La batalla contra la carne

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra la carne

R.C. Sproul

En la carta de Pablo a la iglesia de Roma en el capítulo 13, él hace este comentario: «La noche está muy avanzada, y el día está cerca. Por tanto, desechemos las obras de las tinieblas y vistámonos con las armas de la luz. Andemos decentemente, como de día, no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Ahora, estoy seguro de que muchos de los que acaban de oírme leer este texto, saben de un incidente histórico poco usual que está asociado con este pasaje. ¿Cuántos de ustedes tienen una idea en su mente de lo que estoy hablando? Déjenme ver esas manos. Veo a algunos. 

Hace siglos había un joven que era muy brillante y que era muy desenfrenado; cuya madre era cristiana y cuya madre oraba por él todos los días, esperando que este joven viera el error de sus caminos y así sucesivamente. En una ocasión, después de haber estado supuestamente toda la noche de parranda, se encontraba en un estado de estupor – una especie de resaca. Mientras caminaba junto a un jardín, he aquí estaban algunos niños jugando en el jardín. Estaban jugando un juego de niños donde se utiliza un estribillo que los niños se dicen los unos a los otros; y el estribillo era el siguiente: «Tolle lege, tolle lege, tolle lege», que literalmente, aunque no era el propósito del juego, pero literalmente se podía traducir como: «Recoge y lee», «Toma y lee». 

Aquel hombre que pasaba por ahí se detuvo en seco y tuvo una abrumadora sensación de que la divina providencia se entrometía en su vida. Pues allí, en el jardín, vio una copia del Nuevo Testamento y acababa de oír a estos niños gritar: «Recoge y lee. Recoge y leer». Así que se acercó, recogió las Escrituras y permitió que el texto se abriera dondequiera que lo hiciera. Cuando lo hizo, sus ojos cayeron sobre estas palabras: «no en orgías y borracheras, no en promiscuidad sexual y lujurias, no en pleitos y envidias; antes bien, vestíos del Señor Jesucristo, y no penséis en proveer para las lujurias de la carne». Cuando leyó esas palabras, fue como si cada palabra de este texto fuera una flecha que atravesaba su alma. Su conciencia estaba tan convulsionada por la lectura, que en aquel lugar se convirtió al cristianismo. Su nombre, el cual estoy seguro de que ya lo reconocieron, fue Aurelio Agustín, más tarde obispo de Hipona y considerado por casi todos los historiadores como el más grande teólogo de los primeros 1000 años de la iglesia cristiana.  

Agustín se convirtió por un pasaje que hablaba directamente del conflicto en la vida entre la carne y el espíritu. Recuerdo que hace unos años, Rod Serling, el creador de «La dimensión desconocida», entró en una relación comercial con Bennett Cerf y un grupo de otros hombres, quienes estaban tratando de encontrar maneras de descubrir nuevos talentos en el mundo literario, y probaron…  crearon diferentes concursos para que los jóvenes escritores se involucraran en esta iniciativa en particular; y como parte de este esfuerzo de muchos de estos hombres, cada uno tomó uno de los clásicos de la literatura inglesa y escribió una reseña crítica de la misma. Bennett Cerf tal vez escribiría sobre Shakespeare, y otro sobre Milton, y así por el estilo. Bueno, en todo caso, a Rod Serling se le asignó la tarea de escribir una reseña crítica de la famosa obra de San Agustín, «Las confesiones». 

Por cierto, ¿Cuántos de ustedes han leído alguna vez «Las confesiones» de San Agustín? Bien, ese es un número muy pequeño en este grupo, y si el número es el mismo en televisión, permítanme amonestarles ahora mismo y decirles esto: lo que mi madre solía decir en una situación como esta es que ella tomaba un dedo de esta mano y un dedo de esta mano, y ella los juntaba de esta manera y decía: «Debería darte vergüenza». Ahora escuchen, si has sido cristiano durante un año y no has leído «Las confesiones» de San Agustín, debería darte vergüenza.  Ese es un clásico al que necesitamos estar expuestos.  Ahora, aquí tenemos a Rod Serling, quien leyó el libro y dijo – en su evaluación hizo comentarios críticos y sarcásticos, de que a su juicio este libro era uno de los libros más sobrevalorados en la historia de la literatura occidental. Él dijo: «Simplemente no merece la posición y la fama que ha disfrutado a lo largo de los siglos».

En esta crítica, el punto que hizo que fuera tan severo fue que él estaba convencido de que el libro fue escrito por alguien que tenía una preocupación neurótica por la culpa y llamó la atención sobre un pasaje en «Las confesiones» que ilustraría su convicción, de que Agustín tenía esa preocupación neurótica y adolescente por la culpa.  Se refiere a la historia cuando Agustín recordó, ya anciano, las cosas que había hecho en su vida de las que estaba más avergonzado. Recordó un incidente que tuvo lugar cuando era adolescente, en el que se involucró con otros jóvenes en una broma de muchachos, cuando los muchachos entraron en el huerto privado de alguien y dejaron pelado un árbol de peras. Se quedaron con las peras que pertenecían a otra persona, robaron todas esas peras y luego se fueron.  

Ahora Agustín, cincuenta años después, lamenta esta broma de la infancia; y Rod Serling dice, «¡Por favor, Agustín! ¡Es decir, ¿qué te pasa?! ¡Es decir, allá afuera hay gente culpable de adulterio y de asesinato y de grandes robos, cosas realmente serias, y aquí tenemos a este tipo todo angustiado por robar unas cuantas peras cuando era un niño!» Pero Agustín explicó qué fue lo que le hizo sentirse tan arrepentido. No fue el simple acto de robar esa fruta, sino que él dijo: «Al examinar mi vida, y considerar las cosas malas que he hecho, que eran malas, puedo ver que había ciertos pecados en los que caí, que, aunque no eran excusables, ciertamente eran comprensibles». 

Sí, Agustín confesó todo tipo de pecados sexuales cuando era joven – engendró hijos ilegítimos y más – y tuvo remordimiento por eso. Él dijo, «Pero puedo entenderlo. Existe un fuerte impulso biológico a involucrarse sexualmente y esa tentación puede sucederle a una persona cuando está en un momento de debilidad, así que cualquiera puede sucumbir a ella».  Él dijo, «Eso lo puedo entender.  No lo excusa, pero puedo entenderlo».  Él dijo, «Puedo entender a un hombre muerto de hambre, que robe una rebanada de pan. No creo que un hombre que se muere de hambre tenga derecho a robar una rebanada de pan», dijo Agustín, «pero puedo entender la fuerza que lo tentó a hacerlo». Él dijo: «Sin embargo, yo robé peras cuando no me gustaban las peras. Es decir, no había nada que estimulara mis pasiones a robar esas peras excepto una cosa, el simple placer de hacer algo que sabía que estaba mal». Lo que Agustín lamentaba era el ejercicio de su naturaleza caída, de su carne, por el puro placer de hacerlo.  

Se ha dicho que uno de los delitos más egoístas jamás cometidos es el vandalismo, porque el vandalismo no beneficia a la persona que realiza la acción, sino que se hace por el puro placer de hacer daño a la otra persona o a la propiedad ajena, y por lo general son personas que ni siquiera las conocen.  Tan solo la semana pasada a Juan le dispararon por la ventana posterior de su auto. Cuando llegó la policía dijeron: ¿cuántos casos hay en el vecindario? Había algo así como 50 casos, en los que unos chicos conducían de forma temeraria y usaban sus rifles. Solo estaban vaciando sus armas en los autos de la gente, gente que no conocían, gente que no les había hecho nada. No había una enemistad, sino que los jóvenes lo hicieron por el puro placer de hacer algo malo a otros o probablemente – no lo sé – causaron varios miles de dólares en daños a la propiedad de otras personas. 

Pero damas y caballeros, eso no es algo que lo hace simplemente la gente salvaje, desenfrenada y malvada.  Anoche estaba leyendo una vez más la historia del holocausto en la Segunda Guerra Mundial y particularmente estaba leyendo sobre lo que sucedió en Polonia, justo antes de que se estableciera el gueto de Varsovia y se creara el Campo de Treblinka, donde se estaban creando las etapas iniciales de la solución final del genocidio. Leí de mujeres que estaban embarazadas, en su noveno mes, que se vieron obligadas a ir a los vagones de ganado y dar a luz a sus hijos allí, sin siquiera tener la posibilidad de acostarse; donde la madre y el niño morían. Leí estas atrocidades una y otra vez, y me mantenía diciéndome a mí mismo «¿Cómo es posible que un ser humano pueda hacerle estas cosas a otro ser humano?» Por sorprendente que sea, me dije «En el caso del holocausto, no era un ser humano haciendo esto a otros seres humanos. Eran ocho millones de seres humanos que sufrían a manos de una red de personas que estaban involucradas en eso». 

Diariamente, sistemáticamente, en Auschwitz se cremaban ocho mil personas cada día.  Es decir, fueron cremados y asesinados. ¿Se dan cuenta de cuánta gente se necesita para asesinar a ocho mil personas cada día? ¿Se dan cuenta? Esto no se trata tan solo de un Charles Manson aislado. Esto fue algo que reveló el lado oscuro del corazón del ser humano, lo que Joseph Conrad llamó el «corazón de las tinieblas». Pablo habla de un estado de la humanidad que él llama «la carne», y ya hemos visto que Lutero dijo que los tres – la gran tríada de enemigos para el crecimiento cristiano se trata del mundo, la carne y el diablo. 

Ahora, cuando hablamos de la carne, quiero que entendamos, sin entrar en los tecnicismos de esta, que cuando la Biblia habla de la lucha que sostenemos con la carne, no está simplemente hablando del cuerpo – que la lucha entre la carne y el espíritu no puede compararse con la lucha entre el cuerpo y el alma o el cuerpo y la mente. Antes bien, de lo que el Nuevo Testamento está hablando cuando menciona esta feroz lucha, que continúa en la vida cristiana entre la carne y el espíritu, es la lucha entre el poder del pecado en nuestra naturaleza humana caída, en contra de la influencia de Dios el Espíritu Santo en nuestras vidas. 

De modo que toda la lucha y el proceso de santificación involucra lo que Pablo llama una «guerra». Hay una guerra en marcha, y es una guerra entre la carne del hombre y el Espíritu de Dios. Ahora, me molesta mucho cuando escucho a predicadores levantarse y decir, ya saben: «Ven a Jesús y todos tus problemas habrán terminado», porque eso simplemente es una mentira. Mi vida se complicó cuando me convertí en cristiano. Antes de ser cristiano, aunque no era feliz, tenía un grado relativo de paz.  Sabía que estaba haciendo cosas que no debía hacer. Me refiero a que, no había aniquilado totalmente mi conciencia, pero estaba en camino a lograrlo. Es decir, repitiendo ciertas acciones puedes cauterizar la conciencia y poner callos en el alma, donde alguna vez quizás sentiste un poquitito de – remordimiento – de culpa, ahora puedes hacer estas cosas, repitiéndolas y ya no te afectan. . . y experimentas lo que la Biblia llama «dureza de corazón». 

Pero cuando llegué a Cristo, encontré una nueva conciencia y ahora las cosas de las que antes no me preocupaba, se convirtieron en motivos de preocupación ética, y la vida se volvió complicada.  ¿No habría sido lindo si hubiera dicho: «Bueno, lo que hice cuando me convertí fue que cambié mi carne, fui comprado por el Espíritu y ahora vivo feliz para siempre?». Esa es la lucha de la santificación. Aunque el poder de la carne está roto y ahora el poder de la carne está sometido al Espíritu de forma muy real en el proceso de la regeneración; la carne, damas y caballeros, no queda totalmente aniquilada en la conversión.  La guerra continúa.  Ahora, escucha lo que dice el apóstol en el capítulo 8 de Romanos.  Dice en el versículo 4, «para que el requisito de la ley se cumpliera en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu. Porque los que viven conforme a la carne, ponen la mente en las cosas de la carne, pero los que viven conforme al Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que – escucha esto – «la mente puesta en la carne es enemiga de Dios, porque no se sujeta a la ley de Dios, pues ni siquiera puede hacerlo, y los que están en la carne no pueden agradar a Dios». 

¿Cuál es el tema de esta serie de clases? Cómo agradar a Dios. Aquí el apóstol dice, «los que están en la carne no pueden agradar a Dios».  Que Dios no está complacido – Él nunca ha estado complacido por un estilo de vida dominado por la carne.  Ahora, cuando nos dice esto, ¿se refiere a que Dios odia las cosas físicas? Muy a menudo esa es la forma en que este versículo ha sido interpretado, entre este y otros pasajes parecidos; así que los cristianos creen que ser espirituales significa negar el cuerpo y que cualquier cosa que tenga algo que ver con lo físico necesariamente está mal.  Por eso es que hemos visto que surgen incidentes en la historia de la iglesia, donde los cristianos se han involucrado en todo tipo de formas rigurosas de ascetismo, formas de abnegación y autoflagelación, donde vas y te escondes en una celda como un ermitaño, te golpeas a ti mismo y dejas de comer y te pones flaco como un alfiler y tomas todo tipo de votos para el celibato y, porque el sexo está mal, no solo fuera del matrimonio sino también dentro del matrimonio. La comida está mal.  Cualquier cosa que traiga placer físico se considera incorrecta. Damas y caballeros, eso fue inventado por el maniqueísmo no por el cristianismo. 

La primera afirmación del Dios que hizo el mundo físico, ¿cuál fue? Él mira ese orden físico y dice: «Eso es bueno». Platón llegó a la conclusión de que todo lo físico está tan lejos del espíritu puro, que por su propia fisicidad es imperfecto y por lo tanto el ideal de los griegos para la redención era el ser liberado del cuerpo. El cuerpo es visto como la prisión del alma. El mundo judeocristiano no lo veía así. El cristianismo no cree en la resurrección desde el cuerpo, sino en la resurrección del cuerpo; por lo que, cuando la Biblia habla de la guerra entre la carne y el espíritu, no está diciendo que la materia sea mala y que el espíritu sea bueno. No, no, no. Si miras en Gálatas donde Pablo expone las obras de la carne, ¿qué dice? «Las obras de la carne incluyen cosas tales como borrachera, inmoralidad, impureza». 

Ahora, hagamos una pausa ahí por un momento.  Esas cosas indicarían ¿qué? Pecados físicos. La borrachera es algo que sucede cuando tenemos apetito físico, un deseo físico de alcohol, nos excedemos en esas cosas y nos emborrachamos. Sin duda podemos ver la conexión entre el cuerpo y la acción allí. El adulterio es un pecado físico.  Es sucumbir, otra vez, a los instintos biológicos y pasiones donde Dios ha dicho, «No». Pero si miras esa lista, él sigue y habla de mentir, envidiar, odiar. Ahora, obviamente no puedes mentir, envidiar y odiar fuera de tu cuerpo, pero esas no son acciones físicas, ¿no es cierto? Tienen que ver con actitudes y disposiciones del corazón.  Observa esto. . . la envidia.  

Mencioné antes el pecado del vandalismo. ¿Por qué crees que ocurre el vandalismo? El vandalismo es simplemente la acción externa de la envidia interna.  La actitud básica del vándalo es la siguiente: «Si no puedo disfrutar de lo que posees -no lo haré, me aseguraré de que tú tampoco lo puedas disfrutar». No lo roba solo para sí mismo, sino que lo destruye para que nadie más pueda disfrutarlo.  En un sentido esto es incluso peor que el robo en sí mismo, porque surge de un espíritu de envidia hacia las pertenencias de otras personas. ¿Tienes idea de qué tan destructiva, por ejemplo, es la envidia para las relaciones humanas? ¿De cuántas formas las personas infringen la ley por estar motivadas por la envidia? ¿Cuántas veces te han calumniado o has sido atacado injustamente debido a la envidia de alguien? ¿Alguna vez te preguntaste por qué Dios, en su orden de prioridades, Dios pone la envidia en los primeros 10 puestos de la ley? «No codiciarás». 

 El Nuevo Testamento nos enseña que si alguien más recibe un beneficio – algo bueno le sucede – se supone que debemos alegrarnos de su buena fortuna, en lugar de alegrarnos por su caída. Hay una expresión, una expresión cínica, en el golf.  No me gusta, pero dice así: «Cada tiro de golf hace feliz a alguien. Cada tiro de golf hace feliz a alguien. Si alguien manda la bola al agua, no lo hace feliz a él, pero ciertamente, sí hace feliz a su oponente».  Lo que me gusta ver en un torneo de golf es cuando todo el mundo está animando a los demás participantes para que todos jueguen lo mejor posible y lograr que alguien gane en vez de que alguien pierda. Hay una diferencia porque no estás deseando que a la otra persona le vaya mal. Eso es lo que hacemos cuando caemos en la envidia.  

Así que, a lo que trato de llegar es a esto, que la carne se refiere a la antigua naturaleza caída. En el tiempo que queda, les hago esta pregunta: La Biblia dice que «la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz; ya que la mente puesta en la carne es enemiga de Dios», Pablo sigue, «vosotros no estáis en la carne sino en el Espíritu». Pero aquí está el problema, pueden estar en el Espíritu, damas y caballeros, pero todavía mienten y tienen envidias y sí, incluso aún cometen adulterio y aún se emborrachan. En otras palabras, seguimos realizando las obras de la carne a pesar de que estamos en el Espíritu.  

Ahora, sé que hay algunos que dicen, «O estás en la carne o estás en el Espíritu», que no puedes ser un cristiano carnal. Ahora, cuando Bill Bright dice esto, lo hace de forma muy pastoral; él le dice a la gente: «Mira, tienes estas cosas que te influencian, tienes esta guerra que está delante tuyo. ¿Quién va a estar en el trono? ¿Quién va a ser el vencedor? ¿Vas a vivir en dependencia del Espíritu Santo o vas a complacer a la carne por el resto de tu vida?» Él está hablando de una vida llena del Espíritu, que hace un énfasis a nivel espiritual, en lugar de darle más espacio a la carne. Pero algunas personas han creado a partir de eso y de otros, las teorías de que hay diferentes tipos de cristianos. Un cristiano carnal que no tiene el Espíritu de Dios y un cristiano espiritual que ya no es carnal.  

Damas y caballeros, cualquiera que no tenga el Espíritu de Cristo no es un cristiano carnal. Es un no cristiano carnal, ¿de acuerdo? Así que, en ese sentido, un «cristiano carnal» es una contradicción de términos. Si una persona es solo carne – lo que el Nuevo Testamento llama carne – sin el Espíritu Santo viviendo en él, entonces está fuera del reino de Dios. No tiene cómo agradar a Dios. Sin embargo, si una persona tiene el Espíritu Santo viviendo en él, esa persona puede hacer cosas carnales. Esa persona aún puede luchar con su carne, pero es una persona espiritual.  Ahora, se convierte en un asunto de grado, de cuánto estamos dispuestos a someternos al Espíritu Santo.  La persona que agrada a Dios es una persona que busca el fruto del Espíritu en su vida.

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Quite lo que no se parezca a Él

Miércoles 30 Marzo

Mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.

2 Corintios 3:18

(Jesús dijo:) Yo soy la vid verdadera, y mi Padre es el labrador… todo aquel que lleva fruto, lo limpiará, para que lleve más fruto.

Juan 15:12

Quite lo que no se parezca a Él

Cuando se le preguntó a Miguel Ángel (1475-1564) qué método había utilizado para esculpir la estatua de Moisés, respondió lo siguiente: “Tome usted un bloque de mármol y quite todo lo que no se parezca a Moisés”.

Cuando nos convertimos al Señor, al principio somos como bloques de mármol sin forma, como piedras brutas extraídas de una cantera. Pero Dios no quiere que nos quedemos así. Él desea que nos parezcamos cada vez más al Señor Jesús. Para que avancemos moralmente hacia Aquel que es nuestro modelo, quita de nosotros todo lo que no se parece a Cristo.

Imitar a Cristo no significa tratar de copiarlo, sino vivir de él mediante su Espíritu, como un sarmiento vive gracias a la savia que emana del tronco. Porque todo cristiano tiene una vida nueva que proviene de la de Cristo.

Aprender a parecernos a él es emprender un viaje que dura toda la vida. Contrariamente a nosotros, Dios es paciente. El crecimiento es progresivo, es decir, cada día damos un paso. Debemos aceptar que Dios nos moldee y nos transforme a su manera, incluso si este proceso lleva mucho tiempo.

“La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4:18). “Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).

Isaías 2 – Hechos 28:17-31 – Salmo 37:30-34 – Proverbios 12:17-18

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Predicamos a Cristo crucificado

Martes 29 Marzo

Nosotros predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles locura; mas para los llamados, así judíos como griegos, Cristo poder de Dios, y sabiduría de Dios.

1 Corintios 1:23-24

Predicamos a Cristo crucificado

En Inglaterra había una iglesia en cuya pared frontal se hallaba grabada esta frase: “Predicamos a Cristo crucificado”. Con el paso del tiempo la hiedra empezó a crecer por las paredes. Primero cubrió la última palabra de la frase. Entonces solo se podía leer: “Predicamos a Cristo”. Luego: “Predicamos”, y al final la vegetación cubrió totalmente la inscripción.

Esta historia ilustra la importancia, para todo cristiano, de proclamar un Evangelio completo y acorde con la Biblia. Si omitimos la cruz de Cristo, si ocultamos el pecado del hombre y la necesidad del sacrificio de Jesús para apaciguar la ira de Dios, es como si predicásemos un “evangelio diferente” (2 Corintios 11:4Gálatas 1:6).

Los hombres aceptan sin problema que se les hable de Jesús como de un hombre de bien; de hecho, ya ha habido otros a lo largo de la historia… Pero muchos se cierran cuando se les dice que Jesús tuvo que morir para borrar sus pecados. No obstante, ¡sin este sacrificio todos estaríamos perdidos para siempre!

Queridos lectores, no se molesten si insistimos tanto en la cruz de Cristo. Ella es el corazón del Evangelio, y sería demasiado grave no mostrarle el verdadero y único camino de salvación.

“La palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios” (1 Corintios 1:18).

“A los que creemos en el que levantó de los muertos a Jesús, Señor nuestro, el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación” (Romanos 4:24-25).

Isaías 1 – Hechos 28:1-16 – Salmo 37:23-29 – Proverbios 12:15-16

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La Biblia habla de usted y de mí (8)

Lunes 28 Marzo

Soy como el búho de las soledades; velo, y soy como el pájaro solitario sobre el tejado… Mis días son como sombra que se va, y me he secado como la hierba.

Salmo 102:6711

Tú, oh Señor, no desamparaste a los que te buscaron.

Salmo 9:10

La Biblia habla de usted y de mí (8)

¡Qué situación vivía este hombre del Salmo 102! Estaba solo en medio de su dolor, al punto de pensar que no sobreviviría. Se comparaba a un animal del desierto, a un búho, a un pájaro solitario sobre el tejado… Las pocas personas con las que se relacionaba estaban en contra de él y lo insultaban. ¡Qué tristeza! ¡Estaba solo, desesperadamente solo!

Cada uno de nosotros ha podido, un día u otro, sentirse solo, abandonado. Pero cuando una situación de este tipo se prolonga, cuando no sabemos cómo salir de ella, la situación se vuelve trágica.

¿Ha experimentado esta soledad alguna vez? ¿Es esta su situación actual? ¿Está inmerso en ella desde hace mucho tiempo y no ve la salida? Si ese es su caso, le invitamos a continuar leyendo el Salmo 102: Dios nos ama y escucha la oración del desamparado (v. 17). Jesucristo, su enviado, Dios-Hombre, ve, comprende, escucha y sabe qué es lo mejor para nosotros. Él, el único del que nunca hubiésemos pensado que sería abandonado un día, experimentó la más profunda soledad cuando sufrió en la cruz el rechazo de los hombres y las mujeres que no lo querían. Fue abandonado por Dios porque aceptó tomar su lugar y el mío, es decir, el de un ser culpable ante Dios y que merecía la muerte eterna. Ahora, mediante una promesa, responde al desesperado: “Invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás” (Salmo 50:15).

(continuará el próximo lunes)

Éxodo 40 – Hechos 27:13-44 – Salmo 37:16-22 – Proverbios 12:13-14

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Acepté la salvación

Domingo 27 Marzo

Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Gálatas 2:20

Acepté la salvación

El relato que leeremos a continuación es de un conocido cristiano que refleja el entusiasmo de un recién convertido.

“Tomé mi decisión; acepté la salvación. Lo confieso: ¡Me convertí en un discípulo de Cristo! Mi pasado ha sido rescatado, mi presente asegurado y mi futuro preparado. Mi antigua vida está crucificada, y la nueva santificada. Ya no ando por vista, sino por fe. Ya no camino en la condenación, sino en la liberación. Ya no estoy en las tinieblas, sino en la luz. Ya no estoy prisionero, sino libre, y sigo adelante.

Empecé la carrera con Cristo, lleno de fuerza, porque me libera de mi debilidad; lleno de esperanza, porque me libera de la desesperación; lleno de fe, porque me libera de la duda; lleno de ánimo, porque me libera de Satanás. Ahora tengo confianza, mi mente está renovada; si me dejo guiar por él, tendré pensamientos santos, diré palabras verdaderas… Fui comprado a gran precio, sellado con el Espíritu Santo, y me convertí en un heredero del reino”.

Dejemos que la Biblia complete:

“El que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios… Os es necesario nacer de nuevo” (Juan 3:37).

“Cristo, cuando aún éramos débiles… murió por los impíos” (Romanos 5:6).

“Si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17).

“Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas tú… porque él (Dios) es vida para ti” (Deuteronomio 30:19-20).

Éxodo 39 – Hechos 27:1-12 – Salmo 37:8-15 – Proverbios 12:11-12

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¡Nada más que esperar de la vida!

Sábado 26 Marzo

Padre de huérfanos y defensor de viudas es Dios en su santa morada.

Salmo 68:5

Bienaventurado el hombre que puso en el Señor su confianza.

Salmo 40:4

¡Nada más que esperar de la vida!

Es la historia de una viuda que vivía cerca de Sidón, en la época del profeta Elías (1 Reyes 17:9-16). La hambruna se había extendido por todo el país. Esta mujer se había quedado sin recursos y no podía seguir alimentando a su único hijo. Le quedaba un poco de harina en una tinaja y un poco de aceite en una vasija. La viuda iba a recoger leña para cocer el último pan. Lo comerían y luego morirían de hambre. ¡No tenía nada más que esperar de la vida!

Cuando estaba recogiendo la leña apareció el profeta y le pidió que le diese de comer. Ella le contó su triste situación, pero él insistió: “Hazme a mí primero… una pequeña torta” (v.  13). La mujer obedeció al profeta de Dios y, como él se lo había prometido, el milagro se produjo. La harina no se agotó y el aceite no faltó. La viuda, su hijo, su casa y el profeta fueron alimentados hasta el final de la hambruna.

Quizás estemos, como esta viuda, en una situación aparentemente desesperada. Ya no aguardamos nada de la vida. Pensamos que no hay más esperanza, pronto llegará la muerte…

Pero todavía queda un puñado de harina y un poco de aceite (v. 12), recursos que nos parecen muy insuficientes. Sin embargo, hagamos como esta viuda, utilicemos lo poco que nos queda dando a Dios el primer lugar y depositando nuestra confianza en él. Dios se interesa por las viudas y los huérfanos. Él es poderoso para transformar nuestros pocos recursos en una abundancia suficiente para responder a nuestras necesidades y a las de nuestros allegados (2 Corintios 9:8).

Éxodo 38 – Hechos 26:19-32 – Salmo 37:1-7 – Proverbios 12:9-10

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La batalla contra el mundo

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Serie: Cómo agradar a Dios

La batalla contra el mundo

R.C. Sproul

Estoy seguro de que voy a tener algunas reacciones interesantes de nuestra última sesión donde vimos la diferencia entre la forma superficial y externa de la justicia que caracterizó la vida de los escribas y fariseos y la forma auténtica de justicia a la que estamos llamados. Algunas personas van a escribir y decir, «RC, yo estaba tan inmerso en esa lección que para mí el tiempo realmente se detuvo». Otros escribirán y dirán: «Ustedes son tan hipócritas, como los fariseos de los que hablaban, porque usan un reloj aquí que obviamente es un engaño ya que da la misma hora todo el tiempo».  ¿Notaron eso? Estoy seguro de que todo tipo de personas estarán enviando cartas.  Bueno, quiero que todo el mundo sepa que ese es un reloj de verdad.  Es un reloj auténtico.  Solo que está dañado, eso es todo.  Pero esto podemos decir al respecto: Da la hora correcta dos veces al día todos los días.  

Martín Lutero dijo que el cristiano, en su lucha por la obediencia, tiene muchos obstáculos que superar, pero básicamente estamos inmersos en una guerra que se lleva a cabo no en uno o dos frentes, sino en tres frentes y que la tríada de enemigos que se enfrentan a los cristianos es, como Lutero dijo, el mundo, la carne y el diablo. Esa es una cita muy famosa de Lutero, y por supuesto, Lutero entendió que cuando hizo esa lista del mundo, la carne y el diablo que, aunque hizo distinción entre esos tres enemigos particulares, entendió que los tres estaban íntimamente relacionados el uno con el otro – que el espíritu de la carne del cual habla la Biblia es esa parte de nuestra naturaleza que es cautivada y seducida por el espíritu de este mundo, y este mundo es la esfera sobre la cual Satanás tiene un nivel particular de influencia e incluso, a veces, una especie de dominio.  Y aunque hay una distinción entre estos tres, no queremos separar el uno del otro, pero veremos cada uno de estos en orden. 

Y en esta sesión vamos a considerar la lucha que el cristiano tiene con lo que el Nuevo Testamento llama «el mundo».  Ahora, obviamente el término «mundo» en el Nuevo Testamento se utiliza en más de una forma y a veces en algunos casos el término «mundo» simplemente se refiere a este planeta.  No hay nada peyorativo, nada negativo en el término cuando se usa de esa manera.  Es solo una ubicación geográfica.  Este lugar se diferencia de Marte o Júpiter o los cielos de arriba; pero también el término «mundo» se utiliza en el Nuevo Testamento para referirse a la esfera caída de este planeta, a una especie de punto de vista, o perspectiva que es anti-Dios, que está más centrada en el hombre que centrada en Dios.  Permítanme leer una breve porción del Evangelio según San Juan para ver cómo Jesús hace este tipo de distinción con respecto al mundo.  

Vamos a partir en Juan, en el capítulo 17 versículo 12. Por cierto, al leer esta breve porción del Evangelio de Juan, permítanme recordarles que esto proviene de un segmento muy largo del discurso en el Aposento Alto que Jesús tuvo con sus discípulos la noche antes de que Él fuera muerto, y también incluye un texto de expresiones que Jesús hace en la oración más larga que está registrada y que proviene de Jesús en el Nuevo Testamento. Este es el registro de lo que se llama la «gran oración sumosacerdotal de Jesús» o «la oración intercesora de Jesús».  Es la única vez que oran por ti en el Nuevo Testamento porque Jesús ora no solo por sus discípulos que están con Él en ese momento, sino que habla, ora e intercede por aquellos que creerán en las generaciones futuras a través de su enseñanza. 

Y noten lo que Él dice en el versículo 11 del capítulo 17.  De ahí vamos a partir, y Él dijo: «Ya no estoy en el mundo, pero ellos sí están en el mundo, y yo voy a ti». Aquí ves que «mundo» se refiere claramente a este lugar, ¿cierto? Él dijo: «Estoy a punto de salir de este lugar, del mundo, pero ahora, Padre, estoy orando por mis amigos y mis discípulos que se van a quedar aquí, activos en este mundo». Pero, sin embargo, continúa diciendo: «Padre santo, guárdalos en tu nombre, el nombre que me has dado, para que sean uno, así como nosotros. Cuando estaba con ellos, los guardaba en tu nombre, el nombre que me diste; y los guardé y ninguno se perdió, excepto el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliera. Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo para que tengan mi gozo completo en sí mismos. Yo les he dado tu palabra y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo». 

Ahora, ¿ven cómo el término «palabra» – o «mundo» – está empezando a asumir ese matiz ligeramente diferente para referirse no solo a la ubicación geográfica, sino a la perspectiva o al punto de vista de uno con respecto a las cosas de Dios? El mundo es esa esfera, o ese grupo de personas, que no tiene afecto por las cosas de Dios.  El mundo existe en este sentido, en antítesis y oposición y tensión contra el reino de Dios, por lo que Él dice: «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno. Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo. Santifícalos en la verdad, tu palabra es verdad». Es una declaración muy cargada, ¿cierto? Jesús dijo: «No estoy pidiendo, Padre, que los saques del mundo».  Ah, ojalá prestáramos atención a la oración de Cristo en esa parte, porque en cada generación de la historia cristiana siempre hay ese tira y jala dentro de la comunidad cristiana para distanciarnos de todo lo que tiene que ver con este mundo, que terminamos retirándonos en aislamiento a fin de mantenernos puros.  

Si solo leyéramos atentamente, por ejemplo, el Evangelio según San Lucas.  Porque en el Evangelio de Lucas vemos un motivo que Lucas recalca una y otra vez, en términos de la enseñanza de Jesús, contra, de nuevo, los fariseos. Una de las doctrinas que surgió entre los fariseos fue esta doctrina: salvación por segregación. Recuerden, una de las cosas de la cual los fariseos se indignaron tanto con Jesús fue que Jesús, según creían ellos, se contaminó a sí mismo al pasar tiempo con publicanos y recaudadores de impuestos y pecadores, algo que los fariseos no harían ni en sueños. Recuerdo una vez, caminando por la calle, que conversaba con un amigo mío que era un sacerdote anglicano y estaba bastante orgulloso de su consagración al sacerdocio; y estábamos en las calles de Filadelfia, y un niño apareció.  Estaba vendiendo periódicos o algo así.  Era como un niño de la calle.  Estaba muy sucio. 

Ya se imaginan, tenía helado o algo por toda la cara y su camisa estaba sucia y tenía puesto unas prendas rotas y él se acercó, y tomó una manga del sacerdote y comenzó a tirar de ella diciendo, «Señor, señor», y ya saben, estaba tratando de venderle una revista o algo así, y estaba tirando de su manga.  Y de repente el sacerdote se dio la vuelta y le quitó la mano al niño y le dijo: «¡Cómo te atreves a tocar el brazo de un sacerdote de Dios!».  Y yo quería detenerme ahí mismo y mirar a mi amigo el sacerdote y decirle: «¿Cómo te atreves a actuar como si el brazo de un sacerdote fuera intocable para un ser humano?» Es decir, Jesús hubiera abrazado a ese chico en la calle.  Él jamás habría aceptado esta idea de separación tan radical del mundo donde uno, de cierta manera, manifiesta un espíritu de desprecio hacia el mismo entorno que es el punto central de la redención de Dios.  Jesús dijo: «No te ruego que los saques del mundo». Jesús no estaba iniciando una nueva comunidad de Esenios.  

¿Recuerdan a los Esenios, que fueron aquellos cuya obra se encontró en los Rollos del Mar Muerto? Eran personas que se alejaba de la civilización para vivir en total aislamiento a fin de mantenerse puros para la venida del Mesías, y mientras se escondían allí en las cuevas a lo largo del Mar Muerto, llegó el Mesías y no lo vieron.  Estaban tan ocupados manteniéndose fuera del mundo que no vieron al Mesías cuando el Mesías vino al mundo para redimir al mundo, por eso Jesús dijo: «No te ruego que los saques del mundo, sino que los guardes del maligno». – es decir, que los preserves mientras viven su fe y viven sus vidas en medio del mundo.  Ahora, creo que eso es coherente con lo que el apóstol Pablo enseña en el punto cumbre de su aplicación práctica del libro de Romanos luego de este extenso despliegue de doctrina pesada y de teología. 

¿Recuerdan cómo empieza el capítulo 12? Donde dijo: «Por consiguiente, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios que es vuestro culto racional». Y luego ¿qué dice? «Y no os conforméis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente». Echemos un vistazo a esas dos palabras: conformidad y transformación.  Vemos la misma raíz en ambas palabras: la palabra ‘forma’, que se refiere a la estructura o el sistema, y la única diferencia realmente que encontramos en estas palabras es el prefijo, ¿cierto? ¿El prefijo «con» significa ¿qué? «Chili con carne» significa «frijoles con carne», ¿verdad? Así que «con» aquí significa «junto», por lo que «conformarse» es literalmente «estar con algo» – ser parte de las principales estructuras aceptables del sistema mundial actual.

Recuerdo cuando estaba en sexto grado, creo, que mi madre me llevó al centro de Pittsburgh a comprar un par de zapatos.  No sé por qué esto está grabado en mi mente, pero mientras el vendedor me probaba estos zapatos elegantes. . . y uno solía mirar por una pequeña máquina de rayos X.  Mirabas y veías tus dedos al final de los zapatos.  Creo que ya no existen los fluoroscopios, pero eso era grandioso cuando era niño.  Eso era alta tecnología; y este vendedor de zapatos era muy agradable, y me estaba hablando de la escuela y del sexto grado, y lo miré, y me dijo: «Bueno, ¿cómo va todo en la escuela?» Medio que me paré de la silla.  «Bueno», le dije: «Soy el chico más popular de mi clase».  ¡Mi madre estaba absolutamente horrorizada! 

Es decir, tan pronto como ese hombre se fue, ella me tomó a un lado, y me dijo: «¡No puedes hablar así con la gente!» Ella dijo, «¡Eso es terrible! Eso es tan egoísta, arrogante y grosero.  Nunca, nunca debes hablar así». Y ella me dio esta gran cátedra sobre las virtudes de la humildad, pero ¿saben qué? No me importaba porque mi objetivo en la vida cuando estaba en sexto grado no era ser humilde.  Mi objetivo cuando estaba en sexto grado era el mismo que el de cualquier otro chico de sexto grado en este mundo, y ¿cuál era ése? Ser la persona más popular que pudiera llegar a ser; porque cuando entramos en la adolescencia, y en nuestros años juveniles, cuando finalmente nos damos cuenta de que hay un mundo más allá de nuestros padres, tíos y tías y demás, y que hay una sociedad en la que estamos siendo evaluados y juzgados y aceptados o rechazados, la popularidad entre nuestros compañeros a los 13 años se convierte en una de las pasiones más importantes de nuestras vidas, y si no recibimos una cierta medida de popularidad, eso es tan aplastante para el espíritu humano que puede afectar nuestra psique el resto de nuestras vidas.  

Todo el mundo anhela ser querido por otras personas, pero aprendemos de niños – como aprendí cuando estaba en sexto grado – que si iba a ser popular había un precio que debía ser pagado y el precio más importante para la popularidad era la conformidad.  Si yo iba a ser el señor Popularidad en mi escuela, tenía que saber todas las letras de las últimas canciones, los últimos éxitos en el ranking musical.  Tenía que saber todas las estadísticas deportivas y cosas así. Tenía que ser capaz de hacer las cosas que haces para probar que realmente eres un hombre.  

Tuve que escuchar a los que me desafiaban y aceptar sus desafíos y ver si podía robar algo en la farmacia sin ser atrapado e involucrarme en esas cosas que juegas por la noche, donde la policía te persigue por la ciudad y te aseguras de que no te atrapen.  Y pasé por todos esos juegos porque eso es lo que tenías que hacer para ser popular y recuerdo que la cátedra que recibí de mi padre todo el tiempo cuando era adolescente fue, «Hijo», escucha, «se necesita más coraje para decir ‘No’, que para decir, ‘Sí’». ¿Alguna vez te sermonearon así? O el que el director solía dar siempre: «Joven, ¿no sabes que estás apuñalando a tu madre por la espalda?».  Ya saben, y todo este tipo de cosas.  Y yo dije, «Pero no lo entiendes, no estoy tratando de complacer a mi madre. No estoy tratando de ajustarme a los valores de mi madre. Aquí es donde me juzgan, en la esfera de mis compañeros».  

Así que, como niños jugamos todos esos juegos con el fin de lograr el tan buscado objetivo de la popularidad. Pero, por supuesto, ese es solo uno de esos fenómenos adolescentes a corto plazo que tan pronto nos convertimos en adultos guardamos las cosas infantiles, y ya no nos preocupamos por ser populares, ¿cierto? Saben, dicen que la única diferencia entre hombres y niños es… ¿qué? El precio de sus juguetes.  Los juegos cambian, y los precios cambian, pero el objetivo de ser aceptados por nuestros compañeros es algo que nos atrae todos los días de nuestras vidas.  Y así el poder seductor de este mundo es conformarse, conformarse a él. Pero ¿qué es lo que nos atrae a la conformidad? Los alemanes tienen una palabra para eso.  

Ya saben cómo dicen los alemanes. . . El idioma alemán es… Ellos toman dos buenos sustantivos concretos y simplemente los estrellan entre sí y sacan una palabra de ahí.  Sin ánimo de ofender, Olga, a la lengua holandesa, nunca pensaría en hacer algo así; pero los alemanes toman dos palabras y las ponen juntas y obtienen la palabra «Zeitgeist».  Todos han oído la palabra «Geist», estoy seguro, en el idioma español, porque han oído hablar de poltergeist.  Los poltergeists son como fantasmas que hacen ruido en la noche.  Bueno, «Zeit» es la palabra alemana para «tiempo» y «Geist» es la palabra alemana para «espíritu»; entonces, esta palabra compacta «Zeitgeist» significa literalmente «el espíritu de los tiempos» o «el espíritu de la era». Y lo que quieren decir los alemanes por zeitgeist es básicamente esto: ¿En qué estamos ahora? ¿Qué está de moda? ¿Qué es aceptable? ¿Qué es lo que hay que hacer? 

Ahora, en el siglo XIX un hombre se volvió muy importante, no solo como una figura literaria en Alemania, sino como filósofo, y llegó a ser uno de los críticos más importantes de su generación, y su nombre era Friedrich Nietzsche, y ya saben que Nietzsche es famoso por su declaración de la muerte de Dios y por su defensa de lo que llamó heroísmo biológico, en el que buscaría la construcción de una súper raza, y Hitler fue tras eso y lo llevó a un extremo.  Pero Nietzsche se quejó de la decadencia de la Europa del siglo XIX y en esa queja dijo que básicamente la gran mayoría de la gente vive, lo que él llamó, «según el dictamen de una moralidad de rebaño».  Es decir, la crítica de Nietzsche fue la siguiente: «En su mayor parte, la gente es como las ovejas, y se limitan a seguir sin criticar y sin osadía alguna, lo que sea que se espera de ellos en su situación actual».  

En otras palabras, se convierten en esclavos del Zeitgeist o el espíritu de la era, y es por eso que pidió un superhombre, el «Ubermensch».  Él dijo: «El Ubermensch será conocido como una persona que dejará la manada y se atreverá a pensar por sí mismo».  En otras palabras, el superhombre de Nietzsche sería el supremo inconformista.  Ahora, al menos eso, el Nuevo Testamento tiene en común con el nihilismo de Nietzsche.  Ambos nos llaman a una especie de inconformidad.  No es el mismo tipo de inconformidad, les adelanto, pero Pablo dice: «No os conforméis a este mundo».  Ahora, si alguna vez hubo un pasaje de las Escrituras deformado por los cristianos, es ese; porque miramos eso y solo leemos la mitad del pasaje, y decimos: «Oh, bueno, lo que Dios quiere de nosotros es que, si vamos a ser realmente justos, vamos a ser conocidos por nuestra inconformidad».  ¿Te das cuenta, por un lado, cuán difícil es no conformarse, tal como ya lo he indicado? Somos atraídos por la aceptación de grupo, y cosas así.  

Por otro lado, ¿te das cuenta de lo fácil que es ser un inconformista cualquiera? Lo que pasa, lo que tiende a suceder entre los cristianos es que dicen: «Bueno, vamos a mostrar al mundo que somos diferentes y lo que vamos a hacer es que vamos a mostrar lo diferentes que somos del mundo al negarnos a participar en la mundanalidad del mundo, lo que quiere decir que no bailaremos y no usaremos maquillaje y no iremos al cine y no jugaremos a las cartas». Recuerdo cuando fui a mi primer trabajo, a enseñar en una universidad cristiana.  Me contrataron para enseñar la Biblia y antes de que las clases iniciaran, hacían un picnic en la playa, y algunos estudiantes sacaron una baraja de cartas y empezaron a jugar Bridge, y el decano vino y confiscó las cartas; y esa fue mi iniciación para descubrir, para mi horror, que el único juego de cartas que este grupo de cristianos tenía permitido era Rook, el juego de cartas cristiano. Le dije, «¿Rook?» Dije, «¿Rook? Dejé de jugar Rook cuando tenía ocho años», y le dije: «¿Qué van a hacer cuando se enteren de que su profesor de biblia juega en torneos de bridge duplicado?».

Nunca se me ocurrió que había algo espiritual o poco espiritual en el bridge de contrato.  ¡Imagínate! Es absolutamente increíble que ese tipo de cosas surjan en una subcultura, pero lo que sucede es que miramos a nuestro alrededor y vemos cosas que la gente en el mundo secular hace, y queremos asegurarnos de que no lucimos de ninguna manera como personas seculares, entonces establecemos estas formas artificiales de no-conformidad.  Damas y caballeros, el reino de Dios no tiene nada que ver con Rook. Esos son tipos superficiales de no-conformidad.  Si quieres no conformarte en el sentido bíblico, sé alguien de cuya palabra se puede confiar.  Sé alguien que hará lo correcto, aunque eso cueste dinero.  Eso es diferente.  

No se trata de que, si todo el mundo está usando sombreros blancos, empezamos a usar rojos.  Ese no es el no conformarse del que está hablando el Nuevo Testamento, pero leemos el resto del versículo y vemos que no se trata simplemente de no conformarse por el hecho de no conformarse, sino que debemos transformarnos.  Y aquí el prefijo lo dice todo.  Transformarse significa «ir por encima, por arriba, más allá» de las estructuras del mundo actual.  Cuando recién me convertí en cristiano, el amigo que me llevó a Cristo me hizo una declaración en las primeras dos semanas.  Le dije: «¿Qué significa para ti ser cristiano?» Él dijo, «Lo que significa para mí el ser cristiano es que voy a superarte en trabajo, a superarte en esfuerzo, y a superarte en amor».  Ya saben, él entendió que ser cristiano significaba un llamado a la excelencia, un llamado a la excelencia que iba más allá de los estándares de lo que era aceptable en el mundo.  

La mayoría de los cristianos de hoy toman su guía ética de lo que es legal o de lo que es aceptado en el resto del mundo; o queremos que los magistrados civiles hagan cumplir la ética cristiana.  ¡Ves espera un minuto! ¡La ética cristiana es la misma sin importar lo que la Corte Suprema haga o lo que la Corte Suprema diga! No voy al compás de ese ritmo.  Tenemos un Señor que nos da nuestra ética y Sus mandamientos.  Él dijo: «Obedeced mis mandamientos».  Esa es nuestra responsabilidad –

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.

Paz en la prueba (2)

Viernes 25 Marzo

(Jesús dijo:) La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.

Juan 14:27

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.

Filipenses 4:6-7

Paz en la prueba (2):

Estoy bien con mi Dios

He aquí el himno compuesto por Horatio Spafford luego de la tragedia ocurrida y la pérdida de sus cuatro hijas (ver el texto de ayer).

De paz inundada mi senda ya esté

O cúbrala un mar de aflicción,

cualquiera que sea mi suerte, diré:

¡Estoy bien, tengo paz, gloria a Dios!

Estoy bien (estoy bien)

gloria a Dios (gloria a Dios)

Tengo paz en mi ser, gloria a Dios.

Ya venga la prueba o me tiente Satán,

No amengua mi fe ni mi amor;

Pues Cristo comprende mis luchas, mi afán

Y su sangre obrará en mi favor.

Oh cuánto me gozo en Su salvación

Fue pleno Su amor y perdón

Clavó mi pecar en la cruz lo olvidó

¡Gloria a Dios! ¡Gloria al Hijo de Dios!

La fe tornarase en feliz realidad

Al irse la niebla veloz,

Desciende Jesús con su gran Majestad,

¡Aleluya! Estoy bien con mi Dios.

Horatio Spafford

Éxodo 37 – Hechos 26:1-18 – Salmo 36:7-12 – Proverbios 12:7-8

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

DESCANSANDO EN DIOS

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

DESCANSANDO EN DIOS

ALABANZA NOCTURNA


¡Dador de todo!
Otro día ha terminado y tomo mi lugar sobre la cruz de mi gran Redentor,
donde la sanación fluye continuamente, donde el bálsamo es derramado en
cada herida, donde me lavo de nuevo en la sangre toda-purificadora, es
cierto que Tú me ves sin manchas de pecado. Todavía un poco, y yo iré a
Tu casa y nunca más seré así visto; ayúdame a ceñir los lomos de mi mente,
a acelerar mi paso, apresúrame, como si cada momento fuera el último, que
mi vida sea la alegría, y mi gloria, la muerte.
Te doy gracias por las bendiciones temporales de este mundo: el aire
refrescante, el sol, la comida que renueva fuerzas, la ropa que visto, la
habitación que abriga, el sueño que da descanso, el firmamento estrellado
de la noche, la brisa de verano, la dulzura de las flores, la música de los
arroyos, las palabras cariñosas y felices de mi familia, parientes, y amigos.
Las cosas animadas, las cosas inanimadas, que sirven para mi comodidad.
Mi copa rebosa. No me dejes ser insensible a estas misericordias diarias. Tu
mano concede bendiciones, Tu poder evita el mal. Quiero traer mi homenaje
de agradecimiento por las gracias espirituales, el pleno calor de fe, la alegre
presencia de Tu Espíritu, la fuerza de Tu voluntad restrictora, Tu cesar de
la artillería del infierno. ¡Bendito sea mi soberano Señor!

Guardaos de la levadura de los fariseos

Ministerios Ligonier

Serie: Cómo agradar a Dios

Guardaos de la levadura de los fariseos

R.C. Sproul

Esta es una serie de enseñanza de 6 edificantes lecciones donde el Dr. Sproul nos muestra cómo ser diligentes para vencer a nuestros enemigos: el mundo, la carne y el diablo. Esta serie es una mirada alentadora y realista a ese proceso que dura toda la vida: la santificación.

Si todavía no tienes la guía de estudio de Cómo agradar a Dios, por favor escribe tu correo electrónico en el siguiente formulario para recibirla.

Una de las interrogantes que escucho con frecuencia de personas que buscan sinceramente hacer la voluntad de Dios es la pregunta: «¿Qué es lo más importante que Dios desea de mí en la vida cristiana?»  Es como el hombre de negocios que siempre hace la pregunta, «¿Cuál es el asunto principal?» Vamos a obviar todos los detalles y el sinfín de posibilidades y los mil y tantos preceptos.  ¿Qué es lo que realmente le importa a Dios en términos del enfoque principal, el objetivo principal, el fin principal de la vida cristiana?  Y lo que me gustaría hacer en esta sesión es centrarme en lo que creo que la Biblia dice que es la respuesta a esa pregunta.  Al leer las Escrituras, me parece que el asunto central, el objetivo principal de la vida cristiana es la justicia, que lo que Dios quiere de nosotros más que cualquier otra cosa es la justicia.  

Ahora, lo resalto por una razón.  Escucho a los cristianos hablar todo el tiempo sobre la piedad, sobre la espiritualidad e incluso sobre la moralidad, pero casi nunca escuchas a nadie hablar de justicia. De hecho, nunca he tenido un estudiante en el seminario que se me acerca y me diga: «Profesor Sproul, ¿cómo puedo llegar a ser una persona justa?»  Ahora, tal vez eso dice más de mí que de mis estudiantes, que ni se preocupan en hacerme tal pregunta, pensando que están perdiendo su tiempo. Pero los escuchas preocupados por «Quiero ser más espiritual», «Quiero ser más moral», y cosas así, o más piadosos, pero le huyen a ese término ‘justo’, y tal vez sea porque nadie quiere pecar de santurrón; y en nuestro vocabulario actual, la misma palabra ‘justicia’ se ha convertido en una especie de carga.  Pero si Jesús entrara a este salón, en este momento, y le decimos: «Señor, ¿cuál es la prioridad principal que tienes para tu iglesia?»  Si Él respondiera ahora mismo a esa pregunta de la manera en que respondió en el período del Nuevo Testamento, Él diría esto: «Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas». 

Veamos por un momento este texto que todos hemos oído.  Cuando Jesús dice: «Busca primero su reino y su justicia», la palabra para ‘primero’ es la palabra ‘protos’, y en el idioma griego, el término ‘protos’ no significa simplemente ‘primero en una secuencia de eventos, es decir, un procedimiento serializado donde tienes el primero y el segundo y el tercero y el cuarto y el quinto y así por el estilo. Jesús no se refiere simplemente al número uno en términos de orden cronológico, sino que esta palabra ‘protos’ en el Nuevo Testamento lleva la connotación de lo que es primero, no solo en orden de secuencia, sino que es lo principal en términos de importancia.   Es decir, cuando Jesús dice: «Busca primero el reino de Dios», está diciendo: «Esta es la prioridad máxima de la vida cristiana, buscar el reino de Dios y la justicia de Dios», y entonces lo que Cristo quiere de su pueblo y de sus discípulos es que sean personas que realmente muestran justicia. 

Ahora, a menudo digo que una de las afirmaciones más aterradoras que jamás haya salido de los labios de Cristo fue aquella que hizo cuando dijo: «Porque os digo que si vuestra justicia no supera a la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos». Ahora, todos han oído de ese pasaje, ¿cierto?  Y creo que lo que me desconcierta es que no parecemos estar demasiado preocupados por ello.  Es decir, aquí Jesús da una advertencia espantosa.  Él da una condición necesaria: si-entonces.  A menos que «A» tenga lugar, «B» no puede suceder. A menos que tu justicia supere – es decir, que vaya más allá – de la justicia de los escribas y los fariseos, no tienes oportunidad de entrar en el reino de Dios. 

Ahora, hay un par de maneras en que podemos interpretar lo que Jesús está diciendo.  Algunos comentaristas miran esa frase de Jesús, y dicen: «Bueno, no tenemos nada de qué preocuparnos porque de lo que Jesús está hablando aquí es de la justicia que es necesaria para nuestra justificación». Para ser justificados, debemos tener la justicia perfecta, y obviamente la justicia de los escribas y de los fariseos era imperfecta; y la única manera de entrar en el cielo es por una justicia perfecta, y gracias a Dios, eso es lo que tenemos por fe en Cristo, donde recibimos por decreto de Dios la imputación de la justicia de Cristo. Y obviamente, su justicia superó la de los escribas y los fariseos, y como poseemos por fe la justicia de Cristo, podemos dar un suspiro de alivio, y no tenemos que preocuparnos por esa terrible advertencia que Jesús dio en esa ocasión.  

Ahora, creo que es muy posible que eso sea exactamente lo que Jesús tenía en mente. Que cuando Él dijo: «A menos que tu justicia supere la de los escribas y los fariseos nunca entrarás en el reino de Dios», que tal vez lo que Él tenía en mente era la imputación de su propia justicia que es la única manera en que podemos estar en presencia de Dios.  Pero recuerdas que en tiempos de la Reforma, cuando Lutero iba por ahí enseñando la justificación solo por la fe, utilizó una frase latina que desde entonces se ha hecho tan famosa que todo cristiano puede recitarla, que esa persona que está justificada es ‘simul justus et peccator’.  Todos conocen esa frase, ¿cierto?  ¿ah? ‘Al mismo tiempo, justo y pecador’. «Justo» por la aplicación de la justicia de Cristo, sin embargo, recibimos la justicia de Cristo mientras que todavía, somos pecadores en y por nosotros mismos. 

Pero Lutero dijo que en nuestra santificación eso no se queda así – que la persona que es declarada justa por fe, si esa fe es en sí genuina y no solo un alegato de fe o una farsa, sino que es una fe auténtica, entonces Cristo en verdad comenzará a formarse en la vida de esa persona, y esa persona comenzará a mostrar el fruto de la justicia.  Y entonces, la otra mitad de los comentaristas ven la advertencia de Jesús y dicen que lo que Jesús quiere decir es que a menos que nuestras vidas empiecen a manifestar una cualidad de justicia que supere la de los escribas y fariseos, entonces esa es la señal más segura que existe de que la fe que profesamos no es genuina. Así que, a pesar de que no enseñamos la justificación por obras, todavía estamos muy preocupados por el hecho de que el Nuevo Testamento nos llama a dar muestra de nuestra fe por nuestras obras; y la justificación es por fe, pero la santificación es donde crecemos en auténtica justicia. 

Ahora, si esa declaración de Jesús no les pone los pelos de punta, permítanme empezar a hervir el caldero porque lo que me gustaría hacer en el tiempo que queda en esta sesión es considerar la justicia de los escribas y los fariseos– considerar ese nivel de justicia que estamos llamados a superar si es que queremos complacer a Dios con nuestra vida. Es muy fácil para nosotros simplemente descartar esa declaración de Jesús porque decimos: «Bueno, superar la justicia de los escribas y los fariseos, eso es pan comido.  ¡Eso es recontra fácil, por favor!  Ellos son los que fueron el objeto principal de la ira de Jesús». Cada vez que pensamos en los malos del Nuevo Testamento, pensamos en los fariseos.  Fueron lo peor de lo peor.  ¿Por qué los fariseos eran llamados ‘fariseos’? No leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento, ¿verdad?  La razón por la que no leemos sobre fariseos en el Antiguo Testamento es porque no existían fariseos en el Antiguo Testamento.  Los fariseos, como un partido en Israel, surgieron después del exilio y del regreso del exilio.  

Bueno, lo que ocurrió fue que la nueva generación de israelitas empezó a adoptar las prácticas paganas de aquellos que estaban en el lugar, y olvidaron sus tradiciones. Olvidaron la Ley de Moisés y las promesas del pacto que Dios había hecho, y entonces, un grupo de personas especialmente devotas surgió en la nación, eran el equivalente antiguo –damas y caballeros– de los puritanos.  Tenían este profundo deseo de reformar la fe de Israel y de restaurar la devoción en la nación. Ellos eran los conservadores de Israel que querían volver al pasado y recuperar la pureza prístina de la comunidad de Israel, por eso se apartaron, a raíz de este celo estricto por obedecer la ley de Dios; y debido a su deseo cerrado obstinado hacia la justicia, fueron llamados los ‘apartados’, los ‘fariseos’. 

En otras palabras, lo que digo es esto: que los fariseos como agrupación tienen su inicio en la historia como un grupo de hombres cuya única actividad en la vida era la búsqueda de la justicia. Se especializaron en la búsqueda de la justicia. No había nada casual o superficial en su celo por lograr la justicia.  Dudo que sepan de alguien que tenga el mismo tipo de determinación de encontrar la justicia que tenían los fariseos como grupo.  Pero pensamos, «Oh, bueno, sí. Tal vez así es como empezaron, pero ya para el primer siglo habían degenerado en tal grado de impiedad que eran un grupo de hipócritas y tanto así que Jesús los llamó «víboras» y los amenazó con el infierno y todo lo demás.

Bueno, veamos si estas personas del siglo I que incurrieron en la ira de Cristo lograron algún elemento de justicia, al menos por el testimonio de Jesús. Escuchamos a Jesús denunciando a los fariseos cuando Él les dice: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!, porque recorréis el mar y la tierra para hacer un prosélito, y cuando llega a serlo, lo hacéis hijo del infierno dos veces más que vosotros». Ahora, esta es una acusación bastante incisiva que Jesús hace de estas personas, pero mientras Él está haciendo esta crítica, Él reconoce que son evangélicos, o al menos evangelistas, no en el sentido de que estaban yendo por ahí predicando el Evangelio, sino que tenían un celo por el alcance misionero, un celo por el evangelismo y la conversión que no tenía paralelo en el mundo antiguo. 

Así que, en ese sentido, digamos que lo primero que aprendemos sobre los fariseos del Nuevo Testamento es que eran evangelistas.  ¿Qué tan preocupados por las misiones y el evangelismo estaban estas personas conservadoras? Jesús dijo que recorrerían el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión: recorrer el mar y la tierra para hacer que uno se convirtiera a su religión. Yo paso nueve meses de cada año, lejos de mi casa, viajando de un lado a otro y dando conferencias, enseñando y todo eso, y lo hago porque ese es mi trabajo y ese es mi llamado.  Esa es mi vocación, pero dudo que si llegara una invitación a nuestra oficina en Orlando, y dijera: «RC, vivo aquí en el estado de Washington, y no he tenido la oportunidad de escuchar mucha enseñanza sobre el libro de Romanos en mi vida.  Me pregunto si estarías dispuesto a volar hasta aquí y pasar un par de días enseñándome unas clases sobre Romanos». 

Dudo que aceptemos esa invitación para enseñar, ir hasta el otro lado de los Estados Unidos para hablar con una persona. No creo que lo haría porque no tengo el celo por ir más allá, como estas personas lo tenían: que recorrían tierra y mar para hablar con una persona, para persuadir a una persona de su forma de pensar.  Entonces, al menos en ese sentido, en términos de fervor misionero y celo evangelista, los fariseos hacen que me avergüence, y sospecho que ese es el mismo efecto en la mayoría de ustedes. ¿Qué más nos dice de los fariseos?  «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas!  Porque pagáis el diezmo de la menta, del eneldo y del comino, y habéis descuidado los preceptos de más peso de la ley: la justicia, la misericordia y la fidelidad; y estas son las cosas que debíais haber hecho, sin descuidar aquellas». 

Ahora, lo segundo que aprendemos de los fariseos es que eran diezmadores.  No solo diezmaban, damas y caballeros, sino que eran escrupulosos en obedecer las leyes de Dios en cuanto al diezmo. En otras palabras, ellos practicaban lo que predicaban. La última encuesta que vi, una que hicieron a «cristianos evangélicos» en los Estados Unidos, indicaba que el cuatro por ciento de los que dicen ser cristianos evangélicos diezman de sus ingresos. Cuatro por ciento.  Recuerdan el libro de Malaquías donde el profeta Malaquías es enviado por Dios a la casa de Israel, prácticamente como fiscal.  Esa fue una de las funciones del profeta en el Antiguo Testamento, convocar al pueblo de Israel ante el tribunal de Dios, a veces para presentar cargos contra ellos por violar los términos de su pacto; y en este caso, Malaquías viene, y la acusación que trae al pueblo es la acusación de cometer robo contra Dios.  Y entonces dice, «¿Robará el hombre a Dios?» 

Él plantea la pregunta, y es una pregunta retórica como, «¿Qué podría ser más impensable que el que un ser humano tenga la audacia de robarle al Dios Todopoderoso?» Y entonces la respuesta es… ¿qué? «¿En qué te hemos robado?» «En los diezmos y en las ofrendas».  Y el profeta habla a la nación y dice: «Al retener tus ofrendas y tus diezmos, en realidad le estás robando a Dios». Ponlo en términos del Nuevo Testamento.  ¿Cómo alguien podría buscar primero el reino de Dios y robar del reino de Dios al mismo tiempo? ¿Eso es concebible para ustedes?  Y ahora los fariseos escucharon eso, y comprendieron el deber que todo miembro de la comunidad del pacto tenía ante Dios, y el deber era pagar ese diez por ciento, pagar ese diezmo al almacén en Israel.  Ahora, eran tan, como dije, tan escrupulosos al respecto que no solo diezmaban en general. 

Ahora, el diezmo, en su mayor parte, se pagaba en productos o ganado, y funcionaba así: Si criaste ganado y en un año dado nacieron diez terneros nuevos, entonces ¿qué había que hacer?  Uno de esos diez terneros sería devuelto a Dios.  Si sembraste trigo, cebada o avena, el diez por ciento de la producción iba a Dios, y era lo primero que se hacía, cabe destacar. ¿Bien?  Ahora, lo que hicieron los fariseos y los escribas fue esto: si cultivaban verduras o algo más y tenían 50 barriles de trigo, diezmaban cinco barriles de trigo, pero si encontraban unas: diez plantas pequeñas de menta que crecieron junto a su puerta tomaban una y la entregaban a la iglesia. Así de escrupulosos eran. Sería algo así:  Si tú, a fin de mes haces los cálculos de todo el ingreso que tuviste, y entregas tu diez por ciento a Dios, pero estás caminando por la calle y te encuentras una moneda de 10 centavos en la vereda.  Lo que pasaría con el fariseo es que su conciencia le molestaría a menos que tome un centavo y se asegure de diezmar ese centavo de diez que encontró y mantener esas cuentas bien saldadas con Dios.  

Ahora, Jesús dijo: «Eres escrupuloso con el diezmo, pero omites los asuntos de más peso de la ley». ¡Uf!  Es buena noticia saber que Jesús no consideraba el diezmo como uno de los asuntos de más peso de la ley. ¡Eso era una pequeñez!  Ese era un asunto menor de la ley.  Él dijo, «Estas cosas que deberías haber hecho, me alegro de que hayas dado tu diezmo», eso dijo. «Pero ustedes han omitido los asuntos de más peso de la ley – justicia y misericordia y fe». Ahora, cuando escucho a Jesús hablar así con ellos, puedo oír nuestra defensa como cristianos contemporáneos diciendo: «Bueno Señor, sí, hemos sido negligentes con el diezmo.   El 96% de nosotros te hemos robado sistemáticamente y no hemos hecho de la expansión de tu reino una prioridad tal que estemos dispuestos a desprendernos de nuestros propios recursos para darte de lo que tú nos has dado, y como una medida real de nuestra obediencia y fe, etc.».  

Y ya escucho a la gente diciendo: «¡Ah! ese es el Antiguo Testamento.  Ya no hay que hacer eso». Así es. Fue más fácil en el Antiguo Testamento.  El nuestro es un pacto mejor, un pacto más rico, con muchos más beneficios de los que recibieron en el Antiguo Testamento y, podría agregar, muchas más obligaciones y responsabilidades. El punto de partida de la vida cristiana es el diezmo.  Eso es una pequeñez, es simple. Eso es una cosita. Pero decimos: «Podríamos decirle a Jesús: Jesús, queremos complacerte con nuestras vidas y por eso no nos preocuparemos por los asuntos menores y más ligeros de la ley como el diezmo. Te ofrecemos justicia, misericordia y fe».  Me pregunto cómo nos iría con eso.  Creo que a menos que seamos fieles en pequeñas cosas, es muy poco probable que seamos fieles en los asuntos de más peso de la ley. Y así, aun cuando Jesús está reprendiendo a los fariseos, al menos los felicita reconociendo el hecho de que al menos ellos diezman. Eran diezmadores. 

¿Qué más? Estaban en debate continuo con Jesús sobre lo que dice la Escritura, y Jesús dijo: «Examináis las Escrituras. Haces bien. Pensando que en ellas tenéis vida eterna». Pero este grupo de personas, una vez más, que recibieron la denuncia más vehemente de Jesús durante el ministerio terrenal de Jesús, fueron reconocidos por Jesús como estudiantes serios de la Biblia. Dudo que hubiera un fariseo en todo Israel que no creyera en la inspiración de la Biblia, la infalibilidad de la Biblia y la inerrancia de la Biblia. Su doctrina de las Escrituras era impecablemente ortodoxa, y no solo tenían una buena perspectiva de las Escrituras, sino que estudiaban la Escritura.  La memorizaban.  Siempre ganaban los concursos bíblicos en las iglesias.  El problema fue que nunca entró en su torrente sanguíneo, ¿cierto?  ¿Ven por qué esto es tan espantoso?  

Es decir, hay todo tipo de personas en la iglesia quienes no se preocupan en absoluto por el evangelismo, que no pensarían en el diezmo y que nunca han abierto la Biblia.  Ni siquiera han cumplido con los requisitos mínimos de los fariseos, pero ¿qué pasa si hemos hecho todas estas cosas, si somos evangelistas, damos nuestros diezmos, estudiamos la Biblia al revés y al derecho?  Eso no prueba nada. Un punto más en cuanto a los fariseos – y eso que hay mucho más por decir, pero el tiempo no lo permite – es que una de las cosas que Jesús se quejó de los fariseos fue su ostentosa exhibición de piedad a través de sus oraciones largas. Los fariseos pasaban, mucho tiempo en ejercicios rigurosos y espirituales, y en oración. De hecho, les encantaba que en reuniones públicas los llamaran para orar porque eran muy elocuentes y la gente los aplaudía.  

Eran los maestros, los predicadores, los que oraban, los evangelistas, los religiosos profesionales de su época. Pero el único problema que surge una y otra y otra en lo que vemos el patrón del Fariseo del Nuevo Testamento es que la religión del fariseo era estrictamente externa. La palabra que Jesús usa para ellos una y otra vez es la palabra «hupokrités» – hipócrita – que significa «uno que es un actor de teatro», uno que en la superficie manifiesta una religiosidad, una especie de piedad, pero cuya vida, en la dimensión más profunda, nunca, nunca alcanza la justicia auténtica.  Ahora, de nuevo, el peligro aquí de reducir la vida cristiana a lo exterior es un peligro que sucede en todas las épocas. No estoy diciendo que se supone que debamos descuidar lo exterior.  

De nuevo, aquí no se trata de lo uno o lo otro.  Jesús dice: «Estas son las cosas que debías haber hecho, sin descuidar aquellas». No estoy sugiriendo que podamos decir: «Oh, bueno, podemos prescindir de la oración, de las disciplinas espirituales, podemos prescindir de la lectura bíblica y de todo eso siempre y cuando realmente seamos amables con nuestro prójimo y procuremos la justicia y todo eso y olvidemos toda esta piedad». No, no, no.  Esa no es la letra o el espíritu, pero la piedad es la letra y el espíritu.  Es lo externo y lo interno.  Es el exterior y el interior.  No es el interior sin el exterior, y no es el exterior sin el interior; pero la justicia auténtica implica obediencia a los mandamientos de Dios. 

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue el fundador de Ligonier Ministries, co-pastor de Saint Andrew’s Chapel [Capilla de San Andrés] en Sanford, Florida, y el primer presidente del Reformation Bible College. Fue el autor de más de cien libros, incluyendo La Santidad de Dios.