El orgullo y humildad en la ética reformada de Herman Bavinck | Por Israel Guerrero Leiva

El orgullo y humildad en la ética reformada de Herman Bavinck

Por Israel Guerrero Leiva

Sin lugar a duda, uno de los teólogos más importantes de finales del siglo XIX, y comienzos del siglo XX fue Herman Bavinck. Quizás no estás familiarizado con su nombre, pero si alguna vez has tenido la oportunidad de estudiar la Teología Sistemática de Louis Berkhof (1873-1957), entonces de manera indirecta, has podido estudiar un destilado de Bavinck, ya que él fue muy influyente en el pensamiento de Berkhof.[1]

¿Por qué considerar el estudio de alguien que, de acuerdo con J. I. Packer (1926-2020), tuvo una mente y una sabiduría que es comparable a hombres como Agustín (354-430), Juan Calvino (1509-1564) y Jonathan Edwards (1703-1758)?[2] Porque Herman Bavinck fue un teólogo y pastor que desarrolló una robusta teología y cosmovisión reformada que fue aplicada en las distintas esferas de la vida en su determinado contexto, ya sea en el púlpito, en la academia, arte, educación, política y sociedad. ¿No es acaso esto lo que necesitamos en nuestros contextos hispanohablantes?
Debido al fundamento trinitario de su confesionalidad reformada, Bavinck enseñó una teología práctica donde la dogmática reformada (un cuerpo de estudio similar a una teología sistemática) era enseñada en conjunto con una ética reformada. De acuerdo con Bavinck:

La dogmática y la ética están en unidad… la dogmática describe las obras de Dios por —y en— nosotros; la ética describe lo que los seres humanos renovados [nacidos otra vez] ahora hacen sobre la base de —y en la fortaleza de— esas obras [de Dios].[3]

Esto nos enseña algo muy importante: no es posible estudiar, desarrollar y aplicar las doctrinas de la gracia si no vivimos reflejando la gracia de Dios en todo lo que hacemos. En otras palabras, no hay teología reformada si no hay una ética reformada. Es por esto que el orgullo no tiene lugar para aquellos que estudian y enseñan una teología que refleja las palabras del himno de John Newton (1725-1807) “Sublime Gracia”.

Entonces, ¿qué enseñó Bavinck a sus alumnos con respecto a este tema? En sus notas de clase descubiertas en el 2008 —posteriormente publicadas en el 2019 como Gereformeerde Ethiek [Ética reformada]— podemos encontrar a Bavinck refiriéndose al tema del orgullo, sus consecuencias y su remedio en varios lugares. A continuación, desarrollaré brevemente algunos de estos puntos.

El orgullo en la caída
Luego de desarrollar una profunda sección con respecto a la esencia de la imagen de Dios en el ser humano, Bavinck comienza a describir a la humanidad en “la condición de estar bajo el poder del pecado”. Todo comenzó bajo el primer acto de pecado. Este acto consistió en que, a través del orgullo, Eva negó tanto las consecuencias del pecado, como el pecado mismo. Este hecho singular del pecado de Adán y Eva involucró dos movimientos. Por una parte, el pecado los llevó a apartarse de Dios y a tener enemistad con Él. Por otra parte, ellos se volvieron a sí mismos y se dieron a sí mismos, resultando en “egoísmo” y “amor hacia algo que no es Dios, es decir: uno mismo”.[4]

En resumen, tanto en el primer acto pecaminoso cometido por Adán y Eva, como también en cada pecado que cometemos, existe una “deificación del yo, glorificación del yo y una adoración del yo”. ¿No es esto acaso una expresión de lo horrible que es el orgullo? De hecho, las descripciones de pecado y orgullo presentan una estrecha similitud. Para Bavinck, el pecado consiste:

En poner a otro en el trono. Ese otro no es una criatura en general, ni siquiera el prójimo, sino al “yo mismo” de la humanidad. El principio fundamental/organizador del pecado es la autoglorificación/adoración, la autodivinización. De manera más general: egoísmo o amor por sí mismo (deseo/apetito, búsqueda, enfermedad, epidemia). El alejarse de Dios es un volverse a uno mismo… El pecado entonces no es meramente una alteración del orden existente —un desorden— sino también un establecimiento de otro orden, es decir, una confusión/desorden. [El pecado] no es solamente contra [orden], también es anti [orden]. En una palabra: revolución.[5]

De acuerdo con lo anterior, podemos ver que la relación entre la autoadoración, el desorden y la revolución constituyen aspectos esenciales del pecado. De la misma manera, para Bavinck, “el orgullo, que es la expresión desnuda del principio del egocentrismo, se exalta en conocimiento, virtud, convirtiéndose incluso en orgullo espiritual”.[6]

Creo que una de las cosas que más puede perturbar el desarrollo de la teología reformada en las iglesias es el orgullo espiritual. Aprender, predicar y enseñar acerca de la soberana gracia de Dios con un corazón orgulloso, solo demuestra que somos nosotros quienes queremos ser los soberanos al levantarnos contra la gracia de Dios. Como resultado, este pecado nos llevará a odiar a Dios y a nuestro prójimo. De la misma manera, el orgullo espiritual nos llevará tanto a la “terquedad”, como alguien que “siempre alaba y presiona su propia opinión”, como también a la “insolencia” e “ingratitud”, donde no hay un reconocimiento de nuestra necesidad.[7]

Pienso que esto último nos debe llevar a reflexionar seriamente sobre la intención y la manera en que estamos aprendiendo, aplicando y enseñando las preciosas doctrinas de la gracia. No podemos seguir creciendo para la gloria de Dios si nuestros corazones no reconocen la profunda necesidad de mortificar aquello que destruye la relación entre la teología y la práctica: el orgullo. Es una terrible contradicción enseñar una teología que nos debería llevar a la humildad, pero que en realidad la estamos ocupando para elevarnos por sobre los demás, incluyendo a Dios. ¿No será acaso el orgullo espiritual lo que está llevando a que el mal uso de las doctrinas reformadas esté promoviendo la división entre aquellos que deberíamos estar más unidos en la verdad? Fue esto lo que llevó a Bavinck a reflexionar de la siguiente manera:

Siempre lleva a la melancolía el pensar cuánto nos falta todavía en la práctica en nuestra confesión cristiana… Aquellos que confiesan a Jesús el Cristo, en particular a los miembros de nuestra Iglesia [Reformada], una lección debe ser retenida: no sean soberbios, sino teman; sean revestidos de humildad.[8]

Estimados hermanos, el llamado es claro: no seamos soberbios. La soberbia espiritual es tan terrible porque refleja lo que ocurrió en la caída. De acuerdo con Bavinck, “posiblemente el orgullo fue el primer pecado y por lo tanto el comienzo y el principio básico de la caída de Adán y Eva”.[9] Estudiantes de teología: que el orgullo nunca sea el comienzo ni el fundamento de nuestro aprendizaje, de lo contrario, toda nuestra soberbia espiritual será el comienzo y fundamento de nuestra ruina espiritual.

El remedio al orgullo: fe en Cristo e imitación de Cristo
¿Cómo podemos entonces mortificar ese horrible pecado que se incuba en lo más profundo de nuestro ser? La respuesta: a través de la fe en Cristo. Esta fe “no solamente nos justifica, sino que también nos santifica y salva”. De hecho, Bavinck destaca que es la “verdadera fe, la fe no fingida, la que rompe en nosotros toda autoconfianza, arranca nuestro orgullo de su pedestal y marca un final a toda nuestra justicia”.[10]

¿Por qué la fe verdadera es la que rompe con nuestro orgullo? Porque es justamente a través de la fe donde nuestra confianza deja de estar puesta en nosotros, para estar firmemente cimentada en el autor y consumador de la fe: Jesucristo.

Finalizaré este artículo destacando un aspecto que tal vez no es muy estudiado: la imitación de Cristo.

Debido a que Cristo pagó por todos nuestros pecados en la cruz (¡incluyendo el orgullo!), es nuestro deber mortificar este pecado a través del uso de los medios de gracia. Por ejemplo, a través del correcto estudio y predicación de la Palabra, la correcta administración de los sacramentos y la oración. Esto puede ser entendido de manera más profunda al comprender “la forma de la vida espiritual”, es decir, a través de “la imitación de Cristo”.

De acuerdo con Bavinck, “Cristo no es solamente nuestro Profeta, Sacerdote y Rey, sino también nuestro ejemplo e ideal. Su vida es la forma —el modelo— en la cual nuestra vida espiritual crece y que debe asumir”.[11]

Entendiendo que esta imitación no se refiere a una forma de repetición de Cristo de la manera en que los monjes creyeron (pobreza, castidad y obediencia), ni tampoco cómo la entendieron varios místicos,[12] Bavinck procede a hablar desde una perspectiva bíblica y reformada acerca de Imitatio Christi [la imitación de Cristo].

De esta manera, la imitación de Cristo consiste en lo siguiente:

En el reconocimiento de Cristo como el Redentor y Mediador. Por lo tanto, la imitación es posible a través de la fe al estar unidos espiritualmente a Cristo.
Internamente, al tener comunión con Cristo, y que Cristo sea formado en nosotros.
En que nuestras vidas sean formadas o moldeadas de acuerdo a Cristo.[13]
En otras palabras, a través de la aplicación de los beneficios obtenidos solamente por la obra y persona de Cristo, todos nuestros pecados han sido perdonados para así tener una comunión viva con el Dios verdadero. Como fruto de esto, mortificaremos nuestro pecado al poner nuestra fe en Cristo e imitar a Aquel que es manso y humilde: Jesucristo, nuestro Salvador y Señor.

Quizás más de algún lector ya ha estudiado sobre el orgullo, la humildad y la imitación de Cristo. Sin embargo, es mi deseo que como cristianos, y en este caso como cristianos reformados, podamos crecer en humildad de manera real y no como algo meramente teórico. En palabras de Bavinck: “Después de todo, el propósito de la ética es que nosotros crezcamos en gracia, y que no nos quedemos en el nivel de la teoría”.[14]

[1] Lamentablemente, hasta el momento no hay ninguna publicación al español de alguna obra completa de Herman Bavinck. Estoy seguro que esta situación pronto cambiará.

[2] Ver contraportada en Reformed Dogmatics. Prolegomena. [Dogmática Reformada. Prolegómena] Vol. I. Editado por John Bolt y traducido por John Vriend (Grand Rapids: Baker Academic, 2003).

[3] Ibid., 58.

[4][4] Herman Bavinck, Gereformeerde Ethiek [Ética reformada], Editado por Dirk van Keulen (Utrecht. KokBoekencentrum, 2019), 81-82.

[5] Ibid., 97.

[6] Ibid., 101.

[7] Ibid., 113.

[8] Herman Bavinck, Kennis en Leven [El conocimiento y la vida] (Kampen: J.H. Kok, 1922), 78.

[9] Herman Bavinck, Magnalia Dei. Onderwijzing in de Christelijke Religie naar Gereformeerde Belijdenis. Tweede Druk [Magnalia Dei. Instrucción en la religión cristiana según la confesión reformada. Segunda impresión] (Kampen: J.H. Kok, 1931), 204.

[10] Ibid., 462.

[11] Bavinck, Gereformeerde Ethiek [Ética reformada], 216.

[12] Bavinck, Gereformeerde Ethiek [Ética reformada], 230-231.

[13] Ibid., 231-232.

[14] Ibid., 42.

Israel Guerrero Leiva
Israel Guerrero Leiva (chileno) posee un Máster en Teología (M.Th.) en el Seminario Teológico de Edimburgo y Universidad de Glasgow, Escocia. Actualmente está realizando un Ph.D. en Teología Sistemática en la Universidad de Edimburgo. Junto con su esposa Camila y sus dos hijas —Emma y Eilidh— son miembros de la Free Church of Scotland. Su pasión es contribuir a la formación teológica reformada de los futuros teólogos y plantadores de iglesias en el mundo hispanohablante. Es administrador de la página de Facebook “Bavinck y Kuyper en español”.

Conflicto con Satanás: lucha por tus hermanos

Jueves 3 Agosto
No tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad… orando en todo tiempo… en el Espíritu… por todos los santos.
Efesios 6:12, 18
Conflicto con Satanás: lucha por tus hermanos
La lectura de este versículo me hizo ver que esta lucha es mucho más seria de lo que solemos pensar. No se trata de un conflicto individual con Satanás solamente, sino que se trata del ataque de los poderes de las tinieblas a la Iglesia de Dios en la tierra: “Todos los santos”. El cristiano que permanece vigilante en este aspecto se ocupa de toda la Iglesia, pues esta es una sola; y si el enemigo logra abrir una brecha en algún lugar, no es solo allí donde saldrá victorioso.

Supongamos que me mantengo firme pero mi hermano cae, ¿acaso eso no me afecta? Sin embargo, esto debería ser el caso. Si mis afectos no se ven conmovidos, esto no hace más que demostrar que no comprendo el carácter del conflicto, y que no me importa mucho.

El diablo obra con sus artimañas, engañando a los creyentes con lo que es “popular”. Satanás utiliza alguna doctrina engañosa, o algún elemento religioso ajeno a Cristo, para tratar de desestabilizar a los creyentes de su firme posición por Cristo y por la verdad. ¡Cómo debe odiar la Epístola a los Efesios! Y uno de sus trucos es hacer creer a los cristianos que la verdad que esta presenta es demasiado elevada para ellos.

Cada uno debe vestirse de “toda la armadura” (v. 13), pero no debe pensar solo en sí mismo. Debe orar por todos los santos y por el anuncio del “misterio del evangelio” (v. 19) -y no solo por el anuncio del evangelio, sino por el anuncio del misterio que este involucra: Cristo y la Iglesia unidos en un solo cuerpo Cuerpo (Ef. 5:29-32).

J. T. Mawson
Alcemos pues la frente, hermanos: ¡A luchar!
Es Cristo suficiente, Él nos hará triunfar;
Del Padre es Hijo amado, de nos fiel Salvador,
A quien de allá esperado, sirvamos con amor
Hasta el eterno albor.
Louis Barbey
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Introducción al Amilenialismo | Rafael Alcántara

Introducción al Amilenialismo

Rafael Alcántara

Nota del editor:
La verdad más fundamental que los cristianos debemos proclamar acerca de los últimos tiempos es que Jesucristo volverá. Pero a través de la historia, la Iglesia ha comprendido de diversas formas diferentes aspectos de esta doctrina. En este escrito puede encontrar una breve Introducción al Amilenialismo. Para una postura escatológica diferente, puede leer la introducción al Premilenialismo.

El amilenialismo es una postura escatológica que, de manera general, enseña que el Milenio del que habla Apocalipsis 20:1-10 se refiere al tiempo presente de la iglesia, donde Cristo está reinando en un trono celestial, y que culminará con Su Segunda Venida. El orden y la naturaleza de los eventos, según el amilenialismo, es como sigue:

  1. Gobierno actual del Mesías en un reinado espiritual.

2-La Segunda Venida de Cristo.

3-Conjuntamente con Su venida habrá una resurrección general, y todos los cristianos recibiremos al Señor en el aire.

4-Los enemigos de Cristo serán vencidos, y será celebrado el juicio final.

5-Finalmente, el mundo actual será destruido por fuego, y los justos pasaremos a habitar en el cielo nuevo y la tierra nueva por toda la eternidad.

En otros temas relativos a la naturaleza de la tribulación, el anticristo, y una salvación de judíos en el contexto del Nuevo Pacto, hay una diversidad de opiniones dentro de la misma escuela amilenial.

Argumentos a favor del Amilenialismo
1- Cristo es el verdadero Israel de Dios, de lo cual el Israel étnico del Antiguo Pacto era un tipo o sombra. Como la Iglesia está unida a Cristo, la Iglesia también es considerada como el Israel de Dios. Esta iglesia es el único pueblo de Dios en el Nuevo Pacto, y está compuesto tan solo de creyentes en Cristo, tanto de entre los judíos, como de entre los gentiles (Ro. 2:26-29; Ro. 4:9-12; Ro. 11:17-24; Ga. 3:14-16, 22, 23-29; Ef 2:11-22).

2- La Segunda Venida de Cristo será un único evento, conjuntamente con el arrebatamiento de la iglesia. Es lo que se conoce en escatología como “postribulacionismo” (Mt. 24:3-44; 2 Tes. 2:1-3).

3- La Manifestación del Reino de Dios, prometido en el Antiguo Pacto, halla su cumplimiento definitivo en la persona de Cristo. Este tendría dos etapas fundamentales: Siembra, en su Primera Venida, y Cosecha, en su Segunda Venida (Mt. 13:24-30, 36-43; Mt. 13:47-50).

4- Los autores del Nuevo Testamento interpretaron muchas profecías del Antiguo Testamento acerca de los postreros días como cumplidas plenamente en Cristo y/o la Iglesia; ya sea en la Primera Venida, en la Segunda, o en ambas venidas presentadas como un solo evento (cp. Am. 9:11-12 con Hch. 15:14-18; Is. 65:17; 66:22 con Ap. 21:1).

5- La división de la historia de la humanidad en dos etapas, esta era presente y la era venidera, como es enseñada por Cristo y Pablo, es más consistente con el esquema amilenial (Mt. 12:32, Mr. 10:29-30, Lc. 20:34-36). ¿Cuándo termina esta era presente y cuando comienza la era venidera? En la Segunda Venida de Cristo (Mt. 13:24-30, 37-43; Tit. 2:11-13).

6- La división de la historia de la humanidad en tres etapas, enseñadas en 2 Pedro 3:3-13, es también más consistente con este esquema amilenial. Pedro dice que el mundo de ahora será destruido por fuego el día en que ocurra el Juicio de Dios (2 P. 3:7). ¿Cuándo ocurrirá el juicio de Dios? Cuando Jesucristo vuelva (2 P. 3:8-10). En ese momento no habrá oportunidad de salvación (v.9). Con la Segunda Venida será establecida la Tierra Nueva.

7- La enseñanza de Cristo respecto al juicio final en Mateo 25:31-46 excluye cualquier reino terrenal intermedio entre la segunda venida y el estado eterno.

El debate en torno a Apocalipsis 20:1-10
El libro de Apocalipsis puede ser explicado como un conjunto de visiones que, aunque suceden una detrás de la otra, representan un paralelismo progresivo que atraviesa toda la nueva dispensación desde la primera venida de Cristo hasta su retorno en gloria. (Ver por ejemplo Ap. 11:15-19 con Ap. 12:1-5).

Hay algunos detalles del mismo pasaje de Apocalipsis 20:1-10 que nos pueden ayudar a defender el postulado de que el mismo se refiere a esta era evangélica:

Los mil años. Este mismo pasaje, al igual que en el resto del libro de Apocalipsis, está lleno de símbolos. (Ej.: la llave del abismo, la gran cadena, el dragón, la serpiente). Y en la Biblia el termino “mil”, muchas veces es usado de forma simbólica. (Ver. Dt 1:11; 7:9; Jos. 9:3; 1 Cr. 16:15; Job 9:3; Sal. 50:10; Cnt. 4:4; Is. 60:22). De modo que los mil años de Apocalipsis 20 pueden estar indicando un período largo pero definido de tiempo.

La atadura de Satanás. Como parte de la simbología del pasaje, la pregunta que debemos de hacernos es, ¿en qué sentido Satanás ha sido atado en esta era evangélica? Antonio Hoekema responde al respecto: “…la atadura de Satanás durante la era presente del evangelio significa que, en primer lugar, él no puede evitar la propagación del evangelio y, segundo, que Satanás tampoco puede juntar a los enemigos de Cristo para atacar a la iglesia”*. Este no es el único pasaje del Nuevo Testamento donde se menciona esta restricción del poder de Satanás (cp. Mt 12:28-29 y Heb. 2:14-15).

Los tronos y las almas: La palabra “tronos” en Apocalipsis siempre se usa para referirse a tronos en los cielos o en la nueva Jerusalén que baja del cielo, salvo cuando habla del trono de la bestia. Y tenemos también la palabra “almas”, que es usada en Apocalipsis 6:9-11 para referirse a los creyentes que han muerto (sobre todo los mártires) y que esperan el día de la resurrección. No debe resultar extraño, entonces, si en este pasaje le damos el mismo uso a estos términos. De modo que aquí parece ser que se nos habla de un reino milenial simbólico de los que han muerto en Cristo, principalmente los mártires, durante la actual Era Evangélica.

Estas almas volvieron a la vida, en el sentido de que al partir de un mundo que les fue antagónico que hasta les dio muerte, pasaron a una vida mejor, ya que en ese momento comenzaron a reinar con Cristo, a diferencia de los que mueren sin Cristo. La primera resurrección de la que habla Apocalipsis 20:5 es entonces el estado de vida superior que pasan a gozar todos los creyentes en alma, al momento de morir.

Estos no sufrirán la muerte segunda. A diferencia de la primera muerte, en la que todos participan, sean creyentes o incrédulos, la muerte segunda es la condenación que han de recibir los incrédulos por la eternidad.

La confrontación final. En Apocalipsis 20:7-10 vemos que esta era presente concluirá con el desatamiento de Satanás, es decir, con un esfuerzo final de su parte de destruir al pueblo de Dios. Pero sus propósitos serán frustrados con la intervención divina, destruyendo a sus enemigos con llama de fuego. ¿Cuándo ocurrirá esta intervención divina con fuego para destruir a los enemigos del pueblo de Dios? Cuando Cristo vuelva, según 2 Tesalonicenses 1:7-8 y 2 Tesalonicenses 2:8.

Palabras finales
El esquema escatológico amilenialista nos ayudará a enfocarnos mejor en el tema fundamental de las profecías. Este tema no es la nación de Israel, ni el reino milenial: es la persona de Jesucristo (Ap. 19:9-10). Jesús es el esposo de la Iglesia, pero en el momento de su retorno se consumará esa unión. No habrá nada que opaque ese gloriosa boda que celebraremos cuando Él venga a estar para siempre con su pueblo.

Definitivamente hay hombres de Dios, a quienes respeto y amo en el Señor, y de quienes tengo mucho que aprender, que explicarían estas cosas de una forma diferente a como yo lo he hecho. Pero estoy seguro de que ellos podrán unirse conmigo y expresar la siguiente verdad: “Que no importa cuánto avance la maldad en este mundo, ni la hostilidad en contra de la iglesia, al final el Cordero vencerá, y nosotros venceremos con Él”.

Apocalipsis 17:14: “Estos pelearan contra el Cordero, y el Cordero los vencerá, porque El es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con El son llamados, escogidos y fieles.”

*¿Qué es el Milenio? Cuatro enfoques para una Respuesta, Pág.154, Casa Bautista de Publicaciones, 1991.


Rafael Alcántara es uno de los pastores de Iglesia Bíblica del Señor Jesucristo, en República Dominicana, donde colabora con la enseñanza y la consejería, así como en la capacitación de líderes y la predicacion en diversas iglesias locales. Tiene una maestria en Estudios Teológicos. Ha sido profesor de Historia de la Iglesia y actualmente enseñanza Teología Sistemática en el Seminario Bautista Dominicano. Está casado con Gleny Troncoso y tiene dos hijas. Puedes encontrarlo en Twitter.

La noche actual y el día futuro

Miércoles 2 Agosto
La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz.
Romanos 13:12
La noche actual y el día futuro
La noche simboliza el periodo actual en el que el Señor está ausente. Sin embargo, como el “Sol de justicia” (Mal. 4:2a), él dará paso a un nuevo día para esta tierra, un día que durará 1. 000 años (Ap. 20:6). Este es el día en que “el Señor será rey sobre toda la tierra” (Zac. 14:9 NBLA). Vendrá con “salud en sus alas” (Mal. 4:2b NBLA) para la nación de Israel, como dijo el profeta Oseas: “Yo sanaré su rebelión, los amaré de pura gracia; porque mi ira se apartó de ellos” (Os. 14:4). Será un tiempo de paz, prosperidad y bendición sin precedentes, no solo para Israel, sino también para multitudes de entre las naciones. Esta notable perspectiva le fue dada a Juan cuando escribió: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos” (Ap. 7:9).

Pero la estrella de la mañana aparece antes que el sol. Cristo es el Sol de justicia para Israel, pero es la Estrella resplandeciente de la mañana para la Iglesia. Él dice: “Yo soy… la estrella resplandeciente de la mañana. Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven” (Ap. 22:16-17). Si la noche está muy avanzada, “y se acerca el día”, ¿puede ser posible que su venida para buscar a su Esposa esté muy lejana?

Ya es hora de despertar de nuestro sueño espiritual, en el cual nuestras lámparas tienden a atenuarse y la promesa de su venida genera poco efecto en nuestras vidas. Preparemos nuestras lámparas rechazando las “obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz”. Las armas de la luz es Cristo brillando en ti y a través de ti, en mí y a través de mí -como Moisés en el monte, o como Esteban ante el sanedrín. ¡No formemos parte de los que contribuyen a la oscuridad actual!

Richard A. Barnett
© Believer’s Bookshelf Canada Inc.

¿Debería un cristiano tener armas?

¿Debería un cristiano tener armas?

Debido al creciente nivel de violencia que existe en nuestro mundo y la exaltación de paz en las escrituras, hay mucho debate entre los cristianos sobre si es correcto que un cristiano tenga armas. Sin embargo, un estudio minucioso en la biblia, nos permite recibir información acerca de prácticas históricas que sustentan este tema hoy en día.

Tenemos el ejemplo de los apóstoles, que poseían armas. La noche en que Jesús fue traicionado, Él les pidió a Sus seguidores que llevaran espadas. Ellos tenían dos y Jesús afirmó que eran suficientes (Lucas 22:37-39). Cuando Jesús estaba siendo arrestado, Pedro cortó la oreja de uno de los siervos del sumo sacerdote (Juan 18:10). Jesús sanó al hombre instantáneamente (Lucas 22:51) y le dijo a Pedro que guardara su espada (Juan 18:11). No se condenó a Pedro por tener una espada, lo que se condenó fue el uso particular que había hecho de ella.

En otra ocasión, los soldados vinieron a Juan el Bautista para ser bautizados. Cuando le preguntaron qué tenían que hacer para vivir para Dios, Juan les dijo, «No hagáis extorsión a nadie, ni calumniéis; y contentaos con vuestro salario» (Lucas 3:14). Juan no les dijo que dejaran sus armas.

Y luego está David, quien alababa a Dios: «Quien adiestra mis manos para la batalla, Y mis dedos para la guerra» (Salmo 144:1). El antiguo testamento contiene muchos otros ejemplos de hombres piadosos que poseían y utilizaban armas, normalmente en el contexto de la guerra.

La biblia no prohíbe que un cristiano posea un arma, pero sí ofrece algunos principios a tener en cuenta. Primero, los cristianos están llamados a ser pacificadores (Mateo 5:9). Un cristiano que piense en comprar un arma, debería considerarlo en oración, si es que eso le ayudaría a mantener la paz.

Segundo, un cristiano sólo debería tener un arma con el propósito de honrar a Dios (1 Corintios 10:23). Usar un arma para cazar, para el deber militar o policial, o para la legítima defensa personal, puede honrar a Dios. Aun así, una persona debe reflexionar sobre sus motivos para poseer un arma en particular.

En tercer lugar, un cristiano debe acatar las leyes locales y esto incluye las regulaciones sobre las armas. Romanos 13 es claro en cuanto a que hay que obedecer las autoridades gobernantes ya que son impuestas por Dios. Además, debemos orar por los gobernantes que supervisan nuestras comunidades y nación (1 Timoteo 2:1-2).

Finalmente, no hay nada pecaminoso en poseer un arma de fuego u otras armas. Un arma puede ser útil e incluso necesaria en algunos contextos; por otra parte, los cristianos deberían considerar cuidadosamente el motivo y el propósito de poseer un arma, y ajustarse a las regulaciones locales.

Permisos de publicación autorizados por el Ministerio Got Questions para Alimentemos El Alma

Tomado de GotQuestions.org. Todos los Derechos Reservados

Disponible sobre el Internet en: https://www.gotquestions.org/Espanol/

El planeta azul (1): Contrastes

Martes 1 Agosto

Él (Dios) hizo la Osa, el Orión y las Pléyades, y los lugares secretos del sur; él hace cosas grandes e incomprensibles, y maravillosas, sin número.

Job 9:9-10

Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó.

Génesis 1:27

El planeta azul (1): Contrastes

¿Ha visto las fotos de la Tierra tomadas con ayuda del telescopio Hubble girando alrededor de ella? Son sorprendentes, hermosas y apacibles. El color dominante es el azul, y esto básicamente debido a la inmensidad de los océanos. Por eso la Tierra ha sido poéticamente llamada «el planeta azul».

Pero, ¿qué vemos cada día en este hermoso planeta? Violencia, guerras, actos terroristas, inmoralidad, injusticias, corrupción, muerte, enfermedades, degradación del medio ambiente… ¿Cuál es la causa fundamental de esta situación? La Biblia da la respuesta (leer Génesis 2 y 3).

Al principio el hombre y la mujer, creados por Dios a su imagen y semejanza, se encontraban en un entorno perfecto y tenían una relación de total confianza con Dios. Pero el panorama se oscureció rápidamente… Tentados por Satanás, fueron llevados a desobedecer a su Creador (Génesis 3:1-6); así se rompió su relación con Dios. La violencia estalló y el primer asesinato se produjo (Génesis 4:8). Desde entonces, la humanidad perdió su relación con Dios (Romanos 3:11-12), trayendo todas las consecuencias mencionadas anteriormente. Y hay algo muy solemne para cada ser humano: después de la muerte, esta separación de Dios será definitiva y eterna.

¿Entonces ya no hay esperanza? Sí, porque Dios ama a su criatura y quiere establecer una relación filial con cada uno de nosotros.

(mañana continuará)

1 Crónicas 13-14 – Lucas 12:41-59 – Salmo 89:38-45 – Proverbios 20:18-19

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
ediciones-biblicas.ch – labuena@semilla.ch

Viviendo como una iglesia – Clase 3: La diversidad

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 2: La diversidad

Introducción
Es posible que muchos de nosotros conozcamos a un miembro de nuestra iglesia llamado Bill Anderson. Bill comenzó a visitar nuestra iglesia cuando tenía 60 años de edad, y no era cristiano. En ese tiempo, era profesor de la cátedra de psicología de masas en Harvard, y dictaba una clase titulada: «La locura de las multitudes», en la cual se examinaban cosas tales como la casería de brujas de New England, leyendas urbanas y pánicos financieros. Sin embargo, una carrera estudiando multitudes no lo preparó para la iglesia local. En sus palabras, estaba «impresionado con la autenticidad de la diversidad de la comunión cristiana». Decía que las relaciones aquí parecían «muy poco comúnes», según él, estos cristianos interactuaban no como coaliciones de personas subdividas con intereses similares, sino como una sola unidad. Esto dio origen al proceso que eventualmente conduciría a Bill a una nueva vida en Cristo.

¿De dónde surge este testimonio corporativo? Finalmente, proviene de la gracia salvadora de Dios para con nosotros en Jesús. Cuando te conviertes en cristiano, experimentas un cambio de identidad total. Ahora eres una nueva creación (cf. 2. Corintios 5:17); formas parte de la familia de Dios (cf. Gálatas 4:5); estás unido con Cristo (cf. Romanos 6:1-8). Ser cristiano es más trascendental para tu identidad que tu familia, que tu etnicidad, que tu empleo, que tu nacionalidad, que tu sexualidad, que tu personalidad, o que cualquier otra forma en la que este mundo defina la identidad. Por tanto, la unidad que compartes con todos los cristianos es más profunda y permanente que cualquier otro vínculo concebible. Eso significa que donde sea que el evangelio exista, también debería existir la diversidad. La diversidad es una consecuencia natural del evangelio.

Así que es probable que la diversidad sea más importante, y a la vez menos importante, de lo que podrías haber creído. Es más importe porque, como descubrió Bill, cuando personas sin vínculos o conexiones seculares se aman sacrificialmente unos a otros en la iglesia, esto brinda un testimonio magnífico de la verdad del evangelio a un mundo que nos observa. La diversidad es esencial para nuestro testimonio. Es el resultado del amor fraternal.

Al mismo tiempo, la diversidad podría ser menos importante de lo que habías pensado, porque no es el fin en sí. Una iglesia puede ser diversa, pero no saludable, carecer de unión, de amor o del evangelio. La clase de diversidad que atrajo a Bill fue convincente precisamente porque destacaba la unidad del evangelio.

Entonces, si la diversidad es parte importante de nuestro testimonio, pero simplemente ser diversa como un fin en sí no es el propósito de la iglesia, ¿cómo deberíamos como congregación pensar en la diversidad entre nosotros? Comenzaremos esta clase examinando el propósito de la diversidad en Efesios 3, luego veremos detalladamente qué es la diversidad, cuál es su origen y, por último, tres maneras de cultivar nuestra unidad en la diversidad.

El propósito de la diversidad
Primero, ¿cuál es el propósito bíblico de la diversidad en la iglesia local? Para responder esa pregunta vayamos al libro de Efesios, realmente la base de todo este seminario. Ve conmigo a Efesios 3:8-10, donde vemos la declaración de propósito de Pablo para la iglesia local:

«A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales».

¿Cuál es el propósito eterno de Dios? Que la iglesia refleje su sabiduría a toda la creación. ¿Cómo? Pablo aquí dice que esto tiene que ver con un misterio que Dios ha revelado. ¿Cuál es este misterio? Ya nos lo ha dicho en el capítulo 3, versículo 6: «que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio».

¡Lo que Dios ha hecho es increíble! Él prometió en Isaías 49:6: «Poco es para mí que tú seas siervo para levantar las tribus de Jacob, y para que restaures el remanente de Israel; también te di por luz de las naciones, para que seas mi salvación hasta lo postrero de la tierra». Ahora, en Cristo, usando el ministerio del evangelio de Pablo, Dios lo ha hecho. Ahora, en Cristo, los descendientes de Abraham no son solo los que comparten su sangre, sino los que comparten su fe.

¿Y por qué incluso «los principados y potestades en los lugares celestiales» ven la unidad entre judíos y gentiles en la iglesia? Por la gran separación que existía entre ellos antes de Cristo, una separación que Pablo llama en el capítulo 2, versículo 14: «la pared intermedia de separación». Estos dos grupos tenían etnicidades, culturas y creencias teológicas distintas, y esta separación era abiertamente adversa.

«Pero», un lector del primer siglo podría objetar: «¡Esa clase de unidad es imposible! ¡Se necesitaría un milagro!». Y ese es precisamente el punto. Observa la doxología de Pablo en Efesios 3:20-21:

«Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros, a él sea la gloria en la iglesia en Cristo Jesús por todas las edades, por los siglos de los siglos. Amén».

Pablo está consciente de que al describir el amor entre judíos y gentiles en la iglesia de Éfeso, a pesar de siglos de enemistad, está hablando acerca de una unidad que va mucho más allá de lo que nuestra capacidad humana puede lograr. Si es el poder de Dios el que «actúa en nosotros», Dios recibe la gloria cuando su sabiduría se manifiesta por medio de la iglesia.

En otras palabras, la diversidad no es el objetivo principal, la unidad EN la diversidad lo es. ¡Esta unidad es lo que demuestra el poder de la cruz! En el primer siglo, y únicamente en la historia de la salvación, eso significaba que judíos y gentiles adoraban juntos. El principio trascendental de Efesios 3 se mantiene: Dios se lleva la gloria cuando personas previamente separadas se unen en Cristo y se aman a pesar de todas sus diferencias[1].

Así que si el propósito de la diversidad es reflejar el poder del evangelio, deberíamos estudiar con más detenimiento lo que queremos significar por diversidad. ¿Qué clase de diversidad demuestra el poder de la cruz? Eso nos lleva a nuestro siguiente punto.

El carácter de la diversidad
Cuando Pablo habla acerca de los judíos y de los gentiles, está enfatizando el hecho de que de no ser por el poder del evangelio, estos dos grupos habrían permanecido separados. Así, la diversidad de la que estamos hablando incluye muchas áreas diferentes en las que el mundo mantiene las barreras, pero en las que la iglesia debe caracterizarse por la unidad y el compañerismo. Identifiquemos seis de ellas en particular:

A. Barreras de etnicidad: Esto es lo primero que podría venir a la mente de muchos de nosotros al decir la palabra «diversidad»: la diversidad étnica. Y como quienes vivimos en una ciudad donde el racismo no es solo un recuerdo inquietante, sino una realidad actual, debemos preocuparnos por el amor en las iglesias cristianas que traspasan límites étnicos. La Escritura celebra la diversidad étnica; ciertamente, eso es al menos parte de lo que Pablo habla en Efesios 3 con los judíos y gentiles. El evangelio es real sin importar el color de tu piel, y el evangelio no borra el color de tu piel. Judíos y gentiles, blancos y negros, latinos y asiáticos unidos en Cristo están «en Cristo», pero luego, claro está, todos tenemos una etnicidad. Aquí es donde el mundo puede ir en dos direcciones equivocadas. En primer lugar, encontramos el racismo del mundo que niega la imagen de Dios en otros; por otro lado, está el ídolo del pluralismo que deifica a una sociedad «diversa y tolerante», pero sin Cristo en su núcleo, una diversidad sin más finalidad. Como iglesia valoramos la diversidad étnica porque testifica que Cristo es nuestro todo y el centro de nuestra identidad. Pero eso no es todo.

B. Barreras de edad: ¿En qué parte del mundo puedes ver a jóvenes almorzando con mujeres de 80 años con las que no están relacionados? No es algo común. Sin embargo, eso es lo que vi en mi primer mes en la iglesia en el año 2009. Vivo al otro lado de la calle en una casa de hombres solteros apodada el Toro Alce, y uno de nuestros compañeros invitó a todas las señoras de la iglesia para un almuerzo del día de San Valentín. Reclutó a un montón de jóvenes veinteañeros para que cocinaran Quiche y prepararan ensaladas. Los universitarios se arreglaron, y sirvieron el té a sus hermanas en Cristo, luego todos compartimos testimonios acerca de la bondad de Dios y cantamos «Sublime gracia». Es uno de los tiempos más memorables de comunión que puedo recordar, precisamente debido a que nuestras diferencias resaltaban nuestra unidad en Cristo.

C. Barreras económicas: Nuestro mundo está acostumbrado a que los ricos hagan cosas nobles por los pobres. Pero cuando esas personas ricas vuelven a casa en sus vecindarios, se reúnen con otras personas ricas, o al menos con aquellos con una genealogía educativa similar. Esto no debería ocurrir en la iglesia. Esa es la razón por la que Santiago ataca a la iglesia en Santiago 2 por mostrar parcialidad hacia los ricos. A Dios le disgusta el favoritismo. Algunos en la iglesia pueden tener dispositivos agradables o comer en restaurantes elegantes. Aquellos que no pueden costearse esos lujos necesitan proteger sus corazones de la envidia. Pero los que pueden hacerlo no deberían asumir que todos los demás están en la misma posición financiera que ellos.

D. Barreras políticas: La iglesia local debe hablar claramente acerca de temas morales. Pero rara vez esa autoridad moral se traslada limpiamente en aspectos específicos de política pública. Como resultado, la iglesia debería ser un lugar donde los cristianos con ideas divergentes pueden encontrar puntos en común en la realidad más suprema del reino de Dios. Para nosotros, estando en Capitol Hill, esto es especialmente crucial. Si trabajas en la política, puedes debatir sobre ello con otras personas en tu horario de trabajo, pero como iglesia estamos unidos en sumisión al rey Jesús.

E. Barreras de personalidad: 1 Corintios 12 dice que todos tenemos dones y que todos somos necesarios en el cuerpo. Si alguien es socialmente cohibido, ¿crees que encontraría en nuestra iglesia un lugar seguro? ¿O se sentiría igual de renegado que en el mundo? Las personas extrovertidas podrían hacer amigos en la iglesia con más facilidad, pero eso no hace que sean más esenciales para la iglesia que los introvertidos que escuchan, aman profundamente y sirven de todo corazón.

F. Barreras de trasfondo cultural: Especialmente para quienes crecieron en la iglesia, el trasfondo cultural conlleva expectativas de lo que debería ser una iglesia. Por tanto, se necesita cierto nivel de sacrificio para tener una iglesia conformada por cristianos con antecedentes suburbanos, rurales y urbanos; con tradiciones litúrgicas, pentecostales y afroamericanas, y muchos países de origen diferentes. Y eso está bien. Tenemos que ser honestos y admitir que toda iglesia tiene cierto tipo de cultura: nosotros usamos el idioma inglés, contamos con acompañamiento musical simple, nuestras canciones provienen de la tradición europeo-americana. Pero se necesita el sacrificio de todos, de la minoría cultural y de la mayoría. Para aquellos que forman parte de la mayoría, el sacrificio podría comenzar preguntando a personas de diferentes orígenes qué les podría resultar incómodo en la iglesia y cómo pueden servirles.

Es probable que este sea un buen tiempo para hacer una pausa y alabar al Señor por la diversidad que ya ha trabajado entre nosotros en todas estas categorías. ¿Tenemos espacio para crecer? Sí. Pero puedo pensar en decenas de ejemplos de personas en nuestra congregación que desinteresada y alegremente cruzan los límites para acercarse a otros por su bien espiritual. Esa es la clase de amor que confunde al mundo que nos rodea de la mejor manera. Tampoco es fácil. Permíteme alentarnos a no cansarnos de hacer el bien. Ánimo, 1 Juan 3:14 nos recuerda: «Nosotros sabemos que hemos pasado de muerte a vida, en que amamos a los hermanos».

El fundamento de la diversidad
Ahora bien, podrías estar preguntándote, todo esto suena genial, ¿pero cómo podemos crecer en la diversidad en todas estas áreas? Puede que al principio mi respuesta suene ingenua, e incluso ofensivamente ingenua. ¿Qué debemos hacer para ver coexistir a la unidad y a la diversidad en nuestras iglesias? En el sentido más importante, no hacemos nada.

Considera la evidencia de Efesios 2-3 que vimos hace unos momentos. Pablo dice en Efesios 2:14-16:

«Porque él es nuestra paz, que de ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación, aboliendo en su carne las enemistades, la ley de los mandamientos expresados en ordenanzas, para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades».

¿Quién hizo esto? ¿Quién creó un nuevo hombre e hizo la paz? ¡Cristo! En estos capítulos, Pablo simplemente describe lo que pasó en nuestra salvación. No hay nada que hagamos para crear esta unidad, el único verbo imperativo en la sección es simplemente recordar lo que Dios ha hecho (2:11, 12). ¿Pero el hecho de que Dios establece nuestra unidad significa que deberíamos sentarnos sin hacer nada y esperar que personas con toda clase de personalidades y trasfondos diferentes se amen unos a otros automáticamente? Para nada. De hecho, podemos resistirnos a la unidad de manera egoísta y pecaminosa. Somos seres humanos caídos, enfrentamos constantemente la tentación de vivir en oposición a la unidad que Dios ha establecido. Y seríamos ingenuos en pasar por alto el hecho de que las realidades históricas nos influyen también en esta área. Las suposiciones acerca de las etnicidades, las clases sociales y las culturas a menudo se heredan y necesitan ser corregidas por la verdad de la Escritura. No abordamos el tema de la unidad desde un punto de partida neutral, sino como personas caídas y complejas. Así que comenzamos admitiendo que nuestra unidad del evangelio solo proviene de Cristo. Sin embargo, en lugar de resistir esa unidad, somos llamados a abrazarla e incluso cultivarla. Como un granjero que riega y fertiliza una planta, podemos reconocer que no somos quienes le damos vida a la planta de nuestra unidad, pero lo que hacemos importa muchísimo para que esa planta crezca y se conserva sana.

Momentos luego de que Pablo establece que solo Dios une a judíos y a gentiles en la iglesia en Éfeso, dice en Efesios 4:3: «Solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz». Al igual que muchas de las cartas de Pablo, la primera mitad de Efesios dice: «Esto es quienes son en Cristo», no solo son pecadores que pasaron de muerte a vida, sino extraños que han sido hechos un solo pueblo. La segunda parte del libro dice: «Por tanto, vivan como quienes están en Cristo». El evangelio los ha unido, ahora esfuércense por mantener la unidad constituida a través del vínculo de la paz que Cristo obtuvo.

¿Cómo cultivamos nuestra unidad en la diversidad?
¿Cómo hacemos eso? Hay mucho que podría decirse. Primero deberíamos reconocer que la diversidad «total» o «suprema» no se encuentra en cualquier iglesia de la tierra, particularmente porque todos todavía hablamos idiomas diferentes. En el cielo eso ya no importará, pero hasta ese día, a Dios no le aflige el hecho de que su pueblo hable diferentes lenguas, y esto necesariamente significa que nuestras iglesias serán específicas en su idioma y, por tanto, hasta cierto punto serán específicas en cuanto a su cultura, dado que el idioma es uno de los elementos de la misma. Toda iglesia forma parte de una localidad, por lo que la diversidad de la misma está limitada naturalmente por su ubicación e idioma. Eso está bien.

Pero una vez que reconocemos eso, ¿cómo podemos cultivar la unidad en la diversidad en nuestro respectivo contexto? Por supuesto, comenzamos orando. Esa es la razón por la que oramos por nuestra unidad en la diversidad casi todos los domingos por la noche. Enfoquémonos en tres sugerencias.

A. Reconoce la invisibilidad de tu cultura

Me pregunto si alguna vez alguien te ha dicho que tenías un «acento» al hablar. Al principio, mi reacción a eso era: «No tengo acento. Las otras personas suenan raro». Puede funcionar de la misma manera en nuestra cultura. Ahora, quienes forman parte de una cultura minoritaria en la iglesia, por lo general, no tienen ningún problema con esto. Sin embargo, es posible que los que forman parte de la mayoría necesiten abrir sus ojos al hecho de que no todos comparten sus experiencias o puntos de vista. Por ejemplo, una de las primeras veces que tuve la oportunidad de dirigir la oración de confesión un domingo por la mañana, la mayoría de los pecados que confesé eran pecados con los que personas jóvenes, especialmente hombres jóvenes, tienden a luchar. ¡Y el pastor me desafío después de eso! Estaba actuando desde mi propia experiencia, suponiendo que básicamente todos eran igual que yo. En cambio, debía haber meditado más ampliamente y orado por cosas con las que mis hermanos y hermanas de 75 años de edad también luchaban.

En Hechos 6, cuando surgió el conflicto entre dos grupos diferentes en la iglesia, fue porque las viudas griegas estaban siendo «ignoradas» en la distribución diaria de la comida. El hecho de que la queja era contra los judíos de habla aramea, y que los apóstoles consideraron seriamente el problema, sugiere que pudo haber existido un problema con la cultura mayoritaria en no identificar las necesidades de los demás.

Cuando Pablo en Romanos 12:10-11 nos dice: «Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros», esto seguramente debe implicar trabajar para hacer que las suposiciones de mi cultura sean un poco más obvias para a fin de poder cuidar bien de otros. Una de las mejores maneras de hacer esto en nuestras relaciones es simplemente haciendo preguntas consideradas y abiertas para aprender acerca de la experiencia de otros de la vida cristiana y cómo podrían diferir de la nuestra. No estoy hablando de interrogar a alguien y hacerlo sentir incómodo o cohibido por ser diferente. Hablo de tomarnos el tiempo con toda sensibilidad y humildad para conocer a alguien para poder aprender acerca de su vida y trasfondo, de sus alegrías y de sus luchas.

Eso nos lleva a la segunda sugerencia:

B. Acepta a los que son diferentes a ti

Ve conmigo a 1 Corintios 12:13-14: «Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos».

Imagina conmigo que la iglesia en Corinto escucha ese versículo, y luego decide que dado que Pablo está llamando a la iglesia a la unidad, establecerán grupos dentro de la congregación para que las personas estén cerca de aquellos con los que se sienten más cómodos. Así que habrá un grupo para judíos y un grupo para gentiles. Nosotros diríamos: «¡No! ¡Eso no es lo que Pablo tiene en mente!». Sin embargo, si solo buscamos comunión con quienes son iguales a nosotros, así es como esencialmente aplicamos estos versículos.

Ahora bien, podrías decir: «Matt, ¿eso significa que no deberíamos tener grupos pequeños de hombres y mujeres? ¿O un grupo de jóvenes, o un retiro de mujeres?». No necesariamente. Tener amistades en la iglesia con personas que comparten tu misma edad, género, etnicidad u ocupación puede ser algo maravilloso. A menudo Dios usa esas relaciones para hacer una obra importante en nuestros corazones porque somos capaces de hablar entre nosotros por nuestras experiencias en común. Las relaciones de similitud no son malas, pero pueden ser peligrosas, si caracterizan tanto a nuestra comunidad al punto de oscurecer la diversidad natural que el evangelio produce.

La imagen de un «plato de comida balanceado» usada por el Departamento de Agricultura puede ser útil aquí. (De pequeño era la pirámide alimenticia, pero aparentemente se actualizaron). No es sano comer solo hamburguesas y papas fritas, el plato tiene una sección para frutas y verduras, para granos y para proteínas. Podemos pensar en intentar cultivar un plato de relaciones balanceado en la iglesia. Hay relaciones en las que alguien especialmente se acerca a ti y te anima. Hay relaciones en las que tú debes acercarte y discipular a alguien. Hay relaciones recíprocas. Y luego, aquí está la clave, hay relaciones en las que SOLO eres amigo de alguien porque eres cristiano, no por ninguna razón natural. Todas son saludables e importantes. Algunas de estas categorías pueden superponerse. Pero si no hay nadie en esa última categoría, deberíamos preocuparnos.

Un buen lugar para empezar es hacernos algunas preguntas de diagnóstico. ¿Cuán a menudo compartes relaciones significativas con personas que no tienen tu misma edad? ¿Quiénes están en una línea de trabajo distinta al tuyo? ¿A qué persona de la iglesia con un trasfondo étnico diferente al tuyo conoces lo suficientemente bien como para orar por cosas específicas que estén sucediendo en su familia o empleo? Si no eres afroamericano, ¿le has preguntado a cualquiera de nuestros hermanos y hermanas afroamericanos lo que piensan sobre las protestas en relación con el abuso policial? ¿Qué es lo que piensan sobre el movimiento «Las vidas negras importan» como cristianos? Pregúntate: ¿hay algo que, como persona no negra, crees que deberías saber o entender mejor? Y podríamos multiplicar esta clase de preguntas para diferentes etnias y áreas.

¿Qué pasa si te das cuenta de que no conoces a muchas personas que sean diferentes a ti? ¿O simplemente deseas crecer en esta área? Eso nos lleva a nuestra última sugerencia:

C. Haz sacrificios por el bien de la unidad

Pablo dice en Romanos 12:1: «Hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional». ¿Cómo se da eso en la iglesia? Él continúa en el mismo capítulo, 12:9: «El amor sea sin fingimiento». 12:13: «Practicando la hospitalidad». 12:16: «Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándonos con los humildes».

Es muy posible disfrutar la idea de asistir a una iglesia diversa, pero nunca levantar un dedo para conocer a alguien que realmente sea distinto a ti. En ese sentido, Dios no nos llama a ser «consumidores» en la iglesia, sino productores. Si valoramos la diversidad, deberíamos poner eso en marcha haciendo sacrificios personales para verla crecer.

¿De qué tipo de sacrificios estoy hablando?

Podemos sacrificar nuestra comodidad para alcanzar y relacionarnos con alguien a quien no nos sentimos naturalmente atraídos. Marcos 9:35: «Si alguno quiere ser el primero, será el postrero de todos, y el servidor de todos».
Podemos sacrificar nuestras preferencias en toda clase de áreas: qué tipo de comida en el evento de comunión, cuáles canciones deseamos que la iglesia cante con más frecuencia. Romanos 12:10: «En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros».
Podemos sacrificar nuestros recursos y nuestro tiempo para servir a otros hermanos de la iglesia que se encuentran en necesidad, recibirlos en nuestros hogares, darles un aventón a la iglesia, cuidar de sus hijos. 1 Juan 3:18: «Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad».
Podemos sacrificar nuestros hábitos para tener tiempo de conocer a otras personas que podrían tener agendas diferentes a las nuestras o que vivan en una zona distinta a nuestra ciudad. Si eres alguien que siempre planea su agenda con dos meses de anticipación, puedes acceder a salir espontáneamente a almorzar luego de la iglesia con alguien con quien no compartas y viceversa.
De nuevo, el punto en hacer estos sacrificios no es la diversidad en sí. No es tachar el recuadro de la lista y decir: «De acuerdo, genial, ahora tengo algunos amigos que no lucen como yo». La muerte de Cristo ya ha comprado y producido nuestra unidad fundamental. No obstante, al cultivar nuestra unidad en la diversidad, damos testimonio de su incomparable sabiduría y gracia. ¡Qué privilegio es poder colaborar juntos para cultivar nuestra unidad como iglesia por el bien de edificarnos mutuamente y de dar a conocer su nombre!

Por ahora, permíteme dejarnos con la increíble visión de cómo toda nuestra diversidad, y de la iglesia universal a lo largo de los años, se verá ante el trono de Cristo. Apocalipsis 7:9-12:

«Después de esto mire, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero».

[1]Una ilustración útil para esto es la del matrimonio. El matrimonio celebra la unidad y la diversidad simultáneamente. El poder del matrimonio es que el esposo y la esposa son diferentes entre sí: Eva fue creada para ser una ayudante «adecuada» o «idónea» para Adán (Gn. 2:18). Ella era diferente, pero al final de Génesis 2, leemos que Adán y Eva deben «sujetarse» entre sí y ser «una sola carne» (2:24). Como entiende toda persona casada, las diferencias de cada cónyuge ayudan a fortalecer el matrimonio, pero esas diferencias solo crean debilidad si no hay unión, unicidad, unidad.

El propósito de Pirro

Lunes 31 Julio
¿Qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?
Mateo 16:26
El propósito de Pirro
Pirro, rey de Epiro (Antigua Grecia, 319-272 a. C.), fue uno de los más grandes generales de la historia. Había decidido convertirse en el amo y señor del mundo. Tras intentar expandir su reino hacia Macedonia, se dirigió hacia Italia y derrotó a los romanos en Heraclea, en el año 280, y en Ásculo, en el año 279. Después del sur de Italia esperaba conquistar Cartago y África. Su consejero Cineas le preguntó un día:

–¿Y qué haremos luego?

–Descansaremos, respondió el rey, beberemos todo el día y nos divertiremos.

–¿Por qué no lo hacemos ahora? Tenemos suficiente de todo; así nos ahorraremos mucho esfuerzo, sufrimientos y peligros.

La lógica de este argumento preocupó a Pirro; sin embargo, continuó sus guerras. Finalmente lo mataron inesperadamente durante una expedición contra la ciudad de Esparta, cuando una mujer le lanzó una teja.

El consejo de Cineas, ¿era más razonable que la ambición desmedida de su amo? No, ambos estaban equivocados. Uno quería conquistar el mundo, el otro quería embriagarse con las diversiones… “Esto es vanidad y aflicción de espíritu” (Eclesiastés 4:4), y conduce a la pérdida del alma. Dios nos dice que busquemos “primeramente el reino de Dios y su justicia” (Mateo 6:33), y nos advierte: “Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será?” (Lucas 12:20). ¡No seamos necios!

“Los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1 Timoteo 6:9).

1 Crónicas 12 – Lucas 12:22-40 – Salmo 89:28-37 – Proverbios 20:16-17

© Editorial La Buena Semilla, 1166 PERROY (Suiza)
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Viviendo como una iglesia – Clase 2: La membresía

Viviendo como una iglesia

Por Capitol Hill Baptist Church (CHBC)

Clase 2: La membresía

Introducción
Me gustaría iniciar con una pregunta: ¿En qué se diferencia el compromiso que contraemos con otras personas en la iglesia de los otros compromisos que hacemos en la vida?

La semana pasada empezamos considerando la gloria de la iglesia. Nuestra iglesia está compuesta de personas cuyo conocimiento, amor y paciencia es limitado. Tenemos diferentes personalidades, diferentes expectativas, diferentes trasfondos, diferentes maneras de comunicarnos y diferentes prioridades. Mezclas todo eso y parece que es probable que termines en problemas. Pero gracias al poder del evangelio, en realidad obtienes una proclamación colectiva de la gloria de Dios.

¿Cómo es eso posible? Es posible cuando nos amamos unos a otros con un compromiso que es evidentemente sobrenatural. ¿Cómo es ese compromiso? Responderemos esa pregunta en el transcurso en dos semanas. El día de hoy, estudiaremos la profundidad de ese compromiso. Y la siguiente semana veremos la amplitud del mismo, amar a aquellos con los que tenemos poco en común, excepto Jesús.

Así que consideremos la profundidad de este compromiso. Una aclaratoria: En resumidas cuentas, realmente esta es una clase que trata acerca de la membresía de la iglesia. Podrías estar pensando: «Ya soy miembro. Me convenciste. ¿Debería irme ahora?». ¡No! Es mi deseo que al explicar lo que es la membresía, y cómo se diferencia de otros compromisos, seamos renovados y podamos recordar la dulzura única del profundo compromiso que tenemos entre nosotros en esta iglesia. Y lo que aprendamos nos ayudará a ser mejores miembros de la iglesia. Para ello, quiero dedicar algo de tiempo para hacer una distinción entre el compromiso natural de este mundo, que denominaremos: «COMPROMISO BASADO EN LA COMODIDAD», y el compromiso de la membresía de la iglesia, al que llamaremos: «COMPROMISO BASADO EN EL LLAMADO».

El compromiso basado en la comodidad
El compromiso es algo que nuestro mundo entiende. Los fanáticos de Redskins están comprometidos con los Redskins. Las personas se comprometen con sus trabajos, con sus destinos favoritos para vacacionar, con sus países. Y las personas se comprometen con sus iglesias. Pero la razón exacta por la que las personas se comprometen con sus iglesias puede variar un poco.

Diría que es común para las iglesias hacer que las personas se comprometan con ellas de la misma manera que lo harían con cualquier otra cosa en el mundo, a través de un compromiso basado en la comodidad. Permíteme ilustrar esto con un ejemplo secular: cómo podrías comprometerte en comprar productos de la marca Apple. Al principio, una computadora Mac es solo otra computadora y un iPad es solo otra pantalla. Pero tal vez termines pidiendo prestado la computadora Mac de un amigo para revisar un correo y te das cuenta de que la pantalla no se cuelga tanto como lo hace en tu computadora. Difícilmente podrías considerarte un usuario de Mac comprometido en este punto, pero estás intrigado. Así que cuando tu computadora finalmente muere, haces algunas compras en línea y decides darle a Mac una oportunidad, incluso si cuesta un poco más. Después tus amigos comienzan a notar que estás usando una computadora Mac, y los que parecen más emocionados son personas bastante geniales. Luego de que te acostumbras a ella, encuentras que realmente te gusta la manera en la que funciona y lo intuitivo que es todo. También la forma en que encajas mejor cuando trabajas en una cafetería. De repente, te das cuenta de que has estado hablando mucho acerca de tu computadora porque tu tía te da un iPad como regalo de navidad, que se convierte en una parte inseparable de tu cerebro. Antes de que lo notes, estás yendo a convenciones de Mac, vistes a tus hijos con trajes de Apple, y te preguntas cómo habías podido vivir sin tener todos tus dispositivos sincronizados.

¿Y cómo pasó? Ciertamente no sucedió todo de una sola vez y, de hecho, ni siquiera buscabas convertirte en un fanático de la marca Apple. Pero mientras más te adentrabas, más atractivo parecía todo, hasta que ya estabas en lo profundo.

Para muchos cristianos, así es como luce la iglesia. Comienzan enfatizando que no tienen ninguna expectativa con la iglesia, y la anuncian como un gran lugar para prosperar moralmente, educar a sus hijos, encontrar una comunidad, sentirse seguros, cómodos y atendidos. Luego te unes a un grupo pequeño y conoces a algunas personas que te agradan. En algún punto en el camino te conviertes en un miembro, pero la membresía no es el objetivo en sí. La meta es que dentro de algunos años, realmente te hayas comprometido con tu iglesia principalmente porque te gusta y lo ves como algo fácil.

Eso es lo que llamamos un compromiso basado en la comodidad. Funciona para los consumidores; funciona para las iglesias.

El modelo expuesto, sea la marca Apple o una iglesia, es el compromiso visto como un proceso. Con el tiempo, ves que la iglesia local suple tus necesidades y comienzas a sentirte más cómodo allí. Y mientras más cómodo te sientes, te comprometes más a profundidad. Así, suavizamos el camino a nuestras iglesias y resaltamos los beneficios de estar más involucrados. Con suerte, podremos atraer a las personas como consumidores y con el tiempo verlas convertirse en proveedores. Este es el compromiso basado en la comodidad, y se trata un proceso. Se caracteriza por un amplio, general e impreciso trato de la Palabra de Dios… y como podrás imaginar, a menudo puede llegar a fomentar el testimonio cristiano lo cual es muy débil.

El compromiso basado en el llamado
No obstante, no denigremos el compromiso basado en la comodidad en general, es natural correr hacia lo que es cómodo. Sin embargo, deberíamos hacer una diferencia entre dicho compromiso y lo que aspiramos en nuestras iglesias. El compromiso basado en el llamado se diferencia porque tiene una profundidad y una riqueza que el compromiso basado en la comodidad no puede reproducir. Consideremos algunas de estas diferencias:

A. El Nuevo Testamento describe a todos los cristianos como profundamente comprometidos con su iglesia local de maneras que son significativas, a veces dolorosas y bastante deliberadas. Toma las palabras de 1 Juan como un ejemplo: «Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero. Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?» (1 Juan 4:19-20).

Para Juan, el amor entre los creyentes es una señal de la fe salvadora. Compara eso con el compromiso basado en la comodidad, y verás que la Biblia nos llama a amar a los demás, la comodidad exige que nos amemos a nosotros y prioriza nuestras preferencias.

B. Una pregunta interesante de diagnostico que puedes hacerte es: ¿Por qué vas, y sigues yendo a la iglesia? ¿Qué te motiva a pasar gran parte de tu fin de semana en ese lugar? El compromiso basado en la comodidad podría señalar razones sociales, personales y profesionales. El compromiso basado en el llamado se enfoca en la obediencia a Dios y en un deleite en su iglesia como uno de sus principales motivadores.

El motivo de nuestra comunidad debería decir algo acerca de nuestra fe en Cristo. Nuestro compromiso como miembros de una iglesia deberá distinguirse del compromiso del mundo. Nuestras interacciones deberían parecerse más a las de Cristo y menos a las de nuestros compañeros de trabajo, amigos o vecinos.

El compromiso basado en el llamado se compromete primero, y luego hace preguntas sobre los beneficios recíprocos. El compromiso basado en el llamado busca la unidad de Cristo y crece con la diversidad como trasfondo.

C. Tercera distinción: La relación. Solía asistir a una iglesia en Sydney. Era una gran iglesia que dedicaba gran parte de su tiempo a pensar en formas de alcanzar a tanta gente como fuera posible. Querían atraer a las personas sin importar lo que hiciera falta. Realmente tenían buenas intenciones, el problema era que sin compromiso habían muy pocas relaciones profundas, ciertamente no existía una cultura de comunidad o un enfoque en un discipulado personal. Todo era superficial, ya sabes, es más cómodo de esa manera, y al final así es como florecerían la relaciones auténticas… desafortunadamente ese no era el caso.

Insólitamente, es con la formalidad de la membresía que se forman las relaciones profundas. Esto no significa que una relación verdadera no pueda darse sin la membresía de la iglesia, pero prácticamente… con cada miembro nuevo que se aprueba en nuestra membresía queda tan claro como el día a quiénes estamos llamados a amar, queda claro a quiénes debemos proteger, queda claro con quiénes debemos iniciar una relación en nuestra iglesia local. Ellos se han comprometido de manera obvia y pública con nuestra congregación, y nosotros nos hemos comprometido con ellos de la misma forma.

Una iglesia que se edifica en torno a la membresía es evidentemente diferente. Requiere de un compromiso significativo. Decides prometer amar a un grupo de cristianos de manera profunda y sacrificial incluso antes de realmente conocerlos bien. Así, tu compromiso no se basa en sentimientos de apego, de comodidad o de pertenencia, aunque esperamos que esas cosas se den eventualmente, sino que es un compromiso que haces simplemente porque es parte de seguir a Jesús. Puedes encontrar relaciones auténticas en una congregación que se toma en serio la membresía de la iglesia.

Por tanto, esta idea del compromiso basado en el llamado es un compromiso mutuo sencillamente porque forma parte de ser llamados a la familia de Dios. Comprometerse con otros creyentes por medio de la iglesia local es lo que caracteriza a un cristiano. Observa nuevamente el pasaje que leí en 1 Juan. Dice que toda persona amada por Dios, salvada por Dios, ama a otros cristianos en respuesta.

Eso quiere decir que tenemos que dejar de ver el compromiso con la iglesia local como un proceso y debemos comenzar a verlo como un acontecimiento. El acontecimiento es nuestra salvación y el compromiso es algo que se deriva inevitablemente. Eso no significa que todos nuestros compromisos con la iglesia local deben ser significativos, hay mucho espacio para el crecimiento. Quiere decir que hacemos un compromiso por adelantado, por lo que significa ser cristiano.

En ese sentido, encontrarás mucho del compromiso basado en la comodidad en iglesias cuyo compromiso se basa en el llamado. No hay nada de malo con el compromiso basado en la comodidad, el problema surge cuando se convierte en nuestro principal enfoque para hacer vida en la iglesia. Si esperamos facilitar nuestro caminar en la iglesia y ver que el compromiso basado en la comodidad surta efecto con el tiempo, tendremos una comunidad consumista, con relaciones superficiales, para nada diferente al mundo. En cambio, deberíamos reconocer que Dios nos llama a comprometernos de manera profunda y significativa con una iglesia local cuando nos llamó a la salvación. Si esa es nuestra actitud hacia la iglesia, encontraremos una comunidad que sea honesta acerca de lo que significa ser cristiano y que sirva como un rico catalizador para las relaciones cristianas.

El compromiso que es significativo
¿Cuáles son algunos de los componentes elementales de este compromiso del que hemos estado hablando? ¿Cómo es? Aquí tienes cuatro partes básicas a considerar:

A. El compromiso sacrificial. Romanos 12:13-16 nos dice que compartamos «las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad… Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros». Si mi esposa y yo no podemos tener hijos, debería alegrarme cuando otro miembro de la iglesia quede embarazado. Si acabo de conseguir un nuevo empleo, debería acompañar en su tristeza a la hermana que perdió el suyo. Debería dar mi dinero, mi tiempo y mi hogar para cuidar de otros en mi iglesia, simplemente porque ellos forman parte del pueblo de Dios. Amar de esta manera no es únicamente para un grupo de cristianos élite; esto es lo que significa ser cristiano.

B. El compromiso de reunirnos. Hebreos 10:25 nos dice que la vida cristiana consiste en no dejar de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino en exhortarnos; y tanto más, cuando vemos que aquel día se acerca. Ser cristiano implica reunirnos con otros cristianos regularmente. El autor de Hebreos no visualiza otra categoría de cristianos.

C. El compromiso de esimularnos mutuamente. Utilizando ese mismo pasaje, el versículo 24 nos dice que debemos considerarnos unos a otros «para estimularnos al amor y a las buenas obras», algo que claramente se lleva a cabo por medio del versículo 25. Y esa clase de estimulo en el libro de Hebreos implica mucho más que una sacudida de manos momentanea al cruzar la puerta. Como vemos en el capítulo 3, el estimulo es el antídoto para la incredulidad. Estimular significa fortalecer la fe de otros. Un cristiano no solo está comprometido con su bienestar espiritual, también se compromete a ayudar a otros a luchar por la fe.

D. El compromiso de protegernos mutuamente. Mateo 18. Jesús dice que si un hermano peca contra mí, debo hablar con él al respecto. Si no se arrepiente, debo llevar conmigo a uno o dos hermanos. Y si todavía sigue sin arrepentirse, debo comunicarselo a la iglesia. «Y si no oyere a la iglesia, tenle por gentil y publicano». En otras palabras, expulsalo de la iglesia. La última barrera para el autoengaño en este mundo es la iglesia local. Nadie más puede decirme tan fuertemente que la fe que profeso con mi boca se contradice con mi vida. Y es interesante que esta autoridad no se otorga al pastor, o a los ancianos, sino a la iglesia. Por supuesto, protegernos mutuamente del autoengaño de la inmoralidad o de la falsa doctrina es algo que hacemos bajo un liderazgo sabio y amoroso. Pero finalmente, el Nuevo Testamento delega la responsabidad de cuidarnos unos a otros a toda la iglesia.

Cristiano, Dios te ha llamado a hacer estas cosas: Amar a otros cristianos sacrificialmente. Reunirte con ellos con regularidad. Estimularlos a la fe. Y protegerlos del pecado y del autoengaño. Hacer estos compromisos no es algo que debamos dejarselo a los cristianos maduros; es lo que la Biblia supone que todo cristiano debe hacer. Así es la profundidad de este compromiso.

Si nos detenemos aquí, seguimos sin entender completamente la profundidad del compromiso que debemos encontrar en la iglesia local. Porque el compromiso bíblico en una iglesia no solo es importante, también se formaliza.

El compromiso que es formal
¿Es el compromiso cristiano en la iglesia local relativamente fluido y amorfo? ¿O nos llama la Escritura a formalizarlo? Para responder esa pregunta, observa cuidadosamente la manera en la que Pablo describe a la iglesia en 1 Corintios 5. Él explica que la iglesia no tiene la responsabilidad de juzgar a los pecadores impenitentes en el mundo, pero sí posee esa responsabilidad dentro de la iglesia. «Porque ¿qué razón tendría yo para juzgar a los que están afuera? ¿No juzgáis vosotros a los que están dentro? Porque a los que están fuera, Dios juzgará» (5:12-13a).

Lo que quiero que notes es la linea que separa lo que está «afuera» y lo que está «dentro» de la iglesia. De un lado de la línea están los que se llaman a sí mismos creyentes y someten esa profesión al juicio de la iglesia. Del otro lado, están los que no han hecho tal compromiso. Así que algunas personas hoy día hablan acerca de tener una comunidad definida en su núcleo en lugar de una comunidad definida por sus límites. En vez de obsesionarnos por quién está «dentro» y quién está «afuera», solo enséñale a las personas y anímalas, sin importar su estado espiritual, a buscar más de la buena comida espiritual. El problema es que, eso parece contradecir la forma en la cual el Nuevo Testamento describe a la iglesia.

También vemos esto cuando la Biblia habla acerca de los líderes de la iglesia. Debemos someternos a nuestros líderes (cf. Hebreos 13:17) porque ellos un día rendirán cuentas por nosotros. Pero si la afiliación con una iglesia no es de ninguna manera formal, ¿cómo saben estos líderes por quién habrán de rendir cuentas? ¿Y cómo podemos decidir nosotros a quiénes someternos?

Ya sea al lidiar con la disciplina o el liderazgo en la iglesia, queda claro en la Biblia que el compromiso con la iglesia tiene cierto nivel de formalidad. Los creyentes saben con quién se están comprometiendo; la iglesia y sus líderes saben de quiénes son responsables. Esto es lo que llamamos membresía de la iglesia, usando la ilustración de Pablo de la iglesia como un cuerpo y de nosotros como sus miembros. Ahora, ¿qué diferencia hace esta formalidad? Es importante por dos razones:

A. El compromiso formal sirve como una afirmación del compromiso informal. Encuentro que la analogía del matrimonio es útil aquí. Así es como Tim Keller describe la aplicación marital de esta verdad:

Cuando la Biblia habla acerca del amor, lo mide principalmente no en base a cuánto deseas recibir, sino en base a cuánto estás dispuesto a dar de ti a alguien. ¿Cuánto estás dispuesto a perder por el bien de esta persona? ¿A cuánto de tu libertad estás dispuesto a renunciar? ¿Cuánto de tu valioso tiempo, emociones y recursos estás dispuesto a invertir por esta persona? Y por eso, los votos matrimoniales no solo son útiles, también sirven como una prueba. En muchos casos, cuando una persona le dice a otra: «Te amo, pero no arruinemos esto casándonos», esa persona realmente está diciendo: «No te amo lo suficiente para cerrar todas mis opciones. No te amo lo suficiente para entregarme a ti por completo». Decir: «No necesito un pedazo de papel para amarte», es decir básicamente: «Mi amor por ti no ha alcanzado el nivel del matrimonio»[1].

Cierto. Existen todo tipo de discontinuidades entre el matrimonio y la membresía de la iglesia. Pero una de las formas en las que ambos son similares es en la interrelación del compromiso formal e informal. Si alguien dice que desea cumplir todos los mandamientos de la Biblia que implican el «unos a otros» en el contexto de su iglesia, pero se niega a comprometerse formalmente a hacerlo a través de la membresía, ¿qué clase de compromiso realmente pretende hacer? Usando las palabras de Keller, su amor por su iglesia no ha alcanzado el nivel de la membresía. El compromiso formal deja en claro quién verdaderamente toma la decisión de amar a su iglesia como lo describe la Escritura.

B. El compromiso formal hace visible el compromiso informal. La membresía en una iglesia local anuncia que esa persona ha hecho compromisos informales bastante importantes, lo cual ayuda a desarrollar relaciones mucho más rápidamente. Alguien podrá tener todo el deseo de amarte a la manera de Romanos 12, Hebreos 10 y 1 Corintios 5. Pero si no es miembro de tu iglesia, no tienes forma de saberlo. Cuando la membresía es significativa, hace que el compromiso informal sea visible para que las relaciones puedan crecer a un ritmo más acelerado.

Sugerencias prácticas
Pasemos el resto de nuestra clase examinando detenidamente maneras en las que esta visión bíblica del compromiso puede ser más práctica.

A. Únete a una iglesia. Algunos de nosotros, o algunos de nuestros amigos, todavía sopesan si la membresía realmente importa. En esas conversaciones, creo que es útil regresar a lo que significa ser cristiano. Seguir a Jesús es amar a otros que siguen a Jesús. Eso es lo que ocurre inevitablemente cuando somos perdonados de nuestros pecados. No se trata solo de una disposición general de amor, sino de un compromiso específico de amar a un grupo específico de cristianos, a una iglesia local.

B. Invierte en las relaciones. Luego están aquellos de nosotros que nos unimos, pero aparte de aparecer cada domingo para los servicios, unirse a la iglesia realmente no cambia nuestras vidas. Como ya hemos visto en esta clase, relacionarse con una iglesia local de manera bíblica significa confesar nuestros pecados para que otros puedan ayudarnos a luchar por la fe. Significa confesar nuestras batallas para que otros puedan ayudarnos de forma práctica. Signfica hacer preguntas complicadas y, en ocasiones, incómodas al cuidar de nuestros hermanos y hermanas. Y significa que la oración forma parte integral de cada relación.

¿Cómo podemos saber cuando esto no pasa? Te daré cuatro categorías:

El miembro casual que asiste con regularidad, pero que no hace mucho más que eso. Sus amigos más cercanos no están en la iglesia. (Comprometido).
El miembro fuerte parece involucrado, al menos en términos de servir a los demás. Pero por una presunción que le hace pensar que él o ella nunca está en necesidad, nunca deja que las personas le ayuden. (Vulnerable).
El miembro estático empieza con buenas relaciones en la iglesia, pero cuando los meses se convierten en años y los años en décadas, esas relaciones nunca se expanden. Y en una iglesia tan dinámica como la nuestra, esa comunidad congelada casi siempre deja de ser una comunidad (Activo).
El miembro consumidor tiene relaciones, pero queda claro desde una perspectiva mundana por qué cada relación sería importante para él o ella. No aspira, como dije anteriormente, a amar a otros de una manera que sea extraña al mundo, simplemente porque ha sido amado por Cristo. (Dado).
C. Comprométete a amar a todo el cuerpo. Creo que existe un verdadero peligro para nosotros en una era que está definida por el consumidor y, sin embargo, obsesionada con la comunidad. Podríamos estar en una comunidad real y satisfactoria en una subcultura de la iglesia, y nunca salir para comprometernos con la iglesia más ampliamente. Eso no quiere decir que necesitamos tener relaciones profundas con todos y cada uno de los miembros de la iglesia. Deberíamos encontrar que nuestras relaciones no están confinadas a un grupo pequeño en particular, o a un tipo de personalidad, o trasfondo étnico o profesión.

Si todos tomamos la iniciativa de incluir en nuestras amistades a personas que son muy diferentes a nosotros, veremos que en vez de una iglesia conformada por subculturas impenetrables, tendremos una iglesia donde las redes de relaciones se extienden y ensanchan para cubrir a toda la congregación.

Una diferencia verdaderamente práctica entre una comunidad basada en el llamado y una comunidad basada en la comodidad es que la comunidad que se basa en el llamado nos expande para formar relaciones que no son cómodas. Y eso es necesario para que esa red relacional sea tan inclusiva como debe ser.

Conclusión
Si observas cómo el Nuevo Testamento describe a la iglesia local, este es un pilar que sostiene a una comunidad bíblica: la profundidad del compromiso. Nuestra cultura nos dice que nos comprometamos solo hasta donde nos sintamos cómodos. Bueno, al igual que esa versión distorcionada del matrimonio, el compromiso basado en la comodidad en la iglesia no funciona muy bien. Es posible que atraiga a una multitud rápidamente, pero no produce mucha profundidad. Y sin profundidad, fracasa en ser el faro de luz sobrenaturalmente atractivo en un mundo de tinieblas. Incluso aunque ese modelo de compromiso de ser luz parece el mejor para alcanzar a este mundo para Cristo, a la larga, se suaviza en comparación a una comunidad verdaderamente sobrenatural. Por tanto, debemos aspirar a un compromiso basado en el llamado, donde nos comprometemos a amar a todas las personas desconocidas en una nueva glesia simplemente porque han sido llamadas por Dios para salvación, y llamadas por Dios para ser amadas. Y con eso como fundamento, las relaciones florecerán.

Ese es uno de los pilares: la profundidad del compromiso. El segundo es la amplitud del compromiso, el cual es nuestro tema para la próxima semana.

[1] Keller, Tim. The Meaning of Marriage (El significado del matrimonio), New York: Dutton. Print. Pág. 78.

El camino de Lot

Domingo 30 Julio
(Si Dios) libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados… sabe el Señor librar de tentación a los piadosos.
2 Pedro 2:7-9
El camino de Lot
Lot, huérfano, fue acogido por su tío Abraham, un hombre de fe (Génesis 11:27-31). Lot también creía en Dios, como lo atestigua el apóstol Pedro, quien lo llama justo. Sin embargo, se alejó progresivamente de Dios.

Se había deslumbrado por las riquezas de Egipto, y se dejó llevar por ellas hasta establecerse en un lugar codiciable: “Alzó Lot sus ojos, y vio toda la llanura del Jordán, que toda ella era de riego, como el huerto del Señor, como la tierra de Egipto”. Entonces eligió vivir en la llanura, en la comodidad del mundo de la época. Y más grave aún, se instaló cerca de Sodoma, una ciudad conocida por su desenfreno e inmoralidad, cerca de hombres “malos y pecadores contra el Señor en gran manera” (Génesis 13:10, 12-13). Poco después vivió en Sodoma; y luego, durante una guerra (Génesis 14:12), fue llevado prisionero con los demás habitantes de la ciudad. Liberado gracias a la intervención de su tío, no cambió de lugar, sino que volvió a vivir en Sodoma. Allí se hizo importante, administrando los asuntos públicos en la puerta de la ciudad. Cuando la paciencia de Dios con la ciudad corrupta llegó a su fin, dos ángeles tuvieron que sacarlo antes de que fuese destruida. Tocó fondo; perdió todo, menos su vida y a sus dos hijas (Génesis 19:1-29).

¿A qué carrera aspiramos? El mundo deslumbrante y lleno de pecado, ¿tiene tal dominio sobre nuestros corazones que lo dedicamos todo a él, en lugar de vivir para Dios y estar cerca de Él? Todavía es posible cambiar de rumbo. ¡Tomemos la mano tendida de nuestro Salvador!

1 Crónicas 11 – Lucas 12:1-21 – Salmo 89:19-27 – Proverbios 20:14-15

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