Lunes 11 Julio Sodoma y Gomorra y las ciudades vecinas, las cuales de la misma manera que aquellos, habiendo fornicado… fueron puestas por ejemplo, sufriendo el castigo del fuego eterno. Judas 7 Jesús le dijo: Porque me has visto, Tomás, creíste; bienaventurados los que no vieron, y creyeron. Juan 20:29 Los vestigios de Sodoma: ¿un apoyo para la fe? Según la Biblia, la ciudad de Sodoma está situada al sur del mar Muerto, en la actual Jordania. Ciertos investigadores piensan que fue encontrada por el arqueólogo Steven Collins y su equipo, en el sur del valle del Jordán.
El versículo del día nos recuerda la destrucción total de Sodoma y de las ciudades vecinas, debido a la inmoralidad de sus habitantes. Para todos, era la prueba evidente de que Dios juzga el mal cuando este ha llegado a su colmo. Pero, el descubrimiento de una ciudad arqueológica, que confirma lo que la Biblia declara, ¿lleva a los hombres a creer? Los burladores, por ejemplo, “ignoran voluntariamente” la realidad del diluvio (2 Pedro 3:5) y buscan pruebas arqueológicas, pero no están dispuestos a aceptarlas.
Como Tomás el discípulo, hoy muchas personas se niegan a creer algo cuya prueba material no tienen ante sus ojos. Pero “la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios” (Romanos 10:17). Creer la palabra a alguien es manifestarle nuestra confianza. Creer lo que Dios dice en la Biblia es honrarlo, y Dios alaba esta fe, librando al creyente de su culpabilidad y revelándose a él.
Cristianos, no tratemos de reforzar nuestra fe por medio de los progresos arqueológicos: la ciencia es el ámbito de los hombres, a quienes Dios dio una gran inteligencia. La fe es el dominio de Dios, quien no necesita más que su Palabra para ser creído y conocido.
T Ú E R E S E L D I O S B E N D I T O ¡Tú eres el Dios bendito! Feliz en Ti mismo, Fuente de felicidad de Tus criaturas, Mi creador, mi benefactor, mi dueño, mi auxilio. Tú me hiciste y me sustentas, Tú me ayudas y me favoreces, Tú me salvas y me sostienes; En cada situación Tú eres capaz de conocer mis necesidades y mis miserias. Que yo pueda vivir por Ti, que yo pueda vivir para Ti, y a nunca estar satisfecho con mi progreso Cristiano en cuanto yo no fuese semejante a Cristo; Que la conformación a Sus principios, Su carácter y Su conducta crezca cada hora de mi vida. Deja que Tu amor incomparable me constriña a la obediencia santa, Y has que mi deber sea mi delicia. Si otros juzgan que mi fe es locura, mi mansedumbre debilidad, Mi celo insensato, mi esperanza desilusión, y Mis acciones hipocresía, Que yo pueda regocijarme de sufrir por tu nombre. (El Dios Bendito) mantenme firme en la dirección del país de las delicias perpetuas, aquel paraíso que es mi verdadera herencia. Afírmame con la fuerza de los Cielos para que yo jamás vaya a retroceder, o desear los placeres engañosos que irán a la nada. Como persigo mi viaje celestial por Su gracia. No me dejes ser conocido como alguien que anda errante, sino como alguien que tiene ardiente deseo por Ti, y por el bien y la salvación de mi prójimo.
En el libro de los Salmos encontramos toda clase de oraciones: el clamor pidiendo ayuda, la queja, la alabanza, el agradecimiento… Algunos salmos incluso asocian la oración al silencio. El Salmo 131, por ejemplo, habla de una lucha interior para lograr la paz con Dios, como un niño que crece y no puede ser más amamantado por su madre, pero permanece confiado a su lado.
¿Cómo lograr tal alivio? A veces guardamos silencio, pero por dentro luchamos fuertemente, enfrentándonos con enemigos imaginarios o batallando contra nosotros mismos. Tener el alma en paz supone un retorno a la sencillez y a la humildad: “Ni anduve en grandezas, ni en cosas demasiado sublimes para mí” (Salmo 131:1). Silenciarme es reconocer que por mí mismo no puedo deshacerme de mis preocupaciones, es dejar a Dios lo que está fuera de mi alcance y de mis capacidades.
Nuestra inquietud puede compararse a la tempestad que sacudió la barca de los discípulos en el mar de Galilea mientras Jesús dormía. Nosotros los creyentes también podemos sentirnos perdidos, angustiados, incapaces de hallar la paz, pero Jesús quiere ayudarnos. Así como calló al viento y al mar: “Cesó el viento, y se hizo grande bonanza”, también puede calmar nuestro corazón agitado por el miedo y las preocupaciones (Marcos 4:35-41). Pongamos nuestra esperanza en Dios. Cuando las palabras cesen y nuestros pensamientos se apacigüen, Dios podrá ser alabado en un silencio de gratitud y con la admiración de la fe.
Estoy iniciando una nueva serie de artículos en la que revisaremos una lista de términos teológicos para proporcionar una definición concisa y sencilla (eso espero) de cada uno de ellos. Al usar el término “elemental” no siempre me refiero a que las palabras son de uso común entre los cristianos (o que se encuentren en la Biblia), sino a que las cosas que representan comprenden algunos de los componentes centrales de la fe y la práctica cristiana.
El contenido de estos artículos procederá, en la mayoría de los casos, de uno o varios autores cuyas definiciones me han resultado especialmente útiles (aunque de vez en cuando también puedo aportar algún resumen o síntesis). Para comenzar, lo más apropiado es iniciar con una definición del término que ha unificado a todos los demás: teología. Millard Erickson, en su obra masiva Teología Sistemática, da una definición sencilla pero completa: [Teología es] aquella disciplina que intenta desarrollar una exposición coherente de las doctrinas de la fe cristiana, basándose principalmente en las Escrituras, situándose en el contexto de la cultura en general, expresándose en un idioma contemporáneo y relacionándose con los asuntos de la vida. (23)
Lo que Erickson llama simplemente “teología” otros lo denominan de forma más precisa como teología sistemática. Wayne Grudem, un teólogo que también ha escrito un libro enorme sobre el tema (casi obligatorio tenerlo en su biblioteca), hace esta distinción y define la teología sistemática como “cualquier estudio que responde a la pregunta ‘¿Qué nos enseña toda la Biblia hoy?’ respecto a cualquier tema” (21).
Aunque mucho más corta, la definición de Grudem es, en esencia, la misma que la de Erickson; ambas son buenas y útiles. Otra forma aún más sencilla, con menos calificaciones, sería decir que la teología se refiere a lo que pensamos que Dios piensa sobre algo.
¿Sugiere usted algunas otras definiciones para la teología?
Tim Challies es uno de los blogueros cristianos más leídos en los Estados Unidos y cuyo Blog ( challies.com ) ha publicado contenido de sana doctrina por mas de 6000 días consecutivos. Tim es esposo de Aileen, padre de dos niñas adolescentes y un hijo que espera en el cielo. Adora y sirve como pastor en la Iglesia Grace Fellowship en Toronto, Ontario, donde principalmente trabaja con mentoría y discipulado.
Un creyente nos cuenta la historia de uno de sus vecinos, a quien con frecuencia había hablado de la fe en Jesucristo.
Durante una excursión a los Alpes, la capa de hielo sobre la cual caminaba cedió bajo su peso, y casi se ahoga en un lago. En otra ocasión, su velero se volcó durante una tempestad, y fue rescatado por los socorristas en el mar. A sus cuarenta años fue sanado de una leucemia, y Dios le concedió todavía 15 años más de vida. Para terminar, una noche, en medio de una tormenta, un árbol cayó sobre su auto y él murió en el instante.
Este hombre era simpático. Conocía la Biblia, pero aparentemente nunca había sentido la necesidad de un Salvador.
Sin embargo, ¿había prestado atención a las múltiples advertencias de Dios? Su vida terminó bruscamente, ¡entró en la eternidad en un instante! Solo Dios sabe si se reconoció pecador y si recibió el perdón y la vida eterna por la fe en el Señor Jesús.
“En una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende… Entonces revela al oído de los hombres, y les señala su consejo, para quitar al hombre de su obra, y apartar del varón la soberbia. Detendrá su alma del sepulcro, y su vida de que perezca a espada… Todas estas cosas hace Dios dos y tres veces con el hombre, para apartar su alma del sepulcro, y para iluminarlo con la luz de los vivientes” (Job 33:14, 16-18, 29-30).
“¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” (Romanos 2:4).
La conciencia casi siempre es vista por el mundo moderno como un defecto que les roba a las personas su autoestima. Sin embargo, lejos de ser un defecto o un desorden, la capacidad que tenemos de sentir nuestra propia culpa es un magnífico obsequio divino. Dios diseñó la conciencia en el marco mismo del alma humana.
La conciencia, escribió el puritano Richard Sibbes en el siglo XVII, es el alma reflexionando sobre sí misma.[1] La conciencia es la esencia de lo que distingue a la criatura humana. Las personas, a diferencia de los animales, pueden contemplar sus propias acciones y hacer autoevaluaciones morales. Ésa es la función propia de la conciencia.
La conciencia es una habilidad innata cuya función es discernir lo correcto y lo incorrecto. Todos, incluso los paganos menos espirituales, tienen conciencia: “Cuando los gentiles, que no tienen ley, cumplen por naturaleza lo que la ley exige, ellos son ley para sí mismos, aunque no tengan la ley. Estos muestran que llevan escrito en el corazón lo que la ley exige, como lo atestigua su conciencia, pues sus propios pensamientos algunas veces los acusan y otras veces los excusan” (Ro. 2:14-15, énfasis agregado).
La conciencia nos suplica que hagamos lo que creemos que es correcto y nos impide hacer lo que creemos que es incorrecto. La conciencia no se debe equiparar con la voz de Dios o la ley de Dios. Es una facultad humana que juzga nuestras acciones y pensamientos a la luz del más alto nivel que percibimos. Cuando violamos nuestra conciencia, ésta nos condena, provocando sentimientos de vergüenza, angustia, arrepentimiento, consternación, ansiedad, desgracia e incluso miedo. Cuando seguimos nuestra conciencia, ésta nos elogia, trayendo alegría, serenidad, autoestima, bienestar y regocijo.
La conciencia está por encima de la razón y más allá del intelecto. Podemos racionalizar, tratando de justificarnos en nuestras propias mentes, pero una conciencia violada no se convencerá fácilmente. Es posible anular virtualmente la conciencia mediante el abuso repetido. Pablo habló de personas cuyas conciencias estaban tan pervertidas que su “gloria es su vergüenza” (Fil. 3:19; cf. Ro. 1:32). Tanto la mente como la conciencia pueden contaminarse a tal punto que dejen de distinguir entre lo que es puro y lo que es impuro (cf. Tit. 1:15). Después de tanta violación, la conciencia finalmente se calla. Moralmente, aquellos con conciencias contaminadas se quedan volando a ciegas. Las señales de advertencia molestas pueden desaparecer, pero el peligro ciertamente no; de hecho, el peligro es mayor que nunca.
Además, incluso la conciencia más contaminada no permanece en silencio para siempre. Cuando nos juzgamos, la conciencia de cada persona se pondrá del lado de Dios, el juez justo. El peor malhechor endurecido por el pecado descubrirá ante el trono de Dios que tiene una conciencia que testifica en su contra.
La conciencia, sin embargo, no es infalible. La conciencia está informada tanto por la tradición como por la verdad, por lo que los estándares que nos obligan no son necesariamente bíblicos (1 Co. 8:6-9). La conciencia puede estar condenando innecesariamente en áreas en las que no hay problema bíblico. La conciencia, para operar plenamente y de acuerdo con la verdadera santidad, debe ser instruida por la Palabra de Dios. La conciencia reacciona a las convicciones de la mente y, por lo tanto, puede ser alentada y agudizada en concordancia con la Palabra de Dios.
El cristiano sabio quiere dominar la verdad bíblica para que la conciencia esté completamente instruida y juzgue bien porque está respondiendo a la Palabra de Dios. Una dieta periódica de lectura de las Escrituras fortalecerá una conciencia débil o restringirá una hiperactiva. Por el contrario, el error, la sabiduría humana y las influencias morales erradas que llenan la mente corromperán o paralizarán la conciencia.
En otras palabras, la conciencia funciona como un tragaluz, no como una bombilla. Deje entrar la luz en el alma; no produzca la suya. Su efectividad está determinada por la cantidad de luz pura a la que la exponemos y por lo limpia que la mantenemos. Cúbrala o póngala en la oscuridad total y dejará de funcionar. Es por eso que el apóstol Pablo habló de la importancia de una conciencia limpia (1 Ti. 3:9) y advirtió contra cualquier cosa que contamine o enturbie la conciencia (1 Co. 8:7; Tit. 1:15).
La conciencia está al tanto de todos nuestros pensamientos y motivos secretos. Por lo tanto, es un testigo más preciso y formidable en la sala del tribunal del alma que cualquier observador externo. La conciencia es una parte indivisible del alma humana. Aunque puede estar endurecida, cauterizada o adormecida en latencia aparente, la conciencia continúa almacenando evidencia que algún día usará como testimonio para condenar el alma culpable.
La semana que viene veremos que debido a que la conciencia es el sistema automático de advertencia del alma, es ella misma la que inicia el juicio en el tribunal imaginario, en el consejo del corazón humano.
Atesorar el precio de la redención Por R.C. Sproul
La clave para entender el clamor de Jesús desde la cruz la encontramos en la carta de Pablo a los gálatas: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO)» (Gal 3:13).
Ser maldito es ser apartado de la presencia de Dios, ser colocado fuera del campamento, ser excluido de Sus beneficios. En la cruz, Jesús fue maldito. Es decir, Él representó a la nación judía que había violado el pacto y estaba expuesta a la maldición. Allí, Él recibió la medida completa de la maldición sobre Sí mismo. Como el Cordero de Dios, Aquel que cargó con el pecado, Él fue apartado de la presencia de Dios.
En la cruz, Jesús experimentó el abandono en lugar nuestro. Dios le dio la espalda y lo apartó de toda bendición, de todo cuidado, de toda gracia y de toda paz.
Dios es demasiado santo como para mirar la iniquidad. Dios el Padre le dio la espalda a Su Hijo, y lo maldijo hasta el abismo del infierno mientras colgaba en la cruz. Aquí estaba «el descenso al infierno» del Hijo. Aquí la furia de Dios se desató contra Él. Su grito fue el grito de los condenados. Por nosotros.
Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios Reflexiona sobre lo que Jesús hizo por ti en el Calvario. Da gracias por el Cordero de Dios que cargó con tu pecado.
Para estudiar más a fondo Mateo 27:46 – Gálatas 3:13 – Gálatas 3:10
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.
Viernes 8 Julio Se espantaron grandemente. Marcos 5:42 En gran manera se maravillaban (hablando de Jesús), diciendo: bien lo ha hecho todo. Marcos 7:37 Se regocijaba por todas las cosas gloriosas hechas por él. Lucas 13:17 Admiración Todos nos hemos maravillado alguna vez ante el cielo estrellado, el esplendor de un atardecer, ante una hermosa flor o la belleza de un rostro… Quizás admiremos incluso un personaje célebre, ídolos de la canción, del espectáculo, de la política…
Entonces, si conocemos algo sobre la vida de Jesucristo, ¿cómo permanecer indiferentes? Él es incomparable: Dios nuestro Creador se hizo hombre entre los hombres. Los autores de los evangelios, que lo vieron, lo escucharon y lo tocaron nos lo muestran. Cuando era niño obedeció a sus padres sin dejar de someterse a Dios (Lucas 2:49). Más tarde trabajó como carpintero (Marcos 6:3). Luego, enviado por el amor de Dios, recorrió el país sirviendo a sus contemporáneos. Con humildad y gran bondad les habló de perdón, de reconciliación, de amor, de paz. Su mensaje era gracia y verdad; denunciaba el mal, para conducir al perdón a los que se arrepentían, consolaba a los que sufrían…
Pero la grandeza de Jesús, el Hijo de Dios, nos impresiona aún más cuando, siendo odiado, rechazado, traicionado, herido, aceptó llevar en la cruz, en nuestro lugar, el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados. Dio su vida por nosotros, sus enemigos, pero tenía el poder para volverla a tomar. Jesús resucitó, venció a la muerte.
Detengámonos contemplando la vida de Jesús y su carácter único, más que admirable. Recibamos este mensaje de Aquel que nos amó hasta tal punto, y digámosle, como Tomás: “¡Señor mío, y Dios mío!” (Juan 20:28).
Lo que significa y no significa ser «apto para enseñar»
Por Sam Emadi
«No creo que Colin deba ser pastor principal… tú sabes, él tiene una personalidad INTJ (por sus siglas en inglés)[1]». Quedé mudo, pues conocía a Colin por años y era un buen predicador, con sana teología, amaba a las personas y había demostrado tener agallas. No podía entender por qué mi amigo expresaba preocupación de que fuera pastor, particularmente a causa de cierto tipo prefabricado de personalidad.
Le pedí una aclaración. Mi amigo respondió: «bueno, él es un 4 y sabemos que los 4 luchan en su rol como pastores principales. Ellos sirven más para roles administrativos». Al ver mi confusión, mi amigo me explicó lo que significa una personalidad «4» según el eneagrama[2] y lo que podría decir sobre la idoneidad de alguien para el ministerio pastoral.
The boys in the back Comencé a preguntarme: «¿qué iniciales y números caracterizaban mi vida y capacidad para el ministerio?». Nunca he hecho un examen oficial de personalidad, pero, una vez, un test de Facebook arrojó que soy más como Charlie de El ala oeste de la Casa Blanca y según BuzzFeed, aparentemente, entre las princesas de Disney, Cenicienta y yo seríamos probablemente mejores amigos por siempre. Dejaré que otros decidan cómo eso debiera formar mis ambiciones en el ministerio.
Sin duda, pocos de nosotros equipararíamos tan confiadamente los tipos de personalidad con roles de ministerio específicos. Sin embargo, en cierto nivel, cada uno de nosotros es tentado a seguir la lógica del mundo cuando se trata de identificar a futuros pastores y ancianos: mirar la apariencia externa en lugar del corazón (1S 16:7). Podemos valorar los dones, el carisma y la presencia en el escenario por sobre la piedad, la claridad y la sensatez. La Escritura, no obstante, revisa nuestra perspectiva mundana, recordándonos que Dios quiere a su iglesia en manos cuidadosas, no necesariamente carismáticas. Cada requisito para el ministerio pastoral en 1 Timoteo 3 y Tito 1 se enfoca en el carácter, no en los dones.
A excepción de uno.
Pablo le dice a Timoteo que los ancianos deben ser «aptos para enseñar» (1Ti 3:2). También le dice a Tito que los ancianos «debe[n] retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza, para que sea[n] capaz también de exhortar con sana doctrina y refutar a los que contradicen» (Tit 1:9).
El único don particular que los pastores deben demostrar es la aptitud para enseñar. Pero ¿qué significa exactamente? ¿Los pastores deben ser capaces de cautivar una audiencia? ¿Deben tener una buena presencia en el escenario? ¿Los pastores son solo cristianos fieles… con un poco de dosis extra de encanto y carisma? ¿Qué significa ser «apto para enseñar»?
«APTO PARA ENSEÑAR» NO SE TRATA PRINCIPALMENTE DE UNA HABILIDAD RETÓRICA Es fácil asumir que ser «apto para enseñar» debe tener algo que ver con la predicación. Dicho de manera simple, si quieres ser un anciano, tienes que ser capaz de predicar. Sin embargo, equiparar «apto para enseñar» con la predicación es una sobre-lectura de este requisito. Después de todo, Pablo no menciona la predicación en este pasaje. Tampoco él ni otro escritor en el Nuevo Testamento asume que la predicación sea el único contexto en el cual ocurre la enseñanza. De hecho, en otra parte de sus escritos, Pablo claramente se refiere a la «enseñanza» que ocurre en la iglesia fuera del ministerio de la predicación (Ro 15:14; Tit 2:3). Además, Pablo también reconoce que, aunque cada anciano debe poder enseñar, solo algunos de ellos dentro de la iglesia tienen ministerios de enseñanza pública significativa y consistente (1Ti 5:17).
Por lo tanto, si ser «apto para enseñar» no significa necesariamente «predicar sermones grandiosos», entonces, ¿qué significa?
Al mirar el mismo requisito en Tito 1, vemos a Pablo además explicando que ser «apto para enseñar» es «retener la palabra fiel que es conforme a la enseñanza», instruir en «sana doctrina» y reprender las ideas no bíblicas (Tit 1:9). Este enfoque en la sana doctrina continúa a lo largo de las epístolas pastorales. El anciano no debe enseñar «doctrinas extrañas» (1Ti 1:3), sino que debe modelar y enseñar doctrina con el poder para salvar a sus oyentes (1Ti 4:16). Él debe manejar con precisión la Palabra de verdad (1Ti 2:15), evitando «palabrerías vacías» que «conducirán a más y más impiedad» (2Ti 2:16). Su enseñanza debe producir «arrepentimiento» en sus oyentes y «pleno conocimiento de la verdad» (2Ti 2:25).
En resumen, Pablo se enfoca más en el contenido y en el resultado de la enseñanza que en su ejecución. «Apto para enseñar» no es sencillamente el «don del habla». Podrías ser capaz de cautivar a una multitud, pero si tu enseñanza no es verdadera o no produce santidad, no eres «apto para enseñar».
El propio ministerio de Pablo modela estos compromisos. Él nunca se jactó de su elocuencia; al contrario, buscó prudencia por sobre el estilo; claridad por sobre el carisma: «Pues Cristo no me envió a bautizar, sino a predicar el evangelio, no con palabras elocuentes, para que no se haga vana la cruz de Cristo» (1Co 1:17).
«APTO PARA ENSEÑAR» TIENE UN POCO QUE VER CON LA HABILIDAD RETÓRICA «Apto para enseñar» se trata principalmente de integridad doctrinal, no de habilidad retórica. Después de todo, tienes que comunicar la sana doctrina para enseñarla. Pablo quiere que los pastores no solo dividan correctamente la Palabra, sino que puedan explicarla de una manera que produzca piedad (1Ti 4:16; 2Ti 2:25).
De este modo, ser apto para enseñar significa que puedes comunicar la sana doctrina de maneras que beneficien a la iglesia. No existe nada en el contexto del pasaje que sugiera que Pablo tiene en mente un formato particular de enseñanza. El punto es, ya sea en el púlpito, en una clase de Escuela Dominical, en un grupo pequeño o, incluso, en un discipulado uno a uno, que los pastores y ancianos sean capaces de usar palabras para clarificar, no para nublar, el significado de la Escritura.
Por lo tanto, ¿qué significa ser «apto para enseñar»? Este es mi resumen en una oración: ser «apto para enseñar» significa que una persona es capaz de enseñar y aplicar fielmente la Biblia a fin de que los oyentes crezcan en su conocimiento de la Escritura y la sana doctrina de una manera que produzca amor por Dios y por el prójimo.
UN PAR DE REFLEXIONES PASTORALES SOBRE SER «APTO PARA ENSEÑAR» A la luz de lo anterior, a continuación comparto un par de sugerencias sobre cómo este requisito pastoral único debe moldear tanto nuestra filosofía del ministerio como nuestros esfuerzos para entrenar pastores y ancianos.
En primer lugar, Pablo enfatiza la piedad en el liderazgo; nosotros debemos hacer lo mismo.
Como ya se mencionó, ser «apto para enseñar» es un requisito pastoral único, el cual se centra de manera excepcional en el don más que en el carácter. Es mejor un predicador promedio con un carácter impecable que un predicador «talentoso» con un carácter cuestionable. Los pastores deben ser piadosos. Después de todo, la predicación común y poco espectacular no arruinará un ministerio, pero un fracaso moral sí lo hará.
Si son una iglesia que busca un pastor o eres un pastor que busca más ancianos, no asuman que el mejor candidato es el mejor predicador. Algunos hombres que parecen impresionantes en el púlpito actúan como paganos en casa. Mira más allá de la apariencia externa a los asuntos del corazón (1S 16:7). Identifica hombres que amen a sus esposas, sirvan a sus familias, cultiven la unidad de la iglesia, prediquen el Evangelio, practiquen la hospitalidad y discipulen a otros. En algún lugar de ese conjunto de hermanos, encontrarás hombres que también puedan enseñar.
En segundo lugar, Pablo exige que los pastores y los ancianos sean «aptos para enseñar» y los pastores no deben esperar nada menos de sí mismos o de sus hermanos ancianos.
«Apto para enseñar» podría ser el único requisito respecto a dones para el ministerio pastoral, pero eso no significa que sea negociable. Pastores, consideren cómo pueden cultivar este don entre los hombres piadosos y maduros en sus iglesias. Hagan una revisión regular del servicio/sermón. Compren libros doctrinalmente sanos para tu congregación. Den retroalimentación sobre la enseñanza y la predicación de otros. Estén dispuestos a dar oportunidades de enseñanza para que otros puedan crecer y desarrollarse como maestros.
Independientemente de lo que escojan hacer en sus contextos, busquen maneras de animar a otros a desarrollar sus dones. Algunos miembros de sus congregaciones serán más naturalmente talentosos que otros, pero, de hecho, puedes enseñar a otros cómo enseñar. Después de todo, John Piper obtuvo un C- en su clase de predicación, pero parece que le ha ido bien.
En tercer lugar, que «apto para enseñar» se enfoque más en la integridad doctrinal que en la habilidad retórica debe recordarnos que el trabajo del pastor es pastorear a las ovejas, no atraer a una multitud.
Eso es todo; esa es la reflexión.
Finalmente, pastores, cobren ánimo si son predicadores promedio (¡incluso bajo el promedio!). Dios no requiere elocuencia, sino que valentía y fidelidad.
Predicar y enseñar es desalentador; es una guerra espiritual. Conozco a más de un pastor que cada lunes escribe una nueva carta de renuncia, abrumado por sus deficiencias retóricas en el púlpito.
No obstante, si somos honestos, todo cristiano preferiría tener un predicador fiel que ocasionalmente masculla palabras y se pierda en sus notas que uno superficial y cautivador. Mi amigo Matt Smethurst a menudo me recuerda que los sermones son como las comidas: no recordamos la mayoría de ellas, pero estamos vivos solamente porque las consumimos. Si la cadena de abastecimiento de comida colapsara, ¿preferirías que te dieran un perro caliente en un plato de cartón cada día o un plato gourmet en porcelana fina una vez al mes? Un hombre que es «apto para enseñar» sabe cómo entregar comidas nutritivas a su congregación, incluso si no todas saben increíbles.
Pastor, recuerda, Dios requiere claridad, no inteligencia; fidelidad doctrinal, no florecimiento retórico. Como se ha dicho, otros podrían ser capaces de enseñar mejor el Evangelio, pero no pueden predicar un mejor evangelio. Podrías no ser elocuente o efectivo según los estándares del mundo, pero Dios aún podría considerarte «apto para enseñar».
[1] Introversión, Intuición, Racional, Calificador. Sigla según el Indicador de tipo de Myers-Briggs.
[2] Según el eneagrama el tipo 4 es una personalidad individualista, sensible, introspectivo, expresivo, dramático, ensimismado y temperamental.
Sam Emadi es miembro de la Iglesia Bautista Third Avenue en Louisville, KY y se desempeña como Editor Principal en 9Marks.
El Catecismo de Westminster define el pecado como «cualquier falta de conformidad con la ley de Dios, o la transgresión de la misma». Aquí vemos que el pecado se define tanto en términos negativos como positivos. El aspecto negativo se indica por las palabras «falta de conformidad». Apunta a una falla o fracaso en el desempeño moral. En términos populares se le llama pecado de omisión. Un pecado de omisión ocurre cuando fallamos en hacer lo que Dios nos ordena.
El aspecto positivo de la definición de pecado en el catecismo se refiere a traspasar abiertamente los límites de la ley de Dios. Es un pecado de comisión.
A veces Dios expresa Sus leyes en términos negativos (no hagas tal cosa) y a veces en términos positivos (haz tal cosa). Los Diez Mandamientos contienen ambas formas (no robarás; honra a tu padre y a tu madre).
Tanto los pecados de omisión como los de comisión son pecados reales. Incurren en culpa real. Cuando hacemos lo que Dios prohíbe, somos culpables del pecado de comisión. Cuando fallamos en hacer lo que Dios ordena, somos culpables del pecado de omisión. En ambos casos la ley de Dios es violada.
Coram Deo: vivir delante del rostro de Dios Examina tu vida en oración para identificar pecados de omisión o de comisión.
Para estudiar más a fondo Santiago 4:17 – Salmos 51:1-3
El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida y primer presidente de Reformation Bible College. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.