PASTOREAR ES MUCHO MÁS QUE PREDICAR | Tim Challies

PASTOREAR ES MUCHO MÁS QUE PREDICAR

Tim Challies

Hace un par de días, hice la pregunta: «¿cuidamos a las ovejas o las usamos?», y expresé mi preocupación por el hecho de que los pastores podrían tener la tendencia a desatender el cuidado de las personas en sus iglesias en favor de usarlas para cumplir su ambición personal. El llamado del pastor es cuidar a la iglesia de Dios, trabajar en representación de Dios para cuidar aquello que Dios más ama. Pero ¿cómo? ¿Cómo el pastor hace caso a este llamado? Pablo dice en Hechos 20:28 que los pastores deben «ten[er] cuidado de sí mismos y de toda la congregación […]». El pastor cuida al rebaño al tener cuidado de sí mismo y de ellos.

El orden importa. Antes de que el pastor pueda hacer cualquier otra cosa, él tiene que tener cuidado de sí mismo. Él tiene que modelar todo lo que él llama a su iglesia a hacer, ser ejemplar en cuanto al carácter maduro cristiano. Él debe vigilar su propio corazón, su propia mente, su propia vida. Cuando vemos a pastores alejarse de la fe gracias a doctrinas falsas o naufragar en sus ministerios por sus vidas inmorales, podemos estar seguros de que en cada caso se debe a que fallaron en tener cuidado de sí mismos.

El pastor que está teniendo cuidado de sí mismo está equipado y calificado también para tener cuidado del pueblo de Dios. En este pasaje, Pablo se refiere al pastor como «supervisor». Un pastor no sólo lidera sus ovejas para que pasten y se hidraten, sino que también las vigila para cuidarlas de todo daño. De manera similar, un pastor no sólo le ofrece a su congregación sustancia espiritual, sino que también cuidado y protección espiritual. Esto quiere decir que el pastor debe mantenerse alerta, servir como guardián, prestar cuidadosa atención a la congregación de la cual está a cargo.

Esta es la pregunta que me ha estado desafiando: ¿puede un pastor cuidar a su rebaño si él no lo conoce? ¿Puede ser fiel a su cargo si no conoce realmente a sus ovejas? ¿Puede cuidar a todo el rebaño si no está familiarizado con sus vidas y desafíos individuales?

Y aquí es donde me pregunto si en muchas iglesias reformadas, podríamos estar sobreenfatizando el ministerio pastoral de la predicación y subenfatizando el ministerio pastoral uno a uno (o el ministerio de consejería o el ministerio de la catequesis o cómo sea que quieras llamarlo). Ahora, por favor, no me malinterpretes: me encanta el énfasis en la predicación dentro de las iglesias reformadas. Me alegro de que estemos tan bien servidos por seminarios que enfatizan el entrenamiento de futuros predicadores, por conferencias y cursos que buscan perfeccionar a los predicadores ya existentes, y por los estantes llenos de libros sobre la tarea de la predicación. No tengo duda de que la predicación es una de las formas en que el pastor puede vigilar a su rebaño. No obstante, sí tengo dudas de que sea la única manera o incluso la más significativa.

A menudo me llama la atención lo que dice Pablo en el versículo 20: «Bien saben cómo no rehuí declararles a ustedes nada que fuera útil, y de enseñarles públicamente y de casa en casa». Es ese ministerio «de casa en casa» en el que no dejo de pensar. Parece que Pablo estaba predicándole a la congregación reunida, pero también se juntaba con personas o familias.

No creo que sea posible para un pastor vigilar a todo el rebaño sólo desde el frente del salón los domingos en la mañana. Tampoco creo que pueda liberarse fielmente de su responsabilidad al asegurarse de que la iglesia tenga un ministerio de consejería al cual él pueda referir a las personas que necesitan cuidado o al decirles que él está disponible para ellos si es que y cuando necesiten algo, o al enfatizar el ministerio de «unos a otros» en la iglesia, como si Efesios 4:12 le permitiera al pastor externalizar el cuidado pastoral de la congregación. Al final del día, creo que él puede tener cuidado fielmente de las ovejas sólo si está consistentemente buscándolas y estando con ellas. ¡Se podría decir que un pastor fiel huele a sus ovejas!

Me desafío a mí mismo y a todo aquel que sea un anciano o pastor en una iglesia a considerar cómo podemos «ten[er] cuidado […] de toda la congregación […]». Nos desafío a asegurar que así como preparamos fielmente excelentes sermones expositivos por medio de los cuales alimentamos al rebaño, que también seamos fieles en buscar a las personas en nuestras iglesias, para que estemos teniendo cuidado del rebaño. Sólo podemos tener cuidado del rebaño al prestar cuidadosa atención al rebaño, y yo sugeriría que sólo podemos tener cuidado del rebaño cuando buscamos a cada miembro, preguntándoles sobre el estado de sus almas, orando por sus preocupaciones individuales, animándoles donde veamos evidencias de la gracia de Dios, aconsejando sus necesidades únicas, ayudándoles a obtener conocimiento donde son ignorantes y a obedecer donde son desobedientes. Así como cumplimos nuestro ministerio al ministrar la Palabra de Dios a la congregación reunida los domingos en la mañana, cumplimos nuestro ministerio al ministrar la Palabra de Dios a personas a lo largo de la semana.

Pastor, ten cuidado de ti mismo. Asegúrate de que tu vida esté libre de pecado e hipocresía y que tu doctrina esté libre de daño y error. Y entonces vigila a cada una de estas preciadas personas compradas por la sangre del mismo Dios y confiadas a tu cuidado. Prepárate para dar cuenta de cada una de ellas, a las que les enseñaste fielmente cuando se reunían y que fielmente cuidaste como personas mientras Dios te llamó a supervisarlas.

Este recurso fue publicado originalmente en el blog de Tim Challies.

Dios siempre responde

Domingo 23 Julio
También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar.
Lucas 18:1
Los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones.
1 Pedro 3:12
Dios siempre responde
Una noche varios cristianos se reunieron para orar. Algunos de los presentes estaban cansados y luchaban para no dormirse. De repente un anciano se levantó y tomó la palabra:

«Amigos, hoy me gustaría compartir con ustedes un gran tema de gozo. Hace sesenta y cinco años estaba arrodillado junto a la cama de mi madre, quien me dijo: Eres el único de la familia que conoce al Señor Jesús. Te recomiendo a tu padre y a tus hermanos. Ora por ellos todos los días hasta que sean salvos. Pues bien, esta mañana recibí una carta de Robert, el único hermano que me queda. Así comienza la carta: Mi querido hermano, tengo la mejor noticia para ti, finalmente he aceptado a Jesús como mi Salvador».

Esta historia cambió el ambiente de la reunión. Todos se animaron al constatar, una vez más, que orar a Dios no es en vano. La carta continuaba expresando una inmensa gratitud por este hermano que, durante sesenta y cinco años, había orado con perseverancia para que él, Robert, se volviera al Señor Jesús. Y esa noche la victoria de nuestro Dios Salvador renovó el fervor de cada uno para agradecerle y alabarle.

Aunque a veces, según su sabiduría, Dios espera mucho tiempo para respondernos, él no olvida nuestras oraciones. A veces oramos durante años por uno de los nuestros, sin ver ningún cambio. Como este anciano, recordemos que nuestro Dios es fiel, y perseveremos. Dios siempre escucha nuestras oraciones y las responderá a su debido tiempo.

1 Crónicas 5 – Lucas 9:1-20 – Salmo 87 – Proverbios 20:1

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“Es bueno para mí haber sido afligido.” Sal. 119:71 | Thomas Watson

“Es bueno para mí haber sido afligido.” —Sal. 119:71

Thomas Watson

Las aflicciones aceleran nuestro ritmo en el camino al cielo; es con nosotros, como con los niños enviados en un recado, si se encuentran con manzanas o flores en el camino, se quedan y no se apresuran a casa, pero si algo los asusta, entonces corren con toda la velocidad que pueden a la casa de su padre: así, en prosperidad, estamos recogiendo las manzanas y las flores, y no nos preocupamos mucho en el cielo, pero si comienzan a surgir problemas, y los tiempos se vuelven aterradores, entonces nos apresuramos más al cielo, y con David, “corremos por el camino de los mandamientos de Dios” (Sal. 119:32).

El pueblo de Dios no tiene ningún mandato de facilidad concedido, ninguna carta de exención de problemas en esta vida. Mientras que los malvados son mantenidos en azúcar, los piadosos a menudo son mantenidos en salmuera. Dios permite que Su pueblo esté en la casa de esclavitud para la prueba o la prueba. “El cual te guió por ese gran y terrible desierto… para humillarte y probarte” (Deut. 8:15-16). La aflicción es la piedra de toque de la sinceridad. “Tú, oh Dios, nos has probado; nos has probado, como se prueba la plata; … Pusiste aflicción sobre nuestros lomos” (Sal. 66:10-11).

Los hipócritas pueden abrazar la verdadera religión en prosperidad, pero es un buen cristiano que se mantendrá cerca de Dios en un tiempo de sufrimiento. “Todo esto ha venido sobre nosotros, pero no nos hemos olvidado de Ti” (Sal. 44:17).

Las piedras que se cortan para un edificio se labran y cuadran primero. Los piadosos son llamados “piedras vivas” (1 Pedro 2:5). Dios primero los corta y pule por la aflicción, para que puedan ser aptos para el edificio celestial. La casa de esclavitud se prepara para la casa no hecha con manos.

Las aflicciones sobre los piadosos los hacen mejores, pero las aflicciones sobre los impíos los empeoran. Los piadosos oran más (Sal. 130:1). Los malvados blasfeman más. “Los hombres fueron quemados con gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios” (Apc. 16:9). Las aflicciones sobre los impíos los hacen más impenitentes; toda plaga sobre Egipto aumentó la plaga de dureza en el corazón de Faraón. La aflicción de los piadosos son como especias aromáticas, que son muy dulces y fragantes: la aflicción sobre los impíos es como golpear malas hierbas con un mortero, lo que las hace más desagradables.

Una cama enferma a menudo enseña más que un sermón; podemos ver mejor el feo rostro del pecado en el vaso de la aflicción.

¿Qué pasa si tenemos más de la fila aproximada, si tenemos menos óxido? Las aflicciones no se llevan nada más que la escoria del pecado.

Cuando la aflicción o la muerte vienen a un hombre impío, le quita el alma; cuando se trata de un hombre piadoso, solo le quita su pecado… “Somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados para con el mundo” (1 Cor. 11:32). Él obra el pecado y obra en gracia.

“Estaré con él en problemas” (Sal. 91:15). Cuando seamos más atacados, seremos los más asistidos. ¿Qué pasa si tenemos más problemas que los demás, si tenemos más de Dios con nosotros que otros? No puede estar mal con ese hombre con quien Dios está. Mejor estar en la cárcel y tener la presencia de Dios, que estar en un palacio sin ella.

Es una consideración que inquieta el corazón, en todas las aflicciones que nos suceden, que Dios tiene una mano especial en ellas: “El Todopoderoso me ha afligido” (Rut 1, 21). Los instrumentos no pueden agitarse más hasta que Dios les dé una comisión, de lo que el hacha puede cortarse a sí mismo sin una mano. Job miró a Dios en su aflicción: por lo tanto, como Agustín observa, no dice: “El Señor dio, y el diablo quitó”, sino “El Señor quitó”. Quienquiera que nos traiga una aflicción, es Dios quien la envía. Las aflicciones funcionan para siempre. “Me es bueno haber sido afligido” (Sal. 119:71). Los hermanos de José lo arrojan a un hoyo; después lo venden; luego es echado en la cárcel; sin embargo, todo esto funcionó para su bien; su humillación dio paso a su avance; fue hecho el segundo hombre en el reino. “Pensasteis mal contra mí, pero Dios lo significó para bien” (Gén. 50:20). Jacob luchó con el ángel, y el hueco del muslo de Jacob estaba descoyuntado; esto fue triste; pero Dios lo hizo bueno, porque allí vio el rostro de Dios, y allí el Señor lo bendijo. “Jacob llamó el nombre de aquel lugar Peniel, porque he visto a Dios cara a cara” (Gén. 32:30). ¿Quién no estaría dispuesto a tener un hueso fuera de la articulación, para que pueda tener una vista de Dios? El rey Manasés estaba atado con cadenas, esto fue triste ver una corona de oro convertida en grillos; pero obró para su bien, porque: “Cuando estaba en aflicción, rogó a Jehová, y se humilló en gran manera, y Jehová le fue propicio” (2 Crónicas. 33:12-13). Estaba más en deuda con su cadena de hierro que con su corona de oro; la una lo ensoberbezó, la otra lo hizo humilde. Pablo fue herido por la ceguera; esto fue incómodo, pero se volvió hacia su bien; Dios dio paso por esa ceguera para que la luz de la gracia brillara en su alma.

Dios endulza el dolor externo con paz interior. “Vuestro dolor se convertirá en gozo” (Juan 16, 20). La vara de Dios tiene miel al final.

David dice: “Mis tiempos están en tu mano” (Sal. 31:15). Si nuestros tiempos estuvieran en nuestra propia mano, tendríamos liberación demasiado pronto; si estuvieran en la mano de nuestro enemigo, tendríamos liberación demasiado tarde; pero mis tiempos están en tu mano; y el tiempo de Dios siempre es mejor. Todo es hermoso a su tiempo: cuando la misericordia esté madura, la tendremos. Es cierto que ahora estamos entre el martillo y el yunque; pero no deseches tu ancla; Dios ve cuándo la misericordia estará a tiempo. Cuando su pueblo es lo suficientemente bajo, y el enemigo lo suficientemente alto, entonces aparece la estrella de la mañana de la Iglesia: Deja a Dios solo a Su tiempo. “Mi alma espera al Señor” (Sal. 130:6). Buena razón por la que Dios debe tener el momento de nuestras misericordias, “Yo, el Señor, lo apresuraré en Su tiempo”. La liberación puede permanecer más allá de nuestro tiempo; pero no se quedará más allá del tiempo de Dios… Después de una noche húmeda de aflicción, llega una mañana brillante de resurrección: si nuestras vidas son cortas, nuestras pruebas no pueden ser largas… El tiempo es corto (1 Cor. 7:29). Aunque la cruz sea pesada, solo tenemos una pequeña manera de llevarla. El tiempo siendo corto, el tiempo de espera no puede ser largo.

Cuando los corazones de su pueblo son más humildes, cuando sus oraciones son más fervientes, cuando su fe es más fuerte, cuando sus fuerzas son más débiles, cuando sus enemigos son más altos; entonces es el momento habitual en que Cristo expone su poder real para su liberación (Isa. 33:2, 8-10).

Las aflicciones trabajan para bien, ya que nos conforman a Cristo. Su vida fue una serie de sufrimientos, “un hombre de dolores y familiarizado con el dolor” (Isa. 53:3). Lloró y sangró. ¿Fue coronada su cabeza de espinas, y creemos que está coronada de rosas? Es bueno ser como Cristo, aunque sea por sufrimientos.

“Que ninguno de vosotros padezca… como un malhechor” (1 Pedro 4:15). No estoy en la mente de Cipriano, que el ladrón en la cruz sufrió como mártir; no, sufrió como un malhechor; Cristo a la verdad se apiadó de él y lo salvó; murió como santo, pero no mártir. Cuando los hombres sufren por mano de un magistrado, estos no sufren persecución, sino ejecución: no mueren como mártires, sino como malhechores; sufren mal por ser malos.

Dios ama a un cristiano agradecido. Job dio gracias a Dios cuando le quitó todo: “Jehová ha quitado, bendito sea el nombre de Jehová” (Job 1:21). Muchos le darán gracias a Dios cuando Él dé, Job le dará gracias cuando Él quite, porque sabía que Dios haría bien de ello. Leemos de santos con arpas en sus manos (Apc. 14:2), un emblema de alabanza. Nos encontramos con muchos cristianos que tienen lágrimas en los ojos y quejas en la boca; pero hay pocos con sus arpas en las manos, que alaban a Dios en la aflicción. Cada pájaro puede cantar en primavera, pero algunos pájaros cantarán en pleno invierno. Un buen cristiano bendecirá a Dios, no solo al salir el sol, sino al atardecer. Que nosotros, en lo peor que nos sucede, tengamos un salmo de gratitud, porque todas las cosas funcionan para bien. Si Dios hace que todas las cosas se vuelvan a nuestro bien, ¡cuán correcto es que hagamos que todas las cosas tiendan a Su gloria! “Hazlo todo para la gloria de Dios” (1 Cor. 10:31).

“Sus misericordias son nuevas cada mañana” (Lam. 3:23). La misericordia entra tan constantemente como la marea; más aún, cuántas mareas de misericordia vemos en un día. Nunca nos alimentamos, pero la misericordia nos talla todo; nunca bebemos sino en la copa de oro de la misericordia; nunca salimos al extranjero, pero la misericordia pone una guardia de ángeles alrededor de nosotros; nunca nos acostamos en la cama, pero la misericordia acerca las cortinas de protección a nuestro alrededor. ¿Recibiremos tantas cosas buenas de la mano de Dios, y no recibiremos el mal? Nuestras misericordias superan con creces nuestras aflicciones; por una aflicción tenemos mil misericordias. El mar de la misericordia de Dios tragaría unas gotas de aflicción.

Muchos, para librarse de problemas, se corren al pecado. Cuando Dios los ha atado con cuerdas de aflicción, van al diablo para desatar sus ataduras. Mejor es permanecer en la aflicción que pecar de ella.

La aflicción da vida al espíritu de oración; Jonás estaba dormido en el barco, pero en oración en el vientre de la ballena. Tal vez en un momento de salud y prosperidad oramos de una manera fría y formal, no ponemos carbones al incienso, apenas nos importaban nuestras propias oraciones, ¿y cómo debería importarles a Dios? Dios envía una cruz u otra para hacernos apoderarnos de Él. “Derramaron una oración, cuando tu mano castigadora estaba sobre ellos” (Isaías 26, 16); ahora su oración traspasaba los cielos. En tiempos de problemas oramos con sentimiento, y nunca oramos tan fervientemente como cuando oramos con sentimiento.

Cuando Dios pone a Sus hijos en la escuela de la cruz, los trata tiernamente, porque no los deja sin una promesa: “Fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis ser capaces”. Él no pondrá la carga de un gigante sobre la espalda de un niño, ni estirará demasiado las cuerdas del instrumento, para que no se rompan. Si Dios ve bueno golpear con una mano, Él apoyará con la otra; o hará que la fe sea más fuerte, o hará que el yugo sea más ligero.

Dios ama a Su pueblo cuando está dando la dieta amarga de la aflicción. La vara de Dios y el amor de Dios, ambos están juntos. No es amor en Dios dejar que los hombres continúen en pecado, y nunca hiera. La maldición más grande de Dios es cuando Él no aflige por el pecado. Sintamos la mano de Dios para que podamos tener Su corazón.

Las aflicciones se suman a la gloria de los santos. Cuanto más se talla el diamante, más brilla; cuanto más pesada es la cruz de los santos, más pesada será su corona.

Si Dios es nuestro Dios, nos dará paz en los problemas. Cuando hay una tormenta afuera, Él dará la paz por dentro. El mundo puede crear problemas en paz, pero Dios puede crear paz en medio de problemas.

La elección equivocada

Sábado 22 Julio
Os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge, pues, la vida, para que vivas.
Deuteronomio 30:19
La elección equivocada
Leer Mateo 19:16-24; Marcos 10:17-23
Un joven rico, talentoso y además religioso, vino a interrogar a Jesús. Estos privilegios no eran suficiente para él, pues una pregunta lo atormentaba. Quizá Jesús de Nazaret, el profeta del que había oído hablar, podría ayudarle a resolverla. Entonces le preguntó: “Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?” (Mateo 19:16).

¿Buscaba certezas sobre la vida futura? ¿Qué condiciones exige Dios? ¿Se trataba más bien de una toma de conciencia? ¿Alguna vez tendría que rendir cuentas al Dios creador, de quien dependía para el uso de sus bienes y su vida?

Jesús lo miró con amor y no dudó en responderle. Sabía cuál era su verdadero problema y le puso el dedo en la llaga, pidiéndole que vendiese todo lo que tenía y lo diese a los pobres.

Este joven se fue triste, sin respuesta, porque era esclavo de las riquezas. En realidad, no era él quien las poseía, sino que eran las riquezas las que lo poseían. En efecto, no es posible servir a dos señores, a Dios y a las riquezas (Mateo 6:24). Este joven no tenía ninguna fuerza para invertir su escala de valores, a menos que reconociese el amor de Jesús y la verdad de su mensaje. Sus muchas posesiones se apoderaron de su corazón sin que él se diese cuenta, y lo que Jesús le pedía debía hacerle tomar conciencia de ello. Este encuentro, ¿produciría en él un resultado positivo?

“Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones” (Hebreos 3:15).

“Si puse en el oro mi esperanza… esto también sería maldad juzgada; porque habría negado al Dios soberano” (Job 31:24, 28).

1 Crónicas 4 – Lucas 8:26-56 – Salmo 86:14-17 – Proverbios 19:28-29

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El significado de la masculinidad | PHILLIP HOLMES

El significado de la masculinidad | PHILLIP HOLMES

Una de las cosas que más me gusta hacer mientras limpio la cocina o hago otras tareas de la casa es llamar a mi mamá. Se ha convertido en un patrón, tanto que cuando llamo, ella me dice en broma: «Debes estar limpiando la cocina».

En una conversación reciente, le confesé que he estado luchando como esposo. Le expliqué que no había logrado comprender del todo cómo luce la verdadera masculinidad. Durante la mayor parte de mi vida, había asumido que si me ocupaba de mí mismo —trabajando, pagando mis facturas, comprando mi comida y encontrando un refugio adecuado— estaba cumpliendo con el llamado de Dios a la masculinidad.

El papel de liderazgo que Dios ha dado a los hombres no es una oportunidad para ser servido, sino un llamado a servir de forma sacrificial

A medida que crecía en mi comprensión de la masculinidad bíblica, descubrí que la verdadera masculinidad exigía más de mí. Como hombre soltero, no había puesto en práctica lo que sabía que requiere el matrimonio. En secreto, pensaba que el matrimonio me cambiaría milagrosamente y me haría un mejor hombre. No bebí de la fuente de la verdadera masculinidad como soltero, así que ahora estoy bebiendo a borbotones desde una gran manguera como nuevo esposo. Ahora estoy aprendiendo de la manera más difícil sobre el elevado y arduo llamado de la masculinidad.

La entrega y sacrificio de Jesús
La vida de Jesús encarnó la verdadera masculinidad. ¿Cómo no iba a hacerlo? Sin duda, podríamos enumerar una larga lista de características que Jesús encarnó y que lo convirtieron en un hombre verdadero. Sin embargo, dos rasgos dignos de mención son Su entrega y sacrificio.

Las enseñanzas de Jesús en los evangelios están empapadas de estos temas. Cuando le preguntaron: «Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento de la ley?», Jesús responde:

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y primer mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la ley y los profetas (Mt 22:36-40).

Además, Jesús no solo nos enseñó a amar al prójimo, sino a amar y orar por nuestros enemigos (Mt 5:44). Es más fácil sacrificarse y actuar desinteresadamente hacia aquellos que consideramos dignos de nuestro afecto, amor y recursos, pero la verdadera masculinidad se muestra cuando nos sacrificamos libre y desinteresadamente por los indignos.

Junto a sus enseñanzas, Jesús añadió un testimonio insuperable de Su entrega y sacrificio: la creciente humildad de Su vida, incluso hasta la muerte. A lo largo de Su ministerio, renunció desinteresadamente a Su tiempo, energía y recursos por el bien de los demás. Pablo escribe que Cristo «se despojó a Sí mismo» y asumió «forma de un siervo». Pablo nos exhorta a adoptar esta mentalidad: «Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús» (Fil 2:5-8). El estilo de vida de Cristo es un modelo no solo para los casados, sino también para la forma en que deben vivir los hombres (y mujeres) solteros.

La mejor muestra de la entrega y el sacrificio de Jesús fue cuando fue libremente a la cruz por el bien de Su novia, por obediencia a Su Padre y por el gozo puesto ante Él. Nuestro perfecto Salvador murió por una novia que, sin lugar a dudas, había demostrado que no era digna de tal sacrificio. Lo cual presenta un hermoso cuadro de cómo los esposos pecadores deben amar y apreciar a sus esposas.

Los hombres de verdad dan libremente
Muchos manifiestan una enorme desconexión entre lo que dicen y hacen. Sin embargo, como podemos ver, la vida de Jesús encarnó Su enseñanza de forma completa y perfecta. A diferencia de nosotros, Jesús comprendió mejor que nadie las implicaciones de Sus enseñanzas y nunca recortó las distancias por comodidad y conveniencia personal.

Aprendemos de Jesús que la verdadera masculinidad no consiste simplemente en mantener nuestras cosas limpias y ordenadas. La verdadera masculinidad significa ir más allá de nosotros mismos para amar a nuestro prójimo, el cual es cualquiera que conozcamos que tenga alguna necesidad. Los verdaderos hombres dan libremente su tiempo, sus recursos, su atención, su energía y su apoyo emocional a los que lo necesitan sin tener en cuenta lo que puedan recibir a cambio.

La verdadera masculinidad significa ir más allá de nosotros mismos para amar a nuestro prójimo

Para el hombre cristiano soltero, esto significa dar libremente de su tiempo y sus recursos mostrándose hospitalario, ofreciéndose como voluntario en la iglesia, atendiendo a los necesitados, visitando a los enfermos y ayudando a los ancianos. Tiene implicaciones aún para la administración de su dinero. ¿Podrías dar más a la causa de Cristo ya que tus gastos actuales son menores? ¿Cómo puedes honrar a tus padres en esta etapa? Podrías comprobar con más regularidad si tienen alguna necesidad que puedas satisfacer.

Para el hombre casado, su prójimo más cercano es su mujer y sus hijos. La masculinidad significa inclinarse en su matrimonio y en su familia. Significa proveer para ellos física, financiera, emocional y espiritualmente. Significa amar humildemente a su esposa, incluso en los momentos en que siente que ella es especialmente indigna de ese amor, y amar a sus hijos cuando parecen ser los que menos lo merecen. Los hombres de verdad honran a su padre y a su madre, y están deseosos de «recompensar a sus padres, porque esto es agradable delante de Dios» (1 Ti 5:4).

El gran llamado de la masculinidad
La primera vez que llamé a mi mamá mientras lavaba los platos, se sorprendió porque sabía que los actos así no eran naturales. Siempre he sido rápido para pensar en mí mismo y lento para pensar en los demás. Pero su reacción al verme limpiar la cocina, que fue divertida en el momento, me anima hoy. Me recuerda que, aunque el camino hacia la masculinidad ha sido lento y difícil, he crecido, aunque el crecimiento parezca insignificante. Su asombro me recuerda que Dios está obrando.

La verdadera masculinidad es un llamado difícil e incómodo, ya sea que estés soltero o casado. El papel de liderazgo que Dios ha dado a los hombres no es una oportunidad para ser servido, sino un llamado a servir de forma sacrificial. En un mundo que ofrece gratificación inmediata —en términos financieros, emocionales y sexuales— la masculinidad cristiana puede parecer poco atractiva e incluso sin sentido por momentos. ¿Por qué vivir de forma desinteresada y sacrificada cuando puedo hacer lo contrario y disfrutar de un placer instantáneo? Cuando la sociedad nos dice que el liderazgo equivale a un privilegio, ¿por qué aferrarse a la visión bíblica del liderazgo como sacrificio?

Los verdaderos hombres se niegan a sí mismos los placeres carnales para tener un verdadero gozo en Jesús

Los verdaderos hombres se niegan a sí mismos los placeres carnales para tener un verdadero gozo en Jesús. Ya sea que estés casado o soltero, si no estás sirviendo a tu prójimo de manera desinteresada y sacrificial, no estás caminando plenamente en la masculinidad bíblica. Los niños dicen: «Soy responsable de mí mismo». Los hombres dicen: «Soy responsable por mi prójimo». Los niños son obligados a dar, pero los hombres dan libremente porque se les ha dado libremente. Los niños esperan que su esposa o su madre laven los platos, pero los hombres se apresuran a tomar la esponja y el jabón. En última instancia, la masculinidad significa servir a los demás tanto o más que a uno mismo.

Aunque las recompensas temporales no siempre son inmediatas, las eternas valen la pena. Dios Padre demuestra que sí recompensará a los obedientes y fieles, como lo hizo con Su desinteresado y sacrificado Hijo:

Por lo cual Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le confirió el nombre que es sobre todo nombre, para que al nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo, y en la tierra, y debajo de la tierra, y toda lengua confiese que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre (Fil 2:9-11).

Publicado originalmente en Desiring God. Traducido por Equipo Coalición.
Phillip Holmes es el vicepresidente de comunicaciones institucionales del Reformed Theological Seminary [Seminario Teológico Reformado] y propietario de Highest Good, una agencia de marketing y estrategia digital. Él y su esposa Jasmine tienen dos hijos, Walter Wynn y Ezra Langston. Son miembros de la iglesia Redeemer de Jackson, Mississippi.

¿Vivo o muerto?

Viernes 21 Julio
Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo.
Efesios 2:4-5
¿Vivo o muerto?
¿Puede una persona estar oficialmente viva, si las autoridades la han declarado muerta? Esta pregunta se ha escuchado hace algunos años en los medios de comunicación.

Un hombre, reportado como desaparecido, fue declarado muerto después de veinte años. En el momento de su desaparición estaba desempleado, enfermo y en bancarrota. Veinticinco años después reapareció con buena salud física y financiera. Quería que se anulara la decisión que, según la ley, lo había declarado muerto. Pero esto solo era posible tres años después de la declaración judicial…

En cuanto a la vida espiritual (nuestra relación con nuestro Dios creador), por el contrario, es absolutamente posible volver a la vida en todo momento; no hay fecha límite. Dios declara que todos los hombres están espiritualmente “muertos” mientras quieran vivir sin Él. El pecado trajo consigo la muerte de nuestros cuerpos, y también produjo el mal en nuestros corazones y en nuestra conducta.

Siendo culpables ante Dios, ¿estamos sin esperanza? No. Dios aborrece el pecado, pero ama a su criatura. Envió a su Hijo Jesús para que sufriera el castigo que nosotros merecíamos por nuestros pecados. Él da la vida eterna a quienes aceptan a Jesucristo como su Salvador personal. Así los “muertos” cobran vida para Dios. El Señor lo había anunciado a los que buscaban entender quién era él. ¡Para comprenderlo es “necesario nacer de nuevo”! Este nuevo nacimiento es una gracia que resulta del amor infinito de Dios por nosotros. No tenemos ningún mérito para recibirlo, por eso lo agradecemos a Dios de todo corazón.

1 Crónicas 3 – Lucas 8:1-25 – Salmo 86:7-13 – Proverbios 19:26-27

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¿Qué dice la Biblia sobre los 144 mil de Apocalipsis | NATHAN DÍAZ

¿Qué dice la Biblia sobre los 144 mil de Apocalipsis?
NATHAN DÍAZ

Nota del editor:
Este es un fragmento adaptado del libro Escatología práctica: Cómo vivir los últimos tiempos hoy (Poiema Publicaciones, 2023).

El grupo de personas más misterioso y controversial de todo Apocalipsis sin duda son los 144 mil mencionados por el apóstol Juan. Por lo tanto, dedicaré espacio y tiempo a analizar este grupo descrito en Apocalipsis 7 y 14. Leamos primero los pasajes:

Después de esto, vi a cuatro ángeles de pie en los cuatro extremos de la tierra, que detenían los cuatro vientos de la tierra, para que no soplara viento alguno, ni sobre la tierra ni sobre el mar ni sobre ningún árbol. También vi a otro ángel que subía de donde sale el sol y que tenía el sello del Dios vivo. Y gritó a gran voz a los cuatro ángeles a quienes se les había concedido hacer daño a la tierra y al mar: «No hagan daño, ni a la tierra ni al mar ni a los árboles, hasta que hayamos puesto un sello en la frente a los siervos de nuestro Dios». Oí el número de los que fueron sellados: 144000 sellados de todas las tribus de los Israelitas. De la tribu de Judá fueron sellados 12000; de la tribu de Rubén, 12000; de la tribu de Gad, 12000; de la tribu de Aser, 12000; de la tribu de Neftalí, 12000; de la tribu de Manasés, 12000; de la tribu de Simeón, 12000; de la tribu de Leví, 12000; de la tribu de Isacar, 12000; de la tribu de Zabulón, 12000; de la tribu de José, 12000 y de la tribu de Benjamín fueron sellados 12000 (7:1-8).

Miré que el Cordero estaba de pie sobre el Monte Sion, y con Él 144000 que tenían el nombre del Cordero y el nombre de Su Padre escrito en la frente. Oí una voz del cielo, como el estruendo de muchas aguas y como el sonido de un gran trueno. La voz que oí era como el sonido de arpistas tocando sus arpas. Y cantaban un cántico nuevo delante del trono y delante de los cuatro seres vivientes y de los ancianos. Nadie podía aprender el cántico, sino los 144000 que habían sido rescatados de la tierra. Estos son los que no se han contaminado con mujeres, pues son castos. Estos son los que siguen al Cordero adondequiera que va. Estos han sido rescatados de entre los hombres como primicias para Dios y para el Cordero. En su boca no fue hallado engaño; están sin mancha (14:1-5).

¿Por qué 144 mil? ¿Por qué es omitida la tribu de Dan en la lista? ¿Son solo hombres solteros? ¿Tienen el nombre del Cordero y del Padre escrito en la frente? ¿Son personas que nunca han pecado? Sería imposible contestar todas estas preguntas con una explicación racional si quisiéramos forzar una interpretación literal del texto. Las respuestas realmente son bastante fáciles si profundizamos más sobre el origen de estos símbolos. Tratemos con cada una de las preguntas que surgen de aquí a continuación.

El significado del enigmático número de 144 mil
A lo largo de la Biblia encontramos que el número doce es usado para representar la elección de un pueblo especial y apartado para Dios. En el Antiguo Testamento, vemos a las doce tribus de Israel; en el Nuevo Testamento, a los doce apóstoles (incluso Judas tuvo que ser reemplazado para completar este número, como narra Hechos 1:24-26). Por tanto, no debe sorprendernos que cuando llegamos a un libro simbólico como Apocalipsis, el pueblo escogido de Dios se describa varias veces con múltiplos del número doce. Los veinticuatro ancianos representan a la iglesia triunfante. La nueva Jerusalén representa a la iglesia en perfecta comunión con Dios, tiene a los doce apóstoles y a las doce tribus de Israel junto con medidas que también resultan en doce mil estadios y 144 codos (ver Ap 21:9-27, la única vez que se repiten estos números en el libro). Es decir, en el libro de Apocalipsis encontramos que los múltiplos de doce se usan para representar al pueblo escogido de Dios de todos los tiempos. Por otro lado, el número 1000 tiene la idea de un número grande y completo (cp. Ap 6:11, el número completo de escogidos establecido por Dios). Sobre este número, José Grau comenta:

Para expresar el concepto de aquello que está completo en grado sumo y último, el hombre primitivo —que no podía expresar dicho concepto en su limitado idioma— elevaba el número 10 al cubo, es decir, 10 por 10 por 10, y así tenía el número 1000.1

Por lo tanto, el simbolismo de 12 por 12 por 1000 es muy importante en cuanto al número completo del pueblo de Dios. Así pues, 144 mil representa el grupo de santos que pueden sostenerse en pie en el día de la ira del Cordero (Ap 6:17).

Razones por las que se enlistan 12 mil de cada tribu
Cuando entendemos los paralelos que existen en el Antiguo Testamento, vemos que cuando las tribus eran enlistadas con números, era porque estaban siendo consideradas como un ejército para la batalla y para la conquista (Nm 1:23). La iglesia de Cristo representa esta realidad: somos el ejército de Dios. La única razón por la que se necesita un ejército es porque hay un enemigo, y ese es justamente el contraste de Apocalipsis: el pueblo de Dios contra los enemigos de Dios.

Sobre la identidad étnica que se resalta en Apocalipsis 7, aunque se mencionan específicamente a las doce tribus de Israel, tenemos que poner atención a las diferencias y similitudes que existen con las otras listas de tribus en la Biblia. Primero, veamos cómo las diferencias son importantes e intencionales. Este es el único lugar donde aparece en primer lugar la tribu de Judá. Tal pista nos apunta a la diferencia principal que existe con otros lugares donde aparecen las doce tribus, pues su principal identidad radica en el representante máximo, en el León de la tribu de Judá: Jesucristo (ver Ap 5:5).

La exclusión de Dan por ser una tribu idólatra (Jue 18; 1 R 12:29-30) representa la pureza y la fidelidad de la iglesia (en la tradición judía, se consideraba que el anticristo vendría de Dan). Esto nos apunta a las siguentes características: se dice por eso que son vírgenes (Ap 14:4); se incluye a Leví, que no heredaría tierra, pero que representaría el rol sacerdotal (Ap 1:6; 5:10; 7:15); y se expone la preeminencia que reciben las tribus provenientes de las concubinas Bilha y Zilpa (Manasés, Neftalí, Gad y Aser), las cuales normalmente se enlistaban al final, que representan la inclusión de los gentiles. Al considerar lo que Apocalipsis enseña respecto a la iglesia como la esposa de Cristo, un ejercicio útil es recordar los significados de los nombres de las tribus de Israel y las razones por las que se les dieron esos nombres (Gn 29:31 – 30:23; 35:16-18). Si usamos el significado del nombre en lugar del nombre, estas serían las doce tribus:

Ahora alabaré al Señor; el Señor ha mirado mi aflicción; ¡qué afortunado!; feliz soy, con luchas de Dios he contendido y he vencido; Dios me hizo olvidar todo mi trabajo; porque el Señor oyó que era menospreciado, me ha dado este hijo; ahora esta vez se unirá mi marido conmigo; el Señor me ha dado mi recompensa; Dios me ha dado un buen regalo; ahora morará conmigo mi marido; añádame el Señor el hijo de Su diestra.

¿No es maravillosa y relevante esta realidad y a la vez una esperanza para la iglesia de todos los tiempos? No estoy apelando a ningún código oculto dentro del libro, sino más bien a un entendimiento más profundo de las alusiones al Antiguo Testamento que existen en Apocalipsis.

Ahora bien, ¿qué pistas encontramos en Apocalipsis sobre la identidad de los que Dios considera como verdaderos judíos? En las cartas a las siete iglesias de Apocalipsis 2 – 3, encontramos dos iglesias sin reprensión: Esmirma y Filadelfia. A ambas se les aclara que hay personas judías étnicamente hablando, pero no a los ojos de Dios:

Yo conozco tu tribulación y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos y no lo son, sino que son sinagoga de Satanás (Ap 2:9).

Por tanto, yo entregaré a aquellos de la sinagoga de Satanás que se dicen ser judíos y no lo son, sino que mienten; yo haré que vengan y se postren a tus pies, y sepan que yo te he amado (Ap 3:9).

Por tanto, vemos que Apocalipsis está retomando los términos «judíos» e «Israel» para ampliar su significado, así como sucede en muchos lugares del Nuevo Testamento (Gá 2:6-9; 3:29; 4:28; 6:15-16; Ro 4:11-17; 9:6-8; Ef 2:11-22). Si los reyes, los sacerdotes, el cordero, el templo y Jerusalén toman un significado mucho más amplio y glorioso en Apocalipsis que en el Antiguo Testamento, ¿por qué pensaríamos que los «judíos» no? También los enemigos del pueblo de Dios son representados como naciones étnicas del Antiguo Testamento, pero en Apocalipsis tienen un sentido más amplio (p. ej., Sodoma, Egipto o Babilonia). Este cumplimiento más amplio se afirma cuando vemos todos los paralelos que existen entre la iglesia redimida y los 144 mil.

Adquiere el libro.

1 José Grau, Las profecías de Daniel (Barcelona, España: Ediciones Evangélicas Europeas, 1977) p. 190.
​Nathan Díaz es pastor de enseñanza en la Iglesia Evangélica Cuajimalpa en la ciudad de México y productor del programa de radio “Clasificación A”, que se transmite en diversas emisoras a lo largo del mundo hispano. Estudió Biblia y teología en el Instituto Bíblico Moody de Chicago. Él y su esposa Cristin tienen tres hijos, Ian, Cael y Evan.

El bautismo (3): Identificados con Jesús en su muerte

Jueves 20 Julio
¿No sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva.
Romanos 6:3-4
El bautismo (3): Identificados con Jesús en su muerte
En el capítulo 6 de su carta a los Romanos, el apóstol Pablo da esta enseñanza sobre el bautismo cristiano, en respuesta a la pregunta: “¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?”. Su respuesta es contundente: “En ninguna manera”. Y la sustenta en cuatro puntos:

– Es incompatible con el hecho de que estamos identificados con Cristo (Romanos 6:1-11).

– Pecar ya no es inevitable, pues el poder del pecado ha sido vencido por la gracia (v. 12-14).

– No debemos tolerar el pecado en nuestras vidas, porque se convertirá en nuestro amo (v. 15-19).

– Practicar el pecado lleva a la muerte (v. 20-23).

Así, el bautismo es la señal de que hemos sido identificados con Jesús en su muerte, para que podamos vivir una vida nueva. Como cristianos, hemos muerto a nuestra antigua manera de vida egocéntrica, a nuestras mentiras y codicias de todo tipo… Todo ello fue sepultado con Cristo. Esto es lo que Dios declara, y ahora somos exhortados a vivir esta nueva condición: “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús” (Romanos 6:11). Sí, ahora somos invitados a considerarnos de una manera nueva

(continuará el próximo jueves)
1 Crónicas 2 – Lucas 7:24-50 – Salmo 86:1-6 – Proverbios 19:24-25

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¿Qué decir de la libertad humana? | R.C.Sproul

¿Qué decir de la libertad humana?

R.C.Sproul

En un capítulo anterior, consideramos brevemente la provocativa primera línea del capítulo “Del decreto eterno de Dios” de la Confesión de Westminster, que dice: “Dios desde la eternidad, por el sabio y santo consejo de su voluntad, ordeno libre e inalterablemente todo lo que sucede. Sin embargo, lo hizo de tal manera, que Dios ni es autor del pecado, ni hace violencia al libre albedrío de sus criaturas, ni quita la libertad ni contingencia de las causas secundarias, sino más bien las establece”. Los teólogos que participaron en la redacción de esa declaración doctrinal tuvieron la precaución de decir que aunque creemos en un Dios que gobierna todas las cosas y ordena todo lo que sucede, él no ejerce su gobierno soberano y providencial de una forma que destruya lo que llamamos libertad humana o volición humana. Más bien las decisiones humanas y las acciones humanas son parte del plan providencial general de las cosas, y Dios lleva a cabo su voluntad mediante las decisiones libres de agentes morales. El hecho de que nuestras decisiones libres concuerden con este plan global de ningún modo aminora la realidad de esa libertad.
Con todo, la pregunta sobre cómo se corresponden nuestras decisiones libres con la soberana providencia de Dios es una de las preguntas más terriblemente difíciles con las que luchamos en teología. Hace años, entré en una discusión con un profesor de la Universidad Carnegie Mellon. En ese entonces, él enseñaba en el departamento de física, y era en cierto modo hostil hacia la teología, a la que consideraba más o menos como una seudo-ciencia. Él dijo: “En el centro mismo de su sistema de creencias hay cosas que son simplemente indefinibles”. Cuando le pedí que diera algunos ejemplos, dijo: “Dios. ¿Qué es más básico para la teología que Dios? Y no obstante, cualquier cosa que se pueda decir sobre Dios a fin de cuentas es imprecisa”. Yo le respondí: “Nuestra primera doctrina sobre Dios es lo que llamamos ‘la inabarcabilidad de Dios’, que ningún concepto puede describirlo en forma exhaustiva. Pero eso no significa que las afirmaciones que hacemos acerca de él sean totalmente inadecuadas. Seguramente tú podrás entender nuestra lucha en la ciencia de la teología, porque en física ustedes tienen que enfrentar el mismo problema”. Él negó que los físicos tuvieran un problema de ese tipo, y me pidió que me explicara. Yo le dije: “¿Qué es la energía? ¿Qué tan básica es la energía para la física moderna?”. Él dijo: “Yo puedo responder esa pregunta: la energía es la capacidad de hacer un trabajo”. Yo le dije: “No, no te estoy preguntando qué puede hacer la energía. Estoy preguntando qué es”. Él dijo: “Bueno, energía es MC2”. Le respondí: “No, no quiero su equivalencia matemática. Quiero su estructura ontológica”. Finalmente suspiró y dijo: “Ahora te estoy entendiendo”.
Es una tendencia humana pensar que podemos resolver un misterio metafísico poniéndole un nombre o dándole una definición. No existe nadie, al menos nadie de quien tenga conocimiento, que comprenda la gravedad. Asimismo, no conozco a ningún científico que ya haya respondido la más antigua y desconcertante pregunta filosófica y científica: “¿Qué es el movimiento?” Ponerle una etiqueta a algo o asignarle un término técnico no lo explica en su totalidad.

LA DOCTRINA DE LA CONCURRENCIA
He abordado este complicado punto porque tenemos una palabra para la relación entre la soberana providencia divina y la libertad humana, pero aunque creo que es una palabra útil, es meramente descriptiva; no explica cómo armonizan las acciones humanas con la providencia divina. La palabra es concurrencia. La concurrencia se refiere a las acciones de dos o más partes que ocurren al mismo tiempo. Una serie de acciones ocurre con otra serie, y sucede que estas se entrelazan o convergen en la historia. Por lo tanto, la doctrina cristiana de la relación entre la soberanía de Dios y los actos volitivos humanos se llama la doctrina de la concurrencia. Como puedes ver, la palabra “concurrencia” simplemente designa este proceso, pero no lo explica.
Yo creo que una de las mejores ilustraciones de la concurrencia se encuentra en el Antiguo Testamento en el libro de Job. Este libro es presentado como una especie de drama, y la escena de apertura acontece en el cielo. Satanás entró en escena después de recorrer toda la tierra, sondeando el desempeño de hombres supuestamente devotos de Dios. Dios le preguntó a Satanás: “¿Y no has pensado en mi siervo Job? ¿Acaso has visto alguien con una conducta tan intachable como él? ¡No le hace ningún mal a nadie, y es temeroso de Dios!” (1:8). Desde luego, Satanás era escéptico. Él le dijo a Dios: “¿Y acaso Job teme a Dios sin recibir nada a cambio? ¿Acaso no lo proteges, a él y a su familia, y a todo lo que tiene? Tú bendices todo lo que hace, y aumentas sus riquezas en esta tierra.” (vv. 9b–10). Las preguntas de Satanás implicaban que Job era fiel y leal a su Creador solo por causa de lo que recibía de Dios. Así que Satanás desafió a Dios: “Pero pon tu mano sobre todo lo que tiene, y verás cómo blasfema contra ti, y en tu propia cara” (v. 11). Así que Dios le dio permiso a Satanás para que atacara todas las posesiones de Job y, más tarde, la salud de Job.
¿Cómo llevó a cabo Satanás su ataque contra Job? Se nos relata que, entre otros sucesos, los caldeos se llevaron los camellos de Job (v. 17). Así que en este robo había tres agentes involucrados: los caldeos, Satanás, y Dios. Consideremos a estos tres agentes uno por uno.
Algunos estudiosos, enfocándose en la maliciosa intención de Satanás, concluyen que los caldeos eran hombres justos que respetaban a Job, pero fuerzas demoniacas bajo el control de Satanás los indujeron a robar lo camellos de Job. Ellos no habían pensado en robarle a Job hasta que Satanás puso la idea en sus mentes. Pero la Escritura nunca afirma algo así. La verdad es que los caldeos fueron ladrones de camellos desde el principio. Tenían una ira envidiosa, avarienta y celosa contra Job, y lo único que los había mantenido alejados del corral de Job durante años era la el cerco protector que Dios había puesto alrededor de Job. Sin embargo, cuando se presentó la oportunidad, estuvieron más que felices de llevarse los camellos de Job.
A Satanás no le interesaba ver a los caldeos llevarse algunos camellos gratis. Su objetivo en este drama era obligar a Job a maldecir a Dios. Él estaba actuando con malicia y malevolencia para derrocar la autoridad y la majestad de Dios. Él esperaba que el robo de los camellos de Job por parte de los caldeos fuera un paso hacia ese objetivo. Así que había concordancia de propósito entre los caldeos y Satanás.
Sin embargo, había un pleno desacuerdo entre los propósitos de los caldeos y Satanás y el propósito de Dios. Sobre la base de lo que hemos aprendido hasta aquí acerca de la providencia, podemos concluir con seguridad que Dios ordenó que los camellos de Job fueran robados. Ese era el plan providencial de Dios. Pero el propósito de Dios era vindicar a Job de la injusta acusación de Satanás, así como de vindicar su propia santidad.
¿Era un propósito legítimo que Dios vindicara a Job? ¿Era un propósito legítimo que Dios vindicara su propia santidad? No estoy diciendo que el fin justifique los medios, pero los propósitos y designios de Dios tienen que ser considerados en nuestra evaluación de este drama. Dios no pecó contra Job. La justicia no exigía que Dios impidiera que alguna vez Job perdiera sus camellos. Recordemos que Job era un pecador. Él no tenía un derecho eterno a esos camellos. Cualquier camello que Job poseyera era un don de la gracia de Dios, y él tenía todo el derecho bajo el cielo a quitar o alejar esa gracia para sus propios propósitos santos. Por lo tanto, en este drama, Dios actuó justamente, pero Satanás y los caldeos hicieron lo malo. Un suceso, tres agentes, tres propósitos distintos.

CONCURRENCIA EN LA HISTORIA DE JOSÉ
Mi ilustración favorita de la concurrencia es la historia de José, la cual encontramos en los últimos capítulos de Génesis. José era favorito de su padre, Jacob, quien le dio a José un manto de colores. Los hermanos de José lo odiaban por este trato favorecido (37:3–4). Un día, cuando José cayó en manos de sus hermanos, lejos de los ojos vigilantes de su padre, ellos llegaron tan lejos como para discutir su muerte, pero al final sencillamente lo vendieron a unos comerciantes que iban en caravana a Egipto (vv. 18–28). En Egipto, José fue vendido a Potifar, el capitán de la guardia del faraón. José sirvió bien a Potifar y se hizo mayordomo de su casa (39:1–4). Pero la esposa de Potifar realizó insinuaciones ilícitas a José, las que este rechazó. El infierno no conoce furia como la de una mujer despreciada, así que ella lo acusó de intento de violación, y José fue echado a la cárcel (vv. 7–8, 14–15, 20).
En la prisión, José conoció al copero y al panadero del faraón, quienes habían desagradado al rey (40:1). Mientras estaban en prisión, José interpretó sueños para el copero y el panadero, y ambos sueños se cumplieron (vv. 8–23). Algún tiempo después, cuando el copero había sido restaurado, le contó al faraón sobre la habilidad de José, y el faraón llamó a José para que le interpretara su propio sueño (41:12–36). El faraón estuvo tan agradecido que nombró a José como primer ministro de Egipto, con la tarea de prepararse para el hambre que el faraón había previsto en su sueño (vv. 37–45).
Cuando llegó el hambre sobre la tierra, también afectó a la tierra natal de José. La familia de Jacob moría de hambre, así que Jacob envió a algunos de sus hijos a Egipto a comprar algo del alimento excedente que el primer ministro había tenido la sabiduría de almacenar para el pueblo egipcio (42:1–2). Cuando los hijos fueron a Egipto, encontraron a José, pero aunque no lo reconocieron, él los reconoció a ellos (vv. 6–8). José ocultó su identidad por algún tiempo, pero finalmente reveló que él era su hermano perdido hacía tanto tiempo (45:3). Por invitación de José, Jacob trasladó a toda su familia a Egipto (46:5–7).
Años más tarde, después de la muerte de Jacob, los hermanos tuvieron miedo de que José se vengara de ellos por haberlo vendido como esclavo (50:15). Así que inventaron una historia, y dijeron que Jacob les había contado que quería que José los perdonara (vv. 16–17). No era necesario que ellos se preocuparan; José ya hacía tiempo que los había perdonado. Él les dijo: “No tengan miedo. ¿Acaso estoy en lugar de Dios? Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios cambió todo para bien, para hacer lo que hoy vemos, que es darle vida a mucha gente” (vv. 19–20).
José no negó el pecado de sus hermanos. Él dijo: “Ustedes pensaron hacerme mal”. Él estaba diciendo que ellos habían actuado con mala intención al venderlo a los madianitas. Al igual que los caldeos, los hermanos de José eran culpables de pecado, un pecado que ellos personalmente habían querido cometer. Pero Dios está por encima de todas las decisiones humanas y actúa a través de la libertad humana para llevar a cabo sus propios objetivos providenciales. Eso es lo que José estaba diciendo: “Ustedes decidieron hacer algo pecaminoso, pero Dios dispone todas las cosas para el bien de los que lo aman y son llamados según su propósito. Yo estoy llamado según el propósito de Dios, y Dios ha causado un bien a través de esto”. ¿Cuál bien? En primer lugar, Dios envió a José a Egipto a hacer preparativos para el hambre y por consiguiente para salvar muchas vidas, incluidas las de su propia familia. En segundo lugar, Dios hizo que toda la familia de Jacob se mudara a Egipto, para que allí pudieran prosperar y multiplicarse, solo para ser esclavizados y posteriormente liberados por la poderosa mano de Dios en uno de los momentos clave de la historia de la redención. Y Dios llevó a cabo todo esto mediante la concurrencia de su propia voluntad justa y la voluntad pecaminosa de los hermanos de José.

DIOS DISPUSO TODO PARA BIEN
Hay una vieja y sencilla historia que enseña una profunda lección: “Por falta de un clavo se perdió una herradura. Por falta de la herradura, se perdió un caballo. Por falta del caballo, se perdió el jinete. Por falta del jinete, se perdió un mensaje. Por falta del mensaje se perdió la batalla. Por falta de la batalla, se perdió el reino”. ¿Qué habría ocurrido en la historia del mundo si Jacob no le hubiese dado un manto de colores a José? Sin manto no hay celos. Sin celos, no hay una traidora venta de José a los comerciantes madianitas. Sin venta de José a los comerciantes madianitas, no hay descenso a Egipto. Sin descenso a Egipto, no hay encuentro con Potifar. Sin encuentro con Potifar, no hay problemas con su esposa. Sin problemas con su esposa, no hay encarcelamiento. Sin encarcelamiento, no hay interpretación de los sueños del faraón. Sin interpretación de los sueños del faraón, no hay ascenso al cargo de primer ministro. Sin ascenso al cargo de primer ministro, no hay reconciliación con sus hermanos. Sin reconciliación con sus hermanos, no hay migración del pueblo judío a Egipto. Sin migración a Egipto, no hay éxodo desde Egipto. Sin éxodo desde Egipto, no hay Moisés, ni ley, ni profetas —¡y no hay Cristo! ¿Crees que el suceso del manto fue un accidente en el plan de Dios? Dios dispuso todo para bien.
Jonathan Edwards predicó una vez un sermón titulado “God, the Author of All Good Volitions and Actions” (Dios, el autor de todas las voliciones y acciones buenas). Me encanta el título de ese sermón porque muestra lo distinto que era Edwards al cristiano promedio. Cada vez que tomamos decisiones buenas, nobles o virtuosas, nos gusta llevarnos todo el crédito. Por otra parte, si hacemos algo que no es tan bueno, algo malo, damos excusas y evadimos la culpa. No nos gusta quedarnos con el crédito por nuestras malas decisiones. A veces tratamos de culpar a Dios por ellas, tal como hizo Adán cuando dijo: “La mujer que me diste por compañera fue quien me dio del árbol, y yo comí” (Génesis 3:12). Él trató de culpar a Dios mismo por la caída. Esa es nuestra tendencia: llevarnos el crédito por lo bueno, echar la culpa a otro por lo malo. Pero Edward entendía que cualquier buena acción que hagamos, cualquier decisión justa que tomemos, solo ocurren porque Dios está obrando en nuestro interior.
Cuesta entender la relación entre la providencia de Dios y la libertad humana porque el hombre es verdaderamente libre en el sentido de que tiene la capacidad de tomar decisiones y elegir lo que quiera. Pero también Dios es verdaderamente libre. Es por esto que la Confesión de Fe de Westminster puede decir que Dios lo ordena todo “libremente” sin hacer “violencia al libre albedrío de sus criaturas”. Por supuesto, si lo he oído una vez, lo he oído mil veces: “La soberanía de Dios nunca puede limitar la libertad del hombre”. Esa es una expresión de ateísmo, porque si la soberanía de Dios está limitada un ápice por nuestra libertad, él no es soberano. ¿Qué tipo de concepto de Dios tenemos como para decir que las decisiones humanas inmovilizan a Dios? Si su libertad está limitada por nuestra libertad, nosotros somos soberanos, no Dios. No; nosotros somos libres, pero Dios es aún más libre. Esto significa que nuestra libertad jamás puede limitar la soberanía de Dios.

Sproul, R. C. (2012). ¿Controla Dios todas las cosas? (E. Castro, Trad.; Vol. 14). Reformation Trust: A Division of Ligonier Ministries.

¿A dónde vas?

Miércoles 19 Julio
Sois esclavos de aquel a quien obedecéis.
Romanos 6:16
Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
Juan 8:36
¿A dónde vas?
Un hombre intentaba llegar a su casa. Su andar tambaleante delataba su estado de embriaguez. Era un conocido residente del pueblo, pero fue incapaz de encontrar su casa. Profiriendo malas palabras, dijo a un transeúnte: «Me he perdido; ¿a dónde voy?».

Este transeúnte era un cristiano que lo conocía y le respondió solemnemente: «Vas a la destrucción, al infierno». Nuestro hombre lo miró fijamente durante un momento y luego suspiró: «¡Tienes razón!».

Lo llevaron a su casa y se acostó, pero no pudo conciliar el sueño. Esas terribles palabras daban vueltas en su cabeza: destrucción, infierno… Debió admitir que esto era cierto. Varias veces repitió: «Voy al infierno». Esta terrible perspectiva despertó su conciencia y lo llevó a confesar sus pecados a Dios y a aceptar su perdón. Se convirtió al Señor, y poco a poco se fue liberando de su adicción.

En efecto, la fe en el Señor Jesucristo trae la verdadera libertad. Jesucristo no solo libera de la culpa del pecado, sino también de su esclavitud. Dios transforma al que acepta a su Hijo como Salvador. Luego le da la capacidad de resistir al mal y a sus malas inclinaciones. Dios no quiere que nos quedemos diciendo: “¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. Él quiere darnos la victoria sobre el pecado, y que digamos con gratitud: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Romanos 7:24-25).

Jesus dijo: “Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18).

1 Crónicas 1 – Lucas 7:1-23 – Salmo 85:8-13 – Proverbios 19:22-23

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