En esencia, la «hipocresía» se refiere al acto de afirmar creer en algo, pero actuar de una manera diferente. La palabra bíblica se deriva del término griego que se usa para «actor» (literalmente, «uno que usa una máscara»), en otras palabras, alguien que finge ser lo que no es.
La biblia considera la hipocresía un pecado. Hay dos formas en que se puede presentar la hipocresía: La hipocresía que dice creer en algo y luego actuar de manera contraria a esa creencia, y la hipocresía de mirar por encima del hombro a los demás sabiendo que nosotros mismos somos imperfectos.
El profeta Isaías denunció la hipocresía en su tiempo: «Dice, pues, el Señor: Porque este pueblo se acerca a mí con su boca, y con sus labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado» (Isaías 29:13). Siglos más tarde, Jesús citó este versículo, apuntando a la misma condenación de los líderes religiosos de Su día (Mateo 15:8-9). Juan el Bautista llamó «generación de víboras» a las multitudes hipócritas que venían a él para ser bautizadas, y les advirtió que «produjeran frutos dignos de arrepentimiento» (ver Lucas 3:7-9). Jesús igualmente tomó una postura firme contra la santurronería; llamó a los hipócritas «lobos vestidos de ovejas» (Mateo 7:15), «sepulcros blanqueados» (Mateo 23:27), «serpientes» y «generación de víboras» (Mateo 23:33).
No podemos decir que amamos a Dios si no amamos a nuestros hermanos (1 Juan 2:9). El amor debe ser «sin fingimiento» (Romanos 12:9). Un hipócrita puede parecer justo externamente, pero es una fachada. La verdadera justicia proviene de la transformación interna del Espíritu Santo y no de un ajuste externo a un conjunto de reglas (Mateo 23:5; 2 Corintios 3:8).
Jesús abordó la otra forma de hipocresía en el sermón del monte: «¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano» (Mateo 7:3-5). Jesús no está enseñando en contra del discernimiento o de ayudar a otros a vencer el pecado; al contrario, Él nos está diciendo que no seamos tan orgullosos y convencidos de nuestra propia bondad, al punto de criticar a los demás desde una posición de arrogancia. Deberíamos hacer una introspección primero y corregir nuestros propios defectos antes de ver la «paja» en los demás (cf. Romanos 2:1).
Jesús en Su ministerio terrenal tuvo muchos enfrentamientos con los líderes religiosos de la época, los fariseos. Estos hombres eran bien versados en las escrituras y celosos para cumplir cada letra de la ley (Hechos 26:5). Sin embargo, al adherirse al cumplimiento de la ley, buscaban activamente deficiencias que les permitía quebrantar el espíritu de la ley. Asimismo, mostraron una falta de compasión hacia sus semejantes y a menudo demostraban en exceso su supuesta espiritualidad con el fin de recibir elogios (Mateo 23:5-7; Lucas 18:11). Jesús denunció su comportamiento en términos muy claros, señalando que «la justicia, la misericordia y la fe» son más importantes que buscar una perfección basada en estándares incorrectos (Mateo 23:23). Jesús dejó en claro que el problema no era con la ley, sino con la forma en que los fariseos la implementaron (Mateo 23:2-3). Hoy en día, la palabra fariseo se ha convertido en sinónimo de hipócrita.
Debe notarse que la hipocresía no es lo mismo que tomar una posición contra el pecado. Por ejemplo, no es hipocresía enseñar que la embriaguez es un pecado, a menos que el que enseña contra la embriaguez se emborracha todos los fines de semana, eso sería hipocresía.
Como hijos de Dios, estamos llamados a esforzarnos por la santidad (1 Pedro 1:16). Debemos «aborrecer lo malo» y «seguir lo bueno» (Romanos 12:9). Nunca debemos insinuar una aceptación del pecado, especialmente en nuestras propias vidas. Todo lo que hacemos debe ser coherente con lo que creemos y lo que somos en Cristo. La actuación es para el teatro, no para la vida real.
Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma
Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados
Existe falta de piedad intensa en muchas de las iglesias
Charles Spurgeon
Otra de nuestras dificultades estriba en la falta de piedad intensa en muchas de las iglesias. Gran número de hermanos y hermanas viven hoy día, en alto grado, para la gloria de Dios. Doy gracias a Dios de que hay actualmente tanta actividad santificada y consagración del corazón como en cualquier período anterior de la historia de la Iglesia cristiana. Entre nosotros hay hombres y mujeres cuyos nombres pasarán a la posteridad como ejemplos de devoción. Dios no se ha dejado a sí mismo sin testimonio.
Pero, ¿os dais cuenta de cuán superficial es la religión de la casa de los que la profesan? ¿Cuántos siervos podrían vivir en familias que se llaman cristianas sin percibir diferencia alguna entre estas casas y las de los del mundo? ¿No es cierto que la oración en familia se descuida en muchos casos? ¿No es cierto que tenemos miembros que jamás son vistos en las reuniones de oración? Al hacer preguntas, ¿no descubrís que los acomodados no pudieron asistir porque la hora de la cena es la misma que la de la reunión de oración? Sin duda serán más cuidadosos en adorar a su dios favorito. En otros casos, descubriréis que las personas ocupadas, que no pudieron ir a orar, no tuvieron dificultades para asistir a un concierto.
Las cenas en restaurantes y las reuniones musicales son ceremonias más importantes para muchos que la ofrenda de oración a Dios. ¿Acaso no nos encontramos con oficiales de iglesia que dicen abiertamente no sentir interés por algo tan anticuado como las reuniones de oración?Éste es un lamentable signo de decadencia, y se observa frecuentemente. Nuestras iglesias podrán causar muchas penas a sus pastores; pero, en la mayor parte de los casos, los pastores mismos se han rebelado tanto que no les importa tampoco.
En cuanto a los ministros, muchos miembros de iglesia son indiferentes tocante a la piedad personal del predicador; lo que desean es talento o inteligencia. Ya no importa lo que predica; ha de atraer una multitud, o complacer a la élite, y eso basta. La inteligencia es lo principal. Se diría que buscaban un prestidigitador y no un pastor. Tanto si predica la verdad como el error, el hombrees admirado en tanto que sepa hablar con locuacidad y conservar la reputación de orador. Si tuviéramos piedad más genuina en los miembros y los diáconos, los farsantes pronto se llevarían sus mercaderías a otros mercados.
Pero me temo que ha habido gran relajación en la admisión de miembros, y la calidad de nuestras iglesias se ha mancillado y quedado sin buenos fundamentos a causa de las «multitudes mixtas», en medio de las cuales toda clase de males encuentra asilo acogedor. ¡Desdichado el líder en cuyo campamento hay un Acán! ¡Mejor fuera que Demas nos abandonase, y no que viviera con nosotros, e importara el mundo a la iglesia! ¡Cuántos ministros son débiles para la guerra por no estar sostenidos por una congregación piadosa, y sus manos no pueden ser ayudadas por hermanos que oran!
Fragmentos tomados del libro “Un ministerio ideal” p. 313 – 314 el cual recopila varios sermones del pastor Spurgeon dictados en la Conferencia Anual de ministros.
Este artículo es una adaptación de A Christian Guide to Mental Illness: Answers to 30 Common Questions (Guía cristiana para las enfermedades mentales: respuestas a 30 preguntas comunes) de Tom Karel y David Murray. Traducido por el equipo Ezer con autorización de crossway.org
Causas de las enfermedades mentales
Algunos cristianos creen que los cristianos no pueden tener enfermedades mentales. Si un cristiano profesante está deprimido, ansioso o bipolar, piensa que es porque no es un verdadero cristiano, o que hay algún pecado terrible del que no se ha arrepentido, o que necesita arrepentirse de la depresión o cualquiera que sea el problema. Casi la mitad (48 por ciento) de los evangélicos creen que las enfermedades mentales graves se pueden superar solo con la oración y el estudio de la Biblia. 1
El resultado de esta condena de las enfermedades mentales como pecado es que muchos cristianos no admiten que tienen una enfermedad mental, no hablan de ello y no buscan ayuda. Si se acercan, a menudo se volverán al mundo secular en lugar de a la iglesia, porque sienten que allí obtendrán más comprensión, simpatía y ayuda. Sin embargo, los enfoques seculares a veces pueden conducir a más dificultades y complicaciones espirituales. Si queremos superar estos desafíos, necesitamos entender tres razones por las que los cristianos pueden sufrir de enfermedades mentales.
Los cristianos pueden tener enfermedades mentales simplemente porque son humanos
Los cristianos tienen cuerpos rotos. El cuerpo de un cristiano está tan caído y débil como el cuerpo de cualquier otra persona. Eso significa que pueden tener ataques cardíacos, diabetes, Alzheimer y, sí, enfermedades mentales. Sus cerebros pueden romperse, su química y electricidad pueden funcionar mal, sus hormonas pueden estar desequilibradas, etc.
Los cristianos viven en un mundo quebrantado. Los cristianos no están protegidos de los efectos de vivir en un mundo caído. Tenemos accidentes, nos maltratan, nos hacen daño, nos mienten. La gente nos lastima, algunos intencionalmente, otros sin querer. Vemos y escuchamos eventos e historias tristes y dolorosas que nos traumatizan. Perdemos a seres queridos. Nuestras familias se separan. Se ha demostrado que el trauma cambia la forma, el tamaño y la funcionalidad del cerebro y otros sistemas corporales que están relacionados con la forma en que pensamos y sentimos.
Los cristianos se estresan. Estamos diseñados para funcionar durante períodos cortos de tiempo bajo alto estrés y luego volver a un funcionamiento tranquilo y más relajado. Pero cuando nuestros cuerpos y mentes están bajo estrés durante largos períodos de tiempo, nuestro sistema de respuesta al estrés dado por Dios (nuestro «sistema de respuesta de lucha o huida», como se señaló anteriormente) puede funcionar mal. Cuando nos enfrentamos a algún tipo de amenaza (real o percibida, física o emocional), una pequeña estructura en la parte posterior de nuestro cerebro (la amígdala) toma el control para responder y sobrevivir a la amenaza percibida. Esto funciona muy bien cuando nos enfrentamos a una amenaza externa (por ejemplo, un animal peligroso). Nuestros cuerpos responden, como fueron diseñados, para eliminar o retirarse de la amenaza. O luchamos para ponernos a salvo o huimos de la amenaza. Una vez que hemos llegado a un lugar seguro, la función de supervivencia de la amígdala ya no es necesaria y se relaja; Ahora la parte frontal del cerebro (el pensamiento racional y tranquilo) puede volver a tomar el control; El cuerpo y el cerebro pueden relajarse.
Sin embargo, cuando una persona se siente bajo una amenaza constante, cuando no hay alivio de la amenaza, el estrés o la presión, la amígdala permanece activada. Se apodera de los centros de placer del cuerpo y el cerebro (sistema límbico), produciendo cantidades excesivas y continuas de las sustancias químicas del estrés, la adrenalina y el cortisol. Eventualmente, estas sustancias químicas atacan los órganos internos y la salud general de la persona. Si bien estos productos químicos están bien en dosis cortas y pequeñas, cuando se mantienen durante mucho tiempo pueden llegar a ser extremadamente peligrosos para nuestra salud física y mental.2 El estrés también puede desencadenar una vulnerabilidad subyacente a la enfermedad mental que puede no haberse activado en circunstancias más tranquilas.
Esperamos que estés empezando a ver que los cristianos son tan humanos como todos los demás y, por lo tanto, sufren y se estresan como todos los demás. Pero usted podría preguntarse, ¿alguna vez la enfermedad mental llega a los creyentes como resultado de un pecado personal?
Los cristianos pueden tener enfermedades mentales porque son pecadores
El pecado personal puede causar depresión a través del daño físico y espiritual. Pero hay dos razones adicionales por las que los cristianos en particular pueden experimentar enfermedades mentales. Primero, está el castigo divino que está reservado para los hijos de Dios, ¡como lo descubrió el rey David cuando cometió adulterio y asesinato! El Salmo 32 y el Salmo 51 revelan la depresión y la ansiedad que David sintió mientras vivía en pecado no confesado. Si Dios nos castigara con enfermedades mentales cada vez que pecamos, ¡todos estaríamos deprimidos todo el tiempo! Afortunadamente, en su misericordia, no hace eso. Sin embargo, si nuestro pecado es especialmente grave o no nos arrepentimos obstinadamente de él, Dios puede afligir nuestras mentes y emociones para llamar nuestra atención y hacernos buscar su misericordia y gracia. La disciplina de Dios, entonces, es enseñarnos lo malo que es el pecado y atraernos de vuelta a Él. Así que, aunque doloroso en ese momento, en última instancia es por nuestro bien.
Los cristianos son tan humanos como todos los demás y, por lo tanto, sufren y se estresan como todos los demás.
En segundo lugar, la ausencia de virtudes y gracia cristianas también pueden dañar nuestro estado de ánimo y nuestra mente. Por ejemplo, si no estamos orando, si no estamos leyendo nuestras Biblias, si no estamos creciendo conscientemente en la fe, el amor, la esperanza, la paciencia, la confianza y la adoración centrados en Dios, estos déficits pueden eventualmente causar daño mental, emocional y espiritual. La preocupación y la ansiedad ocuparán el lugar de la confianza y la seguridad; la independencia y el dominio propio reemplazarán la dependencia y el control de Dios; trabajar para ser aceptado por Dios tomará el lugar de confiar en Cristo para ser aceptado por Dios; y una identidad secular reemplazará a una identidad cristiana. Todos estos reemplazos conllevan costos emocionales y mentales que, con el tiempo, pueden resultar en enfermedades mentales.
«Pero, seguramente», podría decirse, «¿los cristianos tienen menos enfermedades mentales que los no cristianos?» A veces, es todo lo contrario.
Los cristianos pueden tener enfermedades mentales porque son cristianos
Si bien los cristianos tienen más recursos para combatir las enfermedades mentales que los no cristianos, también pueden ser más vulnerables a ellas que los no cristianos. Podemos verlo de tres maneras.
Los cristianos son especialmente blancos del diablo. Aunque el diablo ataca a todas las personas, odia especialmente al pueblo de Dios (Génesis 3:15). Los odia porque solían ser suyos y quiere recuperarlos. Quiere destruir su felicidad en Cristo. Por lo tanto, los ataca con mayor ferocidad y hará todo lo que esté en su poder para dañarlos. Luchar contra tal guerra espiritual es caliente y estresante. Nos afecta de muchas maneras, incluso en nuestros pensamientos, emociones e incluso en nuestros cuerpos. El diablo nos tienta y nos prueba de maneras que no tienta ni prueba a los no cristianos.
Los cristianos son especialmente conscientes de su pecado. Uno de los efectos del Espíritu Santo en nuestras vidas es mostrarnos nuestra pecaminosidad. Vemos el mal en nuestros propios corazones más que nunca. Eso puede ser aterrador y deprimente, especialmente si no aplicamos el evangelio a estas experiencias oscuras y desalentadoras. También nos sentimos abatidos por nuestra debilidad frente a la tentación y por el poco progreso que estamos haciendo en la vida cristiana.
Los cristianos se ven especialmente afectados por todo el pecado y el sufrimiento en el mundo. Cuando somos llevados a Cristo por su gracia, y a medida que nos volvemos más como Cristo, somos enternecidos en nuestros corazones y hechos más sensibles al mal en el mundo. Vemos los pecados de las personas bajo una nueva luz, especialmente los pecados de los seres queridos, y nos afligimos por el desorden que causa el pecado. Vemos tragedias, guerras, terrorismo con mayor agonía debido al sufrimiento infligido, y especialmente porque la gente está siendo arrastrada a la eternidad sin el evangelio.
Notas:
1-«Salud mental: la mitad de los evangélicos creen que la oración puede curar las enfermedades mentales», Lifeway Research, 17 de septiembre de 2013, https://research.lifeway.com/2013/09/17/mental-health -la mitad de los evangélicos creen que la oración puede curar las enfermedades mentales/. 2-Anjali Chandra, «Lucha o huida: cuando el estrés se convierte en nuestro peor enemigo», Harvard Science Review 20, no. 1 (3 de diciembre de 2015), https://issuu.com/harvardsciencereview/docs /hsrfall15invadersanddefenders. https://harvardsciencereview.org/2015/12/03/fight-or-flight -cuando-el-estrés-se convierte-en-nuestro-peor-enemigo/.
¿QUIÉNES SON LOS PASTORES ASALARIADOS QUE MENCIONA EL SEÑOR?
Jack Fleming
El pasaje en cuestión dice: Jn. 10:11-14 “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen». El Señor ha declarado en este pasaje ser la puerta y el buen pastor, ambas cosas se refieren a la misma persona, porque esa descripción era muy familiar para los que estaban escuchando. Todos ellos conocían un redil, que era donde guardaban las ovejas, consistía en un semicírculo donde había un espacio abierto por el cual salían y entraban las ovejas.
Una vez que todas las ovejas estaban en su interior, no había más puerta que la persona misma del pastor, quien las protegía con su vida de todos los animales rapaces que quisieran arrebatarle alguna de esas tan amadas, que él las llamaba por nombre a cada una de ellas. Era el pastor quien se sentaba en ese único acceso al redil, pasando a ser literalmente la puerta de ese lugar. La disposición valiente y consagrada del pastor, no era por amor al dinero de un salario, sino por amor a las ovejas. Generalmente eran los hijos del dueño del rebaño quien le asignaba esa labor, y no era precisamente por un salario, sino por la responsabilidad que le implicaba ser parte de esa familia.
Los pastores asalariados que hace mención el Señor en este relato, corresponden a los pastores de nuestros días que viven indebidamente del diezmo, y no de las ofrendas voluntarias entregadas por los corazones alegres de quienes son favorecidos por los buenos pastos que el pastor debiera entregar a su congregación.
El Señor ha sido muy claro sobre esta materia 2Co 9:7 “Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre».
1Co 16:2 » Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado». Porque las Escrituras dicen 1Ti 5:17 “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario». Pero el salario honesto asignado por Dios, es la ofrenda voluntaria entregada de corazón cada día Domingo, y no el diezmo y las primicias para la iglesia como han inventado los pastores asalariados que han adulterado la Palabra de Dios.
Cada uno de estos inescrupulosos que han corrompido y pervertido las Sagradas Escrituras, para satisfacer sus intereses mezquinos y están lucrando con las ovejas que son del Señor, no de ellos, éstos son los asalariados a que se refiere el Señor.
2Pd. 2:3 “por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme». 1Tim. 6:5 “hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales». 2Ti 3:1-5 “También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella; a éstos evita».
“Bueno es para mí ser afligido, Para que aprenda Tus estatutos” (Salmo 119:71). NBLA.
El comentarista bíblico, William MacDonald, escribe sobre este verso lo siguiente: “Los sufrimientos son solo por un momento, pero los beneficios de haber sufrido, duran para siempre”. Esto es algo que he visto vivir a muchas personas ansiosas y depresivas; además de que en los últimos años he lidiado con ello en mi propia vida. Aun dentro de la oscuridad de la depresión he dicho a otros y a mí misma: <>. ¡Y eso es verdad! (Salmos.34:19; 55:22).
-La depresión nos hunde en un laberinto de densas y oscuras tinieblas, del cual no podemos salir sin la ayuda de Dios. Esa es la vívida opinión personal de quien suscribe.
-Para algunas personas, con las que he tenido la oportunidad de conversar, la depresión es una sensación de oscura tristeza y desesperanza que no pueden entender, que incluso les han llevado a pensar o intentar el suicidio; otros se han abandonado a una tristeza tan honda, que dejan de interactuar con los demás, dejan de alimentarse como es debido, hasta llegar a un estado en que sufren un completo desbalance emocional y físico, por lo cual deben recurrir a psiquiatras que los medican y remiten a psicólogos y a consejeros.
-La opinión médica nos explica la depresión como: “Un trastorno de salud mental que se caracteriza por depresión persistente o pérdida de interés en las actividades, lo que puede causar dificultades significativas en la vida cotidiana”
Indican, que las causas posibles incluyen una combinación de fuentes biológicas, psicológicas y sociales de angustia. Cada vez son más las investigaciones que sugieren que estos factores pueden ocasionar cambios en la función cerebral, como la actividad anormal de ciertos circuitos neuronales en el cerebro” (Fuente: Mayo Clinic).
Podemos notar que la opinión médica para pacientes depresivos, es prácticamente la misma, a la que han externado la mayoría, incluyéndome, de los que no hemos consultado un médico psiquiatra.
Es muy cierto que todos nos sentimos tristes de vez en cuando, pero cuando se trata de depresión, la tristeza se torna en un trastorno debilitante, continuo, que interfiere con nuestras actividades cotidianas. Aunque no todos los expertos concuerdan en lo que es una tristeza normal y lo que es un trastorno, la verdad es que algunas personas experimentan emociones extremadamente negativas, acompañadas a veces, de sentimientos de inutilidad, angustia y de culpa desmedida.
Tengo un caso reciente: Fabela, una madre joven aún, me compartió que hace poco tiempo perdió su empleo. En ese trabajo fue muy humillada, hasta que finalmente la desvincularon. Como conocemos su necesidad, hemos tratado de colocarla en algún empleo, pero nunca logra permanecer o no la llaman. Hace un mes aproximadamente, le ubicamos un empleo seguro, con beneficios que a ella le ayudarían significativamente. Fue a la entrevista y le dijeron que se quedara, pero se excusó, porque al día siguiente tenía precisamente, una cita médica, que nada tenía que ver con problemas emocionales; y era que ya estaba sintiendo opresión, pensando que no iba a quedar bien en ese empleo; comenzó a pensar que volverían a humillarla y que decepcionaría a quien la recomendó para el empleo. ¿Saben lo que sucedió? Cuando fue al médico le diagnosticaron que estaba sufriendo una arritmia cardíaca y aunque nunca había sufrido problemas de hipertensión, encontraron que su presión estaba alta. Le pedimos pues, que si no estaba bien de salud, se excusara con el empleador, le explicara su condición y le diera las gracias por la oportunidad. Luego me enteré que nunca llamó para excusarse. El temor la paralizó; la inseguridad que le produce el creer que no puede cumplir con lo que se le encomiende, la sumió en una oscuridad tal que no le permite pensar ni actuar. Pasado unos días, le pregunté qué había pasado con la arritmia y me dijo que ya no sentía nada. En su interior ya entiende que está “segura”, a pesar de que tiene necesidades que el empleo le supliría. Lo peor de todo esto es que no admite que necesita ayuda, y la realidad es que necesita a Cristo.
Desde que tengo conocimiento de mí misma, aun a pesar de mí, muchas personas han acudido a mí para hablar, les aconsejaba acorde con mi propia vivencia, pero luego, Dios me ha ido llevando por caminos prácticos, para que reconozca que solo con Él, a través de Jesús y del Espíritu Santo se puede lograr salir del laberinto de densa oscuridad en el que te interna la depresión. Su Palabra es la Verdad, te guía por el camino correcto; y la Verdad y el Camino es una persona, es Jesucristo, el Hijo del Dios Altísimo, quien se dio a sí mismo para salvarnos de nuestra vana manera de vivir.
Hermana y amiga, todas sabemos que las enfermedades son consecuencia de la rebelión de nuestros primeros padres. El Salmo 51:5 dice: “Yo nací en iniquidad, Y en pecado me concibió mi madre”. Y Romanos 5:12 nos explica: “Por tanto, tal como el pecado entró en el mundo por medio de un hombre, y por medio del pecado la muerte, así también la muerte se extendió a todos los hombres, porque todos pecaron”.
¿Quién fue el hombre por medio de quien entró el pecado? Adán. Así que, hemos heredado de Adán la imperfección; por eso nos enfermamos física y emocionalmente. De ahí es que Dios nos dice que <Toda la creación sigue gimiendo y junto con todo lo creado estamos también en dolor (Romanos.8:22).
Como creyentes, debemos estar conscientes de que toda depresión es producto, en la mayoría de los casos, de la rebelión que nos lleva a ira, a conmiseración por nosotras mismas, que nos hunden en oscuridad porque no ponemos la vista en Cristo, Él es real; las cosas de este mundo son pasajeras, no hay nada placentero en este mundo que dure para siempre; nos podemos enfocar en una meta, la alcanzamos, y luego ¿qué? ¿Qué sigue?
Nuestro enfoque debe ser Jesús, Él está siempre disponible, podemos acercarnos a Él confiadamente; allí vamos a encontrar el auxilio, el socorro oportuno (Hebreos 4:16, paráfrasis). El camino al Sion espiritual es accesible para todas las que nos acerquemos a Dios a través de Jesucristo. (Salmos 132:13; Isaías 46:13).
Mujer, si eres creyente, ¡Eres Libre, Eres hija de la Promesa! ¡Nosotras somos libres en Cristo! (Galatas 4:21-31).
Es muy cierto que estos son tiempos difíciles, este mundo va en decadencia, en creciente maldad y tumulto; es por esa misma razón que necesitamos fortalecer nuestros corazones en Jesús; Él no es ajeno a nuestros sufrimientos, nos conoce, sabe de nuestro andar diario, luchas y batallas.
Entendemos que a nadie le gusta pasar por la angustia del sufrimiento, ¡es cierto! Humanamente, ¿a quién le gusta sufrir? ¡A nadie! Pero en la escuela de Dios tenemos que recibir esa materia, sí o sí, ¿Por qué? Porque es una forma muy efectiva de acercarnos a tener una buena relación con Dios.
Pero alegrémonos con este pensamiento: “Él les secará toda lágrima de los ojos, y no habrá más muerte ni tristeza ni llanto ni dolor. Todas esas cosas ya no existirán más”. (Apocalipsis.21:4). (NTV). No permitamos que la oscuridad nos arrope; fortalezcamos nuestro corazón con la Palabra de Dios, mantengamos nuestros ojos puestos en Cristo, Él tiene cuidado de nosotras, ¡no lo dudes! Su Palabra lo dice: “Pongan todas sus preocupaciones y ansiedades en las manos de Dios, porque él cuida de ustedes”. (1Pedro 5:7). (NTV). ¡Él actuará, porque es Fiel a Su Palabra!
Dios les bendiga rica y abundantemente
María del Carmen Tavares
Marisol para su familia y amigos, es miembro de la IBI hace más de 17 años. Graduada del Instituto Integridad y Sabiduría y actualmente terminando la especialidad en Consejería Bíblica. Ha servido como maestra de Escuela Dominical en la IBI y actualmente escribe para los ministerios MPLGDG y Lifeway Mujeres. Sirvo en los grupos pequeños del Ministerio de mujeres Ezer.
506 años después: Una reflexión sobre Lutero y la Reforma
Pepe Mendoza
El tiempo pasa volando. Algunos no lo ven pasar tan rápido y solo dicen que pasa «sin prisa, pero sin pausas». Lo cierto es que el tiempo no se detiene y en nuestra sociedad contemporánea pareciera que todo tiene fecha de caducidad casi inmediata. La tecnología, por ejemplo, nos lleva a descartar un avance tras otro a una velocidad increíble. En el plano de las ideas ocurre lo mismo. Hace poco me sorprendí a mí mismo descartando algunos libros porque me parecían anticuados y solo tenían más de una década de publicados.
Sin embargo, en medio de estos cambios cada vez más acelerados y de estas declaraciones de obsolescencia cada vez más inmediatas, también es cierto que hay algunos ejemplos y sucesos de la historia humana que son inconmovibles porque son fundamentales y representan las bases imperturbables de nuestro entendimiento de la realidad humana. Podremos estar de acuerdo o en desacuerdo con ellos, pero no podremos obviarlos ni pasarlos por alto. Uno de ellos ocurrió el 31 de octubre de 1517.
Martín Lutero, un joven monje agustino alemán, decidió hacer pública su oposición a la práctica de venta de indulgencias papales, las cuales ofrecían salvación espiritual a cambio de dinero entregado a la iglesia. El monje no dudó en clavar el documento con sus noventa y cinco tesis o argumentos en contra de tal práctica en la puerta de la iglesia en Wittenberg en esa fecha memorable. Ese documento corrió como reguero de pólvora en la sociedad de la época y pronto fue publicado, difundido y discutido en toda Alemania y luego por toda Europa.
Lutero fue un hombre que amó y estudió profundamente las Escrituras. Él no se caracterizó por ser un lector pasivo o superficial de la Biblia
Lutero no tuvo la intención de rebelarse contra la iglesia, sino buscar el diálogo y un posible cambio necesario en las estructuras y prácticas de la iglesia que consideraba contrarias a las Escrituras. Sin embargo, sin desearlo, se vio inmerso en una profunda oposición y persecución oficial inesperada que terminó con el cisma de la iglesia y la creación de la Iglesia protestante.
No quisiera entrar en los detalles particulares de las discrepancias doctrinales y teológicas que son conocidas y de las que se han escrito innumerables obras. Solo quisiera resaltar algunos aspectos del carácter de Martín Lutero que es importante recordar y emular en nuestros días.
Amor por la Palabra En primer lugar, Lutero fue un hombre que amó y estudió profundamente las Escrituras. Él no se caracterizó por ser un lector pasivo o superficial de la Biblia. Por el contrario, a través de su biografía descubrimos que Lutero buscó con pasión comprender el mensaje de Dios. Más importante aún, Martín buscó ser impactado por esa verdad al contemplar cómo Dios percibe y considera Su creación y a la humanidad. El reconocimiento de la autoridad suprema de la Escritura es notable en su vida y a lo largo de todas sus enseñanzas.
El 18 de abril de 1521, ya algunos años después de su famosa publicación de las tesis, Lutero estaba frente al mismísimo emperador Carlos V, quien lo había convocado para responder los cargos que se habían levantado contra él debido a la profusa difusión de sus enseñanzas. Se pusieron en una mesa sus libros y panfletos y se le preguntó si eran suyos. Luego de afirmar su autoría, el fiscal Eck lo conminó a retractarse de sus enseñanzas. Su respuesta es una de las frases más profundas jamás dichas sobre el sometimiento a la autoridad de las Escrituras en la vida de un hombre. Él dijo:
A menos que se me convenza por el testimonio de las Escrituras o por una razón clara, pues no confío ni en el papa ni en los concilios por sí solos, ya que es bien sabido que a menudo han errado y se han contradicho, estoy obligado por las Escrituras que he citado, y mi conciencia es cautiva de la palabra de Dios. No puedo y no me retractaré de nada, ya que no es seguro ni correcto ir en contra de la conciencia. No puedo hacer otra cosa. Aquí estoy, que Dios me ayude.
La supremacía de las Escrituras y su sujeción a la verdad inalterable de Dios se demuestran en cada una de sus palabras. Él sabía que su vida estaba en juego e imagino que no fueron fáciles de pronunciar. Era como si estuviera declarando su propia declaración de muerte en ese mismo momento.
Sin embargo, él sabía que estaba hablando de un Libro único porque estaba convencido de que se trataba de la Palabra de Dios, viva, eficaz y revelada de forma inspirada e inerrante a la humanidad. Tal era su pasión y dedicación por conocer y difundir las Escrituras, que tradujo el Nuevo Testamento del griego al alemán en solo once semanas. No se trataba de un plazo de entrega editorial, sino de la necesidad urgente de que sus contemporáneos pudieran también decir con el salmista: «¡Cuánto amo Tu ley! / Todo el día es ella mi meditación» (Sal 119:97).
No debemos olvidar que nuestra espiritualidad es auditiva: crecemos espiritualmente oyendo la Palabra de Dios
Se le atribuyen a Lutero las siguientes palabras: «La Biblia está viva; me habla. Tiene pies; corre detrás de mí. Tiene manos; se apodera de mí». Ese amor por la Palabra y esa sujeción a ella no son características particulares y especiales del reformador, sino que deben caracterizar naturalmente a los cristianos de todos los tiempos. Son de esos aspectos de la vida cristiana que el tiempo, la tecnología o la cultura no pueden cambiar porque son fundamentales para ser simplemente cristianos.
Si perdemos esa pasión por profundizar en nuestro conocimiento de las Escrituras y vivirlo en nuestro tiempo, simplemente tendremos una etiqueta vacía que no tendrá la más mínima repercusión en nuestras vidas. No debemos olvidar que nuestra espiritualidad es auditiva: crecemos espiritualmente oyendo, maduramos como cristianos al prestar atención a todo el consejo de Dios revelado en Su Palabra.
La sinceridad del reformador En segundo lugar, Lutero fue un hombre sincero. Quizás esta característica te tome por sorpresa, pero es una gran virtud muy necesaria, aunque bastante olvidada en nuestro tiempo. Mucho se ha hablado de la personalidad abierta, transparente y hasta extrovertida de Lutero. Aunque era un académico y un gran pensador, él no se dedicó a solo teorizar alrededor de la teología y la doctrina, simplemente buscando diferencias, aciertos o estableciendo nuevas teorías eclesiásticas.
Por lo que sabemos de su vida, es evidente que su preocupación principal era encontrar respuestas para la salud de su propia alma. Es cierto que sus pensamientos movilizaron un cambio mayúsculo en el mundo entero, pero me parece que el cambio mayúsculo que él realmente anhelaba y se esforzaba por alcanzar era en fortalecer su relación personal con Dios. No es algo inusual porque se trata de la misma actitud que encontramos en el apóstol Pablo:
Porque nuestra satisfacción es esta: el testimonio de nuestra conciencia que en la santidad y en la sinceridad que viene de Dios, no en sabiduría carnal sino en la gracia de Dios, nos hemos conducido en el mundo y especialmente hacia ustedes (2 Co 1:12).
Encontrar satisfacción en la sinceridad no es fácil porque requiere de la determinación anímica que nos permitirá reconocernos vulnerables, meros humanos y, como dice Pablo, inmensamente necesitados de la gracia de Dios. Además, no se trata de una sinceridad humana que puede ser engañosa, sino de una que «viene de Dios».
Lutero vivió en carne propia la realidad del evangelio y se gozó en la obra de Jesucristo a su favor
Lutero sufrió al tratar de observar una religión que no le proveía esperanza y menos sanidad a la realidad de un alma muerta en sus delitos y pecados. Los rituales, las confesiones y hasta la vida monacal no le dieron paz a su alma afligida. Quizás esa sinceridad es lo que hizo que le afectara tanto la venta de indulgencias. Tal vez se hacía estas preguntas: «¿Ganar el cielo por dinero?», «¿Cómo el Dios de Abraham, Isaac y Jacob, el Padre de Jesucristo podría avalar una práctica tan despreciable?».
Lutero era sincero delante de Dios y no dudó en evidenciar la realidad de su vida sin Dios y la necesidad abrumadora de la salvación que solo se encuentra en Jesucristo. Alguna vez escribió una oración con las siguientes palabras:
Señor Jesús, Eres mi justicia, yo soy tu pecado. Tomaste sobre ti lo que era mío; Pero pusiste en mí lo que era tuyo. Te convertiste en lo que no eras, Para que yo pudiera convertirme en lo que no era.
Martín Lutero no quiso demostrarle a nadie que era mejor que los demás. Tampoco que estaba más cerca de Dios que la gran mayoría o que era más piadoso que el común de los mortales. No, Lutero vivió en carne propia la realidad del evangelio y se gozó en la obra de Jesucristo a su favor. Simplemente creyó lo que Dios revela del ser humano en las Escrituras y aceptó la única solución que Dios plantea en la Escritura para pasar de muerte a vida: la cruz de Jesucristo.
506 años después Como dijimos al inicio de esta reflexión, hay ciertos aspectos dentro de la realidad humana que son fundamentales e inconmovibles. 506 años después de que Martín Lutero clavara las noventa y cinco tesis en la iglesia de Wittenberg, todavía resuena la claridad meridiana con que Lutero redescubre en las Escrituras la intensidad del evangelio: «Porque no me avergüenzo del evangelio, pues el poder de Dios para la salvación de todo el que cree… Porque en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá» (Ro 1:16-17).
Lutero simplemente creyó lo que Dios revela del ser humano en las Escrituras y aceptó la única solución que Dios plantea en la Escritura
Sin embargo, también resuena y nos llama a mantener inmodificable entre los protestantes contemporáneos la pasión de Lutero por conocer y sujetarse a las Escrituras, y la sinceridad vulnerable con la que demostró que no quería simplemente convertirse en una autoridad en la nueva iglesia, sino realmente en un redimido salvado por gracia con la sangre de Jesucristo.
Es muy probable que los cristianos del 31 de octubre de 2023 no clavaremos ninguna tesis nueva en la puerta de alguna red social, pero sí podremos reflexionar en estas palabras de Lutero. Como dije al inicio, ellas no necesitan cambiarse, sino preservarse para mantener genuina la fe en una iglesia saludable y proclamadora de la verdad del evangelio, que se nutre por la Palabra de Dios:
¡Que el Dios misericordioso me preserve de una Iglesia cristiana en la que todos sean santos! Quiero ser y permanecer en la iglesia y el pequeño rebaño de los débiles, los frágiles y los enfermos, que sienten y reconocen la miseria de sus pecados, que suspiran y claman a Dios sin cesar pidiendo consuelo y ayuda, aquellos que creen en el perdón de pecados.
Una versión de este escrito apareció primero en Desarrollo Cristiano.
José «Pepe» Mendoza sirve como Asesor Editorial en Coalición por el Evangelio. Sirvió como pastor asociado en la Iglesia Bautista Internacional, en República Dominicana, y actualmente vive en Lima, Perú. Es profesor en el Instituto Integridad & Sabiduría, colabora con el programa hispano del Southern Baptist Theological Seminary, y también trabaja como editor de libros y recursos cristianos. Está casado con Erika y tienen una hija, Adriana. Puedes seguirlo en Twitter.
«Reformado» es una palabra que todo el mundo utiliza de muchas maneras. Pero ¿qué es realmente un cristiano «reformado»?
Históricamente, «reformado» se refiere a una tradición dentro del cristianismo que surgió a raíz de la Reforma del siglo XVI. Espero aclarar lo que significa para ayudarnos a entender algo de lo que ocurrió en la propia Reforma y su importancia para nosotros hoy.
El problema con las etiquetas Las etiquetas como «reformado» pueden ser utilizadas de forma inapropiada. Algunos cristianos utilizan «reformado» para intimidar a otros. Por ejemplo, algunos la usan para excluir: «Tú no eres realmente reformado porque no crees en la expiación limitada». Otros usan la etiqueta para reclamar superioridad: «Nosotros los reformados afirmamos la gracia de Dios en la salvación, a diferencia de ustedes los arminianos».
Sin embargo, las etiquetas tienen su valor. Nos ayudan a clasificar la información para comprenderla mejor. Tanto «pino» como «eucalipto» son árboles. Pero sus etiquetas nos ayudan a entender las diferencias entre dos tipos de árbol, contribuyendo así a su cuidado y florecimiento. De la misma manera, una etiqueta como «reformado» nos ayuda a identificar las características únicas de una rama dentro de la tradición cristiana y a evaluar si su énfasis y su lectura de las Escrituras favorecen nuestro amor y servicio a Dios.
El problema con “calvinista” Muchos utilizan la etiqueta «calvinista» como sinónimo de «reformado». Pero esto plantea dos problemas. En primer lugar, «calvinista» fue originalmente un término peyorativo, por lo que carecía de un significado preciso. Con el paso de los años ha ido acumulando aún más carga, lo que ha enturbiado aún más su significado. En segundo lugar, y lo que es más importante, ningún cristiano reformado de los siglos XVI o XVII consideraba que Juan Calvino definiera su tradición en su totalidad. Se le consideraba una figura entre otras como Ulrico Zwinglio, Martín Bucero, Enrique Bullinger, Juan Ecolampadio y Pedro Mártir Vermiglio, que ayudaron a fundar la tradición reformada. Sí, Calvino fue un gigante entre ellos. Pero sus escritos no fueron ni confesionales ni regulativos para los reformados. Calvino no es suficiente.
El problema con el “TULIP” Muchos sostienen que los llamados cinco puntos del calvinismo son lo que define a un cristiano «reformado». Los cinco puntos son supuestamente un resumen del Sínodo de Dort (1618-1619) utilizando el acrónimo TULIP por sus siglas en inglés: Total depravity (depravación total), Unconditional election (elección incondicional), Limited atonement (expiación limitada), Irresistible grace (gracia irresistible) y final Perseverance (perseverancia de los santos).
Pero hay dos dificultades al utilizar los cinco puntos de esta manera. En primer lugar, el Sínodo de Dort no fue un intento de definir la tradición reformada en su conjunto, sino de resolver una controversia particular (la Remonstranza) en una tradición reformada ya existente. En 1979-1980 hubo una disputa sobre por qué el cricket australiano se jugaba con una bola ocho. Se decidió oficialmente que el cricket en todo el mundo utilizaría una bola seis. Esta controversia resolvió un elemento dentro del juego del críquet. No definió el juego en su totalidad. Por lo tanto, el críquet no puede definirse simplemente como «una bola seis». Es mucho más que eso. Así es la relación de Dort (TULIP) con la tradición reformada. No definió la totalidad de la tradición, sino que resolvió un elemento de la misma. De modo que, los cinco puntos del calvinismo por sí solos no determinan si una persona es reformada.
Cuando una media verdad se toma como una verdad absoluta, se convierte en una falsedad
El segundo problema con usar los cinco puntos del calvinismo es que este resumen en inglés de un documento en latín, con su acrónimo TULIP, no logra transmitir los matices de Dort. Los «cinco puntos» y el acrónimo «TULIP» se desarrollaron cientos de años después de Dort, y eliminan importantes distinciones hechas en Dort. Tomemos, por ejemplo, el tercer punto, el más controversial: la «expiación limitada». Ningún teólogo de los siglos XVI y XVII utilizó jamás la palabra «limitada» en referencia a la muerte de Cristo. Todos los teólogos reformados estaban de acuerdo en que, en cierto sentido, la expiación tenía una suficiencia infinita a la vez que, en otro sentido, una eficacia solo para los elegidos. Estas dos afirmaciones permitían diversas posturas sobre el alcance de la expiación, pero excluían la postura arminiana (o remonstrante). Así pues, el eslogan «expiación limitada» no transmite las afirmaciones suficientes y eficientes de Dort. Y cuando una media verdad se toma como una verdad absoluta, se convierte en una falsedad.
Acerca de ser reformado ¿Qué hace, entonces, que un cristiano sea reformado? Si la tradición reformada surgió de la tradición cristiana protestante (en la Reforma), en primer lugar debemos saber cómo definir la tradición cristiana y, en segundo lugar, la tradición protestante.
Cristianismo católico
La tradición cristiana también se conoce como «católica», en el sentido de universal y no romana. Históricamente, el cristianismo católico se expresa en el Credo Niceno. Fue redactado en los concilios de Nicea (325 d. C.) y Constantinopla (381 d. C.) contra la herejía arriana. Este credo contiene un resumen del evangelio trinitario. Establece los límites de las creencias de la tradición cristiana que engloba a protestantes, católicos romanos, ortodoxos orientales, y a la antigua Iglesia de Oriente. Dado que las tradiciones no trinitarias, como los Testigos de Jehová y el mormonismo, no pueden afirmar el Credo Niceno, no pueden ser llamadas cristianas.
Cristianismo protestante
La tradición protestante dentro del cristianismo surgió en la Reforma del siglo XVI encabezada por Martín Lutero. Los reformadores se llamaban a sí mismos «evangélicos» mucho antes de que se utilizara el término «protestante», para mostrar que el evangelio (euangelion) era fundamental para su comprensión de las Escrituras y la teología.
La tradición protestante suele distinguirse por las clásicas «solas»: Escritura sola, gracia sola, Cristo solo, fe sola. Afirma que solo la Escritura es la autoridad suprema (no la única) para los creyentes, y que la salvación es por la gracia sola de Dios debido a la obra sola de Cristo recibida por la fe (o confianza) sola. En oposición a esto, el catolicismo romano defiende la autoridad suprema de la Escritura y la tradición, así como la salvación por la fe y por las buenas obras del creyente (incluso si son impulsadas por el Espíritu).
Cristianismo reformado
Sin embargo, en la Reforma surgieron dos tradiciones dentro del campo protestante: la luterana y la reformada. Lo que originalmente distinguía a ambas no era la predestinación, sino la Cena del Señor. Lutero y sus seguidores sostenían que el cuerpo y la sangre de Cristo estaban físicamente presentes en el pan y el vino (la presencia real). Mientras que representantes reformados como Zwinglio, Bullinger y Calvino negaban esto. Pero «la presencia real» era tan importante para Lutero y sus seguidores que llevó a una separación oficial entre luteranos y reformados.
Los límites de las creencias de la tradición luterana se definieron oficialmente en el Libro de la Concordia (1580), una colección de confesiones importantes y afirmaciones luteranas. Sin embargo, como la tradición reformada abarcaba varias comunidades geográficas distintas (en Francia, Escocia, Inglaterra, Renania y los Países Bajos, por nombrar algunas), cada grupo elaboró su propia confesión. De ahí que la tradición reformada se caracterice por una serie de confesiones: la Confesión Gálica (o Francesa) (1559), la Confesión Escocesa (1560), la Confesión Belga (1561), los Treinta y Nueve Artículos (1563), el Catecismo de Heidelberg (1563) y la Segunda Confesión Helvética (1566). A estas confesiones fundacionales se añadió el Sínodo de Dort (1618/9), que resolvió una controversia particular en una tradición ya existente. Posteriormente se refinó con las grandes confesiones del siglo XVII, como la Confesión de Fe de Westminster (1647) para los presbiterianos, la Declaración de Saboya (1658) para los congregacionalistas y la Confesión de Fe Bautista de Londres (1689) para los bautistas reformados.
Así pues, un cristiano es reformado si es capaz de afirmar una o varias de sus principales confesiones. Podemos diagramar esto de la siguiente manera:
Cuando definimos la tradición reformada de este modo, se derivan varias implicaciones importantes. En primer lugar, ser reformado no tiene que ver únicamente con la predestinación. Las confesiones reformadas fundacionales incluyen también una comprensión particular, por ejemplo, de la iglesia, del ministerio y de los sacramentos, gran parte de lo cual se ha perdido para muchos que dicen ser reformados.
En segundo lugar, los que pertenecen a la tradición reformada son libres de discrepar sobre muchas cuestiones sobre las que las confesiones reformadas divergen o no definen. Por ejemplo, tanto los bautistas como los paidobautistas pueden ser reformados. Los presbiterianos, congregacionalistas y episcopales pueden ser reformados. En cuanto al alcance de la expiación, los seguidores de John Owen, Moïse Amyraut y John Davenant encajan en la tradición reformada. Los que niegan o afirman el llamado «pacto de obras» son reformados en conjunto. Tanto los que afirman la simple como la doble predestinación son reformados. Todos estos debates son intramuros o dentro de la propia tradición reformada.
En tercer lugar, las doctrinas exclusivas de la tradición reformada no tienen tanto peso como las que definen la catolicidad. Por ejemplo, la doctrina nicena de la Trinidad es mucho más importante que las opiniones sobre «la presencia real» de Cristo en la Cena (que no carecen de importancia).
Publicado originalmente en The Gospel Coalition Australia. Traducido por Equipo Coalición. Marty Foord es profesor de Teología en el Evangelical Theological College Asia de Singapur. Antes de que existiera la World Wide Web, trabajaba en informática. Pero entró en el ministerio anglicano en 1996. Marty está casado con Jenny, y le encanta pasar tiempo con ella. A Marty y Jenny les encanta servir juntos al pueblo de Dios en la iglesia local.
Domingo 22 Octubre Jesús… vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas. Marcos 6:34 El Señor Jesús, ¡un desconocido tan accesible! Alguien dijo de Cristo: “Él fue el Hombre de mayor gracia, el más accesible que jamás hubo”. En su forma de ser vemos una ternura y una bondad nunca vistas en otros hombres y, sin embargo, vemos que siempre fue un “extraño” en la tierra. Sin embargo, estuvo muy cercano tan pronto como la miseria o la necesidad humanas lo reclamaban. Tanto la distancia a la que se mantenía como la intimidad que expresaba eran perfectas. Hacía mucho más que observar la miseria a su alrededor: se compenetraba de ella, demostrando una simpatía que le era peculiar. Por otro lado, hacía mucho más que repudiar la corrupción que lo rodeaba: mantenía siempre una plena distancia entre la santidad misma y toda contaminación y mancha.
Véanlo manifestando esta combinación de distancia y de proximidad en el relato de Marcos 6. Es una escena impresionante. Tras un largo día de servicio, los discípulos vuelven a él; Jesús se interesa por ellos; la fatiga que sienten toca su corazón; él lo toma en cuenta y de pronto provee lo necesario: “Venid vosotros aparte… y descansad un poco” (v. 31). Pero la multitud los siguió, y él se vuelve hacia ella con la misma prontitud; conoce su estado moral y, viendo que se hallan como ovejas sin pastor, comienza a enseñarles.
En todo esto lo vemos cercano, muy cercano a las múltiples necesidades que se van suscitando a su alrededor, ya sea la fatiga de sus discípulos o el hambre de la multitud. Pero de repente los discípulos se muestran algo resentidos al ver la atención de Jesús hacia la muchedumbre y le piden que la envíe a sus casas. Sin embargo, esto no lo afectará en ningún sentido; y en ese mismo instante se produce un distanciamiento entre Jesús y los discípulos, el que hallará su expresión cuando poco después les manda entrar en la barca. Los vientos y las olas se levantaron contra ellos en el mar, y entonces, en medio de su angustia, ¡Jesús nuevamente se les acercó para socorrerlos y ponerlos a salvo!
Sábado 21 Octubre Y habiendo tenido consejo, hizo el rey [Jeroboam] dos becerros de oro, y dijo al pueblo… he aquí tus dioses, oh Israel, los cuales te hicieron subir de la tierra de Egipto. Y puso uno en Bet-el, y el otro en Dan. Y esto fue causa de pecado; porque el pueblo iba a adorar delante de uno hasta Dan. 1 Reyes 12:28-30 Tras aquellos acudieron también de todas las tribus de Israel los que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel; y vinieron a Jerusalén para ofrecer sacrificios a Jehová, el Dios de sus padres. 2 Crónicas 11:16 Jeroboam y su culto falso Después de los tiempos gloriosos de gran consagración a Dios bajo el reinado de David y Salomón, ¡qué triste es ver cómo se impuso una nueva forma de adoración que era, ciertamente, una adoración falsa! Con esto los hijos de Israel abandonaron a Dios por los ídolos. Sin embargo, hubo quienes permanecieron fieles porque sus corazones permanecieron en Dios.
Es terrible ver lo cambiante que es el corazón del hombre: convencido de algo un día, abandona al siguiente lo que creía tan verdadero. Puede ser por conveniencia que cambie de opinión de esta manera, o por lazos o influencias familiares, o para obtener, más o menos conscientemente, alguna ventaja. O puede ser que esta nueva forma de pensar sea más atractiva que la anterior. Nuestras mentes están, por supuesto, convencidas de que tenemos razón, pero debemos recordar que nuestro corazón natural es engañoso y desesperadamente perverso.
Sin embargo, leemos que los “que habían puesto su corazón en buscar a Jehová Dios de Israel” hicieron lo que Dios quería. Se dieron cuenta de que este nuevo culto no era conforme a la Palabra de Dios, y lo rechazaron, porque querían ser fieles a Dios y obedecerlo. Buscaban su aprobación y su comunión. Que nosotros también tengamos un corazón que busque a Dios y su gloria, dándole el lugar que le corresponde.
Si Dios te ha llamado a ser realmente como Jesús, Él exigirá de ti una vida de crucifixión y humildad, y pondrá sobre ti tal demanda de obediencia que no te será posible seguir a otros, ni medirte a ti mismo por otros cristianos. En muchos asuntos Él aparentemente permitirá a otras personas practicar actividades dudables, los cuales no te permitirá a ti tocar.
Aparentemente religiosos y útiles hombres pujan por avanzar, buscan para llegar más alto, y planean ardides para llevar a cabo sus planes, pero a ti no se te permite. Y si lo intentas hacer, te encontrarás con tal fracaso y reprensión del Señor como para dejarte bien arrepentido.
Otros pueden jactarse de sí mismos, de sus obras, de sus éxitos, de sus escritos, pero el Santo Espíritu no te permitirá a ti hacerlo. Si comienzas a hacerlo, Él te sumirá en una profunda mortificación, la cual hará que te desprecies a ti mismo y a todas tus buenas obras.
A otros les puede ser permitido tener éxito en ganar dinero, o pueden obtener una herencia dejada para ellos. Pero es probable que Dios quiera tener para ti alguna cosa mucho mejor que el oro- una desaliada dependencia en Él, para que Él pueda tener el privilegio de suplir tus necesidades día a día, de una tesorería escondida.
El Señor puede permitir a otros ser honrados y puestos en alto, y guardarte a ti escondido en oscuridad, porque Él quiere producir algún selecto, fragrante fruto para su venidera gloria, el cual se produce solamente en la sombra. Él puede permitir a otros ser distinguidos, pero te guardará pequeño. Él puede permitir a otros trabajar para Él y obtener el reconocimiento por esto, pero dejará tus trabajos y fatigas, dejando desconocido lo que tú estás haciendo. Y para hacer tu obra aún más preciosa, Él puede permitir a otros obtener el crédito por las obras que tú has hecho, haciendo tu recompensa diez veces más grande cuando Jesús venga.
El Espíritu Santo pondrá alrededor de ti una estricta guarda de amor celoso, y te reprenderá por pequeñitas palabras bruscas y chiquitos sentimientos irritados, o por malgastar tu tiempo, aunque otros cristianos nunca parecen haber aflicción por estos. Para que tengas en mente que Dios es un Soberano infinito, y tiene el derecho de hacer como a Él le place con lo que es suyo. Él puede no explicarte mil cosas, las cuales dejan perplejo tu entendimiento acerca de su trato contigo, pero si tú entregas completamente para ser su esclavo de amor, Él te rodeará de celoso amor; te dará muchas bendiciones que vienen sólo a los que están dentro de su círculo más íntimo.
Resuelve esto para siempre, entonces, que tú necesitas tratar directamente con el Espíritu Santo, y que Él tenga el privilegio de atar tu lengua, o contener tu mano, o cerrar tus ojos, en maneras que no parezca Él usar con los otros. Note la respuesta de Jesús cuando Pedro estaba interesado más con lo que Juan debía hacer que su propia responsabilidad. «¿Qué a ti? Sígueme tú.» (Juan 21:22)
Cuando tú seas tan posesionado con el Dios viviente que estés, en lo secreto de tu corazón, complacido y lleno de contentamiento con esta particular, personal, privada y celosa guarda del Espíritu Santo sobre tu vida, habrás encontrado el portal del cielo.
«Si habéis pues resucitado con Cristo,… Poned la mira en los cosas de arriba, no en los de la tierra. Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.» (Colosenses 3:1-3)
«Y porque…no me levante descomedidamente, me es dado un aguijón en mi carne…Por lo cual tres veces he rogado al Señor, que se quite de mí. Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo.» (2 Corintios 12:7-9)
«Porque cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí.» (Romanos 14:12)