Una herramienta para el maestro

Lunes 9 Octubre
Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.
1 Corintios 12:4-6
Una herramienta para el maestro
En los primeros capítulos de esta epístola podemos encontrar ejemplificado lo que leemos en el texto de hoy. En el capítulo 2, versículos 1 al 5, encontramos un ejemplo de cómo el Espíritu Santo actúa como el poder detrás de los diversos dones espirituales. Pablo llegó a Corinto con mucha debilidad, temor y temblor. Sin embargo, les habló “con demostración del Espíritu y de poder”. ¡Qué contraste! Cuando no confiamos en nuestra propia sabiduría y fuerza, el Espíritu Santo nos dará poder y nos usará como instrumentos suyos para glorificar a Cristo (Jn. 16:14). Cuando nos damos cuenta de que somos débiles, incluso en el servicio, entonces somos fuertes (2 Co. 12:10).

En el capítulo 3 vemos que es el Señor quien distribuye los servicios. Le da a cada siervo el trabajo que tiene que hacer. Él le encargó a Pablo que plantara en Corinto, y a Apolos que regara lo plantado (vv. 5-6). Este capítulo 3 también nos presenta a Dios como el que obra todo en todos. Pablo había plantado, Apolos había regado, pero solo Dios es quien podía dar el crecimiento (v. 7).

Como siervos debemos llevar a cabo la tarea que se nos ha encomendado y dejar espacio para que otros hagan lo que el Señor les ha encomendado. Sin embargo, no podemos producir el resultado en los corazones. Esa es la obra de Dios, para su propia gloria, y a otro no dará su gloria. Esto elimina toda oportunidad de gloria en el hombre, ya sea en nosotros mismos o en otros siervos del Señor. Cada uno tiene su papel de siervo, y debemos apreciar a cada siervo por su trabajo (1 Ts. 5:12, 13). Pero toda la gloria le pertenece solo a Dios. “El que se gloría, gloríese en el Señor” (1 Co. 1:31).

Kevin Quartell
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

El rol de la mujer en la iglesia local | Richard B. Ramsay

El rol de la mujer en la iglesia local
Richard B. Ramsay

El tema del papel de la mujer en la Iglesia es muy complejo, y no pretendo resolver todas las dudas, pero
me gustaría tratar de contestar las siguientes preguntas: ¿Las mujeres pueden ser pastores, presbíteros,
o diaconisas? ¿Las mujeres pueden predicar en los cultos? Ofrezco los siguientes comentarios:
Hay dos extremos: Por un lado, algunos descartan los pasajes acerca del ministerio de la mujer en la
iglesia, porque piensan que se aplicaban solamente a las iglesias antiguas del tiempo del Nuevo
Testamento. Piensan que las enseñanzas acerca de la mujer estaban vinculadas con las normas
culturales de aquel tiempo, pero que ahora esas normas han cambiado, y ya no hay distinciones en los
roles de hombres y mujeres. Por otro lado, otros limitan su participación en la iglesia solamente a
observadoras. Algunos piensan que las mujeres deben quedarse totalmente calladas en los cultos, o que
deben cubrir su cabeza, o que deben sentarse en el otro lado, separadas de los hombres. Mi opinión es
que ninguno de estos extremos es correcto.
Es importante comenzar esta discusión destacando el hecho de que según la Biblia, los hombres y las
mujeres son iguales en honor, y pueden tener los mismos dones espirituales. También debemos
reconocer el gran aporte que normalmente hacen en nuestras iglesias. Frecuentemente son
colaboradoras muy fieles y muy comprometidas en nuestras iglesias. Hay muchos ministerios para las
mujeres, y debemos animarles a usar sus dones, no aplastarlas. Creo que hemos fallado a las mujeres en
nuestras iglesias, sin mostrarles claramente cuáles son sus oportunidades de ministerio. Las mujeres
normalmente son la mayoría en nuestras iglesias, y si no les ofrecemos ministerios significantes,
estamos perdiendo mucho.
Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros
sois uno en Cristo Jesús. GÁLATAS 3:28
Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho. 1 CORINTIOS 12:7
Sin embargo, tenemos que distinguir entre los dones espirituales que pueden tener todos los cristianos
y los oficios o las funciones. Obviamente, una persona nombrada a un oficio o asignada a una cierta
función también debería tener los dones necesarios, pero no todos que tienen esos dones serán
necesariamente designados para un puesto de liderazgo. Por ejemplo, muchas personas pueden tener el
don de la enseñanza, pero no todos son pastores o presbíteros.1
El pasaje clave está en 1 Timoteo 2:11-15. Note que en este capítulo, Pablo está hablando de reuniones
públicas, de oración y enseñanza.
La mujer aprenda en silencio, con toda sujeción. Porque no permito a la mujer enseñar, ni
ejercer dominio sobre el hombre, sino estar en silencio. Porque Adán fue formado primero,
después Eva; y Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en
transgresión. Pero se salvará engendrando hijos, si permaneciere en fe, amor y santificación,
con modestia. 1 TIMOTEO 2:11-15
La pregunta importante para interpretar este pasaje es si las estipulaciones de Pablo están vinculadas
con las normas culturales de aquel tiempo de tal manera que no se apliquen hoy. Es decir, ¿la aplicación
de los principios está condicionada por el contexto cultural? En este estudio tendremos que aprender a
distinguir entre normas universales y normas que son más flexibles en su aplicación, porque dependen
del contexto. Parte del problema es que en los dos versículos anteriores, pareciera que las normas están
conectadas con el contexto social:
Asimismo que las mujeres se atavíen de ropa decorosa, con pudor y modestia; no con peinado
ostentoso, ni oro, ni perlas, ni vestidos costosos, sino con buenas obras, como corresponde a
mujeres que profesan piedad. 1 TIMOTEO 2:9-10
Observe las palabras relacionadas con normas culturales: «decorosa», «pudor», «modestia», «ostentoso»,
y «costoso». El significado de estos términos tiende a variar de un país a otro, y de una generación a
otra. Para una mujer que vive en algunos países musulmanes, mostrar la cara sería una falta de «pudor»,
pero para mujeres de otros países es totalmente apropiado. Para mujeres que viven en algunos países,
usar ropa de muchos colores fuertes puede ser «ostentoso», mientras para mujeres de otros países, es lo
más común. ¿Qué es un peinado «ostentoso»? Depende de la cultura. Obviamente el significado del
término «costoso» varía de un país a otro, incluso de un sector de la ciudad a otra. En el sector oriente
de Santiago de Chile, muchas mujeres se visten de abrigos que cuestan más de US$200, y no parece
extravagante para la gente que vive allí. Sin embargo, si la misma mujer camina por las calles de un
sector pobre de Santiago, llamaría la atención. La reacción al uso de joyas de oro y de perlas también
varía mucho entre un lugar y otro. Mi conclusión es que el propósito de estos versículos no es dar una
lista absoluta de cosas que las mujeres deben evitar en todo lugar y en todo tiempo, sino exhortarles a
evitar lo que parece «ostentoso» y «costoso» en el contexto en que se encuentre, y a vestirse de una
manera que parece «decoroso» y «modesto» en el contexto en que se encuentre.
Ahora observe una diferencia importante en los versículos 11-15 de 1 Timoteo 2: la base usada para
defender estos principios éticos no tiene ninguna relación con la cultura de aquel tiempo. Incluso, es
algo que no va a cambiar nunca, porque son dos hechos históricos: Adán fue creado primero y Eva fue
engañada. Son dos verdades que no cambiarán con ninguna cultura, ni ahora ni nunca.
Pablo no está diciendo que Eva haya sido más culpable que Adán por la Caída, o que la razón que la
mujer debe someterse al hombre sea porque él es de alguna manera superior. Incluso, en otro pasaje,
Pablo enseña que Adán es responsable por la Caída (ver Romanos 5:12). Siendo la cabeza de la familia,
debería haber ayudado a Eva, pero aparentemente aprobó el acto en silencio como un cobarde.
Después, él mismo tomó de la fruta. Pero no podemos cambiar los hechos históricos que Adán fue
creado primero y que Eva fue engañada primero.
El punto principal es que la mujer no debe ejercer autoridad sobre el hombre o ejercer dominio sobre el
hombre en las reuniones de la iglesia. La palabra griega usada en el versículo 12, traducida con la frase
«ejercer dominio sobre», es (authentéo) , que significa tener plena autoridad sobre, dominar.

Toda organización funciona mejor con alguna estructura, con distinciones en los roles de los líderes. No
todos pueden dirigir o tener autoridad. Y tener un cierto rol no necesariamente indica superioridad o
inferioridad como persona. Aun la Trinidad refleja eso. Son tres personas del mismo honor y gloria, pero
tienen distintas funciones. En algunos aspectos, el Hijo se somete al Padre, y en algunos aspectos el
Espíritu Santo está sometido a Jesús. Pero son iguales. De una manera similar, Dios ha ordenado que el
hombre sea la cabeza de la familia, y ha ordenado que los hombres sean los dirigentes de la Iglesia. Pero
no son superiores.
¿Qué del «silencio»? La palabra traducida «silencio» es (hesuchía), que significa: silencio
tranquilidad, descanso. El problema con interpretar esto de una manera en que la mujer no puede
nunca hablar en las reuniones públicas es que Pablo da a entender en otros pasajes que pueden orar y
profetizar.
Pero toda mujer que ora o profetiza con la cabeza descubierta, afrenta su cabeza; Porque si la
mujer no se cubre, que se corte también el cabello; y si le es vergonzoso a la mujer cortarse el
cabello o raparse, que se cubra. 1 CORINTOS 11:5
Aquí Pablo no prohíbe orar o profetizar, sino dice que no debe hacerlo con la cabeza «descubierta.» Esto
probablemente significa usar un estilo de peinado con el pelo arriba, como señal de sumisión a su
marido (11:10). El punto clave es no rebelarse en contra del marido.
Este pasaje también contiene aspectos vinculados con la cultura. En ese tiempo si una mujer casada
andaba en público con el pelo suelto, era un acto de rebeldía, actuando como si no estuviera casada. En
ese caso, dice Pablo, sería lo mismo que cortarse el cabello o raparse, señal de una mujer siendo
castigada por infidelidad. (Vea Números 5.11-18.) La forma en que se manifiesta esa rebeldía, o esa
«vergüenza» varía de una cultura a otra. En muchas culturas hoy en día, cuando una mujer tiene el pelo
corto o tiene el pelo suelto, no indica nada de rebeldía. Posiblemente un paralelo hoy sería una mujer
casada que asiste las reuniones de la iglesia sin su anillo de boda, o con ropa muy llamativa, o que se
sienta sola en otro lugar de la iglesia, en vez de sentarse con su marido.
¿Qué significa entonces que la mujer esté en «silencio» en 1 Timoteo 2:11-12? El contexto ayuda a
entenderlo. Cada vez que Pablo menciona el «silencio» de la mujer, también menciona su relación con el
hombre. Dice que debe estar en «sumisión», y que no debe «ejercer dominio» sobre el hombre. El
«silencio» es prácticamente sinónimo de «sumisión» en este pasaje.
James Hurley, quien ha escrito un libro excelente, muy completo y muy exegético, sobre el tema de la
mujer opina que el «silencio» de la mujer está relacionado con la evaluación de las «revelaciones» y de
las «profecías». Cuando estaban en el culto, y muchos estaban participando con sus profecías, otros
tenían que juzgar si eran realmente de Dios. Era este papel de juzgar que no correspondía a la mujer.
Tampoco le correspondía enseñar con la autoridad de un líder espiritual.
Hay apoyo para esta interpretación en 1 Corintios 14. En este capítulo, hay una prohibición similar a lo
que dice 1 Timoteo 2:11-12.

Vuestras mujeres callen en las congregaciones; porque no les es permitido hablar, sino que
estén sujetas, como también la ley lo dice. Y si quieren aprender algo, pregunten en casa a sus
maridos; porque es indecoroso que una mujer hable en la congregación. 1 CORINTIOS 14:34-35
El contexto de los versículos anteriores demuestra claramente que Pablo está hablando de reuniones
públicas en que hay profecías que tenían que ser «juzgadas»:
¿Qué hay, pues, hermanos? Cuando os reunís, cada uno de vosotros tiene salmo, tiene doctrina,
tiene lengua, tiene revelación, tiene interpretación. Hágase todo para edificación. Si habla
alguno en lengua extraña, sea esto por dos, o a lo más tres, y por turno; y uno interprete. Y si no
hay intérprete, calle en la iglesia, y hable para sí mismo y para Dios. Asimismo, los profetas
hablen dos o tres, y los demás juzguen. 1 CORINTIOS 14:26-29.
Así que creo que Hurley tiene razón acerca de 1 Corintios 14:34-35, pero creo que 1 Timoteo 2:11-15
tiene una aplicación más amplia. En todos los pasajes que hemos visto, el tema principal es que la mujer
no debe ejercer dominio sobre el hombre. La evaluación de profecías no es la única situación en que
esto se aplica.
El problema en algunas iglesias en el tiempo del Nuevo Testamento era que se adelantaban en su
manera de vivir, como si Cristo hubiese vuelto a establecer la forma eterna y final de Su reino. Los
corintios cometían el error de la «escatología sobre realizada.»6
Es decir, pensaban que todos los beneficios del Reino de Dios se experimentaban ya. Así que las mujeres vivían como si no estuvieran casadas.

Y algunos esclavos (o siervos) querían vivir como libres. Pablo tuvo que recordarles que las
mujeres casadas deberían mantenerse fieles a sus maridos y que los esclavos (siervos) deberían seguir
sometidos a sus maestros (1 Corintios 7:10-24). El problema de este malentendido se manifestaba
cuando algunas mujeres querían juzgar las revelaciones.
Para comprender esto, veamos una ilustración. En las reuniones oficiales de los presbiterios en nuestra
denominación, solamente participan hombres (pastores y presbíteros). Y la costumbre es que, cuando
alguien desea participar en una discusión, se pone de pie y pide permiso al moderador. Solamente
cuando el moderador le da permiso, puede hablar. Ahora supongamos que en una reunión del
presbiterio, algunas mujeres asisten que son esposas de los pastores. Se sientan solas, no con sus
maridos, remuevan sus anillos de boda, y actúan como si no fueran casadas. Cuando hay un tiempo para
discutir un tema importante, las mujeres también se paran y piden permiso para hablar. En un contexto
así, el moderador quizás diría que las mujeres deben quedarse sentadas o que se mantengan en
«silencio». Con eso no les está diciendo que nunca pueden hablar, sino que no pueden participar en la
discusión en forma oficial. Creo que Pablo está diciendo algo así.
Jesucristo trajo más respeto por la mujer, y el Nuevo Testamento admite cambios en la aplicación de
algunos principios. Pero no cambia su rol de sumisión en la familia y en la Iglesia. Según la Biblia, es igual
al hombre en valor, y tiene los mismos dones, pero tiene otra función. La mujer tiene el rol importante
de apoyo, quizás algo parecido al rol del Espíritu Santo dentro de la Trinidad. El hombre tiene el papel
similar al rol del Padre en su liderazgo, pero también tiene el papel de Jesús en darse a sí mismo por su
esposa y por sus hijos.

El liderazgo del hombre implica responsabilidad, más que poder. El hombre tendrá que rendir cuentas
frente a Dios por su familia y por la iglesia, más que la mujer. El liderazgo también implica que debe
asumir una actitud de entrega y sacrificio, tratando a la mujer con amor y respeto. Debería imitar a
Cristo, quien se dio a sí mismo por la iglesia (Efesios 5.21-33, Filipenses 2.3-8). Si los hombres
actuáramos así, ¡las mujeres no tendrían dificultad en someterse!
No debemos ver esto como un castigo de la mujer. No es una forma de poner un «bozal» o cinta
adhesiva sobre la boca de la mujer. Debemos recordar las otras dimensiones del término «hesuchía»; es
una «tranquilidad» para la mujer, un «descanso» de liderazgo y supervisión, dejando al hombre cumplir
esa tarea.
Hablando de aspectos más específicos, parece bastante claro en estos pasajes que la mujer no debe
tener un oficio de autoridad en la iglesia, como pastor, presbítero, o diácono. También queda claro que
no debe enseñar con «autoridad» sobre los hombres. Yo creo que esto incluye especialmente la
predicación en el culto de adoración. Si predicar en el culto no es enseñar con autoridad, ¡entonces no
sé qué actividad sería enseñar con autoridad!
James Hurley nos deja una buena pauta: la mujer puede hacer en la iglesia cualquier actividad que
pueda realizar un hombre que no sea ordenado a un oficio de liderazgo.
Es decir, el límite es el oficio,
pero se aplica a las actividades que corresponden al oficio. Por ejemplo, las mujeres también tienen
dones de enseñanza (Pablo exhorta a las mujeres a enseñar a las mujeres más jóvenes en Tito 2.4), pero
no deben ejercerlos en las ocasiones cuando representa autoridad, como en los sermones del culto.
Tampoco deben predicar hombres que no sean presbíteros. Creo que la administración de los
sacramentos es otra actividad en que debería ser realizada por un presbítero ordenado.
1 Timoteo 3:2 dice que el presbítero debería ser «marido de una sola mujer». Esto presupone que será
un hombre. También tenemos el trasfondo del Antiguo Testamento, en que los ancianos eran hombres.
No vemos ninguna indicación de cambiar eso en el Nuevo Testamento.
Alguien podría objetar que Tito 2:3 habla de «ancianas», como si fueran también oficiales de la iglesia.
Sin embargo, según el contexto, parece que no está hablando de un oficio aquí. En el capítulo anterior,
sí está hablando de un oficio. Pablo dice a Tito que debe «establecer ancianos» en cada ciudad (Tito 1:5).
Después, habla de «ancianos» de nuevo en Tito 2:2, pero en el segundo capítulo no usa la misma forma
de la palabra que usa en el primer capítulo. En Tito 1:5 es [presbíteros], y aquí es
 [presbítes]. El primero es comparativo (más), y el segundo no lo es. Sería como la diferencia
entre «más anciano» y «anciano», o entre «mayores» y «hombres viejos».
La forma [presbíteros] que se encuentra en el primer capítulo había llegado a ser un
término técnico para dirigentes religiosos, para el oficio. Se usa en los evangelios y en Hechos
frecuentemente en una frase como «los principales sacerdotes y los ancianos» (Mateo 21:23, Hechos 4:8
y 23). En el relato del concilio de Jerusalén, se usa el término cuando dice que «los apóstoles y los
ancianos» se reunieron para discutir el asunto (Hechos 15:4,6). Pablo lo usa en 1 Timoteo 5:17 donde
habla de los «ancianos que gobiernan bien».

Por alguna razón, Pablo no usa la misma forma de la palabra en capítulo 2. El cambio lingüístico sugiere
que ha cambiado de tema. Ahora está hablando de hombres mayores de edad, y no específicamente de
los oficiales de la iglesia.
Después de hablar de los hombres mayores de edad, habla de las «ancianas» (Tito 2:3). El término es [presbítis], la forma femenina de [presbítes]. Tampoco es un término técnico.
Concluyo que no se refiere a un oficio, sino simplemente a mujeres mayores de edad.
Esto todavía deja muchos otros ministerios para las mujeres. Pueden enseñar en otras situaciones que
no sea el culto, como la escuela dominical y en grupos de mujeres. Pueden evangelizar, orar, dar su
testimonio, cantar, llevar a cabo actividades de servicio a la comunidad y a los necesitados, y organizar
actividades de compañerismo, por ejemplo. En fin, las mujeres pueden usar todos sus dones y practicar
todos los aspectos del ministerio de la iglesia, pero sin ser ordenadas a un oficio de autoridad. En
general, no deben ejercer autoridad sobre los hombres.
Personalmente, no tengo problema en que haya mujeres «diaconisas», siempre que no sean ordenadas
al oficio. En muchas iglesias, hay un cuerpo de diáconos que dirige el ministerio diaconal, pero también
hay un grupo de mujeres que realizan actividades diaconales, siempre bajo la supervisión del cuerpo
oficial. Tampoco tengo problemas en que haya mujeres que manejan las finanzas de la iglesia, siempre
que estén bajo la supervisión de los presbíteros o los diáconos ordenados.
Cómo se explica en un capítulo anterior del libro, 1 Timoteo 3:11 menciona a las mujeres en el contexto
de hablar de los diáconos. Algunos piensan que este versículo autoriza la ordenación de mujeres al oficio
de diácono. En griego la palabra es («gunaikas»), que se puede traducir como «mujeres» o
como «esposas.» Esto ha sido interpretado como las mujeres que ocupan el cargo de diácono, las
mujeres que no tienen el cargo de diácono pero que hacen trabajo diaconal como ayudantes de los
diáconos, o como las esposas de los diáconos. Puesto está insertado aquí dentro de un pasaje que trata
con hombres diáconos (observe que el versículo 12 vuelve a hablar de los hombres diáconos que deben
tener una sola esposa), me inclino a pensar que Pablo está hablando de las esposas de los diáconos en
este versículo.
También creo que puede haber excepciones en situaciones especiales. Por ejemplo, aunque los jueces
en Israel eran casi siempre hombres, Débora fue una excepción (Jueces 4). En una isla donde los únicos
creyentes son mujeres, ¿será un pecado que una mujer sea la pastora de la iglesia? Sin embargo, la
excepción no cambia la norma.
Quizás ayude pensar en esto: Si el hombre ha sido asignado por Dios como cabeza de la familia (no por
ser mejor o tener más dones que la mujer), causaría un problema si no lo fuera también en la iglesia. Si
él está enseñando en la iglesia, pero su esposa es la pastora o dirigente quien evalúa su enseñanza,
produce un conflicto. Y si su esposa predica sermones autoritativos desde el púlpito, cuando él está
sentado en la banca, produce una inversión de roles.

¿Por qué voy a la iglesia? | Paul D. Tripp

¿Por qué voy a la iglesia?

Paul D. Tripp

La iglesia es maravillosa. La iglesia es importante.

La iglesia está destinada a recordarnos la condición miserable en la que el pecado nos dejó a nosotros y a nuestro mundo, y del glorioso rescate de la gracia redentora.

Las canciones que cantamos, las Escrituras que leemos, los sermones que escuchamos y las oraciones en las que participamos están diseñados para evitar que demos por sentado la persona y la obra de Jesucristo.

A pesar de todo esto, hay algunos domingos que no asisto a la iglesia con buena actitud.

Sé que eres más como yo, que diferente a mí.

Si bien hay muchos domingos en los que estamos emocionados por ir a la iglesia, existen esos «otros domingos» en los que simplemente no quieres estar allí.

Son más domingos de los que quisiera admitir, me quejo en mi camino al servicio de adoración. Hay algunas semanas en las que simplemente estoy siguiendo los movimientos, yendo a la iglesia porque se supone que debo hacerlo.

(¡A veces voy porque me obliga mi mujer! Pero sé que a ninguno de vosotros os ha pasado nunca…)

Pero en estos domingos algo sucede: la gloria de Dios se enfrenta a mi voluble corazón.

Dios ordenó que nos reuniéramos para adorar, porque nos conoce y conoce las debilidades de nuestros corazones quejumbrosos y fácilmente distraídos. Él sabe cuán pronto olvidamos la profundidad de nuestra necesidad como pecadores y la amplitud de sus provisiones en Jesucristo.

Él sabe que las pequeñas mentiras pueden engañarnos y los pequeños obstáculos pueden desanimarnos. Él sabe que la justicia propia todavía tiene el poder de engañarnos.

Entonces, en gracia, nos llama a reunirnos y considerar la gloria una vez más, a emocionarnos una vez más y a ser rescatados una vez más.

No es solo que estos servicios de adoración nos recuerdan la gracia de Dios; estos servicios de adoración son en sí mismos un regalo de gracia.

Ir a la iglesia está diseñado para confrontarte con la gloria de la gracia de Jesús para que no busques vida, ayuda y esperanza en otra parte.

¿Estás permitiendo que te confronten?

Dios los bendiga

El cínico que Dios ama | Corey Williams

El cínico que Dios ama

Corey Williams

Hay un cínico que Dios ama. Es un pesimista de las nuevas tendencias, ideas, paradigmas de la cultura, de la filosofía y de la teología. Vamos a conocerlo un poco, a ver cómo vive el día a día.

En primer lugar, pasaremos un tiempo en su estudio, porque es allí donde Dios formó al cínico que lleva dentro. Nada más entrar, el olor a libro viejo y mohoso te envuelve. En el centro del escritorio del hombre, una Biblia destrozada por la guerra está abierta en los Salmos. Las páginas se deshacen. Notas inteligibles, manchadas de café, marcan cada espacio abierto. En una estantería cercana, la sección más grande y prominente se titula «Clásicos». Tiene Acerca de la Trinidad de Atanasio, Confesiones de Agustín y ediciones impresas del Credo de los Apóstoles y la Confesión de Fe de Westminster. Lee de esta sección casi todos los días, repitiendo las verdades que los cristianos han abrazado durante siglos. En el resto de la habitación encontrarás una colección de libros de bolsillo de los puritanos, incluyendo títulos como The Bruised Reed de Richard Sibbes y The Mortification of Sin de John Owen. Otra estantería está dedicada a la Reforma, con libros de Lutero y Calvino. En su marcapáginas favorito, una cita de C.S. Lewis va de arriba a abajo: «Es una buena regla, después de leer un nuevo libro, no permitirse otro nuevo hasta haber leído uno viejo en medio». Tiene escrito en su pared el Eclesiastés 1:9: «Lo que fue, eso será, y lo que se hizo, eso se hará; no hay nada nuevo bajo el sol».

De la biblioteca, pasemos a su sala, donde lo encontramos recibiendo a un amigo. A este cínico le encanta la gente. Escuchemos su conversación. Hablan del último libro que hay en la mesita de noche del amigo. Es un nuevo tratado sobre la iglesia. Parece que este autor ha descubierto por qué las iglesias son tan malas en, bueno, todo. Han estado haciendo las cosas mal en la iglesia. Tiene una solución que, según le dice el amigo al cínico, «revolucionará la forma de hacer iglesia». ¿Notaste la respuesta del cínico? Se mordió el labio hasta que se puso blanco. ¿Qué estaba reteniendo? ¿Era una risa o un llanto? ¿O ambas cosas? Cuando el amigo se va, el cínico sacude la cabeza, sonríe perplejo y murmura «ahh, amigo, siempre persiguiendo la última moda. Siempre buscando soluciones en el futuro. Tengo que acordarme de enviarle algo de Chesterton».

Ahora vamos a hacer una visita social con nuestro cínico. Este domingo pasado, se presentó con unos visitantes, una pareja sentada frente a él en la iglesia. Nuestro hombre disfrutó de la conversación. Con el deseo de servirles mediante la gracia del compañerismo, invitó a los esposos a cenar a su casa la semana siguiente. Honrados por la invitación, aceptan de buen grado, pero insisten en ser los anfitriones. «Queremos estar en nuestra casa, por si pasa algo».

Este comentario enigmático confunde a nuestro hombre, pero como no quiere pescar detalles que no le han ofrecido, no hace preguntas. Tal vez tengan un hijo discapacitado o una mascota que se sabe que destroza la casa en su ausencia. Supone lo mejor—porque se niega a ser ese tipo de cínico—y se presenta en su casa el jueves siguiente a la hora acordada. En el interior no hay ni niños ni mascotas, por lo que nuestro hombre no puede encontrar una fuente inmediata del enigmático comentario. La pareja parece agradable, competente, inteligente, espiritualmente entusiasta y enamorada el uno del otro. ¿Dónde está el motivo de preocupación? No lo encuentra, hasta que la esposa da las obligadas instrucciones para la cena.

«Siéntete libre de servirte. Hay bandejas para ver la televisión y comeremos en la sala para poder ver las noticias. Acabamos de enterarnos de una nueva ley que el congreso está debatiendo y que podría ser el fin de la libertad religiosa en este país. Es horroroso. Tenemos que estar informados».

El corazón de nuestro cínico se hunde. Puede creer que esas leyes se debaten porque siempre lo han hecho y siempre lo harán. Ahora entiende el comentario del domingo pasado. Se han creído la mentira de que todas las noticias son urgentes. Están atrapados por unos medios de comunicación apocalípticos.

Nuestro hombre sabe que, en estas situaciones, la mejor manera de desenredar es una larga y pausada conversación sobre las verdades antiguas y las futuras promesas de Dios.

Con gentileza, sugiere que silencien el televisor y se trasladen al comedor para mantener esa conversación, pero ni el hombre ni la mujer escuchan. Se quedan con la boca abierta mientras la personalidad deslumbrante se inclina hacia la cámara—con disgusto en sus ojos y en su tono—y declara, con absoluta certeza, que el otro bando quiere atrapar a los que lo ven desde la seguridad del hogar. Afortunadamente, él, la cabeza parlante, ha descubierto lo que esos bribones están tramando y, en el próximo segmento, va a exponer sus fines malignos, así que deben—absolutamente deben—permanecer sintonizados después de los anuncios de pasta de dientes, camiones, aspiradoras y vacaciones en Disney. Nuestro hombre se acaba la comida—se toma en serio lo de disfrutar del don divino de la comida—se levanta, limpia su plato y sus utensilios, los devuelve a sus cajones y se marcha. La pareja no aparta la vista del televisor. En el camino a casa, nuestro hombre intenta pensar en un libro que pueda regalarles para que sus próximos invitados disfruten de una mejor velada. Cuando llega a su casa, ha decidido que lo que más necesita esta pareja es una lectura del libro del Apocalipsis, especialmente de los capítulos 21 y 22.

Ahora que ha visto a nuestro cínico en acción—leer libros antiguos, desconfiar de las ideas revolucionarias, rechazar la urgencia del mundo saturado de medios de comunicación en el que habita—veámoslo descansar. Está celebrando su cumpleaños 90. Más amigos y familiares de los que puede contar le rodean en este día tan especial. Ya no puede caminar. Su vista es débil. Pero el ingenio y la picardía son más agudos que nunca. A su alrededor hay vidas transformadas por su cinismo. Varios de los presentes en esta fiesta de cumpleaños recuerdan la calma que mostraba durante una u otra crisis nacional, cómo se burlaba amablemente de la hipérbole de la época, y cómo simplemente no se creía cuando alguien decía que los acontecimientos del momento iban a cambiar el mundo, y cómo eso les recordaba la soberanía de Dios en cada detalle. Otros nunca olvidarán sus consejos durante una crisis personal. En los conflictos matrimoniales, en los fracasos de liderazgo, en los ataques de ansiedad, siempre transmitía la verdad de ese antiguo y gastado Libro que tenía sobre su escritorio. Era cínico con respecto a la sabiduría del siglo XXI, pues no la creía superior a todo lo que ofrecía el primer siglo. Otros simplemente habían visto la paz en sus ojos y en su rostro.

Él era un hombre del pasado que estaba preparado para el futuro

Verle transcurrir el día con una visión cínica de la idea—tan común a lo largo de su vida—de que los acontecimientos actuales son los más importantes de nuestra vida, o de cualquier vida. Esa actitud ayudó a innumerables almas a captar otro mundo, un mundo en el que todo está bien, y la oscuridad del mundo ya está derrotada.

Unos días después, se escapa en medio de la noche, llamado al cielo por su Señor y Salvador. Dios le ha justificado, santificado y ahora glorificado. Se despierta en la presencia de su Señor, y escucha las palabras más dulces… «Bien hecho, buen siervo y fiel».
Tal vez, para nuestro hombre, había un anexo.

«Has sido fiel en la humildad, desconfiando de ti mismo y de los dogmas culturales que se arremolinaban a tu alrededor. En cambio, has confiado en mi revelación pasada para tu presente y tu futuro. Te has negado a comprar la ansiedad de esta época actual, creyendo, en cambio, que ‘el mundo pasa y también sus deseos; pero el que hace mi voluntad permanece para siempre’. Por eso, cínico amado, te haré gobernante de muchas cosas antiguas y atemporales. Entra en el gozo de tu Señor».

Corey Williams
Corey Williams is the Chief Communication Officer at The Master’s Seminary.

Deudas mutuas en el matrimonio | Peter Masters

Deudas mutuas en el matrimonio

Peter Masters

Cristo ha pagado nuestra deuda eterna. ¡Cuán dispuestos tendríamos que estar ahora a pagar las deudas que debemos a la persona que Dios nos ha dado para el peregrinaje de nuestra vida! Aquí tenemos el concepto bíblico del matrimonio cristiano.

“El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido” (1 Corintios 7:3) RV1909.

El apóstol Pablo está respondiendo preguntas que la iglesia de Corinto le ha hecho. Lo podemos ver en sus palabras: “En cuanto a las cosas de que me escribisteis, bueno le sería al hombre no tocar mujer”.
Evidentemente una de las preguntas era: “¿Es mejor no casarse?”. Quizás otra era: “¿Debería existir abstinencia sexual entre cristianos casados?”. No podemos decir exactamente cuáles fueron las preguntas, pero la respuesta de Pablo sugiere que tenían que ser algo así.
Cuando dice que sería bueno que el hombre no tocara mujer, nos damos cuenta de que se está refiriendo al matrimonio. No dice que sea mejor no casarse, o que permanecer soltero sea un estado superior, sino solamente que es bueno y aceptable a los ojos de Dios. Después muestra que el estado de soltero puede tener muchas ventajas para el servicio al Señor. Es bueno, saludable y a menudo es una situación maravillosa y necesaria y, desde luego, lo fue para alguien como el apóstol Pablo.
Como apóstol, y viviendo en tiempos difíciles, viajaba de sitio en sitio constantemente y nunca estaba en ningún lugar por más de tres años, y después se iba y muy frecuentemente su estancia en cualquier lugar era mucho más corta. Pablo constantemente tenía que hacer frente a persecución y oposición. ¿Podemos imaginar la angustia mental de su esposa si hubiera estado casado? Constantemente habría estado ansiosa; y su pobre corazón casi partido conforme el apóstol aguantaba todo el rigor de su labor. Cuando hubiera estado de vuelta a casa, en qué condición tan alarmante se encontraría a veces después de palizas crueles y tratamiento violento.
¡¿Qué estamos diciendo?! ¿“Cuando hubiera estado de vuelta a casa”? Él no tenía un hogar. Aquel cuyas palabras han sido atesoradas por billones de creyentes a lo largo de la era cristiana no tenía ningún lugar del cual pudiera decir que era suyo. Dondequiera que iba, dependía de la hospitalidad; y a veces incluso vivió al aire libre. Cuando consideramos las adversidades de la vida distintiva de Pablo, vemos que el no estar casado era para él un acto necesario de compromiso hacia el Señor.
Si no estamos casados, el Señor nos sostendrá y bendecirá poderosamente. Así que el apóstol declara por inspiración de Dios que el estado de soltero es uno noble que el Señor bendice.
Pero entonces Pablo dice: “pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido”. Desde luego, la condición más normal es estar casado. Nunca sea prohibido el matrimonio, dice el apóstol en 1 Timoteo. Advierte que en los últimos días, se levantará gente que prohibirá el matrimonio. Son falsos maestros que enseñan doctrinas de demonios y sacan sus ideas de espíritus engañadores, y con hipocresía hablan mentira. Pablo dice estas terribles cosas acerca de la gente que prohíbe o desalienta el matrimonio.
Aunque puede parecer que el apóstol está diciendo que el estado de soltero es superior al matrimonio, claramente no es así. El matrimonio es algo que Dios ha decretado, y es la condición general de hombres y mujeres; y así lo enseña Pablo, pero enfatiza que ambos estados, tanto el de casado como el de soltero, son bendecidos por Dios.
Notamos que Pablo dice que el matrimonio está ahí con el fin de evitar la fornicación, pero en otras partes de las Escrituras da otras razones mucho más grandiosas para ello. Aquí simplemente establece un propósito moral obvio, pero lo hace en una forma muy hermosa mediante una explicación curiosa.
Este es uno de los casos en los que no solo tenemos que leer sino también “oír” sus palabras: “pero a causa de las fornicaciones, cada uno tenga su propia mujer, y cada una tenga su propio marido”. Las dos últimas frases utilizan casi las mismas palabras y, mediante esto, Pablo hace hincapié en una característica central del matrimonio. ¡Piense en esto!: poseer “su propia mujer”, “su propio marido”. Ella le pertenece a él, y él le pertenece a ella. El uno es para el otro una posesión valiosa; una posesión que se debe valorar, estimar, apreciar y amar. “Su propio […] su propia” para cuidarle. Mi único(a) esposo(a).

En Génesis 2 leemos cómo Eva fue creada del costado de Adán, y él dijo estas palabras: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. ¿Pensamos que solo estaba hablando desde un punto de vista biológico, realizando una observación física obvia? ¿O nos damos cuenta de que aunque utiliza el lenguaje de un hecho biológico literal, en realidad está expresando sus más profundos sentimientos? No es meramente una observación biológica, sino lo que realmente piensa de Eva.
Y mientras que esto no es una verdad literal para nosotros, los maridos y las mujeres deberían ser capaces de decir el uno del otro: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne”. Estas palabras expresan la cercanía de la posesión. “Las preocupaciones de mi esposa y sus dolores son míos, tal como si realmente lo fueran”. “Las preocupaciones de mi esposo y sus dolores son míos, tal como si realmente lo fueran”.

Los jóvenes especialmente deberían ser conscientes de que el grado excesivo de “roce” hoy en día es algo nuevo…

Antes de continuar con las deudas mutuas en el matrimonio, debemos comentar las palabras “bueno le sería al hombre no tocar mujer”. Aunque esto es un eufemismo para el matrimonio, al mismo tiempo contiene literalmente verdadera sabiduría. Tenga cuidado de la “cultura” moderna. Los jóvenes especialmente deberían ser conscientes de que el grado excesivo de “roce” hoy en día entre hombres y mujeres es algo nuevo; nunca fue así antes.
Hasta hace poco, los hombres no tocaban a una mujer excepto para estrecharle la mano. Pero la cultura degradada y carnal de los últimos años ha introducido cada vez más un toqueteo entre hombres y mujeres fuera del matrimonio.

Abrazarse, sentirse y besarse es ahora una característica normal de nuestra sociedad. Ya no es solo una afectación de los famosos y los hombres de negocios, sino que también se extiende a los políticos y a cualquiera en la mira pública. Sin embargo, el respeto tradicional por el sexo opuesto considera todo este toqueteo como impropio, descortés, e incluso rayando lo ordinario. Es demasiado confianzudo y también sumamente imprudente. Creemos que mucha gente se toquetea con el sexo opuesto inocentemente, suponiendo que solo están mostrando un comportamiento amistoso; pero muchas personas lo hacen para obtener excitación carnal, y afirmamos que el enunciado de Pablo contiene sabiduría literal.

En el pasado, en las culturas de los países con una fuerte influencia cristiana, el toqueteo confianzudo con el sexo opuesto era visto como algo irrespetuoso, insolente e indecoroso, y también nosotros deberíamos considerarlo así hoy en día. Si las personas se comportan con demasiada liberalidad en estas cuestiones, muchos pronto caerán (y caen) en el pecado de tener malos pensamientos.

Pasamos ahora a otro enunciado intencionalmente largo del apóstol, las grandes palabras “El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido” (RV1909). ¿Qué es exactamente “la debida benevolencia”? This is the translation of the martyr William Tyndale, which, like much of the New Testament, was adopted by the King James translators.
La palabra “debida” se refiere literalmente a una deuda que se tiene que pagar, o a un deber. Lo que se debe es benevolencia, una palabra que no se encuentra en algunos manuscritos antiguos, pero incluida firmemente en el Texto Mayoritario, y en el Texto Recibido del Nuevo Testamento griego. Algunas versiones modernas de la Biblia se precipitan en omitir la palabra, con su tendencia a “empobrecer” la traducción. Al hacerlo, logran que el pasaje entero hable acerca del sexo y de las relaciones sexuales. El mundo (y los periódicos sensacionalistas), cuando habla acerca del matrimonio, tiende a hablar solo del sexo, pero la Biblia habla acerca de asuntos más profundos también. Y así ocurre en este capítulo siete de 1 Corintios, donde el apóstol no llega a las relaciones sexuales sino hasta después de que ha hablado acerca de cómo el hombre y la mujer se poseen el uno al otro y pagan un deuda mutua de benevolencia. La Palabra inspirada pone estas cosas importantes y valiosas justo al principio, porque el matrimonio es mucho más que una relación sexual, tan importante como pueda ser.
La debida benevolencia es una deuda de buena voluntad, o de amabilidad en acción. La versión inglesa New King James (nueva versión del Rey Jaime) mantiene la idea de benevolencia, excepto que debilita la palabra un poco al sustituirla por “afecto”. Esto no es lo suficientemente fuerte, porque el afecto puede ser solo una emoción, pero la benevolencia es una emoción que se expresa activamente en acciones amables.
Tenemos una deuda de ofrecer una actitud amable y acciones amables y debemos pagarla. Nuestra deuda o deber bíblico contiene al menos siete aspectos, y si alguno de nosotros no lo estamos pagando, entonces pecamos contra el Señor.

Compromiso exclusivo
El primer elemento de esta obligación séptupla es muy obvia: es un compromiso exclusivo. El matrimonio es un pacto que incluye promesas que se tienen que cumplir. Hemos hecho votos y promesas de absoluta seguridad en un compromiso exclusivo, y no debe haber traición, por pequeña que sea, bajo ninguna circunstancia. Todas las tentaciones de falta de respeto o aversión entre sí tienen que ser expulsadas ​​inmediatamente, y los malos pensamientos se deben sustituir por buenos pensamientos. Considerar que otra persona fuera un esposo o esposa más adecuado(a) o deseable sería escandaloso y malvado, y no se tiene que cavilar ni por un momento. Tenemos una deuda y deber vinculantes ante Dios de permanecer leales el uno para con el otro a lo largo de la vida, y las únicas razones para la interrupción de esta deuda son aquellas nombradas en las Escrituras.
Parte de ser leales incluye un profundo respeto el uno por el otro y por nuestra unión, y esto significa que nunca hablamos del otro a una tercera persona en relación a asuntos personales y privados, ni hacemos comentarios críticos. Nunca nos traicionamos o nos ponemos en evidencia. Algunas personas lo hacen, pero son muy insensatas, comportándose como mundanos superficiales. Se quejan acerca de su marido o su mujer, incluso acerca de cosas bastante íntimas, y cosas que siempre deberían mantenerse estrictamente entre ellos, y hablan a terceras personas muy a la ligera. Esta es una forma de traición que debilita enormemente la unión que Dios ha dado y es un abandono del deber de fidelidad.

El deber de cuidado mutuo
La segunda obligación en nuestra deuda séptupla es el deber bíblico de cuidado mutuo. Tenemos que cuidarnos el uno al otro. A veces algunas buenas personas, cuando llevan casadas varios años, se olvidan de cuidarse el uno al otro, y especialmente si ambos son bastante fuertes y capaces. Dejan que el otro se valga por sí mismo y continúan con sus vidas, no poniéndole mucha atención al otro. Esto no es suficiente, porque tenemos un deber de cuidarnos de forma considerada y amorosa. Tenemos un deber de protegernos, alentarnos y confortarnos siempre que sea necesario, ayudándonos en nuestras diferentes tareas. A menudo puede que se ayude muy poco al otro. Puede que haya atención, apreciación, entendimiento y colaboración insuficientes.
Este deber de cuidado incluye esfuerzo para potenciar los dones del otro para el servicio al Señor, lo cual hemos incluido más adelante en el artículo.

El deber de amar
La tercera obligación en esta deuda séptupla es el deber de amar. Debemos hacer todo lo que sea necesario para mantener viva la llama del amor. El amor no es una emoción automática que sobrevive por sí misma, sino una que debe ser ejercitada y expresada, y si no se hace, pronto se enfría.
“Maridos, amad a vuestras mujeres”, dice el apóstol repetidamente en Efesios 5. ¿Estamos expresando amor? ¿Lo estamos comunicando? Si no es así, no estamos pagando nuestra deuda y somos culpables ante Dios. En el mundo la gente puede que diga: “Ya no le quiero”, como si no lo pudieran evitar, y su matrimonio ha terminado. Pero el amor es en gran manera una elección y, a menos que algún gran pecado intervenga, nunca se debería permitir que el amor decaiga y fracase.
El amor comienza con apreciación y cortesía inagotable. Después pasa a un gran afecto y actos de amabilidad. Después valora y atesora su objeto, y reflexiona sobre él de forma que el lazo sagrado de posesión pueda ser forjado. Nunca debe dejar de ser expresado de esta forma.
A los maridos se les manda amar a sus esposas como Cristo amó a la Iglesia, el cual es un amor sacrificado; un amor que nunca cesa de bendecir activamente.

Si pensamos demasiado acerca de nuestros problemas y desgracias, o nuestros hobbies y placeres, no nos quedará mucha energía emocional para amar a nuestra esposa o esposo…

Para mantener vivo el amor, ciertos pecados específicos, como la autoindulgencia, deben ser evitados. Si pensamos demasiado acerca de nuestros problemas y desgracias, o nuestros hobbies y placeres, o nuestros objetivos e intereses, no nos quedará mucha energía emocional para amar a nuestra esposa o esposo. De igual forma, la autocompasión drena todas las reservas de un sentimiento real por otra persona. Puede ser que una persona haya llevado una vida dura con muchas desgracias, pero si tal persona no raciona firmemente la reflexión, y en vez de ello cae en un lamento constante, el amor por la otra persona no podrá prosperar.
El orgullo también estropea el amor porque pone en el centro de su vida a la propia persona, de forma que nadie más importa mucho. Toda emoción disponible es gastada en la suerte y fortuna, logros o reveses del “número uno”. Malgastar la “divisa” de la emoción es ser incapaz de amar verdaderamente. (Los lectores se darán cuenta de que estamos usando el lenguaje poéticamente y no científicamente).

El deber de cuidado espiritual
Nuestra cuarta obligación en esta deuda séptupla es el de cuidado espiritual. Dios nos hará responsables del nivel de cuidado espiritual que damos, y esto comienza con oración el uno por el otro, y la oración comienza con alabanza. Si sinceramente alabamos a Dios y le agradecemos por nuestro esposo o esposa, es muy poco probable que tengamos sentimientos de amargura, tontos y egoístas, el uno por el otro. Deberíamos percibir lo bueno del otro tanto como sea posible, y orar por bienestar, bendición espiritual y salud; y también por felicidad y éxito en el trabajo, la crianza de los hijos y el servicio por el Señor. Agradezca a Dios por el primer amor y por cada bendición importante que hayan vivido juntos en el transcurso de la vida. Después lean la Palabra juntos y hablen de cosas espirituales.
Esposos, esposas, ¿hablan de cosas espirituales? Puede ocurrir muy fácilmente en un matrimonio que, después de unos pocos años, conocen lo que piensan tan bien que no tienen nada más que decirse y, por consiguiente, su conversación se queda restringida a las necesidades terrenales. Sin embargo, tenemos una deuda, un deber de fomentar un buen interés espiritual y conversaciones al respecto. Esto puede abarcar temas y doctrinas específicas; o las necesidades de la causa de Dios ya sea en nuestra propia iglesia o nacionalmente, o en el extranjero; o puede ser acerca de tendencias a las que tenemos que responder en oración; o sobre nuestros propios esfuerzos de evangelizar a ciertas personas e interceder por ellas. Sobre todo, tenemos que alentarnos el uno al otro a tener dedicación y devoción a Cristo, y a apreciar su poder y sus propósitos.

El servicio espiritual del otro
Nuestra quinta obligación en esta deuda séptupla es posibilitar o potenciar el servicio espiritual del otro. Un marido debe decir: “Tengo que facilitar el servicio espiritual de ambos”. Pablo dice: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”, y se está dirigiendo tanto a ciudadanos libres como a esclavos. Está claro que Pablo no está queriendo decir que los esclavos abandonen a los amos a quienes pertenecían, sino que como siervos dispuestos de Cristo, su prioridad máxima, cualquiera que sea la situación, es estar a su servicio.
“Servimos” a nuestros jefes en el lugar de trabajo, a nuestras familias, y en nuestros hogares, pero la prioridad principal tanto del marido como de la mujer es servir a Cristo. A menudo el marido está involucrado en el servicio al Señor y está muy ocupado; es bendecido, enormemente apreciado y se siente realizado. Pero, ¿y la esposa? ¿Qué es lo que ha hecho el marido para posibilitar que ella sea útil al Señor aparte de cuidar a la familia? Tenemos un deber de ayudarnos el uno al otro en esto, y de no negar al otro el propósito mismo de su salvación.
A veces ni el marido ni la mujer son útiles al Señor porque han querido demasiado del mundo material, quizás un coche o una casa demasiado caros, o una posición muy alta en la vida, de forma que toda su energía y esfuerzo son dedicados a los negocios, al avance y a acumular cosas. Tienen una muy buena posición económica, pero ninguno está sirviendo al Señor, o quizás solo uno porque no han buscado el objetivo correcto. Si no hubieran sido tan ambiciosos, o atraídos por el avance en este mundo habrían sido capaces de dedicar más tiempo en buscar formas de servicio cristiano en la iglesia. ¡Cuánto más felices habrían sido! Es mucho mejor estar al servicio de Cristo que tener tal posición vertiginosa en la vida.
Los maridos deberían decir: “Mi principal finalidad es facilitar el servicio cristiano para ambos, no solo para mí”. Si bien el Señor ha ordenado que el marido sea el cabeza de familia, tanto el marido como la mujer son iguales ante Él, y uno no debería descartar el servicio del otro o ser indiferente al mismo.

Un deber de agradar
Nuestra sexta obligación en esta deuda séptupla es el de agradar el uno al otro. “¿Hago feliz a mi mujer o marido?” Esta es una parte esencial de la benevolencia que es debida. “¿Hago que la vida sea agradable? ¿Doy compañerismo y amistad, al decir buenas cosas y traigo buenas nuevas y hablo de cosas gratas y reconfortantes?”.
“¿O estoy en el otro extremo, tan ocupado que no le dedico al otro ni un minuto de mi tiempo o de mis pensamientos, y rara vez hablamos de un modo sustancial o alentamos los sentimientos del otro o sus aspiraciones?”.¡Esto sería terrible! Preguntémonos: “¿Concedo amistad o causo malos estados de ánimo a mi esposa o esposo?”.
Las parejas, desde luego, comparten las cargas, y esto es una de las bendiciones y los privilegios del matrimonio. Pero esto no se debe hacer todo el tiempo porque sería intolerablemente egoísta. Si un marido descarga sus problemas y miedos perpetuamente, y siempre está quejándose y refunfuñando, o si su esposa lo hiciera, la vida no sería nunca agradable, y el uno nunca sería una persona grata para el otro. Se tiene que racionar cuántos problemas se comparten. Piense en algo bueno, para variar; en algo agradable. Nunca piense en los achaques por mucho tiempo. Si puede, lleve la carga con la ayuda del Señor y no espere que el otro tenga que llevar la carga injustamente. Recuerde que tenemos un deber mutuo de alentarnos, de animarnos el uno al otro, como una deuda debida en el matrimonio.

Un deber de moldear
Nuestra séptima obligación en esta séptupla deuda mutua debida en el matrimonio es el deber de moldearnos el uno al otro. Por favor recuerde que es un deber de moldearse entre sí. Si el moldear se produce en una sola dirección, entonces es una imposición, una carga pesada y una experiencia desagradable. Si él siempre está corrigiéndola, o ella siempre le está corrigiendo, y no es una actividad mutua, hecha con cuidado, es probable que produzca arrogancia en uno y resentimiento en el otro. Tenemos que influir en el comportamiento del otro con cortesía, amabilidad y gentileza, y moldear y dejarnos moldear con mansedumbre.
Martín Lutero bien llamó el matrimonio: “la escuela de carácter”, y lo es. ¿Somos demasiado orgullosos como para aceptar consejo o ayuda de nuestro esposo o esposa? ¿O nos quejamos del comportamiento del esposo o la esposa debido a un mal genio o a una impaciencia irrazonable? El moldeamiento se debe llevar a cabo con paciencia porque la mayoría de las quejas que las personas tienen entre sí no se deberían tener, sino que se deberían cubrir con amor y olvido.

Oremos para deshacernos de este orgullo en el matrimonio, pues daña de forma devastadora, y aprendamos a amar

Normalmente existe una gran diferencia entre el marido y la mujer con respecto a sus dones y a la manera como piensan. Tienen sus puntos fuertes en diferentes áreas, y tienen personalidades diferentes. Obviamente necesitamos tenernos gran afecto y gran paciencia el uno con el otro. Si uno se siente irritado constantemente por el otro probablemente se deba al orgullo; un horrible e intolerante orgullo que no reconoce los dones, las capacidades, sensibilidades y el discernimiento del otro, y que no puede adaptarse a variedades humanas razonables. Oremos para deshacernos de este orgullo en el matrimonio, pues daña de forma devastadora, y aprendamos a amar incluso aquellas imperfecciones de actitud y forma de pensar percibidas que son sin malicia.

Nuestro aliciente
Deudas, deberes y obligaciones son la esencia de nuestra debida benevolencia. Note de nuevo cómo Pablo de forma deliberada utiliza una forma torpe de palabras: “El marido pague á la mujer la debida benevolencia; y asimismo la mujer al marido” (RV1909). Es una deuda recíproca.
Concluimos con otra referencia a 1 Corintios 7:23: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres”. Aquí tenemos el gran incentivo para pagar nuestras deudas mutuas, para que así nuestra unión matrimonial pueda ser profunda, hermosa e instrumental al servicio de Cristo. Éramos esclavos del pecado y le pertenecíamos. Éramos esclavos del diablo y nos controlaba. Éramos esclavos de condenación y del infierno; esclavos de una corrupción dentro de nosotros cada vez mayor; y de ideas falsas y retorcidas. Éramos esclavos de tragedia y pérdida, y aun así Dios nos sacó de todo eso y nos compró.
Suponga que tiene un negocio que no es una sociedad de responsabilidad limitada, de modo que es incapaz de escapar de las deudas. Es totalmente suyo pero la empresa ha fracasado y se ha hundido en una deuda grave. Está a punto de entrar en bancarrota y perder su empresa, su hogar; todo. Pero entonces alguien viene (esto nunca ocurriría en la vida real) y solo porque usted le da lástima, le dice: “Le compro su empresa”. Su empresa no vale nada, debe demasiado; pero su benefactor le dice: “La compro por el valor de su deuda, por grande que sea, de forma que su historial crediticio quede limpio. Sé que estoy pagando mucho más de la cuenta por la empresa; pero no solo la compraré, sino que le daré mejores instalaciones y la pondremos en marcha de nuevo, no importa lo que cueste”.
“Pero he fracasado”, respondería usted, “mi empresa ha sido un absoluto fracaso”. “Aun así”, insiste el benefactor, “le rescataré”.
Cristo ha pagado nuestra deuda eterna. A través de la valiosísima sangre de Cristo hemos sido liberados de condenación y se nos ha dado una vida nueva, mucho mejor, y un glorioso hogar eterno. Cuán dispuestos ahora deberíamos estar a pagar las deudas que debemos a esa persona que Dios nos ha dado para el peregrinaje de nuestra vida: nuestra propia esposa o nuestro propio marido. ¿Estamos cumpliendo nuestras obligaciones? Que el Señor nos bendiga y nos capacite para hacerlo.

¿CUÁNDO DEJA UNA IGLESIA DE SER IGLESIA? | R.C. Sproul

¿CUÁNDO DEJA UNA IGLESIA DE SER IGLESIA?

R.C. Sproul

Esta pregunta ha recibido varias respuestas a lo largo de la historia, dependiendo de la perspectiva y evaluación de ciertos grupos. No existe una interpretación rígida sobre lo que constituye una iglesia verdadera. Sin embargo, en la ortodoxia cristiana clásica han surgido ciertos estándares que definen lo que llamamos el cristianismo “católico” o universal. Este cristianismo universal apunta a las verdades esenciales que han sido expresadas históricamente en los credos del primer milenio y son parte de la confesión de prácticamente cada denominación cristiana en la historia. Entonces, hay al menos dos formas en las que un grupo religioso falla en cumplir con los estándares de ser una iglesia.

‪La primera es cuando caen a la apostasía. La apostasía ocurre cuando una iglesia deja sus amarres históricos, abandona su posición confesional histórica, y se degenera a un estado en el cual las verdades cristianas esenciales son negadas descaradamente, o la negación de tales verdades es ampliamente tolerada.

Otra prueba de la apostasía es a nivel moral. Una iglesia se convierte en apóstata de facto cuando sanciona y fomenta pecados graves y atroces. Tales prácticas se pueden encontrar hoy en ciertos sistemas de denominaciones controversiales, tales como los conocidos episcopalismo y presbiterianismo tradicionales, los cuales se han alejado de sus amarras confesionales históricas, así como su posición confesional sobre cuestiones éticas básicas. (Nota del editor: Estas denominaciones han apoyado el matrimonio homosexual y aun permitido la ordenación de homosexuales hombres y mujeres).

La caída de una iglesia a la apostasía debe diferenciarse de aquellos grupos que nunca alcanzaron en realidad el estatus de una iglesia viable. De manura particular, nos referimos a las sectas heréticas. Aquí una vez más no encontramos ninguna definición rígida universal sobre lo que constituye una secta. El término tiene más de un significado o denotación. Por ejemplo, todas las iglesias que practican ritos y rituales tienen en su núcleo una preocupación por su “cultus” o “culto”. El “cultus” es el cuerpo organizado de la adoración que se encuentra en cualquier iglesia. Sin embargo, esta dimensión puede ser distorsionada a tal grado que el uso del término “culto” es aplicado en su sentido peyorativo. Por ejemplo, el diccionario puede definir el término “culto” como una religión que es considerada falsa, poco ortodoxa, o extremista. Cuando hablamos de cultos en este sentido, lo que viene a la mente son las distorsiones radicales en grupos marginales, como el fenómeno de Jonestown. Allí un grupo de devotos se sometieron a su líder megalómano, Jim Jones, e ilustraron su devoción a tal grado que voluntariamente se sometieron a la orden de Jones de suicidarse. Esto muestra el comportamiento extremista de las sectas.

Vale la pena notar que casi cualquier compendio que trata con la historia de las sectas incluirá dentro de sus estudios las grandes masas de la religión, tales como los mormones y testigos de Jehová. Sin embargo, el tamaño y la permanencia de estos grupos tienden a darles más credibilidad al paso del tiempo y a medida que más gente se asocia con sus creencias. Cuando miramos a grupos, tales como los mormones y los testigos de Jehová, encontramos elementos de verdad en sus confesiones. Sin embargo, al mismo tiempo, expresan claras negaciones de lo que históricamente podrían ser consideradas verdades esenciales de la fe cristiana. Esto ciertamente incluye su descarada negación de la deidad de Cristo. Los testigos de Jehová y los mormones tienen esta negación en común. Aunque ambos colocan a Jesús en algún tipo de posición exaltada en sus respectivos credos, Él no alcanza el nivel de deidad. Los dos grupos consideran a Cristo una criatura exaltada. Siguiendo la línea de pensamiento del antiguo hereje Arrio, los mormones y testigos de Jehová sostienen que el Nuevo Testamento no enseña la deidad de Cristo; más bien, ellos argumentan que enseña que Él es el primogénito exaltado de toda la creación. Dicen que Él es la primera criatura hecha por Dios, a quien luego se le dio poder superior y autoridad sobre el resto de la creación. Aunque Jesús es exaltado en tal cristología, todavía está muy lejos de la ortodoxia cristiana que confiesa la deidad de Cristo. Los pasajes en el Nuevo Testamento que se refieren a Jesús como siendo “engendrado” y “el primogénito de la creación” se utilizan incorrectamente para justificar esta definición de Cristo como criatura.

En los tres primeros siglos de la historia cristiana, el pasaje bíblico que dominó la reflexión sobre la comprensión de Cristo en la iglesia fue el prólogo del Evangelio de Juan. Este prólogo afirma que Cristo es el “Logos”, o la Palabra eterna de Dios. Juan declara en su Evangelio que el Logos estaba “con Dios en el principio, y era Dios”. Este “con Dios” sugiere una distinción entre el Logos y Dios, pero la identificación por el verbo que une “era” indica una identidad entre el Logos y Dios. La forma en que los mormones y los testigos de Jehová y otros grupos niegan esta verdad es por la substitución del artículo determinado en el texto por el artículo indeterminado, lo que hace que el Logos sea “un dios”. Con el fin de forzar esta interpretación del texto, uno debe afirmar previamente alguna forma el politeísmo. Tal politeísmo es totalmente ajeno a la teología judeocristiana, donde la deidad se entiende en términos monoteístas.

La amenaza de las distorsiones de las sectas es algo con lo que la iglesia tendrá que luchar en cada generación y en cada época. También es importante entender que incluso las iglesias legítimas pueden encontrar en su interior prácticas que reflejan el comportamiento de las sectas. Las sectas pueden surgir dentro de las estructuras de ciertas iglesias. En la comunión romana, por ejemplo, vemos en Haití una mezcla de teología católica romana con las prácticas del culto vudú. También en esa misma comunión no hay duda de que grandes grupos de personas veneran a María a un grado que va más allá de los límites defendidos por la propia iglesia, degenerando su adoración en una mentalidad de secta. Pero tal puede ser el caso entre los luteranos, presbiterianos, o cualquier grupo, cuando la ortodoxia es sacrificada por la devoción a los ídolos.

Publicado originalmente en la revista Tabletalk. Traducido por Roman González.
R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation.

La ingratitud como raíz del Pecado | William B. Barcley

La ingratitud como raíz del Pecado

William B. Barcley

Cuando mi sobrina tenía dos años y medio, mi hermana y mi cuñado la llevaron a visitar a unos amigos. Cuando llegaron, la hija de esos amigos, que tenía seis años, llevó a mi sobrina a otro cuarto para jugar con ella mientras los adultos conversaban. Luego de unos veinte minutos, la niña de seis años regresó a donde estaban los adultos exasperada. Había estado jugando un juego en el que tenía que pasarle decenas de fichas a mi sobrina. La pequeña se quejaba, diciendo: “Cada vez que le paso una ficha, me dice ‘gracias’ y espera que yo le diga ‘de nada’”. Ese había sido el “diálogo” constante durante veinte minutos, y la niña más grande ya estaba frustrada.

La ingratitud y el orgullo van de la mano. Donde vaya uno, allá lo acompaña el otro.

Enseñar a nuestros hijos a dar las gracias y a tener un espíritu agradecido es parte importante de la paternidad cristiana. La razón es que nuestro Padre celestial exige que Sus hijos estén llenos de acciones de gracias. La gratitud es esencial para el seguidor de Jesucristo. Por otro lado, la ingratitud es pecado y es la raíz de otros pecados.

Dios creó al hombre —y luego recreó a Su pueblo— para que lo adorara a Él. En la obra clásica llamada El contentamiento cristiano… una joya rara, Jeremiah Burroughs escribe: “Adorar no es simplemente hacer lo que a Dios le agrada, sino también agradarse de lo que Dios hace”. La adoración incluye deleitarse en todo lo que Dios trae a nuestras vidas y dar gracias por ello, en todas las circunstancias. Un corazón agradecido es un corazón que adora. El corazón ingrato es incapaz de adorar a Dios.

En Romanos 1:18 – 3:20, Pablo detalla exhaustivamente el pecado humano y la condenación divina. Ninguna persona queda excluida (“todos pecaron”). Ningún matiz del pecado queda en el tintero: abarca desde la codicia hasta la malicia, desde la envidia hasta el asesinato, desde el chisme hasta la difamación, desde el odio contra Dios hasta la desobediencia a los padres, desde la rebeldía hasta la justicia propia, desde el hacer lo malo hasta el inventar lo malo, y desde la comisión de pecados hasta la aprobación de los que cometen pecado. Sin embargo, la raíz de todos estos males es que la humanidad no honra a Dios como a Dios ni le da gracias (1:21).

En esencia, la ingratitud es un rechazo de Dios. Es un rechazo de Él como Creador y Gobernador de todas las cosas. Es un rechazo de Dios como el dador de la vida, el dador de toda bendición, ya sea esperada o inesperada, placentera o dolorosa. Aun cuando estuvo encarcelado, Pablo se regocijó y exhortó a los filipenses a que se regocijaran con él. Exhortó a otros a que siempre dieran gracias. Los creyentes tenemos espíritus agradecidos porque reconocemos que todo lo que tenemos, todos los lugares donde nos encontramos e incluso todo lo que somos viene de la mano de Dios, para Su gloria y para nuestro bien.

Los cristianos, al igual que mi sobrina, reconocemos que todo lo que tenemos es un regalo. Dios nos ha dado todo: la vida, la salvación y todo lo que forma parte de la vida en este mundo y en el venidero. Cada día, cada momento, debería estar lleno de acciones de gracias. Dios es bueno, y todo lo que Él hace y otorga es para nuestro bien. Todo es un regalo.

Imagina que un hijo de padres ricos que ha recibido regalos costosos, asistido a las mejores escuelas y vivido en comodidad y seguridad le dice a sus padres: “Ustedes nunca me dieron lo suficiente”. Diríamos que ese hijo es un malcriado, un malagradecido. Sin embargo, cada uno de los regalos que Dios da a Sus propios hijos es infinitamente mejor: más lujoso, moldeado a la perfección para cada circunstancia, siempre para nuestro bien y siempre inmerecido. ¡Qué hijos tan malcriados somos si no le damos gracias constantemente!

Tiene sentido, entonces, que la ingratitud sea una característica de la apostasía en “los últimos días”. Pablo escribe: “Pero debes saber esto: que en los últimos días… los hombres serán amadores de sí mismos, avaros, jactanciosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, irreverentes…” (2 Tim 3:1-2). Tiene sentido que los “amadores de sí mismos”, los “jactanciosos”, los “soberbios” y los “ingratos” estén en el mismo grupo. La persona ingrata se cree el centro del mundo. Cree que se ha ganado todo lo que tiene. Para ella, nada es un regalo.

Pablo muestra la ingratitud como la raíz de un sinfín de problemas en la iglesia de Corinto. Escribe: “¿Qué tienes que no recibiste? Y si lo recibiste, ¿por qué te jactas como si no lo hubieras recibido?” (1 Co 4:7). Los miembros de la congregación no reconocían que todo lo que tenían era un regalo de Dios. En cambio, eran soberbios y presumidos.

Aquí, entonces, vemos al pecado “original” supremo asomando su horrible cabeza: el pecado del orgullo. La ingratitud y el orgullo van de la mano. Donde vaya uno, allá lo acompaña el otro. Un corazón orgulloso es un corazón ingrato que está en enemistad contra Dios. Cristiano, todo lo que tienes es un regalo. Agradécele a Dios constantemente por ello.

El Dr. William B. Barcley es el ministro principal de la Iglesia Presbiteriana Gracia Soberana en Charlotte, Carolina del Norte, profesor adjunto de Nuevo Testamento en el Seminario Teológico Reformado y autor del libro “El secreto del contentamiento”.

¿Hasta qué punto debe dividirnos la doctrina? | Scott Hubbard

¿Hasta qué punto debe dividirnos la doctrina?

Scott Hubbard

La noche antes de morir, mientras Jesús miraba a Sus doce discípulos, y más allá de ellos a los miles de millones que un día le seguirían, oró por una unidad que llamaría la atención del mundo: «para que todos sean uno. Como Tú, oh Padre, estás en Mí y Yo en Ti» (Jn 17:21). Padre, toma a judíos y gentiles, hombres y mujeres, ancianos y jóvenes, y haz que sean uno. La unidad enviada del cielo fue Su gran oración por nosotros.

Y, sin embargo, solo unos momentos antes, expresó otra petición que le da a la unidad cristiana una tensión y característica fuerte: «Santifícalos en la verdad; Tu palabra es verdad» (Jn 17:17). Padre, toma a estos discípulos y átalos por tu palabra. La verdad dada por el Espíritu también fue Su gran oración por nosotros.

Jesús quiere que Su iglesia sea una, y que sea sabia. Quiere que amemos a todo Su pueblo, y que atesoremos toda Su palabra. Quiere que ofrezcamos una ilustración terrenal de la unidad trinitaria, y un testimonio terrenal de la verdad trinitaria.

Pocos cristianos e iglesias mantienen de forma natural una comprensión equilibrada de ambas oraciones: tendemos a desviarnos hacia una «unidad» que erosiona la verdad, o hacia una «verdad» que destruye la unidad. Por eso, a menudo necesitamos recalibrarnos: nuestro ecumenista interior necesita más firmeza; nuestro despiadado vigilante interior necesita menos dureza.

Jesús quiere que Su iglesia sea una, y que sea sabia. Quiere que amemos a todo Su pueblo, y que atesoremos toda Su palabra

Para ello, puede ayudar una herramienta antigua, rearticulada y clarificada en las últimas décadas: el triaje teológico.

¿Qué es el triaje teológico?
El triaje teológico —término acuñado por Albert Mohler en 2005— trata de organizar la verdad cristiana en distintos niveles, desde las doctrinas esenciales hasta las enseñanzas más periféricas. En un reciente y útil libro, por ejemplo, Gavin Ortlund ofrece el siguiente modelo cuádruple:

Las doctrinas de primer rango son esenciales al evangelio mismo.
Las doctrinas de segundo rango son urgentes para la salud y práctica de la iglesia de tal manera que frecuentemente causan que los cristianos se separen a nivel de iglesia local, denominacional y/o ministerial.
Las doctrinas de tercer rango son importantes para la teología cristiana, pero no lo suficiente como para justificar la separación o la división entre cristianos.
Las doctrinas de cuarto rango son poco importantes para nuestro testimonio evangélico y nuestra colaboración en el ministerio (Escoge tus batallas, p. 19).
El triaje teológico aplicado correctamente no justifica la indiferencia hacia las doctrinas que están por debajo del primer nivel. Toda la Escritura posee el aliento de Dios (2 Ti 3:16) de modo que, cuando Jesús oró para que fuéramos santificados «en la verdad», se refería a toda ella, hasta la tilde y letra más pequeña (Mt 5:18).

Sin embargo, la Escritura misma trata algunas doctrinas como más fundamentales que otras, y el triaje teológico trata de seguir ese ejemplo. Así como Jesús habló de los «preceptos más importantes de la ley» (Mt 23:23), y como Pablo habló del evangelio «en primer lugar» (1 Co 15:3), el triaje teológico trata de diferenciar las doctrinas más importantes de las que tienen menos urgencia. (De ahí que Mohler utilice la ilustración del triaje: Los médicos de urgencias tratan las heridas de bala de forma diferente a los esguinces de tobillo).

El beneficio principal, como veremos, es el equilibrio y la sabiduría en nuestra búsqueda de la unidad. No minimizamos montañas ni magnificamos granos de arena.

Ciencia y arte
Del mismo modo que en un contexto médico, el proceso de triaje suele ser complejo. No siempre discerniremos inmediatamente si una doctrina encaja en el primer nivel (dividir a los cristianos de los no cristianos), en el segundo nivel (dividir a las iglesias locales, denominaciones o ministerios) o en el tercer nivel (no dividir nada). El triaje es tanto ciencia como arte; requiere tanto percepción intelectual como sabiduría espiritual; se basa tanto en un juicio cuidadoso como en un instinto piadoso.

Por ejemplo, una misma doctrina puede encajar en una categoría diferente dependiendo de la situación. Como observa Ortlund, el tema de los dones espirituales a veces encaja en el segundo nivel, pero no siempre. Actualmente, un cesacionista convencido asiste alegremente a la iglesia continuista en la que sirvo.

El triaje teológico trata de organizar la verdad cristiana en distintos niveles, desde las doctrinas esenciales hasta las enseñanzas más periféricas

Los contextos culturales o misiológicos también influyen en la práctica del triaje. Las iglesias nuevas en fronteras no alcanzadas, junto con algunos equipos misioneros, pueden rebajar algunas doctrinas típicas de segundo nivel al tercer nivel. En Estados Unidos, los ancianos de una iglesia podrían limitar la membresía a aquellos que han sido bautizados como creyentes; en Afganistán, podrían no hacerlo, o podrían no hacerlo todavía (sabiamente).

En ocasiones, incluso evaluar desacuerdos de primer orden exige sabiduría. Una persona puede rechazar la justificación por la fe porque no la entiende; otra puede rechazar la doctrina porque la entiende y la odia. La primera situación requiere una enseñanza cuidadosa y una evaluación posterior, mientras que la segunda no.

Podrían mencionarse más complejidades (puedes ver el artículo de Joe Rigney en inglés, How to Weigh Doctrines for Christian Unity), pero estas bastan para mostrar la necesidad de humildad, paciencia y sabiduría colectiva en lugar de reflejos individuales. En el Nuevo Testamento se habla de una pluralidad de ancianos en las iglesias locales, y con razón. El triaje teológico se realiza mejor en un grupo de pastores con discernimiento espiritual, hombres que tienen los ojos puestos en el rebaño y son sabios en cuanto a las necesidades, peligros y oportunidades de su contexto local.

Al igual que los médicos de urgencias necesitan algo más que conocimientos médicos para practicar bien el triaje, los ancianos de una iglesia necesitan algo más que conocimientos bíblicos para hacer lo mismo. Necesitan conocer no solo el canon de las Escrituras, sino también el caso que tienen delante y el contexto que les rodea. Necesitan preguntarse: «Considerando todas las cosas, ¿vale la pena dividirse por esta doctrina en este momento?».

Tres pruebas de triaje
En su libro When Doctrine Divides the People of God [Cuando la doctrina divide al pueblo de Dios], Rhyne Putman ofrece tres pruebas para ayudar al proceso de discernimiento (pp. 220-39):

La prueba hermenéutica: cuanto más claramente enseña la Biblia una doctrina, más probable es que pertenezca a un nivel superior.
La prueba del evangelio: cuanto más central es una doctrina para el evangelio, más probable es que pertenezca a un nivel superior.
La prueba de la praxis: cuanto más afecta una doctrina a la práctica de una iglesia, más probable es que pertenezca a un nivel superior.
Estas tres pruebas no responderán a todas las preguntas, pero ofrecen un punto de partida. Considera dónde encajan algunas doctrinas comunes después de pasarlas por la hermenéutica, el evangelio y la praxis:

Doctrinas como la deidad de Cristo y la Trinidad (claras hermenéuticamente y centrales para el evangelio) pertenecen al primer nivel.
Doctrinas relacionadas con el bautismo, la cena del Señor y el llamado de hombres y mujeres (menos claras hermenéuticamente, pero aún cerca del evangelio y dando forma a la praxis de una iglesia) usualmente pertenecen al segundo nivel.
Doctrinas como la edad de la tierra o la naturaleza y el momento del reinado milenario de Cristo (menos claras hermenéuticamente, menos conectadas al evangelio y menos importantes para la praxis de una iglesia) suelen pertenecer al tercer nivel.
Sin embargo, una vez más, cada categoría admite complejidad, lo que exige que las iglesias practiquen el triaje a la luz de los casos individuales y de su contexto más amplio.

¿Por qué practicar el triaje teológico?
Si el triaje teológico conlleva tal complejidad, ¿por qué practicarlo? Porque, con toda probabilidad, solo un hábito como este mantendrá nuestros latidos al ritmo de la petición que Jesús hizo en Juan 17. Solo a medida que distingamos doctrinas aprenderemos a evitar los peligros del maximalismo teológico, el minimalismo teológico y lo que podríamos llamar triaje inconsciente.

Maximalismo teológico
Los maximalistas teológicos, o sectarios teológicos, pueden distinguir entre doctrinas hasta cierto punto: por ejemplo, puede que no equiparen la deidad de Cristo con la forma de gobierno de una iglesia. Pero tienden a elevar doctrinas de tercer nivel al segundo nivel, y doctrinas de segundo nivel al primer nivel. Al hacerlo, a menudo separan cuando deberían tolerar, dividen cuando deberían soportar. Temerosos de los lobos, atacan a otras ovejas.

Al no distinguir lo que pesa más de lo que pesa menos, algunos pueden acabar cortando los miembros del cuerpo de Cristo

Los maximalistas sienten correctamente que la protección de la sana doctrina exige a veces palabras fuertes; como Judas, «exhortándolos a luchar ardientemente por la fe que… fue entregada a los santos». Pero, tal como señala Ortlund, no comparten necesariamente el afán de Judas por celebrar «nuestra común salvación» (Jud v. 3). Así, al no distinguir lo que pesa más de lo que pesa menos, pueden acabar cortando los miembros del cuerpo de Cristo.

Minimalismo teológico
A los minimalistas teológicos también les cuesta hablar de «asuntos de mayor peso», pero no porque eleven tantas doctrinas a los niveles superiores, sino porque elevan muy pocas. Si se les presiona, pueden estar de acuerdo en que un antitrinitario no puede ser cristiano, pero solo si se les presiona. Por sí solos, los minimalistas tienden a rebajar las doctrinas de primer nivel al segundo nivel, y las doctrinas de segundo nivel al tercer nivel. Al hacerlo, a menudo dicen: «¡Unidad! ¡Unidad!», cuando no hay unidad (Jer 6:14; 8:11).

Los minimalistas tratan de representar la séptima bienaventuranza —«Bienaventurados los pacificadores»—, pero rara vez o nunca adoptan posturas lo suficientemente firmes como para representar la octava: «Bienaventurados serán cuando los insulten y persigan, y digan todo género de mal contra ustedes falsamente, por causa de Mí» (Mt 5:10-11). Les cuesta ver que la paz verdadera, la unidad verdadera, requiere un centro de convicción inamovible (y a veces ofensivo); de lo contrario, ¿en torno a qué nos unimos?

Triaje inconsciente
Pero tal vez la mejor razón para practicar el triaje teológico sea que funcionalmente ya lo hacemos. No podemos evitar tratar algunas doctrinas como más importantes que otras. A menos que hayamos considerado cuidadosamente cuáles doctrinas son realmente más importantes, es probable que nuestro acercamiento al triaje esté menos determinado por las Escrituras y más por una mezcla de personalidad, trasfondo y capricho.

Jesús reprendió a los fariseos porque «cuelan el mosquito y se tragan el camello» (Mt 23:24), y muchos de nosotros, aunque menos hipócritas, necesitamos oír la misma advertencia. Naturalmente, estamos especialmente atentos a algunos mosquitos y extrañamente insensibles a algunos camellos: algunos defienden con vehemencia una tierra joven o vieja, pero no sé preocupan por la justificación; algunos atacan a los complementaristas o egalitarios como Atanasio atacó a Arrio, pero rechazan las controversias trinitarias como si nada. No podemos soportar al mosquito en nuestro guiso, pero sí al camello en nuestro plato de carne.

Así pues, el triaje teológico nos ayuda a sopesar no solo las doctrinas, sino también a sopesarnos nosotros mismos. Pone al descubierto nuestras propias tendencias persistentes y nos invita a recalibrar nuestros modelos inconscientes según el ejemplo de las Escrituras.

Amar la unidad, atesorar la verdad
¿Cómo podemos saber si estamos creciendo a la hora de sopesar las doctrinas como Dios mismo lo hace?

Quienes tienden al maximalismo teológico se encontrarán soportando desacuerdos cuando antes habrían roto la comunión; los que tienden al minimalismo teológico se verán a sí mismos ofendiendo a algunos cuando antes no ofendían a nadie. Los maximalistas no tratarán las doctrinas de segundo y tercer nivel como sin importancia, pero aprenderán a bajar la voz cuando hablen de ellas; los minimalistas, mientras tanto, no se sentirán incómodos cuando vean a un hermano o hermana contendiendo por verdades preciosas. Los minimalistas aprenderán a luchar más; los maximalistas aprenderán a luchar más contra sí mismos.

Todos nosotros, cualquiera que sea nuestra tendencia natural, oraremos más a menudo: «Padre, haz que seamos uno» y, con el mismo aliento, «átanos con tu verdad».

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
Scott Hubbard es editor en Desiring God, pastor en la iglesia All Peoples [Todos los pueblos] y graduado del Bethlehem College & Seminary. Él y su esposa, Bethany, viven con sus dos hijos en Minneapolis.

Ecumenismo

Ecumenismo

Miguel Núñez y Juan Sánchez

Como enseñan nuestros documentos fundacionales, Coalición por el Evangelio es una comunidad de iglesias evangélicas profundamente comprometidas con la renovación de nuestra fe en el evangelio de Cristo y la reforma de nuestras prácticas de ministerio para conformarlas plenamente a las Escrituras. Buscamos realizar esfuerzos junto a otras personas que tienen la convicción de que la misericordia de Dios en Cristo Jesús es nuestra única esperanza de salvación eterna. Deseamos defender este evangelio de manera clara, con compasión, coraje y gozo, uniendo alegremente corazones con hermanos creyentes de diferentes denominaciones, etnias, y clases.

Entre nuestros distintivos doctrinales, nosotros afirmamos:

La realidad de un Dios Trino, creador y sustentador del universo, revelado de manera particular a su Creación en la faz de Jesucristo a través de las Escrituras.
La creación de una humanidad creada a imagen de Dios, que a través de la caída de Adán distorsionó y corrompió esa imagen en todas sus facultades.
Que desde toda la eternidad pasada, Dios determinó en su gracia salvar a una gran multitud mediante la fe depositada en Cristo Jesús.
Que la salvación no se encuentra en ningún otro fuera de Cristo Jesús, por cuanto no hay otro nombre bajo cielo por medio del cual podamos ser salvos.
Que Cristo, a través de su obediencia y muerte, canceló completamente la deuda de todos aquellos que fueron justificados en la cruz, de una vez y para siempre.
Que los 66 libros de las Sagradas Escrituras son los únicos inspirados por Dios, y que allí se revela todo lo que el hombre de Dios necesita en asuntos de fe y práctica.
Que Cristo Jesús es la cabeza de la iglesia, siendo Él mismo su piedra angular.
Debido a estas afirmaciones, nosotros negamos:

La posibilidad de algún dios fuera del Dios de las Escrituras, y que ningún otro ser creado puede ser venerado o servir de intercesor, en teoría o en la práctica.
Que en el hombre haya quedado una inclinación natural a hacer el bien, para someterse a la voluntad de Dios o aun para desear a Dios.
Que el hombre colabore o contribuya con sus obras de alguna manera a su salvación.
Que aquellos que han sido justificados por la fe en Cristo Jesús tengan necesidad de hacer expiación de alguna manera por su pecado, en esta vida o en la eternidad.
Que haya otro co-redentor o mediador para la salvación de los hombres fuera de o junto a la persona de Cristo Jesús.
Que haya alguna autoridad máxima o similar a aquella que da la Escritura, y que haya algún otro libro inspirado por Dios fuera de aquellos 66 reconocidos por la Iglesia a lo largo de su historia.
Que algún hombre pueda, en teoría o práctica, considerarse como cabeza de la iglesia de Cristo Jesús.
El esfuerzo de esta Coalición es de buscar unir a iglesias en torno a estas y otras de las verdades reveladas por la Palabra de Dios y el evangelio. Esta unión es una en torno a la verdad, no a expensas de la verdad. Por tal razón, nosotros condenamos el movimiento ecuménico que procura una unión a expensas de las verdades claramente reveladas en las Escrituras. No es posible para los cristianos el tener unión real, en teoría o práctica, con aquellos que niegan las verdades cardinales de la fe cristiana.

Por tal razón, debido a que la Iglesia Romana no puede afirmar y negar lo que afirmamos anteriormente, nosotros no podemos considerar a tal denominación como una representación del cristianismo bíblico. Eso no significa que Dios, en su soberanía, no haya salvado personas dentro de ese movimiento, que eventualmente son iluminados a conocer la verdad del evangelio más cabalmente en el rostro de Cristo Jesús. Estas conversiones ocurren no por las enseñanzas de la Iglesia de Roma, sino a pesar de dichas enseñanzas. En muchas iglesias donde hoy se predica la sana doctrina de nuestro Señor, hay hermanos que pueden dar testimonio de esta realidad.

A lo largo de los años han surgido corrientes y tendencias que han amenazado la fe cristiana y los fundamentos de la sociedad en áreas consideradas como vitales tanto para los evangélicos como para los católicos. En esos casos, ambos grupos han estado dispuestos a oponerse a dichas corrientes, en ocasiones por separado, y en otros casos firmando documentos que defienden la dignidad de la vida o el concepto bíblico del matrimonio, como dos ilustraciones muy actuales. Esto no debe abrir la puerta para considerar que nuestros principios doctrinales como evangélicos sean similares a los de la iglesia de Roma hasta el punto de poder formar alianza con ellos. Una alianza de este tipo nunca será algo que apoyemos ni promovemos.

Miguel Núñez y Juan Sánchez

A nombre de Coalición por el Evangelio

​Miguel Núñez es vicepresidente de Coalición por el Evangelio. Es el pastor de predicación y visión de la Iglesia Bautista Internacional, y presidente de Ministerios Integridad y Sabiduría. El Dr. Núñez y su ministerio es responsable de las conferencias Por Su Causa, que procuran atraer a los latinoamericanos a las verdades del cristianismo histórico. Puedes encontrarlo en Twitter.

Juan Sánchez ha servido desde 2005 como pastor principal de High Pointe Baptist Church en Austin, Texas. Es graduado de la Universidad de Florida (B.M.Ed.) y el Southern Baptist Theological Seminary (M.Div., Th.M., Ph.D.). Además de entrenar pastores en los Estados Unidos y Latinoamérica, Juan es también miembro del concilio de The Gospel Coalition, presidente de Coalición por el Evangelio, y sirve como profesor asistente de teología cristiana en el Southern Baptist Theological Seminary. Juan está casado con Jeanine, y vive en Austin, Texas, al igual que sus cinco hijas, dos yernos, y tres nietos. Puedes seguirlo en Twitter: @manorjuan.

¿Puedes Ser Cristiano Sin Ir A La Iglesia? | Phil Newton

¿Puedes Ser Cristiano Sin Ir A La Iglesia?

Phil Newton

Lo he oído muchas veces. «Bueno, no tienes que asistir a la iglesia para ser cristiano.» «Asistir a la iglesia no te convierte en cristiano». «No necesito la iglesia; adoro a Dios a mi manera.»

En cada caso, alguien intenta proporcionar una barrera para continuar la conversación sobre el evangelio y sus efectos en toda la vida de una persona. En el incómodo momento de confrontación (suave o firme) sobre el pecado, la muerte y resurrección de Cristo, el llamado al arrepentimiento y a la fe, y el llamado continuo del discipulado cristiano, esa persona quiere apartarse y aún así sentirse satisfecha sobre su posición con Dios.

Entonces, ¿puede ser cristiano sin ir a la iglesia? Si uno quiere decir si la asistencia a la iglesia salva a alguien, tenemos que estar de acuerdo en que no es así. Jesucristo salva. Ciertamente, la falta de asistencia a la iglesia probablemente inhibe la fe en Cristo al no estar bajo la proclamación del evangelio. Pero la pregunta no es realmente si asistir a la iglesia salva a alguien, eso es sólo un ardid para alejar la conversación de las realidades puntuales del evangelio. En cambio, ¿qué sucede una vez que una persona se une a Jesucristo a través de la fe en Él? ¿Puede esa persona, a pesar de su profesión de Cristo, mantener un enfoque independiente del cristianismo y ser legítimamente un verdadero creyente?

Consideremos algunas cosas que encontramos en la Escritura, ya que sólo la Escritura es el fundamento de nuestra fe y práctica. Nuestras opiniones e incluso nuestras tradiciones familiares (algunos no asisten a la iglesia pero profesan ser cristianos como lo han hecho sus padres) no importan en este momento.

Jesús estableció una comunidad con sus primeros seguidores (por ejemplo, Mateo 4:18-5:2). Llamó a un grupo de hombres que pasaron tres años con él discutiendo la verdad bíblica, escuchando sus enseñanzas, orando juntos, sirviendo juntos, teniendo compañerismo juntos, aprendiendo a vivir en relación unos con otros, y preparándose para dirigir las comunidades de creyentes que se multiplican en el primer siglo. Sabemos que no fueron sólo los hombres los que siguieron, sino también las mujeres las que se volvieron firmes en la iglesia primitiva (Lucas 8:1-3; 23:49). La única vez que Jesús no incluyó a un verdadero creyente en la comunidad que lo siguió fue con el hombre que Jesús liberó e hizo una nueva creación, que llamamos el endemoniado Gadareno. Quería seguir a Jesús y a su comunidad, pero Jesús lo envió en misión a su tierra natal de Decápolis, donde proclamó “las grandes cosas que Jesús había hecho por él” (Marc. 5:1-20).

Antes de Su ascensión, Jesús encargó a Sus seguidores que hicieran discípulos, los bautizaran, y luego los enseñaran a observar fielmente (obedecer, poner en práctica, vivir en) todo lo que Él les había enseñado (Mateo 28:19-20). La Gran Comisión dirigió la obra del evangelio que debía realizarse dentro del marco continuo de la comunidad cristiana. La enseñanza continua y el pastoreo hacia la fiel observancia de las enseñanzas de Cristo no se hace en forma aislada. Tampoco es necesaria la rendición de cuentas para mantener nuestros pies espirituales al fuego de la obediencia hecha en solitario. Necesitamos el cuerpo de Cristo si queremos seguir a Jesús. Jesús mismo se lo prescribió.

Me doy cuenta de que algunos rápidamente vuelven a ver cómo pueden ver la enseñanza cristiana en Internet o en la televisión o escuchar mensajes de audio. Ese es un suplemento maravilloso y una gran ayuda cuando uno está confinado en casa, pero no hace nada hacia la aplicación en el contexto de la comunidad. Muchos de los mandamientos en el Nuevo Testamento son relacionales. “Entonces, como escogidos de Dios, santos y amados, revestíos de tierna compasión, bondad, humildad, mansedumbre y paciencia; soportándoos unos a otros y perdonándoos unos a otros, si alguno tiene queja contra otro; como Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.” (Colosenses 3:12-13). Esas no son órdenes de confinamiento solitario en la casa de uno. Son órdenes de comunidad: aprender a aplicar el Evangelio y su poder y belleza en el contexto de las relaciones dentro de la iglesia local. De esa manera el evangelio brilla a través de la vida en común de la iglesia. Para reforzar aún más esa interpretación, el equilibrio de Pablo en ese párrafo de Colosenses tres apunta directamente hacia » enseñándoos y amonestándoos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones» (Colosenses 3:14-17). Una vez más, estas son acciones que se llevan a cabo con referencia a la iglesia local. No son para los segregacionalistas espirituales que piensan que son demasiado buenos para reunirse con otros o que no necesitan a nadie más para vivir como cristianos o que nadie puede aportar a su manera superior de pensar.

¡Uno lee las escenas en el cielo y nunca, nunca se trata de ser aislacionista! Esas escenas alrededor del trono son siempre con las masas de gente redimida por la sangre de Cristo, que comparten las alegrías de Su presencia juntos para siempre (por ejemplo, Apocalipsis 5:11-14; 7:9-17).

¿Puedes ser cristiano sin ir a la iglesia? Mejor pregunte, ¿cómo puede alguien que profesa ser redimido por la sangre de Jesucristo pensar en no reunirse con su cuerpo cada semana? (Hebreos 10:25) Aunque asistir a la iglesia no salva a nadie, no encontramos ni una pizca de evidencia bíblica de que los verdaderos cristianos no buscaban reunirse unos con otros. Por el contrario, el peso de la evidencia en los Evangelios, Hechos, las Epístolas y el Apocalipsis es que Cristo nos salva para unirnos a Su cuerpo, el cual Pablo declara que es la iglesia (Ef 1:22-23). A través de los siglos, los cristianos han sacrificado literalmente sus vidas para reunirse con el cuerpo de Cristo, la iglesia. Gracias a Dios, lo siguen haciendo hoy.

Declarar que uno no necesita asistir a la iglesia para ser cristiano es exponer una traición en el pensamiento y la práctica de la efectividad y el poder del evangelio. Los verdaderos cristianos y las congregaciones locales van juntos.