Coalición por el Evangelio Vivimos en un mundo que cada día avanza en una dirección contraria a la verdad de Dios y sus mandatos. ¿Por qué? La Biblia dice que el mundo no tiene temor de Dios. Es importante que el pueblo de Dios sea capaz de discernir la corriente de este mundo y la raíz de su orientación. Para ello, necesitamos conocer la descripción que la Biblia hace del mundo sin temor de Dios.
En este sermón, el pastor Carlos Contreras nos enseña a la luz del Salmo 33:8-12, la realidad espiritual del hombre natural en contraste con la nueva naturaleza que el Señor le ha dado a su pueblo.
Carlos Contreras es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Carlos es pastor en la Iglesia Cristiana Gracia Soberana, de Ciudad Juárez, México. Está casado con María Eugenia (Kena) Flores, con quien ha tenido cuatro maravillosos hijos y tres nietos. Puedes seguir a Carlos en Twitter o en Facebook.
Algunas personas piensan que la Reforma protestante fue una restauración milagrosa del cristianismo apostólico producida por Dios en la historia directamente desde lo alto. En su momento, esta postura dominó especialmente el pensamiento protestante de Estados Unidos. Sin embargo, fue impugnada de forma eficaz a mediados del siglo XIX por dos gigantes del pensamiento histórico y teológico: John Williamson Nevin y Philip Schaff, del Mercersburg Seminary, de Pensilvania. Desde entonces, no hemos vuelto a aquella vieja postura. Aunque es cierto que Dios obró con poder en el siglo XVI, no lo hizo pasando por alto la historia ni las causas humanas (por cierto, los ocho volúmenes de History of the Christian Church [Historia de la iglesia cristiana] de Schaff siguen siendo una obra maestra que merece nuestro afecto y atención).
LA INFLUENCIA DEL RENACIMIENTO En muchos sentidos, la Reforma fue la cara espiritual del Renacimiento. Los filósofos renacentistas del siglo XV reaccionaron contra buena parte de la cultura medieval, y llamaron a volver a la cultura del período clásico de Grecia y Roma, que era más antigua y, según ellos, más saludable. Su famoso lema era ad fontes, «a las fuentes», y llevó a algunos a rechazar casi toda la teología y la espiritualidad medieval para volver a las fuentes originales del cristianismo, es decir, a la Biblia y a los padres de la Iglesia primitiva. Pensaban que los padres eran mejores intérpretes del evangelio que los teólogos escolásticos medievales.
Este retorno a la Biblia y a los padres se vio con muchísimo poder en la vida y obra de Erasmo, célebre por su devoción académica hacia el Nuevo Testamento griego, a la luz del cual evaluó y halló defectos en la Vulgata Latina, la Biblia oficial de la Iglesia medieval de Occidente (los apóstoles escribieron el Nuevo Testamento en griego). El descubrimiento renacentista del idioma griego, y el impulso hacia las fuentes del cristianismo derivado del principio ad fontes, llevaron a Erasmo a imprimir su edición del Nuevo Testamento griego en 1516. Ese volumen fue un puente por el que muchos alumnos pasaron del Renacimiento a la Reforma. Lo encontramos en las primeras dos tesis de las noventa y cinco que redactó Martín Lutero:
Cuando nuestro Señor y Maestro Jesucristo dijo «arrepiéntanse», quiso decir que toda la vida de los creyentes debe ser de arrepentimiento. No podemos pensar que esa palabra se refiere al sacramento de penitencia administrado por los sacerdotes, es decir, a la confesión y la satisfacción.
Aquí, Lutero apela a la palabra griega traducida como «arrepiéntanse», que, debido a la traducción de la Vulgata Latina, poenitentiam agite, «hagan penitencia», se entendía antes como una referencia al sacramento de penitencia.
La devoción de Erasmo por el Nuevo Testamento griego es bien conocida. Tal vez es menos conocido que tenía casi la misma devoción, tanto a nivel académico como espiritual, por los padres de la Iglesia primitiva. Editó y reimprimió muchos escritos de los padres, invitando a los lectores a hallar en ellos un cristianismo más puro que el que estaba disponible en las fuentes medievales. El modelo a seguir del propio Erasmo era el gran Jerónimo, el erudito célibe que consagró sus dones intelectuales para promover la causa de la fe verdadera.
El conocimiento más amplio y preciso de los padres de la Iglesia primitiva que Erasmo promovió llevó a muchos a cuestionarse el cristianismo contemporáneo. ¿Era el cristianismo del siglo XVI la misma fe que se había expresado en los grandes credos de la iglesia, por ejemplo, en el Credo Apostólico, el Credo Niceno y la Definición de Fe de Calcedonia?
En esta defensa renacentista de los padres como los mejores intérpretes del evangelio, un padre en específico cobró mucha relevancia: Agustín. En parte, esto se debió al simple hecho de que Agustín superó a todos los otros padres de la Iglesia occidental por su genio teológico, su influencia formadora y su prolífica autoría. Sin embargo, muchos también hallaron alimento para sus almas en las obras devocionales y doctrinales de Agustín. Martín Lutero y Ulrico Zuinglio se convirtieron en sus discípulos fervientes y un aspecto notable de esto fue que abrazaron su postura sobre la soberanía de la gracia divina. Una generación después, Juan Calvino dijo que se alegraría si toda su fe se expresara de acuerdo a las enseñanzas de Agustín. Esta, pues, es otra forma muy específica en la que el Renacimiento se infiltró en la Reforma. Al crear un nuevo nicho para Agustín, el Renacimiento alimentó el «movimiento de renovación» agustiniano, que era muy cercano al corazón de la Reforma.
El propio Erasmo también avivó la llama de la Reforma. Su disgusto por los defectos del catolicismo romano medieval tardío, que a menudo expresaba con sátiras desoladoras, contribuyó a preparar la mente de la gente para que estuviera dispuesta a adoptar medidas drásticas. Por lo general, su Elogio de la locura es visto como el mayor ejemplo de los escritos de Erasmo en ese género. En mi opinión, su ensayo Julio excluido del reino de los cielos es mucho más divertido. Allí, el alma del papa Julio II (1503-1513) llega a las puertas del cielo, solo para descubrir que san Pedro no lo reconoce y se niega a dejarlo entrar, por lo que Julio amenaza con excomulgar al apóstol.
En términos más positivos, Erasmo trató de implementar un programa para reformar la sociedad. Incluía la centralidad de la educación, el conocimiento del idioma griego, el estudio de la Biblia y una espiritualidad enfocada en la fe del corazón, no en meros rituales externos. Con mucha frecuencia, vemos que los reformadores protestantes de Europa estaban impregnados de estos ideales erasmianos. Les añadieron una dimensión teológica que no estaba en el programa de Erasmo (por ejemplo, la doctrina agustiniana de la gracia), pero esos dos aspectos —el erasmismo y el agustinianismo— terminaron siendo poderosamente compatibles. En algunos casos, incluso podemos ver que la influencia directa de los ideales positivos y los escritos de Erasmo llevaron a la gente a tomar el camino de la Reforma, especialmente en el caso de Zuinglio, quien siempre afirmó que le debía su conversión a un poema religioso escrito por Erasmo:
En 1514 o 1515, leí un poema sobre el Señor Jesús escrito por el profundamente erudito Erasmo de Róterdam, donde, con muchas palabras hermosas, Jesús alega que la gente no busca toda la bendición en Él para que Él sea su fuente de toda bendición, su Salvador, su consuelo y el tesoro de su alma. Entonces pensé: «Bueno, si esto es cierto, ¿por qué habríamos de buscar ayuda en cualquier ser creado?».
LA IMPRENTA Tan importante para la Reforma como el propio Renacimiento fue la creación de un nuevo modo revolucionario de difundir la información: la impresión con tipos móviles. Quizás, una de las razones básicas por las que los movimientos previos de reforma evangélica no habían capturado el pensamiento colectivo (pensamos en los valdenses, los lolardos y los husitas) fue que entraron en escena antes de la invención de la imprenta. En una Europa dominada por la jerarquía católica romana, la difusión intelectual de ideas nuevas y «no oficiales» era mucho más difícil antes de la introducción de los tipos móviles.
La invención de la impresión con tipos móviles fue la revolución informática de la Baja Edad Media. Johannes Gutenberg, de Maguncia, Alemania, fue su gran precursor durante la década de 1450. Para la llegada del siglo XVI, había más de doscientas imprentas produciendo libros en toda Europa. Habían acabado los días en que los escribas (por lo general monjes) debían copiar a mano las obras literarias. Por primera vez, los editores podían producir miles de copias de un libro con facilidad y rapidez, y hacerlas circular de forma masiva. Eso significó que las ideas podían expandirse mucho más rápido que antes. También significó que la capacidad de leer empezó a ser más valorada.
En consecuencia, las ideas reformadoras del Renacimiento lograron expandirse por Europa con relativa sencillez y, de paso, también las ideas de Lutero, Zuinglio y otros, que eran aún más radicales en su carácter reformador. Podríamos decir que la imprenta permitió que la Reforma «se viralizara» de un modo que simplemente habría sido imposible en una época anterior. Esta nueva tecnología de la información terminó siendo un regalo de Dios para Su pueblo.
Vemos el vínculo entre la revolución de la imprenta y la difusión de la Reforma en un solo hecho: las ciudades y universidades fueron las primeras en abrazar la Reforma. Por ejemplo, en Inglaterra, Londres se convirtió rápidamente en el semillero del protestantismo para la nación. Allí estaban las grandes imprentas. Además, allí había un puerto floreciente al que los buques mercantes podían llevar literatura protestante desde el continente europeo.
Hallamos un fenómeno similar cuando analizamos la Suiza del siglo XVI. La Confederación Suiza estaba compuesta por trece estados miembros conocidos como cantones. Cuatro de ellos eran cantones urbanos: Zúrich, Basilea, Berna y Schaffhausen. Los otros nueve eran cantones agrícolas que giraban en torno al campo y las aldeas, y estaban dominados por cinco cantones forestales centrales. ¿Será un mero accidente histórico que la Reforma haya triunfado en los cuatro cantones urbanos mientras que los cantones forestales siguieron siendo bastiones del catolicismo romano? Las ciudades, con sus centros de educación superior y sus industrias de impresión, fueron lugares ideales para que se diseminara el pensamiento reformado.
Del igual modo, en Alemania, la mayoría de las ciudades imperiales libres (ciudades autogobernadas sin alianzas superiores al margen del emperador del Sacro Imperio Romano) se convirtieron al protestantismo. No fue una simple conversión política y superficial, como descubrió para su pesar el emperador Carlos V al tratar de reimponer el catolicismo romano en esas ciudades usando la fuerza armada a fines de la década de 1540. El pueblo de las ciudades alemanas actuó en desacato y siguió siendo protestante. La espada podía conquistar sus territorios, pero no sus almas. Carlos finalmente tuvo que admitir su derrota y retirarse.
REFORMADORES MENOS CONOCIDOS También debemos contextualizar a Lutero y Zuinglio como figuras destacadas pero no aisladas de la Reforma protestante. Lutero solo habría sido la mitad de lo que fue sin Felipe Melanchthon. Más que Lutero mismo, fue Melanchthon quien aportó la pericia lingüística de la Reforma alemana. Su conocimiento del idioma griego era fenomenal, y es posible que Melanchton haya sido el primero en ver y recalcar que, en el Nuevo Testamento, el vocablo griego traducido como «justificar» significa «declarar justo» en un sentido judicial, no «hacer justo» en el sentido de la santificación. Esa terminó siendo la piedra angular de la doctrina de la justificación por la fe. Sin duda alguna, Melanchton fue quien escribió la Confesión de Augsburgo, que terminó transformándose en el estándar internacional de la doctrina luterana. Lutero estaba muy consciente de su deuda con Melanchton, su colaborador más íntimo:
Yo soy tosco, revoltoso e impetuoso, nacido para pelear contra ejércitos de diablos y monstruos. Mi labor es quitar troncos y piedras, arrancar espinas y cardos, despejar bosques silvestres. Entonces llega el maestro Felipe, con gentileza y suavidad, sembrando y regando con gozo, según los dones que Dios le ha concedido en tanta abundancia.
Otros colaboradores de Lutero fueron Johannes Bugenhagen, quien tuvo un papel clave contribuyendo a reformar la Iglesia en Dinamarca; Justus Jonas, quien dejó huella como escritor de himnos; Nikolaus von Amsdorf, un teólogo escolástico de profesión que abrazó la Reforma; y varios otros hombres que eran conocidos en su época, aunque ahora han quedado eclipsados tras la sombra de Lutero. Por grandioso que haya sido, Martín Lutero no fue un hombre orquesta.
Zuinglio tampoco lo fue. Contó con la hábil asistencia de hombres como Leo Jud, Oswald Myconius y Juan Ecolampadio. Tras la muerte prematura de Zuinglio en 1531, lo sucedió el brillante Heinrich Bullinger, quien se transformó en el «gran anciano» de la Reforma y murió en 1575.
Otras regiones de Europa tuvieron sus propios grandes reformadores. Martín Bucero en Estrasburgo (ahora está en Francia, pero entonces estaba en Alemania) trató de combinar lo mejor de la Reforma de Lutero con lo mejor de la Reforma de Zuinglio. El resultado fue enormemente atractivo para un joven francés llamado Juan Calvino que, como parte de la segunda generación de reformadores, fue discípulo de Bucero. Puede que hoy discutamos quién es un verdadero calvinista, pero el propio Calvino no era más que un verdadero bucerista.
En Dinamarca, hallamos a Hans Tausen, el «Lutero danés», cuya predicación difundió el evangelio como un incendio forestal a partir de 1524. En Suecia, los hermanos Olaf y Lars Petersson tuvieron un ministerio evangelizador de impacto similar. En Inglaterra, William Tyndale publicó su traducción inglesa del Nuevo Testamento en 1525; ni la religión ni el lenguaje de Inglaterra volvieron a ser iguales.
Podríamos seguir hablando así. Lutero y Zuinglio tal vez lideraron el camino, pero no estuvieron solos. Por toda la faz de la Europa romanista, inspirada por los ideales de Erasmo y la teología de Agustín, una generación completa se separó de las corrupciones de una iglesia que se había descarriado. Deberíamos invertir algo de tiempo y energía en aprender sobre los reformadores menos conocidos.
REFORMAS MÚLTIPLES Los historiadores modernos también enfatizan correctamente que la Reforma protestante solo fue una de las reformas que experimentó la gente del siglo XVI. El contexto más amplio nos fuerza a tomar en consideración la Reforma radical y la Contrarreforma de la Iglesia católica romana. Los reformadores radicales eran un grupo muy diverso. En la actualidad, es común dividirlos en anabaptistas, racionalistas y espiritualistas, pero algunos historiadores también mencionan a los milenialistas apocalípticos. En muchos casos, comenzaron como seguidores de Lutero y Zuinglio, pero después se desataron y tomaron un curso propio.
A pesar de su diversidad, los reformadores radicales rechazaron al unísono la visión protestante de la Escritura y la justificación por la fe sola. El grupo anabaptista evangélico que más ha perdurado, los menonitas, tenía una postura romanista sobre el canon de la Escritura (aceptaban los libros apócrifos). Todos los reformadores radicales repudiaron el bautismo de infantes, pero no estuvieron de acuerdo sobre lo que debían colocar en su lugar (¿el credobautismo? ¿El bautismo en el Espíritu?). También rechazaron toda conexión entre la Iglesia y el Estado, por tenue que fuera. Tal vez la mayoría de los protestantes modernos empatizan con ellos en ese punto.
La Contrarreforma fue la reforma interna que efectuó la Iglesia romana, en parte para responder a la Reforma protestante. Algunas corrientes reformadoras dentro de Roma eran muy positivas (desde la perspectiva protestante), en especial el movimiento evangélico católico, que abrazó la justificación por la fe. Sin embargo, lo que terminó emergiendo fue una Iglesia romana consolidada en su postura de antiprotestantismo militante. En el plano teológico, eso ocurrió en el Concilio de Trento, donde se codificó la doctrina romanista durante más de veinte años con una nueva precisión y claridad antiprotestante. A nivel más básico, esta hostilidad militante contra la Reforma protestante fue encarnada con vigor desenfrenado por la nueva orden monástica conocida como la Compañía de Jesús o los jesuitas.
Cuando las cosas se calmaron, Europa quedó dividida por la mitad en torno a cuestiones religiosas. El norte era (generalmente) protestante y estaba enfrentado al sur, que era católico romano. Los radicales, que estaban esparcidos a ambos lados de la división, eran perseguidos dondequiera que vivieran. Vendrían ciento cincuenta años de «guerra fría» religiosa, que a veces se acaloraba y se convertía en conflictos militares devastadores que asolaban el suelo de Europa y lo empapaban de sangre. Al menos en Gran Bretaña, la causa protestante se alió con la causa del gobierno constitucional, lo que tuvo grandes efectos para el futuro de los Estados Unidos de América.
En conclusión, el estudio cuidadoso de la Reforma nos muestra que, lejos de ser un rayo caído inexplicablemente del cielo, fue un fenómeno inmerso en la historia de sus tiempos en todo sentido. Tuvo raíces y antecedentes, tuvo canales de influencia identificables y quedó profundamente entrelazado con la política y cultura de su propia época singular (que ahora está a quinientos años de nosotros). Si me lo permites, quisiera cerrar citando algo que dije una vez:
En muchos sentidos, los reformadores protestantes fueron personas profundamente influenciadas por su época, tal como nosotros por la nuestra. No debemos esperar encontrar perfección en ellos más de lo que las generaciones futuras podrán encontrar en nosotros. Sin embargo, si nos sumergimos en la época de la Reforma, de seguro veremos que, como solía decir Hollywood de sus películas, «toda la vida está aquí». Además, tal vez veamos que esa vida, tan fresca, agitada y valiente, tiene mucho que ofrecernos hoy, cuando, en comparación con ellos, estamos en el hastío y la superficialidad.
Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine
Nicholas R. Needham El Dr. Nicholas Needham es pastor de la Iglesia Inverness Reformed Baptist Church de Inverness, Escocia, y profesor de historia eclesiástica en el Highland Theological College de Dingwall, Escocia. Es autor de la obra 2,000 Years of Christ’s Power [2000 años del poder de Cristo], compuesta de varios tomos.
Jueves 27 Octubre Señor, ¿qué es el hombre, para que en él pienses?… El hombre es semejante a la vanidad; sus días son como la sombra que pasa… Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es el Señor. Salmo 144:3-4, 15
Búsqueda y propósito ¡Cuántas reflexiones surgen en el espíritu humano! Este espíritu está hecho de tal manera que solo podemos imaginar un universo coherente, que tiene un significado y una finalidad. Y necesariamente buscamos las causas primeras, tratando también de imaginarnos el futuro… El universo no salió de una ausencia de voluntad, para evolucionar al azar hacia un fin inexistente. Nuestra lógica interior exige leyes, una organización, una intención, es decir, un Creador.
Cada uno se interroga también sobre el significado de su propia vida, una vida en la que se alternan días de gozo y de dolor, y que de repente se acaba con la muerte inevitable. Pero el espíritu humano tampoco puede detenerse allí, busca sin cesar, rechaza esta realidad… Debe haber algo más detrás de esto, debe haber un futuro más allá de la tumba.
Mientras todo me muestra una naturaleza maravillosamente estructurada y terminada, es imposible que mi propia vida no tenga un significado profundo, que el mundo moral no tenga ninguna coherencia final.
En la Biblia Dios responde todas estas preguntas. Él nos dio una inteligencia capaz de reconocerlo en la naturaleza (ver Romanos 1:20). Además, él tiene un plan para cada uno, un plan lleno de promesas. “Yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice el Señor, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis” (Jeremías 29:11). Dios ofrece a cada uno la paz del alma y del corazón, la certeza de la vida eterna.
La iglesia siempre necesita reforma. Incluso en el Nuevo Testamento, vemos a Jesús reprendiendo a Pedro, y a Pablo corrigiendo a los corintios. Como los cristianos siempre somos pecadores, la iglesia siempre necesitará la reforma. Sin embargo, la pregunta que debemos hacernos es cuándo esa necesidad se vuelve totalmente imperiosa.
Los grandes reformadores del siglo XVI concluyeron que la reforma era urgente y necesaria en sus días. Mientras buscaban reformar la iglesia, rechazaron dos extremos. Por un lado, rechazaron a los que insistían en que la iglesia estaba básicamente sana y no necesitaba cambios fundamentales. Por otro lado, también rechazaron a los que creían que podían crear una iglesia perfecta en cada detalle. La iglesia necesitaba una reforma fundamental, pero también iba a necesitar seguir reformándose siempre. Los reformadores llegaron a estas conclusiones gracias a su estudio de la Biblia.
En 1543, el reformador de Estrasburgo, Martín Bucero, le pidió a Juan Calvino que escribiera una defensa de la Reforma para presentarla ante el emperador Carlos V en la dieta imperial que se reuniría en Espira el año 1544. Bucero sabía que el emperador, que era católico romano, estaba rodeado por consejeros que difamaban los esfuerzos por reformar la iglesia, y creía que Calvino era el ministro más capaz para defender la causa protestante.
Calvino aceptó el desafío y escribió una de sus mejores obras, La necesidad de reformar la iglesia. Aquel tratado sustancial no convenció al emperador, pero ha llegado a ser considerado por muchos como la mejor presentación de la causa reformada que se ha escrito.
Calvino parte observando que todos concordaban en que la iglesia tenía «enfermedades numerosas y severas». También afirma que los problemas eran tan serios que los cristianos no podían permitirse «mayores demoras» para la reforma ni tampoco esperar por «remedios lentos». Rechaza la acusación de que los reformadores eran culpables de «innovación precipitada e impía». Más bien, recalca que «Dios levantó a Lutero y a otros» para preservar «la verdad de nuestra religión». Calvino veía que los fundamentos del cristianismo estaban bajo amenaza y que solo la verdad bíblica renovaría a la iglesia.
Calvino observa cuatro grandes áreas de la vida de la iglesia que necesitaban una reforma. Estas áreas forman lo que él llama el alma y el cuerpo de la iglesia. El alma de la iglesia está compuesta por la «adoración pura y legítima de Dios» y por «la salvación de los hombres». El cuerpo de la iglesia está compuesto por el «uso de los sacramentos» y «el gobierno de la iglesia». Para Calvino, estos asuntos estaban en el núcleo de los debates de la Reforma. Son esenciales para la vida de la iglesia y solo podemos entenderlos correctamente a la luz de la enseñanza de las Escrituras.
Tal vez nos sorprenda que Calvino haya catalogado la adoración de Dios como uno de los asuntos más importantes de la Reforma, pero este era un tema consistente en él. Antes, le había escrito al cardenal Sadoleto: «No hay nada más peligroso para nuestra salvación que una adoración absurda y perversa de Dios». La adoración es el lugar donde nos encontramos con Dios y ese encuentro debe realizarse según los estándares de Dios. Nuestra adoración muestra si de verdad aceptamos la Palabra de Dios como nuestra autoridad y nos sometemos a ella. La adoración creada por nosotros mismos es una forma de justicia por las obras y una expresión de idolatría.
Luego, Calvino se refirió a lo que solemos ver como el tema más grandioso de la Reforma, es decir, la doctrina de la justificación:
Sostenemos que, más allá de cómo sean las obras de un hombre, él es considerado justo delante de Dios sobre la sola base de la misericordia gratuita, pues Dios, sin ninguna consideración por las obras, lo adopta gratuitamente en Cristo, imputándole la justicia de Cristo como si fuera suya. Esto lo conocemos como la justicia de la fe, es decir, cuando un hombre, desnudo y vacío de toda confianza en las obras, se siente convencido de que la única base de su aceptación ante Dios es una justicia que él no tiene en sí mismo, pero le es prestada por Cristo. El punto en que el mundo siempre se desvía (pues este error ha prevalecido casi en todas las épocas) es el de imaginar que el hombre, por muy parcialmente deficiente que sea, sigue mereciendo, hasta un cierto punto, el favor de Dios por las obras.
Estas cuestiones fundamentales que conforman el alma de la iglesia son respaldadas por el cuerpo de la iglesia: sus sacramentos y gobierno. Debemos devolverles a los sacramentos el sentido y uso puro y simple que reciben en la Biblia. El gobierno de la iglesia debe rechazar toda tiranía que ate la conciencia de los cristianos de manera contraria a la Palabra de Dios.
Cuando observamos la iglesia de nuestros días, bien podemos concluir que la reforma es necesaria —de hecho, es imprescindible— en muchas de las áreas por las que Calvino tanto se preocupó. A fin de cuentas, solo la Palabra y el Espíritu de Dios reformarán la iglesia. Sin embargo, debemos orar y trabajar fielmente para que esa reforma llegue en nuestros días.
Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine W. Robert Godfrey El Dr. W. Robert Godfrey es presidente de la junta directiva de Ligonier Ministries, maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries, y presidente emérito y profesor emérito de historia de la iglesia en el Westminster Seminary California. Es el maestro destacado de la serie de seis partes de Ligonier: A Survey of Church History y autor de varios libros, entre ellos An Unexpected Journey y Learning to Love the Psalms.
Miércoles 26 Octubre Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido?… Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Mateo 2:1-3 Aberraciones de la incredulidad En el relato de la visita de los magos que llegaron para adorar al niño Jesús, la crueldad del rey Herodes va de la mano con su falta de lógica.
Este hombre, aunque incrédulo, tomó en serio el anuncio de los magos. Ya veía a este niño como un usurpador del trono. Si existe, se dijo él, debe desaparecer lo más pronto posible. Convocó inmediatamente a los líderes religiosos. Las Escrituras anunciaban el lugar donde el Mesías debía nacer. La respuesta era clara: En Belén. Ese rey profano, ¿cómo pudo prestar atención a profecías de 700 años de antigüedad? ¡En seguida envió los magos a Belén! No tuvo duda cuando constató que esos visitantes se habían ido sin avisarle. Habían hallado al niño cuyo nacimiento estuvo acompañado por un fenómeno cósmico. Creía él todo esto, ¿sí, o no? Si no creía, ¿por qué ordenó matar a todos los niños de esa ciudad? ¿Pensaba que podía matar a tal niño? ¡Qué locura, qué incoherencia, qué crueldad en ese monarca que murió poco tiempo después! De hecho, quería matar a ese Dios a quien negaba. Tales son las aberraciones del hombre bajo el dominio de Satanás, el enemigo de Dios.
¿Deseamos ser liberados de este poder satánico que gobierna el mundo y manipula el corazón de los hombres? Jesús, el Hijo de Dios, el mismo a quien Herodes quería matar, hoy salva definitivamente de Satanás y del poder de las tinieblas. El que cree en la obra de redención y de perdón del Señor Jesús, y lo acepta como su Salvador, está unido a él para siempre.
En El matrimonio íntimo, el Dr. R.C. Sproul muestra que si seguimos los principios de Dios, el matrimonio puede ser una celebración de gozosa intimidad y uno de los mayores placeres de la vida. En esta serie, el Dr. Sproul examina no solo la teología del matrimonio, sino también su sociología y psicología, cubriendo temas como la comunicación, los roles de género y el sexo.
¿Qué es el matrimonio cristiano?
Muchas personas hoy en día se preguntan si el matrimonio es una tradición anticuada que debe ser desechada de una vez por todas.
En este episodio de Renovando Tu Mente, R.C. Sproul nos lleva al origen del matrimonio con el fin de descubrir el propósito de Dios para la relación entre marido y mujer.
Martes 25 Octubre Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y sígame. Mateo 16:24 No son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Juan 17:16 El cristianismo, una relación con Jesús El cristianismo, ¿ha logrado su objetivo, o ha sido un fracaso? Han pasado dos mil años desde que Jesucristo vino a la tierra y dio su vida para salvar a los seres humanos. Sin embargo, el mundo no parece haber mejorado… Injusticia social, violencia e inmoralidad son los rasgos dominantes del mundo de hoy. Y los países llamados cristianos no están exentos.
Entonces, ¿debemos concluir que el cristianismo ha fracasado? No, los principios cristianos no han fracasado, sino los cristianos mismos, quienes estaban encargados de rendir testimonio de la verdad siguiendo a Jesús, el hombre perfecto. La cristiandad, cuyo nombre deriva de Cristo, en general no ha creído, ni ha vivido en la práctica lo que Él enseñaba. Jesús hablaba de obediencia a Dios y de amor al prójimo, y lo vivía. A menudo la gente admira la moral cristiana, pero no quiere tener a Jesucristo en su vida. Sin embargo, él no es el fundador de una moral, sino mucho más que esto: él trae la salvación, una salvación gratuita ofrecida a todos los que se arrepienten de sus pecados.
El cristianismo no es, como muchos lo creen, un conjunto de ceremonias o de dogmas. Es esencialmente conocer a una persona: Jesucristo, el Hijo de Dios. Es una relación entre él, quien da la vida, y el hombre pecador, quien la recibe. El cristianismo es vivir diariamente esta relación con Jesucristo.
“Vueltos los apóstoles, le contaron todo lo que habían hecho. Y tomándolos, se retiró aparte, a un lugar desierto de la ciudad llamada Betsaida” (Lucas 9:10).
ESPERANZA VIVA EN MEDIO DEL SUFRIMIENTO POR TIMOTHY KELLER
Entonces esos poderes, que trabajan para el sufrimiento, tendrán su recompensa, y día a día producirán Tu alabanza, y mi alivio; me edificarán con cuidado y valor, hasta que llegue al cielo y, aún más, a Ti.
— George Herbert, “Aflicción IV”
Después vi un cielo nuevo y una tierra nueva, porque el primer cielo y la primera tierra habían dejado de existir, lo mismo que el mar. Vi además la ciudad santa, la nueva Jerusalén, que bajaba del cielo, procedente de Dios, preparada como una novia hermosamente vestida para su prometido. Oí una potente voz que provenía del trono y decía: “¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán Su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir”.
— Apocalipsis 21:1-5
No hay nada más práctico para quienes sufren que tener esperanza. La pérdida de la esperanza es lo que hace que el sufrimiento sea insoportable. Y aquí, al final de la Biblia, está la mayor esperanza, un mundo material en el que todo el sufrimiento se ha ido, en el que toda lágrima será enjugada de nuestros ojos. Esta es una esperanza viva y transformadora.
¿A quién estaba escribiendo Juan en el libro de Apocalipsis? Estaba escribiendo a personas que sufrían cosas terribles. El versículo 4 nos muestra la lista. Estaba escribiendo a personas que estaban experimentando aflicciones, peligro de muerte, llanto y dolor. Este libro fue escrito cerca del final del primer siglo, cuando el emperador romano Domiciano estaba llevando a cabo persecuciones de cristianos a gran escala. A algunos les quitaban sus hogares y los saqueaban, y otros eran enviados a la arena para ser despedazados por bestias salvajes mientras el público observaba. Otros eran empalados en postes, cubiertos con brea y, estando aún vivos, les prendían fuego. Eso es lo que los lectores de este libro estaban enfrentando.
¿Y qué les dio Juan para que pudieran enfrentar todo esto? Juan les recordó la mayor esperanza de todas: la llegada de un cielo nuevo y una tierra nueva. Eso fue lo que les dio para enfrentarlo, y la historia nos confirma que funcionó. Sabemos que los primeros cristianos asumieron su sufrimiento con gran serenidad y paz, que cantaron himnos mientras las bestias los desgarraban y que perdonaron a sus verdugos. Es por esto que mientras más los mataban, más crecía el movimiento cristiano. ¿Por qué? Porque cuando la gente los veía morir de esa manera, decían: “Esta gente tiene algo”. Bueno, ¿saben lo que tenían? Tenían esto: una esperanza viva.
Los seres humanos son criaturas diseñadas para la esperanza. La forma en que vives ahora está completamente controlada por lo que crees sobre tu futuro. Estaba leyendo una historia hace algunos años sobre dos hombres que fueron capturados y arrojados a un calabozo. Justo antes de ir a prisión, uno de los hombres descubrió que su esposa y su hijo estaban muertos, y el otro se enteró de que su esposa y su hijo estaban vivos y lo esperaban. En los primeros años de su encarcelamiento, el primer hombre se consumió de tristeza y finalmente murió. Pero el otro hombre aguantó, se mantuvo fuerte y salió diez años después. Ten en cuenta que estos dos hombres experimentaron las mismas circunstancias pero respondieron de manera diferente porque, aunque experimentaron el mismo presente, tenían la mente puesta en futuros diferentes. El futuro era lo que determinaba la forma en que manejaban el presente.
Juan tenía razón, entonces, al ayudar a las personas que sufren dándoles una esperanza. ¿Crees que cuando mueras sencillamente te pudrirás? ¿Crees que la vida en este mundo es toda la felicidad que obtendrás? ¿Crees que algún día el sol va a morir, que toda la civilización humana se extinguirá y que nadie recordará nada de lo que se haya hecho? Esa es una forma de imaginar tu futuro. Pero aquí está otra. ¿Crees en “un cielo nuevo y una tierra nueva”? ¿Crees que toda maldad e injusticia será juzgada en el día del juicio? ¿Crees que te diriges hacia un futuro de gozo eterno? Esos son dos futuros completamente diferentes, y lo que creas determinará la manera en que vas a manejar tus prisiones, tu sufrimiento.
Este artículo Esperanza viva en medio del sufrimiento fue adaptado de una porción del libro Caminando con Dios a través de el dolor y el sufrimiento, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace. Conoce todos los libros de Timothy Keller en español.
l 31 de octubre de 1517, Martín Lutero clavó sus noventa y cinco tesis en la puerta de la iglesia del castillo de Wittenberg, Alemania. Lo hizo por causa de la paz, la pureza y la unidad de la iglesia. En su primera tesis, llamó a la iglesia al arrepentimiento genuino y continuo, y en sus últimas tesis la llamó a la paz verdadera en Cristo. Lutero no fue un cismático rebelde que quiso liderar una rebelión contra Roma; fue un ardiente heraldo y defensor del evangelio que, debido a su fidelidad obstinada e inquebrantable, encendió la ira de Roma, que estaba alzada contra la verdad, el evangelio y la iglesia verdadera. Lutero no fue un divisor; fue un pacificador. Para que haya paz verdadera y unidad verdadera, primero debe haber verdad, y la verdad divide antes de que pueda unir. La verdad debe conquistar antes de que pueda libertar. Lutero no dividió la iglesia; Roma dividió la iglesia infiltrándola con doctrinas falsas de hombres. Los reformadores no abandonaron Roma; Roma los abandonó a ellos al dejar la verdad, el evangelio y la iglesia. Los reformadores buscaron la reforma de Roma, y Roma, a su vez, buscó sus cabezas. Roma hizo una división entre la iglesia verdadera y la iglesia falsa, y expulsó a la iglesia verdadera.
Los precursores de la Reforma (por ejemplo, Pedro Valdo, John Wycliffe y Jan Hus) y los reformadores magisteriales del siglo XVI (hombres como Martín Lutero, Ulrico Zuinglio y Juan Calvino) bien merecen el nombre de reformadores, pero lo fueron en el sentido más básico de la palabra. Procuraron la Reforma para llevar a la iglesia de vuelta a su forma original. Para reformar algo, primero debe haber una forma, y la forma que buscaron los reformadores fue la original de la iglesia que se encuentra en la única guía infalible para la fe y la vida, es decir, en la Escritura, y en la Escritura sola. A fin de cuentas, los reformadores no intentaron cambiar la naturaleza de la iglesia, sino llamar a la iglesia a volver a su identidad bíblica y a lo que debe ser para constituir la iglesia verdadera.
Los reformadores querían la paz, pero no a expensas de la verdad, como exclamó Lutero: «¡La paz si es posible, pero la verdad a toda costa!». La paz verdadera solo llega con el arrepentimiento verdadero. Al llamar a Roma a arrepentirse, Lutero no quiso dividir la iglesia, sino unirla y producir paz verdadera proclamando la verdad. La paz verdadera solo se encuentra en la verdad de Jesucristo, así que la paz y la unidad verdaderas solo pueden existir donde reina la verdad. La iglesia verdadera conoce la verdad, y la verdad nos hace libres (Jn 8:32). Y cuando somos libres en Cristo, también buscamos la verdad y, a su vez, la paz, la pureza y la unidad de la iglesia, solo para la gloria de Dios, soli Deo gloria.
Publicado originalmente en: Tabletalk Magazine Burk Parsons El Dr. Burk Parsons es pastor principal de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, director de publicaciones de Ligonier Ministries, editor de Tabletalk magazine, y maestro de la Confraternidad de Enseñanza de Ligonier Ministries. Él es un ministro ordenado en la Iglesia Presbiteriana en América y director de Church Planting Fellowship. Es autor de Why Do We Have Creeds?, editor de Assured by God y John Calvin: A Heart for Devotion, Doctrine, and Doxology, y co-traductor y co-editor de ¿Cómo debe vivir el cristiano? de Juan Calvino.
Lunes 24 Octubre Crecía la palabra del Señor, y el número de los discípulos se multiplicaba grandemente. Hechos 6:7 Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. Romanos 10:17 El evangelio en internet Damila miró su reloj. Dentro de 20 minutos su marido regresaría del trabajo. Era el momento de borrar todos los rastros electrónicos de los sitios de internet que había visitado…
Casada desde hacía 9 años, madre de 5 hijos, Damila pasaba su vida entre las tareas domésticas y otras obligaciones supervisadas por un marido autoritario. Ella siempre había tratado de ser fiel a la religión de su país, pero cuanto más leía el libro sagrado de su religión, más dudas tenía. Entonces empezó a buscar en internet.
De repente, su vida monótona cambió el día en que encontró un sitio en internet que ofrecía “visitas bíblicas a la tierra santa”. Después de varios clics, descubrió el cristianismo y comenzó a seguir un estudio bíblico en línea. Asistió a foros donde muchas de sus preguntas hallaron respuesta. Aunque a veces le preocupaba esta oleada de nuevas ideas, empezó a tomar parte en las discusiones en línea.
Pero esto no era suficiente para saciar su sed. Entonces, siguiendo sus averiguaciones, descubrió las emisiones de Radio Trans Mundial y la aplicación correspondiente en su teléfono, lo cual la llevó a conocer al Señor Jesús como su Salvador.
Algunos años atrás, ella solo pensaba en escapar a su difícil situación, pero desde que su vida fue transformada, decidió permanecer con su familia y orar por cada uno de los suyos, confiando en que Jesús se revelaría a ellos en su debido tiempo.