¿QUÉ SIGNIFICA SER CRISTIANO? | Sinclair Ferguson

¿QUÉ SIGNIFICA SER CRISTIANO?

ADOPTADOS, PRIMOGÉNITOS Y HEREDEROS

Sinclair Ferguson

En el primer capítulo de Efesios, Pablo proporciona la perspectiva más amplia posible de lo que significa ser cristiano. Él rastrea los orígenes de nuestra salvación hasta la elección de Dios en la eternidad pasada (Efesios 1:4) y mira hacia adelante a su consumación en las glorias de la eternidad venidera (Efesios 1:10).

La abrumadora naturaleza de esta visión a veces nos hace perder de vista una particular característica de la enseñanza paulina que para él tiene enorme importancia: su exposición está saturada del lenguaje de la familia. El Padre nos elige (v. 3) para ser adoptados como sus hijos (v. 5). Él nos ha dado su Espíritu como la garantía de nuestra herencia (v. 14). Él ora al Padre de la gloria (v. 17) que nuestros ojos puedan ser abiertos para apreciar su gloriosa herencia en los santos (v. 18).

La salvación significa ser incorporado en los privilegios de la vida en una nueva familia. Si uno es un hijo adoptivo de Dios, es heredero de Dios y coheredero con Cristo (Romanos 8:17). Es una persona rica.

EL HEREDERO
Convertirse en heredero significa recibir el derecho a poseer riquezas que primero posee otro. La idea tiene especial significado en la enseñanza bíblica. El Padre es el Creador y Señor de todo. Pero en su generoso amor, la riqueza del universo iba a ser la herencia de Adán en cuanto imagen e hijo de Dios (Génesis 1:26; Lucas 3:38). Cuando Adán no era más que un “niño”, Dios le dio parte de su herencia, el Jardín del Edén, para que se hiciera responsable de él y lo disfrutara. Pero Adán intentó robar lo que no era suyo; a consecuencia de ello, perdió toda su herencia por su pecado. A la manera de Esaú, Adán y Eva vendieron el Edén “por un plato de lentejas” y se les prohibió la entrada al jardín que había sido las primicias de su herencia.

Pero el Padre había determinado que la herencia debía ser restaurada. En efecto, él ya había trazado un plan para su restauración. Él adelantó un atisbo al respecto: la Simiente de Eva rompería la cabeza de la serpiente cuyas tentaciones habían llevado a la catástrofe (Génesis 3:15). También a Abraham se le dio a conocer el plan posteriormente. En su simiente, todas las naciones heredarían bendición en lugar de maldición (Génesis 12:3).

Un bosquejo de la estrategia se hizo lentamente visible por medio de revelación divina: la Simiente de la mujer, un descendiente de Abraham, un hijo de David, un Profeta, Sacerdote y Rey mesiánico, y un Siervo Sufriente —un Hombre que también era el Hijo de Dios— cumpliría todas las promesas de Dios. Sería un segundo Hombre que haría un nuevo comienzo. Él también sería el último Adán. Él haría todo lo que Adán no había logrado cumplir a fin de entrar en una plena herencia. Pero perdería su propia vida a fin de soportar el castigo divino por el pecado adámico. A diferencia de Adán, sería el manso y heredaría la tierra. En él se restauraría el derecho a la herencia. Él sería designado “heredero de todo” (Hebreos 1:2).

Con mente de teólogo y corazón de pastor, el doctor Ferguson ayuda a los creyentes a alcanzar un mejor entendimiento de su Salvador y Señor, y luego les muestra cómo deben vivir la fe cristiana día a día. Estos cincuenta breves capítulos de Solo en Cristo son un paquete lleno de carbones de verdades bíblicas que avivarán la llama del amor cristiano por el Salvador.

Con toda certeza, el heredero vino. Obedeció al Padre y resistió la tentación donde Adán había cedido. Por su obediencia se ganó el derecho a poseer la totalidad de la herencia. Ahora todo le pertenece a Cristo. Él es “el primogénito de toda la creación” (Colosenses 1:15); toda autoridad en el cielo y en la tierra es suya, incluyendo el poder sobre el pecado, la muerte, y Satanás (Mateo 28:18); en él están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y el conocimiento, porque en él está la plenitud de Dios (Colosenses 2:3; 1:19).

Este Hijo y Heredero oyó a su Padre decir: “Pídeme, y como herencia te entregaré las naciones” (Salmo 2:8 NVI). Pero el Hijo respondió, “Padre, déjame compartir mi herencia con los pobres y desheredados. Adóptalos en tu familia como tus hijos también; dales mi Espíritu [ver Hechos 2:33; Romanos 8:15]; permíteles usar mi nombre [ver Juan 16:24]”.

El Padre oyó la oración del Hijo; él nos hizo sus hijos.

Escuchemos, entonces, el razonamiento de Pablo: entonces, si somos hijos, somos herederos (Romanos 8:17).

NUESTRA HERENCIA
Según la Ley, como sabía Pablo, el primogénito recibía una doble herencia, mientras los demás recibían una sola porción (Deuteronomio 21:17; cf. 2 Reyes 2:9). Pero ni el Padre ni el Hijo se obligan a los límites de la Ley. Pablo declara: “[Todos somos] herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17).

¿Logras ver la implicación? Todo lo que le pertenece al último Adán es para nosotros. Como se deleitaban en decir los primeros padres de la iglesia, Cristo tomó lo que era nuestro para que pudiéramos recibir lo que era suyo. Todo lo suyo es nuestro: “Todo es de ustedes:… el mundo, la vida, la muerte, lo presente o lo por venir, todo es de ustedes, y ustedes son de Cristo, y Cristo es de Dios” (1 Corintios 3:21-23).

Cuando yo era niño en Escocia, ocasionalmente leía confusas noticias en el diario local, como la siguiente:

Podría Angus MacDonald por favor contactar a McKay, Campbell, y Ross (Abogados) en Calle Bannockburn, donde se enterará de algo para su beneficio.

Entonces yo no percibía a qué se referían esas crípticas palabras, “algo para su beneficio”. Angus, quienquiera que fuese, era un beneficiario del testamento de alguien, y él aún no lo sabía. Angus de pronto se había vuelto rico.

¿Pero qué tal si Angus no veía ni respondía al aviso? Entonces su pobreza continuaba. Si Angus no reclamaba su derecho a su herencia, él no disfrutaría de sus riquezas.

¡No cometamos tal error! Si eres cristiano, entonces eres rico en Cristo; disfruta y comparte tus riquezas.

Este artículo sobre ¿Qué significa ser cristiano? fue adaptado de una porción del libro Solo en Cristo, publicado por Poiema Publicaciones. Puedes descargar una muestra gratuita visitando este enlace.

Muerte de Juan el Bautista

Jueves 22 Junio
Otros fueron atormentados… Otros experimentaron vituperios y azotes, y a más de esto prisiones y cárceles. Fueron apedreados, aserrados, puestos a prueba, muertos a filo de espada; anduvieron de acá para allá… angustiados, maltratados; de los cuales el mundo no era digno.
Hebreos 11:35-38
Muerte de Juan el Bautista
Leer Marcos 6:14-29
Juan el Bautista, precursor de Jesús, sabía que el rey Herodes se había divorciado para casarse con su cuñada Herodías, y se lo reprochó valientemente. Entonces Herodes se deshizo de este molesto testigo encarcelándolo. Juan estaba en una prisión mientras Herodes celebraba su cumpleaños. La hija de Herodías bailó delante de todos y agradó tanto al rey, que este le prometió darle todo lo que ella quisiera. Por consejo de su madre, la hija pidió que le trajesen la cabeza de Juan en un plato. Herodes se entristeció, pero demasiado orgulloso para cambiar de opinión, mandó decapitar a Juan. Así, un día de fiesta, por culpa de una joven que bailó bien, de los celos de una mujer y de la soberbia de un rey impulsivo, la cabeza del más grande de los profetas fue cortada (Mateo 11:11). Y Dios lo permitió…

A lo largo de los siglos, la historia dramática de la muerte de Juan el Bautista se ha repetido más de una vez. ¡Cuántos cristianos han sido condenados a muerte en condiciones indescriptibles, para satisfacer las ambiciones o los caprichos de los grandes de este mundo! Tales muertes son indignas y repugnantes, pero para Dios tienen un valor que el mundo no puede discernir: “Estimada es a los ojos del Señor la muerte de sus santos” (Salmo 116:15).

El mundo no era digno de todos estos mártires de la fe, nos dice el versículo del día, pero Dios no se avergüenza de ellos (Hebreos 11:16, 38).

2 Reyes 22 – 1 Timoteo 4 – Salmo 73:21-28 – Proverbios 17:25-26

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LA DEFINICION DE LA AMARGURA | Jaime Mirón

LA DEFINICION DE LA AMARGURA
En el griego del Nuevo Testamento, “amargura” proviene de una palabra que significa punzar. Su raíz hebrea agrega la idea de algo pesado. Finalmente, el uso en el griego clásico revela el concepto de algo fuerte. La amargura, entonces, es algo fuerte y pesado que punza hasta lo más profundo del corazón.
La amargura no tiene lugar automáticamente cuando alguien me ofende, sino que es una reacción no bíblica (es decir pecaminosa) a la ofensa o a una situación difícil y por lo general injusta. No importa si la ofensa fue intencional o no. Si el ofendido no arregla la situación con Dios, la amargura le inducirá a imaginar más ofensas de la misma persona. La amargura es una manera de responder que a la larga puede convertirse en norma de vida. Sus compañeros son la autocompasión, los sentimientos heridos, el enojo, el resentimiento, el rencor, la venganza, la envidia, la calumnia, los chismes, la paranoia, las maquinaciones vanas y el cinismo.
La amargura es resultado de sentimientos muy profundos, quizá los más profundos de la vida. La razón por la que es tan difícil de desarraigar es triple: En primer lugar, el ofendido considera que la ofensa es culpa de otra persona (y muchas veces es cierto) y razona: “El/ella debe venir a pedirme disculpas y arrepentirse ante Dios. Yo soy la víctima».
El cristiano se siente culpable cuando comete un pecado. Sin embargo, no nos sentimos culpables de pecado por habernos amargado cuando alguien peca contra nosotros, pues la percepción de ser víctima eclipsa cualquier sentimiento de culpa. Por lo tanto este pecado de amargura es muy fácil justificar.
En segundo lugar, casi nadie nos ayuda a quitar la amargura de nuestra vida. Por lo contrario, los amigos más íntimos afirman: “Tú tienes derecho… mira lo que te ha hecho», lo cual nos convence aun más de que estamos actuando correctamente.
Finalmente, si alguien cobra suficiente valor como para decirnos: “Amigo, estás amargado; eso es pecado contra Dios y debes arrepentirte», da la impresión de que al consejero le falta compasión (recuerde, que el ofendido piensa que es víctima). Me pasó recientemente en un diálogo con una mujer que nunca se ha podido recuperar de un gran mal cometido por su padre. Ella lleva más de 30 años cultivando una amargura que hoy ha florecido en todo un huerto. Cuando compasivamente (Gálatas 6:1) le mencioné que era hora de perdonar y olvidar lo que queda atrás (Filipenses 3:13), me acusó de no tener compasión. Peor todavía, más tarde descubrí que se quejó a otras personas, diciendo que como consejero carecía de “simpatía” y compasión.
Hasta es posible perder la amistad de la persona amargada por haberle aconsejado que quite la amargura de su vida (Efesios 4:31). El siguiente ejemplo ilustra cómo la amargura puede dividir a amigos y familiares. Florencia, una joven de 21 años, pertenece a una familia que durante años ha sufrido una contienda familiar. Ella es la única que no desea culpar a los demás ni demostrar que tiene razón sino que anhela ver reconciliación. La pelea comenzó poco después del nacimiento de Florencia, sobre lo que al principio fue algo insignificante. Veinte años más tarde, alimentada por imaginaciones vanas, rencor y paranoia, existe una gran brecha entre dos grupos de la familia. A pesar de que casi todos son cristianos, la lucha es más fuerte que nunca. Florencia, tomando en serio lo que dice la palabra de Dios sobre la amargura, con toda el alma quiere que la familia se reconcilie. Se siente impotente, sin embargo, porque está bajo la amenaza de no poder volver a casa de sus padres si pisa la propiedad de su hermana y su cuñado.
Finalmente, el lector notará una característica interesante en casi todos los ejemplos de este libro: por regla general nos amargamos con las personas más cercanas a nosotros.

Mirón, J. (1994). La amargura, el pecado más contagioso (pp. 6-8). Editorial Unilit.

La vida es frágil

Miércoles 21 Junio
Hazme saber, Señor, mi fin, y cuánta sea la medida de mis días; sepa yo cuán frágil soy.
Salmo 39:4
La vida es frágil
Atrapado entre dos camiones, salió ileso de un accidente de tránsito. Conmocionado por la gravedad y la velocidad con la que se produjo el accidente, dijo: «Podría haber pasado de la vida a la muerte sin darme cuenta». Los medios de comunicación nos informan todos los días sobre acontecimientos similares, algunos dramáticos. Muchas personas pierden la vida súbitamente, «mueren en el acto», sin ni siquiera darse cuenta.

La Biblia nos recuerda la fragilidad de los seres humanos. “El hombre… sale como una flor y es cortado, y huye como la sombra y no permanece” (Job 14:1-2). Por eso nos invita a estar preparados para encontrarnos con Dios (Amós 4:12). Mientras estemos vivos en la tierra, debemos preocuparnos por nuestra relación con él. Después será demasiado tarde: “En el lugar que el árbol cayere, allí quedará” (Eclesiastés 11:3). La muerte nos coloca en una situación que no se puede cambiar. Si no nos hemos preparado para encontrarnos con Dios, nos aleja de él eternamente; pero si hemos creído en él, nos llevará al cielo con Jesús.

¿Está usted preparado? Este es un tema demasiado importante para aplazarlo. Dios quiere que usted disfrute de su gracia; dentro de poco puede ser demasiado tarde.

“Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado… porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo” (Romanos 10:9-13).

2 Reyes 21 – 1 Timoteo 3 – Salmo 73:10-20 – Proverbios 17:23-24

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Detectar, evaluar y formar líderes para los ministerios de la iglesia | Por Joel Kurz

Detectar, evaluar y formar líderes para los ministerios de la iglesia
«¡Ayuda! ¡No veo a ningún líder!»

Conozco ese sentimiento. Los pastores a menudo luchan con encontrar líderes para los ministerios de la iglesia. Los necesitamos, pero no los vemos. E incluso si los viéramos, seríamos incapaces de formarlos lo suficientemente rápido como para satisfacer las crecientes demandas ministeriales.

Después de algunos años de pastorado, es fácil cansarse de esto. Como un mago prestidigitador que juega con nuestra mente: «Ahora los ves, ahora no»; nos preguntamos: «¿Adónde se fueron todos los líderes? ¿Qué ha pasado con todos los prospectos emocionantes de ayer?». Pensamos que se quedarían y ayudarían con el trabajo. A medida que enumeramos los nombres de los posibles líderes ministeriales que se esfumaron a lo largo de los años, nos sentimos tentados a sentirnos desanimados.

La falta de líderes sobrecarga al personal —especialmente a los pastores— y desanima a los líderes ministeriales que necesitan ayuda. Limita nuestra capacidad para alcanzar a los perdidos, cuidar de los que sufren y hacer discípulos.

Necesitamos encontrar y formar líderes. ¿Pero cómo?

NO ESTÁS SOLO, PERO DEBES ORAR
Empecemos por las malas noticias: los obreros son pocos. Este ha sido un problema durante al menos dos mil años. En Mateo 9, el corazón de Jesús se conmovió por las multitudes que andaban como ovejas sin pastor: «Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos» (Mt. 9:37). Que esto te sirva de aliento: No estás solo.

Cuando (pecaminosamente) comparamos nuestros ministerios con otros, podemos suponer que ellos tienen más líderes, mejores obreros y una ayuda inagotable. Propongo que esto es simplemente falso. Todos luchamos con encontrar y entrenar nuevos obreros. «Pocos obreros» es la realidad de todos. Estamos juntos en esto.

¿Entonces qué hacemos? Oramos. Es importante notar lo que Jesús no dijo. No dijo: «Los obreros son pocos, así que vayan a reclutar a otras iglesias, inicien una pasantía o lancen un programa anual de capacitación». No, el programa principal de Jesús para el desarrollo del liderazgo es la oración. Los obreros son pocos; «rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mt. 9:38).

Pastor, ¿estás orando por líderes ministeriales? Mientras tu corazón se conmueve por las ovejas y arde de deseo por la mies, ¿te postras ante el Dios de la mies en oración y le ruegas por obreros? ¿Oras por ojos para ver a quién puedes formar, incluso ahora, en tu propia congregación?

TIENES LO QUE NECESITAS, PERO DEBES FORMAR
Ya están entre nosotros. Al orar por obreros, reconozcamos que Dios ya ha dado a la iglesia lo que necesita. Los futuros obreros por los que oramos pueden estar entre nosotros. Somos un solo cuerpo, con muchos miembros. «[Tenemos] diferentes dones, según la gracia que nos es dada» (Ro. 12:6).

En Efesios 4, Dios da miembros a la iglesia con el propósito de equipar «a los santos para la obra del ministerio». En Tito 2, el pastor Tito recibe instrucciones de formar en la fe a los ancianos para que «enseñen a los jóvenes» (Tit. 2:4).

El ejemplo del Nuevo Testamento nos anima a mirar hacia adentro, estar agradecidos por quienes ya tenemos, y entrenarlos para hacer la obra del ministerio. Puede que el superhéroe líder ministerial de tus sueños no llegue. Sin embargo, tienes una congregación entera de tías, tíos, abuelos, estudiantes, jubilados y obreros comunes y corrientes, gente normal que Dios ha rehecho como bloques de construcción para su templo.

DOS PRINCIPIOS

  1. Empieza por las personas, no por los programas

Si puedo ofrecer humildemente algunos consejos: No empieces con un programa de prácticas. No empieces con un programa de liderazgo. No empieces con la contratación de personal externo. Si aún no estás haciendo el trabajo de formar a los santos, empieza por ahí.

También quiero decir esto como una palabra de aliento. No necesitas un programa milagroso. Has sido dotado con miembros regenerados a quienes Dios ha dado particularmente para su iglesia. Hay un tiempo y lugar para reclutar obreros de otras iglesias (si el Señor quiere, en asociación con esas iglesias). Puede que con el tiempo sea prudente iniciar una pasantía o construir una cantera. Pero primero, confía en que Dios ya ha equipado a la iglesia con futuros líderes ministeriales.

  1. Forma a aquellos que responderán a tu formación, y que luego formarán a otros

Antes de organizar un programa formal de prácticas, Mark Dever explicaba así su proceso de descubrimiento de nuevos aprendices:

«Tomándome muy en serio la preparación de mis sermones; orando por la evangelización y el discipulado; tratando de modelar eso al hacerme amigo de los no cristianos; compartiendo el evangelio con ellos; haciéndome amigo de los miembros de la iglesia y tratando de ayudarles a crecer en Cristo; observando quién responde a mi trabajo, quién capta el modelo y quién empieza a repetir lo que yo hago con otros; orando en particular por esos hermanos»1.

on the day before my wedding with my friends at “Mittag”
Personalmente, me vuelco en todos los que puedo, y luego veo quién responde. Desmitificamos así el desarrollo del liderazgo. Comienza con la formación a través del ejemplo, explica qué haces y por qué lo haces, y luego dedica tiempo y recursos adicionales a aquellos que:

Responden a tu trabajo.

Captan el modelo.

Empiezan a reduplicar lo que haces con los demás.

¿QUÉ HACEMOS?
¿Cómo debo formar a los líderes de mi ministerio? Volvamos a las instrucciones de Pablo para el pastor Tito:

  1. Fórmalos con tu ejemplo (Tit. 2:7)

No conozco un mejor «programa» que pasar tiempo con el que está siendo capacitado. Cuando participes en una tarea en particular, llévalos contigo. Muéstrales cómo doblas los boletines y se los pasas. Cuando trabajes en el presupuesto anual, no lo hagas solo. Cuando asistas a una comida de trabajo o a una sesión de consejería, si es oportuno, ve con un aprendiz. Deja que te vean en tus mejores y peores momentos. Cuando te vean en tu peor momento, modela arrepentimiento y humildad.

  1. Enséñeles a ser moderados (Tit. 2:2)

Esto significa tener autocontrol y una mente clara. El ministerio a menudo está lleno de drama y decisiones impopulares. Una mente sobria es importante. El extremismo es una amenaza. Considera utilizar estudios de casos de dilemas ministeriales con el aprendiz. Guíalo a través de los principios de la sabiduría bíblica.

  1. Enséñales a ser dignos de respeto (Tit. 2:8)

La santidad personal es de suma importancia. Cuando un líder ministerial fracasa, no siempre es por falta de habilidad. Fracasan debido a distracciones pecaminosas, tentaciones, la inhabilidad de refrescarse en la Palabra, o fallas morales. Además, algunos líderes serían más eficaces si simplemente crecieran en autoconciencia, accesibilidad, compasión, calidez y habilidades sociales. Muchos hombres piadosos sufren simplemente porque parecen distantes, duros o indiferentes. Es sabio corregir las formas en que el aprendiz pierde involuntariamente el respeto de los demás.

  1. Enséñales a dominarse a sí mismos (Tit. 2:6)

Pablo reformula esta amonestación para las mujeres mayores: «no calumniadoras, no esclavas del vino». La persona que es competente en su trabajo, pero falla en su dominio propio destruirá su ministerio. ¿Cuántas iglesias han sufrido porque un líder ha tenido un temperamento fuerte y una lengua suelta? El dominio propio no es algo que se puede enseñar en una clase o evaluar en un examen. Se coge, se enseña, y se corrige a través de la vida juntos.

  1. Instrúyelos para que sean sanos en la fe, el amor y la perseverancia (Tit. 2:2)

Pablo vuelve a redactar esto para las mujeres: «maestras del bien». ¿Cómo? En primer lugar, en tu propia enseñanza, muestra integridad y seriedad (2:7). Personalmente, mi objetivo es enseñar a los aprendices a leer la Biblia. Solo si leen la Biblia correctamente, podrán enseñarla correctamente.

También deben leer y discutir buenos libros sobre doctrina y teología bíblica. Lean la Biblia juntos y enseña el estudio inductivo de la Biblia a lo largo del camino. Discute los sermones con el aprendiz y recibe sus comentarios. Mientras escribo esto, he hecho una pausa para pedirle a Alton, uno de los miembros de nuestra iglesia, su opinión acerca del texto de mi sermón para este domingo. Procura incorporar la formación a sus pautas habituales de ministerio y a sus conversaciones cotidianas.

Sí, los obreros son pocos. No estás solo. Pero la buena noticia es que ya tienes lo necesario para empezar a formar. No es ninguna ciencia. No necesitas un nuevo programa ni una costosa residencia. Simplemente transmite a otros lo que has recibido (2 Ti. 2:2). Confía en que Dios levantará servidores para su iglesia y enviará obreros a la mies. ¡Y qué cosecha tenemos ante nosotros!

¿A quién pertenece mi cuerpo?

Martes 20 Junio
Tus manos me hicieron y me formaron… como a barro me diste forma; ¿y en polvo me has de volver?
Job 10:8-9
Jesucristo… transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
Filipenses 3:21
¿A quién pertenece mi cuerpo?
A esta pregunta, el portavoz de una asociación por el derecho a morir dignamente respondió: «A mí y solo a mí. Ni a una iglesia, ni a un partido político, ni a la medicina. Soy un ciudadano libre desde que nací y, aún más, desde que alcancé la mayoría de edad. Tengo la intención de permanecer así hasta mi último día y que nada me sea impuesto ni por los médicos, ni por mi familia, ni por mis herederos».

Esta afirmación es comprensible: nadie tiene derecho sobre la vida de otro ni sobre su cuerpo. Pero tiene un defecto: ¡ignora a Dios! Si Dios no existiera, sería lógico, e incluso saludable, querer seguir siendo dueño de su destino…

Pero el creyente sabe que fue creado por Dios, que él lo conocía incluso antes de su concepción. Y Dios también es el que decide el día de su muerte: “El Señor mata, y él da vida; él hace descender al Seol, y hace subir” (1 Samuel 2:6).

Entonces, para mí que creo en Jesús, que conozco el amor de Dios, los demás no deben decidir sobre mi vida y mi muerte, pero yo tampoco debo hacerlo. Dejo ese cuidado y esa responsabilidad a un Dios mucho más sabio que yo y que me ama. Tengo la seguridad de que este frágil cuerpo en el que habito será un día como el de mi Salvador en la gloria. Mientras tanto, recuerdo que ya no me pertenezco a mí mismo, sino a Cristo, quien pagó un alto precio (su muerte en una cruz) para comprarme; y me esfuerzo para glorificarlo con mi conducta (1 Corintios 6:19-20).

2 Reyes 20 – 1 Timoteo 2 – Salmo 73:1-9 – Proverbios 17:21-22

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LA AMARGURA, EL PECADO MAS CONTAGIOSO | Jaime Mirón

LA AMARGURA, EL PECADO MAS CONTAGIOSO

Por Jaime Mirón

Hace tiempo prediqué en una iglesia donde el pastor deseaba que yo hablase con Alberto, uno de los diáconos de su congregación. Tres años antes la esposa de Alberto había hecho abandono del hogar y se había ido con otro hombre a la ciudad capital, dejando a su marido y a sus dos hijos.

Me explicó el pastor que los esposos eran buenos cristianos y que “no había motivo” para que ella abandonara a su familia. Aproximadamente seis semanas después, la mujer entró en razón y volvió a casa arrepentida. En forma inmediata, pidió perdón a Alberto, a los hijos y hasta se presentó ante la congregación para mostrar públicamente su arrepentimiento y su disposición a sujetarse a la disciplina de la iglesia. Alberto me explicó en palabras terminantes que aunque había permitido que su esposa regresara al hogar, no la había perdonado y no la perdonaría. Peor todavía, declaró que estaba dispuesto a esperar el tiempo necesario (hasta que los hijos de 6 y 9 años crecieran y se hicieran mayores) para entonces vengarse de ella. Aunque había transcurrido poco tiempo desde el incidente con su esposa, ya se veían huellas de amargura en el rostro de Alberto.

La amargura no se ve solamente en casos tan extremos. Conozco centenares de otros ejemplos de personas que sufrieron ofensas por cosas que parecieran triviales. Menciono sólo tres:

(1) Una mujer se ofendió porque el pastor no estaba de acuerdo con su definición de “alabanza», y desde aquel momento empezó a maquinar para sacarlo de la iglesia;

(2) un hombre vivió amargada desde que lo pasaron por alto para un ascenso en su empleo.

(3) El intercambio de cartas con una profesora de Centroamérica ilustra cuán sutil puede ser la amargura en la vida del creyente.

El problema de presentación era que esta mujer se sentía sola y triste porque su hija, yerno y nietos se habían mudado a los Estados Unidos de América. En su segunda carta no utilizó la palabra “sola” sino “abandonada», y en lugar de “triste” surgió el término “enojada». En las siguientes misivas se hizo evidente que estaba sumergida en autocompasión y amargura. No sólo se sentía herida porque su hija vivía en otro país, sino además resentida porque (según ella) los otros familiares que vivían cerca no la tomaban en cuenta “después de todo lo que ella hizo por ellos».

En lo personal, empecé a estudiar el tema de la amargura poco después de un grave problema que tuvimos en la iglesia a que asistimos desde hace varios años. La dificultad radicaba en una seria diferencia de filosofía de ministerio entre los diáconos y los ancianos. Pero lo que causó la desunión no fue el problema en sí –que se habría podido resolver buscando a Dios en oración, en su Palabra y con un franco diálogo entre las partes – sino las personas ofendidas, los chismes, y la amargura resultante. En medio de esa crisis en nuestra iglesia, tuve que viajar a otro país para enseñar sobre el tema “Cómo aconsejar empleando principios bíblicos». Era domingo por la mañana y esperaba que me pasaran a buscar para llevarme a la iglesia.

Puesto que el culto comenzaba tarde contaba con un par de horas para descansar, y prendí la televisión para escuchar la transmisión del sermón del pastor de la iglesia más grande de la ciudad. No podía creer lo que oía: ese pastor estaba predicando sobre el tema que yo había enseñado el día anterior, el perdón. Como si un rayo penetrara en mi corazón, el Espíritu Santo me mostró que yo también era culpable de estar dejando crecer una raíz de amargura en mi vida por lo que ocurría en nuestra congregación. En forma inmediata me arrodillé para confesar el pecado, recibir el perdón de Dios y perdonar a los que me habían hecho daño. ¡Qué alivio trajo a mi alma! Era como si alguien sacara un peso enorme de mis hombros.

La amargura es el pecado más fácil de justificar y el más difícil de diagnosticar porque es razonable disculparlo ante los hombres y ante el mismo Dios. A la vez, es uno de los pecados más comunes, peligrosos y perjudiciales y –como veremos– el más contagioso.

Es mi esperanza y oración que la persona amargada no solamente se dé cuenta de que en verdad eso es pecado, sino que además encuentre la libertad que sólo el perdón y la maravillosa gracia de Dios le pueden ofrecer.

Mirón, J. (1994). La amargura, el pecado más contagioso (pp. 3-5). Editorial Unilit.

¿No necesita a Dios?

Lunes 19 Junio

Buscad al Señor mientras puede ser hallado, llamadle en tanto que está cercano.

Isaías 55:6

El conocimiento de la verdad que es según la piedad, en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios, que no miente, prometió desde antes del principio de los siglos.

Tito 1:1-2

¿No necesita a Dios?

Testimonio

«Aunque había seguido un camino religioso como muchas personas, es decir, me había bautizado, tomaba la comunión… no sentía la necesidad de buscar a Dios. Cuando conocí a la mujer que hoy es mi esposa, ella me habló de Dios y de la fe cristiana. Como quería compartir el mayor tiempo posible con ella, la acompañaba al culto. A medida que las semanas pasaban, me conmovía lo que oía, y a menudo hablaba de ello con su familia… ¡Pero mi vida espiritual no iba mucho más allá del domingo por la mañana! Con el paso del tiempo, quise saber más sobre el cristianismo. Y Dios puso en mi camino a un compañero de trabajo cristiano. Ahora nos une más que una relación profesional, pues es un verdadero hermano que me ha ayudado a crecer espiritualmente. Hace más o menos tres años tomé conciencia de la realidad de Dios y reconocí a Jesús como el Salvador que necesitaba. Hoy sé que está conmigo cada día, en mis alegrías y en mis penas. ¡La vida es mucho más fácil de vivir cuando se tiene la esperanza de la vida eterna!».

Ludovic

Amigo lector, como esta persona que dio testimonio de su camino hacia Dios, quizás usted forma parte de los que no sienten la necesidad de conocer a Dios. Pero, ¿sabe que Dios lo está buscando? Él ama a todas las personas y “quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad” (1 Timoteo 2:4).

2 Reyes 19 – 1 Timoteo 1 – Salmo 72:12-20 – Proverbios 17:19-20

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Dios quiere que conozcamos Su sabiduría | Kevin DeYoung

Dios quiere que conozcamos Su sabiduría

Kevin DeYoung

Nota del editor: Este es un fragmento adaptado del libro Haz algo: Descubre la voluntad de Dios (Poiema Publicaciones, 2020), por Kevin DeYoung.

Lo que los creyentes necesitamos para vivir una vida piadosa es sabiduría. Dios no nos dice el futuro, ni espera que lo adivinemos. Cuando no sabemos hacia dónde ir y tenemos que enfrentar decisiones difíciles en la vida, Dios no espera que andemos a tientas en la oscuridad tratando de encontrar Su voluntad en Su dirección. Él espera que confiemos en Él y seamos sabios.

Dios quiere que conozcamos Su sabiduría
La Palabra de Dios es viva y eficaz. Cuando leemos la Biblia, escuchamos a Dios con una seguridad que no encontramos en ningún otro libro y en ninguna otra voz. Podemos leer las Escrituras sabiendo que esto es lo que dice el Espíritu Santo. Y a medida que las leemos, las releemos, las meditamos y las digerimos, llegaremos a tener «la sabiduría que lleva a la salvación mediante la fe en Cristo Jesús» (2 Ti 3:15).

Pero la Biblia no es un libro de casos. No nos da información explícita sobre el noviazgo o las carreras, o sobre cuándo empezar una iglesia o comprar una casa. Todos hemos deseado que la Biblia fuera ese tipo de libro, pero no lo es, porque Dios está más interesado en algo más que el hecho de que podamos cumplir con Su listado de tareas: Él quiere nuestra transformación.

Dios quiere que lo conozcamos íntimamente
Dios no solo quiere que obedezcamos Sus mandamientos de manera externa. Él quiere que lo conozcamos tan íntimamente que Sus pensamientos se conviertan en nuestros pensamientos, Sus caminos en nuestros caminos, Sus deseos en nuestros deseos. Dios quiere que bebamos tan profundamente de las Escrituras que nuestras mentes y corazones sean transformados para que podamos amar lo que Él ama y odiar lo que Él odia. Romanos 12:1-2 es el texto clásico sobre este tipo de transformación espiritual:

Por tanto, hermanos, les ruego por las misericordias de Dios que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo y santo, aceptable a Dios, que es el culto racional de ustedes. Y no se adapten a este mundo, sino transfórmense mediante la renovación de su mente, para que verifiquen cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno y aceptable y perfecto.

Aquí hay tres mandamientos: (1) Ofrecer nuestros cuerpos como sacrificios vivos, (2) no amoldarnos al mundo actual, (3) ser transformados mediante la renovación de nuestras mentes. Si hacemos estas tres cosas, podremos discernir cuál es la voluntad de Dios. Así funciona la vida cristiana. No hay atajos. Dios quiere que nos ofrezcamos a Él por completo, que nos apartemos de los caminos del mundo y así seamos transformados. Solo entonces tendremos algo mejor que revelaciones especiales sobre el futuro. Tendremos sabiduría.

Dios quiere que desarrollemos un gusto por la piedad
Mi esposa, Trisha, no aprecia mi —¿cómo decirlo?— paladar sensible. La verdad: soy difícil para comer. Hay demasiadas comidas que no me gustan, y puedo detectar muy fácilmente cuando hay algún ingrediente nuevo en una receta que ya es familiar. Así debiéramos ser con la Palabra de Dios. Debemos ingerirla y digerirla con tanta regularidad que lleguemos a desarrollar un gusto por la piedad. Eso es sabiduría.

La sabiduría es la diferencia entre conocer a un biólogo de clase mundial que pueda escribir tus ensayos por ti y aprender de un biólogo de clase mundial para poder escribir ensayos como él.

Muchos de nosotros queremos que Dios sea un académico de clase mundial que escriba nuestros ensayos y viva nuestras vidas, pero Dios quiere que nos sentemos a Sus pies y leamos Su Palabra para poder vivir una vida que refleje a Su Hijo. Dios no quiere revelarnos el futuro por una sencilla pero profunda razón: nos convertimos en aquello que contemplamos. Dios quiere que le contemplemos en Su gloria para ser transformados a Su semejanza (2 Co 3:18). Si Dios nos resolviera todo, no tendríamos que confiar en Él ni aprender a deleitarnos en Su gloria. Dios dice: «No te voy a dar una bola de cristal. Te voy a dar mi Palabra. Medita en ella; contémplame en ella; sé como yo».

Busca la sabiduría de Dios en comunidad
Los sabios leen y memorizan la Escritura. Les encanta escuchar a otros leerla, predicarla y cantarla. Pero los sabios también saben que necesitan leer la Biblia en comunidad. Necesitamos escuchar lo que dicen los demás cristianos que leen sus Biblias. Si queremos tomar decisiones sabias, debemos buscar el consejo de los demás. Esto es particularmente importante al tomar decisiones amorales o decisiones sobre asuntos que no se tratan claramente en las Escrituras. Esto no quiere decir que tenemos que hacer lo que crea la mayoría, ni que las decisiones que tomemos tienen que agradarle a todo el mundo, ni que debemos consultar a todo cristiano que tengamos cerca. Pero cuando la Palabra de Dios no habla decisivamente, o cuando el tema que tienes por delante ni siquiera es mencionado en la Escritura, es sabio escuchar a otros cristianos.

Considera estas palabras de Proverbios:

El sabio oirá y crecerá en conocimiento,
Y el inteligente adquirirá habilidad (1:5).

El camino del necio es recto a sus propios ojos,
Pero el que escucha consejos es sabio (12:15).

Sin consulta, los planes se frustran,
Pero con muchos consejeros, triunfan (15:22).

Escucha el consejo y acepta la corrección,
Para que seas sabio el resto de tus días (19:20).

Una de las virtudes que más aprecio en los demás, y una que espero reflejar, es el ser enseñable. ¿Estás dispuesto a cambiar tu parecer cuando el argumento de otro tiene más peso que el tuyo? ¿Estás dispuesto a escuchar un buen consejo de otros labios que no sean los tuyos, y que tal vez contradiga tus ideas preconcebidas? ¿Estás dispuesto a decir: «Eso no se me había ocurrido» o «Puedo ver tu punto»? Si nadie te ha escuchado cambiar de opinión acerca de algo, o eres un dios o te crees que lo eres. Puedo decir sin temor a equivocarme que tomo mejores decisiones cuando las consulto con mi esposa. Tomo mejores decisiones cuando lo hago junto con los demás pastores de mi iglesia. Soy más sabio cuando escucho primero a mis amigos.

Por supuesto, muchas veces tienes que decidir las cosas por ti mismo. En ocasiones tendrás que ir contra la corriente porque sabes que es lo correcto. Pero para la mayoría de nuestras decisiones, haría mucho bien el simplemente preguntar a otro: «¿Qué piensas?». Nos la pasamos preguntándole a Dios: «¿Cuál es tu voluntad?», cuando Él probablemente está pensando: «Pues, consíguete un amigo. Ve y habla con alguien. Por algo redimí a tantas personas: cometen menos errores cuando hablan entre ustedes. Pide consejo».

Adquiere el libro

Kevin DeYoung (MDiv, Seminario Teológico Gordon-Conwell) es pastor principal de la Iglesia Christ Covenant en Matthews, Carolina del Norte, presidente de la junta de The Gospel Coalition, profesor asistente de teología sistemática en el Seminario Teológico Reformado (Charlotte) y candidato a doctorado en la Universidad de Leicester. Es autor de numerosos libros, incluyendo Just Do Something. Kevin y su esposa, Trisha, tienen siete hijos.

Banda ancha con Dios

Domingo 18 Junio
(Jesús dijo:) Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.
Mateo 7:7-8
Banda ancha con Dios
Los operadores de telecomunicaciones compiten en todo el mundo para instalar estructuras de acceso a internet. No solo tienen que equipar muchas regiones aún vírgenes, sino también aumentar la velocidad, la banda ancha y la capacidad de almacenamiento para mejorar la navegación. Así podemos «navegar» con tiempos de carga cada vez más reducidos. ¡Cuántos avances tecnológicos se han producido en los últimos años!

Sin embargo, hay un canal de comunicación que todos utilizamos muy poco: la banda ancha es ilimitada, el paquete es gratuito, la disponibilidad del interlocutor está garantizada 7 días a la semana, 24 horas al día. ¿Quién es el interlocutor? ¡Dios mismo! Él nos escucha: “Y esta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye” (1 Juan 5:14). Y sabemos que su voluntad es que todo hombre sea salvo (1 Timoteo 2:4).

Aún más, si conocemos a Dios como nuestro Padre, esta es una línea en la que podemos encontrar una respuesta a los temas fundamentales: felicidad, justicia, pero también una respuesta a nuestras preocupaciones y dificultades cotidianas.

Primero debemos dirigirnos a él reconociendo nuestra injusticia, nuestro pecado, y admitir simplemente que necesitamos a Jesús, el Hijo de Dios, como nuestro Salvador. Reconocerlo y aceptarlo nos permitirá utilizar constantemente nuestra “conexión” con Dios, para solicitar más y más sus infinitos recursos.

“Me buscaréis y me hallaréis, porque me buscaréis de todo vuestro corazón. Y seré hallado por vosotros, dice el Señor” (Jeremías 29:13-14).

2 Reyes 18 – Efesios 6 – Salmo 72:1-11 – Proverbios 17:17-18

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