Tenía que correr (2)

Lunes 7 Noviembre

Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

Filipenses 3:13-14

Tenía que correr (2)

“¿Jesús era realmente el Mesías de Israel, el Salvador del mundo? Esta pregunta crucial terminó ocupando todos mis pensamientos. Yo no podía ignorarla, con el pretexto de que la mayoría de los judíos no creen en él. Entonces oré a Dios pidiéndole que me revelara si Jesús era verdaderamente el mediador del nuevo pacto. Esta oración cambió mi vida.

Comprendí que mis pecados formaban una barrera que me impedía conocer a Dios. Como en el tiempo de Moisés, se necesita un sacrificio para que Dios perdone y su justicia sea satisfecha. Pero el cordero del antiguo pacto anunciaba al Hijo de Dios: él se ofreció en sacrificio una vez por todas. Poniendo mi confianza en él, en lo que él hizo por mí, y no en mis méritos, podía estar delante de Dios. Esto me conmovió profundamente.

Mi andar espiritual no tiene nada espectacular. Sin embargo, Dios cumplió un gran milagro: cambió mi vida presente y me dio la seguridad de la vida eterna. La buena nueva del evangelio, del amor de Dios manifestado en Jesús el Mesías, colmó el vacío de mi vida.

Aunque sigo amando el deporte, este ya no es para mí una meta en sí mismo. Ya no corro para obtener una medalla de poco valor; pero prosigo a la meta, para una recompensa eterna, el premio del llamado celestial de Dios”.

Étienne L.

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis” (1 Corintios 9:24).

Deuteronomio 31 – Juan 20 – Salmo 119:145-152 – Proverbios 27:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

AÚN PECO

AÚN PECO
¡Padre Eterno!

Tú eres bueno más allá de lo que pueda concebir,
mas yo soy ruin, vil, miserable, ciego; Mis labios
son agiles para confesar, mas mi corazón es
lento para sentir, y mis caminos reacios a
enmendarse, Te entrego mi alma a Ti, para que
la quiebres, hiervas, curves, modeles.
Desenmascara para mí las deformidades del
pecado, para que yo pueda odiarlo, aborrecerlo,
huir de él.
Mis facultades han sido instrumento de
insurrección contra Ti, como un rebelde he
abusado de mis facultades, y he servido al odioso
adversario de Tu Reino. Dame Gracia para
lamentar mi estúpida insensatez, Concédeme
conocer que el camino de los transgresores es
tormentoso que las veredas son veredas
malditas, que apartarse de Ti es perder todo
bien. Tengo vista la pureza y la belleza de Tu
perfecta ley, la felicidad de aquellos en cuyos
corazones ella reina, la tranquila dignidad en el
proceder que ella invita, sin embargo yo
diariamente violo y desprecio los preceptos de
esta preciosa ley. Tu amoroso Espíritu me
vigoriza internamente, me trae las advertencias
de la Escritura, clama alarmantes, providencias,
persuade por susurros secretos, aunque yo elija
mis propios inventos y caminos para mi propio
perjuicio, perversamente resentido, ansioso, me
provoques a abandonarlos. Lamento y me
entristezco por todos estos pecados y por ellos
suplico perdón.
Trabaja en mi para profundo y permanente
arrepentimiento, Dame la plenitud de la
aflicción piadosa que tiembla y teme, la cual,
aunque siempre confíe y ame, es siempre
poderosa, y siempre firme; Haz que a través de
las lágrimas de arrepentimiento yo pueda ver
más claramente el brillo y la gloria de la cruz
salvadora.

Tenía que correr (1)

Domingo 6 Noviembre

¿Por qué gastáis el dinero en lo que no es pan, y vuestro trabajo en lo que no sacia? Oídme atentamente.

Isaías 55:2

Tenía que correr (1)

Testimonio

“Empecé a correr al comienzo de los años 1980. Al principio corría para relajarme, pero muy pronto me involucré en la competencia, especialmente en la maratón. Durante siete años me entregué al ritmo exigente de esta disciplina. Mi único objetivo era mejorar mis resultados. En enero de 1990, debido a una lesión, fui repentinamente detenido en mi carrera. Esta dura pausa me permitió reflexionar en todo el tiempo y la energía gastada para ganar algunos segundos en la famosa carrera de 42, 195 km. ¿Qué sentido tenían todos esos esfuerzos? Entonces tomé consciencia de que lo que yo trataba de hacer era llenar el vacío de mi existencia. Yo tenía una familia, amigos, trabajo, pero pensaba que debía continuar corriendo, que no debía detenerme nunca, tanto en sentido literal como figurado.

En 1992 un amigo músico me habló de Jesús. Su conversación era interesante, pero su fe no era para mí. Yo había crecido en una familia judía, en la cual Jesús era un sujeto que se debía evitar. Sin embargo, mi amigo no perdía ninguna ocasión para hablarme de Jesús, y terminó regalándome un Nuevo Testamento. Nuestras pláticas y la lectura de ese libro borraron poco a poco los clichés que yo tenía sobre Jesús. Su enseñanza me fascinaba. Pero, ¿era él el Mesías prometido en el Antiguo Testamento? Por ejemplo, el profeta Isaías había anunciado unos 800 años antes que el Mesías sería ofrecido en sacrificio para llevar nuestros pecados, y que resucitaría para hacernos justos”.

(mañana continuará)

Deuteronomio 30 – Juan 19:31-42 – Salmo 119:137-144 – Proverbios 27:1-2

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Introducción al pragmatismo

Introducción al Pragmatismo
Por Tim Challies

El pragmatismo se ha convertido en una fuerza dominante en el ámbito cristiano. Quiero echar un breve vistazo a la historia del pragmatismo y luego, mostrar cómo ha influenciado a la iglesia. En los próximos días voy a escribir sobre las áreas del cristianismo donde ha tenido un impacto significativo.

El pragmatismo tiene sus raíces en la filosofía de hombres como John Stuart Mill, quién influenció formativamente a filósofos como John Dewey, quien aplicó el pragmatismo a la educación y William James, a la religión. Estos hombres enseñaron que la única manera de determinar la verdad era mediante resultados prácticos. El pragmatismo, fundado por los filósofos, se consolidó en la mentalidad occidental con la Revolución Industrial. El pragmatismo en la industria ha cambiado nuestra forma de vivir. James Boice dice: «El objetivo es encontrar la manera más rápida y menos costosa de fabricar productos y de hacer las cosas. El pragmatismo ha mejorado el nivel de vida de millones de personas que ahora disfrutan de las ventajas de tener una vivienda propia, ropa adecuada, agua corriente… y comida abundante». (Whatever Happened To The Gospel of Grace [Lo que pasó con el evangelio de la gracia] p.50) Esto se ha logrado, por supuesto, en detrimento de la calidad y la destreza.

El diccionario Webster define el pragmatismo como «la doctrina que afirma que las consecuencias prácticas son los parámetros para medir el conocimiento, el significado y el valor». En resumen, la verdad está determinada por las consecuencias. Que algo sea correcto o incorrecto, bueno o malo, depende de los resultados. Desde la época de la Reforma, los protestantes han afirmado la doctrina de la Sola Scriptura, que enseña que sólo la Biblia debe ser nuestra norma de moralidad y verdad. Esta norma tiene sus raíces en la iglesia primitiva y por supuesto, en la Biblia. Esto siempre ha sido una enseñanza fundamental del protestantismo. Sola Scriptura fue la doctrina fundamental de la Reforma, la doctrina de la que dependía todo lo demás.

El pragmatismo y la sola Scriptura son necesariamente opuestos, ya que cada uno pretende ser la clave para determinar la verdad. Como cristianos, necesitamos decidir si vamos a depender de la Escritura como la norma absoluta de la verdad o si vamos a determinar la verdad por las consecuencias. Aunque sería difícil encontrar un cristiano que diga «creo en el pragmatismo», esta filosofía se manifiesta en el ámbito cristiano de muchas maneras diferentes. Aunque la gente afirma la Sola Scriptura con su boca (o declaraciones doctrinales), la niega con sus acciones.

El pragmatismo ha asomado su fea cabeza en todo el mundo cristiano. Se encuentra en declaraciones sobre técnicas de evangelización, tales como «si sólo alcanza a una persona, vale la pena». Se encuentra en el libro de Rick Warren, Una vida con proposito, un libro de texto para el crecimiento de la iglesia, donde escribe: «Nunca critiques ningún método que Dios esté bendiciendo». También, dice: «Debemos estar dispuestos a ajustar nuestras prácticas de adoración cuando los incrédulos están presentes. Dios nos dice que seamos sensibles a las limitaciones de los incrédulos en nuestros servicios». Estas ideas no son bíblicas; están arraigadas en la percepción de los resultados. El pragmatismo se encuentra dondequiera que los cristianos están prestos a unirse a programas y se apresuran a cambiar sus servicios de adoración debido a lo que esperan que suceda por los cambios que hacen. En resumen, se encuentra en cualquier lugar donde se quita el énfasis de lo que dice la Escritura y donde se pone el énfasis en los resultados esperados.

Dios no siempre proporciona los resultados que nos gustaría ver. Hay misioneros que han pasado muchos años trabajando en el campo misionero y han visto muy pocos corazones y muy pocas vidas transformadas. ¿Significa esto necesariamente que su técnica es defectuosa? ¿Significa necesariamente que no están haciendo la voluntad de Dios? De ninguna manera. A veces, Dios decide producir resultados y otras veces, no. Aun Jesús experimentó resultados diversos cuando ministraba. En algunas ciudades, la gente lo escuchó y confió en Él mientras que otras lo rechazaron. Nuevamente, esto no significa que la técnica de Jesús fuera defectuosa o que estuviera siendo desobediente. Más que nada, Dios desea y espera la obediencia de Sus hijos. El pragmatismo no tiene respuesta a la pregunta de cómo determinamos la obediencia, ya que la obediencia sólo puede determinarse a través de las Escrituras.

El peligro obvio del pragmatismo en la iglesia es que perdemos nuestro enfoque en la norma absoluta que Dios nos ha dado en Su palabra. Cuando perdemos ese enfoque, la iglesia se encuentra en el terreno resbaladizo de asemejarse al mundo. Cuando desechamos las normas de Dios, debemos depender de nuestras propias normas, las cuales son profundamente defectuosas. Comenzamos a confiar en nosotros mismos y perdemos nuestra confianza en Dios. Próximamente estaré hablando de un área específica en la que el pragmatismo ha opacado a las Escrituras.

Este artículo se publicó originalmente en Challies.

Tim Challies
Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.

“¿Qué queréis que os haga?”

Sábado 5 Noviembre

El Señor es muy misericordioso y compasivo.

Santiago 5:11

Él mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.

Mateo 8:17

“¿Qué queréis que os haga?”

Leer Mateo 20:29-34

Dos ciegos estaban sentados al borde del camino por donde Jesús pasaba. Ellos clamaron a él e insistieron a pesar de la oposición de la multitud. Él se detuvo, les preguntó qué necesitaban. “Ellos le dijeron: Señor, que nos sean abiertos nuestros ojos”. Entonces les devolvió la vista. Jesús siempre se ocupó de los enfermos, de los rechazados por la sociedad, de los decepcionados de la vida. Su compasión y su entrega son un modelo para nosotros.

Pero su objetivo era mucho más grande. Jesús “anduvo haciendo bienes y sanando a todos los oprimidos por el diablo, porque Dios estaba con él” (Hechos 10:38). La sanación que nos trajo no concierne solo a nuestro cuerpo, a nuestra condición material, sino también y, sobre todo, a nuestra alma. La necesidad más urgente de todo ser humano es ser liberado del pecado. Esta es la enfermedad más grave que existe, porque conduce a la muerte eterna, es decir, al alejamiento definitivo de Dios.

Aún hoy, aunque Jesús no está físicamente en la tierra, se acerca a usted y le dice: “¿Quieres ser sano?” (ver Juan 5:1-9). Si usted quiere ser libre de sus pecados y recibir el perdón de Dios, diríjase a él. Jesús dio su vida en la cruz para salvarnos. “Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 Pedro 3:18).

Él no obliga a nadie, pero siempre está dispuesto a recibir al que va a él. ¿Quiere que Jesús haga algo por usted?

Deuteronomio 29 – Juan 19:1-30 – Salmo 119:129-136 – Proverbios 26:27-28

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La llave: la revelación

Viernes 4 Noviembre
Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo.
Hebreos 1:1-2

La llave: la revelación

Después de una mañana de clases pasé frente a la oficina del capellán. Allá, sobre un pequeño estante, se hallaban algunos libros. Mis ojos se posaron en el título de uno de ellos, compuesto por dos palabras: Llave y revelación.

Fue como un rayo de luz en mi espíritu. En efecto, desde hacía algún tiempo tropezaba con el tema de la existencia de Dios, y estaba desanimado. De repente la luz brilló. La verdadera pregunta no era: ¿Existe Dios?, sino: ¿Dios se reveló? En efecto, sin revelación yo permanecería indefinidamente en la duda.

Así, dos palabras en la cubierta de un libro me liberaron de mis reflexiones estériles. La llave para avanzar en la fe es la revelación, y esta se halla en la Biblia. Esto me condujo a un nuevo punto de partida para leerla con cuidado. Han pasado décadas, y esta lectura todavía sigue alimentando mi fe.

Por nuestras reflexiones personales permanecemos en el dominio humano. Pero Dios está por encima de nosotros, él está sobre todo. Para conocerlo es necesario que una puerta nos sea abierta, una puerta cuya llave es la revelación que él ha hecho de sí mismo. Sin ella el dominio de Dios permanece inaccesible.

Desde el principio hasta el fin de la Biblia, Dios se revela de diferentes maneras a los hombres, a veces lo hace directamente, pero sobre todo lo hace por medio de Jesucristo, quien “es la imagen del Dios invisible” (Colosenses 1:15). Su victoria, su gloria en el cielo y su reino son revelados en el último libro de la Biblia, el Apocalipsis, que significa “Revelación”.

Deuteronomio 28:38-68 – Juan 18:19-40 – Salmo 119:121-128 – Proverbios 26:25-26

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Membresía de la Iglesia

Serie: La Teología de La Iglesia

Introducción

Si estuvo con nosotros la semana pasada, recordará hablamos de la definición de Iglesia. Eso tiene que ser el punto de partida, ya que necesitamos saber lo que vamos a construir antes de empezar la construcción. Una de las cosas que notamos de la narrativa bíblica es que la intención de Dios ha sido el crear un pueblo para sí que mostraría su gloria, y como señalamos la semana pasada de Efesios 3:10, la iglesia no es una opción, sino la parte central del plan de Dios para mostrar su gloria. ¿Pero qué sucede cuando los que dicen representar a su nombre fallan en hacerlo?

Vaya conmigo a 1 Corintios 5:

1 Corintios 5.1-7: “De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. 2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción?

3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa? 7 Limpiaos, pues, de la vieja levadura, para que seáis nueva masa, sin levadura como sois; porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros.”

¿Que está pasando aquí?

Un hombre se acuesta con la mujer de su padre y la congregación lo tolera.

Pablo llama a la iglesia a removerlo, para entregarlo a Satanás – no con el fin de su destrucción final, sino para la restauración (v5).

La pregunta que viene a nuestro estudio de hoy es, ¿de que hay que removerlo?

Bueno, eso es lo que necesitamos aclarar. La respuesta que creo que vamos a encontrar es de ser miembro de la iglesia, pero una vez más, tenemos que escuchar lo que la Escritura enseña en lugar de las ideas del hombre.

La Iglesia representa el cielo

Vamos a Mateo 16. En la primera parte del capítulo, nos encontramos con la advertencia de Jesús a los apóstoles de no confiar en las enseñanzas de los líderes de Israel (Mat. 16: 1-12). Eran justos ante sus propios ojos, y así se perdieron de conocer a Jesús – su orgullosa autosuficiencia los cegó de ver a Jesús realmente como es. Entonces, Jesús le habla a Pedro y dice en Mateo 16:15: “¿Quién decís que soy yo?” Simón Pedro responde “Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente”, y Jesús afirma respuesta de Pedro:

18 Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

19 Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos.

(Mateo 16.18-19).

Esta es la primera de las dos veces que Jesús habla de la iglesia en los Evangelios. Y observe cómo Él conecta la iglesia (v18) con las llaves del reino de los cielos (v19). La semana pasada observamos que el reino de Dios o el reino de los cielos es el pueblo de Dios en el lugar de Dios bajo el gobierno de Dios. Entonces, ¿cuál es la conexión entre este reino de los cielos que Jesús habla en v19 y la iglesia en v18? Bueno, la iglesia tiene el objetivo de mostrar en la tierra quien está y quien no está en el reino de los cielos.

En concreto, cuando Jesús habla con Pedro, está interesado en un qué y un quién. ¿Qué es una confesión correcta, y quien es un confesor correcto?

Jesús ejerce esa autoridad hacia Pedro, pero luego va un paso más allá. Jesús da a Pedro y a los apóstoles esta misma autoridad: la autoridad delante de un confesor, para escuchar su confesión, y para anunciar un juicio oficial en nombre del cielo.

Es o no es una confesión correcta.
Y eso es o no es un verdadero confesor.
Quiero asegurar que entendamos esto: El que está usando estas llaves del reino tiene la autoridad del cielo, no para hacer un cristiano, sino para declarar que es un cristiano, lo que hacemos a través del bautismo y la Cena del Señor.

En Mateo 16, se dice que los apóstoles tienen las llaves. Luego, en Mateo 18, Jesús pone las llaves en las manos de la iglesia local. Observemos:

Mateo 18.15-18

15 Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.

16 Más si no te oyere, toma aún contigo a uno o dos, para que en boca de dos o tres testigos conste toda palabra.

17 Si no los oyere a ellos, dilo a la iglesia; y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano.

18 De cierto os digo que todo lo que atéis en la tierra, será atado en el cielo; y todo lo que desatéis en la tierra, será desatado en el cielo.

Un hombre ha sido confrontado un par de veces debido a su pecado. Él no escucha. Así que en el verso 17 Jesús dice: “dilo a (Quien? …) La iglesia.” No a un pastor, no a un comité, no a una sesión o presbiterio, sino a la iglesia. La última instancia de apelación es la iglesia.

La iglesia local tiene la autoridad del cielo para proteger el “qué” y el “quién” del Evangelio… quién y qué en la tierra representa al cielo. Se tienen las llaves – y ¿qué hacemos con las llaves? Ellas abren o cierran puertas o – en otras palabras atar y desatar (como en v18).

Jesús ha autorizado a la iglesia local para pararse frente a un confesor, para considerar la confesión del confesor, a considerar su vida, y para anunciar un juicio oficial en nombre del cielo. ¿Es esta confesión correcta? ¿Es este un verdadero confesor? Al igual que hizo Jesús con Pedro.

Las Llaves se ejercen a través del Bautismo y la Cena del Señor

Al atar y desatar… ejercemos las llaves… a través del bautismo y la Cena del Señor. Observe Mateo 18:20. Jesús explica esta actividad de usar las llaves en los versículos 17 y 18 con una explicación del “para” en el versículo 20: “Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”

¿Qué significa eso de que se reúnen en su nombre? Jesús está hablando de ese lugar donde se ejerce el bautismo. A su vez a Mateo 28:18: “Toda autoridad en el cielo y la tierra me ha sido dada. Por lo tanto, vayan y hagan discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.” La iglesia, ya que tiene la autoridad de las llaves, tiene la autoridad para bautizar.

El bautismo es un símbolo de una realidad espiritual – una imagen de nuestra unión con Cristo, tanto en su muerte y resurrección. Pero el bautismo no sólo simboliza nuestra unión con Cristo, sino que además es la forma en que el creyente se asocia con el pueblo de Dios.

El bautismo es la puerta por así decirlo y se hace una vez. La Cena del Señor se hace regularmente1. En estas imágenes del Evangelio, estamos dibujando líneas de demarcación del que está dentro y fuera. ¿Recuerda Mateo 18 o 1 Corintios 5? Cuando alguien dice creer en el nombre de Cristo, pero se niega a abandonar su pecado, su afirmación pierde credibilidad y la iglesia está llamada a remover su afirmación de ser cristiano y de excomulgarle; impedirle el acceso a la Cena del Señor. Ahora bien, esto puede ser difícil, pero es importante que la iglesia siga la Escritura en esto porque la iglesia está llamada a representar, a reflejar la imagen de Dios – la gloria de Dios es supremamente importante; y es importante para el individuo, ya que estamos declarándonos unos a otros la verdad sobre nuestro estado ante Dios en lugar de engañar o halagarnos.

El bautismo y la Cena del Señor son signos de juramento por los cuales damos juramentos o votos unos a otros. Profesamos a Cristo, y afirmamos unos a otros como cristianos y miembros unos de otros en la iglesia2.

Es a través del bautismo y la Cena del Señor que nosotros como cristianos individuales trabajando juntos constituimos una iglesia local y sus miembros. Y Jesús autoriza a los cristianos a hacer esto por que nos da las llaves.

¿Recuerdan la definición de la Iglesia local que mencionamos la clase anterior?

“La iglesia local es un grupo de cristianos que se reúne regularmente en el nombre de Jesús para confirmar y supervisar oficialmente la membresía mutua en Jesucristo y en su Reino a través de la predicación del Evangelio y la práctica de las ordenanzas del Evangelio.”

Ahora, un par de cosas están llegando a un mayor enfoque. Es oficial, ya que sólo a la iglesia se le ha concedido la autoridad de las llaves – no a un individuo o a un subcomité. Es una reunión, pero esta reunión se define adicionalmente con el propósito de afirmar y supervisar la membresía de cada uno en Cristo y Su reino. Es a través del Evangelio porque así es como Dios trae a la vida a los cristianos y las ordenanzas porque ese es el instrumento de la iglesia para ejercer las llaves.

¿Para quién es la Membresía de la Iglesia?

Ahora toda esta charla sobre las llaves y atar y desatar plantea una pregunta importante: ¿Cuál es el criterio bíblico para entrar? Y eso es una pregunta importante porque de lo que estamos hablando es de algo más que acomodar – es una cuestión de eternidad. ¿Es igual como un club de campo donde se necesita saber si las personas son adecuadas o conducen un determinado tipo de auto? ¿Es como los militares donde tiene que ser capaz de hacer un cierto número de flexiones y levantamientos de peso? Para responder a esto, vamos a centrar nuestra atención de nuevo al Evangelio de Mateo.

¿A quién, en Mateo, hace Jesús un ciudadano del cielo, es decir, un miembro de la iglesia?

5.3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

7.21 No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.

10.32 A cualquiera, pues, que me confiese delante de los hombres, yo también le confesaré delante de mi Padre que está en los cielos.

18.4 Así que, cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los cielos.

Estas son las personas a las que la Iglesia debe recibir: los pobres en espíritu, los que siguen la voluntad de Dios, aquellos que reconocen a Cristo, el que se humilla como un niño pequeño.

¿Ves el patrón? El cristianismo, y por lo tanto, ser miembro de la iglesia, no es para los fuertes. No es para aquellos que tienen sus asuntos ordenados. Y que están decididos a seguir su propia voluntad… hacerlo a su manera. Es para aquellos que han intentado… y han fracasado.

Es para los adolescentes que tenían ciertos ideales morales, pero luego fueron a la universidad y cayeron en pecado.
Es para las madres que han tratado con todas sus fuerzas ser las madres perfectas, y se han decepcionado a si mismas.
Es para los jubilados que están llegando al final de su carrera y al mirar atrás, se dieron cuenta, “Todo giraba en torno a mi mismo, y mis ambiciones egoístas. Y ahora, ¿que tengo?”
El cristianismo, y por lo tanto ser miembro de la iglesia, es para las personas que han llegado al final de sí mismos. Es por eso que en Mateo 9:12 Jesús dijo: “Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. … Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”.

El Padre celestial ha elegido, increíblemente, representarse a sí mismo en la tierra no con los moralmente perfectos, sino con los moralmente en bancarrota. Es decir, usa a la persona que sabe que él o ella es un pecador, que odia este hecho, y luego se aparta de ese pecado y pone su confianza en la justicia de Cristo.

Amigos, este es el corazón del cristianismo. Hemos sido creados para el bien. Hicimos el mal. Cristo vivió la vida humilde, mansa, y perfecta que deberíamos haber vivido y, a continuación, murió en la cruz como un sacrificio para pagar el castigo que merecíamos por hacer el mal. Y ahora, llama a cada uno que sea pobre en espíritu, que tenga hambre y sed de su justicia, a abandonar ese pecado, y seguirle como Salvador y Rey.

Triángulo de la Membresía

Muy bien, así que, ¿Qué pasa si después de todo esto de las llaves del reino y atar y desatar todavía tiene preguntas sobre la membresía de la iglesia? Es decir, ¿donde está la membresía de la iglesia de verdad en la Biblia? Una forma útil para responder a esta pregunta es leer a través del NT con esta pregunta en mente: ¿Qué enseña la Biblia acerca de cómo debe relacionarse el cristiano con la iglesia local?

Amarse unos a otros

Romanos 15.1 “Así que, los que somos fuertes debemos soportar las flaquezas de los débiles, y no agradarnos a nosotros mismos.”

Romanos 12.13, 15-16 “compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.” “Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión.”

Alentarse unos a otros

Hebreos 10.24-25 “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

Cuidarse unos a otros

1 Corintios 5 y Mateo 18.

Obedecer a los líderes

Hebreos 13.17 “Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”

Entonces, ¿ve usted cómo el NT nos llama a relacionarnos entre nosotros dentro de la iglesia?

Pero esto plantea una pregunta secundaria: ¿a qué iglesia? En otras palabras, Hebreos 13 nos llama a obedecer a nuestros pastores – pero, ¿a que pastores? ¿Cada pastor de cada iglesia? Los ancianos son responsables ante Dios por las almas que velan, pero ¿cuales cristianos? La congregación tiene la responsabilidad de afirmar una profesión de fe y de remover o disciplinar a alguien cuando hay pecado sin arrepentimiento – pero, ¿a que personas se aplica? Lo que todo esto supone es una iglesia local – una membresía donde hay un “dentro” y un “afuera”. La membresía es simplemente un compromiso consciente respecto a los demás cristianos (al amor, cuidado, aliento), una sumisión a su autoridad como congregación y para los ancianos que dan supervisión.

¿Alguna pregunta?

Preguntas de discusión

1) ¿No es todo esto de “dentro” y “afuera” algo sin amor? ¿Cómo debemos pensar en el amor en el contexto de la membresía de la iglesia?

2) ¿Cuáles son las cosas que una iglesia puede hacer para mantener la línea que diferencia la iglesia y el mundo clara?

3) ¿Cómo podemos fomentar una cultura de discipulado?


[1] 1 Cor. 11:26
2 Ver 1 Cor. 10:16-17

Por CHBC
Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos

Sacramentos divinamente instituidos

Sacramentos divinamente instituidos
Por R. Scott Clark

Nota del editor: Este es el sexto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo XVI

Aveces, los defensores del catolicismo romano, los noticieros e incluso los guías turísticos de las catedrales británicas y europeas nos dan la impresión de que la Reforma se coló en la iglesia y se robó cinco sacramentos antiguos cuando nadie estaba mirando. Eso es totalmente falso. Solo a finales del siglo XIII hubo un reconocimiento oficial de algo parecido a lo que hoy conocemos como el sistema sacramental católico romano. Los laicos fueron privados caprichosa y tiránicamente del cáliz el año 1281 en el Concilio de Lambeth y de nuevo en el Concilio de Constanza (1415). Aunque retuvo la copa, Roma reconoció que nuestro Señor nos dio pan y vino en la Cena del Señor. Cuando las iglesias protestantes confesionales y magisteriales rechazaron los cinco sacramentos romanos inventados por la iglesia (la confirmación, la penitencia, el matrimonio, la ordenación y la extremaunción) y devolvieron la copa a los laicos, lo que hicieron fue rechazar innovaciones de doscientos cincuenta años de antigüedad desarrolladas gradualmente durante el periodo medieval y que habían sido impuestas sobre los cristianos de la Baja Edad Media sin justificación bíblica. Los protestantes le estaban devolviendo a la iglesia los dos sacramentos instituidos por Cristo. También estaban devolviéndole la práctica universal de la antigua iglesia cristiana.

Las dos grandes ramas de la Reforma protestante, los luteranos y los reformados, estuvieron de acuerdo en que solo hay dos sacramentos divinamente instituidos: el bautismo y la Cena del Señor. Concordaron en que ambos son sacramentos del evangelio, representaciones visibles de la buena nueva que se predicaba en los púlpitos protestantes. Concordaron en que, en el evangelio, Dios declara justos a los pecadores solo por Su libre favor (sola gratia) y que la salvación se recibe por la fe sola (sola fide). Concordaron en que los sacramentos son medios de gracia (media gratiae) por los que Dios fortalece y anima a los creyentes. Concordaron en que el bautismo es la señal y el sello de Cristo del lavamiento de los pecados por la gracia sola, que debe administrarse a los creyentes y a sus hijos (aunque discrepaban en cuanto a su eficacia), y que la Cena es Su institución para nutrir la fe de los creyentes profesantes. También concordaron en que la doctrina católica romana del sacrificio conmemorativo y propiciatorio de Cristo en la Cena es un ataque idólatra contra la obra consumada de Cristo. Sin embargo, a pesar de estar de acuerdo en algunos de los aspectos más esenciales de los sacramentos, las dos grandes tradiciones de la Reforma discreparon en varios puntos.

A diferencia de la tradición luterana, los reformados desarrollaron una visión exhaustiva de los pactos bíblicos que sirvió como marco para entender los sacramentos. A principios de la década de 1520, Ulrico Zuinglio y otros teólogos concluyeron que existe un solo pacto de gracia en la historia redentora, administrado de diversas formas, en el que Dios ha prometido ser el Dios de Abraham y el Dios de sus hijos.

Los reformados también llegaron a distintas conclusiones sobre la Cena del Señor. Concordaron en que, en la Cena, los creyentes son alimentados por Cristo, pero no podían aceptar la confesión luterana de que el cuerpo de Cristo está «verdaderamente presente» en, con y bajo los elementos. Para los reformados, esa noción no refleja la enseñanza bíblica sobre la ascensión de Cristo, la promesa del Espíritu Santo y la consustancialidad (de la misma esencia) entre la humanidad de Cristo y la nuestra.

A mediados del siglo XVI, los habitantes de Ginebra y Heidelberg y las iglesias reformadas francesas, belgas y neerlandesas continuaron desarrollando la postura de Zurich en lo que respecta a la Cena. Desde principios de la década de 1540 y hasta su muerte, Juan Calvino enseñó que, en la Cena, Cristo alimenta al creyente con Su verdadero cuerpo y Su verdadera sangre mediante la fe, por la operación misteriosa del Espíritu Santo. La Confesión Francesa (1559), la Confesión Belga (1561) y el Catecismo de Heidelberg (1563) confiesan esta doctrina sublime.

El redescubrimiento de la antigua doctrina y práctica cristiana de los sacramentos fue tan esencial para la Reforma que las iglesias reformadas de Europa y las Islas Británicas hablaron del uso correcto de los sacramentos como «marcas» de la iglesia verdadera. En el artículo veintinueve de la Confesión Belga, las iglesias de habla francesa y neerlandesa confesaron que hay tres marcas de una iglesia verdadera: la predicación pura del evangelio, la «administración pura de los sacramentos» y el ejercicio de la disciplina de la iglesia. La frase «administración pura» de los sacramentos era una forma rápida de rechazar tanto a los anabaptistas como a Roma.

Durante la celebración en 2017 de la Reforma, es posible que hayas escuchado a los guías turísticos decir que los reformadores eliminaron sacramentos de la iglesia. Nada puede ser más falso. La Reforma no fue vandalismo, sino la restauración de una perla de gran valor: los dos sacramentos instituidos por nuestro Salvador con las buenas noticias de las que son sellos y señales.

Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine

R. Scott Clark
El Dr. R. Scott Clark es profesor de historia de la Iglesia y de teología histórica en el Westminster Seminary California y ministro asociado de Escondido United Reformed Church. Es autor de Recovering the Reformed Confession [Recuperar la confesión reformada].

Toda la Escritura es inspirada por Dios

Jueves 3 Noviembre

Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla… a fin de… que fuese santa y sin mancha.Efesios 5:25-27

Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia.
2 Timoteo 3:16

Escuchar lo que el Espíritu dice a las iglesias (o asambleas)
Leer Apocalipsis 2-3

Finalizando el primer siglo, el apóstol Juan escribió el libro del Apocalipsis, dirigido a siete iglesias (o asambleas, congregaciones de cristianos) del Asia Menor de la época (Turquía actual). Era una provincia romana caracterizada por el culto al emperador y la persecución a los cristianos, que ya eran numerosos.

En el primer capítulo Juan expone cómo, en una visión, vio a Jesús en medio de esas iglesias. En los capítulos 2 y 3 podemos leer lo que escribe a cada iglesia. Esas cartas forman un conjunto, como con frecuencia las series de 7 en la Biblia; por ejemplo, los siete días de la creación en el primer capítulo de Génesis. Ellas presentan un cuadro general de la Iglesia en aquel momento. Estas cartas evocan también las etapas de la historia de la cristiandad hasta que el Señor Jesús venga para llevar consigo a los que han creído en él. En esa época, como hoy, muchos cristianos eran perseguidos, otros eran tentados a hacer compromisos con el mundo, otros toleraban enseñanzas que desviaban a los fieles.

En esas cartas el Señor Jesús expresa su aprobación, anima, advierte sobre los peligros, muestra los errores, exhorta a cambiar y hace una promesa a los vencedores. Hoy su mensaje se dirige a cada cristiano. Jesús nos habla porque nos ama (cap. 3:19). Escuchemos lo que su Espíritu dice a las iglesias (cap. 2:7), sean ricas o pobres espiritualmente, pequeñas o grandes, que vivan en paz o sean perseguidas.

(continuará el próximo jueves)
Deuteronomio 28:1-37 – Juan 18:1-18 – Salmo 119:113-120 – Proverbios 26:23-24

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