“Palos y Piedras pueden Romper Mis Huesos…”Las Palabras Pueden Romper Mi Corazón

“Palos y Piedras pueden Romper Mis Huesos…”
Las Palabras Pueden Romper Mi Corazón

JUNE HUNT

DURANTE LOS AÑOS DE MI INFANCIA, recuerdo haber oído algunos dichos muy llamativos que describían realmente las situaciones, tales como: “La gente que vive en casas de cristal no debería tirar piedras” y “A una piedra que rueda no le sale musgo”.
Otro adagio popular es “Palos y piedras pueden romper mis huesos, pero las palabras nunca me lastimarán”. A lo que yo respondo: Error, error, error. Todos sabemos que las palabras pueden romper nuestros corazones. La Biblia lo dice de esta manera: ”La lengua tiene el poder de vida y muerte y aquellos que la aman comerán de su fruto”.
Las palabras pueden acabar con una relación. Las palabras pueden matar nuestra motivación e inspiración. Esta verdad me la llevé a casa cuando estaba dirigiendo una conferencia en Indiana.
“¿Cuántos de ustedes han realmente luchado con el perdón y han tenido que hacer un esfuerzo enorme para perdonar a alguien que les ha herido profundamente?” Inmediatamente vi las manos levantadas de casi la cuarta parte de la audiencia. Rápidamente hice una evaluación de aquellas personas que levantaron la mano, buscando alguien físicamente adecuado.
La pregunta la hice al principio de una charla sobre el perdón, pero fue solo después de 15 minutos cuando señalé a un hombre de aproximadamente 30 años.
-“Señor, necesito ayuda. ¿Estaría dispuesto a acompañarme en la plataforma? Sorprendido, él acepta sonriente y sube al escenario. Ahora ambos quedamos cerca de una mesa que tiene un montón de rocas. “¿Puede decirnos su nombre y compartir algo sobre Ud?”
“Mi nombre es Rick. Soy contador y mi pasatiempo favorito es correr. Cuando no estoy trabajando estoy corriendo porque pienso participar en una maratón este año.”
“¡Esto es grandioso, Rick! Gracias por su colaboración.”
Acercándome a una pequeña mesa, tomé un gran gancho gris de colgar carne, de casi 60 centímetros de largo y un costal. En la parte superior del gancho en forma de herradura cabría el cuello de una persona. Un arpón recto se extiende como 60 centímetros entonces se arquea hacia atrás, como un enorme anzuelo con una afilada punta.
“Adelante, Rick. Deslice este gancho de carne cuidadosamente alrededor de su cuello.” Sus ojos se abrieron con sorpresa –el gancho lucía tan peligroso. Me miró cautelosamente. Algunas personas de la audiencia lanzaron un gemido, con seguridad contentas de no haber sido escogidas. Lentamente y con cautela, Rick deslizó la parte superior del gancho alrededor de su cuello. El arpón pasó por el pecho hasta la cintura y la punta quedó al frente. Yo coloqué la parte superior del costal sobre el extremo del gancho.
“Rick, al principio, cuando pregunté si alguno había luchado con el perdón, yo noté que Ud. había levantado la mano.”
“Correcto.”
“¿Qué ha sido tan difícil de perdonar? ¿Me podría contar qué le pasó?”
En este momento me acerqué al montón de rocas, con el fin de que cada vez que Rick mencionara una ofensa, yo dejaría caer una roca o un pequeño guijarro dentro del costal. Cada roca representaba algo malo que alguien habia cometido contra él –una herida que él cargaba.
Rick comenzó devolviéndose hasta su niñez. No nos tomó mucho tiempo saber que todas sus “rocas” provenían de la misma fuente –el crecer cerca de un padre cruel y a veces tirano, poco cariñoso e inflexible. En la medida que Rick describía a su padre y sus sufrimientos, hablaba suavemente:
“Nunca me aceptaba por lo que yo era “Las palabras críticas y cáusticas de su padre hicieron que yo metiera en el costal la primera roca.
“Cero cariño…” Ni una mano sobre el hombro, nada de abrazos ni palmaditas en la espalda. Una roca del tamaño de un puño cayó dentro del costal.
“Nada de tiempo para jugar..…” Nada de jugar a la lucha, nada de jugar a atrapar cosas –todas estas menciones justificaron otra roca muy pesada. Mientras más recordaba Rick, más caía en cuenta de lo que le había faltado.
“Nada de tiempo padre-hijo.…” Nada de andar juntos, ninguna conversación acerca de volverse hombre, ninguna conversación acerca de las profesiones para estudiar. Esto obligó a depositar otra roca. Rick continúo oprimiendo el” botón de repetición” enterrado en su memoria.
“Gritos…” Un repentino recuerdo atemorizante provocó en Rick un gesto de dolor. Todos los gritos y ataques verbales obtuvieron una roca de un tamaño considerable.
“Lastimando a mi madre.…” El abuso verbal y emocional de su padre llevó a que otra gran piedra cayera dentro del costal.
“Apártate de mi vista.…!” Sus palabras denigrantes y de menosprecio lograron otro guijarro pesado.
“Rechazo.…” Se suma al impacto emocional de todas las heridas ocasionadas por su padre. Con impulso Rick introdujo otra roca pesada en su costal. Esta chocó contra otras rocas, dejando algunos fragmentos pequeños y cortantes. Estas mismas piezas están incrustadas en la memoria de Rick. Finalmente, rechazo lo dice todo.
Ampliando esta imagen visual, le dije a Rick que él tenía un costal de rocas morando en su alma. Durante años él había estado arrastrando rocas de resentimiento, piedras de hostilidad y guijarros de amargura. Entonces señalé el saco que colgaba alrededor de su cuello –el costal que ahora estaba tensionado por el peso de las rocas.
“¿Qué pasaría si tuviera que caminar con el costal de piedras colgando de su gancho por el resto de su vida?”.
Cuando perdonamos, nos deshacemos de las rocas que nos doblegan y disminuyen nuestra fortaleza.
El respondió inmediatamente, sin necesidad de pensarlo: “No podría correr más”. Me sorprendió y alegró esta respuesta. En vez de decir:” Me encorvaría” o “Sería difícil caminar”, Rick, el devoto atleta expresó preocupación por no poder correr más.
Su respuesta expresa muy bien el costo de despojarse de “rocas” engorrosas. Piense en todas las Escrituras que hacen referencia a correr. El apóstol Pablo dice: “¿No saben que en una carrera todos los corredores compiten, pero sólo uno obtiene el premio? Corran, pues, de tal modo que lo obtengan”. Y él preguntó, “Ustedes estaban corriendo bien. ¿Quién los estorbó para que dejaran de obedecer a la verdad?”.
Lo que Rick dijo desde un punto de vista físico –“no podría correr más”- es también una verdad emocional y espiritual. Con el peso de demasiadas rocas lo máximo que podemos hacer es medio andar fatigados en nuestro camino por la vida. Si se añaden más rocas al montón, escasamente podremos movernos. Y si aún se arrojan más rocas estaremos completamente aplastados bajo el peso.
Pero cuando aprendemos a perdonar –aún cuando no lo sintamos- nos despojamos de las piedras que nos arrastran y disminuyen nuestras fuerzas. Mientras trabajamos en el proceso de perdonar, quedamos libres de la presión… ¡nos sentimos libres!
El profeta Isaías describe cómo es la libertad: “Volarán como las águilas: correrán y no se fatigarán, caminarán y no se cansarán”.
Ahora, volviendo a Rick: lo último que quisiera hacer es dejar a este hombre con el peso de su dolor emocional. ¡Yo quiero verlo correr!
“Rick, ¿quieres vivir el resto de tu vida cargando todo este dolor de tu pasado?”
“No, no quiero”.
“¿Entonces estás dispuesto a descolgar del gancho todo el dolor del pasado y pasárselo al gancho de Dios?”
“Si, lo estoy:”
“¿Estarías dispuesto a soltar a tu padre de tu gancho emocional, y pasarlo al gancho de Dios?”
“Sí, eso quiero,”
En oración los dos fuimos ante el trono de la gracia de Dios. “Señor Jesús,” empecé.
“Señor Jesús”, el repetía, “gracias por cuidar mi corazón…y cuanto he sido lastimado.… Tú sabes el dolor que he sentido.… Por el trato que mi padre me ha dado… su enojo… su falta de afecto.… su abuso… su rechazo.”
De repente, entre la multitud, lo inesperado ocurrió. Mientras Rick repetía la oración, haciéndola suya, una corriente de oraciones – apenas como un susurro – se escuchaban de un lado al otro del salón. La piel se me puso como de gallina. Con un profundo sentimiento santo de adoración, me di cuenta que en este día, más de un saco de rocas, pronto estaría vacío.
“Señor, yo suelto todo este dolor en Tus manos… Gracias, Señor Jesús… por morir en la cruz por mí… y extender Tu perdón hacia mí.… Como un acto de mi voluntad… yo elijo perdonar a mi padre.”
Mientras Rick continuaba orando, se daba un cambio extraordinario. Su voz, al comienzo reservada, se fortalecía con propiedad y determinación.
“Yo elijo soltar a mi padre… de mi gancho emocional… y ahora mismo, yo se lo paso a Dios.… Yo rechazo todos los pensamientos de venganza.… Yo confío que en Tu tiempo, Tú tratarás con mi padre… solo cuando Tú veas que es apropiado. Y Gracias, Señor, por perdonarme… Tu poder para perdonar… es por eso que puedo ser libre… En Tu santo nombre he orado, Amén.”
Las lágrimas de gratitud de Rick revelaban que había elegido experimentar la libertad del perdón. Y al mismo tiempo, a través del poder del perdón, muchos sacos de amargura que había en el auditorio, habían sido desocupados.
Personalmente sé lo que es sentirse cargado por las rocas de resentimiento. Si tú también sientes ese peso, yo lo comprendo. Quiero que sepas que las palabras escritas en este libro fueron escritas con un objetivo en mi mente– liberarte de ese gran costal lleno de rocas, y dejarte con el saco vacío.

Hunt, J. (2008). Cómo perdonar… cuando no lo sientes (pp. 11-16). Centros de Literatura Cristiana.

La resurrección de Cristo nos da la paz

Domingo 13 Agosto
Paz a vosotros. Y cuando les hubo dicho esto, les mostró las manos y el costado.
Juan 20:19-20
La resurrección de Cristo nos da la paz
¿Cómo sabemos que todos nuestros pecados han sido expiados y que la obra de Cristo satisface las más altas exigencias de la infinita justicia de Dios? Lo sabemos porque Dios resucitó de entre los muertos a aquel que murió por nuestros pecados. Aunque fue crucificado en debilidad, Cristo resucitó por la gloria del Padre. Nuestros pecados están ligados a la cruz de Cristo, nuestra justificación está ligada a su resurrección (Ro. 4:25). La justicia de Dios exigía que nuestros pecados fueran plenamente condenados; Dios le infligió este juicio a Cristo en nuestro lugar, y él sufrió lo que nosotros merecíamos. Por este motivo, Jesús exclamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mt. 27:46). Pero cuando el Señor hubo acabado la obra, Dios lo resucitó de entre los muertos y lo hizo sentar a la diestra de su trono en el cielo. Y ahora Dios nos dice: “¡Paz a vosotros por Jesucristo!”

Unamos las palabras del Señor: “¿por qué me has desamparado?” – “Consumado es” – “Paz a vosotros”. Vemos cómo nos presentan el Evangelio. Jesucristo fue desamparado porque tomó nuestro lugar; soportó la ira de Dios, y así acabó la obra, ¡Él mismo la consumó! Es por eso que, en la plenitud de los resultados de esa obra, dice: ¡“Paz a vosotros”! Sí, nuestro Señor se levantó de la tumba y proclamó con sus propios labios la buena nueva de la paz a sus discípulos afligidos.

Habiendo triunfado en el combate, se pone en medio de ellos y les proclama cuál es el fruto de su aflicción y muerte: LA PAZ. Todas las ondas y las olas del juicio habían pasado sobre él, entonces la espada volvió a su vaina. Y cuando salió victorioso de la tumba, él anunció la “paz”, la cual quedó establecida en el poder de la resurrección y asegurada para la eternidad. Y después de anunciar la paz, Jesús mostró las evidencias divinas de ella: sus manos y su costado.

H. F. Witherby
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

¿Por Qué Ir a la Iglesia? | Peter Goeman

¿Por Qué Ir a la Iglesia?
Escrito por Peter Goeman, profesor del Seminario Teológico Shepherds.

Publicado originalmente bajo el título «Why Go to Church?«

Asistir a la iglesia ha sido una larga tradición para muchas personas. Sin embargo, en los últimos años ha habido una disminución en la asistencia a la iglesia en muchas partes del mundo. Con el auge del secularismo y la disponibilidad de formas alternativas de entretenimiento y comunidad, muchas personas cuestionan la relevancia y la necesidad de ir a la iglesia. Todo eso tiene sentido entre la población “cristiana” en general, pero incluso los verdaderos cristianos se han hecho la pregunta válida: ¿por qué vamos a la iglesia?

La idea de ir a la iglesia se ha vuelto más cuestionada, en parte, debido a toda la situación de COVID. Las iglesias dejaron las reuniones en persona y transmitieron sus servicios en vivo. La gente comenzó a preguntarse si ir a la iglesia tenía algún beneficio o no. ¿Ver una transmisión en vivo no calificaría técnicamente como ir a la iglesia? Escribí un artículo en 2020 que explicaba que el compañerismo de la iglesia es esencial en una era tecnológica. Aquí simplemente quiero explorar la teología real acerca de por qué los cristianos deberían ir a la iglesia. Si alguien me hiciera la simple pregunta, «¿Por qué ir a la iglesia?» así les respondería.

Ir a la iglesia es un mandamiento
En muchos casos, esto es lo único que importa. En Hebreos 10:24–25, se nos ordena en términos inequívocos: “Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.”

En otras palabras, a los cristianos se les ordena que no dejen de reunirse. No creo que sea posible argumentar que esto puede suceder virtualmente. Los autores bíblicos reconocen regularmente la importancia de la interacción cara a cara. Juan parece indicar que hay algo especial en el acto de reunirse cuando escribe: “Yo tenía muchas cosas que escribirte, pero no quiero escribírtelas con tinta y pluma, porque espero verte en breve, y hablaremos cara a cara.” (3 Juan 13–14). Somos criaturas sociales, e incluso los no cristianos entienden que no se puede reemplazar la interacción cara a cara.

Ir a la iglesia nos ayuda a obedecer otros mandamientos
Este punto está íntimamente relacionado con el anterior. La razón por la que Dios ordena a los creyentes que no descuiden el congregarse es porque hay ciertos mandamientos que no podemos obedecer fuera de la congregación. Por ejemplo, aunque a la gente no le gusta pensar en esto, ¿cómo vamos a confrontarnos unos a otros por el pecado y, si es necesario, sacar a los hermanos o hermanas desobedientes de la comunión?

Mateo 18:15–18 ordena claramente a los miembros de la iglesia que se interesen activamente en la santidad y la santificación de los hermanos y hermanas y, si es necesario, que los reprendan con amor. Aunque la disciplina de la iglesia es el pilar olvidado de la iglesia, es esencial para una iglesia saludable. Venimos a la iglesia para ser estimulados a las buenas obras y también para ser desafiados a vivir una vida santa (ver. 1 Pedro 1:15). Aquellos que no estén interesados en vivir una vida santa deben ser expulsados ​​de la asamblea (algo que no es posible si hacer clic en un enlace de transmisión en vivo es todo lo que se requiere para ser parte de una iglesia).

Hay muchos otros ejemplos de mandatos que solo se pueden realizar en asamblea, pero quizás la cena del Señor podría ser un ejemplo final. Pablo dice: “Así que, hermanos míos, cuando os reunís a comer, esperaos unos a otros” (1 Cor 11:33). La suposición de Pablo es que los creyentes se reunirán (es decir, se reunirán para comer y beber juntos). Esto es solo algo que se puede hacer reuniéndonos como iglesia. De hecho, es obligatorio.

Ir a la iglesia es para los ángeles
Esta es mi parte favorita de la respuesta. Por lo general, cuando las personas preguntan por qué vamos a la iglesia, no esperan esto. Sin embargo, esto es parte de la respuesta de Pablo a los creyentes de Éfeso. Cuando Pablo explica su papel como emisario de Cristo a los gentiles, señala que el propósito de su proclamación es “para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales” (Ef. 3:10). En otras palabras, el diseño de Dios de la iglesia muestra la sabiduría de Dios a los “principados y potestades en los lugares celestiales” que observan. ¿Quiénes son los “principados y potestades” que residen en los lugares celestiales? El uso de estos términos en Efesios 1:21 y 6:12 indica que estamos hablando de seres espirituales (es decir, ángeles).

Podría ser que Pablo esté apuntando específicamente a los ángeles caídos aquí, pero creo que él está usando este término genérico a propósito. Pablo está diciendo que la sabiduría de Dios se manifiesta en la forma en que la iglesia existe. Eso es lo que todo el reino celestial observa (ángeles buenos y ángeles malos). ¿De qué manera se manifiesta Su sabiduría?

Bueno, piénselo. Cuando la iglesia se reúne, múltiples etnias se juntan. Hay personas con distintos colores de piel, trasfondos, culturas, etc. ¡La iglesia es una tremenda mezcla de personas! El punto, por supuesto, es que algunas de estas personas y etnias tendrían/deberían odiarse entre sí. Y, sin embargo, están unidos por un hilo común: la unión compartida en la muerte y resurrección de Cristo. Se unen y demuestran que el evangelio es una solución mundial, no una solución parcial.

Entonces, en un sentido muy real, debemos ir a la iglesia para “presumir” ante los ángeles. ¡Somos una parte crucial de la imagen de la redención para los ángeles que miran! “Mostramos” el hecho de que nuestro Dios es un Dios asombroso que ha salvado a personas de todas las lenguas y de todas las naciones. ¡Él no es solo un salvador, es el Salvador todopoderoso que es la única solución al pecado para el mundo entero! Y Su salvación es efectiva, cambiando la naturaleza misma de aquellos que lo abrazan como Salvador y Señor.

En resumen, ir a la iglesia no es solo una mera sugerencia sino un mandato bíblico que debemos obedecer como creyentes. Reunirnos como iglesia nos ayuda a practicar y obedecer otros mandamientos, como confrontarnos unos a otros con el pecado y vivir vidas santas. Además, ir a la iglesia no es solo para nuestro propio beneficio, sino también para los ángeles. Específicamente, cuando vamos a la iglesia (como se nos manda) mostramos la multiforme sabiduría de Dios a través de la unidad de Su pueblo conformado por personas de toda lengua y nación. Preguntar por qué vamos a la iglesia no es algo malo. De hecho, me encanta cuando la gente hace esa pregunta. Sin embargo, ¡necesitamos saber la respuesta! Y así es como creo que deberíamos responder a esta pregunta.

Este artículo ha sido traducido y adaptado con el consentimiento de su autor.

Puede encontrar el artículo original en la página web del autor.
https://petergoeman.com/why-go-to-church/

La obra de Dios en y por nosotros

Sábado 12 Agosto
[Dios] No ha notado iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel.
Números 23:21
La obra de Dios en y por nosotros
Israel había actuado errónea e incrédulamente durante su viaje por el desierto, lo que llevó a Moisés a exclamar: “Rebeldes habéis sido a Jehová desde el día que yo os conozco” (Dt. 9:24). La evaluación que este hombre de Dios hizo de ellos, después de 40 años de experiencia, fue que eran un pueblo obstinado y rebelde; pero el veredicto que Dios expresa en el versículo de hoy, en el cual los justifica, es totalmente opuesto a la evaluación que Moisés realizó acerca de la condición moral del pueblo.

Al aplicar esto a nosotros mismos, es muy importante hacer una clara distinción entre dos cosas: (1) el juicio del Espíritu de Dios en nosotros, el cual pone al descubierto la condición moral en la que nos encontramos en la práctica, lo que a su vez se debe al mal que hay en nuestra carne; (2) y el testimonio del Espíritu en relación al veredicto de Dios sobre nosotros tal y como nos ve en Cristo. A menudo pensamos que el trabajo hecho en el alma por el Espíritu de Dios implica un justo juicio sobre ella, olvidando que la base sobre la que estamos ante Dios (el lugar sobre el que reposa la fe) es la obra que el Señor Jesús hizo a nuestro favor.

El Espíritu de Dios juzga el pecado en mí según su carácter, a la luz de la santidad de Dios; pero me dice que no soy juzgado por ello, porque Cristo sufrió el castigo por mí. No se trata de examinar el bien o el mal que encontramos en nosotros mismos; se trata completamente del valor de la obra de Cristo. O estamos bajo la plena condena de Dios; o, habiendo creído, somos hechos “aceptos en el Amado” (Ef. 1:6). Al final de un largo rumbo de fracasos por parte de los hijos de Israel, cuando su maldad quedó plenamente expuesta, Dios “no vio iniquidad en Jacob, ni ha visto perversidad en Israel”. No puede haber paz si el alma del creyente confunde el veredicto del Espíritu en su interior, respecto a su estado moral, con el juicio de Dios a través de la obra de Cristo a su favor.

J. N. Darby
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Por qué un mundo poscristiano necesita pastores-teólogos | Kevin J. Vanhoozer

Karl Marx se quejó una vez de que la filosofía «solo ha interpretado el mundo de diversas maneras; el punto es cambiarlo». ¿Qué hay de la teología? ¿Tiene un mejor historial efectuando cambios?

Hoy en día, algunos descartan alegremente la teología por considerar que hace tiempo que pasó su fecha de caducidad. Esta postura es corta de vista. La verdad es que los pastores-teólogos son dones del Cristo ascendido para la iglesia (Ef 4:8). Informados por la Palabra y fortalecidos por el Espíritu, Cristo usa a los pastores teólogos tanto para interpretar el mundo como para transformarlo. Como si fueran socorristas, se adentran en la crisis de nuestro mundo poscristiano y forman discípulos para atender sus necesidades más urgentes.

Desastre en potencia
Ya no estamos en países cristianos. Las señales reveladoras de nuestro mundo poscristiano son la disminución de la influencia del cristianismo, el descenso de la asistencia a las iglesias, la disminución del respeto por la iglesia y la disminución de la influencia cristiana en los principales ingredientes de nuestra cultura: sus creencias, valores y prácticas. En nuestro mundo poscristiano, también se ha producido un cambio en la forma en que las personas entienden y reaccionan ante el término «cristiano».

Informados por la Palabra y fortalecidos por el Espíritu, Cristo usa a los pastores teólogos tanto para interpretar el mundo como para transformarlo

En algún momento del siglo XX, el mundo occidental se despertó, al igual que el ministro de la novela de John Updike In the Beauty of the Lilies [En la belleza de los lirios], para descubrir que había perdido la fe. La velocidad a la que el «post» ha afectado el entendimiento del cristianismo es sorprendente. ¿Qué acaba de pasar?

Ningún argumento o descubrimiento científico es responsable del fin de la era cristiana. La obra de Charles Taylor A Secular Age [Una era secular] sugiere que la revolución fue interior, en la forma en que la sociedad imagina el mundo y el lugar de la humanidad en él. Las razones son complejas, pero el resultado es palpable: habitamos un mundo en el que la existencia de Dios no se siente como algo obvio, intuitivamente correcto o plausible. El mundo se siente de este mundo.

Una de las muchas consecuencias de nuestra cultura poscristiana sobresale: la posalfabetización. Desde el principio, y más aún después de la Reforma y la imprenta, el cristianismo se ha centrado en la Palabra. En una cultura posalfabetizada, sin embargo, las personas se comunican a través de una variedad de plataformas multimedia; la palabra escrita ya no ocupa un lugar de honor. En una cultura saturada de TikTok, Instagram y YouTube, los periodos de atención deben ser de solo unos minutos (lo siento, predicadores de larga duración).

Una cosa es tener una visión elevada de las Escrituras, y otra muy distinta saber leer los diversos libros y géneros de la Biblia como parte de una historia canónica unificada

Si combinamos poscristiano y posalfabetizado, el resultado es el analfabetismo bíblico: la incapacidad de comprender la gramática, la historia o la lógica del cristianismo bíblico. Una cosa es tener una visión elevada de las Escrituras, y otra muy distinta saber leer los diversos libros y géneros de la Biblia como parte de una historia canónica unificada. En nuestra cultura poscristiana, incluso a los cristianos les cuesta saber cómo leer bien la Biblia o cómo navegar por los desacuerdos interpretativos.

Las personas siguen consumiendo noticias, pero el evangelio (las buenas noticias) es en gran medida ininteligible en un mundo poscristiano. La sobrecarga de información y las continuas noticias de última hora nos insensibilizan ante lo que realmente necesitamos saber: la verdadera noticia de última hora de que el reino de Dios está irrumpiendo en nuestro mundo a través del Espíritu de Jesucristo. No se puede concebir una noticia mejor.

El pastor-teólogo como socorrista
Para un secularista, el mundo es materia en movimiento, sin sentido a menos que los humanos puedan hacer algo con él. Abundan las historias distópicas y se respira un desencanto general. Sin embargo, en lugar de dejarse llevar por el pánico, muchos se divierten hasta la muerte.

La situación actual es una catástrofe en la que los pastores-teólogos actúan como socorristas, personas preparadas y capaces de aparecer y ayudar en emergencias y crisis.

Cuando oímos «socorristas», tendemos a pensar en bomberos, paramédicos y personal de búsqueda y rescate. Sin embargo, los pastores-teólogos también están en las trincheras, enfrentándose a vidas quebrantadas, familias fracturadas, muerte y desesperación. Están en la primera línea de los debates sobre ética, espiritualidad y política.

Podría decirse que la crisis más importante a la que deben enfrentarse los pastores-teólogos es el analfabetismo bíblico en la iglesia. La iglesia es la sociedad de Jesús, y los pastores son los encargados de garantizar que la historia que gobierna el imaginario de la congregación es la historia de lo que el Padre está haciendo en el Hijo a través del Espíritu para reunir todas las cosas a Cristo (Ef 1:10) y renovar y reconciliar todas las cosas en Él (2 Co 5:17-19).

Los pastores-teólogos responden a las exigencias de la vida y al reto exegético de leer la Biblia sirviendo a Cristo: proclamando, enseñando y celebrando su nueva realidad de el «ya pero todavía no».

La iglesia local: Lugar para la alfabetización bíblica y el cristianismo de nuevo nacimiento
No es momento para la desesperanza. No necesitamos reinventar la iglesia, sino redescubrirla, porque la iglesia es creación de Dios. No es momento de abandonar la teología, sino de profundizar en ella para llevar cautivo a Cristo todo pensamiento y todo imaginario social. La iglesia local es el lugar para cultivar la alfabetización bíblica, para aprender lo que todo cristiano necesita saber para representar a Cristo y Su reino.

No es momento de abandonar la teología, sino de profundizar en ella para someter a Cristo todo pensamiento y todo imaginario social

La iglesia local es la esperanza del mundo, pero solo si permanece en el dominio de la Palabra, al ser un lugar donde se cultivan hábitos de lectura y donde la Palabra que se lee se escucha y se practica. Los pastores-teólogos, quienes ministran la Palabra, son catalizadores de la alfabetización cristiana en parte ayudando a las personas a leerla como su principal narrativa de identidad.

Es en la iglesia local donde aprendemos la historia del Cristo cuyo nombre llevamos. Es en la vida en común de la iglesia donde el cristianismo se hace sentir socialmente plausible. El lugar de la iglesia local es en el mundo poscristiano, pero no es desde él donde el cristianismo debe nacer de nuevo.

El gobierno de Cristo se hace visible cuando llama, reúne y reconcilia la vanguardia de una nueva humanidad. ¿Puedes ver soplar al Espíritu?

Con disculpas a Marx, quien pensaba que había que superar el cristianismo, la verdad es que el mundo poscristiano nunca podrá ser más que precristiano, porque el mundo ya es y siempre será del Señor: «Del SEÑOR es la tierra y todo lo que hay en ella» (Sal 24:1).

Publicado originalmente en The Gospel Coalition. Traducido por Eduardo Fergusson.
Kevin J. Vanhoozer es profesor de investigación de teología sistemática en la Trinity Evangelical Divinity School de Deerfield, Illinois. Es autor de varios libros sobre teología, hermenéutica y cultura.

Viviendo como una iglesia – Clase 6: La comunión de la iglesia

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 6: La comunión de la iglesia

  1. Introducción
    Piensa en todos los lugares en los que las personas experimentan cualquier tipo de compañerismo y comunidad. La fiesta luego de un partido de fútbol… la barbería… una reunión familiar… la iglesia local. Hechos 2:42 dice que los primeros cristianos: «Perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones». Eso nos lleva a la pregunta que quiero que discutamos al comenzar la clase: ¿En que se diferencia la comunión cristiana de las amistades y las relaciones del mundo?

Lo que realmente diferencia a la comunión cristiana del resto de las relaciones es el amor de Cristo.

En las primeras semanas de este seminario vimos cómo se crea la unidad en la iglesia a través de la institución de la nueva identidad que todos compartimos en Cristo en los diferentes aspectos de nuestra vida juntos, desde la membresía de la iglesia, hasta la predicación, la oración y la manera en la que gobernamos la iglesia. El día de hoy, estaremos conversando acerca de la comunión que existe dentro de la iglesia, específicamente, cómo los miembros de la iglesia se aman unos a otros en base al vínculo de la unidad que Dios ha formado en nosotros. ¿Cómo son las relaciones en una comunidad espiritual sobrenatural?

La próxima semana veremos el lado negativo: Cómo lidiar con el descontento en la iglesia cuando la comunión no marcha bien. Pero antes de llegar allí, queremos declarar positivamente cómo debe ser nuestra comunión para tener un testimonio convincente a un mundo que nos observa.

  1. ¿Qué caracteriza a las sanas relaciones en la iglesia?
    Así que consideremos primero la pregunta de cómo nosotros, como cristianos, debemos relacionarnos unos con otros. Específicamente: ¿Qué caracteriza a las sanas relaciones en la iglesia? La respuesta es simple y profunda a la vez: el amor. El amor de Cristo es lo que distingue a nuestra comunión de cualquier otra comunidad terrenal. Jesús dijo en Juan 13:34-35: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros».

¿Por qué es importante el amor? Porque Dios se glorifica cuando personas que tienen poco en común excepto Cristo, conviven en amor genuino. Esta es la razón por la que Pablo se emociona tanto en el capítulo 3 de Efesios, porque pueblos que anteriormente estaban en conflicto, como los judíos y los gentiles, ahora son una familia unida en la iglesia. Esta reconciliación sobrenatural hace que los ángeles en el cielo se postren en asombro.

Piensa en ello: ¿Por qué Dios muestra su gloria al mundo a través de nuestro amor en la iglesia? Porque nuestro amor modela, aunque sea solo un pálido reflejo, la unidad del amor en el Dios trino. Esto es exactamente por lo que Jesús ora al Padre en Juan 17:22-23: «La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado».

Nuestro amor mutuo, arraigado en nuestra comunidad en Cristo, es una imagen de la amorosa unidad de la Deidad.

Breve panorama del amor cristiano
Por tanto, si el aspecto clave de la comunión cristiana es el amor, pasemos algo de tiempo reflexionando sobre lo que conlleva el amor. «Amor» es una palabra y un concepto tan común que tenemos que asegurarnos de que no se convierta en algo sin importancia. La sencilla definición de Jonathan Edwards es útil aquí. El amor es: «esa disposición o afecto por el cual uno es querido por otro». Como cristianos, nos amamos unos a otros porque Dios nos ama. Ser hijo de Dios implica amar lo que Dios ama. Y Dios ama a la iglesia, la ama tanto que la compró con su propia sangre. Así, el amor de Dios enseña que el amor no es simplemente una emoción o un sentimiento. El amor de Dios modela, entonces, que el amor no es meramente una emoción o un sentimiento, es una disposición hacia otro que se expresa en acciones concretas para lograr el bien supremo de esa persona.

Si eso es lo que es el amor, quiero que notemos algunas cosas. La primera es que, el amor cristiano es difícil. El amor nace en nuestros corazones, y nuestros corazones son el peor lugar de todos porque somos pecadores. ¿Por qué hay tantas exhortaciones en el Nuevo Testamento para que los cristianos se amen entre sí? ¡Porque necesitamos escuchar esto una y otra vez! En nuestra carne, preferimos una conversación fácil en lugar de una difícil. Preferimos relajarnos en vez de servir. Preferimos satisfacer nuestras necesidades que renunciar a nuestras preferencias. Y las personas a las que estamos llamados a amar también son pecadores. Nos decepcionan, dicen cosas incómodas e insensibles, rechazan nuestros consejos… lo que, por cierto, debería ayudarnos a apreciar más cuán paciente y misericordioso es Cristo con nosotros, porque nosotros hacemos lo mismo.

Lo segundo que quiero que observemos es que, si bien el amor cristiano puede ser difícil, podemos mostrar tal amor por la gracia de Dios. Amamos porque Dios nos amó primero (cf. 1 Juan 4:19). ¿Qué significa eso? ¿Se trata de un intercambio? Algo como por ejemplo: «¿Invitaré a esa persona a cenar porque ella me invitó la semana pasada?». No. Significa que nuestra capacidad de amor proviene del amor de Dios para con nosotros. Dios es la fuente y el modelo de nuestro amor. De nuevo, Edwards lo expresa maravillosamente bien: «Es a partir de los soplos del Espíritu [Santo] que surge el amor del cristiano, tanto hacia Dios como hacia los hombres. El Espíritu de Dios es un espíritu de amor. Y, por tanto, cuando el Espíritu de Dios entra en el alma, el amor entra. Dios es amor, y el que tiene a Dios viviendo en él por su Espíritu, tendrá al amor viviendo en él».

La manera más espectacular en la cual Dios nos ha mostrando su amor es entregándonos a su hijo unigénito para que no perezcamos, sino que tengamos vida eterna. Así, leemos en 1 Juan 3:16: «En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros, también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos».

En otras palabras, no podemos alcanzar la madurez para amar a los demás a no ser que nos esforcemos por alcanzar la madurez para comprender las dimensiones del amor de Dios. Mientras más apreciemos la magnitud del amor que Cristo nos has demostrado al morir por cada uno de nuestros pecados, más nuestras vidas estarán caracterizadas por el amor. ¿Quieres ser más amoroso? Jesús dijo: «Aquel a quien se le perdona poco, poco ama» (Lucas 7:47); cuando sabemos lo mucho que hemos sido perdonados, entonces nuestro amor fluye.

Y el tercer aspecto del amor cristiano es que, produce alegría. No solamente es difícil para los pecadores amar, es supremamente valioso. Amar a otros no solo les hace bien a ellos, nos da la clase de satisfacción para la que fuimos creados. El Salmo 133:1: «¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!». ¿Qué dice Juan en 2 Juan 12 cuando le escribe a una iglesia que conoce bien? «Tengo muchas cosas que escribiros, pero no he querido hacerlo por medio de papel y tinta, pues espero ir a vosotros y hablar cara a cara, para que nuestro gozo sea cumplido».

  1. ¿Cómo es la comunión amorosa?
    Manteniendo estos importantes principios en mente, quiero pasar el resto de la clase considerando cómo, en la práctica, podemos cumplir este mandamiento de amarnos unos a otros dentro de la iglesia. Cuando nuestra comunión se caracteriza por el amor de Cristo, ¿qué clase de comunión será? Identificaremos seis aspectos de la comunión amorosa.

6 aspectos de la comunión amorosa

(1) La comunión en la diversidad: El amor busca el entendimiento
Como ya hemos discutido en este seminario, la comunión de la iglesia es única porque implica una diversa clasificación de personas todas unidas en torno a Cristo. ¿Qué significa esto para nuestras relaciones en la iglesia? Significa que el amor busca el entendimiento. El amor alcanza a quienes son distintos a ti, a quienes son «preciados» para ti a causa del evangelio, y busca entender sus anhelos y sueños, sus luchas y pecados, sus trasfondos y batallas. Busca la reconciliación donde ha habido desapego y busca una cálida amistad donde el mundo ha trazado líneas de separación.

Este es el motivo por el cual Santiago 2 es tan firme en señalar que no deberíamos mostrar favoritismo personal. Es la razón por la que Pablo dice en Romanos 12:16 que no debemos ser orgullosos, sino que debemos asociarnos con los humildes.

¿Puedes imaginar una iglesia así? Una comunidad en la que las personas se esfuerzan por hacer amistades reales e importantes con quienes tienen un trasfondo cultural diferente, con quienes no están en su mismo rango de edad, con quienes se encuentran en una etapa diferente de la vida, con quienes tienen una personalidad distinta… ¿Todo con Cristo en el centro? Hablamos extensivamente acerca de esto hace unas semanas, por lo que no repetiré lo que ya dijimos, pero quiero señalar algunas advertencias. Primero: ten cuidado con los estereotipos. A lo que me refiero es, no busques acercarte a alguien diferente a ti solo para marcar tu casilla personal de diversidad. No, procura acercarte a otros porque Cristo murió por ellos y porque quieres verlos crecer.

Y segundo, sé sensible al intentar acercarte para conocer a personas que son diferentes, reconociendo que tu manera de buscar entablar una amistad con ellos proviene de tu propia personalidad y cultura. Un buen consejo que recibí luego de la última clase acerca de este tema fue recordar que si pretendes hacerle a la gente una larga lista de preguntas para conocerlas, eso puede ser intimidante para algunas personas, si siempre comienzas preguntándole a alguien de dónde se mudó y en dónde estudió, eso hace suponer que la persona no es de aquí y que estudió, ¡pero esas cosas no siempre son ciertas para todos! Esto es solo algo a considerar.

Alabado sea Dios porque hay muchos ejemplos del amor que traspasa fronteras en nuestra iglesia. Pienso en Homere Whyte invitando a familias a cenar cuando era un universitario soltero; el grupo que se reunió recientemente para hablar acerca del libro Bloodlines (Genealogías) y la reconciliación racial; cómo Maxine Zopf siemore asiste a todas las despedidas de soltera de mujeres más jóvenes, podría seguir y seguir.

(2) La comunión en el servicio: El amor requiere sacrificio
Segundo, nuestra comunión debería caracterizarse por un amor sacrificial. Somos una comunidad que se reúne no para ser servida, sino para servir. Escucha 1 Juan 4:10-11: «En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. Amados, si Dios nos ha amado así, debemos también nosotros amarnos unos a otros».

Una forma de poder hacer esto en nuestra iglesia es llevando las cargas de otros, como dice Pablo que hagamos en Gálatas 6:2. Nuestro pacto congregacional declara que acordamos: «Llevar las cargas y los pesares de los demás». ¿Cómo? Esto significa estar al lado de alguien que atraviesa un tiempo difícil, espiritual, físico, el que sea y, literalmente, ayudarle a llevar su carga. Esto puede significar lidiar pacientemente con las luchas espirituales de alguien por un período de tiempo prolongado en una relación de discipulado. Es posible que signifique brindar recursos para ayudar a alguien que está en necesidad: alimentos, un préstamo, un aventón, entre otros. Puede significar renunciar a tus viernes por la noche para visitar a alguien que está enfermo. El servicio en la iglesia puede ciertamente implicar ofrecerse para ayudar en diferentes áreas: el cuidado de los niños, el sonido, el cuidado de los niños, la hospitalidad, el cuidado de los niños… Pero si eres la clase de persona que ama alistarse para «hacer cosas» en la iglesia, permíteme animarte a no ignorar el tipo de servicio que sucede principalmente en las relaciones personales que a menudo requieren más tiempo y pueden ser confusas.

Nuevamente, esto es, por la gracia de Dios, algo normal en nuestra iglesia; desde la máquina bien aceitada para proveer comidas para las familias que acaban de tener un bebé, o que están en enfrentando un tiempo de crisis hasta la forma en la que una multitud de miembros renunció a su servicio dominical para limpiar la propiedad de la señora Luisa y contribuir con su testimonio ante sus vecinos, hasta infinidad de otros ejemplos de amor como proveer a quienes están en necesidad con un lugar para alojarse, un empleo, un hombro para llorar toda la noche en el hospital.

(3) La comunión en la verdad: El amor conduce a la santidad
Tercero, una iglesia cristiana es una comunidad que anda en la verdad. A diferencia de otras comunidades, nosotros debemos caracterizarnos por una transparencia inusual y una honestidad audaz al hablar la verdad de la Escritura entre nosotros. Y hacemos esto por un deseo de ver a otros crecer en santidad. Jesús le preguntó al Padre en Juan 17:17: «Santifícalos es decir, hazlos más santos y puros en tu verdad, tu palabra es verdad». Pablo le dijo a los colosenses: «La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros sabiduría» (Colosenses 3:16).

Pensemos en dos aspectos de esta comunión en la verdad. El primero es la transparencia: decir las verdades embarazosas acerca de ti. Santiago 5:16: «Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados». Esto no quiere decir que debes abrirte y confesar tus luchas más oscuras a todos los miembros de la iglesia, pero si no estamos abriéndonos con 1 o 2 personas, deberíamos preguntarnos por qué. ¿Tememos ser expuestos? ¿Ser reprendidos? ¿Tememos admitir que no tenemos todo bajo control? Considera que si escondemos nuestros pecados y faltas de quienes nos aman, les robamos la oportunidad de hacer un bien espiritual. Considera que si das ejemplo de transparencia, eso enseñará a otros lo que es humillarse, y les hará un bien espiritual.

El segundo aspecto es la proclamación: decir la verdad acerca de Dios y de su Palabra en todo tiempo, incluso cuando no es fácil que alguien la escuche. Pablo dice en Efesios 4:15: «Siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo». Esto incluye las interacciones normales en la iglesia. Incluye la relaciones de discipulado en las que nos reunimos con alguien del mismo género para leer un libro o estudiar la Biblia juntos con el único propósito de ayudarles a crecer espiritualmente.

Esto implica ejercer una supervisión espiritual mutua. Así, leemos en Hebreos 3:13: «Antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy; para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado». Cultiva la capacidad de exhortar en amor. La mayoría de nosotros nos alejamos de esto porque queremos evitar la confrontación, pero esto es algo amoroso. El pecado aspira engañar y nuestras mentes son propensas a divagar. Deberíamos cuidar especialmente a quienes parecen estar alejándose de la verdad. Levítico 19:17 enseña: «Razonarás con tu prójimo, para que no participes de su pecado». Cuando leemos en Santiago 5:19: «Hermanos, si alguno de entre nosotros se ha extraviado de la verdad, y alguno le hace volver, sepa que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados».

¿Conoces a amigos que, durante un tiempo, parecían estar particularmente activos en la iglesia y se han apartado, o incluso han dejado de asistir a la iglesia con regularidad? Te animaría a hacerles una llamada o a almorzar con ellos para ver cómo están y qué está sucediendo.

Por supuesto, no solo debemos hablar la verdad unos a otros cuando se trata de un asunto de pecado. Todo el libro de Proverbios demuestra el valor de amigos sabios que pueden abordar hábitos y patrones generales en nuestras vidas. Un amor genuino por los demás examinará estas áreas: ¿Aceptar ese trabajo le ocasionaría estrés a tu familia?; ¿Hacer ese viaje de negocios te pondrá en una posición de tentación?; ¿Están orientados tus hábitos de invertir tiempo y dinero completamente hacia lo que Dios valora?

Alabado sea Dios porque esta es una iglesia en la que hablamos unos a otros con la verdad. Me encanta escuchar a Michael Reeb citar la Escritura los miércoles en las noches de estudio. Amo toparme con Alex Schuh en una cafetería, ver que se está reuniendo con una mujer de la iglesia y que su Biblia está abierta. Me encanta ver cómo Jean Durso comunica regularmente palabras de estimulo y aliento cuando hablo con ella antes de la iglesia.

(4) La comunión en el perdón: El amor extiende misericordia
Cuarto, nuestra comunión no solo se diferencia por nuestra disposición a decir la verdad, pero también por nuestra disposición a perdonar y reconciliarnos cuando la comunión se ha roto. Pablo dice en Colosenses 3:13: «Soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros».

El perdón de Cristo es la base para el nuestro. Cuando alguien peca contra nosotros, ¿cuál es nuestro instinto? Bien sea, alejarnos llenos de amargura: «Ya no quiero tener nada que ver con ellos; o ¡me vengaré y los haré pagar!». Pero ninguna de estas dos posiciones debería tener lugar en la iglesia. Dios no se ha apartado de esa persona, la ha adoptado en su familia. Y Cristo ya ha absorbido la justa ira de Dios por el pecado de esa persona, ya no es necesaria la «venganza». Así, los aspectos relacionales y judiciales del perdón de Dios hacen posible nuestro perdón. Como alguien a quien Dios le ha perdonando mucho, ¿cómo podríamos dejar que el pecado que Dios ya ha resuelto se interponga entre nosotros y nuestros hermanos y hermanas en Cristo? Recuerda la parábola del siervo infiel cuya deuda de un millón de dólares fue cancelada, pero que luego se indignó cuando alguien más no le pudo pagar a él una miseria. Perdonar desde una postura de misericordia, significa rehusarnos a dejar que el pecado se interponga en el camino de una relación amorosa, y rehusarnos a guardar rencor por el pecado de alguien.

¿Cómo podemos cultivar esta postura de misericordia, sabiendo que personas en la iglesia pecarán contra nosotros? Por un lado, deberíamos creer que los demás tienen buenas intenciones en sus palabras y acciones en lugar de saltar a conclusiones en nuestras mentes, sospechando algún intento malicioso. Una buena regla de oro es nunca suponer las intenciones de alguien. Sabes, pues percibir los hechos. Pero no siempre puedes percibir las intenciones. La humildad brinda el beneficio de la duda.

Considera que como cristianos pertenecemos a Cristo en la eternidad unos con otros. Un día habitaremos juntos en perfecta comunión, sin pecado entre nosotros. Por tanto, cuando veamos a otras personas en la iglesia, deberíamos recordar que estaremos eternamente unidos en Cristo. Estás amando a alguien que está en su camino a la perfección de Cristo en el que no habrá nada desencantador o abrasivo en él. Eso debería darnos paciencia y perspectiva, esta persona no siempre será difícil de amar.

(5) La comunión en el sufrimiento: El amor produce comodidad
Quinto, la comunión cristiana es única porque el sufrimiento destruye nuestra comunidad, nos une. Pablo dice en 2 Corintios 1, versículos 4-5:

«[Cristo] nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación».

Esto quiere decir que nuestras relaciones deben caracterizarse por una compasión y una amabilidad que son un reflejo de la compasión de nuestro Salvador. Jesús amó de esta manera, me encanta el relato en Marcos 1:40-41: «Vino a él un leproso, rogándole; e hincada la rodilla, le dijo: Si quieres, puedes limpiarme. Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió la mano y le tocó, y le dijo: Quiero, sé limpio».

Jesús no tuvo que tocar al leproso para sanarlo, sino que lo hizo para expresar compasión y para demostrar que él no puede contaminarse, sino que él limpia al sucio y al abatido.

Como la iglesia, nosotros somos el cuerpo de Cristo. Experimentamos lo que Jesús experimenta. Esto significa que sufriremos y significa que seremos consolados por su Espíritu. Los cristianos no fueron hechos para sufrir solos. Si estás sufriendo, una de las formas en las que Dios quiere consolarte es a través de la iglesia. Si conoces a alguien que está sufriendo, es probable que ahora no sea el tiempo para esa palabra de reprensión, sino para el toque compasivo semejante al de Cristo. Es el tiempo para la palabra suave, el abrazo, la oración, para sentarse con alguien y escuchar.

Ofrecer consuelo a alguien que sufre realmente no es la clase de cosas que puedes marcar de tu lista ni es algo en lo que puedes alistarte. Primero debes construir relaciones, y luego cuando lleguen las pruebas, debes estar listo para estar disponible. Cuando nos reunimos los domingos, miro alrededor y veo a muchos que están sufriendo, con dolor y enfermedad, con infertilidad, con corazones rotos y duelo, con desesperación, con crisis financieras… pero también veo a muchos que hacen de su habito ofrecer consuelo a través de la oración, de su presencia, de ayuda práctica o simplemente cantando un poco más fuerte para que las canciones de ánimo puedan rodear a quienes se sienten demasiado débiles para cantar.

(6) La comunión como un solo cuerpo: El amor considera el todo
Finalmente, existe un sexto aspecto a considerar. Hemos hablado acerca de amar a los demás como miembros individuales de nuestra iglesia. Pero la Escritura nos llama a amar y a estar comprometidos con toda la congregación, no solo con un subconjunto. 1 Corintios 10 resalta la realidad de que tomar la Cena del Señor juntos como iglesia nos une como un solo cuerpo. ¿Pero cómo podemos ser fieles para amar a toda la congregación cuando simplemente no es factible conocer bien a todos los miembros de la iglesia? Cuatro sugerencias breves:

Primero, ora por el directorio de la iglesia, una página o dos cada día. Esa es una excelente forma de amar y servir a toda la congregación. Si no conoces las necesidades particulares de algunos miembros, entonces ora por ellos de manera general, usa algunas de las oraciones que vemos a Pablo orar en el Nuevo Testamento.

Segundo, podemos amar a toda la congregación al edificar a algunas personas a través del discipulado, la enseñanza, etc., para que a su vez ellos puedan tomar lo que han aprendido y ministrar a otros en la congregación. Por tanto, haz que sea una parte clave de tu discipulado, enseñarle a quienes discípulas cómo discipular a otros. Otro aspecto de esto es cuando sirves cuidando de los niños, amas a todas la congregación al permitir que muchos padres sean discipulados por la enseñanza de la Palabra. Gracias por hacer eso.

Tercero, una de las cosas más amorosas y prácticas que podemos hacer es dar nuestras ofrendas fiel y generosamente por el bien de toda la congregación.

Y cuarto, podemos comprometernos a asistir a las reuniones de miembros. Que no te engañen todos los folletos y las gráficas de presupuesto, estas reuniones no tratan únicamente de negocios. Aquí es donde mostramos amor a los miembros nuevos al afirmar su profesión de fe, y a los miembros que se van al aceptar sus dimisiones. Es donde supervisamos la misión y la salud de la iglesia, es decir, es donde mostramos amor por toda la congregación e interés por lo que hace el cuerpo.

  1. Conclusión
    Al preparar esta clase, observé que los apuntes acerca de este material tenían los nombres de muchas personas que fueron grandes ejemplos de amor en esta iglesia. Pero las notas eran de hace algunos años, y muchas de esas personas ya no están. Dios ha hecho que salieran o las ha llamado a casa. Eso fue aleccionador para mí. Me recordó que, siempre y cuando Dios esté con nosotros en esta tierra, seguiremos amándonos hasta el último día. Nosotros en CHBC nos derramaremos en amor por más personas cada año incluso cuando cada año, algunos de nuestros hermanos y hermanas digan adiós. Ese es nuestro llamado lleno de gozo. Y aun en el último día, ¿qué permanecerá cuando este mundo con todo su brillo y glamur pase? El amor. Pablo dice que las profecías se acabarán y cesarán las lenguas y la ciencia, pero el amor nunca dejará de ser (cf. 1 Corintios 13:8). Jonathan Edwards dijo: «El cielo es un mundo de amor». Allí, nuestro amor por los demás será perfecto y completo porque fluirá eternamente de Aquel que es Amor.

Después de la cautividad en Babilonia (23) Guía y protección

Viernes 11 Agosto
Publiqué ayuno allí junto al río Ahava, para afligirnos delante de nuestro Dios, para solicitar de él camino derecho para nosotros, y para nuestros niños, y para todos nuestros bienes. Porque tuve vergüenza de pedir al rey tropa y gente de a caballo… porque habíamos hablado al rey, diciendo: La mano de nuestro Dios es para bien sobre todos los que le buscan; mas su poder y su furor contra todos los que le abandonan.
Esdras 8:21-22
Después de la cautividad en Babilonia (23) Guía y protección
Cuando Esdras reunió a los que se dirigían a Jerusalén junto al río Ahava, no encontró a ningún levita entre ellos (v. 15). Es triste decirlo, pero los hombres llamados por Dios a su servicio son escasos en la mayoría de los grupos que buscan conocer la forma en que Dios quiere que su pueblo se reúna. Pero Esdras, eventualmente, encontró levitas “sirvientes del templo” (v. 17), y para acompañarlos, netineos (leñadores y aguadores, personas que realizaban los servicios más humildes). Hoy en día también se necesitan obreros con un corazón dispuesto.

Antes de emprender el largo viaje, Esdras proclamó un ayuno para humillarse y buscar el “camino derecho” para ellos, sus hijos y sus posesiones. Años antes, el Faraón había intentado llegar a un acuerdo con Moisés, tratando de impedir que los israelitas salieran de Egipto. Su propuesta fue: “Dejen sus hijos y sus posesiones aquí” (véase Éx. 10). Moisés no cayó en esta trampa, ni tampoco lo haría Esdras. En aquellos días, Dios ya no guiaba a su pueblo mediante una columna de nube o de fuego. De forma similar, desde el comienzo de la era cristiana, ya no hay señales y prodigios como los que hacía Dios entonces. Pero Dios sigue respondiendo a las oraciones sinceras y humildes de su pueblo.

Su pueblo no necesita recurrir a las autoridades para que lo protejan. A Esdras le dio vergüenza pedir al rey una escolta militar. Había sido testigo del fiel cuidado de Dios por su pueblo. Una vez más, Dios protegió fiel y magistralmente a los que confiaron en él. Todo el grupo de viajeros, con sus niños, bienes y tesoros, llegaron sanos y salvos a su destino.

Eugene P. Vedder, Jr.
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

Desde Ecuador: Nuestra esperanza en medio de la conmoción

Una reflexión pastoral en respuesta al asesinato de Fernando Villavicencio
10 AGOSTO, 2023

MATÍAS PELETAY • JUAN MONCAYO

Ayer, 9 de agosto, fue asesinado el candidato presidencial Fernando Villavicencio, tras finalizar un acto político en Quito. A la salida del evento, un grupo de sicarios abrió una ráfaga de disparos que terminó con la vida de Villavicencio, quien recibió tres disparos en la cabeza. El político fue trasladado de urgencia a la clínica de La Mujer, donde confirmaron su deceso. Otras nueve personas resultaron heridas en el hecho.

Fernando Villavicencio era uno de los ocho candidatos que competirían el próximo 20 de agosto en las elecciones presidenciales. Su popularidad había empezado a crecer en los últimos años a raíz de sus denuncias contra casos de corrupción que involucraron a políticos y empresarios con grupos de crímen organizado. En septiembre de 2022, Villavicencio fue víctima de un atentado, cuando su casa recibió cinco disparos a modo de amenaza, según él mismo declaró. Semanas antes de su asesinato, el asambleísta denunció públicamente que tanto él como su equipo de campaña recibieron amenazas de muerte.

Ecuador arrastra una crisis política y vive momentos de conmoción a menos de dos semanas para que se celebren las elecciones presidenciales. El 17 de mayo de este año, el actual presidente Guillermo Lasso decretó la «muerte cruzada» para disolver la Asamblea Nacional y convocar a elecciones legislativas y presidenciales extraordinarias. Los comicios se celebrarán el próximo 20 de agosto y no se suspenderán a pesar del asesinato del candidato Fernando Villavicencio.

Esperanza para un mundo caído
Juan Moncayo, pastor en la iglesia La Fuente, en Quito, comparte la siguiente reflexión a la luz de los hechos que conmocionan al país sudamericano y al resto de la región:

Causa dolor lo que pasa en Ecuador. Para ser honesto, mi corazón, como el de muchos ecuatorianos, lucha con la desesperanza y la ansiedad, como también con el temor y la frustración. Estos sentimientos provienen de observar el contexto en el que vivimos: la maldad se sale con la suya, el sistema de justicia está roto, los gobernantes parecen tener las manos atadas, y el pueblo abiertamente dijo «no» a muchas medidas que sirvieron en Colombia y México para traer un poco de ayuda en la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado, entre otras cosas.

Debemos rogar a Dios que ministre nuestro corazón y levante nuestros ojos para que podamos ver Su presencia en medio de tanto dolor

Esto me recuerda al reporte de los espías israelitas, cuando vieron a los gigantes que habitaban en la tierra prometida (Nm 13). La mayoría de los espías trajeron noticias oscuras, difíciles y desesperanzadoras; como las que nos toca escuchar hoy. Sin embargo, en medio del desánimo, dos hombres de Dios animaron al resto del pueblo a confiar en las promesas y el poder del Señor (14:6-9). El reporte sobre los gigantes en la tierra prometida era cierto, pero Dios era más grande.

De la misma manera, en medio de tanta oscuridad necesitamos recordar ese «pero Dios». Debemos rogar a Dios que ministre nuestro corazón y levante nuestros ojos para que podamos ver Su presencia en medio de tanto dolor y recordar que:

  1. La justicia de Dios es perfecta.
    Los malvados de este mundo pueden escapar de toda la justicia imperfecta de este mundo, pero un día estaremos todos delante de la justicia perfecta de Dios, delante de la ira de un Dios Santo. Nadie podrá torcer esa justicia. Aquel momento será aterrorizante para los que cometieron iniquidades y no pusieron su confianza en Jesús para vivir según Su voluntad. En medio de nuestro lamento por la injusticia de este mundo caído, podemos descansar en que la justicia de Dios triunfará.
  2. Somos peregrinos en este mundo pasajero.
    Amo mi Ecuador. Dios me ha llamado a ser luz y sal en ese país; a orar y trabajar por la paz; a luchar para que mis hijos y mis nietos puedan tener un lugar dónde florecer y crecer. Sin embargo, mi nacionalidad terrenal no se compara con mi ciudadanía celestial y eterna.

En medio de nuestro lamento por la injusticia de este mundo caído, podemos descansar en que la justicia de Dios triunfará

La desesperanza que vivimos en este mundo es un recordatorio de que debemos gemir por el retorno de nuestro rey Cristo. Debemos fijar nuestros ojos en la eternidad. Como dijo C. S. Lewis: «Lo que no es eternamente útil es eternamente inútil». Oremos para que nuestro enfoque esté en lo eterno, para invertir toda nuestra vida en la eternidad, mientras clamamos por la misericordia de Dios para nuestro país.

  1. Alabemos a Dios y confiemos en Él.
    En estos momentos, debemos hacer nuestras las palabras del salmista:

¡Aleluya!
Oh alma mía, alaba al SEÑOR.
Alabaré al SEÑOR mientras yo viva;
Cantaré alabanzas a mi Dios mientras yo exista.
No confíen ustedes en príncipes,
Ni en hijo de hombre en quien no hay salvación (Sal 146:1-3).

Los reinos y reyes de este mundo vienen y van; solo el Rey Jesús y Su reino permanecen para siempre. Él es nuestra paz y quien trae la paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento (Fil 4:7). Él es la torre fuerte, la roca eterna y nuestro refugio. Este triste suceso es una oportunidad que Dios nos da para calibrar nuestros corazones y examinar dónde está puesta nuestra confianza.

Oro para que estas palabras, que yo mismo me las estoy predicando, puedan ser de ánimo para muchos. Son tiempos oscuros no solo en Ecuador, sino en toda Latinoamérica. Pero vivamos como peregrinos que invierten sus vidas en lo que es eterno, aguardando a Cristo, nuestra esperanza segura.

Te invito a orar tanto por Ecuador como por toda nuestra región, y en especial, por nuestros corazones que se unen a la creación gimiendo: «Ven pronto, Señor».

Matías Peletay sirve como editor en Coalición por el Evangelio. Vive en Cachi (Salta, Argentina) con su esposa Ivana y su hija Abigail, y juntos sirven como misioneros de la Iglesia Bíblica Bautista Crecer. Puedes escucharlo en el podcast Bosquejos y seguirlo en Twitter.

Juan Fernando es uno de los pastores que plantaron la Iglesia La Fuente en Quito-Ecuador. Se graduó con una ingeniería en negocios de The Master’s University en California en donde conoció a su esposa Marissa y tienen una hija pequeña. Actualmente está terminando una Maestría en Divinidad en Clarks Summit University. Puedes encontrarlo en Twitter.

Libertad cristiana (2)

Jueves 10 Agosto
Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad.
2 Corintios 3:17
Libertad cristiana (2)
Hemos visto que la verdadera libertad cristiana nos permite servir al Señor, no por miedo y obligación, sino por gratitud y amor. Nos permite centrarnos en los demás y no en nosotros mismos.

¡El versículo de hoy nos muestra cómo encontrar esta libertad! ¡La encontramos cuando nos enfocamos en la Persona de Cristo! En el contexto de 2 Corintios 3, Pablo insiste en que Cristo es la clave del Antiguo Testamento. Muchos ven en este versículo 17 una clara declaración de la deidad del Espíritu Santo, pero lo que hay que destacar en este pasaje es que todos los tipos y sombras del Antiguo Testamento hallan su cumplimiento en Cristo. Por lo tanto, este versículo realmente nos está alentando, diciéndonos que donde se reconoce a Jesucristo como Señor, ¡allí hay libertad!

Romanos 8:15 nos recuerda que el Espíritu Santo nos introduce a una vida de libertad: “Pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción, por el cual clamamos: ¡Abba, Padre!”. El trabajo del Espíritu Santo en nuestras vidas es dirigirnos a la persona de Cristo (Jn. 16:13-15). Al contemplarlo, somos transformamos a su imagen (2 Co. 3:18) para que su luz en nosotros brille en el mundo perdido en el que vivimos (2 Co. 4:1-7).

Pablo fue un maravilloso ejemplo de ello, como vemos en 2 Corintios 4:7-11. ¡Él vivió la realidad de la verdadera libertad cristiana! Llevó la muerte del Señor Jesús en su cuerpo, ¡para que así la vida de Jesús también se manifestara en su cuerpo! Estaba dispuesto a que su “vaso de barro” se rompiera para que la luz del conocimiento de la gloria de Dios en el rostro de Jesucristo pudiera verse a través de él. ¡Esta es la libertad de Cristo!

Tim Hadley, Sr.
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

¿Eres un hombre de integridad? | Edgar Nazario

¿Eres un hombre de integridad?
Introducción:
La integridad es un aspecto vital del carácter cristiano. Engloba la honestidad, la rectitud moral y la adhesión constante a los estándares de Dios en todas las áreas de la vida. Como hombres cristianos, nuestro objetivo debe ser reflejar el carácter de Cristo, quien personificó una integridad perfecta. En este artículo, exploraremos la importancia de vivir una vida marcada por la integridad, comprendiendo su fundamento bíblico y descubriendo formas prácticas de cultivarla en nuestra vida diaria.
Punto 1: Comprendiendo el Fundamento Bíblico de la Integridad
Definición de Integridad:
La integridad, según la Biblia, va más allá de simples apariencias externas. Implica la alineación de nuestros pensamientos, palabras y acciones con la verdad y la justicia de Dios. Proverbios 10:9 dice: «El que camina en integridad anda confiado; más el que pervierte sus caminos será descubierto». Este versículo enfatiza que una persona íntegra camina con confianza, sabiendo que está guiada por los principios de Dios.
Imitar el Ejemplo de Cristo:
Jesucristo es nuestro modelo supremo de integridad. Demostró consistentemente una perfecta alineación entre su carácter, sus palabras y sus acciones. En Juan 8:29, Jesús dice: «Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre, porque yo siempre hago lo que le agrada». Como hombres cristianos, estamos llamados a imitar el ejemplo de Cristo y esforzarnos por tener integridad en todos los aspectos de nuestras vidas.
Punto 2: La Importancia de la Integridad
Un Reflejo del Carácter de Dios:
La integridad no es simplemente una virtud personal; es un reflejo del propio carácter de Dios. Salmo 25:21 dice: «Integridad y rectitud me guarden, porque en ti he esperado». Cuando vivimos vidas de integridad, honramos a Dios y señalamos a otros hacia su justicia. Nuestro compromiso con la honestidad y la rectitud moral se convierte en un testimonio del poder transformador del evangelio.
Ganar Confianza e Influencia:
La integridad es el fundamento de la confianza y la influencia. Cuando otros ven que vivimos consistentemente según nuestras convicciones, es más probable que confíen en nosotros. Proverbios 20:7 afirma esto al decir: «El justo camina en su integridad; ¡dichosos serán sus hijos después de él!». Al cultivar la integridad, impactamos no solo nuestras propias vidas, sino que también influenciamos positivamente a quienes nos rodean, incluyendo a nuestras familias y las futuras generaciones.
Punto 3: Cultivando la Integridad en la Vida Diaria
Cuidando Nuestros Corazones y Mentes:
Cultivar la integridad requiere esfuerzo intencional. Proverbios 4:23 nos aconseja: «Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida». Debemos cuidar nuestros corazones y mentes contra las influencias corruptoras del mundo. Sumergirnos regularmente en la Palabra de Dios y buscar su guía a través de la oración nos equipa para tomar decisiones justas y mantener la integridad.
Responsabilidad y Comunidad:
Ser parte de una comunidad de creyentes brinda responsabilidad y apoyo en nuestra búsqueda de la integridad. Proverbios 27:17 dice: «El hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo». Rodearnos de personas afines que nos animen y nos desafíen a vivir con integridad es crucial. Esto incluye participar en una iglesia local, unirse a un grupo pequeño o encontrar un mentor que nos ayude a crecer en esta área.
Tomar una Postura y Hacer Enmiendas:
La integridad a menudo nos exige tomar una postura por lo que es correcto, incluso cuando es difícil. Efesios 4:25 nos recuerda: «Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros». Cuando cometemos errores, es esencial humillarnos, buscar perdón y hacer enmiendas. Una persona íntegra asume la responsabilidad de sus acciones y busca la reconciliación.
Conclusión:
La integridad no es un atributo opcional para un hombre cristiano; está en el núcleo de nuestra identidad como seguidores de Cristo. Al comprender el fundamento bíblico de la integridad, reconocer su importancia como un reflejo del carácter de Dios y cultivarla intencionalmente en nuestra vida diaria, podemos esforzarnos por ser hombres de integridad que glorifiquen a Dios en todo lo que hacemos. Al imitar el ejemplo de Cristo, ganar confianza e influencia, y buscar activamente la integridad, nos convertimos en catalizadores de un cambio positivo en nuestras familias, comunidades y en el mundo que nos rodea. Que busquemos continuamente la guía y el poder del Señor mientras nos embarcamos en este viaje de vivir vidas marcadas por la honestidad, la integridad y la rectitud moral.
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Edgar Nazario