¿QUÉ ES LA PROVIDENCIA? | R.C. Sproul

¿QUÉ ES LA PROVIDENCIA?

Un día, mientras miraba un programa de noticias, apareció un comercial sobre una serie de libros acerca de los problemas de la vida en el pasado. Una de las imágenes del comercial mostraba a un soldado confederado de la Guerra Civil acostado en una camilla siendo atendido por una enfermera y un médico de combate. Entonces el narrador me informó que leer este libro me ayudaría a entender cómo era estar enfermo a mediados del siglo XIX. Eso atrajo mi atención, porque muchas personas del siglo XXI están tan fuertemente atadas a este tiempo que rara vez piensan en cómo vivía la gente su vida diaria en las épocas y generaciones pasadas.
Esta es un área en la que me siento desacorde con mis contemporáneos. Yo pienso en la vida de las generaciones previas muy a menudo, porque tengo el hábito de leer libros que fueron escritos por personas que vivieron, en muchos casos, mucho antes del siglo XXI. Me gusta especialmente leer a los autores de los siglos XVI, XVII y XVIII.
En los escritos de estos autores continuamente observo un agudo sentido de la presencia de Dios. Estos hombres tenían un sentido de una providencia que lo abarcaba todo. Vemos un indicador de este sentido de que todo en la vida está bajo la dirección del gobierno del Dios todopoderoso en el hecho de que una de las primeras ciudades en lo que ahora es Estados Unidos de América fue Providencia, Rhode Island (fundada en 1636). Asimismo, la correspondencia personal de hombres de los siglos pasados, tales como Benjamin Franklin y John Adams, está marcada por la palabra “providencia”. La gente hablaba de una “Providencia benévola” o de una “Providencia airada”, pero a menudo había un sentido de que Dios estaba directamente involucrado en la vida diaria de las personas.
La situación es inmensamente distinta en nuestro propio tiempo. Mi difunto amigo James Montgomery Boice solía contar una divertida historia que ilustraba adecuadamente la mentalidad actual respecto a Dios y su involucramiento en el mundo. Había un montañista que resbaló en una saliente y estaba a punto de caer en picada cientos de metros a su muerte, pero cuando comenzó a caer, se agarró de una rama de un escuálido arbolito que crecía desde una grieta en la cara del precipicio. Mientras colgaba de la rama, las raíces del escuálido árbol empezaron a soltarse, y el montañista enfrentaba una muerte segura. En ese momento, gritó hacia el cielo: “¿Hay alguien allá arriba que pueda ayudarme?”. En respuesta, oyó una profunda voz barítona desde el cielo que decía: “Sí, aquí estoy, y te ayudaré. Suelta la rama y confía en mí”. El hombre miró al cielo y luego miró abajo al abismo. Finalmente, alzó la voz otra vez y dijo: “¿Hay alguien más allá arriba que pueda ayudarme?”.
Me gusta esa historia porque creo que tipifica la mentalidad cultural de nuestro tiempo. Primero, el montañista pregunta: “¿Hay alguien allá arriba?”. La mayoría de las personas del siglo XVIII asumía que había Alguien allá arriba. En sus mentes no cabía mucha duda de que un Creador todopoderoso gobernaba los asuntos del universo. Pero nosotros vivimos en un periodo de escepticismo sin precedentes acerca de la existencia misma de Dios. Es cierto que las encuestas regularmente nos dicen que entre el noventa y cinco y noventa y ocho por ciento de las personas en Estados Unidos creen en algún tipo de dios o poder superior. Yo supongo que eso puede explicarse en parte por el impacto de la tradición; cuesta abandonar las ideas que la gente ha valorado por generaciones, y en nuestra cultura todavía se confiere cierto estigma social al ateísmo desenfrenado. Además, yo creo que no podemos evadir la lógica de asumir que tiene que haber cierta especie de causa fundacional y última para este mundo tal como lo experimentamos. Pero por lo general, cuando presionamos a las personas y comenzamos a hablarles sobre su idea de un “poder superior” o un “ser supremo”, resulta ser un concepto que es más un “esto” que un “él”, una especie de energía o una fuerza indefinida. Es por eso que el montañista preguntó: “¿Hay alguien allá arriba?”. En ese momento crítico, reconoció su necesidad de un ser personal que estuviera a cargo del universo.
Hay otro aspecto de la anécdota que me parece significativo. Cuando estaba a punto de caer a su muerte, el montañista no preguntó simplemente “¿hay alguien allá arriba?”. Él especificó: “¿Hay alguien allá arriba que pueda ayudarme?”. Esa es la pregunta del hombre moderno. Quiere saber si hay alguien fuera de la esfera de la vida diaria que sea capaz de asistirlo. Pero yo creo que el montañista estaba haciendo una pregunta aún más fundamental. Él quería saber no solo si había alguien que pudiera ayudarlo, sino si había alguien que quisiera ayudarlo. Esta es la pregunta primordial en la mente del hombre y la mujer modernos. En otras palabras, ellos no solo quieren saber si existe la providencia, sino si ella es fría e insensible, o bondadosa y compasiva.
Por lo tanto, la pregunta por la providencia que quiero considerar en este breve libro no es meramente si hay alguien ahí, sino si ese alguien puede y quiere hacer cualquier cosa en este mundo en que vivimos.

Sproul, R. C. (2012). ¿Controla Dios todas las cosas? (E. Castro, Trad.; Vol. 14). Reformation Trust: A Division of Ligonier Ministries.

Arrepentíos

Jueves 13 Julio
¿Qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.
Hechos 2:37-38
El bautismo (2)
Leer Hechos 2:22-39
Las personas a las que el apóstol Pedro invitó a bautizarse habían pedido a los soldados romanos que clavaran a Jesús en una cruz. Se turbaron cuando se dieron cuenta de lo que habían hecho. Entonces Pedro les dijo: “Arrepentíos”, es decir, reconozcan su pecado, renuncien a él, y “bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados”.

Sin embargo, esto no significa que el perdón se nos conceda a través del bautismo. De hecho, varios versículos del Nuevo Testamento dejan claro que la salvación se obtiene mediante la fe en el Señor Jesús (Juan 1:12; 3:16; Hechos 16:31; Romanos 10:9).

En estos versículos vemos claramente que esta certeza es la base de la fe cristiana. Nuestros pecados no solo son perdonados, sino también lavados (Hechos 22:16). Creamos siempre que Dios nos ha perdonado y limpiado mediante la muerte de Jesús en la cruz. Confiemos en que Dios es un Dios de gracia.

En Hechos capítulo 2, los que se bautizaron mostraron, con este hecho, que se separaban públicamente de los que habían crucificado a Jesús, y que a partir de ese momento estaban de su lado.

Esto es verdad también actualmente: al ser bautizados, nos ponemos públicamente bajo la autoridad de Jesús, nuestro Salvador y Señor.

El bautismo bíblico es la señal de nuestra muerte con Cristo (Romanos 6:3-4), de nuestra resurrección con él (Colosenses 2:12-13).

(continuará el próximo jueves)
Miqueas 1-2 – Lucas 4:1-15 – Salmo 83:1-8 – Proverbios 19:11-12

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Divisiones en la iglesia | Jairo Namnún

Divisiones en la iglesia

Jairo Namnún

Imagina una iglesia en una ciudad importante, repleta de nuevos creyentes y con varios pastores en medio de ellos. Resulta que esta congregación tuvo un pastor “plantador”. Ese que llegó a arar el terreno y poner la semilla. El que llegó nuevo a la ciudad y presentó el evangelio y preparó a los primeros líderes. Pero resulta que con el tiempo llegaron otros líderes. Uno en específico, vino de otra congregación, mostrando sabiduría y poder. El pastor plantador ya se ha ido: está en otro lugar, plantando iglesias. Por supuesto, muchos lo extrañan. “Ay, las cosas eran diferentes antes”, dicen. Pero este otro impactante líder también tiene sus seguidores. “Por fin esta iglesia es lo que tiene que ser”.

Una división como esta debe causar muchos problemas dentro de la iglesia, ¿cierto? Quizás tú mismo has estado en una situación similar.

Ahora, no tenemos que imaginarnos una iglesia como esa: la tenemos en la Biblia.

“Así que yo, hermanos, no pude hablarles como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo. Les di a beber leche, no alimento sólido, porque todavía no podían recibirlo. En verdad, ni aun ahora pueden, porque todavía son carnales. Pues habiendo celos y discusiones entre ustedes, ¿no son carnales y andan como hombres del mundo? Porque cuando uno dice: “Yo soy de Pablo,” y otro: “Yo soy de Apolos,” ¿no son como hombres del mundo?”, 1 Corintios 3:1-4

El contexto de la división
La iglesia en Corinto tenía problemas serios. Uno de los problemas que se repite constantemente en la carta es este: la división. Pablo fundó la iglesia en Corinto poco después de su visita a Atenas (Hch. 18:1-17), y estuvo entre ellos no menos de un año y seis meses (Hch. 18:11). Aparentemente, Priscilla y Aquila estuvieron con él por algún tiempo en esta plantación (Hch. 18:3-5). Esta misma pareja es aquella que se encuentra con e instruye a Apolos un poco más adelante en Éfeso (Hch. 18:26), quien tenía una presencia imponente en la iglesia, por su elocuencia y su habilidad del manejo del Texto. Es la iglesia en Éfeso –en la cual estaban Priscilla y Aquila– quienes motivan a Apolos a que fuera a Corinto (Hch. 18:27-19:1. Corinto era la capital de la provincia de Acaya). Éste predicador estuvo entre los corintios por algún tiempo después de Pablo, enseñando y alentando a la congregación, y sin duda algunos lo prefirieron a él antes que al apóstol Pablo. Otros evidentemente se quedaron con el recuerdo de Pablo y preferían al apóstol que a este predicador.

Problemas entre ovejas
Desde aquí podemos ver que entre Pablo y Apolos no había división. Pablo plantó la iglesia, compañeros de ministerio de Pablo instruyeron a Apolos, y Apolos fortaleció a la iglesia en Corinto. Lo que es más, en la misma Carta a los Corintios (1 Co. 16:12) vemos que Pablo y Apolos mantenían una constante relación. La Biblia no presenta ningún tipo de problemas entre estos líderes. El problema era entre las ovejas.

Sin duda, en algún momento todos hemos pasado por una situación similar, donde preferimos la manera de un líder hacer las cosas por encima de la del otro. Pero en Corinto no era algo esporádico: ellos tenían divisiones reales y profundas. Pareciera ser que no era solo un asunto de preferencias, era ya de jactancias (1 Co.3:21-23). Que los que habían conocido a Cristo por Pedro o por Pablo o por Apolos pensaban que su fidelidad a estos hombres los hacía de alguna manera superior a los demás. Quizás algunos admiraban y se gloriaban en que Pedro era uno de los 12 apóstoles y era un hombre de acción; quizás otros se mofaban en el conocimiento y los milagros de Pablo; quizás los otros pretendían de que su maestro Apolos era como pocos en su elocuencia. Y otros se consideraban mucho mejor que los demás, pues su Maestro Cristo era como ningún otro. (Es muy posible que estos últimos, “los de Cristo” se jactaran en que no tenían que hacer caso a ningún hombre porque ellos eran siervos solo de Cristo). Debía ser bastante incómodo pastorear esta iglesia.

¡No sean carnales!
Este pasaje de 1 Corintios es uno que de diversas formas hoy es malinterpretado. De seguro lo has visto: dices que te gusta algún maestro o que sigues alguna enseñanza, y casi de inmediato alguien dice “¡Cuánta carnalidad! Yo no sigo a hombres, ¡yo soy de Cristo!”. O tal vez presentas con gracia y verdad lo que enseña la Palabra sobre algún falso maestro y la persona te responde “¡Yo sé muy bien a quién sigo. Yo soy de los de Fulano! Tu porque eres de los de Mengano te crees eso”. También lo oyes como “dices eso porque eres de los calvinistas. Yo soy cristiano, no arminiano ni reformado ni nada de eso”.

Esta mentalidad pasa por alto que la fiebre no está en las sábanas. Pocos hombres han influido tanto en mi vida espiritual como Miguel Núñez. Yo amo la retórica de C.S. Lewis. Respeto profundamente el testimonio del pastor MacArthur. Soy miembro gozoso de la iglesia que pastorea C.J. Mahaney. Y de más está decir que siento una profunda deuda y gratitud hacia el pensamiento de Juan Calvino. Tú de seguro tendrás tus propios nombres que poner ahí. Eso no nos hace carnales, tanto como tampoco serían carnales los corintos (1 Co. 11:1), los filipenses (Fil. 3:17), ni los tesalonicenses (1 Tes. 1:6). Ellos eran seguidores de Pablo, y al serlo, estaban siendo obedientes al Señor.

El problema de la división no es que nos guste lo que alguien tenga que decir. Es que encontremos nuestra identidad en ese alguien. Es que, al menos en la práctica, consideremos lo que diga esa persona como de igual peso a lo que enseña la Biblia. Es que nuestra gloria sea el ser seguidor de esa persona. Que nuestra jactancia sea haber sido enseñados por algún hombre. Esto lleva entonces a que haya “celos y discusiones entre (n)osotros”, porque cada uno representa a un “partido”. Esto es lo normal en el mundo, pero en la iglesia, todos somos de Cristo (1 Co. 3:23), y Pablo y Apolos y Priscila y Aquila y Núñez y MacArthur y Mahaney y Calvino son nuestros (1 Co. 3:22).

En contra de las divisiones
Podemos tener nuestras preferencias. Sin duda tendremos predicadores favoritos. Y en nuestra misma iglesia, tendremos pastores que apreciamos y admiramos más que otros. Simplemente, esa es la vida debajo del sol.

Pero que la palabra o la preferencia de ninguno de esos pastores se comparen a la Palabra del gran Pastor. Que entre nosotros no haya ni rastros de “celos y discusiones”. En la iglesia, procuremos unidad. Lo demás es carnalidad e inmadurez.

“¿Qué es, pues, Apolos? ¿Y qué es Pablo? Servidores mediante los cuales ustedes han creído, según el Señor dio oportunidad a cada uno. Yo planté, Apolos regó, pero Dios ha dado el crecimiento. Así que ni el que planta ni el que riega es algo, sino Dios, que da el crecimiento”, 1 Corintios 3:5-6.

Jairo Namnún sirve como pastor plantador de la Iglesia Piedra Angular en República Dominicana, y tiene estudios en el Southern Baptist Theological Seminary (MATS, M.Div). Está casado con Patricia y tienen tres hijos. Puedes encontrarlo en Twitter.

Dios está presente, y perdona

Miércoles 12 Julio
Palabra fiel y digna de ser recibida por todos: que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero.
1 Timoteo 1:15
Dios está presente, y perdona
Una antigua ministra francesa escribió: «Dios es una necesidad para el hombre, es el recuerdo constante de que no somos todopoderosos, es el recuerdo del imperativo moral de amar al prójimo, de acogerlo, de acudir en su ayuda… Jesús es el misterio de Dios hecho hombre. Es el perdón en la cruz, con aquella maravillosa promesa hecha al ladrón arrepentido, crucificado a su lado: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43). Jesús solo pronunció la palabra de perdón, no la de condenación; y cuando el hombre pide este perdón, el Señor siempre responde a su petición… Sé que Jesús está vivo a la diestra del Padre, y millones de cristianos lo saben, su Palabra es viva para todos».

Aunque usted no sea una persona famosa, este testimonio también puede ser el suyo. Pero, ¿cómo es posible que el Dios infinito dejara de ser un misterio para seres tan limitados como nosotros? ¡Porque Jesús nos lo revela! Él nos muestra el camino hacia el perdón de Dios; y concede el perdón al que reconoce que ha despreciado las leyes de Dios y que necesita una sanación interior. ¡De hecho, en esto consiste el arrepentimiento! Por medio de él tendremos acceso a una verdadera esperanza, la de una vida con Dios, que comienza desde ahora, a través de la lectura de su Palabra, un libro vivo que nos transforma y comunica la vida.

Por medio de la Biblia, Jesús nos dice: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto… El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:6-7, 9)

Daniel 12 – Lucas 3 – Salmo 82 – Proverbios 19:9-10

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No te condeno

Martes 11 Julio
El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.
Juan 3:18
¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde? En ninguna manera.
Romanos 6:1-2
No te condeno
Leer Juan 8:1-11
Los escribas y fariseos, líderes religiosos de la época de Jesús, le trajeron una mujer sorprendida en adulterio. El pecado de esa mujer realmente no era un problema para ellos, pero decidieron aprovechar la ocasión para tentar a Jesús. “En la ley”, dijeron, “nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?”. La trampa era sutil. Jesús debía escoger entre la ley, la cual respetaba, y la gracia que él mismo había traído. Al principio no respondió nada. Este silencio exasperó a los hombres que ya saboreaban su triunfo. Pero Jesús les lanzó una flecha que alcanzó su conciencia: “El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella”. Es como si les hubiera dicho: «El pecado de esta mujer es inexcusable y merece una condena justa. ¿Y ustedes? ¿No son culpables también?». Entonces los acusadores, confundidos, se retiraron.

La mujer se quedó sola con Jesús, aliviada sin duda al ver desaparecer a los que la condenaban. Tal vez estaba preocupada ante Aquel que, siendo sin pecado, era el único que tenía derecho a condenarla. Pero oyó esta palabra, que solo el Hijo de Dios podía pronunciar: “Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

¿Está permitido pecar “para que la gracia abunde? En ninguna manera”, dijo el apóstol Pablo. “En ti hay perdón, para que seas reverenciado” (Salmo 130:4). Primero es necesario el perdón. Luego, conscientes de la gracia divina, podemos recibir fuerza y fidelidad para una conducta santa.

Daniel 11:21-45 – Lucas 2:21-52 – Salmo 81:11-16 – Proverbios 19:7-8

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Consejería bíblica y esquizofrenia | Manuel Carbonell

Consejería bíblica y esquizofrenia

Manuel Carbonell

Según las estadísticas, una de cada 100 personas sufre de esquizofrenia; por lo que como pastores, líderes o miembros de nuestras iglesias debemos estar preparados para acompañar a los que padecen esta enfermedad y a sus familiares. Con este objetivo en mente, primero trataré de responder a la pregunta: ¿qué entendemos por esquizofrenia?; luego analizaremos cuáles son sus causas y cómo podemos ayudar a una persona y a su familia en esta situación.

¿Qué es la esquizofrenia?
Primeramente es importante definir qué es la esquizofrenia, ya que hay muchos malos entendidos. Algunos piensan que los esquizofrénicos son personas que tienen múltiples personalidades o que son personas poseídas por múltiples demonios. La esquizofrenia es una enfermedad y no una condición espiritual, aunque
indudablemente dicha enfermedad afecta al individuo en todo su ser, incluyendo su alma. En la esquizofrenia se presentan alucinaciones, delirios, trastornos del pensamiento, trastornos de los movimientos y alteraciones en los afectos (no es necesario que todos estos estén presentes para ser diagnosticado con esquizofrenia). Lo más común son las alucinaciones que son generalmente auditivas, aunque también pueden ser visuales, olfativas o táctiles. Esto significa que estos individuos escuchan, ven, sienten o huelen cosas que no son reales. También presentan delirios, que son falsas creencias. Estos individuos creen en sus ideas delirantes incluso después de que otras personas les demuestren que no son reales ni lógicas. Por ejemplo, algunos creen que son figuras históricas famosas, o que hay personas que están persiguiéndolas para hacerles algún mal. Además de alucinaciones y delirios, también puede haber trastornos en el pensamiento.
Caracterizado por pensamiento desorganizado e ilógico. Esto se pone en evidencia cuando el habla de la persona es confusa.

Los trastornos del movimiento se pueden manifestar como movimientos agitados del cuerpo. Una persona con este tipo de trastorno puede repetir ciertos movimientos una y otra vez.
En el otro extremo, una persona puede volverse catatónica. La catatonia es un estado en el que la persona no se mueve ni habla con los demás.
También la esquizofrenia puede manifestarse con la interrupción de las emociones y los comportamientos normales. Estos síntomas son más difíciles de reconocer como parte de este trastorno, ya que muchas
veces se confunden con los de la depresión u otras condiciones.
Estos síntomas incluyen: “Afecto plano” (la persona no mueve el rostro o habla con una voz desanimada y monótona). También presentan falta de satisfacción en la vida diaria acompañado por disminución en la comunicación, incluso cuando la persona se ve forzada a interactuar. Muchas veces hasta descuidan la higiene personal básica.

¿Que causa la esquizofrenia?
En rigor de verdad, la causa de la esquizofrenia todavía no es totalmente clara, aunque hay algunas teorías que aparentemente van por buen camino. En general se cree que hay un problema con un neurotransmisor llamado dopamina, y sus receptores a nivel cerebral. La evidencia más fuerte a favor de esto, radica en
que hay drogas que también actúan a este nivel como las anfetaminas, que producen síntomas similares a los que presentan los esquizofrénicos. Por otro lado, lo que sí se sabe hace mucho tiempo es que la esquizofrenia tiene un fuerte componente genético.
La enfermedad ocurre en un 1% de la población general y en un 10% de las personas que tienen un parentesco de primer grado con alguien que padece del trastorno, como un padre o un hermano. Las personas que tienen
un parentesco de segundo grado con alguien que padece la enfermedad (tíos, abuelos o primos)
también tienen más probabilidades de desarrollar esquizofrenia que la población general. El riesgo es mayor para un gemelo idéntico de una persona con esquizofrenia. En este caso, existe entre un 40 y 65% de desarrollar el trastorno. El dato interesante que confirma la predisposición genética es que hijos de esquizofrénicos, criados en hogares adoptivos conservan porcentajes similares de prevalencia de la enfermedad. Ahora, ¿cómo evaluamos esta información? Tenemos que entender que la genética juega un papel muy importante en el desarrollo en la enfermedad, sin embargo no es determinante ya que no es en el 100% de los casos que la enfermedad se transmite, como ya hemos visto.
Sin duda hay otros factores que, sumados a la genética, influyen en el desarrollo de la enfermedad, los cuales simplemente no sabemos cuáles son.

¿Cómo ayudar?
Debemos entender que no es necesario ser un experto para poder ser de ayuda y, como veremos más adelante, en el proceso de consejería y acompañamiento de aquellos que padecen esquizofrenia debe estar involucrado la mayor cantidad posible de miembros de la iglesia local.

  1. Animar a buscar la atención médica
    Lo primero que debemos hacer es exhortar a que esté bajo el cuidado y supervisión de un médico psiquiatra. Aquí hay un asunto fundamental, no debe abandonar la medicación (a no ser por prescripción médica).
    Esto es muy importante ya que los medicamentos tienen como efecto el cese o disminución de los
    síntomas que altera la percepción de la realidad como las alucinaciones y delirios (aunque a veces con muchos efectos adversos). El hecho de que haya continuidad en el tratamiento nos permite poder hablar con el hermano ola hermana que está en mejores condiciones para recibir ayuda.
  2. Evitar hablar de posesión demoníaca o cosas similares
    El segundo principio a tener en cuenta es que debemos evitar hablar de posesión demoníaca o cosas por el estilo. Esto solamente tendrá el efecto negativo de reforzar sus delirios y no aportará al proceso de acompañamiento. Recuerdo un muchacho que creía que sus padres eran demonios y que él estaba
    literalmente en el infierno. Estas ideas se fueron con la medicación y él ahora entiende que eso no era real. Hubiera sido inútil entrar en una discusión sobre el asunto. Hubiese sido como entrar en dialogo con alguien que está ebrio.
  3. Acompañar en el proceso de adaptación.
    Otro factor a tener en cuenta es que debemos acompañar en el proceso de adaptación.
    Recordemos que muchos esquizofrénicos debutan con alucinaciones o delirios, por lo que son hospitalizados en instituciones psiquiátricas. Es en el proceso de volver a sus hogares y aprender a vivir con esta enfermedad crónica incapacitante que es necesario que la iglesia esté presente. Aquí es donde
    los recursos que Dios nos ha dado como comunidad son de increíble beneficio. Nuestro Dios ha puesto en la iglesia individuos con diferentes dones para la edificación de su cuerpo. En casos con esquizofrenia, es donde la misericordia y contención de la congregación debe sostener al hermano. Aquí aplica esa exhortación hecha por Pablo en la primera carta a los Tesalonicenses: “Y os exhortamos, hermanos, a que amonestéis a los indisciplinados, animéis a los desalentados, sostengáis a los débiles y seáis pacientes con todos” (1 Ts.5:14). Creo que este pasaje se aplica perfectamente a nuestra discusión. El hermano esquizofrénico necesita el apoyo y contención de la iglesia. El objetivo es ayudarle a llevar una vida lo más cercano a la normalidad que sea posible. Y comprender muchas tareas desde las más simples como ayudarle con su higiene y cuidado personal, hasta las más complejas como ayudarle a conseguir trabajo y ser independiente económicamente. Aquí es muy importante recordar que muchas veces estos individuos son abandonados por sus familiares y amigos, y la mayoría de las veces es la iglesia su único o principal vínculo afectivo. En la medida de lo posible se le debe incluir en las actividades de la iglesia. Aquí es donde el amor fraternal ha de reinar. Con respecto a esto de la inclusión en el cuerpo tenemos que tener ciertas precauciones, no sería sabio involucrarles en ministerios que incluyan niños. En general los esquizofrénicos medicados no son peligrosos, pero nunca podemos saber con un 100 de certeza, primero si toman la medicación y segundo si no presentarán una crisis. No solamente existe el riesgo de daños, sino también de consecuencias legales para la iglesia.
  4. Recordar el proceso de santificación
    Otros asunto a tener en cuenta es que nuestro hermano a pesar de estar incapacitado por su enfermedad, todavía sigue siendo un pecador que debe ser amonestado y que está en un proceso de santificación. El hecho de que haya sido diagnosticado de esquizofrenia, no lo hace irresponsable
    moralmente ante Dios. Él o ella necesitan la reprensión o el consejo oportuno de sus hermanos con el objetivo de avanzar en su proceso de maduración en la vida cristiana. La esquizofrenia sí es una enfermedad que le ha discapacitado, pero esto no le da una excusa ni un pase libre para comportarse como se le dé la gana. Recuerdo un joven que luchaba con la pereza, y que luego del consejo y ánimo de parte de los hermanos pudo terminar su colegio secundario y ahora se encuentra trabajando por cuenta propia.
  5. Recordar a la familia
    Otra cosa a tener en cuenta es que la familia del enfermo necesita el apoyo de la iglesia, a veces más que el enfermo mismo, porque son más conscientes de lo que la enfermedad implica. Dicho apoyo no difiere del que se le debe dar a familias con hijos con discapacidad o cualquier otro tipo de enfermedad crónica debilitante. Ahora en otro sentido, las enfermedades psiquiátricas todavía son un estigma hoy en día, y lamentablemente incomprendidas en nuestras iglesias. Es por eso que el cuidado pastoral incluye informar acerca de la enfermedad, trabajar sobre temas como la culpa, el desaliento e incomprensión.
  6. Mantener el evangelio en el centro
    Por último, y no por eso menos importante, debemos recordar que como todo proceso de consejería el evangelio debe ser el centro. Las buenas nuevas de Jesús y su obra en la cruz debe ser recordada vez tras vez en el proceso de acompañamiento.
    Solamente el evangelio brinda esperanza y promesa de una vida libre de esquizofrenia. Es en la consumación del reino de Dios que ya no habrá tristeza, ni dolor, ni enfermedad.

ACERCA DEL AUTOR
Manuel Carbonell es médico de profesión y tiene una Maestría del Westminster Theological Seminary

Las tres comidas de Elías (2)

Lunes 10 Julio
Jesús… alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Esto dijo del Espíritu que habían de recibir los que creyesen en él.
Juan 7:37-39
Las tres comidas de Elías (2)
Tercera comida (1 Reyes 19:5-7)
“Un ángel le tocó, y le dijo: Levántate, come. Entonces él miró, y he aquí a su cabecera una torta cocida sobre las ascuas, y una vasija de agua; y comió y bebió, y volvió a dormirse. Y volviendo el ángel del Señor la segunda vez, lo tocó, diciendo: Levántate y come, porque largo camino te resta”. Tras una gran hazaña pública, Elías se derrumbó y huyó ante la amenaza de muerte proferida por la reina. Pero Dios no lo desamparó. Durante este tiempo de profundo desánimo, Elías recibió una torta y agua de las propias manos de un ángel. Así Dios renovó sus fuerzas. Lo levantó, le dio instrucciones y le confió nuevas tareas.

Después de disfrutar tiempos de comunión a solas con Dios, tras un período en que desempeñamos un servicio en el mundo, también podemos experimentar momentos de desánimo, pero nuestro fiel Dios no nos abandona. Él nos da fuerza, nos levanta y nos reintegra a su servicio.

En estas tres comidas hay algo en común: el agua del arroyo, el agua en un vaso y el agua en una vasija. En la Biblia, el agua pura a menudo es una imagen del Espíritu Santo, como lo muestra el versículo de hoy. Necesitamos alimento: Jesucristo, su muerte, su resurrección, su persona, sus enseñanzas, sus milagros, sus gestos y obras nos alimentan. Pero también necesitamos el agua del Espíritu Santo que nos trasmite las riquezas de Cristo, refresca nuestros corazones y nos transforma para hacernos más semejantes a nuestro Salvador.

Daniel 11:1-20 – Lucas 2:1-20 – Salmo 81:1-10 – Proverbios 19:5-6

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Características que fomentan la unidad en la iglesia | Costi W. Hinn

Características que fomentan la unidad en la iglesia
Por Costi W. Hinn

Hay una vieja broma eclesiástica que dice algo así: “Una vez un hombre puso un perro y un gato en una jaula juntos como un experimento, para ver si se llevarían bien. Lo hicieron, así que puso un pájaro, un cerdo y una cabra. Ellos, luego de unos pequeños ajustes, también se llevaron bien. Luego, puso un bautista, un luterano, un presbiteriano y un pentecostal adentro. Luego de varios minutos, ¡No quedaba nada vivo!”.

Aunque es gracioso, es demasiado certero que cuando pones cristianos juntos habrá conflictos. Más allá de las diferencias denominacionales, en las congregaciones locales donde la mayoría de las personas están de acuerdo con los distintivos doctrinales, aún puede haber preferencias personales, opiniones y actitudes que rompen la unidad en lugar de preservarla. Todos podemos ser culpables de hacer una ley espiritual donde no hay una ley bíblica, o en un esfuerzo por tomarnos de nuestras libertades cristianas, podemos ser culpables de abusar de ellas. En todos los casos, la oportunidad de dividirse se presenta, y hasta se vende, como una piedad más profunda o una posición más alta con Dios, solo para dejarnos en las ruinas de la división.

La unidad es difícil de lograr en la fe cristiana, pero es importante para nosotros cumplir con nuestro llamado. Y es alcanzable, no importa las diferencias secundarias que podamos tener, siempre y cuando todos caminen en la familia de Dios de la forma en la que fueron llamados (Ef 4:1). Es más fácil decirlo que hacerlo, ¿pero eso no cambia nuestro objetivo, o sí?

Luego de establecer una base rica en el evangelio, en los primeros tres capítulos de Efesios, el apóstol Pablo comienza a decirle a la iglesia cómo debía vivir a la luz del hecho de que la gracia de Dios los había cambiado. El orgullo, las facciones y el interés propio dominaba en su antigua forma de pensar. Ahora, con el Espíritu Santo habiendo tomado lugar en sus corazones, debían vivir su fe en sumisión a Dios, no en sus propios impulsos carnales. Esta nueva forma de vivir conduciría a la unidad.

Basado en lo que Pablo escribe en Efesios 4:2-3, aquí hay cuatro características que alentarán el tipo de unidad que cada creyente (y pastor) desea en su iglesia local:

Humildad

Pablo dice que caminar de acuerdo con su llamado incluiría caminar “…con toda humildad…” (Ef 4:2a). Humildad significa “modesto o por debajo” y es una idea enteramente cristiana. Los griegos y romanos celebraban la confianza en uno mismo, la arrogancia y el orgullo. La humildad era rebajada a una debilidad. Algunos lingüistas incluso dicen que no había equivalente para la palabra “humildad” en el lenguaje griego, por lo que es probable que Pablo tuviera que inventar una, y así comenzara a esparcirse la idea de humildad cristiana. La humildad era modelada por Jesús mismo. En otra oportunidad, Pablo escribe:

“No hagan nada por egoísmo o por vanagloria, sino que con actitud humilde cada uno de ustedes considere al otro como más importante que a sí mismo, no buscando cada uno sus propios intereses, sino más bien los intereses de los demás. Haya, pues, en ustedes esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz” (Fil 2:3-8).

Jesús tenía la gloria del cielo, nunca tuvo forma humana, estaba por encima de todos nosotros, y era verdaderamente Dios. Él viene a la tierra y toma forma humana, sin dejar de ser Dios, sino rebajándose a sí mismo al convertirse en un hombre. Él entonces vela la totalidad de Su gloria, limitándose al punto de que, Él podría haber destruido a todos sus enemigos, tomado venganza en cada ocasión, vaporizado a todos los que se oponían a Él, y dejado registro peleando Su santa guerra justo allí y en ese momento como una deidad igual a Dios el padre. En su lugar, Él no ve Su igualdad con el Padre como algo a qué aferrarse, sino que se somete al padre voluntariamente para que Él pudiera redimir a los pecadores mediante una vergonzosa, brutal y humilde muerte en una cruz.

Por el ejemplo de Cristo, debemos pasar cada ambición, cada pelea o respuesta rápida, cada decisión, cada palabra y cada pensamiento por un filtro: ¿Se ve como mi Señor?

Esa visión va a alentar a la unidad.

Mansedumbre

Pablo luego dice “…y mansedumbre…” (Ef 4:2b). La mansedumbre es una palabra griega que tiene correlación con la palabra “paciencia”. Esto es, ser amables y considerados hacia otros, y es una cualidad muy importante porque, si no somos mansos, terminamos viviendo y relacionándonos con otros como una bola de demolición, destruyendo y rompiendo en lugar de construir. La mansedumbre en la vida de Cristo se veía como fuerza bajo control. Jesús poseía una columna de acero y un corazón suave. Para un cristiano, la paciencia no es debilidad, aún si el mundo mira a las personas pacientes como alfombras de piso pasivas que nunca hacen que algo ocurra. Cuando, en realidad, la persona mansa sí es un activista, pero lo es de forma sabia, con gracia y a la manera de Cristo. Los cristianos no se llevan todo por delante en busca de un resultado final. La mansedumbre es tan importante porque es útil al lidiar con el pecado, que es un asunto común en la iglesia, formada por seres humanos. Gálatas 6:1 nos recuerda, “si alguien es sorprendido en alguna falta, ustedes que son espirituales, restáurenlo en un espíritu de mansedumbre, mirándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado”.

Un cristiano no debería ser una espina que pincha, sino un bálsamo que cura, aún si la verdad apesta, la sanación y la pureza son los resultados. La mansedumbre está unida a la oferta de Cristo para los pecadores que buscan encontrar paz en cualquier lugar erróneo, y terminan cargados por el peso destructivo del pecado, cuando Él dice:

“Vengan a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y Yo los haré descansar. Tomen Mi yugo sobre ustedes y aprendan de Mí, que Yo soy manso y humilde de corazón, y hallarán descanso para sus almas” (Mt 11:28-29).

¿Eres conocido por ser manso? ¿La gente del cuerpo de Cristo, quiere ir a ti para admitir sus debilidades, confesar sus pecados, buscar sabiduría y encontrar ánimo? ¿Deseamos retener la venganza cuando podríamos destruir a alguien? Solo porque podamos satisfacer nuestra alma con venganza, ¿lo hacemos? Siempre siento mi culpa por lo que una vez dijo Chuck Swindoll: “Podemos estar en lo correcto, pero no necesitamos ser irrespetuosos por eso”. Eso es mansedumbre. Piensa en un semental salvaje que ha sido domesticado, pero aún tiene espíritu, lucha y se esfuerza por correr. El semental es feroz y fuerte, pero, aun así, corre hacia donde su dueño lo dirige, y solo cuando su dueño lo dirige. Una iglesia mansa hace que el enemigo tiemble porque somos fuertes, y aun así, disciplinados y difícil de seducir por sus trampas y esquemas.

Paciencia

Efesios 4:2c también incluye “con paciencia”. Esta es la palabra griega makrothumia y es un “estado de continua tranquilidad al esperar un resultado”. Es lentitud para reaccionar, es aguantar, es ser de temperamento lento en circunstancias desafiantes. Este tipo de actitud es clave para la unidad en la iglesia porque causa que seamos menos reactivos hacia los demás. Es difícil ofender a una persona paciente. La paciencia a menudo está unida a la fe y confianza en el Señor. Es por eso por lo que muchos de los héroes de la fe fueron pacientes, aun cuando pasaban por desafíos, cuando recibían pecados, o cuando no tenían todo lo que querían en seguida

Noé construyó un arca durante 120 años mientras que todos se burlaban de él, y ni siquiera una gota de lluvia caía.
José soportó décadas muy duras antes de gobernar Egipto.
David fue ungido mucho antes de convertirse en rey, luego fue atacado por su predecesor Saúl.
Dios fue paciente con nosotros; en lugar de darnos lo que merecemos como pecadores es paciente, lento para la ira, y nos adopta como Sus propios hijos amados.
¿Confiamos en el Señor cuando otros pecan contra nosotros? ¿Confiamos en Él en épocas de espera? ¿Estamos prontos para quejarnos por nuestras preferencias o consideramos lo que Dios pueda estar enseñando? Cuando Dios no sigue nuestra línea de tiempo, o cuando los demás no cumplen con nuestras expectativas, ¿demandamos exigentes que las cosas ocurran a nuestro tiempo o a nuestra forma? Los cristianos somos llamados a ser pacientes porque vamos a tener que soportar desafíos, Dios nos hará crecer mediante pruebas, y seremos maltratados, engañados, atacados o malentendidos a lo largo de nuestras vidas. La paciencia es clave para seguir a Cristo, y fomenta la unidad porque, en lugar de culpar a otros o atacar a otros en los momentos de espera, confiamos en el Señor, aceptando Sus tiempos.

Soportándonos en Amor

Finalmente, Pablo escribe, “…soportándose unos a otros en amor”. Soportarnos en amor no es pasar por alto la verdad, es continuar amando, sirviendo y cuidando de alguien que te molesta, que te desagrada o te decepciona con sus decisiones algunas veces. El amor es tan importante para la unidad porque cuando nuestros sentimientos nos llevan a decisiones arduas, o palabras duras, el amor nos mantiene arraigados.

Colosenses 3:14 dice: “Y sobre todas estas cosas, vístanse de amor, que es el vínculo de la unidad”. El amor es el pegamento que mantiene al cuerpo unido. La humildad fluye del amor, la mansedumbre fluye del amor y el soportar a otros fluye del amor. No puedes tener ninguna de estas características si no tienes amor. Por eso Pablo oraba para que los efesios estuvieran “arraigados y cimentados en amor” (3:17) y para que conocieran el amor de Cristo y estuvieran llenos de Él.

Armados con estas características, los creyentes deben esforzarse “por preservar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Ef 4:3). Esto significa que debemos ser fervientes y dispuestos en perseverar en la unidad que ya ha sido provista por medio de la cruz de Cristo.

Cuando los creyentes caminan de una forma digna al llamado con el que han sido llamados, la unidad siempre es el resultado porque Dios ha diseñado Su cuerpo para trabajar de esa manera.

Costi W. Hinn
Costi W. Hinn es pastor ejecutivo de la iglesia Mission Bible en Tustin, California.

Las tres comidas de Elías (1)

Domingo 9 Julio
La harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la vasija menguó, conforme a la palabra que el Señor había dicho por Elías.
1 Reyes 17:16
Las tres comidas de Elías (1)
Primera y segunda comida
Tres episodios de la historia del profeta Elías lo muestran comiendo.

– Al principio de su servicio (1 Reyes 17:5-6), durante una sequía inusual, Dios lo cuidó de manera milagrosa: los cuervos le traían del cielo lo que necesitaba cada día. El menú era rico para una época de hambre: pan y carne, dos veces al día, con agua fresca. ¡Qué fidelidad por parte de Dios! Y Dios no cambia. Él siempre responde a la oración: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy” (Lucas 11:3). Esto se refiere tanto a la alimentación de nuestro cuerpo como a la de nuestro ser interior. Él sabe que cada uno de nosotros necesita esta relación diaria e íntima con él, mediante la lectura de la Biblia y la oración.

– Un poco más tarde Elías fue acogido por una viuda que le dio agua y comida (1 Reyes 17:10-16). Esta extranjera puso su confianza en él y en su Dios. Su fe se manifestó cada día nuevamente; y ella experimentó, tras la enfermedad y la resurrección de su hijo, que el Dios de Elías era el Dios de la vida.

Después de nuestros momentos matutinos de comunión con Dios, salimos para nuestro trabajo al mundo, donde estaremos en contacto con personas que pasan por dificultades, que sufren, y tendremos la oportunidad de dar testimonio a aquellos a quienes Dios quiere hablar. Servir a Dios, hacer la obra que nos encomendó, también es un alimento. Jesús dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra” (Juan 4:34).

(mañana continuará)
Daniel 10 – Lucas 1:57-80 – Salmo 80:8-19 – Proverbios 19:3-4

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¡Más cerca, oh Dios, de ti!

Sábado 8 Julio

La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros, enseñándoos y exhortándoos unos a otros en toda sabiduría, cantando con gracia en vuestros corazones al Señor con salmos e himnos y cánticos espirituales.
Colosenses 3:16
¡Más cerca, oh Dios, de ti!
Mi padre solía contarnos ciertos episodios de la guerra, en particular algunas experiencias que le impresionaron y le animaron, a pesar de la crueldad del momento.

Un día su compañía estaba en la primera línea del frente y recibió la visita del capellán. El teniente había dado permiso para que los hombres que lo desearan, unos diez, se reunieran en un pequeño bosque cercano, de donde podían ser llamados en cualquier momento. El capellán les habló del Señor Jesús y de su promesa de estar siempre con ellos, estuviesen donde estuviesen. Después de leer la Biblia y orar, propuso cantar un himno. De común acuerdo eligieron un himno universalmente conocido:

¡Más cerca, oh Dios, de ti, más cerca sí!
¡Concédeme tu ayuda; sostén mi fe!
Al principio el canto era un poco tímido, apenas audible, pero luego tomó fuerza, y finalmente los soldados cantaron a plena voz:

En el día en que la prueba se desborda
como un río,
Mantenme cerca de ti, más cerca de ti.
Los soldados volvieron a sus puestos. Sin embargo, de repente escucharon el mismo himno en un idioma diferente desde las líneas del otro lado. ¡Era el himno de la fe, que no tiene fronteras, que une a todos los creyentes en una misma comunión, bajo la protección de un mismo Padre, el Dios y Padre de nuestro Salvador y Señor Jesucristo!

Daniel 9:20-27 – Lucas 1:26-56 – Salmo 80:1-7 – Proverbios 19:1-2

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