Sábado 29 Julio La palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia. Hebreos 4:12-13 Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino. Salmo 119:105 Un diagnóstico de mí mismo Para mí, que soy médico, una de las razones más convincentes del poder de la Biblia es que hace un diagnóstico muy seguro de mi condición espiritual; ningún otro libro puede hacer eso. “Discierne los pensamientos y las intenciones del corazón” (Hebreos 4:12). Me muestra claramente que por naturaleza estoy condenado a causa de mis pecados, privado de toda relación con un Dios santo. Mientras hacía este descubrimiento en la Biblia, encontré una maravillosa revelación de Dios, un Dios muy diferente al que había imaginado. Lleno de amor y misericordia, vino a mí por medio de Jesucristo, su Hijo, el creador del universo, quien se hizo hombre para poder redimirme.
Creo en la Biblia porque se dirige a todos, cualquiera que sea su clase social o su país. ¡Conocer la Biblia y no creerla es un suicidio espiritual!
Y si la fe me pone en contacto con un Dios así, voy a donde él me lleve, sin cuestionar su voluntad. Sé que ella es mejor que todos mis pensamientos, pues él me ama. Puedo abandonar mis planes más deseados y considerar los argumentos de los hombres como una locura, cuando se oponen a lo que él dice. ¡La fe en Dios no tiene límites! La Biblia quita las dudas y llena el corazón de certeza: “Tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón” (Jeremías 15:16).
Cuando el Señor obró en mí y me transformó, yo era una jovencita sin experiencia en la vida y la iglesia. Cuando oía expresiones como “tal persona se fue a tal país a servir al Señor”, pensaba que solo los pastores o misioneros eran quienes servían a Dios, que esto era solo una labor para unos privilegiados. Y por supuesto, que un llamado de parte de Dios para servirle a tiempo completo solo es para algunas personas.
Quisiera hablarte la verdad sobre esto, pero veamos primero qué significa la palabra servir. Se trata de estar al servicio de alguien, sujeto a una persona por cualquier motivo haciendo lo que él quiere o dispone. Todo verdadero creyente es un siervo de Dios (Ro. 6:22), comprado con la sangre preciosa de Jesucristo en la cruz. Ya no nos pertenecemos a nosotros mismos. No somos los dueños de nuestra vida, sino que tenemos el mejor amo y Señor del mundo: Dios.
Cuando el apóstol Pablo tuvo un encuentro con Jesús en el camino a Damasco, una de las primeras cosas que le preguntó fue: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hch. 9:6). Esto nos recuerda que todo discípulo de Jesús es su siervo. En el Nuevo Testamento, tenemos algunos ejemplos. Mencionaré solo dos como ilustración:
La suegra de Pedro cuando el Señor la sanó de su fiebre; ella le servía a Él y a sus discípulos (Mt. 8:15). Un grupo de mujeres que seguían a Jesús y sus discípulos mientras iban por las ciudades y aldeas predicando el evangelio; ellas le servían con sus bienes (Lc. 8:1-3). El servicio a Dios fluye de un corazón agradecido a Él por perdonarnos y salvarnos
El servicio a Dios fluye de un corazón agradecido a Él por perdonarnos y salvarnos. Queremos servir a Dios sirviendo a los demás. Para servir a los demás, hace falta tener un corazón humilde y amoroso. Debemos considerar a los demás como superiores a nosotros mismos:
“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás”, Filipenses 2:3-4.
Los intereses de un siervo Dios nos llama a una vida de servicio, y un siervo no mira por sus intereses en primer lugar, sino por las necesidades de los que le rodean. Por eso no hay un lugar específico de servicio, porque toda nuestra vida tiene que ser de servicio a Dios. No tenemos un traje de siervo para ciertas horas del día, o para ciertos días de la semana. El siervo cristiano lo es las 24 horas del día y los siete días de la semana.
Para servir a los demás, hace falta tener un corazón humilde y amoroso. Debemos considerar a los demás como superiores a nosotros mismos
A veces creemos que la iglesia es el lugar para el servicio cristiano, cuando tenemos un ministerio o responsabilidad de servir a los demás. Esto es verdad en un sentido. En la iglesia debe haber un orden y no todos pueden o deben predicar desde un púlpito, no todos pueden o deben ser maestros de jóvenes o niños, no todos son evangelistas, etc. Para que una iglesia funcione, todos los miembros han de poner al servicio del Señor los dones que recibieron de parte de Él. Dios nos da dones para servir a los demás, no para nuestro propio beneficio o disfrute, sino para la edificación de su pueblo. El apóstol Pedro lo deja claro:
“Según cada uno ha recibido un don especial, úselo sirviéndose los unos a los otros como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios; el que sirve, que lo haga por la fortaleza que Dios da, para que en todo Dios sea glorificado mediante Jesucristo, a quien pertenecen la gloria y el dominio por los siglos de los siglos. Amén”, 1 Pedro 4:10-11.
Por lo tanto:
Todos tenemos uno o varios dones que hemos recibido de Dios. No pongas excusa de que no sabes hacer nada; tienes algo que ofrecer sirviendo a la iglesia. Si no estás seguro, pregunta a tu pastor o a alguien que te conozca bien. Los dones que recibiste no son para lucirte y que otros digan qué bien sirves o haces cualquier trabajo. Son para ministrar a los demás, para edificación de la iglesia. Debemos servir y ministrar a otros como buenos administradores, con un espíritu humilde. No te alabes por lo que haces. ¡Qué triste es ver a algunos recitando y pavoneándose de todo lo que hacen por el Señor! ¡Cuidado con el orgullo! Los dones que Dios nos da son regalos de su gracia, no los merecemos. Si tienes ciertos dones, no pienses que se debe a que eres muy inteligente o sabes ministrar bien. El poder para servir viene de Dios. Por nuestras propias fuerzas, sería imposible. Se trata del poder de Dios obrando y capacitándonos para servir. Todo lo que hagamos para servir a Dios y los demás es para la gloria de Dios como fin último. No para tu propia gloria o para que te den aplausos. Servicio más allá del templo Al mismo tiempo, necesitamos entender que servir es un estilo de vida. No solo servimos en la iglesia, sino que en todas las esferas de nuestra vida debemos tener un espíritu de servicio.
Así que cuando estás cambiando el pañal de tu bebé, estás sirviendo; cuando estás cuidando y siendo ayuda idónea para tu esposo, estás sirviendo; cuando cuidas los niños de un matrimonio para que puedan salir a pasear o cenar solos, estás sirviendo; cuando estás en tu trabajo y tienes que hacer tareas desagradables, estás sirviendo al Señor. Debemos remangar nuestras mangas y hacer el trabajo sucio, o el trabajo que nadie quiere hacer. Tenemos que estar dispuestos a servir a los que no pueden recompensarnos.
El Dios santo, creador del universo, el rey de reyes, ¡se hace siervo! Por amor a nosotros y para salvarnos
A mí me ha ayudado mucho, a la hora de hacer una tarea desagradable, como limpiar baños en la iglesia —por ejemplo—, pensar que lo hago para mi Señor. Cuando pienso en eso, mi actitud cambia por completo. “Todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres” (Col. 3:23). Servir trae una satisfacción personal de saber que estamos haciendo lo que el Señor quiere, y Él ve cada vaso de agua fría que ofreces a un niño en su nombre.
Quiero terminar con el mejor ejemplo, el de nuestro Señor Jesús:
El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos (Mt. 20:28). Recuerda cómo Jesús lavó los pies de sus discípulos. Allí tenemos un buen ejemplo de servicio y humildad, para que siguiéramos su ejemplo (Juan 13:1-20). Jesús se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres. Se humilló a sí mismo y fue a la cruz. El Dios santo, creador del universo, el rey de reyes, ¡se hace siervo! Por amor a nosotros y para salvarnos (Fil. 2:5-8). Por lo tanto, si nuestro Señor se hizo siervo por nosotros, ¿acaso haremos algo de más si nosotros nos hacemos siervos por Él?
Pilar Herrera es hija y sierva de Dios por pura gracia. Esposa del pastor Luis Cano desde 1985, madre de Bequi y Débora. Junto a su esposo sirve en la “Iglesia Cristiana Evangélica” de Ciudad Real, España. También es maestra de inglés en un colegio público de infantil y primaria. Desde hace 30 años participa activamente en la “Asociación de Campamentos Cristianos Castilla La Mancha” para niños y adolescentes.
Viernes 28 Julio ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Romanos 7:24-25 Alabaré al Señor… y cantaré al nombre del Altísimo. Salmo 7:17 La cigarra En la grava del jardín, un gran insecto se debatía sobre su espalda, girando desesperadamente sobre sí mismo. Me acerqué y vi que era una cigarra. La tomé con cuidado, le di la vuelta y la puse en mi otra mano, y, para mi gran sorpresa, voló inmediatamente para desaparecer entre los árboles. Sin duda, el insecto había caído al suelo y era incapaz de darse la vuelta por sí mismo, pues sus grandes alas se lo impedían. Al tomarlo en mis manos le había ofrecido, sin saberlo, la posibilidad de salir de ese apuro. Acababa de arrancarla de la tierra, de la muerte, para reintroducirla en su elemento, el aire, el cielo. El grito estridente que emitió justo después me pareció una especie de agradecimiento o un himno de alabanza.
Esta pequeña experiencia me recordó la época de mi vida cuando luchaba contra las tentaciones, las dudas y todo tipo de malos pensamientos. Yo también giraba sobre mí mismo y me hacía daño de tanto luchar; era incapaz de levantarme de mi miseria. Entonces pedí a Jesús que me salvara. Él se inclinó a mí, me tomó con su poderosa mano, me rescató de la muerte espiritual perdonando mis pecados, y me introdujo en una nueva vida. Una vida eterna, que continuará en el cielo con él. ¡Ahora mi corazón canta con gratitud! ¡Mi libertador es Jesús, el Hijo de Dios!
“Y el que había muerto salió, atadas las manos y los pies con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: Desatadle, y dejadle ir” (Juan 11:44).
Introducción Bienvenido a la primera de trece clases que tendremos acerca de cómo vivir juntos como iglesia. Soy Matt, pastor asistente aquí en la congregación. Esta mañana espero transmitir una idea de lo que me gustaría lograr juntos. Sin embargo, antes de comenzar a hablar, quiero hacer una pregunta: ¿Por qué es importante la unidad para la iglesia local? [¿Qué se te ocurre?… ¿Iglesias discutiendo por el color de la alfombra?].
Genial. Ahora bien, empecemos esta clase del tema de la unidad de manera muy sencilla. En resumen, esta clase existe por tres simples verdades que encontramos en la Escritura:
Dios ha llamado a los cristianos a estar con él para siempre, pero nos ha dejado temporalmente en este mundo reunidos en iglesias locales. Él ha escogido usar nuestras vidas unidos en iglesias como el principal método para mostrar su gloria. Somos pecadores. Las primeras dos verdades funcionan bien juntas, pero la tercera verdad complica las cosas considerablemente. Algún día, el mundo entero se postrará ante Dios y reconocerá que él es el Señor. Pero por ahora, Dios en su sabiduría, ha delegado la misión de desplegar la gloria de su perfecto carácter a personas bastante imperfectas, que forman parte de su Iglesia. La interrogante de cómo puede suceder eso es el enfoque de esta clase. Específicamente, nuestra meta es entender las oportunidades y las responsabilidades que tenemos como miembros de la iglesia. ¿Cómo es que, pecadores como nosotros, podemos reunirnos como una iglesia local donde abunda la unidad? Y no se trata de una unidad forzada que niega las diferencias, subestima las dificultades, o compromete el mensaje del evangelio, sino de una unidad real que actúa como un testimonio convincente del poder del evangelio. ¿Cómo es que, como pecadores, podemos responder al pecado entre nosotros sin ceder a las habladurías y a las calumnias? ¿Cómo podemos confiar en nuestros líderes y, al mismo tiempo, reconocer que también son pecadores? ¿Cómo podemos amar a las personas que nos hacen sentir incómodos porque son tan diferentes a nosotros? ¿Cómo podemos criticar a una iglesia imperfecta sin quejarnos?
Para aquellos de nosotros que hemos estado en una iglesia durante cierto tiempo, es probable que hayamos notado que estos objetivos son difíciles de alcanzar. Con mucha frecuencia, las iglesias se convierten en lugares de división, quejas y amargura. Muy a menudo, las iglesias fracasan en reflejar al mundo que nos observa el poder del evangelio que debería obrar en ellos. Nuestra meta para esta clase es explorar un plano práctico de lo que hace que una iglesia sea sana y unida: una sana doctrina que se expresa en un amor unificador que glorifica a Dios. Mi oración es que cada uno de nosotros salga de esta clase con un mejor entendimiento de lo que la Biblia dice que es una iglesia unida, y con algunas ideas muy claras de lo que todos podemos hacer para fomentar la unidad entre nosotros.
Para la clase de hoy, empezaré abordando la idea de la unidad, empleando principalmente la descripción que encontramos en Efesios 3 y 4 de lo que significa ser una iglesia. A continuación, veremos algunas versiones falsas de la unidad, las compararemos con la unidad verdadera, y hablaremos acerca de la razón por la que la unidad en la iglesia es tan importante.
Efesios 3-4: La meta de Dios para la iglesia Comencemos respondiendo una pregunta fundamental: ¿Cuál es el plan de Dios para la iglesia local? El apóstol Pablo lo explica en los capítulos 2 y 3 del libro de Efesios. Si tienes una biblia, acompáñanos. Inicia con el evangelio, en Efesios 2:1-10. Estábamos «muertos en [nuestros] delitos y pecados» (2:1). Pero Dios «nos dio vida juntamente con Cristo» (2:5). «Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe» (2:8-9).
Pero ese evangelio no termina con nuestra salvación; conduce a algunas implicaciones bastante disruptivas. Implicación #1: la unidad. Como Pablo escribe sobre judíos y gentiles al final del capítulo 2, Dios derribó la pared intermedia de enemistad «para crear en sí mismo de los dos un solo y nuevo hombre, haciendo la paz, y mediante la cruz reconciliar con Dios a ambos en un solo cuerpo, matando en ella las enemistades. Y vino y anunció las buenas nuevas de paz a vosotros que estabais lejos, y a los que estaban cerca; porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre» (2:15b-18).
Observa que solo el evangelio crea esta unidad, es por medio de la cruz que Cristo acabó con su enemistad. Después de todo, ¿qué más podría unir a dos pueblos con historias, etnicidades, religiones y culturas tan diferentes?
Ahora, ¿cuál es el propósito de esta unidad entre judíos y gentiles? Ve al capítulo 3, versículo 10:
Su propósito era «que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales».
Toma a un grupo de judíos y gentiles que no comparten nada en común salvo una aversión de siglos los unos por los otros (una sombra de lo que en nuestro contexto podrían ser los demócratas liberales y los republicanos libertarios), reúnelos en una iglesia local donde se cruzan entre sí regularmente, y las cosas explotarían, ¿cierto? ¡No! Por lo único que tienen en común, el vínculo de Cristo, viven juntos en asombroso amor y unidad. Una unidad que es tan inesperada, tan diferente a la manera en la cual opera nuestro mundo, que incluso los «principados y potestades en los lugares celestiales» se sientan y observan.
Increíble, ¿no? La unidad es notable entre dos dimensiones. Es notable por su amplitud. Esto quiere decir, que se expande para incluir a pueblos tan opuestos como lo eran los judíos y los gentiles. Esto glorifica a Dios al alcanzar a personas que, sin un poder sobrenatural, nunca estarían unidos. Recuerda Efesios 2:18: «Porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre».
En segundo lugar, esta unidad es notable por su profundidad. No se limita a unir a personas para que se toleren entre sí, sino para estar tan comprometidas que Pablo puede llamarles un nuevo hombre (2:15) y una nueva familia (2:19). Pablo busca los lazos más profundos del mundo natural, los lazos étnicos y familiares para describir esta nueva comunidad en la iglesia local.
La unidad con una amplitud y profundidad asombrosa hace que la gloria de un Dios invisible sea visible. Esta es la declaración de propósito final para la unidad de la iglesia en Éfeso. Esta es la declaración de propósito final para la unidad en nuestra iglesia. Y estos dos conceptos serán realmente importantes para este seminario básico. De hecho, tendremos una clase entera dedicada a la profundidad de la unidad al reflexionar sobre el compromiso de la membresía de la iglesia. Y una clase entera acerca de la amplitud de la unidad al meditar sobre la diversidad como una marca que define a la iglesia local.
Este es nuestro llamado como iglesia. Pero ese llamado tiene cierta competencia, la cual quiero exponerte ahora.
La unidad falsa La unidad organizativa
Un problema que tenemos siempre que comenzamos a hablar acerca de la unidad cristiana es que algunos la definen como la idea de que todos los que se consideran cristianos deberían organizarse juntos, o al menos cooperar juntos, como un solo cuerpo reconocido. Dicen que la existencia de las distintas denominaciones le demuestra al mundo que no estamos unidos.
Uno de los desafíos que presenta esta corriente de pensamiento es que no da lugar para poder discrepar en amor. Podemos disentir de nuestros hermanos y hermanas presbiterianos con relación al bautismo, por ejemplo, y continuar haciendo juntos toda clase de buenas obras por el evangelio. En ese sentido, las denominaciones realmente exhiben nuestra unidad en el evangelio con más fuerza que si simplemente pretendiéramos que nuestros desacuerdos carecen de importancia. La conferencia que nuestro pastor ayuda a dirigir llamada «Juntos por el evangelio» es un buen ejemplo de esto.
Otro problema con esta idea es lo que sería el objetivo final de esa «unidad». Hay muchos que se llaman a sí mismos «cristianos», pero que no estarían de acuerdo con nuestra iglesia en cuanto a cosas fundamentales tales como quién es Dios, qué deben hacer las personas para ser salvas, incluso si es necesario ser salvos del pecado. Eso quiere decir que la unidad organizativa por sí sola confunde por completo al mundo acerca de la naturaleza del cristianismo y del evangelio. Ciertamente es algo bueno colaborar con los demás por el bien de un objetivo común, trabajar con católicos romanos para proteger los derechos de los no nacidos, por ejemplo. Sin embargo, aunque ese sea un tipo de unidad, no es la unidad sobrenatural del evangelio de la cual habla Pablo en Efesios.
La unidad extraevangélica
La segunda falsificación de la unidad cristiana verdadera es más sutil, y creo que estamos en mayor riesgo por ello. Así que empecemos con un ejemplo. Imaginemos que llega un maestro de una escuela pública de D.C., y se une a nuestra iglesia. ¿Con quién entablará amistades naturalmente? ¿Quién lo entenderá mejor lógicamente? Otros maestros, por supuesto. Por lo que le presento a otros maestros, y quizá eventualmente formamos un grupo pequeño para maestros. Seguramente se integrará rápidamente a esa comunidad y crecerá. Unidad creada, misión cumplida, ¿cierto? No del todo.
Lo que ocurrió es posiblemente más un fenómeno demográfico que un fenómeno evangélico. Los maestros se inclinan hacia otros maestros independientemente de si son cristianos o no. Y no hay nada de malo en desear estar con personas con experiencias de vida similares. Es absolutamente natural y puede ser espiritualmente beneficioso. Pero si esto es la suma total de lo que llamamos «iglesia local», temo que hemos creado algo que existiría incluso sin Dios.
En comparación a lo que vemos en Efesios, esta unidad es algo que llamaré unidad «extraevangélica». En una comunidad extraevangélica, casi todas las relaciones están fundamentadas en el evangelio y algo extra. Tomemos como ejemplo a Sam y Joe; ambos son cristianos, pero la verdadera razón por la que son amigos se debe a que ambos son solteros de 40 años, o a que comparten una pasión por combatir el analfabetismo, o a que ambos son enfermeros. En la unidad extraevangélica, usamos la similitud para construir una colectividad.
Compara esta comunidad con una comunidad que revela el evangelio. En una comunidad que da a conocer el evangelio, muchas relaciones nunca existirían de no ser por el poder del evangelio, ya sea por la profundidad del cuidado mutuo o porque las partes en la relación tienen poco en común, excepto Cristo. Claro, las relaciones basadas en la afinidad también pueden prosperar en la iglesia, pero no son el enfoque. Se dan de manera natural. En cambio, nos concentramos en ayudar a las personas a salir de sus zonas de confort para que edifiquen relaciones que no serían posibles sin lo sobrenatural.
Piensa en un globo que ha sido frotado contra tu camiseta para cargarlo con electricidad estática. Luego sostenlo por encima de la cabeza de alguien con cabello delgado y ligero. ¿Qué sucede? El cabello sube hasta el globo. No puedes ver la electricidad estática, pero su efecto, la reacción antinatural del cabello, es inconfundible. Lo mismo pasa con la unidad que da a conocer el evangelio. No puedes ver el evangelio; simplemente es cierto. Pero cuando fomentamos la unidad que es obviamente sobrenatural, hacemos que el evangelio sea visible. Me pregunto si puedes pensar en las relaciones que tienes en tu iglesia solo porque Cristo los ha unido. Puedo pensar en muchas de esas relaciones en mi vida y en la vida de otros que he observado. No te relacionarías con esa persona en el mundo, pero porque están en Cristo, tienen un cuidado, una preocupación y un afecto familiar el uno por el otro. ¡Ese amor hace que la electricidad del evangelio sea visible al mundo!
¿Quiere decir esto que deberíamos evitar cualquier relación en la que compartamos algo más además de Cristo? ¿No debería ser amigo de otros hombres casados en la iglesia a los que les guste el rock and roll y el béisbol de los New York Mets? No, Dios usa nuestras similitudes naturales. Y todas las iglesias tienen cierto tipo de cultura, cierto tipo de sensación, cierto idioma principal, e incluso cierta mayoría cultural. Sería deshonesto sugerir lo contrario, decir que una congregación realmente no comparte nada más en común salvo Cristo. Los gustos parecidos se atraen entre sí, y eso es natural. Pero algo importante a considerar es si dejaremos que las diferencias se conviertan en una barrera para la comunión, o una invitación para participar conjuntamente en glorificar al evangelio. ¿Insistiremos en el ministerio por similitud, lo cual se siente natural? O bien, si reconocemos nuestra tendencia hacia las semejanzas, ¿estableceremos nuestra aspiración en una comunidad donde personas diferentes disfruten una comunión extraordinaria solo por el vínculo sobrenatural del evangelio?
La unidad que importa, aquella que logra los propósitos de Dios en sí, es demostrablemente sobrenatural. No es una unidad que se construye alrededor del evangelio en adición a otro vínculo de similitud. Es la unidad que da a conocer el evangelio.
¿Qué es la unidad? Habiendo visto estas dos falsificaciones, ¿qué es la unidad cristiana verdadera? La unidad cristiana verdadera de la que Pablo habla en su carta a los efesios podría definirse como una acción, un propósito, una fuente y un contexto.
La acción es amar. Específicamente, amar con ese amor hacia nuestros hermanos y hermanas en Cristo que traspasa los límites sociales. Piensa en las palabras de Jesús: «Si amáis a los que os aman, ¿qué mérito tenéis? Porque también los pecadores aman a los que los aman».
Segundo, el propósito es la gloria de Dios en la vindicación de su evangelio. La unidad que existe por cualquier otro propósito puede ser valiosa, pero no es la unidad cristiana que estamos explorando en esta clase.
Tercero, la fuente: el amor de Cristo. «Nosotros amamos porque él nos amó primero». El amor que es sobrenatural solo puede explicarse a través del poder de Dios que obra en nosotros. Si la unidad es impulsada por el amor con el que el mundo está familiarizado y puede explicar, ¿de qué manera mostrará eso la sabiduría de Dios a los «principados y potestades en los lugares celestiales»? No, la unidad que glorifica a Dios y justifica la sabiduría del evangelio es la unidad que se alimenta de saber cuánto hemos sido perdonados en Cristo. ¿Recuerdas las palabras de Jesús en Lucas 7? «Aquel a quien se le perdona poco, poco ama». Y aquel a quien se le perdona mucho, mucho ama. Si en cualquier momento esta clase se convierte en solo una lista de cosas por hacer, cosas que sabes que deberías hacer y probablemente puedes hacer si trabajas arduamente, entonces vamos rumbo a la dirección equivocada. La unidad que nos interesa, esa unidad que es sobrenatural, tiene en su fuente un profundo entendimiento de lo mucho que hemos sido perdonados. La unidad cristiana no solo debe tener como meta el evangelio, sino que en su núcleo, debe nutrirse del mensaje del evangelio. Cualquier otra cosa es simplemente obra de seres humanos.
Y, por último, un contexto: un amor que, si bien no se limita a la iglesia local, trabaja de manera más práctica en ese contexto. Esas cuatro partes componen la definición que ves en el folleto: Amor que da a conocer el evangelio y que glorifica a Dios para con todos los hermanos y hermanas en Cristo, alimentado por nuestro perdón en Cristo que se expresa más claramente en la asamblea de la iglesia local.
Esa es la unidad cristiana, el plan de Dios para dar a conocer la sabiduría del evangelio a todos los pueblos.
¿Qué está en riesgo? He estado diciendo que debemos apuntar hacia la clase de unidad correcta en nuestra iglesia. Que si no lo hacemos, realmente comprometemos los propósitos de Dios para la iglesia. ¿Pero cuáles son los riesgos exactamente? Si nuestra unidad se basa en vínculos naturales y no en el evangelio sobrenatural, ¿qué perdemos? Comencemos con la misión de la iglesia tal como se declara al final del libro de Mateo.
En Mateo 28, Jesús comisiona a su iglesia cuando le dice a sus discípulos:
«Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo».
A riesgo de simplificar demasiado, existen dos impulsos vitales de esta Gran Comisión. Debemos compartir el evangelio con todas las naciones (incluyendo la nuestra), bautizando a quienes creen. Dicho de otro modo, evangelizar. Y debemos formar seguidores de Jesús: enseñando a cada generación de convertidos todas las cosas que él nos ha mandado. En otras palabras, discipular.
Cuando edificamos una unidad de la iglesia local que no es evidentemente sobrenatural, ponemos en juego ambos elementos de nuestra comisión. Comprometemos nuestra evangelización y comprometemos nuestro discipulado.
A. Comprometemos la evangelización
Las palabras de Jesús en Juan 13 describen nuestro poder en la evangelización. «En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros». Y no se trata de un amor cualquiera, pues el versículo anterior establece el estándar de este amor: «Como yo os he amado, que también os améis unos a otros». Se trata de un amor con la profundidad de la cruz; un amor tan amplio como para llegar del cielo a la tierra. El amor que caracterizará a los creyentes ante los ojos del mundo como seguidores de Jesús es la misma clase de amor costoso, sobrenatural y que exalta a Dios que Jesús nos muestra.
Ahora bien, ¿puede existir amor en una comunidad conformada alrededor de algo más que no sea el evangelio? Por supuesto que sí. Piensa en la clase de comunidad que encontrarías en Alcohólicos Anónimos o en el Club Rotary, o en la página de Facebook de tu banda favorita. Puedes encontrar amistades allí, incluso afecto, lo que es maravilloso y real. ¿Pero es este el amor inexplicable sin Dios que Jesús describe en Juan 13? No, es el amor que el mundo reconoce. No obstante, el amor de Juan 13 y Efesios 3 es sobrenatural. Cuando la comunidad de la iglesia local desafía la explicación natural, confirma el increíble poder del evangelio[1].
Entonces, ¿cuál es el costo de la comunidad en la iglesia local que no es evidentemente sobrenatural? Volviendo a Juan 13:35: suprimimos lo que Dios quiere que sea la confirmación del evangelio. Evangelizar sin una comunidad sobrenatural es como empujar agua cuesta arriba. Es como «mostrar y contar» sin la parte de «mostrar». Puesto que servimos a un Dios de gracia, él todavía se complace en salvar almas cuando anunciamos el evangelio. Sin embargo, sin una comunidad sobrenatural, la evangelización no cuenta con el principal testimonio que Dios ha dado para manifestar el poder del evangelio al mundo.
B. Comprometemos el discipulado
Da un vistazo a Efesios 4:14-15. Pablo dice que la meta de nuestra vida juntos en la iglesia local es: «que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por dondequiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo».
Eso es lo que queremos ver en nuestra iglesia, ¿cierto? Un cuerpo de creyentes firmemente establecidos en nuestra obediencia a Cristo, la segunda parte de la Gran Comisión. Incluso si somos golpeados por falsas doctrinas y por artimañas humanas, nos aferramos con firmeza al fidedigno mensaje del evangelio. Esto que ves aquí es madurez y santidad. Crecemos en Cristo.
Ahora, ¿de dónde proviene esto? Pablo brinda una hermosa cadena en los versículos precedentes que demuestra cómo el crecimiento proviene de Cristo. Versículo 7, Cristo da dones a la iglesia. Versículo 11, esos dones son líderes tales como profetas, evangelistas, pastores y maestros que enseñan a su pueblo la Palabra. Su trabajo, versículo 12, es: «perfeccionar a los santos para la obra del ministerio», hasta que, versículo 13: «todos lleguemos a la unidad de la fe». ¿Lo ves? Por tanto, ¿quiénes son llamados por Dios para la obra del ministerio? ¿Los ancianos, en primer lugar? ¿Los ancianos que trabajan a tiempo completo en la iglesia, o el equipo pastoral? Estas personas poseen un rol importante, ¡pero el ministerio es la obra de los santos! Es el trabajo de cada cristiano. Eso significa que si eres miembro de una iglesia local, la santidad y el crecimiento del resto de los miembros es, de cierta manera, tu responsabilidad. Así como también lo es la unidad del cuerpo.
Entonces, ¿qué rol desempeña la unidad sobrenatural aquí? Es responsabilidad de los miembros discipularnos unos a otros para que seamos más semejantes a Cristo, pero no podemos efectuar este trabajo si las marcas que caracterizan a la iglesia son división, tensión, amargura, evitación y el egoísmo. La unidad es el terreno fértil en el cual este crecimiento puede ocurrir.
Y falso, la unidad «extraevangélica» tampoco hará el trabajo. Pablo dice en 1 Corintios 12 que existen muchas partes, pero un solo cuerpo (v. 20), y que él nos ha dado diferentes dones precisamente «para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se preocupen los unos por los otros». Si solo compartes con las orejas, entonces no puedes recibir la influencia provechosa de los ojos, de los codos y de los pies.
Supongamos que tenemos una iglesia donde la comunidad es bastante inexistente, donde las personas aparecen para el tiempo del sermón, pero no se relacionan más allá de eso. Una comunidad sin profundidad. O imaginemos que en vez de una iglesia, tengo a un montón de amigos cristianos de mi antiguo equipo deportivo con los que me reúno semanalmente para rendir cuentas y animarnos mutuamente. Una comunidad sin amplitud. ¿Qué hay de malo en ellas?
Bueno, ninguna es evidentemente sobrenatural. Y sin una comunidad sobrenatural, nos costará cumplir la tarea de evangelizar y nuestra tarea de presentarnos unos a otros perfectos en Cristo. Dios es un dios increíblemente lleno de gracia y bondad. Así que no puedo decir que necesariamente fracasaremos, pero la unidad sobrenatural es el medio a través del cual Dios desea que llevemos a cabo la Gran Comisión.
Conclusión Esa es nuestra introducción al tema de la unidad que desarrollaremos el resto del seminario. Durante las próximas doce semanas, veremos maneras prácticas de cómo podemos edificar una iglesia cuya unidad proteja y refleje el mensaje transformador del evangelio. Como dice el Salmo 133:1: «¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!». Espero que esa sea tu experiencia con la comunión que has experimentado en tu iglesia, y espero que tu oración sea que el Señor nos permita crecer y perseverar en la unidad.
[1]Me pregunto si esto podría explicar el interesante patrón del libro de Hechos. A medida que lees Hechos, notarás muy rápidamente que casi siempre, cuando el evangelio llega a una nueva región, viene acompañado por lo que Lucas llama «señales milagrosas». Estas señales ameritaban una explicación (cf. Hechos 2:12), y cuando la explicación llega, es el evangelio. Así, el libro comienza con la señal de lenguas en Pentecostés cuando el evangelio se predica por primera vez en Jerusalén. Luego cuando llega a Samaria, Lucas nos dice: «la gente, unánime, escuchaba atentamente las cosas que decía Felipe, oyendo y viendo las señalas que hacía» (8:6). El resto del libro sigue el mismo patrón: señales milagrosas a donde sea que el evangelio llega.
Pero cuando la narrativa vuelve a visitar estas ciudades, una vez que existe la iglesia local, deja de describir las señales milagrosas. Lucas se limita a escribir acerca de dos temas: el avance de la predicación del evangelio y el fortalecimiento de la iglesia.
¿Qué sucede? Aquí tienes una hipótesis: Cuando el evangelio entra por primera vez en una región, el Espíritu permite señales milagrosas. Una vez que el evangelio se establece, el Espíritu permite una comunidad milagrosa. Estas señales milagrosas eran un medio temporal para confirmar la verdad del evangelio. Temporal, hasta que el medio de confirmación permanente estuviese listo y en marcha: la comunidad milagrosa de la iglesia. E incluso en 1 Corintios 14, el único lugar donde vemos dones como el don de lengua en una iglesia establecida, Pablo deja en claro que la prioridad de los dones es edificar a la iglesia.
Por CHBC Capitol Hill Baptist Church (CHBC) es una iglesia bautista en Washington, D.C., Estados Unidos
Jueves 27 Julio Todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Gálatas 3:27-28 El bautismo (4): Señal de que me he revestido de Cristo En su carta a los cristianos de Galacia, el apóstol Pablo compara el bautismo cristiano con un cambio de ropa. Nuestra nueva vestidura es Jesús. En otra carta, Pablo escribe: “Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia” (Colosenses 3:12). Todas estas características, las mismas que el Señor Jesús manifestó, forman el tejido de la tela.
El vestido nos habla de lo que es visible, de cómo vivimos nuestra vida cotidiana. Cuando creemos en el Señor Jesús, se produce un cambio vital. Cambiamos nuestro comportamiento porque tenemos una nueva vida, aunque a menudo este cambio sea gradual y con altibajos. Dios quiere que manifestemos, que reflejemos las cualidades morales de Jesús.
Otra idea derivada de la vestidura es la de pertenencia. Cuando yo estaba en el ejército, tenía un uniforme: la gente que me veía, veía mi uniforme y sabía que yo estaba en el ejército. Mi vestuario mostraba a qué regimiento pertenecía. Asimismo, el bautismo nos identifica públicamente con Jesús; rompe las barreras sociales, culturales o de identidad. Es la señal de que pertenecemos a Cristo y, en consecuencia, estamos vinculados a todos los que, por la fe, han acudido a él. Es una posición nueva en Cristo.
“Mi alma se alegrará en mi Dios; porque me vistió con vestiduras de salvación, me rodeó de manto de justicia” (Isaías 61:10).
(continuará el próximo jueves) 1 Crónicas 8 – Lucas 10:21-42 – Salmo 89:1-6 – Proverbios 20:8-9
El concepto de la “fe ciega” es un invento reciente que no se encuentra en ninguna parte de la Escritura. Si regresas a la Palabra de Dios, encontrarás que la palabra hebrea para fe, por su propia definición, se refiere a una confianza lógica, robusta e inquebrantable en la verdad.
Los cristianos, especialmente los creacionistas de seis días, son a menudo acusados de tener fe ciega. ¿Es esto justo? ¿Qué se entiende por fe ciega? De hecho, ¿Qué es fe?
La Epístola a los Hebreos define fe como “la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Como Jesús le explicó a Tomás: “bienaventurados los que no vieron, y creyeron.” (Juan 20:29). Así que fe, como dice la Palabra de Dios, es estar seguro acerca de algo que no hemos sido testigos oculares (incluyendo la creación, Hebreos 11:3), o que no se puede ver ahora, o que no se ha revelado aún.
Por esta definición, ¡Toda fe es ciega! Si se tratara de lo que se ve, la fe ya no sería operativa.
Por esta definición, ¡Toda fe es ciega! Si se tratara de lo que se ve, la fe ya no sería operativa. El hecho es que todo el mundo tiene algún tipo de fe. Los evolucionistas tienen fe en su versión sobre los orígenes, los pasajeros de un tren confían en las habilidades del conductor, y los niños creen que van a recibir regalos en Navidad. Todos confían en algo invisible.
Alguna fe puede ser injustificada, y sin duda esta fe es ciega. En cambio, la fe cristiana es a la vez razonable y justificada. Se basa en primer lugar y sobre todo en la Palabra consistente y confiable de Dios. Y aunque no requiere pruebas externas, es totalmente compatible con evidencias físicas. Dios puede ser invisible, pero sus cualidades se observan claramente en la naturaleza (Romanos 1:20).
El mismo lenguaje del Antiguo Testamento hebreo revela que nuestra fe está intrínsecamente ligada a la verdad. Las dos palabras para fe y verdad, emunah y emet, son incluso a veces traducidas indistintamente en diferentes versiones bíblicas. Ambas palabras hebreas se derivan de la misma raíz, aman, que significa “firmeza, certeza, fiabilidad”. Así que, en vez de ser confusa, la fe bíblica, así como la verdad, es segura y cierta.
Una parte integral de emet es la confiabilidad y la fidelidad, aunque la palabra es más comúnmente traducida como “verdad”. La verdad bíblica se mantiene firme en el tiempo como los pilares del templo, omnot (“soportes firmes”), la otra palabra derivada de aman (ver 2 Reyes 18:16).
Irónicamente, son las filosofías y teorías humanas las que realmente son confusas, no la fe bíblica. Jesús dijo que aquellos que ignoran sus enseñanzas, ya sea en pensamiento o comportamiento, son como casas construidas sobre la arena, destinadas a colapsar (Mateo 7:24–27). En contraste, aquellos que viven de acuerdo a “la verdad” (Juan 14:6), son como casas construidas sobre lechos rocosos, que pueden soportar fielmente todas las dificultades.
De hecho, un elemento clave de emunah (a menudo traducido “fe”) es la fe-plena, confianza persistente en Dios y sus promesas, pase lo que pase. Vemos ejemplos de emunah en la mujer enferma de flujo de sangre por doce años (Mateo 9:22), en la mujer cananea cuya hija era atormentada por demonios (Mateo 15:28), y en el ciego Bartimeo (Marcos 10:52). Ellos creyeron y persistieron.
Jesús elogió tal fe. Comparó la fe con una semilla de mostaza (Mateo 17:20) porque, aunque comience de forma pequeña, con un cuidado fiel puede crecer para lograr grandes cosas para la gloria de Dios.
Otro derivado del aman es amén. Al decir “amén” después de una oración o declaración, respaldamos su veracidad y confirmamos nuestro acuerdo con ella. Una traducción adecuada es “¡Ciertamente!”.
Dioses la roca, y Él nunca cambia (Malaquías 3:6). Él es totalmente digno de confianza, cumple siempre Sus promesas. Él es El emunah (Deuteronomio 32:4) y El emet (Salmo 31:5) — “Dios de la fidelidad” y “Dios de la verdad”. Por lo tanto, la fe en nuestro Dios de confianza y en Su Palabra verdadera está bien fundamentada y es totalmente razonable. ¡Amén!
John C. P. Smith obtuvo su licenciatura en hebreo e historia judía de University College London. Actualmente escribe un estudio de palabras en hebreo para la publicación In Tocuch de Christian Friends of Israel.
Miércoles 26 Julio (Jesús dijo:) Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. Juan 13:34 ¿Un cristianismo sin la cruz? Jesús dijo: Amaos “unos a otros”, y la mayoría de la gente está de acuerdo con este mandamiento. Todos reconocemos que sería útil ponerlo en práctica, pues el resultado sería una vida pacífica y feliz en la sociedad. Pero la vida cotidiana muestra una realidad muy diferente. Los conflictos, las guerras y los crímenes, resultado de los celos y los odios de unos contra otros, abundan.
En cambio, y durante toda su vida, Jesús mostró un amor puro, entregado a los demás. “Como yo os he amado”, esta es la medida del amor que Jesús nos pide. La Biblia dice: “En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros” (1 Juan 3:16). El que era justo y estaba lleno de amor por los demás fue condenado a muerte por quienes habían visto su ejemplo: “Me devuelven mal por bien, y odio por amor” (Salmo 109:5). Esta es la prueba de nuestra incapacidad para amar según el modelo divino, y también de la necesidad de un cambio profundo en el ser humano.
Solo una nueva naturaleza, un corazón nuevo, puede llevarnos a seguir el ejemplo del Señor. Es un error pensar que podemos seguir el camino de Jesús, por muy atractivo que sea, sin reconocer que nuestra naturaleza es mala. La muerte de Jesús en la cruz condena a los que lo rechazaron en el pasado, así como a los que lo rechazan hoy. Pero a los que creen en él les da el derecho a ser hijos de Dios. Entonces reciben la naturaleza divina y pueden seguir el camino que Jesús ha trazado para nosotros. ¡El cristianismo sin la cruz no es más que una ilusión!
Martes 25Julio Un viento tempestuoso… encrespa sus ondas. Suben a los cielos, descienden a los abismos; sus almas se derriten con el mal… Entonces claman al Señor en su angustia, y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas. Salmo 107:25-29 Ayuda urgente Leer Mateo 14:22-33 Jesús envió a sus discípulos a la otra orilla del lago, pero no fue con ellos en la barca. Cuando estaban en medio del mar, se levantó una fuerte tormenta, y los discípulos remaban con dificultad. Al ver su angustia, Jesús caminó sobre el agua para reunirse con ellos y tranquilizarlos. Pero ellos se asustaron pensando que era un fantasma. “Y dieron voces de miedo. Pero en seguida Jesús les habló, diciendo: ¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”. No quería que ellos tuvieran miedo, por eso les habló inmediatamente para tranquilizarlos. Su voz los calmó, aunque la tormenta seguía.
Ante la invitación de Jesús a venir a él, ¡Pedro también caminó sobre las aguas! Pero de repente, al ver las grandes olas, volvió a asustarse y empezó a hundirse; entonces gritó pidiendo ayuda. “Al momento Jesús, extendiendo la mano, asió de él, y le dijo: ¡Hombre de poca fe! ¿Por qué dudaste?”. Jesús no dejó que se hundiese más, sino que acudió inmediatamente en su ayuda; y solo cuando estuvo fuera de peligro, Pedro escuchó el reproche lleno de amor del Señor.
Cristianos, tenemos al mismo Salvador lleno de gracia y misericordia para ayudarnos en nuestras debilidades. ¡Cuántas veces lo afligimos con nuestros miedos o falta de fe! Pero cuando nos encontramos en medio de dificultades que nos aterrorizan, la misma voz está ahí para tranquilizarnos, de inmediato, con unas pocas palabras.
Con 112 opciones de género, nuestra cultura necesita desesperadamente una lección en biología básica.
La sociedad moderna nos dice que podemos elegir nuestro género, que el género se basa en el sentimiento subjetivo, y que el género es “fluido”. Según un blog de Tumblr1 (diciembre 14, 2020) hay 112 géneros que incluyen los siguientes:
Apconsugénero – género en el que uno sabe lo que no es, pero no sabe lo que sí es; el género permanece oculto para la propia persona Heliogénero – género cálido y ardiente Perigénero – se identifica con un género, pero no como un género Verangénero – género que cambia al momento de ser identificado Aunque estos supuestos géneros pueden parecer absurdos, lo que nos muestran es que hay gente muy confundida y en gran necesidad de la verdad de la Palabra de Dios, y de un poco de biología básica.
¿Hay diferencia entre sexo y género? En su intento por usurpar los datos y hechos biológicos, los revolucionarios sexuales buscan separar al género del sexo definiéndolos como dos aspectos separados de la persona. Un trabajo reciente sobre este tema afirmaba: “El sexo es una característica biológica determinada específicamente por los cromosomas sexuales… El género, por otra parte, es algo que se define social, cultural, y personalmente”.2
Otro artículo brindaba una definición similar de sexo para afirmar luego: “El concepto de género…es muy diferente al del sexo biológico. La identidad de género es un sentimiento subjetivo de “ser masculino” o “ser femenino”.3 (O, si seguimos las definiciones de género del blog de Tumblr ¡quizá sea algo completamente distinto!). Pero ¿qué dicen los expertos médicos que escriben los diccionarios médicos?
Siguen definiendo al género y al sexo como sinónimos. La edición actual del Diccionario de Ciencias Médicas de Stedman define al género como “categoría a la que pertenece un individuo según él mismo u otros, sobre la base del sexo” [itálicas añadidas]. Y se define al sexo como “carácter o cualidad biológica que distingue al varón de la mujer”.4
El Diccionario Enciclopédico Médico Taber define el género como “el sexo de un individuo (es decir, varón o mujer)” y al sexo como “1. Características que diferencian al macho de la hembra en la mayoría de las plantas y animales. 2. Género”.5 Queda claro a partir de la perspectiva médica y científica que son lo mismo. Solo aquellos que desean hacer lo que es justo ante sus propios ojos (Jueces 21:25) desean diferenciar estos términos para justificar su pecado.
La Palabra de Dios tampoco separa al género del sexo. Génesis 1:27 se refiere a la creación del varón y la hembra (sexo) y en Génesis 2 leemos en mayor detalle sobre la creación del hombre y la mujer (género). Se utilizan pronombres masculinos y femeninos (ej. ella, él) para vincular al varón con el hombre y a la hembra, con la mujer a lo largo del relato de la creación de Génesis. El sexo está directamente conectado con el género. Además, cuando Dios terminó su creación, declaró que todo lo que había hecho era “bueno en gran manera” (Génesis 1:31). Por lo tanto, el diseño de Dios es de solo dos géneros/sexos, y este diseño está confirmado en nuestra biología.
¿Hay dos géneros/sexos distintos y definidos? El complemento normal de los cromosomas humanos son 23 pares – 22 pares de autosomas, y un par de cromosomas sexuales. Las mujeres tienen dos cromosomas X, y los varones tienen un cromosoma X y un cromosoma Y. La región determinante del sexo en el cromosoma Y, SRY (en inglés) es un gen que inhibe el crecimiento anatómico femenino e induce la formación de la anatomía masculina unas 6 a 8 semanas después de la fertilización, en el vientre materno. Eso no significa que hasta ese momento el bebé no tenga género/sexo, sino que no se puede ver en su apariencia externa hasta entonces.
La mayoría de las personas conocen las diferencias anatómicas definidas entre los varones y las mujeres, y la forma en que dichas diferencias hacen que sea posible procrear para los hombres y las mujeres. Pero hay muchas diferencias fisiológicas también. La mayoría de ellas son resultado de las diferencias en las hormonas sexuales (como la testosterona y el estrógeno/progesterona) y sus niveles, que están determinados por las diferencias de los cromosomas sexuales.
Las mujeres convierten más la energía en grasa almacenada, y los varones la convierten más en músculo. Aunque a muchas mujeres no les gusta la grasa corporal, ésta tiene relación directa con la fertilidad ¡así que hay una buena razón para la grasa! Los varones tienen más glóbulos rojos y factores de coagulación, mientras que las mujeres tienen más glóbulos blancos, que producen anticuerpos más rápido, que permiten que se enfermen con menos frecuencia. Eso significa ¡que la gripe a los hombres puede ser muy real! Estas características definidas, diseñadas por la fisiología, tienen sentido porque los hombres suelen participar más en actividades que tienen que ver con el riesgo, la caza, la protección y la guerra, y las mujeres se involucran más en la crianza de los niños y actividades en grupos sociales.
Las diferencias anatómicas y fisiológicas definidas, entre hombres y mujeres, ocupan ahora la primera fila en el debate actual sobre los hombres transgénero (hombres que se identifican como mujeres), que participan en competencias deportivas para mujeres. La biología básica no es algo que se pueda negar, porque los hombres tienen corazones más grandes, pulmones más grandes, y más masa muscular (por nombrar tan solo algunas diferencias) que les otorgan clara ventaja por sobre las mujeres. Por mucho que entrenen las mujeres, probablemente no lleguen a ser capaces de vencer a los hombres. Por lo tanto, la inclusión de hombres transgénero hace que estas competencias deportivas sean muy injustas para las mujeres. Ahora la revolución sexual tendrá que ver cómo se las arregla con los resultados de sus ideas erróneas.
De acuerdo con la biología, la Biblia muestra que Dios creó dos géneros/sexos definidos y muy distintos. En Génesis 1:27 Dios crea al varón y la hembraa su imagen. En Génesis 2:23 Adán expresa sus parecidos, pero también sus diferencias, al darle a la hembra un nombre diferente: Varona -mujer.
Diferencias reales Los varones y las mujeres tienen muchas diferencias físicas que van más allá de la anatomía reproductiva. Aquí incluimos una pequeña muestra:
GENÉTICA (en todas las células del cuerpo) NIVELES DE HORMONAS ALIMENTO GLÓBULOS EN LA SANGRE VARÓN VARÓN un cromosoma X un cromosoma Y más testosterona lo convierte en músculo más glóbulos rojos y factores coagulantes MUJER MUJER dos cromosomas X más estrógeno más progesterona lo convierte en grasa más glóbulos blancos ¿Y qué del género/sexo en los animales? Según las ideas evolucionistas los humanos somos un animal más, por lo que a veces usan la biología y las conductas del reino animal para justificar algo en los seres humanos. Los revolucionarios sexuales razonan que si algo es normal en los animales, también debiera considerarse normal en los humanos.
Hay dos tipos de hermafroditismo (el ser macho y hembra a la vez) en los animales: el tradicional, y el secuencial. El hermafroditismo tradicional es común en los caracoles, las babosas, los gusanos, y los peces. En este caso el organismo presenta partes anatómicas de macho y hembra a la vez, y/o tanto esperma como óvulos. Este diseño creado por Dios ayuda a los organismos en áreas donde no se halla fácilmente una pareja, para que el organismo pueda seguir reproduciéndose.
El hermafroditismo secuencial describe al organismo (puede ser un pez, un caracol, un crustáceo o una rana) que nace con un sexo pero luego hace la transición al sexo opuesto en algún momento. Por ejemplo, si muere la hembra en una pareja de peces de coral, en lugar de que el macho tenga que dejar la seguridad del coral para encontrar a otra hembra, esperará allí. Si aparece un macho, uno de los dos hará la transición para ser hembra, con el fin de poder reproducirse. No es algo que se basa en un “sentimiento” que lo lleva a ser del sexo opuesto, sino más bien el diseño biológico que Dios ha puesto en ellos como estrategia de supervivencia, para ayudarles en un mundo caído.
Algunos animales (como las serpientes, las lagartijas, peces y aves) actúan como si fueran del sexo opuesto para obtener alguna ventaja temporera. Como resultado se reduce la competencia, y hay mejores oportunidades de encontrar pareja para reproducir, y mejor acceso territorial. Una vez obtenida la ventaja, el animal esencialmente “deja de actuar” de esa manera y se comporta según el sexo con el que nació. También esto es un ejemplo del diseño integrado en el organismo que ayuda a la supervivencia en este mundo actual que sufre los efectos de la caída.
¿Será sabio en verdad argumentar que lo que es normal en los animales también ha de ser normal en los humanos? Hay animales que matan a otros, que matan a sus parejas o crías y tienen conductas violentas los unos hacia los otros. Si quieren ser consistentes los revolucionarios sexuales deben admitir que esas conductas también han de considerarse normales en los seres humanos. Sin embargo, los seres humanos nos diferenciamos de los animales porque fuimos creados a imagen de Dios (Génesis 1:26-27) y se nos otorgó dominio sobre los animales (Génesis 1:28).
¿Qué hay de las anomalías del género/sexo? Muchas veces se recurre a las anomalías del género/sexo para argumentar que el género y el sexo son diferentes aspectos en las personas. Se dice que la persona genéticamente puede ser de un sexo mientras su aspecto externo puede ser del sexo opuesto. Tenemos que saber que sí existen anomalías, pero eso es porque vivimos en un mundo caído. Jamás debiéramos argumentar a partir de lo infrecuente y anormal, en favor de lo normal y común. Veamos algunas de las anomalías más comunes, pero recordemos que afectan a menos del 0.1% de la población.
Hermafroditismo o intersexo es lo que describe al bebé que nace con tejido ovárico y testicular. Pero en la gran mayoría de estos casos el bebé es genéticamente XX (mujer) o XY (varón), y no ambas cosas a la vez. Se desconoce la causa que subyace a la anormalidad física. Hiperplasia suprarrenal congénita es lo que resulta de esteroides sexuales insuficientes o excesivas, y que da como resultado un aspecto externo que puede ser el opuesto al de los cromosomas. También en este caso, el bebé es genéticamente solo XX o solo XY. Síndrome de insensibilidad andrógena, es lo que ocurre en varones genéticos (XY) cuyos tejidos no responden a las hormonas masculinas, y parecen anatómicamente mujeres. (Los varones y mujeres normales tienen tanto testosterona como estrógeno/progesterona, pero los niveles de las hormonas y la respuesta de los tejidos varía, dependiendo de si son varón o mujer). El síndrome de Turner se da en mujeres que tienen solo un cromosoma X (X0). Sus ovarios suelen degenerarse antes del nacimiento, por lo que no desarrollan características femeninas secundarias, y son infértiles. El síndrome de Klinefelter se da en varones que tienen dos cromosomas X y un cromosoma Y (XXY). Desarrollan características sexuales secundarias masculinas reducidas, y también suelen ser infértiles. El varón XX o la mujer XY se dan de manera muy infrecuente (menos del 0.005% de los nacimientos vivos). Es resultado de una translocación (desplazamiento) del gen SRY a un cromosoma X, o a la mutación del gen SRY, respectivamente. Son personas que no exhiben características sexuales secundarias, y son infértiles. El gen SRY si está presente, determina la anatomía masculina o la condición de ser “varón”, (aunque la persona tenga dos cromosomas X); de no ser así, entonces la persona es hembra, “mujer” (aunque la persona tenga un cromosoma X y un cromosoma Y). En todos estos casos vemos que las personas son varones o mujeres según sean sus cromosomas sexuales (o las porciones de dichos cromosomas) por lo que solo existen dos géneros/sexos. Y toda persona que nace es o varón, o mujer. Muchas veces los padres y los médicos no percibirán que el recién nacido tiene alguno de estos desórdenes. Son desórdenes que presentan situaciones difíciles en un mundo maldecido por el pecado, y los padres, niños y médicos necesitan del apoyo y la compasión de los demás, cuando se enfrentan a decisiones difíciles.
Hay que destacar que los estudios de las personas con anomalías de género/sexo demuestran que en general, no tienen problemas con la identidad de género o la homosexualidad (menos del 1%).6 Por lo tanto, incluso en una situación en la que podría haber una razón legítima biológica subyacente que diera lugar a la confusión en cuanto al género o la atracción sexual, no parece haber relación alguna entre la biología y esas dificultades.
La biología y la Palabra de Dios son claras: solo hay dos géneros/sexos. La biología y la Palabra de Dios son claras: solo hay dos géneros/sexos. No importa qué es lo que sienta la persona, la realidad es que solo puede ser varón o mujer. Desde la rebelión de Adán todos nacemos siendo pecadores (Salmo 51:5) y todos enfrentamos la lucha contra el pecado, pero tenemos que recordar que: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1 Corintios 10:13). Para quienes tienen dificultades con la identidad de género hay esperanza verdadera. Es la misma esperanza que tenemos todos en este mundo caído: el evangelio de Jesucristo.
La Dra. Georgia Purdom es oradora e investigadora de Respuestas en Génesis. Obtuvo su doctorado en genética molecular de la Universidad del Estado de Ohio y pasó seis años como profesora de biología de la Universidad Nazarena de Mt. Vernon.
Lunes 24 Julio No temas… Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo… Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. Isaías 43:1-2 El Señor… es más poderoso que el estruendo de las muchas aguas. Salmo 93:4 En el horno con él El rey caldeo Nabucodonosor mandó construir una enorme estatua de oro y ordenó que “al oír el son de la bocina, de la flauta… y de todo instrumento de música”, todos se postraran y adoraran “la estatua de oro… Porque si no la adorareis, en la misma hora seréis echados en medio de un horno de fuego ardiendo; ¿y qué dios será aquel que os libre de mis manos?” (Daniel 3:5-6, 15).
A pesar de las amenazas de ese cruel rey, algunos de los jóvenes deportados no obedecieron. No se inclinaron ante el ídolo que el poderoso monarca erigió. El rey les repitió la orden de postrarse ante la estatua, pero la respuesta de los tres cautivos hebreos fue magnífica: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto… Nuestro Dios… puede librarnos del horno… y de tu mano, oh rey, nos librará”. Entonces el rey, enfurecido, hizo calentar el horno al máximo; allí fueron arrojados los tres valientes testigos, pero Dios no permitió que el fuego los tocara. Y más extraordinario todavía: un misterioso ser celestial vino a hacerles compañía en medio de las llamas.
Por supuesto, Dios podría haber evitado que sus siervos fueran arrojados al fuego, pero experimentar su presencia en la prueba era mejor que haber sido librados de ella. El Señor puede evitar que pasemos por una enfermedad, un problema, un accidente… No siempre lo hace, pero cumple su promesa: “Yo estoy con vosotros todos los días” (Mateo 28:20). Todos los días, tanto los que consideramos malos como los buenos.