LO QUE CADA CREYENTE DEBERÍA SABER SOBRE LA TENTACIÓN por John Owen
La Advertencia del Salvador en contra de la Tentación
Los discípulos se sentían confiados aún y cuando el peligro estaba a la vuelta de la esquina. Fue entonces que el Señor dio esta advertencia: “Velad y orad, para que no entréis en tentación…” (Mat. 26:41; Mr. 14:38; Luc. 22:46) Cada discípulo de Cristo necesita la misma advertencia. Esta advertencia contiene tres lecciones básicas que cada creyente debería aprender muy bien:
La tentación es algo contra lo cual el creyente necesita guardarse continuamente.
“Entrar en tentación” significa ser tentado en la forma más profunda y peligrosa.
Para evitar que seamos dañados por esta clase de tentación, el creyente debería aprender a “velar y orar”. En la Biblia vemos que existen dos clases diferentes de tentación. Hay un tipo de tentación que Dios usa y hay un tipo de tentación que Satanás utiliza. La tentación es como un cuchillo que puede ser utilizado para un propósito bueno o malo: puede servir para cortar la comida o puede ser usado para cortar su garganta.
I. La clase de tentación que Dios usa Algunas veces la Biblia usa la palabra “tentación” para significar una prueba o un examen. (Vean por ejemplo que la versión antigua traduce Santiago 1:2 como “diversas tentaciones” y la versión 1960 traduce la misma frase como “diversas pruebas”.) Abraham fue probado por Dios (vea Gen. 22:1) y en una forma u otra, todos los creyentes están sujetos a pruebas y tentaciones. Hay que notar dos puntos importantes acerca de dichas pruebas. Primero: El propósito de Dios en enviarnos pruebas. a. Las pruebas ayudan al creyente a conocer el estado de su salud espiritual. A veces, la experiencia de una prueba enseñará al creyente las gracias espirituales que Dios está produciendo en su vida. La prueba que Dios le envió a Abraham demostró la fortaleza de su fe. A veces la prueba le mostrará al creyente las maldades de su corazón de las cuales no estaba consciente. Dios probó a Ezequías para revelarle el orgullo que había en su corazón (2 Cron. 32:31). A veces los creyentes necesitan ser animados viendo las gracias espirituales que Dios está obrando en sus vidas. A veces los creyentes necesitan ser humillados aprendiendo acerca de la maldad oculta de sus corazones. Dios cumple ambos propósitos a través del uso de pruebas adecuadas. b. Las pruebas ayudan al creyente a conocer más acerca de Dios. 1) Solamente Dios puede guardar al creyente de caer en el pecado. Antes de que seamos tentados, pensamos que podemos manejar cualquier tentación con nuestras propias fuerzas. Pedro pensaba que jamás negaría a su Señor. La tentación le mostró que sí era capaz de hacerlo. (Mat. 26:33–35, 69–75). 2) Cuando hemos aprendido nuestra debilidad y el poder de la tentación, entonces estamos listos para descubrir el poder de la gracia de Dios. Esta es la gran lección en que el apóstol Pablo fue enseñado por medio de “su aguijón en la carne” (2 Cor. 12:7–10). Segundo: Dios tiene muchas maneras para probar a su pueblo. Dios prueba a cada creyente en una manera muy personal. En seguida daremos tres ejemplos de los métodos que Dios usa en ocasiones para probar a su pueblo: a. Los prueba encomendándoles deberes que sobrepasan sus recursos. El apóstol Pablo se refiere a esta clase de prueba cuando escribe: “Pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas…” (2 Cor. 1:8). Esta fue una prueba que Dios usó para enseñar a Pablo lo que él dice: “Para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (2 Cor. 1:9). Los creyentes no deberían estar sorprendidos ni desmayados si Dios les encomienda una tarea que pareciera ser demasiado grande para ellos. En esta manera Dios prueba a los creyentes para hacerles ver si su fe en el poder divino es fuerte o débil. b. Dios prueba a los creyentes permitiendo que sufran por su fe. Algunas veces el sufrimiento es muy severo, aún hasta el punto de la muerte (por ejemplo el martirio). Tal clase de sufrimiento es una prueba la cual la mayoría de los creyentes temen. Sin embargo, muchos creyentes han encontrado que en forma inesperada les fue concedida la fortaleza para ser torturados y aún para morir por Cristo. Todos los creyentes son llamados a sufrir de alguna forma u otra (Fil. 1:29 y 1 Ped. 2:21). Tales sufrimientos son llamados por el apóstol Pedro como “la prueba de vuestra fe” (1 Ped. 1:7 Versión Antigua). c. Dios prueba a los creyentes permitiendo que se encuentren con maestros falsos y enseñanzas falsas. En esta manera Dios pone a prueba la lealtad y el amor del creyente hacia El. (Deut. 13 es un buen ejemplo de esta clase de prueba.) Estos son tres ejemplos de la variedad de métodos que Dios usa para probar a su pueblo. Esta clase de prueba que Dios usa siempre tiene la intención de hacer bien a su pueblo. Estamos listos ahora para ver la clase de tentación que Satanás usa.
II. La tentación usada por Satanás con el propósito de lograr que la persona peque Ambas clases de tentación contienen la idea de poner a prueba. ¡La tentación siempre es una prueba! En la clase de tentación intentada por Satanás, el punto que tenemos que recordar es el propósito de la prueba. La tentación de esta clase es una prueba diseñada para conducir a la persona a pecar. Dios nunca es el autor de este tipo de tentaciones (Stg. 1:13). Esta es la clase de tentación que el Señor tenía en mente cuando advirtió a sus discípulos. Esta es la clase de tentación acerca de la cual estudiaremos en este libro. La Biblia enseña que hay tres causas principales para este tipo de tentación. A veces estas causas obran juntas y a veces separadamente: Primero: El diablo como el tentador. Dos veces en el Nuevo Testamento el diablo o Satanás es llamado “el tentador”. (Mat. 4:3; 1 Tes. 3:5). A veces el diablo tentará al creyente a pecar introduciendo pensamientos malos o blasfemos en su mente. A veces existe la tentación de dudar de la realidad de Dios o de la veracidad de su Palabra. Esta tentación frecuentemente surge por medio de malos pensamientos mandados por el diablo a la mente del creyente. Tentaciones de esta clase son llamadas “los dardos de fuego del maligno” (Ef. 6:16). El creyente no es culpable de pecado por el mero hecho de tener tales pensamientos. El creyente solamente es culpable de pecado si cree estos pensamientos. Frecuentemente el diablo tienta usando dos de los siguientes métodos: Segundo: El mundo (incluso la gente mundana) como un tentador. El pescador usa como anzuelo un gusano sabroso para atraer al pez. En la misma forma, a menudo el diablo usa el anzuelo de alguna atracción del mundo para persuadir a la persona a pecar. El diablo, cuando tentó a Cristo usó los reinos de este mundo como su anzuelo. Fue una sirvienta quien tentó a Pedro para que negara a su Señor (Mat. 26:69). El mundo con todas sus cosas y su gente es una fuente constante de tentación para los creyentes. Tercero: La carne (los deseos egoístas) como un tentador. A veces el diablo obra a través de los deseos egoístas para tentar a la persona. El diablo tentó a Judas a traicionar al Señor usando tanto la ayuda del mundo (los fariseos y treinta monedas de plata Luc. 22:1–6) como la naturaleza codiciosa de Judas mismo. En las palabras de Santiago: “Cada uno es tentado, cuando de su propia concupiscencia es atraído y seducido.” (Stg. 1:14) La clase de tentación usada por el diablo es siempre un intento de persuadir de alguna forma a la persona a pecar. Tales tentaciones tienen como su meta principal persuadir a la persona a pecar en alguna o en todas las siguientes maneras: 1) por el descuido de algún deber que Dios le ha encomendado, 2) por guardar malos pensamientos en su corazón y permitir que los pensamientos ya concebidos den a luz el pecado, 3) por permitir que Satanás le distraiga de alguna manera de su comunión con Dios o 4) por fallar en dar a Dios la obediencia constante, completa y universal a todos sus mandamientos incluyendo la manera en la cual la obediencia es rendida. Ahora estamos listos para reflexionar brevemente en la primera lección mencionada al principio de este capítulo.
III. La tentación es algo contra lo cual el creyente necesita guardarse continuamente Ilustraremos los peligros de la tentación usada por Satanás bajo los siguientes dos puntos: a. El gran daño que las tentaciones de Satanás pueden hacer al creyente. La meta principal de la tentación es la de conducir a la persona a pecar. Pudiera ser el pecado de hacer lo que Dios prohibe. Pudiera ser el pecado de no hacer lo que Dios manda. Pudiera ser algún pecado en la carne que puede ser visto por otros, o pudiera ser un pecado en la mente que solo Dios puede ver. Cualquiera que sea el pecado, nunca debemos olvidar que el propósito de la tentación es de dañar la salud espiritual del creyente. b. La gran variedad de tentaciones que Satanás usa en contra del creyente. Cualquier cosa que pueda impedirnos hacer la voluntad de Dios debe ser vista como una tentación. Puede ser que sea algo dentro de nosotros (algún deseo malo) o cualquier cosa o persona en el mundo. Cualquier cosa que provoque o anime a una persona a pecar es un tipo de tentación. Casi cualquier deseo que una persona pueda tener, podría convertirse en una fuente de tentación. Desear tales cosas como por ejemplo: una vida tranquila, amigos, un buen nivel de vida, una buena reputación (¡la lista es casi interminable!), no es pecaminoso en sí mismo. Sin embargo, tales cosas pueden llegar a convertirse en una fuente peligrosa de tentación que resulte difícil resistir. Los creyentes necesitan aprender a temer las tentaciones que surgen de tales fuentes ya mencionadas. Deberían temer tales tentaciones tanto como temen las tentaciones que conducen a pecados abiertos y escandalosos. Si fallamos en hacer esto, estamos más cerca del borde de ser arruinados de lo que nos imaginamos.
Owen, J. (2010). Lo que cada creyente debería saber sobre la tentación (O. I. Negrete & T. R. Montgomery, Trads.; pp. 11-12). Publicaciones Faro de Gracia.
Lunes 7 Agosto Si tomare las alas del alba y habitare en el extremo del mar, aun allí me guiará tu mano, y me asirá tu diestra. Salmo 139:9-10 Entonces oró Jonás a Jehová su Dios desde el vientre del pez. Jonás 2:1 Los atributos de Dios El Salmo 139 pone ante nosotros de manera impactante los atributos de nuestro Dios. En los versículos 1 al 6 habla de su omnisciencia: lo sabe todo. En los versículos 7 al 12 habla de su omnipresencia: está en todas partes. El salmista señala que, incluso si tuviera que hacer su hogar en los confines del mar, allí encontraría la mano de Dios para guiarlo, y su mano derecha para sostenerlo. En los versículos 13 al 16 habla de su omnipotencia: es todopoderoso.
¿Hay algún ejemplo en las Escrituras de alguien que haya experimentado esto? En efecto, ¡sería difícil encontrar una forma mejor de llegar a los confines del mar que estar en las entrañas de un gran pez! Jonás estaba totalmente fuera del alcance de cualquier ayuda o simpatía humana. Y, sin embargo, ¡el Señor estaba allí! Jonás estaba allí por su desobediencia, pero en su infinita gracia, Dios iba a utilizar tal experiencia para restaurar su alma, como vemos en el capítulo 2 de su libro. Verdaderamente, Jonás sintió que Su mano lo guiaba y que Su diestra lo sostenía incluso en aquel lugar.
Gracias a Dios, la mayoría de nosotros no tendremos que pasar por una experiencia como la de Jonás. Y, sin embargo, ¿no tenemos momentos en nuestra vida en los que nos sentimos, moralmente hablando, en lo más profundo del mar? Sean cuales sean nuestras circunstancias, animémonos por el hecho de que el Señor está ahí. Incluso cuando pasamos por situaciones difíciles, su mano está ahí para guiarnos, y su diestra para levantarnos. Su mano pronto enjugará todas nuestras lágrimas. Hasta entonces, su mano todopoderosa es capaz de fortalecernos y llevarnos a través de la prueba.
No basta conocer que hay un Dios, sino quién es Dios, y lo que es para nosotros
Por Juan Calvino
Por tanto, los que quieren disputar qué cosa es Dios, no hacen más que fantasear con vanas especulaciones, porque más nos conviene saber cómo es, y lo que pertenece a su naturaleza. Porque ¿qué aprovecha confesar, como Epicuro, que hay un Dios que, dejando a un lado el cuidado del mundo, vive en el ocio y el ‘placer? ¿Y de qué sirve conocer a un Dios con el que no tuviéramos que ver? Más bien, el conocimiento que de Él tenemos nos debe primeramente instruir en su temor y reverencia’, y después nos debe enseñar y encaminar a obtener de Él todos los bienes, y darle las gracias por ellos. Porque ¿cómo podremos pensar en Dios sin que al mismo tiempo pensemos que, pues somos hechura
de sus manos, por derecho natural y de creación estamos sometidos a su imperio; que le debemos nuestra vida, que todo cuanto emprendemos o hacemos lo debemos referir a Él? Puesto que esto es así, síguese como cosa cierta que nuestra vida está miserablemente corrompida, si no la ordenamos a su servicio, puesto que su voluntad debe servimos de regla y ley de vida. Por otra parte, es imposible ver claramente a Dios, sin que lo reconozcamos como fuente y manantial de todos los bienes. Con esto nos moveríamos a acercarnos a Él y a poner toda nuestra confianza en Él, si nuestra malicia natural no apartase nuestro entendimiento de investigar lo que es bueno. Porque, en primer lugar, un alma temerosa de Dios no se imagina un tal Dios, sino que pone sus ojos solamente en Aquél que es único y verdadero Dios; después, no se lo figura cual se le antoja, sino que se contenta con tenerlo como Él se le ha manifestado, y con grandísima diligencia se guarda de salir temerariamente de la voluntad de Dios, vagando de un lado para otro.
Instituciones de la Religión Cristiana Libro I, Cap 2
AUTOR DEL EXTRACTO JUAN CALVINO El primer teólogo en sistematizar las Escrituras, sus enseñanzas fueron de vital importancia para la reforma de la iglesia.
Domingo 6 Agosto El cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas. Hebreos 1:3 Cristo, el resplandor de la gloria de Dios Con términos incuestionables este capítulo presenta la magnificencia de la grandeza de la gloria de Dios, tal como se manifiesta en su Hijo. La Epístola a los Hebreos no se enfoca en la humilde gracia de su obra, sino en la majestad y grandeza de ella. Es una obra digna de Aquel cuya dignidad es tan inmensa. La gloria infinita de esta Persona le da un valor infinito a su obra.
Cristo es en sí mismo el “resplandor” de la gloria de Dios, el propio brillo de esa gloria, al igual que la luz del sol revela la maravilla del resplandor y el calor de esa estrella. No se limita a reflejar esa luz, sino que ella misma es su resplandor. Cristo no se limita a expresar algo de Dios, sino que es la expresión de Dios mismo. Es imposible exagerar al alabar la grandeza de su majestad. No solo es el Creador de todas las cosas, sino que también “sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”. Si no ejerciera constantemente su propio poder, nada en el universo podría permanecer en su lugar.
Él, que es el gran Creador y Sustentador del universo, solo y por sí mismo realizó la poderosa obra de “purificación de nuestros pecados” mediante la ofrenda inigualable de sí mismo en la cruz. Nadie más podría haber hecho esto. Llevará su gloria durante la eternidad, en presencia de multitudes de corazones dispuestos a ofrecerle su profunda adoración. Es conveniente que sea exaltado a la diestra de la Majestad en los cielos. “Se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas”, tras una perfecta victoria sobre el poder de Satanás y del mal, y ahora es Objeto de la adoración de su amado pueblo. Eventualmente, toda la creación se postrará delante de él.
Sábado 5 Agosto Mas yo haré venir sanidad para ti, y sanaré tus heridas, dice Jehová; porque desechada te llamaron, diciendo: Esta es Sion, de la que nadie se acuerda. Jeremías 30:17 Vendas divinas En un día futuro, estas palabras llegarán a Israel como un rayo de luz al final de un largo período de oscuridad. Habiendo pasado por el “tiempo de angustia para Jacob”, un tiempo de sufrimiento sin precedentes, el pueblo experimentará la restauración de Dios. Entonces sabrán que sus heridas pueden ser sanadas, por muy graves que sean, y que su salud puede restablecerse, aunque su vida haya quedado destrozada.
Estas palabras no solo se aplican al futuro. Los cristianos de hoy en día sufren heridas que no se pueden curar, y están rodeados de gente que no los entiende. Algunos han sido abusados y maltratados en su niñez. Otros han sido profundamente heridos por otros cristianos. Otros se han sentido amargados y desilusionados por un matrimonio infeliz. ¿Existe realmente un remedio para estos casos?
Consideremos tres cosas. En primer lugar, las heridas de Israel no fueron superficiales. Dios había calificado previamente sus dolencias como incurables y sus heridas como graves. En segundo lugar, las cosas y personas a las que podrían haber recurrido (medicinas y amantes) no les habrían ayudado. En tercer lugar, sus heridas eran consecuencia de sus propias iniquidades; Dios mismo se las había infligido. Aunque nos inflijamos nuestras propias heridas, no desechemos esta realidad demasiado rápido: Dios aún está al control. Él ha permitido todo lo que nos ha sucedido, y todo obrará para nuestro propio bien (cf. Ro. 8:28).
Comprender esto es el primer paso a la sanidad. El segundo paso es darse cuenta de que solo Dios puede restablecer la salud y curar los corazones rotos. Puede utilizar a otras personas para ello, pero son solo instrumentos en sus manos. El tercer paso es dejar la autocompasión y la amargura, confesando en qué nos equivocamos, y perdonando a los que nos han hecho daño.
1.Introducción La vida de nuestra iglesia debe ser evidentemente sobrenatural. Es decir, cuando las personas dan un vistazo a nuestra iglesia, deberían ver la profundidad y la amplitud de nuestras relaciones, algo que va más allá de lo que pueden explicar solo a través de medios naturales.
Dios ha revelado sus medios normales para hacer lo sobrenatural. En particular, el día de hoy queremos considerar los medios sobrenaturales de Dios para edificar su iglesia por medio de la oración y la predicación.
La predicación es uno de los medios normales de la gracia sobrenatural. Piensa en Romanos 10:17: «Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios». El amor sobrenatural es resultado de la fe sobrenatural, ¿cierto? La predicación es el medio ordinario mediante el cual Dios otorga el don sobrenatural de la fe a su pueblo.
A continuación, como ya mencioné, el otro medio de la gracia que queremos estudiar es la oración. Jesús nos dijo en Juan 14:13: «Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré». Por tanto, otra manera de ver a Dios obrar sobrenaturalmente en nuestras congregaciones es acercándonos a él en oración sabiendo que en Cristo, Dios escuchará nuestra alabanza, nuestra confesión, nuestro agradecimiento y nuestras súplicas.
Durante el resto de nuestro tiempo quiero que examinemos cada uno de estos medios individualmente. ¿Cómo podemos ser parte de una comunidad en la iglesia con una unidad sobrenatural? Principalmente, escuchando la Palabra de Dios y orando. Comenzaremos con la Palabra de Dios.
La predicación
A. La predicación importa El hecho de que la predicación es el medio de Dios para llevar a cabo lo sobrenatural no debería sorprendernos. Al fin y al cabo, Dios siempre ha creado a su pueblo con su palabra. En el principio Dios creó todas las cosas por el poder de su palabra. Dios creó al pueblo de Israel por la palabra de su ley en el monte Sinaí. Dios da vida por medio de su palabra, por ejemplo; la visión de Ezequiel de un valle de huesos secos. Allí leemos:
«Profeticé, pues, como me fue mandado; y hubo un ruido mientras yo profetizaba, y he aquí un temblor; y los huesos se juntaron cada hueso con su hueso… Y profeticé como me había mandado, y entró espíritu en ellos, y vivieron, y estuvieron sobre sus pies; un ejército grande en extremo» (Ezequiel 37:7, 10).
Imagina a un hombre hablando a huesos secos para que cobraran vida.
La palabra de Dios, hablada a través del profeta Ezequiel, es lo que trae a su pueblo a la vida. Esto es exactamente lo que vemos en el Nuevo Testamento. Jesús, la palabra de Dios hecha carne, enseñó al pueblo de Dios. Es la predicación del evangelio por parte del apóstol Pedro en Hechos 2 lo que primero enciende a la iglesia, y es la enseñanza fiel de los apóstoles la que la sostiene.
La Palabra de Dios es fundamental para la identidad de su pueblo. El cristianismo se trata primariamente de una experiencia espiritual, o de una comunidad cordial o de actos de servicio, aunque ciertamente implica estas cosas. Se trata antes que nada de un mensaje que puede ser respaldado en base a hechos históricos: «que Cristo fue sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras, y que apareció a Cefas, y después a los doce» (1 Corintios 15:4-5). Esta es la buena noticia: el evangelio. Y predicar ese mensaje es la fuente de nuestra vida como iglesia y de la vida eterna para cada uno de nosotros.
B. Específicamente la predicación expositiva Puedes predicar y ver que nada sobrenatural acontece. No toda predicación es fiel. Y no todas las personas son oyentes fieles. Solo piensa en toda esa gente que escuchó a Jesús en persona, y después se alejó sin ningún cambio en sus vidas. Por tanto, primero quiero hablar acerca de qué clase de predicación debería verse como normal, y luego qué sucede cuando esa predicación se cruza con la comunidad del pueblo de Dios.
¿Qué clase de predicación creará sobrenaturalmente al pueblo de Dios de la nada? En una palabra, la predicación que es expositiva. Aquella que nos «expone» un pasaje de la Escritura. Cuando decimos que un sermón es «expositivo», queremos decir que está diseñado para explicar un pasaje en particular de la Palabra, de manera que la enseñanza principal del sermón es la enseñanza principal del pasaje.
La alternativa es lo que las personas llaman la predicación «temática», en la cual el predicador determina la enseñanza principal que quiere comunicar, y puede usar o no la enseñanza principal del pasaje bíblico para apoyar ese punto. La predicación temática no es de ninguna manera mala, tenemos sermones temáticos en esta iglesia, ¡nuestro pastor Mark predicó un sermón temático esta mañana! Sin embargo, un programa de predicación que es predominantemente expositivo hará que una congregación crezca mejor y con resultados más duraderos. ¿Por qué? Porque cuando un predicador enseña expositivamente, avanzando a través de sucesivos pasajes de la Escritura semana tras semana, la congregación entiende mejor la Escritura en su contexto general.
Permíteme explicar esto dando tres ventajas específicas de la predicación expositiva:
– Cuando el pastor predica una serie de pasajes, fundamentando cada sermón en la enseñanza principal de un pasaje de la Escritura (en lugar de un tema), la palabra de Dios marca la pauta para el sermón. En lo práctico, la predicación expositiva obliga al predicador a abordar versículos que puedan incomodarle o que no encajan tan claramente con su teología.
– La predicación expositiva es una mejor forma de enseñar la Biblia. Cuando el pastor predica un pasaje de la Escritura en contexto, tomando la enseñanza del pasaje como la enseñanza del mensaje, él y la congregación a menudo escuchan cosas de parte de Dios que desconocían cuando el pastor empezó a estudiar el pasaje.
– Y tercero, la predicación expositiva le enseña a los miembros de la congregación cómo leer y estudiar la Biblia por sí mismos. Cuando el sermón semana tras semana enseña a la iglesia a ser expositores y aplicadores fieles de la Palabra de Dios, la Biblia se filtrará en cada aspecto de la vida en comunidad.
C. Predicación = La Palabra de Dios + el pueblo de Dios
Pero si solo nos detenemos allí, aun no habremos trazado todo lo que la predicación hace en la iglesia. Porque predicar no consiste solo en exponer la Palabra de Dios; consiste en exponer la Palabra de Dios al pueblo de Dios. Así que, ¿qué ocurre cuando la Palabra de Dios se topa con el pueblo de Dios? He aquí tres cosas a considerar.
– La aplicación Más obviamente, aplicamos la Palabra de Dios. Considera el peso de la responsabilidad que descansa sobre nuestros hombros, los que tenemos el privilegio escuchar predicaciones centradas en el evangelio cada semana. Oro para que en el Último Día nosotros en esta iglesia veamos el fruto de dicha predicación en nuestras vidas.
Hay algunas cosas que podemos hacer para aplicar mejor los sermones. Podemos leer el mensaje en nuestros tiempos devocionales. Podemos orar por el predicador y por nuestra aplicación. Podemos tomar notas.
Pero incluso por encima de esas cosas, deberíamos meditar sobre la aplicación del sermón como un esfuerzo colectivo en vez de uno individual. Una buena pregunta a considerar es: ¿Trabajas de manera fiel y humilde para ayudar a aplicar la verdad que recibiste en las vidas de tus hermanos y hermanas en Cristo? ¿Conocen tu vida lo suficientemente bien, y conoces tú las suyas, que puedes ayudarles a aplicar un sermón de una forma que quizá ellos no hayan pensado? Aquí tienes algunas ideas de cómo podrías hacer esto: (1) habla después del servicio/en el almuerzo acerca del sermón; (2) desarrolla puntos de aplicación en un grupo pequeño; (3) en relaciones de discipulado; (4) en devocionales familiares. (5) En lugar de intentar recordar páginas de apuntes de cada sermón, escoge una o dos cosas cada semana que aplicarás en oración a tu vida, y habla con otras personas al respecto. Dios nos da un banquete todas las semanas. Pongámoslo en práctica.
– La contextualización Pero eso no es lo único que ocurre cuando la predicación se lleva a cabo en el contexto de la comunidad. La Palabra se aplica a necesidades específicas de nuestra congregación; a nuestros defectos; a la forma en la que Dios se ha estado moviendo entre nosotros; con nuestra demografía particular en mente.
– La autoridad La predicación en una iglesia debería explicar, interpretar y aplicar la Escritura. Así que en cierto sentido su autoridad descansa sobre la Escritura. Pero sabemos que como seres humanos pecaminosos, podemos fallar en explicar e interpretar la infalible Palabra de Dios. La predicación va más allá de eso. Verás, la predicación en la iglesia está respaldada por el testimonio unánime de toda una comunidad de cristianos, cada uno con sus propios pecados, pero cada uno habitado por el Espíritu vivificador de Dios. Cuando la iglesia funciona como debería, entonces las palabras predicadas un domingo por la mañana son confirmadas tácitamente por los Ancianos, y finalmente por la congregación en general. Si un predicador comenzara a predicar lo que la iglesia considera contrario a la Escritura, entonces los miembros tienen el deber de actuar.
Mark lo ha dicho muchas veces: «Si comienzo a predicar un evangelio diferente, despídanme».
La congregación es la autoridad final en dichos asuntos doctrinales, vemos eso claramente en Gálatas 1 cuando Pablo demanda a la iglesia en general el exigir una verdadera predicación, y lo vemos puesto de forma negativa en 2 Timoteo 4:3, cuando Pablo advierte a Timoteo que algunos pueden empezar a exigir enseñanzas falsas, y así podemos tener gran confianza en la verdad de lo que escuchamos predicado en una iglesia sana porque está respaldada por el testimonio de una comunidad de cristianos. Mientras más conoces a la comunidad de una iglesia, más puedes confiar en su predicación. Una buena predicación producirá una buena comunidad.
Podemos ser parte de la comunidad sobrenatural de la iglesia local por medio de la predicación, cuando escuchamos un buen sermón, lo aplicamos a nosotros y a otros, y apoyamos la predicación correcta. Pero también sucede a través de la oración, que es el siguiente punto para el resto de nuestro tiempo juntos.
La oración Quiero usar el resto de nuestro tiempo para pensar acerca de la oración en lo que se refiere a la iglesia local.
Creo que todos entendemos que la oración es importante. Pero cuando reflexionamos sobre la oración, lo primero que nos llega a la mente, al menos en mi caso, es la oración privada. No obstante, la Biblia también llama muy claramente a los cristianos a orar juntos. Piensa en la oración del Padre Nuestro que Jesús nos da en Mateo 6:
«Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Y perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal».
Cuando Jesús nos dio un modelo para la oración, lo hizo de una forma que la encomienda incluso más para nuestro tiempo juntos como cuerpo que para nuestro uso privado. Una de las principales maneras en las que podemos orar como congregación es cuando nos reunimos como iglesia. Así que empecemos examinando por qué la oración congregacional es tan importante.
A. ¿Por qué es importante la oración corporativa?
– Dios usa nuestra oración juntos para hacer avanzar su reino. Oramos juntos porque, sencillamente, tenemos que hacerlo. Oramos por necesidad, porque necesitamos que Dios actúe. Así como lo vemos en el libro de Hechos. Allí, la iglesia primitiva tuvo una serie de obstáculos que vencer, incluyendo la persecución, pero continuó expandiéndose. En varias ocasiones vemos que cuando la iglesia enfrentaba persecución, se reunía para orar. Así, en Hechos 4, leemos que Pedro y Juan salieron de la cárcel y la iglesia se reunió para escuchar su informe. Creerías que con sus líderes en prisión, las personas orarían por su cuenta en lugar de arriesgarse a reunirse. Pero la oración corporativa era lo suficientemente importante que los creyentes se reunían para orar juntos, alabar a Dios por su soberanía y pedirle valentía ante las amenazas. Lucas nos dice: «Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios» (Hechos 4:31).
Y esto no se limita a las circunstancias particulares de la iglesia primitiva. A lo largo de la historia hemos visto la obra de Dios especialmente activa cuando su pueblo se reúne para orar.
– Dios se glorifica a través de la unidad de nuestra oración. Como hemos escuchado en clases anteriores, la unidad entre el pueblo de Dios da gloria a Dios. Esa es la razón por la que en Efesios, capítulo 4, Pablo llama a toda la iglesia a mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz. Orar juntos es una manera de cumplir este mandamiento al congregarnos visiblemente como el pueblo de Dios para orar.
La unidad que demostramos cuando buscamos a Dios juntos en oración es particularmente extraordinaria.
Dos cosas a observar en particular: (a) orar juntos es un medio de la gracia de Dios en el cual crecemos espiritualmente cuando escuchamos a otros comprometerse con la oración; y (b) la oración corporativa también puede servir como un testimonio poderoso para los no cristianos que ven el amor y el compromiso que los cristianos tienen entre sí en sus oraciones.
– La oración corporativa nos une. La oración corporativa no solo se beneficia de nuestra unidad; en realidad nos ayuda a crear la unidad. Cuando oramos juntos, estamos, de cierto modo, dejando atrás nuestros deseos egoístas y nos enfocamos en Dios y en los demás. Así, por ejemplo, los domingos por la noche, oramos unos a otros de varias formas: agradecemos a Dios por su gracia en la vida de las personas; oramos por la salud física de otros; por su bienestar espiritual; oramos por sus ministerios, etc. Tanto orar por otros, como escuchar a otros orar por nosotros, naturalmente nos acerca más a medida que aprendemos más unos de otros y, al sentir el efecto de esas oraciones en la obra hecha por el Espíritu Santo. Escucharás a personas describir el servicio de oración como nuestro tiempo familiar. Y una razón fundamental por la que esta descripción es que tenemos ese tiempo de oración unida juntos.
Aquí tienes una idea de cómo podemos respaldar esa unidad: considera si hay peticiones de oración o testimonios acerca de la gracia de Dios que podrías compartir con la congregación que podría acercarnos y ayudarnos como cuerpo a maravillarnos ante el poder y la misericordia de nuestro Dos. Piensa en la oración corporativa como un servicio a esta congregación. Para algunos de nosotros, eso podría sentirse un poco extraño. Somos personas bastante privadas que pensamos que si otras personas oran por nosotros eso sería una carga. No obstante, la Biblia no ve las cosas de esta manera. Hay un pasaje grandioso en 2 Corintios 1 en el que Pablo comparte una situación particularmente difícil.
«Porque hermanos, no queremos que ignoréis acerca de nuestra tribulación que nos sobrevino en Asia; pues fuimos abrumados sobremanera más allá de nuestras fuerzas, de tal modo que aun perdimos la esperanza de conservar la vida. Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aun nos librará, de tan gran muerte; cooperando también vosotros a favor nuestro con la oración, para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos» (2 Corintios 1:8-11).
Ese último versículo da en el clavo: «para que por muchas personas sean dadas gracias a favor nuestro por el don concedido a nosotros por medio de muchos». ¿Era una carga para estos creyentes orar por Pablo? Absolutamente no. Era una bendición animarlo y compartir el gozo de su continua liberación en Dios. ¿Qué hubiese pasado si Pablo hubiese decidido que sus problemas eran una molestia para la iglesia? Deberíamos agradecer a Dios que no lo hizo.
Por tanto, piensa cómo puedes compartir tus necesidades con otros para que puedan acercarse como creyentes y ser alentados por la increíble obra de Dios. ¿Estás luchando con tu fe? ¿Estás luchando en el trabajo? ¿Estás luchando en tu matrimonio? ¿Estás luchando con la evangelización? Recuerdo que cuando un hermano en esta iglesia compartió un domingo por la noche que estaba batallando con su fe en Dios, su honestidad fue un buen ejemplo para nosotros, y cuando la iglesia lo cubrió en oración, fuimos capaces de alabar a Dios mientras nuestras oraciones eran contestadas. Deja que otros te acerquen a nuestro Señor en oración. Es un privilegio para ellos.
– La oración corporativa nos enseña cómo orar Me pregunto si alguna vez has notado que nuestros servicios por la mañana siguen el mismo esquema que muchos cristianos usan en sus tiempos devocionales. Siguen el camino del evangelio: vemos la santidad de Dios, nuestro pecado, la obra de Cristo en la cruz y nuestra respuesta. Y nuestra oración corporativa sigue el modelo CASA: Confesión, Adoración, Súplica y Agradecimiento, aunque no siempre en ese orden. ¿Por qué? Porque oramos juntos en parte para enseñarnos cómo orar. Permíteme que explique a lo que me refiero.
Es una buena disciplina solo enfocarnos en alabarle. Por lo que nuestras oraciones de alabanza nos enseñan qué significa centrar nuestra mirada únicamente en la hermosura de Dios y deleitarnos en él. Asimismo, la confesión es incómoda, y rápidamente pasamos a pedirle a Dios que nos cambie. Pero cuando hacemos eso, perdemos la oportunidad de explorar nuestros corazones y reconocer lo que realmente hay allí. Tener un tiempo extendido solo para confesar el pecado hace que la seguridad del perdón que leemos en la Biblia, y el cántico que entonamos en respuesta, sea mucho más alegre. Y también podemos aprender de las oraciones de súplica y agradecimiento. En la oración de súplica, por ejemplo, Mark orará por mucho más que solo nuestras necesidades, que es donde sentimos la tentación de enfocarnos. Él ora por nuestro gobierno, por la iglesia perseguida, por las misiones, por la evangelización, por nuestra iglesia, y termina orando por los puntos de su sermón. Si lo sigues cuidadosamente mientras somos guiados en oración, espero que eso mejore tu propia vida de oración.
– Ora por tu iglesia Antes de culminar nuestro tiempo juntos, permíteme darte algunas consideraciones de cómo puedes orar diariamente por tu iglesia. Espero que a medida que estas cosas se vuelvan parte de tu rutina diaria, veas grandes cosas suceder en tu iglesia.
– Ora por el predicador. Piensa en Pablo al escribirle a los efesios: «[Oren] por mí, a fin de que al abrir mi boca me sea dada palabra para dar a conocer con denuedo el misterio del evangelio, por el cual soy embajador en cadenas; que con denuedo hable de él, como debo hablar» (Efesios 6:19-20). Si el gran apóstol Pablo necesitó que oraran por él para predicar, ciertamente nuestros predicadores también lo necesitan.
– Ora por el directorio de membresía. Sé que has escuchado esto antes. Y sé que implica orar por muchas personas que no conoces. Pero la buena noticia es que al orar por ellos, los conocerás más rápido. Y así como Pablo oró por los cristianos en Roma que nunca llegó a conocer, orar diariamente por personas con las que no tienes una conexión en particular solo porque son miembros de tu iglesia, honra a Dios maravillosamente.
– Ora por tu iglesia como un todo. La cultura de nuestra iglesia está conformada por los hábitos, expectativas y comportamientos que llegan a caracterizarla como iglesia. Es posible que hayas notado que Mark hace que oremos por muchas cosas diferentes los domingos por la noche, como orar para que podamos tener una unidad verdadera en nuestra diversidad. Para que podamos entablar relaciones trasparentes entre nosotros, para que podamos ver la hospitalidad como una parte importante de seguir a Cristo. Todo esto en base a una lista que elaboré hace algunos años en mi esfuerzo por capturar las diferencias de la cultura que Dios ha edificado en nuestra iglesia.
Conclusión ¿De qué manera esperamos que lo sobrenatural obre en nuestra iglesia? Celebramos la predicación regular de la Palabra de Dios, y oramos. Esos son los medios que Dios usa naturalmente para hacer lo que es sobrenatural. Sus medios normales de gracia.
Viernes 4 Agosto Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que habían oído a Juan… Este halló primero a su hermano Simón, y le dijo: Hemos hallado al Mesías… Y le trajo a Jesús. Y mirándole Jesús, dijo: Tú eres Simón, hijo de Jonás; tú serás llamado Cefas. Juan 1:40-42 Simón Pedro (1) – Su conversión Andrés había oído predicar a Juan el Bautista, y por ello creyó que Jesús de Nazaret era el Mesías. Luego se lo dijo a Simón, su hermano; esto fue lo primero que hizo. El deseo ardiente de dar a conocer a Cristo a los demás es una de las manifestaciones evidentes de una auténtica conversión, y eso es precisamente lo que vemos en Andrés. No se le menciona mucho en el Nuevo Testamento; era un hermano de “bajo perfil”, pero al llevar a Simón a Cristo, hizo posible que miles de personas se salvaran (véase Hechos 2:38-41). Andrés “le trajo a Jesús”, ¡e innumerables multitudes a lo largo de los tiempos se lo agradecen!
El encuentro de Simón con el Señor Jesús fue transformador -¡su vida nunca volvería a ser la misma! Cristo le dio un nuevo nombre, el cual era indicio de una nueva vida y una nueva naturaleza. Nuestros nombres son escritos en el cielo cuando nos convertimos (Lc. 10:20), y cuando lleguemos allí, recibiremos un nuevo nombre, el cual será un secreto especial entre el Señor y nosotros (Ap. 2:17). El nuevo nombre de Simón fue “Cefas”, que significa piedra en arameo (la palabra griega es “petros”, de la que deriva el nombre “Pedro”). Más adelante comprenderemos el significado más profundo de este nombre cuando consideremos el caminar de Simón con el Señor (Mt. 16:18).
El título “Mesías” puede no ser el más elevado de los títulos y nombres del Señor. Sin embargo, alguien ha dicho: “Al aceptar a Jesús recibimos todo lo que él es, aunque cuando lo aceptamos solo percibimos la parte menos exaltada de su gloria”. Si tenemos a Cristo, lo tenemos todo, y nuestra percepción de lo que él es crecerá con el tiempo.
El orgullo y humildad en la ética reformada de Herman Bavinck
Por Israel Guerrero Leiva
Sin lugar a duda, uno de los teólogos más importantes de finales del siglo XIX, y comienzos del siglo XX fue Herman Bavinck. Quizás no estás familiarizado con su nombre, pero si alguna vez has tenido la oportunidad de estudiar la Teología Sistemática de Louis Berkhof (1873-1957), entonces de manera indirecta, has podido estudiar un destilado de Bavinck, ya que él fue muy influyente en el pensamiento de Berkhof.[1]
¿Por qué considerar el estudio de alguien que, de acuerdo con J. I. Packer (1926-2020), tuvo una mente y una sabiduría que es comparable a hombres como Agustín (354-430), Juan Calvino (1509-1564) y Jonathan Edwards (1703-1758)?[2] Porque Herman Bavinck fue un teólogo y pastor que desarrolló una robusta teología y cosmovisión reformada que fue aplicada en las distintas esferas de la vida en su determinado contexto, ya sea en el púlpito, en la academia, arte, educación, política y sociedad. ¿No es acaso esto lo que necesitamos en nuestros contextos hispanohablantes? Debido al fundamento trinitario de su confesionalidad reformada, Bavinck enseñó una teología práctica donde la dogmática reformada (un cuerpo de estudio similar a una teología sistemática) era enseñada en conjunto con una ética reformada. De acuerdo con Bavinck:
La dogmática y la ética están en unidad… la dogmática describe las obras de Dios por —y en— nosotros; la ética describe lo que los seres humanos renovados [nacidos otra vez] ahora hacen sobre la base de —y en la fortaleza de— esas obras [de Dios].[3]
Esto nos enseña algo muy importante: no es posible estudiar, desarrollar y aplicar las doctrinas de la gracia si no vivimos reflejando la gracia de Dios en todo lo que hacemos. En otras palabras, no hay teología reformada si no hay una ética reformada. Es por esto que el orgullo no tiene lugar para aquellos que estudian y enseñan una teología que refleja las palabras del himno de John Newton (1725-1807) “Sublime Gracia”.
Entonces, ¿qué enseñó Bavinck a sus alumnos con respecto a este tema? En sus notas de clase descubiertas en el 2008 —posteriormente publicadas en el 2019 como Gereformeerde Ethiek [Ética reformada]— podemos encontrar a Bavinck refiriéndose al tema del orgullo, sus consecuencias y su remedio en varios lugares. A continuación, desarrollaré brevemente algunos de estos puntos.
El orgullo en la caída Luego de desarrollar una profunda sección con respecto a la esencia de la imagen de Dios en el ser humano, Bavinck comienza a describir a la humanidad en “la condición de estar bajo el poder del pecado”. Todo comenzó bajo el primer acto de pecado. Este acto consistió en que, a través del orgullo, Eva negó tanto las consecuencias del pecado, como el pecado mismo. Este hecho singular del pecado de Adán y Eva involucró dos movimientos. Por una parte, el pecado los llevó a apartarse de Dios y a tener enemistad con Él. Por otra parte, ellos se volvieron a sí mismos y se dieron a sí mismos, resultando en “egoísmo” y “amor hacia algo que no es Dios, es decir: uno mismo”.[4]
En resumen, tanto en el primer acto pecaminoso cometido por Adán y Eva, como también en cada pecado que cometemos, existe una “deificación del yo, glorificación del yo y una adoración del yo”. ¿No es esto acaso una expresión de lo horrible que es el orgullo? De hecho, las descripciones de pecado y orgullo presentan una estrecha similitud. Para Bavinck, el pecado consiste:
En poner a otro en el trono. Ese otro no es una criatura en general, ni siquiera el prójimo, sino al “yo mismo” de la humanidad. El principio fundamental/organizador del pecado es la autoglorificación/adoración, la autodivinización. De manera más general: egoísmo o amor por sí mismo (deseo/apetito, búsqueda, enfermedad, epidemia). El alejarse de Dios es un volverse a uno mismo… El pecado entonces no es meramente una alteración del orden existente —un desorden— sino también un establecimiento de otro orden, es decir, una confusión/desorden. [El pecado] no es solamente contra [orden], también es anti [orden]. En una palabra: revolución.[5]
De acuerdo con lo anterior, podemos ver que la relación entre la autoadoración, el desorden y la revolución constituyen aspectos esenciales del pecado. De la misma manera, para Bavinck, “el orgullo, que es la expresión desnuda del principio del egocentrismo, se exalta en conocimiento, virtud, convirtiéndose incluso en orgullo espiritual”.[6]
Creo que una de las cosas que más puede perturbar el desarrollo de la teología reformada en las iglesias es el orgullo espiritual. Aprender, predicar y enseñar acerca de la soberana gracia de Dios con un corazón orgulloso, solo demuestra que somos nosotros quienes queremos ser los soberanos al levantarnos contra la gracia de Dios. Como resultado, este pecado nos llevará a odiar a Dios y a nuestro prójimo. De la misma manera, el orgullo espiritual nos llevará tanto a la “terquedad”, como alguien que “siempre alaba y presiona su propia opinión”, como también a la “insolencia” e “ingratitud”, donde no hay un reconocimiento de nuestra necesidad.[7]
Pienso que esto último nos debe llevar a reflexionar seriamente sobre la intención y la manera en que estamos aprendiendo, aplicando y enseñando las preciosas doctrinas de la gracia. No podemos seguir creciendo para la gloria de Dios si nuestros corazones no reconocen la profunda necesidad de mortificar aquello que destruye la relación entre la teología y la práctica: el orgullo. Es una terrible contradicción enseñar una teología que nos debería llevar a la humildad, pero que en realidad la estamos ocupando para elevarnos por sobre los demás, incluyendo a Dios. ¿No será acaso el orgullo espiritual lo que está llevando a que el mal uso de las doctrinas reformadas esté promoviendo la división entre aquellos que deberíamos estar más unidos en la verdad? Fue esto lo que llevó a Bavinck a reflexionar de la siguiente manera:
Siempre lleva a la melancolía el pensar cuánto nos falta todavía en la práctica en nuestra confesión cristiana… Aquellos que confiesan a Jesús el Cristo, en particular a los miembros de nuestra Iglesia [Reformada], una lección debe ser retenida: no sean soberbios, sino teman; sean revestidos de humildad.[8]
Estimados hermanos, el llamado es claro: no seamos soberbios. La soberbia espiritual es tan terrible porque refleja lo que ocurrió en la caída. De acuerdo con Bavinck, “posiblemente el orgullo fue el primer pecado y por lo tanto el comienzo y el principio básico de la caída de Adán y Eva”.[9] Estudiantes de teología: que el orgullo nunca sea el comienzo ni el fundamento de nuestro aprendizaje, de lo contrario, toda nuestra soberbia espiritual será el comienzo y fundamento de nuestra ruina espiritual.
El remedio al orgullo: fe en Cristo e imitación de Cristo ¿Cómo podemos entonces mortificar ese horrible pecado que se incuba en lo más profundo de nuestro ser? La respuesta: a través de la fe en Cristo. Esta fe “no solamente nos justifica, sino que también nos santifica y salva”. De hecho, Bavinck destaca que es la “verdadera fe, la fe no fingida, la que rompe en nosotros toda autoconfianza, arranca nuestro orgullo de su pedestal y marca un final a toda nuestra justicia”.[10]
¿Por qué la fe verdadera es la que rompe con nuestro orgullo? Porque es justamente a través de la fe donde nuestra confianza deja de estar puesta en nosotros, para estar firmemente cimentada en el autor y consumador de la fe: Jesucristo.
Finalizaré este artículo destacando un aspecto que tal vez no es muy estudiado: la imitación de Cristo.
Debido a que Cristo pagó por todos nuestros pecados en la cruz (¡incluyendo el orgullo!), es nuestro deber mortificar este pecado a través del uso de los medios de gracia. Por ejemplo, a través del correcto estudio y predicación de la Palabra, la correcta administración de los sacramentos y la oración. Esto puede ser entendido de manera más profunda al comprender “la forma de la vida espiritual”, es decir, a través de “la imitación de Cristo”.
De acuerdo con Bavinck, “Cristo no es solamente nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, sino también nuestro ejemplo e ideal. Su vida es la forma —el modelo— en la cual nuestra vida espiritual crece y que debe asumir”.[11]
Entendiendo que esta imitación no se refiere a una forma de repetición de Cristo de la manera en que los monjes creyeron (pobreza, castidad y obediencia), ni tampoco cómo la entendieron varios místicos,[12] Bavinck procede a hablar desde una perspectiva bíblica y reformada acerca de Imitatio Christi [la imitación de Cristo].
De esta manera, la imitación de Cristo consiste en lo siguiente:
En el reconocimiento de Cristo como el Redentor y Mediador. Por lo tanto, la imitación es posible a través de la fe al estar unidos espiritualmente a Cristo. Internamente, al tener comunión con Cristo, y que Cristo sea formado en nosotros. En que nuestras vidas sean formadas o moldeadas de acuerdo a Cristo.[13] En otras palabras, a través de la aplicación de los beneficios obtenidos solamente por la obra y persona de Cristo, todos nuestros pecados han sido perdonados para así tener una comunión viva con el Dios verdadero. Como fruto de esto, mortificaremos nuestro pecado al poner nuestra fe en Cristo e imitar a Aquel que es manso y humilde: Jesucristo, nuestro Salvador y Señor.
Quizás más de algún lector ya ha estudiado sobre el orgullo, la humildad y la imitación de Cristo. Sin embargo, es mi deseo que como cristianos, y en este caso como cristianos reformados, podamos crecer en humildad de manera real y no como algo meramente teórico. En palabras de Bavinck: “Después de todo, el propósito de la ética es que nosotros crezcamos en gracia, y que no nos quedemos en el nivel de la teoría”.[14]
[1] Lamentablemente, hasta el momento no hay ninguna publicación al español de alguna obra completa de Herman Bavinck. Estoy seguro que esta situación pronto cambiará.
[2] Ver contraportada en Reformed Dogmatics. Prolegomena. [Dogmática Reformada. Prolegómena] Vol. I. Editado por John Bolt y traducido por John Vriend (Grand Rapids: Baker Academic, 2003).
[3] Ibid., 58.
[4][4] Herman Bavinck, Gereformeerde Ethiek [Ética reformada], Editado por Dirk van Keulen (Utrecht. KokBoekencentrum, 2019), 81-82.
[5] Ibid., 97.
[6] Ibid., 101.
[7] Ibid., 113.
[8] Herman Bavinck, Kennis en Leven [El conocimiento y la vida] (Kampen: J.H. Kok, 1922), 78.
[9] Herman Bavinck, Magnalia Dei. Onderwijzing in de Christelijke Religie naar Gereformeerde Belijdenis. Tweede Druk [Magnalia Dei. Instrucción en la religión cristiana según la confesión reformada. Segunda impresión] (Kampen: J.H. Kok, 1931), 204.
Israel Guerrero Leiva Israel Guerrero Leiva (chileno) posee un Máster en Teología (M.Th.) en el Seminario Teológico de Edimburgo y Universidad de Glasgow, Escocia. Actualmente está realizando un Ph.D. en Teología Sistemática en la Universidad de Edimburgo. Junto con su esposa Camila y sus dos hijas —Emma y Eilidh— son miembros de la Free Church of Scotland. Su pasión es contribuir a la formación teológica reformada de los futuros teólogos y plantadores de iglesias en el mundo hispanohablante. Es administrador de la página de Facebook “Bavinck y Kuyper en español”.
Jueves 3 Agosto No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad… orando en todo tiempo… en el Espíritu… por todos los santos. Efesios 6:12, 18 Conflicto con Satanás: lucha por tus hermanos La lectura de este versículo me hizo ver que esta lucha es mucho más seria de lo que solemos pensar. No se trata de un conflicto individual con Satanás solamente, sino que se trata del ataque de los poderes de las tinieblas a la Iglesia de Dios en la tierra: “Todos los santos”. El cristiano que permanece vigilante en este aspecto se ocupa de toda la Iglesia, pues esta es una sola; y si el enemigo logra abrir una brecha en algún lugar, no es solo allí donde saldrá victorioso.
Supongamos que me mantengo firme pero mi hermano cae, ¿acaso eso no me afecta? Sin embargo, esto debería ser el caso. Si mis afectos no se ven conmovidos, esto no hace más que demostrar que no comprendo el carácter del conflicto, y que no me importa mucho.
El diablo obra con sus artimañas, engañando a los creyentes con lo que es “popular”. Satanás utiliza alguna doctrina engañosa, o algún elemento religioso ajeno a Cristo, para tratar de desestabilizar a los creyentes de su firme posición por Cristo y por la verdad. ¡Cómo debe odiar la Epístola a los Efesios! Y uno de sus trucos es hacer creer a los cristianos que la verdad que esta presenta es demasiado elevada para ellos.
Cada uno debe vestirse de “toda la armadura” (v. 13), pero no debe pensar solo en sí mismo. Debe orar por todos los santos y por el anuncio del “misterio del evangelio” (v. 19) -y no solo por el anuncio del evangelio, sino por el anuncio del misterio que este involucra: Cristo y la Iglesia unidos en un solo cuerpo Cuerpo (Ef. 5:29-32).
Miércoles 2 Agosto La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz. Romanos 13:12 La noche actual y el día futuro La noche simboliza el periodo actual en el que el Señor está ausente. Sin embargo, como el “Sol de justicia” (Mal. 4:2a), él dará paso a un nuevo día para esta tierra, un día que durará 1. 000 años (Ap. 20:6). Este es el día en que “el Señor será rey sobre toda la tierra” (Zac. 14:9 NBLA). Vendrá con “salud en sus alas” (Mal. 4:2b NBLA) para la nación de Israel, como dijo el profeta Oseas: “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos” (Os. 14:4). Será un tiempo de paz, prosperidad y bendición sin precedentes, no solo para Israel, sino también para multitudes de entre las naciones. Esta notable perspectiva le fue dada a Juan cuando escribió: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos” (Ap. 7:9).
Pero la estrella de la mañana aparece antes que el sol. Cristo es el Sol de justicia para Israel, pero es la Estrella resplandeciente de la mañana para la Iglesia. Él dice: “Yo soy… la estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven” (Ap. 22:16-17). Si la noche está muy avanzada, “y se acerca el día”, ¿puede ser posible que su venida para buscar a su Esposa esté muy lejana?
Ya es hora de despertar de nuestro sueño espiritual, en el cual nuestras lámparas tienden a atenuarse y la promesa de su venida genera poco efecto en nuestras vidas. Preparemos nuestras lámparas rechazando las “obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz”. Las armas de la luz es Cristo brillando en ti y a través de ti, en mí y a través de mí -como Moisés en el monte, o como Esteban ante el sanedrín. ¡No formemos parte de los que contribuyen a la oscuridad actual!