Sé paciente con nosotros mientras aprendemos

El Blog de Ligonier

Serie: De una generación a otra

Sé paciente con nosotros mientras aprendemos

Por Joe Holland

Nota del editor: Este es el segundo capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra

Cristiano mayor, ahora entiendo que debes haber visto la expresión en mi rostro. Cuando era un cristiano más joven, tenía esa mirada con más frecuencia que ahora, y el cambio solo se lo puedo atribuir a la gracia correctiva de Dios. Todavía hay días en que esa mirada regresa a mi rostro. Sin embargo, ahora, a mis cuarenta años, he entrado a una etapa extraña de la vida, una edad en la que algunos me consideran mayor y otros aún me consideran (más o menos) joven. Además, ahora veo la misma mirada en los rostros de los cristianos más jóvenes que yo. La mirada, que ahora me avergüenza plasmar en palabras, es una de resentimiento y rechazo. Te tuve resentimiento porque eras mayor y conocías algunos de los consuelos que vienen con la adultez y la piedad, pero tus caminos y pensamientos me parecían anticuados y absurdos en comparación con lo que yo pensaba que nuestra iglesia necesitaba, que yo necesitaba. Te rechacé principalmente por la división que había entre nosotros, la brecha generacional que nos separaba. Te rechacé porque, simultáneamente, me frustraba que no cruzaras esa brecha y sentía un temor profundo de que lo hicieras y comenzaras a hablar la verdad en mi vida, verdad que necesitaba, pero no quería oír. Rechazarte era más cómodo.

Era tan infantil, tan impetuoso, tan tonto. Pequé contra ti al no darte el honor que merecías (Ex 20:12; Pr 20:29). Pequé contra Dios al despreciar a los santos mayores, Su regalo para la Iglesia. A fin de cuentas, me robé a mí mismo para pagar mi orgullo

¿Cómo crecieron estos pecados tanto tiempo? Desarrollé una práctica malvada, un cáncer de la juventud: fui tardo para oír y pronto para hablar (Stg 1:19). Mi lentitud para oír se debía a una ceguera doble. Estaba ciego a lo poco que sabía. Así como el cantante joven no tiene derecho a cantar blues hasta que haya vivido un poco, el cristiano joven no tiene derecho a hacer afirmaciones categóricas sobre la vida hasta que haya escuchado mucho, escuchado a los santos experimentados que lo han precedido. Sin embargo, también estaba ciego respecto a ti y tu sabiduría. No busqué escucharte porque no pensé que tuvieras nada que decir que valiera la pena escuchar. Cristiano mayor, has sido formado en el mortero de la gracia de Dios y las pruebas de la vida. No solo tienes conocimiento bíblico; tienes sabiduría bíblica. Te sientas con los padres de la fe, con las madres de Sion. Y yo estaba ciego a eso.

Pero, además, era pronto para hablar. Así como mi lentitud para oír surgió de una ceguera doble, mi rapidez para hablar surgió de un orgullo doble. Primero, en mi orgullo pensé que tenía algo que decir o, más bien, quería que me vieran como alguien que tenía algo que decir. Pero, en segundo lugar, y me da vergüenza decir esto, era pronto para hablar porque pensaba que tenía algo que enseñarte, como un bebé que trata de ser el centro de atención en la mesa de la cena familiar. Fui pronto para hablar porque llegué a una conclusión incorrecta sobre ambos: tuve un concepto demasiado alto de mí mismo y demasiado bajo de ti.

Pero ahora llego a la parte más difícil: lo que quiero pedirte.

Mientras los jóvenes y los mayores estén a ambos lados de esta brecha etaria, alguien tendrá que dar el primer paso. Quisiera poder poner la carga sobre ambos, pero el orgullo, la fragilidad y la inestabilidad de la juventud nos dejan en una lamentable desventaja. Santo mayor, necesitamos que des el primer paso y nos busques continuamente. Necesitamos que busques, orientes, discipules y ames a los cristianos jóvenes de nuestra iglesia. Te pido que tengas paciencia con los cristianos jóvenes, una paciencia como la que ejemplificó nuestro Señor Jesús. Cuando actuemos con orgullo, por favor, sopórtanos con paciencia. Cuando seamos tardos para oír, por favor, toléranos con paciencia. Cuando seamos prontos para hablar, por favor, escúchanos pacientemente con una sonrisa cómplice que un día reconoceremos como compasión mezclada con gracia. Cuando te demos la mirada de resentimiento y desprecio, por favor, recibe con paciencia ese insulto y estate dispuesto a perdonarnos. Por favor, corrígenos con paciencia, ora por nosotros y mantente a nuestro lado. Si no das el primer paso, si no te mantienes cerca de nosotros con una paciencia como la de Cristo, seguirá existiendo esta brecha entre nosotros, para el mal de ambos.

Por favor, cristiano mayor, sé paciente con nosotros mientras aprendemos.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Joe Holland
El Rev. Joe Holland es un editor asociado de Ligonier Ministries y un anciano docente en la Presbyterian Church in America.

Como Dios Es Como Nosotros – Lección 3/4

Ministerio Tercer Milenio

Serie: CREEMOS EN DIOS

Lección 3/4

Como Dios Es Como Nosotros

Third Millennium Ministries
Serie: CREEMOS EN DIOS
¿Quién es Dios?

¿Cuáles son Sus atributos? – ¿Cuál es Su plan eterno? – ¿Cuáles son Sus obras en la historia?
En un nivel más fundamental, las Escrituras nos fueron dadas para enseñarnos acerca de quién es Dios y qué ha hecho por nosotros.
De hecho, conocer a Dios es esencial para que entendamos nuestro mundo y a nosotros mismos.
Es por eso que estudiamos lo que los teólogos llaman teología propia, o la doctrina de Dios.

Objetivos del Curso:

Introducir las preocupaciones principales de los teólogos sistemáticos con respecto a la teología correcta.
Discutir un enfoque sistemático para distinguir los atributos de Dios.
Examinar el plan y las obras de Dios, especialmente Sus decretos, Su creación y Su providencia.

Lección 1: Lo Que Sabemos De Dios
Lección 2: ¿Cómo Es Dios Diferente?
Lección 3: Como Dios Es Como Nosotros
Lección 4: El Plan y las Obras de Dios

Third Millennium Ministries» es un ministerio Evangélico Cristiano en la tradición Protestante, sin fines de lucro. Estamos reconocimos por la agencia de Servicios de Recaudación Interna (IRS) como una corporación 501 (c ) (3). Dependemos de la generosa contribución deducible de impuestos de las iglesias, fundaciones, negocios e individuos.

Nuestra misión es preparar a los líderes de las iglesias en sus propias tierras al crear un plan de estudios de seminario multimedia en cinco idiomas principales.

No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy

Jueves 26 Mayo
Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento… Y el polvo vuelva a la tierra, como era, y el espíritu vuelva a Dios que lo dio.
Eclesiastés 12:1, 7
Mañana
Un dicho popular declara: “No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy”. Razonable en muchas áreas, esta declaración se vuelve imperativa cuando se trata de un asunto fundamental y urgente que ya no podremos solucionar mañana.

Por ejemplo, si se trata de la salud de una persona, aplazarlo para más tarde puede ser catastrófico. Para una persona gravemente enferma, el medicamento prescrito para hoy no producirá ningún efecto si no lo toma. Es muy grave si esta persona rehúsa tomar el medicamento.

Entonces, ¿por qué cuando se trata de la salvación eterna, muy a menudo la gente dice: me ocuparé de ello cuando la muerte se acerque? Pero, ¿sabemos si veremos llegar la muerte? ¡Ella no siempre se anuncia! También podemos cerrar voluntariamente los ojos para no verla venir. La prudencia más elemental debería incitar a cada persona a preguntarse ahora mismo sobre su encuentro inevitable con su Creador, el Dios santo.

“En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación” (2 Corintios 6:2).

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).

Levítico 7 – Romanos 4 – Salmo 63:5-11 – Proverbios 16:5-6

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

¿Cómo Es Dios Diferente? – Lección 2/4

Ministerio Tercer Milenio

Serie: CREEMOS EN DIOS

Lección 2/4

¿Cómo Es Dios Diferente?

Third Millennium Ministries
Serie: CREEMOS EN DIOS
¿Quién es Dios?

¿Cuáles son Sus atributos? – ¿Cuál es Su plan eterno? – ¿Cuáles son Sus obras en la historia?
En un nivel más fundamental, las Escrituras nos fueron dadas para enseñarnos acerca de quién es Dios y qué ha hecho por nosotros.
De hecho, conocer a Dios es esencial para que entendamos nuestro mundo y a nosotros mismos.
Es por eso que estudiamos lo que los teólogos llaman teología propia, o la doctrina de Dios.

Objetivos del Curso:

Introducir las preocupaciones principales de los teólogos sistemáticos con respecto a la teología correcta.
Discutir un enfoque sistemático para distinguir los atributos de Dios.
Examinar el plan y las obras de Dios, especialmente Sus decretos, Su creación y Su providencia.

Lección 1: Lo Que Sabemos De Dios
Lección 2: ¿Cómo Es Dios Diferente?
Lección 3: Como Dios Es Como Nosotros
Lección 4: El Plan y las Obras de Dios

Third Millennium Ministries» es un ministerio Evangélico Cristiano en la tradición Protestante, sin fines de lucro. Estamos reconocimos por la agencia de Servicios de Recaudación Interna (IRS) como una corporación 501 (c ) (3). Dependemos de la generosa contribución deducible de impuestos de las iglesias, fundaciones, negocios e individuos.

Nuestra misión es preparar a los líderes de las iglesias en sus propias tierras al crear un plan de estudios de seminario multimedia en cinco idiomas principales.

¿De qué sirve confiar en Dios?

Miércoles 25 Mayo

Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados… Os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios.

2 Corintios 5:19-20

¿De qué sirve confiar en Dios? (2)

Cuando Adán pecó, su primer reflejo fue acusar indirectamente a Dios: “La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:12). Desde la entrada del pecado en el mundo, el hombre se halla en un estado de rebeldía contra Dios. La historia del rey Joram, mencionada ayer, es una ilustración de ello. El mundo de hoy actúa de la misma manera respecto a Dios:

 – La miseria reina en algunas partes del planeta, las guerras hacen estragos entre la población debido a la maldad, al egoísmo y a la violencia del hombre, los niños sufren y mueren… Nosotros nos indignamos, acusamos a Dios, e incluso tratamos de eliminarlo con este triste argumento: Si existiese un Dios, ¿habría todo este sufrimiento?

 – En nuestra vida personal sucede lo mismo. Cuando Dios no nos da lo que queremos (sanar a un ser querido, una situación económica menos precaria, una mejor salud…), olvidamos nuestra responsabilidad frente a él y nuestra culpa debido a nuestros pecados. Lo acusamos, o lo eliminamos…

Sin embargo, Dios envió a su Hijo unigénito a esos hombres rebeldes contra él. Lea la vida de Jesús en los evangelios. Allí comprobará que Dios no es insensible al sufrimiento de los niños, ni a todas las dificultades que los hombres deben soportar a causa de sus propios pecados. Por medio de su muerte en la cruz, Jesús reconcilió con Dios a todos los que creen en él.

¡Y nos dio la prueba de que Dios es digno de toda nuestra confianza!

Levítico 6 – Romanos 3 – Salmo 63:1-4 – Proverbios 16:3-4

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

10 Marcas Seguras de Humildad

10 Marcas Seguras de Humildad
Por Tim Challies

¿ Hay algún rasgo más odioso que el orgullo o más precioso que la humildad? ¿Hay algún rasgo cuya presencia tanto honremos en los demás y cuya ausencia excusemos tan fácilmente en nosotros mismos? Verdaderamente, el orgullo es el principal de los pecados y la humildad la más alta de las virtudes. Sin embargo, el cristiano tiene el gozo de ver al Espíritu Santo de hacer morir el orgullo y traer a la vida la belleza de la humildad. Aquí están 10 marcas seguras de que usted está creciendo en humildad.

Una persona humilde piensa poco de sí mismo. Job insiste en que Dios “salva al humilde,” que significa, literalmente, “humilde de ojos” (Job 22:29). Una persona verdaderamente humilde, en momentos de introspección honesta, piensa menos de sí mismo de lo que los demás piensan de él. Él se hace eco de David, quien insiste: “Yo soy un gusano y no hombre» (Salmo 22: 6).

Una persona humilde piensa mejor de los demás que de sí mismo. “Nada hagáis por egoísmo o por vanagloria,” dice Pablo, “sino que con actitud humilde cada uno de vosotros considere al otro como más importante que a sí mismo” (Filipenses 2:3). Una persona humilde piensa mejor de los demás que de sí mismo porque puede ver su propio corazón y el pecado que acecha allí mejor de lo que él puede ver en el corazón de cualquier otra persona. Aunque conoce el alcance de su propia depravación, asume lo mejor de los demás. Mientras se busca a sí mismo por cada vestigio de pecado, busca a todos los demás por cada vestigio de gracia.

Una persona humilde tiene una baja evaluación de sus disciplinas espirituales. Así como los gusanos se crían en la fruta más dulce, el orgullo se reproduce en los más santos deberes. El hombre humilde estudia la Palabra de Dios y ora con fervor, pero luego se arrepiente de su estudio trivial y de sus débiles oraciones. Él sabe que incluso sus mejores momentos todavía están estropeados por el pecado y sus mejores esfuerzos son todavía tan débiles. Él continúa en las disciplinas cristianas, pero pone su confianza en su Salvador, no en sus deberes.

Una persona humilde se queja de su corazón, no de sus circunstancias. Incluso cuando se enfrenta a la dificultad, su mayor dolor es el estado de su corazón. Cuando un hipócrita ama alardearse de su bondad, el alma humilde está siempre consciente de su maldad. Aun Pablo, que tenía el inmenso privilegio de ser llevado hasta el tercer cielo, gritó: «¡Miserable de mí!» Cuanto más crece el conocimiento en un cristiano, más se da cuenta de su ignorancia, de su falta de fe, y cuanto más clama por la gracia de Dios.

Una persona humilde alaba a Dios en tiempos difíciles. Él alaba a Dios incluso en tiempos de gran dificultad y se niega a condenar a Dios por traer tales circunstancias dolorosas. Con Abraham dice: «¿No hará el Juez de toda la tierra lo que es justo?» Con Job, él siempre se niega a acusar a Dios de cualquier mal, porque es el Señor quien da y el Señor que lo quita.

Una persona humilde magnifica a Cristo. Él siempre asegura que él da gloria a Cristo. Él desvía toda alabanza lejos de sí mismo y hacia su Salvador. Él toma la corona de honor de su propia cabeza y la pone sobre la de Cristo para que sea engrandecido. Él ama a Cristo de una manera tan sincera que le dará todo, incluyendo el honor y la alabanza.

Una persona humilde acepta la reprensión del pecado. Una persona pecadora, arrogante es demasiado alta para agacharse para tomar una reprensión, pero la persona piadosa ama y honra a quien lo reprende. Como dice Salomón: “No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; reprende al sabio, y te amará”(Proverbios 9:8).

Un cristiano humilde puede soportar el oprobio de un enemigo y la reprensión de un amigo.

Una persona humilde se contenta con ser eclipsada por otros. Él está dispuesto a tener su nombre y sus logros eclipsados ​​por otros para que Cristo pueda ser magnificado y Dios pueda ser glorificado. Él deliberadamente lucha contra el feo pecado de la envidia, diciendo a menudo: «Que yo mengue y que Cristo crezca.» Un cristiano humilde se contenta con ser apartado si otro puede tomar su lugar y traer mayor gloria a Dios.

Una persona humilde acepta la condición que Dios ve mejor para él. Mientras un hombre orgulloso se queja de que no tiene más, un hombre humilde se pregunta por qué tiene tanto. Un cristiano mira su pecado y se maravilla de que su condición no es mucho peor. No importa sus circunstancias, su enfoque no está en sus grandes dificultades sino en su pequeña santidad. Sabe que incluso la peor de las circunstancias es mucho mejor de lo que merece.

Una persona humilde se inclinará hacia la persona más baja y las tareas más bajas. Dará tiempo a la persona más baja y dará atención a las tareas más indeseables. Prefiere un hisopo de las llagas de Lázaro que disfrutar de los tesoros del rico. No insiste en que es demasiado noble o demasiado santo para cualquier persona o cualquier tarea, sino voluntariamente «se asocia con los humildes» (Romanos 12:16).

Jerry Bridges escribió una vez, «la humildad no es un complemento opcional para el super-espiritual; es para que todos los creyentes lo practiquen en nuestra vida cotidiana «. ¿Estás comprometido a crecer en humildad? Honestamente evalúese a sí mismo a la luz de estas 10 marcas y ore a Dios por su gracia.

Tim Challies es un teólogo, pastor, bloguero y autor reformado canadiense. Challies fue uno de los primeros en adoptar el formato de blog y continúa escribiendo con un enfoque en teología, reseñas de libros y comentarios sociales.

15 – Siendo Honestos con Dios

Sabiduría para el Corazón

Serie: Vida de David (1 y 2 Samuel)

ESTUDIO DE LA VIDA DEL REY DAVID

15 – Siendo Honestos con Dios

Stephen Davey

Sabiduría para el Corazón comenzó en 2007 como una extensión del ministerio de enseñanza de Stephen Davey a su congregación, la Iglesia Bautista Colonial, ubicada en Carolina del Norte, EEUU. Desde entonces, el ministerio ha crecido, y hoy por hoy es un ministerio internacional, transmitido a través de todo el mundo vía radio e internet en seis idiomas: Inglés, Español, Portugués, Árabe, Chino Mandarín, y Swahili.

Sabiduría para el Corazón es el ministerio internacional de enseñanza bíblica del Pastor Stephen Davey, traducido y adaptado al español por Daniel Kukin.

Por la gracia de Dios esperamos proveer contenido bíblico y confiable en más idiomas y alcanzar al mundo con el mensaje de la Palabra de Dios.

El divorcio de las generaciones

El Blog de Ligonier

Serie: De una generación a otra

El divorcio de las generaciones
Por Burk Parsons

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: De una generación a otra

ace treinta años, prediqué un sermón titulado «Dedicado, respetuoso de la ley y trabajador», basado en 2 Timoteo 2, comenzando con el versículo 3. Mi vida, en especial sus primeros años, ha estado envuelta en tres metáforas de 2 Timoteo 2:3-7: el soldado, el atleta y el labrador. Cuando escribo palabras para la Generación Z (los que nacieron entre 1995 y 2015), estos son de los primeros versículos que vienen a mi mente.

Crecí en una finca ganadera y agrícola al noreste de Kansas. Por lo tanto, aprendí el valor del esfuerzo desde mi juventud. Ya estaba manejando un tractor en los campos de heno antes de comenzar el primer grado. Poco sabía entonces que el labrador que trabaja debe ser el primero en recibir su parte de los frutos (2 Tim 2:6). Entré a la escuela, y descubrí de inmediato que me gustaban los deportes.

Practiqué todos los deportes disponibles en la escuela secundaria (en esos años, no teníamos la gama de deportes que hay hoy, especialmente en una escuela pequeña), y jugué baloncesto en la universidad Geneva College. En ese escenario, aprendí que un atleta debe jugar de acuerdo con las reglas (v. 5). Tras trabajar como entrenador durante un año en Geneva College después de graduarme, fui reclutado por el Ejército de los EE. UU. y serví todo un año como infante y oficinista, partiendo con el rango de soldado raso en la 101ª División Aerotransportada en Vietnam. Mientras estuve allí, aprendí que un buen soldado debe ser dedicado y no debe enredarse en cuestiones civiles (v. 4).

Algunas personas están cada vez más preocupadas porque la generación joven, incluso los jóvenes del pacto, están posponiendo la adultez tanto como pueden. Y quizás eso se debe, en parte, a lo que ven en la vida de los que somos mayores. En estos días, el ocio lo consume todo. La economía del ocio es lo que hace funcionar gran parte de nuestro mundo actual. Esa es una de las razones por las que las ciudades costeras son tan populares. Vivimos en una economía basada en el ocio. Mi esposa me contó hace poco que conoció a un hombre que le dijo que, para él, todos los días son como sábados. Con esa afirmación, quiso decir que sus días no tienen las preocupaciones ni las responsabilidades de la semana laboral normal.

Quizás los millennials lo aprendieron de los baby boomers. Sin embargo, por la razón que sea, hoy existe una preocupación importante porque nuestros hijos posponen la adultez lo máximo posible. Hace varios años, escuché a Don Kistler, que entonces era director de Soli Deo Gloria Publications, decir que la edad promedio de una profesión de fe hace doscientos años era de cinco años. ¿Creen que a los puritanos les preocupaba que sus hijos estuvieran retrasando las responsabilidades de la adultez? No lo creo. Piensa en todos los puritanos que se formaron en grandes universidades durante su adolescencia.

Hoy en día, en algunos contextos, hay decisiones, como la de unirse a una iglesia como miembro comulgante, que se retrasan lo más posible. De muchas maneras, nuestros hijos pueden estar captando de sus padres el mensaje de que en verdad no están listos para la adultez.

Permíteme volver al soldado, al atleta y al labrador. El soldado sabe que para tener éxito, debe dejar de lado los intereses que no se relacionan con la vida de un soldado. ¿Te acuerdas de Urías hitita? Urías ni siquiera quiso acostarse con su esposa Betsabé cuando el rey David lo alentó. No se sentía cómodo durmiendo en la misma cama que su esposa cuando los demás soldados estaban en el campo de batalla durmiendo en el suelo.

El atleta compite según las reglas. Si no lo hace, corre el riesgo de hacer perder a su equipo. Muchos cristianos, tanto jóvenes como mayores, corren el riesgo de naufragar en lo relacionado a la fe por las pasiones del momento. Parece que piensan que no importa que tomen atajos o no tengan la intención de cumplir con sus compromisos.

El labrador es un trabajador esforzado. Durante los meses de verano, trabaja de sol a sol. Durante el invierno, prepara su maquinaria para la primavera y cuida de su ganado, sin importar cuánta nieve haya en el suelo.

Jóvenes cristianos, la Iglesia los necesita. Prepárense para la batalla. Háganse adultos. Esfuércense, apártense de lo que tan fácilmente los envuelve y obedezcan a su Padre celestial. Acuérdense de Jesucristo, resucitado de entre los muertos (2 Tim 2:8). Enfoquen los ojos en Jesús y en Él por encima de todo.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Jerry ONeill
El Dr. Jerry O’Neill es presidente emérito y profesor emérito de teología pastoral en el Reformed Presbyterian Theological Seminary, ubicado en Pittsburgh.

Cómo perdonar las heridas

MEDITACIÓN DIARIA
Cómo perdonar las heridas
Así como hemos sido perdonados, nosotros debemos perdonar a los que nos han herido.

24 de mayo de 2022

Colosenses 3.12-15

A menudo tratamos de justificar un corazón resentido, pensando: Bueno, el Señor sabe lo que esa persona me hizo. Así que Él entiende por qué me siento así. Sin duda, el Señor Jesús, quien es Dios y hombre por completo, conoce nuestras emociones humanas. De hecho, Él mismo experimentó la traición y el abandono, así que entiende nuestro dolor. Sin embargo, no aprueba que nos neguemos a perdonar.

A través del Salvador, vemos cómo Dios ve el perdón, incluso cuando se trata de las ofensas más viles. Considere el hecho de que somos nosotros quienes lo traicionamos continuamente. ¿De qué manera? Le hemos negado el lugar que le corresponde en nuestra vida, hemos dudado de su Palabra e ignorado sus instrucciones. Hay momentos en que lo echamos de nuestras actividades y decisiones diarias para poder perseguir las cosas más a nuestro gusto. Además, hemos pecado contra Él y también contra otras personas.

¿Y cuál es la actitud del Señor hacia nosotros? “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar” (Mt 11.28). Ahora bien, ¿de verdad cree que Él justificará nuestra falta de perdón? No. Él quiere que miremos la cruz. Allí descubriremos el precio que pagó por nuestro perdón. Así como hemos sido perdonados, nosotros debemos perdonar a los que nos han herido (Col 3.13).

Biblia en un año: Esdras 5-7

¿De qué sirve confiar en Dios?

Martes 24 Mayo
Así dijo el Señor… En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis.
Isaías 30:15
¿De qué sirve confiar en Dios? (1)
El rey Joram reinó en tiempos del profeta Eliseo (hace unos 900 años antes de Cristo). Vivía en Samaria, ciudad muy corrompida, y se preocupaba muy poco por Dios. Pero Dios, quien es paciente, le advirtió varias veces, por medio del profeta Eliseo, sobre las trampas que el rey de Siria le tendía; y lo liberó del peligro. Sin embargo, Joram permaneció sordo a los llamados de Dios, y continuó despreciándolo. Entonces, con el fin de atraer al rey y a su pueblo, Dios permitió que Samaria fuese asediada y que hubiese una hambruna tan terrible y fuerte, que condujo a algunos a comportarse como caníbales (2 Reyes 6:28-29).

Cuando Joram oyó esto se horrorizó. En vez de arrepentirse y pedir ayuda al profeta de Dios, atacó a Eliseo. Lo acusó de ser responsable de todos sus males, quiso deshacerse de él y ordenó decapitarlo. Pero Dios protegió a su profeta. Las intenciones de Joram fracasaron y pronunció palabras amargas (2 Reyes 6:33). Es como si hubiese dicho: “Ya que Dios me hizo mal, ¿de qué sirve confiar en él?”. Y en vez de arrepentirse e ir a Dios, lo acusó, se rebeló y le dio la espalda…

¡Esta es precisamente la reacción de muchos de nosotros! La desobediencia del hombre y su pecado introdujeron el sufrimiento y la muerte en este mundo. Como Joram, el hombre sufre por su propio error. Dios lo protege, lo llama y trata de atraerlo hacia él. Pero él se rebela y acusa a Dios, ese Dios que lo ama y lo llama pacientemente. “El Señor esperará para tener piedad de vosotros, y por tanto, será exaltado teniendo de vosotros misericordia; porque el Señor es Dios justo; bienaventurados todos los que confían en él” (Isaías 30:18).

Levítico 5 – Romanos 2 – Salmo 62:9-12 – Proverbios 16:1-2

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch