Los Hijos de Eli y Samuel

Faithlife Sermons Español

Los Hijos de Elí y Samuel. Un contraste

Geremias Medrano

Propósito: Presentar a los hermanos la historia de los hijos de Elí y los inicios de la vida de Samuel, contrastar el resultado de sus vidas. Mostrar, como los hijos de Eli no fueron enseñados de acuerdo a los principios bíblicos, Samuel sí. Motivar a la hermandad a educar a sus hijos bajo las directrices de Dios. El resultado es el mejor.

I. Introducción

1. El pueblo de Israel, dirigidos por Josué, se estableció en Canaán después varios años de conquista.

2. A lo largo de varias decadas la nación de Israel creció, y aparecieron jueces que la dirigieron a enfrentar enemigos y progresar en la tierra de Canaán.

3. Sin embargo, el libro de Jueces presenta, que era un tiempo en el que cada cual hacia lo que bien le parecía. ( Jueces 17.6 )

4. Su penúltimo juez y sacerdote se llamo Eli. Este vivía en Silo, lugar donde se establecio el Santuario de Dios. Este lugar se convirtio en el centro de adoración de todo el pueblo de Israel.

5. Desde Silo, Eli dirigía el pueblo. Él era un buen sacerdote y juez. Él hizo bien su trabajo. Disfrutaba trabajar y servir al Señor. Vivió en una tienda de campaña al lado del Tabernáculo.

6. Eli tenía dos hijos, Ofni y Finees. La Biblia los define como hombres malos. El significado real es que eran hombres sin valor.

7. Eli hizo a sus dos hijos, Ofni y Finees, sacerdotes a pesar de que carecian del carácter de su padre. Su conducta cayó en desgracia y conmociono tanto a la gente que «menospreciaban las ofrendas de Jehová.» (1 Samuel 2.17)

II. La vida de Ofnis y Finees. (1 Samuel 2.12-1722-25)

A. Hombres sin valor

1. Eli, aunque había sido nombrado para que gobernara al pueblo, no regía bien su propia casa.

2. Elí era un padre indulgente. Amaba tanto la paz y la comodidad, que no ejercito su autoridad para corregir los malos hábitos ni las pasiones de sus hijos

3. En vez de considerar la educación de sus hijos como una de sus responsabilidades más importantes, manejaba el asunto como si tuviera muy poca importancia.»

B. No conocían a Jehová.

1. El principio bíblico para inculcar en los hijos el conocer a Dios está en (Deuteronomio 6.4-9)

2. Eli conocía este principio, pero se descuidó en aplicarlo en sus hijos.

3. Pero Elí se substrajo a estas obligaciones, porque significaban contrariar la voluntad de sus hijos, y le imponían la necesidad de castigarlos y de negarles ciertas cosas.

4. «Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza, pero no te excedas hasta destruirlo.Enmienda a tu hijo, y te dará descanso y alegría» (Proverbios 19.18, 29.17)

C. Robo, soberbia, usurpación de lugar, Sin valor. (1 Samuel 2.12-17 )

1. El resultado de este descuido por parte Eli fue el de hombres sin valor, impíos. (1 Samuel 2.12-14)

2. Llegaron tan lejos que usurparon el lugar de Dios, al tergiversar la manera en que Dios habia indicado como se debia proceder con las ofrendas traidas por el pueblo al altar(Levitico 7).(1 Samuel 2.15-17)

3. Esta irreverencia por parte de los sacerdotes no tardó en despojar los servicios de su significado santo y solemne.

4. «Era pues el pecado de los mozos muy grande delante de Jehová.» (Vers. 17)

D. Fornicación, acoso sexual contra personas vulnerables, irrespeto a su padre. (1 Samuel 2.22-25)

1. El pueblo se quejaba de sus actos de violencia, y el sumo sacerdote Eli sintio pesar y angustia. No osó callar por más tiempo. Pero sus hijos se habían criado pensando sólo en sí mismos, y ahora no respetaban a nadie.

2. Veian la angustia de su padre, pero sus corazones encallecidos no se conmovían. Oían sus benignas amonestaciones, pero no se impresionaban. No quisieron cambiar su mal camino, cuando fueron amonestados de las consecuencias de su pecado.

3. Pero la amonestación llego muy tarde. Los hijos de Eli estaban corrompidos a lo máximo.

4. “..dormían con las mujeres que velaban a la puerta del Tabernáculo de reunión» (1 Samuel 2.22)

III. Samuel es usado como contraste con estos dos sacerdotes.

A. Servidor, su madre proveía. (1 Samuel 2.18-21.)

1. En este relato se inserta otra historia, la de un joven diferente. (1 Samuel 2.18-21)

2. Después de una descripción de la vida de los hijos de Eli se presenta las acciones de Samuel.

3. Samuel era hijo de Elcana y Ana. Elcana pertenecía a la línea de los sacerdotes. Era descendiente de la tribu de Levi. (1 Crónicas 6.33-38)

4. Su madre lo dedico a Dios llevándolo a vivir a Silo, junto a Eli.

5. Pero nunca lo descuido, siempre venía a visitarlo. (1 Samuel 2.19)

B. Creciendo en gracia delante de Dios y los hombres. (1 Samuel 2.26 )

1. A pesar de vivir junto a los hijos de Eli, Samuel no se corrompió.

2. Se presenta a Samuel creciendo en gracia delante de Dios y los hombres. (1 Samuel 2.26)

3. La educación obtenida por Samuel en su niñez por parte de sus padres contribuyeron a que fuera un hombre fiel y obediente a pesar de vivir en medio de la corrupción de los hijos de Eli.

C. Samuel Servía a Jehová. (1 Samuel 3.1)

1. Samuel fue un hombre que servía a Dios.

2. El pueblo de Israel lo noto. “Samuel crecía y Jehová estaba con él; y no dejó sin cumplir ninguna de sus palabras. Todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, supo que Samuel era fiel profeta de Jehová. Y Jehová volvió a aparecer en Silo, porque en Silo se manifestaba a Samuel la palabra de Jehová.” (1 Samuel 3.19-20)

3. Gracias a la dedicación de Ana y Elcana a educar y corregir a su hijo a tiempo, la nación de Israel pudo recuperar su confianza en Jehová.

IV. ¿Qué de nuestros hijos hoy? ¿Cómo los estamos educando?

A. ¿Como Ofni y Finees?

1. ¿Siendo permisivos con ellos.?

2. ¿No corrigiendo sus malas acciones?

3. ¿Haciéndolos más importante que Dios? Esa fue la causa por la cual Dios vio que los dos hijos de Eli fueron tan rebeldes y soberbios. (1 Samuel 2.29-30).

4. El final de estos hombres fue un final triste. Murieron en batalla contra los filisteos. (1 Samuel 4.10)

B. No instruyas a tus hijos como lo hizo Eli. (1 Samuel 2.12-17)

1. Herbert Lockyer llama Eli «el hombre que carecía de la autoridad paterna». Lo pongo de esta manera: el padre que no diría no

2. Eli les advirtió de sus acciones vergonzosas, pero era muy tarde. Debió reprenderlos o detenerlos cuando tuvo la oportunidad y autoridad para hacerlo.

3. Tenia que haber ejercido la autoridad de un padre responsable, pero sus hijos no lo respetaban. Se burlaron de él. Eli sólo razonó ligeramente con ellos: «¿Por qué hacéis cosas semejantes?» Sus hijos descartaron una protesta tan débil e inútil, porque sus corazones eran fríos e insensibles. Ya no tenía sentido para ellos, respetar al Señor o a su padre.

C. Enseñe a sus hijos a obedecer al Señor (1 Samuel 2.22-26)

1. Aunque Eli no podía cambiar los corazones de sus hijos, podría haber evitado su ministerio tan blasfemo ante el Señor. En cambio, «él no los impidió.» Él quería ser amable con ellos, pero era una bondad falsa y equivocada. Una corrección en el momento oportuno los habria salvado de la ruina. Eli no necesitaba ser duro con ellos, sino firme y decidido con relación a la obediencia.

2. . Qué lindo es cuando tu niño tiene 18 meses de edad, pero no es tan lindo cuando tiene 15 años y es rebelde. ¿Está tomando cuidado para enseñar a tu hijo y tu nieto en este momento, y que logren aprender la virtud de la obediencia? Deben enterarse, que obedecer al Señor es lo más importante.

D. Enseña a tus hijos a vivir para el Señor ( 1 Samuel 2.27-36)

1. Eli fue amonestado dos veces sobre el juicio que vendría sobre él y sus hijos, pero la advertencia se olvidó. Amaba a sus hijos, pero no lo suficiente como para tomar medidas con ellos.

2. ¡Qué lamentable espectáculo la del padre Eli. Un anciano de noventa años, casi ciego, esperando escuchar el resultado de la dura batalla entre los israelitas y los filisteos. Cómo temblaba por su nación, sus hijos, y el arca de Dios. Cuando llegó la noticia de la masacre del ejército, con sus hijos, y la captura del Arca, se cayó de su asiento, se rompió el cuello y murió también. (1 Samuel 4.1-18)

Conclusión

1. Elena White dice al respecto: “Muchos están cometiendo ahora un error semilar. Creen conocer una manera mejor de educar a sus hijos que la indicada por Dios en su Palabra. Fomentan tendencias malas en ellos y se excusan diciendo: «Son demasiado jóvenes para ser castigados. Esperemos que sean mayores, y se pueda razonar con ellos.» En esta forma se permite que los malos hábitos se fortalezcan hasta convertirse en una segunda naturaleza. Los niños crecen sin freno, con rasgos de carácter que serán una maldición para ellos durante toda su vida, y que propenderán a reproducirse en otros” (PP cp 56).

3. Además “Aquellos que no tienen suficiente valor para censurar el mal, o que por indolencia o falta de interés no hacen esfuerzos fervientes para purificar la familia o la iglesia de Dios, son calificados responsables del daño que surja de su descuido del deber. Somos tan responsables del detrimento que hubiéramos podido impedir en otros por el ejercicio de la autoridad paternal o pastoral, como si hubiésemos cometido esas acciones nosotros mismos”. (PP cp 56).

4. Apliquemos en nuestros hijos los principios bíblicos registrados en:

Deuteronomio 6.4-9 «Escucha, Israel: El Eterno nuestro Dios, El Eterno es uno solo. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu poder.

«Y estas palabras que te mando hoy, estarán sobre tu corazón. Las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés en casa o cuando vayas por el camino, al acostarte y al levantarte. Las atarás a tu mano por señal, y las tendras entre tus ojos como una marca en la frente.Las escribiras en los postes de tu casa y en tus puertas»

Proverbios 19.18 «Disciplina a tu hijo mientras hay esperanza, pero no te excedas hasta destruirlo.»

Proverbios 29.17, 25 «Corrige a tu hijo, y te dara descanso, y dara alegria a tu alma » «Temer a los hombres es un lazo, pero el que confía en el Eterno está seguro».

Proverbios 13.24 «El que retiene la vara, a su hijo aborrece; el que lo ama, desde temprano lo disciplina»

Proverbios 22.6 «Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él»

Así como samuel estuvo listo para ser usado por Dios en el momento oportuno. El momento cuando el pueblo más necesitaba de un guia espiritual. Así, si te dejas guiar por Dios en la educación de tu hijo, Dios tendrá un momento oportuno para usarlo como canal de bendición en beneficio de los demás y para su gloria y honra.

Artículo publicado por Faithlife Sermons Español

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Mi umbral hacia la desobediencia civil en el mundo del COVID-19

Coalición por el Evangelio

Mi umbral hacia la desobediencia civil en el mundo del COVID-19

PAUL CARTER

La mayoría de los cristianos que leen la Biblia admitirán que, como regla general, los creyentes deben estar sujetos a los gobernantes. Pablo declara el principio y lo respalda con una advertencia:

“Sométase toda persona a las autoridades que gobiernan. Porque no hay autoridad sino de Dios, y las que existen, por Dios son constituidas. Por tanto, el que resiste a la autoridad, a lo ordenado por Dios se ha opuesto; y los que se han opuesto, recibirán condenación sobre sí mismos” (Romanos 13:1-2).

El apóstol Pedro dice algo similar en su epístola, probablemente escrita durante el reinado de Nerón:

“Sométanse, por causa del Señor, a toda institución humana, ya sea al rey como autoridad, o a los gobernadores como enviados por él para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen el bien” (1 Pedro 2:13-14).

Esos mismos cristianos lectores de la Biblia probablemente traerán a colación la “cláusula de excepción”:

“Cuando los trajeron, los pusieron ante el Concilio, y el sumo sacerdote los interrogó: ‘Les dimos órdenes estrictas de no continuar enseñando en este Nombre, y han llenado a Jerusalén con sus enseñanzas, y quieren traer sobre nosotros la sangre de este Hombre’. Pero Pedro y los apóstoles respondieron: ‘Debemos obedecer a Dios en vez de obedecer a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien ustedes mataron y colgaron en una cruz. A Él Dios lo exaltó a Su diestra como Príncipe y Salvador, para dar arrepentimiento a Israel, y perdón de pecados. Y nosotros somos testigos de estas cosas; y también el Espíritu Santo, el cual Dios ha dado a los que le obedecen’” (Hechos 5:27-32).

Aquí notamos que Pedro, el mismo apóstol que dijo “honren al rey” (1 P 2:17), ahora dice: “Debemos obedecer a Dios en vez de obedecer a los hombres” (Hch 5:29).

Por lo tanto, tenemos la excepción reconocida a la regla general:

Si el gobierno nos prohíbe hacer lo que Dios manda, o requiere que hagamos lo que Dios prohíbe, debemos obedecer a Dios en vez de obedecer a los hombres.

Pocas historias ilustran el compromiso cristiano, tanto con la regla general como con la excepción, que la historia de Justino Mártir. Justino dirigió su defensa del cristianismo al emperador Antonino Pío. Su objetivo era obtener, si era posible, un permiso más amplio para la práctica y la misión cristiana. Sin embargo, como su nombre lo indica, el propio Justino fue martirizado bajo el emperador Marco Aurelio. En el año 165, él, junto con otros cristianos, fue llevado ante el prefecto de Roma y obligado a ofrecer sacrificios a los dioses romanos.

Él se negó, junto con todos sus compañeros, diciendo: “Hagan lo que quieran, porque somos cristianos y no ofrecemos sacrificios a los ídolos”. Así que fueron sentenciados a muerte.[1]

Llegará un momento en que los cristianos deben estar preparados para pagar un precio por desobedecer al estado debido a sus convicciones. Pero, ¿ha llegado ese momento a nuestros países?

Algunos evangélicos dicen que sí.

Después de todo, la Biblia nos manda a congregarnos para la adoración cristiana. La Biblia dice:

“Consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras, no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos unos a otros, y mucho más al ver que el día se acerca” (Hebreos 10:24-25).

Sin embargo, como señala amablemente Jonathan Leeman:

“Existe una asimetría en lo que significa obedecer mandatos negativos y mandatos positivos. Siempre es un pecado romper un mandato negativo como ‘no robarás’. Sin embargo, hay al menos cierta flexibilidad sobre cómo y cuándo cumplimos muchos de los mandatos positivos de las Escrituras”.[2]

¿Con qué frecuencia se nos ordena reunirnos? ¿Cuánto tiempo podemos aplazar las reuniones en interés de la salud pública? ¿Podemos obedecer la orden del gobierno de detener temporalmente las reuniones generales de adoración pública como parte de una estrategia comunitaria para limitar la propagación de un virus como el COVID-19?

Durante la mayor parte de la historia cristiana, la respuesta a esa última pregunta habría sido “sí”.

En su libro A Christian Directory (Un directorio cristiano), el pastor puritano Richard Baxter aborda este mismo tema:

“Pregunta 109: ¿Podemos omitir las asambleas de la iglesia en el día del Señor, si el gobierno las prohíbe?

Respuesta: 1. Una cosa es prohibirlas por un tiempo, por alguna causa especial (como infección por pestilencia, fuego, guerra, etc.) y otra cosa es prohibirlas de manera declarada o profana”.[3]

Baxter distingue entre un estado que prohíbe la adoración de manera declarada y profana, y un estado que prohíbe la adoración temporalmente por razones relacionadas al bien público. Menciona específicamente el caso de “infección por pestilencia”.

Del mismo modo, en el siglo XVI, Johannes von Ewich advirtió que los gobernadores estaban en su derecho de prohibir, durante una época de pestilencia “las asambleas públicas, los juegos, las fiestas, las bebidas, los matrimonios, los bailes, las ferias, las escuelas, las iglesias y los baños públicos; porque… no es que no exista un gran riesgo de contraer y esparcir la infección. Por lo tanto, los hombres sabios aconsejan que en tales ocasiones rara vez nos encontremos en compañía de muchas personas”.[4]

Por tanto, basados en una lectura de las Escrituras aplicables, usando nuestro sentido común e informados por la interpretación histórica y la aplicación de la iglesia, todavía no parece que hayamos alcanzado el umbral bíblico de desobediencia civil con respecto a las restricciones actuales relacionadas al COVID-19.

Entonces, ¿qué nos llevaría a ese punto?

Es bueno que estemos hablando de esto. Sería prudente que usemos la presión de esta pandemia para aclarar nuestra comprensión sobre estos principios. Con ese objetivo, como pastor en Canadá, ofrezco mi umbral personal hacia la desobediencia civil en un mundo de COVID-19.

Para ser doblemente claro: este es mi umbral personal.

No hablo por mi iglesia; no hablo en nombre de TGC Canadá y ciertamente no hablo en nombre del mundo reformado.

Considera esto como una publicación para pensar o un punto de partida para una conversación muy esperada.

Creo que estaríamos justificados en desobedecer los protocolos del gobierno con respecto al COVID-19 en las siguientes circunstancias:

1. Si las restricciones obvia y maliciosamente se dirigen a la iglesia

Si los cines de mi ciudad pudieran hacer uso del 80% de su capacidad de pre-COVID, mientras que a mi iglesia solo se le permite el 30%, lo interpretaría como una evidencia convincente de malicia particular por parte del gobierno.

Pero ese no es el caso.

De hecho, lo opuesto es cierto. En la ciudad donde está mi iglesia, los cines actualmente tienen permitido un máximo de 50 personas por sala, mientras que a nosotros se nos permite el 30% de la capacidad de nuestro salón, asumiendo un distanciamiento físico. Dados esos parámetros, podemos sentar a casi 230 personas por servicio, lo que hace que nuestras experiencias de adoración del domingo por la mañana sean las reuniones públicas más grandes de nuestra ciudad.

Por lo tanto, no hay evidencia convincente de que los protocolos actuales de COVID-19 hayan sido diseñados de manera específica o maliciosa para atacar a la iglesia.

Sin embargo, si surgiera tal evidencia, eso cambiaría la ecuación y podría justificar alguna medida de desobediencia civil.

2. Si las restricciones prohíben absoluta e indefinidamente reunirse para adorar

Como Leeman aclaró anteriormente, hay cierta flexibilidad cuando se trata de mandatos positivos. ¿Con qué frecuencia vamos a celebrar la Cena del Señor? La Biblia no dice exactamente, solo dice:

“Hagan esto cuantas veces la beban en memoria de Mí” (1 Corintios 11:25).

¿Cuántas personas deben estar presentes en nuestras reuniones de adoración? ¿O qué porcentaje de nuestra congregación total debe estar presente en una sola reunión de adoración?

Nuevamente, la Biblia no responde este tipo de preguntas. Por lo tanto, no se puede argumentar de manera convincente que una pausa temporal en las grandes reuniones de adoración justifica desobedecer a los gobernantes.

Sin embargo, si la restricción se volviera absoluta y si se extendiera por un período de tiempo indefinido, el argumento a favor de la desobediencia civil se fortalece considerablemente.

3. Si las restricciones parecieran no haberse hecho de buena fe

Si se dijera que las restricciones se hicieron en aras de contener el virus, pero de hecho se descubrió que se hicieron en pos de otros objetivos no declarados e ilegales, entonces obviamente sería apropiado participar en la desobediencia civil.

Sin embargo, no hay absolutamente ninguna evidencia creíble de que este sea el caso.

Realmente (al menos en mi país) parece que estas restricciones se están imponiendo cuidadosa y conscientemente hacia el objetivo público y declarado de proteger a los más vulnerables y administrar los recursos limitados del sistema de atención médica.

Por lo tanto, lejos de levantar un grito de protesta, los cristianos de este país deberían estar dando ejemplo de perseverancia alegre y paciente. Si eso significa que atraeremos la ira de nuestros amigos y hermanos más rigurosos, que así sea:

“Pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad de Dios, que por hacer el mal” (1 Pedro 3:17).

Soli deo gloria,

Pastor Paul Carter


[1] F. F. Bruce, The Spreading Flame (La llama que se esparce) (Exeter: The Paternoster Press, 1978), pág. 177.
[2] https://www.9marks.org/article/the-government-says-we-cant-sing-what-should-we-do-a-forum/
[3] Como se cita aquí (en inglés).
[4] Como lo cita Ian Clary aquí (en inglés).

Una versión de este artículo apareció primero en The Gospel Coalition: Canadá. Traducido por Equipo Coalición.

Paul Carter asistió al Moody Bible Institute y se graduó de York University (BA) y McMaster Divinity College (MDiv). Ha estado en el ministerio pastoral desde 1994 y sirve como el pastor principal de la First Baptist Church Orillia en Ontario, Canadá. Frecuentemente escribe sobre la vida cristiana en Adfontes, y ha lanzado un podcast de devocional llamado Into the Word. Es el cofundador de Covenant Life Renewal Association (CLRA), la cual busca un avivamiento bíblico y espiritual en las Iglesias Bautista de Canadá. Paul es un miembro original del concilio de TGC Canadá, siendo parte también del comité ejecutivo. Lo puedes contactar en pcarter@firstbaptistorillia.org.

El largo camino a casa

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo III

El largo camino a casa

Por Robert Drake

Nota del editor: Este es el quinto capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo III

Del 249 al 260 d. C., muchos cristianos negaron la fe para escapar de la persecución. Pero cuando las persecuciones cesaron, algunos de los infieles quisieron ser readmitidos en la Iglesia. Novaciano de Roma dijo que a nadie se le debería permitir regresar. Novato de Cartago dijo que a todos se les debería permitir volver. Cipriano de  Cartago dijo que solo aquellos que mostraban señales de verdadero arrepentimiento debían ser readmitidos.

Cuando nos preguntamos cómo deberíamos responder a los que han sido excomulgados por varias razones pero que quieren volver, podríamos usar el planteamiento «cipriano» de la restauración de la fe, luego de preguntarles qué piensan ellos que es la fe. Para Jesús, el paradigma de la fe era el mártir. Él dijo, «Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame» (Mat 16:24). Este era el único entendimiento de la fe que podía preparar a los primeros cristianos para enfrentar la muerte. Pero esa fe no estaba reservada solo para aquellos que perderían sus vidas sino que tenía la intención de caracterizar a cada creyente. Seguir a Jesús al tomar la cruz, o como escribió Pablo, para estimar «como pérdida todas las cosas» (Fil 3:8), era convertirse en un mártir en entrenamiento.

Podríamos usar la fe de los mártires que siguieron a Jesús como una guía para definir cuatro categorías comunes de personas de hoy en día que han sido excomulgados de la iglesia pero que quieren regresar.

1. Algunos negaron a Cristo y estaban involucrados en la inmoralidad. 

Esta es la peor situación pero la más fácil de manejar para la iglesia. La confesión debe reemplazar la negación; la moralidad debe reemplazar la inmoralidad. Una confesión renovada de fe puede ser instantánea, porque la persona ya ha confesado previamente a Cristo y sabe lo que ha de ser afirmado. Sin embargo, ya que la persona abandonó la fe, es necesario algún período de instrucción para discernir si la persona ahora asimila (o si en algún momento asimiló) que el paradigma de la fe es el mártir. 

Por supuesto, en la misericordiosa providencia de Dios, es probable que una persona que vuelve no tenga que morir físicamente por la causa de Cristo. Sin embargo tendrá que abandonar su inmoralidad, y el motivo del corazón para dicha auto-negación fluye de la auto-negación básica que toma la cruz. Se necesita tiempo para ver si el viejo patrón de conducta ha sido abandonado y para mantener en observación el nuevo patrón de seguir a Jesús.

2. Algunos negaron a Cristo pero no estaban involucrados en la inmoralidad.

Ya que no hay patrón inmoral a vencer, el período de restauración puede ser más rápido. 

3. Algunos estaban involucrados en la inmoralidad pero alegaban que nunca negaron a Cristo. 

En esta categoría encontraremos probablemente a algunos que insisten en que su pecado fue simplemente un asunto de debilidad. Se ven a sí mismos como el hermano-creyente en Lucas 17:4, quien peca repetidamente pero cuyo estatus como hermano arrepentido debería traer restauración inmediata. Si la iglesia se resiste y requiere tiempo, por lo general la persona considera la iglesia como inmisericorde.

No obstante, tal persona no comprende bien la diferencia entre lo que es relacionado a individuos y lo que es relacionado al tribunal de la iglesia. El arrepentimiento del ofensor en Lucas 17 es lo que evita que su pecado no llegue al tribunal de la iglesia. La situación es paralela al primer paso en Mateo 18, donde el arrepentimiento concluye el asunto. Si un pecado es traído ante el tribunal de la iglesia para un veredicto, el alegato del ofensor de ser un hermano viene a ser irrelevante. En ninguna parte en el proceso de Mateo 18 la fe profesada de la parte culpable se toma en consideración. Del mismo modo, en 1 Corintios 5, cuando Pablo pide la expulsión del hombre que vivía con su madrastra, el hombre estaba en la iglesia en ese momento y supuestamente todavía profesaba fe.

En nuestros días, la insistencia misma del pecador de que nunca abandonó la fe, viene a ser la razón por la cual el proceso de restauración tiene que tomarse tiempo. Tanto el tribunal de la iglesia como el ofensor necesitan saber cuál es esa fe que clama la negación del yo y el estimar todas las cosas como pérdida a fin de enfrentar la fosa de los leones del martirio, y aún así gratifica el yo con inmoralidad. 

4. Algunos alegaban que ni negaron a Cristo ni se involucraron en la inmoralidad. 

Estos alegan que el tribunal de la iglesia les malentendió y que la sanción contra ellos es una injusticia que debería ser revocada. Si esto significa que la iglesia no ha seguido Mateo 18, entonces es una situación terrible y los líderes responsables de la iglesia deben arrepentirse y reincorporar a la persona. Sin embargo, lo que a menudo sucede es que la persona acusada de negar a Cristo o de involucrarse en inmoralidad rehúsa participar en el proceso de Mateo 18. Un tiempo después, la persona podría decir que no entendió la importancia del proceso, que estaba demasiado enferma para comparecer, que estaba demasiado ocupada, que no era de fácil palabra, que quería poner la otra mejilla, que quería proteger a su acusador quien era realmente la parte culpable, o que estaba convencida de que su acusador había logrado prejuiciar a los líderes de la iglesia contra ella. Cada una de estas excusas suena razonable. Pero el verdadero asunto es que la persona falló en someterse al proceso que el Señor dio a Su Iglesia para procurar justicia. El Señor apoyó este proceso cuando dijo, «y si también [el acusado] rehúsa escuchar a la iglesia, sea para ti como el gentil y el recaudador de impuestos» (Mat 18:17). La razón de la expulsión no es solo la acusación original sino también la resistencia a escuchar la iglesia. Entonces, el asunto de la restauración viene a ser si hay evidencia de que la persona escuchará a la iglesia. En el lenguaje de los mártires, podríamos preguntar por qué una persona que dice haberse negado a sí misma y haber tomado su cruz no acató lo que Jesús ordenó.

Los líderes de la Iglesia antigua quizá se preguntaron cómo podían estar seguros de una persona hasta que vieran su reacción bajo la próxima persecución. La respuesta podría ser, en aquel entonces y ahora: «¿La ves negándose a sí misma por la causa de Cristo? Si es así, esa es la fe de los mártires. Démosle la bienvenida a casa».

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Robert Drake
Robert Drake

El reverendo Robert Drake es el pastor principal de la Friendship Presbyterian Church en Black Mountain, N.C.

El sufrimiento que fortalece la fe

Soldados de Jesucristo

Julio 30/2021

Solid Joys en Español

El sufrimiento que fortalece la fe

John Piper

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¿Quién es Jesucristo? (1)Testimonio

Viernes 30 Julio

Hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre, el cual se dio a sí mismo en rescate por todos.1 Timoteo 2:56

¿Quién es Jesucristo? (1)Testimonio

“Ese mes de septiembre de 1980 estaba de vacaciones en la casa de mi abuela. Una tarde me invitó a escuchar una predicación del Evangelio; durante dos semanas la acompañé todos los días. Yo había ido a la escuela bíblica cuando era niño, así que para mí esto no era extraño. Cada tarde, mientras caminábamos, mi abuela me recordaba la necesidad de ser salvo; yo la escuchaba con mucho respeto y cariño. Algo estaba sucediendo en mi interior desde hacía tiempo, la Palabra de Dios me había alcanzado lo suficiente para convencerme de mi triste condición de pecador perdido delante de Dios.

Cuando volví a la casa de mis padres animé a mi papá a ir también a las reuniones; solo asistimos tres noches antes de que sucediera un cambio. Yo había dicho a mi mamá que estaba pensando en la salvación, ella lo dijo a su vecina y hermana en la fe, y ambas oraron por mi salvación. El tercer día, estando con mi papá en la reunión, el predicador habló sobre el juicio del trono blanco (Apocalipsis 20:11-15); para terminar, cantaron el himno: “Cuando allá se pase lista yo estaré”. Él predicador dijo que solo los creyentes en Jesucristo podían cantar ese himno.

Miré a mi papá, y él también me miró; nos dimos cuenta de que esas palabras nos tocaban a ambos. Al finalizar la reunión, la vecina me saludó y me preguntó: Gilberto, ¿cuándo vas a ser salvo? Como no le respondí, ella me habló de la importancia de la salvación, y al ver lágrimas en mis ojos me animó a hablar con el predicador.”Gilberto(mañana continuará)

1 Crónicas 11 – Lucas 12:1-21 – Salmo 89:19-27 – Proverbios 20:14-15

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

2 – Sois la luz del mundo

Iglesia Evangélica de la Gracia

Serie: El sermón del monte

2 – Sois la luz del mundo

David Barceló

David Barceló

Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin)

David es licenciado en Psicología y graduado de los seminarios Westminster en California (MA) y Westminster en Filadelfia (DMin). Es miembro de la NANC y graduado en Consejería Bíblica por IBCD. David ha estado sirviendo en la Iglesia Evangélica de la Gracia, desde sus inicios en mayo de 2005, siendo ordenado al ministerio pastoral en la IEG en junio de 2008.

Entrega a Cristo tu asno

Palabra de Vida Almería

Will Graham

Entrega a Cristo tu asno

‘Cuando desataban el pollino, sus dueños les dijeron: ¿Por qué desatáis el pollino? Ellos dijeron: Porque el Señor lo necesita’ (Lucas 19:33-34).

¿Por qué el Señor necesitaba un pollino? Para que se cumpliera mesiánica en Zacarías 9:9-10. El mesías tenía que entrar en la santa ciudad montado en un asno (no en un caballo de guerra).

Interesantemente, para que la Escritura se cumpliera, ciertos seguidores de Cristo le dejaron su asno. Estamos ante el misterio de siempre: la soberanía de Dios y la responsabilidad del ser humano. ¿Por qué orar si Dios siempre cumple su voluntad? Porque Él nos manda orar. ¿Por qué evangelizar si los predestinados van a ser alcanzados? Porque Él nos manda evangelizar. ¿Por qué entregar al Señor nuestro asno si Zacarías 9:9-10 se va a cumplir sí o sí? Porque Él nos manda entregarle el asno.

Todo esto me habla también sobre la generosidad. El corazón regenerado es dadivoso y generoso. El verdadero creyente se niega a sí mismo por amor al Señor. Está dispuesto a entregar su asno al Señor. ¿Quién sabe? A lo mejor los dueños del asno querían usar el animal aquel día en alguna tarea. Pero se sometieron a la voluntad del Señor.

El falso creyente, sin embargo, no es así. El hipócrita usa a Dios para sus propios fines. La cabra no sabe lo que es negarse a sí mismo. No huele a cruz. Solamente ‘sirve’ al Señor cuando no hay nada en juego. Por lo tanto, cuando surge una situación en la cual la cabra tiene que escoger entre la voluntad de Dios y la voluntad de otra persona (su jefe, algún ser querido, la sociedad, su propio ego, etc.), crucifica a Cristo haciendo caso omiso a sus mandamientos y se agrada a sí misma.

¿Cómo tienes el corazón, hermano? ¿Te da gusto obedecer los mandamientos del Señor? ¿Harás lo que sea para estar expuesto a la Palabra, a la oración y la comunión con los hermanos? ¿O andas en pos de otras voluntades que no sean aquélla de nuestro Señor?

¿Estás dando señales de oveja o de cabra?

Hoy, ¿entregarás tu asno al Señor diciéndole: “Señor, no importan mis planes. Lo que cuenta es tu Palabra. Me someto a ti en cuerpo y en alma”.

No te olvides de la Palabra.

No te olvides de la oración.

No te olvides de congregarte.

Busca primeramente la voluntad del Señor. Lo demás puede tener su importancia pero lo más importante es la voluntad del Señor.

Entrega a Cristo tu asno ¿Acaso no lo merece el Salvador?

Amén y amén.

Pastor Will Graham

Casado con Ágota y padre de dos hijas, Will Graham (1985) sirve como pastor evangélico, profesor y blogger en la cuidad española de Almería (ubicada en el extremo sureste de la península).

Escribe semanalmente en sus blogs en Protestante Digital Evangelical Focus y colabora con Unión BíblicaCoalición por el Evangelio Pasión por el Evangelio.

¡Bienvenidos a su página oficial!

https://pastorwillgraham.com/

Soli Deo gloria.

¿Cuál es el propósito de la iglesia?

Got Questions

¿Cuál es el propósito de la iglesia?

Hechos 2:42 puede ser considerado como una declaración del propósito de la iglesia, “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y las oraciones”. Así que, de acuerdo a esta Escritura, el propósito o actividades de la iglesia deben ser; (1) Enseñar la doctrina bíblica, (2) proveer un lugar de compañerismo para los creyentes, (3) celebrar la Cena del Señor, y (4) orar.

La iglesia debe enseñar la doctrina Bíblica, a fin de que podamos ser arraigados en nuestra fe. Efesios 4:14 nos dice, “para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagemas de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error”. La iglesia está para ser un lugar de compañerismo, donde los cristianos puedan convivir fraternalmente y honrarse unos a otros (Romanos 12:10), instruirse unos a otros (Romanos 15:14), ser benignos y misericordiosos unos con otros (Efesios 4:32), animarse unos a otros (1 Tesalonicenses 5:11), y lo más importante, amarse unos a otros (1 Juan 3:11).

La iglesia debe ser un lugar donde los creyentes puedan celebrar la Cena del Señor, recordando la muerte de Cristo y Su sangre derramada por nosotros (1 Corintios 11:23-26). El concepto de “partir el pan” (Hechos 2:42) también conlleva la idea de comer juntos. Este es otro ejemplo del compañerismo promovido por la iglesia. El propósito final de la iglesia, de acuerdo a Hechos 2:42 es orar. La iglesia es un lugar que promueve la oración, enseña la oración, y practica la oración. Filipenses 4:6-7 nos anima a hacerlo, “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”.

Otra “comisión” dada a la iglesia es el proclamar el Evangelio para la Salvación, a través de Jesucristo (Mateo 28:18-20; Hechos 1:8). La iglesia es llamada a compartir fielmente el Evangelio a través de su palabra y hechos. La iglesia está para ser un “faro de luz” en la comunidad, guiando a la gente hacia nuestro Señor y Salvador Jesucristo. La iglesia está tanto para promover el Evangelio como para preparar a sus miembros a proclamarlo (1 Pedro 3:15).

Algunos propósitos finales de la iglesia son dados en Santiago 1:27, donde leemos “La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones, y guardarse sin mancha del mundo”. La iglesia está para ministrar a aquellos que están en necesidad. Esto incluye no sólo el compartir el Evangelio, sino también proveer para sus necesidades físicas (comida, ropa, hospedaje) como sea necesario y apropiado. La iglesia está también para equipar a los creyentes en Cristo con las herramientas que ellos necesitan para vencer al pecado y permanecer libres de la contaminación del mundo. Esto se logra por medio de la enseñanza bíblica y el compañerismo cristiano.

Así que, con todo lo que hemos dicho, ¿cuál es el propósito de la iglesia? Pablo da una excelente ilustración a los Corintios en 1 Corintios 12:12-27. La iglesia es el “cuerpo” de Dios – somos Sus manos, boca y pies en este mundo. Estamos para hacer las cosas que Jesucristo haría si Él estuviera aquí físicamente en el mundo. La iglesia está para ser “cristiana” — es decir, “como Cristo” — y para ser seguidores de Cristo.

La voz de los mártires

Ministerios Ligonier

El Blog de Ligonier

Serie: La historia de la Iglesia | Siglo III

La voz de los mártires

Por Chris Schlect

Nota del editor: Este es el primer capítulo en la serie especial de artículos de Tabletalk Magazine: La historia de la Iglesia | Siglo III

Entre los tomos que encontrarás en mi biblioteca hay un juego de 38 volúmenes. Cada volumen se parece a los que le quedan a ambos lados. Son libros decorativos, de esos que se ven impresionantes en la estantería y, por lo tanto, permanecen allí. Cuando mis invitados recorren mi biblioteca, no suelen seleccionar estos volúmenes, hay otros libros que son mucho más atractivos. Si alguna vez un lector minucioso serio ve más allá de su aspecto distante y toma uno de estos volúmenes, se encontrará cara a cara con dos columnas por página de tipografía densa y anticuada. A pesar de que no verá mapas, diagramas o imágenes, sí detectará algunos caracteres griegos y latinos en un tipo de letra de 6 puntos. Ante esto, todos, excepto los exploradores más valientes, cerrarán el libro suavemente, lo devolverán a su lugar de descanso y pasarán al siguiente estante.

Sin embargo, al seguir su camino, se pierden pasajes como este: 

Primero se apoderaron de un anciano llamado Metras y le mandaron que blasfemase. Cuando rehusó, le golpearon con mazos, le acuchillaron la cara y los ojos con cañas aguzadas, lo sacaron a los suburbios, y lo apedrearon.

¿Quién era este anciano llamado Metras? La cita anterior, que se encuentra en la Historia eclesiástica de Eusebio de Cesarea, es el único registro que tenemos de él. Este anciano pudo haber sido un obrero o un comerciante. ¿Tuvo nietos? Quizás lo más notable de él es lo poco notable, de hecho, lo ordinario que realmente fue. Sin embargo, fue uno de los innumerables hermanos y hermanas nuestros que perecieron durante las horribles persecuciones del siglo III. Haríamos bien en quitar el polvo de nuestros libros y recordar no solo la violencia de sus muertes, sino también la fidelidad de sus vidas, que los preparó para la muerte.

Metras murió por la persecución de una turba enardecida en la gran ciudad norafricana de Alejandría. Esta persecución comenzó en 249 d. C. y empeoró después de que Decio se pusiera la púrpura imperial y dictara sus crueles edictos a principios del año siguiente. Durante más de un siglo previo a este tiempo, los cristianos habían enfrentado períodos de persecución en varias localidades dentro de los vastos dominios romanos. Pero Decio fue el primer emperador en pretender un exterminio sistemático de todos los cristianos a lo largo de todo el Imperio. En un esfuerzo por erradicar a estos cristianos, decretó que se establecieran comisiones en cada comunidad de todo el Imperio. Estas comisiones se encargaron de administrar juramentos de lealtad al culto del estado y de certificar por escrito la lealtad religiosa de cada persona dentro de las fronteras de Roma. Tales juramentos eran requeridos incluso a los sacerdotes y sacerdotisas paganos.

Más de 50 de estos certificados todavía sobreviven. Un ejemplo típico es el siguiente: 

Hemos perseverado siempre en sacrificar a los dioses, y también ahora en vuestra presencia, según las órdenes publicadas hemos hecho libación y gustado las carnes del sacrificio. Os rogamos poner vuestra firma para nuestra seguridad. [Firmas] Nosotros, Aurelio Sereno y Aurelio Hermas, los vimos sacrificando. Firmado por mí, Hermas.

Sin embargo, Metras, y miles de otros con él, se negaron a participar en los cultos públicos de Roma. Él no derramaría vino como ofrenda ritual al genio de César, ni sacrificaría animales o cereal a ninguno de los dioses de Roma. Derramar vino es algo sencillo, pero Metras prefirió tener su rostro desgarrado, dejar que su cuerpo fuera golpeado y arrastrado, y ser apedreado hasta la muerte por las turbas. 

El autor de esta persecución fue, según los estándares de su época, un administrador y líder militar capaz. Decio fue un romano de Roma en una época en que el imperio se estaba desmoronando. Él lanzó esta vasta persecución en un intento desesperado por traer orden a su caótico reino. ¿Qué tan caótico fue? Entre el 235 y el 285, veintiséis emperadores, o Augustos, fueron reconocidos oficialmente por el Senado romano. Veinticinco de estos perecieron violentamente en disputas por la sucesión, y Decio estuvo entre ellos. Durante el mismo período, al menos otros 30 reclamantes fueron declarados Augustos no por el Senado, sino por sus ejércitos. Un emperador, Galieno, tuvo que destruir no menos de 18 rivales que aspiraron a la púrpura durante su reinado de 15 años (o tal vez reinó seis años; depende de si durante algunos años lo consideramos a él o a uno de sus rivales como el verdadero emperador).

Para Decio, tal turbulencia significaba que los dioses estaban enojados con Roma. Decio vio que sus predecesores habían tolerado a los cristianos, a quienes él consideraba (correctamente) como subversivos que no respetaban la religiosidad romana. Así que cuando se estableció como emperador, Decio creía sinceramente que su campaña anticristiana era una causa sagrada, necesaria para la preservación del orden romano tradicional.

Cuando leemos que al anciano Metras «le mandaron que blasfemase», vemos, probablemente, una referencia al juramento de lealtad de Decio. Esto nos recuerda que los romanos persiguieron a los cristianos no porque adoraban a Jesucristo, sino porque se negaban a adorar a otros dioses. De hecho, a lo largo de su historia, los romanos toleraron y en ocasiones incluso adoptaron a los dioses de otras culturas. Su multiculturalismo religioso permitió que diferentes culturas coexistieran dentro del mismo imperio, siempre que se respetara la ley de Roma y se pagaran impuestos a la persona que encarnaba esta ley: el emperador. Para los politeístas paganos, incluso los de diferentes culturas, no representaba un gran problema agregar al César a su lista de deidades. Pero los cristianos eran leales a un solo Dios y solo a uno. Por lo tanto, no se inclinarían ante ningún otro y por esto fueron castigados. Fueron castigados por su ateísmo.

Volviendo al libro antiguo, seguimos leyendo: 

Luego llevaron a una mujer creyente llamada Quinta al templo de los ídolos, e intentaron obligarla a adorar. Cuando ella se apartó horrorizada, la ataron de los pies y la arrastraron por la ciudad sobre el áspero pavimento, azotándola a la vez que estaba siendo golpeada por los grandes adoquines, y en aquel lugar la apedrearon hasta morir.

Como el de Metras, el relato de Quinta es decepcionantemente breve. No tenemos información sobre las obras de caridad que ella había realizado, sobre cómo su negativa a claudicar pudo haber brillado en otras ocasiones, sobre los seres queridos que le sobrevivieron, ni aun sobre sus últimas palabras cuando se enfrentaba a una muerte horrible.

Así es para otra mártir de las persecuciones decianas, una anciana soltera llamada Apolonia. Después de golpear su mandíbula hasta que le rompieron todos los dientes, los romanos encendieron un fuego y amenazaron con arrojarla en este si se negaba a blasfemar. Cuando aflojaron un poco su agarre, ella se arrojó libremente al fuego. También leemos de dos madres, Mercuria y Donisia, cada una de las cuales «no amaba a sus propios hijos por encima del Señor». De sus fracasos anteriores, el mandatario había aprendido que las mujeres cristianas maduras no se rendían ante la tortura; Lo habían hecho quedar mal. Por lo tanto, «al ser derrotado siempre por mujeres», el juez simplemente ordenó que Mercuria y Donisia fueran atravesadas por espadas, sin molestarse en sus acostumbrados intentos de obligarlas a jurar lealtad mediante la tortura. Tales eran los mártires, miles de ellos, de los cuales el mundo no era digno.

Durante el breve reinado de Decio, los cristianos lloraron a sus muertos en todo el mundo mediterráneo. Los miles que fueron martirizados eran vecinos y parientes estimados, personas con quienes los sobrevivientes habían cantado, orado y partido el pan. Las persecuciones sin duda trajeron dolor e incertidumbre.

Sin embargo, y peor aún, trajeron controversia. ¿Cómo iba la Iglesia a considerar a los que eran débiles, aquellos que participaban en los ritos paganos para salvar sus propias vidas? Cuando la persecución pasara y estos claudicantes buscaran ser readmitidos a la comunión, ¿debían ser admitidos? Un teólogo muy capaz llamado Novaciano, anciano en Roma, creía que no. Cuando más tarde se pidió a algunos líderes de la Iglesia que habían claudicado frente a la persecución que regresaran al liderazgo, Novaciano no quería tener nada que ver con ellos. Incluso ayudó a establecer oficiales opuestos para impugnarlos.

La controversia provocó tal conmoción entre los fieles que se convocó un concilio para abordar el asunto. Al menos 60 obispos descendieron a Roma, junto con muchos otros presbíteros y diáconos. (El día en que tales preguntas simplemente se harían al obispo de Roma —el papa— para su respuesta autoritaria no sería sino hasta mil años más tarde). El sínodo determinó, correctamente, que «las medicinas del arrepentimiento» deberían cubrir su pecado y que en verdad en la Iglesia había lugar para los hermanos más débiles. La restauración, luego de la concesión, probó más tarde ser poderosa: muchos de los hermanos que habían sido débiles en las persecuciones decianas se mantuvieron firmes, incluso hasta la muerte, cuando las persecuciones regresaron.

La Iglesia de hoy necesita levantar una nueva generación de lectores que amen abrir libros viejos y polvorientos y ser instruidos por ellos. En estos libros descubrimos una gran nube de testigos que nos dan testimonio y nos encargan que peleemos la buena batalla de la fe. Estos son los santos con quienes nos reuniremos en el cielo en el día del Señor. Los lectores que conocen a estos santos, que mantienen viva su memoria, pueden ser usados ​​para fortalecer a aquellos que son perseguidos en nuestros días. Y si, en la providencia de Dios, las persecuciones vienen a nosotros, el testimonio de nuestros antepasados ​​sufrientes puede ser usado por Dios para ayudarnos a permanecer firmes.

Publicado originalmente en Tabletalk Magazine.
Chris Schlect
Chris Schlect

El Dr. Chris Schlect es profesor de historia en New Saint Andrews College y anciano en Christ Church en Moscow, Idaho.

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