una unidad general en toda la historia precisamente porque Dios es soberano sobre todos los acontecimientos de la historia, por derecho y por necesidad.

En la Alemania pagana del siglo VIII, Bonifacio, un monje agustino inglés que predicaba el evangelio, fue martirizado por construir un lugar de adoración cristiana usando la madera de un roble dedicado al dios del trueno. Bonifacio no sobrevivió físicamente las divisiones religiosas y sociales del siglo VIII, pero la verdad de Dios sí sobrevivió.

Ocho siglos después, un monje agustino alemán de la ciudad de Wittenberg llamado Lutero escuchó el mismo evangelio que Bonifacio había predicado. Su mensaje de reforma centrado en el evangelio hizo que ganara el derecho a recibir el título de «hereje» en la bula papal Exsurge Domine, publicada el 15 de junio de 1520 por el papa León X. Fue esa misma bula papal la que Lutero quemó el 10 de diciembre de 1520 junto a la puerta de Elster en Wittenberg, donde hasta el día de hoy permanece un enorme roble que fue dedicado a él en aquel histórico momento. A su tiempo, el mismo evangelio que Lutero proclamó encendió una llama que incendió el mundo, expandiéndose desde Alemania hasta Inglaterra, donde las llamas de la leña ardiente abrasaron los cuerpos de muchos mártires ingleses que predicaban el evangelio. Sus voces, junto con las voces de Bonifacio y Lutero, cantan mientras se postran ante el trono del Dios Altísimo, coram Deo: «Esa Palabra del Señor… Muy firme permanece; Nos pueden despojar; De bienes, nombre, hogar; El cuerpo destruir; Mas siempre ha de existir; De Dios el reino eterno».


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Burk Parsons
Burk Parsons

El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.