Restauración (2) | Salmo 23:3-4, 6

Restauración (2)

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Él restaura mi alma; me guía por senderos de justicia por amor de su nombre. Aunque pase por el valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento… Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días. Salmo 23:3-4, 6

La mayoría de los sindicatos, al negociar los nuevos contratos, tratan de incorporar muchos beneficios adicionales al paquete salarial. Entre ellos se encuentran la seguridad laboral, seguros de salud, vacaciones, prestaciones por enfermedad, pensiones de jubilación y seguros de vida. Todo esto parece apropiado e incluso necesario para la vida actual. Sin embargo, todo esto puede desaparecer en un instante. Nada es seguro en este mundo.

Sin embargo, las ovejas que siguen al Pastor tienen asegurada la presencia del Señor, y junto con ello reciben todos los beneficios adicionales que necesitan. Seguir al Señor es el único camino correcto, aunque me lleve por el valle de la sombra de muerte. Pero el salmista dice: “No temeré mal alguno”. ¿Por qué puede decir esto con tanta confianza? Porque el Pastor está con él, y no hay nada que temer. En los tres primeros versículos, el salmista habla del Pastor. Luego le habla directamente a él. Así de cerca está de su presencia.

Con el cayado, el Pastor atrapa a las ovejas para cuidarlas; con su vara aleja a los enemigos. Hay muchos enemigos al acecho para dispersar a las ovejas y devorarlas, pero el Señor es nuestra seguridad y fortaleza, nuestro consuelo y nuestra guía. Nada puede inquietar al creyente que camina en dulce comunión con el Pastor. Podemos mirar hacia atrás y contar innumerables muestras de su bondad y misericordia que nos han acompañado día tras día. ¿Y cuál es la esperanza que tenemos por delante? Estar con él. Después de haber disfrutado de su compañía aquí, ¡qué bello será morar con él eternamente, y no entristecer nunca más su corazón!

Jacob Redekop

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José de Arimatea (1) | Gálatas 3:13

José de Arimatea (1)
AUDIO: https://podcasts.captivate.fm/…/509a411e…/07-01-2024.mp3
Maldito el que es colgado en un madero. Gálatas 3:13
Cuando llegó la noche… José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Marcos 15:42-43

Ese mismo día, temprano por la mañana, la multitud había exigido que Jesús fuera crucificado -incitada por los principales sacerdotes. Quería que él, el bendito Hijo de Dios, fuera sometido a aquella muerte cruel y vergonzosa que lo pondría bajo la maldición de Dios. Mientras que Pilato, a pesar de estar convencido de la inocencia de Jesús, ordenó que fuera ejecutado de esa manera.

Después de la muerte de Jesús en la cruz, cuando todos lo habían abandonado, un hombre llamado José de Arimatea fue a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. La Palabra de Dios nos dice que José de Arimatea era un hombre rico, bueno y justo (véase Lc. 23:50; Mt. 27:27), y que también se había convertido en discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos. Él no había aceptado el veredicto del concilio judío, del cual formaba parte. Ahora este hombre rico y prominente reúne todo su valor para ir audazmente a Pilato y pedir el cuerpo de Aquel cuya muerte habían exigido los miembros del concilio, y que había sido condenado a la vergonzosa muerte por crucifixión.

Hoy en día, aquellos que poseen riquezas también pueden acceder fácilmente a hablar con algún funcionario político. Pero resulta inaudito que alguien de esta condición se posicione abiertamente del lado de uno que acaba de ser ejecutado como un criminal de la peor calaña. Además, según la ley mosaica, tocar un cuerpo muerto dejaba a alguien impuro. ¿Podemos imaginarnos a alguien haciéndose impuro justo antes de una fiesta muy importante, para la que Dios exigía que los participantes estuvieran limpios? Todo esto es exactamente lo que hizo José. Y Pilato, después de comprobar que Jesús había muerto realmente, le dio permiso para bajar el cuerpo de la cruz.

Dios no permitió que nadie, excepto a los que amaban a su Hijo, tocara su santo cuerpo después de haber consumado la obra que le fue encomendada.

Eugene P. Vedder, Jr.
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El testimonio del Espíritu | Hebreos 10:15

El testimonio del Espíritu
El Espíritu Santo también nos da testimonio.
Hebreos 10:15
Audio: https://podcasts.captivate.fm/…/17c82fb4…/05-01-2024.mp3
Muchos cristianos no entienden los pasajes de la Palabra que hablan acerca del testimonio del Espíritu Santo. Piensan que se trata de una experiencia emocional, o un sentimiento de felicidad, o un estado mental de éxtasis, o una visión de algún tipo que (suponen) les confirmará que han sido aceptados por Dios, desechando así el testimonio de la Palabra. Aunque algunas de estas experiencias subjetivas pueden ser fruto del testimonio del Espíritu, en ningún caso constituyen, ni individual ni conjuntamente, dicho testimonio.
Hace algunos años, me encontré con una mujer que ya no era la alegre creyente que había conocido con anterioridad. Su infelicidad se debía a que alguien le había enseñado y persuadido que, si no tenía «el testimonio del Espíritu», entonces no era salva. Y, aunque había orado fervientemente por recibir este «testimonio», no lo había obtenido. Entonces le dije que como cristianos tenemos un testimonio inconfundible, algo que era mucho mejor que una experiencia sobrenatural de parte de Dios: ¡Tenemos la Palabra de Dios!
La Epístola a los Hebreos establece en primer lugar que Cristo es superior a los ángeles, a los profetas y a los líderes del antiguo pacto, y luego muestra el carácter trascendente del nuevo pacto de gracia. Los numerosos sacrificios del antiguo pacto no podían justificar al pecador, pero en la cruz, Cristo justificó a todos los que creen en él. Todos por igual son justificados por la gracia de Dios “mediante la redención que es en Cristo Jesús” (Ro. 3:24). “Somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (He. 10:10).
El Espíritu Santo nos da testimonio de que Dios nunca más se acordará de nuestros pecados y transgresiones (He. 10:17; véase Jer. 31:33-34).
No necesita orar y suplicar para recibir este testimonio, pues el testimonio del Espíritu está en la Palabra de Dios. Solo debe creer en él.
H. A. Ironside
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Los misteriosos planes de Dios para su pueblo | Hechos 6:8

Los misteriosos planes de Dios para su pueblo

AUDIO: https://podcasts.captivate.fm/…/2f63d25f…/04-01-2024.mp3

Esteban, lleno de fe y poder, hacía grandes prodigios y señales entre el pueblo. Hechos 6:8

Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él… Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Hechos 7:57, 59

Esteban fue capaz de realizar “grandes prodigios y señales” para ayudar a otros. ¿Por qué no pudo hacer lo mismo para liberarse de ser apedreado hasta morir? ¿Por qué no hizo como Elías, que hizo descender fuego del cielo sobre sus enemigos? ¿Por qué Dios permitió que lo mataran en la “cúspide” de su fidelidad en la tierra? ¿Por qué no llevarse a un cristiano que estuviese “lleno de sí mismo” en lugar de uno que estaba “lleno del Espíritu Santo”?

La respuesta a todas estas preguntas la hallamos en los propósitos soberanos de Dios. A Dios no le falta poder para salvar a los suyos cuando él lo desea. Véase, por ejemplo, a Sadrac, Mesac y Abed Nego en el horno de fuego, a Daniel en el foso de los leones o a Pedro en la prisión de Herodes. Por otro lado, tampoco podemos cuestionar la fe y el compromiso de Esteban. La primera vez que el libro de los Hechos habla de él, lo describe como un “varón lleno de fe y del Espíritu Santo”. Murió orando por los hombres violentos que lo apedrearon hasta que él perdió la vida.

De hecho, la verdad es que Dios no necesita nuestra aprobación ni comprensión para llevar a cabo sus propósitos en nuestras vidas. Sus operaciones para con los suyos no es principalmente nuestro bienestar corporal o nuestra supervivencia, sino para que su gloria se manifieste en ellos. Este es el motivo por el que Pablo pudo sanar a muchas personas durante sus viajes misioneros, pero no pudo liberarse de su aguijón en la carne. Si somos conscientes de ello, entonces podremos confirmar en nuestras vidas las palabras de 2 Samuel 22:31-33: “En cuanto a Dios, perfecto es su camino, y acrisolada la palabra de Jehová. Escudo es a todos los que en él esperan. Porque ¿quién es Dios, sino solo Jehová? ¿Y qué roca hay fuera de nuestro Dios? Dios es el que me ciñe de fuerza, y quien despeja mi camino”.

Grant W. Steidl

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El Eclesiastés y el cristiano (1)

El Eclesiastés y el cristiano (1)

Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad. ¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? Eclesiastés 1:2-3

Escucha el devocional: https://podcasts.captivate.fm/…/44ac5929…/03-01-2024.mp3

El Eclesiastés, uno de los tres libros escritos por el rey Salomón, es un libro muy especial. Contiene algunas afirmaciones que parecen extrañas a primera vista. Y cabe preguntarse qué beneficio puede obtener el cristiano de este libro.

Al leer el Eclesiastés, hay que tener en cuenta el punto de vista que adopta el escritor al observar la vida. Una expresión clave en este libro es “debajo del sol”, la cual aparece 29 veces. El escritor observa las cosas tal y como están “debajo del sol”, es decir, ante los ojos del hombre. A partir de esto, saca conclusiones desde el punto de vista del hombre natural, quien no posee ninguna revelación de parte de Dios acerca de las cosas que no se pueden ver “debajo del sol”. En consecuencia, estas conclusiones no son correctas cuando se consideran a la luz de la revelación de Dios en el Nuevo Testamento. Citemos solo dos ejemplos para demostrarlo:

1. “Generación va, y generación viene; mas la tierra siempre permanece” (Ec. 1:4). Ahora bien, sabemos gracias a 2 Pedro 3:10 (y otros pasajes) que la tierra no permanecerá para siempre. Pero así es como le parece al hombre natural: una generación sigue a la otra y la tierra sigue ahí. Es lo mismo que dicen los burladores de los últimos días (2 P. 3:3-4).

2. “Porque lo que sucede a los hijos de los hombres, y lo que sucede a las bestias, un mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros… ni tiene más el hombre que la bestia” (Ec. 3:19). A la luz del Nuevo Testamento, debemos decir que hay una diferencia fundamental entre el hombre y la bestia: ¡el hombre tiene un alma viviente! “El Predicador” concluye que todo termina de la misma manera: con la muerte, pues “debajo del sol” no se sabe lo que viene después de la muerte.

Si tenemos en cuenta el punto de vista del Predicador, entenderemos mejor el Eclesiastés.

Michael Vogelsang

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Cristo vino a cumplir la ley | Mateo 5:17

No penséis que he venido para abrogar la ley o los profetas; no he venido para abrogar, sino para cumplir.
Mateo 5:17

Cristo vino a cumplir la ley
Debido a que el Señor Jesús trajo un mensaje que es diferente a la ley de Moisés, hay quienes piensan que él vino para anular la ley. Pero esto no es así. De hecho, la ley tenía un mensaje que era esencial que los hombres aprendieran. Romanos 3:19-20 lo deja muy en claro: “Pero sabemos que todo lo que la ley dice, lo dice a los que están bajo la ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios; ya que por las obras de la ley ningún ser humano será justificado delante de él; porque por medio de la ley es el conocimiento del pecado.” Solo Israel estuvo realmente bajo la ley; sin embargo, el mensaje de la ley era tal, que exponía la culpabilidad de toda la humanidad, tanto de gentiles como judíos. El Señor no dejó esto de lado. La ley se convirtió en nuestro “ayo” o tutor para llevarnos a Dios (Gá. 3:24).

Vino para cumplir la ley. Esto no significa que vino a guardar la ley, sino a cumplir las exigencias que la ley tenía en contra la humanidad. La ley exigía el castigo y la muerte para todos los que no la cumplían. Por lo tanto, si el Señor Jesús iba a cumplir la ley, él mismo debía sufrir y morir para llevar a cabo esta gran obra de recibir el castigo que la ley exigía.

Y lo hizo en perfección. No solo murió en la cruz, sino que “padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios” (1 P. 3:18). Esto nada tiene que ver con lo que sufrió de parte de sus crueles enemigos, no fue el sufrimiento que le infligieron sus crueles enemigos. Este padecimiento hace referencia a las tres horas de intensas tinieblas, cuando sufrió la insoportable agonía del juicio de Dios.

Cristo cumplió perfectamente la ley y satisfizo todas sus exigencias en favor de la multitud de pecadores redimidos, quienes lo alabarán durante la eternidad. Después de terminar esa gran obra, él resucitó y fue exaltado por encima de todos los cielos.

L. M. Grant
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¿Hacer buenos propósitos o confiar en el Señor?

Este mes os será principio de los meses; para vosotros será este el primero en los meses del año.
Éxodo 12:2

¿Hacer buenos propósitos o confiar en el Señor?
El primer día del año nuevo es un momento en el que a muchas personas les gusta tomar resoluciones de principio de año. Otros, como Jonathan Edwards, toman resoluciones en cualquier momento del año. Edwards fue una de las principales figuras del «Gran Despertar» en América del Norte durante el siglo 18. En su juventud elaboró una lista de setenta resoluciones. La primera resolución de su lista era: «Tomo la resolución de que voy a hacer todo aquello que piense que sea más para la gloria de Dios, y mi propio bien, beneficio y placer». Sin embargo, su tercera resolución decía: «Resuelvo que si alguna vez caigo o me vuelvo perezoso de tal manera que falle para no mantener estas resoluciones, me arrepentiré de todo lo que pueda recordar, cuando recupere mi sensatez». Evidentemente, sabía que existía una alta probabilidad de fallar en el cumplimiento de sus resoluciones.

Al comenzar un nuevo año, en lugar de tomar una resolución, sería mucho mejor dirigir nuestra vista hacia Cristo. En él no hay fracasos y todos los nuevos comienzos le pertenecen. Vemos un indicio de esto en la primera pascua en Egipto: “Este mes os será principio de los meses” (Éx. 12:2). Esa noche, el sacrificio de un cordero por casa dio paso a un nuevo comienzo para los israelitas. Estarían protegidos del juicio y comenzarían su viaje a una nueva tierra, la tierra prometida. Fue realmente un nuevo comienzo y el inicio como un nuevo pueblo. Todas sus necesidades serían satisfechas a lo largo de su viaje. Pero todo comenzó con la sangre derramada de un cordero.

No necesitamos buenas resoluciones. Necesitamos volver a mirar a Aquel que murió por nosotros. Las resoluciones se rompen con demasiada facilidad debido a la debilidad de nuestra carne. El “Predicador” nos advirtió: “Mejor es que no prometas, y no que prometas y no cumplas” (Ec. 5:5). Pero Cristo, que nos salvó con su sangre, también nos sostendrá y conducirá durante todos los días de nuestra vida.

Brian Reynolds
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La piedad de Habacuc

Me gozaré en el Dios de mi salvación… El cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar.

Habacuc 3:18-19

La piedad de Habacuc

Es muy alentador observar cómo se conduce este temeroso varón de Dios. Después de estar con su alma angustiada ante Dios por la iniquidad del pueblo de Dios (Hab. 1:2), sube a su puesto de guardia para oír la respuesta de Dios (Hab. 2:1). Luego, tras escuchar lo que el Señor dijo, Habacuc ora una vez más, y finalmente camina por las alturas con gozo en su corazón y alabanza en sus labios (Hab. 3:19).

Estamos viviendo tiempos difíciles, días que bien podemos denominar como “los últimos días”. La Iglesia ha fracasado en su responsabilidad de dar testimonio de Cristo, y el juicio debe comenzar por la Casa de Dios (1 P. 4:17). El mundo ha fracasado en su responsabilidad de gobernar, llenándose de violencia y corrupción. Los juicios del día del Señor se acercan para este mundo, pero incluso en estos días debe cosechar con dolor lo que ha sembrado injustamente. En días como estos, en el que “el fin de todas las cosas se acerca”, es ciertamente apropiado que aprendamos las lecciones que aprendió Habacuc, y así ser sobrios y velar en la oración (1 P. 4:7).

Junto con este antiguo profeta, en todas las penas que podamos enfrentar, ya sea entre el pueblo de Dios o en el mundo que nos rodea, tenemos un recurso infalible: “El Señor está en su santo templo” (Hab. 2:20 NBLA). “Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (He. 13:8). Al igual que Habacuc, nosotros podemos derramar nuestras preocupaciones ante Dios; podemos verlo actuar; podemos poner todas nuestras necesidades ante él en la oración. Incluso podemos ser conducidos en espíritu a “alturas”, por encima de todas las tormentas, para gozarnos en el Señor, en el Dios de nuestra salvación.

Que podamos inclinarnos con el rostro en tierra en señal de confesión, en el debido momento; que nos paremos sobre “la fortaleza” (Hab. 2:1) para conocer la mente del Señor; y que nos arrodillemos en oración y alabemos en las alturas.

Hamilton Smith

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El mal va en aumento

¿Se juntará contigo el trono de iniquidades que hace agravio bajo forma de ley?
Salmo 94:20
El mal va en aumento
En este salmo, el Espíritu Santo describe proféticamente el momento en que el “misterio de la iniquidad” habrá alcanzado su punto álgido y en el que el “hombre de pecado” se haya sentado en el trono del templo de Dios (véase 2 Ts. 2:3-8). El anticristo perseguirá al remanente piadoso en Israel, pero estos fieles esperarán la intervención del Señor (vv. 4-9, 21-23). Los creyentes de este salmo hacen una pregunta sorprendente: “¿Se juntará contigo (con Dios) el trono de iniquidades?” Claramente no, los días del anticristo están contados y el Señor vendrá al rescate de su pueblo, entonces juzgará el “trono de iniquidades”.

Después de su liberación, “el juicio será vuelto a la justicia” (v. 15). Esto significa que llegará el momento en que la justicia ya no estará corrompida. El juicio realizado al Señor Jesús, que lo llevó a la crucifixión, dejó de manifiesto que el juicio y la justicia están separados. Pilato sabía que lo correcto hubiera sido liberar a Cristo, ¡pero lo condenó a muerte! Pilato separó así el juicio de la justicia. Lo mismo ocurre hoy en día, cuando lo políticamente correcto, y lo que es conveniente, deja de lado lo que es moralmente correcto y transparente. Y, sin embargo, Dios es soberano, como escribió un poeta: “La verdad por siempre en el estrado, el error por siempre en el trono; no obstante, ese estrado balancea el futuro, y detrás de la oscura incertidumbre, Dios está entre las sombras, cuidando de los suyos”.

Hay otro elemento sorprendente en la confesión del remanente en Israel: ellos dicen que el trono de iniquidades “hace agravio bajo forma de ley”. Esto significa que las autoridades civiles aprobarán leyes inicuas y harán que la maldad esté legalmente permitida. ¡La persecución de los judíos justos se aprobará legalmente (v. 21)! Muchos gobiernos están legalizando la iniquidad, por ejemplo, cambiando el fundamento mismo del matrimonio (que es una institución divina), permitiendo que la perversión moral sea una ley nacional. Nuestro recurso no es político sino espiritual, pues nosotros también esperamos el del juicio de Dios sobre este mundo para que la justicia sea establecida.

Brian Reynolds
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Un hombre llamado Itai (2)

Respondió Itai al rey… para muerte o para vida, donde mi señor el rey estuviere, allí estará también tu siervo.
2 Samuel 15:21
Un hombre llamado Itai (2)
La devoción de Itai a David resplandeció vívidamente en esta escena tan oscura, al igual que una antorcha brilla en la más espesa oscuridad. Nada pudo disuadirlo de su decisión de seguir al rey, su señor (v. 21). El reinado de David parecía desmoronarse repentinamente cuando Absalón dio un golpe de estado exitoso, después de atraer los corazones de los hombres de Israel. Incluso su consejero cercano, Ahitofel, se había asegurado un puesto junto a Absalón, la superestrella emergente del momento

Y esto es lo que convierte a la devoción de Itai en algo tan sorprendente. David había sido rechazado por su pueblo. La moda en esos momentos era jurarle lealtad a Absalón. Además, Itai venía de Gat, la ciudad de los enemigos de David. Conocía a David hacía poco tiempo, y David no lo presionó para que se convirtiera en su siervo, sino todo lo contrario. Pero Itai no se iba a apartar de David tan fácilmente. Su sincera expresión de devoción a David nos recuerda las palabras de Pablo en Filipenses 1:21. No le importa el costo y el peligro que esto conllevaría. Le importaba poco lo que otros pudieran pensar o hacer. Su corazón estaba puesto en David y consideraba un gran honor seguir al rey rechazado en su exilio.

La devoción de Itai era tan contagiosa que hubo 600 hombres de Gat que lo siguieron. Estos hombres, con todos sus pequeños, se unieron a él cuando puso su vida en juego. ¿Quién de ellos conocía los verdaderos peligros que corrían al seguir a David? Pronto Itai sería puesto a cargo de un tercio del ejército de David mientras se preparaban para la batalla decisiva contra las fuerzas de Absalón.

Los hombres de David, incluido Itai, ganaron esa batalla, pero eso no es lo importante aquí. Lo relevante es la sencilla devoción de Itai, cuya atracción por David lo hizo poner su vida a los pies de este a pesar de todos los obstáculos. ¡Oh, que hoy en día haya más “Itais” en el ejército de Cristo!

Grant W. Steidl
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