Hace varios años me pidieron dar un discurso en un importante seminario teológico estadounidense. Durante el discurso, hablé sobre el papel crítico de la lógica en la interpretación bíblica, y les pedí a los seminarios que incluyeran cursos de lógica en sus currículos obligatorios. En casi cualquier materia de seminario se exige que los estudiantes aprendan por lo menos algo de los idiomas bíblicos originales: hebreo y griego. Se les enseña a analizar el trasfondo histórico del texto, y aprenden principios básicos de interpretación.
Todas estas son habilidades importantes y valiosas para que los estudiantes sean buenos administradores de la Palabra de Dios. Sin embargo, la razón principal por la cual ocurren errores en la interpretación bíblica no se debe a que el lector carece de conocimiento del hebreo, o de la situación en la que se escribió el libro bíblico. La causa número uno de malentender las Escrituras viene por hacer inferencias ilegítimas del texto. Creo firmemente que estas inferencias erróneas serían menos probables si los intérpretes bíblicos fueran más hábiles en los principios básicos de la lógica.
La causa número uno de malentender las Escrituras viene por hacer inferencias ilegítimas del texto.
Permíteme darte un ejemplo del tipo de inferencias erróneas que tengo en mente. Dudo que yo haya tenido una discusión sobre la elección soberana de Dios sin que alguien me cite Juan 3:16 diciéndome: “¿Pero no dice la Biblia que ‘de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquél que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna’”? Inmediatamente concuerdo con ellos; la Biblia dice eso. Si tradujéramos esa verdad en proposiciones lógicas, diríamos que todos los que creen tendrán vida eterna, y que nadie que tenga vida eterna se pierde, porque perderse o tener la vida eterna son polos opuestos en términos de las consecuencias de ese creer. Sin embargo, este texto no dice absolutamente nada sobre la capacidad humana de creer en Jesucristo. No nos dice nada sobre quién creerá. Jesús dijo: “Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió” (Jn. 6:44). Aquí tenemos un negativo universal que describe el aspecto de la capacidad humana. Ninguna persona tiene la capacidad de venir a Jesús a menos que Dios cumpla con una condición en particular (a saber, “traerlos”); sin embargo, esto se olvida a la luz de Juan 3:16, que no dice nada sobre un requisito previo para la fe. Entonces, Juan 3:16, uno de los textos más famosos en toda la Biblia, se destroza rutinaria, regular, y sistemáticamente con inferencias e implicaciones erróneas.
¿Por qué ocurren tales inferencias ilegítimas? La teología cristiana clásica, particularmente la teología reformada, habla sobre los efectos noéticos del pecado. La palabra noético deriva de la palabra griega nous, que a menudo se traduce como “mente”. Entonces, los efectos noéticos del pecado son esas consecuencias de la Caída del hombre (Gn. 3) en el intelecto humano. Todos los humanos, incluyendo todas nuestras facultades, quedaron devastadas por la corrupción de la naturaleza humana. Nuestros cuerpos mueren a causa del pecado, la voluntad humana está en un estado de esclavitud moral (en cautividad a los deseos e impulsos del corazón), y nuestras mentes, igualmente, están caídas. La Caída ha debilitado severamente nuestra propia capacidad de pensar. Yo diría que Adán, antes de la Caída, tenía un coeficiente intelectual fuera de serie. Dudo que hacía inferencias ilegítimas cuando cuidaba el jardín. Por el contrario, su mente era ágil y aguda, pero él perdió eso cuando cayó, y nosotros lo perdimos con él.
Todos los humanos, incluyendo todas nuestras facultades, quedaron devastadas por la corrupción de la naturaleza humana.
Sin embargo, el hecho de que hayamos caído no significa que ya no tengamos la capacidad de pensar. Todos somos propensos al error, pero también podemos aprender a razonar de una manera ordenada, lógica, y persuasiva. Es mi deseo ver a cristianos pensando con la máxima fuerza y claridad. Entonces, como cuestión de disciplina, nos beneficia mucho estudiar y dominar los principios elementales del razonamiento para que podamos, con la ayuda de Dios el Espíritu Santo, superar hasta cierto punto los estragos que el pecado causa en nuestro pensamiento.
No creo ni por un momento que, mientras el pecado esté en nosotros, podamos llegar a ser perfectos en nuestro razonamiento, porque el pecado nos predispone en contra de la ley de Dios mientras vivamos, y tenemos que luchar para vencer estas distorsiones básicas de la verdad de Dios. Pero si amamos a Dios no solo con todo nuestro corazón, alma, y fuerzas, sino también con nuestra mente (Mr. 12:30), seremos rigurosos al entrenar nuestras mentes.
Sí, Adán tenía una mente aguda antes de la Caída, pero creo que el mundo nunca ha experimentado un pensamiento tan sólido como se manifestó en la mente de Cristo. Pienso que parte de la humanidad perfecta de nuestro Señor se demostró en que nunca hizo una inferencia ilegítima, nunca saltó a una conclusión que no estuviera justificada por las premisas. Su pensamiento era coherente y claro como el agua. Nuestro Señor nos llama a imitarlo en todas las cosas, incluyendo su pensar. Por lo tanto, en tu vida, tu principal y sincera prioridad debe ser amarlo con toda tu mente.
Publicado originalmente en Ligonier. Traducido por Rachel Hannah. Imagen: Lightstock. R.C. Sproul es el fundador de Ligonier Ministries, el maestro principal de la programación de radio Renewing Your Mind, y el editor general de la Biblia de estudio Reformation.
El liderazgo es un aspecto crucial en la vida del hombre cristiano. Como hombres que buscamos seguir a Cristo, estamos llamados a liderar con humildad e integridad, reflejando las cualidades demostradas por los líderes bíblicos. Al estudiar las vidas de estas personas, podemos obtener conocimientos valiosos y orientación sobre cómo cumplir eficazmente nuestros roles de liderazgo. En este artículo, exploraremos tres puntos principales que resaltan la importancia de estudiar ejemplos bíblicos de liderazgo fuerte y bíblico: las características de un líder bíblico, los beneficios de liderar con humildad y la importancia de liderar con integridad.
Características de un Líder Bíblico
La Biblia nos presenta numerosos ejemplos de líderes que demostraron cualidades excepcionales. Vamos a profundizar en tres características clave:
Fidelidad: Un líder bíblico permanece fiel a Dios y a Su Palabra, liderando a otros con el ejemplo. José, a pesar de enfrentar adversidades y tentaciones en Egipto, se mantuvo firme en su fidelidad a Dios (Génesis 39:2-4). Finalmente, llegó a ocupar una posición de liderazgo, guiando a Egipto a través de una severa hambruna y preservando muchas vidas.
Servicio abnegado: Un líder bíblico ejemplifica la humildad al servir a los demás desinteresadamente. Jesús, el ejemplo supremo de liderazgo servicial, lavó los pies de Sus discípulos, demostrando la importancia de la humildad y el servicio (Juan 13:3-5). Como hombres cristianos, estamos llamados a seguir el ejemplo de Cristo y liderar sirviendo a aquellos confiados a nuestro cuidado.
Un líder bíblico busca sabiduría de Dios y ejerce discernimiento en la toma de decisiones. El rey Salomón, conocido por su sabiduría, oró por discernimiento para liderar al pueblo de Dios de manera efectiva (1 Reyes 3:9). Como hombres que buscan ser líderes a imagen de Cristo, debemos esforzarnos por obtener una sabiduría piadosa y buscar orientación en las Escrituras y en el Espíritu Santo.
Liderar con Humildad
La humildad es un rasgo fundamental que distingue a los líderes bíblicos. Aquí hay tres razones por las cuales liderar con humildad es esencial:
Dios se opone a los soberbios, pero da gracia a los humildes (Santiago 4:6): Cuando abrazamos la humildad en nuestro liderazgo, nos alineamos con el favor y la bendición de Dios. Al reconocer nuestra dependencia de Él, afirmamos que nuestro liderazgo no se trata de gloria personal, sino de servir a los propósitos de Dios.
La humildad fomenta la unidad y la colaboración: Un líder humilde crea un ambiente donde las personas se sienten valoradas, lo que lleva a la unidad y el trabajo en equipo. El apóstol Pablo animó a los filipenses a adoptar una mentalidad humilde, considerando a los demás como más importantes que ellos mismos (Filipenses 2:3-4). Al valorar y capacitar a quienes lideramos, cultivamos un ambiente de cooperación y crecimiento.
La humildad fomenta el crecimiento personal: Cuando lideramos con humildad, demostramos una disposición para aprender y crecer. Proverbios 11:2 nos recuerda que la sabiduría viene con humildad. Al reconocer nuestras limitaciones y buscar aportes de otros, nos abrimos a mayores conocimientos, crecimiento personal y liderazgo efectivo.
Liderar con Integridad
La integridad es un aspecto innegociable del liderazgo bíblico. Aquí hay tres razones por las cuales liderar con integridad es crucial:
Es mejor elegir un buen nombre que grandes riquezas (Proverbios 22:1): Los líderes que priorizan la integridad cultivan confianza y respeto entre sus seguidores. Cuando lideramos con integridad, nuestras acciones se alinean con nuestras creencias, reflejando el carácter de Cristo. Este compromiso con la rectitud deja un impacto duradero y construye un legado que honra a Dios.
La importancia de la pureza moral: Los líderes están llamados a modelar la pureza moral y proteger sus corazones contra la tentación. El compromiso inquebrantable de José con la rectitud frente a los avances de la esposa de Potifar sirve como un poderoso ejemplo (Génesis 39:7-12). Liderar con integridad implica tomar decisiones que honren a Dios, incluso cuando enfrentamos circunstancias difíciles.
Rendición de cuentas y transparencia: Los líderes que lideran con integridad valoran la rendición de cuentas y operan con transparencia. Proverbios 27:17 nos anima a afilarnos mutuamente como el hierro afila el hierro. Al fomentar una cultura de rendición de cuentas, los líderes invitan a comentarios constructivos y se someten voluntariamente a escrutinio, promoviendo el crecimiento y la confianza dentro del equipo.
Conclusión:
Como hombres cristianos, nuestra búsqueda de ser como Cristo incluye desarrollar cualidades de liderazgo fuerte y bíblico. Al estudiar los ejemplos de líderes fieles en la Biblia, comprender la importancia de liderar con humildad y abrazar la importancia de la integridad, podemos crecer como líderes que impactan positivamente a nuestras familias, iglesias, lugares de trabajo y comunidades. Comprometámonos a buscar la guía de Dios, confiar en Su fortaleza y esforzarnos continuamente por ser líderes que reflejen el corazón y el carácter de Jesucristo.
Edgar Nazario Edgar Josue Nazario nacido en San Jose, Costa Rica. Casado con Raquel por mas de 7 años y es padre de Isaias, Timoteo y Esther. Actualmente sirve como Director de Comunicaciones en su Iglesia local, Cornerstone Baptist Church en Oviedo. Está trazando una maestría en divinidades en el Reformed Baptist Seminary con la meta de ser parte del equipo pastoral. En su tiempo libre comparte con la juventud de su iglesia en varios eventos evangelísticos y sociales. Puedes seguirlo en Twitter: @EdgarNazario
La mayoría de los filósofos a través de los siglos, han creído que la historia está formada por ideas, la búsqueda de la realidad actual, o la razón humana. Pero hay un filósofo famoso que, por el contrario, sostuvo que el factor de impulso detrás de toda la historia humana, es la economía. Carlos Marx nació de padres judíos alemanes en 1818 y recibió su doctorado a la edad de 23 años. Entonces se embarcó en una misión para probar que la identidad humana está ligada al trabajo de una persona y que los sistemas económicos controlan totalmente a la persona. Argumentando que es por su trabajo que la humanidad sobrevive, Marx creía que las comunidades humanas son creadas por la división del trabajo.
Marx estudió historia y concluyó que la sociedad por cientos de años se había basado en la agricultura. Pero en la opinión de Marx, la Revolución Industrial cambió todo eso, porque aquellos que habían trabajado libremente para sí mismos, ahora eran forzados por la economía a trabajar en fábricas. Esto, consideró Marx, les despojó de su dignidad e identidad, porque su trabajo definía quiénes eran, y ahora, eran reducidos a meros esclavos controlados por un poderoso capataz. Esta perspectiva significaba que la economía del capitalismo era el enemigo natural de Marx.
Marx dedujo que el capitalismo enfatizaba la propiedad privada, y, por lo tanto, reducía la propiedad a unos cuantos privilegiados. Dos «comunidades» separadas surgieron en la mente de Marx: los empresarios, o la burguesía; y la clase trabajadora, o el proletariado. De acuerdo a Marx, la burguesía usa y explota al proletariado con el resultado de que una persona gana lo que otra persona pierde. Además, Marx creía que los empresarios influían en los legisladores para asegurar que sus intereses se defendieran a costa de la pérdida de dignidad y los derechos de los trabajadores. Por último, Marx consideraba que la religión era el «opio de las masas» que usaban los ricos para manipular a la clase obrera; al proletariado se le promete que un día tendrán recompensas en el cielo, si se mantienen trabajando diligentemente donde Dios los haya colocado (subordinados a la burguesía).
En la utopía terrenal que Marx visualizó, la gente colectivamente es dueña de todo y todos trabajan para el bien común de la humanidad. El objetivo de Marx era terminar con la posesión de la propiedad privada a través de otorgar al estado la propiedad de todos los medios de producción económica. Una vez que la propiedad privada era abolida, Marx consideraba que esto elevaría la identidad de una persona y el muro que supuestamente el capitalismo había construido entre propietarios y clase obrera, sería derribado. Todos se valorarían unos a otros, y trabajarían juntos por una meta compartida.
Hay al menos cuatro errores en el pensamiento de Marx. En primer lugar, su afirmación de que la ganancia de una persona se produce a expensas de otra, es un mito. La estructura del capitalismo deja suficiente lugar para que todos eleven su estándar de vida, a través de la innovación y la competencia. Es absolutamente factible para varias personas competir y tener éxito en un mercado de consumidores que solicite sus bienes y servicios.
Segundo, Marx estaba equivocado en su creencia de que el valor de un producto está basado en la cantidad de trabajo que se le ha invertido. La calidad de un bien o servicio, simplemente no puede ser determinada por la cantidad de esfuerzo invertido por un trabajador. Por ejemplo, un maestro ebanista puede hacer un mueble con más rapidez y belleza de lo que pudiera hacerlo un carpintero no calificado, y por tanto su trabajo tendrá mucho más valor (y justamente) en un sistema económico como el capitalismo.
Tercero, las teorías de Marx, necesitan un gobierno que esté libre de corrupción y niegue la posibilidad de un elitismo dentro de sus filas. Si la historia nos ha enseñado algo, es que el poder corrompe a la humanidad caída, y un poder absoluto corrompe absolutamente. Una nación o gobierno puede matar la idea de Dios, pero alguien más tomará el lugar de Dios. Ese alguien es a menudo un individuo o grupo que comienza a gobernar sobre el pueblo y busca mantener su posición privilegiada a cualquier costo.
Cuarto, y el más importante, Marx estaba equivocado en que la identidad de una persona está ligada al trabajo que desempeña. Aunque la sociedad secular ciertamente impone esta creencia en casi todos, la Biblia dice que todos tienen igual valor, porque todos fueron creados a la imagen de un Dios eterno. Es ahí donde radica intrínsecamente el verdadero valor humano.
¿Tenía razón Marx? ¿Es la economía el catalizador que impulsa la historia de la humanidad? No, lo que dirige la historia de la humanidad es el Creador del universo, quien controla todo, incluyendo el ascenso y caída de cada nación. Además, Dios también controla a quien pone a cargo de cada nación, como dice la Escritura, «… para que conozcan los vivientes que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres» (Daniel 4:17). Más aún, es Dios quien le da a una persona la habilidad en el trabajo, y la riqueza que proviene de ello, no el gobierno: «He aquí, pues, el bien que yo he visto: que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte. Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios» (Eclesiastés 5:18-19).
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Cómo defenderse de Satanás el enemigo del cristiano
SINCLAIR FERGUSON
En su notable librito Towards Spiritual Maturity (Hacia la madurez espiritual), William Still describe lo que él llama “las tres dimensiones de la cruz”. Cristo, escribe Still, trata con el pecado en cuanto poder, con los pecados en cuanto obras que causan culpa, y con Satanás en cuanto enemigo del cristiano. A menudo yo solía oírlo hablar de “la Raíz” (el pecado), “el Fruto” (los pecados), y “el Bruto” (el diablo).
LA TERCERA DIMENSIÓN Esta tercera dimensión es importante. Tendemos a ignorar o a exagerar la actividad del Diablo. La predicación y la consejería, por ejemplo, no siempre reflejan la enseñanza del Nuevo Testamento de que nuestra lucha fundamental es “contra fuerzas espirituales malignas” (Efesios 6:12, NVI). Por otra parte, demasiados cristianos confunden la enfermedad y el pecado con posesión demoniaca. ¡Qué diabólico es empujarnos hacia un extremo o el otro!
En el Nuevo Testamento, al enemigo espiritual se lo retrata de diversas formas. Por ejemplo, se lo denomina “mentiroso” (Juan 8:44) y el que entorpece la obra de Dios (1 Tesalonicenses 2:18). Pero una de las imágenes más bíblicas de él está en la visión de su expulsión en Apocalipsis 12-13. Aquí Juan lo ve como la serpiente del Jardín del Edén que ha devorado a tantas criaturas que ahora se ha convertido en un poderoso dragón (Apocalipsis 12:9). Juan nos ayuda a reconocer la estrategia del enemigo dándole títulos: engañador, diablo, Satanás, acusador. Él es estas cuatro cosas, en el sentido más literal en su máxima expresión.
EL ENGAÑADOR Mediante el uso de sus agentes, el Maligno “engaña a los habitantes de la tierra” (Apocalipsis 13:13-14 RV95). Tiene aspecto de cordero, ¡pero su voz es la de un dragón (13:11)!
Desde el comienzo, esta ha sido su actividad. “La serpiente me engañó, y yo comí”, confesó Eva (Génesis 3:13; cf. 1 Timoteo 2:14). Como el dios de este siglo, ciega las mentes (2 Corintios 4:4). Es algo que experimentamos cada vez que caemos en pecado: la tentación llena nuestro horizonte y perdemos de vista lo que está más allá; dejamos de pensar con claridad. Más tarde, en nuestra angustia, decimos: “Si tan solo hubiera visto las consecuencias”. Pero fuimos engañados y cegados.
¿Cuál es la defensa? ¿Recuerdas cómo se defendió Jesús cuando el enemigo trató de convencerlo en las tentaciones del desierto? Nuestro Señor había escondido la Palabra de Dios en su corazón; él era capaz de pensar bíblicamente, es decir, claramente. Él vio a través del engaño.
EL DIABLO Este nombre (a partir de un compuesto del verbo griego arrojar) comunica la idea de calumniar, de arrojar falsedades contra alguien; “enlodar”, podríamos decir: ¿Pero a quién le arroja su lodo el diablo? A Dios, en primer lugar.
El Maligno comenzó a hacerlo en el Jardín del Edén. Adán y Eva estaban rodeados de abundancia de bienes: ¡la creación, los animales, los ríos, los árboles, las flores, la fruta! Pero la serpiente dijo: “Dios los puso aquí para burlarse de ustedes. ¿Acaso dijo ‘no deben comer de ninguno de estos árboles?’” (ver Génesis 3:3). Dios no había hecho tal cosa. Dios les había dado todo para que lo disfrutaran (Génesis 2:16). Solo un árbol estaba prohibido (2:17).
¿Ves la difamación que hace el diablo? Estaba atacando el amoroso y generoso carácter de Dios y estaba acusándolo de ser un Creador cínico.
Esa es una de sus estrategias favoritas. “Mira tus circunstancias”, susurra, tratando de disimular su voz de dragón, “¡Dios en realidad no te ama!” No deberíamos ignorar sus “malignas intenciones” (2 Corintios 2:11).
¿Cuál es nuestra defensa? Esta es la de Pablo: “Pero Dios muestra su amor por nosotros en que, cuando aún éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8). Que la cruz acalle las calumnias del diablo y te convenza de la maravilla del amor de Dios.
SATANÁS Algunos comentaristas sugieren que aquí la idea en la raíz de la palabra incluye atacar a alguien en una emboscada. El ataque es inesperado y está oculto.
Pensemos en Job. La tensión creada al leer el libro de Job radica en el hecho de que nosotros —la audiencia— sabemos algo que el propio Job ignora. Nosotros sabemos que estos sufrimientos, si bien están bajo la mano soberana de Dios, son causados por Satanás. Pero Satanás está oculto de Job. Él no tiene idea de que Satanás está detrás de sus sufrimientos. Él fue víctima de una emboscada.
En otro ámbito, pensemos en Jesús cuando su querido amigo Pedro lo tomó para impedir que fuera a la cruz. Pero el Señor identificó la verdadera fuente del ataque, diciendo, en esencia: “Sal de mi vista, Satanás” (ver Marcos 8:33). Mientras sus ojos físicos solo veían a Simón, su vista espiritual detectó y expuso a Satanás.
Gracias a Dios que él nos protege de Satanás aun en ocasiones en las que no estamos conscientes de su protección. ¿Pero cómo podemos desarrollar un discernimiento como el de Jesús? Mediante una asimilación asistida por el Espíritu del sólido alimento de la sabiduría de Dios. Así nos ejercitamos en “la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo” (Hebreos 5:14 NVI).
EL ACUSADOR DE LOS HERMANOS El enemigo mantiene un diario de nuestra culpa y nuestros fracasos. En la corte de Dios, él nos acusa (cf. Zacarías 3:1-2); en la corte de nuestra propia conciencia, oímos los ecos. John Newton sabía de esto. A veces él sentía estar:
Cargado por mi iniquidad, temores hay en mí;
luchando con la enemistad.
¿Cómo podemos derrotar a Satanás cuando susurra que no somos aptos para ser cristianos? Juan vio de qué manera lo logran los santos: “Ellos lo vencieron por la sangre del Cordero y por la palabra que ellos proclamaron” (Apocalipsis 12:11).
¿A qué proclamación se refiere? A esta: “¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aun, el que también resucitó, el que además está a la derecha de Dios e intercede por nosotros” (Romanos 8:33-34). Así que podemos cantar con Newton:
Mi Escondedero, Escudo sé, me abrigo solo en ti;
Al que me acusa yo diré: “moriste tú por mí”.
Siempre es un primer principio de guerra que conozcamos la fuerza y tácticas de nuestro enemigo, como también nuestros propios recursos. ¡Eso es tan cierto del conflicto espiritual como lo es del combate militar!
Este artículo Cómo defenderse de Satanás el enemigo del cristiano Solo en Cristo, publicado por Poiema Publicaciones.
Sábado 9 Septiembre Yo seguí plenamente al Señor mi Dios. Josué 14:8 NBLA El poder de la fe La fe es un principio poderoso. Purifica el corazón, obra por amor y vence al mundo. En una palabra, enlaza el corazón con Dios mismo y ese es el secreto de toda verdadera nobleza, santa benevolencia y divina pureza. No es extraño, pues, que Pedro diga que es “mucho más preciosa que el oro” (1 P. 1:7), ya que en verdad es preciosa, mucho más de lo que el pensamiento humano pueda alcanzar.
Véase cómo este poderoso principio actuó en Caleb, y el bendito fruto que produjo. Le fue permitido comprobar la verdad de aquellas palabras, empleadas siglos después: “Conforme a vuestra fe os sea hecho”. Él creyó que Dios era capaz de hacerlos entrar en la tierra, y que todas las dificultades y obstáculos serían simplemente para ejercicio de la fe. Y Dios, como sucede siempre, contestó a su fe: “Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho” (Jos. 14:12).
¡Cuán reconfortantes son las expresiones de una cándida fe! ¡Cuán edificantes! ¡Cuán verdaderamente alentadoras! ¡Qué intenso contraste con la tenebrosa y depresiva incredulidad, con sus acentos deslucidos que deshonran a Dios! Caleb fue firme en la fe, dando gloria a Dios. Podemos decir, con la mayor certeza, que, como la fe siempre honra a Dios, él se complace a su vez en honrar la fe; y estamos convencidos de que, si el pueblo de Dios confiara más en él, si ellos extrajeran más abundantemente de Sus recursos infinitos, veríamos una situación muy diferente a nuestro alrededor. ¡Ah! ¡Si tuviéramos una más viva fe en Dios, asiéndonos más audazmente a su fidelidad, a su bondad, a su poder! Entonces podríamos esperar resultados más gloriosos en el campo de la evangelización; más celo, más energía, más intensa dedicación en la Iglesia, y más frutos de justicia en los creyentes individualmente.
Introducción El estímulo es algo bueno. Como cristianos, sabemos que es algo que debemos hacer. Pero también es algo que puede ser vago. ¿Es solo otra palabra para «ser agradable»? Quiero iniciar la clase con una pregunta: ¿Cuáles son algunas de las metas del verdadero estímulo, de acuerdo con la Escritura? ¿Por qué deberíamos estimularnos unos a otros?
Escucha cuál era el objetivo de Pablo para el estímulo en Colosenses 1:28: «a quien Cristo anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre». Estamos llamados a la misma meta, presentar a otros perfectos en Cristo. Leemos en Hebreos 10:24-25: «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca». Ese mismo sentimiento se refleja en nuestro pacto congregacional. «Caminaremos juntos en amor fraternal, como miembros de la iglesia de Cristo; nos cuidaremos y supervisaremos en amor, nos amonestaremos y oraremos fielmente los unos por los otros según la ocasión lo amerite». Por tanto, aquí tienes una definición de estímulo: Cuidar de otra persona lo que, por lo general, implica hablarle con la verdad bíblica, con el objetivo de que esa persona crezca en la piedad. Digo «por lo general» porque es posible que puedas estimular o animar a alguien sin palabras, compartiendo una comida, por ejemplo, pero, hablando bíblicamente, el estímulo generalmente tiene algo de contenido, y ese contenido debe provenir de la Palabra de Dios.
Qué responsabilidad tan grande: el estímulo en aras de la santidad. Estamos juntos en una lucha de vida o muerte contra el mundo, la carne y el diablo. Y nuestro llamado es ayudarnos mutuamente a cruzar la meta con la gracia de Dios. Dios es quien nos preserva, pero utiliza medios para hacerlo. Uno de esos medios es el cuerpo de Cristo.
Parte de cumplir con ese llamado implica confrontar el pecado explícito, como discutimos la semana pasada. Pero la vida cristiana abarca mucho más que eso. Conlleva miles de decisiones diarias que forman la trama de nuestras vidas. Necesitamos que nos den ánimo si esa historia va a ser una de gozosa confianza en Cristo hasta nuestro último día. Y, por tanto, el estímulo es trascendental para nuestra unidad como iglesia. Cuando nos alentamos unos a otros en Cristo, eso asegura que estamos unidos en torno a Cristo y no a otras cosas. Cuando nuestra unidad sufre, debemos estar bien capacitados en el arte del estímulo para que podamos recordarnos unos a otros lo que realmente importa, y ayudarnos a superar las semillas de la división.
Permíteme presentar un breve bosquejo para nuestro tiempo. Comenzaremos examinando lo que hace que el estímulo sea difícil de hacer bien. A continuación, veremos la clase de relaciones que se necesitan para hacer que esto suceda. Y, finalmente, una guía práctica acerca de cómo podemos expresar un estímulo empapado en el evangelio en las vidas de nuestros hermanos y hermanas en Cristo.
El desafío del estímulo Así que primero, ¿qué hace que esto sea difícil? Dos cosas que debemos saber cuando intentamos estimular a los demás:
Antes que todo:
A. Nuestra lucha es una del corazón: Implica los deseos centrales que motivan nuestras decisiones y acciones diarias. Y, como dijo el profeta Jeremías: «Engañoso es el corazón más que todas las cosas, y perverso; ¿quién lo conocerá?» (17:9). Los deseos malignos del corazón son lo que Santiago señala como la causa de la tentación (1:14) y el conflicto (4:1). Entonces, cuando encontramos que nuestros hermanos y hermanas en la iglesia están tomando decisiones que no se alinean con su identidad en Cristo, sabemos que el problema no es principalmente externo, sino la consecuencia de los deseos pecaminosos de sus corazones.
Esto es importante porque con mucha frecuencia, cuando estamos en relaciones con otros cristianos y vemos cosas en sus vidas que deshonran a Cristo, nuestra meta a menudo es hacer que se comporten de manera diferente. «Si tan solo no pasara tanto tiempo con esas personas». «Si tan solo gastara su dinero de otro modo». «Si tan solo cambiara a un trabajo que le diera más tiempo con su familia». Pero como sabemos demasiado bien, la conducta no es la raíz del problema. Algunas implicaciones de esto son las siguientes:
Primero, solo Dios puede cambiar el corazón. Nosotros somos sus instrumentos. Así, al involucrarnos en la vida de otras personas, debemos recordar que la oración es nuestra mejor herramienta, que la culpa y la coerción no pueden corregir los profundos problemas del corazón, y que nuestra desesperación por que Dios actúe aumenta la gloria que merece. Puede haber momentos buenos y apropiados para ayudar a otros a cambiar su comportamiento; por ejemplo, responsabilizar a alguien por un pecado habitual. Pero un mejor comportamiento no es nuestra meta final. En última instancia, nos preocupamos por los problemas del corazón. Otra implicación, cuando alentamos a los demás, debemos recordar que nuestros corazones también son propensos a divagar. No es coincidencia que inmediatamente luego de que Pablo nos exhorta a restaurar a quienes están atrapados en el pecado en Gálatas 6:1, nos advierte acerca de nuestro orgullo y nuestra autosuficiencia. Nuestros corazones son más oscuros y malvados de lo que podremos llegar a comprender. Por último, la importancia del corazón nos recuerda que nuestra meta no es ayudar a otros a sentirse felices y realizados. Hay muchas maneras de lograr eso y, trágicamente, nunca llegar a los problemas de nuestro corazón. Nuestro objetivo al estimular a los demás es que sean transformados en sus deseos para buscar a Cristo por encima de todo lo demás, que al final, es lo que conduce al gozo verdadero y duradero. Por tanto, el primer desafío que enfrentamos al luchar por animar a nuestros hermanos y hermanas es el engaño del corazón, de su corazón y el nuestro.
B. Filosofías huecas y engañosas Un segundo enemigo es el pensamiento del mundo. Tengo en mente las palabras de Pablo en Colosenses 2:8: «Mirad que nadie os engañe por medio de filosofías y huecas sutilezas, según las tradiciones de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo». Para emplear esta terminología, todos somos filósofos. Todos nosotros, todo el tiempo, estamos creando filosofías del significado de nuestras vidas. ¿Qué importa? ¿Por qué suceden estas cosas? ¿Para qué vale la pena vivir? Y aunque generalmente sabemos las respuestas a esas preguntas, somos fácilmente engañados por las filosofías humanas y mundanas en lugar de basarnos en la verdad.
Y las personas que tratamos de animar, por un lado, tienen al mundo gritando a través de un megáfono en su oído. Y nosotros también. Nuestra filosofía guía debería descansar en la verdad del evangelio, pero incluso como cristianos, nuestras vidas a menudo son inconsistentes con esta verdad. En su libro How People Change (Cómo cambia la gente), Timothy Lane y Paul Tripp llaman a esto la «brecha del evangelio». Una brecha entre lo que sabemos que es verdadero en el evangelio y nuestra manera de vivir.
Y ellos señalan que esa brecha no queda vacía. Nosotros, y las demás personas en nuestra iglesia, con frecuencia operamos con una mezcla de la verdad del evangelio y otras filosofías que, aunque suenan bíblicas, tienen en su núcleo los valores de este mundo. Los autores identifican siete de estas filosofías sustitutivas. Voy a examinarlas, y al hacerlo, quiero que pensemos en dónde podríamos reconocerlas como ciertas en nuestros corazones, o cómo otros que conoces podrían adoptar algunas de estas filosofías falsas.
La primera es el «formalismo». Participo en reuniones regulares y en ministerios de la iglesia, y siento que mi vida está bajo control. Puede que pasé mucho tiempo en la iglesia, pero eso tiene poco impacto en mi corazón y en mi estilo de vida. Es posible que me vuelva prejuicioso e impaciente con quienes no funcionan igual que yo. El cristianismo es estar en el lugar correcto, siguiendo las corrientes correctas. El segundo es el «legalismo», primo cercano del formalismo. Vivo por las reglas, reglas que creo para mí, reglas que creo para otros. Me siento bien si puedo mantener mis reglas. Y me vuelvo arrogante y amargado cuando los demás no pueden cumplir con los estándares que establezco para ellos. No hay gozo en mi vida porque no hay gracia que ser celebrada. El siguiente es el «misticismo», la incesante búsqueda de una experiencia emocional con Dios. Vivo por los momentos en los que me siento cerca de él. Pero si no tengo ningún éxtasis emocional, asumo que Dios no me ama o que él no es real. El «activismo» es cuando me emociono con el cristianismo principalmente como una forma de arreglar este mundo roto. Baso mi relación con Dios en lo mucho que hecho para mitigar la pobreza, pero mi corazón está lejos. Luego está el «biblicismo», que reduce el evangelio a un dominio del conocimiento bíblico y teológico. Conozco mi biblia de memoria, pero no dejo que me domine. Y me impaciento con quienes tienen menos conocimiento. El sexto es el «evangelio terapéutico». Puedo hablar mucho acerca de cómo Dios es el único que sana y ayuda a quienes están heridos. Sin embargo, sin darme cuenta, he convertido a Cristo en un terapeuta más que en un salvador. Veo el pecado de las personas entre sí como un problema más grave que mi pecado contra Dios, y trato al cristianismo solo como una manera de solucionar mis problemas, para tener una vida feliz. Por último, está lo que llamamos «socialismo». El compañerismo y las amistades íntimas que encuentro en la iglesia pueden convertirse en un ídolo, el cuerpo de Cristo reemplazando a Cristo. Y el evangelio queda reducido a una comunidad de relaciones cristianas. Siete filosofías antievangélicas, todas ellas basadas en verdades a medias, las cuales somos propensos a creer, que es exactamente por lo que necesitamos ser alentados. El estimulo sirve para corregir filosofías defectuosas de lo que es el cristianismo. Recuerdo que, cuando era niño, recibí lecciones de piano, y a menudo mi profesora me detenía cuando la posición de mi mano no era la correcta. Cuando nos estimulos bíblicamente, actuamos como la profesora de piano que, con gentileza y regularidad, ayuda a su estudiante a reconocer y eliminar los malos hábitos teológicos que han entrado. Ella no solo corrige la mala postura, sino que modela la forma correcta de tocar. Como esa profesora, debemos exponer las concepciones falsas, y ayudarnos a deleitarnos en la verdad. Como dice Pablo: «Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Corintios 10:5).
Ese es el desafío: luchar contra los deseos del corazón, reconociendo que nadamos en un mar de filosofías mundanas que desafían las verdades cristianas fundamentales de lo que somos. Si eso es a lo que nos enfrentamos, a continuación, deberíamos meditar en el contexto para el cambio, con lo que me refiero a las clases de relaciones que promueven el estimulo hacia la santidad.
El contexto para el cambio Santiago 5:16: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados». Hay dos cosas que necesitamos en la iglesia para tener una cultura de estimulo sana: la disposición de revelar nuestras luchas y la disposición de escuchar y ayudar cuando otros revelan sus luchas. Nada de lo que diga en esta clase será útil si no estás dispuesto a revelar tus luchas a los demás, y si no eres lo suficientemente cercano a otros para saber cuándo y cómo necesitan ayuda.
Aquí tienes algunos comentarios acerca de lo que podemos hacer para cultivar este tipo de contexto en la iglesia: Al compartir nuestras luchas, permíteme animarnos a aprovechar la oportunidad, siempre que sea apropiado, de abrazar el «ministerio de la dependencia». No hay nada piadoso en tropezarte solo con tus luchas porque eres demasiado orgulloso para dejar que otros te ayuden. Da a los demás la oportunidad de ministrarte. Una de las cosas más amables que podemos hacer por quienes están batallando y considerando unirse a nuestra iglesia, es dejar en claro que la iglesia está llena de personas iguales a ellos porque está llena de todos nosotros.
Y, al servir a quienes comparten sus luchas contigo, cuando alguien es honesto con nosotros, estamos llamados a tomarlo en serio. Algo que ayuda es abstenernos de ofrecer soluciones trilladas que hagan parecer que solo un completo tonto tendría ese problema. «¿Luchas con la depresión? Solo lee más tu Biblia, y pasa más tiempo en el sol, entonces te sentirás bien». Lo que podría parecerte simple podría ser la batalla de toda una vida para alguien más. Cuando alguien te habla acerca de una lucha, es como si te hubieran ofrecido una joya. Puede estar dura y sin forma, pero ahora tienes la mayordomía de escuchar y ayudar a pulir esa joya para que se convierta en un reflejo de la obra santificadora de Dios.
Esos son solo algunos pensamientos acerca del contexto de las relaciones que debemos construir. Relaciones que sean honestas y relaciones que reciban a personas con dificultades.
Y eso nos lleva al siguiente punto: 4. Cómo estimular a personas con luchas.
Los cristianos que nos rodean luchan contra la carne y luchan contra las filosofías huecas y engañosas que los rodean. Se nos exhorta a animarles y enseñarles. ¿Cómo hacemos eso?
La respuesta es que depende de la persona. Pero la Escritura nos enseña sabiamente cómo abordar este asunto. Escucha 1 Tesalonicenses 5:14: «Hermanos, también les rogamos que amonesten a los holgazanes, estimulen a los desanimados, ayuden a los débiles y sean pacientes con todos» (NVI).
Cuando encontramos la lucha de un hermano o hermana en Cristo, es útil repasar esas tres categorías en tu mente. ¿Son holgazanes, u ociosos como dice la Reina Valera 1960? ¿Están desanimados y desmotivados? ¿Son débiles y necesitan que alguien les ayude a llevar su carga? ¿Y cómo podemos hacer esto pacientemente?
Sin importar la categoría en la que se encuentren, quiero sugerir tres cosas que deberíamos hacer. Primero, muéstrales lo que dice la Escritura. Eso no significa simplemente arrojarles un versículo. Por lo general, para decir la verdad a alguien de una manera que pueda escuchar, primero debemos demostrar que lo amamos y necesitamos saber quién es y a qué se enfrenta. Entonces, una vez que lo hagamos, queremos comunicar la verdad de la Palabra de Dios, quizá recordándole un patrón en la historia de la salvación, tal vez de que Dios siempre demuestra ser fiel. O simplemente estudiando un pasaje de la Escritura con él o ella. Pero muéstrales lo que la Biblia dice.
Segundo, ayúdales a meditar en las buenas noticias. Háblales de los diferentes aspectos de lo que Cristo ha hecho, y sé específico. Para la persona que batalla con la culpa y la vergüenza, Cristo ha tomado nuestra culpa para que podamos disfrutar de la reconciliación con el Padre. Para alguien que experimenta la soledad, Cristo nos ha adoptado en la familia del Padre. Para la persona que lucha contra la tentación constante y el pecado que reside en nosotros, Cristo nos ha hecho nuevas criaturas y nos has llenado con su Espíritu Santo. Sabemos estas cosas como cristianos, pero muy a menudo necesitamos conectar estas verdades con las situaciones que enfrentamos cada día.
Tercero, identifica las evidencias de la gracia de Dios en sus vidas. Reconoce cualquier fruto que el Espíritu Santo esté obrando en ellos, y háblales acerca de ello. Si alguien siente la tentación de dudar si realmente es cristiano, esto puede ayudarle a asegurarse de que Dios verdaderamente lo está transformando. Esto es lo que hizo Pablo en muchas epístolas. Cuando le escribió a los corintios, aunque tenía mucho por lo que reprenderlos, inició su carta diciendo: «Gracias doy a mi Dios siempre por vosotros, por la gracia de Dios que os fue dada en Cristo Jesús; porque en todas las cosas fuisteis enriquecidos en él, en toda palabra y en toda ciencia» (1 Corintios1:4-5).
Lo que haremos ahora es examinar tres casos de estudio, ejemplos de cómo podría ser esto para cada una de las tres categorías que Pablo presenta en 1 Tesalonicenses 5:14. En cada uno, daré algunos antecedentes de la persona hipotética, y luego discutiremos juntos un par de preguntas.
A. Amonesta a los holgazanes Empezaremos con esa primera categoría: letra A, «amonesten a los holgazanes».
Digamos que, para comenzar, estás hablando con Sue, que no se aparta del camino de la tentación. Ella ha encontrado que siente la tentación de amar las cosas de este mundo, y ver cierto programa de televisión parece dejarla siempre descontenta con la vida que Dios le ha dado. Pero realmente le gusta, y se divierte hablando con amigos en el trabajo la mañana siguiente después de que se transmite el programa. Le has advertido cómo es posible que ese programa esté desempeñando un rol más destructivo en su vida del que podría imaginar, y aunque confiesa que, por lo general, el programa la hace sentirse pecaminosamente descontenta, no ha dejado de verlo. Está ociosa y se siente indiferente para con su alma.
Dos preguntas: Primero, ¿dónde está la brecha en el entendimiento del evangelio de Sue? Está alrededor de lo que realmente significa arrepentirse verdaderamente. Como dijo Pablo: «Porque los que hemos muerto al pecado, ¿cómo viviremos aún en él?» (Romanos 6:2). ¿Comprende ella cómo es el arrepentimiento para el cristiano? Lo que significa tomar las palabras de Jesús seriamente: «Y si tu mano derecha te es ocasión de caer, córtala, y échala de ti» (Mateo 5:30).
Segundo, ¿qué le dirías a Sue? Habla con ella acerca de la diferencia entre la tristeza del mundo y la tristeza que es según Dios en 2 Corintios 7. Es posible que lamente ver el programa de televisión, pero que no esté arrepentida. «Pero la tristeza que es según Dios produce arrepentimiento para salvación, de que no hay que arrepentirse; pero la tristeza del mundo produce muerte» (v. 10). Adviértele acerca de las consecuencias del pecado en su vida. Positivamente, anímala en la alegría y el contentamiento que proviene de buscar las cosas del Señor (Sal. 119:1-3), y de saber que es alguien que no merece el amor de Dios, pero que lo ha recibido por su gracia (Romanos 5:8).
B. Estimula a los desanimados Ese fue un ejemplo de advertir a los que son ociosos. Pensemos en la letra B, «estimulen a los desanimados».
Para este ejemplo, piensa en Joe. Está en sus veintitantos, y todavía intenta descifrar qué hacer con su vida. Trabaja en un trabajo sin futuro, no se siente particularmente útil en la iglesia, le gustaría estar casado (algo así), pero no está ni cerca… y ha estado luchando durante varios años con los propósitos de Dios para su vida. Siente que está a punto de rendirse, aunque no sabe en realidad lo que significaría «rendirse». Pero suena dramático. Rara vez sirve a otros, pero dice que le gustaría, simplemente no cree que tenga algo con lo que contribuir. Pero cuando mira a todos los ancianos, siente que son todos «súper cristianos» y que él es solo un don nadie. Nadie realmente lo conoce, o se preocupa por él.
Discutamos las mismas preguntas. ¿Dónde está la brecha en el entendimiento del evangelio de Joe? Podría estar en varios lugares. De una manera extraña, podría haber caído en el legalismo, habiendo comenzado con el Espíritu, ahora piensa en su objetivo en términos de esfuerzos humanos. Considera que su valor está directamente relacionado con su productividad, o su falta de la misma, y eso lo ha desanimado. Así que recuérdale que su valor ante Dios se basa en la obra culminada de Cristo, no en la suya.
¿Qué le dirías a Joe para alentarlo? Ayúdale a entender que su responsabilidad está arraigada en las oportunidades que Dios le ha dado. Su valor no proviene de la aprobación de los demás. Comparte con él la gloriosa esperanza que Dios le ha dado a todos los que somos sus hijos: «Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos» (1 Pedro 1:3). Háblale de cómo todos los cristianos en la iglesia tenemos dones para cuidarnos unos a otros (1 Corintios 12:25).
C. Ayuda a los débiles Pasemos a la última de las tres partes de este versículo: «ayuden a los débiles». ¿Quiénes son los débiles? De cierto modo, todos los somos. Pero hay algunos entre nosotros que son débiles de formas que los hacen especialmente vulnerables espiritualmente. Esto podría venir a través de ciertas circunstancias en la vida que hacen que cada día sea difícil seguir confiando en Dios.
Para nuestro ejemplo, veamos a Max. Max ha sido diagnosticado con depresión clínica. Es incapaz de hacer la cantidad de bien que antes podía. Lucha terriblemente con su relación con Dios ahora que muchas de las emociones de la fe con las que contaba, sin darse cuenta, son pocas y distantes entre sí. Pero su mente es más susceptible a ese espiral descendente de depresión, y hay un lado físico de su condición que es difícil de escapar. En esta situación, aunque no siempre es necesario, su doctor le ayuda en el lado físico de las cosas con medicamentos, sin embargo, Max está desanimado y abatido de muchas maneras. Max está débil.
Primera pregunta: ¿Cuáles podrían ser algunas de las brechas en el entendimiento del evangelio de Max? Considera cuál es su debilidad. Podría estar débil en la fe. Parece que sus emociones presentes durarán para siempre y, por tanto, las promesas de Dios parecen tan distantes como inexistentes. Ayúdale a aprender a confiar en Dios más que en él mismo. Eso es, al fin y al cabo, una esencia del evangelio. O quizá la ayuda que necesita es el recordatorio constante de que hay cristianos en su vida que lo aman, y cuyo amor está arraigado en algo mucho más seguro, el amor de Cristo.
Segunda pregunta: ¿Cuáles son algunas de las cosas que harías o dirías para animar a Max? Comparte con él el evangelio de esperanza. Ayúdale a ver cómo sus sufrimientos están produciendo perseverancia, carácter y, finalmente, esperanza (Romanos 5:3-5). Recuérdale los motivos que tiene para confiar en la bondad de Dios aun cuando se pregunta por qué está sufriendo de esta manera (2 Corintios 12:8-10).
Especialmente en esta categoría de los que son débiles, no podemos contentarnos con simplemente dispensar la verdad a las personas y sentir que nuestro trabajo está hecho. En ocasiones tenemos que estar tranquilos y escuchar, o simplemente estar presentes con ellos mientras sufren. Otras veces debemos orar por ellos, suplir sus necesidades físicas y brindar comunión. No solo debemos predicar la verdad, sino hacer estas cosas, y al hacerlas, crear oportunidades para predicar la verdad.
Sé paciente con todos Por último, Pablo dice: «sean pacientes con todos». Ya sea alguien que está físicamente débil, alguien que está frustrantemente obstinado, alguien que piensa que está bien y que no necesita tu estímulo, nuestra postura es la paciencia. Tu trabajo nunca es condenar, o avergonzar a alguien por lo lento que es su crecimiento. Y la paciencia verdadera proviene de saber cuán paciente ha sido nuestro Padre celestial con nosotros. Ser paciente es deleitarte en servir a tus hermanos y hermanas porque son reflejos del carácter de Dios, y porque la gratitud por la paciencia de Dios se encuentra en lo más profundo de tu alma.
Amamos porque él nos amó primero. Nuestro amor proviene de su amor y debe reflejar su amor. Por eso, debemos trabajar para presentarnos perfectos en Cristo.
Por CHBC Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos
Viernes 8 Septiembre Por la fe Noé, cuando fue advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó el arca en que su casa se salvase; y por esa fe condenó al mundo, y fue hecho heredero de la justicia que viene por la fe. Hebreos 11:7 Oír, moverse y trabajar El comportamiento piadoso de Noé lo diferenció de los que lo rodeaban. Pedro escribió que la justicia es totalmente ajena a los incrédulos (véase 1 P. 4:3-4), por lo que los vecinos de Noé seguramente ya consideraban extraño su comportamiento. Sin embargo, Noé no había obrado para mejorar y alcanzar cierto nivel determinado de bondad. En lugar de eso, el versículo de hoy revela que su vida fue una vida de fe.
Esta fe fue puesta a prueba cuando Dios le dijo que construyera un arca. La fe es “la convicción de lo que no se ve” (v. 1); por eso, aunque el juicio de Dios aún no era visible, Noé comenzó a construir el arca. Sin duda todos comenzaron a burlarse aún más de él; pero la fe confía en Dios, no en la opinión de los demás. Noé tuvo cuidado de seguir las instrucciones divinas, pues había sido advertido divinamente. También nuestra fe encontrará un lugar de descanso en la Palabra de Dios.
Noé fue impulsado por un “temor reverente” (NBLA). El temor de Dios llevó a Noé a obedecer, sin rechistar, y en concordancia con las instrucciones de Dios. Otra traducción dice: “Movido por temor reverente” (RVA-2015). Noé fue impulsado internamente, lo cual lo llevó a preparar el arca. Su corazón fue impactado por lo que había oído.
Noé todavía tenía que ponerse a trabajar, así que empezó a construir el arca. No solo escuchó y reaccionó en su corazón, ¡también utilizó sus manos! Construyó un arca, lo que sugiere que debió estudiar cuidadosamente los materiales utilizados en su construcción. La verdadera obediencia se caracteriza siempre por una diligencia comprometida. Si deseamos heredar las bendiciones que nos depara la “justicia que viene por la fe”, podemos pedirle al Señor oídos abiertos, corazones motivados y manos diligentes para hacer su voluntad.
Jueves 7 Septiembre Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. Hechos 2:42 Los cuatro pilares de la Iglesia primitiva Los primeros capítulos de los Hechos presentan el inicio del testimonio cristiano en este mundo en el que Cristo ha sido rechazado. Dios recibió a Cristo, lo sentó a su diestra en la gloria, “y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia” (Ef. 1:20-23).
Cuando Cristo fue glorificado como Cabeza, el Espíritu de Dios fue enviado desde el cielo (Hch. 2:1-4). Los discípulos, llenos del Espíritu, dieron inmediatamente testimonio del poder de Dios. Ahora estaban unidos como miembros los unos con los otros, y también unidos a Cristo, la Cabeza viva en el cielo.
Las cuatro cosas mencionadas en el versículo de hoy eran la base de esta unidad. La primera fue la doctrina de los apóstoles. El Nuevo Testamento aún no se había escrito, por lo que la enseñanza oral de los apóstoles (los testigos del ministerio, de la muerte, resurrección y ascensión del Señor Jesús) era el fundamento sobre el que se edificaba la Iglesia (Ef. 2:19, 20). La perseverancia en la doctrina de los apóstoles se asocia inmediatamente con la comunión. Cristo es la clave que revela el gran misterio de Cristo y su Iglesia, y quien une los corazones de los creyentes entre sí.
En el partimiento del pan, tal como se revela en 1 Corintios 10 y 11, expresamos la realidad práctica de la unidad de los miembros del un solo Cuerpo del Señor Jesús, la Cabeza glorificada en el cielo. Por fe entendemos nuestro santo privilegio y el ferviente deseo del Señor de reunir a los suyos, a quienes ha comprado con su sangre, en torno a su Persona cada primer día de la semana para hacer memoria de él.
Se menciona un cuarto y último punto: la importancia de la oración. Para mantener el equilibrio del testimonio cristiano, tal como se vislumbraba en sus inicios en la tierra, es esencial que dependamos absolutamente del Señor.
Todos estos recursos siguen estando a nuestra disposición hasta que el Señor nos llame al hogar.
Débora: Aún si estás en circunstancias muy difíciles, Dios está contigo, ayudándote a perseverar. Con nosotras, Nancy DeMoss Wolgemuth.
Nancy DeMoss Wolgemuth: No puedes decir: «Dios no entiende lo que tengo que aguantar», o «yo sé lo que la Biblia dice, pero seguramente Dios no espera que alguien en mis circunstancias obedezca esto». Él sí sabe. Él sí entiende, y sí espera que seamos fieles, a pesar de dónde moremos.
Débora: Estás escuchando Aviva Nuestros Corazones con Nancy DeMoss Wolgemuth, en la voz de Patricia de Saladín. Hoy es 26 de mayo de 2023.
Aún en esta época de comunicación electrónica, ¿no es emocionante recibir una carta física? Siete iglesias del primer siglo recibieron cartas dictadas por Jesús mismo. Esas cartas tienen mucho que decirnos hoy en día. Nancy las ha estado describiendo en varias series a lo largo de las semanas pasadas. Hoy iniciamos una nueva serie, ahora sobre la carta a la iglesia de Pérgamo, titulada Comprometiendo la verdad.
Nancy: Al continuar con nuestra serie de estudios sobre las cartas a las siete iglesias en el libro de Apocalipsis, llegamos a la primera de dos cartas que creo que son especialmente complicadas y difíciles de entender. He estado sumergida en estos pasajes por varias semanas, podría decir que meses, y una amiga me dijo la semana pasada mientras ella preparaba su corazón para venir a esta sesión de grabación, que ella abrió su Biblia en Apocalipsis capítulo 2 y leyó los pasajes y al final dijo: «Bueno, ¿de qué se trata todo esto»? Y quizás tú estás pensando lo mismo al empezar con estos pasajes. Pero estoy orando que el Señor nos dé entendimiento, sabiduría y habilidad para poder aplicar estos pasajes a nuestros corazones.
En Apocalipsis capítulo 1, en el versículo 19, encuentras este resumen, este bosquejo muy básico y muy simple del libro de Apocalipsis. Donde dice que Jesús le dijo al apóstol Juan: «Escribe, pues…las cosas que has visto, y las que son, y las que han de suceder después de estas». Aquí tenemos dos categorías de las cosas que hay en el libro de Apocalipsis –los capítulos 2 y 3, las cosas que son. Esas cosas hacen referencia a las iglesias en Apocalipsis, y para dar un poco de contexto, las cosas que están sucediendo en ese momento en las iglesias. Pero luego está el resto del libro de Apocalipsis, empezando en el capítulo 4, son las cosas que han de suceder después de esto, las cosas futuras, más adelante.
Bueno, cuando piensas en estudiar el libro de Apocalipsis, es un libro que ha intrigado a mucha gente por muchos siglos, y a mucha gente le emociona estudiar la parte del libro que habla del futuro, las cosas que han de suceder después de esto. Quieren saber, ¿qué son las copas y los juicios? ¿Es verdad que hay un milenio? ¿Qué tan largo es? ¿Qué son todas estas cosas? ¿Cómo concuerda todo? ¿Qué es la gran Babilonia?
Es importante estudiar estas cosas. Espero algún que Dios nos conceda hacer un viaje por todo el libro de Apocalipsis aquí en Aviva Nuestros Corazones. Pero también creo que el enfoque en esas cosas futuras, puede ser como un escape, porque es más fácil enfocarnos en cosas que ahora mismo no existen. Realmente no estamos equipadas para enfrentar o para tratar con las cosas que están por venir. No estamos preparadas para esas cosas que están por venir hasta que tratemos con las cosas que son. Por eso quise que empezáramos con estas cartas a las iglesias, porque estas son las cosas que son.
Y hoy llegamos a la carta para la tercera iglesia en Asia, Apocalipsis capítulo 2. Déjame leer la carta, empezando en el versículo 12, y luego en los próximos días vamos simplemente a ir frase por frase y ver lo que tiene para decir a nuestros corazones en el día de hoy. Apocalipsis capítulo 2, versículo 12: «Y escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo», o algunas de sus traducciones podrían decir: «Pérgamos», que es lo mismo que Pergamum.
«Escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo: “El que tiene la espada aguda de dos filos, dice esto, ‘Yo sé dónde moras: donde está el trono de Satanás. Guardas fielmente mi nombre y no has negado mi fe, aun en los días de Antipas, mi testigo, mi siervo fiel, que fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás. Pero tengo unas pocas cosas contra ti, porque tienes ahí a los que mantienen la doctrina de Balaam, que enseñaba a Balac a poner tropiezo ante los hijos de Israel, a comer cosas sacrificadas a los ídolos y a cometer actos de inmoralidad. Así tú también tienes algunos que de la misma manera mantienen la doctrina de los nicolaítas.
Por tanto, arrepiéntete; si no, vendré a ti pronto y pelearé contra ellos con la espada de mi boca. El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al vencedor le daré del maná escondido y le daré una piedrecita blanca, y grabado en la piedrecita un nombre nuevo, el cual nadie conoce sino aquel que lo recibe”» (vv.12-17).
Bueno, todo esto es un poco abrumador. Puede que tiendas a querer pasar por encima del pasaje al leerlo o al escucharlo, pero sabes, al estudiar la Escritura tenemos que recordar, primero que la Escritura es inspirada por Dios. Es de provecho. La necesitamos. Así que necesitamos este pasaje.
También tienes que recordar que no hay atajos para entender y estudiar la Palabra de Dios. Entonces, si quieres enterarte de lo que significa este pasaje, puedes hacer exactamente lo que yo he estado haciendo en estas últimas semanas y meses: leerlo y releerlo y releerlo y reflexionar y tomar cada frase y compararla con pasajes similares en otras partes de la Escritura. Así es más o menos la manera en la que vamos a caminar por este pasaje en los días que vienen.
Bueno, para poner esta carta a la iglesia de Pérgamo en contexto, recuerda que la primera iglesia, fue la iglesia de Éfeso, que fue alabada por tener una doctrina correcta y por tratar con los falsos maestros, pero ¿recuerdas qué le faltaba a la iglesia en Éfeso? Le faltaba el amor. Les faltaba corazón, pasión por Cristo.
En contraste con esto, las iglesias en Pérgamo y Tiatira, la tercera y la cuarta iglesia, fueron alabadas por varias virtudes cristianas, incluyendo el amor en el caso de Tiatira, pero tenían problemas doctrinales que necesitaban corregir. Entonces el énfasis en estas cartas es acerca de la verdad, que determina la manera en que vivimos. La doctrina, las creencias, determinan nuestra conducta, nuestro comportamiento.
El amor y la verdad –hay una tendencia en nuestras iglesias a enfatizar una y a descuidar la otra, pero necesitamos las dos. Y la Escritura habla sobre hablar la verdad en amor. Pablo les dice a los Filipenses: «Quiero que crezcan en amor y discernimiento». Tanto la verdad como el amor son señales de una iglesia fiel, señales de un creyente fiel, un hijo de Dios; y de los problemas que confrontaron estas siete iglesias. Estos son dos de los primeros problemas –en el caso de Éfeso, el amor, y en el caso de Pérgamo y Tiatira la verdad.
La Escritura dice: «Escribe al ángel de la iglesia en Pérgamo». Ahora, hablemos por un momento acerca de Pérgamo. Se me hace fascinante ir de regreso y aprender sobre estas ciudades y las iglesias en estas ciudades, porque nos ayuda a entender el contexto en el que hubieran recibido estas cartas.
Como hemos visto, las siete iglesias, estas siete ciudades, están en la secuencia que un cartero habría viajado y hubiera llevado las cartas de una iglesia a la siguiente. Van más o menos como en un círculo, empezando con Éfeso y terminando en Laodicea. Entonces llegamos ahora a Pérgamo, que está a unos 88 kilómetros al norte de Esmirna, que era la ciudad anterior.
Pérgamo era la capital en la provincia romana de Asia, e históricamente pudo haber sido la ciudad más grandiosa en Asia. Estaba obsesionadacon las riquezas, con la moda. Nada más piensa en las grandes capitales de los países del mundo hoy en día. Era también una ciudad universitaria.
Tenía una biblioteca famosa que contenía más de 200,000 libros. Bueno, eso es mucho para cualquier biblioteca, pero en especial si piensas en el hecho de que estos libros tenían que ser escritos o copiados a mano. Era una ciudad académica.
Era también una ciudad que estaba entregada a la idolatría y a la adoración de muchos dioses paganos. A través de esta ciudad podías ver cientos de templos devotos a sectas y a la adoración a los ídolos. Era un centro de adoración a César o de adoración imperial. Pérgamo presumía el templo más antiguo de adoración al emperador en Asia Menor, y recuerda que los césares demandaban ser adorados como Dios.
Igual que los faraones de Egipto en el Antiguo Testamento, el César romano decía: «Yo soy Dios. Alábenme como a Dios». Entonces cuando consideras a los dioses paganos y a esta adoración imperial, te das cuenta que este era un lugar especialmente difícil y peligroso para los cristianos. Por causa de su significado político, como la capital de la provincia, y por la presencia de tantos soldados romanos en la ciudad, era especialmente peligroso para los cristianos. De hecho, las primeras ejecuciones de cristianos en el Imperio Romano tal vez se llevaron a cabo en Pérgamo.
Leemos acerca de una de ellas en esta misma carta. La razón era que los cristianos rehusaban inclinarse a César. Rehusaban creer en el sistema de adoración pagana. Un comentario que leí acerca de este pasaje decía: «En Pérgamo, un cristiano estaba en peligro los 365 días del año», entonces ser un cristiano era una profesión seria y peligrosa en esos días.
Bueno, a esta iglesia, la Escritura le dice: «El que tiene la espada aguda de dos filos, dice esto». Como hemos visto, la descripción de Jesús, quien está mandando estas cartas… En cada una de estas cartas, su descripción es tomada de la imagen de Jesús que se nos da en Apocalipsis capítulo 1; entonces hay diferentes maneras en las que Jesús es descrito en Apocalipsis 1. En cada una de estas cartas, Jesús escoge una o más de estas características en las que esa iglesia en particular debe enfocarse. En este caso las palabras son: el que tiene la espada aguda de los filos.
Bueno, y si regresas a Apocalipsis capítulo 1, la imagen original de Jesús ahí, dice: «De su boca salió una espada aguda de dos filos» (v.16). Es difícil imaginarse una espada saliendo de tu boca. Te imaginas una espada en tu mano, pero esta es una imagen de la Palabra de Dios, del poder de la Palabra de Cristo.
Es interesante que Cristo se revele a su iglesia de esta manera, porque Jesús se revela a sí mismo a cada iglesia de la manera en la que él sabía que necesitaban verlo. Recuerda, por ejemplo, como se dijo anteriormente a Éfeso. Decía: «El que tiene las siete estrellas en su mano derecha, el que anda entre los siete candelabros de oro, dice esto» ( Apoc. 2:1). Jesús dice: «Yo soy el que te sostiene. Yo camino en medio de ustedes». Cuando le habló a Esmirna, la iglesia sufriente, Él dijo: «El primero y el último, el que estuvo muerto y ha vuelto a la vida, dice esto» (Apoc. 2:8).
Ahora, cuando llegamos a Pérgamo, no da una descripción reconfortante. Su descripción no les da ánimo. Dice: «El que tiene la espada aguda de dos filos, dice esto» (Apoc. 2:12).
Esas son palabras de pelea. Son palabras de amenaza, y en esta descripción de Jesús, quien está mandando esta carta, vemos un aviso de desastre inminente. El juicio viene si algo no cambia en esta iglesia.
Cuando llegas al final del libro de Apocalipsis, en el capítulo 19 ves un versículo similar que habla sobre Jesús cuando viene como un rey conquistador. Dice: «De su boca sale una espada afilada para herir con ella a las naciones» (v. 15). Se presenta aquí como un juez, como uno que va a ejecutar juicio contra las naciones paganas y malvadas que no quieren arrepentirse. Pero en este caso, la espada de Jesús en su boca, no es para tratar con las naciones paganas, sino para tratar con la iglesia, para tratar con gente en la iglesia que está creyendo enseñanzas que los estaban llevando a un comportamiento impío.
Como dijimos, la espada es un símbolo. Es una imagen de la Palabra de Cristo, de la verdad de la Palabra de Dios. Es la Palabra de Dios que revela los errores doctrinales y que rectifica las cosas en la iglesia.
Ahora, Jesús les dice en el versículo 13 a los creyentes en Pérgamo: «Yo sé dónde moran». ¿Dónde es eso? Donde está el trono de Satanás. «Yo sé dónde moras, donde está el trono de Satanás», y luego al final del versículo 13 dice, «donde mora Satanás».
Bueno, los cristianos en Pérgamo escucharon esta descripción. «Yo sé dónde moras, donde mora Satanás, donde está el trono de Satanás». Puede ser que esto les trajera a la mente el altar de Zeus, que era un altar o un asiento gigante de 13 metros de altura, un altar al dios pagano Zeus. Este trono, este asiento, estaba en una ladera, elevado sobre la ciudad de Pérgamo; entonces tal vez cuando ellos pensaban en el trono de Satanás, es posible que pensaran en este altar de Zeus.
O tal vez pensaban en el trono de César, figurativamente. César u otros dioses paganos, todos representaban una amenaza satánica y diabólica para la iglesia. O puede que pensaran en uno de los dioses principales que se alababan en Pérgamo, el dios llamado Asclepio.
Bueno, quizás tú no sepas nada acerca de este dios. Yo no sabía nada tampoco. Pero Asclepio era conocido como el dios de la medicina y de la sanidad. A veces le llamaban Asclepio el salvador. El símbolo de este dios de la medicina y de la sanidad era una serpiente. En este templo había cientos de serpientes no venenosas que se deslizaban libremente sobre el piso.
Se suponía que estas serpientes eran encarnaciones del dios mismo. Así que la gente enferma iba y pasaba la noche en el piso de este templo, y si una de las serpientes se deslizaba junto a él en la oscuridad y lo tocaba, se pensaba que la persona enferma había sido tocada por el dios mismo y sería sanada. Bueno, ¿qué te parece este punto de vista de la medicina?
Los cristianos que conocían el Antiguo Testamento entendían que esa serpiente era un emblema de Satanás. Entonces cuando Jesús dice: «Yo sé dónde moras, donde está el trono de Satanás», tal vez pensaban en esto, en uno de esos dioses paganos simbolizados por una serpiente. De todas maneras, sabemos, y vemos ilustrado en este pasaje, que Satanás es un enemigo muy real.
Él se opone a Dios Se opone al pueblo de Dios Se opone al reino de Dios Satanás está detrás de las cosas que estamos viendo en el mundo que no le agradan a Dios. «Tú moras donde está el trono de Satanás». ¿Un trono es una imagen de qué? Es una imagen de autoridad, un asiento de autoridad. Es un recordatorio de que Satanás reina sobre otros ángeles caídos que están bajo su control. Ellos reciben órdenes de él. Él les dice lo qué deben hacer, y entonces ellos llevan a cabo sus propósitos en el mundo aun mientras los santos ángeles llevan a cabo los propósitos de Dios en este mundo.
En ese sentido, Satanás tiene un trono en este mundo desde donde da órdenes, y les da direcciones a aquellos que siguen sus mandatos. Satanás establece, yo creo, una base de operaciones en los diferentes tiempos y en los diferentes lugares. Es posible que su trono no esté nada más en un lugar. Puede que se mueva de un lugar a otro, en un sentido, que haga residencia. Tome autoridad y establezca sus operaciones, su asiento, en diferentes tiempos y en diferentes lugares.
El asiento de Satanás es frecuentemente el asiento de poder e influencia mundial y de orgullo académico. Estas son cosas que existían en Pérgamo, y son cosas que hacen que Satanás diga muchas veces: «Déjame tomar el control aquí. Aquí puedo encontrar una base de operaciones. Puedo cumplir mis propósitos por medio de estas cosas que alimentan la carne en lugar del espíritu» –el poder y la sabiduría del mundo.
Entonces Pérgamo era un lugar donde Satanás ejercía autoridad, y había fuerzas potentes en acción en contra de Dios. Bueno, ese es el punto. Jesús les está diciendo a las personas en Pérgamo: «Yo sé dónde moras».
Pero ahora quiero que consideremos la palabra, morar, por un momento. Hay una palabra que generalmente se usa en el Nuevo Testamento, en el idioma griego, y esa palabra significa «estadía, estancia», «tener una residencia temporal». A los escritores del Nuevo Testamento les encantaba usar esta palabra para los cristianos porque querían recordarles que este mundo no era su hogar.
Este mundo es un lugar de estancia temporal, pero esa no es la palabra que se usa aquí. Cuando Jesús dice: «Yo sé dónde moras», Él usa una palabra diferente, una palabra que se refiere a una residencia permanente, establecida, no es un lugar de vivienda temporal, sino una residencia permanente. Lo que Jesús está diciendo es: «Yo sé que están viviendo en un territorio hostil y que esta no es una posición temporal o de corto plazo. Es temporal en el esquema final de las cosas, pero tienes que vivir ahí por un buen tiempo. Están ahí y no a corto plazo».
Por cierto, él usa la misma palabra cuando dice: «Este es el lugar donde mora Satanás». Satanás no está ahí a corto plazo tampoco. Satanás ha tomado esa ciudad como su residencia y planea quedarse ahí. Tú moras, tú vives en esa ciudad, y te tienes que quedar ahí.
Entonces es de suponer que va a haber conflicto cuando tienes cristianos con lealtad a Cristo, viviendo en una ciudad, y también tienes a Satanás viviendo en la misma ciudad. La implicación es que no hay escape. No puedes salirte. No puedes simplemente empacar tus maletas y dejar esta ciudad, abandonar esta ciudad donde están obrando todas estas fuerzas en contra de Dios
Estás, en cierto sentido, atorada ahí. No puedes huir, pero este es el lugar al que has sido llamada para vivir y demostrar tu fe en Cristo en el lugar donde mora Satanás, donde él ha establecido su trono, ahí es donde debes demostrar lo que significa ser cristiana, una verdadera cristiana, hija de Dios.
Amigas, Jesús sabe dónde moran. Él sabe dónde viven. Él conoce las circunstancias, la situación en la que se encuentran. Él sabe a lo que se enfrentan, los desafíos que enfrentan donde viven. Él sabe que algunas de estas circunstancias no van a ser a corto plazo, que no vas a salir de ellas fácilmente. Estás morando en esa situación.
Podría ser tu matrimonio. Podrían ser problemas en tu hogar de origen. Podría ser tu trabajo, tu escuela. Tal vez tienes un compañero de cuarto que es ateo o un profesor que se burla de tu fe. Tal vez en tu trabajo o tu comunidad estás rodeada de estilos de vida, de influencias y valores paganos y profanos.
Puedes sentirte como que literalmente moras en el trono de Satanás. Es donde mora Satanás. Es un lugar difícil donde vivir. Es difícil quedarte en ese matrimonio. Satanás mora ahí y ha establecido una base de operaciones, tal vez aun por medio de familiares inmediatos, pero quiero recordarte que Cristo lo sabe. Él sabe dónde moras, y te puede dar la gracia para enfrentar esos poderes de Satanás y para conquistar en el nombre de Cristo.
De hecho, Jesús va más allá y dice de estos creyentes en Pérgamo: «A pesar del hecho de que moras donde mora Satanás, donde está el trono de Satanás», versículo 13: «Guardas fielmente mi nombre y no has negado mi fe, aun en los días de Antipas, mi testigo, mi siervo fiel, que fue muerto entre vosotros, donde mora Satanás». Lo que Él les está diciendo es: «Tu guardas mi nombre». No negaste mi fe. A pesar del lugar donde moras, a pesar de la presión de la cultura y de las circunstancias difíciles y de las fuerzas poderosas en contra de Dios que están operando a tus alrededores, y a pesar de lo que has visto que les pasó a otros creyentes fieles, tú te has mantenido».
Les recuerda de alguien que ellos conocían. No sabemos quién era Antipas. No se habla de él en otro lugar en la Escritura, pero la tradición dice que era el obispo de Pérgamo y que lo mataron y fue cocinado hasta la muerte en un envase de bronce calentado en extremo, muy muy caliente. Él es llamado «mi siervo fiel». Algunas traducciones dicen «mi mártir fiel».
De hecho, la palabra griega aquí es, martus, M-A-R-T-U-S. Es una palabra que significa testigo, uno que testifica sobre lo que ha experimentado y visto, pero en la iglesia del primer siglo, muchos de los que testificaron de su fe en Cristo fueron asesinados por su fe en Él. Esos testigos llegaron a ser mártires. Ser un testigo puede ser costoso –económicamente, para tu reputación, tu carrera, tus amigos, y tal vez aún podrías perder la vida. Entonces Antipas fue un testigo fiel todo el camino hasta la meta final, hasta la muerte.
¿No es precioso que Jesús le diera el mismo título que se confirió a Sí mismo en Apocalipsis 1 donde dice: «Cristo Jesús, el testigo fiel» (v. 5)? Antipas, él ganó esa misma designación, al igual que Cristo, un testigo fiel. Entonces en esta carta a la iglesia en Pérgamo, se nos recuerda que la vida cristiana no es un día de campo. Vivimos en un territorio que está ocupado por el enemigo. Estamos en una batalla, y algunos pagarán un precio alto por ser fieles a Cristo.
Lo que nos anima aquí es que por la gracia de Dios, es posible sostenerte en Cristo y aferrarte a tu fe, aun cuando vives en el territorio de Satanás. No puedes decir: «Dios no entiende lo que tengo que aguantar», o «yo sé que la Biblia dice eso, pero seguramente Dios no espera que alguien en mis circunstancias obedezca eso». Él sí sabe. Él sí entiende, y sí espera que seamos fieles, sin importar dónde moremos.
Jesús hizo posible que estos creyentes del primer siglo fueran fieles, y Él te va a capacitar para ser fiel, aun donde Satanás ha establecido su base de operaciones. Déjame recordarte que tu testimonio fiel en ese lugar de oscuridad le va a dar un golpe a Satanás y a su reino, y como resultado vas a exaltar y a glorificar el nombre de Cristo.
Débora: Dios conoce dónde vives. Este es un mensaje que provee consuelo y que demanda una responsabilidad. Nancy DeMoss Wolgemuth nos ha estado enseñando sobre la carta escrita a la iglesia en Pérgamo, que encontramos en el libro de Apocalipsis. Ella ha estado abordando las 7 cartas a las 7 iglesias en Apocalipsis a lo largo de estas semanas.
Satanás frecuentemente ataca a la iglesia de dos formas, la aniquila o la adapta. Aprende más sobre estos ataques opuestos en el siguiente episodio de Aviva Nuestros Corazones.
Fijando nuestros ojos en Cristo juntas, Aviva Nuestros Corazones es un ministerio de alcance de Revive Our Hearts.
Todas las Escrituras son tomadas de La Nueva Biblia de las Américas, a menos que se indique lo contrario.
Miércoles 6 Septiembre Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús. Pero ya conocéis los méritos de él, que como hijo a padre ha servido conmigo en el evangelio. Así que a este espero enviaros, luego que yo vea cómo van mis asuntos. Filipenses 2:21-23 La misión de Timoteo en Filipos Dirigiéndose a los creyentes de la asamblea de en Filipos, Pablo se presentó a sí mismo y a Timoteo con el título de “siervos (o: esclavos) de Jesucristo” (1:1). ¿Por qué? Porque en esta carta Pablo presenta a Cristo como el gran Siervo. Era bastante apropiado entonces que Pablo y Timoteo siguieran el ejemplo del Siervo fiel. Por lo tanto, también nos corresponde hacerlo en la actualidad.
Tras presentar a Cristo como el Siervo por excelencia (vv. 5-11), Pablo esperaba que los filipenses fueran siervos fieles. Para animarlos, les presentó su propio ejemplo (vv. 17-18) y luego el de Timoteo y Epafras (vv. 19-30). Por eso Pablo quiso enviar a Timoteo en ese momento, teniendo la certeza de que él mismo podría visitarlos más tarde. La misión de Timoteo tenía dos objetivos. En primer lugar, debía informar a los creyentes en Filipos acerca de la situación de Pablo, una misión similar a la que otros habían recibido (Ef. 6:21-22; Col. 4:8-9). Pero también debía ocuparse de los filipenses y de sus necesidades. Después de su visita, Timoteo volvería para informarle a Pablo acerca de lo que había visto, para que, en palabras del apóstol, “Yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado” (Fil. 2:19). No hay razón para creer que Timoteo no cumplió con esta tarea.
Las cualidades de Timoteo son notables y presentan un modelo a seguir para todo creyente. La preocupación de Timoteo por los creyentes es un buen ejemplo de la preocupación que los miembros del Cuerpo deben tener por los demás, la cual no nacía de un motivo egoísta. Los méritos de Timoteo implicaban que había sido puesto a prueba y había sido hallado fiel; esto lo sabían los creyentes de Filipos. Lo que Pablo dice (“ha servido conmigo”) da a entender que Timoteo había servido como siervo. ¿Y nosotros? ¿Somos ’Timoteos’ o somos aquellos que ’buscan lo suyo propio’!