11. La triple unidad de Dios

Hombre Reformado

Serie: Grandes Doctrinas De La Biblia

2. LA NATURALEZA Y LOS ATRIBUTOS DE DIOS

11. La triple unidad de Dios

R.C.SPROUL

La doctrina de la Trinidad nos resulta difícil y confusa. A veces hasta se ha pensado que el cristianismo enseña la noción absurda de que 1+1+1=1. Resulta claro que esta es una ecuación falsa. El término Trinidad describe una relación de un Dios que es tres personas, y no una relación entre tres dioses. La Trinidad no significa un triteísmo, es decir, que hay tres seres que en su conjunto conforman un Dios. La palabra Trinidad se utiliza como un esfuerzo para definir la plenitud de la Deidad en términos de su unidad y su diversidad.

La formulación histórica de la Trinidad es que Dios es uno en esencia y tres en persona. Aunque esta fórmula es misteriosa y paradójica, no conlleva de modo alguno una contradicción. Con respecto a la esencia o el ser, se afirma la unidad de la Deidad; con respecto a la persona, se expresa la diversidad de la Deidad.

Si bien el término Trinidad no se encuentra en la Biblia, el concepto aparece en ella con claridad. Por un lado la Biblia declara de manera contundente la unidad de Dios (Deut. 6:4).

Por otro lado, la Biblia declara con claridad el carácter plenamente divino de las tres personas de la Deidad: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. La iglesia ha rechazado las herejías del modalismo y el triteísmo. El modalismo niega la diferencia que existe entre las personas de la Deidad, afirmando que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son distintas maneras en que Dios se expresa a sí mismo. El triteísmo, por otro lado, falsamente afirma que existen tres seres que juntos constituyen a Dios.

El término persona no significa una diferencia en esencia sino una subsistencia diferente en la Deidad. Una subsistencia en la Deidad constituye una diferencia real pero no es una diferencia esencial, en cuanto a una diferencia en el ser. Cada persona subsiste o existe «bajo» la pura esencia de lo divino. La subsistencia es una diferencia dentro del mismo ser, no un ser o una esencia separada. Todas las personas de la Deidad comparten todos los atributos divinos.

También hay una diferencia en la función desarrollada por cada miembro de la Trinidad. El trabajo de la salvación es en cierto sentido compartido por las tres personas de la Trinidad. Sin embargo, con respecto a la manera de actuar, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo operan de distinta forma. El Padre es quien inicia la creación y la redención; el Hijo es quien redime a la creación; y el Espíritu Santo regenera y santifica, operando la redención en los creyentes.

La Trinidad no se refiere a las partes de Dios, ni siquiera a los roles. Las analogías humanas, como las de un hombre que es un padre, un hijo y un esposo, son insuficientes para reflejar el misterio de la naturaleza de Dios.

La doctrina de la Trinidad no explica completamente el carácter misterioso de Dios. En realidad lo que hace es fijar los límites que no debemos trasponer. Define los límites de nuestra reflexión finita. Nos ordena ser fieles a la revelación bíblica de que Dios es uno en un sentido y tres en otro sentido.

Resumen

1.         La doctrina de la Trinidad afirma la triple unidad de Dios.

2.         La doctrina de la Trinidad no es una contradicción: Dios es uno en esencia y tres en persona.

3.         La Biblia declara tanto la unicidad de Dios como el carácter divino del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

4.         La Trinidad se distingue por la obra asumida por el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

5.         La doctrina de la Trinidad fija los límites de la especulación humana con respecto a la naturaleza de Dios.

Pasajes bíblicos para la reflexión

Deut. 6:4

Mat. 3: 16-17

Mat. 28:19

2 Cor. 13:14

1 Pet. 1:2

R.C. Sproul

El Dr. R.C. Sproul fue fundador de los Ministerios Ligonier, pastor fundador de Saint Andrew’s Chapel en Sanford, Florida, primer presidente de Reformation Bible College y editor ejecutivo de la revista Tabletalk. Fue reconocido en todo el mundo por su articulada defensa de la inerrancia de las Escrituras y la necesidad de que el pueblo de Dios se mantenga con convicción en Su Palabra. Su programa de radio, Renewing Your Mind (Renovando Tu Mente), se sigue emitiendo diariamente en cientos de emisoras de radio de todo el mundo y también se puede escuchar en línea. Escribió más de cien libros, incluyendo La santidad de Dios, Escogidos por Dios, Todos somos teólogos, Moisés y la zarza ardiente, Sorprendido por el sufrimiento, entre otros.

ARTÍCULO TOMADO DE: http://www.hombrereformado.org/grandes-doctrinas-de-la-biblia—r-c-sproul

Cómo aplicar la ética cristiana a problemas específicos

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La ética cristiana

Cómo aplicar la ética cristiana a problemas específicos
Por James Anderson

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana

ué es la vida cristiana? Cuando añadimos el adjetivo cristiano al sustantivo vida, hacemos un enorme anuncio: la resurrección de Vivimos en una época de confusión moral sin precedentes. El consenso público sobre cuestiones morales básicas —el fruto de la influencia cristiana en la civilización occidental— ha sido erosionado de manera trágica. A medida que reinan el pragmatismo y el relativismo, estamos reviviendo el período en el que «cada uno hacía lo que le parecía bien ante sus ojos» (Jue 21:25). En medio de esta niebla, la fe cristiana nos presenta una cosmovisión coherente que proporciona una guía directa sobre cuestiones éticas centrales. En este artículo, consideraremos cómo la ética cristiana se refiere a una serie de cuestiones muy controvertidas de nuestro tiempo.

¿Cuáles son los principios que definen la ética cristiana? De manera inmediata, pensamos en los dos mandamientos más importantes, expresados por nuestro Señor Jesús: amar al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, alma y mente, y amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos (Mt 22:37-40). Es completamente cierto decir que la ética cristiana está centrada en el amor. Pero ¿qué significa en la práctica amar a Dios y a los demás? ¿Qué exige realmente de nosotros el amor cristiano?

Para responder esta pregunta crucial, debemos recurrir a las leyes morales de Dios, expresadas de manera más directa en Sus mandamientos. Los cristianos tradicionalmente han reconocido los Diez Mandamientos, entregados a Moisés en el monte Sinaí y escritos en tablas de piedra por el dedo mismo de Dios, como un resumen de la ley moral (Ex 20:1-1731:18). Estos mandamientos, que representan nuestros deberes fundamentales para con Dios y nuestros semejantes, se reafirman como principios morales permanentes en el Nuevo Testamento (Lc 18:20Rom 13:8-10Stg 2:11). Sin embargo, es crucial reconocer que incluso en el Sinaí estos mandamientos divinos estaban lejos de ser innovaciones éticas. Nadie debería pensar que la idolatría, el asesinato, el adulterio y el robo estaban permitidos antes del pacto mosaico. Los Diez Mandamientos reflejan lo que los teólogos reformados han llamado las ordenanzas de la creación: normas morales universales que se basan primero y principalmente en el carácter de Dios y, en segundo lugar, en la naturaleza de los seres humanos y sus relaciones sociales tal como fueron originalmente creadas y ordenadas por Dios.

Lo que esto implica es que la ética cristiana está arraigada en las doctrinas bíblicas de Dios, la creación y la humanidad. De hecho, cuando vemos que todos los fundamentos básicos están asentados en los primeros capítulos del Génesis, la mayoría de las cuestiones morales encajan con bastante facilidad, incluso teniendo en cuenta las decisiones éticas desafiantes que enfrentamos ocasionalmente. Las verdades bíblicas centrales que debemos reconocer en estos capítulos incluyen las siguientes: (1) Dios es el Creador soberano de todas las cosas, quien gobierna y habla con autoridad absoluta; (2) hay un orden natural en la creación, que debemos respetar; (3) Dios hizo a la humanidad a Su propia imagen; por lo tanto, tenemos una dignidad y un valor especiales, y debemos buscar reflejar el carácter de nuestro Creador en todo lo que hacemos; (4) el diseño de Dios para la humanidad incluye una diferenciación sexual y complementariedad básica: varón y hembra; (5) Dios estableció el pacto del matrimonio con el propósito de que tengamos compañía, procreación e intimidad sexual; de esa manera, la sociedad humana se estructura en torno a la unidad familiar básica: un hombre y una mujer, unidos en matrimonio, criando hijos (si Dios los bendice con ellos) para formar nuevas familias; (6) Dios comenzó la raza humana con una sola familia, estableciendo de manera decisiva la unidad fundamental y la solidaridad de toda la humanidad.

Teniendo en cuenta estos principios creacionales de la ética cristiana, consideremos cómo proporcionan una dirección moral clara sobre siete temas en disputa en la actualidad: aborto, eutanasia, racismo, pena capital, divorcio, homosexualidad y transexualidad.

En primer lugar, considera la doctrina de la imago Dei y sus implicaciones éticas. Toda vida es un don de Dios, quien es el único que tiene «vida en sí mismo» (Jn 5:26). Dios es el autor de la vida y, por tanto, tiene autoridad para dar vida y para quitarla. Esto es cierto para todas las criaturas vivientes, pero el hecho de que los seres humanos hayan sido creados de manera especial a la imagen de Dios significa que nuestras vidas son excepcionalmente valiosas y preciosas a los ojos de Dios. Maldecir a alguien creado a la imagen de Dios es nada menos que una ofensa contra Dios (Stg 3:9). Por lo tanto, tenemos el deber moral de honrar y proteger la vida humana de principio a fin. La ciencia moderna confirma de manera inequívoca lo que la Biblia siempre ha dado a entender: un nuevo ser humano empieza a existir en el momento de la concepción (Jue 13:3-5Job 31:15Sal 51:5139:13-16). Un niño en el vientre, incluso en las primeras etapas de desarrollo, lleva la imagen de Dios no menos que un bebé recién nacido o un adulto maduro. El aborto es, por lo tanto, la destrucción de un ser humano indefenso y un mal grave a los ojos de Dios. Esta debe ser la línea de base para el pensamiento cristiano sobre el aborto, incluso mientras luchamos con cómo abordar situaciones trágicas como las anomalías fetales y el embarazo a través de la violación.

La santidad de la vida se aplica igualmente a los problemas relacionados con el final de esta. La eutanasia es el término técnico para «asesinato por compasión», es decir, quitar de manera activa una vida humana para evitar o reducir el sufrimiento. La controversia actual se centra en la práctica del «suicidio asistido por un médico», en el que los médicos están alistados para ayudar a los pacientes a terminar con sus vidas sin dolor. De acuerdo con su ética provida, la Escritura siempre describe el suicidio —literalmente, matarse a sí mismo— en términos negativos, y mientras la Biblia tiene mucho que decir acerca de cómo soportar el sufrimiento, nunca presenta el suicidio como una solución. Por lo tanto, si bien debemos apoyar plenamente los cuidados paliativos compasivos, la eutanasia debe considerarse moralmente incorrecta según los estándares bíblicos.

El racismo ha traído un sufrimiento tremendo y división a las sociedades humanas a lo largo de la historia. Este es otro tema del que la ética cristiana habla de manera clara y contundente. Hemos notado cómo el relato bíblico de la creación subraya la unidad fundacional de la humanidad. Estrictamente hablando, solo hay una raza —la raza humana— aunque por diseño de Dios ha florecido en una maravillosa diversidad de etnias. Además, la imago Dei no viene en grados; todo ser humano porta por igual la imagen de Dios y, por lo tanto, debe gozar de la misma dignidad, valor y protección ante la ley. Como reconocen incluso los historiadores seculares, el concepto moderno de derechos civiles tiene sus raíces en la teología y la antropología de la cosmovisión cristiana.

El apoyo a la pena capital a menudo se presenta como algo contrario a las convicciones provida, pero en realidad está basado en la doctrina de la imago Dei. El fundamento bíblico es explícito: precisamente porque Dios nos hizo a Su propia imagen, los asesinos deberían perder sus propias vidas como un castigo justo y proporcionado (Gn 9:5-6). Al mismo tiempo, el respeto por la santidad de la vida requiere que apliquemos estándares rigurosos de evidencia e imparcialidad para asegurar que la justicia se defienda de manera consistente y transparente en nuestros sistemas legales, especialmente en el enjuiciamiento de crímenes capitales (Lv 19:15Dt 17:619:15-21).

Apliquemos ahora las ordenanzas de la creación del matrimonio y la sexualidad a algunos problemas morales contemporáneos, comenzando con el divorcio. En los Estados Unidos de hoy, alrededor de dos de cada cinco matrimonios terminan en divorcio, y la noción de «divorcio exprés» es ampliamente aceptada. Si un esposo y una esposa deciden que ya no están enamorados, eso se considera justificación suficiente para abandonar el matrimonio. Sin embargo, cuando Jesús fue interrogado de manera directa sobre el divorcio y el nuevo matrimonio, le señaló a la gente la institución divina del matrimonio en Génesis 2:24, enfatizando que cuando un hombre y una mujer entran en un pacto matrimonial, Dios los une en una profunda unión de una sola carne (Mt 19:4-6). Solo la infidelidad matrimonial o el abandono voluntario que viola la unión de una sola carne puede justificar la disolución de ese vínculo solemne (Mt 5:3219:91 Co 7:10-15).

De manera similar, mientras que las relaciones entre personas del mismo sexo han sido normalizadas agresivamente en las sociedades occidentales, la enseñanza bíblica es inequívoca. El relato de la creación es claro en que el matrimonio fue ordenado por Dios como un vínculo entre un hombre y una mujer, para servir como base para la familia y la sociedad. Por diseño de Dios, Eva fue hecha «idónea» para Adán, no solo sexualmente sino como compañera (Gn 2:18). La Escritura y la naturaleza juntas atestiguan que una pareja del mismo sexo no puede formar una unión de una sola carne ni ser fecundos y multiplicarse (1:28). Incluso si no hubiera condenas explícitas de la homosexualidad en la Biblia, el asunto sería resuelto de manera decisiva por el relato bíblico de la creación y sus ecos en las enseñanzas de Cristo.

Los mismos principios se aplican a la transexualidad. Los cristianos deben ser compasivos con aquellos que sufren de disforia por su identidad sexual y sus cuerpos. No obstante, el plan de Dios para la sexualidad humana es claro: estamos hechos a imagen de Dios, varón y hembra, y nuestros cuerpos son los principales indicadores de quiénes somos (incluso teniendo en cuenta casos anómalos excepcionales debido a malformaciones en el desarrollo). Sencillamente no hay base en la Escritura para una categoría de «identidad de género» que sea independiente de nuestra sexualidad encarnada.

Se puede y se debe decir mucho más acerca de estos problemas y otros desafíos éticos a los que nos enfrentamos hoy. Aun así, los principios fundamentales de la ética cristiana se revelan claramente en la Escritura y están arraigados de manera profunda en las doctrinas de Dios, la creación y la humanidad. De hecho, como hemos visto, los fundamentos se establecen casi por completo en los dos primeros capítulos del Génesis.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
James Anderson
James Anderson

El Dr. James N. Anderson es Profesor Carl W. McMurray de Teología y Filosofía en el Reformed Theological Seminary en Charlotte, N.C., y es ministro ordenado en la Associate Reformed Presbyterian Church (Iglesia Presbiteriana Reformada Asociada). Es el maestro de la serie de enseñanza de Ligonier Exploring Islam y autor de What’s Your Worldview?

Garantía definitiva

Viernes 28 Enero

¡Oh profundidad de las riquezas de la sabiduría y de la ciencia de Dios!… Porque de él, y por él, y para él, son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén.Romanos 11:3336

Todas las cosas en él subsisten.Colosenses 1:17

Garantía definitiva

Durante la crisis financiera mundial que empezó en 2008, entidades bancarias con dificultades tuvieron que apelar a la garantía del Estado para no quebrarse. Más tarde, los mismos Estados debieron recurrir a instituciones internacionales para evitar la bancarrota. ¿Y después? ¿Dónde está la garantía definitiva? Tenemos razones para preocuparnos cuando pensamos en ello.

Además, podemos preguntarnos quién garantiza la existencia de nuestro mundo, de nuestra sociedad, de nuestras vidas. La Biblia nos da las respuestas.

 – ¿Quién impide que el universo se destruya? “El Hijo (Jesús)… sustenta todas las cosas con la palabra de su poder” (Hebreos 1:2-3).

 – ¿Quién tiene en su mano el futuro del mundo? “Él (Jesús) es Señor de señores y Rey de reyes” (Apocalipsis 17:14).

 – ¿Quién mantiene con vida a todo ser viviente? “Si él pusiese sobre el hombre su corazón, y recogiese así su espíritu y su aliento, toda carne perecería juntamente, y el hombre volvería al polvo” (Job 34:14-15).

 – ¿Quién puede dar la vida eterna? “Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).¿A quién pues acudir? Tu voz de encantos llenaNos dice: “No temáis, siempre confiad en Mí”;Consuelo Tú nos das, de gozo el alma plena;¿A quién pues acudir, ¡oh Jesús!, sino a Ti?Himnos & Cánticos, nº 127 v. 4

Génesis 31 – Mateo 18:1-14 – Salmo 18:1-6 – Proverbios 5:21-23

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tesis #21 – Como el predicador trate la Palabra de Dios, así trataran las ovejas Su revelación

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 21

Como el predicador trate la Palabra de Dios, así trataran las ovejas Su revelación

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

GRACIA ACTIVA

El valle de la visión

Oraciones Puritanas

GRACIA ACTIVA
¡Oh Dios!
Que Tu Espíritu hable en mí para que yo hable contigo. Oh Señor Jesús,
Gran Sumo Sacerdote, Tú abriste un camino nuevo y viviente por el cual
una criatura caída puede acercarse a Ti y ser aceptado.
Ayúdame a contemplar la dignidad de Tu persona, la perfección de Tu
sacrificio, la eficacia de Tu intercesión.
¡Oh, qué bendición acompaña la devoción, cuando todas las pruebas que
me fatigan, los cuidados que me corroen, los miedos que me perturban, las
debilidades que me oprimen, pueda entonces yo venir a Ti en mi necesidad
y sentir la paz que sobrepasa todo entendimiento!
La gracia que restaura es necesaria para preservar, orientar, guardar, y
proporcionar ayuda. Y aquí Tus santos alientan mi esperanza; ellos eran
pobres y ahora son ricos, atados y ahora están libres, probados y ahora
están victoriosos.
Cada nuevo llamado al deber exige más gracia de la que yo ahora poseo, pero
no más de la que se encuentra en Ti, tesoro Divino en quien habita toda la
plenitud. Para Ti yo Miro, por Gracia sobre Gracia, hasta que cada vacío
hecho por el pecado sea repuesto y yo sea lleno de toda Tu plenitud.
Que mis deseos sean ampliados y mis esperanzas alentadas, para que yo
pueda honrarte por toda mi dependencia y la grandeza de mi expectativa.
Quédate conmigo y prepáreme para todas las sonrisas de la prosperidad,
para las carencias de la adversidad, para la pérdida de bienes, para la
muerte de los amigos, para los días de oscuridad, para los cambios de la
vida, y para el último y más importante cambio de todos. Que yo pueda
encontrar Tu gracia suficiente para todas mis necesidades.

La vida cristiana y el mandato ético

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La ética cristiana

La vida cristiana y el mandato ético
Por Cory Brock

Nota del editor: Este es el cuarto capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana

cristiano al sustantivo vida, hacemos un enorme anuncio: la resurrección de Jesucristo determina ahora cómo debemos vivir. Eso significa que la fe en Jesucristo, forjada por el Espíritu, cambia nuestras acciones. Pero cuando Cristo nos llama, no es fácil entender cómo ha de cambiar exactamente nuestra vida. ¿Cómo, entonces, debemos vivir?

EL MANDATO ÉTICO CRISTIANO

¿Qué queremos decir cuando decimos «mandato ético»? La ética es la reflexión sobre cómo se debe vivir la vida. Si hay un mandato ético, hay un mandato que nos dice lo que significa vivir la buena vida. Si hay un mandamiento, significa que hay un dador de ese mandamiento. Esta confesión sencilla se opone a la modernidad, que confiesa que los bienes morales no son reales, sino construidos socialmente. Sin embargo, los cristianos saben que el Dios trino es el dador de los mandatos. En la encarnación, Dios viene al mundo y nos muestra una vida verdaderamente buena. Mirando la vida de Cristo en los Evangelios, no es difícil afirmar con precisión lo que Dios exige de nosotros. Jesús afirmó las palabras del intérprete de la ley en Lucas 10:27: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón… alma… fuerza… y mente, y a tu prójimo como a ti mismo». En Juan 13:34, Él da un «mandamiento nuevo»: «que os améis los unos a los otros». El mandato ético de la vida centrada en Cristo es amar a Dios y amar a los demás con todo nuestro ser.

Sin embargo, observa que este mandato del nuevo pacto no es totalmente nuevo. Dios pronunció este mandamiento en Deuteronomio 6:5 y en Levítico 19:18. De hecho, el mandato de amar a Dios con todo nuestro ser y de amar a las personas no solo es bíblico, sino que también se muestra en la revelación universal de Dios al mundo. Ser humano es ser una criatura hecha por Dios y llamada por Dios a vivir una vida perfecta de amor. Dios dirige este mandamiento a cada ser humano en la conciencia, donde todos somos acusados. Forma parte de lo que Juan Calvino llamó el sentido de lo divino.

Sin embargo, aunque este mandamiento es muy antiguo, hay algo nuevo en él a la luz de la venida de Cristo. Es una ética cristiana. Como afirma Oliver O’Donovan: «La creencia en la ética cristiana es la creencia de que ciertos juicios éticos y morales pertenecen al propio evangelio». ¿Qué hay de «nuevo» en este antiguo mandamiento? La novedad del mandamiento se encuentra en que el propio ser y actuar de Jesucristo, Su persona y obra, revelan la definición de este amor. Este amor es agapē. Bíblicamente, agapē es el amor expresado a personas que no lo merecen: «Pero Dios demuestra su amor [agapē] para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rom 5:8). El agapē paga un precio: «Nadie tiene un amor mayor que este: que uno dé su vida por sus amigos» (Jn 15:13). El agapē ama hasta el final: «Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Jn 3:16). El agapē encierra todas las virtudes: «El amor es paciente, es bondadoso…» (1 Co 13:4).

Solo el corazón transformado por el Espíritu puede ejercer este amor definido por Cristo, porque Cristo nos reconcilia con Dios y con el prójimo, e incluso recompone las piezas rotas de nuestro propio ser. El mandato ético es revestirse del agapē de Cristo porque fuimos amados por Cristo hasta el final.

EL MINISTERIO CRISTIANO

Podemos ser más precisos sobre nuestro llamado a amar a Dios y al prójimo. El cristiano está llamado a ser testigo: a dar testimonio del reino de Dios en Jerusalén, Judea, Samaria y hasta los confines de la tierra. Los milagros de Jesús apuntan a un mundo futuro, una vida sin ceguera, sordera, hambre ni muerte. También nosotros tenemos un llamado. Nuestro testimonio no es contra la situación natural del mundo, sino contra los estilos de vida y las consecuencias de un mundo lleno de pecado. Amar a Dios y al prójimo con todo nuestro ser significa, en primer lugar, administrar el evangelio mismo. Hay una primacía en nuestro llamado ético a hablar del evangelio a los demás. Nuestra ética también incluye dar testimonio con nuestras obras.

Vemos la unión del ministerio de las palabras y de las obras presente en la vida de Cristo y en la vida de la primera iglesia a lo largo del libro de los Hechos. La vida cristiana consiste en el testimonio de la proclamación del evangelio, la nueva obediencia, la hospitalidad radical y las obras de misericordia, llevadas por el Espíritu, a través de los medios de la gracia. Esto es lo que significa ser sal y luz para el mundo, o la levadura de Cristo que fermenta toda la masa. Como dijo Pablo, «la piedad es provechosa para todo» (1 Tim 4:8).
La religión verdadera habla la Palabra del evangelio, porque una vida de amor sin Palabra no es en absoluto una buena noticia, sino apenas una ayuda temporal para problemas temporales. Sin embargo, la religión verdadera da testimonio de ese evangelio con actos de amor y obediencia: «visitar a los huérfanos y a las viudas en sus aflicciones, y guardarse sin mancha del mundo» (Stg 1:27).

LA SABIDURÍA CRISTIANA

¿Qué pasa con el resto de la vida, donde no estamos activamente comprometidos con el ministerio cristiano obvio y donde no tenemos un mandato bíblico directo que nos diga exactamente qué hacer? La respuesta es que tenemos que pedirle a Dios sabiduría. Los libros de Proverbios y Santiago son libros de sabiduría, que nos llaman a ser «hacedores de la palabra» en todo momento. ¿Cómo podemos ser «hacedores» de la Palabra en todo momento? La Biblia no nos dice con precisión cómo amar a Dios y al prójimo en todas las circunstancias posibles de nuestra vida. Nuestras acciones en estas circunstancias pueden glorificar a Dios o no hacerlo.

La sabiduría cristiana es la capacidad forjada por el Espíritu de aplicar con habilidad la Palabra de Dios, y sus principios morales en particular, a todas las circunstancias de la vida. La sabiduría crece si estamos continuamente en comunión con Dios y nos esforzamos por aplicar la visión cristiana del mundo y de la vida a todos los ámbitos. En 1 Corintios 1:24 se afirma que el Hijo de Dios es la sabiduría de Dios, Aquel por el que se sostiene toda la creación, todo el orden moral y todo ser. La sabiduría es una persona. Necesitamos a la persona de Cristo —todo Cristo— si queremos ser sabios. Y, cuando actuamos con sabiduría como criaturas en este mundo, nos revestimos cada vez más de la mente de Cristo. En otras palabras, cuando buscamos el bien tal y como Dios lo ha definido, aprendemos cada vez más a «pensar los pensamientos de Dios según Él» y a actuar en amor como Cristo nos amó.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Cory Brock
Cory Brock

El Dr. Cory Brock es pastor de jóvenes adultos y universitarios en la First Presbyterian Church de Jackson, Mississippi. Es profesor invitado en la Belhaven University y en el Reformed Theological Seminary de Jackson. Es autor de Orthodox yet Modern: Herman Bavinck’s Use of Friedrich Schleiermacher [Ortodoxo pero moderno: Herman Bavinck y el uso de las ideas de Friedrich Schleiermacher] y coeditor y traductor de Herman Bavinck’s Christian Worldview [La cosmovisión cristiana de Herman Bavinck].

¿Hay un “buen Dios”?

Jueves 27 Enero

Dios es amor.1 Juan 4:8 Justicia y juicio son el cimiento de tu trono.Salmo 89:14 Dios es juez justo.Salmo 7:11

¿Hay un “buen Dios”?

¡Quizás esta pregunta nos sorprenda en un calendario cristiano! Sin embargo, ese “buen Dios” del que hablan algunos cristianos no es más que pura invención. Ese buen Dios, con un corazón tan tierno que no podría castigar a los culpables con el pretexto de que él es amor, ¡no existe!

Un Dios indulgente que cierra los ojos y pasa por alto la maldad de los hombres está en absoluta contradicción con lo que la Biblia dice.

El Dios que ella nos revela es infinitamente bueno, pero también absolutamente justo y santo. Dios no es un Dios tolerante y comprensivo cuando se trata del pecado que él aborrece. Hablar solo de su bondad para considerarlo como un Dios indulgente y sin exigencia es violar su justicia y ultrajar su santidad.

Lea la Biblia y descubrirá que su justicia es inflexible y que no acepta ninguna excepción. Pero también verá cómo su bondad sobrepasa lo que usted ha imaginado hasta ahora.

Dios no tiene por inocente al culpable, pero su amor nos conmueve; dio a su propio Hijo, a quien ama con un amor eterno, para satisfacer enteramente su justicia, haciéndole llevar el castigo que nosotros merecíamos, para liberarnos de la condenación eterna. Él mismo encontró el medio para conciliar perfectamente su gracia y su santidad.

Lector, tanto usted como yo necesitamos a ese Dios. Si hasta ahora usted creyó más o menos en “un buen Dios”, olvide esta falsa concepción y vaya a él sin temor. ¡Él es el Dios Salvador!

Génesis 30 – Mateo 17 – Salmo 17:10-15 – Proverbios 5:15-20

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Tesis #20 – El propósito primario de la Palabra no es información, sino transformación del corazón

Ministerios Integridad & Sabiduría

Tesis # 20

 Tesis #20 – El propósito primario de la Palabra no es información, sino transformación del corazón

95 Tesis para la iglesia evangélica de hoy

Miguel Nuñez

Miguel Núñez

Es miembro del concilio de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puede encontrarlo en Twitter.

Una producción de Ministerios Integridad & Sabiduría

¿Quiénes son los Testigos de Jehová?

Coalición por el Evangelio

¿Quiénes son los Testigos de Jehová?

Preguntas Bíblicas

 ERIC ABISROR

Nota del editor: Este artículo es la adaptación de un episodio de podcast publicado originalmente en Teología en tu vida.

Los Testigos de Jehová son una secta o grupo religioso que empezó en los Estados Unidos en el año 1870. Se reúnen en edificios que ellos llaman «salón del reino de los Testigos de Jehová» y promueven doctrinas que atentan contra la enseñanza bíblica sobre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, entre otras.

Su fundador fue Charles Taze Russell, quien nació y murió en los Estados Unidos (1852-1916). Russell comenzó a estudiar la Escritura a los 18 años y terminó por afirmar que la Biblia solo podía entenderse de acuerdo con las interpretaciones particulares que él proponía. Además, tuvo problemas para aceptar las doctrinas bíblicas sobre el infierno eterno y la deidad de Cristo.

La «biblia» que usan los Testigos de Jehová

Los Testigos de Jehová intentan justificar sus creencias al usar su propia versión alterada de la Biblia. Ellos creen que todas las versiones de la Biblia que los cristianos tenemos corrompieron su contenido. Es por eso que hicieron su propia traducción de la Biblia, conocida como la «Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras». Sin embargo, los supuestos traductores de esta versión han alterado muchos versículos, hasta el punto de que cambian el significado original del mensaje de la Biblia sobre doctrinas de primer orden.

Por ejemplo, al inicio del Evangelio de Juan vemos una frase muy importante sobre la divinidad de Jesús:

«En el principio ya existía el Verbo (la Palabra), y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios» (Juan 1:1, NBLA).

Pero la versión errónea de la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras dice:

«En [el] principio la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era un dios» (Juan 1:1; cursiva añadida).

Al leer esta traducción, puedes ver cómo cambia el significado de una doctrina esencial: la divinidad de Cristo, al minimizarlo a un dios pequeño. Esta doctrina promovida por los Testigos de Jehová atenta contra la evidencia bíblica de que Cristo es Dios y que es preexistente; verdades negadas por los Testigos, pero respaldadas por la Biblia (p. ej., Col 1:15-20He 1:8-10).

El «dios» de los Testigos de Jehová

Esto plantea una pregunta: ¿Cómo los Testigos de Jehová entienden la frase «hay un solo Dios»? Veamos un ejemplo en el libro de Isaías: «Acuérdense de las cosas anteriores ya pasadas, porque yo soy Dios, y no hay otro; yo soy Dios, y no hay ninguno como yo» (Is 46:9, NBLA).

La cita anterior lleva a los Testigos de Jehová a creer que Jehová es la única forma correcta para llamar a Dios. Sin embargo, la Biblia registra algo muy diferente sobre los nombres de Dios. Varios personajes bíblicos hablaron del Señor usando varios nombres. Por ejemplo, el escritor de Génesis 1:1 usó el nombre hebreo «Elohim», aunque en nuestras versiones en español no se ve esta diferencia. En el Salmo 8:1, el salmista usó el nombre hebreo «Adonai». También, leemos en el Nuevo Testamento que a Dios se le confieren títulos, tales como «Padre» (p. ej., Mt 6:9Ro 1:71 Co 1:3).

Los Testigos de Jehová y la Trinidad

Al mismo tiempo, los Testigos de Jehová no tienen un entendimiento correcto sobre la doctrina de la Trinidad, porque no creen que esta doctrina sea bíblica. Ellos argumentan que no aceptan esta doctrina porque la Biblia no menciona esta palabra y porque el énfasis de ellos está en que hay «un solo Dios».

Lo que ellos mencionan es cierto; la palabra Trinidad no está en la Biblia y también hay un solo Dios. Pero como hablé con más detalle en un artículo sobre la Trinidad, la Biblia nos cuenta cómo es que hay un solo Dios en tres Personas. Los cristianos creemos que el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres personas distintas.

La salvación en la que creen

Los Testigos creen que una persona puede obtener la salvación por fe en Cristo, pero también al pertenecer a su grupo y obedecer sus reglas. Como en otras religiones, en esta secta vemos que creen en la salvación como resultado de una combinación de fe y obras.

Sin embargo, los cristianos creemos que la salvación es un regalo de Dios que recibimos por la fe en Cristo (Ef 2:8-10). No hay obras que podamos hacer para alcanzar la salvación en Cristo (Ro 3:20). Creemos que las obras que los cristianos producen en sus vidas son un resultado directo de la salvación que recibimos en Cristo.

El «Cristo» de los Testigos de Jehová

Además, ellos creen que Cristo ya regresó al mundo en un evento espiritual e invisible. También creen que Jesús fue creado por Jehová y, por lo tanto, Cristo es «un dios», pero no como Jehová. 

Sin embargo, la Biblia es clara al afirmar que la segunda venida de Cristo será un evento físico, con muchas señales y maravillas. En otras palabras, la gente sabrá cuando Cristo regrese.

Palabras finales

Hay aproximadamente ocho millones de Testigos de Jehová, los cuales pertenecen a una secta que enseña falsas doctrinas antiguas. Lo más lamentable es que ellos viven sin esperanza verdadera, y no tienen la herencia y salvación que solo viene por la fe en Cristo.

La teología importa mucho en nuestras vidas y las doctrinas falsas tienen consecuencias eternas. Esforcémonos en comprender mejor nuestras doctrinas esenciales para compartir la Palabra con fidelidad.

Eric Abisror vive en Córdoba, Argentina con su esposa Danica y sus cinco hijos. Eric es misionero de Alcanzando y Capacitando, consejero bíblico certificado con ACBC y profesor en el Seminario William Carey. Actualmente, está haciendo un doctorado en consejería bíblica en el Seminario Midwestern. Puedes escucharlo en su podcast: Teología en tu vida.

La imagen de Dios y la ética cristiana

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La ética cristiana

La imagen de Dios y la ética cristiana

Por J.V. Fesko

Nota del editor: Este es el tercer capítulo en la serie de artículos de Tabletalk Magazine: La ética cristiana

l relativismo ético parece haber fracturado nuestra cultura en millones de islas aisladas en las que cada uno hace lo que le parece correcto. En este mundo moldeado por la tecnología, la gente crea reinos virtuales adaptados a sus intereses y ha extendido esta mentalidad al mundo real al crear su propia moralidad.

Sin embargo, la Biblia nos enseña que Dios ha creado a todos los seres humanos a Su imagen, lo que significa que compartimos este vínculo dado por Dios. Uno de los elementos característicos de llevar la imagen de Dios es que Él ha inscrito Su ley moral en el corazón de todos los seres humanos; en última instancia, todos compartimos la misma moral y ética dadas por Dios, aunque las personas no regeneradas las supriman. Podemos explorar esta verdad examinando, en primer lugar, lo que la Biblia tiene que decir sobre el ser portadores de la imagen. En segundo lugar, reflexionaremos sobre la teología de nuestra norma ética comúnmente compartida. Y en tercer lugar, pensaremos en las implicancias de lo que significa tener la ley de Dios inscrita en nuestros corazones. ¿Podemos interactuar con nuestros vecinos sobre la base de este conocimiento ético comúnmente compartido?

LO QUE LA BIBLIA DICE

En la creación, Dios coronó Su obra con los seres humanos, portadores de Su imagen. La triple repetición de la imagen de Adán y Eva señala la importancia de la acción de Dios: «Y dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza… Creó, pues, Dios al hombre imagen suya, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Gn 1:26-27, énfasis añadido). Que los seres humanos fueron creados a imagen de Dios significa que se parecen a Dios en muchos aspectos. Esto no quiere decir que los seres humanos se parezcan físicamente a Dios, pues Él es un espíritu y no tiene cuerpo (Jn 4:24). Sin embargo, los seres humanos reflejan los atributos de Dios, como la santidad, la sabiduría, el poder, el conocimiento y la justicia. Llevamos estos atributos a nivel de creaturas y de manera analógica. La conexión entre similitud y ser portadores de Su imagen aparece en Génesis 5:3, donde leemos que Adán «engendró un hijo a su semejanza, conforme a su imagen». Génesis señala de forma sutil pero sorprendente que todos los humanos son hijos de Dios porque llevan Su imagen y semejanza. El hecho de que Dios haya investido a los humanos con Su imagen no es poca cosa, ya que el salmista lo caracteriza como una tremenda bendición:

Cuando veo tus cielos, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que tú has establecido,
digo: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes,
y el hijo del hombre para que lo cuides?
¡Sin embargo, lo has hecho un poco menor que los ángeles,
y lo coronas de gloria y majestad!
Tú le haces señorear sobre las obras de tus manos;
todo lo has puesto bajo sus pies (Sal 8:3-6).

TEOLOGÍA Y ÉTICA

Cuando reunimos estos datos bíblicos para formular nuestra comprensión teológica de la relación entre ser portadores de Su imagen y la ética, salen a la luz grandes verdades. Debemos considerar a los seres humanos en el contexto más amplio de la creación para apreciar la naturaleza de lo que implica ser portadores de Su imagen. Juan Calvino caracterizó la creación como un espejo de la divinidad de Dios, discernible desde la arquitectura del mundo. Calvino tenía en mente pasajes como estos: «Porque desde la creación del mundo, sus atributos invisibles, su eterno poder y divinidad, se han visto con toda claridad, siendo entendidos por medio de lo creado, de manera que no tienen excusa» (Rom 1:20) y «Los cielos proclaman la gloria de Dios y la expansión anuncia la obra de sus manos» (Sal 19:1). En particular, el salmista pasa de la creación más amplia a la ley de Dios: «La ley del SEÑOR es perfecta, que restaura el alma» (v. 7). La creación y la ley de Dios van de la mano, pues la creación refleja el ser y los atributos de Dios. Lo que es cierto de la creación mayor es también cierto de los seres humanos. Según Calvino, el ser humano es una creación microcósmica que refleja al Creador. Tanto la creación macrocósmica como la microcósmica reflejan a su Creador. Herman Bavinck afirma que toda criatura es una encarnación del pensamiento divino, pero los seres humanos en particular son la más rica autorrevelación de Dios, ya que solo ellos llevan Su imagen divina.

Una imagen de la relación estrecha entre el ser portadores de Su imagen y la ley aparece en los templos de Dios. Tanto en el tabernáculo del desierto como en el templo salomónico, el arca del pacto descansaba en el lugar santísimo. ¿Y qué contenía el arca? La vara de Aarón, una vasija de maná y las «tablas del pacto», la ley (Ex 16:33-3425:16Nm 17:101 Re 8:92 Cr 5:10Heb 9:4). El último templo de Dios también contiene Su ley: Su morada final es la Iglesia, el pueblo de Dios. Nuestros cuerpos individualmente son el templo del Espíritu Santo (1 Co 6:19), y colectivamente el pueblo de Dios es el «templo del Señor», «edificados sobre el fundamento de los apóstoles y profetas, siendo Cristo Jesús mismo la piedra angular» (Ef 2:20-21). Cuando Dios redime a Su pueblo, lo incorpora a Su templo, la Iglesia, y escribe Su ley en sus corazones (Jer 31:33Heb 8:1010:16). Pero cuando Dios redime a los pecadores, no escribe una ley diferente en sus corazones, sino que restaura el conocimiento de Su ley al eliminar las manchas y la distorsión del pecado y les da un corazón nuevo. En otras palabras, en la redención Él recrea Su imagen y el conocimiento de Su ley en los corazones de los creyentes.

Pablo testifica del hecho de que todos los seres humanos poseen el conocimiento de la ley de Dios en virtud de su condición de portadores de Su imagen. En Romanos describe a los judíos como aquellos que tienen la ley de Dios, el Decálogo. Israel estuvo al pie del Sinaí y recibió la ley de Dios. Por el contrario, los gentiles, que no tienen la ley del Sinaí, «cumplen por instinto [o «por naturaleza», según otras traducciones] los dictados de la ley, ellos, no teniendo la ley, son una ley para sí mismos» (Rom 2:14). Nota que Pablo dice que los gentiles por naturaleza —es decir, en virtud de su creación, de su condición de portadores de la imagen— hacen lo que la ley del Sinaí exige. ¿Cómo es eso? Ellos «muestran la obra de la ley escrita en sus corazones» (v. 15). Los gentiles no se pararon al pie del Sinaí para recibir la ley, pero Dios ha escrito Su ley en sus corazones (aquí se hace referencia a ella como a la «obra de la ley», para distinguirla de la ley recibida en el Sinaí). Los gentiles saben que deben adorar y honrar a Dios; honrar a los padres; no cometer asesinato, adulterio, robo o engaño; y no codiciar. Aunque todos los humanos han sufrido los efectos nocivos del pecado de Adán en todo su ser, todavía queda un grado suficiente de conocimiento de la ley de Dios que permite a los no creyentes conocer la diferencia entre el bien y el mal. Pablo explica que las conciencias de los gentiles dan «testimonio, y sus pensamientos acusándolos unas veces y otras defendiendolos» (v. 15). Piensa, por ejemplo, en cuando Abraham permitió que Abimelec se llevara a Sara a su harén. Dios le advirtió a Abimelec que, sin saberlo, había tomado a la esposa de Abraham (Gn 20:2-3). Cuando el rey gentil se enfrentó a Abraham, le dijo: «me has hecho cosas que no se deben hacer» (v. 9). Aquí el pagano mostró mayor moralidad que Abraham, uno que fue salvado por Dios. Lo mismo puede decirse de los corintios, que se jactaban de un tipo de inmoralidad sexual «tal como no existe ni siquiera entre los gentiles, al extremo de que alguno tiene la mujer de su padre» (1 Co 5:1). Una vez más, los paganos practicaban una moral mejor que la de los cristianos corintios.

SIGNIFICADO

Teniendo en cuenta estos datos bíblicos y esta reflexión teológica, podemos concluir que los cristianos comparten un punto de contacto ético con los no creyentes. En virtud de nuestra creación a imagen y semejanza de Dios, no somos pizarras en blanco, como afirmaba John Locke, sino que tenemos la ley de Dios escrita en nuestros corazones. Lo que C.S. Lewis llamó en su día el Tao (el principio absoluto que sustenta el universo) o la ley natural que existe en cada ser humano. Lewis sostiene que ciertas actitudes son genuinas y otras son totalmente falsas. Los pueblos, a lo largo de la historia y en todo el mundo, comparten los mismos valores morales colectivos básicos. Usando las gafas de la Escritura para asegurarnos de que leemos correctamente la ley natural de Dios, podemos comprometernos con nuestros vecinos en tareas creativas comunes, sabiendo que tenemos un conocimiento ético compartido. También tenemos un punto de contacto con los incrédulos cuando evangelizamos y defendemos el evangelio frente a la incredulidad. Cuando apelamos a este conocimiento ético compartido, no capitulamos ante un razonamiento humano pecaminoso ni ante una norma moral humana, sino que apelamos a la ley de Dios escrita en el corazón de todas las personas.


Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
J.V. Fesko
J.V. Fesko

El Dr. J.V. Fesko es decano académico y profesor de Teología Sistemática y Teología Histórica en el Seminario Teológico Reformado en Jackson, Misisipi, Estados Unidos de América. Es autor de numerosos libros, incluyendo Reforming Apologetics [Reformando la apologética] y Word, Water, and Spirit [Palabra, agua y Espíritu].